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Sánchez frente al punitivo Trump: «¡No a la guerra!»

Luis Díez

Las amenazas comerciales del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra España porque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha permitido que utilice las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para atacar a Irán junto con su amigo el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, revelan la mentalidad imperial, patógena y mercantilista del señor de los aranceles. El presidente Trump ha de entender que los pueblos no eligen a sus gobernantes para que vayan a Washington a besarle el culo, como dijo cuando desató la guerra arancelaria, sino para que dirijan bien los países y no hagan daño. De modo que el Gobierno de España, como el de cualquier otro país soberano, tiene derecho a manifestar su posición (“No a la guerra”) ante una conflagración innecesaria y contraria a la Carta de Naciones Unidas y a la legalidad internacional.

Pero además, el Convenio bilateral de Cooperación para la Defensa entre España y EEUU (BOE núm. 108 de 6 de mayo de 1989), expresa en su breve preámbulo “el ideal común de respeto a los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley” y añade que los dos países “reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los gobiernos”. Y después de reconocer que la seguridad e integridad territorial de ambos estados contribuye al mantenimiento de la paz y la seguridad en Occidente, enseguida dispone (Art. 2.2) que “cualquier uso (de las Bases militares) que vaya más allá de los objetivos de ámbito bilateral o multilateral (OTAN) de este Convenio exigirá la autorización previa del Gobierno español”.

Trump aprovechó la visita del canciller alemán Friedrich Merz para lanzar sus amenazas contra España

Queda claro para quien sepa leer –y se supone que el señor Trump y sus hábiles diplomáticos y astutos militares saben– que la “guerra de oportunidad”, sin consulta a los aliados ni siquiera a los representantes inmediatos del pueblo estadounidense, ha sido una decisión personal del supremacista y su amigo, acusado de genocidio contra el pueblo plestino. Y que España, en cumplimiento de la letra y el espíritu del convenio, debía negarse a colaborar en el infierno que han desatado y que ya hemos comenzado a pagar. De hecho, los ataques criminales contra Irán y Líbano son tan condenables como los perpetrados por el sanguinario Vladimir Putin contra Ucrania, a la que lleva cuatro años bombardeando, con un saldo de 55.000 soldados ucranianos muertos, según los datos aportados por el presidente Volodímir Zelenski, y el triple de soldados y mercenarios del ejército ruso, según la BBC.

El señor Trump parecía enfadado cuando anunció ante el canciller alemán Friedrich Merz su intención de castigar a España por no autorizar el uso de Rota y Morón en su guerra contra Irán. “Podría parar todo lo relacionado con España, todos los negocios relacionados con España; tengo derecho a pararlo, a embargos. Hago lo que quiera con ellos y podríamos hacerlo con España. Vamos a cortar todo comercio con España”, proclamó. Luego anunció que ya ha dado la orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, para que actúe en consecuencia. Y remató; “España no tiene absolutamente nada que necesitemos, salvo gente estupenda. Tienen gente estupenda pero les falta un gran liderazgo”, concluyó. Al día siguiente, el señor Bessent salió diciendo la barbaridad de que España quiere que mueran soldados estadounidenses. Y horas más tarde, la portavoz de la Casa Blanca lanzó la versión de que el Gobierno español había modificado su posición y apoyaba la operación militar contra Irán.

Más allá de la falta de coordinación y unidad de mensaje en Wasington, la Unión Europea (UE) salió inmediatamente en defensa de España, recordando al señor Trump y a sus subordinados que las relaciones comerciales se establecen con el conjunto de la UE y no es posible aplicar vetos ni sanciones a un país miembro sin pasar por Bruselas. La normativa de la UE y acuerdo arancelario con EEUU, igual que la letra del Convenio de Defensa, es algo que el señor Trump preferiría ignorar, pero no es posible. Su ímpetu punitivo contra el dirigente español se transformó en crítica al primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, quien también evitó apoyar la operación “Furia Épica” y del que Trump dijo en tono displicente: “no estamos tratando con Churchill”, precisamente. Como es sabido, Winston Churchill, que era del Partido Conservador, luchaba para defender a su país de los ataques de los nazis, como también lo hacían decenas de miles de republicanos españoles alistados en la resistencia francesa. ¿Qué tiene eso que ver con la guerra contra el país de los ayatolas con los que EEUU negociaba hasta ayer el uso civil de la energía nuclear?

Sobre el daño comercial que Trump puede hacer a España conviene saber que las exportaciones españolas a EEUU supusieron 16.716 millones de euros de ingresos el año pasado (un 8% menos que en 2024) y las importaciones, unos pagos de 30.174,7 millones, un 7% más que el año anterior. Con esa balanza comercial tan favorable a EEUU huelga decir que la amenaza trampista perjudica más a su país. Las exportaciones españolas al país norteamericano representaron el 4,3% del importe total de las ventas españolas al exterior, que fueron 387.091 millones en 2005 y las importaciones supusieron el 6,8% de las compras al exterior, que alcanzaron 444.164,4 millones de euros.

Cierto es que EEUU ocupa el primer lugar entre los inversores en España. Los activos de empresas estadounidenses en nuestro país están valorados en unos 120.000 millones de euros, con una cifra de negocios superior a 130.000 millones y unos 270.000 empleos, según datos oficiales. Pero también España mantiene unas inversiones valoradas en 91.000 millones de euros en EEUU, que son el segundo destino de inversores españoles. Con todo, España no tiene petróleo y es también vulnerable en tecnología de vanguardia. Vale señalar que el suministro de gas licuado por parte de EEUU supone el 30% y de petroleo el 15% del consumo anual, y que la dependencia española es total en Inteligencia Artificial.

Pese a las amenazas trampistas, el Ejecutivo español mantiene el encuentro empresarial España-Estados Unidos previsto el 13 y 14 de abril en Boston, con el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, al frente de la delegación española. Las alianzas estratégicas en sectores de las ciencias de la vida, singularmente la biotecnología, parecen interesar sobremanera a los socios estadounidenses. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), las principales ofertas a las empresas españolas para participar en proyectos punteros están relacionadas con el Departamento de Guerra (El Pentágono) y las agencias encargadas de evaluar las tecnologías para mejorar las capacidades militares.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mantenido su firmeza contra la guerra pese a las amenazas del supremacista imperial señor Trump de sancionar económicamente a España por negar las bases de Rota y Morón para bombardear Irán.

El presidente Pedro Sánchez se ha mantenido firme ante el punitivo jefe de la Casa Blanca. “La posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, afirmó tajante. “Si Washington quiere cambiar su relación comercial con España, deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE.UU”, advirtió antes de reafirmar que España es “un miembro clave de la OTAN”, cumple con sus compromisos y contribuye “de forma destacada” a la defensa del territorio europeo. El Ejecutivo lo ha demostrado con el escudo antimisiles en Turquía y con la aportación de una fragata al grupo de combate francés en defensa de Chipre, el país que preside la UE este semestre. Sánchez también ha recordado que España “es una potencia exportadora de la UE y un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EEUU, con quien mantenemos una relación comercial histórica y mutuamente beneficiosa”.

Sin necesidad de las represalias de Washington, los españoles y los europeos –también los chinos– hemos comenzado a pagar la guerra de Trump y Netanyahu con el corte del suministro petrolero de los Emiratos, Catar, Kuwait y Arabia Saudita a través del Estrecho de Ormuz y el encarecimiento de los transportes y la energía. Las estimaciones inflacionarias se sitúan en el 3% a mediados de año. El mayor daño en el corte de suministros carga sobre China, que ya ha ordenado a sus refinerías que no vendan ni un litro de gasolina fuera. Y el mayor beneficio de esta guerra va a ser para Rusia, como principal suministrador de gas y petróleo a China y el sudeste asiático.

En cuanto al elemento humano, además de iraníes y libaneses, que ponen la mayoría de los muertos y desplazados por esta guerra, los más perjudicados son los trabajadores de la ribera del sur del Golfo Pérsico, en especial los emigrantes de Pakistán, India y Sri Lanka. De éste último país se cuentan 350.000 en Emiratos Árabes Unidos, 246.139 en Arabia Saudita, 175.000 en Kuwait y 140.000 en Katar, donde realizan, junto con otros emigrantes indios y pakistaníes, la mayor parte del trabajo doméstico, la hostelería, la atención sanitaria, la construcción, el transporte y la limpieza. A las autoridades srilankesas correspondió el jueves rescatar a los 130 marineros de la fragata iraní Dena, hundida por un torpedo lazado por un submarino estadounidense cuando navegaba en aguas internacionales a 2.000 millas de la costa de Irán. Solo una treintena consiguieron salvarse. La fragata había sido invitada por la Armada de India a participar en unas maniobras, junto con el buque iraní Irins Bushehr, que pudo refugiarse en un puerto de Sri Lanka con 208 militares a bordo. Fue, en fin, uno de los episodios más crueles y al tiempo más celebrados por los agresores del Pentágono y la Casa Blanca.

Mapa de los bombardeos en el Golfo Pérsico y Oriente Medio tras la operación Furia Épica de Trump

USA-Venezuela o la vida bajo amenaza

Luis Díez.

Vivir bajo amenaza es una gran putada. Sin un medidor de angustia resulta imposible saber cómo se sienten los supervivientes del genocidio en la Franja de Gaza, todavía tiroteados y asesinados por el ejército israelí. Ese medidor serviría también para cifrar la inquietud de los ucranianos de Kief, Jarkov, Donest, Odesa y otras ciudades a tiro de misil del ejército ruso desde hace más de tres años. Los canallas Netanyahu y Putin no paran de hacer daño. El corrupto Trump, cómplice del primero y beneficiado por el segundo, parece ahora empeñado en entablar su propia guerra (no sólo arancelaria) contra la Venezuela de Maduro para acabar con el régimen bolivariano y apoderarse del petroleo y los recursos naturales de ese inmenso y rico país.

Los venezolanos de la diáspora en Estados Unidos (EEUU) y en la propia Venezuela están siendo castigados por Trump a desvivir bajo amenaza. A falta de ese medidor del sufrimiento humano resulta difícil comparar la inquietud y el miedo de los que pudieron emigrar a EEUU y temen ser detenidos, encarcelados, separados de sus hijos y expulsados sin piedad, con la angustia de los que en Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maracay… temen ser bombardeados al amanecer.

En Caracas llueve mentiras. El gobierno de Trump llevaba 82 asesinados con misiles guiados contra 21 embarcaciones (lanchas con motores) hasta el viernes, 5 de diciembre. Trump y sus subordinados sostienen que esas lanchas eran operadas por narcoterroristas miembros de cárteles que transportaban drogas letales a EEUU.

Si, “narcoterroristas” como el pescador Robert Sánchez, 42 años, padre de cuatro hijos. Los cien euros al mes que ganaba con la pesca apenas llegaban para dar de comer a sus hijos. “Narcoterroritas” como Juan Carlos “El Guaramero” Fuentes, conductor de un autobús de transporte público que pasaba por una situación apurada, pues al averiarse el autobús había quedado en paro hasta el gobierno tuviera a bien arreglarlo. En paro y sin sueldo, ya que los conductores de autobús cobran una parte de la tarifa que pagan los viajeros. “Narcoterroristas” como Dushak Milovcic, de 24 años, antiguo alumno de la Academia de la Guardia Nacional de Venezuela. O como Luis “Che” Martínez, un tipo corpulento, de 60 años, que había sido pescador hasta que descubrió que ganaba más dinero con el tráfico de personas y el contrabando. Fue encarcelado en 2020 tras un naufragio en el que murieron dos de sus hijos y una nieta junto con otras veinte personas. O como otros lugareños que se jugaron la vida y la perdieron por 500 euros.

Si los espías de la CIA infiltrados en Venezuela para, según Trump, “combatir el narcotráfico”, hubieran preguntado en las pueblos de pescadores de la costa Guaira, el portavoz jefe del Pentágono, Sean Parnell, no seguiría diciendo que “nuestra inteligencia confirmó que los individuos involucrados eran narcoterroristas”. Su “inteligencia” es una mierda y miente lo mismo que hizo antes de la ocupación de Iraq. Ahora llaman “narcoterroristas” a unos simples contrabandistas y apelan al tráfico de drogas como justificación de un cambio de régimen manu militari en Venezuela.

Los periódicos con mayor credibilidad y difusión en EEUU aseguran que Venezuela solo desempeña un pequeño papel en el tráfico de drogas en América, Se basan en expertos y evaluaciones del propio gobierno estadounidense para informar de que la mayor parte de la cocaína producida en Colombia que pasa por Venezuela va hacia Europa. La cocaína colombiana que se dirige a Estados Unidos se exporta a través del océano Pacífico. Y las agencias estadounidenses han determinado que el fentanilo que tanto preocupa al matón de la Casa Blanca se produce casi en su totalidad en México, no en Venezuela, con productos químicos importados de China.

Mientras sigue lloviendo mentiras, la gente se pregunta angustiada si esa acumulación de fuerza militar ordenada por Trump en el Caribe, como no ocurría desde la crisis de los misiles frente a Cuba, será el preludio de una invasión en Venezuela o solo una estratagema para obligar al presidente Nicolás Maduro a abandonar el poder. Es sabido que el secretario de Estado Marco Rubio encabeza en la Casa Blanca la línea dura para derrocar al autócrata izquierdista al que EEUU no reconoce como presidente elegido de Venezuela y acusa de dirigir la organización “narcoterrorista” el Cártel de los Soles al tiempo que ofrece 50 millones de dólares por su cabeza.

Cómo ya se habrán percatado los espías de la CIA, el famoso Cártel de los Soles no existe. Fue una invención, un término peyorativo inventado en los años noventa del siglo pasado para referirse a mandos militares que aceptaban dinero del narco. Puesto que en vez de estrellas, los oficiales venezolanos lucen soles en la pechera, la prensa recogió la expresión popular y acuñó la etiqueta propiamente dicha. “Es como si Donald Trump clasificara el ‘Estado profundo’ como una pandilla criminal”, dice el analista Phil Gunson.

Se desconoce el contenido de la última conversación telefónica entre Trump y Maduro, pero no parece que el venezolano renuncie al poder y desaparezca, como querría el corrupto fanfarrón de Washington. El otro día, Gunson decía al New York Times: “Tengo la sensación de que, básicamente, han creado esta guerra falsa y han llegado tan lejos que ahora tienen que hacer una guerra de verdad”.

Cabe suponer que los agentes de la CIA lean la prensa de Caracas y a estas alturas sepan que “el dictador Maduro y su coro de generales”, como titulaba en El Nacional el comentarista Miguel Henrique Otero el pasado 25 de noviembre, mandan sobre unas fuerzas armadas “corroídas y corruptas” en las que se cuentan por miles los oficiales de menor rango que tienen segundos y hasta terceros empleos para sobrevivir, cuando no se dedican a distintas prácticas delictivas, especialmente la extorsión a comerciantes y trabajadores informales.

Henrique Otero pintaba un paisaje desolador: “Los equipos y armas se oxidan y se vuelven inservibles por falta de mantenimiento; el hambre y las enfermedades castigan a los cuarteles; hay 10 o 12 veces más generales que el promedio de América Latina debido a la grotesca facilidad con la que inflan las cifras de soldados y ocultan las deserciones; hablan de unas fuerzas armadas numerosas, sólidas, cohesionadas y debidamente entrenadas, cuando lo que hay es una organización que no alcanza a los 70.000 hombres, más de la mitad en funciones en la administración pública, en su mayoría desarmados (por temor a que esas armas sean usadas contra la dictadura) y en condiciones precarias”.

Con este panorama y esos uniformados hartos de salarios miserables, arbitrariedades, cuarteles en la ruina, corrupción rampante, contrabando, coimas, enchufes, privilegios, arbitrariedad, ilegalidad y colaboración con narcoguerrilleros colombianos –siempre según los comentarios del columnista mencionado–, resulta tentador suponer que la invasión del país sería un paseo militar para los marines estadounidenses desplegados en el Caribe. De hecho Trump declaró cerrado el espacio aéreo venezolano hace ya diez días. El martes pasado pidió a sus compatriotas que abandonen Venezuela, si bien, el jueves envió a Caracas dos aviones civiles llenos de deportados.

Pero mientras Rubio y los halcones del Pentágono encabezados por el lamentable secretario de Defensa Pete Hegseth, quien dio la orden de no dejar a un lanchero vivo, apuestan por la invasión, otros miembros del equipo de Trump parecen más interesados ​​en asegurar el acceso a la riqueza petrolera de Venezuela e impedir que China y Rusia se beneficien de ella. De hecho, el Tesoro de EEUU ha autorizado la entrada de al menos dos grandes petroleros con crudo venezolano desde que a finales de agosto comenzó el despliegue militar en el Caribe. El mismo poder presidencial de Washington que decretó en su día el bloqueo a Venezuela y ahora comete crímenes destruyendo lanchas con misiles en lo que considera “una guerra contra los terroristas que quieren matar a ciudadanos estadounidenses con drogas”, permite al mismo tiempo a su petrolera Chevron reanudar las perforaciones en Venezuela.

Aunque llueva mentiras no vale engañarse. Lo que Washington quiere son las reservas petroleras de Venezuela, las mayores del mundo conocidas hasta el momento. El propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, decía hace una semana en Fox News que “si ocurre algo en Venezuela podríamos ver bajar el precio del petróleo”. Se refería implícitamente a la salida de Maduro, la opción supuestamente preferida por Trump si tenemos en cuenta que durante su campaña electoral dijo estar en contra de las guerras y que según una encuesta de CBS News/YouGov, el 70% de los estadounidenses se opone a una acción militar contra Venezuela.

Las contradicciones de Trump en la supuesta lucha contra la droga quedan de manifiesto cuando un día liquida a cuatro “narcoterroristas” con un supuesto cargamento de cocaína hacia su país y al siguiente indulta al expresidente de Honduras, Juán Orlando Hernández, condenado en EEUU a 45 años de prisión por haber inundado de droga el país como socio y colaborador del capo mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán. Con el petróleo, en cambio, no hay contradicción, sino inequívoca ambición, el motor que mueve a Trump a mantener su amenaza contra los venezolanos. A todo esto, España compró a Venezuela el 4,7% del crudo que consumió el año pasado. Y la multinacional española Repsol reactivo en marzo pasado la empresa mixta creada en 2023 con la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para extender la explotación de campos petroleros.

Pero la vida bajo amenaza es también el sino de miles de venezolanos que residen en EEUU. Se estima que medio millón salieron huyendo del régimen arbitrario y represivo de Maduro y ahora sufren las inclemencias de un sujeto no menos represor y arbitrario llamado Trump que solo habla de Venezuela como fuente de drogas y migración ilegal. Con solo leer el mensaje de Trump la noche de Acción de Gracias los migrantes hispanos en general y los venezolanos en particular ya saben que ese país no los quiere y emplea a la policía y al ejército para arrestarlos en las calles, las plazas, las carreteras, las estaciones, las fábricas, los almacenes, los campos de labor, los comercios e incluso los dispensarios médicos, los colegios, los juzgados y las dependencias burocráticas para arrestarlos, encerrarlos y expulsarlos.

Redada en California de trabajadores inmigrantes

El columnista Gustavo Arellano escribió para Los Ángeles Times que la contribución del presidente Trump a la mesa del país en la cena de Acción de Gracias fue “el equivalente digital de un pastel de mierda en llamas”. Entre insultos personales contra enemigos políticos y calumnias contra inmigrantes, “esta vez Trump fue más bajo y desagradable que nunca antes; no, en serio. Cambiando libremente entre “refugiado”, “extranjero”, “migrante” e “ilegal”, declaró que la inmigración es “la principal causa de disfunción social en Estados Unidos” e insistió en que “solo la migración inversa puede curar completamente esta situación”.

Cinco días después de la famosa cena familiar, Trump decidía dejar en suspenso los permisos de residencia a inmigrantes y refugiados. En el Nuevo Herald de Miami, las reporteras Jacqueline Charles y Verónica Egui reflejaban el miedo de los inmigrantes del sur de Florida, donde las comunidades de cubanos y venezolanos son mayoría. La orden de Trump suspende la admisión de todas las solicitudes de inmigración y peticiones de asilo pendientes de personas de Venezuela, Cuba, Haiti y otros 16 países considerados de “alto riesgo”. La directiva afecta a peticiones de carta verde (residencia) y permisos de trabajo para personas con solicitudes de asilo pendientes. Los juristas la interpretan como una suspensión en toda regla de la migración legal, con la consiguiente calificación de “ilegal” para las decenas de miles de personas que están ahora en espera. Muchos venezolanos ya afrontaban una situación angustiosa por la orden de Trump de no renovar sus tarjetas de protección temporal (TPS). Ahora se enfrentan al limbo migratorio. Por si fuera poco, la administración Trump plantea la posibilidad de que inmigrantes que han vivido en EEUU durante décadas y tienen residencia permanente, conocida como green cards, puedan ser expulsados del país.

Como dice Arellano, vivir bajo un régimen que te quiere hacer desaparecer no es nada divertido. Cuando además uno es alguien cuyos mayores solían ser indocumentados y creció en un mundo donde la migra pesaba como una espada de Damocles sobre demasiados seres queridos, uno no desea esa condición a nadie.

Trump (4) o cuando el necio celebra el fin de un Papa bueno y crítico

Madrid.– Luis Díez

Veinte días antes de que muriera en Roma el Papa Francisco, la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos –equivalente a la Conferencia Episcopal española– decidió reformar su organigrama. Fue una reforma muy simple. Consistió en suprimir el Departamento de Migraciones y Servicios de Refugio. El titular de ese negociado era el obispo de El Paso (Texas) Mark Joseph Seitz, un hombre de 70 años, que con anterioridad fuera obispo auxiliar en Dallas y había sido nombrado en 2013 por Francisco jefe de la diócesis a caballo con México.

Nadie mejor que el obispo Seitz y sus grupos de voluntarios conoce los problemas a los que se enfrentan los inmigrantes económicos que consiguen cruzar la frontera y también los refugiados que piden asilo en EEUU. En ocasiones tuvo que acompañar a las víctimas de guerras, matanzas y desastres a las oficinas policiales para que no les detuvieran cuando iban a presentar sus peticiones de asilo. Seitz criticó la dureza de las separaciones familiares, especialmente, el confinamiento de niños pequeños y la expulsión de sus padres. También escribió contra los centros de reclusión de inmigrantes y los procedimientos injustos y brutales dictados por la administración estadounidense.

Aunque monseñor Seitz no tiene un pelo de ingenuo y sus críticas adolecen de moderación, no esperaba que el ejercicio del derecho a la libertad de expresión acarreara represalias. Pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto el final de la ayuda a la labor humanitaria hacia los inmigrantes y, en consecuencia, la clausura, a finales de este año, del Departamento que dirigía el obispo de El Paso. La organización se cierra “al cesar los dineros gubernamentales que había recibido a lo largo de cinco décadas”, escribió un portavoz en Internet.

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Si la primera preocupación que demostró aquel jesuita argentino, Jorge Mario Bergoglio, nada más ser elegido Papa, fue por los inmigrantes que llegaban a Lampedusa (Italia) y eran rechazados después de unas travesías mortales para cientos y cientos de ellos en las aguas del Mediterráneo, la primera acción de Tramp consistió en aplicar a los inmigrantes una ley de guerra del siglo XIX para detenerlos, encarcelarlos y deportarlos a toda prisa por la vía ejecutiva y con olímpico desprecio al Poder Judicial.

La cruzada de Trump, alias Elnecio, contra los inmigrantes está contagiando a gobernadores y elementos reaccionarios de su partido hasta el punto de que, por ejemplo, en Idaho, uno de los estados más pobres, aquejado por brotes de sarampión, se ha puesto fin a la vacunación de inmigrantes sin papeles. Otras medidas para capturar y expulsar a los inmigrantes sin permiso de residencia aunque con contratos de trabajo están siendo los cruces de datos entre Hacienda y el Departamento de Seguridad Nacional. El titular del Tesoro, Scott Bessent, ha firmado un convenio con la jefa del sistema policial, Kristi Noem, para transferirle todos los datos fiscales, supuestamente protegidos.

Las estadísticas internas indican que entre 18 y 20 millones de puestos de trabajo en EEUU están ocupados por inmigrantes tanto legales como sin permiso de residencia, y algunos estados, comenzando por California, y numerosas ciudades se han declarado “valedoras” y “ciudades refugio” de inmigrantes. Con todo, el miedo de los trabajadores y sus familias inmigrantes aflora cada día en las páginas de la prensa ante la nueva exigencia de Trump de que quienes hayan entrado sin permiso se inscriban en un censo especial antes de que acabe abril. Con qué fin? No lo dicen, pero la mayoría supone que es para expulsarlos.

Para entender la catadura de Elnecio que ahora acude al funeral del Papa Francisco en Roma podemos tener en cuenta el hecho de que el 80% de los inmigrantes que están en riesgo de ser deportados de EEUU son cristianos. Así lo revela el último informe auspiciado por importantes organizaciones católicas y evangélicas, del que se hizo eco el 4 de abril el diario The Ángeles Times. El informe indica que alrededor de 10 millones de cristianos están en una situación vulnerable ante la agresiva política de Trump y que 7 millones de cristianos comparten residencia con al menos una persona en riesgo de deportación.

El vicepresidente de la organización humanitaria evangélica World Relief (Auxilio Mundial), Matthew Soerens, manifestó que el informe pretendía alertar a muchas personas que no se han dado cuenta de que la mayoría de las personas que podrían ser deportadas comparten la misma fe. Sin citarlo expresamente, llaman a un frente solidario común de católicos y evangélicos. Entres los grupos que ayudaron a realizar el estudio están la Asociación Nacional de Evangélicos, la Conferencia de Obispos Católicos y el Centro para el Estudio del Cristianismo Global en el Seminario Teológic de Massachusetts. Aunque el informe no defiende ninguna posición política, pretende crear conciencia entre los cristianos y aboga por reformas para abrir vías de legalidad a los inmigrantes.

Los migrantes en riesgo de ser expulsados van desde aquellos que cruzaron la frontera sin permiso hasta los que tienen estatus legal que podría ser revocado. Por ejemplo, el gobierno federal ha eliminado el estatus de protección temporal a venezolanos y haitianos y suprimido el permiso humanitario que otorgó a otros migrantes de estos dos países y de Cuba y Nicaragua. Por si fuera poco, el gobierno de Trump está retirando los visados a estudiantes extranjeros que protestan por las matanzas israelíes de los palestinos de Gaza, otra preocupación diaria del Papa Francisco.

Según el obispo Mark J. Seitz, cuyo departamento participó en la elaboración del informe, los católicos representan más de la mitad de las personas susceptibles de deportación en EEUU. El jefe de la diócesis de El Paso no oculta su preocupación sobre las consecuencias de las deportaciones, incluida la muerte. “Conocemos el impacto de romper la unidad familiar y tambien las enormes amenazas que enfrentan las personas que son deportadas sumarialmente a sus países de origen, de los que huyeron en primer lugar debido a las amenazas que sufrían”, declaró Seitz en referencia a la represión gubernamental y el crimen organizado en sus países de origen. “Hay personas que van a morir si este esfuerzo de deportación continúa al nivel actual”, concluyó.

En ese contexto no se sabe muy bien si Elnecio acude a rendir póstumo homenaje al “fantástico” Papa Francisco, a modo de burla, como otros despiadados ultraderechistas (Milei, Orbán, Meloni…), o para doctorarse en cinismo global. Lo único cierto es que para Trump y su ralea fascistoide y cruel ha desaparecido un Papa molesto por su defensa de los Derechos Humanos y su enorme predicamento mundial. La congresista republicana por Georgia, Marjorie Taylor Greene, quien se lucró de los vaivenes bursátiles gracias a los mensajes de Trump, celebró la muerte de Francisco y enseguida twiteó: “Hoy hubo grandes cambios en el liderazgo mundial; el mal está siendo derrotado por la mano de Dios”. Esa criatura había escrito en Religion News Service que los obispos estaban “controlados por Satanás” al brindar ayuda a los inmigrantes.