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USA monta un despliegue aeronaval contra Cuba

Luis Díez.

Los cubanos no se asustan fácilmente. Su historia de sacrificios, luchas y privaciones desde hace siglo y medio los configura como un pueblo ajeno al miedo, lo cual no quiere decir que no estén hartos, cansados, de sufrir penurias y calamidades para mantener su independencia –errores incluidos– frente a los Estados Unidos (EEUU). Pero después de décadas de bloqueo y de apretarles las tuercas para rendirlos por hambre y asfixiarlos con la carencia de bienes básicos como el combustible, la energía eléctrica, los fármacos, los alimentos y las herramientas de importación, el matón de la Casa Blanca intenta finalmente amedrentarlos con la presencia del portaaviones USS Nimitz y su grupo de combate ante la isla.

La llegada del monstruoso artefacto naval de propulsión nuclear al mar Caribe fue anunciada el miércoles desde Washington. El viejo portaaviones (en servicio desde 1975) con el apellido del destacado almirante en la Segunda Guerra Mundial Chester Nimitz es una de las mayores plataformas de combate del mundo. Tiene capacidad para llevar sesenta aeronaves: cazas, helicópteros y seis aviones de vigilancia y guerra electrónica. Además de la cobertura submarina, el Nimitz y sus fragatas navegan con el buque de apoyo logístico Patuxent y el destructor con misiles guiados Gridley.

La presencia del grupo de combate, amenazando con un baño de sangre a los cubanos si sus gobernantes –empezando por el presidente Miguel Díaz-Canel– no abandonan el poder y desaparecen como les exige el matón de la Casa Blanca, recuerda el despliegue del portaaviones Gerald Ford que acabó el 3 de enero con el asalto a Caracas y la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, encarcelado en Nueva York. Aquella exitosa operación en la que mataron a los guardianes (cubanos) de la residencia de Maduro, lleva ahora al belicoso Donald Trump y a su gomoso secretario de Guerra Peter Hegseth –jefe de pelotón que practicó y defendió en Guantánamo las torturas a los prisioneros– a repetir la estratagema.

De ahí que el despliegue aeronaval frente a la perla de las Antillas haya ido precedido de la visita a la isla del jefe de la CIA. John Ratcliffe, que así se llama el personaje, transmitió a los interlocutores en La Habana la orden de cerrar las estaciones de espionaje rusas y chinas y, según Ther New York Times, reiteró la exigencia de la apertura de la economía, paso obligado para la instauración de un régimen de libre mercado con democracia política.

El anuncio de la fuerza se hizo coincidir con el desplazamiento del fiscal general interino, Todd Blanche, a Miami para anunciar la imputación criminal de Raúl Castro en el derribo de dos avionetas de los llamados “Hermanos al Rescate” cuando volaban sobre el mar en aguas internacionales en busca de balseros a la deriva. El hermano de Fidel era entonces (1996) ministro de defensa y responsable de que un MiG de la Fuerza Aerea Cubana ametrallara y derribara las Cesnas, provocando la muerte de cuatro personas: un cubano exiliado y tres estadounidenses.

Aunque Cuba alegó que esa avioneta había violado el espacio aéreo cubano en ocasiones anteriores para lanzar pasquines de propaganda, el episodio soliviantó al entonces presidente Bill Clinton, quien abandonó la esperanza de liberalizar las relaciones con La Habana y calificó los derribos de “espantoso recordatorio de la naturaleza del régimen cubano: represivo, violento y desdeñoso del derecho internacional”. Algo parecido podría decir hoy del archimillonario que preside su país, un tipo al que en vano han querido alojar una bala donde otros tienen el cerebro.

Clinton retiró entonces el veto de los demócratas a la conocida como ley Helms-Burton, que llevaba muchos años bloqueada en el Congreso y condicionaba la retirada del bloqueo a que Cuba renunciase al comunismo y devolviera las propiedades confiscadas tras el triunfo de la revolución de Castro y el Che en 1959 a sus propietarios y herederos. La ley Helms-Burton fue aprobada enseguida, el 12 de marzo de 1996.

Raúl Castro, de 94 años, en su última aparición el 1º de Mayo de 2025

Pero había que hacer justicia. Y el miércoles pasado, la oposición cubana residente en Miami brincó de alegría cuando el fiscal Blanche, acompañado por el subdirector del FBI, Christopher G. Raia, anunciaba el procesamiento de Raúl por aquellos crímenes. La fecha (20 de mayo) era significativa por cumplirse el 124 aniversario del reconocimiento de la independencia de Cuba por parte de EEUU en 1902, tras la retirada de España y el hundimiento del Cervera (buque insignia) y otros navíos de la flota española. El lugar, simbólico: la Torre de la Libertad, punto de llegada de muchos cubanos a Estados Unidos. Y los gritos reclamando la pena máxima, dignos de tener en cuenta:¡Ejecútenlo!

¿Qué ocurrirá ahora? ¿Realizarán los gringos una operación quirúrgica de comando para secuestrar a Castro y al presidente sucesor Díaz-Canel y someterlos a la justicia de Miami como están haciendo con Maduro en Nueva York? ¿Lanzarán misiles sobre Cuba? Segundas partes nunca fueron buenas, aunque en este caso puedan distraer del fracaso y el daño que a su país y al conjunto de las naciones están provocando Trump y su amigo Netanyahu con su guerra contra Irán y Líbano, seguida del bloqueo petrolero del estrecho de Ormuz. En cuanto a Castro, al que se atribuye el control de una red financiera oculta, las últimas informaciones fiables indican que ni siquiera hará falta condenar al comunista a la pena capital, pues a punto de cumplir 95 años apenas ve ni habla ni oye: está gagá.

Entre tanto no hay más que leer lo que escribieron el 12 de mayo en The New York Times los miembros de la Cámara de Representantes Pramila Jayapal (de Washinton) y Jonathan L. Jackson (de Illinois) tras una visita a La Habana, de la que volvieron impresionados. Decían: “Alejandro, un bebé prematuro nacido en el hospital materno Eusebio Hernández Pérez de La Habana, pesaba solo un kilo cuando lo conocimos en abril. Lo observamos mientras estaba en una incubadora, una de las pocas del edificio cuyos delicados componentes electrónicos no habían resultado dañados por las variaciones de voltaje que siguen a los apagones nacionales. Las amplias sanciones impuestas por Estados Unidos hacen casi imposible importar piezas de repuesto para las demás incubadoras averiadas”.

“Mientras recorríamos el hospital, vimos a mujeres en los últimos días de su embarazo subiendo con dificultad los tramos de escaleras porque los ascensores no funcionan sin electricidad. El personal del hospital se esfuerza por llegar al trabajo sin combustible en sus coches. Durante los apagones, los médicos a veces tienen que bombear manualmente los ventiladores para mantener con vida a los bebés. Dicen que el hospital ha logrado evitar un aumento de la mortalidad infantil en los últimos meses, pero otros centros del país no han tenido tanta suerte. De 2018 a 2025, a medida que las sanciones estadounidenses se volvían más severas, la tasa de mortalidad infantil de Cuba, que antes era bastante baja, se disparó un 148 por ciento”.

“Como miembros de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, pasamos cinco días en Cuba en abril para comprender mejor las repercusiones humanitarias del bloqueo energético estadounidense contra la isla, que duró un mes. Salimos impresionados por los efectos inhumanos de la política, cuyo objetivo parece ser estrangular la economía hasta llevar al pueblo cubano a la ruina y dejar al país disponible, como dijo el presidente Donald Trump, para la “toma”.

Después de referirse a la excepción del petrolero ruso que la fuerza naval USA dejó pasar y llevó combustible para dos semanas, escribieron: “Si el pueblo estadounidense conociera en toda su magnitud lo que realmente pasa en Cuba, exigiría el fin inmediato del bloqueo”.

Para los dos congresistas demócratas, el bloqueo de combustible desafía las normas del derecho internacional que establece la soberanía de los Estados, la no intervención en los asuntos internos y el derecho de los países a comerciar libremente. “Equivale a un ataque económico a la infraestructura básica de Cuba, diseñado para infligir un castigo colectivo a la población civil al fabricar una crisis humanitaria en la que ya no se dispone de atención médica, agua corriente, agricultura ni transporte”.

Finalmente, tras referir los beneficios de todo tipo que de la cooperación entre Cuba y EEUU se derivarían –singularmente en el plano sanitario–, deploran la frustración de los más de 2100 presos políticos cubanos que esperaban la liberación anunciada por Díaz-Canel y, al parecer, frustrada por los planes y exigencias de un matón con todo el poder en Washington, aunque encefalíticamente incapacitado para entender la realidad.

Consecuencias del asalto armado y la «ocupación virtual» de Venezuela

Luis Díez.

A la mayoría de los delincuentes les molesta la luz. Por eso dejaron a oscuras Caracas antes de fumigar desde una flotilla de helicópteros a los centinelas que vigilaban la casa del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de secuestrarlo junto con su esposa Cilia Flores. Se dirá que no eran ladrones, sino soldados de élite. Es cierto. Pero el mandatario de Washington que, para estrenar el año 2026, dio la orden de ataque poco antes de las diez de la noche del 2 de enero, actuó como un vulgar forajido jefe de una banda de ladrones de ganado.

Nicolás Maduro, esposado y rodeado de agentes de la DEA es trasladado a una prisión en Nueva York tras el asalto armado a su residencia en Caracas

Ya es sabido que en el asalto a la residencia de Maduro mataron a 32 centinelas de nacionalidad cubana y que, paralelamente al secuestro, que fue ejecutado a las dos de la madrugada del 3 de enero, bombardearon el puerto de Guaira, la base aérea de La Carlota, el cuartel de Tiuna y las antenas del Volcán, en las cercanías de Caracas. Las autoridades venezolanas no concretaron el número de muertos, aunque algunos medios dijeron que fueron un centenar. Todos ellos se suman a las 114 personas asesinadas en los 35 ataques a embarcaciones de supuestos “narcoterroristas” que luego resultaban ser famélicos pescadores, parados impecunes y delincuentes menores a los que pagaban 500 euros por el transporte de fardos de coca a Trinidad y Tobago y otras islas del Caribe con destino a Europa.

También es sabido que el cuatrero jefe vio y oyó en directo la operación, en compañía del secretario de Estado Marco Rubio; el jefe del Pentágono y secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el director de la CIA, John Tatcliffe (a saber cómo se llamará el tipo). Al matón de la Casa Blanca le agradó de verdad, le gustó mucho la película, según dijo horas después en su mansión Mar-a-Lago, en Florida, donde tan buenos ratos pasó en aquellas fiestas con lindas jovencitas que organizaba su vecino y amigo, el depredador sexual Jeffey Epstein.

Donald Trump sigue en directo la captura de Maduro. A su lado, de brazos cruzados, el jefe de la CIA también contempla las escenas y escucha las explicaciones del secretario de Guerra.

El matón se sintió orgulloso de sus fuerzas armadas, “las mejores del mundo”, dijo; elogió el acierto, la rapidez y la eficacia de sus jichos de operaciones especiales, los Delta Force aerotransportados, y celebró que ninguno hubiera resultado muerto o herido, pues los centinelas de Maduro solo pudieron disparar unos balazos contra un helicóptero, sin consecuencias. Se le olvidó mencionar la colaboración interna, el terreno minado de espías y confidentes y los 50 millones de dólares de recompensa a los que facilitaron la entrega de Maduro.

Con el asalto armado a Venezuela y el secuestro de su jefe de Estado, el mandatario de Washington –ese personaje que algunos califican de neonazi enloquecido y emulo de Hitler– ha dinamitado el orden internacional, demostrando que para él las normas de convivencia y de derecho internacional son papel higiénico. No sólo eso: la propia Constitución de EEUU es un estorbo, el Senado y la Cámara de Representantes, un incordio, y la oposición del Partido Demócrata, bosta maloliente. Además, cuantos estadounidenses se oponen a sus criminales decisiones y abusos de poder como si fuese un rey neto, absoluto, son gente odiosa que desprecia a la patria, la debilita y no aprecia su nueva grandeza.

El mandatario matón celebró el éxito burlándose de Maduro y de los venezolanos: “¿De donde sale esa gente tan fea?”, se preguntó, jactancioso. Después, ante un puñado de fanáticos, se prodigó en gestos y mojigangas más propios de un aprendiz de Chiquito de la Caldaza que del jefe del Estado más armado del planeta, choteándose del presidente francés Emmanuel Macrón y de la dirigente de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz, Corina Machado.

A continuación invitó a los jefes de las petroleras estadounidenses a evaluar el botín. “Venezuela pronto entregará decenas de millones de barriles de petróleo a Estados Unidos”, anunció. Su secretario de Energía, Chris Wright, concretó que tienen la intención de mantener “un control significativo” de la extracción petrolera de Venezuela, incluso supervisando la venta de la producción del país “indefinidamente”. “En el futuro venderemos en el mercado la producción que salga de Venezuela”, dijo Wright en una conferencia sobre energía, organizada por Goldman Sachs cerca de Miami.

Si alguien creía que la lucha contra el narcotráfico y por la democratización de Venezuela tras el supuesto robo de las últimas elecciones presidenciales por parte de Nicolás Maduro, eran los motivos del asalto armado, míster Trump quiso dejar claro que su objetivo era el petróleo. Vale recordar que el país sudamericano posee las mayores reservas petroleras del mundo y alberga en su subsuelo metales preciosos y valiosos (oro, plata, cobre) y otros minerales que ahora llaman “tierras raras” de los que también el forajido de Washington pretende apoderarse. Con la ley de la fuerza se ha apoderado de hecho de la soberanía nacional venezolana (que reside en el pueblo y no en Washington ni en Miami) y con la misma ley va a administrar la inmensa riqueza del país, vetando la influencia de la Federación Rusia y China.

Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, siguió diciendo que “Estados Unidos no está en guerra con Venezuela, sino contra el narcotráfico”, la realidad es que su jefe imperial está tan preocupado por la salud de sus súbditos que “ha indultado y conmutado la pena a casi 100 personas por delitos de drogas”, según titulaba el Washigton Post una información pormenorizada y rigurosa, publicada el 9 de diciembre pasado por los analistas Meryl Kornfield y Emili Davies. Entre otros beneficiados citaban al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, acusado de aceptar un millón de dólares del Chapo Guzman, quien metió toneladas de cocaína en EEUU. Condenado a 45 años de prisión en junio de 2024, el recluso Hernández abandonó la cárcel unos días antes de que su formación política, el derechista Partido Nacional, ganara las elecciones respaldado por Trump.

Tanta es la preocupación del mandatario de Washington por el consumo de droga, al que se atribuye la muerte de trescientas mil personas al año en EEUU, que mientras indultaba al exmandatario hondureño o al famoso Ross Ulbricht, condenado a cadena perpetua en 2015 por narcotráfico, conspiración y fraude informático, recortaba 345 millones de dólares de los programas de prevención de adiciones y tratamiento de sobredosis con naloxona y otros placebos. Expertos en la lucha contra las drogas como Theshia Naidoo, directora general de Drug Policy Alliance, o Jeffrey Singer, del Cato Institute, denunciaron cinismo e incoherencia del mandatario.

Delcy Rodríguez preside el Gobierno venezolano tras el secuestro de Maduro y deberá aceptar los dictados de Washington.

Sin entrar ya en las rectificaciones de la acusación formal del Departamento de Justicia de EEUU contra Maduro, reconociendo que el Cártel de los Soles, cuya dirección se le atribuía desde 2020, no existe como tal cárter de la droga (ver blog de 6 de diciembre), sino como una red estatal de corrupción, ni referir la falta de pruebas de Trump para decir que Maduro dirigía las actividades criminales del Tren de Aragua, una banda “infiltrada” en EEUU para delinquir y organizar disturbios sociales, es lo cierto que el ataque a Venezuela y la captura de su líder tampoco estaban dirigidos al restablecimiento de la democracia de acuerdo con el resultado de las elecciones de 2024. La decepción de la oposición en la clandestinidad y el exilio ha sido catedralicia. Corina Machado y su candidato Edmundo González, residente en España, han sido marginados por el “ocupante virtual” de Venezuela.

El matón de Washington ha designado a su secretario de Estado, Rubio, para que dirija el país con la vicepresidenta de Maduro y nueva presidenta Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez como presidente del legislativo. Ellos marcarán los tiempos y los acuerdos básicos necesarios para la convocatoria de nuevas elecciones. De momento, la presidenta Rodríguez ha excarcelado a un buen puñado de presos políticos, incluidos aquellos por los que abogó el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

En este punto vale recordar que durante el mandato de Maduro, Zapatero consiguió sacar a más de cuatrocientos presos. Su función mediadora entre el chavismo y la oposición nunca estuvo bien vista por la derecha y la ultraderecha españolas, el dúo PP-VOX que tanto se felicitó por el ataque militar del matón de Washington a un país soberano y hermano. Por cierto que tampoco ZP recibió apoyo del secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo subsecretario Christopher Landau le caracterizó de Batman y le amenazó con suprimir su visado para dificultar sus contactos con venezolanos exiliados en EEUU con vistas a una salida negociada de Maduro. Con todo, el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, que ha condenado sin paliativos la violación del derecho internacional por parte del mandatario estadounidense, ha ofrecido la mediación española en una negociación política para restaurar la democracia en el país.

Detrás del asalto militar y la “ocupación virtual” de Venezuela, Washington reitera su objetivo de controlar el “hemisferio occidental” como “legítima esfera de influencia”. De ahí que el matón de la Casa Blanca haya dictado una estrategia de seguridad que incluye la injerencia electoral en los países de la UE (ver blog de 13 de diciembre) para minar a la Unión mediante el apoyo a la extrema derecha. Además ha amenazado a Colombia con una acción similar a la perpetrada contra Venezuela, aspira a meter tropas en México y pretende arrebatar Groenlandia a Dinamarca, lo que ha provocado la inmediata reacción solidaria de Francia, España, Alemania, Reino Unido e Italia con el país europeo amenazado en su integridad territorial por el cuatrero de Washington.

La cuestión es ahora si Rusia y China se sienten legitimadas para hacer lo mismo que el matón estadounidense en Europa y Asia. El cara de víbora del Krenlim ya ha demostrado con su invasión militar de Ucrania que no necesita legitimidad alguna para atacar a los países vecinos e implantar gobiernos títeres. Y está por ver si el chino Xi Jinping, que parece un tipo tranquilo, decide apoderarse del industrioso y democrático Taiwán. En todo caso pintan bastos. Tal vez, como decía Italo Calvino, estas cosas ocurren cuando los cerdos se suben a los árboles o quizá se deban, como escribió George Orwell, a que se han apoderado de la granja y están embruteciendo al mundo con su fuerza bruta, asaltos, crímenes y genocidios. El futuro será peor, mucho peor, si no les plantamos cara.

Tambores de guerra contra Venezuela para echar a Maduro

Luis Díez.

En Venezuela se oyen tambores de guerra desde hace varias semanas. El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, puso precio en su anterior mandato (enero de 2017 a enero de 2021) a la cabeza de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro. Al empuñar otra vez el poder, en enero de este año, elevó la recompensa a 50 millones de dólares, el doble de lo que George W. Bush ofreció en su día a quien facilitase la captura del fundador y líder de Al Qaeda, el fanático Osama bin Laden, lo que significa que Trump trata bien a los cazadores de recompensas y no quiere que sufran los penosos efectos de la inflación. Pero como la falta de resultados es notable, el campanudo (desafiante, hinchado de poder) inquilino de la Casa Blanca ha implementado, como se dice ahora, otras medidas contra el habitante principal del Palacio de Miraflores. Esto es lo que sabemos.

El miércoles pasado, Trump confirmó la información adelantada por el New York Times de que había autorizado “operaciones encubiertas” de la CIA en el interior de Venezuela. Ni que decir tiene cuál es la finalidad: capturar a Maduro vivo o muerto. Téngase en cuenta que el mandatario estadounidense acusó en 2020 al presidente venezolano y varios allegados de “narcoterrorismo y asociación delictiva para introducir cocaina en EEUU” y ofreció entonces la recompensa de 15 millones de dólares por la testa del venezolano. Los cargos siguen vigentes en un jugado federal de Manhattan y, según la secretaria de Justicia de Trump, Pam Bondi, le han incautado activos por más de 700 millones de dólares, incluidos dos jets privados. Bondi dice también que el rastreo de siete toneladas de cocaina incautadas les ha conducido directamente al mandatario venezolano. Y afirma, en fin, que “no escapará a la justicia y será responsabilizado por sus despreciables crímenes”.

Además de autorizar a los agentes de la CIA a intervenir en Venezuela, el presidente norteamericano dijo en el mismo acto con periodistas en el Despacho Oval que “está sopesando operaciones militares terrestres”, lo que en pocas palabras significa que está dispuesto a invadir el país y, con la escusa de combatir el narcotráfico, deponer a Maduro, liquidar el llamado régimen bolivariano y apoderarse de las riquezas del país que determinados dirigentes de la oposición en la clandestinidad y en el exilio, incluida la flamante premio Nobel de la Paz, Corina Machado, estarían dispuestos a entregarle. Téngase en cuenta que Venezuela posee las mayores reservas de petroleo del mundo. Esa riqueza documentada y la minería metálica y estratégica (“tierras raras” le llaman ahora) son las materias que verdaderamente interesan a Trump. ¿Por qué teniendo una división de agentes secretos contra el narcotráfico como es la DEA, utiliza a la CIA para intervenir en el país sudamericano? No hace falta recordar que la CIA es tristemente famosa por preparar golpes de Estado en distintos países del subcontinente, prevaliéndose de los militares más crueles y reaccionarios, casi siempre apoyados por oligarcas contrarios a los derechos democráticos.

Por lo que sabemos, la gran movilización militar ordenada por el Pentágono el 14 de agosto supuso el traslado a Puerto Rico desde la base de Norfolk, en Virginia, de 4.500 marines, buques de asalto anfibio, helicópteros y al menos un submarino. En concreto, el despliegue afecta a la Iwo Jima Amphibious Ready Group (ARG) y a la 22ª Marine Expeditionary Unit (MEU) e incluye los buques de guerra Iwo Jima, Fort Lauderdale y San Antonio, varias escuadrillas de helicópteros UH-18 Venom, un submarino de ataque nuclear, un crucero con misiles guiados, escoltado por varios destructores Arleigh Burk y, al menos, un avión de patrulla marítima Poseidón P-8A. Aparte de la acumulación de fuerzas frente a Caracas en el mar Caribe –el despliegue ya afecta a 10.000 militares estadounidenses–, esta semana se han detectado B-52 y helicópteros estadounidenses sobrevolando Venezuela.

Desde mediados de septiembre hasta el jueves pasado, los militares estadounidenses han atacado a seis embarcaciones y dejado un saldo de 28 muertos. A las cinco lanchas motoras destruidas con misiles teledirigidos se sumó el jueves el ataque, también en el Caribe, a un submarino sospechoso de transportar drogas y la detención de dos supervivientes supuestamente venezolanos. Son ataques en aguas internacionales contra supuestos enemigos de EEUU sin una sola prueba hasta el momento de que transportaran drogas ni de que fueran terroristas dispuestos a cometer atentados en suelo estadounidense o contra personas y bienes de ese país. Pero la legalidad internacional importa más bien poco al nuevo emperador Trump y sus colaboradores. Así, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, arengó a principios de septiembre a los marines a bordo del buque Iwo Jima diciéndoles que su misión no era un “entrenamiento” sino un “ejercicio real” de defensa de los “intereses vitales de los Estados Unidos de América cual es acabar con el envenenamiento del pueblo estadounidense”. Este antiguo presentador de TV elogió el acierto del presidente Trump al cambiar el nombre del Departamento de Defensa, que pasó a llamarse de Guerra. Muy satisfecho ha lucido también el secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha orientado a Trump hacia una táctica muy agresiva como es el uso de la fuerza militar contra los transportistas de drogas. “Lo que los detendrá es hacerlos volar por los aires, es decir, deshacerse de ellos”, dijo en México al día siguiente de la voladura de la primera lancha, con once personas a bordo.

Pero tamaño despliegue y acumulación de fuerza solo se explica, como ha apuntado el propio Trump, por la finalidad concreta de ordenar una incursión en Venezuela, capturar a Maduro como gran capo del narcotráfico y del terrorismo desestabilizador, pues ha vaciado las cárceles y enviado a delincuentes tan violentos como los del Tren de Aragua contra EEUU, y liquidar el régimen, lo que, por otra parte, facilitaría la vida a los autoproclamados ganadores de las elecciones de 2024 y reconocidos como tal por varios países.

Con todo o casi todo dispuesto para el ataque a Venezuela, el comandante militar del dispositivo en el Caribe, almirante Alvin Holsey anunció el jueves su dimisión y se despidió a última hora de ayer, 17 de octubre. Este oficial deja el cargo de jefe del Comando Sur de EEUU, encargado de dirigir las operaciones en Centromérica y Sudamerica, sin que haya desvelado los motivos y después de haber acumulado más de 10.000 combatientes en su zona de responsabilidad. La renuncia del almirante Holsey, con 37 años de servicio, y cuando llevaba menos de doce meses en un puesto donde el mandato temporal mínimo es de tres años y en medio de una misión que han bautizado “antidroga y antiterrorista”, resulta cuando menos chocante.

Según la información del New York Times, funcionarios del Pentágono y del Capitolio apuntaron fuertes tensiones políticas entre el almirante de cuatro estrellas y sus jefes civiles. El secretario de Guerra emitió un comunicado agradeciendo sus servicios, y el almirante se dirigió a sus subordinados con una sola frase: “¡Sigan adelante!” El congresista por Washington y portavoz en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, Adam Smith, manifestó irónicamente: “Antes de Trump, no se me ocurre ningún comandante jefe que haya abandonado su puesto antes de tiempo”. El senador, también del Partido Demócrata, Jack Reed, lanzó otra carga de profundidad, dando a entender que la cadena de mando es poco proclive a la aventura bélica que sopesa el emperador y agrada a sus halcones Hegseth y Rubio. “En un momento en que las fuerzas estadounidenses se están concentrando en el Caribe y las tensiones con Venezuela están en un punto de ebullición, la partida de nuestro principal comandante militar en la región envía una señal alarmante de inestabilidad en la cadena de mando”, dijo Reed.

El presidente venezolano respondió a las amenazas del estadounidense lanzando en inglés el grito de “¡No a la guerra!” y recordando el canallesco papel de la CIA en los años setenta del siglo pasado contra las democracias en Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia… “América Latina no los quiere, no los necesita y los repudia”, añadió Maduro. Su ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, lanzó un comunicado deplorando “las declaraciones belicistas y extravagantes del presidente de los Estados Unidos, en las que admite públicamente haber autorizado operaciones para actuar contra la paz y la estabilidad de Venezuela”. En su opinión, “esa afirmación sin precedentes, constituye una gravísima violación del derecho internacional y de la carta de las Naciones Unidas, y obliga a la comunidad de países a denunciar unas afirmaciones inmoderadas e inconcebibles”.