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Trump y Netanyahu abren las puertas del infierno

Luis Díez.

Así quedó el Alcazar presidencial en Teherán, tras ser bombardeado el sábado. Murieron el ayatola Jamenei y más de cuarenta altos cargos del régimen teocrático iraní.

Conviene no olvidar quien empezó esta guerra. Donald Trump y su amigo Benjamín Netanyahu, un tipo acusado de genocidio contra el pueblo palestino, abrieron el sábado, 28 de febrero, las puertas del infierno al atacar con misiles y aviones la capital de Irán y otros supuestos objetivos militares en varias ciudades de este inmenso país de cien millones de habitantes. El duo belicoso inició así una guerra ilegal, criminal y perjudicial para el conjunto de la humanidad, sin que el régimen iraní –la cruel teocracia de los ayatolas que masacra a su propio pueblo–, amenazase la seguridad y los intereses de los atacantes. Por el contrario, Irán negociaba en Ginebra con los representantes de EEUU los límites de su programa nuclear.

Ahora, cuatro días después, Trump y Netanyahu ya han matado a más de mil iraníes. Siguiendo con la secuencia, el presidente de EEUU y el primer ministro de Israel se apuntaron el “éxito” inicial de sus operaciones Furia Épica y Rugido del León, respectivamente, pues su lluvia de misiles guiados pulverizó con treinta bombazos el complejo amurallado o Alcázar presidencial en la zona noble de Teherán, matando a la primera autoridad religiosa, política y militar del país, el ayatola Alí Jamenei y a su esposa.

El líder chiita, considerado una auténtica bestia parda por los judíos de Israel, llevaba mucho tiempo bajo la lupa de los espías israelíes y cometió el error de convocar una reunión de altos funcionarios, incluidos los negociadores de Ginebra, en el Alcazar presidencial, adelantando el zafarrancho de combate. Murieron cuarenta y ocho, entre ellos, el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour, y el ministro de Defensa, Amari Nasirzadeh, a quien ya habían dado por muerto en los bombardeos de EEUU contra el programa nuclear iraní en junio pasado.

Ni que decir tiene que el campanudo Trump se reservó el anuncio de que habían liquidado al ayatola Jamanei. Un gran éxito. El domingo compareció eufórico en varias televisoras de su país. “Nuestros ataques han eliminado a 48 líderes del régimen teocrático”, dijo a Jacqui Heinrich, de Fox News. “La operación está avanzando, avanza rápidamente. Nadie puede creer el éxito que estamos teniendo”, añadió. En la CNBC reiteró su satisfacción porque la operación en Irán “avanza muy bien, muy bien, antes de lo previsto”. Trump recordó que estamos ante “un régimen muy violento, uno de los más violentos de la historia” y le dijo al presentador Joe Kernen: “Estamos haciendo nuestro trabajo no solo por nosotros, sino por el mundo”.

El matón de la Casa Blanca no tuvo una palabra de condolencia hacia las familias de las 180 niñas, maestras y cuidadoras asesinadas por el bombardeo de su escuela en la ciudad de Minab, al sur del Irán. El primer saldo que publicó la Media Luna Roja hablaba de “más de doscientos muertos” civiles. Hoy superan el millar de personas. Y Trump y Netanyahu se proponen seguir bombardeando Irán durante “al menos cuatro o cinco semanas”, según dijo el martes el matón de la Casa Blanca. Su afirmación inicial de que “hacemos nuestro trabajo por (el bien) del mundo”, es rigurosamente falsa. Nadie, salvo Netanyahu, le había pedido la intervención militar contra Irán.

El relato de Trump para justificar su decisión de iniciar la guerra contra Irán con el despliegue de su “hermosa armada” en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo Oriental (50.000 soldados, 200 aviones, 2 portaaviones…, la mayor demostración de fuerza desde la guerra de Irak en 2003) convierte en mentira su promesa al pueblo estadounidense de no ir a la guerra en el extranjero. Como recordaba el corresponsal de Le Monde en Washinton, Piotr Smolar, “Trump basó su carrera política en el rechazo a las costosas e interminables aventuras militares en el extranjero y acaba de sumir a Estados Unidos y Oriente Medio en el caos”.

Portaviones de EEUU en pleno zafarrancho de bombardeo a Irán con cazabombardeos F-18E

Los ataques de Trump y Netanyahu contra Irán vulneran la legalidad internacional. Antes de que lo denunciara el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y otros mandatarios europeos, lo destacaron varios representantes políticos en EEUU. En Reino Unido, cuyo primer ministro negó permiso para utilizar la isla de Diego García como punto de apoyo aeronaval en el Índico a esta contienda, el analista del Guardian Julián Borger destacó que Trump “viola la carta de la ONU apenas diez días después de iniciar su era en la Junta de la Paz”. El 19 de febrero organizó la reunión inaugural de su Junta de Paz, a la que asistieron representantes de 27 estados dispares, en su mayoría autocracias, y el 28 del mismo mes olvidó los elogios que le dispensaron como “gran pacificador” y comenzó la primera guerra de la era de la Junta de Paz.

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, condenó la “escalada militar en Oriente Próximo”, tanto por el “uso de la fuerza por parte de EE UU e Israel contra Irán” como por la “represalia subsiguiente de Irán en toda la región”, puesto que ambas cosas “socavan la paz y la seguridad internacionales”. Pidió el “cese inmediato” de las hostilidades y que “todos los Estados miembros de la ONU respeten sus obligaciones en el marco de la legalidad internacional” y recordó que “la Carta de Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial y la independencia de cualquier Estado”.

La Unión Europea (UE) exigió el “pleno respeto del derecho internacional” a EEUU e Israel en un comunicado conjunto emitido por sus dos máximas autoridades, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. En un texto que no citó a los atacantes, instó a todas las partes a que ejerzan la máxima moderación, protejan a los civiles y a respetar las normas de la comunidad internacional. “Reafirmamos nuestro firme compromiso de salvaguardar la seguridad y la estabilidad regionales, garantizar la seguridad nuclear y prevenir cualquier acción que pueda intensificar aún más las tensiones o socavar el régimen mundial de no proliferación”. La alta representante Kaja Kallas recordó que la UE ha adoptado “fuertes sanciones” contra Irán.

Aparte las múltiples manifestaciones de rechazo al ataque y las advertencias a Irán para que no extienda el conflicto, atacando a su vez a otros países de la zona como está haciendo con misiles y drones contra las ciudades de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, y Arabia Saudita en el Golfo Pérsico, la acción militar unilateral de Netanyahu y Trump ha puesto en riesgo la vida de decenas de miles de ciudadanos, entre los que se cuentan más de 30.000 españoles. La Gaceta del Golfo, único periódico en castellano en los Emiratos publicó todas las advertencias de las embajadas españolas a nuestros connacionales, muchos de ellos afectados por el cierre del espacio aéreo.

Proyectiles a bordo de uno de los dos portaviones enviados por Trump a bombardear Irán

En Ras al Jaima, Dubai y Abu Dabi residen y trabajan unos 7.000 españoles, incluido Juan Carlos I de Borbón, que no trabaja porque está jubilado. En Qatar, Kuwait y Arabia Saudita se cuentan más de tres mil residentes españoles, en Israel unos 7.500. A ellos se han de añadir varios cientos en Palestina, Líbano y el propio Irán junto con los mil soldados españoles desplegados como cascos azules de la ONU entre Líbano e Israel. A nadie puede extrañar que tras los primeros bombazos, el presidente Sánchez saliera a la palestra exigiendo “la desescalada inmediata y el pleno respeto al derecho internacional”. Sánchez fue claro: “Rechazamos la acción militar unilateral de EEUU e Israel, que supone una escalada y contribuye a un orden internacional más incierto y hostil. Rechazamos igualmente las acciones del régimen iraní y de la Guardia Revolucionaria. No podemos permitirnos otra guerra prolongada y devastadora en Oriente Medio”, escribió.

La respuesta de Irán tratando de incendiar el Golfo Pérsico, anunciando el cierre del Estrecho de Ormuz –por el que sale el 20% del petroleo que se consume en el mundo– y lanzando misiles no solo contra Tel Aviv y otras ciudades israelíes, sino contra Chipre, país de la UE, donde Reino Unido posee un aeródromo y una pequeña colonia en el molar sur de Akrotiri, motivaron la consiguiente advertencia común de Reino Unidos, Francia y Alemania a los jefes militares de Irán. Y lo más importante es que dieron la oportunidad al presidente francés, Emmanuel Macrón, de ofrecer su fuerza nuclear, reforzada en un futuro, al conjunto de países europeos, habida cuenta de la deriva belicosa del presidente de EEUU, sin contar con los aliados de la OTAN y poniendo en riego sus intereses de todo tipo.

Macrón no dudó en acudir el lunes a la base secreta de submarinos nucleares (Marina de Ile Longue en Crozon) y realizar su oferta de cobertura nuclear al conjunto de los países europeos. Lo hizo en una comparecencia delante del submarino nuclear Le Temeraire. El presidente francés apuesta por una estrategia de disuasión nuclear estrechamente ligada a sus socios europeos, con una coordinación sin precedentes sobre cualquier decisión de ataque. Dijo que este planteamiento es crucial para la autonomía estratégica del continente y citó algunos países con los que ha iniciado conversaciones, entre ellos, Reino Unido, Alemania y Dinamarca.

La Cumbre del Clima en Brasil se enfrenta a las mentiras de Trump y los negacionistas

Luis Díez

Toda la panoplia de falacias gebelianas y más está siendo empleada por farsantes de la dialéctica y la comunicación social, agitadores baratos, políticos botarates y atolondrados seguidores del mismísimo presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, para negar las evidencias del cambio climático y los efectos desastrosos de la contaminación y el calentamiento del planeta. Toda esa endiablada red de mentirosos quieren aplicarnos la “política del champiñón”, consistente en mantenernos a oscuras y suministrarnos mierda, para que no pidamos cuentas sobre el constante atentado contra el medio ambiente de su industria basada en energías fósiles y sobre su rapiña y falta de compromiso con el futuro y las generaciones más jóvenes. El negacionista Trump ha llegado a sostener que los esfuerzos para reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero son “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo”.

Esa afirmación proferida en septiembre pasado ante la Asamblea General de la ONU por el experto estafador Trump cayó como un escupitajo ante los mandatarios allí presentes de países de Polinesia y Micronesia que se están hundiendo por la subida del mar provocada por la liquidación progresiva de los polos. Pero además de asombro, provocó una seria reflexión sobre la necesidad de defender la verdad científica acerca del clima y la conveniencia de plantar cara a las mentiras de políticos y medios de comunicación más o menos corruptos y reaccionarios y siempre financiados por las empresas y corporaciones más sucias y voraces del capitalismo rampante.

Así que ahora, en Belém (Brasil), en la cumbre climática de la ONU, la COP30, se está abordando también el fenómeno de la desinformación y la intoxicación no con gases, aguas ni alimentos contaminados, sino con mentiras. Cuenta Carlos Meneses, de la Agencia EFE, que la propia COP30 ha sido víctima de noticias falsas en los meses previos y en su apertura. La narrativa toxica y las mentiras fueron denunciadas en la cumbre de líderes que precedió a la inauguración de la Conferencia. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el francés Emmanuel Macron denunciaron la ola de ‘fake news’ en torno a las discusiones sobre el calentamiento global.

Ya en el marco negociador, esta semana , unas cuatrocientas organizaciones lanzaron una carta abierta exigiendo a los gobiernos “medidas ambiciosas, robustas y vinculantes” contra esta lacra, las mentiras. De momento, un grupo de países europeos y americanos, entre los que se encuentran Brasil, Chile, Uruguay, Alemania, Francia y España, se han sumado a una declaración para promover la “integridad de la información climática”. Y también en el marco de la Conferencia, la sociedad civil brasileña ha presentado el “Diccionario de la mentira”.

Conviene saber que según ese diccionario, las mentiras pueden adquirir forma de “ataque directo” a personas e instituciones para socavar su credibilidad. Es la forma más usada por el negacionista mayor, míster Trump, en sus airados y teatrales monólogos. Luego está el llamado “greenwashing” o lavado en verde, una técnica de las empresas para simular más respeto al medio ambiente del que en realidad practican. También el “woke-washing” de determinadas compañías cuando simulan compartir causas y términos progresistas para maquillar el impacto sucio y contaminante de sus actividades lucraticas.

A esas técnicas de la mentira hay que añadir el llamado “astroturfing”o creación de organizaciones y fundaciones patrocinadas por empresas contaminantes; la “retórica anticiencia” mediante el uso de especialistas falsos o comprados para difundir teorías conspiranoicas capaces de hacer creer que el CO2 es saludable para los pulmones y fortalece a la especie humana. Y, por supuesto, “los lobbys” del petrolero y demás fuentes de energía fósil, muy contaminante, y “la propaganda” de políticos engrasados para que se asuman los argumentos negacionistas del cambio climático y se incorporen a los idearios y programas de los partidos políticos.

La finalidad de las mentiras y la desinformación sobre las causas científicamente demostradas del calentamiento global y el cambio climático, con sus efectos desastrosos, es mantener e incluso fortalecer el statu quo de la industria de los combustibles fósiles. En EEUU, por ejemplo, la patronal petrolera y carbonera pretende un nivel de protección federal equiparable a la industria del armamento, lo que supone un tratamiento legal de “sector estratégico”. Lo peor para el planeta Tierra es que con Trump en la mutilada Casa Blanca están a punto de conseguirlo.

Por seguir con el ejemplo del Trump que hace diez meses retiró por segunda vez la firma de los Acuerdos de París de 2015 contra el cambio climático y que ha disuelto los comités científicos y eliminado la división de la NASA dedicada detectar y evaluar las emisiones con efecto invernadero, al tiempo que en agosto pasado suprimió la medición y consiguiente limitación nacional de las emisiones de anhídrido carbónico por parte de la Agencia de Protección Ambiental (“La EPA cero o EPA de Trump” llamanle ahora), su negativa a dar la cara en Brasil parece debida a la evidencia de sus mentiras y la carencia de otros argumentos para justificar la insolidaridad y el daño de EEUU al planeta al no limitar sus emisiones.

Su argumento ante la Asamblea General de la ONU fue: “Todas estas predicciones hechas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por razones erróneas, estaban equivocadas. Fueron hechas por personas estúpidas que han costado fortunas a sus países y no han dado a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar”. Pues bien, esa mentira en tono bronco del negacionista jefe ni se tenía ni se tiene de pie. Basta comprobar que las emisiones netas de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) de los 27 países de la Unión Europea (UE) fueron en 2023 un 37% inferiores a las de 1990 –se redujeron de 4.872,5 millones de toneladas en 1990 a 3.160 en 2023– mientras el PIB aumentó un 68%, lo que demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico.

La pregunta es si Trump miente para asustar y desacreditar a científicos y gobernantes serios y honrados o lo hace para no pagar por ser el segundo emisor mundial de malos humos, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, –más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta–, solo aventajado por China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34% mundial), y seguido por la UE (3.160 millones de toneladas) Índia (2.955) y Rusia (2.015). Y la respuesta más simple es que está convencido de que la emergencia climática no afecta a su país o le importa un bledo y además miente porque puede, pues por algo es presidente de la primera potencia militar del mundo.

Entre tanto, resulta esperanzador que China vaya comprendiendo la necesidad de reducir las energías fósiles y aceptando el concepto de “crecimiento sostenible”. En ese sentido cabe señalar que su exportación de componentes para la producción de energía limpia (aérea, solar e hidráulica) ya supera los ingresos que obtiene EEUU por la venta de petróleo. Y eso contando los dividendos suplementarios del suministro a la UE tras el corte al petróleo ruso para sancionar al criminal del Kremlin por la invasión militar de Ucrania.

La delegación europea participa desde el lunes hasta el viernes en la cumbre climática de Brasil con la con la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo de reducir las emisiones contaminantes un 90% hasta el año 2040. La cifra de referencia siguen siendo las 4.872,5 millones de toneladas emitidas por la UE el año 1990 y ya reducidas a 3.160 millones de toneladas en 2023. El pleno parlamentario aprobó el compromiso por 379 votos a favor, 248 en contra y 10 abstenciones. El PP español que lidera Feijóo y gobierna en las tres autonomías más dañadas el último año por desastres acentuados por el cambio climático –inundaciones mortales en la Comunidad Valenciana (foto) y enormes incendios, también con pérdida de vidas, en Galicia y Castilla y León– se desmarcó de los conservadores europeos y votó con la extrema derecha contra la reducción de las emisiones.

El objetivo de la UE es conseguir la “neutralidad climática” en 2050. Se trata además de “una obligación legal para todos los Estados miembros”, establecida en la Ley del Clima que ahora incorporará la enmienda sobre los objetivos intermedios y vinculantes para 2040 y el examen cada dos años del cumplimiento del objetivo. La norma también incluye la obligación de reducir, como mínimo, un 55% las emisiones netas de gases de efecto invernadero en la UE para 2030 respecto a 1990. Cierto es que con planteamientos políticos tan negativos y negacionistas como los del PP, abrazado a la ultraderecha, la recuperación de la salud del planeta sería imposible. Y las sequías, hambrunas e inundaciones provocarán más de lo que esas fuerzas falsarias y reaccionarias detestan: inmigración de millones de personas pobres en busca de un medio de supervivencia.