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«Tiro en la nuca»

Manifestación de nazi-fascistas por el centro de Madrid

Luis Díez.

Quienes están empeñados en acabar con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sea como sea, han demostrado que la liquidación física, el “tiro en la nuca”, también les vale. El asunto es muy grave porque revela el máximo desprecio a la democracia y los derechos humanos por parte de unos actores políticos que se benefician de la democracia, cobran del erario público, gozan de protección especial o aforamiento frente a la justicia ordinaria y ejercen un magisterio y una influencia que debiendo de ser ejemplar es nefasta.

La secuencia ya es conocida. Unos fachas de la Falange (el partido único de Franco, fundado por José Antonio Primo de Rivera) protagonizan una manifestación por el centro de Madrid contra la Constitución y la democracia. La convocatoria lleva el lema Contra el genocidio del 78, en referencia al año en que se aprobó la Constitución. La Delegación del Gobierno, de la que es titular Francisco Martín Aguirre, no autorizó la marcha, pero los nazi-fascistas apelaron al Tribunal Superior de Justicia y obtuvieron autorización.

Así que unos setecientos fachas del mencionado partido franquista y otros correligionarios de ultraderecha se congregan en la calle de Génova y recorren los bulevares hasta la confluencia de Marqués de Urquijo con Ferraz la tarde-noche del sábado 21 de noviembre. Se ve que un día después de conmemorar con cánticos y misas el 50º aniversario de la muerte del general Franco, el tipo que encabezó el golpe de Estado contra la democracia de la II República y alcanzó el poder con la ayuda de Hitler y Mussolini sobre una montaña de muertos, se hallaban tan henchidos de amor patrio que si no clamaban contra los “enemigos de España” –rojos, inmigrantes, feministas, verdes…– reventaban.

Al llegar a Ferraz, junto a la sede del PSOE arrecian sus gritos “¡Pedro Sánchez, tiro en la nuca!” “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!” Esta última es la frase que tanto gusta a los del PP desde que la novia del defraudador fiscal confeso tras la mordida de dos millones de euros en mascarillas, Alberto González Amador, la vocalizó en la tribuna de invitados del Congreso y que luego sus arúspices disfrazaron de “me gusta la fruta”. Por lo demás, tampoco era la primera vez que pedían la liquidación física del presidente Sánchez, pues ya los activistas de Vox habían hecho vudú en el mismo lugar, destrozado a estacazos un muñeco colgado que representaba al dirigente socialista.

La apelación al asesinato de Sánchez, aunque de forma menos directa, fue también proferida por el secretario general del PP, Miguel Tellado, cuando dijo a la vuelta de sus vacaciones, en septiembre pasado, que ya estaban “cavando la fosa”para él. Casi al mismo tiempo aparecía Alberto Núñez Feijóo coreando en un karaoke el famoso “hijo de puta” contra el jefe del Ejecutivo. Por cierto que Tellado, muy sensible ante el asesinato del influencer estadounidense Charlie Kirk, un machista reaccionario, valedor y amigo de Trump, se apresuró a decir que el asesino era de izquierdas y preguntó qué pasaría aquí en un supuesto a la inversa. Aunque luego resultara que el tirador no era precisamente de izquierdas, vale preguntar por qué tanta precipitación en trasladar a España un acto similar.

Con un magisterio político tan cortés, respetoso y educado como el de los dirigentes del principal partido de la derecha, a nadie puede extrañar que salten aquí y allá afirmaciones como la de Laura del Río, exalcaldesa y actual concejala de Gomezserracín (Segovia), quien ya anticipó el 18 de noviembre de 2023 que Pedro Sánchez “se merece un tiro en la nuca”. Ese día era sábado, el inefable Aznar López acababa de afirmar que «Sánchez es un peligro para la democracia” y el PP celebraba una gran manifestación en Madrid contra la amnistía de los implicados de un modo u otro en el proceso independentista catalán. Dos días antes, la mayoría del Congreso de los Diputados había investido al dirigente socialista como presidente del Gobierno.

Pero la siembra del odio, la apelación al asesinato del adversario, se puede situar varios años antes, con el mencionado señor Aznar al frente de una manifestación por el barrio de los ricos (distrito de Salamanca) contra el entonces presidente del Gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, por intentar convencer a los cabecillas de ETA de que aceptasen la democracia y renunciaran a los secuestros, atentados y tiros en la nuca, precisamente. Era el año 2006 y los seguidores del expresidente Aznar y su sucesor Rajoy reclamaban el fusilamiento de Zapatero coreando: “Con Zapatero, como con su abuelo”. El abuelo paterno, Juan Rodríguez Lozano, era capitán del Ejército y fue fusilado por sus colegas golpistas el 18 de agosto de 1936 en Puente Castro, a las afueras de la ciudad de León, por no sumarse al golpe de Estado.

A pesar de ese bagaje, los socialistas esperaban que el pleno del Senado emitiese esta semana una condena expresa de las amenazas de muerte contra Pedro Sánchez. Pero PP y Vox, que tienen mayoría absoluta en la Cámara Alta, se negaron a suscribir la declaración institucional. El texto atribuía las amenazas al “clima de odio impulsado desde la ultraderecha y animado y beneficiado por clamoroso silencio de quienes deberían sumarse a su condena de manera rotunda”. Advertía sobre “la violencia verbal, paso previo de la física” que sufren las sedes (pintadas con insultos y amenazas), los militantes y dirigentes del PSOE y de otras formaciones a su izquierda, y después de invocar los derechos humanos y los valores de la Constitución, terminaba conminando a las formaciones políticas a “no usar mensajes que promuevan el odio hacia los adversarios políticos” y a “expulsar del debate político el insulto y el odio en aras de reforzar nuestra convivencia y los valores democráticos”.

Contaba Eduardo Haro Tecglen en El refugio (Santillana, Suma de Letras, 2001) cómo Pilar Primo de Rivera había disparado desde su coche a una muchacha que volvía de su domingo en la Casa de Campo con un pañuelo rojo de pionera al cuello. Ni cincuenta años de democracia han diluido el odio de la derecha reaccionaria española contra los progresistas. La joven asesinada por aquella fascista furibunda a la que Franco nombró presidenta vitalicia de la Sección Femenina del Movimiento Nacional y el falangista surrealista Ernesto Giménez Caballero quiso casar con Hitler, quedó tendida en la acera de la calle Trafalgar y murió diez días después. Se llamaba Juanita Rico y era de aquellas Juventudes Socialista que engrosaron las filas del PCE.

¿Quién quiere volver a eso? Cuando hoy algunos líderes (conductores de masas) se callan ante los que vociferan odio y tiros en la nuca no es que otorguen, es que más que conductores son conducidos. Conviene prestar atención, pues muchos logros de la democracia, incluso aquellos que nos parecen incuestionables, como la abolición de la pena de muerte, el derecho a la sanidad y la educación públicas, a la pensión y al sufragio universal pueden derrumbarse como un castillo de naipes cuando, como escribe Ricardo Moreno Castillo, en su Breve tratado sobre la estupidez humana (Fórcola Ediciones, 2018), están a merced de cualquier botarate con capacidad de organización, facilidad para hacerse sitio en medios de comunicación y destreza para conseguir apoyos económicos y políticos.

Trump a una periodista: «¡Silencio, cerdita!»

Sobre estas líneas la periodista Catherine Lucey, a la que el presidente de EEUU insultó; la exMiss Alicia Machado, a la que también llamó «cerdita» hace 19 años. A la derecha el mandatario con su amigo el pederasta Epstein.

Luis Díez.

Aquel viernes, 14 de noviembre de 2025, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, viajaba abordo del Air Force One desde Washington a Florida para pasar el fin de semana en su mansión Mar-a-Lago. Faltaban tres minutos para las siete de la tarde, hora local, cuando estimó llegado el momento de echar alpiste a los pájaros, así que abrió la portañuela del departamento donde viajaban los periodistas y se sometió a sus preguntas. Enseguida la veterana Catherine Lucey, que antes cubría la información de la Casa Blanca para el para el Wall Street Journal y ahora para la agencia Bloomberg News, le preguntó si iba a publicar los archivos del caso Epstein.

“¡Silencio! ¡Silencio, cerdita!”, la conminó.

Ningún colega repitió la pregunta en señal de solidaridad ante el insulto machista en tono amenazante. Pero el comportamiento del preboste quedó grabado y saltó a las redes sociales en cuanto aterrizaron en Miami. Un portavoz de Bloomberg dijo que “nuestros periodistas en la Casa Blanca prestan un servicio público vital, haciendo preguntas sin miedo ni favoritismos”. Y dejó correr el asunto sin referirse a la humillación e intimidación sufrida por su reportera Lucey.

De antemano es conocida la catadura machista, cruel y abusona, del personaje –para regocijo o vergüenza de sus votantes–, aunque parece que en este caso el subconsciente le jugó una mala pasada, pues empleó el mismo insulto que utilizaba contra las jóvenes y adolescentes en los felices años noventa, cuando mantenía una sólida amistad con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.

En aquellos tiempos, el depravado Epstein –fue condenado por abuso sexual de menores en Miami en 2008, pero no cumplió ni un mes de prisión porque le concedieron el régimen abierto– se dedicaba a la administración de capitales y pasaba por ser un inversor multimillonario. Poseía una finca en en Miami Beach y la casa privada más grande de Manhattan, una vivienda de siete pisos en la que organizaba fiestas exclusivas (con jovencitas para ligar) para amigos y amigos de personas importantes, entre ellos, el constructor, hotelero, propietario de un gran casino y director del holding Trump Organización.

Entonces a Epstein le gusta decir que era un solitario, un hombre que jamás había probado el alcohol ni las drogas, y cuya vida nocturna distaba mucho de ser animada. Eso escribió en 2002 el reportero Landon Thomas Jr en un artículo de fondo para New York Magazine. “Sin embargo, si uno habla con Donald Trump, surge un Epstein completamente distinto”, añadió. “Conozco a Jeff desde hace quince años. Un tipo estupendo”, exclama Trump. “Es muy divertido estar con él. Incluso se dice que le gustan las mujeres guapas tanto como a mí, y muchas de ellas son bastante jóvenes. No cabe duda: Jeffrey disfruta de su vida social”.

Trump, que residía cerca de Epstein en Nueva York y en Nort Beach (Miami-Florida), conoció a la eslovena Melania, su tercera mujer, porque se la presentó el propio Epstein en una de sus fiestas. El actual presidente de EEUU contaba entonces entre sus negocios con la agencia de modelos P-Model Management y entre otras actividades lucrativas organizaba cada año los grandes concursos de belleza femenina Mis Universo, Miss Usa y Miss Teen Usa (éste último para adolescentes de 14 a 17 años).

Y sí, en su trato con las jóvenes, utilizaba el calificativo de “piggy”, cerdita, y si no que le pregunten a Alicia Machado, Miss Universo en 1996, y verán como la actriz, presentadora y productora audiovisual nacida en Venezuela y residente en Los Ángeles como ciudadana americana, les contesta: “Si, me llamaba Miss Piggi y me instaba a adelgazar”. ¡O tempora o mores!, que diría el elocuente Cicerón.

Claro que ahora que el Congreso de EEUU (la Cámara de representantes y el Senado) ha aprobado la ley que ordena la desclasificación de los documentos de la investigación del FBI sobre Epstein, Trump detesta que le pregunten sobre aquel depravado predador sexual que se suicido en la cárcel (versión oficial) en 2019 durante su primer mandato como presidente.

Trump prometió durante su campaña electoral, hace un año, que desclasificaría los documentos del caso Epstein si volvía a la Casa Blanca. Y consiguió volver, pero enseguida se negó a cumplir la promesa, escudándose en la afirmación de su fiscala general Pam Bondi de que la publicación afectaba a investigaciones en curso. Incluso el 14 de noviembre, antes de insultar a la periodista Lucey, escribió en su red social que “Epstein era demócrata y es el problema de los demócratas”. “Pregunten a Bill Clinton, Reid Hoffman y Larry Summers sobre Epstein, ellos lo saben todo sobre él, no pierdan el tiempo con Trump. ¡Tengo un país que dirigir!”

Así que el amigo y vecino del pederasta, aquel Tramp que le felicitaba su cincuenta cumpleaños con un dibujo (una silueta de mujer desnuda, varios mensajes y su firma a modo de Monte de Venus) y que aparece en los correos electrónicos hallados entre los 20.000 papeles que el delincuente sexual dejó a su albacea (un despacho de abogados) y acabaron en manos de la Cámara de representantes de EEUU, estaría protegiendo a determinados adversarios políticos al no desclasificar las investigaciones del caso Epstein.

Lo cierto es que el martes, 18 de noviembre del año en curso, demócratas y republicanos votaban en el Capitolio la ley que ordena la desclasificación de los papeles y obligaban a Trump a asumir su propio compromiso electoral. Casi al mismo tiempo el señor Summers, secretario del Tesoro con Clinton y director y profesor en Harvard, abandonaba sus cargos y se retiraba de sus actividades por el error, decía, de haber tratado con aquel pederasta.

Entre las víctimas de aquel canalla, María Farmer, la primera sobreviviente de los abusos que denunció a Epstein y a su exnovia Ghislaine Maxwell ante la policía, en 1996, lanzó un comunicado celebrando que “por fin el Congreso haya escuchado a las víctimas” después de “décadas de oscuridad” y de la “vista gorda de cinco gobiernos ante la enorme farsa de justicia”.

Pero cuidado, porque como informaba el periodista del New York Times Luke Broadwater, la firma de la ley que obliga a Trump a publicar los archivos sobre el delincuente sexual de marras, no garantiza la desclasificación de todas las pruebas, ya que contiene excepciones como la protección de investigaciones en curso. En ese sentido, el presidente, consciente de que iba a perder la votación –por lo que ordenó al Partido Republicano que se sumara a ella–, exigió al Departamento de Justicia que abriera una investigación sobre los prohombres del Partido Demócrata citados en los correos del pederasta y traficante sexual.

Además, Trump podrá retener los registros para preservar la identidad de las víctimas y aquellos que incluyan imágenes de abusos sexuales a menores o que sean confidenciales de otro modo. La legislación también permite retener archivos si pudieran poner en peligro una investigación federal en curso. En resumen, como decía el periodista Rafael Barret hace más de un siglo, “cuanto más grave es un asunto, más lo tapan”.

La Cumbre del Clima en Brasil se enfrenta a las mentiras de Trump y los negacionistas

Luis Díez

Toda la panoplia de falacias gebelianas y más está siendo empleada por farsantes de la dialéctica y la comunicación social, agitadores baratos, políticos botarates y atolondrados seguidores del mismísimo presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, para negar las evidencias del cambio climático y los efectos desastrosos de la contaminación y el calentamiento del planeta. Toda esa endiablada red de mentirosos quieren aplicarnos la “política del champiñón”, consistente en mantenernos a oscuras y suministrarnos mierda, para que no pidamos cuentas sobre el constante atentado contra el medio ambiente de su industria basada en energías fósiles y sobre su rapiña y falta de compromiso con el futuro y las generaciones más jóvenes. El negacionista Trump ha llegado a sostener que los esfuerzos para reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero son “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo”.

Esa afirmación proferida en septiembre pasado ante la Asamblea General de la ONU por el experto estafador Trump cayó como un escupitajo ante los mandatarios allí presentes de países de Polinesia y Micronesia que se están hundiendo por la subida del mar provocada por la liquidación progresiva de los polos. Pero además de asombro, provocó una seria reflexión sobre la necesidad de defender la verdad científica acerca del clima y la conveniencia de plantar cara a las mentiras de políticos y medios de comunicación más o menos corruptos y reaccionarios y siempre financiados por las empresas y corporaciones más sucias y voraces del capitalismo rampante.

Así que ahora, en Belém (Brasil), en la cumbre climática de la ONU, la COP30, se está abordando también el fenómeno de la desinformación y la intoxicación no con gases, aguas ni alimentos contaminados, sino con mentiras. Cuenta Carlos Meneses, de la Agencia EFE, que la propia COP30 ha sido víctima de noticias falsas en los meses previos y en su apertura. La narrativa toxica y las mentiras fueron denunciadas en la cumbre de líderes que precedió a la inauguración de la Conferencia. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el francés Emmanuel Macron denunciaron la ola de ‘fake news’ en torno a las discusiones sobre el calentamiento global.

Ya en el marco negociador, esta semana , unas cuatrocientas organizaciones lanzaron una carta abierta exigiendo a los gobiernos “medidas ambiciosas, robustas y vinculantes” contra esta lacra, las mentiras. De momento, un grupo de países europeos y americanos, entre los que se encuentran Brasil, Chile, Uruguay, Alemania, Francia y España, se han sumado a una declaración para promover la “integridad de la información climática”. Y también en el marco de la Conferencia, la sociedad civil brasileña ha presentado el “Diccionario de la mentira”.

Conviene saber que según ese diccionario, las mentiras pueden adquirir forma de “ataque directo” a personas e instituciones para socavar su credibilidad. Es la forma más usada por el negacionista mayor, míster Trump, en sus airados y teatrales monólogos. Luego está el llamado “greenwashing” o lavado en verde, una técnica de las empresas para simular más respeto al medio ambiente del que en realidad practican. También el “woke-washing” de determinadas compañías cuando simulan compartir causas y términos progresistas para maquillar el impacto sucio y contaminante de sus actividades lucraticas.

A esas técnicas de la mentira hay que añadir el llamado “astroturfing”o creación de organizaciones y fundaciones patrocinadas por empresas contaminantes; la “retórica anticiencia” mediante el uso de especialistas falsos o comprados para difundir teorías conspiranoicas capaces de hacer creer que el CO2 es saludable para los pulmones y fortalece a la especie humana. Y, por supuesto, “los lobbys” del petrolero y demás fuentes de energía fósil, muy contaminante, y “la propaganda” de políticos engrasados para que se asuman los argumentos negacionistas del cambio climático y se incorporen a los idearios y programas de los partidos políticos.

La finalidad de las mentiras y la desinformación sobre las causas científicamente demostradas del calentamiento global y el cambio climático, con sus efectos desastrosos, es mantener e incluso fortalecer el statu quo de la industria de los combustibles fósiles. En EEUU, por ejemplo, la patronal petrolera y carbonera pretende un nivel de protección federal equiparable a la industria del armamento, lo que supone un tratamiento legal de “sector estratégico”. Lo peor para el planeta Tierra es que con Trump en la mutilada Casa Blanca están a punto de conseguirlo.

Por seguir con el ejemplo del Trump que hace diez meses retiró por segunda vez la firma de los Acuerdos de París de 2015 contra el cambio climático y que ha disuelto los comités científicos y eliminado la división de la NASA dedicada detectar y evaluar las emisiones con efecto invernadero, al tiempo que en agosto pasado suprimió la medición y consiguiente limitación nacional de las emisiones de anhídrido carbónico por parte de la Agencia de Protección Ambiental (“La EPA cero o EPA de Trump” llamanle ahora), su negativa a dar la cara en Brasil parece debida a la evidencia de sus mentiras y la carencia de otros argumentos para justificar la insolidaridad y el daño de EEUU al planeta al no limitar sus emisiones.

Su argumento ante la Asamblea General de la ONU fue: “Todas estas predicciones hechas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por razones erróneas, estaban equivocadas. Fueron hechas por personas estúpidas que han costado fortunas a sus países y no han dado a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar”. Pues bien, esa mentira en tono bronco del negacionista jefe ni se tenía ni se tiene de pie. Basta comprobar que las emisiones netas de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) de los 27 países de la Unión Europea (UE) fueron en 2023 un 37% inferiores a las de 1990 –se redujeron de 4.872,5 millones de toneladas en 1990 a 3.160 en 2023– mientras el PIB aumentó un 68%, lo que demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico.

La pregunta es si Trump miente para asustar y desacreditar a científicos y gobernantes serios y honrados o lo hace para no pagar por ser el segundo emisor mundial de malos humos, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, –más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta–, solo aventajado por China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34% mundial), y seguido por la UE (3.160 millones de toneladas) Índia (2.955) y Rusia (2.015). Y la respuesta más simple es que está convencido de que la emergencia climática no afecta a su país o le importa un bledo y además miente porque puede, pues por algo es presidente de la primera potencia militar del mundo.

Entre tanto, resulta esperanzador que China vaya comprendiendo la necesidad de reducir las energías fósiles y aceptando el concepto de “crecimiento sostenible”. En ese sentido cabe señalar que su exportación de componentes para la producción de energía limpia (aérea, solar e hidráulica) ya supera los ingresos que obtiene EEUU por la venta de petróleo. Y eso contando los dividendos suplementarios del suministro a la UE tras el corte al petróleo ruso para sancionar al criminal del Kremlin por la invasión militar de Ucrania.

La delegación europea participa desde el lunes hasta el viernes en la cumbre climática de Brasil con la con la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo de reducir las emisiones contaminantes un 90% hasta el año 2040. La cifra de referencia siguen siendo las 4.872,5 millones de toneladas emitidas por la UE el año 1990 y ya reducidas a 3.160 millones de toneladas en 2023. El pleno parlamentario aprobó el compromiso por 379 votos a favor, 248 en contra y 10 abstenciones. El PP español que lidera Feijóo y gobierna en las tres autonomías más dañadas el último año por desastres acentuados por el cambio climático –inundaciones mortales en la Comunidad Valenciana (foto) y enormes incendios, también con pérdida de vidas, en Galicia y Castilla y León– se desmarcó de los conservadores europeos y votó con la extrema derecha contra la reducción de las emisiones.

El objetivo de la UE es conseguir la “neutralidad climática” en 2050. Se trata además de “una obligación legal para todos los Estados miembros”, establecida en la Ley del Clima que ahora incorporará la enmienda sobre los objetivos intermedios y vinculantes para 2040 y el examen cada dos años del cumplimiento del objetivo. La norma también incluye la obligación de reducir, como mínimo, un 55% las emisiones netas de gases de efecto invernadero en la UE para 2030 respecto a 1990. Cierto es que con planteamientos políticos tan negativos y negacionistas como los del PP, abrazado a la ultraderecha, la recuperación de la salud del planeta sería imposible. Y las sequías, hambrunas e inundaciones provocarán más de lo que esas fuerzas falsarias y reaccionarias detestan: inmigración de millones de personas pobres en busca de un medio de supervivencia.

La democracia derrota al ultra Trump

Luis Díez.

El martes 4 de noviembre fue un buen día para todos los que en este mundo apreciamos la democracia y abominamos cualquier forma de tiranía con sus vicios añadidos de corrupción, violencia e injusticia. Ese día, miles de demócratas en Nueva York, Virginia, Nueva Jersy y California, le pintaron la cara al reaccionario presidente de Estados Unidos (EEUU) Donald Trump y le asestaron unas victorias electorales inapelables que nos ayudan a confiar en la resiliencia o recuperación de los valores democráticos frente a la cruel ultraderecha creciente.

Ya se ha dicho que el triunfo de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York (tomará posesión en enero) supone un gran quebranto para Trump, un especulador inmobiliario al fin y al cabo en la ciudad de los rascacielos del siglo XX. El joven dirigente del Partido Demócrata representa todo lo que su corrupto y multimillonario conciudadano detesta: la atención a los pobres, los desfavorecidos, los parados, la clase trabajadora y laboral, los inmigrantes, las mujeres, los jóvenes. Su firme decisión de ayudarles con equipamientos públicos básicos como escuelas infantiles, transportes urbanos gratuitos, viviendas asequibles, supermercados municipales con precios de alimentos controlados y otros avances sociales exigirá, según ha dicho, un aumento moderado del impuestos a los ricos y muy ricos que ingresen más de un millón de dólares al año.

Puesto que entre esos ricos y muy ricos figuran familiares, socios, amigos y amigantes (amigos mangantes) del “agente naranja”, se comprende que los valores socialistas de Mamdani le repugnen. Los ricos de esa ralea corrompen a dios y su madre para evitar pagar impuestos. En este caso, el señor Trump ha llegado incluso a pedir el voto para el exgobernador Andrew Cuomo, dirigente del Partido Demócrata derrotado por Mamdani en las primarias –se presentó como independiente– en vez de hacerlo para el candidato de su partido, Curtis Sliwa. No conforme, Trunmp amenazó a los neoyorquinos con suprimir los fondos federales a la ciudad si ganaba Mamdani. A modo de chantaje escribió la víspera electoral en su plataforma en Internet: “Si el candidato comunista Zohran Mamdani gana las elecciones a la alcaldía de la ciudad de Nueva York, es muy improbable que yo contribuya con fondos federales, aparte del mínimo indispensable, a mi amada primera residencia, debido a que, como comunista, esta ciudad, que alguna vez fue grandiosa, ¡tiene cero posibilidades de éxito, o incluso de supervivencia!”

El mensaje seguía con una retahíla de daños y calamidades, pero los electores no se arredraron y más de la mitad de los que acudieron a votar lo hicieron por el legislador demócrata nacido en Uganda (África) hace 34 años, residente en Nueva York desde los ocho años, nacionalizado estadounidense en 2018 y miembro de la asamblea del estado de Nueva York. Mamdani se define “socialista democrático” y aunque para Trump, como para Franco hace más de medio siglo, todas las personas de izquierda son “comunistas”, su política no tiende a abolir el liberalismo ni la libertad de mercado ni, mucho menos, el capitalismo rampante, sino a combatir la pobreza, las desigualdades crecientes y evitar que la sima social siga creciendo. Es lo que en Europa llamamos “socialdemócrata”.

Lo mejor de Mamdani es que no debe ni un dólar a los individuos de la ralea de Trump. Según informaba The New York Times durante la campaña, mientras los millonarios se mostraban muy generosos con el candidato Cuomo –la última cifra era de 34 millones de dólares en donativos–, Mamdani, cuyo dios se llama Alá y ha clamado contra el genocidio perpetrado por Netanyahu contra los palestinos de Gaza, apenas obtuvo 3 millones de dólares en pequeños donativos para su campaña.

En contraste con el actual alcalde (en funciones), Eric Adams, un tipo que aceptó cooperar con los agentes del ICE en las redadas contra los inmigrantes ordenadas con Trump a cambio de que el gobierno federal retirara los cargos de corrupción contra él, el nuevo regidor Mamdani representa la honradez y la firmeza democrática capaz de enfrentarse a la corrupción y los ardides del autócrata. No obstante se temen nuevas redadas masivas contra las personas inmigrantes, sin descartar el despliegue de unidades militares. Para el campanudo presidente USA no hay línea roja que se oponga a su absoluta, caprichosa y poderosa voluntad.

Pero el 4 de noviembre –Carlos Borromeo en el santoral cristiano– fue además muy importante para Virginia, Nueva Jersey y California. Dos mujeres del Partido Demócrata, con un perfil centrista y experiencia en seguridad nacional, Abigail Spanberger (veterana de la Marina de 56 años) en Virginia y Mikie Sherrill (exoficial de la CIA de 46 años) en Nueva Jersey ganaron las elecciones a gobernadoras con márgenes superiores al 12% sobre sus contendientes republicanos. Centraron sus campañas en el rechazo a la política de Trump y sus seguidores ultraderechistas y en los objetivos de reducir la carestía y promover el empleo. En sus mítines de apoyo a una y otra candidata, el expresidente Obama describió la contienda como parte de una batalla por la democracia. “No necesitamos especular sobre los peligros que acechan a nuestra democracia. No necesitamos preguntarnos si las personas vulnerables resultarán perjudicadas, ni cuestionarnos hasta qué punto nuestra cultura puede volverse más grosera y cruel. Ya lo hemos visto. Las elecciones sí importan”, dijo Obama en la derechista Virginia. “Todos tenemos más poder del que creemos. Solo tenemos que usarlo”.

La jornada de esperanza en la recuperación de la democracia frente a los abusos de poder, la represión de negros y latinos, el militarismo, la corrupción, la guerra arancelaria y el nuevo imperialismo de Trump culminó con la aprobación en referendo de la nueva distribución de distritos electorales en California. La reforma, con fecha de revisión en 2030, fue lanzada por el gobernador Gavin Newsom con el nombre de Proposición 50 para dar respuesta al trampeo de los distritos electorales impulsado por Trump en los estados republicanos, y acometido ya en Texas. La operación instigada desde la Casa Blanca consiste en dividir o dispersar el voto de los demócratas hacia aquellos distritos donde ganan los republicanos, de modo que queden diluidos y pierdan o no ganen diputados. Con ello se trataba de garantizar la mayoría trumpista en las elecciones de mitad de mandato. Pero Newsom y la mayoría de los californianos le han devuelto la pelota, ante lo que el autócrata, visiblemente irritado tildó la votación de “inconstitucional” y calificó a gritos (con letras mayúsculas) de “un GRAN FRAUDE” la redistribución de distritos en California, sólo en California.

El rey que cayó de la Luna

Luis Díez.

El mismo día que el hombre llegó a la Luna, Franco nombró sucesor suyo en la Jefatura del Estado a Juan Carlos de Borbón, con el título de rey. Es como si el dictador hubiera elegido el momento de mayor distracción, con la gente mirando boquiabierta la televisión en blanco y negro, para sorprender a la nación con el injerto borbónico. Era el 21 de junio de 1969 y la gente, “la mayoría silenciosa”, no dijo ni mu. Desde entonces empezó a flotar en el ambiente la creencia generalizada de que el heredero era algo así como el hijo y continuador del dictador.

Había interés en conocer la personalidad y el carácter de aquel príncipe. Pero la tarea era difícil porque las noticias que aparecían sobre él eran gráficas y telegráficas. Se le veía en aquellas fotos en blanco y negro de las páginas de huecograbado del Ya, el ABC y el Arriba disfrutando vacaciones en las islas Baleares, navegando a vela en el Mediterráneo, esquiando en Suiza y en las laderas pirenaicas. Se le veía junto al dictador, presidiendo desfiles militares, cenas de gala y recibiendo embajadores.

En ocasiones protagonizaba algunas inauguraciones de alto significado económico como la apertura de las minas de Aznalcollar, una localidad situada cuarenta kilómetros al noroeste de Sevilla, cuyos habitantes se quejaban de hambre desde los tiempos de los Reyes Católicos. Gracias a la inversión de unos señores muy serios que posaban en la foto junto al heredero, aquellas gentes iban a tener trabajo y «disfrutar» de la gran riqueza mineral que albergaba el subsuelo. Sus benefactores eran el presidente del Banco Central, don Alfonso Escámez, y el representante de la multinacional Bolidén, don Enrique Dupuy, que se disponían a invertir diez mil millones de pesetas para que unos mil obreros sacaran del fondo de la tierra 12.869 toneladas de cobre-metal, 21.043 toneladas de plomo y 49.214 toneladas de cinc cada año. Aquellos tipos lo tenían todo calculado. Lo del reventón de la balsa y el desastre ecológico vino treinta y tantos años después y lo pagamos todos.

El heredero aparecía también en las recepciones a los pocos dignatarios extranjeros que visitaban Madrid. A veces hacía viajes promocionales y, como su abuelo Alfonso XIII, se fue a visitar las Urdes, pero sin Luis Buñuel. La misma pobreza, las mismas caras. Los lugareños de aquella comarca por la que no pasaba el tiempo le acogían con vivas y aplausos, los mismos vítores que a su abuelo. Él les saludaba con la mano en alto y no les prometía nada. ¿Qué podía prometer si el dictador acababa de remitir una carta a los emigrantes en América, que celebraban un congreso en Caracas, pidiéndoles que no volvieran porque todavía no se daban en España las condiciones para disfrutar de una vida digna?

Juan Carlos y su agradable esposa griega de sonrisa bien elaborada saludaban a las monjitas, elevaban en brazos a los niños de pecho, recibían hermosos ramos de flores, se asomaban a los balcones consistoriales y proseguían su gira promocional por la plural y atormentada geografía española. Querían conocer al pueblo sobre el que iban a reinar y que el pueblo les conociera y les quisiera. El pueblo, como escribió Pio Baroja en Paradox Rey, siempre necesita llevar a alguien encima de la cabeza.

El heredero también visitaba cuarteles, inspeccionaba regimientos y presidía funerales por los oficiales de la Fuerza Aérea que caían como moscas en unas avionetas Piper que eran una mierda. Y asimismo dirigía las maniobras Rebeco en los montes Pirineos al objeto de intimidar a los franceses para que no se pasaran de la raya. Como futuro rey, velaba por los intereses nacionales con viajes a Marruecos para resolver unos problemas sobre la propiedad de unos fosfatos que se extraían en la provincia del Sahara; a Iraq, para obtener suministros de petróleo. Y, en fin, realizaba otras actividades oficiales.

Pero todas, absolutamente todas cuantas la prensa reflejaba, eran mudas, pues el heredero nunca hablaba. Y si no hablaba, mal se podía saber lo que pensaba o si pensaba siquiera. Se notaba que no tenía permiso para hablar. Ni siquiera alzó la voz cuando el dictador acusó a su padre, el navegante don Juan, de andar conspirando en compañía de elementos democráticos –comunistas incluso– y le expulsó de Mallorca y le prohibió navegar por las aguas jurisdiccionales españolas. Si el heredero no era el hijo adoptivo más obediente y disciplinado que podía tener el dictador, lo parecía.

A pesar de ser una incógnita, la mayoría silenciada pensaba que no podía ser peor que el enano asesino del Pardo. Cuatro años después, en 1973, el dictador sufrió una flebitis y, ante el riesgo de que el coagulo sanguíneo le llegara desde la pierna derecha a la cabeza y lo dejara tonto o lo ultimara, activó el mecanismo sucesorio. El heredero asumió por unos días la jefatura del Estado. Fue su estreno. Pero el organismo del dictador, con casi ochenta años de uso, se recuperó enseguida y retomó el mando. Para demostrar que estaba sano se dejó filmar paseando por el Pazo de Meirás y pescando atunes a bordo del Azor. José Luis de Vilallonga escribió que estaba configurado para vivir cien años. Se equivocó. En septiembre de 1975 ordenó las cinco últimas ejecuciones de muerte y dos meses después las diñó. Al funeral acudió su admirador, el asesino Pinochet con su capote y su aire de fantoche. A la posterior e inmediata entronización de Juan Carlos I de Borbón vino Valerí Giscard D’Estaing, presidente de la República Francesa y el tipo que vetó el ingreso de España en el Mercado Común europeo.

Padre e hijo preocupados por la Corona

Ahora que el 20 de noviembre próximo se cumplen 50 años de la muerte del dictador y de la entronización de Juan Carlos I dos días después, éste ha reconocido expresamente que fue Franco quien le nombró rey “para crear un régimen más abierto”. Queda claro que a la dinastía borbónica no la repuso el pueblo, sino el dictador. En una entrevista en Le Figaro, el monarca emérito afirma: “Durante dos años (desde la muerte del dictador hasta la aprobación de la Constitución) tuve todos los poderes. El poder de indultar o de refrendar la pena de muerte. No tuve que hacerlo, gracias a Dios, ya que si hubiera dicho que no entonces, los generales me habrían derrocado». Por Júpiter si no queda claro que a pesar de tener “todos los poderes”, incluida la jefatura de las Fuerzas Armadas, tenía más miedo que un ratón.

La entrevista con Juan Carlos fue realizada por el periodista Charles Jaigu en una mansión con olivos centenarios trasladados desde España, como puede verse en la fotografía tomada por la escritora y periodista Laurencie Debray, publicada por Le Fígaro. La residencia está en la pequeña isla de Nurai, a diez minutos en lancha de la ciudad de Abu Dabi, y fue cedida al exrey por el jefe de Estado de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed. En realidad la entrevista es el aperitivo publicitario del libro de memorias de Juan Carlos que publicará en Francia la editorial Stock el 5 de noviembre con el título de Reconciliación. El libro saldrá después en España, publicado por Planeta. El exmonarca, que cumplirá 88 años el 5 de enero próximo, se ha valido de la pluma de Laurence Debray para contar los pasajes públicos más relevantes de su vida y confesar algunos errores como el de “haber aceptado dinero de Arabia Saudita”. Mucho dinero, a buen recaudo en Suiza y libre de impuestos, conviene aclarar. La periodista amiga del emérito ha sido su logógrafa durante durante años y antes publicó Mi rey caído (Edt Debate).

Así las cosas, habrá que esperar a la aparición de esas memorias para saber por qué no temió ser derrocado cuando rubricó la amnistía a los condenados por luchar por la democracia y los comunistas, socialistas, anarquistas (también los etarras) salieron de las cárceles. ¿No temió el derrocamiento porque no amnistiaron sólo a quienes luchaban por la democracia, sino, sobre todo, a los prebostes del régimen criminal faccioso y represivo derivado del triunfo militar de Franco con la ayuda de Hitler y Mussolini contra la II República democrática española? ¿No temió el derrocamiento porque a los únicos que no amnistiaron fue a los militares de la Unión Militar Democrática, la UMD? Pero al final, el golpe llegó, no contra él, sino contra la democracia. Juan Carlos dice que el 23-F “no hubo un solo golpe, sino tres: el de Tejero, el de Armada y el de los políticos cercanos al franquismo”. ¿Hará alguna alusión a Fraga, Blas Piñar, al comandante José Luis Cortina, cerebro de los espías del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), que no informó a Suárez sobre la trama golpista? A saber. El golpe que más le dolió fue el del general gallego Armada, del que dice: “Alfonso Armada estuvo 17 años a mi lado. Lo quería mucho, y me traicionó”.

El exmonarca anticipa en sus declaración al rotativo francés el deseo de ser recordado no solo como el rey que trajo la democracia –“la democracia no cayó del cielo”, dice–, sino también como el personaje que “evitó una guerra civil”. En ese sentido cuenta que mandó un mensaje al secretario general del PCE, Santiago Carrillo, a través del presidente de Rumanía, Nicolás Ceaucescu, diciéndole: “No desatéis una guerra civil tras la muerte de Franco, dadme tiempo para legalizaros”, lo que ocurrió en abril de 1977, dos meses antes de las primeras elecciones generales celebradas el 15 de junio de ese año. ¿De verdad creía que el PCE iba a desatar una guerra civil? ¿Acaso no sabía que el PCE apostaba por la política de reconciliación desde mediados de los años cincuenta? Atribuir a los comunistas tanta voluntad de discordia y tanta capacidad armada como para desatar otra guerra es tener mala memoria y mala leche.

Lo que de verdad transmitió a Carrillo a través de su amigo Ceaucescu fue que esperaran y no se presentaran a las elecciones con sus siglas, sino como “independientes” para no soliviantar a los militares franquistas. Carrillo, que recorría España desde el día siguiente a la muerte del dictador, le respondió que de eso nada, que si no reconocían y legalizaban al PCE, la fuerza política que más había luchado y sufrido contra la dictadura y sus coletazos (recuérdese la Matanza de Atocha ya en «la sangrienta transición», como tituló Mariano Sánchez Soler su libro al respecto), tampoco ellos podrían reconocer y asumir la monarquía. Así lo escribió Santiago. Y según me dijo una vez Teodulfo Lagunero, el empresario que llevaba a Carillo en sus recorridos clandestinos y le facilitaba un chalé en Madrid, “al rey le importaba un bledo la democracia; a él y a su padre lo que les importaba de verdad era la Corona”. Téngase en cuenta que don Juan no había abdicado de sus aspiraciones y oficiaba con la velita encendida en Estoril, con el conde de los Gaitanes de moñaguillo, la Junta Democrática en el coro y Luis María Ansón de correveidile, pero se presentó en La Zarzuela, pegó un taconazo y exclamó: “¡A sus órdenes, Majestad!” Padre e hijo se abrazaron y asunto resuelto.

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Armas nucleares en órbita, nueva amenaza mundial

Luis Díez.

¿Ha comenzado la militarización nuclear del espacio cósmico? Demasiados indicios afirmativos han llevado a especialistas en la materia como las profesoras Ann C. Thresher y Cruz de Mai’a K. Davis a alertar en la revista de Ética en Asuntos Internacionales sobre “el precipicio cósmico” y a explicar el daño que supondría para la humanidad la instalación de armas en el espacio. Esto sin contar que las potencias mundiales afanadas en la nueva carrera de armamentos, de carácter secreto, violarían el Tratado del Espacio Exterior de 1967, un acuerdo vinculante que designa el espacio como exclusivamente para uso pacífico en beneficio de toda la humanidad.

Fue el general Stephen Whiting, jefe del Comando Espacial de EEUU, creado en 2019 bajo el primer mandato del ambicioso Donald Trump, quien levantó la liebre de la nueva y amenazadora carrera de armamento cuando en una reunión de especialistas en satélites y tecnología espacial instó a intensificar el concepto del espacio como “ámbito bélico”. ¿La guerra de los mundos allí arriba? No exactamente, sino el nuevo imperialismo bélico sobre la alta atmósfera, en la Luna y acaso en Marte. “Es hora –dijo el general Whiting– de que podamos decir claramente que necesitamos fuego espacial y sistemas de armas. Necesitamos interceptores orbitales. ¿Y cómo los llamamos? Los llamamos armas, y los necesitamos para disuadir un conflicto espacial y para tener éxito si nos vemos envueltos en una lucha de ese tipo”.

Podría parecer lógico que en un período de crecientes tensiones geopolíticas con China y Rusia, en gran parte provocadas por la decisión del autócrata canalla Vladímir Putin de invadir Ucrania con sus tanques, drones y misiles, los jefes políticos y los mandos militares de EEUU apostaran por el uso de armas en el espacio como parte de la “seguridad nacional” e incluso occidental si se incluyera a los miembros de la OTAN. Sin embargo, según Davis y Thresher, esa medida no sólo sería “estratégicamente contraproducente”, sino que también “perjudicaría gravemente a quienes dependemos del espacio para nuestro bienestar diario”. Esto se debe a que gran parte de la infraestructura moderna en la Tierra –desde las comunicaciones y las finanzas hasta la predicción meteorológica y la navegación– depende de sistemas espaciales.

Proteger satélites y apropiarse de la Luna

En agosto pasado, el periodista de Associated Press en Wasington David Klepper recogía en un reportaje varios argumentos oficiales que justifican la conversión del espacio en el nuevo campo de batalla del siglo XXI. El gran argumento es la defensa de los satélites estadounidenses de los ataques de sus adversarios. De hecho la Fuerza Espacial de EEUU nació por esa necesidad de proteger los intereses estadounidenses en el espacio. Es una fuerza más pequeña que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, naturalmente, pero está creciendo y pronto se anunciará su cuartel general en Alabama o Colorado. Tengamos en cuenta que, según un comunicado oficial, “el espacio es un ámbito de guerra y la función de la Fuerza Espacial es competir y controlar para alcanzar los objetivos de seguridad nacional”. De momento el ejercito estadounidense opera un transbordador no tripulado para realizar misiones clasificadas (secretas) y de investigación. Utiliza una nave denominada X-37B que ha permanecido más de un año en órbita y regresó recientemente a la Tierra.

Para comprender con cierta precisión las armas espacio-espaciales o armas situadas en el espacio que apuntan a la infraestructura espacial, los expertos hablan de dos categorías: cinéticas y de radiación. Las primeras incluyen los dispositivos que disparan misiles para destruir físicamente objetos en la órbita terrestre baja (LEO). Estas armas antisatélite (ASAT) centran los esfuerzos del SpaceCom de EEUU (antiguo Comando Espacial, hoy Fuerza Espacial del Departamento de Guerra). Las segundas, las armas de radiación, permiten ataques con láser o pulsos electromagnéticos desencadenados para desactivar o inutilizar otros sistemas espaciales. La más destructiva de éstas es la bomba nuclear. Tanto Estados Unidos como Rusia han realizado varias pruebas nucleares en el espacio entre 1958 y 1962. La mayor de ellas, la Starfish Prime –una bomba de 1.4 megatones detonada por EEUU a unos 400 km sobre el Océano Pacífico– creó un pulso electromagnético mucho mayor de lo esperado que destruyó seis satélites, desactivó otros, generó auroras artificiales y apagó el alumbrado público y los servicios telefónicos en Hawái, a más de 1.400 km del lugar de la detonación.

El segundo argumento para colocar armas en el espacio consiste en mantener a raya a los competidores por el dominio espacial. Durante la Guerra Fría y la desintegración de la Unión Soviética, EEUU mantuvo su liderazgo en la carrera espacial, pero ahora siente las nuevas amenazas que representan Rusia y China y quiere dar una “respuesta agresiva”, según el lenguaje del nuevo Departamento de Guerra, que además de cambiar de nombre –antes se llamaba de Defensa– ahora dificulta el acceso al Pentágono incluso a los periodistas con acreditación permanente.

¿Estamos ante lo que se conoce como un dilema de seguridad? Si un país militarizara el espacio, otros sentirían que no tienen más remedio que hacer lo mismo, lo que conduciría a una profecía autocumplida. Si los países creen que se está desarrollando una «carrera espacial» conflictiva porque otros hablan de ella de esta manera, es más probable que esa retórica sobre el uso real de armas espaciales alimente la espiral bélica. Incluso usar un lenguaje bélico al hablar del espacio tiene el poder de crear una profecía autocumplida.

Las riquezas de la Luna es otro gran argumento para impulsar la carrera de armamento en el espacio. A mediados de agosto pasado, el administrador de la NASA, Sean Duffy, anunció los planes de enviar un pequeño reactor nuclear a la Luna y consideró muy importante que EEUU se anticipe a China y Rusia. “Estamos en una carrera hacia la Luna, en una carrera con China hacia la Luna”, dijo Duffy. “Para tener una base lunar, necesitamos energía y algunos de los sitios clave de la Luna … Queremos llegar primero y reclamarla para Estados Unidos”. El astro situado a tres días de viaje desde la Tierra posee minerales valiosos y otros materiales codiciados para las nuevas tecnologías y fuentes de energía. Por ejemplo, la Luna es rica en el isótopo helio-3 que podría emplearse para generar fusión nuclear y crear nuevas centrales de energía limpia sin residuos radiactivos.

Con todo, la protección de los satélites artificiales es lo más importante a corto plazo. Unos 12.000 satélites en órbita facilitan las comunicaciones, la navegación guiada por GPS, la vigilancia militar y de seguridad de los países, las alteraciones climáticas, las cadenas de suministro económico y las consiguientes transacciones financieras. También son esenciales para la detección temprana de lanzamiento de misiles. Pero esto los convierte en un objetivo prioritario para quien pretenda dañar la economía y las defensas de un país. Por ejemplo, lo primero que hicieron los rusos hace tres años al atacar a Ucrania fue hakear un satélite de la televisión ucraniana y emitir el desfile militar de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú, a modo de golpe psicológico para atemorizar a la población.

Si ahora, como aseguran “funcionarios de la seguridad nacional” –espías de la CIA– Rusia desarrolla un arma nuclear espacial diseñada para destruir al mismo tiempo prácticamente todos los satélites en órbita terrestre baja, la carrera armamentista espacial está servida. El arma rusa combinará un ataque físico que se propagará hacia afuera, lo que destruirá más satélites, y el componente nuclear se utilizará para dañar los sistemas electrónicos. El gobierno Trump ha desclasificado información conseguida sobre esa arma después que el legislador Mike Turner, republicano por Ohio, emitiera una advertencia pública sobre esta tecnología. Turner fue desalojado en enero pasado de la presidencia del Comité de Inteligencia del Congreso debido a presiones de la extrema derecha (los del MAGA) y ha pedido al Departamento de Guerra que proporcione a los diputados una sesión informativa secreta sobre esas armas.

Satélites españoles para la OTAN

Entre tanto, la madrugada del viernes fue lanzado con éxito desde Cabo Cañaveral, en Florida, el satélite español SpainSat-2, que proporcionará comunicaciones seguras a las Fuerzas Armadas españolas y de los países aliados. El ingenio ya está orbitando alrededor de la Tierra, con circunferencias cada vez más alejadas hasta alcanzar 36.000 km de distancia. Se complementa con su gemelo SpainSat-1, lazado en enero, y cubrirán dos terceras partes del planeta, proporcionando comunicaciones seguras a la OTAN. Los países que utilicen esta red de comunicaciones deberán pagar por el servicio. Estados Unidos es el segundo cliente, tras las Fuerzas Armadas españolas.

Nuestro país ha invertido mil millones de euros en un proyecto que además de ayudar a la industria nacional a ganar competitividad ha sido calificado como el más avanzado de Europa en comunicaciones seguras, imposibles de interferir, como ha hecho ahora Rusia con Alemania. Para que luego el secretario general de la OTAN, Mark Rutter, un lenguaraz con cara de conejo, vaya a calentar la oreja a Trump contra España. ¿Acaso desconoce que EEUU aporta el 3,5% de su PIB a la defensa mientras exige el 5% a los demás países de la Alianza Atlántica?

Millones de personas protestan contra Trump al grito «¡No King!»

La escalada autoritaria del presidente Donald Trump y sus políticas racistas, supremacistas, machistas, de negación del cambio climático, y, sobre todo, de constante ataque a los inmigrantes, con despliegues del Ejército en Los Ángeles, Washington, Chicago… han provocado la segunda gran protesta contra el mandatario en 2.500 localidades y ciudades de Estados Unidos (EEUU).

Si el 14 de junio pasado fueron más de cinco millones de estadounidenses los que se manifestaron contra la deriva plutocrática y autoritaria del mandatario, ahora han sido más de siete millones los que han aprovechado la jornada de descanso para protagonizar las marchas de protesta. Aunque discurrieron en un ambiente pacífico y festivo, han sido calificadas por el gobernante Partido Republicano como «manifestaciones de odio a Estados Unidos».

Reproducimos aquí instantáneas ofrecidas por la prensa local, así como videos representativos de cómo fue la protesta en algunos pueblos. En Sedona, por ejemplo, un video muestra a una multitud con carteles a lo largo de la Ruta Estatal 89A. Los manifestantes de Payson, también en Arizona, se vistieron con disfraces y exhibieron sus carteles. Más al norte, miles de personas se reunieron frente al Ayuntamiento de Flagstaff mientras los autos que pasaban les tocaban la bocina, según mostró un video publicado por KNAU. Es solo una muestra del creciente rechazo al personaje que en su día arengó a sus seguidores a asaltar el Capitolio tras perder las elecciones contra el demócrata Joe Biden.

En Washington

Chicago

Nueva York

Los Ángeles

Dallas

Colorado

Louisville

Porland

Orlando

Minneapolis

Miami

Tambores de guerra contra Venezuela para echar a Maduro

Luis Díez.

En Venezuela se oyen tambores de guerra desde hace varias semanas. El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, puso precio en su anterior mandato (enero de 2017 a enero de 2021) a la cabeza de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro. Al empuñar otra vez el poder, en enero de este año, elevó la recompensa a 50 millones de dólares, el doble de lo que George W. Bush ofreció en su día a quien facilitase la captura del fundador y líder de Al Qaeda, el fanático Osama bin Laden, lo que significa que Trump trata bien a los cazadores de recompensas y no quiere que sufran los penosos efectos de la inflación. Pero como la falta de resultados es notable, el campanudo (desafiante, hinchado de poder) inquilino de la Casa Blanca ha implementado, como se dice ahora, otras medidas contra el habitante principal del Palacio de Miraflores. Esto es lo que sabemos.

El miércoles pasado, Trump confirmó la información adelantada por el New York Times de que había autorizado “operaciones encubiertas” de la CIA en el interior de Venezuela. Ni que decir tiene cuál es la finalidad: capturar a Maduro vivo o muerto. Téngase en cuenta que el mandatario estadounidense acusó en 2020 al presidente venezolano y varios allegados de “narcoterrorismo y asociación delictiva para introducir cocaina en EEUU” y ofreció entonces la recompensa de 15 millones de dólares por la testa del venezolano. Los cargos siguen vigentes en un jugado federal de Manhattan y, según la secretaria de Justicia de Trump, Pam Bondi, le han incautado activos por más de 700 millones de dólares, incluidos dos jets privados. Bondi dice también que el rastreo de siete toneladas de cocaina incautadas les ha conducido directamente al mandatario venezolano. Y afirma, en fin, que “no escapará a la justicia y será responsabilizado por sus despreciables crímenes”.

Además de autorizar a los agentes de la CIA a intervenir en Venezuela, el presidente norteamericano dijo en el mismo acto con periodistas en el Despacho Oval que “está sopesando operaciones militares terrestres”, lo que en pocas palabras significa que está dispuesto a invadir el país y, con la escusa de combatir el narcotráfico, deponer a Maduro, liquidar el llamado régimen bolivariano y apoderarse de las riquezas del país que determinados dirigentes de la oposición en la clandestinidad y en el exilio, incluida la flamante premio Nobel de la Paz, Corina Machado, estarían dispuestos a entregarle. Téngase en cuenta que Venezuela posee las mayores reservas de petroleo del mundo. Esa riqueza documentada y la minería metálica y estratégica (“tierras raras” le llaman ahora) son las materias que verdaderamente interesan a Trump. ¿Por qué teniendo una división de agentes secretos contra el narcotráfico como es la DEA, utiliza a la CIA para intervenir en el país sudamericano? No hace falta recordar que la CIA es tristemente famosa por preparar golpes de Estado en distintos países del subcontinente, prevaliéndose de los militares más crueles y reaccionarios, casi siempre apoyados por oligarcas contrarios a los derechos democráticos.

Por lo que sabemos, la gran movilización militar ordenada por el Pentágono el 14 de agosto supuso el traslado a Puerto Rico desde la base de Norfolk, en Virginia, de 4.500 marines, buques de asalto anfibio, helicópteros y al menos un submarino. En concreto, el despliegue afecta a la Iwo Jima Amphibious Ready Group (ARG) y a la 22ª Marine Expeditionary Unit (MEU) e incluye los buques de guerra Iwo Jima, Fort Lauderdale y San Antonio, varias escuadrillas de helicópteros UH-18 Venom, un submarino de ataque nuclear, un crucero con misiles guiados, escoltado por varios destructores Arleigh Burk y, al menos, un avión de patrulla marítima Poseidón P-8A. Aparte de la acumulación de fuerzas frente a Caracas en el mar Caribe –el despliegue ya afecta a 10.000 militares estadounidenses–, esta semana se han detectado B-52 y helicópteros estadounidenses sobrevolando Venezuela.

Desde mediados de septiembre hasta el jueves pasado, los militares estadounidenses han atacado a seis embarcaciones y dejado un saldo de 28 muertos. A las cinco lanchas motoras destruidas con misiles teledirigidos se sumó el jueves el ataque, también en el Caribe, a un submarino sospechoso de transportar drogas y la detención de dos supervivientes supuestamente venezolanos. Son ataques en aguas internacionales contra supuestos enemigos de EEUU sin una sola prueba hasta el momento de que transportaran drogas ni de que fueran terroristas dispuestos a cometer atentados en suelo estadounidense o contra personas y bienes de ese país. Pero la legalidad internacional importa más bien poco al nuevo emperador Trump y sus colaboradores. Así, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, arengó a principios de septiembre a los marines a bordo del buque Iwo Jima diciéndoles que su misión no era un “entrenamiento” sino un “ejercicio real” de defensa de los “intereses vitales de los Estados Unidos de América cual es acabar con el envenenamiento del pueblo estadounidense”. Este antiguo presentador de TV elogió el acierto del presidente Trump al cambiar el nombre del Departamento de Defensa, que pasó a llamarse de Guerra. Muy satisfecho ha lucido también el secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha orientado a Trump hacia una táctica muy agresiva como es el uso de la fuerza militar contra los transportistas de drogas. “Lo que los detendrá es hacerlos volar por los aires, es decir, deshacerse de ellos”, dijo en México al día siguiente de la voladura de la primera lancha, con once personas a bordo.

Pero tamaño despliegue y acumulación de fuerza solo se explica, como ha apuntado el propio Trump, por la finalidad concreta de ordenar una incursión en Venezuela, capturar a Maduro como gran capo del narcotráfico y del terrorismo desestabilizador, pues ha vaciado las cárceles y enviado a delincuentes tan violentos como los del Tren de Aragua contra EEUU, y liquidar el régimen, lo que, por otra parte, facilitaría la vida a los autoproclamados ganadores de las elecciones de 2024 y reconocidos como tal por varios países.

Con todo o casi todo dispuesto para el ataque a Venezuela, el comandante militar del dispositivo en el Caribe, almirante Alvin Holsey anunció el jueves su dimisión y se despidió a última hora de ayer, 17 de octubre. Este oficial deja el cargo de jefe del Comando Sur de EEUU, encargado de dirigir las operaciones en Centromérica y Sudamerica, sin que haya desvelado los motivos y después de haber acumulado más de 10.000 combatientes en su zona de responsabilidad. La renuncia del almirante Holsey, con 37 años de servicio, y cuando llevaba menos de doce meses en un puesto donde el mandato temporal mínimo es de tres años y en medio de una misión que han bautizado “antidroga y antiterrorista”, resulta cuando menos chocante.

Según la información del New York Times, funcionarios del Pentágono y del Capitolio apuntaron fuertes tensiones políticas entre el almirante de cuatro estrellas y sus jefes civiles. El secretario de Guerra emitió un comunicado agradeciendo sus servicios, y el almirante se dirigió a sus subordinados con una sola frase: “¡Sigan adelante!” El congresista por Washington y portavoz en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, Adam Smith, manifestó irónicamente: “Antes de Trump, no se me ocurre ningún comandante jefe que haya abandonado su puesto antes de tiempo”. El senador, también del Partido Demócrata, Jack Reed, lanzó otra carga de profundidad, dando a entender que la cadena de mando es poco proclive a la aventura bélica que sopesa el emperador y agrada a sus halcones Hegseth y Rubio. “En un momento en que las fuerzas estadounidenses se están concentrando en el Caribe y las tensiones con Venezuela están en un punto de ebullición, la partida de nuestro principal comandante militar en la región envía una señal alarmante de inestabilidad en la cadena de mando”, dijo Reed.

El presidente venezolano respondió a las amenazas del estadounidense lanzando en inglés el grito de “¡No a la guerra!” y recordando el canallesco papel de la CIA en los años setenta del siglo pasado contra las democracias en Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia… “América Latina no los quiere, no los necesita y los repudia”, añadió Maduro. Su ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, lanzó un comunicado deplorando “las declaraciones belicistas y extravagantes del presidente de los Estados Unidos, en las que admite públicamente haber autorizado operaciones para actuar contra la paz y la estabilidad de Venezuela”. En su opinión, “esa afirmación sin precedentes, constituye una gravísima violación del derecho internacional y de la carta de las Naciones Unidas, y obliga a la comunidad de países a denunciar unas afirmaciones inmoderadas e inconcebibles”.

«¡Ánimo Alberto!»

Luis Díez.

Carente de discurso y proyecto propio sobre el futuro de nuestro país, el presidente del principal partido de la derecha, Feijóo, asiste atónito desde que llegó a Madrid, hace tres años y medio, al creciente prestigio y valoración del presidente del Ejecutivo español en el ámbito internacional. Su valía y capacidad es indudable en el seno de la Unión Europea (UE), donde ha encabezado propuestas de éxito, beneficiosas para nuestro país en materias tan decisivas como el mercado energético y la recuperación económica después de la amarga pandemia del Covid-19. Su paciencia y resistencia es encomiable frente a la política ratonera de los patriotas de la derecha, día y noche entregados al ruido y la mendacidad. Su defensa de los intereses españoles en Europa y en el mundo es loable por el fundamento, la firmeza y la capacidad de diálogo y negociación que despliega ante otros mandatarios. No solo conecta con las necesidades de amplios sectores sociales y económicos, sino también con los valores y emociones de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Lo hemos visto en la causa por la supervivencia de Palestina, anticipándose a otros grandes países en el reconocimiento del Estado Palestino y acumulando fuerza social y moral para obligar al genocida Benjamín Netanyahu y forzar a su cómplice, el militarista faccioso Donald Trump, a parar el exterminio de palestinos en Gaza.

Con una mayoría precaria en el Parlamento y unas alianzas de gobierno con esa izquierda del PSOE siempre tendente a enfatizar la pluralidad y acentuar las diferencias fraccionarias, el socialista Sánchez realiza una política interna equilibrada y positiva para la clase media trabajadora que le sitúa a gran distancia de la época en que el PP, con mayoría absoluta, recortaba derechos a los trabajadores, implantaba el despido libre a coste mínimo –para “crear empleo”, decían–, subía impuestos a los asalariados mientras decretaba amnistías para los grandes defraudadores, congelaba las pensiones de los jubilados y legislaba para impedir que volvieran a subir igual que los precios al consumo o, en fin, no promovía una sola vivienda social y vendía a precio de saldo las pocas que había en Madrid a los fondos buitre, convenientemente asesorados por un hijo de la alcaldesa Ana Botella y el expresidente Aznar, gran privatizador, amén de belicoso y tramposo para no ir a la mili. La reversión de aquella política nefasta y la reparación de la sima con Cataluña que, no olvidemos, celebró aquel 1 de octubre de 2017 su referendo de autodeterminación con 2,1 millones de votantes (el censo era de 5,3 millones) a favor de la República Catalana, añaden épica, audacia y acierto a la política del presidente Sánchez.

Aunque no estemos en tiempo electoral conviene pedir “calidad” a los políticos y, como decía el Miquel Roca de los mejores tiempos, tendríamos que ir a votar como quien va a comprar un coche, una lavadora o frigorífico: “Escolteu! Que almenys funcioni!” (¡Óiga, que al menos funcione!). Por suerte, el presidente Sánchez funciona y, haciendo de la necesidad virtud, está conduciendo al país a unas mejoras sociales apreciables y tasas de empleo y crecimiento económico sostenido por la senda de la economía sostenible que provocan la admiración de muchos países. Eso enfurece a una oposición reaccionaria que no descansa en su producción de bulos, insultos y causas para deteriorar a Sánchez, atacando a su esposa, su hermano y hasta su suegro que en paz descanse con la colaboración de algunos jichos judiciales tan contaminados como celosos de su independencia. Es lo que pasa cuando se judicializa la política como han hecho los dirigente del PP no solo en respuesta a los independentistas catalanes, sino también como ardid ante el nuevo impulso corrupto que encabezan la nueva millonaria Ayuso y su pareja Alberto González Amador.

Si la lenguaraz Ayuso, quien lo mismo acusa al presidente del PNV de amenazarla de muerte como cuando la ETA cometía atentados, que se declara insumisa o ajena al cumplimiento de la ley del aborto –“Vayanse a otro lado a abortar”, ha sido su último grito–, que llama “bilduetarras” a los parlamentarios vascos democráticamente elegidos, etc. etc., fuera mínimante eficaz, Madrid no tendría un transporte público masificado y hecho unos zorros, unos precios insoportables de la vivienda y, desde luego, un porcentaje de abortos tan escaso en la sanidad pública (el 0,2% de los registrados en 2024). Si su colega el alcalde José Luis Martínez-Almeida Navasqués no comulgara con Vox para aterrar con síndromes monstruosos a las mujeres que se ven abocadas a abortar. Y si, en fin, el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, se hubiera mostrado eficaz en sus competencias sanitarias, miles de mujeres –se han contabilizado 3000 de momento– habrían recibido urgentemente los resultados de sus mamografías ante los signos de un posible cáncer de mama, para que se sometieran a nuevas pruebas diagnósticas y en su caso al consiguiente tratamiento. Pero no les enviaron los resultados “para no alarmarlas”, dijo Bonilla, quien cesó a su consejera de sanidad, y van tres. Si a tanta ineficacia con resultado de muerte –incluido el cruel comportamiento de Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia– se añaden las actitudes de otros reputados presidentes autonómicos del PP (con Vox), como el valenciano Carlos Arturo Mazón Guixot, un inútil falsario de lo peor, como demostró ante la DANA del 29 de octubre del año pasado que costó la vida a 229 personas en Valencia sin que la Generalitat alertara a tiempo a la población, o como el salmantino Alfonso Fernando Fernández Mañueco, que no se sabía por donde andaba cuando ardían Las Médulas en el Bierzo. Después apareció para la foto mientras se quemaban varias aldeas, ardían miles de hectáreas de monte, bosque, viñedos y frutales en León y Zamora y Salamanca –además de Orense, tierra de Feijóo– y morían dos voluntarios y un bombero forestal, al tiempo que cuatro militares de la UME y numerosos paisanos resultaban heridos en su lucha contra el fuego.

Ante tamaña exhibición de «calidad» de los presidentes autonómicos del PP y buen «funcionamiento» en momentos decisivos –así gobierna el PP– es comprensible que el aspirante al sillón de La Moncloa y supuesto jefe superior de la tropa, señor Feijóo, se desespere y descargue su inquina contra el presidente del Gobierno, en dura competencia con la deslenguada Ayuso. Una le llama “hijo de puta” y el otro amplía el concepto para afirmar que “se beneficia” de la prostitución, lo que incluye al vulgarmente llamado “chulo putas”. Es razonable que el elevado discurso de un hombre de Estado sometido a tan cruel competencia de la ultraderecha interna y externa provoque incluso la solidaridad del presidente Sánchez, impresa en su respuesta: “¡Ánimo Alberto!”

El castellano gana a Trump en la Super Bowl

Luis Díez.

Cuentan las crónicas que a las pocas horas de jurar el cargo, el 20 de enero pasado, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, clausuró la web en español de la Casa Blanca. En agosto pasado ocurrió lo mismo en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano. Unos meses antes, en marzo, firmó la orden ejecutiva 14224 que designa al inglés “idioma oficial” de EEUU, como si no lo fuera con anterioridad.

Al observar esas acciones de menosprecio hacia el español, segunda lengua en EEUU, surge la pregunta de qué le habrán hecho los hispanohablantes a ese señor. ¿Qué delito habrán cometido para que el mandatario se haya apresurado a despreciar su lengua y, por supuesto, a despreciarlos a ellos? No hace falta laboriosas investigaciones para que cada cual –incluidos los ultras admiradores de ese tipo aquí– saque sus conclusiones ahora que se acerca la día de la Hispanidad.

Para hacerse una idea del valor en EEUU de la lengua de Cervantes, Rulfo, Cortazar, García Márquez… conviene saber que conecta con las raíces de 65,2 millones de personas de ascendencia latina, según explica Gonzalo del Puerto, director de actividades culturales del Instituto Cervantes en Los Ángeles (California). El propio Instituto –creado por un gobierno socialista en 1991 para promover y divulgar las lenguas y culturas españolas– ubica en ese gran país cinco de sus 90 sedes repartidas por el mundo. Están en Nueva York, Chicago, Albuquerque, Seattle y Los Ángeles.

Recuerda Gloria Arjona, profesora del Instituto de Tecnología de California, que el castellano es una de las garantías que se concedió a los habitantes, al igual que la cultura y la religión, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos. En una nota para Los Ángeles Times con ocasión de la feria del libro LéaLa, celebrada a finales de septiembre pasado, Arjona explica que aquel tratado no impuso el inglés a los habitantes que quedaron en los estados actuales de California, Nevada, Utah, Nuevo México y en las partes de Arizona y Colorado de las que se apoderaron los Estados Unidos. “La realidad histórica –concluye la profesora–, es que el español se habló más de cien años antes que el inglés en esas tierras estadounidenses y no se puede erradicar la historia de un país ni suprimir un idioma cuando hay millones de hablantes”.

Del vigor del español en EEUU son buena prueba algunas ferias de libro que, como la de Miami, contribuyen a realzar la buena literatura en español y dan orgullo a los hispanohablantes. La periodista y gestora cultural argentina María Gal Lerner, directora del programa de autores iberoamericanos de esta feria desde hace veinte años, califica el evento de “plataforma ideal para dar al español la importancia que merece en este país, porque Estados Unidos es una nación bilingue”.

Pero no todo es crecimiento y buena salud para el castellano en EEUU, pues si al desprecio y las andanadas del supremacista Tramp –un militarista que emplea al Ejército contra los inmigrantes en las ciudades como si fueran terroristas– se añade la discriminación social contra los hispanos, enseguida vemos que el uso de la lengua en la que nos comunicamos más de 600 millones de humanes en el mundo empieza a ser un acto de rebeldía y resistencia en demasiadas zonas de ese país.

Lo resume bien la crítica cultual y profesora de la Universidad Estatal de Misisipi Karina Zelaya, quien aboga por estudiar a fondo lo que sucede con la lengua en comunidades y estados donde los latinos son grupos minoritarios y se sigue viendo el español como una discapacidad. “Todavía se sigue discriminando a un joven que habla español o inglés con acento; cambiar ese tipo de perspectiva o ideología es muy importante porque mientras más se siga estigmatizando a los niños que hablan español, también ahí se va perdiendo la lengua”.

Mientras tanto, la gran noticia para millones de hispanohablantes en EEUU surgió esta semana cuando los organizadores de la Super Bowl anunciaron que el cantante puertorriqueño Bad Bunny protagonizará el espectáculo del medio tiempo. Para disgusto del inquilino de la Casa Blanca y sus dogmáticos dispersores de odio a los inmigrantes, la NFL o National Football League, Apple Music y Roc Nation buscan ofrecer un espectáculo que celebre la diversidad sin encender controversias. Para ellos lo más importante del gran evento programado para el 8 de febrero de 2026 en el Estadio Levi’s de Santa Clara (California) son los anunciantes, es decir, el dinero.

Bad Bunny, de 31 años, cuyo nombre real es Benito Martínez Ocasio, se ha convertido en uno de los artistas más reproducidos del mundo con álbumes completamente en castellano, ha ganado tres Grammy y 12 Latin Grammy. Llega a los trofeos de este año, en noviembre, como el músico con más nominaciones y está considerado como el principal embajador global de la música latina.

Pero Bad Bunny es además de un músico fabuloso un creador sensible que proyecta su identidad puertorriquense, el yugo colonial y la lucha de los inmigrantes. De ahí su dedicatoria al anunciar su aceptación como estrella principal del descanso en la Super Bowl: “Esto es para mi gente, mi cultura y nuestra historia”.

El artista, que a finales de 2024 apoyó a la candidata demócrata Kamala Harris después de que un telonero de Trump se burlara de Puerto Rico llamándole “isla flotante de basura”, difundió más tarde un video en el que mostraba las playas y algunos artistas puertorriqueños que tituló “Basura” a secas. Este año, la guerra interna de Trump le ha llevado a no actuar en EEUU para evitar detenciones de asistentes a sus conciertos.

La crítica de Bad Bunny a la política migratoria del mandatario republicano ha sido explícita y con pasajes no exentos de ironía como cuando en julio pasado lanzó el video “NUEVAYoL” en el que se oía una voz casi igual a la de Trump que decía: “Este país no es nada sin los inmigrantes”. Pues eso.

En contraste con el disgusto de los trampistas por la elección, por primera vez, del artista que comunica en castellano, el gobernador de California, Gavin Newsom, escribió en X: “California está emocionada de darte la bienvenida al Super Bowl LX”.