Consecuencias del asalto armado y la «ocupación virtual» de Venezuela

Luis Díez.

A la mayoría de los delincuentes les molesta la luz. Por eso dejaron a oscuras Caracas antes de fumigar desde una flotilla de helicópteros a los centinelas que vigilaban la casa del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de secuestrarlo junto con su esposa Cilia Flores. Se dirá que no eran ladrones, sino soldados de élite. Es cierto. Pero el mandatario de Washington que, para estrenar el año 2026, dio la orden de ataque poco antes de las diez de la noche del 2 de enero, actuó como un vulgar forajido jefe de una banda de ladrones de ganado.

Nicolás Maduro, esposado y rodeado de agentes de la DEA es trasladado a una prisión en Nueva York tras el asalto armado a su residencia en Caracas

Ya es sabido que en el asalto a la residencia de Maduro mataron a 32 centinelas de nacionalidad cubana y que, paralelamente al secuestro, que fue ejecutado a las dos de la madrugada del 3 de enero, bombardearon el puerto de Guaira, la base aérea de La Carlota, el cuartel de Tiuna y las antenas del Volcán, en las cercanías de Caracas. Las autoridades venezolanas no concretaron el número de muertos, aunque algunos medios dijeron que fueron un centenar. Todos ellos se suman a las 114 personas asesinadas en los 35 ataques a embarcaciones de supuestos “narcoterroristas” que luego resultaban ser famélicos pescadores, parados impecunes y delincuentes menores a los que pagaban 500 euros por el transporte de fardos de coca a Trinidad y Tobago y otras islas del Caribe con destino a Europa.

También es sabido que el cuatrero jefe vio y oyó en directo la operación, en compañía del secretario de Estado Marco Rubio; el jefe del Pentágono y secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el director de la CIA, John Tatcliffe (a saber cómo se llamará el tipo). Al matón de la Casa Blanca le agradó de verdad, le gustó mucho la película, según dijo horas después en su mansión Mar-a-Lago, en Florida, donde tan buenos ratos pasó en aquellas fiestas con lindas jovencitas que organizaba su vecino y amigo, el depredador sexual Jeffey Epstein.

Donald Trump sigue en directo la captura de Maduro. A su lado, de brazos cruzados, el jefe de la CIA también contempla las escenas y escucha las explicaciones del secretario de Guerra.

El matón se sintió orgulloso de sus fuerzas armadas, “las mejores del mundo”, dijo; elogió el acierto, la rapidez y la eficacia de sus jichos de operaciones especiales, los Delta Force aerotransportados, y celebró que ninguno hubiera resultado muerto o herido, pues los centinelas de Maduro solo pudieron disparar unos balazos contra un helicóptero, sin consecuencias. Se le olvidó mencionar la colaboración interna, el terreno minado de espías y confidentes y los 50 millones de dólares de recompensa a los que facilitaron la entrega de Maduro.

Con el asalto armado a Venezuela y el secuestro de su jefe de Estado, el mandatario de Washington –ese personaje que algunos califican de neonazi enloquecido y emulo de Hitler– ha dinamitado el orden internacional, demostrando que para él las normas de convivencia y de derecho internacional son papel higiénico. No sólo eso: la propia Constitución de EEUU es un estorbo, el Senado y la Cámara de Representantes, un incordio, y la oposición del Partido Demócrata, bosta maloliente. Además, cuantos estadounidenses se oponen a sus criminales decisiones y abusos de poder como si fuese un rey neto, absoluto, son gente odiosa que desprecia a la patria, la debilita y no aprecia su nueva grandeza.

El mandatario matón celebró el éxito burlándose de Maduro y de los venezolanos: “¿De donde sale esa gente tan fea?”, se preguntó, jactancioso. Después, ante un puñado de fanáticos, se prodigó en gestos y mojigangas más propios de un aprendiz de Chiquito de la Caldaza que del jefe del Estado más armado del planeta, choteándose del presidente francés Emmanuel Macrón y de la dirigente de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz, Corina Machado.

A continuación invitó a los jefes de las petroleras estadounidenses a evaluar el botín. “Venezuela pronto entregará decenas de millones de barriles de petróleo a Estados Unidos”, anunció. Su secretario de Energía, Chris Wright, concretó que tienen la intención de mantener “un control significativo” de la extracción petrolera de Venezuela, incluso supervisando la venta de la producción del país “indefinidamente”. “En el futuro venderemos en el mercado la producción que salga de Venezuela”, dijo Wright en una conferencia sobre energía, organizada por Goldman Sachs cerca de Miami.

Si alguien creía que la lucha contra el narcotráfico y por la democratización de Venezuela tras el supuesto robo de las últimas elecciones presidenciales por parte de Nicolás Maduro, eran los motivos del asalto armado, míster Trump quiso dejar claro que su objetivo era el petróleo. Vale recordar que el país sudamericano posee las mayores reservas petroleras del mundo y alberga en su subsuelo metales preciosos y valiosos (oro, plata, cobre) y otros minerales que ahora llaman “tierras raras” de los que también el forajido de Washington pretende apoderarse. Con la ley de la fuerza se ha apoderado de hecho de la soberanía nacional venezolana (que reside en el pueblo y no en Washington ni en Miami) y con la misma ley va a administrar la inmensa riqueza del país, vetando la influencia de la Federación Rusia y China.

Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, siguió diciendo que “Estados Unidos no está en guerra con Venezuela, sino contra el narcotráfico”, la realidad es que su jefe imperial está tan preocupado por la salud de sus súbditos que “ha indultado y conmutado la pena a casi 100 personas por delitos de drogas”, según titulaba el Washigton Post una información pormenorizada y rigurosa, publicada el 9 de diciembre pasado por los analistas Meryl Kornfield y Emili Davies. Entre otros beneficiados citaban al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, acusado de aceptar un millón de dólares del Chapo Guzman, quien metió toneladas de cocaína en EEUU. Condenado a 45 años de prisión en junio de 2024, el recluso Hernández abandonó la cárcel unos días antes de que su formación política, el derechista Partido Nacional, ganara las elecciones respaldado por Trump.

Tanta es la preocupación del mandatario de Washington por el consumo de droga, al que se atribuye la muerte de trescientas mil personas al año en EEUU, que mientras indultaba al exmandatario hondureño o al famoso Ross Ulbricht, condenado a cadena perpetua en 2015 por narcotráfico, conspiración y fraude informático, recortaba 345 millones de dólares de los programas de prevención de adiciones y tratamiento de sobredosis con naloxona y otros placebos. Expertos en la lucha contra las drogas como Theshia Naidoo, directora general de Drug Policy Alliance, o Jeffrey Singer, del Cato Institute, denunciaron cinismo e incoherencia del mandatario.

Delcy Rodríguez preside el Gobierno venezolano tras el secuestro de Maduro y deberá aceptar los dictados de Washington.

Sin entrar ya en las rectificaciones de la acusación formal del Departamento de Justicia de EEUU contra Maduro, reconociendo que el Cártel de los Soles, cuya dirección se le atribuía desde 2020, no existe como tal cárter de la droga (ver blog de 6 de diciembre), sino como una red estatal de corrupción, ni referir la falta de pruebas de Trump para decir que Maduro dirigía las actividades criminales del Tren de Aragua, una banda “infiltrada” en EEUU para delinquir y organizar disturbios sociales, es lo cierto que el ataque a Venezuela y la captura de su líder tampoco estaban dirigidos al restablecimiento de la democracia de acuerdo con el resultado de las elecciones de 2024. La decepción de la oposición en la clandestinidad y el exilio ha sido catedralicia. Corina Machado y su candidato Edmundo González, residente en España, han sido marginados por el “ocupante virtual” de Venezuela.

El matón de Washington ha designado a su secretario de Estado, Rubio, para que dirija el país con la vicepresidenta de Maduro y nueva presidenta Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez como presidente del legislativo. Ellos marcarán los tiempos y los acuerdos básicos necesarios para la convocatoria de nuevas elecciones. De momento, la presidenta Rodríguez ha excarcelado a un buen puñado de presos políticos, incluidos aquellos por los que abogó el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

En este punto vale recordar que durante el mandato de Maduro, Zapatero consiguió sacar a más de cuatrocientos presos. Su función mediadora entre el chavismo y la oposición nunca estuvo bien vista por la derecha y la ultraderecha españolas, el dúo PP-VOX que tanto se felicitó por el ataque militar del matón de Washington a un país soberano y hermano. Por cierto que tampoco ZP recibió apoyo del secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo subsecretario Christopher Landau le caracterizó de Batman y le amenazó con suprimir su visado para dificultar sus contactos con venezolanos exiliados en EEUU con vistas a una salida negociada de Maduro. Con todo, el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, que ha condenado sin paliativos la violación del derecho internacional por parte del mandatario estadounidense, ha ofrecido la mediación española en una negociación política para restaurar la democracia en el país.

Detrás del asalto militar y la “ocupación virtual” de Venezuela, Washington reitera su objetivo de controlar el “hemisferio occidental” como “legítima esfera de influencia”. De ahí que el matón de la Casa Blanca haya dictado una estrategia de seguridad que incluye la injerencia electoral en los países de la UE (ver blog de 13 de diciembre) para minar a la Unión mediante el apoyo a la extrema derecha. Además ha amenazado a Colombia con una acción similar a la perpetrada contra Venezuela, aspira a meter tropas en México y pretende arrebatar Groenlandia a Dinamarca, lo que ha provocado la inmediata reacción solidaria de Francia, España, Alemania, Reino Unido e Italia con el país europeo amenazado en su integridad territorial por el cuatrero de Washington.

La cuestión es ahora si Rusia y China se sienten legitimadas para hacer lo mismo que el matón estadounidense en Europa y Asia. El cara de víbora del Krenlim ya ha demostrado con su invasión militar de Ucrania que no necesita legitimidad alguna para atacar a los países vecinos e implantar gobiernos títeres. Y está por ver si el chino Xi Jinping, que parece un tipo tranquilo, decide apoderarse del industrioso y democrático Taiwán. En todo caso pintan bastos. Tal vez, como decía Italo Calvino, estas cosas ocurren cuando los cerdos se suben a los árboles o quizá se deban, como escribió George Orwell, a que se han apoderado de la granja y están embruteciendo al mundo con su fuerza bruta, asaltos, crímenes y genocidios. El futuro será peor, mucho peor, si no les plantamos cara.

Falacias de Feijóo y mentiras punibles de Mazón sobre la Dana

Luis Díez

El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, testificará por videoconferencia el próximo viernes, 9 de enero, ante la jueza de Catarroja (Valencia) Nuria Ruiz Torraba que instruye el sumario sobre la gestión de la Dana. Las lluvias torrenciales y la riada del 29 de octubre de 2024 mataron a 230 personas y arrasaron desde la comarca de Utiel-Requena a la Huerta Sur de Valencia sin que el Gobierno autonómico que presidía entonces Carlos Mazón Guixot, alertara a tiempo a la población.

Ya es sabido que mientras decenas de personas perdían la vida, sorprendidas por la riada y las inundaciones, el presidente valenciano disfrutaba de un largo almuerzo con la periodista Isabel Vilaplana, seguido de un “tranquilo paseo” desde el restaurante El Ventorro hasta el parking donde ella había estacionado su coche. Ya se sabe que el máximo responsable político valenciano estuvo tan ajetreado al teléfono como inoperante en realidad, pues ni siquiera se esforzó en ordenar la alerta a la población hasta pasadas las ocho de la noche. Pero lo que no se conocía son los embustes con los que el líder del PP, Feijóo, empedró su discurso y el de su partido para culpar al Gobierno central –desde Pedro Sánchez a la vicepresidenta y actual comisaria europea Teresa Ribera, pasando por la Agencia Española de Meterología (AEMET) y la Confederación Hidrográfica del río Júcar– y exonerar a Mazón de su responsabilidad. Las falacias de Feijóo han quedado en evidencia tras conocer los mensajes que le envió Mazón el día de la Dana.

La jueza de Catarroja pidió a Feijóo esos mensajes el pasado 22 de diciembre y éste le envió dos días después los whatsaps de Mazón, aunque no los suyos que, finalmente, le ha remitido el viernes 2 de enero. Ambos envíos fueron compulsados por un notario.

Información en “tiempo real”

Feijóo declaró a los periodistas en Valencia el 31 de octubre de 2024 que el presidente de la Generalitat le había informado en “tiempo real desde el lunes” y que siguió recibiendo información martes y miércoles.

Falacia al descubierto: Feijóo contactó por Whasap con Mazón a las 19:57 del 29 de octubre, día de la Dana, que era martes y no lunes como afirmó, rectificando después. Le mandó el primer mensaje tras “conocer por los medios de comunicación el agravamiento de la situación en Valencia”, según su escrito a la jueza. Es decir, no tuvo información de Mazón “en tiempo real”, como había declarado. Mazón contestó al mensaje del líder del PP tres minutos después: “Gracias presi. Luego te cuento. Se está jodiendo cada minuto”.

La verdad es que a aquella hora de la noche el president de la Generalitat Valenciana todavía no se había personado en el CECOPI. Tampoco había dado la orden a su consejera de Justicia e Interior, Salomé Pradas, que presidía el centro de emergencias de que enviara la alerta a los ciudadanos. Utiel y Requena estaban completamente anegadas. La riada ya inundaba localidades de l’Horta Sud: Catarroja, Alfafar, Benetússer, Sedaví. A las 20:15, mientras el president Mazón se desplazaba al centro de coordinación de emergencias, le escribía a Feijóo: “Noche larga por delante”.

Abandonados” por el Gobierno de Sánchez

Feijóo mintió el 27 de noviembre de 2024, apenas un mes después del desastre, ante el Pleno del Congreso, al afirmar que el Gobierno se había desentendido de la crisis. ““Esta vez, señor Sánchez no ha calculado bien: la gente no le va a perdonar que no ejerciese sus competencias, no le va a perdonar su abandono”. Eso dijo.

Falacia al descubierto: Ahora se demuestra que Mazón informó a Feijóo en un whasap de las 23:23 horas del 29 de octubre de que había hablado con el presidente Pedro Sánchez. “Sí que he hablado con Sánchez, Montero (la vicepresidenta primera María Jesús Montero) y los de Defensa e Interior (Margarita Robles y Fernando Grande Marlaska) para que tengan en prealerta posibles efectivos para mañana. El problema ahora es que no podemos ni entrar en muchos pueblos con gente en los tejados muerta de miedo”.

La verdad es que el presidente Sánchez llamó a Mazón desde la India, donde se encontraba de viaje oficial y estaba ya a punto de regresar, para poner a su disposición cuantos medios necesitara.

Moncloa no colabora

Feijóo se dedicó a denunciar la falta de colaboración del Gobierno desde el primer momento. Así, en su visita a Valencia el día 31 dijo tras reunirse con aquel Mazón siempre con chaleco de trabajador de emergencias, que “al Gobierno no le pediría una mayor colaboración, sino alguna”.

Falacia al descubierto: Resulta que a las 23:24 del 29 de octubre, Mazón le había mandado el siguiente mensaje: “A través de Delegación (del Gobierno) de momento tenemos lo que necesitamos que ahora es la UME (Unión Militar de Emergencias)”.

Emergencia nacional

En el debate parlamentario del 27 de noviembre sobre el desastre de la Dana, el jefe de la oposición y líder del PP insistió en que el Gobierno se había desentendido de la tragedia en vez de declarar la “emergencia nacional, que es lo que yo haría”. Atacó a Pedro Sánchez por estar de viaje en la India “con una imputada” (en referencia a su esposa, Begoña Gómez), insinuó que había cometido un delito por “omisión del deber de socorro” y sostuvo: “debieron declarar la emergencia nacional porque son el Gobierno de España y tienen la responsabilidad y los recursos. Si no, ¿para qué están?”.

Falacia al descubierto: A las 23:21 horas de la noche de la Dana, Feijóo escribe a Mazón: “Dice el Gobierno q os ha llamado… espero q sea así y os estén prestando ayuda suficiente”. Y Mazón le contesta: “Más o menos sí”. Y añade: “Ha montado un gabinete de crisis que no vale para nada. Bah”.

La verdad es que Mazón no pidió en ningún momento el Nivel 3 de alarma que habría permitido al Ejecutivo central hacerse cargo de la dirección de la crisis. Y no consta que el propio Feijóo se lo hubiera aconsejado. Pedro Sánchez le dijo en el Congreso: “Señor Feijóo, usted ha hablado con el señor Mazón y el señor Mazón a usted le ha dicho lo mismo que a mí, y es que no quiere elevar a nivel 3, a emergencia nacional, la catástrofe de la Dana”.

El Gobierno reaccionó muy tarde

El líder del PP afirmó en el mencionado debate parlamentario del 27 de noviembre: “Su Gobierno no reaccionó hasta las once de la noche”. Por su parte, la exdiputada y vicepresidenta de la Generalitat, Susana Camarero, ha estado un año diciendo que los valencianos habían tenido que “esperar 96 horas para que el Ejército se desplegase”.

Falacia al descubierto: Feijóo sabía por los mensajes de Mazón que el Gobierno estaba coordinado para atender a las peticiones de la Generalitat, responsable de la gestión de la crisis, y que la UME entró en acción en cuanto la solicitaron. Además, los medios de comunicación informaron de rescates de personas por parte de los militares horas antes del intercambio de mensajes entre Feijóo y Mazón.

La verdad es que la ministra de Defensa, Margarita Robles, ordenó a la UME empezar a prepararse para una posible intervención ese mismo martes día 29 a las 9 de la mañana y no dejó de hacerlo a lo largo de todo el día, a pesar de que la consejera de Justicia de la Generalitat Valenciana rechazó hasta tres veces el ofrecimiento de la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, de movilizarla. Gracias a la preparación preventiva, la UME pudo ponerse en marcha a las 15:45, un minuto después de que la solicitaran para la comarca de Utiel-Requena y empezar a rescatar gente a las 17:55. Lo mismo ocurrió con los subsiguientes envíos de efectivos a las zonas afectadas; por eso, por ejemplo, las Fuerzas Armadas pudieron satisfacer el cambio de parecer del señor Mazón el día 2 de noviembre, cuando pasó de pedir 500 militares a más de 5000 militares en unas pocas horas. Y lo mismo ocurrió con las demás agencias de la Administración General del Estado que intervinieron en la crisis. La delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, canceló su agenda oficial el día 29 a primera hora y se dedicó en exclusiva a movilizar y a gestionar el apoyo de la Administración General del Estado a la Generalitat.De hecho, a las 9:30 ya se reunió con entidades como, por ejemplo, la Dirección General de Tráfico, la Policía Nacional, la Guardia Civil, ADIF o Renfe para que estuviesen listas para movilizarse.

La AEMET y la Confederación del Júcar, culpables

El presidente del PP no dudó en culpar a la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y a la Confederación Hidrográfica del Jucar, dependiente también del Gobierno central, de no haber alertado en tiempo y forma a la Generalitat sobre la situación. “Un presidente autonómico gestiona en función de la información que recibe –dijo el 31 de octubre en defensa de Mazón–. Y la información que se recibe son informaciones que dependen de organismos con competencia exclusiva del Gobierno central. Léase la AEMET, que es la que informa sobre la previsión de las horas o las precipitaciones, y la Conferencia Hidrográfica, que es la que tiene competencia exclusiva en los cauces y en la gestión hidráulica de los ríos”. Y añadió: “Nadie puede tomar decisiones en función de una información que puede ser exacta, inexacta o mejorable”. 

Falacia al descubierto: El presidente del PP conocía podía conocer la información meteorológica de ese fatídico 29 de octubre en la Comunidad Valenciana y en toda España porque era pública. Y también la que suministró la Confederación Hidrográfica del Júcar, que puede consultarse online de forma abierta.

La verdad es que a las 7:31 de la mañana, la AEMET activó el nivel rojo para el litoral sur de Valencia y llamó al departamento de Protección Civil de la Comunitat Valenciana para subrayar la gravedad de la situación. Informó de nuevo a las 9:43 de la subida a nivel rojo en toda la provincia de Valencia y continúo emitiendo comunicados públicos sobre los cambios en los avisos, llamando a Protección Civil valenciana durante toda la jornada del día 29. En cuanto ala Confederación Hidrográfica del Júcar, ya a las 12:07 minutos informó sobre el crecimiento del caudal del barranco del Poyo, información que el Centro de Emergencias de la Generalitat Valenciana usó para activar la alerta hidrológica en los municipios ribereños de la rambla. Envió 198 correos electrónicos a las autoridades de Protección Civil, estuvo presente en el CECOPI desde el primer momento, donde alertó del incremento generalizado de los caudales en toda la provincia de Valencia y transmitió durante todo ese tiempo datos sobre la pluviometría y el nivel y volumen de los embalses y los ríos de forma constante. No hubo, como se ha dicho, ningún “apagón informativo”, si bien el sensor de Ribarroja dejó de funcionar a las 18:55 de la tarde, aunque la gravedad de la situación ya era conocida y los bomberos ya estaban rescatando personas en el barranco del Poyo.

El barranco del Poyo

Alberto Núñez Feijóo y su número dos en el PP, Miguel Ángel Tellado Figueira, se esforzaron en atribuir los estragos de la riada a la falta de canalización del llamado Barranco del Poyo. Culparon de ello a la entonces vicepresidenta tercera y ministra para la transición ecológica y el reto demográfico, Teresa Ribera. Tellado la tildó en el Congreso de los Diputados de “incompetente, intransigente y tremendamente egoísta”. Y algo más: “Si no hubiese anulado en el año 2021 el proyecto de encauzamiento y drenaje del barranco del Poyo, se hubieran salvado muchas vidas”.

La verdad es que fue Teresa Ribera quien firmó en 2011 como secretaria de Estado la única declaración de impacto ambiental favorable a las intervenciones en el barranco del Poyo. Y el Ejecutivo del PP, presidido por Mariano Rajoy, no abordó el proyecto, que caducó en 2017. En 2018, el Ejecutivo de Pedro Sánchez recuperó las obras de emergencia y se encontró con problemas debido a la falta de consenso en el territorio. “Fue una pena que costara tanto poner orden en el caos de las obras declaradas de interés general por parte del Estado, con los terrenos ya expropiados, cuando llegamos al Gobierno en junio de 2018”, reconoció la actual vicepresidenta de la Comisión Europea.

La gente se ahogaba y Mazón mentía

Los mensajes de Mazón a Feijó revelan que el entonces president de la Generalitat sabía que la Dana estaba causando muertos en Utiel y más abajo, en la Huerta Sur. Sin embargo mintió el 17 de noviembre de 2025 en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados al asegurar que no supo que la gente se estaba ahogando “hasta las cinco de la mañana del día siguiente”. El diputado de Compromis Alberto Ibáñez Mezquida le pregunta: “¿Usted cree que, mientras la gente se ahogaba, era lógico ir de paseo a hablar del derbi de Elche? ¿Era normal?” Mazón contesta: “Es que nadie sabía que la gente se estaba ahogando, nadie lo sabía”. (Varios señoras y señores diputados: ¡Ohhhhh!). Ibáñez incide: “¿Usted no sabía que se estaban ahogando? ¿Ninguna de las llamadas? ¿Usted puede decir aquí que ninguna de las llamadas que usted recibió ni ninguno de los wasaps le informaban de que la gente estaba encima de los tejados? Mazón se defiende diciendo que Rufián no le dejó contestar a esa cuestión y que la delegada del Gobierno dijo lo mismo que él. Ibáñez insiste: “Señor Mazón, cuando venga la delegada del Gobierno, le preguntaremos a ella. ¿Usted puede ratificar aquí que a las 19:43 no sabía que había gente ahogándose? Mazón contesta: “Hasta las cinco de la mañana deldía siguiente…”

La verdad es que Mazón escribió a Feijóo a las 23.25: “No lo hemos hecho público aún, pero están apareciendo muertos en Utiel y van a aparecer bastantes más. Un puto desastre va a ser esto”. Y un minuto después añade: “Van a ser decenas, seguro”. Feijóo, que ya sabía por un mensaje anterior que había “muchos desaparecidos” respondió dos minutos después´: “Lógico. Ánimo amigo”. Y sin una palabra sobre las víctimas, le reiteró: “Lleva la iniciativa de comunicación… Es la clave. Los alcaldes diputaciones coordinados y con la gente y tú informando”.

Aunque según dejó claro Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de la presidenta regional madrileña, «mentir no es delito», faltar a la verdad queda feo y hacerlo (como hizo Mazón) ante una comisión de investigación del Congreso está castigado con multa y pena de seis meses a un año de prisión.

Los gazatíes siguen alli. Y los están matando

Luis Díez.

Antes de fin de año me llega carta de Raquel Martí, directora en España la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, la UNRWA. Me cuenta que la situación en la Franja de Gaza sigue siendo muy dura. Sus compañeros sobre el terreno la califican de “insostenible”. A la precariedad de las tiendas de campaña, único refugio de cientos de miles de gazatíes cuyas casas fueron destruidas por el ejército de Israel, se añade la meteorología adversa desde mediados de diciembre. Las lluvias torrenciales, las heladas, el frío y el fuerte viento quebrantan todavía más la salud de los niños y de la pobre gente mal alimentada y sin los medios necesarios para afrontar la especial dureza de este invierno.

Raquel tiene razón cuando dice que la atención informativa a lo que está ocurriendo en Gaza ha caído en picado desde el acuerdo de alto el fuego alcanzado el 10 de octubre. Pero la prensa digital de la Franja y las grandes agencias siguen informando sobre la penuria y las calamidades de los palestinos. Un despacho de Waffa Shurafa para Associated Press cuenta desde Deir Al-Balah que las lluvias que anegaron los campamentos provocaron también el derrumbe de edificios dañados por la guerra y dejaron al menos 22 muertos, entre los que se incluye un bebé de dos semanas. Aunque los trabajadores de emergencias piden a la gente que no se aloje en los edificios dañados, gran parte del territorio ha sido reducido a escombros. Ya en julio pasado el Centro de Satélites de la ONU verificó que el 80% de los edificios en Gaza habían sido dañados o destruidos por las bombas de Israel.

Los grupos de ayuda dicen que, a pesar de dos meses de alto el fuego, no ha llegado suficiente material de refugio a Gaza para ayudar a los palestinos a enfrentar el invierno. Las cifras del ejército israelí publicadas recientemente sugieren que no se ha cumplido con la estipulación del alto el fuego de permitir la entrada de 600 camiones de ayuda a Gaza al día, aunque el gobierno lo niega. La gran mayoría de los dos millones de personas en Gaza han sido desplazadas y sobreviven en vastos campamentos que se extienden a lo largo de la costa y entre los cascos de los edificios dañados.

Según el organismo israelí encargado de coordinar la ayuda han entrado en Gaza unas 270.000 tiendas de campaña en los últimos meses, así como artículos de invierno, equipos de refugio y suministros de saneamiento. Pero algunos grupos de ayuda como Shelter Cluster, una coalición internacional de proveedores liderada por el Consejo Noruego para los Refugiados, afirmaba hace una semana que solo habían entrado 68.000 tiendas a través de la ONU y de las organizaciones no gubernamentales y los países. Lo cierto es que, según cuenta Raquel, los casi dos millones de desplazados están sufriendo un invierno durísimo en refugios abarrotados, tiendas de campaña y a la intemperie. Y necesitan ayuda de todo tipo, desde comida y agua potable a medicinas, mantas y tiendas de campaña para el frío.

La directora de UNRWA España, que planteó el reto de lograr que 530 personas se unan a la organización solidaria antes del 31 de diciembre, añadía en su carta: “Aunque ya no aparezca en los medios, aunque muchos países miren hacia otro lado, los gazatíes siguen allí. Y los están matando”.

Desde que entró en vigor el alto el fuego, el gobierno del genocida Benjamín Netanyahu afirma que sus militares solo han atacado a militantes de Hamas. ¿Entonces ese promedio de dos niños asesinados cada día por las bombas y balazos de los soldados israelíes desde el alto el fuego del 10 de octubre es una invención de los representantes de la Agencia humanitaria de la ONU que trabaja sobre el terreno? ¿O es que en la Franja hasta los niños de pecho son de Hamas? Raquel me dice en su carta: “Luis, cada día dos niños mueren asesinados desde que se declaró el alto el fuego. ¿Era esta la paz que anunciaron? Lo que Israel sigue haciendo en Gaza es insoportable y atroz”.

Bilal Shbair informaba desde la Franja para el New York Times cómo Maysaa al-Attar, estudiante de farmacia de 30 años, murió por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Recibió un disparo en el abdomen mientras dormía en la tienda de campaña de sus padres en el noroeste de Gaza. A finales de octubre habían montado la tienda sobre las ruinas de la casa familiar. A Ali al-Hashash, de 32 años, lo mataron el 6 de noviembre a las ocho de la mañana mientras buscaba leña al este de la Línea Amarilla para calentar y cocinar para su esposa embarazada, que daría a luz en pocos días, y su hijo de 4 años. Según su padre, Hasan al-Hashash, no había gas en el campo de refugiados de Bureij donde vivían. El riesgo añadido por la llegada del frío le costó una mano el 18 de diciembre a Saeed al-Awawda, de 66 años, amigo del al-Hashash. Recibió un disparo mientras recogía leña. Los casos se suceden cada día.

La muerte puede venir por cruzar la Línea Amarilla, que es la frontera mal demarcada entre el este de Gaza, donde se ha atrincherado el ejército israelí, y la mitad occidental, donde Hamás intenta restablecer el control sobre los gazatíes. Los jefes militares israelíes aseguran que no disparan a personas desarmadas, lo cual es falso, y que si los palestinos no obedecen sus indicaciones, tienen orden de disparar al suelo como advertencia. Pero puede ocurrir, como sucedió en Nuseirat el 29 de octubre, que la muerte se produzca por parentesco, por ser padre, madre, hermano, hijo, primo… de algún supuesto activista de Hamas identificado por los israelíes y entonces, como le ocurrió a la familia Abu Dalal, ataquen con misiles durante la noche y destruyan sus hogares, dejando un saldo de 18 muertos, incluidos dos niños de tres años.

“Si la tregua lleva poco más de dos meses ¿por qué han muerto cientos de gazaties?”, se preguntaba el Times la noche de Navidad. Las autoridades palestinas han contabilizado 406 personas asesinadas por fuego israelí desde el 10 de octubre. 157 eran niños.

Termina un año de mucho sufrimiento para los palestinos. Un año en el que miles de españoles denunciaron las masacres en Gaza del único modo que podían: interrumpiendo etapas aquí y allá de la Vuelta Ciclista para que el equipo israelí del millonario Sylvan Adams, amigo y valedor del criminal Netanyahu, no pasara ni pisara las calles de nuestras ciudades. Ese equipo no se retiró, pero la Vuelta no llegó a la meta, en Madrid. La decencia cívica y el rechazo a la guerra que desde el primer momento encabezó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hicieron que millones de españoles nos sintiéramos orgullosos. Y a la poste, con Francia, Reino Unido, Canadá y otros grandes países, secundando la iniciativa española de reconocer al Estado de Palestina, y dejando en evidencia al narcisista Trump y al fatídico Netanyahu ante la Asamblea General de Naciones Unidas, se consiguió parar el genocidio y la expulsión de los gazatíes de su tierra. Pero hemos de perseverar para que no les sigan matando.

Arrojados sin piedad a la intemperie

Luis Díez.

Antes de que amaneciera aparecieron furgones con policías antidisturbios y sitiaron el antiguo instituto B9 de Badalona. El edificio estaba ocupado por cientos de inmigrantes subsaharianos (“negres del Maresme” les llaman) desde el verano de 2023 en que quedó fuera de uso. Contó Gerardo Santos en el El Periódico de Cataluña cómo un goteo de personas iban dejando el lugar unos días antes del desalojo a la fuerza. Llegó a haber unas 400 personas en este centro educativo abandonado que se convirtió en el mayor asentamiento de trabajadores inmigrantes de Cataluña.

A las seis de la mañana algunos hojalateros ya trasteaban con neveras y electrodomésticos viejos para desarmarlos y aprovechar la chatarra. Una hora después llegan los furgones de los Mossos d’Esquada. Van rodeando el instituto por las calles Tardor y Alfonso XII. Son una veintena, un despliegue en toda regla, reforzado por la Guardia Urbana. Sobre las 8:00 de la mañana, varios agentes entran a los patios y avisan a los ocupantes: “Si no salís ahora, os vamos a sacar nosotros”. Algunos aceptan la oferta, no quieren violencia. A las 8:45, los mossos rompen la primera línea de resistencia formada por activistas y comienzan a desalojar a los ocupas, que van abandonando las instalaciones sin presentar resistencia.

Es 17 de diciembre, festividad de aquel hombre al que Jesús de Nazaret resucitó diciendo: “Lázaro, ven fuera”. Por paradojas de la historia, la palabra “¡fuera!” se convierte esa fría mañana –apenas treinta horas después de las lluvias torrenciales que encharcaron Badalona– en la expresión más repetida por los policías enviados al barrio del Remedi a ejecutar el desalojo. La orden de echar a los ocupas del antiguo centro educativo se apoya en una resolución judicial que da respuesta a la demanda presentada en septiembre de 2023 por el alcalde y presidente del PP catalán, Xavier García Albiol. Este señor de ideas reaccionarias ganó las últimas elecciones municipales por mayoría absoluta con la promesa de limpiar la ciudad inmigrantes, que, según él, son delincuentes.

El operativo policial se salda con la identificación de 180 personas y la detención de diecinueve: una tiene orden de busca y captura y las otras 18 pueden tener problemas con la ley de extranjería. En resumen, casi doscientos inmigrantes quedan a la intemperie en vísperas de Navidad. El alcalde comparece más que satisfecho, triunfal, a las 11:45, ante los periodistas. Colocado detrás de un atril en el que se puede leer: “La ocupación es delito”, el señor García Albiol pronuncia algunas frases triunfantes –“Dije que echaríamos a esta gente y lo hemos hecho”, “demostramos que estamos al lado de los vecinos”, etcétera– y cuando le preguntan si va a facilitar algún refugio o alternativa habitacional a los inmigrantes desalojados, contesta: “Le corresponde a Pedro Sánchez darles techo”.

Fue un poco extraño que un político tan ducho en leyes como mostraba el letrero del atril no quisiera saber nada de sus obligaciones legales con las personas que él mismo había echado a las calles de la ciudad en pleno invierno y a las puertas de Navidad. Pero enseguida el delegado del Gobierno en Cataluña, Carlos Prieto, le recordó sus competencias en materia de servicios sociales al tiempo que consideró “bastante deplorable” que no conociera sus obligaciones. “Podría intentar resolver los problemas de los badaloneses en lugar de buscar culpables en los más vulnerales”, añadió el delegado en las redes sociales.

Aparte los doscientos expulsados, otras 150 personas habían abandonado el recinto en los últimos días. Según el alcalde, a 16 o 17 se les ofreció hospedaje temporal el mismo día del desalojo. Otras 50 personas habían pedido asistencia a los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Aunque no recibieron respuesta, García Albiol aseguró que se les hará un seguimiento. “Eso sí, no pasarán por delante de los vecinos de Badalona que llevan tiempo esperando una vivienda”, dijo para evitar equívocos. De hecho el líder del PP y único alcalde del partido conservador en Cataluña posee tan alto sentido patriótico del dinero público (los impuestos) que ha proclamado: “El Ayuntamiento no gastará ni un euro en dar techo a los inmigrantes que hacen la vida imposible a los vecinos”. Aunque parezca raro, se trata del mismo señor que figuraba en los “Papeles de Pandora” vinculado desde 2005 a una firma en el paraíso fiscal de Belice (Centroamérica) para evadir impuestos y colocar capitales fuera de España.

Poco después de conocer el desalojo de los inmigrantes, el president de la Generalitar, Salvador Illa dijo en el Parlament que “tenemos que cumplir todas las leyes, también cuando una jueza ordena un desahucio instado por el Ayuntamiento de Badalona. El Govern está acompañando para hacer las cosas bien y ha ayudando a atender a todo el mundo”. La consellera de Drets Socials, Mónica Martínez Bravo, informó de que en las últimas semanas su departamento había facilitado los “recursos adecuados” (alojamiento) a 59 personas que ocupaban el antiguo instituto.

Con todo, la mayor parte de las cuatrocientas personas que ocupaban el B9 han quedado sin techo ni refugio, sin más lugar donde sentarse, descansar, dormir, cocinar, comer, conversar, asearse, hacer sus necesidades y todo lo demás que la calle. Es como si hubieran sido condenados por decisión de un cruel regidor reaccionario y jefe del PP catalán, un Herodes actual, a sufrir las inclemencias meteorológicas de ese cielo encargado de cubrir a los que no tengan donde caer todavía vivos. Los obispos catalanes han levantado la voz contra ese proceder que tildan de inhumano y racista. Y también los relatores de derechos humanos de la ONU han condenado el desalojo y la persecución con tintes racistas de esos migrantes subsaharianos.

A todo esto conviene reseñar que el B9 de Badalona ocupa un solar en el polígono industrial del sur de la ciudad y que las cuatro naves alineadas como si fueran barritas triangulares de chocolate, con dos patios laterales, están rodeados por un muro de ladrillo enfoscado de dos metros de alto. Ni siquiera se ve a las personas que hay dentro. Los únicos vecinos a los que puede molestar la presencia de los inmigrantes (temporeros de la agricultura y la construcción, mayormente) son los residentes de una colonia de pisos humildes situados en frente, en la calle Alfonso XII y los trabajadores de las naves industriales vecinas. No constan grandes problemas de convivencia. En cambio, la decisión del regidor García Albiol, que ha destinado el solar del B9 a la construcción de un cuartel para la Guardia Urbana, verifica la técnica de “posverdad” de la A a la Z: primero se esparcen bulos demonizando a los emigrantes, se hace saber que quieren apropiarse del barrio, el pueblo, la ciudad, el país; se dice que nos están invadiendo, se mete el miedo en el cuerpo social y después se pide el voto para salvar a la patria, la identidad nacional, la idiosincrasia, las tradiciones, la cultura e incluso la religión católica mayoritaria. Y funciona.

Ahora el reaccionario regidor badalonés afirma estar cumpliendo su palabra con el desalojo del B9 y la posterior persecución de los inmigrantes, enviando a la policía local para obligarles a retirar sus tiendas de campaña, apagar las hogueras y cambiar de sitio, día tras día. Pero las entidades sociales y la oposición le reprochan que en vez de resolver el problema ha creado un “drama humanitario”. Con políticos como García Albiol y sus colegas de derecha extrema y extrema derecha, gente racista, trumpista y contraria a la diversidad humana, hasta los más pobres y precarios van a empeorar. Si encima forman parte de esos 305 millones de personas que han tenido que abandonar sus países de nacimiento para poder sobrevivir, serán sojuzgados sin piedad.

En el caso de Badalona, la resolución judicial que autorizaba el desalojo ordenaba “seguir el protocolo de asistencia para las personas sin techo de los servicios municipales”. Solo que el alcalde ignoró este precepto, lo incumplió y en vez de ofrecer asistencia a los desalojados, pronunció esa frase tan habitual en la derecha: que os dé techo Pedro Sánchez. Al tratarse de un acción planificada y no de un “caso de urgencia o emergencia sobrevenida”, no opera el convenio que obligaría al Ayuntamiento de la vecina Barcelona a colaborar en la acogida de los inmigrantes desalojados, aunque, sin ser Gaza, siempre quepa la solidaridad humanitaria.

En fin, como dice el maestro Thomas L. Friedman, los humanos tenemos la necesidad estructural y duradera de un hogar, no solo como refugio físico, sino también como ancla psicológica y brújula moral. Y cuando somos arrojados de un lado a otro como si estuviésemos en el interior de un tornado, perdemos el sentido de la orientación y tendemos a aferrarnos a cualquier cosa que nos parezca estable, aunque luego resulte que esa cosa no era más que un líder fraudulento. Con que mucho ojo. Felices fiestas navideñas.

Injerencias de Trump para dinamitar la UE

Luis Díez.

No hay semana sin sorpresa. El inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, y sus principales validos, el vicepresidente James David Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth han elaborado una nueva “estrategia nacional de seguridad” que por primera vez desde 1945 desprecia la alianza con los europeos occidentales, declara su hostilidad hacia la Unión Europea (UE) y promueve la destrucción de la unidad y de las políticas comunes de los 27 mediante el apoyo a los partidos políticos de ultraderecha en los distintos países, lo que supone una falta de respeto descarada y una injerencia electoral en la soberanía nacional de los demás.

El documento publicado el viernes 5 de diciembre por la Casa Blanca sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha suscitado gran sorpresa e inquietud en todas o casi todas las capitales europeas. “El amigo americano” ha decidido retirarse a sí mismo ese tratamiento en el cuadernillo elaborado por Trump y sus dos posibles sucesores Vance y Rubio. El documento parece emanado del Kremlin y, según el periódico alemán Der Spiegel, recoge una lista de deseos de Moscú. Es como si Trump y sus ayudantes hubieran plagiado los objetivos de Putin, pues cargan contra la UE y proponen socavar la unidad, obstaculizar sus avances y destruirla para volver a los nacionalismos estatales. Es como si los presidentes actuales de las dos grandes potencias mundiales coincidieran en este mundo con un objetivo común: hacer daño.

Del belicoso arancelario, ahora entregado al crimen y la piratería en el Caribe, los aliados europeos de la OTAN aceptaron la exigencia de aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB, es decir, más del doble de lo acordado hasta 2025. El presidente español, Pedro Sánchez, fue el único que le plantó cara y dijo “no”. ¿Por qué el 5% en armamento cuando EEUU no aporta más del 3% de su PIB? ¿Por qué la UE ha de sacrificar la enseñanza, la sanidad y otros vectores del Estado del Bienestar que le son propios para comprar armamento en EEUU y realizar inversiones allí necesarias aquí? Fueron las preguntas que formuló Sánchez ante el silencio de los demás dirigentes europeos que ahora discuten si los fondos y bienes incautados a Rusia por invadir Ucrania han de emplearse en fortalecer a Kief, parar a Putin y reparar el daño.

Vale recordar que en aquella cumbre de la OTAN el soberbio Trump amenazó a España con altos aranceles si no entraba por el aro de su voluntad. Ahora ha decidido amenazar al conjunto de la UE con una descalificación de la unidad europea y un ataque inmerecido a sus “débiles” dirigentes. En las dos páginas y media de estrategia USA hacia Europa vitupera la unión, descalifica e intenta humillar a los europeos y pronostica el final de la civilización europea en veinte años si los países no renuncian a la unidad política y económica y no siguen los postulados de la extrema derecha que Trump y sus esbirros, incluido Elon Musk, patrocinan para el viejo continente.

La mentira como arma

El nutrido grupo de farsantes multimillonarios en el poder en USA alimentan el principio de “divide y vencerás” que ya venía practicando por detrás contra la UE el cara de víbora Vladimir Putin. Se ve que a los dos amigantes (amigos mangantes), Putin y Trump, les jode, fastidia, irrita, delata y deja en evidencia el éxito económico y social (también político) de la UE de los 27 en relación con otras áreas del mundo (incluida la Federación Rusa y los EEUU) en las que la pobreza y las diferencias sociales son enormes, impúdicas y crecientes.

Pero además el documento estratégico de la Casa Blanca utiliza contra la UE un arma tan antigua como la mentira, un trato tan vulgar como el desprecio y una técnica tan manida como infundir el miedo. Desde Suz Tzu, el general chino que vivió en el siglo V antes de Cristo, es sabido que “el arte de la guerra se basa en el engaño”, no en la mentira descarada a la que apelan Trump y sus acólitos. Así, el mandatario con síndrome de Keops, sostiene que Europa está en decadencia y se refiere al “declive económico” afirmando que “la Europa continental ha ido perdiendo participación en el PIB mundial –del 25 % en 1990 al 14 % en la actualidad”, lo cual es falso.

Según el Fondo Monerario Internacional (FMI), la UE representó el 17,41% de la riqueza mundial en 2024 y su PIB supuso, según Eurostat, el 14,7% de la economía global contabilizada. Mal que pese al “declive económico” empleado como argumento por el eutrapélico Trump, los bienes y servicios de la UE supusieron el año pasado 19 billones de euros, lo que permite a los 27 países europeos figurar como la segunda potencia comercial, con el 9,2% del comercio mundial, por detrás de China (11,8%) y por delante de USA (6,8%).

Por incidir en ese “declive económico”, la UE dispone de su propio presupuesto para financiar prioridades y grandes proyectos que la mayoría de los países miembros no podrían financiar por sí solos. Posee una política agraria común que garantiza la seguridad alimentaria de la que carecen otras regiones del mundo. Y dispone de un presupuesto para el período 2021-2027 de más de dos billones de euros, superior al federal de EEUU, con un déficit público del 3,2% del PIB, inferior al estadounidense y una deuda bruta consolidada del 81% del PIB, frente al 122% de EEUU.

Con independencia de que la UE sufrió las consecuencias de la grave crisis financiera provocada por las prácticas bancarias sucias de los especuladores estadounidenses en 2008 y más tarde tuvo que idear su propia fórmula para mantener la economía y el tejido productivo tras la pandemia del coronavirus (2000-2022), los estrategas autoritarios y neofascistas en el poder en Washington se esmeran en presentar su posverdad para demostrar que la UE tiene menos futuro que un caramelo en la puerta de un colegio.

La amenaza como herramienta

La fijación de Trump y sus esbirros resulta extraordinaria. En su documento oficial afirman que “el declive económico (de la UE) se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de una desaparición de la civilización”. Es tremendo. Y añaden: “los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos; la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política; el desplome de las tasas de natalidad; y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”. Tremendo.

Queda claro que la UE como institución supranacional les fastidia. Que la unidad económica de 450 millones de ciudadanos de 27 países europeos les impide mangonear a unos y a otros por separado como sería su deseo y es su práctica en América Latina. Que las regulaciones promovidas por la propia UE y los Estados miembros para evitar los abusos de esas grandes multinacionales –incluida la X, antigua Twitter, del nazi Musk– que burlan las leyes del libre mercado (las suyas) y trasgreden los principios básicos de la dignidad humana, les irritan. Y en fin, que, según dicen, la baja natalidad y la inmigración, son las grandes amenazas para esta Europa en peligro, al borde del “colapso” y a punto de “desaparecer” como civilización. Tremendo.

Sobre la disminución de la natalidad la verdad es que la tasa correspondiente a Europa es de 1,41 mientras la de EEUU es de 1,62 hijos de media por cada mujer. Esa diferencia ligeramente superior indica que el gobierno estadounidense debería temer un “colapso de la civilización” también en su propio país.

Sobre las políticas migratorias conviene aclarar que el discurso racista y xenófobo de Trump, sus violentas redadas contra los trabajadores inmigrantes en barrios, fábricas, campos, comercios y talleres, con el empleo del Ejército –como si los miles de agentes armados del ICE fueran insuficientes–, sus encarcelamientos y deportaciones, además del profuso paquete de disposiciones negando el acceso a la sanidad, la educación y hasta la alimentación a la población inmigrante es rechazada de plano por los demócratas y por un porcentaje cada vez mayor de los republicanos. Con independencia de la manipulación política del fenómeno migratorio, está demostrado que inmigración, progreso y prosperidad son sinónimos. Y que la gobernanza común europea de la migración ha de ir más allá del simple endurecimiento de las leyes y, por supuesto, combatir la propaganda negativa que esparcen las formaciones neofascistas.

La intromisión como política

Más allá de la retórica falaz del documento estratégico de seguridad de EEUU acusando a Europa de “censura de la libertad de expresión, supresión de la oposición política (…) y pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”, se puede leer negro sobre blanco el objetivo de Washington de “cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas”. ¿Qué quiere decir esto? El New York Times entiende que el documento “deja explícito el apoyo de Washington a los partidos nacionalistas de extrema derecha de Europa”. En pocas palabras: una injerencia política y electoral en toda regla.

Antes de fijar esa y otras “prioridades para Europa” (página 26 del documento) que vienen a resumir aquel discurso amenazante del señor Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado, los redactores animan a sus aliados políticos en Europa a promover el “resurgimiento del espíritu” de los Estados-nación y dicen que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es, sin duda, motivo de gran optimismo”. O sea que para Trump y sus acólitos de Maga, incluido Elon Musk –quien en los últimos días ha pedido la desintegración de la Unión Europea–, no basta con que Europa se pague su defensa; hace falta también que se recupere de su decadencia y debilidad, debidas a su multiculturalismo, y para ello hay que apoyar a la extrema derecha como en Brasil, Honduras, Argentina, etcétera.

Tan diestros estrategas tienen un problema. Está en la página 10 de su documento, allí donde dice: “Estados Unidos trazará su propio rumbo en el mundo y determinará su propio destino, libre de interferencias externas”.

Eso está bien. ¿Entonces por qué practican la injerencia, interferencia, intromisión y otras técnicas de erosión en terceros países? La soberanía y el respeto de todos y cada uno de los países de la UE son bienes legales y morales idénticos a los que EEUU protege sin reservas frente a potencias y entidades extranjeras que socaven o busquen dirigir sus políticas. No lo olviden.

USA-Venezuela o la vida bajo amenaza

Luis Díez.

Vivir bajo amenaza es una gran putada. Sin un medidor de angustia resulta imposible saber cómo se sienten los supervivientes del genocidio en la Franja de Gaza, todavía tiroteados y asesinados por el ejército israelí. Ese medidor serviría también para cifrar la inquietud de los ucranianos de Kief, Jarkov, Donest, Odesa y otras ciudades a tiro de misil del ejército ruso desde hace más de tres años. Los canallas Netanyahu y Putin no paran de hacer daño. El corrupto Trump, cómplice del primero y beneficiado por el segundo, parece ahora empeñado en entablar su propia guerra (no sólo arancelaria) contra la Venezuela de Maduro para acabar con el régimen bolivariano y apoderarse del petroleo y los recursos naturales de ese inmenso y rico país.

Los venezolanos de la diáspora en Estados Unidos (EEUU) y en la propia Venezuela están siendo castigados por Trump a desvivir bajo amenaza. A falta de ese medidor del sufrimiento humano resulta difícil comparar la inquietud y el miedo de los que pudieron emigrar a EEUU y temen ser detenidos, encarcelados, separados de sus hijos y expulsados sin piedad, con la angustia de los que en Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maracay… temen ser bombardeados al amanecer.

En Caracas llueve mentiras. El gobierno de Trump llevaba 82 asesinados con misiles guiados contra 21 embarcaciones (lanchas con motores) hasta el viernes, 5 de diciembre. Trump y sus subordinados sostienen que esas lanchas eran operadas por narcoterroristas miembros de cárteles que transportaban drogas letales a EEUU.

Si, “narcoterroristas” como el pescador Robert Sánchez, 42 años, padre de cuatro hijos. Los cien euros al mes que ganaba con la pesca apenas llegaban para dar de comer a sus hijos. “Narcoterroritas” como Juan Carlos “El Guaramero” Fuentes, conductor de un autobús de transporte público que pasaba por una situación apurada, pues al averiarse el autobús había quedado en paro hasta el gobierno tuviera a bien arreglarlo. En paro y sin sueldo, ya que los conductores de autobús cobran una parte de la tarifa que pagan los viajeros. “Narcoterroristas” como Dushak Milovcic, de 24 años, antiguo alumno de la Academia de la Guardia Nacional de Venezuela. O como Luis “Che” Martínez, un tipo corpulento, de 60 años, que había sido pescador hasta que descubrió que ganaba más dinero con el tráfico de personas y el contrabando. Fue encarcelado en 2020 tras un naufragio en el que murieron dos de sus hijos y una nieta junto con otras veinte personas. O como otros lugareños que se jugaron la vida y la perdieron por 500 euros.

Si los espías de la CIA infiltrados en Venezuela para, según Trump, “combatir el narcotráfico”, hubieran preguntado en las pueblos de pescadores de la costa Guaira, el portavoz jefe del Pentágono, Sean Parnell, no seguiría diciendo que “nuestra inteligencia confirmó que los individuos involucrados eran narcoterroristas”. Su “inteligencia” es una mierda y miente lo mismo que hizo antes de la ocupación de Iraq. Ahora llaman “narcoterroristas” a unos simples contrabandistas y apelan al tráfico de drogas como justificación de un cambio de régimen manu militari en Venezuela.

Los periódicos con mayor credibilidad y difusión en EEUU aseguran que Venezuela solo desempeña un pequeño papel en el tráfico de drogas en América, Se basan en expertos y evaluaciones del propio gobierno estadounidense para informar de que la mayor parte de la cocaína producida en Colombia que pasa por Venezuela va hacia Europa. La cocaína colombiana que se dirige a Estados Unidos se exporta a través del océano Pacífico. Y las agencias estadounidenses han determinado que el fentanilo que tanto preocupa al matón de la Casa Blanca se produce casi en su totalidad en México, no en Venezuela, con productos químicos importados de China.

Mientras sigue lloviendo mentiras, la gente se pregunta angustiada si esa acumulación de fuerza militar ordenada por Trump en el Caribe, como no ocurría desde la crisis de los misiles frente a Cuba, será el preludio de una invasión en Venezuela o solo una estratagema para obligar al presidente Nicolás Maduro a abandonar el poder. Es sabido que el secretario de Estado Marco Rubio encabeza en la Casa Blanca la línea dura para derrocar al autócrata izquierdista al que EEUU no reconoce como presidente elegido de Venezuela y acusa de dirigir la organización “narcoterrorista” el Cártel de los Soles al tiempo que ofrece 50 millones de dólares por su cabeza.

Cómo ya se habrán percatado los espías de la CIA, el famoso Cártel de los Soles no existe. Fue una invención, un término peyorativo inventado en los años noventa del siglo pasado para referirse a mandos militares que aceptaban dinero del narco. Puesto que en vez de estrellas, los oficiales venezolanos lucen soles en la pechera, la prensa recogió la expresión popular y acuñó la etiqueta propiamente dicha. “Es como si Donald Trump clasificara el ‘Estado profundo’ como una pandilla criminal”, dice el analista Phil Gunson.

Se desconoce el contenido de la última conversación telefónica entre Trump y Maduro, pero no parece que el venezolano renuncie al poder y desaparezca, como querría el corrupto fanfarrón de Washington. El otro día, Gunson decía al New York Times: “Tengo la sensación de que, básicamente, han creado esta guerra falsa y han llegado tan lejos que ahora tienen que hacer una guerra de verdad”.

Cabe suponer que los agentes de la CIA lean la prensa de Caracas y a estas alturas sepan que “el dictador Maduro y su coro de generales”, como titulaba en El Nacional el comentarista Miguel Henrique Otero el pasado 25 de noviembre, mandan sobre unas fuerzas armadas “corroídas y corruptas” en las que se cuentan por miles los oficiales de menor rango que tienen segundos y hasta terceros empleos para sobrevivir, cuando no se dedican a distintas prácticas delictivas, especialmente la extorsión a comerciantes y trabajadores informales.

Henrique Otero pintaba un paisaje desolador: “Los equipos y armas se oxidan y se vuelven inservibles por falta de mantenimiento; el hambre y las enfermedades castigan a los cuarteles; hay 10 o 12 veces más generales que el promedio de América Latina debido a la grotesca facilidad con la que inflan las cifras de soldados y ocultan las deserciones; hablan de unas fuerzas armadas numerosas, sólidas, cohesionadas y debidamente entrenadas, cuando lo que hay es una organización que no alcanza a los 70.000 hombres, más de la mitad en funciones en la administración pública, en su mayoría desarmados (por temor a que esas armas sean usadas contra la dictadura) y en condiciones precarias”.

Con este panorama y esos uniformados hartos de salarios miserables, arbitrariedades, cuarteles en la ruina, corrupción rampante, contrabando, coimas, enchufes, privilegios, arbitrariedad, ilegalidad y colaboración con narcoguerrilleros colombianos –siempre según los comentarios del columnista mencionado–, resulta tentador suponer que la invasión del país sería un paseo militar para los marines estadounidenses desplegados en el Caribe. De hecho Trump declaró cerrado el espacio aéreo venezolano hace ya diez días. El martes pasado pidió a sus compatriotas que abandonen Venezuela, si bien, el jueves envió a Caracas dos aviones civiles llenos de deportados.

Pero mientras Rubio y los halcones del Pentágono encabezados por el lamentable secretario de Defensa Pete Hegseth, quien dio la orden de no dejar a un lanchero vivo, apuestan por la invasión, otros miembros del equipo de Trump parecen más interesados ​​en asegurar el acceso a la riqueza petrolera de Venezuela e impedir que China y Rusia se beneficien de ella. De hecho, el Tesoro de EEUU ha autorizado la entrada de al menos dos grandes petroleros con crudo venezolano desde que a finales de agosto comenzó el despliegue militar en el Caribe. El mismo poder presidencial de Washington que decretó en su día el bloqueo a Venezuela y ahora comete crímenes destruyendo lanchas con misiles en lo que considera “una guerra contra los terroristas que quieren matar a ciudadanos estadounidenses con drogas”, permite al mismo tiempo a su petrolera Chevron reanudar las perforaciones en Venezuela.

Aunque llueva mentiras no vale engañarse. Lo que Washington quiere son las reservas petroleras de Venezuela, las mayores del mundo conocidas hasta el momento. El propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, decía hace una semana en Fox News que “si ocurre algo en Venezuela podríamos ver bajar el precio del petróleo”. Se refería implícitamente a la salida de Maduro, la opción supuestamente preferida por Trump si tenemos en cuenta que durante su campaña electoral dijo estar en contra de las guerras y que según una encuesta de CBS News/YouGov, el 70% de los estadounidenses se opone a una acción militar contra Venezuela.

Las contradicciones de Trump en la supuesta lucha contra la droga quedan de manifiesto cuando un día liquida a cuatro “narcoterroristas” con un supuesto cargamento de cocaína hacia su país y al siguiente indulta al expresidente de Honduras, Juán Orlando Hernández, condenado en EEUU a 45 años de prisión por haber inundado de droga el país como socio y colaborador del capo mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán. Con el petróleo, en cambio, no hay contradicción, sino inequívoca ambición, el motor que mueve a Trump a mantener su amenaza contra los venezolanos. A todo esto, España compró a Venezuela el 4,7% del crudo que consumió el año pasado. Y la multinacional española Repsol reactivo en marzo pasado la empresa mixta creada en 2023 con la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para extender la explotación de campos petroleros.

Pero la vida bajo amenaza es también el sino de miles de venezolanos que residen en EEUU. Se estima que medio millón salieron huyendo del régimen arbitrario y represivo de Maduro y ahora sufren las inclemencias de un sujeto no menos represor y arbitrario llamado Trump que solo habla de Venezuela como fuente de drogas y migración ilegal. Con solo leer el mensaje de Trump la noche de Acción de Gracias los migrantes hispanos en general y los venezolanos en particular ya saben que ese país no los quiere y emplea a la policía y al ejército para arrestarlos en las calles, las plazas, las carreteras, las estaciones, las fábricas, los almacenes, los campos de labor, los comercios e incluso los dispensarios médicos, los colegios, los juzgados y las dependencias burocráticas para arrestarlos, encerrarlos y expulsarlos.

Redada en California de trabajadores inmigrantes

El columnista Gustavo Arellano escribió para Los Ángeles Times que la contribución del presidente Trump a la mesa del país en la cena de Acción de Gracias fue “el equivalente digital de un pastel de mierda en llamas”. Entre insultos personales contra enemigos políticos y calumnias contra inmigrantes, “esta vez Trump fue más bajo y desagradable que nunca antes; no, en serio. Cambiando libremente entre “refugiado”, “extranjero”, “migrante” e “ilegal”, declaró que la inmigración es “la principal causa de disfunción social en Estados Unidos” e insistió en que “solo la migración inversa puede curar completamente esta situación”.

Cinco días después de la famosa cena familiar, Trump decidía dejar en suspenso los permisos de residencia a inmigrantes y refugiados. En el Nuevo Herald de Miami, las reporteras Jacqueline Charles y Verónica Egui reflejaban el miedo de los inmigrantes del sur de Florida, donde las comunidades de cubanos y venezolanos son mayoría. La orden de Trump suspende la admisión de todas las solicitudes de inmigración y peticiones de asilo pendientes de personas de Venezuela, Cuba, Haiti y otros 16 países considerados de “alto riesgo”. La directiva afecta a peticiones de carta verde (residencia) y permisos de trabajo para personas con solicitudes de asilo pendientes. Los juristas la interpretan como una suspensión en toda regla de la migración legal, con la consiguiente calificación de “ilegal” para las decenas de miles de personas que están ahora en espera. Muchos venezolanos ya afrontaban una situación angustiosa por la orden de Trump de no renovar sus tarjetas de protección temporal (TPS). Ahora se enfrentan al limbo migratorio. Por si fuera poco, la administración Trump plantea la posibilidad de que inmigrantes que han vivido en EEUU durante décadas y tienen residencia permanente, conocida como green cards, puedan ser expulsados del país.

Como dice Arellano, vivir bajo un régimen que te quiere hacer desaparecer no es nada divertido. Cuando además uno es alguien cuyos mayores solían ser indocumentados y creció en un mundo donde la migra pesaba como una espada de Damocles sobre demasiados seres queridos, uno no desea esa condición a nadie.

«Tiro en la nuca»

Manifestación de nazi-fascistas por el centro de Madrid

Luis Díez.

Quienes están empeñados en acabar con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sea como sea, han demostrado que la liquidación física, el “tiro en la nuca”, también les vale. El asunto es muy grave porque revela el máximo desprecio a la democracia y los derechos humanos por parte de unos actores políticos que se benefician de la democracia, cobran del erario público, gozan de protección especial o aforamiento frente a la justicia ordinaria y ejercen un magisterio y una influencia que debiendo de ser ejemplar es nefasta.

La secuencia ya es conocida. Unos fachas de la Falange (el partido único de Franco, fundado por José Antonio Primo de Rivera) protagonizan una manifestación por el centro de Madrid contra la Constitución y la democracia. La convocatoria lleva el lema Contra el genocidio del 78, en referencia al año en que se aprobó la Constitución. La Delegación del Gobierno, de la que es titular Francisco Martín Aguirre, no autorizó la marcha, pero los nazi-fascistas apelaron al Tribunal Superior de Justicia y obtuvieron autorización.

Así que unos setecientos fachas del mencionado partido franquista y otros correligionarios de ultraderecha se congregan en la calle de Génova y recorren los bulevares hasta la confluencia de Marqués de Urquijo con Ferraz la tarde-noche del sábado 21 de noviembre. Se ve que un día después de conmemorar con cánticos y misas el 50º aniversario de la muerte del general Franco, el tipo que encabezó el golpe de Estado contra la democracia de la II República y alcanzó el poder con la ayuda de Hitler y Mussolini sobre una montaña de muertos, se hallaban tan henchidos de amor patrio que si no clamaban contra los “enemigos de España” –rojos, inmigrantes, feministas, verdes…– reventaban.

Al llegar a Ferraz, junto a la sede del PSOE arrecian sus gritos “¡Pedro Sánchez, tiro en la nuca!” “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!” Esta última es la frase que tanto gusta a los del PP desde que la novia del defraudador fiscal confeso tras la mordida de dos millones de euros en mascarillas, Alberto González Amador, la vocalizó en la tribuna de invitados del Congreso y que luego sus arúspices disfrazaron de “me gusta la fruta”. Por lo demás, tampoco era la primera vez que pedían la liquidación física del presidente Sánchez, pues ya los activistas de Vox habían hecho vudú en el mismo lugar, destrozado a estacazos un muñeco colgado que representaba al dirigente socialista.

La apelación al asesinato de Sánchez, aunque de forma menos directa, fue también proferida por el secretario general del PP, Miguel Tellado, cuando dijo a la vuelta de sus vacaciones, en septiembre pasado, que ya estaban “cavando la fosa”para él. Casi al mismo tiempo aparecía Alberto Núñez Feijóo coreando en un karaoke el famoso “hijo de puta” contra el jefe del Ejecutivo. Por cierto que Tellado, muy sensible ante el asesinato del influencer estadounidense Charlie Kirk, un machista reaccionario, valedor y amigo de Trump, se apresuró a decir que el asesino era de izquierdas y preguntó qué pasaría aquí en un supuesto a la inversa. Aunque luego resultara que el tirador no era precisamente de izquierdas, vale preguntar por qué tanta precipitación en trasladar a España un acto similar.

Con un magisterio político tan cortés, respetoso y educado como el de los dirigentes del principal partido de la derecha, a nadie puede extrañar que salten aquí y allá afirmaciones como la de Laura del Río, exalcaldesa y actual concejala de Gomezserracín (Segovia), quien ya anticipó el 18 de noviembre de 2023 que Pedro Sánchez “se merece un tiro en la nuca”. Ese día era sábado, el inefable Aznar López acababa de afirmar que «Sánchez es un peligro para la democracia” y el PP celebraba una gran manifestación en Madrid contra la amnistía de los implicados de un modo u otro en el proceso independentista catalán. Dos días antes, la mayoría del Congreso de los Diputados había investido al dirigente socialista como presidente del Gobierno.

Pero la siembra del odio, la apelación al asesinato del adversario, se puede situar varios años antes, con el mencionado señor Aznar al frente de una manifestación por el barrio de los ricos (distrito de Salamanca) contra el entonces presidente del Gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, por intentar convencer a los cabecillas de ETA de que aceptasen la democracia y renunciaran a los secuestros, atentados y tiros en la nuca, precisamente. Era el año 2006 y los seguidores del expresidente Aznar y su sucesor Rajoy reclamaban el fusilamiento de Zapatero coreando: “Con Zapatero, como con su abuelo”. El abuelo paterno, Juan Rodríguez Lozano, era capitán del Ejército y fue fusilado por sus colegas golpistas el 18 de agosto de 1936 en Puente Castro, a las afueras de la ciudad de León, por no sumarse al golpe de Estado.

A pesar de ese bagaje, los socialistas esperaban que el pleno del Senado emitiese esta semana una condena expresa de las amenazas de muerte contra Pedro Sánchez. Pero PP y Vox, que tienen mayoría absoluta en la Cámara Alta, se negaron a suscribir la declaración institucional. El texto atribuía las amenazas al “clima de odio impulsado desde la ultraderecha y animado y beneficiado por clamoroso silencio de quienes deberían sumarse a su condena de manera rotunda”. Advertía sobre “la violencia verbal, paso previo de la física” que sufren las sedes (pintadas con insultos y amenazas), los militantes y dirigentes del PSOE y de otras formaciones a su izquierda, y después de invocar los derechos humanos y los valores de la Constitución, terminaba conminando a las formaciones políticas a “no usar mensajes que promuevan el odio hacia los adversarios políticos” y a “expulsar del debate político el insulto y el odio en aras de reforzar nuestra convivencia y los valores democráticos”.

Contaba Eduardo Haro Tecglen en El refugio (Santillana, Suma de Letras, 2001) cómo Pilar Primo de Rivera había disparado desde su coche a una muchacha que volvía de su domingo en la Casa de Campo con un pañuelo rojo de pionera al cuello. Ni cincuenta años de democracia han diluido el odio de la derecha reaccionaria española contra los progresistas. La joven asesinada por aquella fascista furibunda a la que Franco nombró presidenta vitalicia de la Sección Femenina del Movimiento Nacional y el falangista surrealista Ernesto Giménez Caballero quiso casar con Hitler, quedó tendida en la acera de la calle Trafalgar y murió diez días después. Se llamaba Juanita Rico y era de aquellas Juventudes Socialista que engrosaron las filas del PCE.

¿Quién quiere volver a eso? Cuando hoy algunos líderes (conductores de masas) se callan ante los que vociferan odio y tiros en la nuca no es que otorguen, es que más que conductores son conducidos. Conviene prestar atención, pues muchos logros de la democracia, incluso aquellos que nos parecen incuestionables, como la abolición de la pena de muerte, el derecho a la sanidad y la educación públicas, a la pensión y al sufragio universal pueden derrumbarse como un castillo de naipes cuando, como escribe Ricardo Moreno Castillo, en su Breve tratado sobre la estupidez humana (Fórcola Ediciones, 2018), están a merced de cualquier botarate con capacidad de organización, facilidad para hacerse sitio en medios de comunicación y destreza para conseguir apoyos económicos y políticos.

Trump a una periodista: «¡Silencio, cerdita!»

Sobre estas líneas la periodista Catherine Lucey, a la que el presidente de EEUU insultó; la exMiss Alicia Machado, a la que también llamó «cerdita» hace 19 años. A la derecha el mandatario con su amigo el pederasta Epstein.

Luis Díez.

Aquel viernes, 14 de noviembre de 2025, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, viajaba abordo del Air Force One desde Washington a Florida para pasar el fin de semana en su mansión Mar-a-Lago. Faltaban tres minutos para las siete de la tarde, hora local, cuando estimó llegado el momento de echar alpiste a los pájaros, así que abrió la portañuela del departamento donde viajaban los periodistas y se sometió a sus preguntas. Enseguida la veterana Catherine Lucey, que antes cubría la información de la Casa Blanca para el para el Wall Street Journal y ahora para la agencia Bloomberg News, le preguntó si iba a publicar los archivos del caso Epstein.

“¡Silencio! ¡Silencio, cerdita!”, la conminó.

Ningún colega repitió la pregunta en señal de solidaridad ante el insulto machista en tono amenazante. Pero el comportamiento del preboste quedó grabado y saltó a las redes sociales en cuanto aterrizaron en Miami. Un portavoz de Bloomberg dijo que “nuestros periodistas en la Casa Blanca prestan un servicio público vital, haciendo preguntas sin miedo ni favoritismos”. Y dejó correr el asunto sin referirse a la humillación e intimidación sufrida por su reportera Lucey.

De antemano es conocida la catadura machista, cruel y abusona, del personaje –para regocijo o vergüenza de sus votantes–, aunque parece que en este caso el subconsciente le jugó una mala pasada, pues empleó el mismo insulto que utilizaba contra las jóvenes y adolescentes en los felices años noventa, cuando mantenía una sólida amistad con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.

En aquellos tiempos, el depravado Epstein –fue condenado por abuso sexual de menores en Miami en 2008, pero no cumplió ni un mes de prisión porque le concedieron el régimen abierto– se dedicaba a la administración de capitales y pasaba por ser un inversor multimillonario. Poseía una finca en en Miami Beach y la casa privada más grande de Manhattan, una vivienda de siete pisos en la que organizaba fiestas exclusivas (con jovencitas para ligar) para amigos y amigos de personas importantes, entre ellos, el constructor, hotelero, propietario de un gran casino y director del holding Trump Organización.

Entonces a Epstein le gusta decir que era un solitario, un hombre que jamás había probado el alcohol ni las drogas, y cuya vida nocturna distaba mucho de ser animada. Eso escribió en 2002 el reportero Landon Thomas Jr en un artículo de fondo para New York Magazine. “Sin embargo, si uno habla con Donald Trump, surge un Epstein completamente distinto”, añadió. “Conozco a Jeff desde hace quince años. Un tipo estupendo”, exclama Trump. “Es muy divertido estar con él. Incluso se dice que le gustan las mujeres guapas tanto como a mí, y muchas de ellas son bastante jóvenes. No cabe duda: Jeffrey disfruta de su vida social”.

Trump, que residía cerca de Epstein en Nueva York y en Nort Beach (Miami-Florida), conoció a la eslovena Melania, su tercera mujer, porque se la presentó el propio Epstein en una de sus fiestas. El actual presidente de EEUU contaba entonces entre sus negocios con la agencia de modelos P-Model Management y entre otras actividades lucrativas organizaba cada año los grandes concursos de belleza femenina Mis Universo, Miss Usa y Miss Teen Usa (éste último para adolescentes de 14 a 17 años).

Y sí, en su trato con las jóvenes, utilizaba el calificativo de “piggy”, cerdita, y si no que le pregunten a Alicia Machado, Miss Universo en 1996, y verán como la actriz, presentadora y productora audiovisual nacida en Venezuela y residente en Los Ángeles como ciudadana americana, les contesta: “Si, me llamaba Miss Piggi y me instaba a adelgazar”. ¡O tempora o mores!, que diría el elocuente Cicerón.

Claro que ahora que el Congreso de EEUU (la Cámara de representantes y el Senado) ha aprobado la ley que ordena la desclasificación de los documentos de la investigación del FBI sobre Epstein, Trump detesta que le pregunten sobre aquel depravado predador sexual que se suicido en la cárcel (versión oficial) en 2019 durante su primer mandato como presidente.

Trump prometió durante su campaña electoral, hace un año, que desclasificaría los documentos del caso Epstein si volvía a la Casa Blanca. Y consiguió volver, pero enseguida se negó a cumplir la promesa, escudándose en la afirmación de su fiscala general Pam Bondi de que la publicación afectaba a investigaciones en curso. Incluso el 14 de noviembre, antes de insultar a la periodista Lucey, escribió en su red social que “Epstein era demócrata y es el problema de los demócratas”. “Pregunten a Bill Clinton, Reid Hoffman y Larry Summers sobre Epstein, ellos lo saben todo sobre él, no pierdan el tiempo con Trump. ¡Tengo un país que dirigir!”

Así que el amigo y vecino del pederasta, aquel Tramp que le felicitaba su cincuenta cumpleaños con un dibujo (una silueta de mujer desnuda, varios mensajes y su firma a modo de Monte de Venus) y que aparece en los correos electrónicos hallados entre los 20.000 papeles que el delincuente sexual dejó a su albacea (un despacho de abogados) y acabaron en manos de la Cámara de representantes de EEUU, estaría protegiendo a determinados adversarios políticos al no desclasificar las investigaciones del caso Epstein.

Lo cierto es que el martes, 18 de noviembre del año en curso, demócratas y republicanos votaban en el Capitolio la ley que ordena la desclasificación de los papeles y obligaban a Trump a asumir su propio compromiso electoral. Casi al mismo tiempo el señor Summers, secretario del Tesoro con Clinton y director y profesor en Harvard, abandonaba sus cargos y se retiraba de sus actividades por el error, decía, de haber tratado con aquel pederasta.

Entre las víctimas de aquel canalla, María Farmer, la primera sobreviviente de los abusos que denunció a Epstein y a su exnovia Ghislaine Maxwell ante la policía, en 1996, lanzó un comunicado celebrando que “por fin el Congreso haya escuchado a las víctimas” después de “décadas de oscuridad” y de la “vista gorda de cinco gobiernos ante la enorme farsa de justicia”.

Pero cuidado, porque como informaba el periodista del New York Times Luke Broadwater, la firma de la ley que obliga a Trump a publicar los archivos sobre el delincuente sexual de marras, no garantiza la desclasificación de todas las pruebas, ya que contiene excepciones como la protección de investigaciones en curso. En ese sentido, el presidente, consciente de que iba a perder la votación –por lo que ordenó al Partido Republicano que se sumara a ella–, exigió al Departamento de Justicia que abriera una investigación sobre los prohombres del Partido Demócrata citados en los correos del pederasta y traficante sexual.

Además, Trump podrá retener los registros para preservar la identidad de las víctimas y aquellos que incluyan imágenes de abusos sexuales a menores o que sean confidenciales de otro modo. La legislación también permite retener archivos si pudieran poner en peligro una investigación federal en curso. En resumen, como decía el periodista Rafael Barret hace más de un siglo, “cuanto más grave es un asunto, más lo tapan”.

La Cumbre del Clima en Brasil se enfrenta a las mentiras de Trump y los negacionistas

Luis Díez

Toda la panoplia de falacias gebelianas y más está siendo empleada por farsantes de la dialéctica y la comunicación social, agitadores baratos, políticos botarates y atolondrados seguidores del mismísimo presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, para negar las evidencias del cambio climático y los efectos desastrosos de la contaminación y el calentamiento del planeta. Toda esa endiablada red de mentirosos quieren aplicarnos la “política del champiñón”, consistente en mantenernos a oscuras y suministrarnos mierda, para que no pidamos cuentas sobre el constante atentado contra el medio ambiente de su industria basada en energías fósiles y sobre su rapiña y falta de compromiso con el futuro y las generaciones más jóvenes. El negacionista Trump ha llegado a sostener que los esfuerzos para reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero son “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo”.

Esa afirmación proferida en septiembre pasado ante la Asamblea General de la ONU por el experto estafador Trump cayó como un escupitajo ante los mandatarios allí presentes de países de Polinesia y Micronesia que se están hundiendo por la subida del mar provocada por la liquidación progresiva de los polos. Pero además de asombro, provocó una seria reflexión sobre la necesidad de defender la verdad científica acerca del clima y la conveniencia de plantar cara a las mentiras de políticos y medios de comunicación más o menos corruptos y reaccionarios y siempre financiados por las empresas y corporaciones más sucias y voraces del capitalismo rampante.

Así que ahora, en Belém (Brasil), en la cumbre climática de la ONU, la COP30, se está abordando también el fenómeno de la desinformación y la intoxicación no con gases, aguas ni alimentos contaminados, sino con mentiras. Cuenta Carlos Meneses, de la Agencia EFE, que la propia COP30 ha sido víctima de noticias falsas en los meses previos y en su apertura. La narrativa toxica y las mentiras fueron denunciadas en la cumbre de líderes que precedió a la inauguración de la Conferencia. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el francés Emmanuel Macron denunciaron la ola de ‘fake news’ en torno a las discusiones sobre el calentamiento global.

Ya en el marco negociador, esta semana , unas cuatrocientas organizaciones lanzaron una carta abierta exigiendo a los gobiernos “medidas ambiciosas, robustas y vinculantes” contra esta lacra, las mentiras. De momento, un grupo de países europeos y americanos, entre los que se encuentran Brasil, Chile, Uruguay, Alemania, Francia y España, se han sumado a una declaración para promover la “integridad de la información climática”. Y también en el marco de la Conferencia, la sociedad civil brasileña ha presentado el “Diccionario de la mentira”.

Conviene saber que según ese diccionario, las mentiras pueden adquirir forma de “ataque directo” a personas e instituciones para socavar su credibilidad. Es la forma más usada por el negacionista mayor, míster Trump, en sus airados y teatrales monólogos. Luego está el llamado “greenwashing” o lavado en verde, una técnica de las empresas para simular más respeto al medio ambiente del que en realidad practican. También el “woke-washing” de determinadas compañías cuando simulan compartir causas y términos progresistas para maquillar el impacto sucio y contaminante de sus actividades lucraticas.

A esas técnicas de la mentira hay que añadir el llamado “astroturfing”o creación de organizaciones y fundaciones patrocinadas por empresas contaminantes; la “retórica anticiencia” mediante el uso de especialistas falsos o comprados para difundir teorías conspiranoicas capaces de hacer creer que el CO2 es saludable para los pulmones y fortalece a la especie humana. Y, por supuesto, “los lobbys” del petrolero y demás fuentes de energía fósil, muy contaminante, y “la propaganda” de políticos engrasados para que se asuman los argumentos negacionistas del cambio climático y se incorporen a los idearios y programas de los partidos políticos.

La finalidad de las mentiras y la desinformación sobre las causas científicamente demostradas del calentamiento global y el cambio climático, con sus efectos desastrosos, es mantener e incluso fortalecer el statu quo de la industria de los combustibles fósiles. En EEUU, por ejemplo, la patronal petrolera y carbonera pretende un nivel de protección federal equiparable a la industria del armamento, lo que supone un tratamiento legal de “sector estratégico”. Lo peor para el planeta Tierra es que con Trump en la mutilada Casa Blanca están a punto de conseguirlo.

Por seguir con el ejemplo del Trump que hace diez meses retiró por segunda vez la firma de los Acuerdos de París de 2015 contra el cambio climático y que ha disuelto los comités científicos y eliminado la división de la NASA dedicada detectar y evaluar las emisiones con efecto invernadero, al tiempo que en agosto pasado suprimió la medición y consiguiente limitación nacional de las emisiones de anhídrido carbónico por parte de la Agencia de Protección Ambiental (“La EPA cero o EPA de Trump” llamanle ahora), su negativa a dar la cara en Brasil parece debida a la evidencia de sus mentiras y la carencia de otros argumentos para justificar la insolidaridad y el daño de EEUU al planeta al no limitar sus emisiones.

Su argumento ante la Asamblea General de la ONU fue: “Todas estas predicciones hechas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por razones erróneas, estaban equivocadas. Fueron hechas por personas estúpidas que han costado fortunas a sus países y no han dado a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar”. Pues bien, esa mentira en tono bronco del negacionista jefe ni se tenía ni se tiene de pie. Basta comprobar que las emisiones netas de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) de los 27 países de la Unión Europea (UE) fueron en 2023 un 37% inferiores a las de 1990 –se redujeron de 4.872,5 millones de toneladas en 1990 a 3.160 en 2023– mientras el PIB aumentó un 68%, lo que demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico.

La pregunta es si Trump miente para asustar y desacreditar a científicos y gobernantes serios y honrados o lo hace para no pagar por ser el segundo emisor mundial de malos humos, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, –más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta–, solo aventajado por China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34% mundial), y seguido por la UE (3.160 millones de toneladas) Índia (2.955) y Rusia (2.015). Y la respuesta más simple es que está convencido de que la emergencia climática no afecta a su país o le importa un bledo y además miente porque puede, pues por algo es presidente de la primera potencia militar del mundo.

Entre tanto, resulta esperanzador que China vaya comprendiendo la necesidad de reducir las energías fósiles y aceptando el concepto de “crecimiento sostenible”. En ese sentido cabe señalar que su exportación de componentes para la producción de energía limpia (aérea, solar e hidráulica) ya supera los ingresos que obtiene EEUU por la venta de petróleo. Y eso contando los dividendos suplementarios del suministro a la UE tras el corte al petróleo ruso para sancionar al criminal del Kremlin por la invasión militar de Ucrania.

La delegación europea participa desde el lunes hasta el viernes en la cumbre climática de Brasil con la con la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo de reducir las emisiones contaminantes un 90% hasta el año 2040. La cifra de referencia siguen siendo las 4.872,5 millones de toneladas emitidas por la UE el año 1990 y ya reducidas a 3.160 millones de toneladas en 2023. El pleno parlamentario aprobó el compromiso por 379 votos a favor, 248 en contra y 10 abstenciones. El PP español que lidera Feijóo y gobierna en las tres autonomías más dañadas el último año por desastres acentuados por el cambio climático –inundaciones mortales en la Comunidad Valenciana (foto) y enormes incendios, también con pérdida de vidas, en Galicia y Castilla y León– se desmarcó de los conservadores europeos y votó con la extrema derecha contra la reducción de las emisiones.

El objetivo de la UE es conseguir la “neutralidad climática” en 2050. Se trata además de “una obligación legal para todos los Estados miembros”, establecida en la Ley del Clima que ahora incorporará la enmienda sobre los objetivos intermedios y vinculantes para 2040 y el examen cada dos años del cumplimiento del objetivo. La norma también incluye la obligación de reducir, como mínimo, un 55% las emisiones netas de gases de efecto invernadero en la UE para 2030 respecto a 1990. Cierto es que con planteamientos políticos tan negativos y negacionistas como los del PP, abrazado a la ultraderecha, la recuperación de la salud del planeta sería imposible. Y las sequías, hambrunas e inundaciones provocarán más de lo que esas fuerzas falsarias y reaccionarias detestan: inmigración de millones de personas pobres en busca de un medio de supervivencia.

La democracia derrota al ultra Trump

Luis Díez.

El martes 4 de noviembre fue un buen día para todos los que en este mundo apreciamos la democracia y abominamos cualquier forma de tiranía con sus vicios añadidos de corrupción, violencia e injusticia. Ese día, miles de demócratas en Nueva York, Virginia, Nueva Jersy y California, le pintaron la cara al reaccionario presidente de Estados Unidos (EEUU) Donald Trump y le asestaron unas victorias electorales inapelables que nos ayudan a confiar en la resiliencia o recuperación de los valores democráticos frente a la cruel ultraderecha creciente.

Ya se ha dicho que el triunfo de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York (tomará posesión en enero) supone un gran quebranto para Trump, un especulador inmobiliario al fin y al cabo en la ciudad de los rascacielos del siglo XX. El joven dirigente del Partido Demócrata representa todo lo que su corrupto y multimillonario conciudadano detesta: la atención a los pobres, los desfavorecidos, los parados, la clase trabajadora y laboral, los inmigrantes, las mujeres, los jóvenes. Su firme decisión de ayudarles con equipamientos públicos básicos como escuelas infantiles, transportes urbanos gratuitos, viviendas asequibles, supermercados municipales con precios de alimentos controlados y otros avances sociales exigirá, según ha dicho, un aumento moderado del impuestos a los ricos y muy ricos que ingresen más de un millón de dólares al año.

Puesto que entre esos ricos y muy ricos figuran familiares, socios, amigos y amigantes (amigos mangantes) del “agente naranja”, se comprende que los valores socialistas de Mamdani le repugnen. Los ricos de esa ralea corrompen a dios y su madre para evitar pagar impuestos. En este caso, el señor Trump ha llegado incluso a pedir el voto para el exgobernador Andrew Cuomo, dirigente del Partido Demócrata derrotado por Mamdani en las primarias –se presentó como independiente– en vez de hacerlo para el candidato de su partido, Curtis Sliwa. No conforme, Trunmp amenazó a los neoyorquinos con suprimir los fondos federales a la ciudad si ganaba Mamdani. A modo de chantaje escribió la víspera electoral en su plataforma en Internet: “Si el candidato comunista Zohran Mamdani gana las elecciones a la alcaldía de la ciudad de Nueva York, es muy improbable que yo contribuya con fondos federales, aparte del mínimo indispensable, a mi amada primera residencia, debido a que, como comunista, esta ciudad, que alguna vez fue grandiosa, ¡tiene cero posibilidades de éxito, o incluso de supervivencia!”

El mensaje seguía con una retahíla de daños y calamidades, pero los electores no se arredraron y más de la mitad de los que acudieron a votar lo hicieron por el legislador demócrata nacido en Uganda (África) hace 34 años, residente en Nueva York desde los ocho años, nacionalizado estadounidense en 2018 y miembro de la asamblea del estado de Nueva York. Mamdani se define “socialista democrático” y aunque para Trump, como para Franco hace más de medio siglo, todas las personas de izquierda son “comunistas”, su política no tiende a abolir el liberalismo ni la libertad de mercado ni, mucho menos, el capitalismo rampante, sino a combatir la pobreza, las desigualdades crecientes y evitar que la sima social siga creciendo. Es lo que en Europa llamamos “socialdemócrata”.

Lo mejor de Mamdani es que no debe ni un dólar a los individuos de la ralea de Trump. Según informaba The New York Times durante la campaña, mientras los millonarios se mostraban muy generosos con el candidato Cuomo –la última cifra era de 34 millones de dólares en donativos–, Mamdani, cuyo dios se llama Alá y ha clamado contra el genocidio perpetrado por Netanyahu contra los palestinos de Gaza, apenas obtuvo 3 millones de dólares en pequeños donativos para su campaña.

En contraste con el actual alcalde (en funciones), Eric Adams, un tipo que aceptó cooperar con los agentes del ICE en las redadas contra los inmigrantes ordenadas con Trump a cambio de que el gobierno federal retirara los cargos de corrupción contra él, el nuevo regidor Mamdani representa la honradez y la firmeza democrática capaz de enfrentarse a la corrupción y los ardides del autócrata. No obstante se temen nuevas redadas masivas contra las personas inmigrantes, sin descartar el despliegue de unidades militares. Para el campanudo presidente USA no hay línea roja que se oponga a su absoluta, caprichosa y poderosa voluntad.

Pero el 4 de noviembre –Carlos Borromeo en el santoral cristiano– fue además muy importante para Virginia, Nueva Jersey y California. Dos mujeres del Partido Demócrata, con un perfil centrista y experiencia en seguridad nacional, Abigail Spanberger (veterana de la Marina de 56 años) en Virginia y Mikie Sherrill (exoficial de la CIA de 46 años) en Nueva Jersey ganaron las elecciones a gobernadoras con márgenes superiores al 12% sobre sus contendientes republicanos. Centraron sus campañas en el rechazo a la política de Trump y sus seguidores ultraderechistas y en los objetivos de reducir la carestía y promover el empleo. En sus mítines de apoyo a una y otra candidata, el expresidente Obama describió la contienda como parte de una batalla por la democracia. “No necesitamos especular sobre los peligros que acechan a nuestra democracia. No necesitamos preguntarnos si las personas vulnerables resultarán perjudicadas, ni cuestionarnos hasta qué punto nuestra cultura puede volverse más grosera y cruel. Ya lo hemos visto. Las elecciones sí importan”, dijo Obama en la derechista Virginia. “Todos tenemos más poder del que creemos. Solo tenemos que usarlo”.

La jornada de esperanza en la recuperación de la democracia frente a los abusos de poder, la represión de negros y latinos, el militarismo, la corrupción, la guerra arancelaria y el nuevo imperialismo de Trump culminó con la aprobación en referendo de la nueva distribución de distritos electorales en California. La reforma, con fecha de revisión en 2030, fue lanzada por el gobernador Gavin Newsom con el nombre de Proposición 50 para dar respuesta al trampeo de los distritos electorales impulsado por Trump en los estados republicanos, y acometido ya en Texas. La operación instigada desde la Casa Blanca consiste en dividir o dispersar el voto de los demócratas hacia aquellos distritos donde ganan los republicanos, de modo que queden diluidos y pierdan o no ganen diputados. Con ello se trataba de garantizar la mayoría trumpista en las elecciones de mitad de mandato. Pero Newsom y la mayoría de los californianos le han devuelto la pelota, ante lo que el autócrata, visiblemente irritado tildó la votación de “inconstitucional” y calificó a gritos (con letras mayúsculas) de “un GRAN FRAUDE” la redistribución de distritos en California, sólo en California.

El rey que cayó de la Luna

Luis Díez.

El mismo día que el hombre llegó a la Luna, Franco nombró sucesor suyo en la Jefatura del Estado a Juan Carlos de Borbón, con el título de rey. Es como si el dictador hubiera elegido el momento de mayor distracción, con la gente mirando boquiabierta la televisión en blanco y negro, para sorprender a la nación con el injerto borbónico. Era el 21 de junio de 1969 y la gente, “la mayoría silenciosa”, no dijo ni mu. Desde entonces empezó a flotar en el ambiente la creencia generalizada de que el heredero era algo así como el hijo y continuador del dictador.

Había interés en conocer la personalidad y el carácter de aquel príncipe. Pero la tarea era difícil porque las noticias que aparecían sobre él eran gráficas y telegráficas. Se le veía en aquellas fotos en blanco y negro de las páginas de huecograbado del Ya, el ABC y el Arriba disfrutando vacaciones en las islas Baleares, navegando a vela en el Mediterráneo, esquiando en Suiza y en las laderas pirenaicas. Se le veía junto al dictador, presidiendo desfiles militares, cenas de gala y recibiendo embajadores.

En ocasiones protagonizaba algunas inauguraciones de alto significado económico como la apertura de las minas de Aznalcollar, una localidad situada cuarenta kilómetros al noroeste de Sevilla, cuyos habitantes se quejaban de hambre desde los tiempos de los Reyes Católicos. Gracias a la inversión de unos señores muy serios que posaban en la foto junto al heredero, aquellas gentes iban a tener trabajo y «disfrutar» de la gran riqueza mineral que albergaba el subsuelo. Sus benefactores eran el presidente del Banco Central, don Alfonso Escámez, y el representante de la multinacional Bolidén, don Enrique Dupuy, que se disponían a invertir diez mil millones de pesetas para que unos mil obreros sacaran del fondo de la tierra 12.869 toneladas de cobre-metal, 21.043 toneladas de plomo y 49.214 toneladas de cinc cada año. Aquellos tipos lo tenían todo calculado. Lo del reventón de la balsa y el desastre ecológico vino treinta y tantos años después y lo pagamos todos.

El heredero aparecía también en las recepciones a los pocos dignatarios extranjeros que visitaban Madrid. A veces hacía viajes promocionales y, como su abuelo Alfonso XIII, se fue a visitar las Urdes, pero sin Luis Buñuel. La misma pobreza, las mismas caras. Los lugareños de aquella comarca por la que no pasaba el tiempo le acogían con vivas y aplausos, los mismos vítores que a su abuelo. Él les saludaba con la mano en alto y no les prometía nada. ¿Qué podía prometer si el dictador acababa de remitir una carta a los emigrantes en América, que celebraban un congreso en Caracas, pidiéndoles que no volvieran porque todavía no se daban en España las condiciones para disfrutar de una vida digna?

Juan Carlos y su agradable esposa griega de sonrisa bien elaborada saludaban a las monjitas, elevaban en brazos a los niños de pecho, recibían hermosos ramos de flores, se asomaban a los balcones consistoriales y proseguían su gira promocional por la plural y atormentada geografía española. Querían conocer al pueblo sobre el que iban a reinar y que el pueblo les conociera y les quisiera. El pueblo, como escribió Pio Baroja en Paradox Rey, siempre necesita llevar a alguien encima de la cabeza.

El heredero también visitaba cuarteles, inspeccionaba regimientos y presidía funerales por los oficiales de la Fuerza Aérea que caían como moscas en unas avionetas Piper que eran una mierda. Y asimismo dirigía las maniobras Rebeco en los montes Pirineos al objeto de intimidar a los franceses para que no se pasaran de la raya. Como futuro rey, velaba por los intereses nacionales con viajes a Marruecos para resolver unos problemas sobre la propiedad de unos fosfatos que se extraían en la provincia del Sahara; a Iraq, para obtener suministros de petróleo. Y, en fin, realizaba otras actividades oficiales.

Pero todas, absolutamente todas cuantas la prensa reflejaba, eran mudas, pues el heredero nunca hablaba. Y si no hablaba, mal se podía saber lo que pensaba o si pensaba siquiera. Se notaba que no tenía permiso para hablar. Ni siquiera alzó la voz cuando el dictador acusó a su padre, el navegante don Juan, de andar conspirando en compañía de elementos democráticos –comunistas incluso– y le expulsó de Mallorca y le prohibió navegar por las aguas jurisdiccionales españolas. Si el heredero no era el hijo adoptivo más obediente y disciplinado que podía tener el dictador, lo parecía.

A pesar de ser una incógnita, la mayoría silenciada pensaba que no podía ser peor que el enano asesino del Pardo. Cuatro años después, en 1973, el dictador sufrió una flebitis y, ante el riesgo de que el coagulo sanguíneo le llegara desde la pierna derecha a la cabeza y lo dejara tonto o lo ultimara, activó el mecanismo sucesorio. El heredero asumió por unos días la jefatura del Estado. Fue su estreno. Pero el organismo del dictador, con casi ochenta años de uso, se recuperó enseguida y retomó el mando. Para demostrar que estaba sano se dejó filmar paseando por el Pazo de Meirás y pescando atunes a bordo del Azor. José Luis de Vilallonga escribió que estaba configurado para vivir cien años. Se equivocó. En septiembre de 1975 ordenó las cinco últimas ejecuciones de muerte y dos meses después las diñó. Al funeral acudió su admirador, el asesino Pinochet con su capote y su aire de fantoche. A la posterior e inmediata entronización de Juan Carlos I de Borbón vino Valerí Giscard D’Estaing, presidente de la República Francesa y el tipo que vetó el ingreso de España en el Mercado Común europeo.

Padre e hijo preocupados por la Corona

Ahora que el 20 de noviembre próximo se cumplen 50 años de la muerte del dictador y de la entronización de Juan Carlos I dos días después, éste ha reconocido expresamente que fue Franco quien le nombró rey “para crear un régimen más abierto”. Queda claro que a la dinastía borbónica no la repuso el pueblo, sino el dictador. En una entrevista en Le Figaro, el monarca emérito afirma: “Durante dos años (desde la muerte del dictador hasta la aprobación de la Constitución) tuve todos los poderes. El poder de indultar o de refrendar la pena de muerte. No tuve que hacerlo, gracias a Dios, ya que si hubiera dicho que no entonces, los generales me habrían derrocado». Por Júpiter si no queda claro que a pesar de tener “todos los poderes”, incluida la jefatura de las Fuerzas Armadas, tenía más miedo que un ratón.

La entrevista con Juan Carlos fue realizada por el periodista Charles Jaigu en una mansión con olivos centenarios trasladados desde España, como puede verse en la fotografía tomada por la escritora y periodista Laurencie Debray, publicada por Le Fígaro. La residencia está en la pequeña isla de Nurai, a diez minutos en lancha de la ciudad de Abu Dabi, y fue cedida al exrey por el jefe de Estado de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed. En realidad la entrevista es el aperitivo publicitario del libro de memorias de Juan Carlos que publicará en Francia la editorial Stock el 5 de noviembre con el título de Reconciliación. El libro saldrá después en España, publicado por Planeta. El exmonarca, que cumplirá 88 años el 5 de enero próximo, se ha valido de la pluma de Laurence Debray para contar los pasajes públicos más relevantes de su vida y confesar algunos errores como el de “haber aceptado dinero de Arabia Saudita”. Mucho dinero, a buen recaudo en Suiza y libre de impuestos, conviene aclarar. La periodista amiga del emérito ha sido su logógrafa durante durante años y antes publicó Mi rey caído (Edt Debate).

Así las cosas, habrá que esperar a la aparición de esas memorias para saber por qué no temió ser derrocado cuando rubricó la amnistía a los condenados por luchar por la democracia y los comunistas, socialistas, anarquistas (también los etarras) salieron de las cárceles. ¿No temió el derrocamiento porque no amnistiaron sólo a quienes luchaban por la democracia, sino, sobre todo, a los prebostes del régimen criminal faccioso y represivo derivado del triunfo militar de Franco con la ayuda de Hitler y Mussolini contra la II República democrática española? ¿No temió el derrocamiento porque a los únicos que no amnistiaron fue a los militares de la Unión Militar Democrática, la UMD? Pero al final, el golpe llegó, no contra él, sino contra la democracia. Juan Carlos dice que el 23-F “no hubo un solo golpe, sino tres: el de Tejero, el de Armada y el de los políticos cercanos al franquismo”. ¿Hará alguna alusión a Fraga, Blas Piñar, al comandante José Luis Cortina, cerebro de los espías del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), que no informó a Suárez sobre la trama golpista? A saber. El golpe que más le dolió fue el del general gallego Armada, del que dice: “Alfonso Armada estuvo 17 años a mi lado. Lo quería mucho, y me traicionó”.

El exmonarca anticipa en sus declaración al rotativo francés el deseo de ser recordado no solo como el rey que trajo la democracia –“la democracia no cayó del cielo”, dice–, sino también como el personaje que “evitó una guerra civil”. En ese sentido cuenta que mandó un mensaje al secretario general del PCE, Santiago Carrillo, a través del presidente de Rumanía, Nicolás Ceaucescu, diciéndole: “No desatéis una guerra civil tras la muerte de Franco, dadme tiempo para legalizaros”, lo que ocurrió en abril de 1977, dos meses antes de las primeras elecciones generales celebradas el 15 de junio de ese año. ¿De verdad creía que el PCE iba a desatar una guerra civil? ¿Acaso no sabía que el PCE apostaba por la política de reconciliación desde mediados de los años cincuenta? Atribuir a los comunistas tanta voluntad de discordia y tanta capacidad armada como para desatar otra guerra es tener mala memoria y mala leche.

Lo que de verdad transmitió a Carrillo a través de su amigo Ceaucescu fue que esperaran y no se presentaran a las elecciones con sus siglas, sino como “independientes” para no soliviantar a los militares franquistas. Carrillo, que recorría España desde el día siguiente a la muerte del dictador, le respondió que de eso nada, que si no reconocían y legalizaban al PCE, la fuerza política que más había luchado y sufrido contra la dictadura y sus coletazos (recuérdese la Matanza de Atocha ya en «la sangrienta transición», como tituló Mariano Sánchez Soler su libro al respecto), tampoco ellos podrían reconocer y asumir la monarquía. Así lo escribió Santiago. Y según me dijo una vez Teodulfo Lagunero, el empresario que llevaba a Carillo en sus recorridos clandestinos y le facilitaba un chalé en Madrid, “al rey le importaba un bledo la democracia; a él y a su padre lo que les importaba de verdad era la Corona”. Téngase en cuenta que don Juan no había abdicado de sus aspiraciones y oficiaba con la velita encendida en Estoril, con el conde de los Gaitanes de moñaguillo, la Junta Democrática en el coro y Luis María Ansón de correveidile, pero se presentó en La Zarzuela, pegó un taconazo y exclamó: “¡A sus órdenes, Majestad!” Padre e hijo se abrazaron y asunto resuelto.

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Armas nucleares en órbita, nueva amenaza mundial

Luis Díez.

¿Ha comenzado la militarización nuclear del espacio cósmico? Demasiados indicios afirmativos han llevado a especialistas en la materia como las profesoras Ann C. Thresher y Cruz de Mai’a K. Davis a alertar en la revista de Ética en Asuntos Internacionales sobre “el precipicio cósmico” y a explicar el daño que supondría para la humanidad la instalación de armas en el espacio. Esto sin contar que las potencias mundiales afanadas en la nueva carrera de armamentos, de carácter secreto, violarían el Tratado del Espacio Exterior de 1967, un acuerdo vinculante que designa el espacio como exclusivamente para uso pacífico en beneficio de toda la humanidad.

Fue el general Stephen Whiting, jefe del Comando Espacial de EEUU, creado en 2019 bajo el primer mandato del ambicioso Donald Trump, quien levantó la liebre de la nueva y amenazadora carrera de armamento cuando en una reunión de especialistas en satélites y tecnología espacial instó a intensificar el concepto del espacio como “ámbito bélico”. ¿La guerra de los mundos allí arriba? No exactamente, sino el nuevo imperialismo bélico sobre la alta atmósfera, en la Luna y acaso en Marte. “Es hora –dijo el general Whiting– de que podamos decir claramente que necesitamos fuego espacial y sistemas de armas. Necesitamos interceptores orbitales. ¿Y cómo los llamamos? Los llamamos armas, y los necesitamos para disuadir un conflicto espacial y para tener éxito si nos vemos envueltos en una lucha de ese tipo”.

Podría parecer lógico que en un período de crecientes tensiones geopolíticas con China y Rusia, en gran parte provocadas por la decisión del autócrata canalla Vladímir Putin de invadir Ucrania con sus tanques, drones y misiles, los jefes políticos y los mandos militares de EEUU apostaran por el uso de armas en el espacio como parte de la “seguridad nacional” e incluso occidental si se incluyera a los miembros de la OTAN. Sin embargo, según Davis y Thresher, esa medida no sólo sería “estratégicamente contraproducente”, sino que también “perjudicaría gravemente a quienes dependemos del espacio para nuestro bienestar diario”. Esto se debe a que gran parte de la infraestructura moderna en la Tierra –desde las comunicaciones y las finanzas hasta la predicción meteorológica y la navegación– depende de sistemas espaciales.

Proteger satélites y apropiarse de la Luna

En agosto pasado, el periodista de Associated Press en Wasington David Klepper recogía en un reportaje varios argumentos oficiales que justifican la conversión del espacio en el nuevo campo de batalla del siglo XXI. El gran argumento es la defensa de los satélites estadounidenses de los ataques de sus adversarios. De hecho la Fuerza Espacial de EEUU nació por esa necesidad de proteger los intereses estadounidenses en el espacio. Es una fuerza más pequeña que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, naturalmente, pero está creciendo y pronto se anunciará su cuartel general en Alabama o Colorado. Tengamos en cuenta que, según un comunicado oficial, “el espacio es un ámbito de guerra y la función de la Fuerza Espacial es competir y controlar para alcanzar los objetivos de seguridad nacional”. De momento el ejercito estadounidense opera un transbordador no tripulado para realizar misiones clasificadas (secretas) y de investigación. Utiliza una nave denominada X-37B que ha permanecido más de un año en órbita y regresó recientemente a la Tierra.

Para comprender con cierta precisión las armas espacio-espaciales o armas situadas en el espacio que apuntan a la infraestructura espacial, los expertos hablan de dos categorías: cinéticas y de radiación. Las primeras incluyen los dispositivos que disparan misiles para destruir físicamente objetos en la órbita terrestre baja (LEO). Estas armas antisatélite (ASAT) centran los esfuerzos del SpaceCom de EEUU (antiguo Comando Espacial, hoy Fuerza Espacial del Departamento de Guerra). Las segundas, las armas de radiación, permiten ataques con láser o pulsos electromagnéticos desencadenados para desactivar o inutilizar otros sistemas espaciales. La más destructiva de éstas es la bomba nuclear. Tanto Estados Unidos como Rusia han realizado varias pruebas nucleares en el espacio entre 1958 y 1962. La mayor de ellas, la Starfish Prime –una bomba de 1.4 megatones detonada por EEUU a unos 400 km sobre el Océano Pacífico– creó un pulso electromagnético mucho mayor de lo esperado que destruyó seis satélites, desactivó otros, generó auroras artificiales y apagó el alumbrado público y los servicios telefónicos en Hawái, a más de 1.400 km del lugar de la detonación.

El segundo argumento para colocar armas en el espacio consiste en mantener a raya a los competidores por el dominio espacial. Durante la Guerra Fría y la desintegración de la Unión Soviética, EEUU mantuvo su liderazgo en la carrera espacial, pero ahora siente las nuevas amenazas que representan Rusia y China y quiere dar una “respuesta agresiva”, según el lenguaje del nuevo Departamento de Guerra, que además de cambiar de nombre –antes se llamaba de Defensa– ahora dificulta el acceso al Pentágono incluso a los periodistas con acreditación permanente.

¿Estamos ante lo que se conoce como un dilema de seguridad? Si un país militarizara el espacio, otros sentirían que no tienen más remedio que hacer lo mismo, lo que conduciría a una profecía autocumplida. Si los países creen que se está desarrollando una «carrera espacial» conflictiva porque otros hablan de ella de esta manera, es más probable que esa retórica sobre el uso real de armas espaciales alimente la espiral bélica. Incluso usar un lenguaje bélico al hablar del espacio tiene el poder de crear una profecía autocumplida.

Las riquezas de la Luna es otro gran argumento para impulsar la carrera de armamento en el espacio. A mediados de agosto pasado, el administrador de la NASA, Sean Duffy, anunció los planes de enviar un pequeño reactor nuclear a la Luna y consideró muy importante que EEUU se anticipe a China y Rusia. “Estamos en una carrera hacia la Luna, en una carrera con China hacia la Luna”, dijo Duffy. “Para tener una base lunar, necesitamos energía y algunos de los sitios clave de la Luna … Queremos llegar primero y reclamarla para Estados Unidos”. El astro situado a tres días de viaje desde la Tierra posee minerales valiosos y otros materiales codiciados para las nuevas tecnologías y fuentes de energía. Por ejemplo, la Luna es rica en el isótopo helio-3 que podría emplearse para generar fusión nuclear y crear nuevas centrales de energía limpia sin residuos radiactivos.

Con todo, la protección de los satélites artificiales es lo más importante a corto plazo. Unos 12.000 satélites en órbita facilitan las comunicaciones, la navegación guiada por GPS, la vigilancia militar y de seguridad de los países, las alteraciones climáticas, las cadenas de suministro económico y las consiguientes transacciones financieras. También son esenciales para la detección temprana de lanzamiento de misiles. Pero esto los convierte en un objetivo prioritario para quien pretenda dañar la economía y las defensas de un país. Por ejemplo, lo primero que hicieron los rusos hace tres años al atacar a Ucrania fue hakear un satélite de la televisión ucraniana y emitir el desfile militar de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú, a modo de golpe psicológico para atemorizar a la población.

Si ahora, como aseguran “funcionarios de la seguridad nacional” –espías de la CIA– Rusia desarrolla un arma nuclear espacial diseñada para destruir al mismo tiempo prácticamente todos los satélites en órbita terrestre baja, la carrera armamentista espacial está servida. El arma rusa combinará un ataque físico que se propagará hacia afuera, lo que destruirá más satélites, y el componente nuclear se utilizará para dañar los sistemas electrónicos. El gobierno Trump ha desclasificado información conseguida sobre esa arma después que el legislador Mike Turner, republicano por Ohio, emitiera una advertencia pública sobre esta tecnología. Turner fue desalojado en enero pasado de la presidencia del Comité de Inteligencia del Congreso debido a presiones de la extrema derecha (los del MAGA) y ha pedido al Departamento de Guerra que proporcione a los diputados una sesión informativa secreta sobre esas armas.

Satélites españoles para la OTAN

Entre tanto, la madrugada del viernes fue lanzado con éxito desde Cabo Cañaveral, en Florida, el satélite español SpainSat-2, que proporcionará comunicaciones seguras a las Fuerzas Armadas españolas y de los países aliados. El ingenio ya está orbitando alrededor de la Tierra, con circunferencias cada vez más alejadas hasta alcanzar 36.000 km de distancia. Se complementa con su gemelo SpainSat-1, lazado en enero, y cubrirán dos terceras partes del planeta, proporcionando comunicaciones seguras a la OTAN. Los países que utilicen esta red de comunicaciones deberán pagar por el servicio. Estados Unidos es el segundo cliente, tras las Fuerzas Armadas españolas.

Nuestro país ha invertido mil millones de euros en un proyecto que además de ayudar a la industria nacional a ganar competitividad ha sido calificado como el más avanzado de Europa en comunicaciones seguras, imposibles de interferir, como ha hecho ahora Rusia con Alemania. Para que luego el secretario general de la OTAN, Mark Rutter, un lenguaraz con cara de conejo, vaya a calentar la oreja a Trump contra España. ¿Acaso desconoce que EEUU aporta el 3,5% de su PIB a la defensa mientras exige el 5% a los demás países de la Alianza Atlántica?

Millones de personas protestan contra Trump al grito «¡No King!»

La escalada autoritaria del presidente Donald Trump y sus políticas racistas, supremacistas, machistas, de negación del cambio climático, y, sobre todo, de constante ataque a los inmigrantes, con despliegues del Ejército en Los Ángeles, Washington, Chicago… han provocado la segunda gran protesta contra el mandatario en 2.500 localidades y ciudades de Estados Unidos (EEUU).

Si el 14 de junio pasado fueron más de cinco millones de estadounidenses los que se manifestaron contra la deriva plutocrática y autoritaria del mandatario, ahora han sido más de siete millones los que han aprovechado la jornada de descanso para protagonizar las marchas de protesta. Aunque discurrieron en un ambiente pacífico y festivo, han sido calificadas por el gobernante Partido Republicano como «manifestaciones de odio a Estados Unidos».

Reproducimos aquí instantáneas ofrecidas por la prensa local, así como videos representativos de cómo fue la protesta en algunos pueblos. En Sedona, por ejemplo, un video muestra a una multitud con carteles a lo largo de la Ruta Estatal 89A. Los manifestantes de Payson, también en Arizona, se vistieron con disfraces y exhibieron sus carteles. Más al norte, miles de personas se reunieron frente al Ayuntamiento de Flagstaff mientras los autos que pasaban les tocaban la bocina, según mostró un video publicado por KNAU. Es solo una muestra del creciente rechazo al personaje que en su día arengó a sus seguidores a asaltar el Capitolio tras perder las elecciones contra el demócrata Joe Biden.

En Washington

Chicago

Nueva York

Los Ángeles

Dallas

Colorado

Louisville

Porland

Orlando

Minneapolis

Miami

«¡Ánimo Alberto!»

Luis Díez.

Carente de discurso y proyecto propio sobre el futuro de nuestro país, el presidente del principal partido de la derecha, Feijóo, asiste atónito desde que llegó a Madrid, hace tres años y medio, al creciente prestigio y valoración del presidente del Ejecutivo español en el ámbito internacional. Su valía y capacidad es indudable en el seno de la Unión Europea (UE), donde ha encabezado propuestas de éxito, beneficiosas para nuestro país en materias tan decisivas como el mercado energético y la recuperación económica después de la amarga pandemia del Covid-19. Su paciencia y resistencia es encomiable frente a la política ratonera de los patriotas de la derecha, día y noche entregados al ruido y la mendacidad. Su defensa de los intereses españoles en Europa y en el mundo es loable por el fundamento, la firmeza y la capacidad de diálogo y negociación que despliega ante otros mandatarios. No solo conecta con las necesidades de amplios sectores sociales y económicos, sino también con los valores y emociones de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Lo hemos visto en la causa por la supervivencia de Palestina, anticipándose a otros grandes países en el reconocimiento del Estado Palestino y acumulando fuerza social y moral para obligar al genocida Benjamín Netanyahu y forzar a su cómplice, el militarista faccioso Donald Trump, a parar el exterminio de palestinos en Gaza.

Con una mayoría precaria en el Parlamento y unas alianzas de gobierno con esa izquierda del PSOE siempre tendente a enfatizar la pluralidad y acentuar las diferencias fraccionarias, el socialista Sánchez realiza una política interna equilibrada y positiva para la clase media trabajadora que le sitúa a gran distancia de la época en que el PP, con mayoría absoluta, recortaba derechos a los trabajadores, implantaba el despido libre a coste mínimo –para “crear empleo”, decían–, subía impuestos a los asalariados mientras decretaba amnistías para los grandes defraudadores, congelaba las pensiones de los jubilados y legislaba para impedir que volvieran a subir igual que los precios al consumo o, en fin, no promovía una sola vivienda social y vendía a precio de saldo las pocas que había en Madrid a los fondos buitre, convenientemente asesorados por un hijo de la alcaldesa Ana Botella y el expresidente Aznar, gran privatizador, amén de belicoso y tramposo para no ir a la mili. La reversión de aquella política nefasta y la reparación de la sima con Cataluña que, no olvidemos, celebró aquel 1 de octubre de 2017 su referendo de autodeterminación con 2,1 millones de votantes (el censo era de 5,3 millones) a favor de la República Catalana, añaden épica, audacia y acierto a la política del presidente Sánchez.

Aunque no estemos en tiempo electoral conviene pedir “calidad” a los políticos y, como decía el Miquel Roca de los mejores tiempos, tendríamos que ir a votar como quien va a comprar un coche, una lavadora o frigorífico: “Escolteu! Que almenys funcioni!” (¡Óiga, que al menos funcione!). Por suerte, el presidente Sánchez funciona y, haciendo de la necesidad virtud, está conduciendo al país a unas mejoras sociales apreciables y tasas de empleo y crecimiento económico sostenido por la senda de la economía sostenible que provocan la admiración de muchos países. Eso enfurece a una oposición reaccionaria que no descansa en su producción de bulos, insultos y causas para deteriorar a Sánchez, atacando a su esposa, su hermano y hasta su suegro que en paz descanse con la colaboración de algunos jichos judiciales tan contaminados como celosos de su independencia. Es lo que pasa cuando se judicializa la política como han hecho los dirigente del PP no solo en respuesta a los independentistas catalanes, sino también como ardid ante el nuevo impulso corrupto que encabezan la nueva millonaria Ayuso y su pareja Alberto González Amador.

Si la lenguaraz Ayuso, quien lo mismo acusa al presidente del PNV de amenazarla de muerte como cuando la ETA cometía atentados, que se declara insumisa o ajena al cumplimiento de la ley del aborto –“Vayanse a otro lado a abortar”, ha sido su último grito–, que llama “bilduetarras” a los parlamentarios vascos democráticamente elegidos, etc. etc., fuera mínimante eficaz, Madrid no tendría un transporte público masificado y hecho unos zorros, unos precios insoportables de la vivienda y, desde luego, un porcentaje de abortos tan escaso en la sanidad pública (el 0,2% de los registrados en 2024). Si su colega el alcalde José Luis Martínez-Almeida Navasqués no comulgara con Vox para aterrar con síndromes monstruosos a las mujeres que se ven abocadas a abortar. Y si, en fin, el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, se hubiera mostrado eficaz en sus competencias sanitarias, miles de mujeres –se han contabilizado 3000 de momento– habrían recibido urgentemente los resultados de sus mamografías ante los signos de un posible cáncer de mama, para que se sometieran a nuevas pruebas diagnósticas y en su caso al consiguiente tratamiento. Pero no les enviaron los resultados “para no alarmarlas”, dijo Bonilla, quien cesó a su consejera de sanidad, y van tres. Si a tanta ineficacia con resultado de muerte –incluido el cruel comportamiento de Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia– se añaden las actitudes de otros reputados presidentes autonómicos del PP (con Vox), como el valenciano Carlos Arturo Mazón Guixot, un inútil falsario de lo peor, como demostró ante la DANA del 29 de octubre del año pasado que costó la vida a 229 personas en Valencia sin que la Generalitat alertara a tiempo a la población, o como el salmantino Alfonso Fernando Fernández Mañueco, que no se sabía por donde andaba cuando ardían Las Médulas en el Bierzo. Después apareció para la foto mientras se quemaban varias aldeas, ardían miles de hectáreas de monte, bosque, viñedos y frutales en León y Zamora y Salamanca –además de Orense, tierra de Feijóo– y morían dos voluntarios y un bombero forestal, al tiempo que cuatro militares de la UME y numerosos paisanos resultaban heridos en su lucha contra el fuego.

Ante tamaña exhibición de «calidad» de los presidentes autonómicos del PP y buen «funcionamiento» en momentos decisivos –así gobierna el PP– es comprensible que el aspirante al sillón de La Moncloa y supuesto jefe superior de la tropa, señor Feijóo, se desespere y descargue su inquina contra el presidente del Gobierno, en dura competencia con la deslenguada Ayuso. Una le llama “hijo de puta” y el otro amplía el concepto para afirmar que “se beneficia” de la prostitución, lo que incluye al vulgarmente llamado “chulo putas”. Es razonable que el elevado discurso de un hombre de Estado sometido a tan cruel competencia de la ultraderecha interna y externa provoque incluso la solidaridad del presidente Sánchez, impresa en su respuesta: “¡Ánimo Alberto!”

El castellano gana a Trump en la Super Bowl

Luis Díez.

Cuentan las crónicas que a las pocas horas de jurar el cargo, el 20 de enero pasado, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, clausuró la web en español de la Casa Blanca. En agosto pasado ocurrió lo mismo en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano. Unos meses antes, en marzo, firmó la orden ejecutiva 14224 que designa al inglés “idioma oficial” de EEUU, como si no lo fuera con anterioridad.

Al observar esas acciones de menosprecio hacia el español, segunda lengua en EEUU, surge la pregunta de qué le habrán hecho los hispanohablantes a ese señor. ¿Qué delito habrán cometido para que el mandatario se haya apresurado a despreciar su lengua y, por supuesto, a despreciarlos a ellos? No hace falta laboriosas investigaciones para que cada cual –incluidos los ultras admiradores de ese tipo aquí– saque sus conclusiones ahora que se acerca la día de la Hispanidad.

Para hacerse una idea del valor en EEUU de la lengua de Cervantes, Rulfo, Cortazar, García Márquez… conviene saber que conecta con las raíces de 65,2 millones de personas de ascendencia latina, según explica Gonzalo del Puerto, director de actividades culturales del Instituto Cervantes en Los Ángeles (California). El propio Instituto –creado por un gobierno socialista en 1991 para promover y divulgar las lenguas y culturas españolas– ubica en ese gran país cinco de sus 90 sedes repartidas por el mundo. Están en Nueva York, Chicago, Albuquerque, Seattle y Los Ángeles.

Recuerda Gloria Arjona, profesora del Instituto de Tecnología de California, que el castellano es una de las garantías que se concedió a los habitantes, al igual que la cultura y la religión, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos. En una nota para Los Ángeles Times con ocasión de la feria del libro LéaLa, celebrada a finales de septiembre pasado, Arjona explica que aquel tratado no impuso el inglés a los habitantes que quedaron en los estados actuales de California, Nevada, Utah, Nuevo México y en las partes de Arizona y Colorado de las que se apoderaron los Estados Unidos. “La realidad histórica –concluye la profesora–, es que el español se habló más de cien años antes que el inglés en esas tierras estadounidenses y no se puede erradicar la historia de un país ni suprimir un idioma cuando hay millones de hablantes”.

Del vigor del español en EEUU son buena prueba algunas ferias de libro que, como la de Miami, contribuyen a realzar la buena literatura en español y dan orgullo a los hispanohablantes. La periodista y gestora cultural argentina María Gal Lerner, directora del programa de autores iberoamericanos de esta feria desde hace veinte años, califica el evento de “plataforma ideal para dar al español la importancia que merece en este país, porque Estados Unidos es una nación bilingue”.

Pero no todo es crecimiento y buena salud para el castellano en EEUU, pues si al desprecio y las andanadas del supremacista Tramp –un militarista que emplea al Ejército contra los inmigrantes en las ciudades como si fueran terroristas– se añade la discriminación social contra los hispanos, enseguida vemos que el uso de la lengua en la que nos comunicamos más de 600 millones de humanes en el mundo empieza a ser un acto de rebeldía y resistencia en demasiadas zonas de ese país.

Lo resume bien la crítica cultual y profesora de la Universidad Estatal de Misisipi Karina Zelaya, quien aboga por estudiar a fondo lo que sucede con la lengua en comunidades y estados donde los latinos son grupos minoritarios y se sigue viendo el español como una discapacidad. “Todavía se sigue discriminando a un joven que habla español o inglés con acento; cambiar ese tipo de perspectiva o ideología es muy importante porque mientras más se siga estigmatizando a los niños que hablan español, también ahí se va perdiendo la lengua”.

Mientras tanto, la gran noticia para millones de hispanohablantes en EEUU surgió esta semana cuando los organizadores de la Super Bowl anunciaron que el cantante puertorriqueño Bad Bunny protagonizará el espectáculo del medio tiempo. Para disgusto del inquilino de la Casa Blanca y sus dogmáticos dispersores de odio a los inmigrantes, la NFL o National Football League, Apple Music y Roc Nation buscan ofrecer un espectáculo que celebre la diversidad sin encender controversias. Para ellos lo más importante del gran evento programado para el 8 de febrero de 2026 en el Estadio Levi’s de Santa Clara (California) son los anunciantes, es decir, el dinero.

Bad Bunny, de 31 años, cuyo nombre real es Benito Martínez Ocasio, se ha convertido en uno de los artistas más reproducidos del mundo con álbumes completamente en castellano, ha ganado tres Grammy y 12 Latin Grammy. Llega a los trofeos de este año, en noviembre, como el músico con más nominaciones y está considerado como el principal embajador global de la música latina.

Pero Bad Bunny es además de un músico fabuloso un creador sensible que proyecta su identidad puertorriquense, el yugo colonial y la lucha de los inmigrantes. De ahí su dedicatoria al anunciar su aceptación como estrella principal del descanso en la Super Bowl: “Esto es para mi gente, mi cultura y nuestra historia”.

El artista, que a finales de 2024 apoyó a la candidata demócrata Kamala Harris después de que un telonero de Trump se burlara de Puerto Rico llamándole “isla flotante de basura”, difundió más tarde un video en el que mostraba las playas y algunos artistas puertorriqueños que tituló “Basura” a secas. Este año, la guerra interna de Trump le ha llevado a no actuar en EEUU para evitar detenciones de asistentes a sus conciertos.

La crítica de Bad Bunny a la política migratoria del mandatario republicano ha sido explícita y con pasajes no exentos de ironía como cuando en julio pasado lanzó el video “NUEVAYoL” en el que se oía una voz casi igual a la de Trump que decía: “Este país no es nada sin los inmigrantes”. Pues eso.

En contraste con el disgusto de los trampistas por la elección, por primera vez, del artista que comunica en castellano, el gobernador de California, Gavin Newsom, escribió en X: “California está emocionada de darte la bienvenida al Super Bowl LX”.

Trump y Netanyahu se estrellan contra la ONU

Luis Díez.

Las sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, celebradas durante la semana en su sede de Nueva York han proyectado la exigencia casi unánime al Estado de Israel de que ponga fin al exterminio de palestinos de Gaza. Incluso Donald Trump, el gran aliado y amigo del presidente israelí, Benjamín Netanyahu, se sumó al clamor de que pare la masacre. Cierto es que Trump no viene de trompa sino de “trampa” y que el potentado que preside el país más poderoso y temible del globo (en armas y capacidad destructiva) no ha alcanzado el privilegio que atribuía Albert Camus a los seres más evolucionados: ser rey de sus humores. Pero el hecho de que corrigiese a Netanyahu y anunciara que este lunes va a ponerle las peras a cuarto para que acabe con la guerra y renuncie a la anexión de la Franja, abre un rayo de esperanza de paz en Oriente Medio.

Se nota, en todo caso, que el inestable, cínico y contradictorio presidente de Estados Unidos (EEUU) no desea verse envuelto en la acusación política, de momento, de cómplice del genocidio contra el pueblo palestino. Se ve que el anfitrión de los jefes de Estado y de Gobierno asistentes a la asamblea anual de la ONU se debió de sentir altamente impresionado por la estampida de casi todas las delegaciones, menos la estadounidense, ante la presencia del criminal Netanyahu en la tribuna de oradores. Y se comprende, en fin, que un personaje que hace ocho meses anunciaba la conversión de Gaza en un territorio turístico similar a la Costa Azul francesa, con resorts, casinos y toda suerte de negocios manejados por Israel y EEUU para satisfacer a visitantes y veraneantes millonarios, haya acabado aceptando, al menos en apariencia, la realidad insoslayable.

La ONU, horrorizada por la masacre de Israel en Gaza, ha tomado nota de los crímenes de guerra y del genocidio perpetrado por orden de Netanyahu –aunque el tipo se sigue escudando en la aplicación de la ley del talión contra los terroristas de Hamas que irrumpieron en el festival de música de Reim, en territorio israelí, el 7 de octubre de 2023 y mataron, dice él, a “más de mil personas” (sobre el terreno se recogieron 364 cadáveres)–, pero también ha exigido a Trump y a los mandatarios de otros países de la OTAN que no sigan suministrando armas al genocida.

Para eso sirve la ONU, por más que Trump la ridiculice y obstaculice. Para eso, y para proyectar al conjunto del mundo el reconocimiento del Estado de Palestina que, siguiendo el ejemplo de España hace un año, han firmado ahora Francia, Portugal, Bélgica, Malta, Reino Unido, Australia y Canadá. Esa decisión significa un inequívoco apoyo a la paz y a la convivencia que han de ser negociadas entre los dos Estados soberanos e independientes en pie de igualdad. Es decir, todo lo contrario al apartheid y el gradual exterminio de palestinos que viene practicando Israel y que ha acelerado con más de 65.000 muertos por hambre, disparos y bombazos desde hace dos años para apoderarse de la Franja de Gaza. Las dos treguas y la devolución de los rehenes apresados por Hamas hace dos años le han importado una higa a Netanyahu, quien no ha dudado en romper las treguas y bombardear a los negociadores palestinos en Doha (Catar), como prueba de que su estrategia es el exterminio.

La semana de la diplomacia por excelencia ha servido también para que Trump exhiba su absoluto desprecio a la diplomacia, precisamente. El mandatario venía de presidir el homenaje multitudinario a su amigo y valedor ultra ortodoxo del movimiento MAGA, Charlie Kirk, celebrado en Arizona. Acababa de proclamar su “odio a los oponentes”, en contraste con el mensaje de Erika, la viuda de Kirk, quien dijo que perdonaba al asesino de su marido y afirmó que “la respuesta no es el odio, sino el amor”. Se colocó en la tribuna de oradores y con un tono ora irritado, ora irónico y burlesco, perpetró un monólogo plagado de falsedades, dicterios y reproches al resto de los países occidentales, sobre todo, por no secundar sus políticas de persecución de los inmigrantes y por seguir primando las energías limpias y renovables para preservar la vida frente a la amenaza catastrófica del calentamiento global y el cambio climático.

El primer ataque de un airado Trump fue contra la ONU, precisamente, a la que acusó de no servir a la paz y no ofrecer más que “palabras vacías”. Ante el pasmo de muchos jefes de Estado y de Gobierno lanzó su consabida bola molondrónica: “Acabé con siete guerras, negocié con los líderes de todos y cada uno de estos países y ni siquiera recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndose a ayudar a cerrar un acuerdo”. Y a falta de otro recurso, aprovechó la circunstancia de que una escalera mecánica se paro mientras subía su esposa Melania y el hecho de que el cristal invisible que permite leer los discursos sin hacer el pajarito tuviera poca nitidez, para rematar su invectiva: “Estas son las dos cosas que recibí de las Naciones Unidas: una mala escalera mecánica y un mal teleprompter. Muchas gracias”.

Como es sabido, Trump retiró a EEUU de organismos de Naciones Unidas como la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos y canceló su aportación para la cooperación y el desarrollo, así como la ayuda contra el hambre y la acción humanitaria a favor de los refugiados y desplazados por las guerras, tiranías y catástrofes. Al igual que ya hizo en su primer mandato, también se retiró de la Organización Mundial de la Salud. Eso sin contar que EEUU ha dejado de pagar sus deudas a la organización desde que Trump asumió el cargo en enero y que aún tiene atrasos de 2024. Por si fuera poco, el campanudo presidente está aplicando una política de visados miserable y selectiva, como corresponde al individuo que dice odiar a sus oponentes. Así, ha impedido al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, asistir a las sesiones de la Asamblea General y ha impuesto restricciones a la representación iraní.

En este punto, cabe añadir que Trump y sus subordinados sopesan estos días la retirada del visado al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero ante la previsión de que actúe de mediador de las negociaciones en suelo estadounidense para una cambio tranquilo en Venezuela que facilite la retirada del actual presidente Nicolás Maduro. Como es sabido, Trump tacha de “narcotraficante” a Maduro, le acusa de enviar terroristas a EEUU disfrazados de inmigrantes y ha ofrecido 50 millones de dólares de recompensa a quien facilite su detención. Esa cifra duplica la que George W. Bush ofrecía por la captura de Osama bin Laden tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Además de la evidente burla de los usos diplomáticos al utilizar la tribuna de la ONU para arremeter contra la propia institución, a la que también acusó de propiciar la inmigración ilegal (“invasión” le llamó) por ayudar a los refugiados, el mandatario estadounidense laminó el protocolo diplomático no escrito del organismo multilateral al citar los nombres de los países a los que criticó, caso de Alemania y Reino Unido por sus políticas de energía verde, de Grecia y Suiza por permitir la entrada de inmigrantes y de Brasil por lo que calificó de “censura y represión”, en referencia a la reciente condena a 27 años de prisión de su amigo el expresidente Jair Bolsonaro por la intentona golpista de 2022, cuando apeló a las Fuerzas Armadas para evitar la toma de posesión de Lula da Silva como nuevo presidente tras ganar las elecciones.

Luego ya, según Trump “el cambio climático es la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo” y la inmigración “un ataque contra los países occidentales y sus fronteras”. Se puso varias medallas por sus redadas contra los inmigrantes, sus logros económicos (con datos falsos) y sus políticas negacionistas, promotoras de los combustibles fósiles y concluyó: “O siguen mi ejemplo o sus países se van al infierno”. La mayoría de los intervinientes evitaron responder al monólogo trumpista, de casi una hora de duración, y, como hizo el rey Felipe VI, destacaron el papel de la ONU y abogaron por la paz y el diálogo multilateral. Al presidente colombiano, Gustavo Petro, quien refutó las afirmaciones de Trump sobre los supuestos narcotraficantes venezolanos bombardeados por la armada estadounidense en el Caribe y pidió a los soldados que no obedezcan las órdenes de disparar, le retiraron el visado.

La IA te plagia, te engaña, te anula

Luis Díez

La mayoría de los adolescentes de nuestro tiempo poseen uno o más amigos virtuales. Les consultan sus dudas e incertidumbres, hablan con ellos sobre asuntos trascendentes o inconsútiles, los usan para estudiar menos o evitar el esfuerzo de estudiar, los utilizan para pensar poco o no pensar y, en fin, los emplean para validar sus comportamientos. Se puede decir que millones de jóvenes no sabrían vivir sin esos amigos. Esos colegas, los bots de la llamada Inteligencia Artificial (IA), influyen de un modo determinante sobre millones de niños y adolescentes. Y si los legisladores encargados de preservar la bioética y los derechos individuales del ser humano no lo remedian, la IA acabará dictando las pautas de pensamiento y comportamiento de los humanes.

Los compañeros de IA son plataformas diseñadas para servir de “amigos digitales”. Se pueden llamar Replika o de otra manera. Se pueden personalizar con rasgos y personalidades a gusto del consumidor y ofrecen opinión, sabiduría, conversación, compañía y apoyo emocional hasta el punto de parecer humanos. Otras plataformas diseñadas para responder preguntas, como Claude o la famosa ChatGPT, se utilizan también como amigos y terapeutas contra la soledad, el desamor y otras aflicciones, decepciones y disgustos personales.

En un extenso reportaje, la periodista Jocelyn Gecker, de Associated Press, concluyó que la IA está desempeñando un papel mucho más importante del que suponemos en la vida de los adolescentes. En realidad muchos padres no tienen ni idea de lo que está pasando con sus hijos. Hasta ahora la preocupación por las trampas escolares ha dominado el debate sobre los niños y la IA, pero lo cierto es que está desempeñando un papel mucho más importante en muchas de sus vidas, convirtiéndose en una fuente de referencia para obtener consejos personales, apoyo emocional, toma de decisiones cotidianas y resolución de problemas.

Esto supone un cambio sideral en las relaciones humanas. A diferencia de padres, hermanos y amigos reales, la IA siempre está disponible, no se aburre contigo, nunca te juzga, siempre te acompaña, jamás te lleva la contraria, siempre encuentra interesantes tus preguntas, opiniones y emociones. Son respuestas comunes y coincidentes de muchos menores a las preguntas de Gecker. “Es como si los bots estuvieran reemplazando definitivamente nuestras relaciones con otras personas”, afirma Gecker. Y lo más impresionante es que el grado de satisfacción de las relaciones con amigos virtuales es igual o superior, según las encuestas, a las conversaciones con amigos de carne y huesos.

Es lógico que la satisfacción del trato con los bots sea creciente, dado que esos colegas son amables, educados, serviciales, listos, hablan bien, te ayudan, nunca te contradicen y siempre aprueban y validan tus impresiones y comportamientos. Esto en unas mentes en formación de chicas y chicos de diez, doce, quince años, implica unos riesgos a los que deberían prestar mucha atención los padres, docentes y legisladores. La IA, desregulada y con un empuje igual o superior a los teléfonos digitales y las redes sociales, puede acabar creando generaciones de individuos torpes e inadaptados para las relaciones sociales.

Dice Michael Robb, autor principal de un estudio realizado en abril y mayo por Common Sense Media sobre el impacto de la IA en los jóvenes, que los compañeros virtuales deberían complementar y no reemplazar las interacciones del mundo real. “Si los adolescentes desarrollan habilidades sociales en plataformas de IA donde se los valida constantemente, no se los desafía, no aprenden a leer señales sociales ni a comprender la perspectiva de los demás, no estarán preparados adecuadamente para el mundo real”.

La organización sin ánimo de lucro Common Sense, en cuya ejecutiva se encuentran el director general de Goldmand Sanch, David Ludwig, así como la directora de la Fundación Comunitaria de Silicon Walley, Nicole Taylor, ha realizado también una evaluación de riesgos de las aplicaciones de IA más populares y ha detectado que tienen restricciones de edad ineficaces en materia sexual, que dan consejos peligrosos y que ofrecen contenidos dañinos. Esta organización recomienda que los menores de 18 años no utilicen aplicaciones de IA.

Sin embargo el impacto de la IA es tan asombroso que algunos estudiantes reconocen que acudirían al ChatGPT antes de sacar el bolígrafo para escribir sobre cualquier asunto. Otros no encuentran razones para hacer amigos reales con los que practicar deportes colectivos y librarse de las adición o atadura que les provocan los chatbots. “Si las redes sociales satisfacen la necesidad de muchas personas de ser vistas y oídas, creo que la IA complementa otra necesidad mucho más profunda: nuestra necesidad de apego y de sentir emociones”, dice un joven consultado. Es una de las múltiples aplicaciones de la IA para configurar el futuro ser humano. La IA hará tantas cosas por nosotros que el plagio de todas y cada una de nuestras capacidades, multiplicado por miles de millones de dólares permitirá detentar el poder a unos entes llamados OpenAI, Scale AI, Anthropic, Perplexity y Databricks, etcétera, cuyos propósitos y objetivos desconocemos.

Se van acuñando palabras como “tecnofeudalismo” para referirse al sistema político y legal del futuro y al papel que nos espera como siervos de la gleba. También se habla de los transhumanos capaces de habitar en otras realidades, no sabemos si en este u otros planetas e incluso complejos espaciales, pero lo cierto es que en la lucha por ese poder se están gastando millonadas que en buena lógica deberían servir para el desarrollo armónico, sin guerras, plagas, hambrunas ni canalladas como el genocidio contra los palestinos de Gaza por parte del Estado de Israel y su presidente Benjamín Netanyahu con el autócrata Donald Trump como cómplice principal.

Cierto que eso es mucho pedir y que, por el momento, las tecnológicas estadounidenses se dedican a competir contra las tecnológicas chinas, a litigar entre sí, a ver quién corre más, quien plagia mejor –hasta el New York Times ha demandado a Open AI por apropiarse de millones de contenidos con derechos de autor–, y en ese mundo de ingenios y minería de datos, a ver quien consigue dominar el mundo y uno de los recursos más dúctiles y abundantes que hay: el ser humano.

De la excrecencia mental a la violencia política

Luis Díez.

Solo un miserable con la mente muy sucia podía utilizar en la política partidista española el asesinato del activista de la utraderecha del Partido Republicano estadounidense Charlie Kirk. Es lo que ha hecho el hombre fuerte del PP, Miguel Tellado, al lanzar la pregunta de qué ocurriría aquí si el asesinado fuera de izquierda y el asesino de derecha. ¿En qué y en quién estaba pensando el susodicho al plantear tal hipótesis? ¿Daba por supuesto Tellado que el autor del disparo contra Kirk, perfectamente desconocido en España aunque muy elogiado por el presidente de EEUU Donald Trump, era de izquierdas antes de que la policía lograra averiguar su identidad e ideología y consiguiera detenerle?

A determinados botarates políticos sin talento natural ni más programa para nuestro país que la liquidación (incluso física) del adversario político se les escapa el ansia de crispar, azuzar y deteriorar la convivencia entre la gente. Un día dice el orondo del PP que ya están “cavando la fosa” para el presidente Pedro Sánchez y los suyos, al siguiente aparece su jefe Alberto Núñez Feijóo coreando en un karaoke el famoso “hijo de puta” dirigido a Sánchez con la fórmula frutera de su subordinada Ayuso y al siguiente vuelve el grueso a la materia cruel a cuenta del influencer trumpista Krik, a quien algunos sectores políticos y religiosos quieren convertir en mártir y, por supuesto, vengar su muerte.

¿De verdad el ruin Tellado busca algo similar en nuestro país? ¿Es eso todo lo que puede aportar a la convivencia un responsable político supuestamente creíble? ¿De verdad añoran el terrorismo político, valga la redundancia? La paz, la convivencia, las libertades públicas y la democracia como el mejor sistema político conocido son asuntos muy delicados para tratarlos con el trazo grueso y la chabacanería que emplean los líderes del PP, dizque “hombres de estado” en dura lid contra los malvados socialistas y feroz competencia con el ultraderechista visitante de Trump y Netanyahu, el Santi Abascal de la señora Aguirre.

A propósito de la muerte de Krik, quien recibió un disparo mientras hablaba bajo una carpa en el campus de Orem, en la Universidad de Utah Valley, también conviene señalar que el presidente Trump ha perdido una oportunidad excelente, otra más, de afrontar la restricción del libre acceso a las armas de fuego en su país.

Pero además, Trump ha desaprovechado la ocasión de hacer un llamamiento a la convivencia pacífica frente a los sectores más radicales de su partido que reclaman venganza. Por el contrario, ha añadido leña al fuego al afirmar el 10 de septiembre, horas después de la muerte de Krik, que la retórica de la “izquierda radical” era “directamente responsable del terrorismo que estamos viendo hoy en nuestro país”. Dos días después insistió en Fox y Friends que “Los radicales de izquierda son el problema, y ​​son crueles, horribles y políticamente astutos”.

Por su parte los demócratas condenaron el asesinato y han lanzado mensajes contra el odio y la violencia política. La congresista progresista y activista neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez declaró que «el asesinato de Charlie Kirk corre el riesgo de desencadenar un caos político y una violencia que no podemos permitirnos en Estados Unidos”. Y el líder demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, dijo en una publicación del 10 de septiembre en X que “la violencia política NUNCA es aceptable”.

Aunque resulte paradójico, el último diálogo de Krik antes de recibir el balazo en el cuello que acabó con su vida fue con un TikToker autocalificado de liberal que le preguntó sobre los tiroteos masivos en los que están implicadas personas trans. En 2023, Kirk se sentó en el escenario de la Iglesia Awaken en Salt Lake City y dijo: “Creo que vale la pena pagar, lamentablemente, algunas muertes por armas de fuego cada año para que podamos tener la Segunda Enmienda y proteger nuestros otros derechos otorgados por Dios”.

Y dos días antes de su muerte retuiteó un video de sí mismo diciendo que “se avecina una batalla espiritual para Occidente”, con “el wokeismo o marxismo combinándose con el islamismo” para atacar “el estilo de vida americano, que es, por cierto, la cristiandad”. El propagandista de Trump, de 31 años, era acogido en campus y salones universitarios para celebrar charlas y debates con los estudiantes. En su caso, al contrario de lo que ocurrió con las protestas contra el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, no había riesgo de que los centros fueran multados.

Su virulenta retórica contra las minorías raciales y religiosas, las personas LGBTQ+, las mujeres sin hijos, los progresistas y quienes discrepaban con él alcanzó extremos como calificar de “grave error” la ley de derechos civiles de 1964 y tildar de “horrible” a Martin Luther King. En un podcast llegó a pedir que si algún patriota de San Francisco o del área de la Bahía quería ser un héroe solo tenía que pagar la fianza del tipo que agredió con un martillo al esposo de la expesidenta del Congreso, Nancy Pelosi en 2022.

El matón que dibujaba sus mentiras

Luis Díez

El siguiente en la lista de críticos amenazados la semana pasada por Donald Trump es el exgobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie. Este antiguo antiguo colaborador de Trump –lideró su equipo de transición presidencial en 2016– compitió con él en las primarias republicanas de 2024 y no ahorró críticas a su figura. Hace unos días desveló en una entrevista a la cadena ABC que Trump había afirmado en campaña electoral ante determinadas personas que “configuraría un Departamento de Justicia capaz de actuar como su representante legal personal, y eso es lo que ha hecho”.

Ni que decir tiene que el presidente de Estados Unidos negó que maneje a su antojo y en beneficio propio la Administración de Justicia. Entonces Chistie entró en materia, el asunto que más perjudica a Trump ante sus bases ultraderechistas: su amistad con el procesado por pederastia Joffrey Epstein, un ricacho que organizaba fiestas sexuales con menores de edad. Ese Epstein se suicidó en la cárcel en 2019, según la versión oficial.

Trump nunca negó su amistad con el reconocido autor y promotor de delitos sexuales contra menores –de hecho conoció a su tercera esposa, Melania, en una fiesta organizada por Epstein en Nueva York–, pero aseguró que rompió con él en el año 2000 a raíz de una disputa por la compra de una casa en Miami. Trump prometió además en campaña electoral que desclasificaría y publicaría la información incautada por el FBI al depravado personaje. Quería despejar así cualquier duda sobre su comportamiento.

Pero en cuanto ganó las elecciones y empuñó el poder se olvidó de aquel asunto menor de su glorioso pasado. Entonces se lo recordó Elon Musk cuando dejaron de ser amigantes. “No publicas la lista de Epstein porque estás en ella”. Eso le dijo. Trump se enfadó muchísimo y le amenazó con “revisar los contratos a sus empresas”. Finalmente sellaron la paz. Pero el asunto Epstein volvió al primer plano de la actualidad para disgusto del presidente.

Entonces el antiguo abogado de Trump, ahora convertido en fiscal general adjunto de la Corte Suprema, Todd Blanche, tuvo la luminosa idea de practicar un interrogatorio a la compañera y cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión. La entrevista permitió a Maxwell afirmar que Trump y otros famosos personajes no estaban implicados en la trama de tráfico sexual por el que ella y Epstein fueron procesados.

Trump ordenó que se publicara la transcripción textual. Pero entonces salió el crítico Chistie a tachar de vulgar farsa un interrogatorio que la hija del famoso magnate de medios de comunicación Robert Maswell, muerto en Canarias en 1991, aprovechó para pedir el indulto. “Bien podía haber dicho –ironizo Chistie–: ‘el hombre que puede indultarme nunca ha hecho nada malo. El hombre que puede indultarme siempre ha sido maravilloso”.

Aunque la reclusa Maxwell aseguró que Trump era un amigo “cordial” y “amable” que no participó en “ninguna irregularidad” (en referencia a las fiestas sexuales con menores), la burla del exgobernador y antiguo colaborador enfureció a Trump, que le amenazó con reabrir el caso Bridgegate, una estratagema de Chistie consistente en cortar varios carriles del puente George Washinton para formar atascos en venganza contra el alcalde demócrata por no haber respaldado su reelección como gobernador.

La verdad es que el belicoso Trump, cómplice del genocidio de Netanyahu en la Franja de Gaza, no logra quitarse de encima el caso de su antiguo amigo Epstein sobre tráfico sexual con menores para ricos y famosos. El 18 de julio demandó al Wall Street Journal por reseñar una nota que Trump habría remitido a Epstein felicitándole el cumpleaños con un dibujo de una mujer desnuda. “Esas no son mis palabras ni mi forma de hablar. Además yo no hago dibujos”, afirmó en redes sociales.

Mintió. Pero cuando la verificadora del New York Times Linda Qui documentó que Trump donaba regularmente dibujos a organizaciones benéficas a principios de la década del 2000, admitió que “a veces la gente me decía: ‘¿Dibujarías un edificio? Y yo dibujaba cuatro líneas y un tejadito, ya sabes, para una cosa benéfica. Pero no soy una persona que dibuje. No hago dibujos de mujeres, eso te lo puedo decir. Dicen que hay un dibujo de una mujer, y yo no hago dibujos de mujeres”.

Algunos dibujos de Trump se subastaron a favor de la Misión Capuchina que dispensa alimentos a más de 3.000 familias cada semana en los barrios más pobres de Nueva York. Después de todo, aquel magnate inmobiliario que llegó a presidente, arengó a sus seguidores a asaltar el Capitolio en 2021 antes de reconocer la derrota y protagoniza ahora los más crueles episodios del desorden internacional, hizo algo positivo por alguien, aunque solo fueran dibujos.

Algunos dibujos realizados por Donald Trump en su época de magnate inmobiliario y publicados por The New York Times para demostrar que no dijo la verdad cuando afirmó que él no dibujaba.

Pero el martes, 8 del corriente, el Congreso estadounidense hizo público el dibujo aludido por el Financial Times y entregado a la comisión parlamentaria por el despacho de abogados que actúa como albacea del fallecido Esptein. Es este.

Los demócratas del Comité de Supervisión hicieron pública esta imagen, obtenida mediante citación del patrimonio de Jeffrey Epstein, el lunes. El texto dice: Voz en off: / Debe haber más en la vida que tenerlo todo. / Donald: Sí, lo hay, pero no te diré qué es. / Jeffrey: Yo tampoco, pues yo también sé que es. / Donald: Tenemos ciertas cosas en común, Jeffrey. / Jeffrey: Es cierto, ahora que lo pienso. / Donald: Los enigmas nunca envejecen, ¿te has fijado? / Jeffrey: De hecho, me quedó claro la última vez que te vi. / Donald: Un amigo es algo maravilloso. Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro secreto maravilloso. Donald J. Trump

Trump quiere ir al cielo con la maldad por delante

Luis Díez.

El otro día, al escribir sobre la beligerancia del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra los Estados que adoptan medidas para reducir la contaminación y frenar el cambio climático, olvidé mencionar la rescisión del programa de la NASA que observa e investiga las emisiones contaminantes de los combustibles fósiles y su efecto invernadero. Trump ha eliminado sin palabras ese programa. Ha dejado sin empleo a un centenar de científicos por la vía de hecho: suprimiendo el presupuesto. El “negacionista” (una desgracia para el planeta) evita de ese modo la difusión periódica de los malditos informes sobre la pérdida de bosques, fugas de metano, disminución de los casquetes polares y otras evidencias que niega.

No le gusta que la realidad le lleve la contraria. Por eso destituyó en julio pasado a la directora de la agencia que mide los datos de empleo, Erika McEntarfer. Él, el todopoderoso Trump había anunciado que su mandato era excelente para la creación de empleo, pero los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales negaban su afirmación y demostraban la desaceleración de la contratación. Solución: cesar a la directora y tacharla de enemiga política.

Derechos humanos cero

Le fastidia que le acusen de ser cómplice, amigo y aliado de mandatarios que conculcan los derechos humanos. Por eso el secretario de Estado Marco Rubio ha desmantelado las principales oficinas del departamento que supervisaba los derechos humanos, la democracia y las cuestiones laborales. Este año Rubio no ha presentado la evaluación anual ni escrito el prefacio del informe, como hacían sus predecesores. Por supuesto, el genocidio en Gaza no existe. El dossier que el año pasado consignaba los miles de muertos y heridos civiles causados en la guerra de Israel contra Hamas en Gaza, así como los desplazamientos forzosos de palestinos y la crisis humanitaria, ha quedado en blanco este año. El hambre como arma de guerra tampoco se menciona en el nuevo informe.

Según Josh Paul, exfuncionario de la oficina del Departamento de Estado que supervisa las transferencias de armas, el informe sobre derechos humanos “se puede resumir en pocas palabras, más de las que al parecer se usaron para escribirlo: pocas verdades, muchas medias verdades y nada parecido a la verdad”. Paul dimitió en señal de protesta contra el suministro de armas a Israel por parte del gobierno de Biden. En declaraciones al periodista Edward Wong para su crónica en New York Times del 14 de agosto, añadió que “las agendas políticas tienen prioridad sobre los hechos” y calificó el primer informe del nuevo mandato del valedor de Netanyahu y aspirante al Nobel de “producto muy abreviado, más propio de la propaganda soviética que de un sistema democrático”.

Acusaciones con falacias

Trump también rechaza la neutralidad de las instituciones comunes. Por eso ha ordenado a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, que abandone el cargo y le ha buscado las vueltas hasta acusarla de un supuesto delito de “fraude hipotecario”, un montaje ruin y estúpido de la ultraderecha (¿les suena?) para echarla. Pero ha pinchado en hueso, pues Cook ha recurrido contra el ardid de Trump y sus secuaces. La intriga es apasionante y los jueces resolverán el suspense sobre si la Fed conservará la neutralidad con la que fue diseñada por el Congreso hace 112 años.

Ya es sabido que Trump quería echar al presidente de la Fed o banco central, Jerome Powell, desde que empuñó el poder, en enero pasado, porque Powell se negaba (y sigue negando) a reducir los tipos de interés al 1,3% como quería el presidente, sin importarle que se disparase la inflación. Al no poder destituir a Powell ideó la estrategia de controlar la junta de gobierno de la Fed con los votos de los dos consejeros que nombró en su mandato anterior (2016-20) y de otro que designó en agosto para sustituir a una dimisionaria.

Sólo le faltaba un voto para dominar la junta (4-3). Entonces encontró el “vellocino de oro” (Se pirra por el oro). Se lo proporcionó el acólito y adulador ultraderechista William J. Pulte, un importante constructor al que Trump nombró director de la Agencia Federal de Financiación de Viviviendas. Éste esbirro acusó de “fraude de ocupación” o “fraude hipotecario” nada menos que a la gobernadora de la Fed, Lisa Cook. Y tras la acusación judicial, Trump le mandó una carta exigiendo su dimisión inmediata. A continuación los ultras del MAGA armaron un buen escándalo en las redes sociales como si quisieran demostrar que sus líderes luchan contra la corrupción.

Las acusaciones de Pulte-Trump pretenden denigrar a Cook, designada en su día por la administración de Obama. Según el columnista de negocios del periódico Los Ángeles Times, Michael Hiltzik, los febriles comentarios de Pulte y los seguidores del MAGA contra ella no difieren de la burda difamación política, algo muy practicado en España por el PP y la ultraderecha contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El objetivo es el mismo: destruir al adversario, tacharle de corrupto, arruinar su reputación, provocar su cese. En el caso de Cook tienen un problema. Como informa Hiltzik basándose en reconocidos expertos financieros, el “fraude hipotecario” se produce cuando se declara que la hipoteca es para adquirir la residencia habitual, con el fin de obtener mejores condiciones.

Por lo general, a los prestamistas (la banca) les interesa muy poco ese detalle. Lo que les importa es la solvencia, los avales y garantías del hipotecado. Luego si reside habitualmente en la vivienda, tanto da, siempre y cuando haga frente a los pagos. Sin embargo, los términos “fraude de ocupación” sugieren la comisión de un delito que no es tal. En el caso de que lo fuera, la gobernadora Cook no incurrió en él ni en la otra figura asociada, el supuesto “fraude hipotecario”, ya que ni mintió para obtener ventajas en los tipos de interés ni las obtuvo ni ha tenido una conducta reprochable.

La gobernadora suscribió en 2021 tres hipotecas, una a 15 años, cuando la tasa de interés no llegaba al 2,5% y dos a 30 años, cuando las tasas oscilaban entre el 2,7 y el 3,05%. Si, según la acusación de Trump y sus ultras, alegó que todo era para su vivienda principal, no parece que la señora Cook haya obtenido una tasa preferencial, pues le dieron el prestámo a 15 años al 2,5 y los dos a 30 años al 3,25% y al 2,85%.

Represalias programadas

Pero el hallazgo del “vellocino de oro” ha llevado al inefable Trump a promover acusaciones judiciales por similares delitos supuestos contra el senador demócrata Adam Schiff y la fiscal general de Nueva York, Leticia James. El primero es un adversario político de peso y la segunda ganó una condena de Trump por fraude hipotecario precisamente. Cierto es que la semana pasada el tribunal retiró la multa de 500 millones de dólares, pero mantuvo la condena por fraude. Él sí mintió en la valoración de activos para obtener créditos. Con razón dice el refranero español: “Piensa el ladrón que todos son de su condición”.

En la lista de tipos con cuentas pendientes, esta semana le ha tocado el turno a John Bolton. Trump ha enviado al FBI a registrar su casa en las afuera de Washington. El asalto al domicilio de su antiguo colaborador se convirtió, en palabras del corresponsal del New York Times, Michael S. Schmidt, en un ejemplo de represalia e intimidación para los críticos de Trump. Aunque no está claro qué pruebas presentó el Departamento de Justicia para convencer a un juez federal de que aceptara la orden de allanamiento, Bolton ha estado sometido a una investigación intermitente sobre si manipuló indebidamente información clasificada cuando fue asesor de seguridad nacional de Trump durante su primer mandato, entre abril de 2018 y septiembre de 2019.

No se puede decir que Bolton sea precisamente un angelito de ese cielo al que Donald quiere ir https://www.nytimes.com/es/2025/08/25/espanol/opinion/trump-cielo-esclavitud.html, pero cuando contó sus experiencias en el libro The Room Where it Happened (La habitación donde ocurrió) dijo que Trump era un líder mal informado y con instintos autoritarios. El experto veterano en política exterior y de seguridad discrepó del enfoque de las relaciones de Trump con Putin y fue cesado. Más tarde, ante las elecciones de 2024 Bolton reiteró que Trump no era apto para ser presidente. Pero Trump ganó y Bolton sufre las represalias. Incluso el director del FBI, Kash Patel, antiguo servidor del presidente celebró hace siete meses, cuando fue nombrado, el programa de represalias de Trump.

Sobre estas líneas, de arriba abajo y de izquierda a derecha, Josh Paul, exfuncionario que denunció la venta de armas a Israel y critica la supresión de las atrocidades en Gaza del informe sobre Derechos Humanos. Erika McEntarfer, directora de la Oficina de Estadística Laboral, cesada por Trump. Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal, acusada con falacias para facilitar el intento de Trump de despedirla. Y John Bolton, antiguo asesor de Trump, registrado por el FBI como presunto ladrón de documentos clasificados, una acción en la que sí incurrió el presidente, quien se llevó documentos a su mansión de Mar-a-Lago al acabar su primer mandato. .





Pirómano global

Luis Díez

Mientras los incendios asolaban el sureste de Europa y arrasaban el noroeste de la Península Ibérica (España y Portugal) dejando un rastro de daños en bosques, cultivos, viviendas y ganado… Mientras el fuego se cobraba una vida más (y van cuatro en nuestro país): la del arqueólogo de 45 años Javier San Vicente, fallecido por inhalación de humo del incendio de Cipérez (Salamanca) que afectaba a 10.500 hectáreas… Mientras mujeres y hombres de ciencia –meteorólogos, astrónomos, físicos, químicos, biólogos, médicos y otros expertos– se reunían en París buscando remedios a los graves efectos de las cada vez más intensas olas de calor… Y mientras, en fin, sólo el genocidio en Gaza y los bombardeos rusos contra la población civil en Ucrania, nos parecían una canallada mayor que la agresión a la atmósfera y los efectos incendiarios del cambio climático, el presidente de Estados Unidos (EEUU) acentuaba su negacionismo del daño a la vida provocado por el calentamiento global.

Resulta insólito que todos los países civilizados, y la Unión Europea (UE) en particular, se esfuercen en reducir las emisiones de CO2 mientras el presidente de la primera potencia mundial, míster Trump, hace todo lo contrario, se burla del esfuerzo y dicta disposiciones estimulando el calentamiento global. Eso hizo el 1 de agosto del corriente. La Agencia de Protección Ambiental (“la EPA de Trump”, le llaman ahora) eliminó ese día la conclusión científica incorporada en 2009 a su misión de control de la contaminación porque, según Trump, las emisiones de CO2 no dañan la salud. Dicho de otro modo: la Agencia de Protección Ambiental de EEUU será inútil para proteger el medio y a los ciudadanos de la mierda que respiran.

Ya es sabido que el mandatario estadounidense ha tratado de suprimir las regulaciones climáticas desde que ocupó el cargo en enero pasado. Se retiró entonces de los acuerdos de París y proclamó la primacía de los combustibles fósiles. Reactivó la minería del carbón y las centrales eléctricas de combustibles fósiles. Lanzó a la Fiscalía a recurrir todas la regulaciones restrictivas de la contaminación, aprobadas por distintos Estados, especialmente California. Y ha completado la jugada suprimiendo la medición y limitación nacional por parte de la EPA de las emisiones de anhídrido carbónico. Con ello pretende anular las normas de las federaciones para contener las emisiones.

Los argumentos de la Casa Blanca son tan caprichosos como antojadizo es su inquilino. Afirma que los gases de efecto invernadero no son contaminantes porque tienen efectos globales, no locales. Y asegura que las emisiones de EEUU no contribuyen al cambio climático, pues el supuesto daño es remoto y la porción de emisiones estadounidenses, demasiado pequeñas para darles importancia. Pues mire usted, la ONU dice que EEUU es el segundo emisor mundial de mal humo, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta. Por delante va China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34%), y por detrás van Índia y Rusia con 2.955 y 2.015 millones de toneladas, respectivamente.

Para completar la estadística, España soltó 270 millones de toneladas brutas de CO₂ equivalente al 8% del conjunto de la UE en 2023. Fue un 7,6 menos que en 2022 y -38% respecto a 2005. El conjunto de la UE ha ido reduciendo las emisiones a un ritmo similar. Según el Informe de situación sobre la acción por el clima de 2024, las emisiones netas de gases de efecto invernadero de los 27 países UE bajaron un 8,3% en 2023 respecto al año anterior. Ahora son un 37% menos que en 1990, lo que, con un crecimiento del PIB del 68% desde entonces, demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico. Esto significa que objetivo del acuerdo de París (2015) de frenar el calentamiento global, que avanza dos grados cada año, es realizable.

El proceso del negacionista Trump para coronarse rey de la indecencia ha sido fácil. Tras abandonar los compromisos de París, ha eliminado la Evaluación Nacional del Clima, una revisión periódica exigida por el Congreso y realizada por cuatrocientos científicos del clima de distintas universidades y de una docena de agencias gubernamentales. Los cinco informes sucesivos de de esos expertos venían advirtiendo desde el año 2000 sobre los peligros derivados del calentamiento global. Pero al solicitante del Nobel de la Paz tales conclusiones le parecían impertinentes y “poco fiables”, así que nombró a cuatro especialistas del Departamento de Energía para que concluyeran que el calentamiento global es más beneficioso que perjudicial y que las bajas temperaturas son peor amenaza. Añadieron que los fenómenos meteorológicos extremos no son peores que antaño. Y asunto resuelto.

Para la profesora de derecho administrativo y ambiental en la Facultad de Derecho de Harvard, Jody Freeman, quien fue consejera de energía y cambio climático del presidente Obama en 2009 y 2010, resulta evidente que las decisiones de Trump son egoístas en el orden internacional y muy negativas en el plano interno, pues liquidan el consenso de la Ley de Aire Limpio que exigía a la EPA regular los contaminantes que ponen en peligro la salud y el bienestar humanes. Freeman recuerda que la Corte Suprema dictaminó en 2007 por 5 a 4 votos que los gases de efecto invernadero son contaminantes atmosféricos y que la decisión sobre su peligrosidad ha de basarse en la ciencia.

Freeman añade que en 2009, tras revisar los estudios de la Evaluación Nacional del Clima, el Consejo Nacional de Investigación y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, la EPA concluyó que la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera es un peligro: temperaturas más altas, peor calidad del aire, fenómenos meteorológicos extremos, incendios y sequías en expansión, así como un mayor número de patógenos transmitidos por los alimentos y el agua. Siguiendo el proceso establecido en la Ley de Aire Limpio, la agencia estableció normas nacionales de emisiones para las fuentes de cada sector de la economía estadounidense que contribuyen a este problema.

Todo eso es lo que ahora míster Trump se ha cargado de un plumazo. O como manifestó el administrador de la EPA, Lee Zeldin, “esta Administración ha clavado una daga en el corazón de la religión del cambio climático”. Solo que el cambio climático no es religión sino física y química. Y como dice la profesora Freeman, “a la ciencia no le importa la creencia política”. La ciencia ha predicho lo que está ocurriendo: las tormentas son cada vez más intensas, las olas de calor más mortíferas y los incendios forestales más destructivos.

Muchos estadounidenses se preguntan por qué han de gastar miles de millones de dólares al año en respuesta a los desastres, mientras otros países se adelantan en innovación y fabricación de energías limpias. China domina ahora la producción de paneles solares y vehículos eléctricos, Europa lidera la energía eólica y marina. Y también se preguntan cuanto tiempo perderán y cuanto daño sufrirán antes de volver a una política climática responsable. La respuesta dependerá de su capacidad de prescindir de un negacionista autoritario, pirómano global, un tipo que pone militares a patrullar las calles de grandes ciudades para cazar inmigrantes y limpiarlas de pobres, un sujeto con programas militares secretos para colocar armas nucleares en el espacio y, en fin, un matón que dice que “Netanyahu es un héroe de guerra” y añade: “Y supongo que yo también lo soy”.

Incendios

Luis Díez.– Con un sentimiento cercano al desaliento, los paisanos escupían decepción, impotencia y miedo. Regaban los tejados y sacaban la lengua a pasear. Se contaban historias que habían leído en los periódicos o “sentido” por la radio, historias descabelladas. Se decía que muchos fuegos eran provocados por lugareños con el fin de que los contrataran para sofocarlos. Se había visto pasar a alguien cerca del monte arrojando cabos de mecha encendida. Se decía que si los furtivos, ya se sabe, pegaban fuego en un lado para llevar la caza al otro. Ocurrencias y barbaridades no faltaban. Después de todo, lo más probable era que el fuego hubiera sido provocado por algún rayo de las tormentas eléctricas que aparecían al anochecer de aquellos días de calor infernal en los que los mercurios llegan a alcanzar 42 grados Celsius. Para que luego digan el Trump y esos políticos reaccionarios y “negacionistas” que el cambio climático es una gran trola. O sea.

Cuando por la tarde arreciaba el viento, aumentaba el temor a la propagación del fuego a una velocidad imparable. Chozos y granjas y casas ardían, en algunos casos, con los animales dentro. Se contaban historias de acá y de allá, incidentes fatales, muy tristes. Aquellas desgracias eran esgrimidas por los precavidos contra la temeridad de enfrentarse al fuego con pocos medios o sin herramientas siquiera. Mira lo que le pasó al pobre hombre de Colmenar Viejo (Madrid) que acudió a soltar a los caballos de un club hípico al píe de la urbanización del Soto de Viñuelas. Las llamas, azuzadas por el viento, se abalanzaron sobre él y le quemaron el 98% del cuerpo. Murió sin poder liberar a los 22 caballos (otros dicen 27) estabulados. Se calcinaron vivos.

El hombre tenía 50 años, trabajaba de mecánico y transportista, se llamaba Mircea Spiridon. y era de origen rumano. Para que luego todos esos políticos reaccionarios digan que inmigrante y delincuente son lo mismo. Mientras la mayoría de los vecinos permanecían en sus casas, temerosos de que el fuego se acercara, Mircena acudió ayudar al dueño de la finca –un hombre de 83 años, Miguel de las Heras– a librar del fuego a los caballos. Ambos acabaron en el hospital de La Paz, Miguel solo con contusiones torácicas y él, evacuado en helicóptero, completamente quemado. El incendio de Colmenar Viejo, al norte de la capital, arrasó unas 1300 hectáreas y afectó a varias ganaderías, pero enseguida quedó controlado. En Madrid hay más medios y están más cerca que en otras comunidades autónomas.

Los bosques se pueden recuperar, las vidas no. Dos días después de la muerte de Mircea perdía la vida Abel Ramos, vecino de la Bañeza (León), cuando contribuía como voluntario a apagar el fuego en la comarca de la Valdería (Valle del Eria), donde ardieron casas, viñas, castaños centenarios… Era un hombre joven (35 años), empresario de la construcción, muy conocido y apreciado por sus paisanos como vicepresidente del Motoclub Bañezano que, precisamente, el fin de semana pasado había celebrado el Gran Premio de motociclismo de La Bañeza. Se había sumado con una desbrozadora de su propiedad a la lucha contra el fuego y se hallaba coordinado con los bomberos cuando el martes fue atrapado por las llamas. En el incendio de esa comarca también cayó herido Jaime Aparicio Vidales, de 37 años, también voluntario. Las quemaduras afectaban al 85% de su cuerpo. Fue trasladado al hospital de León y luego a la Unidad de Quemados del Rio Hortega en Valladolid, donde murió el 14 de agosto, víspera de la “fiesta nacional” de la Asunción de la Virgen María al cielo. ¿Quién dijo “España, Estado aconfesional”? (18 de agosto falleció el bombero de 57 años Ignacio Rumbao en las cercanías de Ponferrada).

Después de calcinar la vegetación de Las Médulas, el histórico paraje del Bierzo donde los romanos extraían el oro, declarado “patrimonio de la humanidad”, el fuego aparecía en las comarcas ganaderas y boscosas de Jarmuz y la Valdería, en León y Zamora. En esta provincia ardía otra vez la Sierra de la Culebra, donde murieron cuatro personas en 2022, víctimas de un fuego similar. Miles de vecinos, en su mayoría de edad avanzada, se veían obligados a desalojar pueblos y aldeas asediadas por el fuego. Se decía que solo en los incendios del suroeste de León desalojaron a más de 8000 personas de treinta y tantas localidades. Muchos fueron acogidos en el Seminario de Astorga, se dispusieron camas en el acuartelamiento de Santocildes, también en Astorga; otros ocuparon el polideportivo de La Bañeza y otros fueron a los domicilios de familiares y amigos. Situaciones parecidas se producían en decenas de poblaciones del interior de Galicia, Extremadura y Andalucía occidental.

A lo lejos se divisaban llamas, colinas ardiendo, hombres y vehículos en movimiento dentro de aquel resplandor ancho hondo y rojo por encima de la oscuridad. Los que habían tenido que abandonar sus casas no podían dormir debido a la preocupación de si habrían ardido, si los animalillos habrían huído a tiempo, si los soldados de la Unidad Militar de Emergencia (UME) habrían llegado a tiempo con sus cubas de agua. Las chispas viajan como centellas por el aire. Desbordan a las cuadrillas. Prenden la hierba seca, muy alta y muy seca, que arde como la yesca. Con una primavera tan lluviosa como la que hemos tenido, la maleza del sotobosque te llega por la cintura y solo espera una chispa para arder como una gran antorcha.

Se comenta que eso pasa porque cada vez hay menos ganadería, cabras y ovejas y también vacas sueltas que aprovechen los pastos. El ganado en muy esclavo y la gente joven no quiere saber nada. Las tierras no se rozan, el bosque bajo, escobas, espinos y yerbajos, rodean las casas, invaden los caminos. No hay hacenderas porque los mayores no están para muchos trotes y demasiados pueblos son geriátricos. Súmale a eso el hecho de que los Gobiernos autonómicos, que son los que tienen las competencias y reciben el dinero correspondiente de los impuestos, solo contratan peones forestales (“bomberos forestales”, les llaman ahora) en los meses de verano, cuando aparecen los incendios, y no gastan en personal ni en material de limpieza y preservación del monte para hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo.

Los desplazados al seminario de Astorga y al polideportivo de La Bañeza siguen esperando. Perciben el sabor y el olor del humo, miran al cielo pidiendo lluvia como si esas nubes trajeran agua, pero no la traen: son nubes de humo. Entonces algunas mujeres mayores y dos o tres hombres creyentes se ponen a rezar el rosario. Esos se creen que la Virgen va a resolver esto, a arreglar las alteraciones atmosféricas extremas a causa de la brutal contaminación de las grandes potencias. Mejor harían enfrentándose a esos patriotas de hojalata del PP y Vox que acusan de “fanatismo climático” al Gobierno del socialista Pedro Sánchez por cumplir los Acuerdos de París y fomentar las energías limpias para evitar los desastres atmosféricos.

Al despuntar el alba algunos hombres de edad avanzada salían en sus coches camino del pueblo a ver –si les dejaba pasar la Guardia Civil– qué había sucedido con sus casas. Algunas, la mayor parte, no habían sufrido daños a pesar de la cercanía del fuego. El entorno calcinado, todo ceniza, negrura y hollín provocaba el llanto. En muchos, muchísimos pueblos, algunos vecinos armados de valor consiguieron frenar y mantener a raya el fuego a lomos de sus tractores con cubas de regar y otros aperos convenientes. Se jugaron el tipo y ganaron. Los bomberos forestales no llegaron. En varias aldeas, la UME llegó tarde y ardieron casas y granjas. Lo peor, hasta el 15 de agosto, era la pérdida de tres vidas humanas y las heridas graves y muy graves de una decena de personas.

Puestos a hacer balance de daños, la Xunta de Galicia rebajaba la superficie quemada que aportaban los satélites Copernicus. Eso, al menos, decían los bomberos. Los incendios sin control que arrasan Galicia, especialmente en la provincia de Ourense, ascienden ya a 28.590 hectáreas quemadas. Solo el fuego en Chandrexa de Queixa, donde se unieron los focos de Requeixo y Parafita, arrasó 11.000 hectáreas y dicen que es el mayor de la historia desde que hay registros. Al terreno quemado en esta ola de incendios que se ha cebado con Ourense se han de añadir 3.000 hectáreas quemadas en junio y julio. La Xunta no comunica los incendios forestales de menos de 20 hectáreas aunque en muchos casos no sean quemas controladas.

También en León se registraban los incendios más extensos de la historia. En Zamora dañan ya 30.000 hectáreas. En Salamanca están siendo más manejables. En Jarilla (Cáceres), el fuego afecta a 4.800 hectáreas y ha obligado a desalojar tres pueblos. En el conjunto de Extremadura permanecían activos seis incendios al mediodía del viernes, 15 de agosto. La suma provisional de la oleada arrojaba 115.000 hectáreas quemadas. (El 20 de agosto eran ya 370.000). La situación también sigue siendo peliaguda en Portugal, Grecia, Turquía, Albania y Montenegro, con grandes incendios en marcha.

En fin, para que no falte de nada, el inefable jefe de la oposición de derechas y líder del PP, Alberto Nuñez Feijóo, expresidente de Galicia, va por ahí atribuyendo a Pedro Sánchez la responsabilidad de los incendios aunque de sobra sabe que la competencia corresponde a los gobiernos autonómicos, por cierto, todos de su partido y con algunos presidentes desaparecidos, “ventorreando” y de vacaciones en Miami Beach. El Gobierno central ha aportado todos los medios y la ayuda que las autonomías han solicitado, aunque para Feijóo, un personaje con el conocimiento justo para pasar el día, habría que “militarizar” los incendios y poner al Ejército a apagarlos. ¡Por Júpiter si no se rieron y hartaron de criticar al presidente Zapatero cuando creo la Unidad Militar de Emergencias (UME) para ayudar a la sociedad civil en situaciones como esta!

Novela de Richard Ford sobre la materia:

Trump y Putin juegan a la barbarie nuclear

Luis Díez.

Cuando se cumplen 80 años de los únicos bombardeos atómicos del mundo, realizados por Estados Unidos (EEUU) sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, los mandatarios estadounidense y ruso se comportan como si no hubieran aprendido nada. Donald Trump coloca dos submarinos nucleares frente al territorio ruso en el Atlántico. Es su forma de presionar para obligar a Rusia a acabar con la guerra en Ucrania. Eso dice. Y Vladimir Putin proclama (3 de agosto) que “ya no se considera obligado por las restricciones” del Tratado de Misiles Nucleares de Alcance Intermedio (500 a 5500 kilómetros) porque EEUU se dispone a desplegar armas similares en Europa y Asia.

Perece que los dos mandatarios tienen más cosas en común: quieren mantener a la gente en vilo, añoran la guerra fría, son nefastos para la democracia y los derechos humanos y sociales y, sobre todo, los dos emplean la nostalgia del pasado mejor como argumento para que les voten con uve cuando sus pueblos deberían botarlos, con be. Uno quiere volver a los tiempos de Rockefeller y Carnegie (el dominio del petróleo y del acero) y el otro a los de la URSS de Stalin. Ahora, el 15 de agosto, festividad de la Virgen María, se van a reunir en Alaska. ¿Para qué? ¿Contra quién?

Sería deseable que no siguieran conspirando contra nuestra Europa de los derechos y las libertades y que renunciaran a la zozobra que ambos provocan con sus amenazas nucleares. Sería bueno que se sentaran a conversar en el Museo de la Paz, en Hirosima, donde la bomba atómica mató a 140.000 personas el 6 de agosto de 1945. Tres días después, el 9 de agosto, otra bomba sobre Nagasaki liquidó a 70.000 seres humanos más. Ahí pueden observar en negro y gris los efectos que causarían sus misiles guiados y provistos de cabezas nucleares. Las dos ciudades se fueron al negro, desaparecieron del mapa. En un instante, niños, mujeres, hombres, perros, hormigas, insectos, árboles, plantas y demás seres vivos reventaron, se evaporaron, quedaron carbonizados.

No hay fotos de las consecuencias inmediatas de las explosiones y los dos hongos en el cielo, pero las imágenes nunca se desvanecieron de las retinas de los pocos supervivientes. “Formas humanas que se tambaleaban con tiras de carne colgando de sus cuerpos. Los globos oculares pendían de sus caras En todas partes la gente gritaba pidiendo agua para enfriar sus gargantas ardientes. En Hirosima se arrojaron al río, retorciéndose de tormento hasta que la muerte los liberó”. Así lo describe la periodista Hannah Beech en un impresionante reportaje en el New York Times.

El sufrimiento de los supervivientes, quemados e infectados, debió de ser terrible. Murieron en las horas y los días que siguieron a las explosiones. Las radiaciones contribuyeron al exterminio. Personas que parecían estar bien, de repente se desplomaban y morían. El cáncer destruía los órganos internos. La gente desconocía los efectos de las radiaciones y la duración y extensión de aquella contaminación mortal que flotaba en las nubes e infestaba las aguas y los suelos.

Después del sufrimiento llegó el estigma. Las personas irradiadas, hibakusha les llamaban, eran potenciales transmisores de enfermedades incurables. Para evitar que sus hijos nacieran ciegos, deformes o desarrollaran cánceres era mejor que se marchitaran sin casarse ni tener descendencia. Nadie conocía el alcance de aquel veneno ni los efectos futuros de aquella toxicidad. Un efecto cierto fue que el emperador japonés se rindió pocos días después y acabó así la Segunda Guerra Mundial.

Hoy conocemos un poco mejor los daños inmediatos y duraderos de las explosiones y radiaciones nucleares. Y también conocemos las recomendaciones de algunos supervivientes casi centenarios de aquella guerra. Se resumen en “nunca jamas”. A Kunshiro Kiyozumi (en la foto), de 97 años, le preocupa que la gente olvide lo que pasó. Con 15 años fue el marinero más joven a bordo del submarino I-58 de la Armada Imperial Japonesa. Acechó y torpedeó en el Pacífico a seis barcos aliados, incluido el crucero Indianápolis, que hundió.

Otros supervivientes, como Tadanori Suzuki, recuerda: “Hace mucho tiempo hicimo algo muy estúpido”. Y aconseja a los jóvenes: “No vayan a la guerra, quédense en casa con sus padres y familias”. Le secunda Tetsuo Sato (105 años): “Destrozaron nuestras vidas como quien rompe un papel. Nunca mueran por el emperador ni por la patria”.

Por supuesto que Putin y Trump no elegirían Hiroshima como punto de reunión para planear el daño a los europeos, a esa UE a la que ambos odian. Pero sería conveniente que entendieran que las armas nucleares son un mal camino, un camino bloqueado. Y que la prepotencia que les conceden sus silos también es su muerte, su nihilismo, su final.

Ya en febrero pasado, el ultraderechista y gurú de Trump, Steve Bannon, dijo en respuesta a si el Gobierno debía controlar el desarrollo de la Inteligencia Artificial: “Si tienes el comienzo de la parte cinética (motriz) de la Tercera Guerra Mundial en la masa continental euroasiática y tienes…” El entrevistador le interrumpe: “Es decir, China versus Taiwán, para decirlo en términos sencillos, ¿no?”. Y Bannon aclara: “No, no. Quiero decir un millón de personas muertas y heridas en Ucrania, en Medio Oriente, estoy hablando de eso. Lo que digo es que Trump tiene que manejar eso”.

Al hilo de una anécdota reciente sabemos que el mandatario estadounidense tiene en mente los misiles. El martes, 4 de agosto por la mañana, Trump fue visto caminando por el tejado de la Casa Blanca. Una periodista le preguntó que hacía allí arriba y él contestó: “Simplemente daba un pequeño paseo”. Y completó la explicación con algo más extraño todavía: “Quiero colocar misiles nucleares ahí arriba”. Luego se rió entre dientes y movió su mano imitando un proyectil. Podía haber dicho que examinaba la ampliación de la sede presidencial para construir un gran salón de baile, proyecto oficial que costará 200 millones de dólares, pero le bailó el subconsciente.

Ver: https://www.nytimes.com/es/2025/07/29/espanol/mundo/ultimos-soldados-japon-segunda-guerra-mundial.html

Netanyahu y Trump avergüenzan al mundo

Luis Díez.

Después de escribir que “no es el sufrimiento de los niños lo que nos subleva, sino el hecho de que no esté justificado”, vale preguntarse qué escribiría hoy Albert Camus sobre el padecimiento de los niños de Gaza que están siendo asesinados por hambre. Probablemente se pondría a llorar de dolor, indignación e impotencia y, consciente de que las palabras ya no valen para persuadir al asesino Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, y a su valedor Donald Trump, presidente de Estados Unidos (EEUU), de que no sigan matando de hambre a los niños palestinos, no escribiría ni una línea. Si los niños son siempre inocentes ¿por qué les hacéis sufrir antes de matarlos? Vosotros los matones, el genocida en primer grado y su ayudante, sois la vergüenza de la especie humana, habéis cabreado a los abuelos y hecho enmudecer a la inteligencia.

Habéis asesinado sin piedad ni miramiento a más de 60.000 personas en la ratonera de la Franja de Gaza y provocado más de 120.000 heridos. Hay que repetirlo. Vuestros bombardeos, asaltos armados y fusilamientos sin más, han arrasado las ciudades de Gaza y los campamentos de supervivientes desplazados. La mayor parte de esos 180.000 palestinos heridos y asesinados y de los 11.000 desaparecidos eran mujeres y niños. Nadie podrá negar la premeditación de vuestro ímpetu exterminador.

Ahora estáis empleando la ayuda humanitaria como arma letal. Así economizáis en bombas y seguís matando con una hambruna insoportable. Para eso expulsasteis en mayo pasado a la agencia de la ONU que distribuía los alimentos, cancelasteis la entrada de comida y organizasteis vuestro invento, la Fundación Humanitaria estadounidense e israelí. A continuación habéis dejado entrar con cuentagotas algunos camiones con alimentos. Pero lo habéis hecho para disimular, para evitar esas imágenes de niños hambrientos, escuálidos, moribundos y sin esperanza que siguen escandalizando al mundo, no para que los palestinos coman.

La prueba de vuestra crueldad es que redujisteis a cuatro los 400 puntos de distribución de alimentos que gestionaba la ONU con la colaboración de varias ONGs. Y en esos cuatro puntos dispusisteis unidades armadas que están disparando a los gazatis hambrientos. Si con la distribución de la ayuda humanitaria por parte de vuestra Fundación se trata de evitar, según decís, que Hamas controle los alimentos, con las matanzas de hambrientos desesperados se trata de evitar que formen tumultos. Eso decís.

Aunque la cifra de palestinos asesinados por los soldados israelís y los mercenarios de EEUU en los puntos de recogida de alimentos ya supera 1.400, resulta cada vez más difícil obtener pruebas gráficas de lo que estáis haciendo en esos lugares, donde, según testimonios de médicos y cooperantes, vuestros elementos armados disparan en la cabeza, la barriga y los testículos a la pobre gente famélica. De hecho juegan con ellos al «tiro al pato». Y resulta más difícil cada día porque habéis ordenado eliminar a esos notarios de la realidad que son los periodistas. Desde que decidisteis arrasar la Franja habéis matado a 232 periodistas, el último, esta semana, Adam Abu Harbid, que trabajaba como fotoperiodista para varios medios de comunicación.

También esta semana el Programa Mundial de Alimentos, dependiente de la ONU, ha hecho público un comunicado haciendo saber que el hambre en Gaza ha alcanzado “nuevos y asombrosos niveles de desesperación, con un tercio de la población sin comida durante varios días seguidos”. Esto significa más de medio millón de personas hambrientas, desnutridas, quebradizas, sin defensas biológicas y a las que los virus y bacterias acarrean su punto final. Más de cien mil niños en Gaza, según las autoridades palestinas, están amenazados de muerte por la desnutrición y sus consecuencias.

Si, es vergonzoso. Vuestra forma de exterminio avergüenza a la humanidad, hace tiritar de rabia a los ciudadanos informados de todos los países. Lo sabéis y tratáis de eludir la culpa reconociendo que hay “verdadera hambruna” y proclamando: “Tenemos que alimentar a los niños”. Esas palabras de Trump, el lunes pasado, las complementó el genocida Netanyahu con la orden de suspender los bombardeos unas horas cada día mientras se reparte ayuda. Conviene disimular. Incluso habéis participado esta semana en el lanzamiento por aire de palés con alimentos. Sois listos, buscáis atenuantes a la condena internacional de vuestras masacres. Por cierto que España participa desde el viernes en la misión alimentaria de emergencia junto con Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y otros países.

El jefe de la ultraderecha facciosa española, Abascal, confortando al criminal Netanyahu

Se recordará que entonces el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, dijo en el Parlamento que “no era el momento” de reconocer a Palestina como Estado. Su antiguo correligionario y jefe de Vox, Abascal, se apresuró a viajar a Israel a confortar a Netanyahu. Resulta curioso que acudiera con el eurodiputado voxido Germán Tertsch del Valle Lerchundi, hijo del reconocido miembro del Partido Nazi en Austria, Ekkehard Tertsch. El Ejecutivo español pensó –y sigue pensando– que el reconocimiento del Estado Palestino con su actual configuración geográfica bien comunicada (Cisjordania y Gaza, desde el río hasta el mar) es el camino para conseguir una paz negociada de igual a igual y una convivencia duradera entre los dos Estados.

La decisión de España va a ser secundada ahora por Francia, Canadá, Malta y otros países. El presidente francés, Emmanuel Macrón, anunció su intención de proclamar el reconocimiento del Estado Palestino en septiembre, en su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas. La decisión de Macrón, comunicada por carta entregada en mano al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, es producto de una indignación superlativa ante las matanzas y la hambruna como arma de guerra en Gaza. Pero es también la forma de preservar alguna posibilidad de paz entre dos Estados.

El anuncio de Macrón, quien siente la obligación moral de enfrentarse a la devastación en Gaza, provocó respuestas poco amistosas de Israel y EEUU. Lógico. Trump optó por ningunear al presidente francés: “Lo que diga no importa; esa declaración no tiene ningún peso”, manifestó a los informadores. Su nuevo embajador en Francia, el semoviente Charles Kushner prescindió de la diplomacia para acusar a Macrón de hacer “un regalo a Hamas” y dar “un golpe a la paz”. Luego ya, el embajador de Trump en Israel, un majadero intercontinental llamado Mike Huckabee, escribió en las redes sociales: “Ahora puedo revelar en exclusiva que Francia ofrecerá la Costa Azul (para ubicar el Estado Palestino) y que la nueva nación se llamará ‘Franc-en-Stina”.

Más allá de la valoración del matón de la Casa Blanca y sus conspicuos representantes, lo cierto es que uno o dos países industrializados del grupo G7 podrían seguir el ejemplo francés y aumentar la presión sobre Israel. En ese sentido, el primer ministro británico, Keir Starmer, emitió una declaración condenando el sufrimiento incalificable e indefendible de la población de Gaza y afirmando que “el pueblo palestino tiene derecho inalienable a un Estado propio”. Reino Unido reconocerá el Estado Palestino si Israel no acepta un alto el fuego con Hamas en Gaza antes de septiembre y Canadá vincula su decisión a los cambios en la Autoridad Palestina.

De momento, 14 de los 32 países de la OTAN han reconocido al Estado Palestino. Entre las naciones del G-20, 10 ya reconocen al Estado Palestino y serán 13 con Francia, Canadá y Reino Unido. Entre los 27 de la Unión Europea (UE) van ganando terreno las posiciones de Irlanda, España, Francia, Suecia, Polonia, República Checa, Hungría, Rumanía y próximamente Malta. Pero quizá lo que más fastidia a EEUU es quedarse solo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas si Francia y Reino Unido se unen a Rusia y a China en el reconocimiento del Estado Palestino. Ahora una abrumadora mayoría de los países de la ONU (147 de 193) ya reconocen a Palestina como Estado, cuyo estatus sigue siendo de observador.

Palestina, Estado libre y soberan: Netanyahu y Trump avergüenzan al mundo https://www.nytimes.com/es/2025/07/18/espanol/opinion/israel-genocidio-gaza.html: Netanyahu y Trump avergüenzan al mundo

Del observatorio a la prevención del racismo y el odio a los inmigrantes

Incendio de un asentamiento de trabajadores inmigrantes en Palos de la Frontera (Huelva)

Luis Díez.

El Estado español dispone de medios poderosos para combatir el racismo y la xenofobia. Son los cuerpos y fuerzas de seguridad, las multas y sanciones en manos de los delegados y subdelegados del Gobierno, el Código Penal a disposición de fiscales y jueces. Sin llegar a ese aparato punitivo puede aplicar medidas preventivas para evitar estallidos de odio violento como el desvivido contra personas de origen magrebí en la localidad agraria de Torre Pacheco (Murcia).

Si el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, del que es titular Elma Saiz Delgado, dispone de un sistema de monitoreo en tiempo real de los mensajes de odio en las redes sociales, tendría que servir para algo más que para conocer la etiología del odio y elaborar estadísticas. Tendría que servir para evitar la difusión del odio y la incitación a la violencia. Si se tratara de prevenir, por ejemplo, muertes por gripe, de nada nos serviría tener vacunas si no las usamos.

Algo de eso ocurre con el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), que así se llama la herramienta en manos del departamento de la ministra Saiz. Éste instrumento detecta en tiempo real a diario, todos los días del año, los mensajes de odio en las redes sociales. Para ello cuenta con un sistema llamado FARO (Filtrado y análisis de odio en las redes sociales) que descubre, analiza, recopila y ordena los discursos con motivación racista, xenófoba, islamóbofa, antisemita y antigitana. El monitoreo se realiza sobre las redes sociales más usadas (Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y X). Y los seis lectores y dos analistas coordinadores avisan a las plataformas cuando encuentran mensajes delictivos, sancionables por vía administrativa o contrarios a las normas de uso de las propias plataformas digitales.

Mensajes de odio

En el caso del llamamiento de la extrema derecha a la violencia en Torre Pacheco (Murcia), el sistema detectó un pico extraordinario de mensajes de odio. Pasó de 2.313 el 9 de julio a 11.081 el 11 de julio. En el ínterin, el 10 de julio, se produjo la agresión de tres jóvenes de origen magrebí a un hombre de 69 años. La foto del hombre con la frente ensangrentada fue utilizada por cabecillas ultras para incitar a los grupos neonazis “a la caza del moro”. Emplearon además videos manipulados, bulos y noticias tergiversadas.

Los mensajes de xenofobia y odio hacia los ciudadanos de origen magrebí arraigados desde hace décadas en la localidad murciana y con nacionalidad española en la mayor parte de los casos llegaron a 32.892 el 12 de julio y fueron 23.758 el día 13. Las jornadas que siguieron fueron también de muchos mensajes contra los norteafricanos, con una horquilla entre 11.870 el día 14 y 5.575 una semana después, el 21 de julio. Ya el 22 de este mes, las expresiones de odio en las redes volvieron a la normalidad: poco más de dos mil, según la Web del OBERAXE.

Aun con las limitaciones de personal –ocho empleados– y de monitorización –sólo textos en español y en perfiles públicos, lo que excluye a Telegram–, resulta evidente que la supresión de los mensajes delictivos de incitación al odio y la violencia contra los inmigrantes evitaría la expansión de esa venenosa polución mental. Con ello se acotaría el insoportable clima de insultos, injurias, calumnias y llamamientos a la agresión de los migrantes por parte de los cabecillas de la extrema derecha, enemiga de la convivencia, de los derechos humanos y de los valores democráticos. Tanto esas convocatorias “a cazar moros” como otras acciones delictivas con las que el PP se ha mostrado complaciente se convertirían en flautus vocis carentes de eficacia.

Ocurre que los datos suministrados por el OBERAXE sobre la supresión de mensajes de odio no concuerdan con los consignados en un boletín especial de ese observatorio sobre el caso de Torre Pacheco. En el boletín se afirma que suprimieron más del 20% de los mensajes incitando al odio y la violencia en la localidad murciana, pero la gráfica interactiva de la web del OBERAXE sólo muestra la retirada de 11 mensajes el día 10 de julio. En las jornadas que siguieron se registraron retiradas de un mensaje y algunos días de ninguno. Como es sabido, las convocatorias prendieron y al final fue el despliegue de más de setenta guardias civiles el que evitó agresiones y mayores males provocados por neonazis llegados de fuera.

Racismo institucional

Si el Gobierno progresista ha de afinar los instrumentos para prevenir y evitar esos estallidos de odio y violencia contra los inmigrantes y sus familias, también parece evidente que alcaldes como el de Torre Pacheco, Pedro Ángel Roca Tornel, un tipo del PP, caldeó los ánimos de los vecinos convocando una manifestación nada más saber que tres jóvenes de origen magrebí habían pegado a un hombre mayor. El regidor actuó en consonancia con las declaraciones de algunos líderes de su partido y de Vox. Durante la concentración, algunos vecinos culparon al presidente del Gobierno (¿Cómo no?) de la inmigración y se realizaron coreando “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!” como le llamó Ayuso desde el palco de invitados del hemiciclo del Congreso de los Diputados.

Hay acciones y declaraciones de regidores, casi siempre del PP y Vox, demasiado complacientes con la violencia verbal, la denigración y el maltrato a inmigrantes. Para algunos, como el concejal de Seguridad Ciudadana, Urbanismo y Fiestas de Ponferrada (León), un tipo del PP llamado Carlos Cortina, las pintadas racistas aparecidas en las pilastras del puente del paseo Río Sil sólo son “un hecho puntual” que en absoluto indica racismo en la capital del Bierzo. “Ya están siendo borradas”, añadió. El alcalde, otro tipo del PP llamado Marco Morala, ha preferido no hacer declaraciones en este caso. ¿Tan difícil resulta a un abogado como Morala, que es regidor gracias a dos concejales de Vox, denunciar las pintadas y abrir la consiguiente investigación?

La imagen actual no tiene texto alternativo. El nombre del archivo es: 94288dc7-0dbd-45ba-ba7b-a4255702c0da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0-1-e1753478470928.webp

Las pintadas aparecieron coincidiendo con los mensajes de odio contra los magrebíes de Torre Pacheco. Entre otras expresiones se leía: “Islam=mierda”, “Fuera paguitas” y “Fuera de España panchitos, moros y negros”.

Los mismos periódicos locales que recogían esas frases miserables denunciadas por el PSOE informaban días después: “El campo berciano busca 1.300 temporeros para trabajar en la recolección de pera y manzana”. Según la Asociación Berciana de Agricultores, que gestiona la bolsa de empleo rural, la campaña que comienza a finales de agosto con la recogida de la pera conferencia y la manzana reineta necesitará por lo menos los mismos braceros que la temporada pasada. La asociación hará unos 1.500 contratos. Y en el futuro serán más porque la superficie de frutales va aumentando.

De “racismo institucional” pudo ser tachada la actitud del alcalde de Palos de Moguer (Huelva), un sujeto del PP llamado Carmelo Romero Hernández, que se negó a acoger en las instalaciones municipales a los inmigrantes africanos cuyo asentamiento de chabolas improvisadas quedó arrasado por un incendio nocturno. El fuego redujo a cenizas el racimo de chabolas de Pinospardos, a seis kilómetros del pueblo. Las llamas se extendieron en un santiamén, se elevaron hacia el cielo y destruyeron todo el campamento, incluidos algunos vehículos. Los inmigrantes lo perdieron todo, menos la vida. Por suerte no hubo muertos que lamentar, aunque sí heridos. No se sabe cuántos. Dos ambulancias se desplazaron al lugar y los enfermeros atendieron a los quemados y proporcionaron oxígeno a mujeres y niños afectados por el humo.

Los inmigrantes –unos cuatrocientos temporeros de la fresa– pidieron ser acogidos en algún pabellón del pueblo, pero el alcalde Romero Hernández se negó a socorrer a aquella pobre gente pese a contar con el magnífico polideportivo Plus Ultra con duchas, vestuarios y un pabellón cubierto que habría servido para cobijar y confortar a los damnificados. Ese tipo era entonces (13 de mayo de 2023) diputado nacional del PP además de alcalde. Cinco meses antes le había tocado el gordo de la Lotería de Navidad (400.000 euros, según declaró en al Congreso). Ahora es senador y ha dejado la alcaldía a su hija y concejala Milagros Romero, quien le ha nombrado primer teniente de alcalde. ¿No es estupendo?

Un Comisionado sería menester

Aunque no se refleje en el observatorio OBERAXE, el “racismo institucional” hacia los inmigrantes temporeros, en su mayoría norteafricanos, que trabajan en los cultivos bajo plástico y residen en chabolas construidas con materiales de deshecho de los propios invernaderos, resulta patente (y patético) en el trato que les dan numerosos Ayuntamientos. Les niegan el agua potable, la luz, la recogida de residuos y otros servicios elementales y cuando reclaman algo tan básico como una toma de agua les responden que al no estar empadronados no son vecinos ni tienen derecho.

La situación ha alcanzado tal grado de indignidad que después de visitar los municipios freseros bajo el mar de plástico en Huelva, los diputados de IU y Sumar, Enrique de Santiago, Juan Antonio Valero y Francisco Sierra han presentado una proposición no de ley para crear un Comisionado estatal que vele por la inmigración temporera especialmente en la provincia de Huelva. El texto atribuye al futuro Comisionado “la competencia específica” para abordar la situación unas 5.000 personas migrantes empleadas en las campañas agrícolas que residen en asentamientos de chabolas. Sólo para la recogida de la fresa en Huelva se contratan en Marruecos más de 15.000 braceros de febrero a junio. La mayoría son mujeres.

La proposición no de ley de la izquierda del PSOE denuncia “la continua y reiterada vulneración de los derechos humanos que sufre la población migrante” en la provincia de Huelva, donde miles de personas viven en asentamientos provisionales construidos con cartón, plásticos y tablas “sin acceso a agua potable, saneamiento, electricidad, empadronamiento, atención sanitaria o recogida de residuos”. Según Francisco Sierra la situación es intolerable y exige una respuesta institucional de mayor alcance a la que han dado hasta ahora los gobiernos locales, autonómicos y el Ejecutivo estatal.

La derecha española imita a Trump contra los inmigrantes y sus hijos

Luis Díez.

Por más que exhiban su cinismo, los “autores intelectuales” de la incitación al odio, el racismo y la violencia contra los inmigrantes son personajes y cargos electos de ese PP que fundó Manuel Fraga Iribarne a partir de aquella Alianza Popular formada con los prebostes más evolucionados del franquismo, conocidos en 1976 como “los siete magníficos”. De ese PP y su brazo desgajado de extrema derecha al que llaman en latín Vox (Voz), emanan los mayores dicterios contra la inmigración y las promesas de expulsar a todos los sin papeles, los arraigados y sus hijos nacidos en España, como está haciendo en Estados Unidos (EEUU) su presidente y jefe supremacista Donald Trump.

Puede parecer contradictorio que los cachorros de los herederos del franquismo –que fue “el fascismo con corrupción”, me dijo una vez el sociólogo Amando de Miguel– vayan “a la caza del moro”, ayer en Torre Pachecho (Murcia), hoy en Alcalá de Henares (Madrid), mañana en Ponferrada (León)…, dado que el propio Franco y sus subordinados Varela y Orgaz trajeron a más de 100.000 mercenarios “moros” a matar rojos y ganar la guerra. ¿Tan mal les parece ahora que vengan a trabajar, no a matar, y ocupen los empleos que los españoles no quieren? ¿Tan mal les parece que subsaharianos, hispanos y demás personas de distintas razas y religiones aporten su inteligencia y esfuerzo al desarrollo y bienestar de nuestro país?

De antemano sabemos que los autores intelectuales del rechazo y el odio a los inmigrantes son los mismos que les quitaron el derecho universal a la asistencia sanitaria, los mismos que suprimieron las ayudas a la integración y que se opusieron con una contumacia feroz a las regularizaciones para, entre otras cosas, evitar la explotación inhumana a la que sometían a los “sin papeles”. El cinismo de los jefes del PP y su brazo fascista Vox alcanza niveles extraordinarios con tal de no reconocer que la inmigración es riqueza y que la economía española funcionaría mucho peor o sencillamente no funcionaría sin los inmigrantes, que en su inmensa mayoría vienen a trabajar y no a delinquir ni a aprovecharse de los servicios públicos como pregonan los más cínicos entre los mandos de la extrema derecha y la derecha extrema. Y ya es sabido que “cínico” viene de can, canelo o perruno que defeca y orina en público sin sentir ningún pudor.

Los jefes del PP y Vox criminalizan a los inmigrantes como si fueran delincuentes y al primer episodio (real o inventado) cometido por un inmigrante alientan el racismo, pregonan el malestar de la buena gente y mientras unos instigan a la violencia (“la caza del moro” en Torre Pacheco por la agresión a un jubilado) otros se solazan en ella y evitan condenar los ataques a los trabajadores inmigrantes. Luego, con un mensaje muy duro, que incluye deportaciones masivas al modo trumpista en EEUU, esperan sacar votos, millones de votos, de ese caldo de cultivo creado por ellos y para ellos, eso sí, “en defensa de España”. Si unos “nos rompen España” otros “nos quitan España”.

En ocasiones la consigna de los autores intelectuales del odio a los inmigrantes es muy nítida. Así, un día antes (el 8 de julio) de la agresión al anciano de Torre Pacheco por parte de tres jóvenes de ascendencia marroquí y de las posteriores convocatorias de ultraderechistas relacionados con Vox para acudir a esa localidad murciana “a cazar moros», la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, proclamó que “la inmigración irregular masiva” es un fenómeno “provocado y perfectamente medido por el Gobierno de Pedro Sánchez para crear problemas de convivencia y saturar los servicios públicos y reventar el país”. Se explica que un grupúsculo de pachequeros coreara insultos contra Pedro Sánchez ante las cámaras de televisión. Ayuso completó su consigna contra el Gobierno progresista: “No sé si es que buscan el estallido social o dejar una España ingobernable en el futuro”.

Por supuesto que la “autoría intelectual” del odio contra los inmigrantes del sur no es exclusiva de Ayuso, a la que el término “intelectual” puede resultar excesivo, sino compartida con su solemne jefe Alberto Núñez Feijóo, quien dice que los inmigrantes “vienen a delinquir”, y con los jichos de Vox, el enfático Abascal (“Santi” para Esperanza Aguirre, que lo amamantó con dinero público), su vicepresidenta y diputada por Almería, Rocío de Meer, quien anunció la expulsión de ocho millones de inmigrantes e hijos de inmigrantes nacidos en España pocos días antes del asalto a Torre Pacheco y, por supuesto, por el vicepresidente y consejero de Seguridad e Interior del gobierno regional murciano de coalición PP-Vox, José Ángel Antelo.

Entre unos y otros, la extrema derecha y la derecha extrema que eliminó el derecho a la asistencia sanitaria universal de los inmigrantes cuando gobernaba, que suprimió los fondos de integración, rechazó más del 90% de las peticiones de asilo y refugio, en contraste con la concesión de la residencia sin límite a quien viniera con medio millón de euros para comprar una vivienda, están haciendo todo lo posible para convertir la inmigración en un problema político de primer orden. Y sobre todo aprovecharán bulos y amplificarán desgracias para colocar su mercancía electoral, nada imaginativa, por cierto, sino al dictado de Trump.

De hecho, los neonazis convocados a “cazar moros” en Torre Pacheco a través de Instagrán por los cabecillas del grupo Deport Them Now (Deportarlos ahora), vinculado a Vox y a formaciones de extrema derecha de varios países europeos, reciben la inspiración (y algo más) de los emisarios de Trump, entre ellos, el propagandista ultra Bannon (no confundir con un saco de estiércol). En mayo pasado celebraron una cumbre en Italia en la que apostaron por la política trampista y acuñaron el término “remigración” como sinónimo de “deportación y expulsión”. El término fue empleado por primera vez por la vicepresidenta de Vox, diputada De Meer, en la rueda de prensa en la que anunció el objetivo de echar de España a ocho millones de personas.

Los planteamientos del PP y Vox convierten en misión imposible la gobernanza positiva de la inmigración. Las experiencias locales y regionales indican que es posible canalizar los flujos de inmigrantes a nivel nacional y europeo hacia los lugares donde se necesitan. Las fórmulas de colaboración entre los países demandantes de mano de obra y aquellos con trabajadores en paro son hoy posibles e inmediatas a través de las bolsas de empleo en Internet. La regulación de la residencia permanente, intermitente y temporal se ha de perfeccionar. Al mismo tiempo se necesita mejorar el tratamiento de las personas protegidas como asilados y refugiados con el fin de que puedan trabajar y labrarse un futuro en nuestro país. Y es menester, por supuesto, dedicar muchos más recursos económicos a cooperación para el desarrollo de nuestros vecinos del sur y más allá del África subsahariana. Todo ello se ha de hacer con el rechazo de una derecha impracticable hasta para cumplir sus obligaciones con los menores inmigrantes y respetar los derechos humanos. Qué pena.

Al poder por la crueldad

Luis Díez.

Falaris, el tirano de Agrigento (S. VI a.C), mandó construir un toro de bronce bastante grande. En él encerraba a quienes criticaban su estilo de mando, prendía fuego y los asaba vivos. De las tripas de aquel artefacto salían unos mugidos pavorosos que agradaban al tirano y le hacían sentirse más poderoso. El ejercicio de aquel poder se apoyaba en el miedo y sus hermanos mayores (horror, terror y pavor), y era similar al que viene ejerciendo desde enero pasado el matón que los estadounidenses pusieron al frente del país en su trato a los inmigrantes y a los demás países en materia de comercio exterior, cooperación y cambio climático.

La crueldad del llamado Toro de Falaris empieza a reflejarse en el campo de internamiento de inmigrantes bautizado como el “Alcatraz de los Caimanes” e inaugurado dos días antes del Cuatro de Julio por míster Trump en compañía de su subordinada de seguridad Kristi Noem y su correligionario Ron DeSantis, gobernador de Florida. La instalación, con una capacidad para 3.000 detenidos, se construyó en ocho días, con unas hileras de contenedores en el centro de unas tierras pantanosas de más de 16 kilómetros cuadrados, plagadas de alligators.

Pocas horas después de la inauguración de esta cárcel para inmigrantes, vigilada por 400 funcionarios y 200 cámaras de seguridad cerca de una pista de aterrizaje abandonada, el fiscal general de Florida, un tipo llamado James Uthmeier, anunció en X: “El Alcatraz de los Caimanes recibirá esta noche a cientos de criminales inmigrantes ilegales. Próxima parada: de regreso a donde vinieron”. El propio DeSantis, un cachorro republicano que compitió con Trump en las primarias, reconoció la crueldad de instalar la cárcel en los rudos y remotos Everglades y admitió la táctica del miedo como señal del presidente Trump para persuadir a las personas que están irregularmente en EEUU de que se marchen.

Serpientes y caimanes en las tierras pantanosas de Florida.

Sobre la crueldad gubernamental, el Nuevo Herald se hizo eco de las denuncias de las asociaciones de inmigrantes sobre el riesgo de paludismo, malaria y otras enfermedades transmitidas por los mosquitos de los pantanos a los migrantes reclusos y a sus cancerberos. Pero los activistas y simpatizantes del Partido Republicano de Florida ya han empezado a recaudar fondos a partir del nuevo centro de detención, vendiendo camisetas y enfriadores de cerveza. Incluso los funcionarios se complacen en la crueldad en redes sociales y medios conservadores, compartiendo memes de un complejo rodeado de alambradas de púas y caimanes con sombreros con el distintivo policíaco del ICE, siglas en inglés de Inmigración y Control de Aduanas.

Las redadas indiscriminadas de esa policía federal conocida como la migra y apoyada por los marines siguen causando el temor generalizado de los hispanos, especialmente en California, donde los trabajadores inmigrantes son la base de la agricultura, el comercio y los servicios. Las redadas arreciaron a partir del 6 junio sin que el necio míster Trump haya prestado atención a las autoridades locales ni aflojado en su rudeza tras las protestas masivas en las principales ciudades del país.

Hoy en Estados Unidos (EEUU) cualquier persona puede ser arrestada, secuestrada y expulsada por su color de piel. El miedo a las detenciones en los lugares menos esperados llevó el miércoles pasado al obispo de San Bernardino (California), Alberto Rojas, a dispensar a los inmigrantes católicos de la obligación de acudir a la misa semanal. Rojas encabeza una congregación de más de 1,5 millones de feligreses en el sur de California. “Hay un miedo real en muchas de nuestras comunidades a ser arrestados por agentes de inmigración”, dijo el obispo.

En Los Ángeles Times se pueden leer informaciones como la reportada por Libor Jany –“¿Secuestradores o agentes del ICE?”– que narran el repentino incremento de llamadas de ciudadanos a la policía local. “Cuando un grupo de hombres armados y enmascarados fue visto arrastrando a una mujer a una camioneta en el Distrito de la Moda la semana pasado, un testigo llamó al 911 para denunciar un secuestro”. Luego, cuando llegaron los agentes de la policía local, en lugar de detener a los secuestradores formaron una línea para protegerlos de la multitud furiosa que exigía la liberación de la mujer.

Mientras los agentes del ICE cercan los parques para detener a supuestos inmigrantes sin papeles, entran en empresas, fincas y tierras de labor, irrumpen en centros comerciales o hacen redadas a las puertas de los lugares de culto, las escuelas y en los itinerarios hacia los centros deportivos, el supremacista Trump acaba de retirar el Estatus de Protección Temporal (ETP) a unos 350.000 venezolanos, 500.000 haitianos, más de 160.000 ucranianos y miles de personas de Afganistán, Camerún y Nepal. Con la retirada del ETP desaparece el permiso de trabajo de estas personas que ahora viven con el pánico a ser deportados. El ETP suele otorgarse cuando las condiciones en el país de origen dificultan el regreso. Las personas han de registrarse en el Departamento de Seguridad Nacional para quedar protegidas y poder trabajar. Sin embargo, han de renovar la protección cada 18 meses y los periodos no cuentan para adquirir la nacionalidad. En septiembre otros 250.000 venezolanos y varios miles de sirios verán cancelados sus TPS, y en diciembre se hallarán en la misma situación centenares de yemeníes y somalíes.

El despiadado Trump trata de extender su política del miedo a los alcaldes y dirigentes locales de las “ciudades santuario”, defensoras de los inmigrantes. Para ello dio orden a la fiscal general Pam Bondi de abrir causas penales contra esas autoridades. La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, ha sido incriminada. Pero claro, la lista de “jurisdicciones santuario” del Departamento de Seguridad Nacional tiene más agujeros que la trama de la última película Misión Imposible, dice el columnista de prensa Gustavo Arellano antes de poner de relieve los errores más chuscos e hilarantes de esa relación apresurada para satisfacer al gran jefe necio.

En la lista aparece, por ejemplo, Huntington Beach, la ciudad del condado de Orange que ha demandado a Califiornia, precisamente, por ser un Estado santuario y se ha declarado “comunidad no santuario”. Aparece asimismo Represa, una localidad de la que nadie había oído hablar y era lógico porque no existe. Resulta que no es una ciudad, sino el nombre de la oficina de correos de dos lugares que no se caracterizan precisamente como santuarios: la prisión estatal de Folsom y la prisión estatal de California en Sacramento. “Más errores risibles –escribe el amigo Arellano–: Livingston, la primera ciudad del Valle Central en declararse santuario para los inmigrantes en 2017 no está en la lista, en cambio, Santee, en el condado de San Diego, tan conocido por su racismo que todavía se llama Klantee, sé lo está”.

El relato de errores y desaciertos sigue, es largo y demuestra cuán cegado de odio y furia está el mandatario deportador. Y lo malo es que la política de crueldad contra los más débiles y desamparados de un país de inmigrantes como EEUU está siendo exportada a Europa y aplicada en parte por la aventajada alumna ultraderechista, signora Meloni. El principal mentor de la política de Trump es ese saco de estiércol al que llaman Bannon, promotor de la ultraderecha paneuropea y, curiosamente, encarcelado y procesado en Nueva York por apropiarse de al menos un millón de dólares de los fondos donados por la gente para la construcción del muro en la frontera mexicana.

Los receptores y seguidores al pie de la letra de los métodos trampistas son en España los dirigentes de la extrema derecha, Vox. En cuanto se enteraron de que el todopoderoso líder multimillonario ha obtenido el plácet judicial para quitar la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en EEUU se han apresurado a proclamar que suprimirán la nacionalidad española a los inmigrantes y a sus hijos, y los expulsarán al país de origen. Para que suene menos mal, en vez de “expulsión” y “deportación”, hablan de “remigración”, un término político inventado por los racistas y supremacistas trumpianos. ¿A cuantos millones de españoles van a expulsar? ¿Incluso a los que les han votado?

Tristeza PSOE, euforia PP

Luis Díez.

Se impone un viaje o una mirada al interior de esta nación de nacionalidades y regiones porque están ocurriendo asuntos muy serios en la política partidaria. Este primer fin de semana de julio de 2025, víspera de San Fermín, el navarro que fuera secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, lleva seis días en la cárcel de Soto del Real (Madrid) por orden del magistrado del Tribunal Supremo Leopoldo Puente, debido a las presuntas mordidas que pegaba en las adjudicaciones amañadas de obras públicas, de acuerdo con el que fuera ministro y antecesor en su cargo en el PSOE, José Luis Ábalos Meco y de su antiguo chófer y asesor ministerial Koldo García Izaguirre.

El mazado a la formación socialista y a su secretario general y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es enorme. El descrédito golpea al partido y afecta al Gobierno. El chorro de votos que huyen (se alejan del hedor) parece difícil de contener, según las encuestas. Algunas ya sitúan al PP seis puntos por encima del PSOE, al filo de los 150 escaños, lo que le permitiría gobernar en minoría con una geometría variable apoyada por la ultraderecha o los nacionalistas, según convenga. Pero las encuestas son eso, platos cocinados al gusto de quien paga.

De momento, el Comité Federal socialista renovará la dirección Ejecutiva y adoptará más medidas de prevención contra la corrupción subjetiva. Por suerte no aparecen indicios de que Cerdán y su antecesor Ábalos hayan destinado las supuestas mordidas a financiar el partido. Después, el presidente Pedro Sánchez acudirá al Congreso de los Diputados a explicar lo que sabe del caso, las decisiones adoptadas y las medidas higiénicas pertinentes. En este país donde la honradez en la contratación pública parece imposible de conseguir, Sánchez haría bien en proponer sanciones más severas contra los usos y maneras, convertidos en costumbre y a punto de devenir en fuente del Derecho, de los corruptores y los corruptos.

Los escándalos provocados por los dos últimos secretarios de organización del PSOE –el exministro Abalos: 2017-2021, y el diputado Cerdán: 2021-2025–, fulminados por Sánchez, le han obligado a proponer una nueva dirección “coral y con contrapesos” en la que la nueva secretaria de organización, Rebeca Torró, realizará sus funciones con dos adjuntos: el madrileño Borja Cabezón y la almeriense Anabel Mateos. Torró formó parte del Ejecutivo valenciano de Ximo Puig y en la actualidad es secretaria de Estado de Industria. Es probable que los cambios en la Ejecutiva del PSOE afecten a otras áreas ajenas al llamado “trío tóxico koldificado”, en alusión al chófer y asesor Koldo que grababa en secreto a sus compañeros y benefactores desde 2015.

Pese a las medidas de descontaminación que el máximo órgano entre congresos del PSOE adopte y que los socialistas y el Gobierno puedan proponer en el Parlamento, el proceso judicial va para largo. Quiere decirse que la oposición va servida de titulares y argumentos contra los socialistas por varios años. El instructor del Tribunal Supremo, Puente, un magistrado de gran prestigio, tardará su tiempo en aclarar la trama de los supuestos “amaños” de contratos en la dirección general de Carreteras y en ADIF a favor de las UTEs (uniones temporales de empresas) de Acciona y Servinabar 2000. Hay además otras dos empresas introducidas por Koldo, y de las que era intermediario el corruptor Aldana, que habrían pagado mordidas por adjudicaciones de obras en UTEs con la multinacional Acciona. En todo caso, el reparto de obra pública entre las grandes constructoras se mantuvo sin apenas variaciones desde 2018 a 2021 con Ábalos de ministro de Obras Públicas y Transportes.

En el caso concreto de la empresa navarra Serbinabar se da la circunstancia de que participaba presuntamente como socio y accionista (mediante escrito privado) el político Sántos Cerdán, quien luego, según se deduce de la investigación de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, pagaba, a través de Koldo García, al ministro José Luis Ábalos y al propio Koldo, parte de las mordidas.

El informe de la UCO, basado en las grabaciones y mensajes de Koldo con Cerdán y Ábalos hasta que Ábalos fue cesado de ministro, sitúa a Cerdán como el capo mafioso que controlaba las mordidas y repartía la pasta. Es curioso porque esto lo hacía desde el cargo de coordinador territorial de la Ejecutiva, a la que llegó en 2017 y colocó a Koldo como chofer de Ábalos, quien entonces accedió a la Ejecutiva como secretario de organización o número tres de Sánchez. En la lista de curiosidades se podrían anotar otras, por ejemplo el NIF del documento privado que acreditaría la participación de Cerdán en Servinabar no coincide con el que figura en su DNI, o el uso de la expresión “mafiosos” y del lema “Mafia o democracia” por parte del PP en la concentración nacional convocada en Madrid antes de que se conociera el informe de la UCO sobre Cerdán. Salvo invención de IA, en la concentración del PP se vieron imágenes de la bandera de la Guardia Civil.

Al afirmar que el proceso va para largo no sólo cabe referirse a la mayor o menor agilidad del instructor Puente –el mismo magistrado que fue ponente de la cuestión de inconstitucionalidad de la ley de amnistía, y utilizó diez veces en 49 folios la expresión “golpe de Estado” para referirse al “proceso independentista”–, sino también a la propia sección económica de la UCO. En estos momentos, sus dependencias en el centro de negocios Eisenhower de la Avenida Sur del Aeropuerto de Barajas, se estarían analizando millones de datos bancarios solicitados a decenas de entidades sobre movimientos de más de medio millar de cuentas, con el fin de identificar las mordidas (medio millón de euros en seis adjudicaciones de obras públicas públicas por más de 500 millones, según la investigación de la UCO). Algunas de esas cuentas fueron abiertas el siglo pasado y canceladas antes de la llegada del PSOE al Gobierno en 2018 mediante la moción de censura de Pedro Sánchez contra M. Rajoy por la corrupción, precisamente.

Las dilaciones judiciales en estos casos complejos son enormes. Por ejemplo, la tramitación judicial del caso Gurtell y sus piezas separadas, como el caso del tesorero multimillonario en Suiza, Luis Bárcenas, se han prolongado por más de una década. Y todavía no han terminado. Faltan sentencias y respuestas a recursos y reposiciones. En algunas tramas de corrupción en adjudicaciones de gobernantes del PP han muerto imputados y testigos clave. El último deceso ha sido el del sagaz empresario José Luis Aneri, de 45 años, quien apareció muerto en su domicilio el 25 de junio pasado. El finado llevaba pendiente de la investigación por corrupción desde 2013. El tipo y sus amigantes de la patronal regional y del gobierno madrileño de Esperanza Aguirre embolsaron 15 millones de euros por cursos de formación laboral que simulaban y no realizaban.

El fiasco de la corrupción en el PSOE, azuzado por el gigante navarro Koldo García a partir de las acusaciones del defraudador e intermediario Víctor de Aldama Delgado, ha animado al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo a orientar el 21º Congreso del PP, que se celebra este fin de semana, hacia la convocatoria de unas elecciones generales anticipadas. Para ello, como si se tratara de aquella oprobiosa junta reunida en Salamanca, ha colocado un mando único para dirigir la contienda. Se trata del secretario generalísimo natural de Ferrol, Miguel Tellado, de apariencia franca, mirada sagaz, verbo brutal y con larga experiencia al lado de Feijóo. Su puesto de portavoz en el Congreso será ocupado por la diputada leonesa Ester Muñoz, a la que Tellado considera una discípula aventajada en el arte de zaherir al contrario y ejercer de jabalina. Según recuerda Álvaro Caballero en el Diario de León, la diputada Muñoz ya sonaba dialéctica hace 26 años, cuando ganó el premio nacional de oratoria Gabriel Cisneros, convocado por la Fundación para la Defensa de la Nación Española que presidía el jefe de Vox Santiago Abascal. Además del ultraderechista, el jurado lo componían personas tan relevantes como Gustavo Bueno, Andrés de Blas, Felicísimo Balbuena, José Manuel Otero Novás, Nicolás Redondo Terreros y Eduardo Zaplana. Amén.

El europeo que plantó cara a Trump era un socialista español

Luis Díez.

España destina a la defensa militar 1.359 euros por habitante y año. Es bastante dinero. Más, por ejemplo, de lo que el dueño de cada casa dedica (si quiere) a protegerla de los amigos de lo ajeno y de otros daños con una alarma y un seguro que a precio medio de mercado se sitúa entre 40 y 45 euros al mes, unos 500 euros al año. Resulta curioso constatar que hace solo tres años la defensa militar de este país pacifista de cuarenta millones de personas costaba a cada español menos que el servicio de Movistar-Prosegur de protección del hogar. Y eso que el anterior presidente del Gobierno, M, Rajoy, se había comprometido a dedicar el 2% del PIB a la altura de 2017. El putinato ya había atacado a Ucrania y mantenía su espada de Damocles sobre el norte de la UE. Pero ni se olía el peligro ni las flores.

El caso es que para cumplir el porcentaje comprometido tras el último recordatorio (en marzo pasado) de la Comisión de la UE a los socios renuentes, el actual jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tenido que arañar 10.471 millones de euros que, sumados a los 33.123 del presupuesto ordinario (el 1,6% del PIB), suponen esa aportación per cápita reseñada y comprometida (1.359 €) y han evitado el reproche de los socios europeos.

Entonces, de pronto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un experto en dimitir como primer ministro holandés, eleva el dígito al 5% del PIB en Defensa. Es mucho dinero. Supone la curiosa cifra de 106.420 millones de euros para España. Eso no puede ser. El presidente Pedro Sánchez no firmará el trágala. Negocia a través del tal Rutte con el líder que formula su imposición, el ultraico Trump, y consigue “la carta de excepción”a cambio de no romper la unidad y estampar su firma en el comunicado final de la cumbre de La Haya. Buen trabajo.

Míster Trump llega a la ciudad holandesa en plan matón, después de haber lanzado unas cargas telúricas de bombas y misiles perforadores contra las instalaciones en las que supuestamente Irán trataría de montar bombas nucleares. La operación fue bautizada como “Martillo de Medianoche” y resultó un éxito, según el mandatario estadounidense. El matón atacó sin permiso alguno de Naciones Unidas, vulnerando el derecho internacional y, por supuesto, sin informar a los socios y aliados de la OTAN. Para que vean quién manda aquí. Y ahora ya pueden besarme el culo.

Asombrados debieron quedar los gobiernos de la UE que ejercieron sus buenos oficios diplomáticos para que Irán mantuviera la negociación con Washington tras los bombardeos de los que ha sido objeto por parte de Netanyahu. Después de la “guerra de los doce días” como bautizó Trump al intercambio de misiles entre Israel e Irán, el mundo debía agradecerle que nos librara de más riesgo nuclear. Como si el suyo y el del criminal Netanyahu no fueran suficientes. Para el escritor judío Josh Hammer quedó claro que tras los ataques “la relación bilateral entre Trump y Netanyahu es claramente más sólida que nunca”. Y así lo escribió entre elogios al matón, en Los Angeles Times.

Ya en suelo holandés, el jefe de Estados Unidos (EEUU) preguntaba a unos y a otros qué le pasa a España. Se ve que el tipo que venía a exigir forraje europeo para el complejo militar industrial USA con el fin de garantizar su opulenta continuidad dos lustros más, no digería el hecho de que un país desobedeciera su voluntad. Pero allí estaba Pedro Sánchez. Si quería saber qué pasa con España solo tenía que acercarse y preguntarle. No lo hizo. En cambió amenazó a nuestro país con duplicar los aranceles. La UE y EEUU todavía negocian el acuerdo del famoso “día de la liberación” de Trump. Por no decir fiasco.

La singularidad de España tiene sentido porque ya aporta un esfuerzo considerable y asume un riesgo inestimable autorizando el uso de las bases de Rota y Morón al Ejército y la Armada estadunidenses. Históricamente lo tiene porque bien poco debe a EEUU por la liberación del nazifascismo. Y quitando la leche en polvo, nada obtuvo del plan Marshall. Es de llorar tener que recordar esto y, recordar, por ejemplo que todavía sufrimos la contaminación del dióxido de plutonio procedente de las dos bombas nucleares que cayeron y se deterioraron el 17 de enero de 1966 sobre la localidad almeriense de Palomares. Ahora que Trump anda buscando “tierras raras” vale recordar que no se llevaron las cinco mil toneladas de tierra almeriense que iban a cargar. Ni siquiera la mitad.

El mismo líder que niega el cambio climático, retira la firma de los objetivos de París y persigue en los tribunales a estados como California por la descarbonización en curso, exige a la OTAN más gastos en armamento. El mismo tipo que ningunea a la UE en sus negociaciones con Putin sobre el futuro de Ucrania le pide 700.000 millones de dólares más. Para qué? Para repartirse Ucrania con Putin?

Se trata del mismo sujeto que se retira de la OMS, que liquida la Cooperación Internacional, dejando en África a decenas de millones de personas al albur de las enfermedades, la hambruna y la muerte; el mismo individuo que jibariza la democracia en su país, persigue sañudo a los inmigrantes, sobre todo si son trabajadores de origen hispano… ?todavía se atreve a preguntar qué le pasa a España? España tiene dignidad, posee un presidente que la representa, que sabe que a Trump le repugna el castellano y que no le besa el culo, míster. Los españoles no lo tolerarían verdad? Este dirigente socialdemócrata, llamado Pedro Sánchez, también se quedó solo pidiendo en el Consejo Europeo la suspensión del acuerdo de trato preferente con Israel en protesta por el genocidio en Gaza. “Oh soledad, mi sola soledad”, que diría nuestro Antonio Machado, un hombre bueno.

Escabechina de científicos marca Trump

Luis Díez

Mientras el presidente de Estados Unidos (EEUU), el belicoso y criminal que acaba de atacar a Irán, Donald Trump, desmantela las instituciones de investigación, los gobiernos de numerosos países avanzados ven una oportunidad única de rescatar a muchos de sus investigadores y ofrecen incentivos a la fuga de cerebros del país más poderosos del mundo. Trump recorta miles de millones de dólares a institutos científicos y universidades, restringe lo que se puede estudiar y expulsa a los inmigrantes. Y eso que este patriota de ultraderecha funciona con los lemas: “Hacer grande a América de Nuevo” y “América primero”. Quien lo diría.

Holden Thorp, editor jefe de la revista Science, recuerda que desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha invertido enormes cantidades de dinero en investigación científica en universidades independientes y agencias federales. Esa financiación ayudó al país a convertirse en la mayor potencia científica del mundo, lo llevó, por ejemplo, a la invención de Internet, los teléfonos celulares y a nuevas formas para tratar el cáncer, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Se pueden citar eminencias europeas, españolas y latinas en esos campos del conocimiento –desde la computación y eso que llaman inteligencia artificial hasta la medicina– que de pronto se quedan con sus proyectos en el aire.

La corresponsal en Londres del New York Times en materia económica, Patricia Cohen, dice que en 2024 EEUU gastó casi un billón de dólares –aproximadamente el 3,5 % de su producción anual– en I+D. En investigación de base, que a largo plazo produce los avances tecnológicos y científicos más importantes, la aportación gubernamental representó el 40% de la inversión. Pero para el multimillonario presidente y su familia, que ahora lanza una marca propia de teléfonos y una operadora de telefonía, la ciencia es “cantidad negativa”. Así que considera “un despilfarro” el gasto federal en ciencia y ha recortado los fondos y el personal subvencionado por Fundación Nacional de Ciencias, los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus iniciales en inglés), la NASA y otras agencias, además de reducir la ayuda a la investigación en varias universidades privadas. El hachazo en el presupuesto de 2026 es del 40% a los NIH y del 55% a la Fundación Nacional de ciencias.

Varias universidades ya han anunciado congelaciones en las contrataciones, recortes de personal y han dejado de admitir a nuevos estudiantes de posgrado. Los ataques de Trump y sus secuaces a la Universidad de Harvard, prohibiendo la inscripción de estudiantes extranjeros, son la evidencia más escandalosa del nepotismo y la necedad. Las instituciones de investigación de terceros países que colaboran con sus colegas de EEUU ven con preocupación el desmantelamiento y la liquidación de programas. Pero, al mismo tiempo aprovechan la oportunidad para atraer el talento. “Hay amenazas para la ciencia al sur de la frontera”, dijo Brad Wouters, directivo del University Health Network, el principal hospital y centro de investigación médica de Canadá. Y a renglón seguido lanzó la campaña de reclutamiento “Canadá Leads”.

“Vengan para acá”, dijeron los directivos del Instituto Australiano de Política Estratégica. Líderes europeos, largo tiempo preocupados por la fuga de cerebros ofrecen incentivos para recuperar y atraer a los investigadores despreciados en EEUU. La Unión Europea (UE) anunció en mayo un presupuesto suplementario de 550 millones de euros adicionales (556 millones de dólares) para cebar el imán europeo y atraer a los investigadores”. Ni que decir tiene que es una cifra muy escasa en comparación con las cifras estadounidenses. También es cierto que los salarios son más bajos en la UE. Un investigador postdoctoral en Stanford gana un salario de 6000 euros (unos 6700 dólares) mientras en Francia, por ejemplo, un investigador de 35 años puede gana como máximo 3.600 euros. Y en España no pasa de 3.000 brutos. Pero no todo es cuestión de dinero, ya que tres de cada cuatro estudiantes de doctorado e investigadores posdoctorales de los 1600 que respondieron a una encuesta de la revista Nature en marzo pasado se confesaron dispuestos a abandonar el país por la políticas de Trump.

Hay menos dinero, pero una red de seguridad social y eso que llamamos Estado del Bienestar que compensa la diferencia salariales por países y universidades de todo el mundo.

Francia invertirá 100 millones de euros para atraer a investigadores estadounidenses, según ha anunciado el presidente Emmanuel Macron. España destina 45 millones de euros adicionales para atraer a investigadores de EEUU según ha explicado la ministra de Ciencia, Innovación y Universidad Diana Morant. Y Cataluña ha puesto en marcha un programa suplementario de 30 millones de euros. Además, una decena de universidades españolas contribuirán a financiar los programas de investigación de 78 científicos estadounidenses de “alta calidad” durante los próximos tres años. Gran Bretaña planea gastar 50 millones de libras (o 66 millones de dólares) para atraer y financiar a científicos internacionales. En Dinamarca el director de la Cámara de Comercio, Brian Mikkelsen, hizo una invitación directa a 200 investigadores estadounidenses para que vengan a trabajar durante los próximos tres años. Y lo propio ha hecho en Suecia el ministro de Educación, Johan Pehrson, y el primer ministro de Noruega, Jonás Gahr Store, quien dispuso una ayuda extra de 100 millones de coronas para atraer el talento.

En Canadá laRed Universitaria de Salud de Toronto y otras entidades dedicarán 21,5 millones de dólares USA a la contratación de 100 jóvenes científicos de EEUU. En Portugal, la Escuela de Medicina NOVA presupuestará dos millones de dólares adicionales para cubrir los salarios de “investigadores internacionales de excelencia” durante tres años y algunos costos de reubicación. En Australia (continente australiano), la Academia de Ciencias ha puesto en marcha una campaña de donaciones para aprovechar una “oportunidad urgente e inigualable para atraer a las mentes más brillantes de Estados Unidos”, dijo su presidenta, Anna-Maria Arabia. Incluso China, Japón y Corea del Sur han implementado políticas para atraer a los cerebros en fuga de EEUU.

En todos los casos, los anuncios han ido acompañados de críticas veladas y abiertas a las políticas de Trump. La ministra de Mujer, Ciencia e Investigación de Austria, Eva-Maria Holzleitner, se despachó en un video en Instagram: “La destrucción de la libertad científica y la democracia en Estados Unidos me deja sin palabras”, dijo antes de anunciar: “Estamos trabajando en programas para brindar un refugio seguro a estudiantes y científicos en riesgo”. Resulta muy novedoso que los captores de talento ofrezcan sobre todo “libertad académica” a los profesores e investigadores estadounidenses. La propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó fechas atrás, cuando lanzó el programa “Elige Europa para la Ciencia”, el proyecto de “consagrar por ley la libertad de investigación científica”. Ni gobiernos ni presidentes podrán amenazar la libertad de pensar, investigar, crear y enseñar.

Millones se alzan contra Trump al grito de ‘Reyes no’

Luis Díez.

Es probable que el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, sea un simple emulo de los peores emperadores romanos en su ejercicio del poder. Por llamarle eso, emperador, el premio Nobel de la Paz Oscar Arias se quedó sin visado de entrada a EEUU. La amenaza expansionista del poderoso personaje se mantiene desde que tomó posesión hace cinco meses. Aspira a anexionar Canadá y Groenlandia –de momento–, a apoderarse de la minería metálica de Ucrania y a dominar el Canal de Panamá. Ya ha sometido ese paso entre el Atlántico y el Pacífico a la vigilancia de su flota de guerra. La coacción e intimidación de su discurso odioso y belicoso se vuelve crueldad sin límite cuando se trata de respaldar a Netanyahu en el exterminio de los palestinos de la Franja de Gaza para convertirla, dice, en un destino turístico ocupado y administrado por israelitas y estadounidenses.

Ese rey neto, absoluto, como también le consideran muchos estadounidenses, no sería nadie sin Ejército. Lo que está sucediendo en Los Ángeles con el despliegue de tres mil efectivos de la Guardia Nacional y setecientos marines podría ser una de sus ideas ingeniosas para superar el escándalo de las acusaciones de Elon Musk sobre las fiestas sexuales con chicas menores de edad si no fuera un paso más hacia la autocracia. Enviar al Ejército contra el pueblo a las calles de la segunda ciudad más poblada de EEUU para asfixiar las protestas por las redadas indiscriminadas de la policía federal para el Control de Inmigración y Aduanas (ICE) contra los inmigrantes latinos ha sido una decisión propia de un tipo autoritario e insensato. Así lo ha manifestado el gobernador Gavin Newsom, quien ha deplorado la provocación de Trump y su contribución a la desesperación y el incendio de las calles. Las marchas de protesta y solidaridad no se han hecho esperar en otras grandes ciudades norteamericanas.

Este sábado, Trump celebra celebra su cumpleaños en Washington con un gigantesco desfile militar, con un costo estimado de 45 millones de dólares. Su síndrome de Keops le ha llevado a montar un festejo para celebrar el 250º aniversario del Ejército exactamente el día que él cumple 79 años. Algo increíble, nunca visto por los estadounidenses, salvo por la tele con ocasión Día Nacional en Pyongyang, dice en Los Ángeles Times la escritora Anne Lamott, quien anima al personal a asistir a las decenas de manifestaciones “Sin Reyes” que se celebran el sábado por todo Estados Unidos contra las políticas de Trump. “Yo asistiré a una porque es importante y porque me alegrará el corazón”, añade la novelista –su último libro se titula: De alguna manera: pensamientos sobre el amor— antes de animar a sus conciudadanos a sumarse a las concentraciones.

Argumenta Lamott: “Nosotros, el pueblo, hacemos las mejores pancartas; mis favoritas en la marcha: «Manos Fuera», «Toca la bocina si nunca enviaste mensajes de texto borracho con planes de guerra» y «Ahora has cabreado a las abuelas». Se escucharán las viejas canciones del movimiento por los derechos civiles y las protestas que detuvieron la guerra de Vietnam”. Tal es el ambiente contra el autócrata belicoso arancelario. “Celebraré la última semana de primavera con decenas de miles de personas en el Centro Cívico de San Francisco. Ciudadanos comunes y corrientes, sin un plan ni una estrategia para salvar a esta nación herida, nos presentaremos con el corazón roto, enojados, pacíficos y eufóricos: jóvenes y ancianos, bebés, las generaciones X, Y y Z, personas de todas las etnias, caminos espirituales y de ninguna. El amor que sentimos por esta hermosa y asediada nación democrática será nuestra pequeña luz para ver y brillar”.

Y concluye Lamott: “Ojalá todos los que se reúnan en mi ciudad pudieran llorar juntos por lo destruido y mancillado, por toda la gente que muere desde que Musk consiguió que USAID (la agencia de cooperación internacional) fuera desmantelada. Pero los liberales, en general, no lloramos: nos inquietamos, como niños pequeños. Al menos, yo sí. Cuando los bebés descubren esos deditos, mueven las yemas de una mano contra la otra y parece como si estuvieran tejiendo. Esto es precisamente lo que haremos el sábado: tejer una resistencia pacífica a la dictadura, a la política de la crueldad. ¿Recuerdas la vieja pegatina para el parachoques que decía: “La democracia es un verbo”?

Pero Trump ha llamado “basura” a los inmigrantes sin papeles, tildado de “inepto” al gobernador Gavin, quien se perfila como nuevo líder del Partido Democrata, y reafirmado su política de persecución de los inmigrantes. Ha hecho saber que reprimirá duramente las manifestaciones ciudadanas del sábado si se producen disturbios. Y ha anunciado que no tolerara protestas en Washington contra el desfile militar. Una muestra del mal humor reinante en la Casa Blanca la sufrió el jueves el senador por Californa Alex Padilla. Al entrarse de que la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ofrecía una rueda de prensa en el edificio federal de Los Ángeles donde tiene su oficina, se dirigió a la sala, entró y se quedó detrás, junto a la puerta. Cuando Noem parecía a punto de terminar, Padilla se identificó para preguntarle sobre las redadas migratorias, pero no pudo: cuatro agentes federales le empujaron al pasillo, le obligaron a arrodillarse (es un hombre corpulento) y lo esposaron. Poco después lo liberaron sin cargos.

Los grandes periódicos destacan que las manifestaciones de hoy, bajo el lema “Reyes no”, se están organizando a conciencia y serán multitudinarias. Se han convocado 1.500 marchas en todo Estados Unidos. En Nueva York se esperan unas cien mil personas. En Los Ángeles, a pesar del miedo a las detenciones que siguieron a las primeras protestas, el 6 de junio, contra las redadas de La Migra, se esperan al menos 25.000 manifestantes que ocuparán un día más las calles y bulevares del centro de la ciudad. Así, mientras se lleva a cabo el desfile militar en Washington DC, millones de ciudadanos muestran su rechazo en lo que llaman “día nacional de acción y movilización masiva en respuesta a los crecientes excesos autoritarios y la corrupción de la administración Trump”.

Algunos datos: 50.000 personas se encuentran actualmente bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según el informe más reciente de la agencia. Este alarmante aumento —un 25% en tan solo cuatro meses— se produce en medio de la escalada cada vez más autoritaria de Trump, con detenciones y deportaciones masivas. Luego ya las encuestas revelan que el 52% de la población estadounidense considera negativa la política migratoria de Trump –detenciones y deportaciones– frente a un 37% que la califica de positiva. Esta percepción ha debido de enfadar bastante al reaccionario inquilino de la Casa Blanca que hizo del reforzamiento de las fronteras y la expulsión de migrantes el principal eje de su campaña hace unos meses. ¿Puede funcionar la economía estadounidense sin trabajadores inmigrantes, especialmente en los sectores agrario, del transporte, el comercio y los servicios? ¿Verdad que no?

Del legado de Musk (enfermedad, hambre y muerte) a la debilidad de Trump

Madrid.–Luis Díez.

Doge no era una marca de automóviles, sino una maldición. El Departamento de Eficiencia Gubernamental o Doge, por sus siglas en inglés, fue el artefacto que el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, puso en manos de su amigante Elon Musk, el hombre más rico del mundo, para podar la Administración Federal y eliminar gastos inútiles. El dueño de Tesla, la red X en Internet y la lanzadera espacial SpaceX, hizo el saludó fascista en el festejo multitudinario de la toma de posesión de Trump y apareció como el tipo decisivo para subsanar la administración. Dijo tener un plan para ahorrar un billón de dólares mediante la supresión del “despilfarro, el abuso y el fraude”. Era el mes de enero del corriente y toda la fanfarria de la corte de ultras millonarios sonaba tan metálica y ruidosa como quería el fanfarrón jefe.

Cinco meses después, del billón de euros ya no se habla, el amigante Musk ha abandonado el cargo y se ha enzarzado en una trama de reproches, descalificaciones e insinuaciones con el presidente que no auguran nada bueno. El Doge dice haber ahorrado 175.000 dólares. Pero los expertos sostienen que esa cifra está muy inflada. Según la Asociación para el Servicio Público, los ataques del Doge al personal gubernamental –despidos, recontrataciones, uso de licencias retribuidas y pérdida de productividad asociada– pueden costarle al gobierno (todos los ciudadanos, incluso los inmigrantes sin derechos de ciudadanía) más de 135.000 millones de dólares este año fiscal. Y eso sin contar las consecuencias judiciales de los desenfrenos de Musk.

Las repercusiones internas de los ajustes han sido graves en materia sanitaria, muy negativas para la alimentación infantil en las escuelas, fatales para algunas agencias de investigación como la encargada del banco de semillas, un organismo esencial para luchar contra las plagas y vital para la alimentación. Los palos a la ciencia han sido tremendos. Por ejemplo, la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, Maryland), líder en investigación científica y reconocida en todo el mundo por sus avances biomédicos, ha tenido que despedir a más de 2000 personas por los recortes de Musk. La quita fue, en este caso, de 800 millones de dólares. Otro ejemplo: las becas de la Fundación Nacional de Ciencias, la principal agencia de investigación en ciencias físicas, han bajado al nivel de 1990.

Incluso el Servicio Nacional de Meteorología, que cuesta 4 dólares al año por estadounidense –el equivalente a cuatro litros de leche– y ofrece un rendimiento anual equivalente a un 8000 por ciento, ha sufrido el brutal tsunami del Doge. En solo tres meses, el Servicio Nacional de Metereología se ha visto aplastado. Sus 122 centros en todo el país han sufrido una reducción de personal del 60%, incluidos equipos directivos enteros. “Perder a los cazadores de huracanes sería catastrófico”, decían los afectados en los periódicos. Si las alertas anticipadas hasta una semana permitían a la gente protegerse y evacuar a tiempo pueblos y ciudades, tras los estragos del Doge, la red de alerta (24 horas al día, 7 días a la semana) ha quedado tuerta, o si lo prefieren, ciega por varias horas cada día.

“El legado de Elon Musk es enfermedad, hambre y muerte”. Así titulaba la columnista de The New York Times Michelle Goldberg un artículo sobre la práctica destrucción de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) por parte del amigante de Trump. El relato comenzaba con la publicación de Musk de una frase, el 3 de febrero, en su red X: “Hemos pasado el fin de semana metiendo a USAID en la trituradora de madera. En vez de ir a unas fiestas estupendas hemos hecho esto”. Lo que el magnate de 53 años y sus secuaces estaban haciendo era eliminar el 80% de las subvenciones de la agencia. ¿Qué les importaba a ellos que cientos de miles de personas muriesen (y han muerto) hambre y enfermedades en los países más empobrecidos de África?

Decía Josep Borrell en una entrevista con Aimar Bretos en Hora 25 (Cadena Ser) que era muy difícil convencer a los líderes con una influencia decisiva sobre Netanyahu de que le obligasen a parar la matanza de palestinos en Gaza. No citó expresamente a Trump ni a ningún otro, pero dejó claro su mensaje cuando preguntó retóricamente al periodista: «¿Sabe usted cuanta gente morirá en el futuro inmediato solo por la retirada de la ayuda humanitaria al desarrollo?” Tampoco citó expresamente a EEUU. “Se lo digo yo: cuatro millones de personas”, afirmó. Con ello Borrell, el tipo que desde el primer momento pidió la revisión de las relaciones de la UE con Israel, puso de relieve la escasa importancia de las personas sin medios económicos para los que detentan y hasta ostentan el gran poder mundial.

¿Sabéis cómo se refiere Musk a las personas que desprecia? Les llama “PNJ”, un término de los videojuegos referido a los personajes que no son controlados por los jugadores y que, por lo tanto, no tienen poder de decisión. “Más que un insulto –dice la periodista Goldberg–, creo que el término revela algo sobre su visión del mundo. O bien no considera que la mayoría de las personas sean totalmente reales, o bien no ve el sentido de tratarlas como tales. Como le dijo a Joe Rogan (Comentarista y cómico) este año, “la debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía”, refiriéndose a esta emoción como un “error” de nuestro sistema”.

Según Brooke Nichols, profesora asociada de salud global en la Universidad de Boston, “la trituradora de madera” que convirtió la USAID en serrín “ya ha provocado unas 300.000 muertes, en su mayoría de niños, y muy probablemente provocará muchas más de aquí a fines de año. “Esto es lo que ha logrado la incursión de Musk en la política”, escribió Goldberg el 31 de mayo, tras el anuncio del lanzador de cohetes espaciales que estallan y caen al océano de que dejaba de servir a Trump para dedicarse a sus empresas. Luego, el secretario de Estado Marco Rubio negó ante los diputados que la retirada de la ayuda haya causado tantas muertes como documentó el periodista Nicolás Kristof desde Africa Oriental. Pero su colega Goldberg, recogió testimonios que indican que Rubio miente o está mal informado.

Si el señor Musk hubiese recibido y escuchado a la embajadora de Barack Obama ante Naciones Unidas y después directora de la USAID con Joe Biden, Samantha Power, quizá no hubiera dado luz verde a la matanza silenciosa a la que se refería Borrell. Si en vez de dedicarse a hacer negocios en Catar, los Emiratos y Arabia Saudita junto con Elnecio arancelario y criptomonetario Trump, ese Musk se hubiese desplazado a Uganda para hacer su trabajo, habría conocido sobre el terreno las misiones de la Agencia Internacional, proporcionando medicinas a personas con VIH y alimentando a los refugiados de Sudán del Sur. Y quizá entonces se habría abstenido de pulsar el botón de la trituradora del Doge contra la USAID.

Es una canallada para la ultraderecha estadounidense y sus acólitos europeos que el hombre más rico del mundo le quite los alimentos y medicinas a los niños más pobres del mundo. Y es además, como dice la periodista Goldberg, muy mala publicidad para el señor Musk, sus coches, satélites y negocios en Internet. Ni vergüenza ni decencia ni reputación cabrá atribuir jamás al amigante del fanfarrón que preside el país más poderoso del mundo. Mala gente que camina y va apestando la tierra, diría nuestro Antonio Machado. A más recortes del gasto social –pensaba Musk–, más subvenciones para sí y otros amigantes (amigos mangantes). De hecho ya había colocado a un hombre suyo al frente de la NASA y ocupado otras agencias, incluido el banco de semillas, para pillar contratos multimillonarios. Pero se descompuso al ver que Trump reducía los impuestos a la gente acomodada y frustraba sus previsiones.

De la separación “amistosa” del dúo Trump-Musk pasaron al espectáculo. Comenzó Musk quejándose de la agenda legislativa de Trump. Éste se tomó las críticas con calma hasta que se le hincharon los párpados y manifestó su decepción con su exasesor. Entonces Musk contraatacó con una avalancha de burlas y acusaciones. Dijo que había traicionado las promesas de reducir el gasto federal, que sin su ayuda (después del atentado) no habría ganado las elecciones presidenciales y, lo más grave, que debería ser destituido por haber ocultado información sobre su relación con el infame pedófilo Jeffrey Epstein. Trump amenazó a Musk con eliminar los contratos a las empresas del multimillonario que le llevó un Tesla a los jardines de la Casa Blanca.

A partir de ahí todas las incógnitas están abiertas. Y no es un culebrón para entretener a los fervientes religiosos republicanos. ¿Participó el machista y mujeriego Trump en las fiestas sexuales con niñas de catorce años que organizaba su amigo el millonario Epstein, del que era vecino en Nueva York y en Florida? ¿Iba precisamente a una fiesta cuando Jeffrey le presentó a Melania? Eso declaró Epstein a la CNN. ¿Influyó Trump en la leve condena a su amigo y vecino cuando fue denunciado por múltiples violaciones a menores? En la lista secreta de las fiestas sexuales de Epstein habría muchos famosos y bastantes políticos. Un polémico pacto entre el canalla que atraía a las menores con engaños y la Fiscalía se saldo en 2008 con 13 meses de cárcel para el pedófilo que, sin embargo, volvió a prisión en 2019, al final del primer mandato de Trump y supuestamente se suicidó. La afirmación de Musk abre la caja de Pandora y sí, puede acabar con Trump. La democracia sirve también para limpiar la vida pública de tramposos, corruptos y delincuentes. Por eso los ultras la odian y aspiran a eliminarla.

Criptocorrupción en la Casa Blanca

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Madrid.–Luis Díez.

El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, ha hecho saltar por los aires el sistema de pesas y medidas de la ética presidencial y la moralidad pública. En los cinco meses que lleva en la Casa Blanca ha “monetizado” el ejercicio del poder como no se recuerda que haya hecho ningún presidente anterior. La tarea de multiplicar su fortuna personal y forrar a sus familiares (en la foto aparece con sus dos hijos mayores) y a sus amigantes (amigos donantes y mangantes) ha quedado hasta ahora en segundo plano. Los aranceles, Canadá, Groenlandia, el canal de Panamá y sus políticas de tolerancia con los evidentes aunque “presuntos” criminales de guerra Netanyahu y Putin, han eclipsado la corrupción del personaje con más poder y fuerza bruta destructiva del mundo.

Sin embargo, Washington empieza a oler a podrido. El periodista Peter Baker cubre su sexta presidencia como corresponsal de The New York Times en la Casa Blanca y asegura que “los Trump no son la primera familia presidencial que saca provecho de su tiempo en el poder, pero han hecho más por monetizar la presidencia que cualquiera que haya ocupado la Casa Blanca”. Las primeras dudas entre los representantes republicanos sobre la ética del presidente surgieron cuando el emir de Qatar entregó un avión de lujo a Trump, un regalo valorado por los expertos en 200 millones de dólares, cifra superior a la suma de todos los presentes aportados a los presidentes anteriores. El avión ha sido asignado a las Fuerzas Armadas, podrá ser usado por el presidente como Air Force One y ha sido aceptado como propiedad privada de Trump, quien podrá seguir usándolo cuando termine el mandato.

Se dan varias circunstancias curiosas en la aceptación de ese regalo por parte de míster Trump. La primera es que la Fuerza Aérea, la USAF, tiene previsto reemplazar los dos Boeing 747-200B altamente personalizados de la flota presidencial desde 1990 por otros dos Boeing 747-8 en 2026. La segunda es que el donante, el emir catarí Tamim bin Hamad al Thani, forma parte de la misma tiraría que Trump denunció en su anterior mandato como “financiadora del terrorismo” y sometió a bloqueo diplomático. La tercera consiste en que la fiscala general de EEUU, Pam Bondi, dio el visto bueno a la legalidad del regalo pese a haber trabajado con anterioridad como lobista de los intereses catarís.

En ese sentido, ocho senadores demócratas del Comité Judicial, encabezados por el californiano Adam Schiff, han cuestionado la ética de los informes de Bondi, precisamente porque antes de ser nombrada por Trump tuvo como cliente de su despacho a la monarquía absoluta de ese emirato. Dicen los senadores en su escrito para revisar el asunto que los informes a favor del regalo privado plantean la “preocupante posibilidad” de que el Departamento de Justicia y la propia Bondi sean “parte integral de un plan” para crear una justificación legal que permita al presidente “eludir la Cláusula de Emolumentos Extranjeros de la Constitución, las leyes federales contra el soborno y de exigencia ética, y el control del Congreso para adquirir uno de los mayores obsequios extranjeros de nuestra historia”.

La operación aviónica es parte del conglomerado de intereses privados diseñado por Trump para rentabilizar el poder. Pocos días antes de asumir el cargo, en enero pasado, lanzó la criptomoneda $TRUMP. Y cuatro meses después, ya como presidente, organizó en su club de golf de Sterling, cerca de Washington, una cena exclusiva para los mayores inversionistas en su criptomoneda. Acudieron 220, entre ellos el multimillonario chino Justin Sun, quien mereció una recepción exclusiva del presidente antes de la cena por ser uno de los mayores compradores de los memecoin trumpistas, en los que ha invertido 40 millones de dólares. Por paradojas de la vida, la Comisión del Mercado de Valores acusó a Sun de fraude en 2023, pero dejó en suspenso la demanda tras la llegada de Trump al poder. También abandonó otras investigaciones sobre criptomonedas.

La confusión entre los intereses públicos, del Estado, y los privados del presidente y su familia a través de empresas particulares en las que participan es absoluta. Muchos intelectuales y millones de trabajadores manuales estadounidenses se preguntan si Trump ha normalizado la corrupción y ya es candidato al uso más descarado del cargo en la historia de EEUU, eclipsando incluso los casos Teapot Dome y Watergate, que arruinaron las presidencias de Warren G. Harding (1921-23) y Richard Nixon (1972-74), respectivamente. El profesor emérito de la Universidad Colgate de Nueva York, Michael Johston, confesaba días atrás al periodista Baker, del Times: “Llevo 50 años observando la corrupción y escribiendo sobre ella, y la cabeza me sigue dando vueltas”.

El corresponsal del Times recoge otras opiniones especializadas sobre lo mucho que Trump ha transformado Washinton a favor de las tramas de enriquecimiento. De hecho, el primer delincuente convicto que ha sido elegido presidente, ha hecho que esas tramas se vean con normalidad. “La muerte de la indignación en la era Trump, o al menos la escasez de indignación, ejemplifica hasta qué punto el mandatario ha cambiado el comportamiento aceptado en Washington”, escribe Baker.

Y naturalmente, el presidente ha eliminado los límites éticos y desmantelado los instrumentos de rendición de cuentas que limitaban a sus predecesores. No habrá investigaciones oficiales porque Trump se ha asegurado de ello. Ha despedido a los inspectores generales del gobierno y a los vigilantes de la ética, ha instalado a simpatizantes leales para dirigir el Departamento de Justicia, el FBI y las agencias reguladoras, y ha comunicado a un Congreso controlado por los republicanos que no está dispuesto a celebrar audiencias.

Pero eso no elimina la percepción del uso y abuso del poder para forrarse económicamente. Quizá el asunto de las criptomonedas acabe siendo el talón de Aquiles del autoritario, caprichoso y necio inquilino de la Casa Blanca. Zach Witkoff, fundador de la empresa de criptomonedas de la familia Trump, World Liberty Financial, anunció a finales de abril en Dubái junto a Eric Trump, el segundo hijo de Trump, un acuerdo de 2.000 millones de dólares en los Emiratos Árabes. El anuncio se produjo una semana antes de que los padres de ambos “criptofinancieros”, Donald y su enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, realizaran una visita oficial a la zona.

Los dos cachorros, ejecutivos con criptomonedero, dijeron ante cientos de interesados que llenaban el salón de actos que un fondo respaldado por Abu Dabi cerraría un acuerdo comercial por esos dos mil millones de dólares citados, utilizando las criptomonedas de la firma Trump. Esa transacción representa una importante contribución de un gobierno extranjero a la empresa privada del presidente de EEUU y generará importantes beneficios a la familia. ¿Corrupción? ¿Conflicto ético y de intereses?

Zach Witkoff reveló se utilizaría una denominada “moneda estable” desarrollada por la empresa trumpista para completar la transacción entre la firma de inversión emiratí respaldada por el estado MGX y Binance, el mayor intercambio de criptomonedas del mundo. El uso de la stablecoin World Liberty, USD1, por parte de MGX permite a una empresa de la familia Trump colaborar con una entidad de capital riesgo respaldada por un gobierno extranjero. El acuerdo crea además un vínculo formal entre World Liberty y Binance, una empresa que ha estado bajo la supervisión del gobierno estadounidense desde 2023, cuando admitió haber violado las leyes federales contra el blanqueo de capitales. “Agradecemos a MGX y Binance la confianza depositada en nosotros”, declaró Witkoff. “Esto es solo el principio”. Eric Tramp por su parte hizo otras gestiones para levantar una torre en Dubái.

Luego, cuando llegó el presidente y su corte de multimillonarios, Elon Musk se dedicó a la caza de contratos con los emires para el lanzamiento de minisatélites de comunicación, observación y control, al tiempo que su hermano también cerraba negocios con jeques petroleros. El amigante de Trum que, entre otras cosas, ha conseguido que su amigo y colaborador Jared Isaacman haya sido nombrado administrador de la NASA, lo que redundará en más y mejores contratos con la lanzadera SpaceX de Musk, realizó un anuncio inquietante: la creación de un centro para implantar microchips en el cerebro humano. Sin principios éticos en el manejo del poder, huelgan las barreras de la bioética. A unos cientos de kilómetros de la Península Arábiga, los bombardeos del carnicero Netanyahu contra la población civil de Gaza –ya ha matado a 54.000 palestinos, 18.000 de ellos niños– seguían siendo ignorados por tan poderosos individuos.

Cómo evitar que el neofascismo maneje la migración

Madrid.–Luis Díez.

La inmigración ha sido causa principal del aumento de la utraderecha en los principales países de la Unión Europea (UE), incluido nuestro vecino Portugal, según dicen los analistas de las elecciones generales del domingo, 18 de mayo. Los socialistas, con su discurso de la solidaridad y la integración, y las fuerzas situadas a su izquierda van perdiendo apoyo social mientras la derecha intolerante y los neofascismos contrarios a las prácticas democráticas siguen ganando terreno.

El discurso de la ultraderecha trasciende el rechazo de la derecha cruda y dura a la inmigración. La extrema derecha se esmera en la siembra de odio mediante las consabidas técnicas goebelianas que ahora llaman de la “postverdad”. Primero convierten al inmigrante en sinónimo de delincuente y después alimentan el miedo. Miedo a los robos, los homicidios, la ocupación ilegal de viviendas; miedo a que seduzcan a tu novia, tu compañera; miedo a que secuestren y violen a tus hijos, y miedo, en fin, a que si no delinquen te quiten el empleo.

Del miedo al odio a esas personas que vienen de fuera y algunas son de razas y culturas muy distintas y distantes a la nuestra, sólo media un paso. En ese caldo de cultivo, los lobos de la ultraderecha, disfrazados de corderos, ofrecen soluciones drásticas si les votas. Para ello desatarán redadas, detenciones y expulsiones ejecutivas a lo Trump; instalarán más vallas, levantarán más muros y desplegarán el Ejército a lo Trump para repeler a quienes se acerquen a la raya; penalizarán con impuestos del 5% los envíos de remesas a sus familias, como acaba de imponer Trump, que además amenaza a los inmigrantes con prohibir las transferencias de dinero a sus países.

Curiosamente, algunas medidas adoptadas por el presidente de EEUU no frenan sino que alientan la inmigración al restar y cortar los escasos ingresos económicos y medios de vida en países empobrecidos. Pero a la derecha facciosa, tanto en EEUU como en la UE, solo le importa cultivar los peores instintos como la hostilidad al diferente para conseguir votos y empuñar el poder. Resulta paradógico que el movimiento humano siempre haya estado ligado al desarrollo y progreso de los pueblos y que hoy la inmigración sea recibida con hostilidad creciente en los países donde más prosperidad históricamente ha producido.

El departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la división de Población de Naciones Unidas cifró en 304 millones de personas los migrantes existentes en todo el mundo. “Y probablemente la cifra se quede corta”, dice Susi Han, investigadora de la Universidad de Columbia, quien constata la innegable relevancia de la emigración: “Domina el discurso político, alimenta los resultados electorales y a menudo desencadena políticas reaccionarias en lugar de una gobernanza proactiva”.

El profesor de la universidad de Columbia y miembro senior del Consejo Carnegie para la Ética en los Asuntos Internacionales, Michael W. Doyle, recuerda que hay además117 millones de personas en todo el mundo desplazadas a la fuerza por conflictos armados y otros acontecimientos, pero que siguen viviendo dentro de las fronteras de sus países. Muchos huirían al extranjero si pudieran. Y a estas cifras se añadirán los 216 millones de personas que según el Banco Mundial se verán obligadas a inmigrar antes de 2050 debido a la crisis climática si no se adoptan medidas globales.

Hace diez años, Doyle participó con otros cuarenta expertos e investigadores de todo el mundo en la elaboración de un modelo de gobernanza de la migración capaz de dar respuesta a las tendencias actuales, de abordar las lagunas políticas existentes y de aprovechar el potencial de la movilidad humana. Los expertos en migración, derechos humanos, economía laboral, seguridad nacional y derecho de los refugiados emprendieron un proceso de deliberación de dos años. Su objetivo era elaborar un marco integral para la movilidad humana. Surgió así el Modelo de Convenio de Movilidad Internacional (MIMC), cuyo contenido resume perfectamente Susi Han.

El MIMC es un documento jurídico de 165 artículos repartidos en ocho capítulos que pretende modernizar el gobierno de la inmigración de una forma pragmática, practica y basada en los derechos. Para superar el estancamiento político y ayudar al Norte Global a reconocer la migración como una realidad estructural que forma parte integrante de su prosperidad, el MIMC ofrece una hoja de ruta que fomenta la cooperación internacional, establece vías legales y mejora la integración económica, despolitizando la migración y replanteándola como una cuestión de gobernanza y no de crisis.

El nuevo marco

Una nueva categoría para los migrantes forzosos: Ante la viabilidad cada vez más cuestionada del sistema de asilo, el MIMC ofrece una categoría de migrante forzoso que garantiza protección a las personas que se enfrentan a amenazas modernas para sus vidas -como los desastres inducidos por el clima y la inseguridad alimentaria- que no estaban contempladas en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. El MIMC reafirma al mismo tiempo los derechos de los refugiados tradicionales, evitando que se confunda a los migrantes económicos con los que huyen de la persecución. Esto garantizará que ambos grupos reciban respuestas adecuadas y adaptadas.

Un mecanismo internacional coordinado para la gestión de la migración: Las políticas migratorias actuales son reaccionarias y fragmentadas. El MIMC propone un mecanismo de coordinación mundial que permita vías estructuradas para la circulación. Afirma el derecho soberano a controlar las fronteras, pero también abre vías para profundizar en la cooperación internacional. Esto incluye una plataforma laboral digital que adapte la demanda de mano de obra a los flujos migratorios, un concepto pionero en la sociedad civil pero que carece de escala gubernamental.

Un enfoque distributivo de visados laborales: Reconociendo el papel fundamental que desempeña la migración en la estabilidad económica, MIMC ofrece un sistema de movilidad laboral. Diseñado para adecuar las cualificaciones a la demanda, este sistema mantiene el acceso a los medios de subsistencia en el centro, al tiempo que reduce la migración irregular.

No se trata de ideas abstractas. De hecho, se basan en iniciativas locales y regionales de éxito, lo que demuestra que el mundo ya posee los conocimientos y las herramientas para gobernar la migración con eficacia. El enfoque del MIMC simplemente amplía estas buenas prácticas a escala internacional, convirtiendo las innovaciones fragmentadas en una respuesta global unificada.

Trump (6) o cuando el necio contamina y mata

Madrid.–Luis Díez.

La fiscal federal del país más poderoso del mundo, Pam Bondi, tiene una tarea suplementaria. Se la ha encargado su señorito Donald Trump. La primera semana de junio debe entregarle una lista con las leyes y normativas de los distintos estados de la unión contra el cambio climático, así como los recursos judiciales que ha interpuesto contra esas normas y las medidas legislativas adicionales necesarias para suspenderlas en el caso de que la justicia le sea esquiva.

La negación del cambio climático es una de las materias por las que el presidente de EEUU se ha ganado el calificativo de necio mayor. Si el primer día de su segundo mandato anunció que su país se retiraba (otra vez) de los Acuerdos de París contra el cambio climático y los consiguientes desastres “naturales” que estamos sufriendo (danas incluidas), el 8 de abril firmó una de sus órdenes ejecutivas para que Bondi identificara y detuviera la aplicación de las leyes estatales que abordan el cambio climático y otras iniciativas ambientales contra la destrucción del medio ambiente. Justificó esa orden ejecutiva diciendo que las leyes para frenar el cambio climático que han promulgado algunos estados son onerosas, ideológicas, amenazan “el dominio energético estadounidense” y “nuestra seguridad económica nacional”.

Trump acusa a varios estados de «extorsionar» a las empresas de combustibles fósiles por su contribución pasada a las emisiones de gases de efecto invernadero y al calentamiento global. Desde la Casa Blanca quiere anular el principio del que contamina paga y acabar con los topes a las emisiones de gases de las empresas que les permiten “vender créditos” a otras por las emisiones no utilizadas. En este sentido ataca especialmente a California, cuya legislación por la descarbonizacion de la economía y el uso de energías limpias llega a calificar de “radical”. Las autoridades del bastión demócrata temen que sus esfuerzos para lograr la transición a los vehículos eléctricos, que incluyen la prohibición de vender automóviles nuevos a gasolina a partir de 2035, sean saboteados por el jefe republicano.

El programa de topes y comercio de emisiones no solo está amenazado en California, sino también en Nueva York y Vermont. A Trump no le importa en absoluto la destrucción de la atmósfera y los desastres ecológicos. Con su caótico discurso negacionista acusa de “fanatismo climático” a los países europeos y a los gobiernos que en todo el mundo se esfuerzan por cumplir los compromisos de París. Su descalificación contagiosa viene siendo repetida por la extrema derecha desde hace una década. Pero lo cierto es que algunos estados de la unión apuestan por la vida y la preservación del planeta frente al fomento y la protección de la industria de los combustibles fósiles de EEUU que patrocina el multimillonario agente naranja.

Petroleros y gasistas celebraron el 8 de abril la orden ejecutiva de arremeter contra las leyes medioambientales de los estados y también la 14241 de expansión inmediata de la producción de carbón, la apertura de nuevas minas y la prolongación de la vida útil de las plantas de carbón para la producción de energía eléctrica. “La industria del carbón ha empleado históricamente a cientos de miles de estadounidenses. Los recursos carboníferos de Estados Unidos son vastos, con un valor actual estimado en billones de dólares, y son más que capaces de contribuir sustancialmente a la independencia energética estadounidense, con excedentes para la exportación, apoyando a los aliados y nuestra competitividad económica”, decía la disposición presidencial.

“Aplaudimos la acción del presidente Trump –escribió Ryan Meyers, vicepresidente del Instituto Americano del Petróleo– de exigir responsabilidades a estados como Nueva York y California por implementar medidas inconstitucionales que penalizan ilegalmente a los productores estadounidenses de petróleo y gas natural por entregar la energía de la que dependen los consumidores estadounidenses todos los días”. Queda claro que a la oligarquía petrolera le disgusta que algunos estados como California, por ejemplo, hayan alcanzado un nivel de generación de energía limpia y renovable equivalente a la demanda total de 45 días al año.

Y también queda claro que en vez de avanzar en energías límpias, Elnecio relanza la política sucia, dañina y contaminante contra la población estadounidense en primer lugar y, junto con la dictadura China, contra la especie humana en su conjunto. La ley trumpista (y tramposa) que elimina las barreras regulatorias del carbón suspende de un plumazo los cierres previstos de numerosas centrales eléctricas de carbón en todo el país. La que tramita el Congreso y que ha contado con el voto favorable de más de treinta representantes del Partido Demócrata, anula los esfuerzos por reducir las emisiones contaminantes de los automóviles al prolongar sine die la automoción a base de combustibles fósiles.

Pese al desprecio de las energías renovables por parte del errático presidente de EEUU, vale citar a algunas grandes empresas que como United Airlines, la segunda aerolínea más grande del mundo tras American Airlines, se asocian con empresas emergentes de tecnología limpia para cumplir los objetivos contra el cambio climático. La aerolínea de Chicago busca un futuro con bajas emisiones de carbono en el que no sólo pueda compensar el CO2 que emite a la atmósfera sino capturar el carbono y utilizarlo para producir combustible de aviación. De ahí que se haya asociado con empresas emergentes que están trabajando en la extracción del dióxido de carbono del aire y en la producción de combustible, imitando la fotosíntesis.

La United, con 708 aeronaves Boeing y Airbus en servicio, se ha unido a Heirloom, una empresa especializada en la captura directa de dióxido de carbono del aire, y colabora con Twelve, una tecnológica que utiliza la “fotosíntesis industrial” para producir combustible a partir de CO2 y agua. La aerolínea está invirtiendo en la tecnológica JetZero para desarrollar aviones de ala combinada y fuselaje ancho que podrían reducir un 50% el consumo de combustible. Según Lauren Riley, directora de sostenibilidad de United, el objetivo es “emisiones cero” en 2050.

Muchas otras empresas contaminantes van tomando conciencia del daño y reduciendo el uso de la energía fósil. En contraste con los mandatos ejecutivos de Washinton, la Asociación Americana del Pulmón afirma en su último informe que “casi la mitad de la población está expuesta a un aire insalubre”. Según publica Ignacio Calderón en USA Today, el informe titulado denuncia que alrededor de 156 millones de personas (el peor nivel en una década) viven ahora en condados plagados de altos niveles de ozono y partículas contaminantes que pueden causar enfermedades graves, incluidos ataques de asma y accidentes cerebrovasculares.  El estudio de 2025, basado en datos de la EPA hasta 2023 (el año completo más reciente disponible), muestra un aumento de 25 millones de personas que viven en áreas con calificaciones bajas de calidad del aire en comparación con el estudio anterior.

Según Katherine Pruitt, autora principal del estudio y directora de políticas de la Asociación, “el número de personas que viven en lugares con aire insalubre es cada vez mayor, lo que representa una reversión de las mejoras impulsadas por la Ley de Aire Limpio y una aceleración del calentamiento global y el cambio climático”. La carga de salud que supone la contaminación del aire recae de forma desigual sobre las personas de color, siendo la población hispana la más castigada por la insalubridad del aire y las enfermedades derivadas.

Fiestas y cabildeos vaticanos en vano de fachas y ‘trumpistas’

Madrid.–Luis Díez.

Católicos trumpistas estadounidenses y algunos aristócratas y políticos europeos de extrema derecha se dedicaron a celebrar fiestas, banquetes y cabildeos en palacios y hoteles de Roma durante los nueve días de luto que siguieron al funeral por el Papa Francisco. Aunque trataron de influir en la decisión del Cónclave, ya es sabido que los 133 cardenales de más de setenta países eligieron al agustino Roberto Prevot Martínez, quien adoptó el nombre de León XIV y es el primer Papa (el 267º) en dos mil años nacido en Estados Unidos, aunque completamente opuesto a las políticas belicosas, antisociales, de persecución de inmigrantes y desamparo de refugiados del presidente Donald Trump, Elnecio negacionista del cambio climático.

Aristócratas y políticos europeos llenaron los jardines del Palacio Brancaccio para merendar, cenar y bailar con agentes del poder norteamericano y peregrinos católicos trumpistas. Era uno de los actos significativos de la “Semana de Estados Unidos” que, por inspiración del Espíritu Santo, se había programado antes de que falleciera el Papa Francisco. El evento podía haber sido aplazado para respetar el luto, pero la ocasión era estupenda para influir en el cónclave entre saludos, presentaciones, cachetes de ternera a baja temperatura servidos sobre velouté de papa a la naranja y bailes de salón.

La corresponsal de The New York Times Elizabeth Dias describió la fiesta en el Brancaccio como una de las actividades principales de la semana estadounidense en Roma. Allí el candidato de Trump a ocupar la embajada ante la Santa Sede, Brian Burch, cenó en una de las mesas principales junto a la princesa alemana Gloria von Thurn y Taxis, quien, a su vez, es amiga íntima del juez de la Corte Suprema de EEUU Samuel Alito. A la princesa bávara, una fiestera de los años ochenta que se convirtió al catolicismo conservador y mantiene fuertes vínculos con la extrema derecha, y al juez Alito, alias Scalito, por referencia al también magistrado del Supremo de ascendencia italiana, Antonin Scalia, los unió el fervor católico y su rechazo al aborto.

Al festejo acudieron políticos de la extrema derecha como el diputado italiano Antonio Giordano, del partido de la primera ministra Giorgia Meloni, quien dio la bienvenida a los varios centenares de invitados destacando la urgencia de “proteger a la familia, prohibir el aborto y fomentar la natalidad para vencer eficazmente el invierno demográfico”. Después de la cena llegó el primer baile de una semana que comenzó a celebrarse hace años por iniciativa de la Fundación Papal, una organización benéfica estadounidense que recauda millones de dólares mediante donativos a partir de siete cifras para proyectos del Vaticano.

Aparte los prebostes mencionados, disfrutaron del baile algunos estadounidenses influyentes como Steve Cortes, exasesor de la campaña de Trump y promotor de Voto Católico, órgano propagandístico ultraconservador, y eurodiputados como la española Margarita de la Pisa Carrión, del partido de extrema derecha Vox. Esta política y farmacéutica de profesión fue premiada el 20 de mayo de 2024 por el CEU (Opus Dei) como ejemplo de laboriosidad en contra del aborto y compartió galardón con la también eurodiputada Isabel Benjumea Benjumea, del PP. Por cierto que De la Pisa profirió entonces acusaciones genéricas como las siguientes: “Consideran que ser provida es contrario a los derechos humanos”. ¿Quién considera eso? “Se quiere incluir el aborto en la carta de derechos fundamentales de Naciones Unidas” ¿Quién quiere eso?

Poco les faltó, a ultras y trumpistas, para acusar al finado Papa Francisco de tolerancia con el aborto. En todo caso, la fundación papal mencionada y otras influyentes organizaciones católicas capitalistas, regidas por el principio de quien paga manda, quisieron mostrar en Roma su unidad en el compromiso de promover los principios tradicionales referidos al matrimonio, la fe y la familia. Y desde luego se esforzaron en su labor de lobby ante la elección del nuevo Papa. En lo estrictamente financiero, el director del Colegio Pontificio Norteamericano, Mark Randall, declaró que “los europeos desean aprender sobre filantropía (para financiar a la Iglesia Católica), sobre cómo hacemos estas cosas, cómo recaudamos dinero, cómo definimos lo que es un apostolado digno y lo que no lo es”.

Pero volviendo al baile, hay que añadir que estuvo patrocinado por la recién creada Fundación Luis IX, de la que es directivo el embajador Burch. Resulta elocuente que la nueva organización lleve el nombre de un rey de Francia del siglo XIII que lanzó la Séptima Cruzada en defensa de la cristiandad en Oriente. Entre valses nobles y sentimentales de Strauss, Tchaikosky, Ravel… políticos, aristócratas y mercaderes fervorosos entablaron y estrecharon relaciones para orientar el futuro gobierno espiritual de los mil cuatrocientos millones de católicos que hay en el mundo. Algunos participantes también acudieron a adoraciones nocturnas en las iglesias romanas y rezaron con la esperanza de que un nuevo Papa les ayude en sus objetivos afines a la política reaccionaria de Trump y la ultraderecha.

El Instituto Napa –red conservadora estadounidense– organizó una peregrinación con motivo del año jubilar, alojó a sus notables peregrinos en el Hotel Russie y celebró una cena privada con el cardenal James Harvey en el jardín de su residencia. Ese cardenal fue uno de los diez purpurados estadounidenses con voto en el Cónclave para elegir nuevo Papa. También el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad (el libre mercado) celebró una conferencia para empresarios. La organización católica de noticias EWTN montó una cena en la azotea del Waldorf Astoria para que productores de cine y filántropos hablaran sobre posibles proyectos.

La celebración de la Semana de Estados Unidos en Roma fue propicia para que varios personajes cercanos a Trump mantuvieran encuentros privados con cardenales cuando éstos se retiraban a descansar de sus reuniones previas al cónclave. Aparte de monseñor Raymond Leo Burke, un conservador recalcitrante, natural de Wisconsin, que encabezó la oposición al Papa Francisco, en los cabildeos se rechazó expresamente la apertura y el impulso progresista en la Iglesia por entender que estaban debilitando la doctrina católica. Nada de parejas del mismo sexo, nada de bendecir a los hijos adoptados por esas parejas y, sobre todo, mucha voluntad de control jerárquico. En algunos de esos encuentros, los trumpistas llegaron a considerar al húngaro Peter Erdo el cardenal ideal como nuevo Papa. Éste purpurado muy conservador se opuso a algunas iniciativas del Papa a favor de los inmigrantes y de los gays y lesbianas, y se ha alineado en muchas materias con el primer ministro húgaro, Viktor Orbán.

Después de tanto cabildeo y de esa mezcla de activismo, religión, dinero, bailes, rezos, banquetes y devoción, el Espíritu Santo, que es quien inspira a los cardenales en los cónclaves, según dicen, decidió que el continuador de Francisco fuera un hombre afín a su línea de acción social, favorable a los inmigrantes, refugiados y trabajadores. También defensor de la vida, la paz, el diálogo entre los pueblos y las religiones, la multiculturalidad, el medio ambiente y las medidas contra el cambio climático. Y también abierto al avance de las mujeres en la Iglesia Católica lo mismo que en la sociedad y tolerante con quienes se sienten de otro sexo. Es decir, lo contrario de lo que el presidente Trump trata de imponer trampeando.

De este modo se puede decir que el antiguo prior de la Orden de San Agustín, misionero, párroco y obispo en Perú, país del que adoptó la nacionalidad sin renunciar a la estadunidense de nacimiento, pues nació en Chicago hace 69 años, Roberto Prevot Martínez, León XIV, hijo de padre de origen francés y madre española, comulga con quien ha recuperado el prestigio de la Iglesia Católica y no precisamente con quienes pugnan por devolverla a la cerrazón y el oscurantismo.

Trump (5)avanza hacia los Estados Desunidos de América

Madrid.–Luis Díez

La guerra arancelaria declarada por el presidente norteamericano, Donald Trump, Elnecio, al resto del mundo hace un mes y un día no solo dislocó de repente los principales mercados de valores sino que ha generado una profunda sima interna, de modo que, por extraño que parezca, ya se comienza a hablar de los Estados Desunidos de América. Trece estados han recurrido ante los órganos judiciales competentes contra la aplicación de los aranceles decididos por Trump y presentados el 2 de abril con una fanfarria propagandística increíble, es decir, impropia del presidente de la primera potencia mundial.

Los estados de Oregon, Arizona, Colorado, Connecticut, Delaware, Illinois, Maine, Minnesota, Nevada, Nuevo México, Nueva York y Vermont, han seguido el ejemplo de Califonornia de rechazar por la vía legal la imposición de aranceles al comercio exterior. Los doce interpusieron la semana pasada una demanda en la Corte de Comercio Internacional de EEUU, con sede en Nueva York, para suspender la política arancelaria de Trump, argumentando que es ilegal y que ha generado un caos en la economía estadounidense.

Según la información de Associated Press (AP), la demanda sostiene que la política del mandatario ha estado sujeta a “los caprichos en lugar de al ejercicio sólido de la autoridad legal”. Como ya hiciera el gobernador de California, Gavin Newsom, la denuncia cuestiona la facultad de Trump de imponer aranceles arbitrariamente en base a la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional. Los doce recurrentes solicitan al tribunal que declare ilegales las tasas arancelarias e impida a las agencias gubernamentales aplicarlas y cobrarlas.

Ya a mediados de abril, Newsom, gobernador de California y dirigente destacado del Partido Demócrata, afirmaba en su recurso ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California que el uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles era ilegal, pues la norma permite congelar y bloquear transacciones en respueta a amenazas extranjeras, pero la implementación de aranceles requiere la aprobación del Congreso. California es la mayor economía de EEUU y el mayor importador. Como estado independiente se situaría en el cuarto lugar del mundo, con un PIB del 4,5%, por delante de Alemania y de Japón, según ha destacado estos días la prensa local. Además del aumento de precios, negativo para los consumidores, el sistema fiscal californiano y su presupuesto de ingresos depende mucho de las ganancias de capital por acciones e inversiones de sus contribuyentes más ricos.

Para la fiscal general de Arizona, Kris Mayes, el esquema arancelario de Trump es “una locura”. Afirma que “no sólo es económicamente imprudente, sino también ilegal”. Su colega el fiscal general de Connecticut, William Tong, dice que “los caóticos e ilegales aranceles de Trump son un enorme impuesto para las familias y un desastre para las empresas y empleos de Connecticut”. Los demandantes inciden en que «Trump ha trastocado el orden constitucional” al reclamar la autoridad para imponer inmensos y cambiantes aranceles sobre cualquier bien que entre en Estados Unidos y que él elija y por cualquier razón que considere conveniente para declarar una emergencia.

Desde la Casa Blanca solo han respondido de momento al gobernador de California, Gavin Newsom, al que ya atisban como futuro candidato a la presidencia y recomiendan que se ocupe de sus problemas, “el crimen desenfrenado, la falta de vivienda y lo incosteable en California”, dijo el subsecretario de prensa del presidente, Kush Desai. La reiteración del fin –reducir el déficit de la balanza comercial y recuperar la industria que está siendo diezmada– sirve a los empleados de Trump y de su movimiento Maga para poner sordina a las coacciones y otros medios dañinos que el creso presidente está empleando. Mientras se esperan los veredictos judiciales Elnecio insiste en su arma de presión para que los mandatarios vayan a “besarle el culo”, es decir, a negociar.

Trump (4) o cuando el necio celebra el fin de un Papa bueno y crítico

Madrid.– Luis Díez

Veinte días antes de que muriera en Roma el Papa Francisco, la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos –equivalente a la Conferencia Episcopal española– decidió reformar su organigrama. Fue una reforma muy simple. Consistió en suprimir el Departamento de Migraciones y Servicios de Refugio. El titular de ese negociado era el obispo de El Paso (Texas) Mark Joseph Seitz, un hombre de 70 años, que con anterioridad fuera obispo auxiliar en Dallas y había sido nombrado en 2013 por Francisco jefe de la diócesis a caballo con México.

Nadie mejor que el obispo Seitz y sus grupos de voluntarios conoce los problemas a los que se enfrentan los inmigrantes económicos que consiguen cruzar la frontera y también los refugiados que piden asilo en EEUU. En ocasiones tuvo que acompañar a las víctimas de guerras, matanzas y desastres a las oficinas policiales para que no les detuvieran cuando iban a presentar sus peticiones de asilo. Seitz criticó la dureza de las separaciones familiares, especialmente, el confinamiento de niños pequeños y la expulsión de sus padres. También escribió contra los centros de reclusión de inmigrantes y los procedimientos injustos y brutales dictados por la administración estadounidense.

Aunque monseñor Seitz no tiene un pelo de ingenuo y sus críticas adolecen de moderación, no esperaba que el ejercicio del derecho a la libertad de expresión acarreara represalias. Pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto el final de la ayuda a la labor humanitaria hacia los inmigrantes y, en consecuencia, la clausura, a finales de este año, del Departamento que dirigía el obispo de El Paso. La organización se cierra “al cesar los dineros gubernamentales que había recibido a lo largo de cinco décadas”, escribió un portavoz en Internet.

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Si la primera preocupación que demostró aquel jesuita argentino, Jorge Mario Bergoglio, nada más ser elegido Papa, fue por los inmigrantes que llegaban a Lampedusa (Italia) y eran rechazados después de unas travesías mortales para cientos y cientos de ellos en las aguas del Mediterráneo, la primera acción de Tramp consistió en aplicar a los inmigrantes una ley de guerra del siglo XIX para detenerlos, encarcelarlos y deportarlos a toda prisa por la vía ejecutiva y con olímpico desprecio al Poder Judicial.

La cruzada de Trump, alias Elnecio, contra los inmigrantes está contagiando a gobernadores y elementos reaccionarios de su partido hasta el punto de que, por ejemplo, en Idaho, uno de los estados más pobres, aquejado por brotes de sarampión, se ha puesto fin a la vacunación de inmigrantes sin papeles. Otras medidas para capturar y expulsar a los inmigrantes sin permiso de residencia aunque con contratos de trabajo están siendo los cruces de datos entre Hacienda y el Departamento de Seguridad Nacional. El titular del Tesoro, Scott Bessent, ha firmado un convenio con la jefa del sistema policial, Kristi Noem, para transferirle todos los datos fiscales, supuestamente protegidos.

Las estadísticas internas indican que entre 18 y 20 millones de puestos de trabajo en EEUU están ocupados por inmigrantes tanto legales como sin permiso de residencia, y algunos estados, comenzando por California, y numerosas ciudades se han declarado “valedoras” y “ciudades refugio” de inmigrantes. Con todo, el miedo de los trabajadores y sus familias inmigrantes aflora cada día en las páginas de la prensa ante la nueva exigencia de Trump de que quienes hayan entrado sin permiso se inscriban en un censo especial antes de que acabe abril. Con qué fin? No lo dicen, pero la mayoría supone que es para expulsarlos.

Para entender la catadura de Elnecio que ahora acude al funeral del Papa Francisco en Roma podemos tener en cuenta el hecho de que el 80% de los inmigrantes que están en riesgo de ser deportados de EEUU son cristianos. Así lo revela el último informe auspiciado por importantes organizaciones católicas y evangélicas, del que se hizo eco el 4 de abril el diario The Ángeles Times. El informe indica que alrededor de 10 millones de cristianos están en una situación vulnerable ante la agresiva política de Trump y que 7 millones de cristianos comparten residencia con al menos una persona en riesgo de deportación.

El vicepresidente de la organización humanitaria evangélica World Relief (Auxilio Mundial), Matthew Soerens, manifestó que el informe pretendía alertar a muchas personas que no se han dado cuenta de que la mayoría de las personas que podrían ser deportadas comparten la misma fe. Sin citarlo expresamente, llaman a un frente solidario común de católicos y evangélicos. Entres los grupos que ayudaron a realizar el estudio están la Asociación Nacional de Evangélicos, la Conferencia de Obispos Católicos y el Centro para el Estudio del Cristianismo Global en el Seminario Teológic de Massachusetts. Aunque el informe no defiende ninguna posición política, pretende crear conciencia entre los cristianos y aboga por reformas para abrir vías de legalidad a los inmigrantes.

Los migrantes en riesgo de ser expulsados van desde aquellos que cruzaron la frontera sin permiso hasta los que tienen estatus legal que podría ser revocado. Por ejemplo, el gobierno federal ha eliminado el estatus de protección temporal a venezolanos y haitianos y suprimido el permiso humanitario que otorgó a otros migrantes de estos dos países y de Cuba y Nicaragua. Por si fuera poco, el gobierno de Trump está retirando los visados a estudiantes extranjeros que protestan por las matanzas israelíes de los palestinos de Gaza, otra preocupación diaria del Papa Francisco.

Según el obispo Mark J. Seitz, cuyo departamento participó en la elaboración del informe, los católicos representan más de la mitad de las personas susceptibles de deportación en EEUU. El jefe de la diócesis de El Paso no oculta su preocupación sobre las consecuencias de las deportaciones, incluida la muerte. “Conocemos el impacto de romper la unidad familiar y tambien las enormes amenazas que enfrentan las personas que son deportadas sumarialmente a sus países de origen, de los que huyeron en primer lugar debido a las amenazas que sufrían”, declaró Seitz en referencia a la represión gubernamental y el crimen organizado en sus países de origen. “Hay personas que van a morir si este esfuerzo de deportación continúa al nivel actual”, concluyó.

En ese contexto no se sabe muy bien si Elnecio acude a rendir póstumo homenaje al “fantástico” Papa Francisco, a modo de burla, como otros despiadados ultraderechistas (Milei, Orbán, Meloni…), o para doctorarse en cinismo global. Lo único cierto es que para Trump y su ralea fascistoide y cruel ha desaparecido un Papa molesto por su defensa de los Derechos Humanos y su enorme predicamento mundial. La congresista republicana por Georgia, Marjorie Taylor Greene, quien se lucró de los vaivenes bursátiles gracias a los mensajes de Trump, celebró la muerte de Francisco y enseguida twiteó: “Hoy hubo grandes cambios en el liderazgo mundial; el mal está siendo derrotado por la mano de Dios”. Esa criatura había escrito en Religion News Service que los obispos estaban “controlados por Satanás” al brindar ayuda a los inmigrantes.

Trump (3) o los primeros cien días de daño del necio

Madrid.–Luis Díez

Ahora que se van a cumplir cien días de la llegada (por segunda vez) de Donald Trump a la Casa Blanca, los grandes medios de comunicación estadounidenses preparan balances y encargan encuestas sobre la gestión del presidente. Algunos formulan preguntas a sus lectores. El USA Today quiere saber cuantos están de acuerdo con lo que hace el presidente y si les parecen bien o mal sus decisiones económicas. A la hora de hacer un balance de los primeros cien días del “agente naranja”, alias Elnecio, mi amigo Willer se inclina por abreviar al máximo: contar lo que ha hecho bien. Pero la importancia del daño merece un cierto recorrido. El columnista del Wall Street Journal Karl Rove titulaba su análisis del día de Jueves Santos: “Estados Unidos se cansa de Trump” y destacaba que “su ritmo frenético y su falta de concentración dejan preocupados y confundidos a muchos votantes”. Rove es un tipo piadoso.

Elnecio bautizó el 2 de abril como “el día de la liberación”. Rodeado de su corte de secretarios y altos cargos en función de palmeros, anunció en el jardín de la Casa Blanca la imposición de aranceles a todas las mercancías que entraran en Estados Unidos (EEUU) desde cualquier punto del planeta. La tarifa básica del 10% para todos se incrementaba hasta el 145% del precio del producto si procedía de China y también castigaba de una manera especial a Japón y a la Unión Europea (UE). Previamente había firmado órdenes ejecutivas para aplicar aranceles del 25% a los automóviles y sus componentes, así como a los metales más empleados en la construcción y la industria: hierro, acero, aluminio.

Con un batiburrillo plagado de mentiras a modo de discurso, Elnecio justificó su declaración de guerra comercial por el daño que el libre comercio hace a la industria y a la balanza comercial de su país. Mintió sobre el desequilibrio con la UE al no incluir los servicios en la balanza de pagos. Pero al margen de esa y otras consideraciones, el derrumbe de las bolsas de valores fue la respuesta más contundente registrada desde el crack de 1929. Las 500 personas más ricas del planeta, según Bloomberg, perdieron 536.000 millones de dólares en las dos jornadas siguientes al “día de la liberación”. Era la mayor pérdida de riqueza jamás registrada en 48 horas. Entre esos multimillonarios se hallaba el grupito de magnates que apoyó al “agente naranja”, asistió a su toma de posesión o contribuyó a su campaña y entronización.

En lo que el patrimonio neto de los oligarcas más ricos del mundo que ahora gobiernan el país más poderoso de la tierra –léase Elon Musk, Jeff Brezos y Mark Zuckerberg– se desplomaba, al caos bursatil iba seguido del incremento del coste de la deuda. El bono a diez años alcanzaba un interés del 5% debido, según los analistas, a la pérdida de credibilidad del país, algo insólito. Entonces Elnecio intentó calmar la situación anunciando una moratoria arancelaria de noventa días en la que estamos. Justificó, no obstante, ese trimestre de gracia diciendo que se necesita tiempo para recibir a los gobernantes de los 75 países que hacen cola para negociar o, según sus palabras, “que han pedido venir a besarme el culo”.

El matonismo reaccionario y soez de Elnecio, que enseguida se apiadó de las grandes tecnológicas de EEUU que fabrican en China y suprimió los aranceles a teléfonos, chips, ordenadores, televisores, etcétera, ha contagiado a algunos de sus colaboradores. Eso se deduce de los denuestos de Musk contra Peter Navarro, el principal asesor de Trump en comercio exterior, al que tildó de “auténtico imbécil” y “más tonto que un saco de ladrillos”. La bronca empezó cuando Navarro dijo en una televisión que Musk, el propietario de Tesla, “no es un fabricante, sino un ensamblador de autos” en su planta de Austin (Texas). Navarro abundó en que los motores que recibe (sistemas eléctricos y baterías) proceden de Japón y de China, la electrónica viene de Taiwán…” El humor de Musk, que también es dueño de X (antes Twitter) y la lanzadera espacial SpaceX, estalló como un huevo podrido. Le llamó “imbécil”, dijo que sus afirmaciones eran falsas y aseguró que “Tesla tiene la mayor cantidad de autos fabricados en EEUU”. La polémica siguió varios días en las redes sociales. Un usuario que compartió un video de Navarro sobre los aranceles y dijo que le parecía un experto fiable, pues Navarro es doctor en economía de Harvard, la universidad más prestigiosa del mundo occidental, se encontró esta respuesta de Musk: “Un doctorado en Economía de Harvard es algo malo, no bueno”.

Con todo, el multimillonario Musk, el tipo más rico del mundo, al que Trump colocó al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, deja ya su cometido. Según algunos periódicos de Wasington y Nueva York, abandonará en fechas próximas su colaboración con Elnecio después de haber despedido a más de 150.000 funcionarios y recortado especialmente los programas de sanidad, educación y seguridad social. Eso sí, los mismos medios afirman que Musk seguirá siendo amigo de Trump, quien, quizá para paliar las pérdidas del “día de la liberación”, le ha adjudicado gran parte del programa de lanzamiento de satélites espía del Ejército, con una entrega inicial de 6.000 millones de euros.

Al margen de los juegos de manos entre el presidente y sus familiares y amigantes, quedará ya como patrimonio inmemorial del movimiento reaccionario Make America Great Again (MAGA) la pérdida de fiabilidad de los EEUU. Los profesores Henry J. Farell y Abraham L. Newman, autores del libro Imperio subterráneo (“Cómo EEUU convirtió la economía mundial en un arma”) manifestaban esta semana en The New York Times que probablemente los países y las empresas rindan pleitesía a Trump, o finjan hacerlo para evitar aranceles, sanciones y controles a la exportación. Pero también sabrán que EEUU ya no es del todo fiable. Es probable que veamos la erosión de los mercados que sustentan la fortaleza de Estados Unidos a medida que los tributos unidireccionales desplacen a las relaciones bilaterales en un mundo multilateral. Y añadían: “Las empresas globales diversificarán sus cadenas de suministro aplicando a la exposición estadounidense los mismos cálculos de riesgo que antes aplicaban a los tratos con cleptócratas de poca monta”.

La decisión de Elnecio de “hacer grande a los EEUU de nuevo” declarando la guerra arancelaria a sus vecinos México y Canadá en primer lugar y luego a China, Japón y la UE especialmente, ha provocado también una fuerte tensión interna. El gobernador de California, Gavin Newsom, impugnó la autoridad del presidente para imponer los aranceles generalizados que han desatado una guerra comercial global. La demanda interpuesta el pasado 16 de abril ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California argumenta que Tramp hace un “uso ilegal” de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles, pues si bien la ley permite al presidente congelar y bloquear las transacciones en respuesta a amenazas extranjeras, no permite en cambio aplicar aranceles. La implementación de tales aranceles requiere la aprobación del Congreso.

El enfrentamiento más sonado a cuenta de los aranceles se veía venir y estalló por fin en esta semana de pasión. El presidente de la Reserva Federal (la Fed, por sus siglas en inglés), Jerome Powell, manifestó durante un almuerzo en el Club Económico de Chicago lo que todos sabían, que “es muy probable” que los aranceles de Trump provoquen inflación y un empeoramiento de las condiciones económicas del país. El discurso de Powell, seguido de preguntas de empresarios e inversores, sirvió para advertir sobre la posible desaceleración de la economía, la consiguiente carestía y la pérdida de empleo, a consecuencia de las inestables condiciones económicas bajo el gobierno de Trump. Éste repicó en su red Truth Social (Verdad social) con un mensaje amenazante: “El despido de Powell no puede esperar”, decía tras tildarle de errático y lento y de conminarle a bajar los tipos de interés, pues “los precios del petróleo han bajado, los alimentos (incluso los huevos!) han bajado y EEUU se está enriqueciendo con los aranceles”.

Otras medidas de estos cien primeros días de gobierno de Elnecio, como las redadas y deportaciones de inmigrantes, la declaración de unos 6.000 inmigrantes “muertos” para borrarles de la seguridad social, el despliegue del Ejército en la frontera con México con competencias para detener a las personas inmigrantes y entregarlas a la policía, el despliegue de la Armada USA en Panamá, la retirada de fondos federales a las agencias humanitarias, la OMS y las Naciones Unidas, los despidos masivos en la administración federal y la supresión de departamentos como el de Educación al tiempo que lanza sanciones económicas (supresión de 2.200 millones de subvención) contra la universidad de Harvard por no plegarse a las órdenes presidenciales y protestar contra el exterminio de los palestinos en Gaza, así como la befa y la chufa sobre el cambio climático y, desde luego, la discriminación de gais y lesbianas… han comenzado a perjudicar gravemente al país y, sobre todo, a precarizar y arruinar su democracia liberal y, por contagio global , la de otras naciones, provocando más sufrimiento, guerra y pobreza.

Trum (2) o cuando el necio escupe contra el viento

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Madrid.–Luis Díez

El presidente de Estados Unidos (EEUU) Donald Trump es descendiente de emigrantes. Sus abuelos eran alemanes y su madre escocesa. Su apellido original es Drumpf, si bien, con el paso del tiempo, los descendientes de aquel Friedrich Drumpf que emigró desde Bremen a Nueva York en 1885, trabajó duro creando hospederías, y murió 33 años después, adoptaron la pronunciación inglesa de la palabra y comenzaron a escribir Trump, término que sirve para designar la carta del triunfo de una baraja de naipes.

Si Tramp es nieto de inmigrantes, hijo de madre inmigrante (la escocesa Mary Anne MacLeod), se casó y tuvo tres hijos con la checoslovaca Ivana Zelnícková, que fuera esquiadora olímpica, y, en fin, contrajo matrimonio en terceras nupcias con la modelo eslovena Melania Knauss, una mujer 24 años más joven que él y que en 2006 dio a luz a su quinto vástago ?cómo se explica su desmedida persecución de los inmigrantes, con redadas injustas y deportaciones declaradas ilegales por jueces y tribunales?

La explicación más sencilla procede de quienes emplean el alias del mandatario, Elnecio, pues sabido es que los necios hacen necedades. Trump ya prometió en su anterior mandato (2016-2020) levantar un muro para sellar la frontera con México. Fue una de las promesas más insólitas y también más celebradas de su campaña electoral. Encima, los 10.000 millones de dólares que iba a costar aquella obra debían de ser pagados por México. Si el Gobierno mexicano se negaba, como de hecho ocurrió, prohibiría las transferencias de las remesas de inmigrantes, la mayoría “ilegales”, que ascendían a unos 24.000 millones de dólares anuales. También amenazó entonces con imponer aranceles a los productos mexicanos y con cancelar los visados a sus ciudadanos.

Vale añadir que terminó los cuatro años de aquel primer mandato presidencial con apenas un centenar de kilómetros de barreras metálicas instaladas en tramos no cubiertos por las vallas discontinuas existentes con anterioridad a lo largo de mil de los 3.145 kilómetros de frontera desde San Diego (California) hasta la costa atlántica de Texas en el Golfo de México. Sobre los visados sirva de ejemplo para evaluar los intereses y la catadura del personaje que mientras el 2 de abril le retiraba el permiso para entrar a EEUU al Premio Nobel de la Paz y expresidente de Costa Rica, Oscar Arias, quien le había llamado “emperador romano”, ofrecía un visado especial, la visa de oro, con residencia indefinida, a cuantos extranjeros llegaran con cinco millones de dólares para gastar en su país.

Trump ha acerado más si cabe su política de persecución de los inmigrantes hispanos en este segundo mandato. Elnecio y sus más fervorosos seguidores reaccionarios consideran la llegada de inmigrantes indocumentados “una invasión” de delincuentes, defectuosos mentales, criminales que “envenenan nuestra sangre” y se dedican a atrapar y comerse a las mascotas domésticas. Al socorrido “cave canen” (cuidado con el perro) el poderoso majadero añadió en campaña “que te lo comen” los negros haitianos. Lo malo es que muchos ciudadanos le creyeron y dejaron de sacar a sus perros de paseo.

He ahí otro ejemplo de las burdas técnicas goebbelianas y de los muchos tropos fascistas que contaminan el discurso o más bien el fangollo y batiburrillo trumpista. Provocan y extienden, a base de bulos, el temor a los inmigrantes y emplean la posverdad para hacer saber que si les votas y ganan las elecciones sellarán las fronteras, expulsarán a los inmigrantes y acabarán con los que te “roban” el empleo, “se benefician” de ayudas sociales y convierten tus calles en lugares peligrosos hasta para los perros.

“Perdido en este desfile de horrores –escribe el profesor de la Universidad de Columbia Michael W. Doyle– está el hecho de que EEUU es una nación de inmigrantes. Irónicamente, los abuelos y bisabuelos de la actual cosecha de ideólogos nativistas fueron los inmigrantes trabajadores (ninguno de los cuales fue investigado) que cavaron los canales de Estados Unidos, construyeron sus ferrocarriles y segaron el césped de sus granjas”.

El humanista Doyle, que es uno de los cuarenta investigadores y especialistas que han elaborado la Convención Modelo sobre Movilidad Internacional (CMMI) sostiene que el 24% de las patentes estadounidenses registradas en los últimos años han sido presentadas por inmigrantes. Ellos son los que trabajan en los campos, mataderos y almacenes del país. Tanto documentados como indocumentados, realizan el trabajo (más penoso y peligroso) que, como ocurre en España y en otros países europeos, no parecen querer hacer muchos oriundos.

Esa dimensión económica y laboral, no parece contar. Elnecio, de suyo acostumbrado a establecer la relación coste-beneficio, insiste en considerar delincuentes a los inmigrantes y no alcanza a ver que éstos, incluidos los indocumentados, tienen muchas menos probabilidades de cometer un delito que los nacidos en el país. En un reportaje publicado el 5 de abril pasado en Los Ángeles Times, los periodistas Hanson, David Smilde y Verónica Zubillaga, desarmaron las mentiras trumpistas para justificar la deportación de jóvenes venezolanos a El Salvador, donde fueron recluidos en una cárcel de máxima seguridad prestada por el presidente salvadoreño. Los informadores, conocedores de la violencia en Venezuela, pusieron de relieve que era falso que los detenidos y deportados fueran terroristas enviados desde Venezuela a atentar en EEUU y que muchos de ellos ni siquiera pertenecían al Tren de Aragua, una mara o banda que según la orden ejecutiva de Elnecio “está llevando a cabo una guerra irregular y emprendiendo acciones hostiles contra EEUU”.

Las redadas indiscriminadas contra los inmigrantes y las deportaciones ejecutivas, sin intervención judicial, sitúan a la altura del betún las garantías jurídicas y los derechos de las personas en la primera potencia democrática (?). Puede que el fascismo trumpista –de “nocivo, idiota y Hitler de Estados Unidos” lo tachó el actual vicepresidente Vance en 2016– consiga reducir el flujo de inmigrantes, pero lo que está generando sin duda es el miedo de millones de hispanos a ser detenidos y deportados. En la actualidad hay más de 700.000 venezolanos emigrados a EEUU y muchos de ellos desviven con el temor en el cuerpo.

Contra las afirmaciones de Trump tampoco es verdad que EEUU esté “inmerso en una ola criminal” que él atribuye a los inmigrantes, pues los datos preliminares del FBI indican que la criminalidad siguió disminuyendo en 2024 respecto al año anterior. En cambio, es muy cierto que el empeño del plutócrata en identificar inmigración con delincuencia provocó la primera manifestación de protesta ante la Casa Blanca un mes después de su toma de posesión. Y también es cierto que varias organizaciones católicas han alzado la voz contra las redadas y las deportaciones, demostrando además que la mayoría de las víctimas de esa política trampista son católicos. En respuesta, la administración federal anuló el 11 de abril un convenio con la Conferencia Episcopal por el que aportaba fondos a la labor humanitaria y de integración de inmigrantes.

?Se puede “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”, como reza el lema MAGA de los trumpianos, sin inmigrantes? Sólo los necios creen eso. El profesor Doyle antes citado afirma que “para desincentivar la entrada ilegal, el país necesita vías legales para satisfacer la demanda de 8 millones puestos de trabajo sin cubrir en la actualidad. Esto sin contar los millones de empleos permanentes que ahora ocupan los 10 millones de indocumentados”. Doyle se pregunta cómo conseguir esto y propone, entre otras medidas, el desarrollo de una plataforma nacional de empleo en Internet que identifique los puestos vacantes y las cualificaciones pertinentes para su solicitud por parte de solicitantes individuales extranjeros y agencias de empleo.

Esa y otras herramientas contempladas en la Convención CMMI evitarían que la política de inmigración reflejara “lo peor de nosotros mismos”. Para Doyle, antiguo administrador del Carnegie Council, se pueden hacer las cosas mucho mejor, tanto para servir a los intereses de EEUU como para conciliar sus ideales contrapuestos. Pero no solo en la primera potencia del globo, sino también en terceros países. Téngase en cuenta que en 2024 había 304 millones de inmigrantes en todo el mundo (Datos del departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU). La inmigración es un tema candente, domina el discurso político, alimenta resultados electorales y, como afirma la investigadora de la Escuela Internacional de Asuntos Exteriores de la Universidad de Columbia, Susie Han, a menudo desencadena políticas reaccionarias.

Más allá de la necedad y del repliegue de los gobiernos tras unas políticas restrictivas que solo aumentan el desorden y el sufrimiento humano, los gobiernos deberían esforzarse en crear soluciones duraderas para la gestión de la inmigración. Así, en vez de jalear y emular a Elnecio, como hacen en Europa algunos políticos nefastos, convendría incorporar los avances y propuestas de nuevas normas contenidas en la Convención CMMI sobre migración y asilo que pueden beneficiar tanto a los afectados como a sus Estados de origen, tránsito y destino.

Trump (1) o cuando el necio monta su ‘Universidad’ en Nueva York

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Madrid.– Luis Díez

Admirador de los grandes magnates del último tercio del siglo XIX y primero del XX, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, quiso imitarles fundando una universidad. En 2005 inauguró la Trump University en Nueva York, una entidad educativa con ánimo de lucro que ofrecía cursos de economía y finanzas y, sobre todo, mercaba formación especializada para gestores de fondos de inversión y agentes inmobiliarios.

De este modo, el nieto millonario de unos emigrantes a tierra de promisión desde Alemania y Escocia pretendía imitar a aquellos grandes potentados que como John Davison Rockefeller, Andrew Carnegie y otros dedicaron a la enseñanza y la investigación parte de sus fortunas. Y ya se sabe que el petrolero Rockefeller practicó la filantropía, donando gran parte de sus ganancias a fundaciones y programas benéficos y siendo fundador de la Universidad de Chicago (cuna de 87 premios Nobel) y de la que lleva su apellido en Nueva York. Y su colega, el emigrante escocés Carnegie, magnate del hierro y el acero, dedicó casi toda la riqueza que había acumulado a cuenta del tendido ferroviario, los puentes, las torres de petróleo y la arquitectura del hierro a la creación de bibliotecas, centros sociales para los trabajadores, el Fondo Carnegie para la Paz Internacional y, entre otras entidades, la Carnegie Mellon University de Pittsburgh (Pensilvania, EEUU).

Pero, a diferencia de aquellos magnates de la época dorada de la industrialización estadounidense, conocidos en su día como “los barones ladrones”, el creso Trump no buscaba beneficio social alguno ni depositaba una micra de filantropía en su iniciativa educativa. Su objetivo era simplemente ganar pasta, como lo había sido desde que su padre lo colocó al frente de las empresas familiares del ladrillo y la especulación inmobiliaria. Fundó su Universidad con el mismo afán dinerario e idéntico desparpajo al de compra hoteles (incluido el emblemático Plaza de Nueva York), la instalación de casinos o la creación de complejos turísticos (incluido el de Mar-a-Lago, en La Florida, su principal residencia de descanso).

Solo que el milmillonario Tramp despreció las normas más elementales en la creación de su centro educativo con el pomposo título de “Universidad”. Las autoridades le advirtieron una y otra vez sobre el incumplimiento de los requisitos básicos y le conminaron a retirar el nombre de “universidad” de lo que podría ser una academia privada y nada más. Vamos, que Trump, al contrario de Carnegie o de Rockefeller, carecía del menor interés en impulsar la ciencia, la medicina y la educación. Entonces, para evitar que su negocio lectivo fuera declarado ilícito e ilegal, decidió llamarle Trump Entrepreneur Initiative (Trump Iniciativa Emprendedora).

Con todo, aquel negocio de Trump, alias Elnecio, no tardó en verse enfangado por las demandas de varios alumnos que se sintieron estafados. En 2010 dejó por fin de operar. Y en 2013 el magnate fue condenado a pagar 40 millones de dólares por la demanda civil interpuesta por el Estado de Nueva York por publicidad engañosa y fraude al consumidor, dado que su “Universidad” emitió títulos académicos sin licencia educativa alguna. Está por ver que algo similar pueda ocurrir en la España donde los “chiringuitos” universitarios ultras y con ánimo de lucro crecen como la espuma al amparo incluso de autoridades autonómicas.

El engaño y el fraude de Trump en materia educativa fue una de las múltiples causas que convirtieron al potentado en el primer candidato y presidente de EEUU condenado por sus actividades y negocios privados antes de llegar a la Casa Blanca. Las causas penales fueron por trampas, corrupción y abusos sexuales. Pero ninguna impidió su carrera política, como tampoco impidieron que optara a un nuevo mandato el asalto al Capitolio tras perder las elecciones contra Joe Biden en el año 2000 y el robo de documentos secretos que el FBI encontró en su mansión de Florida.

Aunque no ha sido contrastado, algunos estudiosos de la prepotencia y la necedad sitúan la motivación de Trump para hacer negocio con la enseñanza en el éxito de The Apprentice, un reality show que produjo y dirigió a comienzos de siglo. La cosa era que unos jóvenes talentos, aspirantes a empresarios, medían sus habilidades para los negocios. El ganador era contratado por Elnecio como directivo de su holding empresarial y los perdedores eran despedidos uno a uno por aquel tipo ceñudo que señalaba con el índice y exclamaba: “You’re fired!” (“¡Estás despedido!”), un latiguillo que adquirió mucha popularidad entonces y que Elnecio ha reeditado para su país y el resto del mundo con la imposición de aranceles a todos los productos que entren en EEUU y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo en todos los sectores productivos. Eso sin contar los más de 100.000 despidos que lleva dictados en los organismos y agencias federales, especialmente en los servicios sanitarios, educativos, de investigación y de cooperación internacional, por indicación del plutócrata amigo y consejero Elon Musk, que ya se retira a sus empresas.

C14.– Falsarios de la razón de Estado

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/ Luis Díez

Merche y Tilo aparcaron a Botones a prudencial distancia de las dependencias. El inspector quería preservar su automóvil de las miradas de los curiosos, los colegas y los delincuentes, y nunca usaba el espacio reservado a los maderos. Entraron en el edificio y fueron a la zona de detenidos, donde sus compañeros Fabiola y Marcos acababan de tramitar la ficha de la mujer paquete y de enviarla al calabozo. El motorista se hallaba en trámite en la “sala de caretos”, un cuartucho de cuatro metros, con un armario metálico y una regleta pegada a la pared desnuda, donde el fotógrafo de la unidad retrataba de cuerpo entero, de frente y de perfil a los detenidos. Puesto que diez de cada diez salían con mala cara se comprende el nombre del cuartucho. A continuación pasaban a la sala de interrogatorios, donde se confeccionaba la ficha, se guardaban los objetos personales del detenido (casco de motorista incluido) en una bolsa de papel, se les hacían varias preguntas y si a la tercera no respondían se les indicaba que podían avisar a su abogado o se llamaba a uno de oficio. Además se les permitía realizar una llamada a algún familiar o amigo.

–¿Podría hacer el favor de quitarme las esposas? –dijo el motorista, enojado, antes de sentarse en el pupitre que Marcos le indicaba.

–Le mantendremos esposado para hacerle un favor a usted y nosotros mismos, amigo –le contestó Marcos.

El detenido hizo un gesto de contrariedad y se encaró con el agente:

–¡Usted no sabe quien soy yo!

–Claro que sí, puedo olerle desde aquí.

Tilo y Merche relevaron a Marcos y pidieron al sujeto que se sentara y tranquilizara. Tenía cara de hogaza, el cabello negro, el cuello corto, los ojos grandes y negros como el lignito (sin brillo), los hombros anchos y los pectorales de deportista. Merche creyó haber visto antes a aquel individuo. Sopló al oído de Tilo: “Creo que es el tipo que me siguió”. Es decir, el mismo que también le siguió a él, el saltador del autobús. Según su documento de identidad, se hacía llamar Mauro Pérez Agua (a saber cuál sería su verdadero nombre) y había nacido en Madrid hacía veintiocho años.

–¿Le apetece algo, un refresco, agua, café? –le ofreció Tilo.

El tal Mauro fijó la mirada en el póster de una pradera con cuatro vacas pastando y unas montañas a lo lejos (anuncio de una industria láctea), supuso en voz alta que no había carajillos y pidió café con leche. El inspector se asomó a la puerta, depositó unas monedas en la mano del agente de guardia y realizó el encargo. Mientras Merche rellenaba la filiación y otros datos sobre la apariencia y el estado de salud del detenido, Tilo le preguntó dónde compraba esas zapatillas tan elegantes, las Triple Stitch que usaba habitualmente. El tipo se sorprendió.

–¿Cómo lo sabe?

–Lo sé.

–¿Para qué quiere saberlo?

–Si no quiere, no me lo diga, pero sepa que aquí las preguntas las hacemos nosotros.

Entró el guardia con los cafés y tres botellines de agua. Tilo miró a Merche y asintió. Quedaba claro que ojos de lignito, el saltador del autobús y el tal Mauro eran la misma persona.

–Antes de entrar en materia me gustaría saber qué planeaban contra mí o mi familia después del seguimiento que me hizo días atrás hasta las cercanías de mi casa –le preguntó Merche.

El tipo no se inmutó.

Tilo insistió, pero no logró resultado alguno, de lo que dedujo en voz alta una variedad de canalladas que podían ir desde el secuestro de niños a la muerte de mujeres, pasando por el apaleamiento de perros domésticos con bates de béisbol como si fueran negros callejeros, ¿verdad? El tipo se enojó, bebió un sorbo de café y dio un fuerte golpe con las esposas sobre el pupitre.

–Ya veo que no es muy hablador. ¿Va a declarar sin abogado o le enviamos directamente al calabozo? –le preguntó Merche.

–No tengo nada que decir, salvo que han cometido un error muy grave; mi compañera y yo somos agentes de información para la seguridad del Estado, no delincuentes –dijo el detenido.

–Claro, y eso os permite realizar seguimientos a los policías que investigan los crímenes contra personas indocumentadas y sin techo. ¿Qué ibas a hacer contra ese negro? ¿Matarlo como a una cucaracha? –inquirió Merche.

–Parece que en esta ocasión habían elegido suficiente heroína adulterada para matar a un elefante, ¿verdad? –precisó Tilo, todavía con el arma homicida dentro de una bolsita de pruebas en el bolsillo bajero del pantalón.

El tal Mauro se mantenía en silencio con la mirada perdida en el paisaje del prado y las vacas. Quedaba claro que no iba a decir ni mu, así que Merche le preguntó si deseaba hacer la preceptiva llamada telefónica a la que tenía derecho y si disponía de asistencia letrada particular, para avisarla o en su defecto llamaban a un abogado de oficio.

El tipo no se dio por aludido. Esperaron un minuto, bebieron el café y Tilo le repitió los derechos, pero el tal Mauro había enmudecido de verdad. Sabía que el agente le había filmado con su teléfono, jeringuilla en mano, inclinado sobre el negro que dormía en aquella sucursal bancaria y que no tenía escapatoria. Por si fuera poco, Merche le informó:

–Pesan cargos contra usted por tres asesinatos consumados y uno, esta noche, en grado de tentativa.

El tipo le lanzó una mirada de desprecio. Ella correspondió:

–Más te vale quitarte la muela hueca y tragarte la cápsula de miloche. ¡Estás acabado, mamón!

Tilo se incorporó, abrió la puerta y ordenó a los agentes de guardia:

–Conduzcan a este sujeto al calabozo y devuelvan las esposas a la inspectora.

Puesto que tenían que completar la jornada de pesca nocturna con la práctica papelística al uso, los dos investigadores siguieron el largo pasillo mal iluminado hacia la zona meramente administrativa. Fabiola y Marcos ya estaban en la pecera, manos a la obra. Su relato de las detenciones les pareció escueto y preciso, es decir tan correcto que el negro dormido al que iban a matar no parecía un señuelo, sino un negro de verdad. En este punto Tilo extrajo la jeringuilla del bolsillo, se la mostró a los compañeros, la depositó en un cajón de su mesa que abrió y cerró con llave. A falta de análisis sostuvo que contenía una cantidad de heroína suficiente para dejar tieso a un caballo en menos que canta un gallo. “Pero pongamos que le iban a inyectar una sustancia tóxica y venenosa, mortal de necesidad en pocos minutos”. Marcos, al teclado, intercaló la referencia al arma del delito. En ese instante les interrumpió el timbre del teléfono del despacho. Era de la recepción para decirles que un caballero se interesaba por los detenidos.

–Dígale que espere un poco, enseguida le atendemos –dijo Tilo. Colgó el auricular e informó a sus compañeros–: Muchachos, tenemos visita.

Sin necesidad de preguntar la identidad del recién llegado supusieron que se trataba del coronel jefe de los detenidos, el señor Dosbarrios López del Arenal, alias Escualo Mayor, así que dejaron el colorín colorado para otro momento, se equiparon convenientemente y se apresuraron a recibirlo como se merecía. La sala de espera era una habitación rectangular con sillas de plástico clavadas a una barra que recorría los dos laterales. Entró Tilo y dejó la puerta entreabierta.

–Buenas noches, soy el inspector Dátil –le saludó.

El visitante esperaba de pie y correspondió al saludo sin dar su nombre.

–¿Es usted abogado de alguno de lo detenidos? –inquirió.

–No es el caso.

–¿Su padre, imagino?

–En cierto modo si, padre profesional –dijo con tono orgulloso.

–Pues permita que le diga, señor…

–Dosbarrios.

–…señor Dosbarrios que los ha encauzado usted muy mal.

–¡Pero bueno! ¿Quién cojones eres tú para decir eso?

–No se soliviante, caballero, si le digo que no se puede ir por ahí matando gente que no les gusta, empezando por los negros.

–¿Qué sabrás tú lo que se puede y no se puede? –dijo el coronel al tiempo que extraía del bolsillo interior de su elegante americana una credencial del Servicio de Inteligencia del Estado, el famoso SIE, y se la mostraba.

–La razón de Estado –siguió diciendo– no requiere explicación, pero por deferencia a un majadero como tú y tus compinches haré una excepción: la muerte de unos africanos en la Capital del Reino tiene una finalidad terapéutica de dimensión histórica y resulta útil, muy útil para que se publicite a través de los medios de comunicación en los países de origen. Es una medida muy drástica, lo sabemos, que sirve de acompañamiento a las devoluciones de indocumentados que el Gobierno está realizando. ¿Me entiendes, zoquete?

A Tilo le pareció que el tiempo pasaba muy despacio. Su acuerdo con los compañeros era que entrasen al cabo de cinco minutos. Se disponía a contestar al insultón y agresivo coronel, pero éste, al parecer, acostumbrado a no respetar nada, tampoco el turno de palabra, clamó por la libertad de sus subordinados.

–Si estima en algo su carrera, sueltelos inmediatamente –amenazó.

En ese instante se abrió por fin la puerta.

–¡Queda detenido, caballero! –exclamó Merche, pistola en mano.

El tipo, más tieso que un cirio de cuaresma, dibujó la mueca de una sonrisa irónica que enseguida, en cuanto Marcos se adelantó y le asió un brazo para aplicarle el grillete, desapareció de su cara de piel de zapato marrón, bien lustrosa y bronceada.

–No, coronel –dijo entonces Tilo–, ni el fin justifica los medios ni el Estado puede practicar impunemente el terrorismo, aunque usted se crea Netanyahu.

Coda:

Había transcurrido año y medio desde la captura nocturna de los criminales. Fueron juzgados y condenados por el Tribunal Central para delitos muy graves a cadena perpetua o “prisión permanente revisable”, según el eufemismo que utilizó el exalcalde Gasradón cuando, siendo ministro de Justicia, el máximo castigo en el Código Penal. Tilo, según su costumbre, fue a reunirse con su amigo el arabista Jorge Morales en la terraza del Dulce. Y entonces éste, que, como es sabido, realizaba traducciones para el SIE, le aseguró haber visto en la sede del centro a un tipo clavado al coronel Dosbarrios, aunque con una barba cenicienta y espesa. Tilo se resistió a creer que fuera el mismo, pero Morales había indagado y le participó el secreto mejor guardado del SIE: los agentes usaban nombres falsos, filiaciones que no les correspondían, documentos que pertenecían a personas ingresadas de por vida en determinados centros psiquiátricos. Eso le dijo y eso quería decir que los condenados eran otros. Los falsarios dominaban la cúpula del Estado, delinquían para proteger a la sociedad, decían, y no entraban en prisión.

Aquella noche, cuando llegó la linda Franteska, Mingus saltó a su regazo y Tilo le lanzó la consabida adivinanza con su última ocurrencia de juego de palabras: “Me levanto, me asomo a la ventana y siempre hay unas. ¿Cómo crees que me siento?”

–En ayunas.

–Cierto y verdad.

FIN

C13.–Los depredadores entran a matar

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/Luis Díez

La una de la madrugada era una hora adecuada para poner a dormir al pacífico maniquí en el zaguán de la sucursal bancaria de la plaza de Mariano de Cavia, un periodista taurino que sin embargo acuñó el término “balompié”. Con Merche ojo avizor a los mandos de Botones, Tilo sacó el cebo con el gorro y la capucha puestas, cubierto por con manta vieja y envuelto en los cartones de la caja del vendedor. En un abrir y cerrar de ojos lo trasladó desde el asiento trasero del Golf al vestíbulo de espeso cristal con puerta abatible del establecimiento usurario, lo tendió dejando al descubierto las fosas nasales, la boca y la barbilla por un lado y media alpargata por el otro, y se retiró sin ser visto. Aquella madrugada de sábado para domingo de finales de noviembre se veía poca gente en las calles. Merche callejeó por la zona. Él ruló a pie por la plaza. De semáforo en semáforo tardó seis minutos en dar la vuelta al ruedo de asfalto, con su famosa fuente ornamental de delfines metálicos nadadores en el centro. A la tercera decidió permanecer quieto, sentado en el reborde esquinero de un jardincillo elevado, rodeado de aligustre, entre la calle de Cavanilles y la avenida del Mediterráneo. A unos quince metros de la sucursal bancaria, aquel sitio le pareció ideal para vigilar la carnaza e intervenir si pintaba la ocasión.

En la media hora que llevaba en aquel punto de observación Tilo solo había visto a un joven entrar en el vestíbulo de la sucursal y salir un minuto después. Era un tipo andino e iba acompañado por dos amigos que se quedaron fuera. Les siguió con la mirada hasta que desaparecieron por la entrada de una discoteca subterránea en la que se arremolinaban chicos y chicas con ganas de marcha. Mientras se acercaba a verificar que el maniquí seguía intacto recordó la primera vez que entró en una discoteca; se llamaba Studen o algo así y acudió animado por su vecino y amigo Florencio Febrero, quien tenía una novia o algo así, una chica muy flaca y muy alta. Enseguida se la cedió y desapareció. Qué tío. Él se sintió ridículo, bailando suelto y agarrado con aquella chica del Instituto de Enseñanza Media que apenas hablaba, apenas se reía y parecía más insulsa que una patata cruda. Podía haber huido, pero aguantó dos horas con aquella criatura que le sacaba la cabeza y no le parecía guapa ni fea. Cosas de la adolescencia.

Volvió a su observatorio esquinero. Antes había periódicos de papel, se podían agarrar de cualquier papelera urbana y colocar para no mancharse el trasero del pantalón donde se iba a sentar uno. Pero la prensa se fue a la mierda y esa ventaja desapareció, de modo que pasó la mano por la piedra antes de sentarse. Llevaba un pantalón de vestir de la marca Cortefiel y una chaqueta de entretiempo de la misma marca u otra parecida. Sólo los cómodos y elásticos Fluchos en los pies le diferenciaban de un oficinista al uso, aunque a esa hora todos los gatos son pardos. Con la mirada fija en la sucursal se le enredó el pensamiento en la maldad humana. Desde que el buen Arias y su camarero de cenas, el bueno de Morata, enviaron sus notas al “buzón de limpieza” recomendado por los presuntos criminales racistas en las redes sociales hasta las doce de la mañana de este sábado se habían registrado la friolera de sesenta y cuatro mensajes de otras tantas personas confirmando la presencia del “negrata maloliente” en el hall de la archimencionada sucursal. Qué cosas. Merche atribuyó el flujo de maldad a los bulos desatados en las últimas horas sobre supuestos delitos perpetrados por negros. El más impactante, una violación atribuida a un hombre de color en el distrito de Usera.

Se lanzaba el bulo, se generaba el miedo y, acto seguido, los “salvadores” recogían la respuesta, es decir, los mensajes de decenas de personas incautas e ignorantes pidiendo ayuda y mano dura contra los inmigrantes. Llegaban incluso a denunciar, como en este caso, la ocupación del zaguán de una entidad bancaria por parte de un negro inexistente. ¡Manda narices! En ese instante Tilo observa la maniobra de un potente Mercedes deportivo AMG-GT95 que da una vuelta completa a la rotonda, se arrima a la acera de la sucursal bancaria, frena y para. De la portañuela del copiloto sale una persona, parece una mujer, se acerca a la puerta acristalada de la entidad bancaria, pero no la abre, solo mira el interior y vuelve sobre sus pasos. En cuanto sube abordo, el coche acelera y desaparece transformado en ruido, avenida del Mediterráneo abajo.

Tilo alerta a Merche.

–Los escualos han visto el cebo –le dice.

–Sí, los he visto, han venido a verificar.

–¿Dónde estás?

–He encontrado sitio delante de la Parisienne, en el chaflán rodeado de setos donde se puede aparcar en batería –contesta Merche.

–Perfecto, aviso a Fabiola y Marcos para que estén preparados.

Los dos colegas han aparcado el coche camuflado en la calle de Cabanilles, a diez metros de la esquina donde se halla el objetivo. Es un buen sitio para caer sobre los malos en cinco o seis zancadas. Tilo les informa de que las alimañas ya se han dejado ver. Según lo que ya saben de los casos anteriores, los depredadores siempre han actuado a partir de las tres de la madrugada. Si siguen su método, falta una hora para el baile, pero la visita para verificar el cebo significa que pueden aparecer en cualquier momento y han de estar atentos y lo más cerca posible del maniquí. Fabiola le pide su posición. Tilo se la da. Ella se acerca a verle. Repasan el escenario y ella confiesa que le prefiere como pareja de baile.

–¿Qué tiene Marcos de malo?

–Le noto renuente y…

–¿Y qué?

–No me gusta su olor.

Tilo se sorprende de que salte la pituitaria en plena operación. ¡Manda narices! Nunca acaba uno de conocer a la gente. Va a soltarle una reprimenda, pero se contiene. Cierto es que si tiene que hacer el paripé de enamorada que se despide de su pareja en la puerta de casa resulta comprensible su elección, se dice.

–Acércate a Merche y se lo comentas; si a ella no le importa actuar con Marcos a mi tampoco contigo.

Fabiola le da las gracias y desaparece. Tilo sospecha que tiene algo contra Marcos que no ha querido contarle. Ella sabrá. En ese instante vibra el teléfono. Es Jon. El vigilante de noche del Santana Plaza le informa de que están saliendo los presuntos malincuentes en el Mercedes deportivo y la motocicleta de alta cilindrada que utilizan en otras ocasiones. Ha contado tres.

–Gracias Jon, eres un gran tipo y un buen amigo.

Se apresura a alertar a los compañeros.

–En diez minutos los tenemos aquí –les dice.

Merche ha aceptado a Marcos como pareja, sale de Botones y se dirige al coche K aparcado en Cabanilles. Cada cual conoce su papel y tras el cambio provocado por Fabiola les corresponde actuar de enamorados que se besan y se estrechan entre los brazos ante las puertas de entrada a las fincas más cercanas a la sucursal bancaria. Si los malos llegan por una calle podrán ver de refilón a una pareja, si llegan por otra calle podrán ver a otra pareja y si vienen por la avenida de Menéndez Pelayo, bordeado el parque del Retiro, o por el Paseo de la Reina Cristina desde Atocha, no verán a ninguna. El último trayecto es el más corto.

Cuatro minuto después de haber ocupado sus posiciones y suprimido el seguro de las reglamentarias, el ruido de una motocicleta les anuncia la presencia de los forajidos. El motorista con paquete da un frenazo en plena rotonda, se escora a la derecha y sube a la acera aprovechando la rampa del paso de peatones sin peatones. Se detiene delate de la sucursal. El paquete se apea, extrae de un bolsillo de su cazadora de piel un pequeño objeto, como un bolígrafo, y se lo entrega al motorista, que ha dejado la máquina inclinada sobre la pata metálica y con el motor encendido, como si la operación que van a realizar fuera cuestión de un momento. Los dos llevan cascos negros con brillo de cucarachas. El paquete –Tío diría que una tía– empuja la puerta de la entidad bancaria y deja pasar al motorista. Al instante, Tilo y Fabiola se lanzan hacia ellos. Y lo propio hacen Merche y Marcos desde la otra esquina. Marcos se ocupa de desactivar la moto y guardar las llaves para evitar la huida. El grito de “¡Alto, policía!”, proferido por Fabiola, hace que la mujer paquete suelte la puerta e intente salir corriendo, pero Fabiola la deja fuera de juego de un certero disparo en el trasero. Tilo grita al presunto asesino, ya inclinado sobre el maniquí: “¡No toque a ese hombre!” Al oírlo, intenta clavar la jeriguilla que lleva en la mano en cualquier parte del cuerpo del supuesto negro dormido. Pero Tilo se lo impide. No quiere complicaciones y aprieta el gatillo. Le acierta en la mano y el tipo suelta la inyección y queda noqueado. Merche al quite le agarra los brazos y le coloca los grilletes.

–¡Andando, hijoputa!

El tipo se resiste.

Tilo, todavía con el arma en la mano, le asesta un calambrazo en la entrepierna. El tipo suelta un alarido.

–Obedece, capullo –le dice.

Merche le empuja y Tilo lo sujeta por un brazo.

–Vamos, mono.

El tipo resopla.

Fabiola y Marcos ya han empaquetado en el asiento trasero del K a la mujer paquete, que sigue con el casco puesto. Tilo y Merche llegan con el motorista, lo colocan en el asiento, le ponen el cinturón de seguridad y, por si no lo sabe, le informan de que está detenido. El tipo ha quedado mudo. Fabiola, con la reglamentaria en la mano, hace saber a Tilo que se basta y se sobra para mantener tranquilos a los presuntos asesinos. El miedo no cambia a la gente, pero paraliza. Y si no, para eso está el percutor de calambrazos, también llamado pistola eléctrica. Los agentes salen a toda prisa con los detenidos hacia las dependencias policiales. Tilo y Merche vuelven al lugar de los hechos, recogen con mucho cuidado la jeringuilla, recuperan el maniquí y lo depositan en el maletero de Botones. Antes de subir al coche se paran uno junto al otro, se miran, sonríen, se besan. No se lo pide el guión sino el estado de ánimo, el cuerpo.

C12.–La estratagema del anzuelo

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/Luis Díez.

Tilo aprovechó el tiempo del almuerzo entre plato y plato para explicar a Merche y Fabiola su estratagema del anzuelo. Se trataba de tentar a la suerte, les dijo, y de pescar in fraganti a los escualos si tenían la buena idea de entrar al cebo.

A Merche le pareció un buen plan.

–Si tenemos en cuenta el desinterés de la juez, es lo mejor, por no decir lo único que podemos hacer.

En cambio Fabiola dudó de que fuera ético provocar el delito para efectuar detenciones.

–Puestos a malas –advirtió–, cualquier abogado anula las detenciones y nos jode la carrera si quiere. Vamos, que nos pone de patitas en la calle.

Merche rebatió la premisa mayor:

–No se trata de provocar el delito sino de tenderles una trampa. Si pican, estupendo, y si no nos quedamos como estábamos.

Para disipar las dudas de la colega, Tilo le preguntó cuántas veces había conseguido detener con engaños a un criminal. A lo que ella resopló antes de reconocer que había arrestado a unos cuantos malincuentes con la treta del coche. Consiste en realizar el seguimiento de un malo y un rato después de que haya aparcado su coche y entrado en casa, realizar una llamada telefónica al piso o vivienda donde se haya refugiado y preguntar si el automóvil de la marca tal y la matrícula cual es suyo. Si la respuesta es afirmativa, la detención está hecha sin necesidad de mandamiento judicial. Con avisarle: “Pues baje, que se lo están robando”, el malo queda detenido en cuanto sale del portal.

Después del almuerzo, el inspector se ofreció a acercar a Merche a su barrio. Ella aceptó, pero una vez a bordo de Botones le preguntó a qué iba a dedicar la tarde y decidió acompañarle a visitar al señor Arias. Tilo no tenía dudas de que una persona tan buena como el titular de la Taberna del Picador se prestaría a colaborar en el señuelo para atraer y facilitar la detención de los presuntos autores del terrible final de Amadou. Sin embargo, le asaltó el temor de que la presencia de Merche obstaculizara la colaboración del buen hombre.

–Es probable que el señor Arias te guarde rencor por la mala noche que le hiciste pasar en el calabozo –advirtió a su compañera.

–No me importa –dijo ella–; si vamos a ver estoy segura de que compensará el recuerdo de esa mala noche con el resultado de la investigación. Mi abuelo decía que hay que sufrir para ganar.

–Aristóteles dijo: “puede que sí, puede que no”.

–Pues va a ser que sí.

Merche tenía razón. El señor Arias se alegró de verles, escuchó atentamente los avances de la investigación y, tal como Tilo suponía, no dudó en utilizar su correo electrónico para enviar al buzón de los agentes del SIE el mensaje que le dictó sobre la presencia de un negro que dormía bajo un cajero automático en el zaguán de una entidad bancaria. El inspector estercoló el recado con los términos más asquerosos que fue capaz de encontrar, le indicó que se había topado tres veces en una semana con el negrata maloliente y añadió un mensaje político concluyente: “Si no acabamos con estos, van a acabar estos con nosotros”.

Entre el café, las explicaciones y la operación de mensajería desde el ordenador portátil que el pequeño Oliveras había dejado en manos de Merche, dieron las seis de la tarde y el camarero de cenas, Morata, llegó puntual a su empleo complementario. Después de saludar a su jefe y a los agentes y de ponerse la ropa de faena, Tilo le informó sobre el desarrollo de la investigación y le preguntó si podía contar con él para el último tramo de la misión, la detención de los presuntos asesinos de subsaharianos. Su respuesta fue positiva e inmediata. El inspector le explicó, como ya había hecho con el señor Arias, que la colaboración no acababa en el envío del correo electrónico al buzón de marras, pues se podía prolongar hasta llegar al juicio si conseguían detener y poner a la sombra a los criminales. De hecho, su comparecencia como testigo de cargo podía ser decisiva para condenar a aquellos individuos. Morata reafirmó su voluntad. Merche redactó el mensaje, lo leyó en voz alta y el camarero asintió. Mandaron el mensaje y después de interesarse por la familia numerosa, brindaron con unos chupitos de brandy por el buen resultado de intervención y se despidieron hasta la próxima.

De nuevo en marcha, la subinspectora insistió en acompañar a su colega y amigo al siguiente cometido. Él adujo que era doméstico, aunque también podría ser operativo si tenemos en cuenta que debía de buscar adecuada para el maniquí.

–Venga tío, yo te ayudo –afirmó Merche.

Tilo manifestó su extrañeza ante la disposición de la compañera de regalar horas a la empresa.

–De eso nada –se apresuró ella–: las hago por adelantado y las descuento mañana para ir de compras; ya tenemos el invierno encima y los hijos necesitan el equipamiento adecuado.

El inspector condujo en silencio hasta su barrio, estacionó el Golf en el amplio patio con el suelo cimentado que formaban dos largos edificios rectangulares de tres alturas y, con la ayuda de Merche subió el maniquí a casa. Ni que decir tiene que Mingus los recibió con su escandalosa algazara habitual, si bien, en vez de escapar escalera abajo se entretuvo en husmear las cajas y olfatear a Merche, dando tiempo a Tilo de cerrar la puerta.

–Mira lo que hemos traído –le dijo, acariciándole la nariz y la testa.

Merche abrió la caja y sacó la cabeza del muñeco de tamaño natural. Tilo hizo lo propio con el busto de cartón piedra. Aunque olía a almacén textil, a Mingus le gustó y dio varias vueltas a su alrededor, incitando al extraño forastero a seguirlo. Ensamblaron la cabeza, enroscaron en la base del tronco de cartón piedra el palo de un metro de alto que venía incrustado en una peana con tres patas. Ya frente al armario ropero de Tilo, Merche eligió un pantalón vaquero, una camiseta oscura de cuello redondo, la chaqueta azul de un chándal con la cremallera en buen uso y una cazadora marrón, acolchada y con capucha para vestir al muñeco. Con el añadido de un gorro elástico de fina lana color teja, dio por completado el atuendo, al que Tilo agregó unas Adidas desvencijadas a juego con los vaqueros. Eran sus prendas de ir a la Sierra del Guadarrama con Mingus, pero bueno, todo sea por la causa, se dijo.

Ya con el modelo para armar perfectamente equipado y acomodado en el maletero de Botones, llevaron a Mingus a que hiciese sus necesidades y corretease con sus congéneres por el parque de los pinos y, quince minutos después se encaminaron hacia la terraza del Dulce, donde Merche tuvo mucho gusto en conocer al arabista Jorge Morales. Apenas se habían sentado y solicitado unas cervezas, llegó la checa Franteska (Teska para los amigos), a quien la subinspectora tampoco conocía. Tilo le presentó a su colega como gran policía y Morales hizo lo propio con su compañera como gran políglota y directora de una próspera agencia de traducción oral y escrita. Merche, siempre tan curiosa, se preguntó en voz alta hasta qué punto eso que llaman inteligencia artificial representa una amenaza para los traductores de idiomas. Teska quiso creer que no, pues siempre habrá demanda de traducciones de calidad, pero Morales interfirió su explicación recordando que allí solo se hablaba de cosas agradables, nunca de trabajo.

–Cierto y verdad –afirmó Tilo–; mis disculpas por no haber informado a la compañera.

–No pasa nada –dijo Morales con una sonrisa dirigida a las dos féminas–, aunque si traemos el curre y el discurre a casa no descansamos nunca, de ahí que este rato, la hora de los perros, lo empleemos en distraernos y hablar de cualquier cosa, anécdotas, chistes, incluso adivinanzas…

–Adivina adivinanza –incurrió Teska mirando a Tilo–: ¿Si sor María es una buena monja, qué causa el juez justiciero al ordenar su ingreso en prisión?

Tilo iba a decir “sor-presa”, pero se le adelantó Merche.

–Afirmativo, te toca –dijo Teska.

–Una señorita muy enseñoritada que siempre va en coche y siempre va mojada, ¿qué es?

–Muy fácil: la lengua –respondió la pentecostés.

–Por cierto, de tantas lenguas como sabes, ¿cuál es la que más te gusta? –se interesó Tilo,

La checa no dudó:

–La lengua de vaca rebozada –contestó, provocando la hilaridad de los contertulios.

–¡Atención, adivinanza! –exclamó Tilo con otra ocurrencia en los labios– La capitana de la trainera grita a una palista: ¡Reme más deprisa, por dios! ¿Cómo se llama la remera?

Pasan unos segundos, Merche y Teska se miran como si quisieran ponerse de acuerdo para responder. Finalmente la checa responde: “Remedios”. Merche añade: “y no es ramera por la e, je je”.

–Sobresaliente –calificó Tilo antes de incidir–: Adivina, adivinanza. ¿Cómo se llama un perrito envuelto en una manta?

–Perrito caliente –dijo Merche.

C11.–El buzón de los ‘malincuentes’

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/Luis Díez.

Desde uno de los pocos bancos públicos que quedaban en la Plaza de Santana, ocupada por las terrazas de los bares, el documentalista Oliveras conectó su ordenador portátil a Internet. El ISP (proveedor de servicios a Internet) le asignó automáticamente una dirección IP. A partir de ahí generó la información necesaria para crear un sitio web y realizó las operaciones convenientes para alojarlo con las dos direcciones IP posibles: una compartida y otra dedicada. El documentalista sabía que los sitios web con alojamientos compartidos pertenecen a proveedores establecidos por zonas, de modo que la web recién creada era uno de los numerosos sitios alojados en el mismo servidor. Para un experto en la materia o SME (Subject Matter Expert), la operación de anclar su web recién creada en un sitio en el que participaba de direcciones IP compartidas resultaba fácil y rápida. Completó su plan comprando por cuatro euros una dirección IP dedicada, con la que obtuvo un certificado SSL y la consiguiente capacidad de ejecutar la transferencia de archivos FTP desde su servidor. De esta forma se facilitó el uso compartido y la transferencia de archivos con operadores dentro de una misma organización y se proporcionó opciones para el uso compartido de FTP anónimo.

Veinte minutos después, el documentalista Oliveras cerró su ordenador portátil, lo guardó en la mochila y abandonó la plaza. En sus tripas tecnológicas llevaba el mecanismo de abeja que le permitía identificar las flores del mal y, lo más importante, emplear una herramienta que los expertos llaman malware para instalar un espía en la IP del objetivo conveniente. Ya en las dependencias policiales, se dirigió al despacho de Tilo y Merche, les explicó los procedimientos de búsqueda y control, y diez minutos más tarde identificaron el sitio de los presuntos criminales. Entonces Oli le aplicó un intruso que era capaz de copiar y a continuación sustraer sus datos y espiar toda la actividad de los dispositivos informáticos sin dañar el hardware físico de los sistemas o equipos de red de los malincuentes.

A un tipo como Tilo, incapaz de saber adónde van a parar los textos que se pierden en el ordenador, las habilidades del pequeño Oliveras le parecían mágicas y le sonaban a chino. ¿Era posible que hubiera gente así? La había. Y aquel Oli, convertido en jáquer o pirata informático, era capaz de espiar a los espías, de copiar los correos electrónicos de los malos, de enviar copia de todos los mensajes salientes y entrantes a un dispositivo informático y telefónico determinado y anónimo: su ordenador portátil. ¿Cómo conseguía las claves, los números y los nombres secretos con los que los malos protegían su información? Ni Tilo ni Merche ni Fabiola, que participaba de la investigación, lo sabían. Tampoco consideraron que fuera el momento de pedirle que descifrara el enigma.

El documentalista Oliveras podía ir más lejos. Tenía capacidad, les dijo, de sabotear al enemigo, obstaculizar su funcionamiento con algunos palos en las ruedas para fastidiarle un poco o, si lo preferían, podía averiar y destruir al mismo tiempo todos sus dispositivos, es decir, eliminarle con un código que él llamó con el nombre bíblico de Torre de Babel porque generaba tal confusión en el lenguaje universal de acceso a Internet que desbarataba las configuraciones.

–Tranquilo, Oli, tiempo habrá para la avería y la destrucción –se apresuró Tilo, impresionado por su facilidad para acceder al correo electrónico de los supuestos delincuentes al servicio del Estado. Mayor fue la sorpresa de Merche cuando, con la barbilla apoyada en el hombro de Oliveras, leyó algunos mensajes recibidos por los enemigos y pidió al documentalista que abriera las respuestas.

–¡Eureka! –exclamó, estimulando la atención de Fabiola y del propio Tilo.

Cualquier persona ajena a la investigación podía comprobar la función de buzón de aquel correo electrónico. Leyeron varios mensajes recibidos. Eran avisos estimulados por activistas en las redes sociales con nombres tan explícitos como Black trash (Basura negra), Blacks out (Negros fuera), Cleaning company (Compañía de limpieza), Desinfection agency (Agencia de desinfección) y otros que llamaban a colaborar en el barrido de la “inmundicia africana”, aportando información sobre las calles, plazas y establecimientos donde la presencia de aquella “escoria” fuera habitual.

Oliveras y Tilo se ofrecieron a traer café a sus compañeras, centradas en la inspección del correo electrónico y, más concretamente en la búsqueda de los mensajes que pudieran tener relación con las fechas y los lugares en los que habían sido asesinados los tres jóvenes negros en menos de treinta días. Cuando regresaron de la planta baja con los vasitos de plástico en las manos, Merche y Fabiola habían impreso una buena resma de avisos sobre los pasadizos del Retiro y de Colón. Había otros sobre la Plaza Mayor, el parking de la Plaza de Jacinto Benavente, los túneles y el intercambiador de la estación ferroviaria de Atocha, así como de otros lugares más alejados del centro y, singularmente, de los distritos más adinerados de la ciudad en los que, por suerte, no se habían registrado asesinatos de momento. Los sicarios tenían su prioridad.

El documentalista dejó el ordenador portátil a disposición de las investigadoras y se fue a otros quehaceres de su departamento. Tilo examinó algunos folios con los mensajes ya leídos y marcados por Fabiola. De la zona donde mataron a Amadou vio dos avisos en lenguaje agresivo y soez. La verdad es que los comunicantes se dirigían a las supuestas entidades de limpieza en términos displicentes y encanallados. ¿A qué obedecía tanto odio contra la pobre gente? ¿Alguien en su sano juicio podía creer que unos jóvenes, incluso niños, que huían del hambre, las enfermedades y las guerras y arriesgaban sus vidas en desiertos hostiles y mares revueltos (muchos morían) para llegar a un lugar donde poder comer y seguir vivos representaban una amenaza para la patria? El lenguaje de aquella gente tóxica, intoxicada, era terrible.

Uno proponía: “Con una machine gun con cargadores de 300 balas cada uno se haría una limpieza en menos de media hora”; otro escribía: “Tenéis que limpiar de negratas el pasaje de Colón con perros anvrientos”; otro planteaba: “Les atáis una losa en el culo y al lago con ellos, son puta escoria”; otro reclamaba: “Urge limpieza étnica o seremos un país tercermundista en un par de décadas”, y otro afirmaba en referencia a Hitler: “El pintor austriaco tenía que a ver acavado su travajo de esternimio con los monos ilegales que están ocupando Madrid”. Los receptores respondían a cada mensaje con unas palabras de agradecimiento y repetían una frase concluyente: “Estamos en ello”.

–Si esto no tiene relevancia penal –comentó Tilo a sus compañeras–, que venga Dios, cualquier dios, y lo lea.

Sus compañeras se mantuvieron en silencio. Centradas en la pantalla del pequeño ordenador, daban pequeños sorbos a sus cafés y no se dejaban distraer fácilmente de la lectura y el análisis de los mensajes de odio racista, islamófobo y político que recibía el buzón de los supuestos criminales. Tilo les devolvió los folios que había examinado y consideró llegado el momento de centrarse en su idea, así que se acomodó ante su escritorio, sacó la libreta de notas del bolsillo de la chaqueta, descolgó el teléfono y marcó el número que había apuntado la tarde anterior en la entrada de la calle de Jorge Juan. Pero el proveedor de maniquís daba comunicando.

El inspector aprovechó la pausa para revisar el correo electrónico. Tal como intuía, su señoría judicial no había contestado a la petición de entrevista personal. Quizá la persona de su secretaría encargada de filtrar los recados no se lo había pasado todavía. La burocracia ralentizaba la acción, cualquier acción. En este caso indicaba el único camino urgente a seguir para prevenir mayores males: la acción directa contra los criminales. A ello se orientaba su idea.

Descolgó otra vez el auricular y volvió a marcar el número de teléfono del escaparatista y proveedor de muñecos de tamaño humano, pero la línea seguía ocupada. Bebió un sorbo al café, se incorporó, caminó tres pasos hasta la puerta, giró ciento ochenta grados, miró a Merche y manifestó en voz alta la conveniencia de informar de la investigación a los compañeros Marcos y Rosado. También a Leo, aunque tuviera otro caso entre manos.

–¿Es una orden? –musitó Merche con desgana.

–Claro que si, aunque si os parece también puedo convocarlos yo cuando hayáis revisado todo eso y lo estiméis oportuno –dijo.

–No es eso, Tilo. Sabes de sobra que no me importa hacer lo que me indiques, pero en este caso creo firmemente que debemos dejar en ayunas a Rosado, por lo menos de momento. No me fio de él. Es demasiado para dejarle comer de nuestra cazuela.

–Ya sabes que a mí tampoco me gusta, pero…

–¡Ni pero ni hostias! –terció Febiola–. Ese menda no es de fiar, insulta a los diferentes, alardea del supremacismo ibérico, es un machista asqueroso y se salta el reglamento cada dos por tres vociferando bulos y lemas políticos de la ultraderecha nazi-franquista. Creo que Merche tiene razón y no conviene correr más riesgos de los necesarios.

A Tilo las afirmaciones de Merche y Fabiola le parecieron razonables.

–De acuerdo, pero necesitamos a Marcos por dos razones: la primera porque parece fuera de dudas que el extranjero asesinado en el pasadizo de Colón aparece en los mensajes del buzón de los presuntos asesinos, y la segunda porque necesitaremos su ayuda en el momento de intervenir contra los malos. Así que habrá que ponerle al corriente de la investigación y pedirle la máxima discreción con el monstruo.

–Pedirle no, exigirle. Ni una mínima filtración –afirmó Merche.

–Correcto –afirmó Tilo–; aplíquese al monstruo faccioso la política del champiñón, que como bien sabemos consiste en mantenerlo a oscuras y darle mierda.

Fabiola desconocía los dichos de Tilo y soltó una corta carcajada. El inspector volvió a sentarse detrás de su mesa, empuñó el adminiculo del teléfono y marcó el número. A la tercera fue la vencida. Una voz aterciopelada respondió con un “buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?” Tilo le preguntó si tenían maniquís de color negro. Los tenían. Y el interlocutor, que se identificó como el escaparatista y decorador Homero Molor en persona se sintió muy halagado por la elección de su establecimiento. Después de escuchar las necesidades de Tilo, estimó que la mejor solución consistía en una cabeza con cuello adosable a un busto de varón por el módico precio de cuatrocientos euros. Lo de “módico” lo dijo con especial suavidad. Pero Tilo recabó detalles y argumentó que para no llevar ojos de cristal, aquella testa le parecía muy cara, a lo Homero respondió ponderando la finura y resistencia del material. “Le engañaría si le digo que es una cabeza para toda la vida –añadió el escaparatista–, pues la puede dejar en herencia como si fuera nueva”.

–¡Por Júpiter señor Homero, no pensaba morirme todavía! –exclamó Tilo.

–Por supuesto, amigo; solo era una forma de explicarle la calidad del material. Y en cuanto al busto le digo que sí, que lleva brazos y manos para lucir camisas, jerséis y americanas en toda su extensión.

–Estupendo, aunque insisto en que cuatrocientos es mucho dinero por medio muñeco de cartón piedra plastificado.

El decorador de escaparates no se apeó del burro, pero incluyó el gasto de transporte en el precio mencionado.

–¿Brillo o mate? –le preguntó.

–Mate –respondió Tilo, evocando para sí la paradoja de que era para matar.

Acordaron la forma de pago y media hora después el inspector dirigía hacia el aparcamiento policial la furgoneta paquetera con la mercancía. Guardó en el maletero de Botones (su Golf superconectado) las dos cajas con el busto y la cabeza negra adosable del maniquí y le dio un billete de diez euros al transportista.

Antes de abandonar la oficina para ir a almorzar, Merche, Fabiola y Tilo comunicaron a la comisaria su decisión de adaptar el horario a las circunstancias operativas y ésta les pidió que la mantuvieran informada y les dio el visto bueno. La verdad es que Gordimer se había saltado olímpicamente las reuniones matinales de los dos últimos días, señal de que se encontraba más relajada y de que el ruido contra la ineficacia policial en la persecución de los criminales iba reduciendo sus decibelios. Pronto vendría el silencio.

C10.–Una idea llamada «maniquí»

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/ Luis Díez.

El inspector Tilo Dátil llevaba media hora paseando sin rumbo definido por los aledaños de las calles de Serrano y Diego de León. Bajaba por Príncipe de Vergara hacia la plaza del Marqués de Salamanca cuando sintió la vibración del teléfono móvil en su bolsillo. Era Merche para decirle que tenía la impresión de haber sido seguida hasta casa. Residía en la zona alta de la avenida de Arturo Soria y solía moverse en el metro y el autobús, unos medios de transporte tan protegidos como desprotegidos contra los seguimientos por la afluencia de usuarios.

–¡Por Júpiter, Merche! Vas a tener que agarrar un K (coche de camuflaje).

–Quita, quita, siempre faltan coches; prefiero modificar un poco el horario.

–¿Se lo has dicho a tu contrario?

–Ya sabes que no comento en casa los asuntos del trabajo; bastante tiene él con ocuparse de los niños, que ya no son tan niños y exigen más atención. Date cuenta de que tienen nueve y once años y a poco que aflojes se desmandan. Aunque quisiera venir a esperarme, tendría que dejarles solos después de recogerlos en el colegio. Y eso sí que no, que están en la edad del despiste y el juego sin límite.

–¿Qué podemos hacer? –se preguntó Tilo en plan retórico antes de contestarse a sí mismo–: iré a buscarte y traerte yo.

–De eso ni hablar.

–Desconocemos la intención de esos tarugos, los que sean, pero no vamos a permitir que nos asusten. De momento ya saben donde vives y harías bien en comentárselo a tu marido para que adopte las precauciones más convenientes. No quiero ni pensar que secuestren un crío, así que toda precaución es poca.

–Vale, en eso estoy de acuerdo. Se lo diré –accedió Merche–, pero en lo atinente a mis idas y venidas debo decirte y como mejor proceda te digo que rechazo de plano tu compañía. ¿Te vale? Y por si fueren pocas las razones de mi santísima voluntad, a fortiori puedo apelar mi inseparable herramienta percutora de calambres.

Tilo aceptó los argumentos de la colega y le pidió disculpas por haber minusvalorado sin querer su capacidad de autodefensa. Ella las aceptó. Él le preguntó cómo era el perseguidor y ella lo describió como un tipo joven y fuerte, uno setenta, rostro cerúleo, abultado y redondo, modelo hogaza de pan y ojos grandes y negros, protegidos por unas gafas con cristales transparentes y marco cuadrado de pasta negra, modelo retro y seguramente de atrezo.

–¿Y zapatillas de pijos, Triple Stitch, color tinto? –le preguntó Tilo.

–Siii. ¿Cómo lo sabes? ¿También te ha seguido a ti?

–Afirmativo. Creo que es el saltarín del autobús, el mismo individuo de la moto de alta cilindrada del Plaza Santana… Parece que nuestros amigos malincuentes han encontrado un entretenimiento para el motorista de alpargatas con puntadas italianas. Habrá que hacer algo para compensar su esfuerzo –dijo Tilo.

–Esperemos que su señoría nos ayude –repuso Merche en tono resignado.

Se despidieron. Tilo siguió caminando, bajó por la calle de Goya. Las aceras cubiertas de costoso granito de Granilouro (Pontevedra) por decisión de un alcalde aficionado hacer agujeros que él llamaba Gasradón (cancerígeno) estaban limpias de negros, la plaza de Margaret Thatcher estaba limpia de negros. Se preguntó por qué habían dedicado una plaza en el lateral izquierdo del Paseo de la Castellana a la mandataria ultraliberal británica que arrojaba los residuos nucleares de las centrales nucleares de su país en la “fosa atlántica”, frente a las costas de Galicia. No halló respuesta. El barrio de Salamanca estaba limpio de negros, la plaza del Descubrimiento estaba limpia de negros. El parking y el pasadizo de Colón habían dejado de ser lugares tranquilos para los africanos.

Bordeaba el monumental caserón de la Biblioteca Nacional en dirección a la calle de Serrano cuando volvió a vibrar su teléfono. Era Jon, el vigilante del Plaza Santana con el mensaje de que había entrado una pareja, hombre y hembra, en el aparcamiento del hotel y ocupado una plaza reservada a la empresa de la primera planta: los espías. Anotó la matrícula del coche, un Mercedes deportivo AMG-GT95, con alerón trasero; un vehículo imponente, de más de cien mil euros, azulón sin brillo; una máquina capaz de superar los trescientos kilómetros por hora, perfecta para poner tierra de por medio en caso de necesidad. Agradeció la colaboración del buen Jon, pero ya no se esforzó en llamar a la DGT para preguntar quién era el titular de vehículo. Por experiencia conocía la respuesta.

Cruzó Serrano, se adentró unos veinte metros por la calle de Jorge Juan y entró en una repostería italiana a tomar un café. Había visto algo sugerente y no quería que la idea se fuera volando. Se concentró en el capuchino, saboreó la trufa de chocolate que la camarera le puso en el platillo y permaneció diez minutos dando forma a la idea. Pagó, sonrió a la camarera, salió, dio unos pasos, sacó la libreta del bolsillo y apuntó una dirección, un teléfono y debajo la palabra “maniquí”.

Eran más de la siete de la tarde cuando llegó al barrio. En el autobús, su balance del día le pareció positivo. Gracias a Merche habían localizado el nido de víboras y obtenido pistas que jamás hubieran sospechado. Sólo les faltaba esperar la respuesta de su señoría para actuar con firmeza y por derecho. Miró el correo electrónico en la pantalla de su teléfono móvil. Nada, del juzgado no había llegado el acuse de recibo a sus escritos. Las cosas de palacio iban despacio o, simplemente, no iban. Se consoló con el aforismo de Bergamín: “Cuando te vas a enterar que vayas a donde vayas no vas a ninguna parte”. Y acto seguido recreó su idea y se instaló en el optimismo del pescador que lanza el anzuelo con la carnaza y se siente seguro de que picarán los peces más gordos.

Ya en casa, sacó a Mingus al parque de los pinos y se pasó por la terraza del Dulce. El amigo Morales carecía de novedades, pues sin haber sido requerido para traducir del árabe las escuchas a los malos (“Observaciones telefónicas a células durmientes”, les llamaban) había dedicado la jornada a leer periódicos, cocinar y vaguear. Hablaron de fútbol. Con la llegada de Frantiska llegó el momento de las adivinanzas:

–¿Dónde está la diferencia entre calor y color? –disparó ella.

–El calor es una sensación térmica y el color, visual –dijo él.

–No, no, en las vocales de la primera sílaba –anunció ella triunfal.

Tilo buscó el empate:

–Adivina adivinanza, su pin es un ocho, ¿cómo se llama el personaje?

–Muy fácil: Pinocho.

Tilo mordió el polvo y repitió la jugada:

–Se llama Tiko y come paté de pato, ¿qué es?

–Pa-te-ti-ko –silabeo Frantiska.

–O sea, yo, je je.

C9.–Dispersos y con miedo, los negros

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/Luis Díez.

De vuelta hacia las dependencias, el inspector Tilo Dátil seguía buscando respuesta a la cuestión de cómo rayos se habían enterado los matones de que el negro Amadou dormía en el coche de Arias. Su testa, con el cabello en flecha y entradas capilares a derecha e izquierda, no daba para más. Consultó con Merche, pero ella rechazó la hipótesis de que un tipo tan amable y servicial como el patriota Morata fuera un cínico redomado, capaz de engañarlos.

–Vale que no le gusten los africanos –argumentó ella– y que, como tantas personas, crea que nos están invadiendo y van imponernos sus leyes y apoderarse del país. Pero su opinión cambia radicalmente en cuanto conocen y tratan con esos desdichados inmigrantes.

–¿Pondrías la mano en el fuego por él? –incidió Tilo.

–Tengo la impresión de que fue sincero con nosotros. Él conocía a Amadou, le parecía un buen chaval, se sentía muy apenado por la pérdida y la verdad es que no parecía conocer a los sospechosos de los servicios secretos y que se mostró dispuesto a colaborar con nosotros en lo que hiciera falta. Se me hace muy difícil pensar que sea un felón.

–A mí también –coincidió Tilo.

Antes de entrar en la pecera, el inspector se asomó a la puerta del gabinete técnico y encontró, como esperaba, al pequeño Oliveras. Se acercó a su mesa. El documentalista interrumpió su tarea y le invitó a sentarse. Tilo le explicó su bloqueo sobre quién podía haber alertado a los matones y Oliveras le respondió que podía haber sido cualquier vecino o transeúnte que hubiera visto al negro refugiarse en aquel coche. Las redes sociales sirven para muchas cosas, también para eso, le dijo.

Tilo abundó en la explicación de las pesquisas realizadas hasta el momento antes de preguntarle si era posible capturar la conexión a Internet, el wi-fi o como se diga, del escondrijo de seguridad de los malos en la primera planta del hotel Plaza Santana. Lo era. Para el pequeño Oliveras (pequeño en estatura) casi nada relacionado con la tecnología de las comunicaciones era imposible. Bastaba, le dijo, con realizar las operaciones indoloras convenientes desde el lugar correcto para conseguir la dirección IP y demás coordenadas de aquellos sujetos. Pero necesitaba tiempo y estaba a punto de terminar su jornada.

–¿Lo harás?

–Será lo primero que haga mañana –le prometió.

–Gracias, Oli, eres estupendo.

–Eso decía mi abuela.

Entre tanto, Merche se había sentado en su cubículo ante el ordenador y peleaba con el lenguaje intentando dar forma a una nota informativa dirigida a su señoría judicial sobre las últimas pesquisas. En su lucha con las palabras trataba conferir a la presunción la firmeza del conocimiento y a la casualidad la calidad del acierto probatorio. Sin desvelar más datos de los imprescindibles y, desde luego, obviando que conocieran la pertenencia al SIE de los presuntos autores de la muerte de Amadou (sin alusión a los demás negros asesinados), solicitaba dos cosas: una entrevista personal para ampliar la información si fuere necesario y una orden de detención de los integrantes de la presunta célula asesina.

Tilo se demoró intercambiando impresiones con la colega Fabiola, que le pareció adormilada en la pecera que compartía con Leo. Ambos llevaban la investigación del inmigrante muerto en el pasadizo Alcalá-Retiro y, según le confesó, tenían tantas pistas como el primer día: ninguna. Su pesimismo al respecto era equivalente al de su compañero, el inspector Leopoldo Riesco, quien, según le informó, había dado el caso por imposible ante la comisaria.

–Si gran jefa Gordimer no da el caso por cerrado se debe al qué dirán –añadió Fabiola antes de explicarle que la comisaria había asignado a su compañero la investigación de un presunto homicidio en La Moraleja, una urbanización de lujo en el municipio de Alcobendas, y la habían dejado sola con el “mono”.

–¿A quién mierda se le ocurrió el nombre de “caso Monos”? –le preguntó Tilo.

–¿Conoces a un tal Rosado? –preguntó ella a su vez.

Tilo contuvo el insulto contra el colega.

Gordimer está convencida de que no vamos a sacar nada en limpio en estos casos y que debemos encajar las críticas sin preocuparnos demasiado y esperar a que escampe.

–¿Eso dice? –se extraño Tilo.

–Eso dice Leo que dice –afirmó Fabiola–; tampoco se trata de dar palos de ciego e incurrir en detenciones ilegales como la del vigilante del Museo de Cera al que Rosado y Marcos implicaron en el homicidio del pasadizo de Recoletos.

–¡Ostras! No lo sabía –exclamó Tilo–. ¿Y si no escampa? ¿Y si siguen cayendo africanos?Vamos a ver qué dice Chipri.

Bajaron a la planta baja, territorio de la “pringue”, donde el comisario general de seguridad ciudadana, Pedro Chipriota, les informó de la desaparición de los negros sin techo de los pasadizos, zaguanes y aparcamientos de los distritos nobles de la ciudad. El término “noble” significaba para él “adinerado, rico, caro”. Se refería a los llamados Salamanca, Retiro, Chamberí, Arguelles, cuyos habitantes tenían fama de trabajar poco, vivir más años y mucho mejor que los de Vallecas, por ejemplo, votaban masivamente a las derechas, incluidos los neonazis, y pertenecían a la alta burguesía.

–Los negros están acojonados –les contó el comisario–, no se dejan ver por las calles de esos distritos desde hace quince días y los del top manta han desaparecido de las esquinas y los andenes del metro. Lo más curioso es que también los magrebíes se han evaporado de las zonas noble de la capital.

–¿Sabemos adonde han ido? –se interesó Tilo.

–Según la información de mi gente, tenemos un grupo de quince o veinte que no sale del parque del Retiro. Están congregados en tres subgrupos: junto al monumento del lago, en el pinar del sureste y en la entrada por la Cuesta de Moyano. Han organizado sus turnos de guardia nocturna para dormir tranquilos. Otros muchos se han trasladado a Lavapiés. Nos tememos que acaben a palos con los moros y los chinos, aunque por el momento los van aceptando. Hemos notado que también rulan por fuera de la M-30, en los barrios de Usera, Carabanchel, Villaverde y los respectivos polígonos industriales.

–¿Están dando problemas?

–De orden público ninguno, aunque nunca falta algún tendero quejoso por la venta ilegal de marroquinería. Pero de algo tienen que vivir las criaturas. Me he reunido con las asociaciones de pequeños comerciantes y les he pedido un poco de tolerancia para evitar mayores males.

–Acabarán matando a alguno, Chipri, seguro –dijo Fabiola.

–Lo que está pasando no es normal –repuso el comisario–, parece obra de sicarios, aunque vosotros tenéis mejor un poco mejor información.

–Un poco sería algo –dijo Fabiola.

–Todos sabemos, tú también, Chipri, que han saturado la atmósfera de basura contra los inmigrantes. Los bulos, las noticias falsas, las manipulaciones de la realidad y la ruindad política de los titulares de los grandes poderes ejecutivo y judicial están permitiendo, si no propiciando, una criminalidad sin tasa ni límite –afirmó Tilo.

–¿Quieres decir que vamos a tener más muertos?

–Eso me temo, Chipri; se ha abierto la veda de la caza del negro –reafirmó Tilo.

El supercomisario, con mando sobre dos mil policías, lo que en términos militares equivaldría a una brigada del ejército, evitó rebatir a Tilo, aunque deseó fervientemente que su pronóstico fuera exagerado. En sus mensajes a las asociaciones de vecinos y comerciantes les pedía tolerancia con los africanos, les explicaba que sus patrullas de uniformados hacían lo que podían, pero si les presionaban demasiado, los echaban de las calles, les quitaban la mercancía un día sí y otro también, corrían el riesgo de desviarlos a la delincuencia pura y dura, los robos, atracos, el tráfico de estupefacientes… la prostitución.

–Intentamos ser prudentes y equilibrados, pero los cañones del miedo y el odio disparan a larga distancia y comparto con vosotros el temor a que toda esa porquería que esparcen por las redes sociales acabe causando víctimas también en los barrios bajos.

–¿Temor fundado? –incidió Fabiola.

–De momento estamos en el nivel de pintadas –admitió el superjefe.

–¿Hay detenciones?

–Son muy hábiles –susurró el responsable de seguridad ciudadana, dando a entender que el tiempo de las consultas había terminado.

Cuando Tilo y Fabiola regresaron a la primera planta, la subinspectora Merche había terminado la nota para su señoría judicial y, a punto de concluir su jornada, solo esperaba el visto bueno de su compañero para remitirla por correo electrónico. A Tilo le pareció bien medida y correcta. Ella colocó la información reservada y la petición oficial de entrevista personal con la juez en la bandeja del email y pulsó la tecla de envío. A continuación se puso la chaqueta, se colgó el bolso al hombro y se despidió de Tilo y de Fabiola. Era implacable con los horarios y, salvo causa de fuerza mayor, no regalaba un minuto a la empresa. Por lo demás, los tres sabían que su señoría no leería la nota ni las solicitudes de los agentes hasta que le diera la gana.

C8.–Coincidencias a falta de pruebas

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/ Luis Díez.

El recepcionista del hotel Plaza Santana, camarero del Picador y padre de familia numerosa Manuel Morata Perea condujo a Merche y a Tilo al cubículo del vigilante de seguridad, un joven fuerte y fornido, con uniforme paramilitar, aficionado al ajedrez y los videojuegos.

–Hola, Jon, estos señores son policías, están investigando un crimen y necesitan ver las grabaciones de las entradas y salidas del garaje la madrugada del sábado.

–Sin problema –asintió el vigilante sin mirar las placas policiales.

–¿Podremos ver también las imágenes de los sábados anteriores? –le preguntó Tilo.

–Por supuesto. Aquí guardamos las grabaciones de un trimestre y se da la casualidad de que no vence hasta el uno del mes que viene, así que están ahí –dijo, señalando al monitor.

–¿Las borráis después de tres meses? –se interesó Merche.

–No, no, las mandamos al archivo de la empresa y se conservan cinco años –dijo Jon el vigilante.

Morata se fue a sus quehaceres y el joven Jon les acercó unos taburetes al panel de consolas visibles en una gran pantalla. Tras una breve explicación sobre el funcionamiento de la video vigilancia, comenzó a manejar la moviola de la filmación correspondiente a la cámara de entrada y salida del garaje hasta que encontró las imágenes de la fecha y la hora indicada. Vieron bajar por la rampa un Ferrari SF90 rojo Burdeos, seguido de una BMV con dos motoristas encima.

–Parece un millonetti con churri a bordo y escolta detrás –comentó Jon.

Visionaron la secuencia varias veces a cámara lenta y Tilo anotó en su libreta algunos detalles de la vestimenta de los tipos, la hora impresa en la parte inferior de la grabación –las 3:50 de la noche que quemaron el coche del señor Árias con Amadou dentro– y las matrículas de los dos vehículos. A los motoristas, con las cabezas protegidas por los cascos, no se les veía la cara. Y la poca luz impedía distinguir con nitidez a los ocupantes del Ferrari.

Tilo buscó en Google el número de teléfono de la famosa (por sus multas) Dirección General de Tráfico y llamó para consultar quiénes eran los titulares de los vehículos cuyos números y letras de matrícula pronunció a continuación. Pero, maldita sea, la primera matrícula, la del Ferrari, figuraba protegida y, en consecuencia, no le podían aportar ese dato. Y la segunda, la de la moto, se hallaba también bajo la protección de la ley de secretos oficiales y ni siquiera con mandato judicial podían desvelar la identidad del titular físico o jurídico. Nada.

El inspector colgó y volvió a marcar. En esta ocasión eludió a la máquina que respondía con una agradable voz femenina y esperó hasta que pudo hablar con una funcionaria de carne y hueso.

–¿Entonces no hay manera de enterarse del nombre de los propietarios de esos dos vehículos? –Preguntó tras explicar su petición.

–Pues mire, no –respondió la voz natural.

–Pero supongo que si esos vehículos han sido utilizados para cometer delitos, la policía podrá saber a nombre de quién están.

–Pues mire, tampoco.

–¿Y qué podemos hacer?

–Nada, si está clasificado, nadie, ni siquiera nosotros lo podemos saber.

–O sea, que esto es como el futuro –dijo Tilo.

–Pues casi, casi; tendrá que solicitar que lo desclasifiquen y esperar la respuesta –respondió la funcionaria.

–Queda claro que los titulares de esas matrículas son espías del SIE –abundó Tilo.

–Pues mire, si. Bueno… eso creo yo, pero tampoco se lo puedo confirmar.

Tilo le agradeció el desliz (algo que una máquina jamás cometería, se dijo), miró con gesto resignado a Merche y al vigilante, que llevaba en la cazadora la insignia del dios egipcio de la visión, y se despidió de la funcionaria deseando que Horus le conserve la vista.

Permanecieron unos segundos indecisos, pero Merche solicitó a Jon que buscara las imágenes del sábado anterior. Con un poco de suerte podrían ver algo, pensó. La operación fue rápida e inútil a los efectos identificadores. Las secuencias de aquel sábado era clavadas a las del sábado siguiente y serían un calco del anterior. Con todo, Jon buscó estas últimas rápidamente. El joven vigilante vasco estaba intrigado por lo que había oído a Tilo y se hallaba en la mejor disposición de colaborar para desarticular aquel comando delictivo.

–¡No me jodas (con perdón) que tenemos un nido espías ahí atrás! –se sorprendió Jon.

–Eso parece, aunque a nosotros tanto nos da si son espías o astronautas; buscamos a presuntos delincuentes –repuso Tilo.

–¿Delincuentes protegidos por la ley…?

–Eso parece.

–¿Se puede saber qué han hecho?

–Supongo que has oído hablar de la muerte de los inmigrantes sin papeles –dijo Tilo.

–¿Esos negros?

–Sí, esos.

–¡Joder, la hostia! ¿Y yo que pensaba que eran directivos de una multinacional farmacéutica alemana o estadounidense?

–¿Por qué pensabas eso? ¿Has hablado con ellos? –le preguntó Tilo.

–Lo que es hablar, no, nunca; si alguna vez me he cruzado con alguno ahí abajo, lo he saludado como a cualquier otro cliente del hotel. Tienen su ascensor privado a cuatro metros del público. Y si, ahora que lo pienso, creo haber saludado alguna vez, buenos días o buenas tardes, a una mujer rubia mientras esperaba el ascensor. Era una tía alta, casi tan alta como yo, muy maquillada, recauchutada, con un busto impresionante y acento extranjero, alemán o así. Supongo que de ver el logotipo que tienen en una placa junto al elevador me dio por pensar que eran gente de una farmacéutica teutona. El logo es una gragea como la Bayer, pero en vez de cruz lleva un botón sobresaliente como una mama en el centro y unas letras despatarradas alrededor, supongo que el nombre de la empresa.

–Pues ya lo ves, amigo Jon, en estos tiempos casi nada es lo que parece y lo que parece no es –comentó Merche.

–Pues si son los asesinos, aunque no lo parezcan están acabados. Contad conmigo para echarles el guante… o lo que esté en mi mano –se ofreció Jon.

Merche le regaló media sonrisa.

En lo que Tilo le agradecía su desinteresada colaboración, el joven vigilante congelo una imagen de la secuencia que estaba repasando, alargó un cable hasta un ordenador portátil orillado en un extremo de la tabla a modo de mesa, conectó la clavija y transfirió la fotografía.

–Pongamos la lupa sobre esos mierdas –dijo.

A continuación recortó y amplió varias veces la imagen. Era el rostro mal iluminado del conductor del coche deportivo.

–¡Vale, vale! –ordenó Tilo.

–¡Que me aspen si no es Mandíbula de Hierro! –exclamó Merche al verlo.

–¡Por Júpiter, claro que es! –correspondió Tilo en referencia al coronel que se hacía llamar Martín Dosbarrios López del Arenal (a saber cuál sería su verdadero nombre). El prominente mentón de aquel hombre lo hacía inconfundible. Por suerte para ellos había acercado la testa al parabrisas cuando entraba en la rampa, facilitando a la cámara fija grabar su rostro durante unos segundos, los suficientes para poder reconocer sus fauces.

–¡Bien por Jon! –exclamó Tilo, apretando el antebrazo del joven vigilante–. Nos has ayudado mucho y bien –añadió antes de pedirle que custodiase esas filmaciones por si las pedía el juez y de explicarle que el mejor modo de colaborar con ellos para capturar a esos tipos en el supuesto de que fueran los criminales que andaban buscando era avisarles con una llamada de teléfono si detectaba sus entradas a altas horas de la madrugada.

Tras despedirse de Jon se acercaron a la recepción y agradecieron la amable colaboración del patriota Morata, quien se alegró muchísimo de que sus sospechas comenzaran a verificarse y de que la colaboración del vigilante les fuera útil. Ya en la calle se dieron cuenta de que las sorpresas les provocaban aquel hambre canina de los tiempos de la universidad, cuando los dos andaban famélicos día y noche, así que no necesitaron consultarse la indicación al taxista.

–Vamos al Zarajos, en la calle Gaztambide –le indicó Merche.

Como en los viejos tiempos, un buen filete de hígado a la plancha les aportaría las proteínas, el hierro y la vitamina B que necesitaban para seguir rulando. Luego, mientras masticaban aquella carne blanda, color suela de zapato, amenizada con patatas crujientes y regada con cerveza tostada, fueron pasando del optimismo por el hallazgo a la fría realidad. Tilo sacó su libreta de notas, la colocó junto al plato, la abrió y, entre bocado y bocado, emprendió una lenta letanía de casualidades entre las actividades del nido de espías y la muerte de los negros. Sin probar la relación causa-efecto, las coincidencias comenzaban con la visita del coronel Dosbarrios, alias Mandíbula de Hierro, al Luci-Bombón. ¿Tenía razón el arabista Morales cuando le dijo que aquella visita no era casual? No podía saberlo, pero también era casualidad que aquel encuentro se produjera tres horas después de que él y Merche fueran asignados al caso Monos. ¿Era casual que sus compañeros de homicidios apenas hubieran realizado trabajo de campo, de búsqueda de testigos de aquellos crímenes, y que ni siquiera hubiesen interrogado al propietario del Peugeot en el que murió Amadou? Y desde luego, las coincidencias detectadas por el patriota Morata resultaban abrumadoras. ¿Qué hacer, por donde tirar?

Tanto Merche como él sabían que la concurrencia de actos, el albur y las casualidades eran elementos etéreos, con cero valor legal como indicios. Necesitaban un asidero, algo un poco más sólido a lo que agarrarse para caer sobre aquellos tipos. Repasaron el staff de los jefes superiores. Con la comisaria Julia Revenga, alias Górdimer, no podían contar. Con solo recordar su espanto cuando Merche se refirió a los servicios secretos sobre el silenciador y el veneno…

–Por cierto, ¿sabes cómo se llama ese veneno de los espías? –aprovechó ella.

–Le llaman Miloche, aunque su marca es Compuesto 1080, fluroacetato. Ninguna persona conocida ha sobrevivido a una dosis de más de cinco miligramos de esa sustancia para la que no hay antídoto conocido –la ilustró Tilo.

–Miloche… Espero acordarme cuando tengamos a ese monstruo entre rejas –dijo Merche antes antes de volver al margen de maniobra–: Está claro que la comisaria es impracticable, pero podría ser puenteable.

Tilo pronunció en voz baja los nombres del jefe zona, de la brigada central, del jefe superior, del delegado del Gobierno y hasta del director general. Eran todos de la misma cuerda política, una cadena de mando incompetente y discriminatoria que hasta hace poco, hasta que varios intelectuales de prestigio y sindicalistas de mucho peso elevaron su voz, atribuía la muerte violenta de los africanos a rencillas y venganzas entre ellos y se limitaba a tramitar los casos sin pesquisa ni investigación alguna.

–Por el escalafón ejecutivo tiene poco sentido puentear a la comisaria –dijo Tilo–. Por cierto que la muy… ni ha contestado a mi protesta por el nombre “caso Monos”.

–No esperes que conteste, es facha –añadió Merche.

El camarero les ofreció el postre de la casa: naranja o arroz con leche. Optaron por lo segundo.

–Quizá por la vía judicial –prosiguió Merche– podríamos conseguir permiso para arrestar a esos malincuentes y, con un poco de suerte, obtener también un mandamiento de entrada y registro de ese escondrijo.

–Me has leído el pensamiento –dijo Tilo–. Tendremos que trabajarnos a su señoría, sin olvidar al fiscal. Lo ideal sería tener algún indicio algo más sólido antes de acudir a hablar con ellos directamente.

Examinaron el asunto. La juez que se ocupaba del presunto homicidio de Amadou era una perfecta desconocida para ellos. El responsable de la acusación pública, más desconocido todavía. Aparte el atestado técnico, enviado de oficio, ellos sólo les habían remitido el primer resumen de las diligencias practicadas (testimonios) y habían recibido un escueto acuse de recibo por toda respuesta. Si ya resultaba difícil hablar con su señoría para formular una consulta telefónica, más difícil iba a ser concertar una entrevista. En general, los jueces no eran molestables, no admitían consultas por teléfono ni en persona. Tenían tanta labor que no podían perder un minuto de su precioso tiempo en disquisiciones con los investigadores. Aún así, decidieron intentarlo.

Antes de cerrar su libreta de notas y guardarla en el bolsillo, el inspector leyó la palabra “Alpargata” y recordó haberla escrito porque la cámara del garaje del hotel registró la marca y el color tinto de las zapatillas de uno de los motoristas y le parecieron idénticas a las del saltarín del autobús. ¿Paranoia o enésima coincidencia?

C7.–Patriota consecuente

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/Luis Díez.

El reloj biológico le jugó una mala pasada. Le despertó la musiquilla zarzuelera del teléfono móvil, olvidado en el bolsillo del pantalón. Se incorporó, lo extrajo a toda prisa. Era su colega Merche.

–Perdón, compañera, me he dormido –dijo al ver la hora: las nueve de la mañana.

–Estas cosas ocurren cuando el cuerpo y la mente necesitan descanso –contestó ella en un tono irreconocible, pues solía mostrarse inflexible con el horario.

–¿Alguna novedad en la reunión de las ocho? –preguntó él.

–Nada nuevo, cinco minutos, un café y cada mochuelo a su olivo. Ah, y Górdimer no ha venido; se ve que también se le han pegado las sábanas.

–Me afeito, saco a Mingus y voy para allá –dijo Tilo con voz apresurada.

–Tranquilo. Te he llamado para que sepas que el garbanzo se ha ablandado. ¿Qué hacemos con él? –dijo en alusión al tabernero Julio Arias.

–¿Te ha dado algo útil?

–Creo que si. Tengo la impresión de que el calabozo ha sido una medicina para su memoria.

–Déjale que se vaya –resolvió Tilo.

–Estu…pendo. Hay tres mujeres esperándole, se alegrarán de verle libre.

–Sin duda, Merche, sin duda –repuso el inspector imaginando el chorreo de la esposa y las dos hijas al buen Arias. “Sólo a un gilipollas como tú –le dirían– se le ocurre dejar el coche a un negro para dormir. Hay que ser muy tonto, un tonto de remate para hacer lo que has hecho. ¿Y si te lo roba? ¿Y si atropella a alguien? ¿Y si tiene un accidente y mata a alguien? Tontaco es poco, hay que ser imbécil, pero muy imbécil. Y encima dejarle el cuarto de baño privado y darle de cenar y ¿qué más Julio, qué más? Seguro que le diste dinero, que le compraste ropa, ¿a que sí?”

En lo que se afeitaba, Tilo recordó las admoniciones de su querida madre a su amado padre, que en paz descansen. Sonrió para sí al evocar los castigos que ella le imponía mientras arrugaba la nariz una, dos, tres veces. No solo le castigaba con encargos, tareas de limpieza en la casa y otros menesteres, sino que, según le contó cuando alcanzó la edad del discernimiento, “cada vez que tu madre pliega la nariz quiere decir una semana sin sexo”. Entonces, cuando había palabras altas, él se fijaba y la nariz de la madre. Llegó a contar vedas de un mes sin follar.

–Eso sí era fastidiar, ¿verdad Mingus?

El cócker movió el rabo como si le diera la razón.

Una hora después, ya en la central policial, Merche le informó de las aportaciones del señor Arias. Eran presunciones y sospechas. Ninguna certeza. Pero Merche las consideró válidas porque le parecieron sinceras.

–Además, mejor esto que nada –añadió, colgándose del brazo de Tilo.

Se pusieron en marcha hacia la plaza de Santa Ana, donde el empleado del turno de meriendas y cenas del señor Arias, el camarero Manuel Morata, realizaba su jornada laboral en el lujoso hotel que dominaba aquella plaza presidida por la estatua con ojos sin niñas de don Pedro Calderón de la Barca. Lo encontraron sin esfuerzo. Era el recepcionista.

–¿Nos concede unos minutos? –le pidió Merche, placa policial en mano.

–Faltaría más –respondió Morata– ¿Cuántos minutos quieren?

–Eso depende de usted –contestó Merche.

El recepcionista colocó en su lugar a un botones uniformado y les condujo por un pasillo mal iluminado hasta una saleta que olía a huevos fritos y tenía las paredes empapeladas con hojas de periódicos sabanos de Londres, Washington y Nueva York, una alta estantería con anaqueles de madera llenos de libros en español, inglés y francés y una larga mesa con cinco sillas a cada lado. Antes de invitarles a sentarse les preguntó si deseaban tomar algo, a lo que Merche dijo que le vendría bien un café con leche desnatada. Morata lo encargó junto con una jarra de agua y cuatro vasos, a través de un telefonillo vertical pegado al marco de la puerta, y luego se sentó.

–Soy todo suyo –dijo.

Tilo correspondió a la cortesía del recepcionista interesándose por su extensa actividad laboral y éste afirmó que las catorce horas diarias de trabajo (ocho en el Santana y seis en El Picador) a duras penas le proporcionan cumquibus suficiente para sacar a su prole adelante.

–¿Cuántos hijos tiene?

–Tres chicos y dos chicas de entre seis y dieciséis años –dijo Morata.

–Pues si, amigo, se necesita un buen salario para alimentar tantas bocas.

–Entre el carro del supermercado, la ropa, el calzado, las matrículas, los libros, el material escolar y demás y demás… Pero si no engrandecemos a la patria, seguirán llegando de ahí abajo y acabarán apoderándose de ella.

–Me parece un poco exagerado, Manuel –dijo Tilo.

–Pues a mí me parece que no exagero; ya hay barrios enteros donde se cuentan más sudamericanos, moros, negros, rumanos, chinos y de todos esos de los países de la fenecida Unión Soviética que españoles –repuso Morata.

Merche aprovechó la entrada del camarero para girar la cabeza y lanzar una mirada de aviso al colega, que respondió con el parpadeo de “mensaje recibido”.

–Si a eso le añades la inflación de homosexuales y lesbianas que padecemos, ya me contarás de quién va a ser España dentro de veinte o treinta años –agregó Morata.

Tilo se encogió de hombros, esperando que Merche captara el mensaje, y replicó al recepcionista:

–Ya veo, amigo Manuel, que no te gustan los inmigrantes y que seguramente eres de los que creen que nos quitan el puesto de trabajo, se acuestan con nuestras mujeres, violan a nuestras hijas, se organizan en bandas para robar, matar, vender drogas, cometer atentados…

–No, no es eso, aunque vosotros conocéis mejor que nadie todo en ese mundo delictivo; lo que yo digo es que con tanta afluencia de inmigrantes y con una tasa de nacimientos cada vez menor, nuestra patria va a cambiar de manos y nuestra identidad se va a ir al carajo en muy poco tiempo.

–Y eso te da miedo.

–No me gusta.

–Lógico, a nadie le gusta que le quiten la identidad –le concedió Tilo–. ¿Pero te has preguntado por qué los ricos, esos grandes patriotas, siempre envueltos en la bandera de la patria, no tienen más hijos?

Merche se llevó la taza de café a los labios y volvió a mirar fijamente a Tilo para indicarle que dejara la demografía y fuera al grano.

–Claro que me lo he preguntado, señor Tilo: son unos putos egoístas. Y encima, para no estropearse, las señoritas van al extranjero a alquilar mujeres gestantes que den a luz por ellas. Es como si de los avances de la ginecología solo les importara la estética; ni barriga ni complicaciones ni incordios del embarazo, del parto… sin dolor. Vientres de alquiler y punto pelota.

El inspector se hallaba impresionado por el lenguaje ágil y la capacidad de respuesta de aquel tipo de cuello corto y grueso, al que calculó poco más de cuarenta años, uno sesenta de estatura, el pelo negro, engominado, los ojos oscuros y la mirada inquieta. Le habría gustado profundizar en sus ideas patrióticas y evaluar su catadura reaccionaria, pero Merche carraspeó en falso.

–No estamos aquí para hablar de política demográfica –terció la subinspectora mirando de reojo a Tilo y clavando la vista en Morata–, sino para que nos hables de Amadou.

–Ya me avisó mi jefe Arias de que vendríais a preguntarme sobre el negro muerto.

–Asesinado –puntualizó Merche.

–Si, una pena. Era un buen chico.

–¡Pero hombre, si te molestan los negros!

–Me fastidia que vengan tantos, pero reconozco que Amadou era un buen chaval, muy servicial y trabajador. Andaba un poco asustado por la muerte de otros negros que dormían en la calle. Le aconsejé que se fuera a Lleida, a la zona del Segre, donde encontraría bastantes congéneres de su raza y podría trabajar dos o tres meses en la recogida de la fruta. Pagan muy poco, pero pagan, y entre tantos negros se encontraría más seguro y a gusto. Mi jefe Arias también le animó a irse a Cataluña y le ofreció dinero para el viaje.

–¿Por qué no se fue?

–Bueno, él conocía bien el trabajo del campo, había estado en los plásticos de los frutos rojos en Huelva y en las campañas de invierno en el Poniente almeriense. No creo que le importara trabajar, pero según me dio a entender, dudada de que los gambianos, en su mayoría mandingas, le acogieran tan bien como suponíamos. Tenía miedo y quería largarse, desde luego, aunque decidió esperar unos días a ver si le llegaba la respuesta de su primo hermano, que residía en Marsella y de la noche a la mañana, sin saber por qué, había dejado de comunicarse con él. Ni su teléfono daba señales de vida ni le llamaba. Temía que algo malo le hubiera sucedido. Le escribió una carta y estaba esperando la respuesta, que debía de llegar al Picador, cuando lo calcinaron en el coche de mi jefe.

–Eso nos contó el señor Arias, quien también se refirió a ti diciendo que sabías cosas que podían resultar interesantes para aclarar el crimen –dijo Merche.

–Bueno, no sé yo si les servirá de algo, pero aquí se ven y oyen cosas –dijo Morata, moviendo las pupilas en todas direcciones.

–Aquí… ¿Te refieres al hotel?

–Si, al hotel.

–Explícate –dijo Merche con voz imperativa.

Acostumbrados a los testigos creativos, ninguno de los dos investigadores de homicidios le preguntó qué tenía que ver aquel negro que limpiaba los cristales por la mañana y las mesas y el suelo por la noche en la Taberna El Picador con el lujoso hotel donde Morata fungía a jornada completa. “¿A ver por qué cerro de Úbeda se descuelga éste?”, se preguntaba Tilo.

–Primero os cuento el contexto –prorrumpió Morata–: el hotel tiene habitaciones alquiladas todo el año a algunos clientes que no las utilizan casi nunca; hay además cinco piezas estratégicas, siempre disponibles, por si ocurre alguna emergencia y, finalmente, tenemos un cliente institucional, por llamarle de alguna manera, que ocupa cuatro alcobas en el pasillo interior de la primera planta, dos como oficina y sala de reuniones y las otras dos, comunicadas entre sí, para descansar y algo más. Esas habitaciones están aisladas del resto por un tabique y una puerta blindada en el pasillo interior de la primera planta. Son como un refugio, un piso de seguridad para esa gente. Los usuarios aparcan sus vehículos, casi siempre cochazos de alta gama y motos de gran cilindrada, en un espacio acotado del garaje y entran y salen por un ascensor privado. Poseen su propio servicio de limpieza y la recepción carece de llaves de esa zona del hotel. Aunque solo detectamos la presencia de esos tíos y tías por los coches, sabemos que mantienen reuniones nocturnas y realizan algún tipo de actividad o teletrabajo por ordenador.

El recepcionista acariciaba el vaso con agua mientras hablaba. Hizo una pausa y lo elevó hacia sus labios. Después de un trago largo, seguido de dos más breves, expuso sus presunciones y sospechas.

–A lo peor no les sirve para nada, pero hay dos cosas que me llevaron a relacionar a esos inquilinos con la muerte de los negros. Una es la coincidencia de los asesinatos con las reuniones nocturnas que mantuvieron aquí esos sábados después de los crímenes, a altas horas de la noche. Pregunté al recepcionista senior que hacía el turno de noche antes de que se jubilara y me aseguró que nunca había visto otro tal y que esos tipos no solían aparecer por aquí los fines de semana. Tampoco el vigilante nocturno había registrado tanta actividad antes de que empezaran las muertes de los negros.

–¿Podrían ser sicarios de alguna mafia de tráfico de drogas y de personas que se encargaran de liquidar a los deudores?

–No digo que no, aunque por lo poco que he podido ver parecen más bien ejecutivos agresivos o directivos y expertos en bolsa de algún grupo societario estadounidense, británico o alemán. La verdad es que me importaba un rábano de qué empresa fueran y a qué se dedicaban mientras no interfirieran en la vida y la dinámica del hotel. Bueno, me importaba un bledo hasta que ocurrió lo de Amadou.

–¿Cuántos se reunían aquí las noches de las muertes de los africanos?

–Tenemos constancia de que venían al menos cuatro. Dos llegaban en un Ferrari y los otros dos entraban inmediatamente detrás en una moto de alta cilindrada.

–¿Cual era esa segunda cosa que le indujo a relacionar a los inquilinos con los crímenes?

–Otra coincidencia. Pero muy, muy extraña. Resulta que la noche que quemaron a Amadou, esos inquilinos llamaron a la recepción del hotel. Les cogí el teléfono. Y para mi sorpresa dijeron si podía hacerles el favor de llevarles cuatro carajillos. Bueno, ellos dijeron café con whisky Les contesté que sí. Dada la hora, algo más de las cuatro de la madrugada, todo el personal operativo éramos el vigilante y yo. Pasé a la cafetería, hice los carajillos, los puse en una bandeja y se los subí hasta la puerta del pasillo. Golpee con los nudillos y me abrió un tipo joven, de rostro redondo, con una barbita negra y rala que parecía una cerca de alambre de espino. Le entregue la bandeja con las bebidas y oí que estaban hablando dentro de la habitación. No me enteré de lo que decían ni me importaba, pero en un instante alguien dijo: “Peugeot en llamas”. Recogí el importe de los carajillos y dejé la bandeja en el suelo, al otro lado de la puerta, para que depositaran los vidrios y la vajilla cuando terminasen. Eso fue todo. Pero unas horas después, cuando me llamó Arias con la noticia de que le habían quemado el coche y el pobre Amadou estaba dentro, me quedé más pasmado que Felipe IV ante Marfisa. Mi sorpresa y mi pena fueron inmensas. El bueno de Amadou había escapado de las llamas en las chabolas onubenses, pero no acertó a salir a tiempo del Peugeot. Fue entonces cuando me acordé de las palabras que oí en el pasillo de los inquilinos. Podían haber dicho coche, pero no dijeron coche, sino Peugeot, Peugeot en llamas. ¿Cómo sabían esos la marca del coche si a esa hora ningún medio de comunicación había dado la noticia?

–Me pregunto por qué no comunicaste esa circunstancia a la policía –incidió Merche.

–¿Verdad que debí decírselo cuanto antes?

–Nos ha jodido, Manuel, pues claro.

–Me dejé guiar por Arias. Se lo conté esa tarde cuando llegué a trabajar y me dijo que esperase a que vinieran los maderos, que debían de estar a punto de caer. Pero pasaron las horas y no aparecieron, pasó el domingo y tampoco. Por la Taberna del Picador no asomó un policía hasta que llegasteis vosotros el lunes a media mañana, pero yo no estaba y se ve que él echó en saco roto o no se acordó de lo que le conté hasta que le dejasteis a dormir en el calabozo.

Merche apuró el café, miró a Tilo con una chispa de optimismo y se cuestionó las incógnitas que Morata había dejado sobre la mesa. ¿Cómo sabían que el coche en llamas era un Peugeot y no, por ejemplo, un Renault? La subinspectora deseaba que el testimonio de aquel hombre fuera bueno.

–¿Hay algún modo o manera de ver a esos sujetos para poder identificarlos? –le preguntó.

Morata asintió y dijo que la cámara del garaje graba las entradas y salidas de los vehículos las veinticuatro horas del día.

–¿Podemos echar una ojeada?

–Claro que sí.

Entre Peinado y el Mortadelo Puigdemont

Luis Díez.–Érase una vez un país que asistía a una intriga política apasionante. Después de las vacaciones de agosto volvía a la normalidad y, como en la adivinanza de Pero Grullo, retomaba lo de Rut y Tina. El Gobierno progresista de Pedro Sánchez se esmeraba en gobernar, abordaba y resolvía problemas, y la Oposición de derechas se esforzaba en buscar ardides para desacreditar y desalojar a un Ejecutivo caracterizado por la lucha contra la desigualdad, los avances sociales y la ampliación de las libertades individuales y colectivas.

El jefe de la Oposición, Alberto Núñez Feijóo, manejaba una técnica pictórica oscurantista. “Oscurece y sobrevive”, era su lema. Había pactado con la ultraderecha (Vox) hacía un año, pero esa ultraderecha rompió las coaliciones de gobierno con el PP en las seis autonomías donde sumaron mayoría porque Feijóo aceptaba el reparto de menores inmigrantes que llegaban a Canarias, Ceuta y Melilla, y eso era intolerable para su colega y aliado Santiago Abascal. Sin embargo, tras una ruptura que no supuso la pérdida del poder del PP, Feijóo rechazó en el Congreso la norma que venía a regular la acogida de inmigrantes. ¿Quién lo entiende? O, dicho de otro modo, ¿quién lo explica?

La realidad era (y es) que los pactos (hora de gobierno, hora de legislatura) del PP con la extrema derecha son una anomalía peligrosa en una Unión Europea que conoce bien el peligro del fascismo y el nazismo y no está dispuesta a dar alas a las formaciones que propugnan el odio y la destrucción misma de la UE. Puede que algunos gobernantes autonómicos del PP como la madrileña Ayuso no se hayan enterado, pero Feijóo si. De ahí que, al margen de la tolerancia del líder con la corrupción de Ayuso y su compañero sentimental y testaferro, Feijóo tenga problemas de coherencia interna y externa, y en vez de aclarar el cuadro, tienda a oscurecerlo.

Todos aquellos trazos gruesos contra la amnistía, aquellas concentraciones masivas, arengas y aspavientos, con la presencia de Aguirre y otros cualificados personajes feijonescos, aznarianos y burlescos en las romerías de la madrileña calle de Ferraz contra el PSOE, eran, al parecer, compatibles con los contactos secretos, por detrás, con Puigdemont para desbancar a Sánchez. ¿En qué quedamos: o Puigdemont o Abascal? O los dos, porque uno solo no basta.

Poco más de un año después de las elecciones generales del 23 de julio de 2023, la XVI legislatura de la democracia española se podría titular: “Por los pelos”. Ni el gran Francisco Ibáñez hubiera confeccionado un guion tan intrigante como ese Mortadelo Puigdemont que nos ha entretenido en agosto, pero, sobre todo, que mantiene la legislatura «por los pelos”. Sin olvidar que Pedro Sánchez fue investido presidente para un segundo mandato por los pelos (gracias a los 4 votos que le faltaron a Feijóo y su conjunción con la ultraderecha, UPN y CC), sus negociaciones fueron especialmente difíciles con ese señor que no se peina y reside en Waterloo para sumar los siete votos de Junts, la antigua Convergencia Democrática de Catalunya, e incluyeron la amnistía a todos los imputados por el “procés” independentista catalán.

Luego estalló enseguida el caso de las mascarillas que, si unos meses antes había golpeado al hermano de la presidenta madrileña Ayuso por una mordida de 250.000 euros, ahora le daba en plena línea de flotación al destapar un lucro de dos millones de euros a su novio o pareja estable, un sinvergüenza que además no declaró esos ingresos a Hacienda y luego, mal asesorados, Ayuso y él mintieron públicamente, de palabra y por escrito, para hacer creer a la opinión pública que era Hacienda la que tenía que devolver el medio millón de euros que habían escamoteado y que al pasar de la vía administrativa a la penal intentaron resolver con un ingreso extemporáneo que la Agencia Tributaria rechazó y devolvió.

Pero fue la petición pública, en el pleno del Congreso, del presidente Sánchez al líder del PP, Feijóo, de que impusiera honradez en sus filas y exigiera la dimisión de Ayuso, la que alentó al juez de primera instancia Peinado, con parientes y amigos al servicio del PP, a admitir una denuncia contra la esposa del presidente del Gobierno. La denuncia fue formulada por unos picapleitos cebados por las derechas y avezados en el uso del derecho para sacar los cuartos a determinados “clientes”. La denuncia, sin prueba ni indicio delictivo alguno, le atribuía tráfico de influencias por la relación profesional de su esposa con una sociedad que prestaba servicio a administraciones públicas, incluido el Ayuntamiento de Madrid, gobernando y manejado por el PP desde hace 28 años.

De pronto, entre el intrépido juez Peinado, un personaje oscuro (dos DNI y una casa de asueto registrada como una nave rural) y el tipo que no se peina (el amnistiado Puigdemont), consiguen mantener una intriga en la que se ve a unos haciendo cálculos sobre la duración de la legislatura y a otros, los jefes de la derecha y la ultraderecha, soñando con desalojar a Sánchez, aunque sea por los pelos. Feijóo y sus socios ya contemplan el pacto fiscal con Cataluña y la votación de los Presupuestos del Estado para 2025 como su gran oportunidad. Por el momento hay algo en lo que Feijóo, Puigdemont y Abascal coinciden: su aversión a los inmigrantes. De ahí a la xenofobia y a los crímenes de odio, un paso.