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Mark Twain contra los monstruos de la guerra

Luis Díez

Cuando aparecen sobre la superficie terrestre los monstruos despiadados y poderosos que conocemos por televisión y por la muerte, el sufrimiento y el daño que acarrean a la humanidad –caso del matón de la Casa Blanca, Donald Trump, y su compadre el genocida de Gaza y Líbano, Benjamín Netanyahu, junto al ruso con cara de víbora, Vladímir Putin–, tiendo a invocar a Samuel Langhorne Clemens: el gran Mark Twain. El nació el 30 de noviembre de 1835 durante una de las visitas a la Tierra del cometa Halley y predijo que se iría con él. Acertó. Murió 74 años después, coincidiendo con la siguiente visita del cometa.

Mark Twain fue muchas cosas, pero sobre todo demostró talento, humor y sabiduría como escritor. Alguien como William Faulkner, premio Nobel de Literatura, con enorme influencia incluso sobre los hispanos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, dijo que Twain “es el padre de la literatura estadounidense”. Es probable que acertara. Desde la pequeña localidad de Florida, en Musuri (EEUU), donde sus padres John y Jane le trajeron al mundo, se trasladó a Annibal, en la ribera del Misisipi, donde pasó su niñez, perdió a su padre, dejó la escuela con once años y empezó a trabajar de aprendiz en una imprenta.

Ya convertido en tipógrafo, a los quince años empezó a publicar artículos humorísticos y relatos de viajes en el Annibal Journal, periódico que editaba su hermano mayor, Orion, al que poco después acompañó a Iowa, donde había comprado parte del Journal de Muscatine. Con 18 años Twain escribía relatos de viaje mientras rulaba como impresor itinerante por Nueva York, Filadelfia, San Luis, Cincinnati…

Cansado de recorrer aquel mundo, a los 22 años regresó a Annibal, en Misuri, donde se conserva su casa-museo y muchas cosas llevan su nombre, incluido el puente sobre la autopista 72 que une Misuri e Ilinois sobre el Misisipi y un faro a su memoria.

Después, durante un viaje río abajo hacia Nueva Orleans en un riverboat (vapor con ruedas de palas) conoció al piloto Horace Bixby y decidió seguir sus pasos. Estudio las técnicas de navegación fluvial por el Misisipi, adquirió conocimientos detallados sobre las corrientes del cambiante río, los puertos, los cientos de embarcaderos y cuantos detalles sobresalientes debía de conocer sobre el inmenso río de tres mil kilómetros. Al cabo de dos años obtuvo la licencia de piloto fluvial.

Pero pasaron muchas cosas y pocas buenas. La más dura fue la muerte de su hermano Henry. Mark le convenció para que trabajase con él vapor Pennsylvania y lo más triste fue que un mes antes de que muriera a consecuencia del estallido de la caldera del barco, él había tenido un sueño realista con la premonición de que ocurriría eso. Samuel, que entonces todavía no era conocido como Mark Twain, se sintió culpable el resto de su vida.

En este punto alguien puede suponer que la invocación del autor de Las aventuras de Tom Sawyer se debe al deseo de que nos transmita su pronóstico sobre cuándo van a desaparecer de la faz de la Tierra los canallas de la guerra. No es eso. Aunque a raíz de la amarga experiencia con su hermano, Twain se interesó por la parapsicología, no encontró métodos fiables de transmisión psicológica de fallecidos hace más de un siglo a vivos de ahora. Y por otra parte nunca se creyó infalible en sus premoniciones.

En cambio, el autor de Las aventuras de Huckleberry Finn, nos transmitió por escrito, que era la forma más sencilla de transferir información del pasado al futuro, un relato estupendo y cargado de sencillez para liquidar la guerra, todas las guerras. Samuel –para entonces ya había adoptado como seudónimo la expresión mark twain o marca dos, en referencia a las dos brazas (3,6 metros) de calado mínimo para una navegación segura de los riverboats– proponía dejar un niño de pecho al cuidado de un general para que comprobásemos cómo le daba tanta guerra que lo acababa derrotando. Y a continuación, añadía un brindis por los lactantes.

Creo que el cuento se titulaba Discurso a los lactantes o algo por el estilo y venía empaquetado junto con otros en un volumen con el título de alguno de los relatos, quizá El hombre que corrompió a una ciudad o La célebre rana saltadora del distrito de Calaveras. El editor sabrá. La conclusión sugerida –que no explícita– del gran Twain que combinaba la sátira, la crítica social y el pensamiento sencillo es bien clara: para acabar con las guerras hemos de dar niños de pecho a los comandantes jefes para que se ocupen de ellos.

En el caso del forajido fascista de la Casa Blanca con el cerebro deforme por la telerrealidad de la que también salieron otros miembros de su gabinete como el secretario de Transportes Sean Duffy, el segundo secretario de Seguridad Nacional, señor Mullin, sustituto de la aspirante a estrella de reality shows Kristi Noem, sin olvidar al excomentarista “político” de Fox News y actual secretario de Guerra, Peter Brian Hegseth, se podría considerar la excepción de que el niño fuera algo mayor para que el abuelo se entretuviera con él disparando en la Nintendo a monstruos como el inquilino de Jerusalén Balfou Street.

Los perdedores de la guerra de Trump y Netanyahu

Luis Díez

Por si fuera poco el daño humano y material que los criminales de guerra Trump y Netanyahu están causando en Irán y Líbano, sus 21 días de bombardeos ya dejan a millones de perdedores en el frente económico. Somos cientos de miles de trabajadores, clase media laboral, funcionarios, especialistas, técnicos, aprendices, estudiantes, gente de mediado pasar y, a mayor desgracia, personas en el límite de la subsistencia. La carestía nos golpea y convierte la vida en una lucha sin cuartel contra un ejército de fantasmas. Como decía Blas de Otero, “vivir se ha puesto al rojo vivo”.

El cierre del pasillo del petróleo por el estrecho de Ormuz ha provocado un incremento del precio de los carburantes del 40%. El bombardeo por parte de Israel del yacimiento de gas más grande del mundo, conocido como South Pars y administrado por Irán y Qatar en el Golfo Pérsico, ha duplicado de la noche a la mañana el precio del gas licuado. El incremento del precio de los carburantes y de la energía afecta a toda la cadena productiva y al transporte de tal forma que los cálculos más optimistas ya sitúan la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios en un 10%.

Los estadounidenses pagaban la gasolina a finales de febrero a 2,90 dólares por galón (3,78 litros), y en dos semanas de guerra el precio había subido a 3,70 dólares, según la Administración de Información Energética. En el caso del gasóleo el precio es más alto. Es el mayor aumento en menos tiempo de los últimos 30 años, superior al registrado al comienzo de la guerra en Ucrania en 2022 y a los asociados a la recesión de 2008 y los recortes de extracción de la OPEP. Es todo lo que tienen que agradecer al matón que colocaron en la Casa Blanca. También ellos están perdiendo la guerra.

Los chinos, muy dependientes de los suministros de crudo desde el Golfo, ya funcionan con la consigna de consumir menos energía fósil, moverse poco, tele-trabajar y darle al pedal. Eso no quita para que toda su producción agraria y fabril sea más cara y tengan que volver al carbón, con el consiguiente daño añadido a la atmósfera. De hecho, la descarbonización ha quedado paralizada en gran parte de Asia Oriental. La atmósfera terrestre es también perdedora de la guerra. ¿Qué miérda respirarán nuestros hijos?

En términos globales sólo Rusia está ganando la guerra en el frente económico. Aunque la Unión Europea (EA) mantiene el embargo al petroleo y el gas del putinato, el bloqueo del estrecho de Ormuz le permite aportar más suministros a más clientes en el resto del mundo. Los europeos, principales paganos de los efectos de la guerra de Ucrania, sufrimos un mayor impacto del precio de los carburantes que los propios estadounidenses, productores de petroleo. La UE es perdedora neta de esta guerra.

España y otros países están adoptando medidas como la reducción del IVA y otros impuestos a los carburantes para ayudar a los ciudadanos (productores y consumidores) frente a la carestía. La Tarifa de Último Recurso (TUR) de gas natural, diseñada para proteger a los consumidores de menos de 50.000 kWh/año, se ha demostrado una solución aceptable para viviendas con calefacción y agua caliente de gas.

Los bonos sociales para combatir la carestía eléctrica y otras medidas acordadas el viernes por el Gobierno del socialista Pedro Sánchez y que convalidará el Parlamento (si la derecha no se desdice) tratan de atemperar la nueva crisis provocada por el matón de la Casa Blanca y su amigante el genocida de Balfour Street en Jerusalén. Por cierto que en la tercera semana de su despiadada guerra ilegal se han registrado diferencias entre los dos monstruos.

El señor Trump, que tanto disfruta con la producción y difusión de videos en los que presenta los bombazos y la destrucción de vidas e infraestructuras en Teherán y otras ciudades de Irán como si fueran un juego, ha salido a la palestra a reprender al israelí Netanyahu por atacar las plantas de extracción del yacimiento de gas de South Pars, compartido por Qatar e Irán en el Golfo Pérsico.

A última hora del miércoles, 18 de marzo, el señor Trump publicó en redes sociales que “Estados Unidos (o sea, él) no sabía nada sobre este ataque en particular”. Pero ante el temor a ser desmentido, al día siguiente cambió de rumbo y dio a entender a los periodistas en la Casa Blanca que había hablado con Netanyahu. “Le dije que no hiciera eso”, aseguró antes de añadir: “Somos independientes. Nos llevamos de maravilla. Es algo coordinado”.

Funcionarios israelíes confirmaron que Trump había sido informado antes del ataque. Luego Netanyahu intentó desvincular a EEUU de la operación, consciente de que Qatar es aliado de los estadounidenses y no fue informado de lo que iba a suceder. Horas después del ataque israelí contra South Pars, las instalaciones de gas natural en Qatar fueron atacadas. El emirato culpó a Irán y pidió la desescalada. Un portavoz militar iraní dijo que era la respuesta al bombardeo de South Pars y que se habían limitado a atacar instalaciones energéticas “consideradas parte de los intereses de Estados Unidos”.

En contraste con ese bombardeo a South Pars que ha disparado los precios mundiales del petróleo y el gas –estamos hablando del yacimiento de gas más grande del mundo y del emirato de Qatar como tercer exportador mundial de gas natural licuado–, el señor Trump se abstuvo de dañar la infraestructura petrolera de la isla iraní de Kharg durante su ataque de hace diez días. Dijo entonces que había respetado las instalaciones del mayor centro exportador de petróleo iraní “por razones de decencia”.

Aunque resulta paradójico el término “decencia” en boca de un tipo que el primer día de su guerra mató con un misil guiado Tomahawk de un millón de dólares a 168 niñas, niños menores de doce años y profesores en la escuela en Minab (Irán) y luego atribuyó el bombazo a los iraníes, y, más tarde, afirmó que “no sabía nada”, queda clara la escala de valores del monstruo criminal: primero los bienes y valores (petróleo y gas en este caso) y después la gente, que es la “materia prima” más barata y abundante que hay.

Sólo en la primera semana de guerra, hasta el 6 de marzo, la Agencia de Noticias de Derechos Humanos (HRANA), documentó la muerte de 1.114 civiles iraníes, incluidos 183 niños. La cifra de muertos se acerca ya a las cuatro mil personas. Los desplazados –esos que de pronto el jefe del PP español, señor Núñez Feijóo, teme que lleguen como enmigrantes y se hagan terroristas– supera los tres millones. Ellos son los grandes perdedores de la guerra. Y con ellos, los más de mil muertos y 20.000 heridos y el millón de desplazados en un Líbano atormentado por los bombardeos e incursiones del ejército israelí.

La semana pasada, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, explicaba en Al Jazeera que esta guerra ponía a EEUU al servicio de Israel y confiaba en que la población estadounidense y los países de la región elevaran la voz para pararla. El descontento ante el daño a la exportación de petróleo que la guerra de Trump y Netanyahu está provocando, comienza a apreciarse entre los jeques del Golfo Pérsico.

“¿Cómo es posible que a ellos (Irán) se les permita vender, mientras a nosotros se nos prohíbe hacerlo?”, preguntaba miércoles el comentarista Nadim Koteich, cercano al gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. “Alguien está pagando las consecuencias” de las interrupciones de suministros causadas por la guerra, “y ese alguien somos nosotros”, concluía.

El matón de la Casa Blanca acusa ese descontento que muy pocos medios de comunicación se atreven a reflejar (en EEUU están amenazados con la retirada de licencias) y vuelve a apelar a los aliados de la OTAN para que escolten a los petroleros. El viernes los tachó de “cobardes” y volvió a amenazar a España con retirarse de Rota y Morón.

Sin embargo, ningún punto del tratado de la Alianza Atlántica obliga a defender a quien, como EEUU, no ha sido atacado, ni tampoco a respaldarle como atacante, creador del caos, violador del derecho internacional y promotor de la ley de la fuerza frente a la fuerza de la ley, el diálogo, la paz y la civilización. Por cierto que a ese señor que insulta y mata, la señora Díaz Ayuso le ha otorgado la medalla de honor de la Comunidad de Madrid en nombre de los madrileños. ¿Por qué?

Los que se lucran con la guerra

Luis Díez.

¿A quién beneficia la guerra? En primer lugar, a los fabricantes de armas, municiones y máquinas de matar. “Si las usan moriremos por explosión, si no por hambre y enfermedad”, decía el periodista Rafael Barret a principios del siglo XX para demostrar que todas, absolutamente todas las armas son una mierda. En la guerra emprendida por el matón de la Casa Blanca, señor Trump, y su amigo genocida del pueblo palestino, señor Netanyahu, contra Irán, los hijos mayores del primero, Donald y Eric, se benefician directamente de la conflagración como inversores en compañías vinculadas a la fabricación de armamento como la tecnológica Powerus, con sede en West Palm Beach (Florida), que se está fusionando con otras firmas para fabricar drones. Antes de los ataques militares contra Irán, Eric Trump se implicó también en un acuerdo para aportar 1.500 millones de dólares a la firma israelí Xtend, especializada en aeronaves tácticas no tripuladas.

Según la información suministrada por el Wall Street Journal, la apuesta de la familia Trump por la industria armamentista pretende satisfacer la demanda de drones planteada por el Pentágono y llenar el vacío dejado por la orden previa de la administración estadounidense de prohibir drones de importación y más concretamente los de fabricación china que inundaban el mercado. Brett Velicovich, cofundador de Powerus y veterano de operaciones especiales del ejército de Estados Unidos que ha asesorado a empresas de drones en USA y Ucrania dice que Powerus trabaja en acuerdos para adquirir empresas de drones ucranianas o agenciar su tecnología y construirlos y comercializarlos con marca blanca en EEUU. El director ejecutivo de Powerus, Andrew Fox, concreta el objetivo de construir más de 10.000 drones al mes. Verdad que ahora se entiende mejor el llamamiento del Trump a la industria militar de su país para que “cuadruplique la producción”?

El presidente de EEUU Donald Trump con sus hijos Ivanka, Eric y Donald junior

Para hacerse una ligera idea de los impresionantes beneficios de la industria del armamento baste decir que tan solo en los dos primeros días de la guerra de Trump contra Irán, el ejercito USA consumió 5.600 millones de dólares en munición. Fue uno de los datos ofrecidos por el Pentágono en las sesiones informativas a puerta cerrada en el Capitolio. Este consumo fue mucho más costoso de lo divulgado oficialmente, lo que viene a confirmar lo que de antemano sabíamos: que la primera víctima de la guerra es la verdad y que cuanto más dinero público detraen de los servicios y necesidades básicas de supervivencia, más lo tapan. Roban, restan y se forran a una velocidad supersónica, según la información aportada por el Washington Post.

El matón de la Casa Blanca que ha provocado el asesinato de 175 niñas menores de doce años y de varias profesoras en la escuela iraní de Mehr, beneficia los negocios del sátrapa del Krenlim, Putin, y sus amigos y subordinados petroleros, al provocar con su guerra contra Irán una carestía del petróleo muy conveniente para sufragar el putinato y los bombardeos y la ocupación de territorio en Ucrania. Hay potentados rusos haciendo negocios con la hija mayor de Trump, Ivanka, y su marido, Jared Kushner, consejero del presidente y creador de la compañía de capital riesgo Affinity Partners. Esa entidad canaliza además miles de millones de dólares de inversión de los Emitatos Árabes Unidos, Catar y Arábia Sudita en EEUU. Los medios consultados coinciden en que príncipe heredero saudí y hombre fuerte del régimen, Mohammed ben Salman, es amigo y persona muy cercana al yerno de Trump.

Arabia Saudita envía a los petroleros a cargar en el mar rojo ante el riesgo en el estrecho de Ormuz

Aunque la inseguridad para sacar el petróleo del Golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz ha paralizado el paso de los petroleros, con el consiguiente beneficio mayor para Rusia, según destacaba esta semana el presidente del Consejo de la UE, Antonio Costa, la principal extractora Saudi Aramco ha pedido a los compradores asiáticos que acudan a cargar el crudo al puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, y que comuniquen cuanto antes (antes del viernes, 13 de marzo) cuánto desean importar en abril. Ese y otros anuncios ponen de manifiesto la existencia de alternativas al bloqueo del estrecho por el que sale el 20% del petroleo que consume el mundo. Cierto es que la capacidad de almacenaje de los extractores es limitada y puede obligar a los jeques a parar el bombeo. Pero no por eso sufrirán grandes estragos, habida cuenta de que esa minería líquida, al contrario que la del carbón, no requiere muchos trabajadores ni gran gasto de personal.

Rysard Kapuściński, el gran periodista polaco que tan bien contó la caída del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi en 1979 y la revolución islámica con el ayatola Jomeini al frente de la república teocrática actual, decía que el petroleo era una bendición para los autócratas de los países árabes porque su extracción no provocaba huelgas ni revueltas obreras. Los jefes como aquel Sha vivían estupendamente, casi siempre fuera del país, creaban unidades de élite en el ejército, las dotaban de material sofisticado, importaban especialistas con sueldos fabulosos, vivían en una orgía permanente de lujo y baleaban al pueblo cuando protestaba en las calles porque tenía hambre y unos salarios de miseria. Eso hacía el Sha Reza Pahlevi y por eso cayó tras matar a cientos de personas que se manifestaban en Teherán. Y eso ha vuelto a hacer ahora el ayatolá Jamenei antes de morir bajo las bombas de Trump. Su segundo hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei puede ser considerado otro beneficiario neto de la guerra de un Trump que lejos de tumbar, ha fortalecido al régimen.

El nuevo ayatola Mojtaba Jamenei, segundo hijo del anterior, asesinado por las bombas USA sobre Teherán

Por cierto que el nuevo ayatola, a quien mandos militares estadounidenses aseguran haber «desfigurado», no le va a la saga a aquel Sha en materia de lujosos inmuebles, palacios y negocios en varios países europeos. En España es dueño del complejo turístico Steigenberger Hotel y Resort Camp de Mar, en Palma de Mallorca. Se trata de un hotel de cinco estrellas con campo de golf gestionado por la entidad Smart Global Limited. Las operaciones inmobiliarias del ayatola muerto y de su hijo el ayatola puesto estarían a cargo de Ali Ansari, un empresario iraní sancionado en Reino Unido tras la quiebra del banco Ayandeh, implicado en el desvío de fondos para la Guardia Revolucionaria. Este personaje maneja sociedades registradas en paraísos fiscales a las que canaliza fondos procedentes de la venta de petróleo bajo mano a distintos países, eludiendo las sanciones internacionales. Las inversiones de inmuebles de lujo en Madrid, Marbella, Palma de Mallorca, Londres, Berlín y algunas ciudades de Austria formarían parte del inmenso capital del nuevo líder iraní mientras mantiene un perfil austero ante su pueblo.

Hotel de cinco estrellas del presidente iraní, el ayatola Jamenei en Palma de Mallorca

En último, aunque pudiera ser en primer lugar, hay un beneficiario principal del caos y la muerte provocada por los ataques a Irán y Líbano del dúo criminal Netanyahu-Trump. Es el propio matón de la Casa Blanca. Su turbio pasado con su millonario amigo y traficante sexual de menores Jeffrey Epstein le persigue. ¿Trabajaba Epstein para el Mosad? ¿Qué saben de Trump los servicios secretos israelíes que le han llevado a obedecer ciegamente al genocida Netanyahu? Los grandes prebostes infestados por el proveedor sexual Epstein siguen cayendo como fichas de dominó –el último ha sido Steve Tisch, copropietario de los Giants de Nueva York y productor de filmes de éxito como Forrest Gump, Risky Business y otras–, pero de Trump ya no se habla en relación con el traficante sexual y pederasta que supuestamente se suicidó en 2019 en una cárcel de Nueva York, sino con el curso de la guerra.

A propósito de beneficios de una guerra que en 15 días ha provocado cientos de muertos civiles y tres millones de desplazados en Irán, además de setecientos fallecidos y más de 800.000 desplazados en Líbano por los bombardeos de Israel y casi medio centenar de víctimas mortales en los países del Golfo, Iraq y el propio Israel, convendría saber qué ventajas, ingresos y canongías aspiran a obtener el expolítico nefasto Aznar López y los mediocres dirigentes del PP cuando vituperan al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por negar el permiso a Trump para utilizar las bases de Rota y Morón en sus planes bélicos contrarios a la legalidad internacional y la Carta de Naciones Unidas. ¿Qué clase de patriotismo profesan estos tipos y su apéndice dizque más ultra, el corrupto Abascal, cuando colocan la soberanía nacional de alfombra de los dos personajes criminales y además les llaman “aliados”?

Ahora que los ciudadanos españoles, del mismo modo que los del resto del mundo, incluidos los estadounidenses, estamos pagando las consecuencias de la guerra, conviene acordarse de los amigantes de Trump y Netanyahu no sólo en las gasolineras, los supermercados o cuando recibimos las facturas del gas y la electricidad, sino muy especialmente a la hora de votar. Además de un asunto de clase social –ricos y pobres, capitalistas y proletarios, trabajadores y empresarios– es también una cuestión de dignidad, calidad humana, honradez y preservación de la paz, la convivencia, la equidad, la igualdad de género y los derechos humanos frente a falsarios que corren a lamer el culo a los matones y sembradores de odio.

Sánchez frente al punitivo Trump: «¡No a la guerra!»

Luis Díez

Las amenazas comerciales del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra España porque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha permitido que utilice las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para atacar a Irán junto con su amigo el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, revelan la mentalidad imperial, patógena y mercantilista del señor de los aranceles. El presidente Trump ha de entender que los pueblos no eligen a sus gobernantes para que vayan a Washington a besarle el culo, como dijo cuando desató la guerra arancelaria, sino para que dirijan bien los países y no hagan daño. De modo que el Gobierno de España, como el de cualquier otro país soberano, tiene derecho a manifestar su posición (“No a la guerra”) ante una conflagración innecesaria y contraria a la Carta de Naciones Unidas y a la legalidad internacional.

Pero además, el Convenio bilateral de Cooperación para la Defensa entre España y EEUU (BOE núm. 108 de 6 de mayo de 1989), expresa en su breve preámbulo “el ideal común de respeto a los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley” y añade que los dos países “reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los gobiernos”. Y después de reconocer que la seguridad e integridad territorial de ambos estados contribuye al mantenimiento de la paz y la seguridad en Occidente, enseguida dispone (Art. 2.2) que “cualquier uso (de las Bases militares) que vaya más allá de los objetivos de ámbito bilateral o multilateral (OTAN) de este Convenio exigirá la autorización previa del Gobierno español”.

Trump aprovechó la visita del canciller alemán Friedrich Merz para lanzar sus amenazas contra España

Queda claro para quien sepa leer –y se supone que el señor Trump y sus hábiles diplomáticos y astutos militares saben– que la “guerra de oportunidad”, sin consulta a los aliados ni siquiera a los representantes inmediatos del pueblo estadounidense, ha sido una decisión personal del supremacista y su amigo, acusado de genocidio contra el pueblo plestino. Y que España, en cumplimiento de la letra y el espíritu del convenio, debía negarse a colaborar en el infierno que han desatado y que ya hemos comenzado a pagar. De hecho, los ataques criminales contra Irán y Líbano son tan condenables como los perpetrados por el sanguinario Vladimir Putin contra Ucrania, a la que lleva cuatro años bombardeando, con un saldo de 55.000 soldados ucranianos muertos, según los datos aportados por el presidente Volodímir Zelenski, y el triple de soldados y mercenarios del ejército ruso, según la BBC.

El señor Trump parecía enfadado cuando anunció ante el canciller alemán Friedrich Merz su intención de castigar a España por no autorizar el uso de Rota y Morón en su guerra contra Irán. “Podría parar todo lo relacionado con España, todos los negocios relacionados con España; tengo derecho a pararlo, a embargos. Hago lo que quiera con ellos y podríamos hacerlo con España. Vamos a cortar todo comercio con España”, proclamó. Luego anunció que ya ha dado la orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, para que actúe en consecuencia. Y remató; “España no tiene absolutamente nada que necesitemos, salvo gente estupenda. Tienen gente estupenda pero les falta un gran liderazgo”, concluyó. Al día siguiente, el señor Bessent salió diciendo la barbaridad de que España quiere que mueran soldados estadounidenses. Y horas más tarde, la portavoz de la Casa Blanca lanzó la versión de que el Gobierno español había modificado su posición y apoyaba la operación militar contra Irán.

Más allá de la falta de coordinación y unidad de mensaje en Wasington, la Unión Europea (UE) salió inmediatamente en defensa de España, recordando al señor Trump y a sus subordinados que las relaciones comerciales se establecen con el conjunto de la UE y no es posible aplicar vetos ni sanciones a un país miembro sin pasar por Bruselas. La normativa de la UE y acuerdo arancelario con EEUU, igual que la letra del Convenio de Defensa, es algo que el señor Trump preferiría ignorar, pero no es posible. Su ímpetu punitivo contra el dirigente español se transformó en crítica al primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, quien también evitó apoyar la operación “Furia Épica” y del que Trump dijo en tono displicente: “no estamos tratando con Churchill”, precisamente. Como es sabido, Winston Churchill, que era del Partido Conservador, luchaba para defender a su país de los ataques de los nazis, como también lo hacían decenas de miles de republicanos españoles alistados en la resistencia francesa. ¿Qué tiene eso que ver con la guerra contra el país de los ayatolas con los que EEUU negociaba hasta ayer el uso civil de la energía nuclear?

Sobre el daño comercial que Trump puede hacer a España conviene saber que las exportaciones españolas a EEUU supusieron 16.716 millones de euros de ingresos el año pasado (un 8% menos que en 2024) y las importaciones, unos pagos de 30.174,7 millones, un 7% más que el año anterior. Con esa balanza comercial tan favorable a EEUU huelga decir que la amenaza trampista perjudica más a su país. Las exportaciones españolas al país norteamericano representaron el 4,3% del importe total de las ventas españolas al exterior, que fueron 387.091 millones en 2005 y las importaciones supusieron el 6,8% de las compras al exterior, que alcanzaron 444.164,4 millones de euros.

Cierto es que EEUU ocupa el primer lugar entre los inversores en España. Los activos de empresas estadounidenses en nuestro país están valorados en unos 120.000 millones de euros, con una cifra de negocios superior a 130.000 millones y unos 270.000 empleos, según datos oficiales. Pero también España mantiene unas inversiones valoradas en 91.000 millones de euros en EEUU, que son el segundo destino de inversores españoles. Con todo, España no tiene petróleo y es también vulnerable en tecnología de vanguardia. Vale señalar que el suministro de gas licuado por parte de EEUU supone el 30% y de petroleo el 15% del consumo anual, y que la dependencia española es total en Inteligencia Artificial.

Pese a las amenazas trampistas, el Ejecutivo español mantiene el encuentro empresarial España-Estados Unidos previsto el 13 y 14 de abril en Boston, con el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, al frente de la delegación española. Las alianzas estratégicas en sectores de las ciencias de la vida, singularmente la biotecnología, parecen interesar sobremanera a los socios estadounidenses. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), las principales ofertas a las empresas españolas para participar en proyectos punteros están relacionadas con el Departamento de Guerra (El Pentágono) y las agencias encargadas de evaluar las tecnologías para mejorar las capacidades militares.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mantenido su firmeza contra la guerra pese a las amenazas del supremacista imperial señor Trump de sancionar económicamente a España por negar las bases de Rota y Morón para bombardear Irán.

El presidente Pedro Sánchez se ha mantenido firme ante el punitivo jefe de la Casa Blanca. “La posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, afirmó tajante. “Si Washington quiere cambiar su relación comercial con España, deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE.UU”, advirtió antes de reafirmar que España es “un miembro clave de la OTAN”, cumple con sus compromisos y contribuye “de forma destacada” a la defensa del territorio europeo. El Ejecutivo lo ha demostrado con el escudo antimisiles en Turquía y con la aportación de una fragata al grupo de combate francés en defensa de Chipre, el país que preside la UE este semestre. Sánchez también ha recordado que España “es una potencia exportadora de la UE y un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EEUU, con quien mantenemos una relación comercial histórica y mutuamente beneficiosa”.

Sin necesidad de las represalias de Washington, los españoles y los europeos –también los chinos– hemos comenzado a pagar la guerra de Trump y Netanyahu con el corte del suministro petrolero de los Emiratos, Catar, Kuwait y Arabia Saudita a través del Estrecho de Ormuz y el encarecimiento de los transportes y la energía. Las estimaciones inflacionarias se sitúan en el 3% a mediados de año. El mayor daño en el corte de suministros carga sobre China, que ya ha ordenado a sus refinerías que no vendan ni un litro de gasolina fuera. Y el mayor beneficio de esta guerra va a ser para Rusia, como principal suministrador de gas y petróleo a China y el sudeste asiático.

En cuanto al elemento humano, además de iraníes y libaneses, que ponen la mayoría de los muertos y desplazados por esta guerra, los más perjudicados son los trabajadores de la ribera del sur del Golfo Pérsico, en especial los emigrantes de Pakistán, India y Sri Lanka. De éste último país se cuentan 350.000 en Emiratos Árabes Unidos, 246.139 en Arabia Saudita, 175.000 en Kuwait y 140.000 en Katar, donde realizan, junto con otros emigrantes indios y pakistaníes, la mayor parte del trabajo doméstico, la hostelería, la atención sanitaria, la construcción, el transporte y la limpieza. A las autoridades srilankesas correspondió el jueves rescatar a los 130 marineros de la fragata iraní Dena, hundida por un torpedo lazado por un submarino estadounidense cuando navegaba en aguas internacionales a 2.000 millas de la costa de Irán. Solo una treintena consiguieron salvarse. La fragata había sido invitada por la Armada de India a participar en unas maniobras, junto con el buque iraní Irins Bushehr, que pudo refugiarse en un puerto de Sri Lanka con 208 militares a bordo. Fue, en fin, uno de los episodios más crueles y al tiempo más celebrados por los agresores del Pentágono y la Casa Blanca.

Mapa de los bombardeos en el Golfo Pérsico y Oriente Medio tras la operación Furia Épica de Trump

Trump y Netanyahu abren las puertas del infierno

Luis Díez.

Así quedó el Alcazar presidencial en Teherán, tras ser bombardeado el sábado. Murieron el ayatola Jamenei y más de cuarenta altos cargos del régimen teocrático iraní.

Conviene no olvidar quien empezó esta guerra. Donald Trump y su amigo Benjamín Netanyahu, un tipo acusado de genocidio contra el pueblo palestino, abrieron el sábado, 28 de febrero, las puertas del infierno al atacar con misiles y aviones la capital de Irán y otros supuestos objetivos militares en varias ciudades de este inmenso país de cien millones de habitantes. El duo belicoso inició así una guerra ilegal, criminal y perjudicial para el conjunto de la humanidad, sin que el régimen iraní –la cruel teocracia de los ayatolas que masacra a su propio pueblo–, amenazase la seguridad y los intereses de los atacantes. Por el contrario, Irán negociaba en Ginebra con los representantes de EEUU los límites de su programa nuclear.

Ahora, cuatro días después, Trump y Netanyahu ya han matado a más de mil iraníes. Siguiendo con la secuencia, el presidente de EEUU y el primer ministro de Israel se apuntaron el “éxito” inicial de sus operaciones Furia Épica y Rugido del León, respectivamente, pues su lluvia de misiles guiados pulverizó con treinta bombazos el complejo amurallado o Alcázar presidencial en la zona noble de Teherán, matando a la primera autoridad religiosa, política y militar del país, el ayatola Alí Jamenei y a su esposa.

El líder chiita, considerado una auténtica bestia parda por los judíos de Israel, llevaba mucho tiempo bajo la lupa de los espías israelíes y cometió el error de convocar una reunión de altos funcionarios, incluidos los negociadores de Ginebra, en el Alcazar presidencial, adelantando el zafarrancho de combate. Murieron cuarenta y ocho, entre ellos, el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour, y el ministro de Defensa, Amari Nasirzadeh, a quien ya habían dado por muerto en los bombardeos de EEUU contra el programa nuclear iraní en junio pasado.

Ni que decir tiene que el campanudo Trump se reservó el anuncio de que habían liquidado al ayatola Jamanei. Un gran éxito. El domingo compareció eufórico en varias televisoras de su país. “Nuestros ataques han eliminado a 48 líderes del régimen teocrático”, dijo a Jacqui Heinrich, de Fox News. “La operación está avanzando, avanza rápidamente. Nadie puede creer el éxito que estamos teniendo”, añadió. En la CNBC reiteró su satisfacción porque la operación en Irán “avanza muy bien, muy bien, antes de lo previsto”. Trump recordó que estamos ante “un régimen muy violento, uno de los más violentos de la historia” y le dijo al presentador Joe Kernen: “Estamos haciendo nuestro trabajo no solo por nosotros, sino por el mundo”.

El matón de la Casa Blanca no tuvo una palabra de condolencia hacia las familias de las 180 niñas, maestras y cuidadoras asesinadas por el bombardeo de su escuela en la ciudad de Minab, al sur del Irán. El primer saldo que publicó la Media Luna Roja hablaba de “más de doscientos muertos” civiles. Hoy superan el millar de personas. Y Trump y Netanyahu se proponen seguir bombardeando Irán durante “al menos cuatro o cinco semanas”, según dijo el martes el matón de la Casa Blanca. Su afirmación inicial de que “hacemos nuestro trabajo por (el bien) del mundo”, es rigurosamente falsa. Nadie, salvo Netanyahu, le había pedido la intervención militar contra Irán.

El relato de Trump para justificar su decisión de iniciar la guerra contra Irán con el despliegue de su “hermosa armada” en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo Oriental (50.000 soldados, 200 aviones, 2 portaaviones…, la mayor demostración de fuerza desde la guerra de Irak en 2003) convierte en mentira su promesa al pueblo estadounidense de no ir a la guerra en el extranjero. Como recordaba el corresponsal de Le Monde en Washinton, Piotr Smolar, “Trump basó su carrera política en el rechazo a las costosas e interminables aventuras militares en el extranjero y acaba de sumir a Estados Unidos y Oriente Medio en el caos”.

Portaviones de EEUU en pleno zafarrancho de bombardeo a Irán con cazabombardeos F-18E

Los ataques de Trump y Netanyahu contra Irán vulneran la legalidad internacional. Antes de que lo denunciara el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y otros mandatarios europeos, lo destacaron varios representantes políticos en EEUU. En Reino Unido, cuyo primer ministro negó permiso para utilizar la isla de Diego García como punto de apoyo aeronaval en el Índico a esta contienda, el analista del Guardian Julián Borger destacó que Trump “viola la carta de la ONU apenas diez días después de iniciar su era en la Junta de la Paz”. El 19 de febrero organizó la reunión inaugural de su Junta de Paz, a la que asistieron representantes de 27 estados dispares, en su mayoría autocracias, y el 28 del mismo mes olvidó los elogios que le dispensaron como “gran pacificador” y comenzó la primera guerra de la era de la Junta de Paz.

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, condenó la “escalada militar en Oriente Próximo”, tanto por el “uso de la fuerza por parte de EE UU e Israel contra Irán” como por la “represalia subsiguiente de Irán en toda la región”, puesto que ambas cosas “socavan la paz y la seguridad internacionales”. Pidió el “cese inmediato” de las hostilidades y que “todos los Estados miembros de la ONU respeten sus obligaciones en el marco de la legalidad internacional” y recordó que “la Carta de Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial y la independencia de cualquier Estado”.

La Unión Europea (UE) exigió el “pleno respeto del derecho internacional” a EEUU e Israel en un comunicado conjunto emitido por sus dos máximas autoridades, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. En un texto que no citó a los atacantes, instó a todas las partes a que ejerzan la máxima moderación, protejan a los civiles y a respetar las normas de la comunidad internacional. “Reafirmamos nuestro firme compromiso de salvaguardar la seguridad y la estabilidad regionales, garantizar la seguridad nuclear y prevenir cualquier acción que pueda intensificar aún más las tensiones o socavar el régimen mundial de no proliferación”. La alta representante Kaja Kallas recordó que la UE ha adoptado “fuertes sanciones” contra Irán.

Aparte las múltiples manifestaciones de rechazo al ataque y las advertencias a Irán para que no extienda el conflicto, atacando a su vez a otros países de la zona como está haciendo con misiles y drones contra las ciudades de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, y Arabia Saudita en el Golfo Pérsico, la acción militar unilateral de Netanyahu y Trump ha puesto en riesgo la vida de decenas de miles de ciudadanos, entre los que se cuentan más de 30.000 españoles. La Gaceta del Golfo, único periódico en castellano en los Emiratos publicó todas las advertencias de las embajadas españolas a nuestros connacionales, muchos de ellos afectados por el cierre del espacio aéreo.

Proyectiles a bordo de uno de los dos portaviones enviados por Trump a bombardear Irán

En Ras al Jaima, Dubai y Abu Dabi residen y trabajan unos 7.000 españoles, incluido Juan Carlos I de Borbón, que no trabaja porque está jubilado. En Qatar, Kuwait y Arabia Saudita se cuentan más de tres mil residentes españoles, en Israel unos 7.500. A ellos se han de añadir varios cientos en Palestina, Líbano y el propio Irán junto con los mil soldados españoles desplegados como cascos azules de la ONU entre Líbano e Israel. A nadie puede extrañar que tras los primeros bombazos, el presidente Sánchez saliera a la palestra exigiendo “la desescalada inmediata y el pleno respeto al derecho internacional”. Sánchez fue claro: “Rechazamos la acción militar unilateral de EEUU e Israel, que supone una escalada y contribuye a un orden internacional más incierto y hostil. Rechazamos igualmente las acciones del régimen iraní y de la Guardia Revolucionaria. No podemos permitirnos otra guerra prolongada y devastadora en Oriente Medio”, escribió.

La respuesta de Irán tratando de incendiar el Golfo Pérsico, anunciando el cierre del Estrecho de Ormuz –por el que sale el 20% del petroleo que se consume en el mundo– y lanzando misiles no solo contra Tel Aviv y otras ciudades israelíes, sino contra Chipre, país de la UE, donde Reino Unido posee un aeródromo y una pequeña colonia en el molar sur de Akrotiri, motivaron la consiguiente advertencia común de Reino Unidos, Francia y Alemania a los jefes militares de Irán. Y lo más importante es que dieron la oportunidad al presidente francés, Emmanuel Macrón, de ofrecer su fuerza nuclear, reforzada en un futuro, al conjunto de países europeos, habida cuenta de la deriva belicosa del presidente de EEUU, sin contar con los aliados de la OTAN y poniendo en riego sus intereses de todo tipo.

Macrón no dudó en acudir el lunes a la base secreta de submarinos nucleares (Marina de Ile Longue en Crozon) y realizar su oferta de cobertura nuclear al conjunto de los países europeos. Lo hizo en una comparecencia delante del submarino nuclear Le Temeraire. El presidente francés apuesta por una estrategia de disuasión nuclear estrechamente ligada a sus socios europeos, con una coordinación sin precedentes sobre cualquier decisión de ataque. Dijo que este planteamiento es crucial para la autonomía estratégica del continente y citó algunos países con los que ha iniciado conversaciones, entre ellos, Reino Unido, Alemania y Dinamarca.

23-F: los documentos del Golpe y alguna novedad

Luis Díez.

La histórica foto de Barriopedro con Tejero en el Congreso gritando pistola en mano: «¡Quieto todo el mundo!» Y después: «¡Todos al suelo!», seguido de un tiroteo.

Todos los ciudadanos pueden acceder desde el miércoles pasado a los documentos hasta ahora secretos sobre el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981en el sitio: https://www.lamoncloa.gob.es/Paginas/index.aspx. Es una noticia estupenda. La desclasificación fue decidida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al cumplirse el 45 aniversario de aquella intentona fascista contra la democracia y la Constitución, que apenas tenía entonces dos años y dos meses de vida. Pocas horas después del libre acceso a estos papeles las diñaba en Málaga el dañino golpista Antonio Tejero Molina.

Los documentos desclasificados permiten conocer algunos detalles de “la operación” encabezada por el trío Tejero, Armada, Milans del Bosch, para volver a la dictadura de Franco con un Rey (Juan Carlos I de Borbón) después de todo formado a la sombra del dictador y con los esquemas del Estado autoritario que en aquellos momentos se sentía harto de Adolfo Suárez y, según decían, de la debilidad de la democracia frente al terrorismo y el separatismo. Por si fuera poco, reinaba el entonces llamado “desencanto”.

“No quiero que la democracia sea otra vez un breve paréntesis de nuestra historia”, había dicho el entonces presidente Suárez unas semanas antes del Golpe, al presentar su dimisión debido, entre otras cosas, a las disensiones en su partido, la Unión del Centro Democrático (UCD). Los democratacristianos querían el poder, los socialdemócratas amenazaban con largarse y los azules iban quedado en minoría.

Los papeles nada aclaran sobre las presiones a Suárez, previas al Golpe de Estado. Pero su frase enigmática apuntaba al golpismo militar (también hablaban del “golpe de timón”) con la posible anuencia del monarca, ya enfadado desde que Suárez le pidió que se cortara un poco en sus visitas a las amantes fuera de España, pues la reina Sofía estaba enfadadísima y amenazaba con separarse y largarse a Londres con los hijos. Tamaño escándalo era lo que menos necesitaba la incipiente democracia.

Aunque nada en los documentos del Golpe desdibuja el papel del rey emérito en defensa de la democracia aquel 23-F, el solo anuncio de la desclasificación de los documentos y las grabaciones con que cuenta la Administración General del Estado, puso de los nervios a los jefes del PP, que suponían que Sánchez se disponía a dar la puntilla al monarca emérito. Nada más lejos de la verdad. Hay que ser muy cafre y muy tonto para ignorar a estas alturas que el propio Juan Carlos I sabía que se jugaba la Corona si apoyaba el Golpe y conculcaba la Constitución refrendada por los españoles tan solo dos años y dos meses antes.

Con todo, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, envistió contra Sánchez el mismo miércoles en el pleno del Congreso: “Desclasifique el accidente de Adamuz, las causas del apagón del 28 de abril, los presupuestos del Estado, los documentos policiales que advierten de la regularización de un millón de irregulares…” Ninguno de esos asuntos es secreto. Tanto da. Feijóo apeló a ETA (disuelta hace una década) y escupió: “El 23-F había un presidente del Gobierno que luchaba contra el terrorismo; usted pacta con ellos y los excarcela”.

Entonces, el presidente Sánchez, que cree que los ciudadanos tienen derecho a conocer la información sin intermediarios, replicó a Feijóo: “¿Por qué le molesta tanto que se desclasifiquen los documentos del 23-F?” Y al líder del PP se le ocurrió responder que él no iba a tardar 45 años sino 45 horas en “desclasificar la corrupción del PSOE”.

Demagogia aparte, lo cierto es que al comprobar que no hay nada en los papeles contra el Rey emérito, a Feijóo se le ocurrió pedir públicamente que vuelva de Abu Dabi, como si el 23-F tuviera algo que ver con la decisión adoptada en el año 2020 de fijar su residencia en la capital de los Emiratos Árabes Unidos, donde disfruta de una villa de lujo y no paga impuestos. La Casa del Rey no pone objeción a que vuelva si quiere, aunque “para salvaguardar la imagen de la Corona como institución, deberá recuperar la residencia fiscal en España».

El rey emérito con unos jeques en Abu Dabi. Feijóo le echa de menos y quiere que vuelva

Los documentos desclasificados confirman muchos datos ya conocidos sobre la urdimbre golpista tejida por Armada, Milans y Tejero, entre otros traidores a la Constitución y la democracia. Permiten confirmar además la implicación de los servicios secretos del Estado, el CESID, cuya Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) dio apoyo y cobertura al asalto a mano armada al Congreso por parte de los doscientos guardias civiles comandados por Tejero. Ya se recordará que los guardias irrumpieron en el hemiciclo en plena votación de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo tras la dimisión de Suárez. El segundo jefe de la AOME, capitán Francisco García Almenta, en una conversación con un subordinado dio pruebas, tres días antes, de conocer lo que iba a pasar el 23-F. ¿Cómo no lo iba a conocer si formaba parte del esquema del golpe? Y el primer jefe, comandante José Cortina Prieto, se ocupó de mantener contactos con el nuncio del Papa Juan Pablo II y con el embajador de EEUU, Terence Todman. Todo un detalle por su parte.

El informe interno sobre la implicación en el Golpe de los agentes operativos, encargado por el director en funciones del CESID, Narciso Carreras, al teniente coronel Juan Jaudenes trata de exculpar a los mandos de la AOME, aunque en el caso del “segundo JAOME”, García Almenta, resulta difícil separarle de los “hechos probados” y de la llamada “operación Mister” ordenada en la mañana del 24 de febrero para limpiar las huellas de la participación de agentes del Centro en el asalto al Congreso. Uno de los asaltantes, el capitán Sánchez-Valiente, fue visto en el interior de la sede de la soberanía popular con los golpistas por su colega Diego Camacho cuando entró aquella noche en el Congreso a recabar información. Los asaltantes le dijeron que el general Armada era el jefe de la conspiración.

Es también ilustrativo el informe del CESID sobre la “evaluación de la amenaza”, elaborado antes del Golpe y remitido después al Presidente de la Junta de Jefes Militares (el Prejujem), teniente general José Gabeiras Montero, porque demuestra la nula información del Centro sobre la amenaza golpista. No es que los espías de La Casa no olieran una, como suele decirse, es que se dedicaban a leer la prensa y a controlar a la extrema izquierda, todavía. El MC (Movimiento Comunista) les preocupaba muchísimo. Y en cuanto a la ultraderecha, ni Fuerza Nueva ni otros grupúsculos aparecían en sus análisis. Sobre los militares golpistas, ni una palabra. El principal peligro no era el Ejército sino que, aprovechando la mili, se infiltraran activistas en el Ejército y montaran grupos como la Unión Democrática de Soldados. Por lo demás, zanjaban la amenaza de involución diciendo que oscilaba proporcionalmente al terrorismo y el independentismo.

Más allá del hecho desgraciado de que el Centro encargado de informar sobre las tramas golpistas traicionara vilmente al Gobierno, hay que destacar que el comandante Cortina fue procesado cuando ya estaba en marcha el juicio de Campamento (Madrid) en el que los militares juzgaron a los militares y condenaron a veintitrés cabecillas a penas escandalosamente bajas, después revisadas al alza. Cortina salió absuelto. Y de los seis restantes implicados con pruebas y sólidas, sólo uno fue condenado a prisión. El hermano del jefe de los espías operativos, Antonio Cortina, era amigo personal de Fraga y pudo informarle sobre la trama golpista, pero nada de eso consta en los 153 documentos desclasificados.

Cierto es que Fraga aparece mencionado en los planes de los golpistas porque sectores de su partido podían apoyar el siguiente golpe, pues tras el fracaso del 23-F, los golpistas proyectaron el asalto al Palacio Real el 24 de junio, día de san Juan, cuando el Gobierno y los principales dirigentes políticos estuvieran allí celebrando la onomástica del rey Juan Carlos. En el nuevo alzamiento el Rey era el “objetivo a batir y anular” de manera inmediata y prioritaria. El informe desclasificado ahora consideraba “urgente” la toma de conciencia de que se había puesto en marcha “otra operación militar de incalculables consecuencias con González del Yerro y el aparato de Cortina”. La intentona de González del Yerro contaría también con el “sector civil próximo” al exministro y fundador de Alianza Popular, Manuel Fraga.

Claro que el inconveniente del asalto al Palacio Real iban a ser los embajadores de los distintos países acreditados en Madrid. ¿Qué hacemos con ellos?, se preguntaban los golpistas.

Los documentos aportan también una tercera acción golpista, a la que llaman “Operación Halcón”, que tendría lugar el 27 de octubre de 1982, día de reflexión ante las elecciones generales del 28 de octubre, que ganó el PSOE de Felipe González con mayoría absoluta. El golpe se camuflaría con el dispositivo de seguridad electoral –la famosa Operación Diana– entre las cinco y las seis de la madrugada con un “chispazo” simultáneo en Madrid y otras ciudades para ocupar puntos estratégicos, entre ellos, las centrales telefónicas y los medios de comunicación, y con una agrupación de comandos encargados de “neutralizar” al presidente del Gobierno, determinados ministros (Defensa, Interior, Autonomías y Exteriores) y líderes políticos como Felipe González, Santiago Carrillo y el propio Manuel Fraga.

Este proyecto fue interceptado y conocido como “golpe de los coroneles”, con los Crespo Cuspineda y otros ultraderechistas a la cabeza. Para entonces ya los servicios secretos dirigidos por el general Emilio Alonso Manglano contaban con agentes de cierta calidad. Gracias a algunos de ellos se pudo abortar el plan organizado desde el castillo de Caranza, en Ferrol, por el general Milans del Bosch, de volar con cien kilos de dinamita la tribuna real con los reyes, el jefe del Gobierno y otras autoridades durante el desfile del día de las Fuerzas Armadas en A Coruña. El desfile tuvo lugar el 2 de junio de 1985 en la avenida de Las Marinas de A Coruña. Los golpistas ya habían alquilado un establecimiento con sótano desde el que proyectaban hacer un túnel para colocar el potente explosivo concertado con un tipo de una empresa de construcción bajo la tribuna presidencial del desfile. Juan Carlos I, su esposa Sofía, las infantas Elena y Cristina, además del presidente González, el vicepresidente Alfonso Guerra, el ministro de Defensa Narcis Serra, la JUJEM y los representantes del Legislativo y el Judicial, iban a caer asesinados. ¿Saben por quién? Por ETA, iban a decir.

Lo curioso del proyectado magnicidio fue que los espías hicieron saber a Milans que conocían sus planes y el general lo desactivó a tiempo, sin ser sancionado siquiera. El golpista vivió siete años como un marajá en la prisión de Caranza, sin rejas, con vistas a la Ría de Ferrol, espacio para hacer ejercicio, bar, salón de televisión, teléfono sin límite de uso con el que llamaba a Chile y hablaba con Pinochet, mayordomo, buenos mariscos que le traía regularmente un armador, buen vino que le mandaban de Málaga y visitas sin límite temporal, entre las que se contaba, una vez al mes, una señorita que pasaba un tiempo con él en la habitación del hotel-prisión.

Muchos datos curiosos puede encontrar el lector en los papeles desclasificados, pero es comprensible que pocos parezcan nuevos. Desde el guardia que aparece metralleta en mano a la derecha de Tejero en la foto de Barriopedro (sacó el carrete escondido en el zapato) y que dijo haber disparado 19 de los 23 disparos al techo del hemiciclo (y a las cámaras de Tv), hasta el jicho que huyó con un maletín (llevaba todo el dinero que había sacado del banco y billetes de avión a Barcelona, donde se escondió), pasando por Pardo Zancada y otros autores de aquel delito de alta traición al pueblo español, casi todos han escrito libros con información más o menos deformada, según sus intereses.

Poco nuevo queda por contar. La bibliografía es ingente. Hasta 98 libros con las siglas 23-F en el título se pueden encontar en el fichero de la Biblioteca Nacional. Desde el primer libro escrito por un grupo de periodistas (José Luis Martínez, Bonifacio la Cuadra, José Ángel Esteban, Rosa López, Ricardo Cid Canaveral, Juan Van Den Einden y Fernando Jaúregui) que se encerraron en el hotel Victoria tras el fracaso del Golpe para contar lo que sabían con el título Todos al suelo, hasta el exitoso relato novelado de Javier Cercas, pasando por Manolito Martín y sus chistes del Golpe, se pueden contar unos doscientos títulos sobre aquella historia.

Lo que no sabemos, porque es imposible, es qué hubiera hecho Franco ante un golpe protagonizado por militares demócratas. Hay pocas dudas: fusilarlos. He ahí la diferencia entre el sistema democrático y el autoritario al que todavía hoy algunos quieren volver, quizá por estulticia e incluso por rebeldía, según dicen.

Míster TACO el supremacista, gran insultador

Luis Díez.

Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se permite el lujo de insultar urbi et orbe a su antecesor Barack Obama y a su esposa Michelle, subiendo a las redes sociales sus caras con cuerpos de monos, ¿a quién puede extrañar que el jugador de fútbol del Benfica, Gianluca Prestianni, haya podido repetir de viva voz el insulto racista –“¡Eres un mono!”– a su colega brasileño del Real Madrid Vinicius José Paixão de Oliveira?

Prestianni, un joven argentino de 20 años, tuvo la precaución de taparse los labios con la mano y la camiseta para insultar al contrario. Sabía que su injuria al brasileño, que acababa de marcar un golazo de los suyos, era de tinte racista (Vini es negro) y, además de ser delictiva, podía costarle una suspensión de hasta doce partidos, según el reglamento de la UEFA.

En contraste con lo que ocurre en los estadios de fútbol en los países europeos, donde los clubes, los jugadores y la mayoría de los aficionados combaten el racismo con prohibiciones y sanciones, el presidente de los EEUU insulta a y discrimina a quienes tienen una pigmentación de la piel distinta a la suya sin que nadie pueda sancionarle ni suspenderle una temporada.

Los dicterios del tipo que ocupa el cargo más alto del país más poderoso del mundo, en términos bélicos, no solo han denigrado al expresidente Obama por negro, sino también porque su padre era de Kenia (su madre de Kansas) y le consideraba un emigrante. En lo atinente al color de la piel, Trump insultó en su día a los estadounidenses cuando preguntó a su abogado Michael Cohen: “¿Hay algún país dirigido por una persona negra que no sea idiota?” (Cohen en su libro Desleal, unas memorias).

Por lo demás ya es conocido el video difundido por Trump en el que se ve a Obama siendo detenido y esposado por dos agentes del FBI. Son imágenes falsas, generadas con inteligencia artificial, lógicamente. Una secuencia con la que el supremo supremacista, sembrador de odio, ha tratado de humillar a Obama, entre otras cosas, por defender a los inmigrantes frente a la represión brutal y criminal de los agentes mal formados del ICE, ya conocidos como la Gestapo de Trump.

Lo malo de ese mandatario, ahora empeñado en sustituir a la ONU por una Junta de Paz de pago con él al frente, es que la didáctica insultante que practica se extiende por todo el planeta y alimenta a grupos de ultraderecha que se prevalen de la democracia para debilitar la democracia y liquidar derechos humanos y sociales conseguidos con sangre, sudor y lágrimas.

Ese tipo, Trump, llama shithole countries (“países de mierda”) a las naciones latinoamericanas y africanas; tilda de “despreciable” la lengua española, segunda más hablada y escrita en el país que preside; califica de “estúpidos” a los latinos; afirma que los haitianos “roban las mascotas a sus vecinos para comérselas”; denigra a los inmigrantes somalíes llamándoles “basura”; califica de “criminales peligrosos, violadores y pedófilos” a los que entran por la frontera con México; impreca por “débiles” a los gobernantes europeos. Y a alguno le llama “estúpido”.

Con un estilo insultón, prepotente y malhablado, ese presidente de EEUU lo mismo escarnece al ukraniano Volodomir Zelenski tachándole de “dictador” por no haber convocado las elecciones de 2024 (en plena guerra contra la invasión rusa), que califica de “demasiado estúpido” al presidente del banco central o Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, que arremete contra el director de cine Rob Reiner apenas unas horas después de haber sido asesinado.

La siembra de odio del todopoderoso Trump incluye el machismo y las ofensas a las mujeres. La periodista Megyn Kelly citó en una ocasión en Fox News algunos de los insultos misóginos que ese míster había lanzado contra las mujeres:“cerdas gordas”, “perras”, “vagas” y “animales repugnantes”, entre otros.

En diciembre pasado cortó a la periodista Catherine Lucey –“¡Silencio cerdita!”– cuando intentaba preguntarle sobre su negativa a publicar los archivos del pederasta multimillonario y antiguo amigo Jeffrey Epstein. Tres días después reprendió y amenazó gravemente a Mary Bruce, de la cadena ABC, a la que califico de “empresa asquerosa”, por recordar el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista saudí refugiado en EEUU y columnista del Washington Post, durante la visita a la Casa Blanca del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán. “Eres una persona terrible y una periodista terrible”, la conminó Trump con tono amenazador. Khashoggi fue asfixiado y descuartizado el 2 de octubre de 2018 en el consulado saudí de Estambul (Turquía).

Queda de relieve que cuando el magisterio de los gobernantes, comenzando por el más poderoso, es tan burdo y sañudo, resulta más difícil erradicar los insultos racistas y las demás manifestaciones de odio –también hacia las mujeres– de los lugares públicos. Como dijo el expresidente Obama, ni la burla hacia los afroamericanos ni la cruda persecución de inmigrantes ordenada por Trump se habían visto hasta ahora en EEUU como productos de la Casa Blanca. Son más propios de regímenes autoritarios que de una democracia, añadió.

Visto lo visto no es extraño que los mejores atletas estadounidenses en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina hayan manifestado su inquietud por tener que representar a su país, sumido en la profunda crisis de derechos humanos por las políticas de Trump de persecución a los inmigrantes y a la comunidad LGTBI. La campeona de esquí Mikaela Shiffrin, la snowboarder Chloe Kim y los esquiadores de estilo libre Hunter Hess y Chris Lillas se encuentran entre los que manifestaron el deseo de que su país proyecte una imagen decente.

Una imagen, por ejemplo, como la que transmitió enla última Super Bowl el deslumbrante despliegue de creatividad y hermandad americana del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el estadio de Santa Clara (California). Claro que si Trump contestó al esquiador Hess llamándolo “un verdadero perdedor”, ni siquiera asistió, como es costumbre de los presidentes, al gran partido de fútbol americano que enfrenta a los campeones de las dos conferencias. Eso no quita para que calificase la actuación de Bad Bunny, en español, de “absolutamente terrible”, “¡una de las peores de la historia!” “Una afrenta afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

Pero ¿sabéis que? Que la única encuesta publicada sobre quien representa mejor los valores americanos arrojó un 42% de opiniones a favor del cantante frente al 39% del presidente. El 20% dijo no estar seguros. El 61% de los votos favorables a Bunny fue de personas negras y el 46% de personas con raíces hispanas.

No es la primera vez que el gran insultón supremacista carga contra cantantes famosos. Por ejemplo, a Bruce Springsteen le llamó “imbécil” y “más tonto que una piedra”. Fue su respuesta a la afirmación del Boss en un concierto en Manchester de que “EEUU está en manos de una administración corrupta”. Ahora (el 31 de enero) el autor de Born in the USA (Nacido en EEUU) y auténtico icono del movimiento obrero que respalda al Partido Demócrata, ha emprendido una gira que terminará el 27 de mayo en Washington con un único objetivo: parar a Trump.

Seguro que el reverendo Jesse Jackson estaría plenamente de acuerdo con el lema de la gira del cantante: Land of Hope and Dreams (“Tierra de esperanza y sueños”), y que si pudiera, el sucesor de incansable Martin Luther King en la lucha por los derechos civiles de los pobres y los negros, asistiría a ese concierto en el pabellón Centro Unido de Chicago el 29 de abril. Pero no puede: murió el martes pasado a la misma hora que en el Estado de la Luz, en Lisboa, un jugador blanco escupía el mismo insulto de Trump a Obama contra un jugador negro. Una pena.

En el año 2000, Jackson, enviado especial para África desde 1992, recibió del entonces presidente Bill Clinton la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil del país. Dada su trayectoria de lucha contra el racismo y por la libertad y los derechos de los más humildes –también de las mujeres– quizá aquel negro que lloraba cuando por fin un hermano de color, Obama, conquistaba por primera vez la Presidencia de EEUU, en 2009, merezca a título póstumo la Medalla de Oro de una comunidad multiétnica como la madrileña.

En lugar de eso, la frutera del PP se la va a dar a TACO (Trump always coward o siempre cobarde), que es como llaman a Trump en Wall Street. Si supieran que “taco”, además de designar el sabroso plato mexicano es sinónimo en España de blasfemia vulgar, entenderían mejor la ocurrencia medallera en estos pagos.

Caminos de hierro, un siglo de dolor y progreso

Luis Díez.

Un error humano provocó en septiembre de 1976 el choque de un tren de viajeros con una máquina suelta en Rande, cerca de Vigo, con un balance de 15 personas muertas y 30 heridas/Fotos de El Faro de Vigo.

A fuer de dar vueltas al descarrilamiento y choque de trenes veloces que el 18 de enero pasado segó la vida de 46 personas junto al apeadero de Adamuz (Córdoba), uno acaba buscando comparaciones y entonces encuentra datos que documentan el hecho de que los accidentes ferroviarios han sido más frecuentes e incluso más terribles antes que después del tendido de la red de alta velocidad. El hallazgo no sirve de consuelo ante la desgracia, pero ante una derecha política que todo lo resuelve a gritos, con insultos, descalificaciones, exigencias de dimisión y amenazas judiciales, como se vio esta semana en el Congreso de los Diputados ante la comparecencia explicativa de Pedro Sánchez, y que no tiene otra política que la privatización en beneficio de allegados y amigantes (amigos mangantes en la acepción del filósofo Emilio Lledó), vale la pena centrarse en los hechos.

La naturaleza semoviente de los humanes llevó a las autoridades a proclamar 1926 como “el año del ferrocarril”. El general dictador Miguel Primo de Rivera –el mismo militar que en 1898 acompañaba a su tío cuando entregaron Filipinas y abandonaron a los soldados españoles– se sentía orgulloso del desarrollo ferroviario de la patria. Los capitales repatriados y la bonanza económica en la segunda década del siglo XX permitieron un desarrollo prodigioso de los caminos de hierro.

En 1926, hace un siglo, España ya contaba con 11.684 kilómetros de vía normal y 3.789 de vía estrecha. La Gaceta de los Caminos de Hierro contabilizaba 1.368 estaciones de vía ancha, 136 apeaderos y 915 de vía estrecha que, sumadas a las 32 terminales de funiculares y trenes cremallera, suponían 2.451 puntos de acceso a los trenes para un promedio diario de 325.000 viajeros y 116.000 toneladas de mercancías.

Las compañías ferroviarias (todas de capital privado) obtenían unos ingresos diarios de 2,4 millones de pesetas. En términos anuales, el transporte de 128 millones de viajeros y 6,76 millones de toneladas de mercancía les reportaban 870 millones de pesetas, con un beneficio neto publicado de 278 millones. Esto significa que el ferrocarril era rentable. Y lo seguiría siendo en los años treinta durante la II República, hasta que la sublevación militar fascista y la Guerra Civil (1936-39) arruinó al país.

Cierto es que el desarrollo mecánico, aunque tardío, se cobraba un alto tributo en vidas humanas. En los 16 accidentes más graves registrados en la década de 1920-30 perdían la vida la vida 188 personas. En toda la década solo hubo un año, el 1926, sin ningún accidente mortal que entintara los periódicos. Entre las mayores desgracias se contó el choque del correo Madrid-Gijón con el rápido Madrid-Coruña en la estación de Paredes de Nava (Palencia) que el 11 de julio de 1922 costó la vida a 33 personas. Y para acabar aquel año, el 22 de diciembre, un tren que llevaba soldados se estrelló con un mercancías parado en la estación de Onteniente (Valencia), con el fatal resultado de 12 muertos y más de 100 heridos.

En 1925 (9 de abril) descarriló un tren de cercanías de los Ferrocarriles Catalanes entre las estaciones de Las Planes y Sarría, causando 24 muertos y más de un centenar de heridos. Tremendo fue también el accidente que se registró en Pulpí (Almería) el 25 de mayo de 1927 cuando un tren cargado con mineral de la zona de Serón perdió los frenos y alcanzó al correo de Almendricos a Ágilas, encaramándose a los últimos vagones y provocando 21 muertos y otros tantos heridos.

Muchos accidentes registrados en aquella época eran alcances provocados por averías, descarrilamientos y obstáculos en la vía que ocasionaban paradas imprevistas. Aunque no había teléfonos móviles, en la Gaceta de los Caminos de Hierro aparecía una nota titulada El teléfono portátil en los ferrocarriles explicando que en todos los trenes se debía llevar un teléfono portátil, cuyo mecanismo y uso son muy sencillos. Se trata de una cajita con un croquis y unos hilos de alambre que se enganchan, uno en la chapa de los postes y otro, desde la cabina al raíl, formando un circuito que permite avisar de la anomalía a la estación más cercana.

El jubilado Luis Andina, antiguo ayudante del servicio eléctrico, daba instrucciones en la prensa para que cualquier viajero pudiera utilizar aquel sistema de transmisión urgente. Y añadía que “el tren que descarriló (en la línea de Cartagena) no hizo uso del teléfono, y por ello se produjo la segunda parte del suceso, lo que en otro caso no hubiera acontecido, pues no habría salido de la estación inmediata el tren que alcanzó al descarrilado. Sería, pues, muy conveniente divulgar el aviso y las instrucciones mediante cartelillos en todos los vagones, en el supuesto de que se cumpla lo prevenido y todos los trenes lleven el teléfono”.

A la izquierda, un descarrilamiento hace un siglo y a la derecha el paso de un Alvia por la curva de Angrois, en Santiago de Compostela, ante las miradas de los vecinos que acudieron a rendir homenaje a los fallecidos en el primer accidente del AVE, ocurrido en 2013, con la pérdida de 80 vidas humanas/Foto de Xoán Álvarez.

La mortandad en los caminos de hierro fue elevadísima en la década de 1930-40, con un registro de 30 accidentes mortales y 538 fallecidos. Hubo años como 1934, en pleno bienio negro, con 5 accidentes mortales y 49 muertes. Y se registraron coincidencias trágicas como dos accidentes el mismo día. Concretamente el 1 de enero de 1939 chocaban en un paso a nivel cerca de Valencia un tren de la línea de Paterna y un tranvía, ocasionando 7 muertes. Y en la misma jornada descarrilaba otro tren de viajeros cerca de Casto Urdiales (Cantabria), con el mismo número de muertos, siete.

La sublevación de los generales facciosos, encabezados por Franco, contra el sistema democrático de la II República dio lugar a la Guerra Civil (1936-39) y causó tantas tragedias ferroviarias que su relato ocuparía demasiadas páginas. Vale citar como ejemplo de desgracias la ocurrida el 9 de abril de 1936 en Vizcaya, donde un tren arrolló a decenas de personas que habían corrido a refugiarse de los bombardeos nazi-franquistas en el túnel de la línea Bilbao-Lezama, junto a la Campa de las Escuela, en el barrio bilbaíno de Uribarri. Aunque la censura de guerra impidió precisar el número de muertos, la prensa franquista habló de 16 muertos. Fue el mayor atropello de personas registrado en la historia ferroviaria española.

Otras desdichas provocadas por la situación bélica se registraron el 15 de julio de 1937 en un paso a nivel de la línea Chinchilla-Cartagena, cerca de Cieza (Murcia), cuando un tren correo arrolló a un camión militar cargado de material explosivo. Murieron 14 personas y doscientas resultaron heridas. Más terrible fue el resultado del choque de un tren incautado por los facciosos contra un mercancías que se hallaba detenido en la estación de Alanís de la Sierra (Sevilla). Ocurrió el 19 de noviembre de 1937. Murieron 72 personas, de las que 57 eran prisioneros republicanos procedentes de Euskadi que iban destinados a un campo de trabajo en Andalucía. El vagón donde los llevaban quedó aplastado.

Apenas dos meses después, el 10 de enero de 1938, la desgracia de Alanís fue superada por la explosión de un polvorín subterráneo del ejército republicano bajo la calle de Torrijos (hoy Conde de Peñalver) de Madrid. La onda expansiva se extendió por la red del Metro y afectó a cuatro trenes, con un balance oficial de 98 muertos.

Hubo muchas otros desastres y fatalidades hasta el final de la guerra e incluso después del triunfo del generalísimo Franco, como fue la explosión, el 9 de julio de 1939, de tres vagones cargados de bombas y otro material bélico, en el muelle de la estación de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). Aunque las nuevas autoridades fascistas no pudieron ocultar los efectos destructivos de la deflagración no dieron la cifra de personas muertas, que fueron en torno a un centenar, ni de heridos, que superaron los mil quinientas en la localidad.

Ya durante el franquismo no pasó año sin accidentes mortales muy graves, comenzando por el que el 3 de diciembre de 1940 costó la vida a 53 personas por el choque del expreso Madrid-Barcelona con su homologo que cubría el trayecto contrario en la estación de Velilla de Ebro (Zaragoza), siguiendo, ya en pleno desarrollismo, por los 96 muertos en los cinco accidentes registrados en 1965 y culminando el 21 de julio de 1972 con los 86 viajeros fallecidos a consecuencia del choque frontal del ferrobús Cádiz-Sevilla y el expreso Madrid-Cádiz entre las estaciones de El Cuervo y Lebrija (Sevilla).

La muerte del dictador y los años de transición a la democracia con la aprobación de la Constitución de 1978 no supusieron una mejora inmediata en la gestión de los ferrocarriles nacionalizados en 1941 con la creación de la Red Estatal RENFE, de modo que el rosario de accidentes mortales prosiguió en 1976 y los años siguientes. El de Rande, en Vigo, con 15 muertos, fue el peor aquel año. Los pasos a nivel eran una ristra interminable de desdichas, los trenes de la red de vía estrecha FEVE descarrilaban cada dos por tres y los expresos nocturnos eran los que salían peor parados cuando había accidentes, casi siempre por despistes y errores humanos.

Pero en las dos décadas finales del siglo XX y, sobre todo, a partir del ingreso de España en el Mercado Común (actual Unión Europea) se registraron grandes avances en las infraestructuras de transportes, se suprimieron cientos de pasos a nivel y en vez de comprar submarinos nucleares, como querían los aliados de la OTAN, sobre todo los franceses, el gobierno que presidía Felipe González optó por dedicar esa inversión al tendido de la primera línea de alta velocidad. Con trenes fabricados por la alemana Siemens y la francesa Alstom, que instalaron plantas industriales aquí, se inauguró en 1992 la alta velocidad española (AVE) entre Madrid-Sevilla.

El éxito del AVE para el presente y el futuro de la movilidad sostenible en nuestro país ha permitido pasar de aquellos 476 kilómetros iniciales a los 3.973,7 que hoy constituyen la red veloz (300 kilómetros-hora) más extensa de Europa y la segunda del mundo. Une más de 50 ciudades y alcanzará los 5.000 kilómetros cuando se completen los tramos en proyecto, contratación y obra. La medida de seguridad más importante ha sido la incorporación del ERTMS (European Rail Traffic Management System) que, según dice la entidad administradora de la red (Adif) mejora la seguridad, la capacidad y la interoperabilidad con el resto de redes europeas.

Fue precisamente la desconexión del ERTMS y la distracción del maquinista por una llamada telefónica del revisor lo que el 24 de julio de 2013 provocó el primer y más grave descarrilamiento del AVE en la curva de A Grandeira, a la entrada de Santiago de Compostela, con un balance trágico de 80 personas muertas y más de un centenar heridas de distinta gravedad. El segundo gran accidente, el de Adamuz (Córdoba), trece años después, se debió al descarrilamiento de un tren Iryo y el choque de un Alvia, nueve segundos después, contra los vagones que ocuparon la vía contraria. Las causas del descarrilamiento del Iryo de la empresa estatal italiana Trenitalia siguen bajo investigación y los primeros datos apuntaron a la ruptura de la vía en una soldadura.

Desde la apertura a la competencia no solo circulan por la red española los trenes de Renfe sino también los Ouigo de la francesa SNCF y los Iryo de la citada Trenitalia, con la consiguiente contención e incluso bajadas de tarifas, la popularización de los trenes veloces, pero también, con mayor fatiga de los materiales y cansancio de los metales. Aunque Adif ha incrementado el gasto de mantenimiento de la red de alta velocidad de 336,1 millones de euros en 2021 a 444,3 en 2024 y dio por renovada el año pasado la línea entre Madrid y Andalucía –en la que se produjo el accidente de Adamuz– con una inversión de 700 millones euros, parece claro que algo no se hizo bien y que fueron insuficientes las revisiones y los avisos que antes del accidente llevaron a los responsables a reducir la velocidad a 250 kilómetros-hora como máximo en ese tramo.

La tragedia de Adamuz ha estimulado la crítica y el temor de muchos ciudadanos porque el gasto en mantenimiento es menor en España al de Francia y Alemania, no solo en la red general sino también en los Rodalies de Cataluña y en la menguante red de vía estrecha. Cierto es que los países citados aplican tarifas más altas que las españolas y que el Gobierno español se ha comprometido a seguir aumentado el presupuesto y el personal para mejorar la inspección y conservación de las infraestructuras y del servicio ferroviario. Lo esencial, en todo caso, es que el salario indirecto que recibimos con un transporte decente, puntual y asequible sea compatible con la máxima seguridad. Y también que el beneficio social de los Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE) en Asturias, León y otras comunidades autónomas prevalezca frente a la tendencia a seguir eliminando las líneas con poca o ninguna rentabilidad económica.

Yolanda Gil y los ‘tecno-oligarcas’ de Internet

Luis Díez.

Ahora que algunos personajes enriquecidos con las plataformas digitales made in Usa, China y Rusia maldicen la regulación de la UE y se permiten insultar al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por exigirles responsabilidad penal para, entre otras medidas, preservar a los menores de 16 años de la basura y toxicidad en las redes sociales que ha llevado a muchos de ellos a sufrir adicción, acoso y a suicidarse, parece llegado el momento de contar la historia de Yolanda.

El tecnoligarca Musk unido con el presidente argentino Miley por la motosierra contra las políticas sociales y humanitarias y por los insultos a Sánchez

¿Por qué? Por dos motivos: porque sin investigadoras como Yolanda Gil, magnates como el neonazi malhablado Elon Musk, propietario de la red social X (antes Twitter) y donante electoral y otrora amigo y miembro del gabinete del déspota Donald Trump, carecerían de influencia. Y porque pudiendo haber sido España un puntal tecnológico, perdió esa oportunidad por mor de la ignorancia y poca visión del gobernante de turno, el estulto señor Aznar López en este caso.

La científica y profesora Yolanda Gil se licenció en Ciencias de la Computación en la Universidad Politécnica de Madrid en 1985, se fue a EEUU con una beca Fulbright y realizó el doctorado en la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh (Pensilvania), uno de los centros de investigación más destacados en el área de la robótica y computación. Tuvo la suerte de realizar sus investigaciones sobre computación e inteligencia artificial (IA) con el eminente científico Jaime Carbonell, un uruguayo ya fallecido que realizó aportaciones esenciales.

La profesora y científica de la computación y la inteligencia artificial Yolanda Gil

Con el equipo del profesor Carbonell, Gil conoció y participó en la creación de herramientas (programas) que permiten, por ejemplo, la traducción automática entre idiomas. Carbonell había creado y dirigía el Instituto de Tecnología del Lenguaje (ITL), de la mencionada Universidad. Esa institución alcanzó tal preeminencia mundial en estudios de idiomas que fue imitada en Alemania por el DFKI o Centro de Investigación Alemán para la Inteligencia Artificial, en Japón por la Universidad de Tokio y en el propio Estados Unidos (EEUU) por la Johns Hopkins de Baltimore (Maryland).

El profesor e Investigador de computación e inteligencia artificial Jaime Carbonell

Gil centró su investigación en inteligencia artificial, interfaces de usuarioingeniería del Conocimiento, flujos de trabajo científicos y en la web Semántica. Como parte de los equipos liderados por Carbonell conoció la primera traducción automática interlingüística escalable de alta precisión (1991), la primera traducción automática de voz a voz (1992). Y más tarde, la primera araña y motor de búsqueda a gran escala (1994) y el primer predictor topológico de estructura de proteínas (2005). Supo también que el aprendizaje automático moderno, conseguido por Carbonell, Michalski y Mitchell, era la herramienta esencial para los motores de búsqueda, la minería de datos y las redes sociales.

En aquellos años –última década del siglo XX– las innovaciones de Carbonell y sus investigadores del ITL darían lugar a herramientas exitosas para nuevas entidades y empresas emergentes como Carnegie Group (sistemas expertos en IA), Lycos (búsqueda web), Wisdom (optimización financiera y aprendizaje automático), Carnegie Speech (tutoría de lenguaje hablado), Dynamix (minería de datos y descubrimiento de patrones) y Meaningful Machines (traducción automática basada en contexto).

Wisdom (sabiduría), por ejemplo, permitía satisfacer los intereses de los inversores haciendo bailar sus capitales hacia las sociedades con mayor rentabilidad probable. Dynamix era esencial en la “minería de datos” y análisis Big Data para facilitar a los fabricantes, comerciantes y creadores artísticos el conocimiento de los gustos, aficiones y patrones de consumo de la gente de los distintos países y lugares, permitiéndoles tomar decisiones seguras.

Así, Amazon se convirtió a comienzos del siglo XXI en el emperador mundial del comercio porque aplicó aquella tecnología para recolectar, analizar y utilizar filones de datos. Consiguió saber cómo y en qué gastamos nuestro dinero y a partir del historial de búsqueda de las compras de millones de personas (consumidores) optimizó la cadena suministros, precios y detección de fraudes.

Y quien dice Amazon dice Netflix. La productora audiovisual triunfó gracias a la minería de datos y se ha permitido el asalto a la Warner Bros en dura competencia la Paramount, otra de las poderosas majors de la industria cultural de Hollybood (Los Ángeles-California). Los analistas de Netflix, poseedora de una base de cien millones de usuarios, estudian los comportamientos de los usuarios: gustos, géneros preferidos, tiempo que dedican a ver series y películas…, definen sus deseos y decide lo qué deben producir y con qué actores. E igualmente, el sistema Dynamix ha permitido a Apple situarse como la mejor compañía de tecnología y una de las que más clientes fieles posee en el mundo. De pronto las apps conocen a sus usuarios y éstos no pueden vivir sin sus productos Apple.

Queda, en fin, de relieve la importancia de aquellos dos inmigrantes hispanos en EEUU, el uruguayo Carbonell y la española Gil, en la digitalización de nuestro planeta. Gil se unió en 1992 a la Universidad del Sur de California (USC), con sede en Los Ángeles, como investigadora científica en el Instituto de Ciencias de la Información, fue profesora de investigación en ciencias de la computación y ciencias espaciales, directora de tecnologías del conocimiento en dicho Instituto y directora del Center for Knowledge-Powered Interdisciplinary Data en la Escuela de Ingeniería Viterbi de la USC.

Su liderazgo científico le proporcionó grandes reconocimientos y la ha llevado a presidir el grupo de inteligencia artificial de la Association for Computing Machinery (ACM) y la American Association for Artificial Intelligence (AAAI), sucesivamente. Desde 2012 y 2016 es académica de las dos instituciones respectivamente.

Más allá de los avances posteriores en IA, el relato quedaría incompleto si no recordase lo que ocurrió con aquella plataforma (y empresa) Lycos, el primer motor de búsqueda web en Internet. Lycos se instaló en la red en 1995 y llegó a ser uno de los sitios más visitados de Internet, fácilmente accesible en más de cuarenta países. Cuatro años después, en 1999, la empresa Terra, una filial recién creada de la privatizada Telefónica que presidía Juan Villalonga, amigo y antiguo compañero de pupitre del presidente del Gobierno, señor Aznar López, se apoderó de Lycos.

Fue como si Caperucita se hubiera comido al lobo (Lycos en griego significa “lobo”). Terra pretendía situarse como líder en toda América de habla hispana y en EEUU. La compañía resultante de la fusión Terra-Lycos se convirtió en el año 2000 en la tercera del mundo. Pero la aventura tecnológica española con aquella plataforma duró poco, pues el sucesor de Villalonga y también amigo de Aznar, César Alierta, ni siquiera respetó al investigador Bob Davies, quien junto con Carbonell había dirigido el proyecto y conseguido el motor de búsqueda. La prepotencia y sus hermanas mayores (ignorancia e incompetencia) acabaron entregando Lycos a la surcoreana Daum por 94,5 millones de dólares. De ese modo, el creciente negocio de las búsquedas como parte esencial de la llamada “sociedad del conocimiento” quedaría en manos de la naciente Google.

Ante la crueldad y creciente tiranía de los capitalistas encaramados a los avances científico-técnicos conseguidos, entre otros, por grandes investigadores de nuestro país y de otros de habla hispana, no vale consolarse con el quijotismo tradicional, aunque El Quijote pueda servir al presidente Pedro Sánchez para contestar a los que le insultan –“Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”–, sino actuar con inteligencia y perseverancia centradas en las cosas, no en los ladridos y la propaganda.

Civilización o barbarie contra los inmigrantes

En la foto de Reuters una joven llora en el lugar donde mataron al enfermero Alex Pretti, en Mianápolis

Luis Díez.–La decisión del Gobierno progresista español de regularizar a cuantos inmigrantes sin papeles residen en nuestro país desde antes del 31 de diciembre abrió el martes pasado la edición digital del New York Times. No es la primera vez que el principal periódico estadounidense destaca la política migratoria del Ejecutivo de Pedro Sánchez (PSOE) por el respeto y aprecio a las personas, en contraste con la crueldad implantada en EEUU por Donald Trump contra hispanos, negros y asiáticos.

En esta ocasión, la medida que facilita la residencia legal en España de las personas inmigrantes que hasta ahora estaban en el limbo legal y eran pasto del miedo, la marginación, el engaño y la vil explotación laboral, ha coincidido con las redadas en Mineápolis (Minnesota) de “la Gestapo de Trump”, como llaman a los policías enmascarados de la agencia estatal de inmigración y fronteras (ICE). En dichas redadas el ICE mató el 7 de enero a Renee Good y el 24 a Alex Pretti. Renee era poetisa, madre y admirada por su compromiso social. Alex era enfermero de cuidados intensivos. Los dos tenían 37 años, los dos eran estadounidenses y ambos fueron acribillados a tiros. Los agentes de la migra trampista vaciaron los cargadores de sus armas contra ellos.

Renee Good, de 37 años, asesinada el 7 de enero en Mineápolis por un agente del ICE

Se comprende que en medio de la indignación popular en EEUU por los constantes ataques a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, España aparezca como una isla de humanidad y sentido común. El reconocimiento de derechos humanos, sociales y de ciudadanía de más de medio millón de personas sin papeles –según la estimación de la fundación Funcas– que ya residen y trabajan en nuestro país se realiza al amparo de la última reforma del Reglamento de Extranjería (2025), no necesita decreto, fomenta la integración y la convivencia y es compatible con el crecimiento económico y la cohesión social, según explica el Ejecutivo en nota de prensa.

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, aclara el alcance, las condiciones y otros detalles en este documento de preguntas y respuestas (pdf – 1,1 MB). “La regularización reconoce y dignifica a quienes ya viven entre nosotros”, dice antes de explicar que en vez de aprobar la medida por decreto, se hará por la vía reglamentaria, que es hoy “la más rápida, eficaz y garantista” para dar una respuesta inmediata, ordenada y plenamente conforme al marco legal español y europeo.

En las conversaciones entre el Gobierno y las formaciones políticas en busca de los votos necesarios para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, el grupo de Unidas Podemos (5 diputados) puso la condición de que se aprobase la regularización pendiente desde que el propio Parlamento votó mayoritariamente a favor de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) el 9 de abril de 2024. La ILP llegó respaldada por más de 700.000 firmas y unas 900 entidades y asociaciones. Entonces fue respaldada por 310 votos a favor de todas las formaciones frente a 33 de la ultraderecha, ahora alineada con el trumpismo.

PP y ultras trumpistas en contra

La portavoz en materia migratoria y diputada por Melila del derechista PP, Sofía Acedo Reyes, dijo entonces que votaban a favor de la regularización “porque Cáritas y otras entidades que cuidan y trabajan con los inmigrantes nos lo han pedido; porque también nos lo han pedido los empleadores, que necesitan imperiosamente mano de obra, y nos lo han pedido muchos ciudadanos que han firmado esta iniciativa legislativa popular, y debemos escucharlos. Debe hablarse de esta cuestión –y así lo hacemos en el Partido Popular– como de una cuestión de Estado, con una posición equilibrada entre el limbo jurídico en el que se encuentran muchas personas extranjeras que ya están en España perfectamente integradas, el control de fronteras y la expulsión de los inmigrantes que tienen un expediente de retorno a su país”.

Los nacionalistas vascos y catalanes reclamaron entonces competencias autonómicas en materia migratoria, y lo propio han hecho ahora. El Ejecutivo mantiene sus compromisos de negociar las transferencias correspondientes. Pero si la ministra Saiz elogia el afán de los nacionalistas de asumir responsabilidades en la materia, la izquierda del PSOE, especialmente UP, advierte sobre la tendencia excluyente y racista de Junts, el principal partido de la derecha catalana, y pide al Gobierno de Sánchez que hile fino para evitar que la transferencia de competencias suponga un retroceso.

Miles de inmigrantes temporales marroquíes y de terceros países acuden cada año a la recogida de los frutos rojos en Huelva.

Aunque la regularización ha sido acogida con elogios por la Iglesia Católica, la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y, por supuesto, Cáritas, la principal ONG cristiana en España, el líder del PP y jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, parece haber olvidado el compromiso parlamentario de su partido y además de acusar al Gobierno de utilizar la inmigración para “distraer la atención” del accidente ferroviario que costó la vida a 45 personas, se ha pronunciado en contra de la medida. Primero ha consultado a la Comisión Europea, con mayoría de derechas, y puesto que la regularización es perfectamente legal, ha anunciado que su partido la recurrirá a la más alta instancia judicial. Y otro tanto ha hecho y dicho el jefe de la ultraderecha Vox. Esos líderes culpan a Sánchez de la llegada de personas que huyen de la pobreza, las guerras, hambrunas y los desastres naturales con frecuencia provocados por el cambio climático que ellos insisten en negar.

Por supuesto que la gobernanza de la inmigración sería posible y mejor si, como ha estudiado y propuesto la fundación Carnegie sobre ética en las relaciones internacionales, se consiguiera el compromiso de los países desarrollados de cooperar entre sí en la admisión de inmigrantes económicos y de refugiados en función de sus mercados laborales y de otros parámetros sociales, económicos y culturales como la demografía, la renta per cápita y la afinidad lingüística y cultural entre otros factores.

Cierto es que en vez de una gobernanza enriquecedora, los gobiernos europeos se han limitado hasta ahora a poner en común el reforzamiento de las fronteras de la Unión Europea (UE) y, coaccionados por la propaganda de la extrema derecha, han decidido endurecer las medidas contra las personas sin papeles ni medios económicos que consiguen entrar en el país y sobrevivir trabajando sin derechos en la economía sumergida y en actividades tangenciales.

Boicot al Mundial de Fútbol

Aunque la persecución del inmigrante sin papeles se ha intensificado en algunos países como Italia, Reino Unido, Alemania, Grecia e incluso Albania, no ha alcanzado las cotas de crueldad imperantes en EEUU, donde ya se contempla el boicot masivo al Mundial de Fútbol como medida de protesta contra las redadas, detenciones, encarcelamientos sin comunicar y asesinatos. Treinta inmigrantes han muerto bajo custodia policial en 2025, primer año del segundo mandato de Trump.

El oficial policíaco Gregor Bovino, en el centro de la foto, con sienes rapadas y abrigo al estilo de los nazis, acompañado de sus sus matones enmascarados, «la Gestapo de Trump» contra los inmigrantes.

Las agresiones a la población por parte de los matones del ICE al mando del oficial Gregor Bovino, han provocado protestas masivas y demandas por agresiones a tiros y con gases tóxicos allí por donde han pasado sembrando el terror: Los Ángeles, Chicago, Charlotte, Nueva Orleans y Mineápolis, donde el viernes hirieron de un balazo a otra mujer en una mano. La situación es tan delicada que Trump ha anunciado su intención de “desescalar” para calmar al personal y ha sacado a Bovino de Mineápolis y enviado a su zar de la frontera, Tom Homan, a supervisar las operaciones del ICE en el estado.

La represión de esos jefes con ademanes y hasta indumentaria nazi-fascista se completa con los recortes de todas, absolutamente todas las ayudas federales a las personas necesitadas y el encarecimiento de los servicios básicos como la asistencia sanitaria y la escolarización. El odio a los inmigrantes ha llevado a Trump a dejar en suspenso la renovación de la carta de residencia de más de cinco millones de personas. El jefe de la Casa Blanca se ensaña especialmente con los hispanos, provocando quejas de la patronal del transporte, la agricultura y otros sectores. La Ford, por ejemplo, busca cinco mil mecánicos. Pero en vez de resolver problemas, Trump hace la peineta a los trabajadores cuando uno osa imprecarle.

Gran gran pancarta en un estadio de fútbol de California: «Lucha contra la ignorancia, no contra los inmigrantes»

Si a ese estado de cosas se añade la suspensión de la tramitación de nuevos visados a 75 países, entre los que figuran algunos tan importantes como Rusia, Egipto, Nigeria. Y en la propia América Latina: Brasil, Cuba, Colombia y Uruguay, se comprende por qué se está generando una opinión cada vez más amplia a favor del boicot al Mundial de Fútbol de este verano en EEUU. Por si fuera poco, la Administración de Trump ha complicado la vida con trámites, inspecciones y trabas burocráticas a las universidades que reciben estudiantes e investigadores extranjeros. Y también ha encarecido los visados a los trabajadores más cualificados, médicos, ingenieros, abogados, investigadores, gestores, profesores hasta superar los 80.000 dólares por un permiso de un año. ¿Será la forma de hacer grande a América de nuevo, del Maga de Trump? ¿O será tan solo un efecto de la ignorancia y el odio del inquilino supremacista de la Casa Blanca y su salón de baile?

Premios Nobel a inmigrantes en EEUU

Fechas atrás, bueno, el 11 de diciembre de 2025 para ser exacto, leí unas frases atribuidas por el periodista William J. Broad a un hombre que decía: “Tenemos que saber que las personas que proceden de entornos distintos mejoran el nivel de todos los implicados. Es una historia asombrosa. Los grandes pensadores pueden mejorar no solo Estados Unidos, sino el mundo”. Este hombre se llama Omar Yaghi, tiene 60 años y manifestó su preocupación porque Trump ha puesto en peligro el ecosistema estadounidense de excelencia científica. “Creo que es lamentable”, dijo. “En la civilización humana, hemos aprendido una y otra vez que los académicos pueden moverse a través de las fronteras. Así es como se extendió el conocimiento y como vastas regiones del mundo salieron de la pobreza”.

Yaghi creció en una familia de refugiados palestinos en Jordania. Eran ocho hermanos, vivían en un corral de vacas y tenían una habitación para todos. Carecían de electricidad y agua corriente, pero su padre, que era carnicero, consiguió enviarle a estudiar a EEUU cuando tenía quince años. Ahora, bueno, el miércoles 10 de diciembre de 2025, el señor Yaghi, profesor de la Universidad de California en Berkeley, recibía el Premio Nobel de Química en Estocolmo.

En lo que llevamos desvivido del siglo XXI el 40% de los premios Nobel a estadounidenses en Física, Química y Medicina recayeron en personas no nacidas en EEUU, es decir, emigrantes. Y para mayor contrariedad del déspota y desalmado (sin alma) Trump, la proporción fue mayor en el Nobel de Física, que recayó en John Martinis y los inmigrantes en EEUU Michel Devoret, (francés) y John Clarke (inglés).