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El síndrome de Keops ataca a Trump

Luis Díez.

Estatua dorada y escenario para el gran líder belicoso y pacificador.

Las evidencias históricas demuestran que desde que dios se hizo hombre, muchos hombres han querido ser como dios. En nuestro tiempo, el actual presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, considerado el personaje más poderoso del planeta en términos bélicos, está prolongando la deriva mental de emperadores como Cesar o Napoleón, monarcas absolutos y capos criminales como Hitler, Mussolini y Franco (“Espada del altísimo”, lo nombró el arzobispo Gomá y Tomás), llegando a enfrentarse al representante del dios de los católicos en la Tierra, el Papa León XIV, defensor de la paz, la dignidad y los derechos humanos por excelencia, que en junio próximo visitará España invitado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el primer mandatario europeo en plantar cara a los belicosos Netanyahu y Trump.

Algunos especialistas han bautizado esa tendencia al endiosamiento como “síntoma o síndrome de Keops”, el faraón egipcio del 2.500 antes de Cristo que construyó la gran pirámide de Guiza y era creído y temido por el pueblo como sucesor de los dioses Horus y Osiris. Hay algo de ese síndrome de Keops en la demolición de un ala de la Casa Blanca para construir un gran salón de baile (con un refugio antiaéreo debajo) o en ese empeño de añadir su nombre al Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington y ese afán de poner también su nombre al aeropuerto internacional de Palm Beach, en Florida, donde el gobernador Ron De Santis, otrora adversario interno, no ha dudado en cultivar el ego del déspota. Más allá del gasto de cinco millones de euros para que el megalómano pueda leer su nombre orificado al aterrizar en West Palm Beach, el señor Santis ha facilitado la entrega a Eric Trump de un solar (un antiguo aparcamiento) en el centro de Miami para que su papá construya una biblioteca vertical, una torre con su nombre en lo alto, estatuas doradas de sí mismo dentro y a los lados del edificio y el avión Air Force One en desuso estacionado en la planta de entrada.

Torre de la futura biblioteca Trump en el centro de Miami.

A propósito de aviones, contaba Terry Castleman en Los Ángeles Times cómo un “avión del fin del mundo” había provocado la alarma al ser visto en Los Ángeles y unos días después en Fresno, en plena guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y Líbano. El avión cerca de Fresno era un Boeing E-6B Mercury que aparentemente realizaba ejercicios de aterrizaje. Tanto éste como el que causó revuelo al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de los Ángeles (un Boeing E-4B Nightwatch que transportaba al secretario de Defensa, Pete Hegseth, al sur de California como parte de su gira de un mes de duración denominada “Arsenal de la Libertad”) funcionan como centros de operaciones de emergencia del presidente de EEUU ante graves amenazas para la seguridad nacional como una guerra nuclear. De ahí su nombre.

La entrada a la Biblioteca trampista proyectada en Miami.

La penúltima expresión del síndrome de Keops atribuida a Trump no le va a la zaga a Napoleón Bonaparte y se trata de un arco de triunfo en Washington, similar al que el corso erigió en 1806 en los Campos Eliseos de París para conmemorar la victoria de sus tropas en Austerlitz (actual República Checa), sólo que más grande, más alto y con una gran escultura en lo alto. Aunque vale suponer que podría conmemorar la “gran victoria” de los bombardeos contra Irán, con solo 13 bajas en su Ejército, habrá que esperar la decisión del personaje. De lo que no hay duda es de la irritación de millones de católicos estadounidenses ante la burlesca ocurrencia del presidente de difundir su imagen imitando a Jesucristo, con túnica blanca, faja roja, bandera estadounidense alrededor, águilas calvas, aviones de combate y una bicho alado con cuernos en el cielo. El Trump-Jesucristo aparece curando a un enfermo.

El cómico Jon Stewart se reconoció en la bufonada de Trump sobre Jesucristo.

“¡Oh, Dios mío!”, exclamó el hombre enfermo, el actor cómico Jon Stewart, al reconocerse en la imagen reproducida por inteligencia artificial (IA). “No sabía que ya estábamos en esa situación. No me había dado cuenta de que mi aspecto había llegado a un punto lamentable”, confesó Stewart, que es un descreído de izquierda. “Me alegra que Jesús-Trump haya traído su oleo sanador”, confesaba antes de elogiar las limitaciones de la IA. “Es como si dijera: puedo darte fuegos artificiales y poderes curativos y puedo convertirte en Jesus, pero pesas lo que pesas. Tendrás que ser un Jesús gordo”, añadió Stewart. Puesto que la publicación se produjo después de los primeros ataques verbales del presidente contra el Papa, el actor remató: “Los comentarios de Trump sobre el Papa han ofendido a mucha gente cristiana. Pero no se preocupen, la cosa empeorará”.

Trump acusó al Pontífice de ser “indulgente con el crimen” y “terrible en política exterior”. En una extensa diatriba en su red Truth Social se despachó contra el líder católico nacido en Chicago diciendo: “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que piense que es terrible que Estados Unidos atacara a Venezuela, un país que enviaba enormes cantidades de drogas a Estados Unidos y, peor aún, que vaciaba sus cárceles, incluyendo asesinos, narcotraficantes y criminales, a nuestro país. Y no quiero un Papa que critique al Presidente de los Estados Unidos porque estoy haciendo exactamente para lo que fui elegido, por una aplastante mayoría: establecer cifras récord de delincuencia (sic) y crear el mejor mercado de valores de la historia”.

Las invectivas del matón de la Casa Blanca comenzaron después de que León XIV criticara la “idolatría del yo” y el “delirio de omnipotencia” presentes en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, que calificó de “atroz” antes de afirmar que Jesucristo no se puede usar para justificar ninguna guerra y de instar a los jefes de todos los bandos a deponer las armas. La exigencia de paz a un tipo que amenazaba con acabar con la civilización persa en una noche y al que el Papa no citó, enfureció al promotor de la Furia Épica, que no ha cesado de criticarle desde entonces. Sin embargo, el Papa insiste en la exigencia de la paz con palabras tan firmes como las que pronunció el jueves pasado en en el corazón de un Camerún asolado por las guerra: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”, dijo después de criticar a los dirigentes quederrochan millones de dólares en asesinatos y destrucción”. Como es sabido, Trump ha anunciado una petición de 1,5 billones de dólares para armamento y defensa el próximo año. En un mitin confesó el 1 de abril: “No podemos hacernos cargo del cuidado infantil. Estamos luchando guerras. No es posible que nos encarguemos de las guarderías, el Medicaid, el Medicare, todas estas cosas”.

Al margen de cuál sea el desenlace de una guerra ilegal y de oportunidad del dúo Trump-Netanyahu y de si Irán entrega finalmente a Rusia la media toneladas de uranio enriquecido que guarda bajo tierra para que EEUU desbloquee el tránsito por el Estrecho de Ormuz, cumpliendo la Carta de Naciones Unidas sobre el libre tránsito marítimo, el comportamiento imprevisible y los comentarios extremos de presidente norteamericano han acelerado la discusión sobre si es errático o si tiene problemas de salud más serios. Así lo señalaba el 14 de abril el New York Times. El gobernador de Illinois, JB Pritzker, ha invocado la vigésimoquinta enmienda para revocarlo por incapacidad. “Un loco transtornado no puede tener el control”. Pero no se trata solo de una inquietud expresada por dirigentes del Partido Demócrata, comediantes de televisión y profesionales de la salud mental que hacen diagnósticos a distancia. Ahora, también puede escucharse de generales retirados, diplomáticos y funcionarios extranjeros. Y, lo que es más sorprendente, puede oírse incluso en la derecha, entre antiguos aliados del presidente.

Portavoz muestra el Arco de Triunfo trumpista

Pakistán conquistó a los Trump con negocios y un hotel en Manhattan

Luis Díez.

Personas bien informadas cuentan cómo Pakistán conquistó la simpatía (aunque sea mucho decir) del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, hasta el punto de convertirse en su tabla de salvación para salir de la maldita guerra contra Irán que él mismo inició junto con el genocida del pueblo palestino y principal obstáculo para la paz en Oriente Medio, Benjamín Netanyahu.

Ya recordarán que diez días antes de lanzar los primeros bombazos sobre Teherán, asesinando al ayatola Ali Jamenei y a más de cuarenta miembros de su gobierno represor, el matón de la Casa Blanca convocó a los representantes de los países que aceptaron formar parte de su llamada Junta de Paz, una especie de club de pago (mil millones de dólares de cuota). En aquel marco, el antiguo promotor inmobiliario, amigo de Trump y negociador del alto el fuego en Gaza (y ahora en Irán), Steve Wifkoff, presentó un inusual acuerdo entre EEUU y Pakistán.

Se trataba de un memorando para la cesión y remodelación del glamuroso (en su día) Hotel Roosevelt de Nueva York, un enorme edificio propiedad de Pakistán, situado entre las calles 45 y 46 y las avenidas Madison y Vanderbilt de Manhattan. De pronto, el acuerdo entre el mediador trumpista Witkoff y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif convertía a la administración federal estadounidense en copropietaria del inmenso inmueble, algo que agradó sobremanera al presidente, siempre atento a las oportunidades de “monetarizar” el cargo para sí y su familia.

El hijo de Witkoff, negociador y amigo de Trump, firma un convenio para extender a Pakistán el negocio de criptomonedas que comparte con los hijos de Trum. Detrás, en el centro, el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif

Si durante el primer mandato, el presidente magnate incrementó su fortuna en unos tres mil millones de dólares, en el primer año de su segundo y último nuevo mandato ha sumado a su patrimonio otros mil quinientos millones más según estimaciones de grandes medios de comunicación. Cierto es que ha renunciado a los 400.000 dólares anuales de sueldo oficial.

Pero las atenciones de los sagaces mandatarios pakistaníes hacia el incontinente Trump y su entorno se han sucedido en muchos campos. Por ejemplo, Pakistán nominó al matón de la Casa Blanca para el Nobel de la Paz. Pakistán contrató lobistas vinculados a la familia Trump. Y Pakistán (su ministro de finanzas) firmó un mes antes del acuerdo del Hotel Roosevelt un convenio para incorporar una filial de World Liberty Financial, la empresa de criptomonedas fundada por las familias Trump y Witkoff, a sus transacciones internacionales.

Es lógico que míster Witkoff, siempre acompañado en sus tareas de mediación de Jared Kushner, yerno de Trump, apelase a las buenas relaciones con los amigos pakistaníes para frenar la escalada bélica contra Irán sin provocar más daño económico al conjunto de la humanidad y a los propios estadounidenses. Y es lógico también que el primer ministro pakistaní, señor Sharif, se apresurase a enviar a las autoridades supervivientes de Irán una propuesta de paz que sin apariencia de “victoria pírrica” para EEUU e Israel les permitiese salir airosos del lance.

El ayatola Mojtba Jamenei dio su visto al acuerdo de tregua dos horas antes de que acabase el ultimatum USA

Sharif aprovechó bien la oportunidad y se hizo acompañar de los buenos oficios de los grandes países con mayor influencia en el área como son Egipto, Arabia Saudita y Turquía, para conseguir de Irán un plan de negociación de diez puntos, comenzando por la reapertura y el libre tránsito del Estrecho de Ormuz, que estrangula desde hace ya mes y medio a los países petroleros del Golfo Pérsico. En los ricos emiratos petroleros trabajan, por ejemplo, más de un millón de pakistaníes cuyas remesas suponen el 40% de los ingresos del país desde el exterior.

Así, entre insultos –“Abran el puto Estrecho, locos bastardos, o vivirán en el Infierno”–, prórrogas y un ultimatum apocalíptico –“Toda una civilización morirá esta noche, para no volver más”– del presidente de EEUU a Irán, los negociadores pakistaníes, entre los que destacó el jefe militar Asim Munir, consiguieron que el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei diese discretamente luz verde a la tregua. Al alivio de la población iraní se sumaron los países del Golfo Pérsico indirectamente castigados por la belicosidad de Trump. Pero poco duró la alegría en la casa del pobre (y la casa propiamente dicha) ya que Israel aprovechó las horas posteriores a la tregua para acometer los bombardeos más intensos contra Líbano, con un saldo de 203 personas muertas y más de mil heridas.

La “aportación” del carnicero de Gaza a la paz revela su frustración por el alto el fuego alcanzado entre EEUU e Irán. Pero en esta ocasión, su amigo y aliado Trump le ha pedido que no tense más la cuerda y se vaya a Washington a negociar con el gobierno de Líbano sobre el desarme y la eventual disolución de las milicias de Hezbolá. Esas milicias han frenado los repetidos intentos de Israel de ocupar el sur del Líbano, incluyendo el valle del Litani, según han proclamado, aprovechando la guerra contra Irán.

Israel desató los bombardeos más intensos sobre Beirut tras conocer la tregua con Irán

En esa zona, cerca de la localidad de Marjayún, se encuentran los 650 soldados españoles que forman parte del contingente de cascos azules de la ONU y que desde hace 20 años (se desplegaron en 2006) habían conseguido evitar la guerra hasta que la irrupción de EEUU contra Irán desbarató el equilibrio y ha contribuido a embrutecer y embravecer a las tropas israelíes hasta el punto de despreciar e intentar humillar a una patrulla española antes de retener, insultar y maltratar a un soldado durante una hora.

La protesta diplomática del Gobierno español ha provocado la burla de la portavoz parlamentaria del PP en el Congreso con una comparación tan estúpida como: “A mí también me ha retenido una hora la guardia civil en un control”. ¿No defiende el PP a los soldados españoles en misiones de paz en el mundo? En la “operación Libre Hidalgo” de la ONU en Líbano, que llegó a contar con 1100 militares españoles han perdido la vida quince de ellos.

Netanyahu ha acusado al Gobierno español de “librar una guerra diplomática” contra su país y ha ordenado expulsar a los representantes españoles del Centro de Coordinación Cívico-Militar (CMCC, por su siglas en inglés), un órgano creado para la supervisión del alto el fuego en la Franja de Gaza como parte del plan de paz de Donald Trump. Desde el alto el fuego de octubre pasado han matado a más de 700 palestinos cerca de lo que ahora llaman línea naranja con Gaza.

En realidad el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acusó directamente a Netanyahu de violar los derechos humanos y de “desprecio por la vida” por continuar los ataques contra Líbano a pesar del alto el fuego entre EEUU e Irán. Y viernes volvió a pedir a la Unión Europea (UE) que, “por coherencia y por empatía”, suspenda el Acuerdo de Asociación con Israel. “No permitamos una nueva Gaza en Líbano”, zanjó.

Los perdedores de la guerra de Trump y Netanyahu

Luis Díez

Por si fuera poco el daño humano y material que los criminales de guerra Trump y Netanyahu están causando en Irán y Líbano, sus 21 días de bombardeos ya dejan a millones de perdedores en el frente económico. Somos cientos de miles de trabajadores, clase media laboral, funcionarios, especialistas, técnicos, aprendices, estudiantes, gente de mediado pasar y, a mayor desgracia, personas en el límite de la subsistencia. La carestía nos golpea y convierte la vida en una lucha sin cuartel contra un ejército de fantasmas. Como decía Blas de Otero, “vivir se ha puesto al rojo vivo”.

El cierre del pasillo del petróleo por el estrecho de Ormuz ha provocado un incremento del precio de los carburantes del 40%. El bombardeo por parte de Israel del yacimiento de gas más grande del mundo, conocido como South Pars y administrado por Irán y Qatar en el Golfo Pérsico, ha duplicado de la noche a la mañana el precio del gas licuado. El incremento del precio de los carburantes y de la energía afecta a toda la cadena productiva y al transporte de tal forma que los cálculos más optimistas ya sitúan la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios en un 10%.

Los estadounidenses pagaban la gasolina a finales de febrero a 2,90 dólares por galón (3,78 litros), y en dos semanas de guerra el precio había subido a 3,70 dólares, según la Administración de Información Energética. En el caso del gasóleo el precio es más alto. Es el mayor aumento en menos tiempo de los últimos 30 años, superior al registrado al comienzo de la guerra en Ucrania en 2022 y a los asociados a la recesión de 2008 y los recortes de extracción de la OPEP. Es todo lo que tienen que agradecer al matón que colocaron en la Casa Blanca. También ellos están perdiendo la guerra.

Los chinos, muy dependientes de los suministros de crudo desde el Golfo, ya funcionan con la consigna de consumir menos energía fósil, moverse poco, tele-trabajar y darle al pedal. Eso no quita para que toda su producción agraria y fabril sea más cara y tengan que volver al carbón, con el consiguiente daño añadido a la atmósfera. De hecho, la descarbonización ha quedado paralizada en gran parte de Asia Oriental. La atmósfera terrestre es también perdedora de la guerra. ¿Qué miérda respirarán nuestros hijos?

En términos globales sólo Rusia está ganando la guerra en el frente económico. Aunque la Unión Europea (EA) mantiene el embargo al petroleo y el gas del putinato, el bloqueo del estrecho de Ormuz le permite aportar más suministros a más clientes en el resto del mundo. Los europeos, principales paganos de los efectos de la guerra de Ucrania, sufrimos un mayor impacto del precio de los carburantes que los propios estadounidenses, productores de petroleo. La UE es perdedora neta de esta guerra.

España y otros países están adoptando medidas como la reducción del IVA y otros impuestos a los carburantes para ayudar a los ciudadanos (productores y consumidores) frente a la carestía. La Tarifa de Último Recurso (TUR) de gas natural, diseñada para proteger a los consumidores de menos de 50.000 kWh/año, se ha demostrado una solución aceptable para viviendas con calefacción y agua caliente de gas.

Los bonos sociales para combatir la carestía eléctrica y otras medidas acordadas el viernes por el Gobierno del socialista Pedro Sánchez y que convalidará el Parlamento (si la derecha no se desdice) tratan de atemperar la nueva crisis provocada por el matón de la Casa Blanca y su amigante el genocida de Balfour Street en Jerusalén. Por cierto que en la tercera semana de su despiadada guerra ilegal se han registrado diferencias entre los dos monstruos.

El señor Trump, que tanto disfruta con la producción y difusión de videos en los que presenta los bombazos y la destrucción de vidas e infraestructuras en Teherán y otras ciudades de Irán como si fueran un juego, ha salido a la palestra a reprender al israelí Netanyahu por atacar las plantas de extracción del yacimiento de gas de South Pars, compartido por Qatar e Irán en el Golfo Pérsico.

A última hora del miércoles, 18 de marzo, el señor Trump publicó en redes sociales que “Estados Unidos (o sea, él) no sabía nada sobre este ataque en particular”. Pero ante el temor a ser desmentido, al día siguiente cambió de rumbo y dio a entender a los periodistas en la Casa Blanca que había hablado con Netanyahu. “Le dije que no hiciera eso”, aseguró antes de añadir: “Somos independientes. Nos llevamos de maravilla. Es algo coordinado”.

Funcionarios israelíes confirmaron que Trump había sido informado antes del ataque. Luego Netanyahu intentó desvincular a EEUU de la operación, consciente de que Qatar es aliado de los estadounidenses y no fue informado de lo que iba a suceder. Horas después del ataque israelí contra South Pars, las instalaciones de gas natural en Qatar fueron atacadas. El emirato culpó a Irán y pidió la desescalada. Un portavoz militar iraní dijo que era la respuesta al bombardeo de South Pars y que se habían limitado a atacar instalaciones energéticas “consideradas parte de los intereses de Estados Unidos”.

En contraste con ese bombardeo a South Pars que ha disparado los precios mundiales del petróleo y el gas –estamos hablando del yacimiento de gas más grande del mundo y del emirato de Qatar como tercer exportador mundial de gas natural licuado–, el señor Trump se abstuvo de dañar la infraestructura petrolera de la isla iraní de Kharg durante su ataque de hace diez días. Dijo entonces que había respetado las instalaciones del mayor centro exportador de petróleo iraní “por razones de decencia”.

Aunque resulta paradójico el término “decencia” en boca de un tipo que el primer día de su guerra mató con un misil guiado Tomahawk de un millón de dólares a 168 niñas, niños menores de doce años y profesores en la escuela en Minab (Irán) y luego atribuyó el bombazo a los iraníes, y, más tarde, afirmó que “no sabía nada”, queda clara la escala de valores del monstruo criminal: primero los bienes y valores (petróleo y gas en este caso) y después la gente, que es la “materia prima” más barata y abundante que hay.

Sólo en la primera semana de guerra, hasta el 6 de marzo, la Agencia de Noticias de Derechos Humanos (HRANA), documentó la muerte de 1.114 civiles iraníes, incluidos 183 niños. La cifra de muertos se acerca ya a las cuatro mil personas. Los desplazados –esos que de pronto el jefe del PP español, señor Núñez Feijóo, teme que lleguen como enmigrantes y se hagan terroristas– supera los tres millones. Ellos son los grandes perdedores de la guerra. Y con ellos, los más de mil muertos y 20.000 heridos y el millón de desplazados en un Líbano atormentado por los bombardeos e incursiones del ejército israelí.

La semana pasada, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, explicaba en Al Jazeera que esta guerra ponía a EEUU al servicio de Israel y confiaba en que la población estadounidense y los países de la región elevaran la voz para pararla. El descontento ante el daño a la exportación de petróleo que la guerra de Trump y Netanyahu está provocando, comienza a apreciarse entre los jeques del Golfo Pérsico.

“¿Cómo es posible que a ellos (Irán) se les permita vender, mientras a nosotros se nos prohíbe hacerlo?”, preguntaba miércoles el comentarista Nadim Koteich, cercano al gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. “Alguien está pagando las consecuencias” de las interrupciones de suministros causadas por la guerra, “y ese alguien somos nosotros”, concluía.

El matón de la Casa Blanca acusa ese descontento que muy pocos medios de comunicación se atreven a reflejar (en EEUU están amenazados con la retirada de licencias) y vuelve a apelar a los aliados de la OTAN para que escolten a los petroleros. El viernes los tachó de “cobardes” y volvió a amenazar a España con retirarse de Rota y Morón.

Sin embargo, ningún punto del tratado de la Alianza Atlántica obliga a defender a quien, como EEUU, no ha sido atacado, ni tampoco a respaldarle como atacante, creador del caos, violador del derecho internacional y promotor de la ley de la fuerza frente a la fuerza de la ley, el diálogo, la paz y la civilización. Por cierto que a ese señor que insulta y mata, la señora Díaz Ayuso le ha otorgado la medalla de honor de la Comunidad de Madrid en nombre de los madrileños. ¿Por qué?

Los que se lucran con la guerra

Luis Díez.

¿A quién beneficia la guerra? En primer lugar, a los fabricantes de armas, municiones y máquinas de matar. “Si las usan moriremos por explosión, si no por hambre y enfermedad”, decía el periodista Rafael Barret a principios del siglo XX para demostrar que todas, absolutamente todas las armas son una mierda. En la guerra emprendida por el matón de la Casa Blanca, señor Trump, y su amigo genocida del pueblo palestino, señor Netanyahu, contra Irán, los hijos mayores del primero, Donald y Eric, se benefician directamente de la conflagración como inversores en compañías vinculadas a la fabricación de armamento como la tecnológica Powerus, con sede en West Palm Beach (Florida), que se está fusionando con otras firmas para fabricar drones. Antes de los ataques militares contra Irán, Eric Trump se implicó también en un acuerdo para aportar 1.500 millones de dólares a la firma israelí Xtend, especializada en aeronaves tácticas no tripuladas.

Según la información suministrada por el Wall Street Journal, la apuesta de la familia Trump por la industria armamentista pretende satisfacer la demanda de drones planteada por el Pentágono y llenar el vacío dejado por la orden previa de la administración estadounidense de prohibir drones de importación y más concretamente los de fabricación china que inundaban el mercado. Brett Velicovich, cofundador de Powerus y veterano de operaciones especiales del ejército de Estados Unidos que ha asesorado a empresas de drones en USA y Ucrania dice que Powerus trabaja en acuerdos para adquirir empresas de drones ucranianas o agenciar su tecnología y construirlos y comercializarlos con marca blanca en EEUU. El director ejecutivo de Powerus, Andrew Fox, concreta el objetivo de construir más de 10.000 drones al mes. Verdad que ahora se entiende mejor el llamamiento del Trump a la industria militar de su país para que “cuadruplique la producción”?

El presidente de EEUU Donald Trump con sus hijos Ivanka, Eric y Donald junior

Para hacerse una ligera idea de los impresionantes beneficios de la industria del armamento baste decir que tan solo en los dos primeros días de la guerra de Trump contra Irán, el ejercito USA consumió 5.600 millones de dólares en munición. Fue uno de los datos ofrecidos por el Pentágono en las sesiones informativas a puerta cerrada en el Capitolio. Este consumo fue mucho más costoso de lo divulgado oficialmente, lo que viene a confirmar lo que de antemano sabíamos: que la primera víctima de la guerra es la verdad y que cuanto más dinero público detraen de los servicios y necesidades básicas de supervivencia, más lo tapan. Roban, restan y se forran a una velocidad supersónica, según la información aportada por el Washington Post.

El matón de la Casa Blanca que ha provocado el asesinato de 175 niñas menores de doce años y de varias profesoras en la escuela iraní de Mehr, beneficia los negocios del sátrapa del Krenlim, Putin, y sus amigos y subordinados petroleros, al provocar con su guerra contra Irán una carestía del petróleo muy conveniente para sufragar el putinato y los bombardeos y la ocupación de territorio en Ucrania. Hay potentados rusos haciendo negocios con la hija mayor de Trump, Ivanka, y su marido, Jared Kushner, consejero del presidente y creador de la compañía de capital riesgo Affinity Partners. Esa entidad canaliza además miles de millones de dólares de inversión de los Emitatos Árabes Unidos, Catar y Arábia Sudita en EEUU. Los medios consultados coinciden en que príncipe heredero saudí y hombre fuerte del régimen, Mohammed ben Salman, es amigo y persona muy cercana al yerno de Trump.

Arabia Saudita envía a los petroleros a cargar en el mar rojo ante el riesgo en el estrecho de Ormuz

Aunque la inseguridad para sacar el petróleo del Golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz ha paralizado el paso de los petroleros, con el consiguiente beneficio mayor para Rusia, según destacaba esta semana el presidente del Consejo de la UE, Antonio Costa, la principal extractora Saudi Aramco ha pedido a los compradores asiáticos que acudan a cargar el crudo al puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, y que comuniquen cuanto antes (antes del viernes, 13 de marzo) cuánto desean importar en abril. Ese y otros anuncios ponen de manifiesto la existencia de alternativas al bloqueo del estrecho por el que sale el 20% del petroleo que consume el mundo. Cierto es que la capacidad de almacenaje de los extractores es limitada y puede obligar a los jeques a parar el bombeo. Pero no por eso sufrirán grandes estragos, habida cuenta de que esa minería líquida, al contrario que la del carbón, no requiere muchos trabajadores ni gran gasto de personal.

Rysard Kapuściński, el gran periodista polaco que tan bien contó la caída del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi en 1979 y la revolución islámica con el ayatola Jomeini al frente de la república teocrática actual, decía que el petroleo era una bendición para los autócratas de los países árabes porque su extracción no provocaba huelgas ni revueltas obreras. Los jefes como aquel Sha vivían estupendamente, casi siempre fuera del país, creaban unidades de élite en el ejército, las dotaban de material sofisticado, importaban especialistas con sueldos fabulosos, vivían en una orgía permanente de lujo y baleaban al pueblo cuando protestaba en las calles porque tenía hambre y unos salarios de miseria. Eso hacía el Sha Reza Pahlevi y por eso cayó tras matar a cientos de personas que se manifestaban en Teherán. Y eso ha vuelto a hacer ahora el ayatolá Jamenei antes de morir bajo las bombas de Trump. Su segundo hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei puede ser considerado otro beneficiario neto de la guerra de un Trump que lejos de tumbar, ha fortalecido al régimen.

El nuevo ayatola Mojtaba Jamenei, segundo hijo del anterior, asesinado por las bombas USA sobre Teherán

Por cierto que el nuevo ayatola, a quien mandos militares estadounidenses aseguran haber «desfigurado», no le va a la saga a aquel Sha en materia de lujosos inmuebles, palacios y negocios en varios países europeos. En España es dueño del complejo turístico Steigenberger Hotel y Resort Camp de Mar, en Palma de Mallorca. Se trata de un hotel de cinco estrellas con campo de golf gestionado por la entidad Smart Global Limited. Las operaciones inmobiliarias del ayatola muerto y de su hijo el ayatola puesto estarían a cargo de Ali Ansari, un empresario iraní sancionado en Reino Unido tras la quiebra del banco Ayandeh, implicado en el desvío de fondos para la Guardia Revolucionaria. Este personaje maneja sociedades registradas en paraísos fiscales a las que canaliza fondos procedentes de la venta de petróleo bajo mano a distintos países, eludiendo las sanciones internacionales. Las inversiones de inmuebles de lujo en Madrid, Marbella, Palma de Mallorca, Londres, Berlín y algunas ciudades de Austria formarían parte del inmenso capital del nuevo líder iraní mientras mantiene un perfil austero ante su pueblo.

Hotel de cinco estrellas del presidente iraní, el ayatola Jamenei en Palma de Mallorca

En último, aunque pudiera ser en primer lugar, hay un beneficiario principal del caos y la muerte provocada por los ataques a Irán y Líbano del dúo criminal Netanyahu-Trump. Es el propio matón de la Casa Blanca. Su turbio pasado con su millonario amigo y traficante sexual de menores Jeffrey Epstein le persigue. ¿Trabajaba Epstein para el Mosad? ¿Qué saben de Trump los servicios secretos israelíes que le han llevado a obedecer ciegamente al genocida Netanyahu? Los grandes prebostes infestados por el proveedor sexual Epstein siguen cayendo como fichas de dominó –el último ha sido Steve Tisch, copropietario de los Giants de Nueva York y productor de filmes de éxito como Forrest Gump, Risky Business y otras–, pero de Trump ya no se habla en relación con el traficante sexual y pederasta que supuestamente se suicidó en 2019 en una cárcel de Nueva York, sino con el curso de la guerra.

A propósito de beneficios de una guerra que en 15 días ha provocado cientos de muertos civiles y tres millones de desplazados en Irán, además de setecientos fallecidos y más de 800.000 desplazados en Líbano por los bombardeos de Israel y casi medio centenar de víctimas mortales en los países del Golfo, Iraq y el propio Israel, convendría saber qué ventajas, ingresos y canongías aspiran a obtener el expolítico nefasto Aznar López y los mediocres dirigentes del PP cuando vituperan al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por negar el permiso a Trump para utilizar las bases de Rota y Morón en sus planes bélicos contrarios a la legalidad internacional y la Carta de Naciones Unidas. ¿Qué clase de patriotismo profesan estos tipos y su apéndice dizque más ultra, el corrupto Abascal, cuando colocan la soberanía nacional de alfombra de los dos personajes criminales y además les llaman “aliados”?

Ahora que los ciudadanos españoles, del mismo modo que los del resto del mundo, incluidos los estadounidenses, estamos pagando las consecuencias de la guerra, conviene acordarse de los amigantes de Trump y Netanyahu no sólo en las gasolineras, los supermercados o cuando recibimos las facturas del gas y la electricidad, sino muy especialmente a la hora de votar. Además de un asunto de clase social –ricos y pobres, capitalistas y proletarios, trabajadores y empresarios– es también una cuestión de dignidad, calidad humana, honradez y preservación de la paz, la convivencia, la equidad, la igualdad de género y los derechos humanos frente a falsarios que corren a lamer el culo a los matones y sembradores de odio.

Sánchez frente al punitivo Trump: «¡No a la guerra!»

Luis Díez

Las amenazas comerciales del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra España porque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha permitido que utilice las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para atacar a Irán junto con su amigo el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, revelan la mentalidad imperial, patógena y mercantilista del señor de los aranceles. El presidente Trump ha de entender que los pueblos no eligen a sus gobernantes para que vayan a Washington a besarle el culo, como dijo cuando desató la guerra arancelaria, sino para que dirijan bien los países y no hagan daño. De modo que el Gobierno de España, como el de cualquier otro país soberano, tiene derecho a manifestar su posición (“No a la guerra”) ante una conflagración innecesaria y contraria a la Carta de Naciones Unidas y a la legalidad internacional.

Pero además, el Convenio bilateral de Cooperación para la Defensa entre España y EEUU (BOE núm. 108 de 6 de mayo de 1989), expresa en su breve preámbulo “el ideal común de respeto a los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley” y añade que los dos países “reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los gobiernos”. Y después de reconocer que la seguridad e integridad territorial de ambos estados contribuye al mantenimiento de la paz y la seguridad en Occidente, enseguida dispone (Art. 2.2) que “cualquier uso (de las Bases militares) que vaya más allá de los objetivos de ámbito bilateral o multilateral (OTAN) de este Convenio exigirá la autorización previa del Gobierno español”.

Trump aprovechó la visita del canciller alemán Friedrich Merz para lanzar sus amenazas contra España

Queda claro para quien sepa leer –y se supone que el señor Trump y sus hábiles diplomáticos y astutos militares saben– que la “guerra de oportunidad”, sin consulta a los aliados ni siquiera a los representantes inmediatos del pueblo estadounidense, ha sido una decisión personal del supremacista y su amigo, acusado de genocidio contra el pueblo plestino. Y que España, en cumplimiento de la letra y el espíritu del convenio, debía negarse a colaborar en el infierno que han desatado y que ya hemos comenzado a pagar. De hecho, los ataques criminales contra Irán y Líbano son tan condenables como los perpetrados por el sanguinario Vladimir Putin contra Ucrania, a la que lleva cuatro años bombardeando, con un saldo de 55.000 soldados ucranianos muertos, según los datos aportados por el presidente Volodímir Zelenski, y el triple de soldados y mercenarios del ejército ruso, según la BBC.

El señor Trump parecía enfadado cuando anunció ante el canciller alemán Friedrich Merz su intención de castigar a España por no autorizar el uso de Rota y Morón en su guerra contra Irán. “Podría parar todo lo relacionado con España, todos los negocios relacionados con España; tengo derecho a pararlo, a embargos. Hago lo que quiera con ellos y podríamos hacerlo con España. Vamos a cortar todo comercio con España”, proclamó. Luego anunció que ya ha dado la orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, para que actúe en consecuencia. Y remató; “España no tiene absolutamente nada que necesitemos, salvo gente estupenda. Tienen gente estupenda pero les falta un gran liderazgo”, concluyó. Al día siguiente, el señor Bessent salió diciendo la barbaridad de que España quiere que mueran soldados estadounidenses. Y horas más tarde, la portavoz de la Casa Blanca lanzó la versión de que el Gobierno español había modificado su posición y apoyaba la operación militar contra Irán.

Más allá de la falta de coordinación y unidad de mensaje en Wasington, la Unión Europea (UE) salió inmediatamente en defensa de España, recordando al señor Trump y a sus subordinados que las relaciones comerciales se establecen con el conjunto de la UE y no es posible aplicar vetos ni sanciones a un país miembro sin pasar por Bruselas. La normativa de la UE y acuerdo arancelario con EEUU, igual que la letra del Convenio de Defensa, es algo que el señor Trump preferiría ignorar, pero no es posible. Su ímpetu punitivo contra el dirigente español se transformó en crítica al primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, quien también evitó apoyar la operación “Furia Épica” y del que Trump dijo en tono displicente: “no estamos tratando con Churchill”, precisamente. Como es sabido, Winston Churchill, que era del Partido Conservador, luchaba para defender a su país de los ataques de los nazis, como también lo hacían decenas de miles de republicanos españoles alistados en la resistencia francesa. ¿Qué tiene eso que ver con la guerra contra el país de los ayatolas con los que EEUU negociaba hasta ayer el uso civil de la energía nuclear?

Sobre el daño comercial que Trump puede hacer a España conviene saber que las exportaciones españolas a EEUU supusieron 16.716 millones de euros de ingresos el año pasado (un 8% menos que en 2024) y las importaciones, unos pagos de 30.174,7 millones, un 7% más que el año anterior. Con esa balanza comercial tan favorable a EEUU huelga decir que la amenaza trampista perjudica más a su país. Las exportaciones españolas al país norteamericano representaron el 4,3% del importe total de las ventas españolas al exterior, que fueron 387.091 millones en 2005 y las importaciones supusieron el 6,8% de las compras al exterior, que alcanzaron 444.164,4 millones de euros.

Cierto es que EEUU ocupa el primer lugar entre los inversores en España. Los activos de empresas estadounidenses en nuestro país están valorados en unos 120.000 millones de euros, con una cifra de negocios superior a 130.000 millones y unos 270.000 empleos, según datos oficiales. Pero también España mantiene unas inversiones valoradas en 91.000 millones de euros en EEUU, que son el segundo destino de inversores españoles. Con todo, España no tiene petróleo y es también vulnerable en tecnología de vanguardia. Vale señalar que el suministro de gas licuado por parte de EEUU supone el 30% y de petroleo el 15% del consumo anual, y que la dependencia española es total en Inteligencia Artificial.

Pese a las amenazas trampistas, el Ejecutivo español mantiene el encuentro empresarial España-Estados Unidos previsto el 13 y 14 de abril en Boston, con el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, al frente de la delegación española. Las alianzas estratégicas en sectores de las ciencias de la vida, singularmente la biotecnología, parecen interesar sobremanera a los socios estadounidenses. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), las principales ofertas a las empresas españolas para participar en proyectos punteros están relacionadas con el Departamento de Guerra (El Pentágono) y las agencias encargadas de evaluar las tecnologías para mejorar las capacidades militares.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mantenido su firmeza contra la guerra pese a las amenazas del supremacista imperial señor Trump de sancionar económicamente a España por negar las bases de Rota y Morón para bombardear Irán.

El presidente Pedro Sánchez se ha mantenido firme ante el punitivo jefe de la Casa Blanca. “La posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, afirmó tajante. “Si Washington quiere cambiar su relación comercial con España, deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE.UU”, advirtió antes de reafirmar que España es “un miembro clave de la OTAN”, cumple con sus compromisos y contribuye “de forma destacada” a la defensa del territorio europeo. El Ejecutivo lo ha demostrado con el escudo antimisiles en Turquía y con la aportación de una fragata al grupo de combate francés en defensa de Chipre, el país que preside la UE este semestre. Sánchez también ha recordado que España “es una potencia exportadora de la UE y un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EEUU, con quien mantenemos una relación comercial histórica y mutuamente beneficiosa”.

Sin necesidad de las represalias de Washington, los españoles y los europeos –también los chinos– hemos comenzado a pagar la guerra de Trump y Netanyahu con el corte del suministro petrolero de los Emiratos, Catar, Kuwait y Arabia Saudita a través del Estrecho de Ormuz y el encarecimiento de los transportes y la energía. Las estimaciones inflacionarias se sitúan en el 3% a mediados de año. El mayor daño en el corte de suministros carga sobre China, que ya ha ordenado a sus refinerías que no vendan ni un litro de gasolina fuera. Y el mayor beneficio de esta guerra va a ser para Rusia, como principal suministrador de gas y petróleo a China y el sudeste asiático.

En cuanto al elemento humano, además de iraníes y libaneses, que ponen la mayoría de los muertos y desplazados por esta guerra, los más perjudicados son los trabajadores de la ribera del sur del Golfo Pérsico, en especial los emigrantes de Pakistán, India y Sri Lanka. De éste último país se cuentan 350.000 en Emiratos Árabes Unidos, 246.139 en Arabia Saudita, 175.000 en Kuwait y 140.000 en Katar, donde realizan, junto con otros emigrantes indios y pakistaníes, la mayor parte del trabajo doméstico, la hostelería, la atención sanitaria, la construcción, el transporte y la limpieza. A las autoridades srilankesas correspondió el jueves rescatar a los 130 marineros de la fragata iraní Dena, hundida por un torpedo lazado por un submarino estadounidense cuando navegaba en aguas internacionales a 2.000 millas de la costa de Irán. Solo una treintena consiguieron salvarse. La fragata había sido invitada por la Armada de India a participar en unas maniobras, junto con el buque iraní Irins Bushehr, que pudo refugiarse en un puerto de Sri Lanka con 208 militares a bordo. Fue, en fin, uno de los episodios más crueles y al tiempo más celebrados por los agresores del Pentágono y la Casa Blanca.

Mapa de los bombardeos en el Golfo Pérsico y Oriente Medio tras la operación Furia Épica de Trump

23-F: los documentos del Golpe y alguna novedad

Luis Díez.

La histórica foto de Barriopedro con Tejero en el Congreso gritando pistola en mano: «¡Quieto todo el mundo!» Y después: «¡Todos al suelo!», seguido de un tiroteo.

Todos los ciudadanos pueden acceder desde el miércoles pasado a los documentos hasta ahora secretos sobre el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981en el sitio: https://www.lamoncloa.gob.es/Paginas/index.aspx. Es una noticia estupenda. La desclasificación fue decidida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al cumplirse el 45 aniversario de aquella intentona fascista contra la democracia y la Constitución, que apenas tenía entonces dos años y dos meses de vida. Pocas horas después del libre acceso a estos papeles las diñaba en Málaga el dañino golpista Antonio Tejero Molina.

Los documentos desclasificados permiten conocer algunos detalles de “la operación” encabezada por el trío Tejero, Armada, Milans del Bosch, para volver a la dictadura de Franco con un Rey (Juan Carlos I de Borbón) después de todo formado a la sombra del dictador y con los esquemas del Estado autoritario que en aquellos momentos se sentía harto de Adolfo Suárez y, según decían, de la debilidad de la democracia frente al terrorismo y el separatismo. Por si fuera poco, reinaba el entonces llamado “desencanto”.

“No quiero que la democracia sea otra vez un breve paréntesis de nuestra historia”, había dicho el entonces presidente Suárez unas semanas antes del Golpe, al presentar su dimisión debido, entre otras cosas, a las disensiones en su partido, la Unión del Centro Democrático (UCD). Los democratacristianos querían el poder, los socialdemócratas amenazaban con largarse y los azules iban quedado en minoría.

Los papeles nada aclaran sobre las presiones a Suárez, previas al Golpe de Estado. Pero su frase enigmática apuntaba al golpismo militar (también hablaban del “golpe de timón”) con la posible anuencia del monarca, ya enfadado desde que Suárez le pidió que se cortara un poco en sus visitas a las amantes fuera de España, pues la reina Sofía estaba enfadadísima y amenazaba con separarse y largarse a Londres con los hijos. Tamaño escándalo era lo que menos necesitaba la incipiente democracia.

Aunque nada en los documentos del Golpe desdibuja el papel del rey emérito en defensa de la democracia aquel 23-F, el solo anuncio de la desclasificación de los documentos y las grabaciones con que cuenta la Administración General del Estado, puso de los nervios a los jefes del PP, que suponían que Sánchez se disponía a dar la puntilla al monarca emérito. Nada más lejos de la verdad. Hay que ser muy cafre y muy tonto para ignorar a estas alturas que el propio Juan Carlos I sabía que se jugaba la Corona si apoyaba el Golpe y conculcaba la Constitución refrendada por los españoles tan solo dos años y dos meses antes.

Con todo, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, envistió contra Sánchez el mismo miércoles en el pleno del Congreso: “Desclasifique el accidente de Adamuz, las causas del apagón del 28 de abril, los presupuestos del Estado, los documentos policiales que advierten de la regularización de un millón de irregulares…” Ninguno de esos asuntos es secreto. Tanto da. Feijóo apeló a ETA (disuelta hace una década) y escupió: “El 23-F había un presidente del Gobierno que luchaba contra el terrorismo; usted pacta con ellos y los excarcela”.

Entonces, el presidente Sánchez, que cree que los ciudadanos tienen derecho a conocer la información sin intermediarios, replicó a Feijóo: “¿Por qué le molesta tanto que se desclasifiquen los documentos del 23-F?” Y al líder del PP se le ocurrió responder que él no iba a tardar 45 años sino 45 horas en “desclasificar la corrupción del PSOE”.

Demagogia aparte, lo cierto es que al comprobar que no hay nada en los papeles contra el Rey emérito, a Feijóo se le ocurrió pedir públicamente que vuelva de Abu Dabi, como si el 23-F tuviera algo que ver con la decisión adoptada en el año 2020 de fijar su residencia en la capital de los Emiratos Árabes Unidos, donde disfruta de una villa de lujo y no paga impuestos. La Casa del Rey no pone objeción a que vuelva si quiere, aunque “para salvaguardar la imagen de la Corona como institución, deberá recuperar la residencia fiscal en España».

El rey emérito con unos jeques en Abu Dabi. Feijóo le echa de menos y quiere que vuelva

Los documentos desclasificados confirman muchos datos ya conocidos sobre la urdimbre golpista tejida por Armada, Milans y Tejero, entre otros traidores a la Constitución y la democracia. Permiten confirmar además la implicación de los servicios secretos del Estado, el CESID, cuya Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) dio apoyo y cobertura al asalto a mano armada al Congreso por parte de los doscientos guardias civiles comandados por Tejero. Ya se recordará que los guardias irrumpieron en el hemiciclo en plena votación de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo tras la dimisión de Suárez. El segundo jefe de la AOME, capitán Francisco García Almenta, en una conversación con un subordinado dio pruebas, tres días antes, de conocer lo que iba a pasar el 23-F. ¿Cómo no lo iba a conocer si formaba parte del esquema del golpe? Y el primer jefe, comandante José Cortina Prieto, se ocupó de mantener contactos con el nuncio del Papa Juan Pablo II y con el embajador de EEUU, Terence Todman. Todo un detalle por su parte.

El informe interno sobre la implicación en el Golpe de los agentes operativos, encargado por el director en funciones del CESID, Narciso Carreras, al teniente coronel Juan Jaudenes trata de exculpar a los mandos de la AOME, aunque en el caso del “segundo JAOME”, García Almenta, resulta difícil separarle de los “hechos probados” y de la llamada “operación Mister” ordenada en la mañana del 24 de febrero para limpiar las huellas de la participación de agentes del Centro en el asalto al Congreso. Uno de los asaltantes, el capitán Sánchez-Valiente, fue visto en el interior de la sede de la soberanía popular con los golpistas por su colega Diego Camacho cuando entró aquella noche en el Congreso a recabar información. Los asaltantes le dijeron que el general Armada era el jefe de la conspiración.

Es también ilustrativo el informe del CESID sobre la “evaluación de la amenaza”, elaborado antes del Golpe y remitido después al Presidente de la Junta de Jefes Militares (el Prejujem), teniente general José Gabeiras Montero, porque demuestra la nula información del Centro sobre la amenaza golpista. No es que los espías de La Casa no olieran una, como suele decirse, es que se dedicaban a leer la prensa y a controlar a la extrema izquierda, todavía. El MC (Movimiento Comunista) les preocupaba muchísimo. Y en cuanto a la ultraderecha, ni Fuerza Nueva ni otros grupúsculos aparecían en sus análisis. Sobre los militares golpistas, ni una palabra. El principal peligro no era el Ejército sino que, aprovechando la mili, se infiltraran activistas en el Ejército y montaran grupos como la Unión Democrática de Soldados. Por lo demás, zanjaban la amenaza de involución diciendo que oscilaba proporcionalmente al terrorismo y el independentismo.

Más allá del hecho desgraciado de que el Centro encargado de informar sobre las tramas golpistas traicionara vilmente al Gobierno, hay que destacar que el comandante Cortina fue procesado cuando ya estaba en marcha el juicio de Campamento (Madrid) en el que los militares juzgaron a los militares y condenaron a veintitrés cabecillas a penas escandalosamente bajas, después revisadas al alza. Cortina salió absuelto. Y de los seis restantes implicados con pruebas y sólidas, sólo uno fue condenado a prisión. El hermano del jefe de los espías operativos, Antonio Cortina, era amigo personal de Fraga y pudo informarle sobre la trama golpista, pero nada de eso consta en los 153 documentos desclasificados.

Cierto es que Fraga aparece mencionado en los planes de los golpistas porque sectores de su partido podían apoyar el siguiente golpe, pues tras el fracaso del 23-F, los golpistas proyectaron el asalto al Palacio Real el 24 de junio, día de san Juan, cuando el Gobierno y los principales dirigentes políticos estuvieran allí celebrando la onomástica del rey Juan Carlos. En el nuevo alzamiento el Rey era el “objetivo a batir y anular” de manera inmediata y prioritaria. El informe desclasificado ahora consideraba “urgente” la toma de conciencia de que se había puesto en marcha “otra operación militar de incalculables consecuencias con González del Yerro y el aparato de Cortina”. La intentona de González del Yerro contaría también con el “sector civil próximo” al exministro y fundador de Alianza Popular, Manuel Fraga.

Claro que el inconveniente del asalto al Palacio Real iban a ser los embajadores de los distintos países acreditados en Madrid. ¿Qué hacemos con ellos?, se preguntaban los golpistas.

Los documentos aportan también una tercera acción golpista, a la que llaman “Operación Halcón”, que tendría lugar el 27 de octubre de 1982, día de reflexión ante las elecciones generales del 28 de octubre, que ganó el PSOE de Felipe González con mayoría absoluta. El golpe se camuflaría con el dispositivo de seguridad electoral –la famosa Operación Diana– entre las cinco y las seis de la madrugada con un “chispazo” simultáneo en Madrid y otras ciudades para ocupar puntos estratégicos, entre ellos, las centrales telefónicas y los medios de comunicación, y con una agrupación de comandos encargados de “neutralizar” al presidente del Gobierno, determinados ministros (Defensa, Interior, Autonomías y Exteriores) y líderes políticos como Felipe González, Santiago Carrillo y el propio Manuel Fraga.

Este proyecto fue interceptado y conocido como “golpe de los coroneles”, con los Crespo Cuspineda y otros ultraderechistas a la cabeza. Para entonces ya los servicios secretos dirigidos por el general Emilio Alonso Manglano contaban con agentes de cierta calidad. Gracias a algunos de ellos se pudo abortar el plan organizado desde el castillo de Caranza, en Ferrol, por el general Milans del Bosch, de volar con cien kilos de dinamita la tribuna real con los reyes, el jefe del Gobierno y otras autoridades durante el desfile del día de las Fuerzas Armadas en A Coruña. El desfile tuvo lugar el 2 de junio de 1985 en la avenida de Las Marinas de A Coruña. Los golpistas ya habían alquilado un establecimiento con sótano desde el que proyectaban hacer un túnel para colocar el potente explosivo concertado con un tipo de una empresa de construcción bajo la tribuna presidencial del desfile. Juan Carlos I, su esposa Sofía, las infantas Elena y Cristina, además del presidente González, el vicepresidente Alfonso Guerra, el ministro de Defensa Narcis Serra, la JUJEM y los representantes del Legislativo y el Judicial, iban a caer asesinados. ¿Saben por quién? Por ETA, iban a decir.

Lo curioso del proyectado magnicidio fue que los espías hicieron saber a Milans que conocían sus planes y el general lo desactivó a tiempo, sin ser sancionado siquiera. El golpista vivió siete años como un marajá en la prisión de Caranza, sin rejas, con vistas a la Ría de Ferrol, espacio para hacer ejercicio, bar, salón de televisión, teléfono sin límite de uso con el que llamaba a Chile y hablaba con Pinochet, mayordomo, buenos mariscos que le traía regularmente un armador, buen vino que le mandaban de Málaga y visitas sin límite temporal, entre las que se contaba, una vez al mes, una señorita que pasaba un tiempo con él en la habitación del hotel-prisión.

Muchos datos curiosos puede encontrar el lector en los papeles desclasificados, pero es comprensible que pocos parezcan nuevos. Desde el guardia que aparece metralleta en mano a la derecha de Tejero en la foto de Barriopedro (sacó el carrete escondido en el zapato) y que dijo haber disparado 19 de los 23 disparos al techo del hemiciclo (y a las cámaras de Tv), hasta el jicho que huyó con un maletín (llevaba todo el dinero que había sacado del banco y billetes de avión a Barcelona, donde se escondió), pasando por Pardo Zancada y otros autores de aquel delito de alta traición al pueblo español, casi todos han escrito libros con información más o menos deformada, según sus intereses.

Poco nuevo queda por contar. La bibliografía es ingente. Hasta 98 libros con las siglas 23-F en el título se pueden encontar en el fichero de la Biblioteca Nacional. Desde el primer libro escrito por un grupo de periodistas (José Luis Martínez, Bonifacio la Cuadra, José Ángel Esteban, Rosa López, Ricardo Cid Canaveral, Juan Van Den Einden y Fernando Jaúregui) que se encerraron en el hotel Victoria tras el fracaso del Golpe para contar lo que sabían con el título Todos al suelo, hasta el exitoso relato novelado de Javier Cercas, pasando por Manolito Martín y sus chistes del Golpe, se pueden contar unos doscientos títulos sobre aquella historia.

Lo que no sabemos, porque es imposible, es qué hubiera hecho Franco ante un golpe protagonizado por militares demócratas. Hay pocas dudas: fusilarlos. He ahí la diferencia entre el sistema democrático y el autoritario al que todavía hoy algunos quieren volver, quizá por estulticia e incluso por rebeldía, según dicen.

Caminos de hierro, un siglo de dolor y progreso

Luis Díez.

Un error humano provocó en septiembre de 1976 el choque de un tren de viajeros con una máquina suelta en Rande, cerca de Vigo, con un balance de 15 personas muertas y 30 heridas/Fotos de El Faro de Vigo.

A fuer de dar vueltas al descarrilamiento y choque de trenes veloces que el 18 de enero pasado segó la vida de 46 personas junto al apeadero de Adamuz (Córdoba), uno acaba buscando comparaciones y entonces encuentra datos que documentan el hecho de que los accidentes ferroviarios han sido más frecuentes e incluso más terribles antes que después del tendido de la red de alta velocidad. El hallazgo no sirve de consuelo ante la desgracia, pero ante una derecha política que todo lo resuelve a gritos, con insultos, descalificaciones, exigencias de dimisión y amenazas judiciales, como se vio esta semana en el Congreso de los Diputados ante la comparecencia explicativa de Pedro Sánchez, y que no tiene otra política que la privatización en beneficio de allegados y amigantes (amigos mangantes en la acepción del filósofo Emilio Lledó), vale la pena centrarse en los hechos.

La naturaleza semoviente de los humanes llevó a las autoridades a proclamar 1926 como “el año del ferrocarril”. El general dictador Miguel Primo de Rivera –el mismo militar que en 1898 acompañaba a su tío cuando entregaron Filipinas y abandonaron a los soldados españoles– se sentía orgulloso del desarrollo ferroviario de la patria. Los capitales repatriados y la bonanza económica en la segunda década del siglo XX permitieron un desarrollo prodigioso de los caminos de hierro.

En 1926, hace un siglo, España ya contaba con 11.684 kilómetros de vía normal y 3.789 de vía estrecha. La Gaceta de los Caminos de Hierro contabilizaba 1.368 estaciones de vía ancha, 136 apeaderos y 915 de vía estrecha que, sumadas a las 32 terminales de funiculares y trenes cremallera, suponían 2.451 puntos de acceso a los trenes para un promedio diario de 325.000 viajeros y 116.000 toneladas de mercancías.

Las compañías ferroviarias (todas de capital privado) obtenían unos ingresos diarios de 2,4 millones de pesetas. En términos anuales, el transporte de 128 millones de viajeros y 6,76 millones de toneladas de mercancía les reportaban 870 millones de pesetas, con un beneficio neto publicado de 278 millones. Esto significa que el ferrocarril era rentable. Y lo seguiría siendo en los años treinta durante la II República, hasta que la sublevación militar fascista y la Guerra Civil (1936-39) arruinó al país.

Cierto es que el desarrollo mecánico, aunque tardío, se cobraba un alto tributo en vidas humanas. En los 16 accidentes más graves registrados en la década de 1920-30 perdían la vida la vida 188 personas. En toda la década solo hubo un año, el 1926, sin ningún accidente mortal que entintara los periódicos. Entre las mayores desgracias se contó el choque del correo Madrid-Gijón con el rápido Madrid-Coruña en la estación de Paredes de Nava (Palencia) que el 11 de julio de 1922 costó la vida a 33 personas. Y para acabar aquel año, el 22 de diciembre, un tren que llevaba soldados se estrelló con un mercancías parado en la estación de Onteniente (Valencia), con el fatal resultado de 12 muertos y más de 100 heridos.

En 1925 (9 de abril) descarriló un tren de cercanías de los Ferrocarriles Catalanes entre las estaciones de Las Planes y Sarría, causando 24 muertos y más de un centenar de heridos. Tremendo fue también el accidente que se registró en Pulpí (Almería) el 25 de mayo de 1927 cuando un tren cargado con mineral de la zona de Serón perdió los frenos y alcanzó al correo de Almendricos a Ágilas, encaramándose a los últimos vagones y provocando 21 muertos y otros tantos heridos.

Muchos accidentes registrados en aquella época eran alcances provocados por averías, descarrilamientos y obstáculos en la vía que ocasionaban paradas imprevistas. Aunque no había teléfonos móviles, en la Gaceta de los Caminos de Hierro aparecía una nota titulada El teléfono portátil en los ferrocarriles explicando que en todos los trenes se debía llevar un teléfono portátil, cuyo mecanismo y uso son muy sencillos. Se trata de una cajita con un croquis y unos hilos de alambre que se enganchan, uno en la chapa de los postes y otro, desde la cabina al raíl, formando un circuito que permite avisar de la anomalía a la estación más cercana.

El jubilado Luis Andina, antiguo ayudante del servicio eléctrico, daba instrucciones en la prensa para que cualquier viajero pudiera utilizar aquel sistema de transmisión urgente. Y añadía que “el tren que descarriló (en la línea de Cartagena) no hizo uso del teléfono, y por ello se produjo la segunda parte del suceso, lo que en otro caso no hubiera acontecido, pues no habría salido de la estación inmediata el tren que alcanzó al descarrilado. Sería, pues, muy conveniente divulgar el aviso y las instrucciones mediante cartelillos en todos los vagones, en el supuesto de que se cumpla lo prevenido y todos los trenes lleven el teléfono”.

A la izquierda, un descarrilamiento hace un siglo y a la derecha el paso de un Alvia por la curva de Angrois, en Santiago de Compostela, ante las miradas de los vecinos que acudieron a rendir homenaje a los fallecidos en el primer accidente del AVE, ocurrido en 2013, con la pérdida de 80 vidas humanas/Foto de Xoán Álvarez.

La mortandad en los caminos de hierro fue elevadísima en la década de 1930-40, con un registro de 30 accidentes mortales y 538 fallecidos. Hubo años como 1934, en pleno bienio negro, con 5 accidentes mortales y 49 muertes. Y se registraron coincidencias trágicas como dos accidentes el mismo día. Concretamente el 1 de enero de 1939 chocaban en un paso a nivel cerca de Valencia un tren de la línea de Paterna y un tranvía, ocasionando 7 muertes. Y en la misma jornada descarrilaba otro tren de viajeros cerca de Casto Urdiales (Cantabria), con el mismo número de muertos, siete.

La sublevación de los generales facciosos, encabezados por Franco, contra el sistema democrático de la II República dio lugar a la Guerra Civil (1936-39) y causó tantas tragedias ferroviarias que su relato ocuparía demasiadas páginas. Vale citar como ejemplo de desgracias la ocurrida el 9 de abril de 1936 en Vizcaya, donde un tren arrolló a decenas de personas que habían corrido a refugiarse de los bombardeos nazi-franquistas en el túnel de la línea Bilbao-Lezama, junto a la Campa de las Escuela, en el barrio bilbaíno de Uribarri. Aunque la censura de guerra impidió precisar el número de muertos, la prensa franquista habló de 16 muertos. Fue el mayor atropello de personas registrado en la historia ferroviaria española.

Otras desdichas provocadas por la situación bélica se registraron el 15 de julio de 1937 en un paso a nivel de la línea Chinchilla-Cartagena, cerca de Cieza (Murcia), cuando un tren correo arrolló a un camión militar cargado de material explosivo. Murieron 14 personas y doscientas resultaron heridas. Más terrible fue el resultado del choque de un tren incautado por los facciosos contra un mercancías que se hallaba detenido en la estación de Alanís de la Sierra (Sevilla). Ocurrió el 19 de noviembre de 1937. Murieron 72 personas, de las que 57 eran prisioneros republicanos procedentes de Euskadi que iban destinados a un campo de trabajo en Andalucía. El vagón donde los llevaban quedó aplastado.

Apenas dos meses después, el 10 de enero de 1938, la desgracia de Alanís fue superada por la explosión de un polvorín subterráneo del ejército republicano bajo la calle de Torrijos (hoy Conde de Peñalver) de Madrid. La onda expansiva se extendió por la red del Metro y afectó a cuatro trenes, con un balance oficial de 98 muertos.

Hubo muchas otros desastres y fatalidades hasta el final de la guerra e incluso después del triunfo del generalísimo Franco, como fue la explosión, el 9 de julio de 1939, de tres vagones cargados de bombas y otro material bélico, en el muelle de la estación de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). Aunque las nuevas autoridades fascistas no pudieron ocultar los efectos destructivos de la deflagración no dieron la cifra de personas muertas, que fueron en torno a un centenar, ni de heridos, que superaron los mil quinientas en la localidad.

Ya durante el franquismo no pasó año sin accidentes mortales muy graves, comenzando por el que el 3 de diciembre de 1940 costó la vida a 53 personas por el choque del expreso Madrid-Barcelona con su homologo que cubría el trayecto contrario en la estación de Velilla de Ebro (Zaragoza), siguiendo, ya en pleno desarrollismo, por los 96 muertos en los cinco accidentes registrados en 1965 y culminando el 21 de julio de 1972 con los 86 viajeros fallecidos a consecuencia del choque frontal del ferrobús Cádiz-Sevilla y el expreso Madrid-Cádiz entre las estaciones de El Cuervo y Lebrija (Sevilla).

La muerte del dictador y los años de transición a la democracia con la aprobación de la Constitución de 1978 no supusieron una mejora inmediata en la gestión de los ferrocarriles nacionalizados en 1941 con la creación de la Red Estatal RENFE, de modo que el rosario de accidentes mortales prosiguió en 1976 y los años siguientes. El de Rande, en Vigo, con 15 muertos, fue el peor aquel año. Los pasos a nivel eran una ristra interminable de desdichas, los trenes de la red de vía estrecha FEVE descarrilaban cada dos por tres y los expresos nocturnos eran los que salían peor parados cuando había accidentes, casi siempre por despistes y errores humanos.

Pero en las dos décadas finales del siglo XX y, sobre todo, a partir del ingreso de España en el Mercado Común (actual Unión Europea) se registraron grandes avances en las infraestructuras de transportes, se suprimieron cientos de pasos a nivel y en vez de comprar submarinos nucleares, como querían los aliados de la OTAN, sobre todo los franceses, el gobierno que presidía Felipe González optó por dedicar esa inversión al tendido de la primera línea de alta velocidad. Con trenes fabricados por la alemana Siemens y la francesa Alstom, que instalaron plantas industriales aquí, se inauguró en 1992 la alta velocidad española (AVE) entre Madrid-Sevilla.

El éxito del AVE para el presente y el futuro de la movilidad sostenible en nuestro país ha permitido pasar de aquellos 476 kilómetros iniciales a los 3.973,7 que hoy constituyen la red veloz (300 kilómetros-hora) más extensa de Europa y la segunda del mundo. Une más de 50 ciudades y alcanzará los 5.000 kilómetros cuando se completen los tramos en proyecto, contratación y obra. La medida de seguridad más importante ha sido la incorporación del ERTMS (European Rail Traffic Management System) que, según dice la entidad administradora de la red (Adif) mejora la seguridad, la capacidad y la interoperabilidad con el resto de redes europeas.

Fue precisamente la desconexión del ERTMS y la distracción del maquinista por una llamada telefónica del revisor lo que el 24 de julio de 2013 provocó el primer y más grave descarrilamiento del AVE en la curva de A Grandeira, a la entrada de Santiago de Compostela, con un balance trágico de 80 personas muertas y más de un centenar heridas de distinta gravedad. El segundo gran accidente, el de Adamuz (Córdoba), trece años después, se debió al descarrilamiento de un tren Iryo y el choque de un Alvia, nueve segundos después, contra los vagones que ocuparon la vía contraria. Las causas del descarrilamiento del Iryo de la empresa estatal italiana Trenitalia siguen bajo investigación y los primeros datos apuntaron a la ruptura de la vía en una soldadura.

Desde la apertura a la competencia no solo circulan por la red española los trenes de Renfe sino también los Ouigo de la francesa SNCF y los Iryo de la citada Trenitalia, con la consiguiente contención e incluso bajadas de tarifas, la popularización de los trenes veloces, pero también, con mayor fatiga de los materiales y cansancio de los metales. Aunque Adif ha incrementado el gasto de mantenimiento de la red de alta velocidad de 336,1 millones de euros en 2021 a 444,3 en 2024 y dio por renovada el año pasado la línea entre Madrid y Andalucía –en la que se produjo el accidente de Adamuz– con una inversión de 700 millones euros, parece claro que algo no se hizo bien y que fueron insuficientes las revisiones y los avisos que antes del accidente llevaron a los responsables a reducir la velocidad a 250 kilómetros-hora como máximo en ese tramo.

La tragedia de Adamuz ha estimulado la crítica y el temor de muchos ciudadanos porque el gasto en mantenimiento es menor en España al de Francia y Alemania, no solo en la red general sino también en los Rodalies de Cataluña y en la menguante red de vía estrecha. Cierto es que los países citados aplican tarifas más altas que las españolas y que el Gobierno español se ha comprometido a seguir aumentado el presupuesto y el personal para mejorar la inspección y conservación de las infraestructuras y del servicio ferroviario. Lo esencial, en todo caso, es que el salario indirecto que recibimos con un transporte decente, puntual y asequible sea compatible con la máxima seguridad. Y también que el beneficio social de los Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE) en Asturias, León y otras comunidades autónomas prevalezca frente a la tendencia a seguir eliminando las líneas con poca o ninguna rentabilidad económica.

Yolanda Gil y los ‘tecno-oligarcas’ de Internet

Luis Díez.

Ahora que algunos personajes enriquecidos con las plataformas digitales made in Usa, China y Rusia maldicen la regulación de la UE y se permiten insultar al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por exigirles responsabilidad penal para, entre otras medidas, preservar a los menores de 16 años de la basura y toxicidad en las redes sociales que ha llevado a muchos de ellos a sufrir adicción, acoso y a suicidarse, parece llegado el momento de contar la historia de Yolanda.

El tecnoligarca Musk unido con el presidente argentino Miley por la motosierra contra las políticas sociales y humanitarias y por los insultos a Sánchez

¿Por qué? Por dos motivos: porque sin investigadoras como Yolanda Gil, magnates como el neonazi malhablado Elon Musk, propietario de la red social X (antes Twitter) y donante electoral y otrora amigo y miembro del gabinete del déspota Donald Trump, carecerían de influencia. Y porque pudiendo haber sido España un puntal tecnológico, perdió esa oportunidad por mor de la ignorancia y poca visión del gobernante de turno, el estulto señor Aznar López en este caso.

La científica y profesora Yolanda Gil se licenció en Ciencias de la Computación en la Universidad Politécnica de Madrid en 1985, se fue a EEUU con una beca Fulbright y realizó el doctorado en la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh (Pensilvania), uno de los centros de investigación más destacados en el área de la robótica y computación. Tuvo la suerte de realizar sus investigaciones sobre computación e inteligencia artificial (IA) con el eminente científico Jaime Carbonell, un uruguayo ya fallecido que realizó aportaciones esenciales.

La profesora y científica de la computación y la inteligencia artificial Yolanda Gil

Con el equipo del profesor Carbonell, Gil conoció y participó en la creación de herramientas (programas) que permiten, por ejemplo, la traducción automática entre idiomas. Carbonell había creado y dirigía el Instituto de Tecnología del Lenguaje (ITL), de la mencionada Universidad. Esa institución alcanzó tal preeminencia mundial en estudios de idiomas que fue imitada en Alemania por el DFKI o Centro de Investigación Alemán para la Inteligencia Artificial, en Japón por la Universidad de Tokio y en el propio Estados Unidos (EEUU) por la Johns Hopkins de Baltimore (Maryland).

El profesor e Investigador de computación e inteligencia artificial Jaime Carbonell

Gil centró su investigación en inteligencia artificial, interfaces de usuarioingeniería del Conocimiento, flujos de trabajo científicos y en la web Semántica. Como parte de los equipos liderados por Carbonell conoció la primera traducción automática interlingüística escalable de alta precisión (1991), la primera traducción automática de voz a voz (1992). Y más tarde, la primera araña y motor de búsqueda a gran escala (1994) y el primer predictor topológico de estructura de proteínas (2005). Supo también que el aprendizaje automático moderno, conseguido por Carbonell, Michalski y Mitchell, era la herramienta esencial para los motores de búsqueda, la minería de datos y las redes sociales.

En aquellos años –última década del siglo XX– las innovaciones de Carbonell y sus investigadores del ITL darían lugar a herramientas exitosas para nuevas entidades y empresas emergentes como Carnegie Group (sistemas expertos en IA), Lycos (búsqueda web), Wisdom (optimización financiera y aprendizaje automático), Carnegie Speech (tutoría de lenguaje hablado), Dynamix (minería de datos y descubrimiento de patrones) y Meaningful Machines (traducción automática basada en contexto).

Wisdom (sabiduría), por ejemplo, permitía satisfacer los intereses de los inversores haciendo bailar sus capitales hacia las sociedades con mayor rentabilidad probable. Dynamix era esencial en la “minería de datos” y análisis Big Data para facilitar a los fabricantes, comerciantes y creadores artísticos el conocimiento de los gustos, aficiones y patrones de consumo de la gente de los distintos países y lugares, permitiéndoles tomar decisiones seguras.

Así, Amazon se convirtió a comienzos del siglo XXI en el emperador mundial del comercio porque aplicó aquella tecnología para recolectar, analizar y utilizar filones de datos. Consiguió saber cómo y en qué gastamos nuestro dinero y a partir del historial de búsqueda de las compras de millones de personas (consumidores) optimizó la cadena suministros, precios y detección de fraudes.

Y quien dice Amazon dice Netflix. La productora audiovisual triunfó gracias a la minería de datos y se ha permitido el asalto a la Warner Bros en dura competencia la Paramount, otra de las poderosas majors de la industria cultural de Hollybood (Los Ángeles-California). Los analistas de Netflix, poseedora de una base de cien millones de usuarios, estudian los comportamientos de los usuarios: gustos, géneros preferidos, tiempo que dedican a ver series y películas…, definen sus deseos y decide lo qué deben producir y con qué actores. E igualmente, el sistema Dynamix ha permitido a Apple situarse como la mejor compañía de tecnología y una de las que más clientes fieles posee en el mundo. De pronto las apps conocen a sus usuarios y éstos no pueden vivir sin sus productos Apple.

Queda, en fin, de relieve la importancia de aquellos dos inmigrantes hispanos en EEUU, el uruguayo Carbonell y la española Gil, en la digitalización de nuestro planeta. Gil se unió en 1992 a la Universidad del Sur de California (USC), con sede en Los Ángeles, como investigadora científica en el Instituto de Ciencias de la Información, fue profesora de investigación en ciencias de la computación y ciencias espaciales, directora de tecnologías del conocimiento en dicho Instituto y directora del Center for Knowledge-Powered Interdisciplinary Data en la Escuela de Ingeniería Viterbi de la USC.

Su liderazgo científico le proporcionó grandes reconocimientos y la ha llevado a presidir el grupo de inteligencia artificial de la Association for Computing Machinery (ACM) y la American Association for Artificial Intelligence (AAAI), sucesivamente. Desde 2012 y 2016 es académica de las dos instituciones respectivamente.

Más allá de los avances posteriores en IA, el relato quedaría incompleto si no recordase lo que ocurrió con aquella plataforma (y empresa) Lycos, el primer motor de búsqueda web en Internet. Lycos se instaló en la red en 1995 y llegó a ser uno de los sitios más visitados de Internet, fácilmente accesible en más de cuarenta países. Cuatro años después, en 1999, la empresa Terra, una filial recién creada de la privatizada Telefónica que presidía Juan Villalonga, amigo y antiguo compañero de pupitre del presidente del Gobierno, señor Aznar López, se apoderó de Lycos.

Fue como si Caperucita se hubiera comido al lobo (Lycos en griego significa “lobo”). Terra pretendía situarse como líder en toda América de habla hispana y en EEUU. La compañía resultante de la fusión Terra-Lycos se convirtió en el año 2000 en la tercera del mundo. Pero la aventura tecnológica española con aquella plataforma duró poco, pues el sucesor de Villalonga y también amigo de Aznar, César Alierta, ni siquiera respetó al investigador Bob Davies, quien junto con Carbonell había dirigido el proyecto y conseguido el motor de búsqueda. La prepotencia y sus hermanas mayores (ignorancia e incompetencia) acabaron entregando Lycos a la surcoreana Daum por 94,5 millones de dólares. De ese modo, el creciente negocio de las búsquedas como parte esencial de la llamada “sociedad del conocimiento” quedaría en manos de la naciente Google.

Ante la crueldad y creciente tiranía de los capitalistas encaramados a los avances científico-técnicos conseguidos, entre otros, por grandes investigadores de nuestro país y de otros de habla hispana, no vale consolarse con el quijotismo tradicional, aunque El Quijote pueda servir al presidente Pedro Sánchez para contestar a los que le insultan –“Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”–, sino actuar con inteligencia y perseverancia centradas en las cosas, no en los ladridos y la propaganda.

Civilización o barbarie contra los inmigrantes

En la foto de Reuters una joven llora en el lugar donde mataron al enfermero Alex Pretti, en Mianápolis

Luis Díez.–La decisión del Gobierno progresista español de regularizar a cuantos inmigrantes sin papeles residen en nuestro país desde antes del 31 de diciembre abrió el martes pasado la edición digital del New York Times. No es la primera vez que el principal periódico estadounidense destaca la política migratoria del Ejecutivo de Pedro Sánchez (PSOE) por el respeto y aprecio a las personas, en contraste con la crueldad implantada en EEUU por Donald Trump contra hispanos, negros y asiáticos.

En esta ocasión, la medida que facilita la residencia legal en España de las personas inmigrantes que hasta ahora estaban en el limbo legal y eran pasto del miedo, la marginación, el engaño y la vil explotación laboral, ha coincidido con las redadas en Mineápolis (Minnesota) de “la Gestapo de Trump”, como llaman a los policías enmascarados de la agencia estatal de inmigración y fronteras (ICE). En dichas redadas el ICE mató el 7 de enero a Renee Good y el 24 a Alex Pretti. Renee era poetisa, madre y admirada por su compromiso social. Alex era enfermero de cuidados intensivos. Los dos tenían 37 años, los dos eran estadounidenses y ambos fueron acribillados a tiros. Los agentes de la migra trampista vaciaron los cargadores de sus armas contra ellos.

Renee Good, de 37 años, asesinada el 7 de enero en Mineápolis por un agente del ICE

Se comprende que en medio de la indignación popular en EEUU por los constantes ataques a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, España aparezca como una isla de humanidad y sentido común. El reconocimiento de derechos humanos, sociales y de ciudadanía de más de medio millón de personas sin papeles –según la estimación de la fundación Funcas– que ya residen y trabajan en nuestro país se realiza al amparo de la última reforma del Reglamento de Extranjería (2025), no necesita decreto, fomenta la integración y la convivencia y es compatible con el crecimiento económico y la cohesión social, según explica el Ejecutivo en nota de prensa.

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, aclara el alcance, las condiciones y otros detalles en este documento de preguntas y respuestas (pdf – 1,1 MB). “La regularización reconoce y dignifica a quienes ya viven entre nosotros”, dice antes de explicar que en vez de aprobar la medida por decreto, se hará por la vía reglamentaria, que es hoy “la más rápida, eficaz y garantista” para dar una respuesta inmediata, ordenada y plenamente conforme al marco legal español y europeo.

En las conversaciones entre el Gobierno y las formaciones políticas en busca de los votos necesarios para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, el grupo de Unidas Podemos (5 diputados) puso la condición de que se aprobase la regularización pendiente desde que el propio Parlamento votó mayoritariamente a favor de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) el 9 de abril de 2024. La ILP llegó respaldada por más de 700.000 firmas y unas 900 entidades y asociaciones. Entonces fue respaldada por 310 votos a favor de todas las formaciones frente a 33 de la ultraderecha, ahora alineada con el trumpismo.

PP y ultras trumpistas en contra

La portavoz en materia migratoria y diputada por Melila del derechista PP, Sofía Acedo Reyes, dijo entonces que votaban a favor de la regularización “porque Cáritas y otras entidades que cuidan y trabajan con los inmigrantes nos lo han pedido; porque también nos lo han pedido los empleadores, que necesitan imperiosamente mano de obra, y nos lo han pedido muchos ciudadanos que han firmado esta iniciativa legislativa popular, y debemos escucharlos. Debe hablarse de esta cuestión –y así lo hacemos en el Partido Popular– como de una cuestión de Estado, con una posición equilibrada entre el limbo jurídico en el que se encuentran muchas personas extranjeras que ya están en España perfectamente integradas, el control de fronteras y la expulsión de los inmigrantes que tienen un expediente de retorno a su país”.

Los nacionalistas vascos y catalanes reclamaron entonces competencias autonómicas en materia migratoria, y lo propio han hecho ahora. El Ejecutivo mantiene sus compromisos de negociar las transferencias correspondientes. Pero si la ministra Saiz elogia el afán de los nacionalistas de asumir responsabilidades en la materia, la izquierda del PSOE, especialmente UP, advierte sobre la tendencia excluyente y racista de Junts, el principal partido de la derecha catalana, y pide al Gobierno de Sánchez que hile fino para evitar que la transferencia de competencias suponga un retroceso.

Miles de inmigrantes temporales marroquíes y de terceros países acuden cada año a la recogida de los frutos rojos en Huelva.

Aunque la regularización ha sido acogida con elogios por la Iglesia Católica, la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y, por supuesto, Cáritas, la principal ONG cristiana en España, el líder del PP y jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, parece haber olvidado el compromiso parlamentario de su partido y además de acusar al Gobierno de utilizar la inmigración para “distraer la atención” del accidente ferroviario que costó la vida a 45 personas, se ha pronunciado en contra de la medida. Primero ha consultado a la Comisión Europea, con mayoría de derechas, y puesto que la regularización es perfectamente legal, ha anunciado que su partido la recurrirá a la más alta instancia judicial. Y otro tanto ha hecho y dicho el jefe de la ultraderecha Vox. Esos líderes culpan a Sánchez de la llegada de personas que huyen de la pobreza, las guerras, hambrunas y los desastres naturales con frecuencia provocados por el cambio climático que ellos insisten en negar.

Por supuesto que la gobernanza de la inmigración sería posible y mejor si, como ha estudiado y propuesto la fundación Carnegie sobre ética en las relaciones internacionales, se consiguiera el compromiso de los países desarrollados de cooperar entre sí en la admisión de inmigrantes económicos y de refugiados en función de sus mercados laborales y de otros parámetros sociales, económicos y culturales como la demografía, la renta per cápita y la afinidad lingüística y cultural entre otros factores.

Cierto es que en vez de una gobernanza enriquecedora, los gobiernos europeos se han limitado hasta ahora a poner en común el reforzamiento de las fronteras de la Unión Europea (UE) y, coaccionados por la propaganda de la extrema derecha, han decidido endurecer las medidas contra las personas sin papeles ni medios económicos que consiguen entrar en el país y sobrevivir trabajando sin derechos en la economía sumergida y en actividades tangenciales.

Boicot al Mundial de Fútbol

Aunque la persecución del inmigrante sin papeles se ha intensificado en algunos países como Italia, Reino Unido, Alemania, Grecia e incluso Albania, no ha alcanzado las cotas de crueldad imperantes en EEUU, donde ya se contempla el boicot masivo al Mundial de Fútbol como medida de protesta contra las redadas, detenciones, encarcelamientos sin comunicar y asesinatos. Treinta inmigrantes han muerto bajo custodia policial en 2025, primer año del segundo mandato de Trump.

El oficial policíaco Gregor Bovino, en el centro de la foto, con sienes rapadas y abrigo al estilo de los nazis, acompañado de sus sus matones enmascarados, «la Gestapo de Trump» contra los inmigrantes.

Las agresiones a la población por parte de los matones del ICE al mando del oficial Gregor Bovino, han provocado protestas masivas y demandas por agresiones a tiros y con gases tóxicos allí por donde han pasado sembrando el terror: Los Ángeles, Chicago, Charlotte, Nueva Orleans y Mineápolis, donde el viernes hirieron de un balazo a otra mujer en una mano. La situación es tan delicada que Trump ha anunciado su intención de “desescalar” para calmar al personal y ha sacado a Bovino de Mineápolis y enviado a su zar de la frontera, Tom Homan, a supervisar las operaciones del ICE en el estado.

La represión de esos jefes con ademanes y hasta indumentaria nazi-fascista se completa con los recortes de todas, absolutamente todas las ayudas federales a las personas necesitadas y el encarecimiento de los servicios básicos como la asistencia sanitaria y la escolarización. El odio a los inmigrantes ha llevado a Trump a dejar en suspenso la renovación de la carta de residencia de más de cinco millones de personas. El jefe de la Casa Blanca se ensaña especialmente con los hispanos, provocando quejas de la patronal del transporte, la agricultura y otros sectores. La Ford, por ejemplo, busca cinco mil mecánicos. Pero en vez de resolver problemas, Trump hace la peineta a los trabajadores cuando uno osa imprecarle.

Gran gran pancarta en un estadio de fútbol de California: «Lucha contra la ignorancia, no contra los inmigrantes»

Si a ese estado de cosas se añade la suspensión de la tramitación de nuevos visados a 75 países, entre los que figuran algunos tan importantes como Rusia, Egipto, Nigeria. Y en la propia América Latina: Brasil, Cuba, Colombia y Uruguay, se comprende por qué se está generando una opinión cada vez más amplia a favor del boicot al Mundial de Fútbol de este verano en EEUU. Por si fuera poco, la Administración de Trump ha complicado la vida con trámites, inspecciones y trabas burocráticas a las universidades que reciben estudiantes e investigadores extranjeros. Y también ha encarecido los visados a los trabajadores más cualificados, médicos, ingenieros, abogados, investigadores, gestores, profesores hasta superar los 80.000 dólares por un permiso de un año. ¿Será la forma de hacer grande a América de nuevo, del Maga de Trump? ¿O será tan solo un efecto de la ignorancia y el odio del inquilino supremacista de la Casa Blanca y su salón de baile?

Premios Nobel a inmigrantes en EEUU

Fechas atrás, bueno, el 11 de diciembre de 2025 para ser exacto, leí unas frases atribuidas por el periodista William J. Broad a un hombre que decía: “Tenemos que saber que las personas que proceden de entornos distintos mejoran el nivel de todos los implicados. Es una historia asombrosa. Los grandes pensadores pueden mejorar no solo Estados Unidos, sino el mundo”. Este hombre se llama Omar Yaghi, tiene 60 años y manifestó su preocupación porque Trump ha puesto en peligro el ecosistema estadounidense de excelencia científica. “Creo que es lamentable”, dijo. “En la civilización humana, hemos aprendido una y otra vez que los académicos pueden moverse a través de las fronteras. Así es como se extendió el conocimiento y como vastas regiones del mundo salieron de la pobreza”.

Yaghi creció en una familia de refugiados palestinos en Jordania. Eran ocho hermanos, vivían en un corral de vacas y tenían una habitación para todos. Carecían de electricidad y agua corriente, pero su padre, que era carnicero, consiguió enviarle a estudiar a EEUU cuando tenía quince años. Ahora, bueno, el miércoles 10 de diciembre de 2025, el señor Yaghi, profesor de la Universidad de California en Berkeley, recibía el Premio Nobel de Química en Estocolmo.

En lo que llevamos desvivido del siglo XXI el 40% de los premios Nobel a estadounidenses en Física, Química y Medicina recayeron en personas no nacidas en EEUU, es decir, emigrantes. Y para mayor contrariedad del déspota y desalmado (sin alma) Trump, la proporción fue mayor en el Nobel de Física, que recayó en John Martinis y los inmigrantes en EEUU Michel Devoret, (francés) y John Clarke (inglés).

El PP denigra la red ferroviaria para atropellar a Sánchez

Luis Díez.

Cuando la fatalidad insiste en expresarse, como ha ocurrido esta semana, y se pierde la maleta con esas dos prendas imprescindibles para el viaje de la vida como son el amor y el humor, sólo queda el analgésico de la solidaridad y el calor humano con quienes han perdido a sus seres queridos. Es posible que los denuestos y maldiciones contra los gobiernos de turno atenúen el dolor, aunque, por lo general solo sirvan de desahogo o a mayor gloria de la oposición política demoledora. Ante una desgracia tan grande como el accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba), que costó la vida a 45 personas y heridas graves a medio centenar, de los que 39 seguían hospitalizadas –siete en cuidados intensivos– cinco días después del siniestro, los gobiernos central y andaluz y el ayuntamiento de la localidad más cercana actuaron con la mayor presteza y coordinación posible.

Las críticas en ese sentido a Pedro Sánchez y Juan Manuel Moreno, del PSOE y el PP, respectivamente, carecen de fundamento. Ninguno de los dos estaba en el Ventorro ni de vacaciones ni cazando en Aranjuez o esquiando en Baqueira Beret, ni de puente en un resort de lujo en Cascais (Portugal). Por el contrario, el ministro Puente propiamente dicho se hallaba en el centro de control de los trenes de alta velocidad, en Atocha (Madrid), hora y media después de que se produjese el descarrilamiento y choque de los dos trenes, y otro tanto cabe decir de los titulares de Interior, Defensa y de los directores de Renfe y Adif, así como de los responsables autonómicos andaluces encargados de movilizar a los medios sanitarios, de socorro y ayuda a los viajeros. Como siempre ocurre en estos casos, fueron los vecinos del pueblo y la Guardia Civil los primeros en socorrer a los accidentados.

¿Qué podía hacer el jefe del Gobierno, Sánchez, aparte de desplazarse a primera hora del 19 de enero al lugar de los hechos, recibir información, manifestar su tristeza, expresar las condolencias a los familiares de los fallecidos –todavía quedaban muchos muertos sin identificar– y decretar tres días de luto? El presidente no ha eludido responsabilidad alguna sobre las causas del accidente. El propio ministro Oscar Puente fue el primero en señalar, con los indicios disponibles, un posible defecto en una soldadura de la vía. El viernes los investigadores adelantaron que, en efecto, un raíl se fracturó antes del paso del tren Iryo (empresa italiana) que hacía el trayecto de Málaga a Madrid y cuyos vagones traseros se salieron de la vía, provocando el choque del Alvia de Renfe que iba de Madrid a Huelva. Si la rotura de la vía fuese la causa principal del accidente no cabe duda de que la empresa pública que administra la infraestructura ferroviaria, Adif, sería la responsable del siniestro.

La transparencia y la aportación sin reservas de toda la información disponible sobre el accidente está siendo la pauta de comportamiento del ministro Puente, quien el viernes afirmó que los sensores automáticos que detectan las anomalías en la red “en ningún caso rebasaron el nivel de alarma” y reconoció que “quizá haya que hacer otro tipo de controles”. El titular de Transportes aportó en rueda de prensa todos los datos sobre la renovación de las vías en el tramo de la línea Madrid-Andalucía en la que se produjo el accidente, incluidas las certificaciones de las obras y los controles de calidad. El presidente de Adif, Pedro Marco de la Peña, que le acompañaba junto con el secretario de Estado José Antonio Santano, precisó que la empresa española de ingeniería Ayesa inspeccionó el control de calidad de la obra y chequeó y ensayó el 30% de las soldaduras por segunda vez, es decir, que 36 soldaduras fueron ensayadas dos veces por dos equipos diferentes.

Hubo otros datos significativos como las anomalías detectadas por los sensores al paso de tres trenes dos horas antes del accidente pero no llegaron a activar el nivel de alerta amarilla. El tercer tren que elevó la gráfica de detección de anomalías pasó a las 19:09. “Algo había en la vía evolucionando (a peor), pero queda por determinar si coincidía con el punto donde se produjo el accidente”. La lógica indica, según dijo Puente, que la ruptura del raíl se habría producido en los minutos previos al descarrilamiento de los tres últimos vagones del Iryo que invadieron la via contraria a las 19:43 y contra los que se estrelló el Alvia nueve segundos después.

El presidente del Gobierno ha solicitado su comparecencia ante el pleno del Congreso para aportar la información del grave accidente y, puesto que las desgracias no vienen solas, explicar asimismo la situación de la red ferroviaria de Cataluña tras el choque de un tren de Rodalies contra un muro de contención que se derrumbó en Gelida (Barcelona) y en el que murió el maquinista. Sánchez también informará de la posición de la UE ante las amenazas de Trump de anexionar Groenlandia y sobre la iniciativa del presidente estadounidense de lanzar su Junta de Paz para unos cometidos que ya realiza la ONU y van mucho más allá de la protección, estabilización y reconstrucción de Gaza.

Aunque el jefe del Gobierno no ha rehusado las explicaciones en ningún momento y ha defendido el bien ganado crédito de la red de alta velocidad española, la segunda más larga del mundo, el jefe de la oposición, Alberto Nuñez Feijóo, le ha saltado a la yugular en cuanto han pasado los tres días de luto oficial, acusándole de estar “desaparecido”, de “generar el caos”, de tener un “gobierno colapsado”, de actuar “tarde y mal” y, en fin, como ya hiciera su subordinada Ayuso, de parapetarse tras el luto oficial. En concreto, según Feijóo, “el duelo no puede ser una coartada para la opacidad, porque el duelo no suspende las obligaciones del Gobierno, y una de ellas es garantiza la seguridad ferroviaria en nuestro país”. Aparte de una retahíla de preguntas poniendo en duda la fiabilidad de la red ferroviaria y la seguridad de la alta velocidad, Feijóo pronunció su frase lapidaria: “El estado de las vías es el reflejo del estado de la nación”.

El líder del PP, al que no se le ocurrió tan brillante comparación en 2013, tras el accidente de Angrois, en las inmediaciones de Santiago de Compostela, con un balance terrible de 79 fallecidos y 144 heridos, pues él era entonces presidente de Galicia y su paisano y correligionario Mariano Rajoy, jefe del Gobierno, sólo pudo fundamentar una crítica: la que han realizado los maquinistas de Renfe sobre la poca atención de los directivos de la compañía a sus partes de incidencias. Por cierto que la Audiencia Provincial de A Coruña anuló el viernes la condena al exjefe de seguridad de Adif, Andrés Cortabitarte, con lo que el único responsable penal fue el maquinista. Así se escribe la historia. Y así se borra la que no interesa a los ricos y poderosos. ¿O no fue la entonces ministra de transportes, la pontevedresa amiga de Rajoy, Ana Pastor Julián, quien ordenó desactivar el sistema de frenado automático ERTMS que habría parado automáticamente el tren por exceso de velocidad antes de la curva de Angrois? Cortabitarte cumplía órdenes. Y como buen técnico ferroviario sabe que la orden que recibió y ejecutó meses antes del siniestro tenía el objetivo de no perjudicar a Talgo como fabricante y proveedor de trenes a Renfe. En vez de obligarle a instalar correctamente en los trenes el sistema automático de frenado, lo que habría supuesto un gasto para la compañía privada, se optó por desactivar el ERTMS para que no produjese averías.

Pero volviendo a la triste actualidad, frente a la desconfianza sembrada por Feijóo y su extrema derecha (Ayuso y Abascal de Vox), el ministro de Transporte enfatizó que todos los días se revisan las vías, “todos los días hay exploración” y también todos los días los maquinistas trasladan “alrededor de cuatro o cinco incidencias y descubrimientos” que se recogen por escrito. Son informaciones que tienen consecuencias como la reducción de velocidad y sobre las que existe una extensa trazabilidad. Sorprende la impostura del jefe del PP denostando un sistema ferroviario puntero en el mundo a pesar de la complicada orografía española cuando su partido ha estado puntualmente informado a través del portavoz de la Comisión de Transportes del Senado, Juan José Sanz Vitorio, y de los senadores de la zona afectada sobre las inversiones, incidencias y reducciones de velocidad mucho antes del accidente.

Así, en septiembre pasado, Puente informó de la inversión de 750 millones de euros en la linea de alta velocidad Madrid-Sevilla sin cortar el servicio ferroviario. Y con posterioridad, el 27 de noviembre, desgranó las obras en respuesta a los senadores. Al reconocer la petición de reducción de velocidad realizada en agosto pasado por el Sindicato de Maquinistas, el ministro aseguró que “Adif analiza de manera continua la evolución de la calidad de vía de las líneas de Alta Velocidad, mediante el estudio de los resultados obtenidos de las auscultaciones dinámica y geométrica, por ser los métodos objetivos que se emplean para el control del mantenimiento”. Cierto es que esos y otros datos, así como la menor inversión de España –en comparación con Francia y Alemania– en el mantenimiento de la red de alta velocidad, no interesan ahora al líder Feijóo ni a su extrema derecha (Ayuso y Vox), tal vez porque el último gobernante del PP, el señor Rajoy de los recortes congeló las partidas. ¡Vaya si le importaba la seguridad! Solo a partir de 2018 la curva presupuestaria cambió de signo y comenzó a subir hasta alcanzar el 57% más respecto al último ejercicio de aquel presidente enfangado con los gurtélidos de la derecha.