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USA monta un despliegue aeronaval contra Cuba

Luis Díez.

Los cubanos no se asustan fácilmente. Su historia de sacrificios, luchas y privaciones desde hace siglo y medio los configura como un pueblo ajeno al miedo, lo cual no quiere decir que no estén hartos, cansados, de sufrir penurias y calamidades para mantener su independencia –errores incluidos– frente a los Estados Unidos (EEUU). Pero después de décadas de bloqueo y de apretarles las tuercas para rendirlos por hambre y asfixiarlos con la carencia de bienes básicos como el combustible, la energía eléctrica, los fármacos, los alimentos y las herramientas de importación, el matón de la Casa Blanca intenta finalmente amedrentarlos con la presencia del portaaviones USS Nimitz y su grupo de combate ante la isla.

La llegada del monstruoso artefacto naval de propulsión nuclear al mar Caribe fue anunciada el miércoles desde Washington. El viejo portaaviones (en servicio desde 1975) con el apellido del destacado almirante en la Segunda Guerra Mundial Chester Nimitz es una de las mayores plataformas de combate del mundo. Tiene capacidad para llevar sesenta aeronaves: cazas, helicópteros y seis aviones de vigilancia y guerra electrónica. Además de la cobertura submarina, el Nimitz y sus fragatas navegan con el buque de apoyo logístico Patuxent y el destructor con misiles guiados Gridley.

La presencia del grupo de combate, amenazando con un baño de sangre a los cubanos si sus gobernantes –empezando por el presidente Miguel Díaz-Canel– no abandonan el poder y desaparecen como les exige el matón de la Casa Blanca, recuerda el despliegue del portaaviones Gerald Ford que acabó el 3 de enero con el asalto a Caracas y la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, encarcelado en Nueva York. Aquella exitosa operación en la que mataron a los guardianes (cubanos) de la residencia de Maduro, lleva ahora al belicoso Donald Trump y a su gomoso secretario de Guerra Peter Hegseth –jefe de pelotón que practicó y defendió en Guantánamo las torturas a los prisioneros– a repetir la estratagema.

De ahí que el despliegue aeronaval frente a la perla de las Antillas haya ido precedido de la visita a la isla del jefe de la CIA. John Ratcliffe, que así se llama el personaje, transmitió a los interlocutores en La Habana la orden de cerrar las estaciones de espionaje rusas y chinas y, según Ther New York Times, reiteró la exigencia de la apertura de la economía, paso obligado para la instauración de un régimen de libre mercado con democracia política.

El anuncio de la fuerza se hizo coincidir con el desplazamiento del fiscal general interino, Todd Blanche, a Miami para anunciar la imputación criminal de Raúl Castro en el derribo de dos avionetas de los llamados “Hermanos al Rescate” cuando volaban sobre el mar en aguas internacionales en busca de balseros a la deriva. El hermano de Fidel era entonces (1996) ministro de defensa y responsable de que un MiG de la Fuerza Aerea Cubana ametrallara y derribara las Cesnas, provocando la muerte de cuatro personas: un cubano exiliado y tres estadounidenses.

Aunque Cuba alegó que esa avioneta había violado el espacio aéreo cubano en ocasiones anteriores para lanzar pasquines de propaganda, el episodio soliviantó al entonces presidente Bill Clinton, quien abandonó la esperanza de liberalizar las relaciones con La Habana y calificó los derribos de “espantoso recordatorio de la naturaleza del régimen cubano: represivo, violento y desdeñoso del derecho internacional”. Algo parecido podría decir hoy del archimillonario que preside su país, un tipo al que en vano han querido alojar una bala donde otros tienen el cerebro.

Clinton retiró entonces el veto de los demócratas a la conocida como ley Helms-Burton, que llevaba muchos años bloqueada en el Congreso y condicionaba la retirada del bloqueo a que Cuba renunciase al comunismo y devolviera las propiedades confiscadas tras el triunfo de la revolución de Castro y el Che en 1959 a sus propietarios y herederos. La ley Helms-Burton fue aprobada enseguida, el 12 de marzo de 1996.

Raúl Castro, de 94 años, en su última aparición el 1º de Mayo de 2025

Pero había que hacer justicia. Y el miércoles pasado, la oposición cubana residente en Miami brincó de alegría cuando el fiscal Blanche, acompañado por el subdirector del FBI, Christopher G. Raia, anunciaba el procesamiento de Raúl por aquellos crímenes. La fecha (20 de mayo) era significativa por cumplirse el 124 aniversario del reconocimiento de la independencia de Cuba por parte de EEUU en 1902, tras la retirada de España y el hundimiento del Cervera (buque insignia) y otros navíos de la flota española. El lugar, simbólico: la Torre de la Libertad, punto de llegada de muchos cubanos a Estados Unidos. Y los gritos reclamando la pena máxima, dignos de tener en cuenta:¡Ejecútenlo!

¿Qué ocurrirá ahora? ¿Realizarán los gringos una operación quirúrgica de comando para secuestrar a Castro y al presidente sucesor Díaz-Canel y someterlos a la justicia de Miami como están haciendo con Maduro en Nueva York? ¿Lanzarán misiles sobre Cuba? Segundas partes nunca fueron buenas, aunque en este caso puedan distraer del fracaso y el daño que a su país y al conjunto de las naciones están provocando Trump y su amigo Netanyahu con su guerra contra Irán y Líbano, seguida del bloqueo petrolero del estrecho de Ormuz. En cuanto a Castro, al que se atribuye el control de una red financiera oculta, las últimas informaciones fiables indican que ni siquiera hará falta condenar al comunista a la pena capital, pues a punto de cumplir 95 años apenas ve ni habla ni oye: está gagá.

Entre tanto no hay más que leer lo que escribieron el 12 de mayo en The New York Times los miembros de la Cámara de Representantes Pramila Jayapal (de Washinton) y Jonathan L. Jackson (de Illinois) tras una visita a La Habana, de la que volvieron impresionados. Decían: “Alejandro, un bebé prematuro nacido en el hospital materno Eusebio Hernández Pérez de La Habana, pesaba solo un kilo cuando lo conocimos en abril. Lo observamos mientras estaba en una incubadora, una de las pocas del edificio cuyos delicados componentes electrónicos no habían resultado dañados por las variaciones de voltaje que siguen a los apagones nacionales. Las amplias sanciones impuestas por Estados Unidos hacen casi imposible importar piezas de repuesto para las demás incubadoras averiadas”.

“Mientras recorríamos el hospital, vimos a mujeres en los últimos días de su embarazo subiendo con dificultad los tramos de escaleras porque los ascensores no funcionan sin electricidad. El personal del hospital se esfuerza por llegar al trabajo sin combustible en sus coches. Durante los apagones, los médicos a veces tienen que bombear manualmente los ventiladores para mantener con vida a los bebés. Dicen que el hospital ha logrado evitar un aumento de la mortalidad infantil en los últimos meses, pero otros centros del país no han tenido tanta suerte. De 2018 a 2025, a medida que las sanciones estadounidenses se volvían más severas, la tasa de mortalidad infantil de Cuba, que antes era bastante baja, se disparó un 148 por ciento”.

“Como miembros de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, pasamos cinco días en Cuba en abril para comprender mejor las repercusiones humanitarias del bloqueo energético estadounidense contra la isla, que duró un mes. Salimos impresionados por los efectos inhumanos de la política, cuyo objetivo parece ser estrangular la economía hasta llevar al pueblo cubano a la ruina y dejar al país disponible, como dijo el presidente Donald Trump, para la “toma”.

Después de referirse a la excepción del petrolero ruso que la fuerza naval USA dejó pasar y llevó combustible para dos semanas, escribieron: “Si el pueblo estadounidense conociera en toda su magnitud lo que realmente pasa en Cuba, exigiría el fin inmediato del bloqueo”.

Para los dos congresistas demócratas, el bloqueo de combustible desafía las normas del derecho internacional que establece la soberanía de los Estados, la no intervención en los asuntos internos y el derecho de los países a comerciar libremente. “Equivale a un ataque económico a la infraestructura básica de Cuba, diseñado para infligir un castigo colectivo a la población civil al fabricar una crisis humanitaria en la que ya no se dispone de atención médica, agua corriente, agricultura ni transporte”.

Finalmente, tras referir los beneficios de todo tipo que de la cooperación entre Cuba y EEUU se derivarían –singularmente en el plano sanitario–, deploran la frustración de los más de 2100 presos políticos cubanos que esperaban la liberación anunciada por Díaz-Canel y, al parecer, frustrada por los planes y exigencias de un matón con todo el poder en Washington, aunque encefalíticamente incapacitado para entender la realidad.

Primero de Mayo por el pan, el techo y la paz

Luis Díez.

Nunca ha sido fácil la vida para los trabajadores. Y ahora tampoco. En el contexto de crecimiento económico y productividad sostenida como la que vivimos en España –por encima de la media de la UE– tenemos más de diez millones de trabajadores con los salarios estancados. No se trata de que los sueldos de esas personas suban igual que los márgenes empresariales, cuyo promedio alcanza el 13% anual, sino de que, como dice Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras (CCOO), tengan subidas de entre el 4 y el 7% para los próximos años.

El segundo gran problema es la vivienda. Los dos principales sindicatos de clase, CCOO y UGT, la consideran un problema estructural que “empobrece” a la población trabajadora. Y reclaman a los poderes públicos que “limiten los precios” de los alquileres y las cuotas de las hipotecas bancarias al 30% como máximo de los ingresos de cada hogar.

Los poderes públicos en este caso son también el PP de la señora Ayuso y del señor Feijóo que gobiernan en Madrid y en otras autonomías donde se han declarado “insumisos” para ejercer sus competencias y aplicar la Ley de Vivienda que permite congelar los alquileres en las “zonas tensionadas” y compensar fiscalmente a los caseros. Los poderes públicos son ese PP y VOX que rechazan los 7.000 millones de euros del nuevo plan de viviendas públicas recién aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Los mismos que, acompañados por la derecha catalana, Junts, han votado en el Congreso contra la prórroga de los contratos de alquiler, provocando estragos salariales a tres millones de inquilino cuando no el desahucio.

El secretario general de la UGT, José Álvarez, dejó claro el martes en la asamblea de delegados en Cádiz el contenido y, sobre todo, los destinatarios de las reivindicaciones de los asalariados en este Primero de Mayo cuando dijo que “el acceso a la vivienda, la sanidad y los servicios sociales debe garantizarse como un derecho fundamental”. Y subrayó: “Las comunidades autónomas tienen que dejar de bajar impuestos a los ricos, y éstos han de contribuir para que las personas que menos tienen puedan acceder a los servicios públicos”.

Junto a los salarios y la vivienda, la jornada laboral sigue en el centro de las reivindicaciones de los trabajadores. “Se están haciendo millones de horas extraordinarias sin control en España”, denuncia Unai Sordo al tiempo que reclama una actuación más firme de la inspección laboral para acabar con estas prácticas. “No puede haber impunidad; el control horario es una herramienta básica para garantizar derechos y acabar con abusos”, añade el líder de CCOO, quien considera “injustificable” que con la digitalización y los medios técnicos existentes siga sin aplicarse plenamente la normativa sobre la jornada laboral.

Aparte la frustración por el intento fallido de las fuerzas políticas progresistas de reducir la jornada a 37,5 horas semanales, las organizaciones sindicales tienen pocas dudas de que el avance de la Inteligencia Artificial (AI) generativa modificará el panorama laboral en términos cuantitativos y cualitativos. No sólo reducirá los puestos de trabajo sino también la jornada y, sobre todo, la ubicación física de los asalariados, hasta el punto de que podremos trabajar para cualquier país del mundo desde nuestra sede en España y contratar labores de trabajadores de otros países. El 2 de agosto próximo entra en vigor plenamente la Ley de la IA, la primera elaborada por la Unión Europea (UE) que obliga a los estados miembros a establecer controles y sanciones contra los riesgos “inaceptables”, “muy altos” y “altos” de la IA y contra la “opacidad” y falta de registro de los sistemas. (Informe: Ley sobre inteligencia artificial).

Por si fueran pocas las dificultades para hacer cumplir la normas laborales en materia de jornada, horas extras sin control, condiciones de trabajo y otras trampas, el famoso Tribunal Supremo ha contribuido a la incuria con su fallo del 14 de abril (ni siquiera la fecha es inocente) que impide el libre acceso de los inspectores de trabajo y seguridad social a las empresas. La sentencia del alto tribunal les exige un mandamiento judicial para poder inspeccionar los centros de trabajo cuando sean a la vez el domicilio social de la empresa, algo muy frecuente en las pymes. El rechazo de los inspectores a través de sus sindicatos profesionales ha sido inmediato por la falta de calidad jurídica del producto y porque el Supremo “se extralimita” en sus funciones, actuando como si fuera “el legislador”. CCOO denuncia que el fallo lamina la ley de 2015, reguladora de las funciones de la Inspección, de acuerdo con la Constitución y el convenio 81 de la OIT.

El rechazo a la guerra de EEUU e Israel contra Irán y a las masacres del genocida Benjamín Netanyahu en Gaza y Líbano marcan también las reivindicaciones de los trabajadores. Es muy curioso ver cómo el matón de la Casa Blanca se ha transformado en el pirata petrolero del Estrecho de Ormuz, violando la Carta del Mar de Naciones Unidas. El miércoles le preguntaron en el Congreso a su secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre el aumento del precio de los combustibles y de los alimentos en EEUU (y en el resto del mundo) y respondió diciendo que eran preguntas “capciosas”. A continuación preguntó: “¿Cuánto estarían dispuestos a pagar para garantizar que Irán no obtenga una bomba nuclear?”

Alguien debería recordar a ese antiguo comentador de televisión que su actual jefe Donald Trump rompió en 2018 el pacto negociado por Barack Obama con la teocracia iraní para evitar que construyera una bomba nuclear. Entonces hicieron falta veinte meses de negociación, expertos nucleares y decenas de reuniones. El pacto de Obama con Irán se llamaba Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por su sigla en inglés), tenía 160 páginas, incluía cinco anexos técnicos que detallaban los límites del programa nuclear iraní. En síntesis, Irán aceptó tres condiciones a cambio del alivio de las sanciones: enviar el 97% del uranio enriquecido fuera del país; limitar el enriquecimiento en curso al 3,67%, suficiente para las centrales pero no para hacer bombas, y adherirse al intrusivo régimen de inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica.

Pero Trump rompió el acuerdo hace ocho años, un tiempo que Irán podía haber aprovechado para proveerse de armas nucleares, aunque no lo hizo. Por el contrario, el ayatola Ali Jamenei, asesinado con familiares y altos funcionarios el 28 de febrero, primer día de la guerra, por los bombas estadounidenses, había firmado una fatwa en contra de las armas nucleares. Pero se ve que a Trump y Netanyahu les interesaba más la guerra. El miércoles le preguntaron al mencionado Hegseth cuántos meses más prevé que dure la guerra, pero se negó a contestar. El jueves, 30 de abril se cumplieron 60 días de guerra, plazo legal para que Trump comience a retirar las tropas o solicite el permiso del Congreso para continuar las hostilidades. Sólo cabe pedir que no inflijan más daño a su propio pueblo y al conjunto de la humanidad.

El síndrome de Keops ataca a Trump

Luis Díez.

Estatua dorada y escenario para el gran líder belicoso y pacificador.

Las evidencias históricas demuestran que desde que dios se hizo hombre, muchos hombres han querido ser como dios. En nuestro tiempo, el actual presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, considerado el personaje más poderoso del planeta en términos bélicos, está prolongando la deriva mental de emperadores como Cesar o Napoleón, monarcas absolutos y capos criminales como Hitler, Mussolini y Franco (“Espada del altísimo”, lo nombró el arzobispo Gomá y Tomás), llegando a enfrentarse al representante del dios de los católicos en la Tierra, el Papa León XIV, defensor de la paz, la dignidad y los derechos humanos por excelencia, que en junio próximo visitará España invitado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el primer mandatario europeo en plantar cara a los belicosos Netanyahu y Trump.

Algunos especialistas han bautizado esa tendencia al endiosamiento como “síntoma o síndrome de Keops”, el faraón egipcio del 2.500 antes de Cristo que construyó la gran pirámide de Guiza y era creído y temido por el pueblo como sucesor de los dioses Horus y Osiris. Hay algo de ese síndrome de Keops en la demolición de un ala de la Casa Blanca para construir un gran salón de baile (con un refugio antiaéreo debajo) o en ese empeño de añadir su nombre al Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington y ese afán de poner también su nombre al aeropuerto internacional de Palm Beach, en Florida, donde el gobernador Ron De Santis, otrora adversario interno, no ha dudado en cultivar el ego del déspota. Más allá del gasto de cinco millones de euros para que el megalómano pueda leer su nombre orificado al aterrizar en West Palm Beach, el señor Santis ha facilitado la entrega a Eric Trump de un solar (un antiguo aparcamiento) en el centro de Miami para que su papá construya una biblioteca vertical, una torre con su nombre en lo alto, estatuas doradas de sí mismo dentro y a los lados del edificio y el avión Air Force One en desuso estacionado en la planta de entrada.

Torre de la futura biblioteca Trump en el centro de Miami.

A propósito de aviones, contaba Terry Castleman en Los Ángeles Times cómo un “avión del fin del mundo” había provocado la alarma al ser visto en Los Ángeles y unos días después en Fresno, en plena guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y Líbano. El avión cerca de Fresno era un Boeing E-6B Mercury que aparentemente realizaba ejercicios de aterrizaje. Tanto éste como el que causó revuelo al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de los Ángeles (un Boeing E-4B Nightwatch que transportaba al secretario de Defensa, Pete Hegseth, al sur de California como parte de su gira de un mes de duración denominada “Arsenal de la Libertad”) funcionan como centros de operaciones de emergencia del presidente de EEUU ante graves amenazas para la seguridad nacional como una guerra nuclear. De ahí su nombre.

La entrada a la Biblioteca trampista proyectada en Miami.

La penúltima expresión del síndrome de Keops atribuida a Trump no le va a la zaga a Napoleón Bonaparte y se trata de un arco de triunfo en Washington, similar al que el corso erigió en 1806 en los Campos Eliseos de París para conmemorar la victoria de sus tropas en Austerlitz (actual República Checa), sólo que más grande, más alto y con una gran escultura en lo alto. Aunque vale suponer que podría conmemorar la “gran victoria” de los bombardeos contra Irán, con solo 13 bajas en su Ejército, habrá que esperar la decisión del personaje. De lo que no hay duda es de la irritación de millones de católicos estadounidenses ante la burlesca ocurrencia del presidente de difundir su imagen imitando a Jesucristo, con túnica blanca, faja roja, bandera estadounidense alrededor, águilas calvas, aviones de combate y una bicho alado con cuernos en el cielo. El Trump-Jesucristo aparece curando a un enfermo.

El cómico Jon Stewart se reconoció en la bufonada de Trump sobre Jesucristo.

“¡Oh, Dios mío!”, exclamó el hombre enfermo, el actor cómico Jon Stewart, al reconocerse en la imagen reproducida por inteligencia artificial (IA). “No sabía que ya estábamos en esa situación. No me había dado cuenta de que mi aspecto había llegado a un punto lamentable”, confesó Stewart, que es un descreído de izquierda. “Me alegra que Jesús-Trump haya traído su oleo sanador”, confesaba antes de elogiar las limitaciones de la IA. “Es como si dijera: puedo darte fuegos artificiales y poderes curativos y puedo convertirte en Jesus, pero pesas lo que pesas. Tendrás que ser un Jesús gordo”, añadió Stewart. Puesto que la publicación se produjo después de los primeros ataques verbales del presidente contra el Papa, el actor remató: “Los comentarios de Trump sobre el Papa han ofendido a mucha gente cristiana. Pero no se preocupen, la cosa empeorará”.

Trump acusó al Pontífice de ser “indulgente con el crimen” y “terrible en política exterior”. En una extensa diatriba en su red Truth Social se despachó contra el líder católico nacido en Chicago diciendo: “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que piense que es terrible que Estados Unidos atacara a Venezuela, un país que enviaba enormes cantidades de drogas a Estados Unidos y, peor aún, que vaciaba sus cárceles, incluyendo asesinos, narcotraficantes y criminales, a nuestro país. Y no quiero un Papa que critique al Presidente de los Estados Unidos porque estoy haciendo exactamente para lo que fui elegido, por una aplastante mayoría: establecer cifras récord de delincuencia (sic) y crear el mejor mercado de valores de la historia”.

Las invectivas del matón de la Casa Blanca comenzaron después de que León XIV criticara la “idolatría del yo” y el “delirio de omnipotencia” presentes en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, que calificó de “atroz” antes de afirmar que Jesucristo no se puede usar para justificar ninguna guerra y de instar a los jefes de todos los bandos a deponer las armas. La exigencia de paz a un tipo que amenazaba con acabar con la civilización persa en una noche y al que el Papa no citó, enfureció al promotor de la Furia Épica, que no ha cesado de criticarle desde entonces. Sin embargo, el Papa insiste en la exigencia de la paz con palabras tan firmes como las que pronunció el jueves pasado en en el corazón de un Camerún asolado por las guerra: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”, dijo después de criticar a los dirigentes quederrochan millones de dólares en asesinatos y destrucción”. Como es sabido, Trump ha anunciado una petición de 1,5 billones de dólares para armamento y defensa el próximo año. En un mitin confesó el 1 de abril: “No podemos hacernos cargo del cuidado infantil. Estamos luchando guerras. No es posible que nos encarguemos de las guarderías, el Medicaid, el Medicare, todas estas cosas”.

Al margen de cuál sea el desenlace de una guerra ilegal y de oportunidad del dúo Trump-Netanyahu y de si Irán entrega finalmente a Rusia la media toneladas de uranio enriquecido que guarda bajo tierra para que EEUU desbloquee el tránsito por el Estrecho de Ormuz, cumpliendo la Carta de Naciones Unidas sobre el libre tránsito marítimo, el comportamiento imprevisible y los comentarios extremos de presidente norteamericano han acelerado la discusión sobre si es errático o si tiene problemas de salud más serios. Así lo señalaba el 14 de abril el New York Times. El gobernador de Illinois, JB Pritzker, ha invocado la vigésimoquinta enmienda para revocarlo por incapacidad. “Un loco transtornado no puede tener el control”. Pero no se trata solo de una inquietud expresada por dirigentes del Partido Demócrata, comediantes de televisión y profesionales de la salud mental que hacen diagnósticos a distancia. Ahora, también puede escucharse de generales retirados, diplomáticos y funcionarios extranjeros. Y, lo que es más sorprendente, puede oírse incluso en la derecha, entre antiguos aliados del presidente.

Portavoz muestra el Arco de Triunfo trumpista

Mark Twain contra los monstruos de la guerra

Luis Díez

Cuando aparecen sobre la superficie terrestre los monstruos despiadados y poderosos que conocemos por televisión y por la muerte, el sufrimiento y el daño que acarrean a la humanidad –caso del matón de la Casa Blanca, Donald Trump, y su compadre el genocida de Gaza y Líbano, Benjamín Netanyahu, junto al ruso con cara de víbora, Vladímir Putin–, tiendo a invocar a Samuel Langhorne Clemens: el gran Mark Twain. El nació el 30 de noviembre de 1835 durante una de las visitas a la Tierra del cometa Halley y predijo que se iría con él. Acertó. Murió 74 años después, coincidiendo con la siguiente visita del cometa.

Mark Twain fue muchas cosas, pero sobre todo demostró talento, humor y sabiduría como escritor. Alguien como William Faulkner, premio Nobel de Literatura, con enorme influencia incluso sobre los hispanos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, dijo que Twain “es el padre de la literatura estadounidense”. Es probable que acertara. Desde la pequeña localidad de Florida, en Musuri (EEUU), donde sus padres John y Jane le trajeron al mundo, se trasladó a Annibal, en la ribera del Misisipi, donde pasó su niñez, perdió a su padre, dejó la escuela con once años y empezó a trabajar de aprendiz en una imprenta.

Ya convertido en tipógrafo, a los quince años empezó a publicar artículos humorísticos y relatos de viajes en el Annibal Journal, periódico que editaba su hermano mayor, Orion, al que poco después acompañó a Iowa, donde había comprado parte del Journal de Muscatine. Con 18 años Twain escribía relatos de viaje mientras rulaba como impresor itinerante por Nueva York, Filadelfia, San Luis, Cincinnati…

Cansado de recorrer aquel mundo, a los 22 años regresó a Annibal, en Misuri, donde se conserva su casa-museo y muchas cosas llevan su nombre, incluido el puente sobre la autopista 72 que une Misuri e Ilinois sobre el Misisipi y un faro a su memoria.

Después, durante un viaje río abajo hacia Nueva Orleans en un riverboat (vapor con ruedas de palas) conoció al piloto Horace Bixby y decidió seguir sus pasos. Estudio las técnicas de navegación fluvial por el Misisipi, adquirió conocimientos detallados sobre las corrientes del cambiante río, los puertos, los cientos de embarcaderos y cuantos detalles sobresalientes debía de conocer sobre el inmenso río de tres mil kilómetros. Al cabo de dos años obtuvo la licencia de piloto fluvial.

Pero pasaron muchas cosas y pocas buenas. La más dura fue la muerte de su hermano Henry. Mark le convenció para que trabajase con él vapor Pennsylvania y lo más triste fue que un mes antes de que muriera a consecuencia del estallido de la caldera del barco, él había tenido un sueño realista con la premonición de que ocurriría eso. Samuel, que entonces todavía no era conocido como Mark Twain, se sintió culpable el resto de su vida.

En este punto alguien puede suponer que la invocación del autor de Las aventuras de Tom Sawyer se debe al deseo de que nos transmita su pronóstico sobre cuándo van a desaparecer de la faz de la Tierra los canallas de la guerra. No es eso. Aunque a raíz de la amarga experiencia con su hermano, Twain se interesó por la parapsicología, no encontró métodos fiables de transmisión psicológica de fallecidos hace más de un siglo a vivos de ahora. Y por otra parte nunca se creyó infalible en sus premoniciones.

En cambio, el autor de Las aventuras de Huckleberry Finn, nos transmitió por escrito, que era la forma más sencilla de transferir información del pasado al futuro, un relato estupendo y cargado de sencillez para liquidar la guerra, todas las guerras. Samuel –para entonces ya había adoptado como seudónimo la expresión mark twain o marca dos, en referencia a las dos brazas (3,6 metros) de calado mínimo para una navegación segura de los riverboats– proponía dejar un niño de pecho al cuidado de un general para que comprobásemos cómo le daba tanta guerra que lo acababa derrotando. Y a continuación, añadía un brindis por los lactantes.

Creo que el cuento se titulaba Discurso a los lactantes o algo por el estilo y venía empaquetado junto con otros en un volumen con el título de alguno de los relatos, quizá El hombre que corrompió a una ciudad o La célebre rana saltadora del distrito de Calaveras. El editor sabrá. La conclusión sugerida –que no explícita– del gran Twain que combinaba la sátira, la crítica social y el pensamiento sencillo es bien clara: para acabar con las guerras hemos de dar niños de pecho a los comandantes jefes para que se ocupen de ellos.

En el caso del forajido fascista de la Casa Blanca con el cerebro deforme por la telerrealidad de la que también salieron otros miembros de su gabinete como el secretario de Transportes Sean Duffy, el segundo secretario de Seguridad Nacional, señor Mullin, sustituto de la aspirante a estrella de reality shows Kristi Noem, sin olvidar al excomentarista “político” de Fox News y actual secretario de Guerra, Peter Brian Hegseth, se podría considerar la excepción de que el niño fuera algo mayor para que el abuelo se entretuviera con él disparando en la Nintendo a monstruos como el inquilino de Jerusalén Balfou Street.

Los perdedores de la guerra de Trump y Netanyahu

Luis Díez

Por si fuera poco el daño humano y material que los criminales de guerra Trump y Netanyahu están causando en Irán y Líbano, sus 21 días de bombardeos ya dejan a millones de perdedores en el frente económico. Somos cientos de miles de trabajadores, clase media laboral, funcionarios, especialistas, técnicos, aprendices, estudiantes, gente de mediado pasar y, a mayor desgracia, personas en el límite de la subsistencia. La carestía nos golpea y convierte la vida en una lucha sin cuartel contra un ejército de fantasmas. Como decía Blas de Otero, “vivir se ha puesto al rojo vivo”.

El cierre del pasillo del petróleo por el estrecho de Ormuz ha provocado un incremento del precio de los carburantes del 40%. El bombardeo por parte de Israel del yacimiento de gas más grande del mundo, conocido como South Pars y administrado por Irán y Qatar en el Golfo Pérsico, ha duplicado de la noche a la mañana el precio del gas licuado. El incremento del precio de los carburantes y de la energía afecta a toda la cadena productiva y al transporte de tal forma que los cálculos más optimistas ya sitúan la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios en un 10%.

Los estadounidenses pagaban la gasolina a finales de febrero a 2,90 dólares por galón (3,78 litros), y en dos semanas de guerra el precio había subido a 3,70 dólares, según la Administración de Información Energética. En el caso del gasóleo el precio es más alto. Es el mayor aumento en menos tiempo de los últimos 30 años, superior al registrado al comienzo de la guerra en Ucrania en 2022 y a los asociados a la recesión de 2008 y los recortes de extracción de la OPEP. Es todo lo que tienen que agradecer al matón que colocaron en la Casa Blanca. También ellos están perdiendo la guerra.

Los chinos, muy dependientes de los suministros de crudo desde el Golfo, ya funcionan con la consigna de consumir menos energía fósil, moverse poco, tele-trabajar y darle al pedal. Eso no quita para que toda su producción agraria y fabril sea más cara y tengan que volver al carbón, con el consiguiente daño añadido a la atmósfera. De hecho, la descarbonización ha quedado paralizada en gran parte de Asia Oriental. La atmósfera terrestre es también perdedora de la guerra. ¿Qué miérda respirarán nuestros hijos?

En términos globales sólo Rusia está ganando la guerra en el frente económico. Aunque la Unión Europea (EA) mantiene el embargo al petroleo y el gas del putinato, el bloqueo del estrecho de Ormuz le permite aportar más suministros a más clientes en el resto del mundo. Los europeos, principales paganos de los efectos de la guerra de Ucrania, sufrimos un mayor impacto del precio de los carburantes que los propios estadounidenses, productores de petroleo. La UE es perdedora neta de esta guerra.

España y otros países están adoptando medidas como la reducción del IVA y otros impuestos a los carburantes para ayudar a los ciudadanos (productores y consumidores) frente a la carestía. La Tarifa de Último Recurso (TUR) de gas natural, diseñada para proteger a los consumidores de menos de 50.000 kWh/año, se ha demostrado una solución aceptable para viviendas con calefacción y agua caliente de gas.

Los bonos sociales para combatir la carestía eléctrica y otras medidas acordadas el viernes por el Gobierno del socialista Pedro Sánchez y que convalidará el Parlamento (si la derecha no se desdice) tratan de atemperar la nueva crisis provocada por el matón de la Casa Blanca y su amigante el genocida de Balfour Street en Jerusalén. Por cierto que en la tercera semana de su despiadada guerra ilegal se han registrado diferencias entre los dos monstruos.

El señor Trump, que tanto disfruta con la producción y difusión de videos en los que presenta los bombazos y la destrucción de vidas e infraestructuras en Teherán y otras ciudades de Irán como si fueran un juego, ha salido a la palestra a reprender al israelí Netanyahu por atacar las plantas de extracción del yacimiento de gas de South Pars, compartido por Qatar e Irán en el Golfo Pérsico.

A última hora del miércoles, 18 de marzo, el señor Trump publicó en redes sociales que “Estados Unidos (o sea, él) no sabía nada sobre este ataque en particular”. Pero ante el temor a ser desmentido, al día siguiente cambió de rumbo y dio a entender a los periodistas en la Casa Blanca que había hablado con Netanyahu. “Le dije que no hiciera eso”, aseguró antes de añadir: “Somos independientes. Nos llevamos de maravilla. Es algo coordinado”.

Funcionarios israelíes confirmaron que Trump había sido informado antes del ataque. Luego Netanyahu intentó desvincular a EEUU de la operación, consciente de que Qatar es aliado de los estadounidenses y no fue informado de lo que iba a suceder. Horas después del ataque israelí contra South Pars, las instalaciones de gas natural en Qatar fueron atacadas. El emirato culpó a Irán y pidió la desescalada. Un portavoz militar iraní dijo que era la respuesta al bombardeo de South Pars y que se habían limitado a atacar instalaciones energéticas “consideradas parte de los intereses de Estados Unidos”.

En contraste con ese bombardeo a South Pars que ha disparado los precios mundiales del petróleo y el gas –estamos hablando del yacimiento de gas más grande del mundo y del emirato de Qatar como tercer exportador mundial de gas natural licuado–, el señor Trump se abstuvo de dañar la infraestructura petrolera de la isla iraní de Kharg durante su ataque de hace diez días. Dijo entonces que había respetado las instalaciones del mayor centro exportador de petróleo iraní “por razones de decencia”.

Aunque resulta paradójico el término “decencia” en boca de un tipo que el primer día de su guerra mató con un misil guiado Tomahawk de un millón de dólares a 168 niñas, niños menores de doce años y profesores en la escuela en Minab (Irán) y luego atribuyó el bombazo a los iraníes, y, más tarde, afirmó que “no sabía nada”, queda clara la escala de valores del monstruo criminal: primero los bienes y valores (petróleo y gas en este caso) y después la gente, que es la “materia prima” más barata y abundante que hay.

Sólo en la primera semana de guerra, hasta el 6 de marzo, la Agencia de Noticias de Derechos Humanos (HRANA), documentó la muerte de 1.114 civiles iraníes, incluidos 183 niños. La cifra de muertos se acerca ya a las cuatro mil personas. Los desplazados –esos que de pronto el jefe del PP español, señor Núñez Feijóo, teme que lleguen como enmigrantes y se hagan terroristas– supera los tres millones. Ellos son los grandes perdedores de la guerra. Y con ellos, los más de mil muertos y 20.000 heridos y el millón de desplazados en un Líbano atormentado por los bombardeos e incursiones del ejército israelí.

La semana pasada, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, explicaba en Al Jazeera que esta guerra ponía a EEUU al servicio de Israel y confiaba en que la población estadounidense y los países de la región elevaran la voz para pararla. El descontento ante el daño a la exportación de petróleo que la guerra de Trump y Netanyahu está provocando, comienza a apreciarse entre los jeques del Golfo Pérsico.

“¿Cómo es posible que a ellos (Irán) se les permita vender, mientras a nosotros se nos prohíbe hacerlo?”, preguntaba miércoles el comentarista Nadim Koteich, cercano al gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. “Alguien está pagando las consecuencias” de las interrupciones de suministros causadas por la guerra, “y ese alguien somos nosotros”, concluía.

El matón de la Casa Blanca acusa ese descontento que muy pocos medios de comunicación se atreven a reflejar (en EEUU están amenazados con la retirada de licencias) y vuelve a apelar a los aliados de la OTAN para que escolten a los petroleros. El viernes los tachó de “cobardes” y volvió a amenazar a España con retirarse de Rota y Morón.

Sin embargo, ningún punto del tratado de la Alianza Atlántica obliga a defender a quien, como EEUU, no ha sido atacado, ni tampoco a respaldarle como atacante, creador del caos, violador del derecho internacional y promotor de la ley de la fuerza frente a la fuerza de la ley, el diálogo, la paz y la civilización. Por cierto que a ese señor que insulta y mata, la señora Díaz Ayuso le ha otorgado la medalla de honor de la Comunidad de Madrid en nombre de los madrileños. ¿Por qué?

Trump y Netanyahu abren las puertas del infierno

Luis Díez.

Así quedó el Alcazar presidencial en Teherán, tras ser bombardeado el sábado. Murieron el ayatola Jamenei y más de cuarenta altos cargos del régimen teocrático iraní.

Conviene no olvidar quien empezó esta guerra. Donald Trump y su amigo Benjamín Netanyahu, un tipo acusado de genocidio contra el pueblo palestino, abrieron el sábado, 28 de febrero, las puertas del infierno al atacar con misiles y aviones la capital de Irán y otros supuestos objetivos militares en varias ciudades de este inmenso país de cien millones de habitantes. El duo belicoso inició así una guerra ilegal, criminal y perjudicial para el conjunto de la humanidad, sin que el régimen iraní –la cruel teocracia de los ayatolas que masacra a su propio pueblo–, amenazase la seguridad y los intereses de los atacantes. Por el contrario, Irán negociaba en Ginebra con los representantes de EEUU los límites de su programa nuclear.

Ahora, cuatro días después, Trump y Netanyahu ya han matado a más de mil iraníes. Siguiendo con la secuencia, el presidente de EEUU y el primer ministro de Israel se apuntaron el “éxito” inicial de sus operaciones Furia Épica y Rugido del León, respectivamente, pues su lluvia de misiles guiados pulverizó con treinta bombazos el complejo amurallado o Alcázar presidencial en la zona noble de Teherán, matando a la primera autoridad religiosa, política y militar del país, el ayatola Alí Jamenei y a su esposa.

El líder chiita, considerado una auténtica bestia parda por los judíos de Israel, llevaba mucho tiempo bajo la lupa de los espías israelíes y cometió el error de convocar una reunión de altos funcionarios, incluidos los negociadores de Ginebra, en el Alcazar presidencial, adelantando el zafarrancho de combate. Murieron cuarenta y ocho, entre ellos, el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour, y el ministro de Defensa, Amari Nasirzadeh, a quien ya habían dado por muerto en los bombardeos de EEUU contra el programa nuclear iraní en junio pasado.

Ni que decir tiene que el campanudo Trump se reservó el anuncio de que habían liquidado al ayatola Jamanei. Un gran éxito. El domingo compareció eufórico en varias televisoras de su país. “Nuestros ataques han eliminado a 48 líderes del régimen teocrático”, dijo a Jacqui Heinrich, de Fox News. “La operación está avanzando, avanza rápidamente. Nadie puede creer el éxito que estamos teniendo”, añadió. En la CNBC reiteró su satisfacción porque la operación en Irán “avanza muy bien, muy bien, antes de lo previsto”. Trump recordó que estamos ante “un régimen muy violento, uno de los más violentos de la historia” y le dijo al presentador Joe Kernen: “Estamos haciendo nuestro trabajo no solo por nosotros, sino por el mundo”.

El matón de la Casa Blanca no tuvo una palabra de condolencia hacia las familias de las 180 niñas, maestras y cuidadoras asesinadas por el bombardeo de su escuela en la ciudad de Minab, al sur del Irán. El primer saldo que publicó la Media Luna Roja hablaba de “más de doscientos muertos” civiles. Hoy superan el millar de personas. Y Trump y Netanyahu se proponen seguir bombardeando Irán durante “al menos cuatro o cinco semanas”, según dijo el martes el matón de la Casa Blanca. Su afirmación inicial de que “hacemos nuestro trabajo por (el bien) del mundo”, es rigurosamente falsa. Nadie, salvo Netanyahu, le había pedido la intervención militar contra Irán.

El relato de Trump para justificar su decisión de iniciar la guerra contra Irán con el despliegue de su “hermosa armada” en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo Oriental (50.000 soldados, 200 aviones, 2 portaaviones…, la mayor demostración de fuerza desde la guerra de Irak en 2003) convierte en mentira su promesa al pueblo estadounidense de no ir a la guerra en el extranjero. Como recordaba el corresponsal de Le Monde en Washinton, Piotr Smolar, “Trump basó su carrera política en el rechazo a las costosas e interminables aventuras militares en el extranjero y acaba de sumir a Estados Unidos y Oriente Medio en el caos”.

Portaviones de EEUU en pleno zafarrancho de bombardeo a Irán con cazabombardeos F-18E

Los ataques de Trump y Netanyahu contra Irán vulneran la legalidad internacional. Antes de que lo denunciara el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y otros mandatarios europeos, lo destacaron varios representantes políticos en EEUU. En Reino Unido, cuyo primer ministro negó permiso para utilizar la isla de Diego García como punto de apoyo aeronaval en el Índico a esta contienda, el analista del Guardian Julián Borger destacó que Trump “viola la carta de la ONU apenas diez días después de iniciar su era en la Junta de la Paz”. El 19 de febrero organizó la reunión inaugural de su Junta de Paz, a la que asistieron representantes de 27 estados dispares, en su mayoría autocracias, y el 28 del mismo mes olvidó los elogios que le dispensaron como “gran pacificador” y comenzó la primera guerra de la era de la Junta de Paz.

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, condenó la “escalada militar en Oriente Próximo”, tanto por el “uso de la fuerza por parte de EE UU e Israel contra Irán” como por la “represalia subsiguiente de Irán en toda la región”, puesto que ambas cosas “socavan la paz y la seguridad internacionales”. Pidió el “cese inmediato” de las hostilidades y que “todos los Estados miembros de la ONU respeten sus obligaciones en el marco de la legalidad internacional” y recordó que “la Carta de Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial y la independencia de cualquier Estado”.

La Unión Europea (UE) exigió el “pleno respeto del derecho internacional” a EEUU e Israel en un comunicado conjunto emitido por sus dos máximas autoridades, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. En un texto que no citó a los atacantes, instó a todas las partes a que ejerzan la máxima moderación, protejan a los civiles y a respetar las normas de la comunidad internacional. “Reafirmamos nuestro firme compromiso de salvaguardar la seguridad y la estabilidad regionales, garantizar la seguridad nuclear y prevenir cualquier acción que pueda intensificar aún más las tensiones o socavar el régimen mundial de no proliferación”. La alta representante Kaja Kallas recordó que la UE ha adoptado “fuertes sanciones” contra Irán.

Aparte las múltiples manifestaciones de rechazo al ataque y las advertencias a Irán para que no extienda el conflicto, atacando a su vez a otros países de la zona como está haciendo con misiles y drones contra las ciudades de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, y Arabia Saudita en el Golfo Pérsico, la acción militar unilateral de Netanyahu y Trump ha puesto en riesgo la vida de decenas de miles de ciudadanos, entre los que se cuentan más de 30.000 españoles. La Gaceta del Golfo, único periódico en castellano en los Emiratos publicó todas las advertencias de las embajadas españolas a nuestros connacionales, muchos de ellos afectados por el cierre del espacio aéreo.

Proyectiles a bordo de uno de los dos portaviones enviados por Trump a bombardear Irán

En Ras al Jaima, Dubai y Abu Dabi residen y trabajan unos 7.000 españoles, incluido Juan Carlos I de Borbón, que no trabaja porque está jubilado. En Qatar, Kuwait y Arabia Saudita se cuentan más de tres mil residentes españoles, en Israel unos 7.500. A ellos se han de añadir varios cientos en Palestina, Líbano y el propio Irán junto con los mil soldados españoles desplegados como cascos azules de la ONU entre Líbano e Israel. A nadie puede extrañar que tras los primeros bombazos, el presidente Sánchez saliera a la palestra exigiendo “la desescalada inmediata y el pleno respeto al derecho internacional”. Sánchez fue claro: “Rechazamos la acción militar unilateral de EEUU e Israel, que supone una escalada y contribuye a un orden internacional más incierto y hostil. Rechazamos igualmente las acciones del régimen iraní y de la Guardia Revolucionaria. No podemos permitirnos otra guerra prolongada y devastadora en Oriente Medio”, escribió.

La respuesta de Irán tratando de incendiar el Golfo Pérsico, anunciando el cierre del Estrecho de Ormuz –por el que sale el 20% del petroleo que se consume en el mundo– y lanzando misiles no solo contra Tel Aviv y otras ciudades israelíes, sino contra Chipre, país de la UE, donde Reino Unido posee un aeródromo y una pequeña colonia en el molar sur de Akrotiri, motivaron la consiguiente advertencia común de Reino Unidos, Francia y Alemania a los jefes militares de Irán. Y lo más importante es que dieron la oportunidad al presidente francés, Emmanuel Macrón, de ofrecer su fuerza nuclear, reforzada en un futuro, al conjunto de países europeos, habida cuenta de la deriva belicosa del presidente de EEUU, sin contar con los aliados de la OTAN y poniendo en riego sus intereses de todo tipo.

Macrón no dudó en acudir el lunes a la base secreta de submarinos nucleares (Marina de Ile Longue en Crozon) y realizar su oferta de cobertura nuclear al conjunto de los países europeos. Lo hizo en una comparecencia delante del submarino nuclear Le Temeraire. El presidente francés apuesta por una estrategia de disuasión nuclear estrechamente ligada a sus socios europeos, con una coordinación sin precedentes sobre cualquier decisión de ataque. Dijo que este planteamiento es crucial para la autonomía estratégica del continente y citó algunos países con los que ha iniciado conversaciones, entre ellos, Reino Unido, Alemania y Dinamarca.

Los gazatíes siguen alli. Y los están matando

Luis Díez.

Antes de fin de año me llega carta de Raquel Martí, directora en España la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, la UNRWA. Me cuenta que la situación en la Franja de Gaza sigue siendo muy dura. Sus compañeros sobre el terreno la califican de “insostenible”. A la precariedad de las tiendas de campaña, único refugio de cientos de miles de gazatíes cuyas casas fueron destruidas por el ejército de Israel, se añade la meteorología adversa desde mediados de diciembre. Las lluvias torrenciales, las heladas, el frío y el fuerte viento quebrantan todavía más la salud de los niños y de la pobre gente mal alimentada y sin los medios necesarios para afrontar la especial dureza de este invierno.

Raquel tiene razón cuando dice que la atención informativa a lo que está ocurriendo en Gaza ha caído en picado desde el acuerdo de alto el fuego alcanzado el 10 de octubre. Pero la prensa digital de la Franja y las grandes agencias siguen informando sobre la penuria y las calamidades de los palestinos. Un despacho de Waffa Shurafa para Associated Press cuenta desde Deir Al-Balah que las lluvias que anegaron los campamentos provocaron también el derrumbe de edificios dañados por la guerra y dejaron al menos 22 muertos, entre los que se incluye un bebé de dos semanas. Aunque los trabajadores de emergencias piden a la gente que no se aloje en los edificios dañados, gran parte del territorio ha sido reducido a escombros. Ya en julio pasado el Centro de Satélites de la ONU verificó que el 80% de los edificios en Gaza habían sido dañados o destruidos por las bombas de Israel.

Los grupos de ayuda dicen que, a pesar de dos meses de alto el fuego, no ha llegado suficiente material de refugio a Gaza para ayudar a los palestinos a enfrentar el invierno. Las cifras del ejército israelí publicadas recientemente sugieren que no se ha cumplido con la estipulación del alto el fuego de permitir la entrada de 600 camiones de ayuda a Gaza al día, aunque el gobierno lo niega. La gran mayoría de los dos millones de personas en Gaza han sido desplazadas y sobreviven en vastos campamentos que se extienden a lo largo de la costa y entre los cascos de los edificios dañados.

Según el organismo israelí encargado de coordinar la ayuda han entrado en Gaza unas 270.000 tiendas de campaña en los últimos meses, así como artículos de invierno, equipos de refugio y suministros de saneamiento. Pero algunos grupos de ayuda como Shelter Cluster, una coalición internacional de proveedores liderada por el Consejo Noruego para los Refugiados, afirmaba hace una semana que solo habían entrado 68.000 tiendas a través de la ONU y de las organizaciones no gubernamentales y los países. Lo cierto es que, según cuenta Raquel, los casi dos millones de desplazados están sufriendo un invierno durísimo en refugios abarrotados, tiendas de campaña y a la intemperie. Y necesitan ayuda de todo tipo, desde comida y agua potable a medicinas, mantas y tiendas de campaña para el frío.

La directora de UNRWA España, que planteó el reto de lograr que 530 personas se unan a la organización solidaria antes del 31 de diciembre, añadía en su carta: “Aunque ya no aparezca en los medios, aunque muchos países miren hacia otro lado, los gazatíes siguen allí. Y los están matando”.

Desde que entró en vigor el alto el fuego, el gobierno del genocida Benjamín Netanyahu afirma que sus militares solo han atacado a militantes de Hamas. ¿Entonces ese promedio de dos niños asesinados cada día por las bombas y balazos de los soldados israelíes desde el alto el fuego del 10 de octubre es una invención de los representantes de la Agencia humanitaria de la ONU que trabaja sobre el terreno? ¿O es que en la Franja hasta los niños de pecho son de Hamas? Raquel me dice en su carta: “Luis, cada día dos niños mueren asesinados desde que se declaró el alto el fuego. ¿Era esta la paz que anunciaron? Lo que Israel sigue haciendo en Gaza es insoportable y atroz”.

Bilal Shbair informaba desde la Franja para el New York Times cómo Maysaa al-Attar, estudiante de farmacia de 30 años, murió por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Recibió un disparo en el abdomen mientras dormía en la tienda de campaña de sus padres en el noroeste de Gaza. A finales de octubre habían montado la tienda sobre las ruinas de la casa familiar. A Ali al-Hashash, de 32 años, lo mataron el 6 de noviembre a las ocho de la mañana mientras buscaba leña al este de la Línea Amarilla para calentar y cocinar para su esposa embarazada, que daría a luz en pocos días, y su hijo de 4 años. Según su padre, Hasan al-Hashash, no había gas en el campo de refugiados de Bureij donde vivían. El riesgo añadido por la llegada del frío le costó una mano el 18 de diciembre a Saeed al-Awawda, de 66 años, amigo del al-Hashash. Recibió un disparo mientras recogía leña. Los casos se suceden cada día.

La muerte puede venir por cruzar la Línea Amarilla, que es la frontera mal demarcada entre el este de Gaza, donde se ha atrincherado el ejército israelí, y la mitad occidental, donde Hamás intenta restablecer el control sobre los gazatíes. Los jefes militares israelíes aseguran que no disparan a personas desarmadas, lo cual es falso, y que si los palestinos no obedecen sus indicaciones, tienen orden de disparar al suelo como advertencia. Pero puede ocurrir, como sucedió en Nuseirat el 29 de octubre, que la muerte se produzca por parentesco, por ser padre, madre, hermano, hijo, primo… de algún supuesto activista de Hamas identificado por los israelíes y entonces, como le ocurrió a la familia Abu Dalal, ataquen con misiles durante la noche y destruyan sus hogares, dejando un saldo de 18 muertos, incluidos dos niños de tres años.

“Si la tregua lleva poco más de dos meses ¿por qué han muerto cientos de gazaties?”, se preguntaba el Times la noche de Navidad. Las autoridades palestinas han contabilizado 406 personas asesinadas por fuego israelí desde el 10 de octubre. 157 eran niños.

Termina un año de mucho sufrimiento para los palestinos. Un año en el que miles de españoles denunciaron las masacres en Gaza del único modo que podían: interrumpiendo etapas aquí y allá de la Vuelta Ciclista para que el equipo israelí del millonario Sylvan Adams, amigo y valedor del criminal Netanyahu, no pasara ni pisara las calles de nuestras ciudades. Ese equipo no se retiró, pero la Vuelta no llegó a la meta, en Madrid. La decencia cívica y el rechazo a la guerra que desde el primer momento encabezó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hicieron que millones de españoles nos sintiéramos orgullosos. Y a la poste, con Francia, Reino Unido, Canadá y otros grandes países, secundando la iniciativa española de reconocer al Estado de Palestina, y dejando en evidencia al narcisista Trump y al fatídico Netanyahu ante la Asamblea General de Naciones Unidas, se consiguió parar el genocidio y la expulsión de los gazatíes de su tierra. Pero hemos de perseverar para que no les sigan matando.

USA-Venezuela o la vida bajo amenaza

Luis Díez.

Vivir bajo amenaza es una gran putada. Sin un medidor de angustia resulta imposible saber cómo se sienten los supervivientes del genocidio en la Franja de Gaza, todavía tiroteados y asesinados por el ejército israelí. Ese medidor serviría también para cifrar la inquietud de los ucranianos de Kief, Jarkov, Donest, Odesa y otras ciudades a tiro de misil del ejército ruso desde hace más de tres años. Los canallas Netanyahu y Putin no paran de hacer daño. El corrupto Trump, cómplice del primero y beneficiado por el segundo, parece ahora empeñado en entablar su propia guerra (no sólo arancelaria) contra la Venezuela de Maduro para acabar con el régimen bolivariano y apoderarse del petroleo y los recursos naturales de ese inmenso y rico país.

Los venezolanos de la diáspora en Estados Unidos (EEUU) y en la propia Venezuela están siendo castigados por Trump a desvivir bajo amenaza. A falta de ese medidor del sufrimiento humano resulta difícil comparar la inquietud y el miedo de los que pudieron emigrar a EEUU y temen ser detenidos, encarcelados, separados de sus hijos y expulsados sin piedad, con la angustia de los que en Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maracay… temen ser bombardeados al amanecer.

En Caracas llueve mentiras. El gobierno de Trump llevaba 82 asesinados con misiles guiados contra 21 embarcaciones (lanchas con motores) hasta el viernes, 5 de diciembre. Trump y sus subordinados sostienen que esas lanchas eran operadas por narcoterroristas miembros de cárteles que transportaban drogas letales a EEUU.

Si, “narcoterroristas” como el pescador Robert Sánchez, 42 años, padre de cuatro hijos. Los cien euros al mes que ganaba con la pesca apenas llegaban para dar de comer a sus hijos. “Narcoterroritas” como Juan Carlos “El Guaramero” Fuentes, conductor de un autobús de transporte público que pasaba por una situación apurada, pues al averiarse el autobús había quedado en paro hasta el gobierno tuviera a bien arreglarlo. En paro y sin sueldo, ya que los conductores de autobús cobran una parte de la tarifa que pagan los viajeros. “Narcoterroristas” como Dushak Milovcic, de 24 años, antiguo alumno de la Academia de la Guardia Nacional de Venezuela. O como Luis “Che” Martínez, un tipo corpulento, de 60 años, que había sido pescador hasta que descubrió que ganaba más dinero con el tráfico de personas y el contrabando. Fue encarcelado en 2020 tras un naufragio en el que murieron dos de sus hijos y una nieta junto con otras veinte personas. O como otros lugareños que se jugaron la vida y la perdieron por 500 euros.

Si los espías de la CIA infiltrados en Venezuela para, según Trump, “combatir el narcotráfico”, hubieran preguntado en las pueblos de pescadores de la costa Guaira, el portavoz jefe del Pentágono, Sean Parnell, no seguiría diciendo que “nuestra inteligencia confirmó que los individuos involucrados eran narcoterroristas”. Su “inteligencia” es una mierda y miente lo mismo que hizo antes de la ocupación de Iraq. Ahora llaman “narcoterroristas” a unos simples contrabandistas y apelan al tráfico de drogas como justificación de un cambio de régimen manu militari en Venezuela.

Los periódicos con mayor credibilidad y difusión en EEUU aseguran que Venezuela solo desempeña un pequeño papel en el tráfico de drogas en América, Se basan en expertos y evaluaciones del propio gobierno estadounidense para informar de que la mayor parte de la cocaína producida en Colombia que pasa por Venezuela va hacia Europa. La cocaína colombiana que se dirige a Estados Unidos se exporta a través del océano Pacífico. Y las agencias estadounidenses han determinado que el fentanilo que tanto preocupa al matón de la Casa Blanca se produce casi en su totalidad en México, no en Venezuela, con productos químicos importados de China.

Mientras sigue lloviendo mentiras, la gente se pregunta angustiada si esa acumulación de fuerza militar ordenada por Trump en el Caribe, como no ocurría desde la crisis de los misiles frente a Cuba, será el preludio de una invasión en Venezuela o solo una estratagema para obligar al presidente Nicolás Maduro a abandonar el poder. Es sabido que el secretario de Estado Marco Rubio encabeza en la Casa Blanca la línea dura para derrocar al autócrata izquierdista al que EEUU no reconoce como presidente elegido de Venezuela y acusa de dirigir la organización “narcoterrorista” el Cártel de los Soles al tiempo que ofrece 50 millones de dólares por su cabeza.

Cómo ya se habrán percatado los espías de la CIA, el famoso Cártel de los Soles no existe. Fue una invención, un término peyorativo inventado en los años noventa del siglo pasado para referirse a mandos militares que aceptaban dinero del narco. Puesto que en vez de estrellas, los oficiales venezolanos lucen soles en la pechera, la prensa recogió la expresión popular y acuñó la etiqueta propiamente dicha. “Es como si Donald Trump clasificara el ‘Estado profundo’ como una pandilla criminal”, dice el analista Phil Gunson.

Se desconoce el contenido de la última conversación telefónica entre Trump y Maduro, pero no parece que el venezolano renuncie al poder y desaparezca, como querría el corrupto fanfarrón de Washington. El otro día, Gunson decía al New York Times: “Tengo la sensación de que, básicamente, han creado esta guerra falsa y han llegado tan lejos que ahora tienen que hacer una guerra de verdad”.

Cabe suponer que los agentes de la CIA lean la prensa de Caracas y a estas alturas sepan que “el dictador Maduro y su coro de generales”, como titulaba en El Nacional el comentarista Miguel Henrique Otero el pasado 25 de noviembre, mandan sobre unas fuerzas armadas “corroídas y corruptas” en las que se cuentan por miles los oficiales de menor rango que tienen segundos y hasta terceros empleos para sobrevivir, cuando no se dedican a distintas prácticas delictivas, especialmente la extorsión a comerciantes y trabajadores informales.

Henrique Otero pintaba un paisaje desolador: “Los equipos y armas se oxidan y se vuelven inservibles por falta de mantenimiento; el hambre y las enfermedades castigan a los cuarteles; hay 10 o 12 veces más generales que el promedio de América Latina debido a la grotesca facilidad con la que inflan las cifras de soldados y ocultan las deserciones; hablan de unas fuerzas armadas numerosas, sólidas, cohesionadas y debidamente entrenadas, cuando lo que hay es una organización que no alcanza a los 70.000 hombres, más de la mitad en funciones en la administración pública, en su mayoría desarmados (por temor a que esas armas sean usadas contra la dictadura) y en condiciones precarias”.

Con este panorama y esos uniformados hartos de salarios miserables, arbitrariedades, cuarteles en la ruina, corrupción rampante, contrabando, coimas, enchufes, privilegios, arbitrariedad, ilegalidad y colaboración con narcoguerrilleros colombianos –siempre según los comentarios del columnista mencionado–, resulta tentador suponer que la invasión del país sería un paseo militar para los marines estadounidenses desplegados en el Caribe. De hecho Trump declaró cerrado el espacio aéreo venezolano hace ya diez días. El martes pasado pidió a sus compatriotas que abandonen Venezuela, si bien, el jueves envió a Caracas dos aviones civiles llenos de deportados.

Pero mientras Rubio y los halcones del Pentágono encabezados por el lamentable secretario de Defensa Pete Hegseth, quien dio la orden de no dejar a un lanchero vivo, apuestan por la invasión, otros miembros del equipo de Trump parecen más interesados ​​en asegurar el acceso a la riqueza petrolera de Venezuela e impedir que China y Rusia se beneficien de ella. De hecho, el Tesoro de EEUU ha autorizado la entrada de al menos dos grandes petroleros con crudo venezolano desde que a finales de agosto comenzó el despliegue militar en el Caribe. El mismo poder presidencial de Washington que decretó en su día el bloqueo a Venezuela y ahora comete crímenes destruyendo lanchas con misiles en lo que considera “una guerra contra los terroristas que quieren matar a ciudadanos estadounidenses con drogas”, permite al mismo tiempo a su petrolera Chevron reanudar las perforaciones en Venezuela.

Aunque llueva mentiras no vale engañarse. Lo que Washington quiere son las reservas petroleras de Venezuela, las mayores del mundo conocidas hasta el momento. El propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, decía hace una semana en Fox News que “si ocurre algo en Venezuela podríamos ver bajar el precio del petróleo”. Se refería implícitamente a la salida de Maduro, la opción supuestamente preferida por Trump si tenemos en cuenta que durante su campaña electoral dijo estar en contra de las guerras y que según una encuesta de CBS News/YouGov, el 70% de los estadounidenses se opone a una acción militar contra Venezuela.

Las contradicciones de Trump en la supuesta lucha contra la droga quedan de manifiesto cuando un día liquida a cuatro “narcoterroristas” con un supuesto cargamento de cocaína hacia su país y al siguiente indulta al expresidente de Honduras, Juán Orlando Hernández, condenado en EEUU a 45 años de prisión por haber inundado de droga el país como socio y colaborador del capo mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán. Con el petróleo, en cambio, no hay contradicción, sino inequívoca ambición, el motor que mueve a Trump a mantener su amenaza contra los venezolanos. A todo esto, España compró a Venezuela el 4,7% del crudo que consumió el año pasado. Y la multinacional española Repsol reactivo en marzo pasado la empresa mixta creada en 2023 con la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para extender la explotación de campos petroleros.

Pero la vida bajo amenaza es también el sino de miles de venezolanos que residen en EEUU. Se estima que medio millón salieron huyendo del régimen arbitrario y represivo de Maduro y ahora sufren las inclemencias de un sujeto no menos represor y arbitrario llamado Trump que solo habla de Venezuela como fuente de drogas y migración ilegal. Con solo leer el mensaje de Trump la noche de Acción de Gracias los migrantes hispanos en general y los venezolanos en particular ya saben que ese país no los quiere y emplea a la policía y al ejército para arrestarlos en las calles, las plazas, las carreteras, las estaciones, las fábricas, los almacenes, los campos de labor, los comercios e incluso los dispensarios médicos, los colegios, los juzgados y las dependencias burocráticas para arrestarlos, encerrarlos y expulsarlos.

Redada en California de trabajadores inmigrantes

El columnista Gustavo Arellano escribió para Los Ángeles Times que la contribución del presidente Trump a la mesa del país en la cena de Acción de Gracias fue “el equivalente digital de un pastel de mierda en llamas”. Entre insultos personales contra enemigos políticos y calumnias contra inmigrantes, “esta vez Trump fue más bajo y desagradable que nunca antes; no, en serio. Cambiando libremente entre “refugiado”, “extranjero”, “migrante” e “ilegal”, declaró que la inmigración es “la principal causa de disfunción social en Estados Unidos” e insistió en que “solo la migración inversa puede curar completamente esta situación”.

Cinco días después de la famosa cena familiar, Trump decidía dejar en suspenso los permisos de residencia a inmigrantes y refugiados. En el Nuevo Herald de Miami, las reporteras Jacqueline Charles y Verónica Egui reflejaban el miedo de los inmigrantes del sur de Florida, donde las comunidades de cubanos y venezolanos son mayoría. La orden de Trump suspende la admisión de todas las solicitudes de inmigración y peticiones de asilo pendientes de personas de Venezuela, Cuba, Haiti y otros 16 países considerados de “alto riesgo”. La directiva afecta a peticiones de carta verde (residencia) y permisos de trabajo para personas con solicitudes de asilo pendientes. Los juristas la interpretan como una suspensión en toda regla de la migración legal, con la consiguiente calificación de “ilegal” para las decenas de miles de personas que están ahora en espera. Muchos venezolanos ya afrontaban una situación angustiosa por la orden de Trump de no renovar sus tarjetas de protección temporal (TPS). Ahora se enfrentan al limbo migratorio. Por si fuera poco, la administración Trump plantea la posibilidad de que inmigrantes que han vivido en EEUU durante décadas y tienen residencia permanente, conocida como green cards, puedan ser expulsados del país.

Como dice Arellano, vivir bajo un régimen que te quiere hacer desaparecer no es nada divertido. Cuando además uno es alguien cuyos mayores solían ser indocumentados y creció en un mundo donde la migra pesaba como una espada de Damocles sobre demasiados seres queridos, uno no desea esa condición a nadie.

Trump a una periodista: «¡Silencio, cerdita!»

Sobre estas líneas la periodista Catherine Lucey, a la que el presidente de EEUU insultó; la exMiss Alicia Machado, a la que también llamó «cerdita» hace 19 años. A la derecha el mandatario con su amigo el pederasta Epstein.

Luis Díez.

Aquel viernes, 14 de noviembre de 2025, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, viajaba abordo del Air Force One desde Washington a Florida para pasar el fin de semana en su mansión Mar-a-Lago. Faltaban tres minutos para las siete de la tarde, hora local, cuando estimó llegado el momento de echar alpiste a los pájaros, así que abrió la portañuela del departamento donde viajaban los periodistas y se sometió a sus preguntas. Enseguida la veterana Catherine Lucey, que antes cubría la información de la Casa Blanca para el para el Wall Street Journal y ahora para la agencia Bloomberg News, le preguntó si iba a publicar los archivos del caso Epstein.

“¡Silencio! ¡Silencio, cerdita!”, la conminó.

Ningún colega repitió la pregunta en señal de solidaridad ante el insulto machista en tono amenazante. Pero el comportamiento del preboste quedó grabado y saltó a las redes sociales en cuanto aterrizaron en Miami. Un portavoz de Bloomberg dijo que “nuestros periodistas en la Casa Blanca prestan un servicio público vital, haciendo preguntas sin miedo ni favoritismos”. Y dejó correr el asunto sin referirse a la humillación e intimidación sufrida por su reportera Lucey.

De antemano es conocida la catadura machista, cruel y abusona, del personaje –para regocijo o vergüenza de sus votantes–, aunque parece que en este caso el subconsciente le jugó una mala pasada, pues empleó el mismo insulto que utilizaba contra las jóvenes y adolescentes en los felices años noventa, cuando mantenía una sólida amistad con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.

En aquellos tiempos, el depravado Epstein –fue condenado por abuso sexual de menores en Miami en 2008, pero no cumplió ni un mes de prisión porque le concedieron el régimen abierto– se dedicaba a la administración de capitales y pasaba por ser un inversor multimillonario. Poseía una finca en en Miami Beach y la casa privada más grande de Manhattan, una vivienda de siete pisos en la que organizaba fiestas exclusivas (con jovencitas para ligar) para amigos y amigos de personas importantes, entre ellos, el constructor, hotelero, propietario de un gran casino y director del holding Trump Organización.

Entonces a Epstein le gusta decir que era un solitario, un hombre que jamás había probado el alcohol ni las drogas, y cuya vida nocturna distaba mucho de ser animada. Eso escribió en 2002 el reportero Landon Thomas Jr en un artículo de fondo para New York Magazine. “Sin embargo, si uno habla con Donald Trump, surge un Epstein completamente distinto”, añadió. “Conozco a Jeff desde hace quince años. Un tipo estupendo”, exclama Trump. “Es muy divertido estar con él. Incluso se dice que le gustan las mujeres guapas tanto como a mí, y muchas de ellas son bastante jóvenes. No cabe duda: Jeffrey disfruta de su vida social”.

Trump, que residía cerca de Epstein en Nueva York y en Nort Beach (Miami-Florida), conoció a la eslovena Melania, su tercera mujer, porque se la presentó el propio Epstein en una de sus fiestas. El actual presidente de EEUU contaba entonces entre sus negocios con la agencia de modelos P-Model Management y entre otras actividades lucrativas organizaba cada año los grandes concursos de belleza femenina Mis Universo, Miss Usa y Miss Teen Usa (éste último para adolescentes de 14 a 17 años).

Y sí, en su trato con las jóvenes, utilizaba el calificativo de “piggy”, cerdita, y si no que le pregunten a Alicia Machado, Miss Universo en 1996, y verán como la actriz, presentadora y productora audiovisual nacida en Venezuela y residente en Los Ángeles como ciudadana americana, les contesta: “Si, me llamaba Miss Piggi y me instaba a adelgazar”. ¡O tempora o mores!, que diría el elocuente Cicerón.

Claro que ahora que el Congreso de EEUU (la Cámara de representantes y el Senado) ha aprobado la ley que ordena la desclasificación de los documentos de la investigación del FBI sobre Epstein, Trump detesta que le pregunten sobre aquel depravado predador sexual que se suicido en la cárcel (versión oficial) en 2019 durante su primer mandato como presidente.

Trump prometió durante su campaña electoral, hace un año, que desclasificaría los documentos del caso Epstein si volvía a la Casa Blanca. Y consiguió volver, pero enseguida se negó a cumplir la promesa, escudándose en la afirmación de su fiscala general Pam Bondi de que la publicación afectaba a investigaciones en curso. Incluso el 14 de noviembre, antes de insultar a la periodista Lucey, escribió en su red social que “Epstein era demócrata y es el problema de los demócratas”. “Pregunten a Bill Clinton, Reid Hoffman y Larry Summers sobre Epstein, ellos lo saben todo sobre él, no pierdan el tiempo con Trump. ¡Tengo un país que dirigir!”

Así que el amigo y vecino del pederasta, aquel Tramp que le felicitaba su cincuenta cumpleaños con un dibujo (una silueta de mujer desnuda, varios mensajes y su firma a modo de Monte de Venus) y que aparece en los correos electrónicos hallados entre los 20.000 papeles que el delincuente sexual dejó a su albacea (un despacho de abogados) y acabaron en manos de la Cámara de representantes de EEUU, estaría protegiendo a determinados adversarios políticos al no desclasificar las investigaciones del caso Epstein.

Lo cierto es que el martes, 18 de noviembre del año en curso, demócratas y republicanos votaban en el Capitolio la ley que ordena la desclasificación de los papeles y obligaban a Trump a asumir su propio compromiso electoral. Casi al mismo tiempo el señor Summers, secretario del Tesoro con Clinton y director y profesor en Harvard, abandonaba sus cargos y se retiraba de sus actividades por el error, decía, de haber tratado con aquel pederasta.

Entre las víctimas de aquel canalla, María Farmer, la primera sobreviviente de los abusos que denunció a Epstein y a su exnovia Ghislaine Maxwell ante la policía, en 1996, lanzó un comunicado celebrando que “por fin el Congreso haya escuchado a las víctimas” después de “décadas de oscuridad” y de la “vista gorda de cinco gobiernos ante la enorme farsa de justicia”.

Pero cuidado, porque como informaba el periodista del New York Times Luke Broadwater, la firma de la ley que obliga a Trump a publicar los archivos sobre el delincuente sexual de marras, no garantiza la desclasificación de todas las pruebas, ya que contiene excepciones como la protección de investigaciones en curso. En ese sentido, el presidente, consciente de que iba a perder la votación –por lo que ordenó al Partido Republicano que se sumara a ella–, exigió al Departamento de Justicia que abriera una investigación sobre los prohombres del Partido Demócrata citados en los correos del pederasta y traficante sexual.

Además, Trump podrá retener los registros para preservar la identidad de las víctimas y aquellos que incluyan imágenes de abusos sexuales a menores o que sean confidenciales de otro modo. La legislación también permite retener archivos si pudieran poner en peligro una investigación federal en curso. En resumen, como decía el periodista Rafael Barret hace más de un siglo, “cuanto más grave es un asunto, más lo tapan”.

La Cumbre del Clima en Brasil se enfrenta a las mentiras de Trump y los negacionistas

Luis Díez

Toda la panoplia de falacias gebelianas y más está siendo empleada por farsantes de la dialéctica y la comunicación social, agitadores baratos, políticos botarates y atolondrados seguidores del mismísimo presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, para negar las evidencias del cambio climático y los efectos desastrosos de la contaminación y el calentamiento del planeta. Toda esa endiablada red de mentirosos quieren aplicarnos la “política del champiñón”, consistente en mantenernos a oscuras y suministrarnos mierda, para que no pidamos cuentas sobre el constante atentado contra el medio ambiente de su industria basada en energías fósiles y sobre su rapiña y falta de compromiso con el futuro y las generaciones más jóvenes. El negacionista Trump ha llegado a sostener que los esfuerzos para reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero son “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo”.

Esa afirmación proferida en septiembre pasado ante la Asamblea General de la ONU por el experto estafador Trump cayó como un escupitajo ante los mandatarios allí presentes de países de Polinesia y Micronesia que se están hundiendo por la subida del mar provocada por la liquidación progresiva de los polos. Pero además de asombro, provocó una seria reflexión sobre la necesidad de defender la verdad científica acerca del clima y la conveniencia de plantar cara a las mentiras de políticos y medios de comunicación más o menos corruptos y reaccionarios y siempre financiados por las empresas y corporaciones más sucias y voraces del capitalismo rampante.

Así que ahora, en Belém (Brasil), en la cumbre climática de la ONU, la COP30, se está abordando también el fenómeno de la desinformación y la intoxicación no con gases, aguas ni alimentos contaminados, sino con mentiras. Cuenta Carlos Meneses, de la Agencia EFE, que la propia COP30 ha sido víctima de noticias falsas en los meses previos y en su apertura. La narrativa toxica y las mentiras fueron denunciadas en la cumbre de líderes que precedió a la inauguración de la Conferencia. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el francés Emmanuel Macron denunciaron la ola de ‘fake news’ en torno a las discusiones sobre el calentamiento global.

Ya en el marco negociador, esta semana , unas cuatrocientas organizaciones lanzaron una carta abierta exigiendo a los gobiernos “medidas ambiciosas, robustas y vinculantes” contra esta lacra, las mentiras. De momento, un grupo de países europeos y americanos, entre los que se encuentran Brasil, Chile, Uruguay, Alemania, Francia y España, se han sumado a una declaración para promover la “integridad de la información climática”. Y también en el marco de la Conferencia, la sociedad civil brasileña ha presentado el “Diccionario de la mentira”.

Conviene saber que según ese diccionario, las mentiras pueden adquirir forma de “ataque directo” a personas e instituciones para socavar su credibilidad. Es la forma más usada por el negacionista mayor, míster Trump, en sus airados y teatrales monólogos. Luego está el llamado “greenwashing” o lavado en verde, una técnica de las empresas para simular más respeto al medio ambiente del que en realidad practican. También el “woke-washing” de determinadas compañías cuando simulan compartir causas y términos progresistas para maquillar el impacto sucio y contaminante de sus actividades lucraticas.

A esas técnicas de la mentira hay que añadir el llamado “astroturfing”o creación de organizaciones y fundaciones patrocinadas por empresas contaminantes; la “retórica anticiencia” mediante el uso de especialistas falsos o comprados para difundir teorías conspiranoicas capaces de hacer creer que el CO2 es saludable para los pulmones y fortalece a la especie humana. Y, por supuesto, “los lobbys” del petrolero y demás fuentes de energía fósil, muy contaminante, y “la propaganda” de políticos engrasados para que se asuman los argumentos negacionistas del cambio climático y se incorporen a los idearios y programas de los partidos políticos.

La finalidad de las mentiras y la desinformación sobre las causas científicamente demostradas del calentamiento global y el cambio climático, con sus efectos desastrosos, es mantener e incluso fortalecer el statu quo de la industria de los combustibles fósiles. En EEUU, por ejemplo, la patronal petrolera y carbonera pretende un nivel de protección federal equiparable a la industria del armamento, lo que supone un tratamiento legal de “sector estratégico”. Lo peor para el planeta Tierra es que con Trump en la mutilada Casa Blanca están a punto de conseguirlo.

Por seguir con el ejemplo del Trump que hace diez meses retiró por segunda vez la firma de los Acuerdos de París de 2015 contra el cambio climático y que ha disuelto los comités científicos y eliminado la división de la NASA dedicada detectar y evaluar las emisiones con efecto invernadero, al tiempo que en agosto pasado suprimió la medición y consiguiente limitación nacional de las emisiones de anhídrido carbónico por parte de la Agencia de Protección Ambiental (“La EPA cero o EPA de Trump” llamanle ahora), su negativa a dar la cara en Brasil parece debida a la evidencia de sus mentiras y la carencia de otros argumentos para justificar la insolidaridad y el daño de EEUU al planeta al no limitar sus emisiones.

Su argumento ante la Asamblea General de la ONU fue: “Todas estas predicciones hechas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por razones erróneas, estaban equivocadas. Fueron hechas por personas estúpidas que han costado fortunas a sus países y no han dado a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar”. Pues bien, esa mentira en tono bronco del negacionista jefe ni se tenía ni se tiene de pie. Basta comprobar que las emisiones netas de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) de los 27 países de la Unión Europea (UE) fueron en 2023 un 37% inferiores a las de 1990 –se redujeron de 4.872,5 millones de toneladas en 1990 a 3.160 en 2023– mientras el PIB aumentó un 68%, lo que demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico.

La pregunta es si Trump miente para asustar y desacreditar a científicos y gobernantes serios y honrados o lo hace para no pagar por ser el segundo emisor mundial de malos humos, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, –más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta–, solo aventajado por China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34% mundial), y seguido por la UE (3.160 millones de toneladas) Índia (2.955) y Rusia (2.015). Y la respuesta más simple es que está convencido de que la emergencia climática no afecta a su país o le importa un bledo y además miente porque puede, pues por algo es presidente de la primera potencia militar del mundo.

Entre tanto, resulta esperanzador que China vaya comprendiendo la necesidad de reducir las energías fósiles y aceptando el concepto de “crecimiento sostenible”. En ese sentido cabe señalar que su exportación de componentes para la producción de energía limpia (aérea, solar e hidráulica) ya supera los ingresos que obtiene EEUU por la venta de petróleo. Y eso contando los dividendos suplementarios del suministro a la UE tras el corte al petróleo ruso para sancionar al criminal del Kremlin por la invasión militar de Ucrania.

La delegación europea participa desde el lunes hasta el viernes en la cumbre climática de Brasil con la con la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo de reducir las emisiones contaminantes un 90% hasta el año 2040. La cifra de referencia siguen siendo las 4.872,5 millones de toneladas emitidas por la UE el año 1990 y ya reducidas a 3.160 millones de toneladas en 2023. El pleno parlamentario aprobó el compromiso por 379 votos a favor, 248 en contra y 10 abstenciones. El PP español que lidera Feijóo y gobierna en las tres autonomías más dañadas el último año por desastres acentuados por el cambio climático –inundaciones mortales en la Comunidad Valenciana (foto) y enormes incendios, también con pérdida de vidas, en Galicia y Castilla y León– se desmarcó de los conservadores europeos y votó con la extrema derecha contra la reducción de las emisiones.

El objetivo de la UE es conseguir la “neutralidad climática” en 2050. Se trata además de “una obligación legal para todos los Estados miembros”, establecida en la Ley del Clima que ahora incorporará la enmienda sobre los objetivos intermedios y vinculantes para 2040 y el examen cada dos años del cumplimiento del objetivo. La norma también incluye la obligación de reducir, como mínimo, un 55% las emisiones netas de gases de efecto invernadero en la UE para 2030 respecto a 1990. Cierto es que con planteamientos políticos tan negativos y negacionistas como los del PP, abrazado a la ultraderecha, la recuperación de la salud del planeta sería imposible. Y las sequías, hambrunas e inundaciones provocarán más de lo que esas fuerzas falsarias y reaccionarias detestan: inmigración de millones de personas pobres en busca de un medio de supervivencia.