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El síndrome de Keops ataca a Trump

Luis Díez.

Estatua dorada y escenario para el gran líder belicoso y pacificador.

Las evidencias históricas demuestran que desde que dios se hizo hombre, muchos hombres han querido ser como dios. En nuestro tiempo, el actual presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, considerado el personaje más poderoso del planeta en términos bélicos, está prolongando la deriva mental de emperadores como Cesar o Napoleón, monarcas absolutos y capos criminales como Hitler, Mussolini y Franco (“Espada del altísimo”, lo nombró el arzobispo Gomá y Tomás), llegando a enfrentarse al representante del dios de los católicos en la Tierra, el Papa León XIV, defensor de la paz, la dignidad y los derechos humanos por excelencia, que en junio próximo visitará España invitado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el primer mandatario europeo en plantar cara a los belicosos Netanyahu y Trump.

Algunos especialistas han bautizado esa tendencia al endiosamiento como “síntoma o síndrome de Keops”, el faraón egipcio del 2.500 antes de Cristo que construyó la gran pirámide de Guiza y era creído y temido por el pueblo como sucesor de los dioses Horus y Osiris. Hay algo de ese síndrome de Keops en la demolición de una ala de la Casa Blanca para construir un gran salón de baile (con un refugio antiaéreo debajo) o en ese empeño de añadir su nombre al Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington y ese afán de poner también su nombre al aeropuerto internacional de Palm Beach, en Florida, donde el gobernador Ron De Santis, otrora adversario interno, no ha dudado en cultivar el ego del déspota. Más allá del gasto de cinco millones de euros para que el megalómano pueda leer su nombre orificado al aterrizar en West Palm Beach, el señor Santis ha facilitado la entrega a Eric Trump de un solar (un antiguo aparcamiento) en el centro de Miami para que su papá construya una biblioteca vertical, una torre con su nombre en lo alto, estatuas doradas de sí mismo dentro y a los lados del edificio y el avión Air Force One en desuso estacionado en la planta de entrada.

Torre de la futura biblioteca Trump en el centro de Miami.

A propósito de aviones, contaba Terry Castleman en Los Ángeles Times cómo un “avión del fin del mundo” había provocado la alarma al ser visto en Los Ángeles y unos días después en Fresno, en plena guerra de Trump y Netanyahu contra Irán y Líbano. El avión cerca de Fresno era un Boeing E-6B Mercury que aparentemente realizaba ejercicios de aterrizaje. Tanto éste como el que causó revuelo al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de los Ángeles (un Boeing E-4B Nightwatch que transportaba al secretario de Defensa, Pete Hegseth, al sur de California como parte de su gira de un mes de duración denominada “Arsenal de la Libertad”) funcionan como centros de operaciones de emergencia del presidente de EEUU ante graves amenazas para la seguridad nacional como una guerra nuclear. De ahí su nombre.

La entrada a la Biblioteca trampista proyectada en Miami.

La penúltima expresión del síndrome de Keops atribuida a Trump no le va a la zaga a Napoleón Bonaparte y se trata de un arco de triunfo en Washington, similar al que el corso erigió en 1806 en los Campos Eliseos de París para conmemorar la victoria de sus tropas en Austerlitz (actual República Checa), sólo que más grande, más alto y con una gran escultura en lo alto. Aunque vale suponer que podría conmemorar la “gran victoria” de los bombardeos contra Irán, con solo 13 bajas en su Ejército, habrá que esperar la decisión del personaje. De lo que no hay duda es de la irritación de millones de católicos estadounidenses ante la burlesca ocurrencia del presidente de difundir su imagen imitando a Jesucristo, con túnica blanca, faja roja, bandera estadounidense alrededor, águilas calvas, aviones de combate y una bicho alado con cuernos en el cielo. El Trump-Jesucristo aparece curando a un enfermo.

El cómico Jon Stewart se reconoció en la bufonada de Trump sobre Jesucristo. «Eres un Jesús gordo», le dijo.

“¡Oh, Dios mío!”, exclamó el hombre enfermo, el actor cómico Jon Stewart, al reconocerse en la imagen reproducida por inteligencia artificial (IA). “No sabía que ya estábamos en esa situación. No me había dado cuenta de que mi aspecto había llegado a un punto lamentable”, confesó Stewart, que es un descreído de izquierda. “Me alegra que Jesús-Trump haya traído su oleo sanador”, confesaba antes de elogiar las limitaciones de la IA. “Es como si dijera: puedo darte fuegos artificiales y poderes curativos y puedo convertirte en Jesus, pero pesas lo que pesas. Tendrás que ser un Jesús gordo”, añadió Stewart. Puesto que la publicación se produjo después de los primeros ataques verbales del presidente contra el Papa, el actor remató: “Los comentarios de Trump sobre el Papa han ofendido a mucha gente cristiana. Pero no se preocupen, la cosa empeorará”.

Trump acusó al Pontífice de ser “indulgente con el crimen” y “terrible en política exterior”. En una extensa diatriba en su red Truth Social se despachó contra el líder católico nacido en Chicago diciendo: “No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que piense que es terrible que Estados Unidos atacara a Venezuela, un país que enviaba enormes cantidades de drogas a Estados Unidos y, peor aún, que vaciaba sus cárceles, incluyendo asesinos, narcotraficantes y criminales, a nuestro país. Y no quiero un Papa que critique al Presidente de los Estados Unidos porque estoy haciendo exactamente para lo que fui elegido, por una aplastante mayoría: establecer cifras récord de delincuencia (sic) y crear el mejor mercado de valores de la historia”.

Las invectivas del matón de la Casa Blanca comenzaron después de que León XIV la “idolatría del yo” y el “delirio de omnipotencia” presentes en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, que calificó de “atroz” antes de afirmar que Jesucristo no se puede usar para justificar ninguna guerra y de instar a los jefes de todos los bandos a deponer las armas. La exigencia de paz a un tipo que amenazaba con acabar con la civilización persa en una noche y al que no citó, enfureció al promotor de la Furia Épica, que no ha cesado de criticarle desde entonces. Sin embargo, el Papa insiste en la exigencia de la paz con palabras tan firmes como las que pronunció el jueves pasado en en el corazón de un Camerún asolado por las guerra: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”, dijo después de criticar a los dirigentes quederrochan millones de dólares en asesinatos y destrucción”. Como es sabido, Trump ha anunciado una petición de 1,5 billones de dólares para armamento y defensa el próximo año. En un mitin confesó el 1 de abril: “No podemos hacernos cargo del cuidado infantil. Estamos luchando guerras. No es posible que nos encarguemos de las guarderías, el Medicaid, el Medicare, todas estas cosas”.

Al margen de cuál sea el desenlace de una guerra ilegal y de oportunidad del dúo Trump-Netanyahu y de si Irán entrega finalmente a Rusia la media toneladas de uranio enriquecido que guarda bajo tierra para que EEUU desbloquee el tránsito por el Estrecho de Ormuz, cumpliendo la Carta de Naciones Unidas sobre el libre tránsito marítimo, el comportamiento imprevisible y los comentarios extremos de presidente norteamericano han acelerado la discusión sobre si es errático o si tiene problemas de salud más serios. Así lo señalaba el 14 de abril el New York Times. El gobernador de Illinois, JB Pritzker, ha invocado la vigésimoquinta enmienda para revocarlo por incapacidad. “Un loco transtornado no puede tener el control”. Pero no se trata solo de una inquietud expresada por partidarios de izquierda, comediantes de televisión o profesionales de la salud mental, que hacen diagnósticos a distancia. Ahora, también puede escucharse de generales retirados, diplomáticos y funcionarios extranjeros. Y, lo que es más sorprendente, puede oírse incluso en la derecha, entre antiguos aliados del presidente.

Portavoz muestra el Arco de Triunfo trumpista

Fiestas y cabildeos vaticanos en vano de fachas y ‘trumpistas’

Madrid.–Luis Díez.

Católicos trumpistas estadounidenses y algunos aristócratas y políticos europeos de extrema derecha se dedicaron a celebrar fiestas, banquetes y cabildeos en palacios y hoteles de Roma durante los nueve días de luto que siguieron al funeral por el Papa Francisco. Aunque trataron de influir en la decisión del Cónclave, ya es sabido que los 133 cardenales de más de setenta países eligieron al agustino Roberto Prevot Martínez, quien adoptó el nombre de León XIV y es el primer Papa (el 267º) en dos mil años nacido en Estados Unidos, aunque completamente opuesto a las políticas belicosas, antisociales, de persecución de inmigrantes y desamparo de refugiados del presidente Donald Trump, Elnecio negacionista del cambio climático.

Aristócratas y políticos europeos llenaron los jardines del Palacio Brancaccio para merendar, cenar y bailar con agentes del poder norteamericano y peregrinos católicos trumpistas. Era uno de los actos significativos de la “Semana de Estados Unidos” que, por inspiración del Espíritu Santo, se había programado antes de que falleciera el Papa Francisco. El evento podía haber sido aplazado para respetar el luto, pero la ocasión era estupenda para influir en el cónclave entre saludos, presentaciones, cachetes de ternera a baja temperatura servidos sobre velouté de papa a la naranja y bailes de salón.

La corresponsal de The New York Times Elizabeth Dias describió la fiesta en el Brancaccio como una de las actividades principales de la semana estadounidense en Roma. Allí el candidato de Trump a ocupar la embajada ante la Santa Sede, Brian Burch, cenó en una de las mesas principales junto a la princesa alemana Gloria von Thurn y Taxis, quien, a su vez, es amiga íntima del juez de la Corte Suprema de EEUU Samuel Alito. A la princesa bávara, una fiestera de los años ochenta que se convirtió al catolicismo conservador y mantiene fuertes vínculos con la extrema derecha, y al juez Alito, alias Scalito, por referencia al también magistrado del Supremo de ascendencia italiana, Antonin Scalia, los unió el fervor católico y su rechazo al aborto.

Al festejo acudieron políticos de la extrema derecha como el diputado italiano Antonio Giordano, del partido de la primera ministra Giorgia Meloni, quien dio la bienvenida a los varios centenares de invitados destacando la urgencia de “proteger a la familia, prohibir el aborto y fomentar la natalidad para vencer eficazmente el invierno demográfico”. Después de la cena llegó el primer baile de una semana que comenzó a celebrarse hace años por iniciativa de la Fundación Papal, una organización benéfica estadounidense que recauda millones de dólares mediante donativos a partir de siete cifras para proyectos del Vaticano.

Aparte los prebostes mencionados, disfrutaron del baile algunos estadounidenses influyentes como Steve Cortes, exasesor de la campaña de Trump y promotor de Voto Católico, órgano propagandístico ultraconservador, y eurodiputados como la española Margarita de la Pisa Carrión, del partido de extrema derecha Vox. Esta política y farmacéutica de profesión fue premiada el 20 de mayo de 2024 por el CEU (Opus Dei) como ejemplo de laboriosidad en contra del aborto y compartió galardón con la también eurodiputada Isabel Benjumea Benjumea, del PP. Por cierto que De la Pisa profirió entonces acusaciones genéricas como las siguientes: “Consideran que ser provida es contrario a los derechos humanos”. ¿Quién considera eso? “Se quiere incluir el aborto en la carta de derechos fundamentales de Naciones Unidas” ¿Quién quiere eso?

Poco les faltó, a ultras y trumpistas, para acusar al finado Papa Francisco de tolerancia con el aborto. En todo caso, la fundación papal mencionada y otras influyentes organizaciones católicas capitalistas, regidas por el principio de quien paga manda, quisieron mostrar en Roma su unidad en el compromiso de promover los principios tradicionales referidos al matrimonio, la fe y la familia. Y desde luego se esforzaron en su labor de lobby ante la elección del nuevo Papa. En lo estrictamente financiero, el director del Colegio Pontificio Norteamericano, Mark Randall, declaró que “los europeos desean aprender sobre filantropía (para financiar a la Iglesia Católica), sobre cómo hacemos estas cosas, cómo recaudamos dinero, cómo definimos lo que es un apostolado digno y lo que no lo es”.

Pero volviendo al baile, hay que añadir que estuvo patrocinado por la recién creada Fundación Luis IX, de la que es directivo el embajador Burch. Resulta elocuente que la nueva organización lleve el nombre de un rey de Francia del siglo XIII que lanzó la Séptima Cruzada en defensa de la cristiandad en Oriente. Entre valses nobles y sentimentales de Strauss, Tchaikosky, Ravel… políticos, aristócratas y mercaderes fervorosos entablaron y estrecharon relaciones para orientar el futuro gobierno espiritual de los mil cuatrocientos millones de católicos que hay en el mundo. Algunos participantes también acudieron a adoraciones nocturnas en las iglesias romanas y rezaron con la esperanza de que un nuevo Papa les ayude en sus objetivos afines a la política reaccionaria de Trump y la ultraderecha.

El Instituto Napa –red conservadora estadounidense– organizó una peregrinación con motivo del año jubilar, alojó a sus notables peregrinos en el Hotel Russie y celebró una cena privada con el cardenal James Harvey en el jardín de su residencia. Ese cardenal fue uno de los diez purpurados estadounidenses con voto en el Cónclave para elegir nuevo Papa. También el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad (el libre mercado) celebró una conferencia para empresarios. La organización católica de noticias EWTN montó una cena en la azotea del Waldorf Astoria para que productores de cine y filántropos hablaran sobre posibles proyectos.

La celebración de la Semana de Estados Unidos en Roma fue propicia para que varios personajes cercanos a Trump mantuvieran encuentros privados con cardenales cuando éstos se retiraban a descansar de sus reuniones previas al cónclave. Aparte de monseñor Raymond Leo Burke, un conservador recalcitrante, natural de Wisconsin, que encabezó la oposición al Papa Francisco, en los cabildeos se rechazó expresamente la apertura y el impulso progresista en la Iglesia por entender que estaban debilitando la doctrina católica. Nada de parejas del mismo sexo, nada de bendecir a los hijos adoptados por esas parejas y, sobre todo, mucha voluntad de control jerárquico. En algunos de esos encuentros, los trumpistas llegaron a considerar al húngaro Peter Erdo el cardenal ideal como nuevo Papa. Éste purpurado muy conservador se opuso a algunas iniciativas del Papa a favor de los inmigrantes y de los gays y lesbianas, y se ha alineado en muchas materias con el primer ministro húgaro, Viktor Orbán.

Después de tanto cabildeo y de esa mezcla de activismo, religión, dinero, bailes, rezos, banquetes y devoción, el Espíritu Santo, que es quien inspira a los cardenales en los cónclaves, según dicen, decidió que el continuador de Francisco fuera un hombre afín a su línea de acción social, favorable a los inmigrantes, refugiados y trabajadores. También defensor de la vida, la paz, el diálogo entre los pueblos y las religiones, la multiculturalidad, el medio ambiente y las medidas contra el cambio climático. Y también abierto al avance de las mujeres en la Iglesia Católica lo mismo que en la sociedad y tolerante con quienes se sienten de otro sexo. Es decir, lo contrario de lo que el presidente Trump trata de imponer trampeando.

De este modo se puede decir que el antiguo prior de la Orden de San Agustín, misionero, párroco y obispo en Perú, país del que adoptó la nacionalidad sin renunciar a la estadunidense de nacimiento, pues nació en Chicago hace 69 años, Roberto Prevot Martínez, León XIV, hijo de padre de origen francés y madre española, comulga con quien ha recuperado el prestigio de la Iglesia Católica y no precisamente con quienes pugnan por devolverla a la cerrazón y el oscurantismo.