Archivo por meses: julio 2026

Campeones del mundo y ‘metepatas’ del PP

RELATO DE VERANO

Luis Díez.

En los meses de junio y julio del año en curso (2026), los seculares del Palmeral de la Playa fueron una muestra aceptable del estado mental de la patria. El Mundial de Fútbol que se celebraba en 16 estadios de otras tantas ciudades de América del Norte (México, Estados Unidos y Canadá), con participación de 48 selecciones, 104 partidos e infinitas controversias, producía tanta tela que cortar que aquellos contertulios jubilados no hablaban de otra cosa.

Primero fue el temor a que el ICE –la Gestapo de Donald Trump contra los inmigrantes– aprovechase la afluencia de trabajadores latinos a los estadios de fútbol en Los Ángeles, Dallas, Miami, Nueva York… para detenerlos, recluirlos, matar a alguno, maltratar a casi todos y echarlos del país. Eso no ocurrió. La FIFA fijó precios muy altos, con evolución al alza, y de ese modo impidió que los trabajadores inmigrantes se acercaran siquiera a los estadios. Como dijo el profesor Manises: «El principio de Séneca: Primun vivere, de in de philosophare sigue vigente».

Aunque el espía Godoy se quejase de que el fútbol perdía su esencia popular a causa de esa carestía de las entradas, y la marquesa de Pinopar acusara al presidente de la FIFA, Gianni Infantino –“el pelota dos mil dos de míster Trump”– de ser “un elemento extractivo que solo buscaba el enriquecimiento”, y aunque el viejo periodista Víctor Márquez parodiase a Eduardo Galeano y a Jorge Valdano diciendo que “el balón es lo único honrado que hay en el fútbol, y todos le dan patadas”, lo cierto es que los estadios se llenaban a reventar. Al balance final rozó los siete millones de espectadores.

Las expectativas eran lo principal. La selección española, conocida como La Roja, carecía de grandes figuras individuales, en contraste con Brasil, Francia, Argentina, Inglaterra, Noruega, Portugal… Las grandes estrellas –Lionel Messi, Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé, Vinícius Júnior, Cristiano Ronaldo, Erling Haaland, Harry  Kane…– reducían a un puntito de luz en una galaxia futbolística a nuestro Lamine Yamal, muy joven y con poca experiencia frente a aquellos talentosos jugones.

Sin demérito del patriotismo ni menoscabo de la esperanza, hasta la baronesa de Pinopar sostenía que ganaría Francia. El profesor Manises apuntaba en la misma dirección soltando nombres: “Mbappé, Dembélé, Barcolá, Olise, Doué…” antes de exclamar: “¡Qué tíos!” La bióloga Raquel también consideraba superiores a los gallitos franceses, aunque echaba de menos a un director de orquesta como El Principito, en referencia a Antoine Griezmann.

Pero La Roja del entrenador Luis de la Fuente se mantenía en la tabla de los favoritos y avanzaba. Tras el empate a cero con Cabo Verde, ganaba a Arabia Saudita y empezaba a demostrar una conjunción de equipo superior a las selecciones salpicadas de estrellas. “Somos unos mangalisas –decía el viejo aviador apagafuegos José Luis Perrote en referencia a los galones–, pero somos equipo, corremos más y jugamos mejor, con mayor rapidez y precisión”. Tuviera o no razón, los Oyarzabal, Rodri, Pedri, Cubarsí, Cucurella, Dani Olmo, Baena, Simón, Lamine…, fueron laminando a las selecciones de Uruguay, Austria, Portugal, Bélgica y se plantaron en la semifinal contra Francia. Vale que los galos del gallito en el pecho tuvieran ganas de revancha contra Argentina, que se llevó la Copa del Mundo en 2022 en Catar tras empatar a tres y ganar por penaltis, pero antes tendrían que derrotar a España.

Fue entonces cuando apareció el primer metepatas. Nada menos que el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy –un político nefasto de la derecha reaccionaria y cruel al servicio del capital– publicó un artículo simplista y provocador en el que sostenía que “la selección francesa tiene un altísimo nivel, eso sí, sin franceses”. Su afán de notoriedad quedó colmado, pues se armó la Marimorena y de las redes sociales saltó a los bares.

–Ese majadero cree que los negros no son franceses –comentó el viejo aviador apagafuegos– ¡Menuda metedura de pata!

–Me parece una patochada más propia de un patán iletrado que de todo un ilustre registrador de la propiedad que encima cobra del erario público como expresidente de gobierno –le secundó la bióloga Raquel.

–Patochada, majadería…, lo que queráis, pero yo creo que le ha estallado la glándula racista que lleva en el cerebro –dijo el viejo periodista Víctor Márquez.

–Furúnculo será –saltó Godoy.

–De ahí a gritar «mono» a Vinicius y otros jugadores negros o llamar «moro mierda» a Lamine Yamal solo hay un paso. Glándula o furúnculo, tanto da: esos racistas y supremacistas de la derecha solo esparcen odio y violencia. Y también desprecio a los trabajadores, los pobres, los inmigrantes… El señor Rajoy no se cansaba de repetir la famosa frase de Hitler: «todo alemán de bien», aunque en vez de «alemán» decía «español», y de distinguir entre “las familias de buena condición” y las demás. No es extraño que el pobre hombre sobrecogedor aproveche el mundial para abrazar la “prioridad nacional” de defensa de la raza mediante la discriminación y la persecución de los diferentes.

La insolencia del personaje provocó la expresión “¡Qué vergüenza!” y la petición de disculpas del jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, cuando saludaba al presidente francés Emmanuel Macron, antes de reunirse con otros mandatarios europeos para discutir la ayuda a Ucrania, atacada por Rusia.

Entonces La Roja dio una lección del mejor fútbol y ganó a Francia con tal limpieza, deportividad y precisión –sin cometer un solo error– que antes de la final en Nueva York contra Argentina –campeona de su grupo tras derrotar a Inglaterra– apareció otro político derechista, nada menos que el líder del PP, el paisano de Rajoy, Alberto Núñez Feijóo, diciendo que su partido se parecía a la selección española y otras puerilidades impropias de su edad.

Los seculares del Palmeral de la Playa se despacharon: “Ese tío quiere apropiarse de la selección, que es de todos”, prorrumpió el ferroviario Gregorio, que casi nunca hablaba. “Pues como le oiga el faccioso de Vox, se acabó el pacto –añadió el profesor Manises– ¿Cómo que Nico Williams se parece al PP si es negro y su madre llegó en patera?” “¡Prioridad nacional, tronco!” exclamó el aviador Perrote.

En la final, La Roja anuló con su juego a la Argentina de Messi y proporcionó una inmensa alegría a todos los españoles y a millones de personas en el resto del mundo, sobre todo en Palestina, Líbano e Irán, países atacados por las máquinas de matar del israelí Netanyahu y el estadounidense Trump. Después de  todo, España se había significado por la exigencia de paz a los dos grandes matones. El goce fue total al ver cómo el capitán Rodri recibió la copa de manos de Trump y su pelota Infantino pero no la alzó al cielo hasta que los dos prebostes, que querían salir en el centro de la foto, se quitaron del medio y se pusieron a un lado, como educadamente hizo el rey de España Felipe VI en el extremo contrario.

Ni aun después de ganar el campeonato del mundo (por segunda vez en la historia tras el triunfo de 2010 en Sudáfrica) la derecha dejó de meter la pata. El novio de la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos y Madero, marquesa de Casa Fuerte, promocionada por el belicoso José María Aznar López cuando era jefe del Gobierno, Arcadi Espada, columnista del diario El Mundo, publicó un artículo 48 horas después del triunfo en el que daba por hecho que España había quedado eliminada. Y con tamaña novedad se explayaba en una sucesión de consideraciones y “majarederías”, dijo Márquez.

–¿Y ese Arcadi es periodista? –quiso cerciorarse la Pinopar. Márquez asintió con la testa. Y añadió que los partidos del mundial habían sido vistos por unos 6.000 millones de telespectadores, según los datos de la FIFA, pero se ve que el metepatas, además de profesor de periodismo, no se enteró de que La Roja había ganado la Copa del Mundo, su novia –de madre argentina– no le informó del resultado y el editor ni leyó la columna antes de dar el imprimatur. Ante lo que la Pinopar exclamó: “¡Periodismo de bulos, maldita sea!» Y el anciano Márquez reconoció, resignado, el triunfo del nuevo género, por bulerías, y el fracaso de la verdad. Amen.

España en las garras de unos jueces de marras

RELATO DE VERANO

Luis Díez.

Dos años después de su desaparición, todavía los contertulios del Palmeral de la Playa le echaban de menos. ¡Lógico! Pues Ramón Sonata era un hombre siempre alegre que tenía magia en las manos y podríamos decir que en el resto del cuerpo. Se marchó sin despedirse de nadie. Fue algo muy raro, como si hubiera huido por un asunto grave o lo hubiesen secuestrado. Preguntaron aquí y allá. Nadie daba razón. Los vecinos de la torre residencial desconocían su paradero. Unos decían que se había ido a Madrid con una pájara, una bailarina de cabaret o algo de eso; otros sostenían que se había largado a Buenos Aires, donde, al parecer, tenía familia. Uno afirmó a pies juntillas que después de despojar de sus ropas a una linda uzbeka y todo lo demás, había partido con ella rumbo a Samarkanda para conocer a sus padres y hacer negocios.

Fue entonces cuando la baronesa de Pinopar recordó que el mago Sonata tenía intención de aceptar una tarea que le habían ofrecido en Nueva York. Cierto es que la baronesa no era muy fiable que digamos. Y no solo porque su memoria funcionaba como las mareas, sino también porque recordaba hechos que ni siquiera habían sucedido, como la llegada de los venusinos.

–¿Una tarea en Nueva York? ¡Qué extraño! –prorrumpió el profesor Manises– Eso querría decir que el amigo Sonata habría incumplido el juramento lafargatico.

–¿Qué juramento es ese?

–El que realizan los que no dan un palo al agua en su vida.

La baronesa hizo una mueca de incredulidad. Víctor Márquez la respaldó pidiendo a Manises la cita exacta del juramento propiamente dicho. Márquez era uno de esos viejos periodistas que sabían un  poco de todo y nada de nada. Estaba un poco majareta y solía hablar a solas con poetas, filósofos, novelistas, pintores, juristas y políticos del pasado.

Manises ni fu ni fa. No supo reproducir la frase exacta del juramento. Se escudó en la debilidad de su memoria, a causa de la edad, y, acto seguido, se incorporó y, encaminándose hacia la máquina de los discos, puso uno de larga duración con canciones de Nino Bravo. Regresó coreando una pieza del malogrado cantautor, dando por cerrado el supuesto juramento atribuido al autor del Derecho a la pereza, Paul Lafargue.

Solo que Márquez volvió a meter la burra en el trigal y le preguntó cómo era eso de que un descreído marxista, un ateo redomado como el yerno de Carlos Marx tuviera la ocurrencia de apelar a la máxima figura de la religión, de todas las religiones, poniéndole de testigo de tal o cual compromiso. «¿No es el juramento una contradicción en la que Lafargue jamás caería, sobre todo, después de predicar que «la religión es el opio del pueblo?», le asestó a Manises.

El profesor, un poco azorado, acabó admitiendo su improvisada invención, «pero os juro que la hice con la intención de no llamar holgazán, así, a palo seco, al amigo Sonata». Rubricó la frase alzando el brazo y dibujando con el índice una circunferencia en el aire para que el camarero Nano les sirviera una ronda a su cuenta como castigo o penitencia.

La especulación más polémica sobre el paradero del viejo amigo desaparecido, Ramón Sonata, salió de boca del aviador apagafuegos José Luis Perrote. “Según mis fuentes –afirmó–, vivía de incógnito, con documentación falsa y nombre supuesto. Pero la policía no es tonta y lo descubrió. Se lo llevaron de madrugada y, según me dicen, ha ingresado en Soto del Real”.

El nombre de Soto del Real –localidad de nueve mil habitantes, situada en la antesierra madrileña del Guadarrama– infundía temor a determinadas personas, pues servía también para designar la cárcel existente en su término municipal. Allí ingresaban algunos políticos que realizaban «ingresos indebidos» del erario público en sus cuentas particulares en Suiza. Entonces se decía “España,  capital Suiza”. Si no hubiese sido porque un vecino del pueblo que se llamaba Casimiro Morcillo llegó a obispo y fue nombrado procurador en las Cortes de la dictadura y además alcanzó la púrpura como arzobispo de Madrid-Alcalá, el pueblo y la cárcel se seguirían llamando Chozas de la Sierra. Pero a aquel Morcillo lo de «Chozas» le parecía “antiestético y malsonate” y en 1959 consiguió el cambio del nombre de su pueblo.

Sin enredarse en nombres, los contertulios quedaron anonadados por la información que les daba el aviador, según la cual el amigo Sonata estaba en la cárcel y no de gira artística por España o el resto del mundo. La baronesa de Pinopar y el viejo periodista Víctor Márquez se resistieron a creer al aviador apagafuegos y le pidieron pruebas. “Os aseguro que no es humo de paja ni simple habladuría, que me lo ha dicho una fuente de categoría», replicó el aviador como si la categoría fuera sinónimo de la verdad.

Puesto que el aviador Perrote había sido militar (de los que trabajan), el exespía Godoy, la bióloga Raquel y el profesor Manises le otorgaron credibilidad. Pero Víctor Márquez, que había pasado gran parte de su vida persiguiendo la verdad, le exigió alguna prueba que les permitiese creer que su «fuente de categoría» le había dicho la verdad.

Entonces Perrote empezó a hacerse de rogar con la típica respuesta de que todo el mundo es libre de creer o no creer. Márquez insistió y él profirió un razonamiento macarrónico según el cual «a este mundo se viene a hacer algo, Sonata vino a este mundo, luego Sonata tenía que hacer algo y no hacía nada. ¿De qué vivía? ¿De la magia? No señor. Aquí se viene a hacer algo, aunque sea robar o ser robado, ya me entiendes».

–Eso son prejuicios tuyos, juicios mal establecidos, amigo Perrote. ¿De verdad crees que Ramón era un ladrón que vivía del botín?

–Claro que si. Ya he dicho que mi fuente es de categoría. Y te diré más. Ese tío actuaba de común acuerdo con un político importante que se aprovechaba del poder para trincar.

–¿Cómplice de un atracador oficial? –se extrañó Márquez– Y encima se hacía pasar por bueno, actuando tantas y tantas veces para causas benéficas, sobre todo a favor de los menores huérfanos por la violencia machista…

–Que no Perrote, no te creo –terció la Pinopar.

–Pues bueno, pues vale, pues me alegro… Si vamos a ver, yo tampoco me creo que tú seas baronesa de verdad, pero tanto da…

El profesor Manises reconvino al aviador. Y éste enseguida sonrió a la baronesa y diciendo que era una broma y explicando que de sobra sabía que el archiduque don Carlos de Austria había concedido el título de nobleza a su tatarabuela en Mallorca cuando el archipiélago y Cataluña y los demás territorios del antiguo Reino de Aragón apoyaban al archiduque y luchaban contra los Borbones que se implantaron en el resto de España con el nieto del rey de Francia Luis XIV al frente. Pero tras las hostias entre los borbónicos y los austracistas, aquella guerra terminó en 1715 con la capitulación de Barcelona y la rendición de Mallorca a las fuerzas de Felipe V, y entonces el Borbón reconoció el título que su adversario el infante don Carlos había concedido a la primera baronesa de Pinopar. “Conque, nada que objetar, mujer”.

La baronesa se congratuló de que Perrote el aviador conociera su origen nobiliario casi mejor que ella y, como si quisiera agradecer o celebrar el buen conocimiento, hizo un gesto a Nano, el camarero, para que se interesara por ellos y les sirviera otra ronda a su salud. A continuación, Márquez volvió a la carga: «Hagamos una comprobación para saber si Sonata está en Soto». Acto seguido desenfundó el teléfono móvil y comenzó a buscar en Google el número telefónico de la cárcel.

El aviador apagafuegos se inquietó. «¿Qué pasa, que no me crees?» El viejo periodista movió la cabeza a derecha e izquierda. «¿Y si te dijera que mi información procede de un magistrado?», desveló el aviador. Márquez volvió a mover la cabeza. El aviador cedió: “Aunque no voy a decirte el nombre por lealtad, puedo acudir al refranero para que le conozcas por sus obras. Una consistió en llevar p’alante y quitar el pasaporte a la esposa del jefe del Gobierno… ¿No sé si me entiendes…?”

–Claro que te entiendo, amigo Perrote, muchas gracias –repuso Víctor Márquez esbozando una mueca irónica y recorriendo con la vista las caras de la baronesa, el profesor Manises y la bióloga Raquel, que correspondieron con otras tantas expresiones de incredulidad.

Ahora sabían que aquel juez de marras podía mentir con la misma facilidad y el mismo impulso que le proporcionaba el odio, estimulado por políticos prepotentes, insultones y reaccionarios, contra el gobierno progresista y su presidente socialdemócrata, un tipo valioso, trabajador, preparado y con prestigio y valía internacional. No se sabe por qué concitaba tanto odio si hacían una política sensata, moderada, que facilitaba la convivencia y el progreso económico y social. Les fastidiaba, quizá, que se preocuparan de los de abajo, defendieran los servicios públicos esenciales y la igualdad efectiva de oportunidades frente al corporativismo tradicional y el nepotismo togado.

Sabían algo más: que con el respaldo de aquel administrador de la Justicia que era propietario de cuadras de caballos de carrera fuera de España para no tener que cumplir las leyes españolas y poder seguir amargando la vida a la gente e incluso pasar a la historia como el ilustre magistrado que sentó en el banquillo de los acusados a la consorte de un presidente del gobierno y le quitó el pasaporte para que no se fugara del país, ayudada por los policías que la protegían…, la derecha corrupta, cruel y retardataria se disponía a ganar las elecciones.

Y también sabían que con el apoyo de aquellos grajos que además condenaron al hermano del presidente del gobierno sin haber cometido delito alguno, y de los altos prebostes del Supremo, unos santos trabajadores que sudaban agua bendita y no tenían tiempo ni de cumplir la sentencia del Tribunal Europeo de Justicia sobre la amnistía constitucional y anular las causas contra el expresidente de Cataluña, los dirigentes de la derecha extrema y la extrema derecha tenían hecha la labor de oposición y la campaña electoral.

Sobre niños y el bebé Lamine en manos de Messi

RELATO DE VERANO

Luis Díez.

El profesor Manises saludó desde la puerta al camarero Nano y a los contertulios del Palmeral de la Playa, se acercó a la máquina de la música, introdujo el euro por la rendija y seleccionó un disco. Luego se dirigió al lugar donde sus compañeros jubiletas ya estaban arreglando el mundo.

–¿Qué carajo es eso que has puesto? –le preguntó el aviador apagafuegos arrugando el hocico con gesto de disgusto.

–Es un Rockabye Baby, un pupurrí de Rihanna, Guns and Roses…, ideal para escuchar con los niños. Hoy es el día de las niñas y niños –explicó Manises de acuerdo con su costumbre de elegir la música según la actualidad del día.

–Te equivocas, Jotaele –dijo Raquel la bióloga–; en España el día del niño es el 26 de abril, no el 20 de noviembre.

–Tienes razón, pero el “día internacional”, proclamado por la ONU para que los gobiernos y las autoridades de los países del mundo dediquen al menos 24 horas a promover los derechos de los menores o, al menos, a reflexionar sobre su situación, es precisamente hoy.

Antes de que la conversación volara hacia las travesuras de los nietos y sobrinos o se remontara a las aventuras de la infancia de cada cual, el profesor aportó algunos datos técnicos criticando la poca preocupación de los gobiernos por los menores, como lo demuestra el hecho de que desde 1945 en  que se fundó la ONU hasta 1989 no entrara en vigor la Convención sobre los Derechos del Niño.

–Si serán desidiosos –añadió el profesor– que tardaron catorce años en realizar la última actualización de la carta de derechos de las niñas y niños; empezaron a discutirla en 1975 y se demoraron hasta 1989 para ponerla en marcha. Los dos reglamentos básicos para aplicar la Convención no se actualizaron ni aprobaron hasta el año 2000.

–Día internacional de los peques…, menuda cosa. Si sirviera para evitar que los mataran de hambre como han hecho y siguen haciendo en la Franja de Gaza… –comentó el viejo periodista Víctor Márquez antes de añadir–: si me dais un minuto os leo uno o dos párrafos de un artículo del boletín que he recibido esta mañana del Consejo Carnegie para la Ética en las Relaciones Internacionales.

Márquez tecleó su teléfono móvil buscando el documento recibido desde USA por el correo electrónico. “Aquí está. Os traduzco: La decisión del segundo gobierno de Trump de recortar las operaciones de USAID ha tenido graves consecuencias humanitarias. Las estimaciones varían, pero un estudio de la Universidad de Boston indica que casi 800.000 personas han muerto en el plazo de un año tras los recortes de USAID a principios de 2025; aproximadamente dos tercios eran niños y niñas”.

El profesor levantó la cabeza y vio a los contertulios interesados e impresionados por la materia, así que siguió: “A continuación dice que varios estudios sobre la salud global afirman que esas muertes se podían haber evitado, lo que plantea urgentes interrogantes éticos sobre la retirada de una ayuda vital por orden del presidente de USA y promotor del América Primero”.  

La baronesa de Pinopar estuvo en un tris de despotricar contra el “tío Zanahorio”, como solía llamar a míster Trump, pero el agente de inteligencia Abelino Godoy se le anticipó puntualizando que la liquidación de la Agencia para el Desarrollo Internacional, la USAID propiamente dicha, había corrido a cargo del multimillonario Elon Musk, “un tipo tan maldito y despiadado como el que lo nombró por haberle ayudado a ganar las elecciones para que blandiera la motosierra. Y como es lógico, lo primero que hizo fue cortar la ayuda humanitaria a los más pobres de los países pobres y a las agencias de Naciones Unidas. ¿Qué les importa a esos tíos los millones de refugiados en África a causa de las guerras que provocan para surtirse de las materias primas, el coltán, el petróleo, el uranio y todo eso que llaman tierras raras? ¿Qué les importa la muerte de millones de niños por falta de vacunas, el avance de las enfermedades que parecían controladas como el virus del sida..? Sólo les interesa el petróleo de Sudan, las tierras raras de Kenia, la minería metálica y los diamantes de Namibia…”

La indignación iba enrojeciendo el rostro del viejo espía a medida que hablaba, así que para distender el asunto, la baronesa de Pinopar comentó que para ella el 20 de noviembre siempre había sido una buena fecha. “Ya sabéis por qué. Lo que no sabía yo es que además fuera el día internacional de los pequeños”, añadió.

–¿Buena fecha desde el año 1975, supongo? –quiso cerciorarse el profesor.

La baronesa asintió y Manises comentó la paradoja de que la instauración del día internacional del menor por parte de la ONU se produjera el mismo día del año que las diñó el dictador español Franco Bahamonde.

–¡Y que lo digas! ¿Sabes tú cómo le llamaban? –preguntó la baronesa.

–El enano asesino del Pardo; eso lo sabía todo el mundo –se precipitó otra vez el espía Godoy.

–Lo que no acabo de explicarme es cómo aquel tipo tan bajito, que no daba la talla para ser soldado, pudo llegar a general –se preguntó la baronesa–. Y no me digáis que fue por méritos de la guerra de Marruecos, que eso ya lo sé.

–Hay antecedentes históricos, baronesa; tenga en cuenta que el general Valeriano Weyler, enviado a Cuba a someter a los insurrectos –un asesino feroz que se hartó de matar gente, incluidos los miles de jóvenes españoles enviados a la trocha–, era más bajito que Franco, que mató más –explicó el profesor.

Se hizo un silencio sepulcral como si de común acuerdo hubiesen decidido rendir homenajes a los muertos. Hasta la música dejó de sonar (el disco se había terminado). En eso llegó Nano con infusiones en la bandeja. “¡Pensativos les hallo!”, exclamó.

–Es lo que pasa cuando se trata de las grandes desgracias y las últimas tragedias históricas de España –dijo Manises. El camarero, un buen conversador que sabía latín, andaba urgido y evitó entrar en materia.

Cuando acabó de servir, el profesor Manises retomó el hilo de la historia y recordó el cantar de la guaira al general Weyler: “Mi querido Valeriano,/ cuando te vayas de aquí/ te llamaré Valerí/ porque habrás perdido el ano”.

A lo que la baronesa prorrumpió por contagio: “Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel” (una marca de jabón). Y Raquel la secundó: “…que tiene el culo así porque su mujer se lo lava con Persil” (otra marca de jabón).

–¡Por Júpiter! ¿No hablábamos de los niños? –protestó el viejo periodista Víctor Márquez, provocando las disculpas de la baronesa por haber desviado la conversación hacia la fecha y la estatura del maldito dictador. Márquez aceptó las excusas y añadió tecleando en la pantalla de su teléfono–: si os portáis bien os muestro una cosa que os va a gustar.

Los “seculares” del Palmeral de la Playa –les llamaban así porque entre todos sumaban más de un milenio de edad– aceptaron la propuesta. Sabían que era una foto y enseguida también ellos empezaron a buscar en sus teléfonos móviles instantáneas de sus nietos.

–Esta foto es sensacional –dijo Márquez para estimular el apetito visual de los contertulios–; es una instantánea única, con un valor histórico formidable, una ternura extraordinaria y una simpatía desbordante. La hizo el gran fotógrafo catalán Joan Monfort, quien declaró al New York Times en 2024 que “fue una toma muy difícil. Sudé la gota gorda para conseguirla”. La foto data del año 2007. Monfort la hizo para el calendario benéfico de 2008 que entonces lanzaban la Fundación del club del Barça y el periódico Sport del antiguo Grupo Z para ayudar a UNICEF –la agencia de la ONU que se ocupa de los niños– y a otras organizaciones benéficas. El periódico estadounidense la volvió a publicar unas horas antes de que La Roja derrotara a los galos del gallo en la semifinal de la Copa Mundial de Fútbol, en Dallas (Texas). Quizá se olían que aquel Lionel Messi de 20 años que entonces comenzaba su legendaria carrera en el Barça, se enfrentaría en la final en Nueva York con aquel bebé de color al que había enjabonado y bañado amorosamente cuando tenía cinco meses. Era Lamine Yamal. Miradlo bien, recrearos con la tierna escena y sabed que el mérito fue de la mamá de Lamine, que le llevó desde donde vivían, a cuarenta kilómetros, a las instalaciones del club.

Messi, la madre de Lamine y el bebé en el calendario de UNICEF 2008. La foto es de Joan Monfort.

La IA abre el debate sobre cómo vivir sin trabajar

Luis Díez.

La posibilidad de vivir sin trabajar es hoy mas cierta que nunca. Gran parte de las personas que la sociología define como “clase media trabajadora” en esto que llamamos “primer mundo” van a experimentar el impacto inmediato –si no han comenzado a sufrirlo ya– de la gran revolución tecnológica digital que convertirá en humo su labor y suprimirá su puesto de trabajo. El alcance de la Inteligencia Artificial (IA) trastocará el mundo, anulando empleos y haciendo innecesario que la mayoría de los que ahora son niños de menos de cinco años tengan que trabajar.

Eso dijo el domingo pasado al Wall Street Journal el multimillonario tecnológico Vinod Khosla. El principal inversor en Open AI desde 2019 viene repitiendo que el impacto laboral de la IA será extraordinario por el ahorro de mano de obra en la producción de bienes y servicios. Khosla ha pronosticado que la IA estará haciendo en 2050 el 80 por ciento del trabajo en todos los empleos, lo que hará necesaria una “renta básica universal para compensar la destrucción de empleos”.

Según este tecnólogo nacido en India y considerado uno de los inversores con mayor acierto y visión de futuro en Estados Unidos al apostar por Open AI antes de la creación de ChatGPT, “a medida que la IA reduce la necesidad de mano de obra humana, el salario básico universal será crucial y los gobiernos tendrían que desempeñar un papel clave en la regulación del impacto IA y en la distribución equitativa de la riqueza”.

Vinod Khosla en una entrevista para Bloomberg. El tecnólogo multimillonario pide un salario básico y más impuestos al capital para compensar a los trabajadores por la pérdida de empleos que va a provocar la IA.

Esto significa, según Khosla, que la irrupción de la IA va exigir cambios políticos radicales, comenzando por una nueva gobernanza del capitalismo y un sistema fiscal que no solo iguale los impuestos a los beneficios del capital con los que hoy soportan las rentas del trabajo, sino también que los aumente en una proporción equivalente a la desaparición de los empleos y por tanto de los impuestos a las rentas del trabajo.

En síntesis, la predicción de este experto inversor que reclama más impuestos a los beneficios, el lujo y los bienes raíces, es que el coste de la mano de obra caerá tanto que su aportación al Producto Interior Bruto (PIB) –él se refiere a EEUU– será poco significativa. Y lo que viene después no será una catástrofe sino lo que él considera “una nueva era de abundancia”.

Cierto es que del dicho al hecho hay un trecho y que el color político de los gobiernos será determinante a la hora de dirigir este proceso tan inevitable como la irrupción de las lavadoras y la desaparición de las lavanderas a partir de la llegada del agua corriente a los hogares. Por eso será más importante que nunca el voto a los defensores de la cohesión social y la igualdad fiscal frente a los conservadores de derechas que todavía apuestan por los incentivos a los inversores y las reducciones fiscales a los beneficios.

Con sus reflexiones en entrevistas periodísticas, podcast y artículos en redes sociales, el señor Khosla, un capitalista al fin y al cabo que ha respaldado al Partido Demócrata y considera que el acercamiento de algunos prebostes tecnológicos a Donald Trump no es verdadero capitalismo sino cabildeo clientelar, trata de poner sobre la mesa el debate sobre una realidad inminente e insoslayable. Sobran trabajadores y sobrarán más en todos los sectores. ¿Qué hacer?

En España la propuesta del Gobierno progresista de ir reduciendo la jornada laboral fue derrotada por la derecha, la ultraderecha y Junts –nunca mejor dicho–. Es una forma de ir afrontando el reto sin descuidar otras variantes, como la reducción de precios que se podría derivar de la tendencia al menor coste de los bienes y servicios al reducir la mano de obra. En este sentido muchos economistas advierten que las ganancias en productividad no se trasladan a precios más bajos para los consumidores y usuarios. Sin políticas firmes, el beneficio redundará en los que ya poseen fortunas y acentuará las desigualdades.

También pesan, y mucho, en este debate las variantes sobre las fugas de inversores a países más o menos propicios en términos fiscales. Y, desde luego, el ritmo de implantación de la IA y su impacto en las empresas y entidades. De momento, el 90 por ciento de los directivos consultados que aplican IA en sus empresas dicen que no ha afectado al empleo ni a la productividad en los últimos tres años y estiman  que supondrá un crecimiento de la productividad en torno al 1,5 por ciento en 2029.

Además de los efectos socioeconómicos de la IA en todos los sectores públicos y privados, incluida la producción y el uso del armamento más sofisticado, las implicaciones éticas, jurídicas e incluso medioambientales de esta herramienta del siglo XXI llevó a la UE a aprobar hace dos años el primer Reglamento (rango de ley en los países miembros) sobre el uso y control de la IA para preservar los derechos individuales básicos. El Reglamento de IA entró en vigor este año y desde el próximo mes de agosto el Gobierno podrá sancionar a los operadores que incumplan las normas comunitarias y estatales.

La norma de la UE es la primera del mundo, en contraste con la negativa del presidente de EEUU a regular esta materia, y establece obligaciones para proveedores y usuarios en función del riesgo de IA. El primer nivel es el “riesgo inaceptable” de IA que prohíbe expresamente “la manipulación cognitiva del comportamiento de personas o de grupos vulnerables específicos: por ejemplo, juguetes activados por voz que fomentan comportamientos peligrosos en los niños; la puntuación social: clasificación de personas en función de su comportamiento, estatus socioeconómico o características personales, y los sistemas de identificación biométrica en tiempo real y a distancia, como el reconocimiento facial en espacios públicos (con excepciones policíacas cuando se trate de evitar un delito y previa autorización judicial).

El reglamento contempla el “alto riesgo” general para la integridad de las personas por la IA en coches, aviones, ascensores, etcétera, y el “alto riesgo específico”, en ocho categorías, incluyendo el empleo, la gestión de trabajadores, de inmigrantes y exiliados, entre otras materias. Y exige que todos los sistemas de IA de alto riesgo sean evaluados antes de su comercialización y a lo largo de su ciclo de vida. Los ciudadanos y ciudadanas tendrán derecho a presentar reclamaciones sobre los sistemas de IA a autoridades nacionales específicas. Por último exige unos “requisitos de transparencia” ineludibles. Por ejemplo, la IA generativa, como ChatGPT, no se considera de alto riesgo, pero ha de cumplir las exigencias de transparencia en relación con los derechos de autor en la UE.

Por otra parte España ha sido elegida por Naciones Unidas como sede del llamado Laboratorio de Gobernanza de la IA para la Humanidad. Este organismo, dirigido por la ingeniera española Ana García Robles y radicado en Valencia, echó a andar en mayo pasado con la función de reforzar el diálogo global y las alianzas de gobiernos, empresas, comunidad científica y sociedad civil para contribuir al desarrollo y uso de la IA con criterios de seguridad, confiabilidad, derechos humanos y desarrollo sostenible.

Lío en la derecha: Aznar corrige a Feijóo en beneficio de Ayuso y Vox

Luis Díez.

Aznar, Ayuso y Feijóo cuando se manifestaban contra la amnistía.

¿Qué le ocurre a Alberto Núñez Feijóo? ¿Las altas temperaturas le inducen a error? Las preguntas de algunos correligionarios suyos tienen sentido porque el presidente del principal partido de la derecha, el PP, ha incurrido en dos supuestos errores superlativos en menos de una semana. El primero ha sido el anuncio de “pasar página” del proceso independentista catalán para abrir un nuevo capítulo en las relaciones con Junts per Catalunya, la formación nacionalista de derechas que dirige desde “el exilio” en Waterloo Carles Puigdemont i Casamajó.

Feijóo cree que como hizo en 1996 el inefable José María Aznar López con Jordi Pujol i Soley también él podría llegar a un pacto de conveniencia con Puigdemont para alcanzar la jefatura del Gobierno sin tener que meter en el Ejecutivo al ultraderechista Santiago Abascal Conde y sus elementos patógenos. Al mismo tiempo, PP catalán ayudaría al dirigente que no se peina a retornar a la presidencia de la Generalitat que ocupó en 2016 y 2017 hasta el referendo y la huida.

El ayudante de Feijóo en el PP, el rollizo Miguel Tellado Filgueira prorrumpió días atrás en una entrevista en la Cadena Ser: “Lo que sucedió en Cataluña en el 2017 sucedió en 2017. No se esperará que sigamos pensando exactamente lo mismo. Hoy la amenaza no es el secesionismo, es la permanencia en el Gobierno de una especie de organización criminal”.

Hombre, designar como “organización criminal” al Gobierno español que preside el prestigioso y no menos correoso Pedro Sánchez Pérez-Castejón, un demócrata de talla que ha concitado el odio de poderes rancios, fácticos, togados y sin togar por aplacar las tendencias separatistas en Cataluña y restaurar la convivencia y el diálogo con los indultos y la amnistía, no deja de ser una estupidez superlativa e impropia de alguien que aspira a gobernar. Pero al margen de esa máquina expendedora de detritus, las palabras de su jefe Feijóo no parece que impresionen a Puigdemont, quien vive pendiente del fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) previsto para el día 16 sobre el alcance de la ley de amnistía. Entre otras cosas, el TJUE dirá si el delito de malversación que se atribuye al expresident y a los dos exconsellers Lluís Puig y Toni Comín –que también residen fuera de España– puede ser anulado por la amnistía.

Más allá de la sentencia y de que Puigdemont regrese o no, la táctica de Feijóo ha excitado sobremanera al señor Aznar, quien considera errático contar con los sucesores de Pujol y Convergencia Democrática de Cataluña para llegar a la Moncloa. “La mayoría será nacional o no será”, ha sentenciado entre aplausos de la presidenta autonómica madrileña Isabel Díaz Ayuso y de su mamá política, Esperanza Aguirre, quien siempre ha abogado por el entendimiento con Abascal, al que llama “Santi”. Queda claro que lo “nacional” ha de ser neto, absoluto, sin sombra de acuerdo con los nacionalismos. Vox y punto. Y si no que le pregunten a Juanma Moreno Bonilla, el dirigente del PP andaluz que ha tenido que tragar con el programa de la ultraderecha y nombrar vicepresidente y tres consejeros voxidos para que le invistan presidente de la Junta y seguir gobernando.

El segundo error canicular de Feijóo –jaleado en esta materia por la madrileña Ayuso– ha consistido en secundar el mensaje de Vox sobre el pucherazo electoral que prepara el Gobierno gracias a la concesión de la nacionalidad española a los nietos de los exiliados que la han solicitado. Conviene aclarar que la Ley de Memoria Democrática, cuya disposición adicional octava reconoce ese derecho, por lo que recibió el nombre de ley de nietos, fue aprobada en 2022 y que hasta el momento se han registrado unas 300.000 concesiones de nacionalidad por derecho de sangre. Pero, según Feijóo, el Gobierno va a hacer “ingeniería electoral” para dar un pucherazo en las próximas elecciones. El líder del PP no sólo ha asumido el mensaje de la ultraderecha española sino que ya quiere ser como Trump.

Cierto es que Feijóo prometió en Buenos Aires, siendo presidente de la Xunta de Galicia, extender la ley de nietos a los inmigrantes por motivos económicos y no sólo a los descendientes de los exiliados republicanos. Pero ahora, cuando el ministro Oscar Puente, se lo ha recordado en las redes sociales, ha sustituido los términos “ingeniería electoral” por “ingeniería social”, aunque sin renunciar a la sospecha sobre la falta de limpieza del sistema electoral: “Estoy convencido de que esta ingeniería social no tiene objetivos inocentes”, ha proclamado.

Puesto que la memoria es frágil, habrá que recordar a los dirigentes y gobernantes del PP-VOX que los requisitos para garantizar la limpieza del voto exterior se endurecieron extraordinariamente después de las trampas realizadas por el PP en 1999 en Baleares. Un año antes de las elecciones, el entonces presidente autonómico, Jaume Matas y su consejera de presidencia, Rosa Estarás, visitaron Argentina. A partir de ahí comenzó la “ingeniería electoral” consistente en censar a cientos de argentinos en distintos municipios de Mallorca e introducir sus votos por correo. Las denuncias realizadas en Formentera por la Colición de Organizaciones Progresistas (COP) revelaron la inscripción de 74 emigrantes en Argentina. Demasiados para una isla tan pequeña. Ninguno de ellos conocía la isla ni tenía relación alguna con el entonces conocido como “feudo” de Abel Matutes, exministro de Exteriores con Adolfo Suárez y después prohombre del PP. “Me han preparado el voto”, “he votado al PP”, “solo conozco a Jaume Matas”, decían a los periodistas algunos electores. Tras las elecciones del 13 de junio de 1999 la COP, que ganó en Formentera pudo comprobar que de los 74 censados en Formentera, 72 votaron al PP.

Aznar con Jaume Matas, al que hizo ministro pese a estar acusado de pucherazo en Baleares

La fiscalía anunció la acusación por supuesto fraude electoral. Pero el Tribunal Supremo decidió el 11 de octubre de 2002 no citar a Matas, convertido en ministro de Medio Ambiente de Aznar, ni a Rosa Estarás, diputada en el Congreso. Los dos eran aforados. Los “responsables intermedios” fueron exonerados en julio de 2005. El efecto del pucherazo fue la revisión de las normas electorales por una comisión parlamentaria, lo que complicó los trámites para votar.

Uno de los acusados intermedios, el senador José Juan Cardona, ocupó el cargo de Consejero de Comercio e Industria de Baleares de 2003 a 2007 con Matas como presidente autonómico. Acabó condenado a 16 años de cárcel por el saqueo de 8,27 millones de euros. Ingresó en prisión en julio de 2013. El Supremo ratificó la condena en 2016, convirtiendo a ese Cardona en el político más castigado por los jueces hasta la reciente condena a 24 años de prisión al exsecretario de organización del PSOE y exministro de Transportes y Obras Públicas, José Luis Ábalos, por el caso de las mascarillas, del que el delincuente Víctor Aldama se embolsó 3,5 millones de euros. La sentencia del Supremo le exime de entrar en prisión y de devolver el botín.