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La derecha agita las togas contra Zapatero para derribar a Sánchez

Luis Díez.

La corrupción tradicional afecta al Partido Popular (PP) desde los años noventa del siglo pasado, cuando Manuel Fraga Iribarne –que pedía unos “naseiriños” para las elecciones– pegó una patada en el culo al abogado Antonio Hernández Mancha –les salió un poco rojillo, decían– y colocó a José María Aznar López, que a su vez designo a su sucesor Mariano Rajoy Brey, quien tuvo que abandonar el Gobierno por corrupción a raíz de la moción de censura del socialista Pedro Sánchez.

Pero ahora, en vez de presentar una moción de censura contra Sánchez por los casos de presuntas mordidas del exministro José Luis Ábalos Meco, su ayudante Koldo García Izaguirre (los dos en la cárcel), el exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán León (encarcelado entre el 30 de junio y el 20 de noviembre del año pasado) y la militante Leire Díez, el presidente del PP y reputado jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, lleva jaleando ad nauseam la corrupción del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

¿Por qué lo hace? Se dirá que para tapar el impacto maloliente del caso Kitchen del que el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón apartó a Rajoy porque no sabía quien era M. Rajoy. Se añadirá que para atacar y derribar cuando antes al Gobierno del malvado Sánchez, que hasta permitió acercarse a Canarias al crucero Hondius y evacuar a los viajeros tras sufrir el brote de un hantavirus mortal, cuando, según Feijóo y su socio el presidente canario Manuel Clavijo “no se podía permitir que el barco entrara en Canarias”.

Lo cierto es que el señor Feijóo lleva tratando de corrupto y medio al expresidente Zapatero mucho tiempo antes de que al juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama le citase como investigado en el caso de las ayudas (dos préstamos por un total de 53 millones de euros) a la aerolínea Plus Ultra tras la pandemia del Covid-19. Se adelanto incluso al sagaz Miguel Ángel Rodríguez Bajón, gran expendedor de trápalas y jefe del gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pues cuando éste dijo aquello de “Zapatero va palante”, ya el de Ourense venía avisando (2 de enero en Servimedia): “No descarto que Zapatero pueda sentarse en el banquillo judicial”. Y anunciaba que iba a ser citado en esa comisión de investigación del Senado que sigue escarbando en el “caso Koldo”. Se notaba que tanto el líder del PP como ese alto cargo de Ayuso que en sus tiempos de secretario de Estado de Comunicación con Aznar se dedicaba a agallinar periodistas, tenían buena información de los guisos judiciales secretos.

Sin entrar en tan procelosa materia –reuniones discretas de Feijóo y compañía con fiscales y otros funcionarios prestos a la simonía para medrar–, basta recordar que el actual magistrado de la Sala de Enjuiciamiento de la Audiencia Nacional, Enrique López López, fue nombrado en 2019 consejero de Interior, Justicia y Víctimas del Terrorismo del Ejecutivo autonómico madrileño por la presidenta Ayuso y permaneció en el cargo hasta 2023. Entonces se dio de baja en el PP y pasó a ocupar la plaza que tenía asignada desde 2017 en la Audiencia Nacional, el mismo órgano judicial que, en efecto, como anunciaron Feijóo y Rodríguez, imputa horribles delitos de corrupción a Zapatero como jefe de una trama para cobrar la mordida de más de medio millón de euros (el 1% de los créditos oficiales concedidos con cargo al Fondo de Recuperación de la pandemia).

Un por cierto: en abril de 2025, la Audiencia Nacional que ahora está celebrando el juicio contra el exministro del Interior y amigo de Rajoy, Jorge Fernández Díaz y su secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, por el caso Kitchen, anuló la comparecencia de López como testigo. En la Kitchen –operación urdida en 2013 para arrebatar al extesorero del PP Luis Bárcenas los papeles que perjudicaban a Rajoy y a varios subordinados, utilizando altos mandos policiales y dinero de los fondos reservados del Ministerio del Interior– aparecieron datos y testimonios según los cuales López, siempre al servicio del partido, presentó al empresario Agustín de Diego, muy amigo de Bárcenas, al abogado del partido en el caso Gürtel, Jesús Santos.

Jefes y mandos de Interior de la trama Kitchen para quitar los papeles a Bárcenas (de espaldas) y evitar la causa judicial contra la financiación y los sobresueldos en B de los líderes del PP

Aquello sucedió en 2016. El letrado del PP y el empresario amigo de Bárcenas mantuvieron (versión de los periódicos Mundo y Confidencial) más de una docena de encuentros cuando la primera fase del juicio a los gurtélidos quedó visto para sentencia en 2017. Faltaba el juicio por la caja B (sobresueldos y pagos en negro) y se trataba de amañar un acuerdo con Bárcenas para que infligiera el menor daño posible a los dirigentes del PP, eso que los anglosajones llaman un win-win (ganar-ganar), pero el tesorero del PP de Rajoy rechazó la oferta. López reconoció haber puesto en contacto a De Diego y Santos, aunque dijo que luego se desentendió. Bueno, pues la rigurosa magistratura de la Audiencia Nacional anuló la testimonial de López en la vista oral diciendo que era consejero de la Comunidad de Madrid y ésta no tiene nada que ver con la Kitchen. Sólo que López fue nombrado consejero en julio de 2019: tres años después. Así se escribe la historia. Lo que no sabemos es cómo se borra.

A pesar de los denuestos del líder del PP contra Zapatero, su incriminación por parte del juez Calama ha tenido un impacto demoledor sobre los socialistas. Ese era el indisimulado objetivo de los enemigos del PSOE y del Gobierno progresista. No les bastaba con atacar a la esposa del presidente Sánchez, Begoña Gómez, con una balumba de falsedades instruida por un juez oscuro y cenagoso. Ni tampoco con arremeter contra su hermano, el músico y director apreciado más allá de nuestras fronteras, David Sánchez, por haber sido contratado por la Diputación de Badajoz para coordinar y ayudar a programar los conciertos y actividades escénicas en los Conservatorios y teatros de la provincia. Tras la instrucción realizada por una jueza afín a la ultraderecha, el jueves comenzó la vista contra él y quienes le contrataron. Y tampoco era suficiente la logorrea de los casos Cerdán, Koldo y lúbrico Ábalos. Había que cercar a Sánchez, desanimar a los militantes, simpatizantes y electores socialistas y, por supuesto, pasar factura al infame ZP.

El señor Feijóo dijo el 12 de mayo en un mitin en Tomares (Sevilla): “Empieza a haber muchas sospechas sobre el expresidente Zapatero, al parecer por llevarse dinero sucio. O sea que hay novedades en materia de corrupción, mañana habrá más, la próxima semana mucho más”. ¿Cómo «empieza a haber» si ya el 2 de marzo Feijóo utilizó su mayoría absoluta en el Senado para llamarle a declarar en la Comisión de investigación del Koldo por el rescate de Plus Ultra? Para que vean cómo utiliza el PP la mayoría absoluta, le citaron con urgencia, con sólo cinco días hábiles de margen y sin decirle la materia sobre la que querían interrogarle. Pero tanto da.

Faltaban entonces pocos días para que los castellanos y leoneses acudieran a las urnas, y tildar de corrupto a ZP le venía estupendamente al PP, que temía que el PSOE ganara las autonómicas. Y otro tanto ocurrió cinco días antes de los comicios andaluces. Feijóo consiguió muchos titulares sorprendentes a cuenta de Zapatero, pero en Castilla y León no logró despegarse de VOX y en Andalucía perdió la mayoría absoluta que Juan Manuel Moreno Bonilla obtuvo en 2022.

El senador del PP Fernando Martínez-Maíllo Toribio practicó un interrogatorio cargado de conjeturas sobre las peticiones de Zapatero al presidente Sánchez y las presiones al entonces ministro de Transportes, Ábalos, así como a altos cargos de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), para que concedieran los famosos préstamos de 53 millones a la compañía hispano-venezolana Air Plus, aprobados por el Consejo de Ministros de 9 de marzo de 2021. El sagaz interrogador, senador por Zamora y abogado al fin y al cabo ya preguntó entonces a Zapatero si había hecho negocios con Javier de Paz en Telefónica. «No». Si trabajó para la consultora Acento (creada por José Blanco y vendida a una sociedad francesa). “No, ninguna relación, nada”, dijo ZP. Si trabajó con Zaño. “No la conozco”, respondió el expresidente. A lo que Toribio agregó: “Pues es la (consultora) de Gaspar Zarrías, donde estaba contratada Leire Díez. ¿Nunca ha estado reunido con Pepe Blanco ni con Gaspar Zarrías para hablar de temas de negocios? ¿Nunca?” Zapatero respondió: “Nunca. Jamás”.

El interrogador Toribio afirmó que el expresidente había sido despedido de la consultora Kreab, para la que trabajó durante diez años desde que en 2012 dejó la jefatura del Gobierno. “Eso es falso”, le aclaró Zapatero. Pero Toribio abundó: “Usted dejó de estar ahí porque le echaron por sus contactos con Cuba y con Venezuela”. Toribio hozicó sin resultado sobre las relaciones de Zapatero con Santos Cerdán. Escarbó, también sin resultado, sobre las relaciones con el empresario chino Miguel Duch, al que llamó “el Julito chino, para que nos entendamos todos”.

Comoquiera que la empresa de mercadotecnia y publicidad de las hijas de Zapatero (Whathefav, 6 empleados) tenía como cliente a la telefónica y fabricante de teléfonos china Huawei y a su vez gestionó el diseño de redes sociales del Gate Center chino y que, además, el comisario de policía Segundo Martínez, antiguo jefe de seguridad de La Moncloa, fue contratado años después como responsable de seguridad de Huawei, el senador inquirió: “¿No se ha reunido nunca con Miguel Duch para hablar de Huawei?”, a lo que Zapatero respondió: “No”. Faltaba la trama china. Y claro, el letrado Toribio puso la carne en el asador: “Huawei es una empresa que tanto la Unión Europea como Estados Unidos consideran peligrosa desde el punto de vista de la seguridad”, a lo que el expresidente Zapatero respondió: “Por eso va la presidenta de la Comunidad de Madrid a inaugurar el centro de Huawei en Madrid, haciendo unos elogios enormes a Huawei”.

Consciente de que Feijóo se debe a Ayuso, que derribó a su antecesor Pablo Casado por pedirle cuentas sobre la corrupción, el interrogador Toribio corrigió el tiro, acusó a ZP de negocios oscuros con el expresidente venezolano Nicolás Maduro, apresado por EEUU en una operación militar a sangre y fuego el 2 de enero pasado, y empezó a resumir su imputación: “Usted facturó 459.000 euros a Análisis Relevante. Análisis Relevante (consultora creada por Julio Martínez Martínez, amigo de Zapatero) facturó esa misma cantidad a Plus Ultra. Plus Ultra recibió un rescate del Estado de 53 millones. Las fechas son coincidentes, entre 2020 y 2025. ¿Dígame usted que lo que parece no es lo que es?”

El expresidente respondió a Toribio: “Pues no es, en absoluto, porque para eso tendría usted que aportar un solo elemento, un hecho de que yo haya intervenido en el rescate y no he intervenido en nada”. Incluso corrigió al senador: “Sus cifras están fuera de margen. Por mi trabajo percibí y mis hijas percibieron por el trabajo de Whathefav mucho más de lo que usted ha dicho, seiscientos y pico mil euros, me parece”. Zapatero también negó su vinculación societaria a la consultora Análisis Relevante creada por el compañero de carreras matinales por el monte de El Pardo, Martínez Martínez, y rechazó la imputación del PP de que se trataba de una empresa pantalla para cobrar mordidas, pues ha trabajado como autónomo desde 2012 y ha pagado a Hacienda casi la mitad de sus ingresos como consultor. Pero turris-burris lo que dijera, pues según Toribio “el señor Zapatero se ha convertido en una especie de lobista de regímenes totalitarios. Sí, sí, en un lobista de regímenes totalitarios donde no hay transparencia”.

En vano el expresidente Zapatero –un referente de honradez y tolerancia para miles de socialistas– se defendió diciendo: “Le he explicado que no he tenido absolutamente ninguna percepción económica de Venezuela ni del gobierno ni de ningún régimen. ¿Por qué me llama lobista? ¿Por qué se atreve? ¿Por qué miente?” En vano porque, según Toribio: “Está pringado hasta el cuello, señor Zapatero; hasta el cuello, señor Zapatero”.

La derecha dura y la extrema derecha no podían dejar de pasar factura al gobernante que como dijo Carla Antonelli, senadora de Mas Madrid, “convirtió este país en un lugar mucho más decente durante su Gobierno, con todo tipo de avances en derechos civiles y que el PP recurrió sistemáticamente, aunque luego fueron los primeros en usarlas, como la interrupción voluntaria del embarazo en una norma de plazos, la Ley de igualdad de trato, la Ley de dependencia, la Ley de violencia de género o la Ley del matrimonio igualitario, en la que me complace haber trabajado con usted. O la Ley de identidad de género, una norma por la que esta senadora figura en su DNI como Carla Delgado Gómez”.

Pero además de promover el diálogo y facilitar el final de ETA, a Zapatero tampoco le podían pasar por alto el apoyo activo al dirigente del PSOE y jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, al que PP y VOX insultan a diario al tiempo que se colocan como ilotas del belicoso imperial Donald Trump. ¿Cómo iban a perdonar al expresidente que en 2023 participó en Ginebra en el diálogo PSOE-Junts? “Me siento muy honrado de haber participado en aquellas reuniones. He tenido una relación, especialmente con el señor Puigdemont, intensa, sincera y creo que muy positiva. Le tengo gran respeto y deseo que pueda culminarse la amnistía cuanto antes”. De ahí el ruido y el viento para extender las patrañas y enmerdar su biografía. Ruido y viento, política de flatulencia.

Andalucía elige entre privatizadores y defensores de los servicios públicos

Luis Díez.

Este domingo, 17 de mayo, llaman a votar a los 6,81 millones de andaluces mayores de 18 años para que elijan a sus diputados (en lenguaje inclusivo), quienes elegirán a su vez al presidente del gobierno autonómico. Se trata de una figura con mucho poder, pues administrará con una docena de consejeros la friolera de 51.597,9 millones de euros de dinero público este año. Es el presupuesto más alto de la historia de la autonomía andaluza, con un crecimiento de 2.726 millones sobre 2025.

Tras la campaña electoral los andaluces (8.666.412 personas, según datos de 2025) deben de saber que el Presupuesto de la Junta podía haber sido mayor si el principal partido de la oposición, el PP que gobierna en Andalucía con mayoría absoluta, hubiese aceptado la propuesta de financiación autonómica realizada por el Gobierno estatal. Ese presupuesto autonómico tendría además mejor rendimiento si el PP de Alberto Núñez Feijóo hubiese aceptado la quita de la deuda que propuso a todas las autonomías el Ejecutivo estatal que preside el socialista Pedro Sánchez, un economista al fin y al cabo. Pero el errático Feijóo –abogado de secano y funcionario de la Junta de Galicia– anda emberrechinado, que dijo Lope de Vega en la comedia Isidro Labrador, y ha dejado Andalucía perjudicada y al servicio de la deuda.

Aunque no existe una sola causa para votar a unos u a otros, si los electores tienen en cuenta que la candidata del PSOE a la presidencia de la Junta, María Jesús Montero, fue quien propuso, como vicepresidenta y titular de Hacienda del Ejecutivo de Sánchez, las medidas citadas sobre la financiación autonómica que más beneficiaban a Andalucía y que fueron rechazadas por ese PP anticatalán y antisanchista, encontrarán una razón (hay muchas más) para votar a quien intentó beneficiarles en vez de a quienes les perjudicaron. Sirva el recordatorio para la buena política, la que según Platón apela al pensamiento y la razón en detrimento de la mala, que usa la cosmética y la pastelería para mentir, prometer y disfrazar la dura realidad.

Con todo, la propia demografía electoral indica que Andalucía progresa. Sus 6,81 millones de electores (302.070 figuran en el Censo de Residentes Ausentes, CERA) suponen un incremento de 186.094 respecto a las últimas elecciones generales de 2023. Eso es estupendo, la población aumenta y esto se debe a la mejoría de las condiciones de vida y a las políticas sociales impulsadas en los últimos años por los gobiernos progresistas de Sánchez y bien acogidas por el Ejecutivo autonómico andaluz de Juan Manuel Moreno Bonilla.

De este modo pierde fuerza la vieja cantinela de que Andalucía es la región más pobre de España. Sólo en 2024 –últimos datos oficiales de la Junta– llegaron 226.242 personas a vivir en Andalucía y se marcharon 164.330, lo que supone un saldo migratorio positivo de 61.912 nuevos vecinos. De los que vinieron, 164.441 procedían del extranjero, siendo españoles unos 16.400 y el resto, el 90%, extranjeros. La mayoría de esos 148.041 migrantes procedían de países europeos, seguidos de Marruecos (29.393, el 17,9%), Colombia (17.756, el 10,8%) y Venezuela (8.998, el 5,5%).

Para todos está claro que la europeización y los progresos democráticos pusieron fin hace ya a décadas a la emigración y han convertido a Andalucía en tierra de acogida de inmigrantes temporales y residentes permanentes, con el consiguiente aporte de riqueza y progreso. Un ejemplo: a muchos parecerá desmesurado que vengan anualmente treinta mil marroquíes a residir en Andalucía, cuando el hecho cierto es que más de 15.000 (la mayoría mujeres) llegan a Huelva a la campaña de los frutos rojos, que dura tres o cuatro meses. Y otro tanto podría decirse de los cultivos del mar de plástico almeriense.

Se podría apelar a los ingresos de la exportación de fresas y arándanos de Huelva (328.000 toneladas y 1.207 millones de euros sólo a los países de la UE) o a la exportación hortofrutícola almeriense, líder de Europa, con una proyección de 3.716 millones de euros 2024-25 y un valor medio por hectárea superior a 250.000 euros, para entender que una gran parte de la riqueza del sector primario andaluz se debe al sudor de los inmigrantes, por no hablar ya del trabajo en el olivar. ¿A santo de qué entonces la campaña de odio, segregación y apartheid de los inmigrantes, promovida por esa derecha facciosa que dicen VOX (Voz en latín), coincidiendo precisamente con los comicios andaluces y arrastrando al PP del descentrado Feijóo a firmar pactos inconstitucionales contra las personas y la igualdad de derechos para seguir mandando en Extremadura y Aragón, de momento?

Ante las elecciones del domingo la ultraderecha aparece como una garantía de que el PP podrá seguir gobernando si no consigue la mayoría absoluta. Cierto es que el candidato Moreno Bonilla, que alcanzó la presidencia de la Junta en enero de 2019 con los votos de Vox y gobernó hasta junio de 2022 con el desaparecido Ciudadanos, desearía repetir la mayoría absoluta que obtuvo hace cuatro años para no recabar el apoyo ultra. Si en 2019 consiguió, pactando con unos y otros, poner fin a 36 años de gobiernos socialistas en Andalucía y en 2022 obtuvo 58 de los 109 escaños del Parlamento autonómico, ahora algunas encuestas reducen su mayoría absoluta en dos escaños y otras le dejan por debajo de los 55 diputados.

Sin embargo, sea con VOX o con la abstención de algunos diputados ajenos, será fácil la permanencia de “los Manueles” (en alusión a Juan Manuel y su esposa Manuela Villena López, gerente institucional del grupo farmacéutico Biofarma, favorecido por la Junta) en el palacio de San Telmo, sede de la presidencia e histórica residencia de aquel duque de Montpensier (Felipe de Orleáns, hijo del rey de Francia Luis Felipe) y esposo de Luisa Fernanda, hermana de la reina Isabel II, al que llamaban “El Naranjero” porque comerciaba con las naranjas de los patios y jardines palatinos. De hecho, hipotecó el palacio para pagar cómplices y derrocar a Isabel II. No lo consiguió y huyó a Portugal.

La supuesta inmovilidad de “los Manueles” que aparecen en la foto delante del palacio de San Telmo –él besando al pequeño de sus hijos– ha de atribuirse a las encuestas que otorgan a la candidata del PSOE menos del 24% de los votos, lo que restaría dos de los actuales 30 escaños. Con ese resultado sería imposible conseguir un gobierno progresista, dado que las mismas encuestas atribuyen a Por Andalucía (coalición de IU, Sumar, Podemos, republicanos y verdes) 6 escaños y 4 a Adelante Andalucía. Sumarían 38 diputados frente a los restantes 71 del bloque de derechas.

La coincidencia de los candidatos progresistas José Ignacio García Sánchez (Adelante Andalucía), Antonio Maillo (Por Andalucía) y María Jesús Montero (PSOE) ha sido plena durante la campaña en defensa de los servicios públicos, comenzando por la Sanidad, de la que Montero, médica a fin de cuentas y consejera de Sanidad en su día, ha hecho su bandera principal. Según las encuestas del CIS, la sanidad es el principal problema para los andaluces (un 22%), seguida de la carestía (el 13%) y la falta de empleo (11%). En el último Barómetro Sanitario de 2025, Andalucía registraba la peor valoración de todo el país sobre su sistema sanitario público, con solo un 38,8% de opiniones favorables frente al 51,6% de media nacional o al 66,4% en Cantabria, la mejor valorada.

En estos momentos hay más de cinco millones de andaluces esperando atención médica. De ellos, 200.000 esperan una intervención quirúrgica. Las citas en Atención Primaria son para dentro de 12 días frente a 9 de media nacional y las de especialistas van de 6 meses a dos años. La crisis de los cribados de cáncer de mama, con unas 2.300 mujeres afectadas por una dilación de más de dos años en los avisos a las que dieron positivo –“para no alarmarlas”, dijeron, y algunas han fallecido– fue la señal de alarma de una gestión infame que Moreno Bonilla ha tratado de solventar y no ha podido. Las mujeres afectadas están recurriendo a los juzgados mientras la que fuera consejera de Sanidad entonces, Catalina García, tuvo tiempo de pasar a Medio Ambiente y encabeza ahora la lista del PP por Jaén.

Por lo demás, el hecho de que Andalucía haya registrado en los últimos seis años un total de 3.701 muertes por tumores malignos sobre la media del resto de España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, ha llevado a acreditados especialistas a atribuir esa “sobremortalidad” a los déficits de accesibilidad (tardanza y retrasos) y a la poca calidad de la atención oncológica. Según el el profesor e investigador del Instituto de Biomédicina de Cádiz Antonio Escolar, estas cosas ocurren cuando se derivan los recursos de la sanidad pública a la privada mediante conciertos y otros acuerdos y se deja a una parte de la población ante un sistema infradotado y sin dinero. “Yo llamo a las listas de espera corredores de la muerte; si no te intervienen, no tienes un tratamiento adecuado y un diagnóstico precoz”, explica didácticamente el doctor Escolar.

Otros problemas de mala gestión pública en beneficio de chiringuitos y empresas privadas afectan con dureza a la enseñanza pública y a la vivienda. Algunos datos: desde que el PP gobierna en Andalucía se han liquidado 2.700 aulas en la enseñanza pública y ha aumentado la subvención a la enseñanza privada concertada hasta alcanzar 1.100 millones de euros este año. Las aulas masificadas y la falta de profesores de apoyo son la evidencia más sobresaliente. En materia de vivienda, es significativo el rechazo del PP al plan gubernamental de viviendas públicas con una inversión de 7.000 millones de euros mientras nueve de cada diez jóvenes andaluces afirman no poder emanciparse por los bajos salarios y la falta de viviendas asequibles.

Aunque esas razones serían por sí solas suficientes para votar en función de las necesidades o, como dijo Miquel Roca, para ir a votar como quien va a comprar una lavadora –exige que al menos funcione–, ya Pericles advirtió que no son pocos los que quieren más de aquello que les perjudica. Y para saber lo que quieren, lo mejor es ir a votar. Pues ea, y que gane el bien común antes de que las oligarquías apliquen la IA y jibaricen la democracia.

La derecha esparce alarma tras negar el socorro al crucero Hondius

Luis Díez.

Cuando el martes, 5 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió ayuda al Gobierno español para socorrer al crucero neerlandés Hondius, afectado por la infección de un hantavirus mortal, el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez respondió positivamente, como corresponde a un país avanzado, solidario y cumplidor del derecho internacional, en este caso, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y el Reglamento de Socorro Internacional.

Pero de inmediato la oposición política de derechas (PP y VOX) aprovechó la oportunidad viral de sembrar cizaña. El dirigente del PP Alberto Núñez Feijóo respaldó la negativa del presidente de Canarias, Manuel Clavijo, a que el buque atracase en puerto alguno del archipiélago español. “No puedo permitir que el barco entre en Canarias”, dijo el jefe de la Coalición Canaria que gobierna a medias con el PP.

Si Clavijo recorrió durante la mañana del miércoles, 6 de mayo, todas las emisoras de radio y televisión difundiendo su enérgica negativa a que el Hondius tocase tierra en Canarias, el señor Feijóo se agarró a la afirmación del presidente autonómico de que no había sido informado por el Gobierno para acusar además a Pedro Sánchez de “deslealtad institucional”.

Pues mire, no. Desde la Moncloa dijeron que Clavijo actuaba de forma “irresponsable”, generando un “alarmismo” innecesario y usando una emergencia sanitaria para marcar su posición política. Personas del entorno del presidente Sánchez negaron rotundamente la falta de comunicación con la administración canaria. “Tenemos mucha experiencia en gestión de crisis y siempre, ahora también, actuamos con lealtad institucional”, subrayaron.

Las descalificaciones de Feijóo fueron seguidas por sus notables colaboradores, comenzando por el orondo Miguel Tellado y siguiendo por el lobista proisraelí Elías Bendodo, quien pidió la dimisión de la ministra de Sanidad, Mónica García. Cuca Gamarra y la actual portavoz en el Congreso, Ester Muñoz, se ocuparon también de criticar el “caos absoluto” en el Gobierno, la “falta de preparación” de la ministra del ramo, “las contradicciones” en el Ejecutivo y otros fallos “alarmantes”.

Lo cierto y verdad es que la decisión inicial del líder del PP (de acuerdo con el señor Clavijo) ha sido igual a la que en noviembre de 2002 adoptó el Gobierno que entonces presidía José María Aznar López y vicepresidía Mariano Rajoy Brey con el petrolero averiado Prestige, de no acoger, sino de alejar el barco, creyendo que así alejaba el peligro. El resultado fue bien penoso: el mayor desastre ecológico sucedido en la historia contemporánea de España.

Ante la imposibilidad de cometer errores impagables porque no gobierna, ha sido muy curioso comprobar cómo Feijóo iba corrigiendo el tiro contra la llegada del barco a Canarias con afirmaciones de que «necesita que alguien ejerza el liderazgo cuando hay crisis» y con juegos de palabras sobre Sánchez: «No tiene que pedir tranquilidad a la gente sino transmitir tranquilidad a los ciudadanos». De las tautologías de Rajoy pasaba Feijóo a las mismas peticiones que durante la pandemia del Covid hacía su antecesor Pablo Casado: listado de expertos sobre el hantavirus y de documentos que maneja el Gobierno.

Luego ya, el socio de ultraderecha del PP, Santiago Abascal, un punto acusado de corrupción y enriquecimiento ilícito por fundadores y antiguos correligionarios de VOX, ha realizado su aportación al ruido con deposiciones como que el presidente del Gobierno no solo quiere que venga aquí “toda África y toda América y regularizarlos y nacionalizarlos a todos sino que también ha dicho que un barco que hay por ahí con un virus mortífero venga aquí, a Canarias”.

Del elevado nivel intelectual de los responsables políticos de la derecha gobernante en la mayor parte de las comunidades autónomas, incluida Andalucía, donde los gobernantes del PP silenciaron más de tres mil pruebas de cáncer de mama con resultado positivo, solo cabe esperar excrecencias de los agitadores a sueldo de la derecha extrema y la extrema derecha corrupta.

He ahí al favorito de Tellado y Feijóo, el famoso Vito Zoppellari Quiles, haciendo méritos: Trajeron un virus que mató a 150.000 personas por negarse a cerrar las fronteras y permitir el 8M. Ahora te traen un hantavirus mortal utilizando Canarias para acoger a gente infectada. El Gobierno quiere acabar con los españoles porque ya ninguno les apoya”, escribió en X. Según publicó Eldiario.com el jueves pasado, el ultra Javier Negre, jefe del mencionado agitador, recibió en 2025 del Gobierno de Canarias un contrato menor de 14.995 euros (cinco por debajo del tope legal que obliga a sacar el servicio a concurso) en concepto de “campaña divulgativa de interés para la ciudadanía”.

Hojarasca y ruido aparte, es lo cierto que el crucero de lujo Hondius (24.000 euros pasaje) se hallaba en aguas de Cabo Verde el martes pasado con 147 personas de 23 nacionalidades diferentes (14 españoles). La falta de medios sanitarios suficientes en el país africano (archipiélago que fue colonia portuguesa) llevó al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en coordinación con la UE, a enviar una carta al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, recabando ayuda sanitaria en Canarias. La petición se realizó la tarde del martes, 5 de mayo, y tuvo una respuesta favorable.

Hasta ese momento el buque había realizado un largo recorrido que comenzó en Ushuaia (Argentina), de donde zarpó el 1 de abril. Bajó hacia la Antártida e hizo escala los días 5 y 6 en las Islas Sandwich del Sur –sin población permanente, con fauna salvaje y condiciones extremas–. La travesía prosiguió hacia la isla británica de Santa Elena, donde hizo escala el 24 de abril. En esta parada abandonaron el crucero 30 pasajeros. La cifra incluye el cuerpo de uno que falleció el día 11, según informó la compañía Oceanwide Expeditions.

La operadora del trasatlántico, que aseguró que se están esforzando en rastrear a todos los pasajeros y miembros de la tripulación que embarcaron y desembarcaron en las distintas escalas desde el 20 de marzo, dijo que el fallecido era un neerlandés que experimentó los síntomas del hantavirus y murió abordo. Su mujer trasladó el cadáver a Johannesburgo (Sudáfrica) y murió el 26 de abril en el aeropuerto. Otra mujer de nacionalidad alemana murió a bordo el 2 de mayo. Su cadáver podrá ser repatriado a partir del domingo, cuando el barco llegue a Tenerife, donde fondeará junto al puerto Granadella, una instalación logística muy poco utilizada, a 20 kilómetros del aeropuerto de Tenerife Sur.

El hecho de que treinta personas abandonasen el barco en Santa Elena abre la posibilidad de más contagios. Suiza confirmó el miércoles un contagio que afecta a un pasajero que viajó en el crucero y retornó a su país a finales de abril, y que podría ser uno de los que desembarcó en Santa Elena. Singapur informó el jueves que había aislado a dos personas que estaban a bordo del crucero afectado, e indicó que se les han hecho pruebas y se esperan los resultados. A los tres fallecidos y cinco contagiados se añadió la noticia de que una azafata neerlandesa de KLM que había estado en contacto con la mujer fallecida en Sudáfrica y presentaba síntomas de contagio. Por suerte, las pruebas dieron negativas.

Aunque la OMS y las autoridades sanitarias europeas insisten en que el contagio del hantavirus procedente de excrementos, orín y otras secreciones de ratones rabilargos es muy bajo y la situación no es comparable con el Covid-19, los responsables sanitarios velan para que el desembarco se produzca con las máximas garantías de aislamiento y los pasajeros y tripulantes no sean trasladados a tierra hasta que no estén listos los aviones que han de repatriarlos desde el aeropuerto de Tenerife.

Ninguna persona del barco tiene síntomas de la enfermedad en este momento, si bien la incubación del virus que ataca al pulmón y a los riñones y provoca fiebre, dolores musculares, escalofríos, cefaleas (dolores de cabeza), náuseas, vómitos, y a veces dolor abdominal y diarrea, puede llegar a 45 días. De ahí que los 14 españoles que el domingo serán trasladados al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en el barrio madrileño de Carabanchel, tendrán que pasar la cuarentena voluntaria u obligada para preservar de la salud familiar y pública.

Patógenos ultras buscan envenenar la convivencia

Luis Díez.

Primero se les insulta. Si son negros se les llama “monos”. El otro sábado (18 de abril) se pusieron a gritar “¡Fuera la mona!” en la Puerta del Sol de Madrid. “La mona” era, según ellos, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez Gómez, y los que gritaban eran cientos de venezolanos residentes en España que acudieron a agasajar a la líder de la oposición al chavismo residual y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, muy arropada y acompañada por dirigentes de la derecha extrema y la extrema derecha española. Lanzó y jaleó el grito racista el cantante Carlos Baute, un tipo que ya en 2018 aparecía en las listas de Hacienda con unos impagos de 407.000 euros, más de lo que gana en doce años un trabajador medio en España.

Delcy Rodríguez no es Vinicius, pero tanto da. Si el presidente de los Estados Unidos (EEUU), el belicoso supremacista Donald Trump, caracteriza en las redes sociales a su antecesor Barack Obama y a su compañera Michelle como si fueran una pareja de orangutanes tampoco es cuestión de pedir respeto y educación a sus nuevos subordinados. Así que venga, todos a una: “¡Fuera la mona!” Quizá más tarde, cuando cientos de mujeres venezolanas se congreguen en la Plaza Brión de Chacaíto, al este de Caracas, para rechazar los insultos no solo a la presidenta encargada sino a las mujeres venezolanas, el mencionado Baute y la galardonada Corina (Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid y Llave de Oro de la ciudad) se sientan obligados a disculparse, como sucedió de hecho.

Cuando se pasa de esa introducción al desprecio que es el vulgar insulto racista –“mono, panchito, moromierda, sudaca, negrata” y otros– a un análisis más sosegado, enseguida aparece la observación de que los insultados son seres inferiores, extranjeros poco evolucionados, gente más instintiva que racional, individuos primitivos que afilan sus cuchillos en la edad de piedra y, por consiguiente, plebe peligrosa. “Van a regularizar a violadores”, afirmó nada menos que el presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, sin presentar prueba alguna de su aserto verbal.

Ya es sabido que el principal partido de la derecha y sus aliados de la ultraderecha voxida están que bufan porque el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha la regularización de más de medio millón de inmigrantes que desde hace tiempo viven y trabajan con nosotros. Es una regularización aprobada hacia dos años por el Congreso de los Diputados y respaldada por más de 600.000 firmas, sindicatos, patronales, organización no gubernamentales y la propia Iglesia Católica. Pero se ve que a PP-VOX les molesta que sean visibles y tengan derechos sociales e incluso humanos.

Un paso más en el estudio de los coloquiales insultos racistas y de la xenofobia en boga conduce al observador a preguntarse si este fenómeno es el primer signo proclive a la supresión de los derechos civiles básicos de los inmigrantes insultados. Y si. Esa es precisamente la estrategia de la derecha reaccionaria y patógena. Primero se les insulta, se les califica de animales o de subespecie humana en el mejor de los casos y luego ya resulta más fácil negarles los derechos inalienables como seres humanos.

La discriminación de las personas por razón de origen, raza, religión y otros motivos ha sido plasmada por agentes patógenos en los acuerdos PP-VOX para formar los gobiernos autonómicos de Extremadura y Aragón, de modo que los inmigrantes queden detrás de los nacidos en España a la hora de acceder a la asistencia sanitaria, social, educativa y a las migajas del que llaman “estado del bienestar”. “Primero los de casa”, dicen, como si los europeos, americanos, asiáticos y africanos que viven y trabajan en nuestro país no fueran personas ni tuvieran los mismos deberes y obligaciones que nosotros.

Esos dirigentes patógenos llegados a este mundo a envenenar la convivencia con mentiras y propaganda barata son los mismos que rechazan el derecho a la igualdad de las mujeres, niegan los asesinatos y la violencia machista, califican de “fanatismo climático” el calentamiento del planeta y los efectos letales de las emisiones contaminantes. Son patógenos cínicos, canelos, perrunos que orinan en público sin sentir ningún pudor y actúan, viven y cobran buenos sueldos a cuenta del común –y algunos trincan por detrás– amparados por la Constitución democrática de 1978, pero en contra de la Constitución, la democracia, la igualdad y el Estado de derecho.

Esos seguidores del matón de la Casa Blanca y del genocida Netanyahu dijeron meses atrás que iban a echar de España a ocho millones de personas, inmigrantes e hijos de inmigrantes, y retoman ahora su mensaje de odio rehabilitando el concepto empleado hace cuarenta años por el fascista francés Jean-Marie Le Pen de “prioridad nacional” para hacernos creer que si algunos servicios de la sanidad pública están colapsados y funcionan mal o si faltan plazas escolares o si hay poca vivienda y es muy cara o si las ayudas a la dependencia llegan tarde y las pagas del mínimo vital, más tarde todavía, es por culpa de los inmigrantes.

Aunque la falsedad y toxicidad de ese mensaje salte a la vista, a cierta derecha política que solo aspira al D+P (el Deterioro y la Privatización) de los servicios públicos para hacer negocio y, por supuesto, a echar del Gobierno al prestigioso dirigente progresista Pedro Sánchez, parece no importarle la discriminación, segregación y el apartheid implícitos y explícitos en los pactos autonómicos PP-VOX. Con esas medidas contra las personas de otros países que viven y trabajan (y juegan al fútbol y forman parte de las Fuerzas Armadas españolas) no solo pretenden enfrentar a la gente, sino además que les voten. Si esos pactos (legales) y las mociones similares que pretenden aprobar en otras autonomías donde tienen mayoría vulneran los derechos constitucionales de las personas, deberían ser recurridos de inmediato por el Defensor del Pueblo sin esperar a que adquieran forma jurídica. No olvidemos que para hacer daño basta con circulares y órdenes verbales. Y si no recuerde lo que hizo la señora Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia del coronavirus.

El síndrome de Keops ataca a Trump

Luis Díez.

Estatua dorada y escenario para el gran líder belicoso y pacificador.

Las evidencias históricas demuestran que desde que dios se hizo hombre, muchos hombres han querido ser como dios. En nuestro tiempo, el actual presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, considerado el personaje más poderoso del planeta en términos bélicos, está prolongando la deriva mental de emperadores como Cesar o Napoleón, monarcas absolutos y capos criminales como Hitler, Mussolini y Franco (“Espada del altísimo”, lo nombró el arzobispo Gomá y Tomás), llegando a enfrentarse al representante del dios de los católicos en la Tierra, el Papa León XIV, defensor de la paz, la dignidad y los derechos humanos por excelencia, que en junio próximo visitará España invitado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el primer mandatario europeo en plantar cara a los belicosos Netanyahu y Trump.

Algunos especialistas han bautizado esa tendencia al endiosamiento como “síntoma o síndrome de Keops”, el faraón egipcio del 2.500 antes de Cristo que construyó la gran pirámide de Guiza y era creído y temido por el pueblo como sucesor de los dioses Horus y Osiris. Hay algo de ese síndrome de Keops en la demolición de un ala de la Casa Blanca para construir un gran salón de baile (con un refugio antiaéreo debajo) o en ese empeño de añadir su nombre al Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington y ese afán de poner también su nombre al aeropuerto internacional de Palm Beach, en Florida, donde el gobernador Ron De Santis, otrora adversario interno, no ha dudado en cultivar el ego del déspota. Más allá del gasto de cinco millones de euros para que el megalómano pueda leer su nombre orificado al aterrizar en West Palm Beach, el señor Santis ha facilitado la entrega a Eric Trump de un solar (un antiguo aparcamiento) en el centro de Miami para que su papá construya una biblioteca vertical, una torre con su nombre en lo alto, estatuas doradas de sí mismo dentro y a los lados del edificio y el avión Air Force One en desuso estacionado en la planta de entrada.

Torre de la futura biblioteca Trump en el centro de Miami.

A propósito de aviones, contaba Terry Castleman en Los Ángeles Times cómo un “avión del fin del mundo” había provocado la alarma al ser visto en Los Ángeles y unos días después en Fresno, en plena guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y Líbano. El avión cerca de Fresno era un Boeing E-6B Mercury que aparentemente realizaba ejercicios de aterrizaje. Tanto éste como el que causó revuelo al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de los Ángeles (un Boeing E-4B Nightwatch que transportaba al secretario de Defensa, Pete Hegseth, al sur de California como parte de su gira de un mes de duración denominada “Arsenal de la Libertad”) funcionan como centros de operaciones de emergencia del presidente de EEUU ante graves amenazas para la seguridad nacional como una guerra nuclear. De ahí su nombre.

La entrada a la Biblioteca trampista proyectada en Miami.

La penúltima expresión del síndrome de Keops atribuida a Trump no le va a la zaga a Napoleón Bonaparte y se trata de un arco de triunfo en Washington, similar al que el corso erigió en 1806 en los Campos Eliseos de París para conmemorar la victoria de sus tropas en Austerlitz (actual República Checa), sólo que más grande, más alto y con una gran escultura en lo alto. Aunque vale suponer que podría conmemorar la “gran victoria” de los bombardeos contra Irán, con solo 13 bajas en su Ejército, habrá que esperar la decisión del personaje. De lo que no hay duda es de la irritación de millones de católicos estadounidenses ante la burlesca ocurrencia del presidente de difundir su imagen imitando a Jesucristo, con túnica blanca, faja roja, bandera estadounidense alrededor, águilas calvas, aviones de combate y una bicho alado con cuernos en el cielo. El Trump-Jesucristo aparece curando a un enfermo.

El cómico Jon Stewart se reconoció en la bufonada de Trump sobre Jesucristo.

“¡Oh, Dios mío!”, exclamó el hombre enfermo, el actor cómico Jon Stewart, al reconocerse en la imagen reproducida por inteligencia artificial (IA). “No sabía que ya estábamos en esa situación. No me había dado cuenta de que mi aspecto había llegado a un punto lamentable”, confesó Stewart, que es un descreído de izquierda. “Me alegra que Jesús-Trump haya traído su oleo sanador”, confesaba antes de elogiar las limitaciones de la IA. “Es como si dijera: puedo darte fuegos artificiales y poderes curativos y puedo convertirte en Jesus, pero pesas lo que pesas. Tendrás que ser un Jesús gordo”, añadió Stewart. Puesto que la publicación se produjo después de los primeros ataques verbales del presidente contra el Papa, el actor remató: “Los comentarios de Trump sobre el Papa han ofendido a mucha gente cristiana. Pero no se preocupen, la cosa empeorará”.

Trump acusó al Pontífice de ser “indulgente con el crimen” y “terrible en política exterior”. En una extensa diatriba en su red Truth Social se despachó contra el líder católico nacido en Chicago diciendo: “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que piense que es terrible que Estados Unidos atacara a Venezuela, un país que enviaba enormes cantidades de drogas a Estados Unidos y, peor aún, que vaciaba sus cárceles, incluyendo asesinos, narcotraficantes y criminales, a nuestro país. Y no quiero un Papa que critique al Presidente de los Estados Unidos porque estoy haciendo exactamente para lo que fui elegido, por una aplastante mayoría: establecer cifras récord de delincuencia (sic) y crear el mejor mercado de valores de la historia”.

Las invectivas del matón de la Casa Blanca comenzaron después de que León XIV criticara la “idolatría del yo” y el “delirio de omnipotencia” presentes en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, que calificó de “atroz” antes de afirmar que Jesucristo no se puede usar para justificar ninguna guerra y de instar a los jefes de todos los bandos a deponer las armas. La exigencia de paz a un tipo que amenazaba con acabar con la civilización persa en una noche y al que el Papa no citó, enfureció al promotor de la Furia Épica, que no ha cesado de criticarle desde entonces. Sin embargo, el Papa insiste en la exigencia de la paz con palabras tan firmes como las que pronunció el jueves pasado en en el corazón de un Camerún asolado por las guerra: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”, dijo después de criticar a los dirigentes quederrochan millones de dólares en asesinatos y destrucción”. Como es sabido, Trump ha anunciado una petición de 1,5 billones de dólares para armamento y defensa el próximo año. En un mitin confesó el 1 de abril: “No podemos hacernos cargo del cuidado infantil. Estamos luchando guerras. No es posible que nos encarguemos de las guarderías, el Medicaid, el Medicare, todas estas cosas”.

Al margen de cuál sea el desenlace de una guerra ilegal y de oportunidad del dúo Trump-Netanyahu y de si Irán entrega finalmente a Rusia la media toneladas de uranio enriquecido que guarda bajo tierra para que EEUU desbloquee el tránsito por el Estrecho de Ormuz, cumpliendo la Carta de Naciones Unidas sobre el libre tránsito marítimo, el comportamiento imprevisible y los comentarios extremos de presidente norteamericano han acelerado la discusión sobre si es errático o si tiene problemas de salud más serios. Así lo señalaba el 14 de abril el New York Times. El gobernador de Illinois, JB Pritzker, ha invocado la vigésimoquinta enmienda para revocarlo por incapacidad. “Un loco transtornado no puede tener el control”. Pero no se trata solo de una inquietud expresada por dirigentes del Partido Demócrata, comediantes de televisión y profesionales de la salud mental que hacen diagnósticos a distancia. Ahora, también puede escucharse de generales retirados, diplomáticos y funcionarios extranjeros. Y, lo que es más sorprendente, puede oírse incluso en la derecha, entre antiguos aliados del presidente.

Portavoz muestra el Arco de Triunfo trumpista

Pakistán conquistó a los Trump con negocios y un hotel en Manhattan

Luis Díez.

Personas bien informadas cuentan cómo Pakistán conquistó la simpatía (aunque sea mucho decir) del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, hasta el punto de convertirse en su tabla de salvación para salir de la maldita guerra contra Irán que él mismo inició junto con el genocida del pueblo palestino y principal obstáculo para la paz en Oriente Medio, Benjamín Netanyahu.

Ya recordarán que diez días antes de lanzar los primeros bombazos sobre Teherán, asesinando al ayatola Ali Jamenei y a más de cuarenta miembros de su gobierno represor, el matón de la Casa Blanca convocó a los representantes de los países que aceptaron formar parte de su llamada Junta de Paz, una especie de club de pago (mil millones de dólares de cuota). En aquel marco, el antiguo promotor inmobiliario, amigo de Trump y negociador del alto el fuego en Gaza (y ahora en Irán), Steve Wifkoff, presentó un inusual acuerdo entre EEUU y Pakistán.

Se trataba de un memorando para la cesión y remodelación del glamuroso (en su día) Hotel Roosevelt de Nueva York, un enorme edificio propiedad de Pakistán, situado entre las calles 45 y 46 y las avenidas Madison y Vanderbilt de Manhattan. De pronto, el acuerdo entre el mediador trumpista Witkoff y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif convertía a la administración federal estadounidense en copropietaria del inmenso inmueble, algo que agradó sobremanera al presidente, siempre atento a las oportunidades de “monetarizar” el cargo para sí y su familia.

El hijo de Witkoff, negociador y amigo de Trump, firma un convenio para extender a Pakistán el negocio de criptomonedas que comparte con los hijos de Trum. Detrás, en el centro, el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif

Si durante el primer mandato, el presidente magnate incrementó su fortuna en unos tres mil millones de dólares, en el primer año de su segundo y último nuevo mandato ha sumado a su patrimonio otros mil quinientos millones más según estimaciones de grandes medios de comunicación. Cierto es que ha renunciado a los 400.000 dólares anuales de sueldo oficial.

Pero las atenciones de los sagaces mandatarios pakistaníes hacia el incontinente Trump y su entorno se han sucedido en muchos campos. Por ejemplo, Pakistán nominó al matón de la Casa Blanca para el Nobel de la Paz. Pakistán contrató lobistas vinculados a la familia Trump. Y Pakistán (su ministro de finanzas) firmó un mes antes del acuerdo del Hotel Roosevelt un convenio para incorporar una filial de World Liberty Financial, la empresa de criptomonedas fundada por las familias Trump y Witkoff, a sus transacciones internacionales.

Es lógico que míster Witkoff, siempre acompañado en sus tareas de mediación de Jared Kushner, yerno de Trump, apelase a las buenas relaciones con los amigos pakistaníes para frenar la escalada bélica contra Irán sin provocar más daño económico al conjunto de la humanidad y a los propios estadounidenses. Y es lógico también que el primer ministro pakistaní, señor Sharif, se apresurase a enviar a las autoridades supervivientes de Irán una propuesta de paz que sin apariencia de “victoria pírrica” para EEUU e Israel les permitiese salir airosos del lance.

El ayatola Mojtba Jamenei dio su visto al acuerdo de tregua dos horas antes de que acabase el ultimatum USA

Sharif aprovechó bien la oportunidad y se hizo acompañar de los buenos oficios de los grandes países con mayor influencia en el área como son Egipto, Arabia Saudita y Turquía, para conseguir de Irán un plan de negociación de diez puntos, comenzando por la reapertura y el libre tránsito del Estrecho de Ormuz, que estrangula desde hace ya mes y medio a los países petroleros del Golfo Pérsico. En los ricos emiratos petroleros trabajan, por ejemplo, más de un millón de pakistaníes cuyas remesas suponen el 40% de los ingresos del país desde el exterior.

Así, entre insultos –“Abran el puto Estrecho, locos bastardos, o vivirán en el Infierno”–, prórrogas y un ultimatum apocalíptico –“Toda una civilización morirá esta noche, para no volver más”– del presidente de EEUU a Irán, los negociadores pakistaníes, entre los que destacó el jefe militar Asim Munir, consiguieron que el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei diese discretamente luz verde a la tregua. Al alivio de la población iraní se sumaron los países del Golfo Pérsico indirectamente castigados por la belicosidad de Trump. Pero poco duró la alegría en la casa del pobre (y la casa propiamente dicha) ya que Israel aprovechó las horas posteriores a la tregua para acometer los bombardeos más intensos contra Líbano, con un saldo de 203 personas muertas y más de mil heridas.

La “aportación” del carnicero de Gaza a la paz revela su frustración por el alto el fuego alcanzado entre EEUU e Irán. Pero en esta ocasión, su amigo y aliado Trump le ha pedido que no tense más la cuerda y se vaya a Washington a negociar con el gobierno de Líbano sobre el desarme y la eventual disolución de las milicias de Hezbolá. Esas milicias han frenado los repetidos intentos de Israel de ocupar el sur del Líbano, incluyendo el valle del Litani, según han proclamado, aprovechando la guerra contra Irán.

Israel desató los bombardeos más intensos sobre Beirut tras conocer la tregua con Irán

En esa zona, cerca de la localidad de Marjayún, se encuentran los 650 soldados españoles que forman parte del contingente de cascos azules de la ONU y que desde hace 20 años (se desplegaron en 2006) habían conseguido evitar la guerra hasta que la irrupción de EEUU contra Irán desbarató el equilibrio y ha contribuido a embrutecer y embravecer a las tropas israelíes hasta el punto de despreciar e intentar humillar a una patrulla española antes de retener, insultar y maltratar a un soldado durante una hora.

La protesta diplomática del Gobierno español ha provocado la burla de la portavoz parlamentaria del PP en el Congreso con una comparación tan estúpida como: “A mí también me ha retenido una hora la guardia civil en un control”. ¿No defiende el PP a los soldados españoles en misiones de paz en el mundo? En la “operación Libre Hidalgo” de la ONU en Líbano, que llegó a contar con 1100 militares españoles han perdido la vida quince de ellos.

Netanyahu ha acusado al Gobierno español de “librar una guerra diplomática” contra su país y ha ordenado expulsar a los representantes españoles del Centro de Coordinación Cívico-Militar (CMCC, por su siglas en inglés), un órgano creado para la supervisión del alto el fuego en la Franja de Gaza como parte del plan de paz de Donald Trump. Desde el alto el fuego de octubre pasado han matado a más de 700 palestinos cerca de lo que ahora llaman línea naranja con Gaza.

En realidad el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acusó directamente a Netanyahu de violar los derechos humanos y de “desprecio por la vida” por continuar los ataques contra Líbano a pesar del alto el fuego entre EEUU e Irán. Y viernes volvió a pedir a la Unión Europea (UE) que, “por coherencia y por empatía”, suspenda el Acuerdo de Asociación con Israel. “No permitamos una nueva Gaza en Líbano”, zanjó.

Los perdedores de la guerra de Trump y Netanyahu

Luis Díez

Por si fuera poco el daño humano y material que los criminales de guerra Trump y Netanyahu están causando en Irán y Líbano, sus 21 días de bombardeos ya dejan a millones de perdedores en el frente económico. Somos cientos de miles de trabajadores, clase media laboral, funcionarios, especialistas, técnicos, aprendices, estudiantes, gente de mediado pasar y, a mayor desgracia, personas en el límite de la subsistencia. La carestía nos golpea y convierte la vida en una lucha sin cuartel contra un ejército de fantasmas. Como decía Blas de Otero, “vivir se ha puesto al rojo vivo”.

El cierre del pasillo del petróleo por el estrecho de Ormuz ha provocado un incremento del precio de los carburantes del 40%. El bombardeo por parte de Israel del yacimiento de gas más grande del mundo, conocido como South Pars y administrado por Irán y Qatar en el Golfo Pérsico, ha duplicado de la noche a la mañana el precio del gas licuado. El incremento del precio de los carburantes y de la energía afecta a toda la cadena productiva y al transporte de tal forma que los cálculos más optimistas ya sitúan la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios en un 10%.

Los estadounidenses pagaban la gasolina a finales de febrero a 2,90 dólares por galón (3,78 litros), y en dos semanas de guerra el precio había subido a 3,70 dólares, según la Administración de Información Energética. En el caso del gasóleo el precio es más alto. Es el mayor aumento en menos tiempo de los últimos 30 años, superior al registrado al comienzo de la guerra en Ucrania en 2022 y a los asociados a la recesión de 2008 y los recortes de extracción de la OPEP. Es todo lo que tienen que agradecer al matón que colocaron en la Casa Blanca. También ellos están perdiendo la guerra.

Los chinos, muy dependientes de los suministros de crudo desde el Golfo, ya funcionan con la consigna de consumir menos energía fósil, moverse poco, tele-trabajar y darle al pedal. Eso no quita para que toda su producción agraria y fabril sea más cara y tengan que volver al carbón, con el consiguiente daño añadido a la atmósfera. De hecho, la descarbonización ha quedado paralizada en gran parte de Asia Oriental. La atmósfera terrestre es también perdedora de la guerra. ¿Qué miérda respirarán nuestros hijos?

En términos globales sólo Rusia está ganando la guerra en el frente económico. Aunque la Unión Europea (EA) mantiene el embargo al petroleo y el gas del putinato, el bloqueo del estrecho de Ormuz le permite aportar más suministros a más clientes en el resto del mundo. Los europeos, principales paganos de los efectos de la guerra de Ucrania, sufrimos un mayor impacto del precio de los carburantes que los propios estadounidenses, productores de petroleo. La UE es perdedora neta de esta guerra.

España y otros países están adoptando medidas como la reducción del IVA y otros impuestos a los carburantes para ayudar a los ciudadanos (productores y consumidores) frente a la carestía. La Tarifa de Último Recurso (TUR) de gas natural, diseñada para proteger a los consumidores de menos de 50.000 kWh/año, se ha demostrado una solución aceptable para viviendas con calefacción y agua caliente de gas.

Los bonos sociales para combatir la carestía eléctrica y otras medidas acordadas el viernes por el Gobierno del socialista Pedro Sánchez y que convalidará el Parlamento (si la derecha no se desdice) tratan de atemperar la nueva crisis provocada por el matón de la Casa Blanca y su amigante el genocida de Balfour Street en Jerusalén. Por cierto que en la tercera semana de su despiadada guerra ilegal se han registrado diferencias entre los dos monstruos.

El señor Trump, que tanto disfruta con la producción y difusión de videos en los que presenta los bombazos y la destrucción de vidas e infraestructuras en Teherán y otras ciudades de Irán como si fueran un juego, ha salido a la palestra a reprender al israelí Netanyahu por atacar las plantas de extracción del yacimiento de gas de South Pars, compartido por Qatar e Irán en el Golfo Pérsico.

A última hora del miércoles, 18 de marzo, el señor Trump publicó en redes sociales que “Estados Unidos (o sea, él) no sabía nada sobre este ataque en particular”. Pero ante el temor a ser desmentido, al día siguiente cambió de rumbo y dio a entender a los periodistas en la Casa Blanca que había hablado con Netanyahu. “Le dije que no hiciera eso”, aseguró antes de añadir: “Somos independientes. Nos llevamos de maravilla. Es algo coordinado”.

Funcionarios israelíes confirmaron que Trump había sido informado antes del ataque. Luego Netanyahu intentó desvincular a EEUU de la operación, consciente de que Qatar es aliado de los estadounidenses y no fue informado de lo que iba a suceder. Horas después del ataque israelí contra South Pars, las instalaciones de gas natural en Qatar fueron atacadas. El emirato culpó a Irán y pidió la desescalada. Un portavoz militar iraní dijo que era la respuesta al bombardeo de South Pars y que se habían limitado a atacar instalaciones energéticas “consideradas parte de los intereses de Estados Unidos”.

En contraste con ese bombardeo a South Pars que ha disparado los precios mundiales del petróleo y el gas –estamos hablando del yacimiento de gas más grande del mundo y del emirato de Qatar como tercer exportador mundial de gas natural licuado–, el señor Trump se abstuvo de dañar la infraestructura petrolera de la isla iraní de Kharg durante su ataque de hace diez días. Dijo entonces que había respetado las instalaciones del mayor centro exportador de petróleo iraní “por razones de decencia”.

Aunque resulta paradójico el término “decencia” en boca de un tipo que el primer día de su guerra mató con un misil guiado Tomahawk de un millón de dólares a 168 niñas, niños menores de doce años y profesores en la escuela en Minab (Irán) y luego atribuyó el bombazo a los iraníes, y, más tarde, afirmó que “no sabía nada”, queda clara la escala de valores del monstruo criminal: primero los bienes y valores (petróleo y gas en este caso) y después la gente, que es la “materia prima” más barata y abundante que hay.

Sólo en la primera semana de guerra, hasta el 6 de marzo, la Agencia de Noticias de Derechos Humanos (HRANA), documentó la muerte de 1.114 civiles iraníes, incluidos 183 niños. La cifra de muertos se acerca ya a las cuatro mil personas. Los desplazados –esos que de pronto el jefe del PP español, señor Núñez Feijóo, teme que lleguen como enmigrantes y se hagan terroristas– supera los tres millones. Ellos son los grandes perdedores de la guerra. Y con ellos, los más de mil muertos y 20.000 heridos y el millón de desplazados en un Líbano atormentado por los bombardeos e incursiones del ejército israelí.

La semana pasada, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, explicaba en Al Jazeera que esta guerra ponía a EEUU al servicio de Israel y confiaba en que la población estadounidense y los países de la región elevaran la voz para pararla. El descontento ante el daño a la exportación de petróleo que la guerra de Trump y Netanyahu está provocando, comienza a apreciarse entre los jeques del Golfo Pérsico.

“¿Cómo es posible que a ellos (Irán) se les permita vender, mientras a nosotros se nos prohíbe hacerlo?”, preguntaba miércoles el comentarista Nadim Koteich, cercano al gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. “Alguien está pagando las consecuencias” de las interrupciones de suministros causadas por la guerra, “y ese alguien somos nosotros”, concluía.

El matón de la Casa Blanca acusa ese descontento que muy pocos medios de comunicación se atreven a reflejar (en EEUU están amenazados con la retirada de licencias) y vuelve a apelar a los aliados de la OTAN para que escolten a los petroleros. El viernes los tachó de “cobardes” y volvió a amenazar a España con retirarse de Rota y Morón.

Sin embargo, ningún punto del tratado de la Alianza Atlántica obliga a defender a quien, como EEUU, no ha sido atacado, ni tampoco a respaldarle como atacante, creador del caos, violador del derecho internacional y promotor de la ley de la fuerza frente a la fuerza de la ley, el diálogo, la paz y la civilización. Por cierto que a ese señor que insulta y mata, la señora Díaz Ayuso le ha otorgado la medalla de honor de la Comunidad de Madrid en nombre de los madrileños. ¿Por qué?

Los que se lucran con la guerra

Luis Díez.

¿A quién beneficia la guerra? En primer lugar, a los fabricantes de armas, municiones y máquinas de matar. “Si las usan moriremos por explosión, si no por hambre y enfermedad”, decía el periodista Rafael Barret a principios del siglo XX para demostrar que todas, absolutamente todas las armas son una mierda. En la guerra emprendida por el matón de la Casa Blanca, señor Trump, y su amigo genocida del pueblo palestino, señor Netanyahu, contra Irán, los hijos mayores del primero, Donald y Eric, se benefician directamente de la conflagración como inversores en compañías vinculadas a la fabricación de armamento como la tecnológica Powerus, con sede en West Palm Beach (Florida), que se está fusionando con otras firmas para fabricar drones. Antes de los ataques militares contra Irán, Eric Trump se implicó también en un acuerdo para aportar 1.500 millones de dólares a la firma israelí Xtend, especializada en aeronaves tácticas no tripuladas.

Según la información suministrada por el Wall Street Journal, la apuesta de la familia Trump por la industria armamentista pretende satisfacer la demanda de drones planteada por el Pentágono y llenar el vacío dejado por la orden previa de la administración estadounidense de prohibir drones de importación y más concretamente los de fabricación china que inundaban el mercado. Brett Velicovich, cofundador de Powerus y veterano de operaciones especiales del ejército de Estados Unidos que ha asesorado a empresas de drones en USA y Ucrania dice que Powerus trabaja en acuerdos para adquirir empresas de drones ucranianas o agenciar su tecnología y construirlos y comercializarlos con marca blanca en EEUU. El director ejecutivo de Powerus, Andrew Fox, concreta el objetivo de construir más de 10.000 drones al mes. Verdad que ahora se entiende mejor el llamamiento del Trump a la industria militar de su país para que “cuadruplique la producción”?

El presidente de EEUU Donald Trump con sus hijos Ivanka, Eric y Donald junior

Para hacerse una ligera idea de los impresionantes beneficios de la industria del armamento baste decir que tan solo en los dos primeros días de la guerra de Trump contra Irán, el ejercito USA consumió 5.600 millones de dólares en munición. Fue uno de los datos ofrecidos por el Pentágono en las sesiones informativas a puerta cerrada en el Capitolio. Este consumo fue mucho más costoso de lo divulgado oficialmente, lo que viene a confirmar lo que de antemano sabíamos: que la primera víctima de la guerra es la verdad y que cuanto más dinero público detraen de los servicios y necesidades básicas de supervivencia, más lo tapan. Roban, restan y se forran a una velocidad supersónica, según la información aportada por el Washington Post.

El matón de la Casa Blanca que ha provocado el asesinato de 175 niñas menores de doce años y de varias profesoras en la escuela iraní de Mehr, beneficia los negocios del sátrapa del Krenlim, Putin, y sus amigos y subordinados petroleros, al provocar con su guerra contra Irán una carestía del petróleo muy conveniente para sufragar el putinato y los bombardeos y la ocupación de territorio en Ucrania. Hay potentados rusos haciendo negocios con la hija mayor de Trump, Ivanka, y su marido, Jared Kushner, consejero del presidente y creador de la compañía de capital riesgo Affinity Partners. Esa entidad canaliza además miles de millones de dólares de inversión de los Emitatos Árabes Unidos, Catar y Arábia Sudita en EEUU. Los medios consultados coinciden en que príncipe heredero saudí y hombre fuerte del régimen, Mohammed ben Salman, es amigo y persona muy cercana al yerno de Trump.

Arabia Saudita envía a los petroleros a cargar en el mar rojo ante el riesgo en el estrecho de Ormuz

Aunque la inseguridad para sacar el petróleo del Golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz ha paralizado el paso de los petroleros, con el consiguiente beneficio mayor para Rusia, según destacaba esta semana el presidente del Consejo de la UE, Antonio Costa, la principal extractora Saudi Aramco ha pedido a los compradores asiáticos que acudan a cargar el crudo al puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, y que comuniquen cuanto antes (antes del viernes, 13 de marzo) cuánto desean importar en abril. Ese y otros anuncios ponen de manifiesto la existencia de alternativas al bloqueo del estrecho por el que sale el 20% del petroleo que consume el mundo. Cierto es que la capacidad de almacenaje de los extractores es limitada y puede obligar a los jeques a parar el bombeo. Pero no por eso sufrirán grandes estragos, habida cuenta de que esa minería líquida, al contrario que la del carbón, no requiere muchos trabajadores ni gran gasto de personal.

Rysard Kapuściński, el gran periodista polaco que tan bien contó la caída del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi en 1979 y la revolución islámica con el ayatola Jomeini al frente de la república teocrática actual, decía que el petroleo era una bendición para los autócratas de los países árabes porque su extracción no provocaba huelgas ni revueltas obreras. Los jefes como aquel Sha vivían estupendamente, casi siempre fuera del país, creaban unidades de élite en el ejército, las dotaban de material sofisticado, importaban especialistas con sueldos fabulosos, vivían en una orgía permanente de lujo y baleaban al pueblo cuando protestaba en las calles porque tenía hambre y unos salarios de miseria. Eso hacía el Sha Reza Pahlevi y por eso cayó tras matar a cientos de personas que se manifestaban en Teherán. Y eso ha vuelto a hacer ahora el ayatolá Jamenei antes de morir bajo las bombas de Trump. Su segundo hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei puede ser considerado otro beneficiario neto de la guerra de un Trump que lejos de tumbar, ha fortalecido al régimen.

El nuevo ayatola Mojtaba Jamenei, segundo hijo del anterior, asesinado por las bombas USA sobre Teherán

Por cierto que el nuevo ayatola, a quien mandos militares estadounidenses aseguran haber «desfigurado», no le va a la saga a aquel Sha en materia de lujosos inmuebles, palacios y negocios en varios países europeos. En España es dueño del complejo turístico Steigenberger Hotel y Resort Camp de Mar, en Palma de Mallorca. Se trata de un hotel de cinco estrellas con campo de golf gestionado por la entidad Smart Global Limited. Las operaciones inmobiliarias del ayatola muerto y de su hijo el ayatola puesto estarían a cargo de Ali Ansari, un empresario iraní sancionado en Reino Unido tras la quiebra del banco Ayandeh, implicado en el desvío de fondos para la Guardia Revolucionaria. Este personaje maneja sociedades registradas en paraísos fiscales a las que canaliza fondos procedentes de la venta de petróleo bajo mano a distintos países, eludiendo las sanciones internacionales. Las inversiones de inmuebles de lujo en Madrid, Marbella, Palma de Mallorca, Londres, Berlín y algunas ciudades de Austria formarían parte del inmenso capital del nuevo líder iraní mientras mantiene un perfil austero ante su pueblo.

Hotel de cinco estrellas del presidente iraní, el ayatola Jamenei en Palma de Mallorca

En último, aunque pudiera ser en primer lugar, hay un beneficiario principal del caos y la muerte provocada por los ataques a Irán y Líbano del dúo criminal Netanyahu-Trump. Es el propio matón de la Casa Blanca. Su turbio pasado con su millonario amigo y traficante sexual de menores Jeffrey Epstein le persigue. ¿Trabajaba Epstein para el Mosad? ¿Qué saben de Trump los servicios secretos israelíes que le han llevado a obedecer ciegamente al genocida Netanyahu? Los grandes prebostes infestados por el proveedor sexual Epstein siguen cayendo como fichas de dominó –el último ha sido Steve Tisch, copropietario de los Giants de Nueva York y productor de filmes de éxito como Forrest Gump, Risky Business y otras–, pero de Trump ya no se habla en relación con el traficante sexual y pederasta que supuestamente se suicidó en 2019 en una cárcel de Nueva York, sino con el curso de la guerra.

A propósito de beneficios de una guerra que en 15 días ha provocado cientos de muertos civiles y tres millones de desplazados en Irán, además de setecientos fallecidos y más de 800.000 desplazados en Líbano por los bombardeos de Israel y casi medio centenar de víctimas mortales en los países del Golfo, Iraq y el propio Israel, convendría saber qué ventajas, ingresos y canongías aspiran a obtener el expolítico nefasto Aznar López y los mediocres dirigentes del PP cuando vituperan al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por negar el permiso a Trump para utilizar las bases de Rota y Morón en sus planes bélicos contrarios a la legalidad internacional y la Carta de Naciones Unidas. ¿Qué clase de patriotismo profesan estos tipos y su apéndice dizque más ultra, el corrupto Abascal, cuando colocan la soberanía nacional de alfombra de los dos personajes criminales y además les llaman “aliados”?

Ahora que los ciudadanos españoles, del mismo modo que los del resto del mundo, incluidos los estadounidenses, estamos pagando las consecuencias de la guerra, conviene acordarse de los amigantes de Trump y Netanyahu no sólo en las gasolineras, los supermercados o cuando recibimos las facturas del gas y la electricidad, sino muy especialmente a la hora de votar. Además de un asunto de clase social –ricos y pobres, capitalistas y proletarios, trabajadores y empresarios– es también una cuestión de dignidad, calidad humana, honradez y preservación de la paz, la convivencia, la equidad, la igualdad de género y los derechos humanos frente a falsarios que corren a lamer el culo a los matones y sembradores de odio.

Sánchez frente al punitivo Trump: «¡No a la guerra!»

Luis Díez

Las amenazas comerciales del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra España porque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha permitido que utilice las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para atacar a Irán junto con su amigo el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, revelan la mentalidad imperial, patógena y mercantilista del señor de los aranceles. El presidente Trump ha de entender que los pueblos no eligen a sus gobernantes para que vayan a Washington a besarle el culo, como dijo cuando desató la guerra arancelaria, sino para que dirijan bien los países y no hagan daño. De modo que el Gobierno de España, como el de cualquier otro país soberano, tiene derecho a manifestar su posición (“No a la guerra”) ante una conflagración innecesaria y contraria a la Carta de Naciones Unidas y a la legalidad internacional.

Pero además, el Convenio bilateral de Cooperación para la Defensa entre España y EEUU (BOE núm. 108 de 6 de mayo de 1989), expresa en su breve preámbulo “el ideal común de respeto a los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley” y añade que los dos países “reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los gobiernos”. Y después de reconocer que la seguridad e integridad territorial de ambos estados contribuye al mantenimiento de la paz y la seguridad en Occidente, enseguida dispone (Art. 2.2) que “cualquier uso (de las Bases militares) que vaya más allá de los objetivos de ámbito bilateral o multilateral (OTAN) de este Convenio exigirá la autorización previa del Gobierno español”.

Trump aprovechó la visita del canciller alemán Friedrich Merz para lanzar sus amenazas contra España

Queda claro para quien sepa leer –y se supone que el señor Trump y sus hábiles diplomáticos y astutos militares saben– que la “guerra de oportunidad”, sin consulta a los aliados ni siquiera a los representantes inmediatos del pueblo estadounidense, ha sido una decisión personal del supremacista y su amigo, acusado de genocidio contra el pueblo plestino. Y que España, en cumplimiento de la letra y el espíritu del convenio, debía negarse a colaborar en el infierno que han desatado y que ya hemos comenzado a pagar. De hecho, los ataques criminales contra Irán y Líbano son tan condenables como los perpetrados por el sanguinario Vladimir Putin contra Ucrania, a la que lleva cuatro años bombardeando, con un saldo de 55.000 soldados ucranianos muertos, según los datos aportados por el presidente Volodímir Zelenski, y el triple de soldados y mercenarios del ejército ruso, según la BBC.

El señor Trump parecía enfadado cuando anunció ante el canciller alemán Friedrich Merz su intención de castigar a España por no autorizar el uso de Rota y Morón en su guerra contra Irán. “Podría parar todo lo relacionado con España, todos los negocios relacionados con España; tengo derecho a pararlo, a embargos. Hago lo que quiera con ellos y podríamos hacerlo con España. Vamos a cortar todo comercio con España”, proclamó. Luego anunció que ya ha dado la orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, para que actúe en consecuencia. Y remató; “España no tiene absolutamente nada que necesitemos, salvo gente estupenda. Tienen gente estupenda pero les falta un gran liderazgo”, concluyó. Al día siguiente, el señor Bessent salió diciendo la barbaridad de que España quiere que mueran soldados estadounidenses. Y horas más tarde, la portavoz de la Casa Blanca lanzó la versión de que el Gobierno español había modificado su posición y apoyaba la operación militar contra Irán.

Más allá de la falta de coordinación y unidad de mensaje en Wasington, la Unión Europea (UE) salió inmediatamente en defensa de España, recordando al señor Trump y a sus subordinados que las relaciones comerciales se establecen con el conjunto de la UE y no es posible aplicar vetos ni sanciones a un país miembro sin pasar por Bruselas. La normativa de la UE y acuerdo arancelario con EEUU, igual que la letra del Convenio de Defensa, es algo que el señor Trump preferiría ignorar, pero no es posible. Su ímpetu punitivo contra el dirigente español se transformó en crítica al primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, quien también evitó apoyar la operación “Furia Épica” y del que Trump dijo en tono displicente: “no estamos tratando con Churchill”, precisamente. Como es sabido, Winston Churchill, que era del Partido Conservador, luchaba para defender a su país de los ataques de los nazis, como también lo hacían decenas de miles de republicanos españoles alistados en la resistencia francesa. ¿Qué tiene eso que ver con la guerra contra el país de los ayatolas con los que EEUU negociaba hasta ayer el uso civil de la energía nuclear?

Sobre el daño comercial que Trump puede hacer a España conviene saber que las exportaciones españolas a EEUU supusieron 16.716 millones de euros de ingresos el año pasado (un 8% menos que en 2024) y las importaciones, unos pagos de 30.174,7 millones, un 7% más que el año anterior. Con esa balanza comercial tan favorable a EEUU huelga decir que la amenaza trampista perjudica más a su país. Las exportaciones españolas al país norteamericano representaron el 4,3% del importe total de las ventas españolas al exterior, que fueron 387.091 millones en 2005 y las importaciones supusieron el 6,8% de las compras al exterior, que alcanzaron 444.164,4 millones de euros.

Cierto es que EEUU ocupa el primer lugar entre los inversores en España. Los activos de empresas estadounidenses en nuestro país están valorados en unos 120.000 millones de euros, con una cifra de negocios superior a 130.000 millones y unos 270.000 empleos, según datos oficiales. Pero también España mantiene unas inversiones valoradas en 91.000 millones de euros en EEUU, que son el segundo destino de inversores españoles. Con todo, España no tiene petróleo y es también vulnerable en tecnología de vanguardia. Vale señalar que el suministro de gas licuado por parte de EEUU supone el 30% y de petroleo el 15% del consumo anual, y que la dependencia española es total en Inteligencia Artificial.

Pese a las amenazas trampistas, el Ejecutivo español mantiene el encuentro empresarial España-Estados Unidos previsto el 13 y 14 de abril en Boston, con el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, al frente de la delegación española. Las alianzas estratégicas en sectores de las ciencias de la vida, singularmente la biotecnología, parecen interesar sobremanera a los socios estadounidenses. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), las principales ofertas a las empresas españolas para participar en proyectos punteros están relacionadas con el Departamento de Guerra (El Pentágono) y las agencias encargadas de evaluar las tecnologías para mejorar las capacidades militares.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mantenido su firmeza contra la guerra pese a las amenazas del supremacista imperial señor Trump de sancionar económicamente a España por negar las bases de Rota y Morón para bombardear Irán.

El presidente Pedro Sánchez se ha mantenido firme ante el punitivo jefe de la Casa Blanca. “La posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, afirmó tajante. “Si Washington quiere cambiar su relación comercial con España, deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE.UU”, advirtió antes de reafirmar que España es “un miembro clave de la OTAN”, cumple con sus compromisos y contribuye “de forma destacada” a la defensa del territorio europeo. El Ejecutivo lo ha demostrado con el escudo antimisiles en Turquía y con la aportación de una fragata al grupo de combate francés en defensa de Chipre, el país que preside la UE este semestre. Sánchez también ha recordado que España “es una potencia exportadora de la UE y un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EEUU, con quien mantenemos una relación comercial histórica y mutuamente beneficiosa”.

Sin necesidad de las represalias de Washington, los españoles y los europeos –también los chinos– hemos comenzado a pagar la guerra de Trump y Netanyahu con el corte del suministro petrolero de los Emiratos, Catar, Kuwait y Arabia Saudita a través del Estrecho de Ormuz y el encarecimiento de los transportes y la energía. Las estimaciones inflacionarias se sitúan en el 3% a mediados de año. El mayor daño en el corte de suministros carga sobre China, que ya ha ordenado a sus refinerías que no vendan ni un litro de gasolina fuera. Y el mayor beneficio de esta guerra va a ser para Rusia, como principal suministrador de gas y petróleo a China y el sudeste asiático.

En cuanto al elemento humano, además de iraníes y libaneses, que ponen la mayoría de los muertos y desplazados por esta guerra, los más perjudicados son los trabajadores de la ribera del sur del Golfo Pérsico, en especial los emigrantes de Pakistán, India y Sri Lanka. De éste último país se cuentan 350.000 en Emiratos Árabes Unidos, 246.139 en Arabia Saudita, 175.000 en Kuwait y 140.000 en Katar, donde realizan, junto con otros emigrantes indios y pakistaníes, la mayor parte del trabajo doméstico, la hostelería, la atención sanitaria, la construcción, el transporte y la limpieza. A las autoridades srilankesas correspondió el jueves rescatar a los 130 marineros de la fragata iraní Dena, hundida por un torpedo lazado por un submarino estadounidense cuando navegaba en aguas internacionales a 2.000 millas de la costa de Irán. Solo una treintena consiguieron salvarse. La fragata había sido invitada por la Armada de India a participar en unas maniobras, junto con el buque iraní Irins Bushehr, que pudo refugiarse en un puerto de Sri Lanka con 208 militares a bordo. Fue, en fin, uno de los episodios más crueles y al tiempo más celebrados por los agresores del Pentágono y la Casa Blanca.

Mapa de los bombardeos en el Golfo Pérsico y Oriente Medio tras la operación Furia Épica de Trump

23-F: los documentos del Golpe y alguna novedad

Luis Díez.

La histórica foto de Barriopedro con Tejero en el Congreso gritando pistola en mano: «¡Quieto todo el mundo!» Y después: «¡Todos al suelo!», seguido de un tiroteo.

Todos los ciudadanos pueden acceder desde el miércoles pasado a los documentos hasta ahora secretos sobre el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981en el sitio: https://www.lamoncloa.gob.es/Paginas/index.aspx. Es una noticia estupenda. La desclasificación fue decidida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al cumplirse el 45 aniversario de aquella intentona fascista contra la democracia y la Constitución, que apenas tenía entonces dos años y dos meses de vida. Pocas horas después del libre acceso a estos papeles las diñaba en Málaga el dañino golpista Antonio Tejero Molina.

Los documentos desclasificados permiten conocer algunos detalles de “la operación” encabezada por el trío Tejero, Armada, Milans del Bosch, para volver a la dictadura de Franco con un Rey (Juan Carlos I de Borbón) después de todo formado a la sombra del dictador y con los esquemas del Estado autoritario que en aquellos momentos se sentía harto de Adolfo Suárez y, según decían, de la debilidad de la democracia frente al terrorismo y el separatismo. Por si fuera poco, reinaba el entonces llamado “desencanto”.

“No quiero que la democracia sea otra vez un breve paréntesis de nuestra historia”, había dicho el entonces presidente Suárez unas semanas antes del Golpe, al presentar su dimisión debido, entre otras cosas, a las disensiones en su partido, la Unión del Centro Democrático (UCD). Los democratacristianos querían el poder, los socialdemócratas amenazaban con largarse y los azules iban quedado en minoría.

Los papeles nada aclaran sobre las presiones a Suárez, previas al Golpe de Estado. Pero su frase enigmática apuntaba al golpismo militar (también hablaban del “golpe de timón”) con la posible anuencia del monarca, ya enfadado desde que Suárez le pidió que se cortara un poco en sus visitas a las amantes fuera de España, pues la reina Sofía estaba enfadadísima y amenazaba con separarse y largarse a Londres con los hijos. Tamaño escándalo era lo que menos necesitaba la incipiente democracia.

Aunque nada en los documentos del Golpe desdibuja el papel del rey emérito en defensa de la democracia aquel 23-F, el solo anuncio de la desclasificación de los documentos y las grabaciones con que cuenta la Administración General del Estado, puso de los nervios a los jefes del PP, que suponían que Sánchez se disponía a dar la puntilla al monarca emérito. Nada más lejos de la verdad. Hay que ser muy cafre y muy tonto para ignorar a estas alturas que el propio Juan Carlos I sabía que se jugaba la Corona si apoyaba el Golpe y conculcaba la Constitución refrendada por los españoles tan solo dos años y dos meses antes.

Con todo, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, envistió contra Sánchez el mismo miércoles en el pleno del Congreso: “Desclasifique el accidente de Adamuz, las causas del apagón del 28 de abril, los presupuestos del Estado, los documentos policiales que advierten de la regularización de un millón de irregulares…” Ninguno de esos asuntos es secreto. Tanto da. Feijóo apeló a ETA (disuelta hace una década) y escupió: “El 23-F había un presidente del Gobierno que luchaba contra el terrorismo; usted pacta con ellos y los excarcela”.

Entonces, el presidente Sánchez, que cree que los ciudadanos tienen derecho a conocer la información sin intermediarios, replicó a Feijóo: “¿Por qué le molesta tanto que se desclasifiquen los documentos del 23-F?” Y al líder del PP se le ocurrió responder que él no iba a tardar 45 años sino 45 horas en “desclasificar la corrupción del PSOE”.

Demagogia aparte, lo cierto es que al comprobar que no hay nada en los papeles contra el Rey emérito, a Feijóo se le ocurrió pedir públicamente que vuelva de Abu Dabi, como si el 23-F tuviera algo que ver con la decisión adoptada en el año 2020 de fijar su residencia en la capital de los Emiratos Árabes Unidos, donde disfruta de una villa de lujo y no paga impuestos. La Casa del Rey no pone objeción a que vuelva si quiere, aunque “para salvaguardar la imagen de la Corona como institución, deberá recuperar la residencia fiscal en España».

El rey emérito con unos jeques en Abu Dabi. Feijóo le echa de menos y quiere que vuelva

Los documentos desclasificados confirman muchos datos ya conocidos sobre la urdimbre golpista tejida por Armada, Milans y Tejero, entre otros traidores a la Constitución y la democracia. Permiten confirmar además la implicación de los servicios secretos del Estado, el CESID, cuya Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) dio apoyo y cobertura al asalto a mano armada al Congreso por parte de los doscientos guardias civiles comandados por Tejero. Ya se recordará que los guardias irrumpieron en el hemiciclo en plena votación de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo tras la dimisión de Suárez. El segundo jefe de la AOME, capitán Francisco García Almenta, en una conversación con un subordinado dio pruebas, tres días antes, de conocer lo que iba a pasar el 23-F. ¿Cómo no lo iba a conocer si formaba parte del esquema del golpe? Y el primer jefe, comandante José Cortina Prieto, se ocupó de mantener contactos con el nuncio del Papa Juan Pablo II y con el embajador de EEUU, Terence Todman. Todo un detalle por su parte.

El informe interno sobre la implicación en el Golpe de los agentes operativos, encargado por el director en funciones del CESID, Narciso Carreras, al teniente coronel Juan Jaudenes trata de exculpar a los mandos de la AOME, aunque en el caso del “segundo JAOME”, García Almenta, resulta difícil separarle de los “hechos probados” y de la llamada “operación Mister” ordenada en la mañana del 24 de febrero para limpiar las huellas de la participación de agentes del Centro en el asalto al Congreso. Uno de los asaltantes, el capitán Sánchez-Valiente, fue visto en el interior de la sede de la soberanía popular con los golpistas por su colega Diego Camacho cuando entró aquella noche en el Congreso a recabar información. Los asaltantes le dijeron que el general Armada era el jefe de la conspiración.

Es también ilustrativo el informe del CESID sobre la “evaluación de la amenaza”, elaborado antes del Golpe y remitido después al Presidente de la Junta de Jefes Militares (el Prejujem), teniente general José Gabeiras Montero, porque demuestra la nula información del Centro sobre la amenaza golpista. No es que los espías de La Casa no olieran una, como suele decirse, es que se dedicaban a leer la prensa y a controlar a la extrema izquierda, todavía. El MC (Movimiento Comunista) les preocupaba muchísimo. Y en cuanto a la ultraderecha, ni Fuerza Nueva ni otros grupúsculos aparecían en sus análisis. Sobre los militares golpistas, ni una palabra. El principal peligro no era el Ejército sino que, aprovechando la mili, se infiltraran activistas en el Ejército y montaran grupos como la Unión Democrática de Soldados. Por lo demás, zanjaban la amenaza de involución diciendo que oscilaba proporcionalmente al terrorismo y el independentismo.

Más allá del hecho desgraciado de que el Centro encargado de informar sobre las tramas golpistas traicionara vilmente al Gobierno, hay que destacar que el comandante Cortina fue procesado cuando ya estaba en marcha el juicio de Campamento (Madrid) en el que los militares juzgaron a los militares y condenaron a veintitrés cabecillas a penas escandalosamente bajas, después revisadas al alza. Cortina salió absuelto. Y de los seis restantes implicados con pruebas y sólidas, sólo uno fue condenado a prisión. El hermano del jefe de los espías operativos, Antonio Cortina, era amigo personal de Fraga y pudo informarle sobre la trama golpista, pero nada de eso consta en los 153 documentos desclasificados.

Cierto es que Fraga aparece mencionado en los planes de los golpistas porque sectores de su partido podían apoyar el siguiente golpe, pues tras el fracaso del 23-F, los golpistas proyectaron el asalto al Palacio Real el 24 de junio, día de san Juan, cuando el Gobierno y los principales dirigentes políticos estuvieran allí celebrando la onomástica del rey Juan Carlos. En el nuevo alzamiento el Rey era el “objetivo a batir y anular” de manera inmediata y prioritaria. El informe desclasificado ahora consideraba “urgente” la toma de conciencia de que se había puesto en marcha “otra operación militar de incalculables consecuencias con González del Yerro y el aparato de Cortina”. La intentona de González del Yerro contaría también con el “sector civil próximo” al exministro y fundador de Alianza Popular, Manuel Fraga.

Claro que el inconveniente del asalto al Palacio Real iban a ser los embajadores de los distintos países acreditados en Madrid. ¿Qué hacemos con ellos?, se preguntaban los golpistas.

Los documentos aportan también una tercera acción golpista, a la que llaman “Operación Halcón”, que tendría lugar el 27 de octubre de 1982, día de reflexión ante las elecciones generales del 28 de octubre, que ganó el PSOE de Felipe González con mayoría absoluta. El golpe se camuflaría con el dispositivo de seguridad electoral –la famosa Operación Diana– entre las cinco y las seis de la madrugada con un “chispazo” simultáneo en Madrid y otras ciudades para ocupar puntos estratégicos, entre ellos, las centrales telefónicas y los medios de comunicación, y con una agrupación de comandos encargados de “neutralizar” al presidente del Gobierno, determinados ministros (Defensa, Interior, Autonomías y Exteriores) y líderes políticos como Felipe González, Santiago Carrillo y el propio Manuel Fraga.

Este proyecto fue interceptado y conocido como “golpe de los coroneles”, con los Crespo Cuspineda y otros ultraderechistas a la cabeza. Para entonces ya los servicios secretos dirigidos por el general Emilio Alonso Manglano contaban con agentes de cierta calidad. Gracias a algunos de ellos se pudo abortar el plan organizado desde el castillo de Caranza, en Ferrol, por el general Milans del Bosch, de volar con cien kilos de dinamita la tribuna real con los reyes, el jefe del Gobierno y otras autoridades durante el desfile del día de las Fuerzas Armadas en A Coruña. El desfile tuvo lugar el 2 de junio de 1985 en la avenida de Las Marinas de A Coruña. Los golpistas ya habían alquilado un establecimiento con sótano desde el que proyectaban hacer un túnel para colocar el potente explosivo concertado con un tipo de una empresa de construcción bajo la tribuna presidencial del desfile. Juan Carlos I, su esposa Sofía, las infantas Elena y Cristina, además del presidente González, el vicepresidente Alfonso Guerra, el ministro de Defensa Narcis Serra, la JUJEM y los representantes del Legislativo y el Judicial, iban a caer asesinados. ¿Saben por quién? Por ETA, iban a decir.

Lo curioso del proyectado magnicidio fue que los espías hicieron saber a Milans que conocían sus planes y el general lo desactivó a tiempo, sin ser sancionado siquiera. El golpista vivió siete años como un marajá en la prisión de Caranza, sin rejas, con vistas a la Ría de Ferrol, espacio para hacer ejercicio, bar, salón de televisión, teléfono sin límite de uso con el que llamaba a Chile y hablaba con Pinochet, mayordomo, buenos mariscos que le traía regularmente un armador, buen vino que le mandaban de Málaga y visitas sin límite temporal, entre las que se contaba, una vez al mes, una señorita que pasaba un tiempo con él en la habitación del hotel-prisión.

Muchos datos curiosos puede encontrar el lector en los papeles desclasificados, pero es comprensible que pocos parezcan nuevos. Desde el guardia que aparece metralleta en mano a la derecha de Tejero en la foto de Barriopedro (sacó el carrete escondido en el zapato) y que dijo haber disparado 19 de los 23 disparos al techo del hemiciclo (y a las cámaras de Tv), hasta el jicho que huyó con un maletín (llevaba todo el dinero que había sacado del banco y billetes de avión a Barcelona, donde se escondió), pasando por Pardo Zancada y otros autores de aquel delito de alta traición al pueblo español, casi todos han escrito libros con información más o menos deformada, según sus intereses.

Poco nuevo queda por contar. La bibliografía es ingente. Hasta 98 libros con las siglas 23-F en el título se pueden encontar en el fichero de la Biblioteca Nacional. Desde el primer libro escrito por un grupo de periodistas (José Luis Martínez, Bonifacio la Cuadra, José Ángel Esteban, Rosa López, Ricardo Cid Canaveral, Juan Van Den Einden y Fernando Jaúregui) que se encerraron en el hotel Victoria tras el fracaso del Golpe para contar lo que sabían con el título Todos al suelo, hasta el exitoso relato novelado de Javier Cercas, pasando por Manolito Martín y sus chistes del Golpe, se pueden contar unos doscientos títulos sobre aquella historia.

Lo que no sabemos, porque es imposible, es qué hubiera hecho Franco ante un golpe protagonizado por militares demócratas. Hay pocas dudas: fusilarlos. He ahí la diferencia entre el sistema democrático y el autoritario al que todavía hoy algunos quieren volver, quizá por estulticia e incluso por rebeldía, según dicen.