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USA monta un despliegue aeronaval contra Cuba

Luis Díez.

Los cubanos no se asustan fácilmente. Su historia de sacrificios, luchas y privaciones desde hace siglo y medio los configura como un pueblo ajeno al miedo, lo cual no quiere decir que no estén hartos, cansados, de sufrir penurias y calamidades para mantener su independencia –errores incluidos– frente a los Estados Unidos (EEUU). Pero después de décadas de bloqueo y de apretarles las tuercas para rendirlos por hambre y asfixiarlos con la carencia de bienes básicos como el combustible, la energía eléctrica, los fármacos, los alimentos y las herramientas de importación, el matón de la Casa Blanca intenta finalmente amedrentarlos con la presencia del portaaviones USS Nimitz y su grupo de combate ante la isla.

La llegada del monstruoso artefacto naval de propulsión nuclear al mar Caribe fue anunciada el miércoles desde Washington. El viejo portaaviones (en servicio desde 1975) con el apellido del destacado almirante en la Segunda Guerra Mundial Chester Nimitz es una de las mayores plataformas de combate del mundo. Tiene capacidad para llevar sesenta aeronaves: cazas, helicópteros y seis aviones de vigilancia y guerra electrónica. Además de la cobertura submarina, el Nimitz y sus fragatas navegan con el buque de apoyo logístico Patuxent y el destructor con misiles guiados Gridley.

La presencia del grupo de combate, amenazando con un baño de sangre a los cubanos si sus gobernantes –empezando por el presidente Miguel Díaz-Canel– no abandonan el poder y desaparecen como les exige el matón de la Casa Blanca, recuerda el despliegue del portaaviones Gerald Ford que acabó el 3 de enero con el asalto a Caracas y la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, encarcelado en Nueva York. Aquella exitosa operación en la que mataron a los guardianes (cubanos) de la residencia de Maduro, lleva ahora al belicoso Donald Trump y a su gomoso secretario de Guerra Peter Hegseth –jefe de pelotón que practicó y defendió en Guantánamo las torturas a los prisioneros– a repetir la estratagema.

De ahí que el despliegue aeronaval frente a la perla de las Antillas haya ido precedido de la visita a la isla del jefe de la CIA. John Ratcliffe, que así se llama el personaje, transmitió a los interlocutores en La Habana la orden de cerrar las estaciones de espionaje rusas y chinas y, según Ther New York Times, reiteró la exigencia de la apertura de la economía, paso obligado para la instauración de un régimen de libre mercado con democracia política.

El anuncio de la fuerza se hizo coincidir con el desplazamiento del fiscal general interino, Todd Blanche, a Miami para anunciar la imputación criminal de Raúl Castro en el derribo de dos avionetas de los llamados “Hermanos al Rescate” cuando volaban sobre el mar en aguas internacionales en busca de balseros a la deriva. El hermano de Fidel era entonces (1996) ministro de defensa y responsable de que un MiG de la Fuerza Aerea Cubana ametrallara y derribara las Cesnas, provocando la muerte de cuatro personas: un cubano exiliado y tres estadounidenses.

Aunque Cuba alegó que esa avioneta había violado el espacio aéreo cubano en ocasiones anteriores para lanzar pasquines de propaganda, el episodio soliviantó al entonces presidente Bill Clinton, quien abandonó la esperanza de liberalizar las relaciones con La Habana y calificó los derribos de “espantoso recordatorio de la naturaleza del régimen cubano: represivo, violento y desdeñoso del derecho internacional”. Algo parecido podría decir hoy del archimillonario que preside su país, un tipo al que en vano han querido alojar una bala donde otros tienen el cerebro.

Clinton retiró entonces el veto de los demócratas a la conocida como ley Helms-Burton, que llevaba muchos años bloqueada en el Congreso y condicionaba la retirada del bloqueo a que Cuba renunciase al comunismo y devolviera las propiedades confiscadas tras el triunfo de la revolución de Castro y el Che en 1959 a sus propietarios y herederos. La ley Helms-Burton fue aprobada enseguida, el 12 de marzo de 1996.

Raúl Castro, de 94 años, en su última aparición el 1º de Mayo de 2025

Pero había que hacer justicia. Y el miércoles pasado, la oposición cubana residente en Miami brincó de alegría cuando el fiscal Blanche, acompañado por el subdirector del FBI, Christopher G. Raia, anunciaba el procesamiento de Raúl por aquellos crímenes. La fecha (20 de mayo) era significativa por cumplirse el 124 aniversario del reconocimiento de la independencia de Cuba por parte de EEUU en 1902, tras la retirada de España y el hundimiento del Cervera (buque insignia) y otros navíos de la flota española. El lugar, simbólico: la Torre de la Libertad, punto de llegada de muchos cubanos a Estados Unidos. Y los gritos reclamando la pena máxima, dignos de tener en cuenta:¡Ejecútenlo!

¿Qué ocurrirá ahora? ¿Realizarán los gringos una operación quirúrgica de comando para secuestrar a Castro y al presidente sucesor Díaz-Canel y someterlos a la justicia de Miami como están haciendo con Maduro en Nueva York? ¿Lanzarán misiles sobre Cuba? Segundas partes nunca fueron buenas, aunque en este caso puedan distraer del fracaso y el daño que a su país y al conjunto de las naciones están provocando Trump y su amigo Netanyahu con su guerra contra Irán y Líbano, seguida del bloqueo petrolero del estrecho de Ormuz. En cuanto a Castro, al que se atribuye el control de una red financiera oculta, las últimas informaciones fiables indican que ni siquiera hará falta condenar al comunista a la pena capital, pues a punto de cumplir 95 años apenas ve ni habla ni oye: está gagá.

Entre tanto no hay más que leer lo que escribieron el 12 de mayo en The New York Times los miembros de la Cámara de Representantes Pramila Jayapal (de Washinton) y Jonathan L. Jackson (de Illinois) tras una visita a La Habana, de la que volvieron impresionados. Decían: “Alejandro, un bebé prematuro nacido en el hospital materno Eusebio Hernández Pérez de La Habana, pesaba solo un kilo cuando lo conocimos en abril. Lo observamos mientras estaba en una incubadora, una de las pocas del edificio cuyos delicados componentes electrónicos no habían resultado dañados por las variaciones de voltaje que siguen a los apagones nacionales. Las amplias sanciones impuestas por Estados Unidos hacen casi imposible importar piezas de repuesto para las demás incubadoras averiadas”.

“Mientras recorríamos el hospital, vimos a mujeres en los últimos días de su embarazo subiendo con dificultad los tramos de escaleras porque los ascensores no funcionan sin electricidad. El personal del hospital se esfuerza por llegar al trabajo sin combustible en sus coches. Durante los apagones, los médicos a veces tienen que bombear manualmente los ventiladores para mantener con vida a los bebés. Dicen que el hospital ha logrado evitar un aumento de la mortalidad infantil en los últimos meses, pero otros centros del país no han tenido tanta suerte. De 2018 a 2025, a medida que las sanciones estadounidenses se volvían más severas, la tasa de mortalidad infantil de Cuba, que antes era bastante baja, se disparó un 148 por ciento”.

“Como miembros de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, pasamos cinco días en Cuba en abril para comprender mejor las repercusiones humanitarias del bloqueo energético estadounidense contra la isla, que duró un mes. Salimos impresionados por los efectos inhumanos de la política, cuyo objetivo parece ser estrangular la economía hasta llevar al pueblo cubano a la ruina y dejar al país disponible, como dijo el presidente Donald Trump, para la “toma”.

Después de referirse a la excepción del petrolero ruso que la fuerza naval USA dejó pasar y llevó combustible para dos semanas, escribieron: “Si el pueblo estadounidense conociera en toda su magnitud lo que realmente pasa en Cuba, exigiría el fin inmediato del bloqueo”.

Para los dos congresistas demócratas, el bloqueo de combustible desafía las normas del derecho internacional que establece la soberanía de los Estados, la no intervención en los asuntos internos y el derecho de los países a comerciar libremente. “Equivale a un ataque económico a la infraestructura básica de Cuba, diseñado para infligir un castigo colectivo a la población civil al fabricar una crisis humanitaria en la que ya no se dispone de atención médica, agua corriente, agricultura ni transporte”.

Finalmente, tras referir los beneficios de todo tipo que de la cooperación entre Cuba y EEUU se derivarían –singularmente en el plano sanitario–, deploran la frustración de los más de 2100 presos políticos cubanos que esperaban la liberación anunciada por Díaz-Canel y, al parecer, frustrada por los planes y exigencias de un matón con todo el poder en Washington, aunque encefalíticamente incapacitado para entender la realidad.