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La derecha esparce alarma tras negar el socorro al crucero Hondius

Luis Díez.

Cuando el martes, 5 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió ayuda al Gobierno español para socorrer al crucero neerlandés Hondius, afectado por la infección de un hantavirus mortal, el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez respondió positivamente, como corresponde a un país avanzado, solidario y cumplidor del derecho internacional, en este caso, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y el Reglamento de Socorro Internacional.

Pero de inmediato la oposición política de derechas (PP y VOX) aprovechó la oportunidad viral de sembrar cizaña. El dirigente del PP Alberto Núñez Feijóo respaldó la negativa del presidente de Canarias, Manuel Clavijo, a que el buque atracase en puerto alguno del archipiélago español. “No puedo permitir que el barco entre en Canarias”, dijo el jefe de la Coalición Canaria que gobierna a medias con el PP.

Si Clavijo recorrió durante la mañana del miércoles, 6 de mayo, todas las emisoras de radio y televisión difundiendo su enérgica negativa a que el Hondius tocase tierra en Canarias, el señor Feijóo se agarró a la afirmación del presidente autonómico de que no había sido informado por el Gobierno para acusar además a Pedro Sánchez de “deslealtad institucional”.

Pues mire, no. Desde la Moncloa dijeron que Clavijo actuaba de forma “irresponsable”, generando un “alarmismo” innecesario y usando una emergencia sanitaria para marcar su posición política. Personas del entorno del presidente Sánchez negaron rotundamente la falta de comunicación con la administración canaria. “Tenemos mucha experiencia en gestión de crisis y siempre, ahora también, actuamos con lealtad institucional”, subrayaron.

Las descalificaciones de Feijóo fueron seguidas por sus notables colaboradores, comenzando por el orondo Miguel Tellado y siguiendo por el lobista proisraelí Elías Bendodo, quien pidió la dimisión de la ministra de Sanidad, Mónica García. Cuca Gamarra y la actual portavoz en el Congreso, Ester Muñoz, se ocuparon también de criticar el “caos absoluto” en el Gobierno, la “falta de preparación” de la ministra del ramo, “las contradicciones” en el Ejecutivo y otros fallos “alarmantes”.

Lo cierto y verdad es que la decisión inicial del líder del PP (de acuerdo con el señor Clavijo) ha sido igual a la que en noviembre de 2002 adoptó el Gobierno que entonces presidía José María Aznar López y vicepresidía Mariano Rajoy Brey con el petrolero averiado Prestige, de no acoger, sino de alejar el barco, creyendo que así alejaba el peligro. El resultado fue bien penoso: el mayor desastre ecológico sucedido en la historia contemporánea de España.

Ante la imposibilidad de cometer errores impagables porque no gobierna, ha sido muy curioso comprobar cómo Feijóo iba corrigiendo el tiro contra la llegada del barco a Canarias con afirmaciones de que «necesita que alguien ejerza el liderazgo cuando hay crisis» y con juegos de palabras sobre Sánchez: «No tiene que pedir tranquilidad a la gente sino transmitir tranquilidad a los ciudadanos». De las tautologías de Rajoy pasaba Feijóo a las mismas peticiones que durante la pandemia del Covid hacía su antecesor Pablo Casado: listado de expertos sobre el hantavirus y de documentos que maneja el Gobierno.

Luego ya, el socio de ultraderecha del PP, Santiago Abascal, un punto acusado de corrupción y enriquecimiento ilícito por fundadores y antiguos correligionarios de VOX, ha realizado su aportación al ruido con deposiciones como que el presidente del Gobierno no solo quiere que venga aquí “toda África y toda América y regularizarlos y nacionalizarlos a todos sino que también ha dicho que un barco que hay por ahí con un virus mortífero venga aquí, a Canarias”.

Del elevado nivel intelectual de los responsables políticos de la derecha gobernante en la mayor parte de las comunidades autónomas, incluida Andalucía, donde los gobernantes del PP silenciaron más de tres mil pruebas de cáncer de mama con resultado positivo, solo cabe esperar excrecencias de los agitadores a sueldo de la derecha extrema y la extrema derecha corrupta.

He ahí al favorito de Tellado y Feijóo, el famoso Vito Zoppellari Quiles, haciendo méritos: Trajeron un virus que mató a 150.000 personas por negarse a cerrar las fronteras y permitir el 8M. Ahora te traen un hantavirus mortal utilizando Canarias para acoger a gente infectada. El Gobierno quiere acabar con los españoles porque ya ninguno les apoya”, escribió en X. Según publicó Eldiario.com el jueves pasado, el ultra Javier Negre, jefe del mencionado agitador, recibió en 2025 del Gobierno de Canarias un contrato menor de 14.995 euros (cinco por debajo del tope legal que obliga a sacar el servicio a concurso) en concepto de “campaña divulgativa de interés para la ciudadanía”.

Hojarasca y ruido aparte, es lo cierto que el crucero de lujo Hondius (24.000 euros pasaje) se hallaba en aguas de Cabo Verde el martes pasado con 147 personas de 23 nacionalidades diferentes (14 españoles). La falta de medios sanitarios suficientes en el país africano (archipiélago que fue colonia portuguesa) llevó al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en coordinación con la UE, a enviar una carta al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, recabando ayuda sanitaria en Canarias. La petición se realizó la tarde del martes, 5 de mayo, y tuvo una respuesta favorable.

Hasta ese momento el buque había realizado un largo recorrido que comenzó en Ushuaia (Argentina), de donde zarpó el 1 de abril. Bajó hacia la Antártida e hizo escala los días 5 y 6 en las Islas Sandwich del Sur –sin población permanente, con fauna salvaje y condiciones extremas–. La travesía prosiguió hacia la isla británica de Santa Elena, donde hizo escala el 24 de abril. En esta parada abandonaron el crucero 30 pasajeros. La cifra incluye el cuerpo de uno que falleció el día 11, según informó la compañía Oceanwide Expeditions.

La operadora del trasatlántico, que aseguró que se están esforzando en rastrear a todos los pasajeros y miembros de la tripulación que embarcaron y desembarcaron en las distintas escalas desde el 20 de marzo, dijo que el fallecido era un neerlandés que experimentó los síntomas del hantavirus y murió abordo. Su mujer trasladó el cadáver a Johannesburgo (Sudáfrica) y murió el 26 de abril en el aeropuerto. Otra mujer de nacionalidad alemana murió a bordo el 2 de mayo. Su cadáver podrá ser repatriado a partir del domingo, cuando el barco llegue a Tenerife, donde fondeará junto al puerto Granadella, una instalación logística muy poco utilizada, a 20 kilómetros del aeropuerto de Tenerife Sur.

El hecho de que treinta personas abandonasen el barco en Santa Elena abre la posibilidad de más contagios. Suiza confirmó el miércoles un contagio que afecta a un pasajero que viajó en el crucero y retornó a su país a finales de abril, y que podría ser uno de los que desembarcó en Santa Elena. Singapur informó el jueves que había aislado a dos personas que estaban a bordo del crucero afectado, e indicó que se les han hecho pruebas y se esperan los resultados. A los tres fallecidos y cinco contagiados se añadió la noticia de que una azafata neerlandesa de KLM que había estado en contacto con la mujer fallecida en Sudáfrica y presentaba síntomas de contagio. Por suerte, las pruebas dieron negativas.

Aunque la OMS y las autoridades sanitarias europeas insisten en que el contagio del hantavirus procedente de excrementos, orín y otras secreciones de ratones rabilargos es muy bajo y la situación no es comparable con el Covid-19, los responsables sanitarios velan para que el desembarco se produzca con las máximas garantías de aislamiento y los pasajeros y tripulantes no sean trasladados a tierra hasta que no estén listos los aviones que han de repatriarlos desde el aeropuerto de Tenerife.

Ninguna persona del barco tiene síntomas de la enfermedad en este momento, si bien la incubación del virus que ataca al pulmón y a los riñones y provoca fiebre, dolores musculares, escalofríos, cefaleas (dolores de cabeza), náuseas, vómitos, y a veces dolor abdominal y diarrea, puede llegar a 45 días. De ahí que los 14 españoles que el domingo serán trasladados al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en el barrio madrileño de Carabanchel, tendrán que pasar la cuarentena voluntaria u obligada para preservar de la salud familiar y pública.

Primero de Mayo por el pan, el techo y la paz

Luis Díez.

Nunca ha sido fácil la vida para los trabajadores. Y ahora tampoco. En el contexto de crecimiento económico y productividad sostenida como la que vivimos en España –por encima de la media de la UE– tenemos más de diez millones de trabajadores con los salarios estancados. No se trata de que los sueldos de esas personas suban igual que los márgenes empresariales, cuyo promedio alcanza el 13% anual, sino de que, como dice Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras (CCOO), tengan subidas de entre el 4 y el 7% para los próximos años.

El segundo gran problema es la vivienda. Los dos principales sindicatos de clase, CCOO y UGT, la consideran un problema estructural que “empobrece” a la población trabajadora. Y reclaman a los poderes públicos que “limiten los precios” de los alquileres y las cuotas de las hipotecas bancarias al 30% como máximo de los ingresos de cada hogar.

Los poderes públicos en este caso son también el PP de la señora Ayuso y del señor Feijóo que gobiernan en Madrid y en otras autonomías donde se han declarado “insumisos” para ejercer sus competencias y aplicar la Ley de Vivienda que permite congelar los alquileres en las “zonas tensionadas” y compensar fiscalmente a los caseros. Los poderes públicos son ese PP y VOX que rechazan los 7.000 millones de euros del nuevo plan de viviendas públicas recién aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Los mismos que, acompañados por la derecha catalana, Junts, han votado en el Congreso contra la prórroga de los contratos de alquiler, provocando estragos salariales a tres millones de inquilino cuando no el desahucio.

El secretario general de la UGT, José Álvarez, dejó claro el martes en la asamblea de delegados en Cádiz el contenido y, sobre todo, los destinatarios de las reivindicaciones de los asalariados en este Primero de Mayo cuando dijo que “el acceso a la vivienda, la sanidad y los servicios sociales debe garantizarse como un derecho fundamental”. Y subrayó: “Las comunidades autónomas tienen que dejar de bajar impuestos a los ricos, y éstos han de contribuir para que las personas que menos tienen puedan acceder a los servicios públicos”.

Junto a los salarios y la vivienda, la jornada laboral sigue en el centro de las reivindicaciones de los trabajadores. “Se están haciendo millones de horas extraordinarias sin control en España”, denuncia Unai Sordo al tiempo que reclama una actuación más firme de la inspección laboral para acabar con estas prácticas. “No puede haber impunidad; el control horario es una herramienta básica para garantizar derechos y acabar con abusos”, añade el líder de CCOO, quien considera “injustificable” que con la digitalización y los medios técnicos existentes siga sin aplicarse plenamente la normativa sobre la jornada laboral.

Aparte la frustración por el intento fallido de las fuerzas políticas progresistas de reducir la jornada a 37,5 horas semanales, las organizaciones sindicales tienen pocas dudas de que el avance de la Inteligencia Artificial (AI) generativa modificará el panorama laboral en términos cuantitativos y cualitativos. No sólo reducirá los puestos de trabajo sino también la jornada y, sobre todo, la ubicación física de los asalariados, hasta el punto de que podremos trabajar para cualquier país del mundo desde nuestra sede en España y contratar labores de trabajadores de otros países. El 2 de agosto próximo entra en vigor plenamente la Ley de la IA, la primera elaborada por la Unión Europea (UE) que obliga a los estados miembros a establecer controles y sanciones contra los riesgos “inaceptables”, “muy altos” y “altos” de la IA y contra la “opacidad” y falta de registro de los sistemas. (Informe: Ley sobre inteligencia artificial).

Por si fueran pocas las dificultades para hacer cumplir la normas laborales en materia de jornada, horas extras sin control, condiciones de trabajo y otras trampas, el famoso Tribunal Supremo ha contribuido a la incuria con su fallo del 14 de abril (ni siquiera la fecha es inocente) que impide el libre acceso de los inspectores de trabajo y seguridad social a las empresas. La sentencia del alto tribunal les exige un mandamiento judicial para poder inspeccionar los centros de trabajo cuando sean a la vez el domicilio social de la empresa, algo muy frecuente en las pymes. El rechazo de los inspectores a través de sus sindicatos profesionales ha sido inmediato por la falta de calidad jurídica del producto y porque el Supremo “se extralimita” en sus funciones, actuando como si fuera “el legislador”. CCOO denuncia que el fallo lamina la ley de 2015, reguladora de las funciones de la Inspección, de acuerdo con la Constitución y el convenio 81 de la OIT.

El rechazo a la guerra de EEUU e Israel contra Irán y a las masacres del genocida Benjamín Netanyahu en Gaza y Líbano marcan también las reivindicaciones de los trabajadores. Es muy curioso ver cómo el matón de la Casa Blanca se ha transformado en el pirata petrolero del Estrecho de Ormuz, violando la Carta del Mar de Naciones Unidas. El miércoles le preguntaron en el Congreso a su secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre el aumento del precio de los combustibles y de los alimentos en EEUU (y en el resto del mundo) y respondió diciendo que eran preguntas “capciosas”. A continuación preguntó: “¿Cuánto estarían dispuestos a pagar para garantizar que Irán no obtenga una bomba nuclear?”

Alguien debería recordar a ese antiguo comentador de televisión que su actual jefe Donald Trump rompió en 2018 el pacto negociado por Barack Obama con la teocracia iraní para evitar que construyera una bomba nuclear. Entonces hicieron falta veinte meses de negociación, expertos nucleares y decenas de reuniones. El pacto de Obama con Irán se llamaba Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por su sigla en inglés), tenía 160 páginas, incluía cinco anexos técnicos que detallaban los límites del programa nuclear iraní. En síntesis, Irán aceptó tres condiciones a cambio del alivio de las sanciones: enviar el 97% del uranio enriquecido fuera del país; limitar el enriquecimiento en curso al 3,67%, suficiente para las centrales pero no para hacer bombas, y adherirse al intrusivo régimen de inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica.

Pero Trump rompió el acuerdo hace ocho años, un tiempo que Irán podía haber aprovechado para proveerse de armas nucleares, aunque no lo hizo. Por el contrario, el ayatola Ali Jamenei, asesinado con familiares y altos funcionarios el 28 de febrero, primer día de la guerra, por los bombas estadounidenses, había firmado una fatwa en contra de las armas nucleares. Pero se ve que a Trump y Netanyahu les interesaba más la guerra. El miércoles le preguntaron al mencionado Hegseth cuántos meses más prevé que dure la guerra, pero se negó a contestar. El jueves, 30 de abril se cumplieron 60 días de guerra, plazo legal para que Trump comience a retirar las tropas o solicite el permiso del Congreso para continuar las hostilidades. Sólo cabe pedir que no inflijan más daño a su propio pueblo y al conjunto de la humanidad.

Patógenos ultras buscan envenenar la convivencia

Luis Díez.

Primero se les insulta. Si son negros se les llama “monos”. El otro sábado (18 de abril) se pusieron a gritar “¡Fuera la mona!” en la Puerta del Sol de Madrid. “La mona” era, según ellos, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez Gómez, y los que gritaban eran cientos de venezolanos residentes en España que acudieron a agasajar a la líder de la oposición al chavismo residual y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, muy arropada y acompañada por dirigentes de la derecha extrema y la extrema derecha española. Lanzó y jaleó el grito racista el cantante Carlos Baute, un tipo que ya en 2018 aparecía en las listas de Hacienda con unos impagos de 407.000 euros, más de lo que gana en doce años un trabajador medio en España.

Delcy Rodríguez no es Vinicius, pero tanto da. Si el presidente de los Estados Unidos (EEUU), el belicoso supremacista Donald Trump, caracteriza en las redes sociales a su antecesor Barack Obama y a su compañera Michelle como si fueran una pareja de orangutanes tampoco es cuestión de pedir respeto y educación a sus nuevos subordinados. Así que venga, todos a una: “¡Fuera la mona!” Quizá más tarde, cuando cientos de mujeres venezolanas se congreguen en la Plaza Brión de Chacaíto, al este de Caracas, para rechazar los insultos no solo a la presidenta encargada sino a las mujeres venezolanas, el mencionado Baute y la galardonada Corina (Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid y Llave de Oro de la ciudad) se sientan obligados a disculparse, como sucedió de hecho.

Cuando se pasa de esa introducción al desprecio que es el vulgar insulto racista –“mono, panchito, moromierda, sudaca, negrata” y otros– a un análisis más sosegado, enseguida aparece la observación de que los insultados son seres inferiores, extranjeros poco evolucionados, gente más instintiva que racional, individuos primitivos que afilan sus cuchillos en la edad de piedra y, por consiguiente, plebe peligrosa. “Van a regularizar a violadores”, afirmó nada menos que el presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, sin presentar prueba alguna de su aserto verbal.

Ya es sabido que el principal partido de la derecha y sus aliados de la ultraderecha voxida están que bufan porque el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha la regularización de más de medio millón de inmigrantes que desde hace tiempo viven y trabajan con nosotros. Es una regularización aprobada hacia dos años por el Congreso de los Diputados y respaldada por más de 600.000 firmas, sindicatos, patronales, organización no gubernamentales y la propia Iglesia Católica. Pero se ve que a PP-VOX les molesta que sean visibles y tengan derechos sociales e incluso humanos.

Un paso más en el estudio de los coloquiales insultos racistas y de la xenofobia en boga conduce al observador a preguntarse si este fenómeno es el primer signo proclive a la supresión de los derechos civiles básicos de los inmigrantes insultados. Y si. Esa es precisamente la estrategia de la derecha reaccionaria y patógena. Primero se les insulta, se les califica de animales o de subespecie humana en el mejor de los casos y luego ya resulta más fácil negarles los derechos inalienables como seres humanos.

La discriminación de las personas por razón de origen, raza, religión y otros motivos ha sido plasmada por agentes patógenos en los acuerdos PP-VOX para formar los gobiernos autonómicos de Extremadura y Aragón, de modo que los inmigrantes queden detrás de los nacidos en España a la hora de acceder a la asistencia sanitaria, social, educativa y a las migajas del que llaman “estado del bienestar”. “Primero los de casa”, dicen, como si los europeos, americanos, asiáticos y africanos que viven y trabajan en nuestro país no fueran personas ni tuvieran los mismos deberes y obligaciones que nosotros.

Esos dirigentes patógenos llegados a este mundo a envenenar la convivencia con mentiras y propaganda barata son los mismos que rechazan el derecho a la igualdad de las mujeres, niegan los asesinatos y la violencia machista, califican de “fanatismo climático” el calentamiento del planeta y los efectos letales de las emisiones contaminantes. Son patógenos cínicos, canelos, perrunos que orinan en público sin sentir ningún pudor y actúan, viven y cobran buenos sueldos a cuenta del común –y algunos trincan por detrás– amparados por la Constitución democrática de 1978, pero en contra de la Constitución, la democracia, la igualdad y el Estado de derecho.

Esos seguidores del matón de la Casa Blanca y del genocida Netanyahu dijeron meses atrás que iban a echar de España a ocho millones de personas, inmigrantes e hijos de inmigrantes, y retoman ahora su mensaje de odio rehabilitando el concepto empleado hace cuarenta años por el fascista francés Jean-Marie Le Pen de “prioridad nacional” para hacernos creer que si algunos servicios de la sanidad pública están colapsados y funcionan mal o si faltan plazas escolares o si hay poca vivienda y es muy cara o si las ayudas a la dependencia llegan tarde y las pagas del mínimo vital, más tarde todavía, es por culpa de los inmigrantes.

Aunque la falsedad y toxicidad de ese mensaje salte a la vista, a cierta derecha política que solo aspira al D+P (el Deterioro y la Privatización) de los servicios públicos para hacer negocio y, por supuesto, a echar del Gobierno al prestigioso dirigente progresista Pedro Sánchez, parece no importarle la discriminación, segregación y el apartheid implícitos y explícitos en los pactos autonómicos PP-VOX. Con esas medidas contra las personas de otros países que viven y trabajan (y juegan al fútbol y forman parte de las Fuerzas Armadas españolas) no solo pretenden enfrentar a la gente, sino además que les voten. Si esos pactos (legales) y las mociones similares que pretenden aprobar en otras autonomías donde tienen mayoría vulneran los derechos constitucionales de las personas, deberían ser recurridos de inmediato por el Defensor del Pueblo sin esperar a que adquieran forma jurídica. No olvidemos que para hacer daño basta con circulares y órdenes verbales. Y si no recuerde lo que hizo la señora Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia del coronavirus.

El síndrome de Keops ataca a Trump

Luis Díez.

Estatua dorada y escenario para el gran líder belicoso y pacificador.

Las evidencias históricas demuestran que desde que dios se hizo hombre, muchos hombres han querido ser como dios. En nuestro tiempo, el actual presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, considerado el personaje más poderoso del planeta en términos bélicos, está prolongando la deriva mental de emperadores como Cesar o Napoleón, monarcas absolutos y capos criminales como Hitler, Mussolini y Franco (“Espada del altísimo”, lo nombró el arzobispo Gomá y Tomás), llegando a enfrentarse al representante del dios de los católicos en la Tierra, el Papa León XIV, defensor de la paz, la dignidad y los derechos humanos por excelencia, que en junio próximo visitará España invitado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el primer mandatario europeo en plantar cara a los belicosos Netanyahu y Trump.

Algunos especialistas han bautizado esa tendencia al endiosamiento como “síntoma o síndrome de Keops”, el faraón egipcio del 2.500 antes de Cristo que construyó la gran pirámide de Guiza y era creído y temido por el pueblo como sucesor de los dioses Horus y Osiris. Hay algo de ese síndrome de Keops en la demolición de un ala de la Casa Blanca para construir un gran salón de baile (con un refugio antiaéreo debajo) o en ese empeño de añadir su nombre al Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington y ese afán de poner también su nombre al aeropuerto internacional de Palm Beach, en Florida, donde el gobernador Ron De Santis, otrora adversario interno, no ha dudado en cultivar el ego del déspota. Más allá del gasto de cinco millones de euros para que el megalómano pueda leer su nombre orificado al aterrizar en West Palm Beach, el señor Santis ha facilitado la entrega a Eric Trump de un solar (un antiguo aparcamiento) en el centro de Miami para que su papá construya una biblioteca vertical, una torre con su nombre en lo alto, estatuas doradas de sí mismo dentro y a los lados del edificio y el avión Air Force One en desuso estacionado en la planta de entrada.

Torre de la futura biblioteca Trump en el centro de Miami.

A propósito de aviones, contaba Terry Castleman en Los Ángeles Times cómo un “avión del fin del mundo” había provocado la alarma al ser visto en Los Ángeles y unos días después en Fresno, en plena guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y Líbano. El avión cerca de Fresno era un Boeing E-6B Mercury que aparentemente realizaba ejercicios de aterrizaje. Tanto éste como el que causó revuelo al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de los Ángeles (un Boeing E-4B Nightwatch que transportaba al secretario de Defensa, Pete Hegseth, al sur de California como parte de su gira de un mes de duración denominada “Arsenal de la Libertad”) funcionan como centros de operaciones de emergencia del presidente de EEUU ante graves amenazas para la seguridad nacional como una guerra nuclear. De ahí su nombre.

La entrada a la Biblioteca trampista proyectada en Miami.

La penúltima expresión del síndrome de Keops atribuida a Trump no le va a la zaga a Napoleón Bonaparte y se trata de un arco de triunfo en Washington, similar al que el corso erigió en 1806 en los Campos Eliseos de París para conmemorar la victoria de sus tropas en Austerlitz (actual República Checa), sólo que más grande, más alto y con una gran escultura en lo alto. Aunque vale suponer que podría conmemorar la “gran victoria” de los bombardeos contra Irán, con solo 13 bajas en su Ejército, habrá que esperar la decisión del personaje. De lo que no hay duda es de la irritación de millones de católicos estadounidenses ante la burlesca ocurrencia del presidente de difundir su imagen imitando a Jesucristo, con túnica blanca, faja roja, bandera estadounidense alrededor, águilas calvas, aviones de combate y una bicho alado con cuernos en el cielo. El Trump-Jesucristo aparece curando a un enfermo.

El cómico Jon Stewart se reconoció en la bufonada de Trump sobre Jesucristo.

“¡Oh, Dios mío!”, exclamó el hombre enfermo, el actor cómico Jon Stewart, al reconocerse en la imagen reproducida por inteligencia artificial (IA). “No sabía que ya estábamos en esa situación. No me había dado cuenta de que mi aspecto había llegado a un punto lamentable”, confesó Stewart, que es un descreído de izquierda. “Me alegra que Jesús-Trump haya traído su oleo sanador”, confesaba antes de elogiar las limitaciones de la IA. “Es como si dijera: puedo darte fuegos artificiales y poderes curativos y puedo convertirte en Jesus, pero pesas lo que pesas. Tendrás que ser un Jesús gordo”, añadió Stewart. Puesto que la publicación se produjo después de los primeros ataques verbales del presidente contra el Papa, el actor remató: “Los comentarios de Trump sobre el Papa han ofendido a mucha gente cristiana. Pero no se preocupen, la cosa empeorará”.

Trump acusó al Pontífice de ser “indulgente con el crimen” y “terrible en política exterior”. En una extensa diatriba en su red Truth Social se despachó contra el líder católico nacido en Chicago diciendo: “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que piense que es terrible que Estados Unidos atacara a Venezuela, un país que enviaba enormes cantidades de drogas a Estados Unidos y, peor aún, que vaciaba sus cárceles, incluyendo asesinos, narcotraficantes y criminales, a nuestro país. Y no quiero un Papa que critique al Presidente de los Estados Unidos porque estoy haciendo exactamente para lo que fui elegido, por una aplastante mayoría: establecer cifras récord de delincuencia (sic) y crear el mejor mercado de valores de la historia”.

Las invectivas del matón de la Casa Blanca comenzaron después de que León XIV criticara la “idolatría del yo” y el “delirio de omnipotencia” presentes en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, que calificó de “atroz” antes de afirmar que Jesucristo no se puede usar para justificar ninguna guerra y de instar a los jefes de todos los bandos a deponer las armas. La exigencia de paz a un tipo que amenazaba con acabar con la civilización persa en una noche y al que el Papa no citó, enfureció al promotor de la Furia Épica, que no ha cesado de criticarle desde entonces. Sin embargo, el Papa insiste en la exigencia de la paz con palabras tan firmes como las que pronunció el jueves pasado en en el corazón de un Camerún asolado por las guerra: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”, dijo después de criticar a los dirigentes quederrochan millones de dólares en asesinatos y destrucción”. Como es sabido, Trump ha anunciado una petición de 1,5 billones de dólares para armamento y defensa el próximo año. En un mitin confesó el 1 de abril: “No podemos hacernos cargo del cuidado infantil. Estamos luchando guerras. No es posible que nos encarguemos de las guarderías, el Medicaid, el Medicare, todas estas cosas”.

Al margen de cuál sea el desenlace de una guerra ilegal y de oportunidad del dúo Trump-Netanyahu y de si Irán entrega finalmente a Rusia la media toneladas de uranio enriquecido que guarda bajo tierra para que EEUU desbloquee el tránsito por el Estrecho de Ormuz, cumpliendo la Carta de Naciones Unidas sobre el libre tránsito marítimo, el comportamiento imprevisible y los comentarios extremos de presidente norteamericano han acelerado la discusión sobre si es errático o si tiene problemas de salud más serios. Así lo señalaba el 14 de abril el New York Times. El gobernador de Illinois, JB Pritzker, ha invocado la vigésimoquinta enmienda para revocarlo por incapacidad. “Un loco transtornado no puede tener el control”. Pero no se trata solo de una inquietud expresada por dirigentes del Partido Demócrata, comediantes de televisión y profesionales de la salud mental que hacen diagnósticos a distancia. Ahora, también puede escucharse de generales retirados, diplomáticos y funcionarios extranjeros. Y, lo que es más sorprendente, puede oírse incluso en la derecha, entre antiguos aliados del presidente.

Portavoz muestra el Arco de Triunfo trumpista

Pakistán conquistó a los Trump con negocios y un hotel en Manhattan

Luis Díez.

Personas bien informadas cuentan cómo Pakistán conquistó la simpatía (aunque sea mucho decir) del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, hasta el punto de convertirse en su tabla de salvación para salir de la maldita guerra contra Irán que él mismo inició junto con el genocida del pueblo palestino y principal obstáculo para la paz en Oriente Medio, Benjamín Netanyahu.

Ya recordarán que diez días antes de lanzar los primeros bombazos sobre Teherán, asesinando al ayatola Ali Jamenei y a más de cuarenta miembros de su gobierno represor, el matón de la Casa Blanca convocó a los representantes de los países que aceptaron formar parte de su llamada Junta de Paz, una especie de club de pago (mil millones de dólares de cuota). En aquel marco, el antiguo promotor inmobiliario, amigo de Trump y negociador del alto el fuego en Gaza (y ahora en Irán), Steve Wifkoff, presentó un inusual acuerdo entre EEUU y Pakistán.

Se trataba de un memorando para la cesión y remodelación del glamuroso (en su día) Hotel Roosevelt de Nueva York, un enorme edificio propiedad de Pakistán, situado entre las calles 45 y 46 y las avenidas Madison y Vanderbilt de Manhattan. De pronto, el acuerdo entre el mediador trumpista Witkoff y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif convertía a la administración federal estadounidense en copropietaria del inmenso inmueble, algo que agradó sobremanera al presidente, siempre atento a las oportunidades de “monetarizar” el cargo para sí y su familia.

El hijo de Witkoff, negociador y amigo de Trump, firma un convenio para extender a Pakistán el negocio de criptomonedas que comparte con los hijos de Trum. Detrás, en el centro, el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif

Si durante el primer mandato, el presidente magnate incrementó su fortuna en unos tres mil millones de dólares, en el primer año de su segundo y último nuevo mandato ha sumado a su patrimonio otros mil quinientos millones más según estimaciones de grandes medios de comunicación. Cierto es que ha renunciado a los 400.000 dólares anuales de sueldo oficial.

Pero las atenciones de los sagaces mandatarios pakistaníes hacia el incontinente Trump y su entorno se han sucedido en muchos campos. Por ejemplo, Pakistán nominó al matón de la Casa Blanca para el Nobel de la Paz. Pakistán contrató lobistas vinculados a la familia Trump. Y Pakistán (su ministro de finanzas) firmó un mes antes del acuerdo del Hotel Roosevelt un convenio para incorporar una filial de World Liberty Financial, la empresa de criptomonedas fundada por las familias Trump y Witkoff, a sus transacciones internacionales.

Es lógico que míster Witkoff, siempre acompañado en sus tareas de mediación de Jared Kushner, yerno de Trump, apelase a las buenas relaciones con los amigos pakistaníes para frenar la escalada bélica contra Irán sin provocar más daño económico al conjunto de la humanidad y a los propios estadounidenses. Y es lógico también que el primer ministro pakistaní, señor Sharif, se apresurase a enviar a las autoridades supervivientes de Irán una propuesta de paz que sin apariencia de “victoria pírrica” para EEUU e Israel les permitiese salir airosos del lance.

El ayatola Mojtba Jamenei dio su visto al acuerdo de tregua dos horas antes de que acabase el ultimatum USA

Sharif aprovechó bien la oportunidad y se hizo acompañar de los buenos oficios de los grandes países con mayor influencia en el área como son Egipto, Arabia Saudita y Turquía, para conseguir de Irán un plan de negociación de diez puntos, comenzando por la reapertura y el libre tránsito del Estrecho de Ormuz, que estrangula desde hace ya mes y medio a los países petroleros del Golfo Pérsico. En los ricos emiratos petroleros trabajan, por ejemplo, más de un millón de pakistaníes cuyas remesas suponen el 40% de los ingresos del país desde el exterior.

Así, entre insultos –“Abran el puto Estrecho, locos bastardos, o vivirán en el Infierno”–, prórrogas y un ultimatum apocalíptico –“Toda una civilización morirá esta noche, para no volver más”– del presidente de EEUU a Irán, los negociadores pakistaníes, entre los que destacó el jefe militar Asim Munir, consiguieron que el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei diese discretamente luz verde a la tregua. Al alivio de la población iraní se sumaron los países del Golfo Pérsico indirectamente castigados por la belicosidad de Trump. Pero poco duró la alegría en la casa del pobre (y la casa propiamente dicha) ya que Israel aprovechó las horas posteriores a la tregua para acometer los bombardeos más intensos contra Líbano, con un saldo de 203 personas muertas y más de mil heridas.

La “aportación” del carnicero de Gaza a la paz revela su frustración por el alto el fuego alcanzado entre EEUU e Irán. Pero en esta ocasión, su amigo y aliado Trump le ha pedido que no tense más la cuerda y se vaya a Washington a negociar con el gobierno de Líbano sobre el desarme y la eventual disolución de las milicias de Hezbolá. Esas milicias han frenado los repetidos intentos de Israel de ocupar el sur del Líbano, incluyendo el valle del Litani, según han proclamado, aprovechando la guerra contra Irán.

Israel desató los bombardeos más intensos sobre Beirut tras conocer la tregua con Irán

En esa zona, cerca de la localidad de Marjayún, se encuentran los 650 soldados españoles que forman parte del contingente de cascos azules de la ONU y que desde hace 20 años (se desplegaron en 2006) habían conseguido evitar la guerra hasta que la irrupción de EEUU contra Irán desbarató el equilibrio y ha contribuido a embrutecer y embravecer a las tropas israelíes hasta el punto de despreciar e intentar humillar a una patrulla española antes de retener, insultar y maltratar a un soldado durante una hora.

La protesta diplomática del Gobierno español ha provocado la burla de la portavoz parlamentaria del PP en el Congreso con una comparación tan estúpida como: “A mí también me ha retenido una hora la guardia civil en un control”. ¿No defiende el PP a los soldados españoles en misiones de paz en el mundo? En la “operación Libre Hidalgo” de la ONU en Líbano, que llegó a contar con 1100 militares españoles han perdido la vida quince de ellos.

Netanyahu ha acusado al Gobierno español de “librar una guerra diplomática” contra su país y ha ordenado expulsar a los representantes españoles del Centro de Coordinación Cívico-Militar (CMCC, por su siglas en inglés), un órgano creado para la supervisión del alto el fuego en la Franja de Gaza como parte del plan de paz de Donald Trump. Desde el alto el fuego de octubre pasado han matado a más de 700 palestinos cerca de lo que ahora llaman línea naranja con Gaza.

En realidad el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acusó directamente a Netanyahu de violar los derechos humanos y de “desprecio por la vida” por continuar los ataques contra Líbano a pesar del alto el fuego entre EEUU e Irán. Y viernes volvió a pedir a la Unión Europea (UE) que, “por coherencia y por empatía”, suspenda el Acuerdo de Asociación con Israel. “No permitamos una nueva Gaza en Líbano”, zanjó.

Matan niños con misiles de alta precisión

Luis Díez.

Misil PrSM, de Ataque de Precisión empleado por primera vez en la guerra contra Irán para bombardear una escuela y un pabellón deportivo.

Los aliados no son para matar gente, niños, civiles inocentes. Es lo que están haciendo en Irán, Líbano y Palestina los desalmados (sin alma) Donald Trump y Benajmín Netanyahu, presidente y primer ministro de Estados Unidos e Israel, respectivamente. Los aliados tampoco están para avalar el uso de misiles con fragmentos de tungsteno incandescente en guerras ilegales, contrarias a la Carta de Naciones Unidas y al derecho internacional. Por eso se entiende que esta misma semana el Gobierno de Austria que preside el conservador Christian Stocker se haya sumado a la posición que encabezó España de no autorizar las bases militares ni el espacio aéreo a los aviones con material (bombas y misiles) y personal para machacar a los países mencionados.

Alguien de mayor talla política –y humana– que los bocalanes de la derecha reaccionaria que aspiran a gobernar en nuestro país –el dúo Feijóo-Abascal– debería llamar ahora al secretario de Estado de EEUU Marco Rubio para dejar claro que la Alianza Atlántica es defensiva y no vale para “guerras de oportunidad” como pretende Trump. Convendría que el señor Feijóo aclarase, aunque solo fuera por honradez con los que votan al PP, si está con Trump o con la UE. ¿Apoya o no la política exterior española o la de Trump, que como bien decía el jueves en Liberación el ministro de Exteriores José Manuel Albares, “ha sustituido la diplomacia por la guerra”?

Una vez más ha salido el presidente Francés, Emmanuel Macrón, a responder a la intención de Trump de devaluar la Alianza Atántica. Si en declaraciones al The Telegraph Trump afirmaba días atás que la OTAN es “un tigre de papel” y abundaba en la posibilidad de que EEUU abandone la alianza militar, el presidente francés replicaba: “Si siembras dudas a diario sobre el compromiso, erosionas la esencia”. Desde Seúl (Corea del Sur) donde se hallaba en visita oficial Macron lamentaba las contradicciones del jefe de la Casa Blanca: “No se puede contradecir lo dicho el día anterior; sería más sensato hablar menos y trabajar por una paz justa”.

Y abundaba: una guerra con Irán no es el medio adecuado para resolver definitivamente el problema del programa nuclear iraní. “Sin un marco diplomático y técnico para las negociaciones, la situación podría deteriorarse de nuevo en cuestión de meses o años”. Solo un acuerdo negociado permitiría un control y una estabilidad a largo plazo para todos, decía Macron antes de considerar “irreal” la idea de reabrir el estrecho de Ormuz por la fuerza. “Llevaría muchísimo tiempo y expondría a todos los que cruzan el estrecho a grandes riesgos”. En su opinión, el estrecho de Ormuz ha de reabrirse, “pero esto solo puede ocurrir con el consentimiento de Irán”.

Ya es sabido que la negativa de los países de la Alianza a meter la cabeza en el avispero de Ormuz después del fracaso de la flota USA en la escolta a un petrolero y, por supuesto, de que las aseguradoras retiraran su cobertura a los buques, irritó al matón de la Casa Blanca hasta el punto de llamar “cobardes” a los aliados y amenazarles con la expresión de que “no se lo olvidaría”. Y eso que el 7 de marzo había escrito: “No necesitamos gente que se una a las guerras cuando ya hemos ganado”. Para comprobar las ganancias solo hay que preguntar a los estadounidenses. Y, desde luego, a los europeos, africanos, chinos y demás naciones del sudeste asiático.

Después de los improperios contra los aliados de la OTAN, Trump dijo que el desbloqueo del estrecho de Ormuz era un asunto de los países interesados en sacar el petróleo y el gas. Llegó a afirmar que EEUU no tenía “nada que ver” con el problema. Algo insólito, pues es consecuencia directa e inmediata de la guerra estadounidense-israelí contra Irán. Luego ya, en el discurso a la nación que anunció el miércoles a bombo y platillo y duró 19 minutos, no hizo una sola mención a la OTAN ni al bloqueo de Ormuz. Solo dijo que la guerra durará “unas pocas semanas más” y luego bajarán los precios de los carburantes.

Bombardeo del barrio de la televisión de Teherán

La frivolidad del personaje y sus atolondrados arúspices viscerales le lleva a manejar conceptos malsanos como “furia épica”, sustantivos acabados y adjetivos rotundos como “rendición incondicional”, a proferir majaderías como el “cambio de régimen” (por tercera vez en Irán) y, en fin, como hizo en su monólogo del miércoles, a fanfarronear como si la guerra y el sufrimiento humano no fueran más que un juego: “Vamos a darles un golpe durísimo durante las próximas dos o tres semanas. Vamos a devolverlos a la Edad de Piedra, donde pertenecen. Mientras tanto, las conversaciones continúan”. Eso sin dejar de afirmar que EEUU ya ha derrotado a Irán, ha ganado la guerra y ha conseguido una “victoria decisiva y abrumadora”. ¿Por qué y para qué manda entonces un tercer portaaviones y mantiene un despliegue de más de 50.000 soldados en la zona?

Antes del esperado discurso del belicoso agente naranja, el secretario Rubio argumentaba que los objetivos bélicos no tenían “nada que ver” con el liderazgo iraní, dejando en ridículo las repetidas alusiones al “cambio de régimen” del señor Trump. “Muchos estadounidenses se preguntan: ¿Por qué Estados Unidos tuvo que atacar a Irán ahora?” Y la respuesta de Rubio en un video previo al discurso de su jefe fue que Irán estaba acumulando tal arsenal de misiles y drones para proteger sus ambiciones nucleares que la guerra era la “última y la mejor oportunidad” para eliminar la amenaza. “Estábamos al borde de un Irán con tantos misiles y tantos drones que nadie podría hacer nada contra su programa de armas nucleares en el futuro”, dijo Rubio. “Ese era un riesgo intolerable”. Pero, como se recordará, eso no es verdad: estaban negociando sobre el programa nuclear iraní y el uso de sus minas de uranio. Unos recursos que ahora, de pronto, han dejado de preocupar a Trump porque, según dice, “están muy enterrados en el subsuelo”.

Lo cierto es que la amenaza de liquidar la infraestructura civil de Irán –centrales y líneas eléctricas, plantas potabilizadoras, traída de aguas, puentes, vías, carreteras, puertos e incluso la nuclear de Bushehr, en la costa del golfo Pérsico– si el presidente iraní Masoud Pezeshkian y sus correligionarios no firman la “rendición incondicional” antes del lunes, 6 de abril, augura nuevas penalidades para la población de los países bombardeados. En una carta a los estadounidenses, Pezeshkian denunció “la avalancha de distorsiones y narrativas fabricadas” por EEUU, aseguró que Irán no es una amenaza, que siempre se ha defendido de la agresión estadounidense y tras preguntar “¿a qué intereses beneficia realmente esta guerra?”, recordó que Irán se encontraba en plena negociación nuclear con EEUU cuando este último lo atacó “como instrumento de Israel”.

Ahora, gracias a los últimos análisis e investigaciones de los periodistas de The New York Times Christiaan Triebert y John Ismay, sabemos que los atacantes estadounidenses emplearon una variedad de misiles con explosión esférica de metralla de la que es imposible escapar y que por su similitud con una gran bomba de racimo debería estar prohibida. ¿Es eso lo que espera a los iraníes, los palestinos y los libaneses de los pueblos y ciudades del sur del río Litani que Israel ha decidido anexionar a bombazos? Ya recordarán que el 28 de febrero, EEUU disparó un misil Tomahawh que alcanzó la escuela de Minab y mató a 175 personas entre menores de doce años, maestros y cuidadores. Pero aquel primer día de la guerra también mataron al menos a otras 21 personas en un polideportivo junto a una escuela de Lamerd, en el sur del país, a unos doscientos kilómetros de la costa del Golfo Pérsico.

Ese ataque fue realizado con un misil balístico de corto alcance (300 kilómetros) cuyas siglas en inglés son PrSM y significan Misil de Ataque de Precisión. Este artefacto está siendo fabricado a toda máquina por Lockheed Martin y ha sido utilizado por primera vez por la Armada de USA en esta guerra. Los videos analizados por los especialistas del Times captan un ataque en una zona residencial a unos 275 metros del polideportivo y la escuela mencionada y muestran el arma en el aire, una silueta distintiva que coincide con el PrSM. El misil estalla en una gran bola de fuego en pleno vuelo. Otro video de una cámara de seguridad situada frente al polideportivo muestra el ataque, una explosión justo encima de la estructura.

Restos de personas en la escuela de Minaf donde mataron a 175 niños y maestros

En las fotos de las secuelas se comprueba que ambos lugares estaban llenos de agujeros causados por metralla de tungsteno. En el momento de los ataques, el polideportivo era utilizado por un equipo femenino de vóleibol, según Amir Saeid Iravani, representante de Irán ante las Naciones Unidas. Fotos y videos publicados en una cuenta de las redes sociales vinculada a la escuela demuestran que las instalaciones eran utilizadas regularmente por niños. Además, el polideportivo estaba identificado públicamente, durante años, como instalación de uso civil en plataformas cartográficas digitales de fácil acceso como Google MapsApple Maps y Wikimapia, según ha quedado contrastado.

Las imágenes tomadas desde el suelo y por satélite muestran el pabellón deportivo con marcas de quemaduras y el tejado parcialmente derrumbado. En imágenes del interior de la escuela se ven ventanas reventadas, daños causados por el fuego y manchas de sangre. Aunque esta cifra no se ha verificado de forma independiente, fotos y videos publicados en internet por medios de comunicación locales muestran escenas de un funeral multitudinario al día siguiente, 1 de marzo. Otras cien personas resultaron heridas, denunció el señor Iravani, representante de Irán ante la ONU.

Algunos muertos eran jugadoras de vóleibol que estaban entrenando dentro del pabellón cuando impactó el misil, según Iravani y testigos presenciales citados por Drop Site News, medio de comunicación en línea con sede en Estados Unidos. Tasnim, una agencia de noticias semioficial iraní, publicó los nombres de las 21 personas que, según dijo, habían muerto. Un periodista radicado en Irán, Negin Bagheri, escribió sobre dos de las víctimas: Helma Ahmadizadeh, de 10 años y alumna de cuarto grado, y Elham Zaeri, de quinto, que estaban en un entrenamiento de vóleibol cuando cayó el misil. Khabar-e Jonoub, periódico iraní, informó de la muerte de un entrenador deportivo identificado como Mahmoud Najafi.

El PrSM diseñado para el arsenal del ejército y del Cuerpo de Marines y desarrollado por Lockheed Martin en Camden, Arkansas, puede superar los seiscientos kilómetros de alcance y perseguir objetivos móviles, lo que le convierte en un misil letal, con una supuesta precisión y una cantidad de explosivo todavía no desvelada al público. Desde su sede de Dallas, la citada empresa del armamento comunicó el 25 de marzo la firma de un contrato con el Departamento de Guerra por 4949 millones de dólares para “cuadruplicar” la producción y suministro de PrSM. Además de matar con precisión, los fabricantes manifiestan “su compromiso de expandir y fortalecer el Arsenal de la Libertad, creando empleos bien remunerados y altamente cualificados que garantizarán la paz mediante la fuerza para las generaciones venideras”. ¿?

Tercer rechazo masivo a Trump en las calles de EEUU

Luis Díez.

Millones de personas aprovecharon el asueto del sábado 28 de marzo para acudir a los más de cuatro mil actos convocados en otros tantos pueblos y ciudades de Estados Unidos contra la guerra en Irán, decidida y lanzada por el presidente Donald Trump de acuerdo con el primer ministro de Israel, el genocida Benjamín Netanyahu, sin una consulta al Congreso ni siquiera a su gabinete en pleno, que reunió el jueves pasado por primera vez desde que empezó la guerra.

Las protestas, bajo el lema No Kings, por tercera vez en menos de un año, se dirigieron también contra la política migratoria del matón republicano de la Casa Blanca, que persigue con especial saña a hispanos y africanos y ha llegado a emplear al ejército en las ciudades para reforzar las redadas indiscriminadas de la policía de aduana y fronteras, el ICE, considerado “la Gestapo de Trump”.

En esta ocasión Minnesota se convirtió en el centro de atención de las protestas masivas contra las políticas del belicoso jefe ultraderechista del Partido Republicano, en recuerdo y homenaje a los dos jóvenes profesionales estadounidenses asesinados a tiros por el ICE, Renee Good y Alex Pretti. Miles de personas corearon su nombre, hombro con hombro, mientras en los jardines del Capitolio, en San Paul, el cantante Bruce Springsteen interpretaba Streets of Minneapolis, la canción que compuso en respuesta a los asesinatos. “Vuestra fortaleza y vuestro compromiso nos demostraron que esto seguía siendo Estados Unidos”, dijo. “Y esta pesadilla reaccionaria, y estas invasiones de ciudades estadounidenses, no quedarán impunes”.

La gente se movilizó desde la populosa Nueva York hasta Driggs, un pueblo de menos de 2.000 habitantes en el este de Idaho, donde Trump ganó con el 66% de los votos en 2024. Chicago fue un clamor contra la guerra y los ataques a los inmigrantes. La escalada del conflicto contra Irán ha provocado un aumento desmesurado de los precios de la gasolina y el despliegue del ICE en los aeropuertos ha colmado la paciencia de los estadounidenses.

Además de la protesta en el Grant Park de Chicago, que comenzó el sábado por la tarde con una potente interpretación de In This America de la artista local Melody Angel, se registraron manifestaciones masivas en Denver, Boston, Austin, Phoenix, Los Ángeles, Atlánta, Miami… En esta ocasión la manifestación llegó a la zona entre Mar-a-Lago y Boca de Ratón donde se encuentra el resort y club de lujo del destinatario de la nueva protesta.

Según informaciones de los grandes diarios y de la agencia AP, la participación superó la registrada en las dos convocatorias anteriores y alcanzó la cifra de ocho millones de personas. A pesar del tono pacífico de los actos, dos legisladores estatales fueron tiroteados en Minneapolis sin que se registrara ninguna desgracia. Otras tres personas fueron heridas de bala durante la manifestación en Salt Lake City. En Culpeper, Virginia, un tipo embistió con su vehículo a la multitud, atropellando a una persona, que resultó con heridas leves.

Aparte esos episodios odiosos, en Austin la policía utilizó gases lacrimógenos y realizó arrestos cerca del Capitolio Estatal tras un día de manifestaciones que se mantuvieron mayoritariamente pacíficas. Horas antes, se avisó una “amenaza creíble” contra legisladores estatales de Texas que planeaban asistir a la manifestación. En Los Ángeles, la policía también empleó irritantes químicos contra los manifestantes y practicó detenciones de personas que suponía que eran inmigrantes.

Bruce Springsteen rindió homenaje a Rene y Alex, asesinados por el ICE en Minnesota
En Boston
En Denver

Acciones policiales en Los Ángeles
En Austin

En Minesota

Mark Twain contra los monstruos de la guerra

Luis Díez

Cuando aparecen sobre la superficie terrestre los monstruos despiadados y poderosos que conocemos por televisión y por la muerte, el sufrimiento y el daño que acarrean a la humanidad –caso del matón de la Casa Blanca, Donald Trump, y su compadre el genocida de Gaza y Líbano, Benjamín Netanyahu, junto al ruso con cara de víbora, Vladímir Putin–, tiendo a invocar a Samuel Langhorne Clemens: el gran Mark Twain. El nació el 30 de noviembre de 1835 durante una de las visitas a la Tierra del cometa Halley y predijo que se iría con él. Acertó. Murió 74 años después, coincidiendo con la siguiente visita del cometa.

Mark Twain fue muchas cosas, pero sobre todo demostró talento, humor y sabiduría como escritor. Alguien como William Faulkner, premio Nobel de Literatura, con enorme influencia incluso sobre los hispanos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, dijo que Twain “es el padre de la literatura estadounidense”. Es probable que acertara. Desde la pequeña localidad de Florida, en Musuri (EEUU), donde sus padres John y Jane le trajeron al mundo, se trasladó a Annibal, en la ribera del Misisipi, donde pasó su niñez, perdió a su padre, dejó la escuela con once años y empezó a trabajar de aprendiz en una imprenta.

Ya convertido en tipógrafo, a los quince años empezó a publicar artículos humorísticos y relatos de viajes en el Annibal Journal, periódico que editaba su hermano mayor, Orion, al que poco después acompañó a Iowa, donde había comprado parte del Journal de Muscatine. Con 18 años Twain escribía relatos de viaje mientras rulaba como impresor itinerante por Nueva York, Filadelfia, San Luis, Cincinnati…

Cansado de recorrer aquel mundo, a los 22 años regresó a Annibal, en Misuri, donde se conserva su casa-museo y muchas cosas llevan su nombre, incluido el puente sobre la autopista 72 que une Misuri e Ilinois sobre el Misisipi y un faro a su memoria.

Después, durante un viaje río abajo hacia Nueva Orleans en un riverboat (vapor con ruedas de palas) conoció al piloto Horace Bixby y decidió seguir sus pasos. Estudio las técnicas de navegación fluvial por el Misisipi, adquirió conocimientos detallados sobre las corrientes del cambiante río, los puertos, los cientos de embarcaderos y cuantos detalles sobresalientes debía de conocer sobre el inmenso río de tres mil kilómetros. Al cabo de dos años obtuvo la licencia de piloto fluvial.

Pero pasaron muchas cosas y pocas buenas. La más dura fue la muerte de su hermano Henry. Mark le convenció para que trabajase con él vapor Pennsylvania y lo más triste fue que un mes antes de que muriera a consecuencia del estallido de la caldera del barco, él había tenido un sueño realista con la premonición de que ocurriría eso. Samuel, que entonces todavía no era conocido como Mark Twain, se sintió culpable el resto de su vida.

En este punto alguien puede suponer que la invocación del autor de Las aventuras de Tom Sawyer se debe al deseo de que nos transmita su pronóstico sobre cuándo van a desaparecer de la faz de la Tierra los canallas de la guerra. No es eso. Aunque a raíz de la amarga experiencia con su hermano, Twain se interesó por la parapsicología, no encontró métodos fiables de transmisión psicológica de fallecidos hace más de un siglo a vivos de ahora. Y por otra parte nunca se creyó infalible en sus premoniciones.

En cambio, el autor de Las aventuras de Huckleberry Finn, nos transmitió por escrito, que era la forma más sencilla de transferir información del pasado al futuro, un relato estupendo y cargado de sencillez para liquidar la guerra, todas las guerras. Samuel –para entonces ya había adoptado como seudónimo la expresión mark twain o marca dos, en referencia a las dos brazas (3,6 metros) de calado mínimo para una navegación segura de los riverboats– proponía dejar un niño de pecho al cuidado de un general para que comprobásemos cómo le daba tanta guerra que lo acababa derrotando. Y a continuación, añadía un brindis por los lactantes.

Creo que el cuento se titulaba Discurso a los lactantes o algo por el estilo y venía empaquetado junto con otros en un volumen con el título de alguno de los relatos, quizá El hombre que corrompió a una ciudad o La célebre rana saltadora del distrito de Calaveras. El editor sabrá. La conclusión sugerida –que no explícita– del gran Twain que combinaba la sátira, la crítica social y el pensamiento sencillo es bien clara: para acabar con las guerras hemos de dar niños de pecho a los comandantes jefes para que se ocupen de ellos.

En el caso del forajido fascista de la Casa Blanca con el cerebro deforme por la telerrealidad de la que también salieron otros miembros de su gabinete como el secretario de Transportes Sean Duffy, el segundo secretario de Seguridad Nacional, señor Mullin, sustituto de la aspirante a estrella de reality shows Kristi Noem, sin olvidar al excomentarista “político” de Fox News y actual secretario de Guerra, Peter Brian Hegseth, se podría considerar la excepción de que el niño fuera algo mayor para que el abuelo se entretuviera con él disparando en la Nintendo a monstruos como el inquilino de Jerusalén Balfou Street.

Los perdedores de la guerra de Trump y Netanyahu

Luis Díez

Por si fuera poco el daño humano y material que los criminales de guerra Trump y Netanyahu están causando en Irán y Líbano, sus 21 días de bombardeos ya dejan a millones de perdedores en el frente económico. Somos cientos de miles de trabajadores, clase media laboral, funcionarios, especialistas, técnicos, aprendices, estudiantes, gente de mediado pasar y, a mayor desgracia, personas en el límite de la subsistencia. La carestía nos golpea y convierte la vida en una lucha sin cuartel contra un ejército de fantasmas. Como decía Blas de Otero, “vivir se ha puesto al rojo vivo”.

El cierre del pasillo del petróleo por el estrecho de Ormuz ha provocado un incremento del precio de los carburantes del 40%. El bombardeo por parte de Israel del yacimiento de gas más grande del mundo, conocido como South Pars y administrado por Irán y Qatar en el Golfo Pérsico, ha duplicado de la noche a la mañana el precio del gas licuado. El incremento del precio de los carburantes y de la energía afecta a toda la cadena productiva y al transporte de tal forma que los cálculos más optimistas ya sitúan la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios en un 10%.

Los estadounidenses pagaban la gasolina a finales de febrero a 2,90 dólares por galón (3,78 litros), y en dos semanas de guerra el precio había subido a 3,70 dólares, según la Administración de Información Energética. En el caso del gasóleo el precio es más alto. Es el mayor aumento en menos tiempo de los últimos 30 años, superior al registrado al comienzo de la guerra en Ucrania en 2022 y a los asociados a la recesión de 2008 y los recortes de extracción de la OPEP. Es todo lo que tienen que agradecer al matón que colocaron en la Casa Blanca. También ellos están perdiendo la guerra.

Los chinos, muy dependientes de los suministros de crudo desde el Golfo, ya funcionan con la consigna de consumir menos energía fósil, moverse poco, tele-trabajar y darle al pedal. Eso no quita para que toda su producción agraria y fabril sea más cara y tengan que volver al carbón, con el consiguiente daño añadido a la atmósfera. De hecho, la descarbonización ha quedado paralizada en gran parte de Asia Oriental. La atmósfera terrestre es también perdedora de la guerra. ¿Qué miérda respirarán nuestros hijos?

En términos globales sólo Rusia está ganando la guerra en el frente económico. Aunque la Unión Europea (EA) mantiene el embargo al petroleo y el gas del putinato, el bloqueo del estrecho de Ormuz le permite aportar más suministros a más clientes en el resto del mundo. Los europeos, principales paganos de los efectos de la guerra de Ucrania, sufrimos un mayor impacto del precio de los carburantes que los propios estadounidenses, productores de petroleo. La UE es perdedora neta de esta guerra.

España y otros países están adoptando medidas como la reducción del IVA y otros impuestos a los carburantes para ayudar a los ciudadanos (productores y consumidores) frente a la carestía. La Tarifa de Último Recurso (TUR) de gas natural, diseñada para proteger a los consumidores de menos de 50.000 kWh/año, se ha demostrado una solución aceptable para viviendas con calefacción y agua caliente de gas.

Los bonos sociales para combatir la carestía eléctrica y otras medidas acordadas el viernes por el Gobierno del socialista Pedro Sánchez y que convalidará el Parlamento (si la derecha no se desdice) tratan de atemperar la nueva crisis provocada por el matón de la Casa Blanca y su amigante el genocida de Balfour Street en Jerusalén. Por cierto que en la tercera semana de su despiadada guerra ilegal se han registrado diferencias entre los dos monstruos.

El señor Trump, que tanto disfruta con la producción y difusión de videos en los que presenta los bombazos y la destrucción de vidas e infraestructuras en Teherán y otras ciudades de Irán como si fueran un juego, ha salido a la palestra a reprender al israelí Netanyahu por atacar las plantas de extracción del yacimiento de gas de South Pars, compartido por Qatar e Irán en el Golfo Pérsico.

A última hora del miércoles, 18 de marzo, el señor Trump publicó en redes sociales que “Estados Unidos (o sea, él) no sabía nada sobre este ataque en particular”. Pero ante el temor a ser desmentido, al día siguiente cambió de rumbo y dio a entender a los periodistas en la Casa Blanca que había hablado con Netanyahu. “Le dije que no hiciera eso”, aseguró antes de añadir: “Somos independientes. Nos llevamos de maravilla. Es algo coordinado”.

Funcionarios israelíes confirmaron que Trump había sido informado antes del ataque. Luego Netanyahu intentó desvincular a EEUU de la operación, consciente de que Qatar es aliado de los estadounidenses y no fue informado de lo que iba a suceder. Horas después del ataque israelí contra South Pars, las instalaciones de gas natural en Qatar fueron atacadas. El emirato culpó a Irán y pidió la desescalada. Un portavoz militar iraní dijo que era la respuesta al bombardeo de South Pars y que se habían limitado a atacar instalaciones energéticas “consideradas parte de los intereses de Estados Unidos”.

En contraste con ese bombardeo a South Pars que ha disparado los precios mundiales del petróleo y el gas –estamos hablando del yacimiento de gas más grande del mundo y del emirato de Qatar como tercer exportador mundial de gas natural licuado–, el señor Trump se abstuvo de dañar la infraestructura petrolera de la isla iraní de Kharg durante su ataque de hace diez días. Dijo entonces que había respetado las instalaciones del mayor centro exportador de petróleo iraní “por razones de decencia”.

Aunque resulta paradójico el término “decencia” en boca de un tipo que el primer día de su guerra mató con un misil guiado Tomahawk de un millón de dólares a 168 niñas, niños menores de doce años y profesores en la escuela en Minab (Irán) y luego atribuyó el bombazo a los iraníes, y, más tarde, afirmó que “no sabía nada”, queda clara la escala de valores del monstruo criminal: primero los bienes y valores (petróleo y gas en este caso) y después la gente, que es la “materia prima” más barata y abundante que hay.

Sólo en la primera semana de guerra, hasta el 6 de marzo, la Agencia de Noticias de Derechos Humanos (HRANA), documentó la muerte de 1.114 civiles iraníes, incluidos 183 niños. La cifra de muertos se acerca ya a las cuatro mil personas. Los desplazados –esos que de pronto el jefe del PP español, señor Núñez Feijóo, teme que lleguen como enmigrantes y se hagan terroristas– supera los tres millones. Ellos son los grandes perdedores de la guerra. Y con ellos, los más de mil muertos y 20.000 heridos y el millón de desplazados en un Líbano atormentado por los bombardeos e incursiones del ejército israelí.

La semana pasada, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, explicaba en Al Jazeera que esta guerra ponía a EEUU al servicio de Israel y confiaba en que la población estadounidense y los países de la región elevaran la voz para pararla. El descontento ante el daño a la exportación de petróleo que la guerra de Trump y Netanyahu está provocando, comienza a apreciarse entre los jeques del Golfo Pérsico.

“¿Cómo es posible que a ellos (Irán) se les permita vender, mientras a nosotros se nos prohíbe hacerlo?”, preguntaba miércoles el comentarista Nadim Koteich, cercano al gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. “Alguien está pagando las consecuencias” de las interrupciones de suministros causadas por la guerra, “y ese alguien somos nosotros”, concluía.

El matón de la Casa Blanca acusa ese descontento que muy pocos medios de comunicación se atreven a reflejar (en EEUU están amenazados con la retirada de licencias) y vuelve a apelar a los aliados de la OTAN para que escolten a los petroleros. El viernes los tachó de “cobardes” y volvió a amenazar a España con retirarse de Rota y Morón.

Sin embargo, ningún punto del tratado de la Alianza Atlántica obliga a defender a quien, como EEUU, no ha sido atacado, ni tampoco a respaldarle como atacante, creador del caos, violador del derecho internacional y promotor de la ley de la fuerza frente a la fuerza de la ley, el diálogo, la paz y la civilización. Por cierto que a ese señor que insulta y mata, la señora Díaz Ayuso le ha otorgado la medalla de honor de la Comunidad de Madrid en nombre de los madrileños. ¿Por qué?

Los que se lucran con la guerra

Luis Díez.

¿A quién beneficia la guerra? En primer lugar, a los fabricantes de armas, municiones y máquinas de matar. “Si las usan moriremos por explosión, si no por hambre y enfermedad”, decía el periodista Rafael Barret a principios del siglo XX para demostrar que todas, absolutamente todas las armas son una mierda. En la guerra emprendida por el matón de la Casa Blanca, señor Trump, y su amigo genocida del pueblo palestino, señor Netanyahu, contra Irán, los hijos mayores del primero, Donald y Eric, se benefician directamente de la conflagración como inversores en compañías vinculadas a la fabricación de armamento como la tecnológica Powerus, con sede en West Palm Beach (Florida), que se está fusionando con otras firmas para fabricar drones. Antes de los ataques militares contra Irán, Eric Trump se implicó también en un acuerdo para aportar 1.500 millones de dólares a la firma israelí Xtend, especializada en aeronaves tácticas no tripuladas.

Según la información suministrada por el Wall Street Journal, la apuesta de la familia Trump por la industria armamentista pretende satisfacer la demanda de drones planteada por el Pentágono y llenar el vacío dejado por la orden previa de la administración estadounidense de prohibir drones de importación y más concretamente los de fabricación china que inundaban el mercado. Brett Velicovich, cofundador de Powerus y veterano de operaciones especiales del ejército de Estados Unidos que ha asesorado a empresas de drones en USA y Ucrania dice que Powerus trabaja en acuerdos para adquirir empresas de drones ucranianas o agenciar su tecnología y construirlos y comercializarlos con marca blanca en EEUU. El director ejecutivo de Powerus, Andrew Fox, concreta el objetivo de construir más de 10.000 drones al mes. Verdad que ahora se entiende mejor el llamamiento del Trump a la industria militar de su país para que “cuadruplique la producción”?

El presidente de EEUU Donald Trump con sus hijos Ivanka, Eric y Donald junior

Para hacerse una ligera idea de los impresionantes beneficios de la industria del armamento baste decir que tan solo en los dos primeros días de la guerra de Trump contra Irán, el ejercito USA consumió 5.600 millones de dólares en munición. Fue uno de los datos ofrecidos por el Pentágono en las sesiones informativas a puerta cerrada en el Capitolio. Este consumo fue mucho más costoso de lo divulgado oficialmente, lo que viene a confirmar lo que de antemano sabíamos: que la primera víctima de la guerra es la verdad y que cuanto más dinero público detraen de los servicios y necesidades básicas de supervivencia, más lo tapan. Roban, restan y se forran a una velocidad supersónica, según la información aportada por el Washington Post.

El matón de la Casa Blanca que ha provocado el asesinato de 175 niñas menores de doce años y de varias profesoras en la escuela iraní de Mehr, beneficia los negocios del sátrapa del Krenlim, Putin, y sus amigos y subordinados petroleros, al provocar con su guerra contra Irán una carestía del petróleo muy conveniente para sufragar el putinato y los bombardeos y la ocupación de territorio en Ucrania. Hay potentados rusos haciendo negocios con la hija mayor de Trump, Ivanka, y su marido, Jared Kushner, consejero del presidente y creador de la compañía de capital riesgo Affinity Partners. Esa entidad canaliza además miles de millones de dólares de inversión de los Emitatos Árabes Unidos, Catar y Arábia Sudita en EEUU. Los medios consultados coinciden en que príncipe heredero saudí y hombre fuerte del régimen, Mohammed ben Salman, es amigo y persona muy cercana al yerno de Trump.

Arabia Saudita envía a los petroleros a cargar en el mar rojo ante el riesgo en el estrecho de Ormuz

Aunque la inseguridad para sacar el petróleo del Golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz ha paralizado el paso de los petroleros, con el consiguiente beneficio mayor para Rusia, según destacaba esta semana el presidente del Consejo de la UE, Antonio Costa, la principal extractora Saudi Aramco ha pedido a los compradores asiáticos que acudan a cargar el crudo al puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, y que comuniquen cuanto antes (antes del viernes, 13 de marzo) cuánto desean importar en abril. Ese y otros anuncios ponen de manifiesto la existencia de alternativas al bloqueo del estrecho por el que sale el 20% del petroleo que consume el mundo. Cierto es que la capacidad de almacenaje de los extractores es limitada y puede obligar a los jeques a parar el bombeo. Pero no por eso sufrirán grandes estragos, habida cuenta de que esa minería líquida, al contrario que la del carbón, no requiere muchos trabajadores ni gran gasto de personal.

Rysard Kapuściński, el gran periodista polaco que tan bien contó la caída del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi en 1979 y la revolución islámica con el ayatola Jomeini al frente de la república teocrática actual, decía que el petroleo era una bendición para los autócratas de los países árabes porque su extracción no provocaba huelgas ni revueltas obreras. Los jefes como aquel Sha vivían estupendamente, casi siempre fuera del país, creaban unidades de élite en el ejército, las dotaban de material sofisticado, importaban especialistas con sueldos fabulosos, vivían en una orgía permanente de lujo y baleaban al pueblo cuando protestaba en las calles porque tenía hambre y unos salarios de miseria. Eso hacía el Sha Reza Pahlevi y por eso cayó tras matar a cientos de personas que se manifestaban en Teherán. Y eso ha vuelto a hacer ahora el ayatolá Jamenei antes de morir bajo las bombas de Trump. Su segundo hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei puede ser considerado otro beneficiario neto de la guerra de un Trump que lejos de tumbar, ha fortalecido al régimen.

El nuevo ayatola Mojtaba Jamenei, segundo hijo del anterior, asesinado por las bombas USA sobre Teherán

Por cierto que el nuevo ayatola, a quien mandos militares estadounidenses aseguran haber «desfigurado», no le va a la saga a aquel Sha en materia de lujosos inmuebles, palacios y negocios en varios países europeos. En España es dueño del complejo turístico Steigenberger Hotel y Resort Camp de Mar, en Palma de Mallorca. Se trata de un hotel de cinco estrellas con campo de golf gestionado por la entidad Smart Global Limited. Las operaciones inmobiliarias del ayatola muerto y de su hijo el ayatola puesto estarían a cargo de Ali Ansari, un empresario iraní sancionado en Reino Unido tras la quiebra del banco Ayandeh, implicado en el desvío de fondos para la Guardia Revolucionaria. Este personaje maneja sociedades registradas en paraísos fiscales a las que canaliza fondos procedentes de la venta de petróleo bajo mano a distintos países, eludiendo las sanciones internacionales. Las inversiones de inmuebles de lujo en Madrid, Marbella, Palma de Mallorca, Londres, Berlín y algunas ciudades de Austria formarían parte del inmenso capital del nuevo líder iraní mientras mantiene un perfil austero ante su pueblo.

Hotel de cinco estrellas del presidente iraní, el ayatola Jamenei en Palma de Mallorca

En último, aunque pudiera ser en primer lugar, hay un beneficiario principal del caos y la muerte provocada por los ataques a Irán y Líbano del dúo criminal Netanyahu-Trump. Es el propio matón de la Casa Blanca. Su turbio pasado con su millonario amigo y traficante sexual de menores Jeffrey Epstein le persigue. ¿Trabajaba Epstein para el Mosad? ¿Qué saben de Trump los servicios secretos israelíes que le han llevado a obedecer ciegamente al genocida Netanyahu? Los grandes prebostes infestados por el proveedor sexual Epstein siguen cayendo como fichas de dominó –el último ha sido Steve Tisch, copropietario de los Giants de Nueva York y productor de filmes de éxito como Forrest Gump, Risky Business y otras–, pero de Trump ya no se habla en relación con el traficante sexual y pederasta que supuestamente se suicidó en 2019 en una cárcel de Nueva York, sino con el curso de la guerra.

A propósito de beneficios de una guerra que en 15 días ha provocado cientos de muertos civiles y tres millones de desplazados en Irán, además de setecientos fallecidos y más de 800.000 desplazados en Líbano por los bombardeos de Israel y casi medio centenar de víctimas mortales en los países del Golfo, Iraq y el propio Israel, convendría saber qué ventajas, ingresos y canongías aspiran a obtener el expolítico nefasto Aznar López y los mediocres dirigentes del PP cuando vituperan al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por negar el permiso a Trump para utilizar las bases de Rota y Morón en sus planes bélicos contrarios a la legalidad internacional y la Carta de Naciones Unidas. ¿Qué clase de patriotismo profesan estos tipos y su apéndice dizque más ultra, el corrupto Abascal, cuando colocan la soberanía nacional de alfombra de los dos personajes criminales y además les llaman “aliados”?

Ahora que los ciudadanos españoles, del mismo modo que los del resto del mundo, incluidos los estadounidenses, estamos pagando las consecuencias de la guerra, conviene acordarse de los amigantes de Trump y Netanyahu no sólo en las gasolineras, los supermercados o cuando recibimos las facturas del gas y la electricidad, sino muy especialmente a la hora de votar. Además de un asunto de clase social –ricos y pobres, capitalistas y proletarios, trabajadores y empresarios– es también una cuestión de dignidad, calidad humana, honradez y preservación de la paz, la convivencia, la equidad, la igualdad de género y los derechos humanos frente a falsarios que corren a lamer el culo a los matones y sembradores de odio.