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Tambores de guerra contra Venezuela para echar a Maduro

Luis Díez.

En Venezuela se oyen tambores de guerra desde hace varias semanas. El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, puso precio en su anterior mandato (enero de 2017 a enero de 2021) a la cabeza de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro. Al empuñar otra vez el poder, en enero de este año, elevó la recompensa a 50 millones de dólares, el doble de lo que George W. Bush ofreció en su día a quien facilitase la captura del fundador y líder de Al Qaeda, el fanático Osama bin Laden, lo que significa que Trump trata bien a los cazadores de recompensas y no quiere que sufran los penosos efectos de la inflación. Pero como la falta de resultados es notable, el campanudo (desafiante, hinchado de poder) inquilino de la Casa Blanca ha implementado, como se dice ahora, otras medidas contra el habitante principal del Palacio de Miraflores. Esto es lo que sabemos.

El miércoles pasado, Trump confirmó la información adelantada por el New York Times de que había autorizado “operaciones encubiertas” de la CIA en el interior de Venezuela. Ni que decir tiene cuál es la finalidad: capturar a Maduro vivo o muerto. Téngase en cuenta que el mandatario estadounidense acusó en 2020 al presidente venezolano y varios allegados de “narcoterrorismo y asociación delictiva para introducir cocaina en EEUU” y ofreció entonces la recompensa de 15 millones de dólares por la testa del venezolano. Los cargos siguen vigentes en un jugado federal de Manhattan y, según la secretaria de Justicia de Trump, Pam Bondi, le han incautado activos por más de 700 millones de dólares, incluidos dos jets privados. Bondi dice también que el rastreo de siete toneladas de cocaina incautadas les ha conducido directamente al mandatario venezolano. Y afirma, en fin, que “no escapará a la justicia y será responsabilizado por sus despreciables crímenes”.

Además de autorizar a los agentes de la CIA a intervenir en Venezuela, el presidente norteamericano dijo en el mismo acto con periodistas en el Despacho Oval que “está sopesando operaciones militares terrestres”, lo que en pocas palabras significa que está dispuesto a invadir el país y, con la escusa de combatir el narcotráfico, deponer a Maduro, liquidar el llamado régimen bolivariano y apoderarse de las riquezas del país que determinados dirigentes de la oposición en la clandestinidad y en el exilio, incluida la flamante premio Nobel de la Paz, Corina Machado, estarían dispuestos a entregarle. Téngase en cuenta que Venezuela posee las mayores reservas de petroleo del mundo. Esa riqueza documentada y la minería metálica y estratégica (“tierras raras” le llaman ahora) son las materias que verdaderamente interesan a Trump. ¿Por qué teniendo una división de agentes secretos contra el narcotráfico como es la DEA, utiliza a la CIA para intervenir en el país sudamericano? No hace falta recordar que la CIA es tristemente famosa por preparar golpes de Estado en distintos países del subcontinente, prevaliéndose de los militares más crueles y reaccionarios, casi siempre apoyados por oligarcas contrarios a los derechos democráticos.

Por lo que sabemos, la gran movilización militar ordenada por el Pentágono el 14 de agosto supuso el traslado a Puerto Rico desde la base de Norfolk, en Virginia, de 4.500 marines, buques de asalto anfibio, helicópteros y al menos un submarino. En concreto, el despliegue afecta a la Iwo Jima Amphibious Ready Group (ARG) y a la 22ª Marine Expeditionary Unit (MEU) e incluye los buques de guerra Iwo Jima, Fort Lauderdale y San Antonio, varias escuadrillas de helicópteros UH-18 Venom, un submarino de ataque nuclear, un crucero con misiles guiados, escoltado por varios destructores Arleigh Burk y, al menos, un avión de patrulla marítima Poseidón P-8A. Aparte de la acumulación de fuerzas frente a Caracas en el mar Caribe –el despliegue ya afecta a 10.000 militares estadounidenses–, esta semana se han detectado B-52 y helicópteros estadounidenses sobrevolando Venezuela.

Desde mediados de septiembre hasta el jueves pasado, los militares estadounidenses han atacado a seis embarcaciones y dejado un saldo de 28 muertos. A las cinco lanchas motoras destruidas con misiles teledirigidos se sumó el jueves el ataque, también en el Caribe, a un submarino sospechoso de transportar drogas y la detención de dos supervivientes supuestamente venezolanos. Son ataques en aguas internacionales contra supuestos enemigos de EEUU sin una sola prueba hasta el momento de que transportaran drogas ni de que fueran terroristas dispuestos a cometer atentados en suelo estadounidense o contra personas y bienes de ese país. Pero la legalidad internacional importa más bien poco al nuevo emperador Trump y sus colaboradores. Así, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, arengó a principios de septiembre a los marines a bordo del buque Iwo Jima diciéndoles que su misión no era un “entrenamiento” sino un “ejercicio real” de defensa de los “intereses vitales de los Estados Unidos de América cual es acabar con el envenenamiento del pueblo estadounidense”. Este antiguo presentador de TV elogió el acierto del presidente Trump al cambiar el nombre del Departamento de Defensa, que pasó a llamarse de Guerra. Muy satisfecho ha lucido también el secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha orientado a Trump hacia una táctica muy agresiva como es el uso de la fuerza militar contra los transportistas de drogas. “Lo que los detendrá es hacerlos volar por los aires, es decir, deshacerse de ellos”, dijo en México al día siguiente de la voladura de la primera lancha, con once personas a bordo.

Pero tamaño despliegue y acumulación de fuerza solo se explica, como ha apuntado el propio Trump, por la finalidad concreta de ordenar una incursión en Venezuela, capturar a Maduro como gran capo del narcotráfico y del terrorismo desestabilizador, pues ha vaciado las cárceles y enviado a delincuentes tan violentos como los del Tren de Aragua contra EEUU, y liquidar el régimen, lo que, por otra parte, facilitaría la vida a los autoproclamados ganadores de las elecciones de 2024 y reconocidos como tal por varios países.

Con todo o casi todo dispuesto para el ataque a Venezuela, el comandante militar del dispositivo en el Caribe, almirante Alvin Holsey anunció el jueves su dimisión y se despidió a última hora de ayer, 17 de octubre. Este oficial deja el cargo de jefe del Comando Sur de EEUU, encargado de dirigir las operaciones en Centromérica y Sudamerica, sin que haya desvelado los motivos y después de haber acumulado más de 10.000 combatientes en su zona de responsabilidad. La renuncia del almirante Holsey, con 37 años de servicio, y cuando llevaba menos de doce meses en un puesto donde el mandato temporal mínimo es de tres años y en medio de una misión que han bautizado “antidroga y antiterrorista”, resulta cuando menos chocante.

Según la información del New York Times, funcionarios del Pentágono y del Capitolio apuntaron fuertes tensiones políticas entre el almirante de cuatro estrellas y sus jefes civiles. El secretario de Guerra emitió un comunicado agradeciendo sus servicios, y el almirante se dirigió a sus subordinados con una sola frase: “¡Sigan adelante!” El congresista por Washington y portavoz en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, Adam Smith, manifestó irónicamente: “Antes de Trump, no se me ocurre ningún comandante jefe que haya abandonado su puesto antes de tiempo”. El senador, también del Partido Demócrata, Jack Reed, lanzó otra carga de profundidad, dando a entender que la cadena de mando es poco proclive a la aventura bélica que sopesa el emperador y agrada a sus halcones Hegseth y Rubio. “En un momento en que las fuerzas estadounidenses se están concentrando en el Caribe y las tensiones con Venezuela están en un punto de ebullición, la partida de nuestro principal comandante militar en la región envía una señal alarmante de inestabilidad en la cadena de mando”, dijo Reed.

El presidente venezolano respondió a las amenazas del estadounidense lanzando en inglés el grito de “¡No a la guerra!” y recordando el canallesco papel de la CIA en los años setenta del siglo pasado contra las democracias en Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia… “América Latina no los quiere, no los necesita y los repudia”, añadió Maduro. Su ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, lanzó un comunicado deplorando “las declaraciones belicistas y extravagantes del presidente de los Estados Unidos, en las que admite públicamente haber autorizado operaciones para actuar contra la paz y la estabilidad de Venezuela”. En su opinión, “esa afirmación sin precedentes, constituye una gravísima violación del derecho internacional y de la carta de las Naciones Unidas, y obliga a la comunidad de países a denunciar unas afirmaciones inmoderadas e inconcebibles”.

«¡Ánimo Alberto!»

Luis Díez.

Carente de discurso y proyecto propio sobre el futuro de nuestro país, el presidente del principal partido de la derecha, Feijóo, asiste atónito desde que llegó a Madrid, hace tres años y medio, al creciente prestigio y valoración del presidente del Ejecutivo español en el ámbito internacional. Su valía y capacidad es indudable en el seno de la Unión Europea (UE), donde ha encabezado propuestas de éxito, beneficiosas para nuestro país en materias tan decisivas como el mercado energético y la recuperación económica después de la amarga pandemia del Covid-19. Su paciencia y resistencia es encomiable frente a la política ratonera de los patriotas de la derecha, día y noche entregados al ruido y la mendacidad. Su defensa de los intereses españoles en Europa y en el mundo es loable por el fundamento, la firmeza y la capacidad de diálogo y negociación que despliega ante otros mandatarios. No solo conecta con las necesidades de amplios sectores sociales y económicos, sino también con los valores y emociones de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Lo hemos visto en la causa por la supervivencia de Palestina, anticipándose a otros grandes países en el reconocimiento del Estado Palestino y acumulando fuerza social y moral para obligar al genocida Benjamín Netanyahu y forzar a su cómplice, el militarista faccioso Donald Trump, a parar el exterminio de palestinos en Gaza.

Con una mayoría precaria en el Parlamento y unas alianzas de gobierno con esa izquierda del PSOE siempre tendente a enfatizar la pluralidad y acentuar las diferencias fraccionarias, el socialista Sánchez realiza una política interna equilibrada y positiva para la clase media trabajadora que le sitúa a gran distancia de la época en que el PP, con mayoría absoluta, recortaba derechos a los trabajadores, implantaba el despido libre a coste mínimo –para “crear empleo”, decían–, subía impuestos a los asalariados mientras decretaba amnistías para los grandes defraudadores, congelaba las pensiones de los jubilados y legislaba para impedir que volvieran a subir igual que los precios al consumo o, en fin, no promovía una sola vivienda social y vendía a precio de saldo las pocas que había en Madrid a los fondos buitre, convenientemente asesorados por un hijo de la alcaldesa Ana Botella y el expresidente Aznar, gran privatizador, amén de belicoso y tramposo para no ir a la mili. La reversión de aquella política nefasta y la reparación de la sima con Cataluña que, no olvidemos, celebró aquel 1 de octubre de 2017 su referendo de autodeterminación con 2,1 millones de votantes (el censo era de 5,3 millones) a favor de la República Catalana, añaden épica, audacia y acierto a la política del presidente Sánchez.

Aunque no estemos en tiempo electoral conviene pedir “calidad” a los políticos y, como decía el Miquel Roca de los mejores tiempos, tendríamos que ir a votar como quien va a comprar un coche, una lavadora o frigorífico: “Escolteu! Que almenys funcioni!” (¡Óiga, que al menos funcione!). Por suerte, el presidente Sánchez funciona y, haciendo de la necesidad virtud, está conduciendo al país a unas mejoras sociales apreciables y tasas de empleo y crecimiento económico sostenido por la senda de la economía sostenible que provocan la admiración de muchos países. Eso enfurece a una oposición reaccionaria que no descansa en su producción de bulos, insultos y causas para deteriorar a Sánchez, atacando a su esposa, su hermano y hasta su suegro que en paz descanse con la colaboración de algunos jichos judiciales tan contaminados como celosos de su independencia. Es lo que pasa cuando se judicializa la política como han hecho los dirigente del PP no solo en respuesta a los independentistas catalanes, sino también como ardid ante el nuevo impulso corrupto que encabezan la nueva millonaria Ayuso y su pareja Alberto González Amador.

Si la lenguaraz Ayuso, quien lo mismo acusa al presidente del PNV de amenazarla de muerte como cuando la ETA cometía atentados, que se declara insumisa o ajena al cumplimiento de la ley del aborto –“Vayanse a otro lado a abortar”, ha sido su último grito–, que llama “bilduetarras” a los parlamentarios vascos democráticamente elegidos, etc. etc., fuera mínimante eficaz, Madrid no tendría un transporte público masificado y hecho unos zorros, unos precios insoportables de la vivienda y, desde luego, un porcentaje de abortos tan escaso en la sanidad pública (el 0,2% de los registrados en 2024). Si su colega el alcalde José Luis Martínez-Almeida Navasqués no comulgara con Vox para aterrar con síndromes monstruosos a las mujeres que se ven abocadas a abortar. Y si, en fin, el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, se hubiera mostrado eficaz en sus competencias sanitarias, miles de mujeres –se han contabilizado 3000 de momento– habrían recibido urgentemente los resultados de sus mamografías ante los signos de un posible cáncer de mama, para que se sometieran a nuevas pruebas diagnósticas y en su caso al consiguiente tratamiento. Pero no les enviaron los resultados “para no alarmarlas”, dijo Bonilla, quien cesó a su consejera de sanidad, y van tres. Si a tanta ineficacia con resultado de muerte –incluido el cruel comportamiento de Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia– se añaden las actitudes de otros reputados presidentes autonómicos del PP (con Vox), como el valenciano Carlos Arturo Mazón Guixot, un inútil falsario de lo peor, como demostró ante la DANA del 29 de octubre del año pasado que costó la vida a 229 personas en Valencia sin que la Generalitat alertara a tiempo a la población, o como el salmantino Alfonso Fernando Fernández Mañueco, que no se sabía por donde andaba cuando ardían Las Médulas en el Bierzo. Después apareció para la foto mientras se quemaban varias aldeas, ardían miles de hectáreas de monte, bosque, viñedos y frutales en León y Zamora y Salamanca –además de Orense, tierra de Feijóo– y morían dos voluntarios y un bombero forestal, al tiempo que cuatro militares de la UME y numerosos paisanos resultaban heridos en su lucha contra el fuego.

Ante tamaña exhibición de «calidad» de los presidentes autonómicos del PP y buen «funcionamiento» en momentos decisivos –así gobierna el PP– es comprensible que el aspirante al sillón de La Moncloa y supuesto jefe superior de la tropa, señor Feijóo, se desespere y descargue su inquina contra el presidente del Gobierno, en dura competencia con la deslenguada Ayuso. Una le llama “hijo de puta” y el otro amplía el concepto para afirmar que “se beneficia” de la prostitución, lo que incluye al vulgarmente llamado “chulo putas”. Es razonable que el elevado discurso de un hombre de Estado sometido a tan cruel competencia de la ultraderecha interna y externa provoque incluso la solidaridad del presidente Sánchez, impresa en su respuesta: “¡Ánimo Alberto!”

Trump y Netanyahu se estrellan contra la ONU

Luis Díez.

Las sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, celebradas durante la semana en su sede de Nueva York han proyectado la exigencia casi unánime al Estado de Israel de que ponga fin al exterminio de palestinos de Gaza. Incluso Donald Trump, el gran aliado y amigo del presidente israelí, Benjamín Netanyahu, se sumó al clamor de que pare la masacre. Cierto es que Trump no viene de trompa sino de “trampa” y que el potentado que preside el país más poderoso y temible del globo (en armas y capacidad destructiva) no ha alcanzado el privilegio que atribuía Albert Camus a los seres más evolucionados: ser rey de sus humores. Pero el hecho de que corrigiese a Netanyahu y anunciara que este lunes va a ponerle las peras a cuarto para que acabe con la guerra y renuncie a la anexión de la Franja, abre un rayo de esperanza de paz en Oriente Medio.

Se nota, en todo caso, que el inestable, cínico y contradictorio presidente de Estados Unidos (EEUU) no desea verse envuelto en la acusación política, de momento, de cómplice del genocidio contra el pueblo palestino. Se ve que el anfitrión de los jefes de Estado y de Gobierno asistentes a la asamblea anual de la ONU se debió de sentir altamente impresionado por la estampida de casi todas las delegaciones, menos la estadounidense, ante la presencia del criminal Netanyahu en la tribuna de oradores. Y se comprende, en fin, que un personaje que hace ocho meses anunciaba la conversión de Gaza en un territorio turístico similar a la Costa Azul francesa, con resorts, casinos y toda suerte de negocios manejados por Israel y EEUU para satisfacer a visitantes y veraneantes millonarios, haya acabado aceptando, al menos en apariencia, la realidad insoslayable.

La ONU, horrorizada por la masacre de Israel en Gaza, ha tomado nota de los crímenes de guerra y del genocidio perpetrado por orden de Netanyahu –aunque el tipo se sigue escudando en la aplicación de la ley del talión contra los terroristas de Hamas que irrumpieron en el festival de música de Reim, en territorio israelí, el 7 de octubre de 2023 y mataron, dice él, a “más de mil personas” (sobre el terreno se recogieron 364 cadáveres)–, pero también ha exigido a Trump y a los mandatarios de otros países de la OTAN que no sigan suministrando armas al genocida.

Para eso sirve la ONU, por más que Trump la ridiculice y obstaculice. Para eso, y para proyectar al conjunto del mundo el reconocimiento del Estado de Palestina que, siguiendo el ejemplo de España hace un año, han firmado ahora Francia, Portugal, Bélgica, Malta, Reino Unido, Australia y Canadá. Esa decisión significa un inequívoco apoyo a la paz y a la convivencia que han de ser negociadas entre los dos Estados soberanos e independientes en pie de igualdad. Es decir, todo lo contrario al apartheid y el gradual exterminio de palestinos que viene practicando Israel y que ha acelerado con más de 65.000 muertos por hambre, disparos y bombazos desde hace dos años para apoderarse de la Franja de Gaza. Las dos treguas y la devolución de los rehenes apresados por Hamas hace dos años le han importado una higa a Netanyahu, quien no ha dudado en romper las treguas y bombardear a los negociadores palestinos en Doha (Catar), como prueba de que su estrategia es el exterminio.

La semana de la diplomacia por excelencia ha servido también para que Trump exhiba su absoluto desprecio a la diplomacia, precisamente. El mandatario venía de presidir el homenaje multitudinario a su amigo y valedor ultra ortodoxo del movimiento MAGA, Charlie Kirk, celebrado en Arizona. Acababa de proclamar su “odio a los oponentes”, en contraste con el mensaje de Erika, la viuda de Kirk, quien dijo que perdonaba al asesino de su marido y afirmó que “la respuesta no es el odio, sino el amor”. Se colocó en la tribuna de oradores y con un tono ora irritado, ora irónico y burlesco, perpetró un monólogo plagado de falsedades, dicterios y reproches al resto de los países occidentales, sobre todo, por no secundar sus políticas de persecución de los inmigrantes y por seguir primando las energías limpias y renovables para preservar la vida frente a la amenaza catastrófica del calentamiento global y el cambio climático.

El primer ataque de un airado Trump fue contra la ONU, precisamente, a la que acusó de no servir a la paz y no ofrecer más que “palabras vacías”. Ante el pasmo de muchos jefes de Estado y de Gobierno lanzó su consabida bola molondrónica: “Acabé con siete guerras, negocié con los líderes de todos y cada uno de estos países y ni siquiera recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndose a ayudar a cerrar un acuerdo”. Y a falta de otro recurso, aprovechó la circunstancia de que una escalera mecánica se paro mientras subía su esposa Melania y el hecho de que el cristal invisible que permite leer los discursos sin hacer el pajarito tuviera poca nitidez, para rematar su invectiva: “Estas son las dos cosas que recibí de las Naciones Unidas: una mala escalera mecánica y un mal teleprompter. Muchas gracias”.

Como es sabido, Trump retiró a EEUU de organismos de Naciones Unidas como la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos y canceló su aportación para la cooperación y el desarrollo, así como la ayuda contra el hambre y la acción humanitaria a favor de los refugiados y desplazados por las guerras, tiranías y catástrofes. Al igual que ya hizo en su primer mandato, también se retiró de la Organización Mundial de la Salud. Eso sin contar que EEUU ha dejado de pagar sus deudas a la organización desde que Trump asumió el cargo en enero y que aún tiene atrasos de 2024. Por si fuera poco, el campanudo presidente está aplicando una política de visados miserable y selectiva, como corresponde al individuo que dice odiar a sus oponentes. Así, ha impedido al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, asistir a las sesiones de la Asamblea General y ha impuesto restricciones a la representación iraní.

En este punto, cabe añadir que Trump y sus subordinados sopesan estos días la retirada del visado al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero ante la previsión de que actúe de mediador de las negociaciones en suelo estadounidense para una cambio tranquilo en Venezuela que facilite la retirada del actual presidente Nicolás Maduro. Como es sabido, Trump tacha de “narcotraficante” a Maduro, le acusa de enviar terroristas a EEUU disfrazados de inmigrantes y ha ofrecido 50 millones de dólares de recompensa a quien facilite su detención. Esa cifra duplica la que George W. Bush ofrecía por la captura de Osama bin Laden tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Además de la evidente burla de los usos diplomáticos al utilizar la tribuna de la ONU para arremeter contra la propia institución, a la que también acusó de propiciar la inmigración ilegal (“invasión” le llamó) por ayudar a los refugiados, el mandatario estadounidense laminó el protocolo diplomático no escrito del organismo multilateral al citar los nombres de los países a los que criticó, caso de Alemania y Reino Unido por sus políticas de energía verde, de Grecia y Suiza por permitir la entrada de inmigrantes y de Brasil por lo que calificó de “censura y represión”, en referencia a la reciente condena a 27 años de prisión de su amigo el expresidente Jair Bolsonaro por la intentona golpista de 2022, cuando apeló a las Fuerzas Armadas para evitar la toma de posesión de Lula da Silva como nuevo presidente tras ganar las elecciones.

Luego ya, según Trump “el cambio climático es la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo” y la inmigración “un ataque contra los países occidentales y sus fronteras”. Se puso varias medallas por sus redadas contra los inmigrantes, sus logros económicos (con datos falsos) y sus políticas negacionistas, promotoras de los combustibles fósiles y concluyó: “O siguen mi ejemplo o sus países se van al infierno”. La mayoría de los intervinientes evitaron responder al monólogo trumpista, de casi una hora de duración, y, como hizo el rey Felipe VI, destacaron el papel de la ONU y abogaron por la paz y el diálogo multilateral. Al presidente colombiano, Gustavo Petro, quien refutó las afirmaciones de Trump sobre los supuestos narcotraficantes venezolanos bombardeados por la armada estadounidense en el Caribe y pidió a los soldados que no obedezcan las órdenes de disparar, le retiraron el visado.

El matón que dibujaba sus mentiras

Luis Díez

El siguiente en la lista de críticos amenazados la semana pasada por Donald Trump es el exgobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie. Este antiguo antiguo colaborador de Trump –lideró su equipo de transición presidencial en 2016– compitió con él en las primarias republicanas de 2024 y no ahorró críticas a su figura. Hace unos días desveló en una entrevista a la cadena ABC que Trump había afirmado en campaña electoral ante determinadas personas que “configuraría un Departamento de Justicia capaz de actuar como su representante legal personal, y eso es lo que ha hecho”.

Ni que decir tiene que el presidente de Estados Unidos negó que maneje a su antojo y en beneficio propio la Administración de Justicia. Entonces Chistie entró en materia, el asunto que más perjudica a Trump ante sus bases ultraderechistas: su amistad con el procesado por pederastia Joffrey Epstein, un ricacho que organizaba fiestas sexuales con menores de edad. Ese Epstein se suicidó en la cárcel en 2019, según la versión oficial.

Trump nunca negó su amistad con el reconocido autor y promotor de delitos sexuales contra menores –de hecho conoció a su tercera esposa, Melania, en una fiesta organizada por Epstein en Nueva York–, pero aseguró que rompió con él en el año 2000 a raíz de una disputa por la compra de una casa en Miami. Trump prometió además en campaña electoral que desclasificaría y publicaría la información incautada por el FBI al depravado personaje. Quería despejar así cualquier duda sobre su comportamiento.

Pero en cuanto ganó las elecciones y empuñó el poder se olvidó de aquel asunto menor de su glorioso pasado. Entonces se lo recordó Elon Musk cuando dejaron de ser amigantes. “No publicas la lista de Epstein porque estás en ella”. Eso le dijo. Trump se enfadó muchísimo y le amenazó con “revisar los contratos a sus empresas”. Finalmente sellaron la paz. Pero el asunto Epstein volvió al primer plano de la actualidad para disgusto del presidente.

Entonces el antiguo abogado de Trump, ahora convertido en fiscal general adjunto de la Corte Suprema, Todd Blanche, tuvo la luminosa idea de practicar un interrogatorio a la compañera y cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión. La entrevista permitió a Maxwell afirmar que Trump y otros famosos personajes no estaban implicados en la trama de tráfico sexual por el que ella y Epstein fueron procesados.

Trump ordenó que se publicara la transcripción textual. Pero entonces salió el crítico Chistie a tachar de vulgar farsa un interrogatorio que la hija del famoso magnate de medios de comunicación Robert Maswell, muerto en Canarias en 1991, aprovechó para pedir el indulto. “Bien podía haber dicho –ironizo Chistie–: ‘el hombre que puede indultarme nunca ha hecho nada malo. El hombre que puede indultarme siempre ha sido maravilloso”.

Aunque la reclusa Maxwell aseguró que Trump era un amigo “cordial” y “amable” que no participó en “ninguna irregularidad” (en referencia a las fiestas sexuales con menores), la burla del exgobernador y antiguo colaborador enfureció a Trump, que le amenazó con reabrir el caso Bridgegate, una estratagema de Chistie consistente en cortar varios carriles del puente George Washinton para formar atascos en venganza contra el alcalde demócrata por no haber respaldado su reelección como gobernador.

La verdad es que el belicoso Trump, cómplice del genocidio de Netanyahu en la Franja de Gaza, no logra quitarse de encima el caso de su antiguo amigo Epstein sobre tráfico sexual con menores para ricos y famosos. El 18 de julio demandó al Wall Street Journal por reseñar una nota que Trump habría remitido a Epstein felicitándole el cumpleaños con un dibujo de una mujer desnuda. “Esas no son mis palabras ni mi forma de hablar. Además yo no hago dibujos”, afirmó en redes sociales.

Mintió. Pero cuando la verificadora del New York Times Linda Qui documentó que Trump donaba regularmente dibujos a organizaciones benéficas a principios de la década del 2000, admitió que “a veces la gente me decía: ‘¿Dibujarías un edificio? Y yo dibujaba cuatro líneas y un tejadito, ya sabes, para una cosa benéfica. Pero no soy una persona que dibuje. No hago dibujos de mujeres, eso te lo puedo decir. Dicen que hay un dibujo de una mujer, y yo no hago dibujos de mujeres”.

Algunos dibujos de Trump se subastaron a favor de la Misión Capuchina que dispensa alimentos a más de 3.000 familias cada semana en los barrios más pobres de Nueva York. Después de todo, aquel magnate inmobiliario que llegó a presidente, arengó a sus seguidores a asaltar el Capitolio en 2021 antes de reconocer la derrota y protagoniza ahora los más crueles episodios del desorden internacional, hizo algo positivo por alguien, aunque solo fueran dibujos.

Algunos dibujos realizados por Donald Trump en su época de magnate inmobiliario y publicados por The New York Times para demostrar que no dijo la verdad cuando afirmó que él no dibujaba.

Pero el martes, 8 del corriente, el Congreso estadounidense hizo público el dibujo aludido por el Financial Times y entregado a la comisión parlamentaria por el despacho de abogados que actúa como albacea del fallecido Esptein. Es este.

Los demócratas del Comité de Supervisión hicieron pública esta imagen, obtenida mediante citación del patrimonio de Jeffrey Epstein, el lunes. El texto dice: Voz en off: / Debe haber más en la vida que tenerlo todo. / Donald: Sí, lo hay, pero no te diré qué es. / Jeffrey: Yo tampoco, pues yo también sé que es. / Donald: Tenemos ciertas cosas en común, Jeffrey. / Jeffrey: Es cierto, ahora que lo pienso. / Donald: Los enigmas nunca envejecen, ¿te has fijado? / Jeffrey: De hecho, me quedó claro la última vez que te vi. / Donald: Un amigo es algo maravilloso. Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro secreto maravilloso. Donald J. Trump

Trump quiere ir al cielo con la maldad por delante

Luis Díez.

El otro día, al escribir sobre la beligerancia del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra los Estados que adoptan medidas para reducir la contaminación y frenar el cambio climático, olvidé mencionar la rescisión del programa de la NASA que observa e investiga las emisiones contaminantes de los combustibles fósiles y su efecto invernadero. Trump ha eliminado sin palabras ese programa. Ha dejado sin empleo a un centenar de científicos por la vía de hecho: suprimiendo el presupuesto. El “negacionista” (una desgracia para el planeta) evita de ese modo la difusión periódica de los malditos informes sobre la pérdida de bosques, fugas de metano, disminución de los casquetes polares y otras evidencias que niega.

No le gusta que la realidad le lleve la contraria. Por eso destituyó en julio pasado a la directora de la agencia que mide los datos de empleo, Erika McEntarfer. Él, el todopoderoso Trump había anunciado que su mandato era excelente para la creación de empleo, pero los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales negaban su afirmación y demostraban la desaceleración de la contratación. Solución: cesar a la directora y tacharla de enemiga política.

Derechos humanos cero

Le fastidia que le acusen de ser cómplice, amigo y aliado de mandatarios que conculcan los derechos humanos. Por eso el secretario de Estado Marco Rubio ha desmantelado las principales oficinas del departamento que supervisaba los derechos humanos, la democracia y las cuestiones laborales. Este año Rubio no ha presentado la evaluación anual ni escrito el prefacio del informe, como hacían sus predecesores. Por supuesto, el genocidio en Gaza no existe. El dossier que el año pasado consignaba los miles de muertos y heridos civiles causados en la guerra de Israel contra Hamas en Gaza, así como los desplazamientos forzosos de palestinos y la crisis humanitaria, ha quedado en blanco este año. El hambre como arma de guerra tampoco se menciona en el nuevo informe.

Según Josh Paul, exfuncionario de la oficina del Departamento de Estado que supervisa las transferencias de armas, el informe sobre derechos humanos “se puede resumir en pocas palabras, más de las que al parecer se usaron para escribirlo: pocas verdades, muchas medias verdades y nada parecido a la verdad”. Paul dimitió en señal de protesta contra el suministro de armas a Israel por parte del gobierno de Biden. En declaraciones al periodista Edward Wong para su crónica en New York Times del 14 de agosto, añadió que “las agendas políticas tienen prioridad sobre los hechos” y calificó el primer informe del nuevo mandato del valedor de Netanyahu y aspirante al Nobel de “producto muy abreviado, más propio de la propaganda soviética que de un sistema democrático”.

Acusaciones con falacias

Trump también rechaza la neutralidad de las instituciones comunes. Por eso ha ordenado a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, que abandone el cargo y le ha buscado las vueltas hasta acusarla de un supuesto delito de “fraude hipotecario”, un montaje ruin y estúpido de la ultraderecha (¿les suena?) para echarla. Pero ha pinchado en hueso, pues Cook ha recurrido contra el ardid de Trump y sus secuaces. La intriga es apasionante y los jueces resolverán el suspense sobre si la Fed conservará la neutralidad con la que fue diseñada por el Congreso hace 112 años.

Ya es sabido que Trump quería echar al presidente de la Fed o banco central, Jerome Powell, desde que empuñó el poder, en enero pasado, porque Powell se negaba (y sigue negando) a reducir los tipos de interés al 1,3% como quería el presidente, sin importarle que se disparase la inflación. Al no poder destituir a Powell ideó la estrategia de controlar la junta de gobierno de la Fed con los votos de los dos consejeros que nombró en su mandato anterior (2016-20) y de otro que designó en agosto para sustituir a una dimisionaria.

Sólo le faltaba un voto para dominar la junta (4-3). Entonces encontró el “vellocino de oro” (Se pirra por el oro). Se lo proporcionó el acólito y adulador ultraderechista William J. Pulte, un importante constructor al que Trump nombró director de la Agencia Federal de Financiación de Viviviendas. Éste esbirro acusó de “fraude de ocupación” o “fraude hipotecario” nada menos que a la gobernadora de la Fed, Lisa Cook. Y tras la acusación judicial, Trump le mandó una carta exigiendo su dimisión inmediata. A continuación los ultras del MAGA armaron un buen escándalo en las redes sociales como si quisieran demostrar que sus líderes luchan contra la corrupción.

Las acusaciones de Pulte-Trump pretenden denigrar a Cook, designada en su día por la administración de Obama. Según el columnista de negocios del periódico Los Ángeles Times, Michael Hiltzik, los febriles comentarios de Pulte y los seguidores del MAGA contra ella no difieren de la burda difamación política, algo muy practicado en España por el PP y la ultraderecha contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El objetivo es el mismo: destruir al adversario, tacharle de corrupto, arruinar su reputación, provocar su cese. En el caso de Cook tienen un problema. Como informa Hiltzik basándose en reconocidos expertos financieros, el “fraude hipotecario” se produce cuando se declara que la hipoteca es para adquirir la residencia habitual, con el fin de obtener mejores condiciones.

Por lo general, a los prestamistas (la banca) les interesa muy poco ese detalle. Lo que les importa es la solvencia, los avales y garantías del hipotecado. Luego si reside habitualmente en la vivienda, tanto da, siempre y cuando haga frente a los pagos. Sin embargo, los términos “fraude de ocupación” sugieren la comisión de un delito que no es tal. En el caso de que lo fuera, la gobernadora Cook no incurrió en él ni en la otra figura asociada, el supuesto “fraude hipotecario”, ya que ni mintió para obtener ventajas en los tipos de interés ni las obtuvo ni ha tenido una conducta reprochable.

La gobernadora suscribió en 2021 tres hipotecas, una a 15 años, cuando la tasa de interés no llegaba al 2,5% y dos a 30 años, cuando las tasas oscilaban entre el 2,7 y el 3,05%. Si, según la acusación de Trump y sus ultras, alegó que todo era para su vivienda principal, no parece que la señora Cook haya obtenido una tasa preferencial, pues le dieron el prestámo a 15 años al 2,5 y los dos a 30 años al 3,25% y al 2,85%.

Represalias programadas

Pero el hallazgo del “vellocino de oro” ha llevado al inefable Trump a promover acusaciones judiciales por similares delitos supuestos contra el senador demócrata Adam Schiff y la fiscal general de Nueva York, Leticia James. El primero es un adversario político de peso y la segunda ganó una condena de Trump por fraude hipotecario precisamente. Cierto es que la semana pasada el tribunal retiró la multa de 500 millones de dólares, pero mantuvo la condena por fraude. Él sí mintió en la valoración de activos para obtener créditos. Con razón dice el refranero español: “Piensa el ladrón que todos son de su condición”.

En la lista de tipos con cuentas pendientes, esta semana le ha tocado el turno a John Bolton. Trump ha enviado al FBI a registrar su casa en las afuera de Washington. El asalto al domicilio de su antiguo colaborador se convirtió, en palabras del corresponsal del New York Times, Michael S. Schmidt, en un ejemplo de represalia e intimidación para los críticos de Trump. Aunque no está claro qué pruebas presentó el Departamento de Justicia para convencer a un juez federal de que aceptara la orden de allanamiento, Bolton ha estado sometido a una investigación intermitente sobre si manipuló indebidamente información clasificada cuando fue asesor de seguridad nacional de Trump durante su primer mandato, entre abril de 2018 y septiembre de 2019.

No se puede decir que Bolton sea precisamente un angelito de ese cielo al que Donald quiere ir https://www.nytimes.com/es/2025/08/25/espanol/opinion/trump-cielo-esclavitud.html, pero cuando contó sus experiencias en el libro The Room Where it Happened (La habitación donde ocurrió) dijo que Trump era un líder mal informado y con instintos autoritarios. El experto veterano en política exterior y de seguridad discrepó del enfoque de las relaciones de Trump con Putin y fue cesado. Más tarde, ante las elecciones de 2024 Bolton reiteró que Trump no era apto para ser presidente. Pero Trump ganó y Bolton sufre las represalias. Incluso el director del FBI, Kash Patel, antiguo servidor del presidente celebró hace siete meses, cuando fue nombrado, el programa de represalias de Trump.

Sobre estas líneas, de arriba abajo y de izquierda a derecha, Josh Paul, exfuncionario que denunció la venta de armas a Israel y critica la supresión de las atrocidades en Gaza del informe sobre Derechos Humanos. Erika McEntarfer, directora de la Oficina de Estadística Laboral, cesada por Trump. Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal, acusada con falacias para facilitar el intento de Trump de despedirla. Y John Bolton, antiguo asesor de Trump, registrado por el FBI como presunto ladrón de documentos clasificados, una acción en la que sí incurrió el presidente, quien se llevó documentos a su mansión de Mar-a-Lago al acabar su primer mandato. .





Netanyahu y Trump avergüenzan al mundo

Luis Díez.

Después de escribir que “no es el sufrimiento de los niños lo que nos subleva, sino el hecho de que no esté justificado”, vale preguntarse qué escribiría hoy Albert Camus sobre el padecimiento de los niños de Gaza que están siendo asesinados por hambre. Probablemente se pondría a llorar de dolor, indignación e impotencia y, consciente de que las palabras ya no valen para persuadir al asesino Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, y a su valedor Donald Trump, presidente de Estados Unidos (EEUU), de que no sigan matando de hambre a los niños palestinos, no escribiría ni una línea. Si los niños son siempre inocentes ¿por qué les hacéis sufrir antes de matarlos? Vosotros los matones, el genocida en primer grado y su ayudante, sois la vergüenza de la especie humana, habéis cabreado a los abuelos y hecho enmudecer a la inteligencia.

Habéis asesinado sin piedad ni miramiento a más de 60.000 personas en la ratonera de la Franja de Gaza y provocado más de 120.000 heridos. Hay que repetirlo. Vuestros bombardeos, asaltos armados y fusilamientos sin más, han arrasado las ciudades de Gaza y los campamentos de supervivientes desplazados. La mayor parte de esos 180.000 palestinos heridos y asesinados y de los 11.000 desaparecidos eran mujeres y niños. Nadie podrá negar la premeditación de vuestro ímpetu exterminador.

Ahora estáis empleando la ayuda humanitaria como arma letal. Así economizáis en bombas y seguís matando con una hambruna insoportable. Para eso expulsasteis en mayo pasado a la agencia de la ONU que distribuía los alimentos, cancelasteis la entrada de comida y organizasteis vuestro invento, la Fundación Humanitaria estadounidense e israelí. A continuación habéis dejado entrar con cuentagotas algunos camiones con alimentos. Pero lo habéis hecho para disimular, para evitar esas imágenes de niños hambrientos, escuálidos, moribundos y sin esperanza que siguen escandalizando al mundo, no para que los palestinos coman.

La prueba de vuestra crueldad es que redujisteis a cuatro los 400 puntos de distribución de alimentos que gestionaba la ONU con la colaboración de varias ONGs. Y en esos cuatro puntos dispusisteis unidades armadas que están disparando a los gazatis hambrientos. Si con la distribución de la ayuda humanitaria por parte de vuestra Fundación se trata de evitar, según decís, que Hamas controle los alimentos, con las matanzas de hambrientos desesperados se trata de evitar que formen tumultos. Eso decís.

Aunque la cifra de palestinos asesinados por los soldados israelís y los mercenarios de EEUU en los puntos de recogida de alimentos ya supera 1.400, resulta cada vez más difícil obtener pruebas gráficas de lo que estáis haciendo en esos lugares, donde, según testimonios de médicos y cooperantes, vuestros elementos armados disparan en la cabeza, la barriga y los testículos a la pobre gente famélica. De hecho juegan con ellos al «tiro al pato». Y resulta más difícil cada día porque habéis ordenado eliminar a esos notarios de la realidad que son los periodistas. Desde que decidisteis arrasar la Franja habéis matado a 232 periodistas, el último, esta semana, Adam Abu Harbid, que trabajaba como fotoperiodista para varios medios de comunicación.

También esta semana el Programa Mundial de Alimentos, dependiente de la ONU, ha hecho público un comunicado haciendo saber que el hambre en Gaza ha alcanzado “nuevos y asombrosos niveles de desesperación, con un tercio de la población sin comida durante varios días seguidos”. Esto significa más de medio millón de personas hambrientas, desnutridas, quebradizas, sin defensas biológicas y a las que los virus y bacterias acarrean su punto final. Más de cien mil niños en Gaza, según las autoridades palestinas, están amenazados de muerte por la desnutrición y sus consecuencias.

Si, es vergonzoso. Vuestra forma de exterminio avergüenza a la humanidad, hace tiritar de rabia a los ciudadanos informados de todos los países. Lo sabéis y tratáis de eludir la culpa reconociendo que hay “verdadera hambruna” y proclamando: “Tenemos que alimentar a los niños”. Esas palabras de Trump, el lunes pasado, las complementó el genocida Netanyahu con la orden de suspender los bombardeos unas horas cada día mientras se reparte ayuda. Conviene disimular. Incluso habéis participado esta semana en el lanzamiento por aire de palés con alimentos. Sois listos, buscáis atenuantes a la condena internacional de vuestras masacres. Por cierto que España participa desde el viernes en la misión alimentaria de emergencia junto con Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y otros países.

El jefe de la ultraderecha facciosa española, Abascal, confortando al criminal Netanyahu

Se recordará que entonces el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, dijo en el Parlamento que “no era el momento” de reconocer a Palestina como Estado. Su antiguo correligionario y jefe de Vox, Abascal, se apresuró a viajar a Israel a confortar a Netanyahu. Resulta curioso que acudiera con el eurodiputado voxido Germán Tertsch del Valle Lerchundi, hijo del reconocido miembro del Partido Nazi en Austria, Ekkehard Tertsch. El Ejecutivo español pensó –y sigue pensando– que el reconocimiento del Estado Palestino con su actual configuración geográfica bien comunicada (Cisjordania y Gaza, desde el río hasta el mar) es el camino para conseguir una paz negociada de igual a igual y una convivencia duradera entre los dos Estados.

La decisión de España va a ser secundada ahora por Francia, Canadá, Malta y otros países. El presidente francés, Emmanuel Macrón, anunció su intención de proclamar el reconocimiento del Estado Palestino en septiembre, en su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas. La decisión de Macrón, comunicada por carta entregada en mano al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, es producto de una indignación superlativa ante las matanzas y la hambruna como arma de guerra en Gaza. Pero es también la forma de preservar alguna posibilidad de paz entre dos Estados.

El anuncio de Macrón, quien siente la obligación moral de enfrentarse a la devastación en Gaza, provocó respuestas poco amistosas de Israel y EEUU. Lógico. Trump optó por ningunear al presidente francés: “Lo que diga no importa; esa declaración no tiene ningún peso”, manifestó a los informadores. Su nuevo embajador en Francia, el semoviente Charles Kushner prescindió de la diplomacia para acusar a Macrón de hacer “un regalo a Hamas” y dar “un golpe a la paz”. Luego ya, el embajador de Trump en Israel, un majadero intercontinental llamado Mike Huckabee, escribió en las redes sociales: “Ahora puedo revelar en exclusiva que Francia ofrecerá la Costa Azul (para ubicar el Estado Palestino) y que la nueva nación se llamará ‘Franc-en-Stina”.

Más allá de la valoración del matón de la Casa Blanca y sus conspicuos representantes, lo cierto es que uno o dos países industrializados del grupo G7 podrían seguir el ejemplo francés y aumentar la presión sobre Israel. En ese sentido, el primer ministro británico, Keir Starmer, emitió una declaración condenando el sufrimiento incalificable e indefendible de la población de Gaza y afirmando que “el pueblo palestino tiene derecho inalienable a un Estado propio”. Reino Unido reconocerá el Estado Palestino si Israel no acepta un alto el fuego con Hamas en Gaza antes de septiembre y Canadá vincula su decisión a los cambios en la Autoridad Palestina.

De momento, 14 de los 32 países de la OTAN han reconocido al Estado Palestino. Entre las naciones del G-20, 10 ya reconocen al Estado Palestino y serán 13 con Francia, Canadá y Reino Unido. Entre los 27 de la Unión Europea (UE) van ganando terreno las posiciones de Irlanda, España, Francia, Suecia, Polonia, República Checa, Hungría, Rumanía y próximamente Malta. Pero quizá lo que más fastidia a EEUU es quedarse solo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas si Francia y Reino Unido se unen a Rusia y a China en el reconocimiento del Estado Palestino. Ahora una abrumadora mayoría de los países de la ONU (147 de 193) ya reconocen a Palestina como Estado, cuyo estatus sigue siendo de observador.

Palestina, Estado libre y soberan: Netanyahu y Trump avergüenzan al mundo https://www.nytimes.com/es/2025/07/18/espanol/opinion/israel-genocidio-gaza.html: Netanyahu y Trump avergüenzan al mundo

La derecha española imita a Trump contra los inmigrantes y sus hijos

Luis Díez.

Por más que exhiban su cinismo, los “autores intelectuales” de la incitación al odio, el racismo y la violencia contra los inmigrantes son personajes y cargos electos de ese PP que fundó Manuel Fraga Iribarne a partir de aquella Alianza Popular formada con los prebostes más evolucionados del franquismo, conocidos en 1976 como “los siete magníficos”. De ese PP y su brazo desgajado de extrema derecha al que llaman en latín Vox (Voz), emanan los mayores dicterios contra la inmigración y las promesas de expulsar a todos los sin papeles, los arraigados y sus hijos nacidos en España, como está haciendo en Estados Unidos (EEUU) su presidente y jefe supremacista Donald Trump.

Puede parecer contradictorio que los cachorros de los herederos del franquismo –que fue “el fascismo con corrupción”, me dijo una vez el sociólogo Amando de Miguel– vayan “a la caza del moro”, ayer en Torre Pachecho (Murcia), hoy en Alcalá de Henares (Madrid), mañana en Ponferrada (León)…, dado que el propio Franco y sus subordinados Varela y Orgaz trajeron a más de 100.000 mercenarios “moros” a matar rojos y ganar la guerra. ¿Tan mal les parece ahora que vengan a trabajar, no a matar, y ocupen los empleos que los españoles no quieren? ¿Tan mal les parece que subsaharianos, hispanos y demás personas de distintas razas y religiones aporten su inteligencia y esfuerzo al desarrollo y bienestar de nuestro país?

De antemano sabemos que los autores intelectuales del rechazo y el odio a los inmigrantes son los mismos que les quitaron el derecho universal a la asistencia sanitaria, los mismos que suprimieron las ayudas a la integración y que se opusieron con una contumacia feroz a las regularizaciones para, entre otras cosas, evitar la explotación inhumana a la que sometían a los “sin papeles”. El cinismo de los jefes del PP y su brazo fascista Vox alcanza niveles extraordinarios con tal de no reconocer que la inmigración es riqueza y que la economía española funcionaría mucho peor o sencillamente no funcionaría sin los inmigrantes, que en su inmensa mayoría vienen a trabajar y no a delinquir ni a aprovecharse de los servicios públicos como pregonan los más cínicos entre los mandos de la extrema derecha y la derecha extrema. Y ya es sabido que “cínico” viene de can, canelo o perruno que defeca y orina en público sin sentir ningún pudor.

Los jefes del PP y Vox criminalizan a los inmigrantes como si fueran delincuentes y al primer episodio (real o inventado) cometido por un inmigrante alientan el racismo, pregonan el malestar de la buena gente y mientras unos instigan a la violencia (“la caza del moro” en Torre Pacheco por la agresión a un jubilado) otros se solazan en ella y evitan condenar los ataques a los trabajadores inmigrantes. Luego, con un mensaje muy duro, que incluye deportaciones masivas al modo trumpista en EEUU, esperan sacar votos, millones de votos, de ese caldo de cultivo creado por ellos y para ellos, eso sí, “en defensa de España”. Si unos “nos rompen España” otros “nos quitan España”.

En ocasiones la consigna de los autores intelectuales del odio a los inmigrantes es muy nítida. Así, un día antes (el 8 de julio) de la agresión al anciano de Torre Pacheco por parte de tres jóvenes de ascendencia marroquí y de las posteriores convocatorias de ultraderechistas relacionados con Vox para acudir a esa localidad murciana “a cazar moros», la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, proclamó que “la inmigración irregular masiva” es un fenómeno “provocado y perfectamente medido por el Gobierno de Pedro Sánchez para crear problemas de convivencia y saturar los servicios públicos y reventar el país”. Se explica que un grupúsculo de pachequeros coreara insultos contra Pedro Sánchez ante las cámaras de televisión. Ayuso completó su consigna contra el Gobierno progresista: “No sé si es que buscan el estallido social o dejar una España ingobernable en el futuro”.

Por supuesto que la “autoría intelectual” del odio contra los inmigrantes del sur no es exclusiva de Ayuso, a la que el término “intelectual” puede resultar excesivo, sino compartida con su solemne jefe Alberto Núñez Feijóo, quien dice que los inmigrantes “vienen a delinquir”, y con los jichos de Vox, el enfático Abascal (“Santi” para Esperanza Aguirre, que lo amamantó con dinero público), su vicepresidenta y diputada por Almería, Rocío de Meer, quien anunció la expulsión de ocho millones de inmigrantes e hijos de inmigrantes nacidos en España pocos días antes del asalto a Torre Pacheco y, por supuesto, por el vicepresidente y consejero de Seguridad e Interior del gobierno regional murciano de coalición PP-Vox, José Ángel Antelo.

Entre unos y otros, la extrema derecha y la derecha extrema que eliminó el derecho a la asistencia sanitaria universal de los inmigrantes cuando gobernaba, que suprimió los fondos de integración, rechazó más del 90% de las peticiones de asilo y refugio, en contraste con la concesión de la residencia sin límite a quien viniera con medio millón de euros para comprar una vivienda, están haciendo todo lo posible para convertir la inmigración en un problema político de primer orden. Y sobre todo aprovecharán bulos y amplificarán desgracias para colocar su mercancía electoral, nada imaginativa, por cierto, sino al dictado de Trump.

De hecho, los neonazis convocados a “cazar moros” en Torre Pacheco a través de Instagrán por los cabecillas del grupo Deport Them Now (Deportarlos ahora), vinculado a Vox y a formaciones de extrema derecha de varios países europeos, reciben la inspiración (y algo más) de los emisarios de Trump, entre ellos, el propagandista ultra Bannon (no confundir con un saco de estiércol). En mayo pasado celebraron una cumbre en Italia en la que apostaron por la política trampista y acuñaron el término “remigración” como sinónimo de “deportación y expulsión”. El término fue empleado por primera vez por la vicepresidenta de Vox, diputada De Meer, en la rueda de prensa en la que anunció el objetivo de echar de España a ocho millones de personas.

Los planteamientos del PP y Vox convierten en misión imposible la gobernanza positiva de la inmigración. Las experiencias locales y regionales indican que es posible canalizar los flujos de inmigrantes a nivel nacional y europeo hacia los lugares donde se necesitan. Las fórmulas de colaboración entre los países demandantes de mano de obra y aquellos con trabajadores en paro son hoy posibles e inmediatas a través de las bolsas de empleo en Internet. La regulación de la residencia permanente, intermitente y temporal se ha de perfeccionar. Al mismo tiempo se necesita mejorar el tratamiento de las personas protegidas como asilados y refugiados con el fin de que puedan trabajar y labrarse un futuro en nuestro país. Y es menester, por supuesto, dedicar muchos más recursos económicos a cooperación para el desarrollo de nuestros vecinos del sur y más allá del África subsahariana. Todo ello se ha de hacer con el rechazo de una derecha impracticable hasta para cumplir sus obligaciones con los menores inmigrantes y respetar los derechos humanos. Qué pena.

Al poder por la crueldad

Luis Díez.

Falaris, el tirano de Agrigento (S. VI a.C), mandó construir un toro de bronce bastante grande. En él encerraba a quienes criticaban su estilo de mando, prendía fuego y los asaba vivos. De las tripas de aquel artefacto salían unos mugidos pavorosos que agradaban al tirano y le hacían sentirse más poderoso. El ejercicio de aquel poder se apoyaba en el miedo y sus hermanos mayores (horror, terror y pavor), y era similar al que viene ejerciendo desde enero pasado el matón que los estadounidenses pusieron al frente del país en su trato a los inmigrantes y a los demás países en materia de comercio exterior, cooperación y cambio climático.

La crueldad del llamado Toro de Falaris empieza a reflejarse en el campo de internamiento de inmigrantes bautizado como el “Alcatraz de los Caimanes” e inaugurado dos días antes del Cuatro de Julio por míster Trump en compañía de su subordinada de seguridad Kristi Noem y su correligionario Ron DeSantis, gobernador de Florida. La instalación, con una capacidad para 3.000 detenidos, se construyó en ocho días, con unas hileras de contenedores en el centro de unas tierras pantanosas de más de 16 kilómetros cuadrados, plagadas de alligators.

Pocas horas después de la inauguración de esta cárcel para inmigrantes, vigilada por 400 funcionarios y 200 cámaras de seguridad cerca de una pista de aterrizaje abandonada, el fiscal general de Florida, un tipo llamado James Uthmeier, anunció en X: “El Alcatraz de los Caimanes recibirá esta noche a cientos de criminales inmigrantes ilegales. Próxima parada: de regreso a donde vinieron”. El propio DeSantis, un cachorro republicano que compitió con Trump en las primarias, reconoció la crueldad de instalar la cárcel en los rudos y remotos Everglades y admitió la táctica del miedo como señal del presidente Trump para persuadir a las personas que están irregularmente en EEUU de que se marchen.

Serpientes y caimanes en las tierras pantanosas de Florida.

Sobre la crueldad gubernamental, el Nuevo Herald se hizo eco de las denuncias de las asociaciones de inmigrantes sobre el riesgo de paludismo, malaria y otras enfermedades transmitidas por los mosquitos de los pantanos a los migrantes reclusos y a sus cancerberos. Pero los activistas y simpatizantes del Partido Republicano de Florida ya han empezado a recaudar fondos a partir del nuevo centro de detención, vendiendo camisetas y enfriadores de cerveza. Incluso los funcionarios se complacen en la crueldad en redes sociales y medios conservadores, compartiendo memes de un complejo rodeado de alambradas de púas y caimanes con sombreros con el distintivo policíaco del ICE, siglas en inglés de Inmigración y Control de Aduanas.

Las redadas indiscriminadas de esa policía federal conocida como la migra y apoyada por los marines siguen causando el temor generalizado de los hispanos, especialmente en California, donde los trabajadores inmigrantes son la base de la agricultura, el comercio y los servicios. Las redadas arreciaron a partir del 6 junio sin que el necio míster Trump haya prestado atención a las autoridades locales ni aflojado en su rudeza tras las protestas masivas en las principales ciudades del país.

Hoy en Estados Unidos (EEUU) cualquier persona puede ser arrestada, secuestrada y expulsada por su color de piel. El miedo a las detenciones en los lugares menos esperados llevó el miércoles pasado al obispo de San Bernardino (California), Alberto Rojas, a dispensar a los inmigrantes católicos de la obligación de acudir a la misa semanal. Rojas encabeza una congregación de más de 1,5 millones de feligreses en el sur de California. “Hay un miedo real en muchas de nuestras comunidades a ser arrestados por agentes de inmigración”, dijo el obispo.

En Los Ángeles Times se pueden leer informaciones como la reportada por Libor Jany –“¿Secuestradores o agentes del ICE?”– que narran el repentino incremento de llamadas de ciudadanos a la policía local. “Cuando un grupo de hombres armados y enmascarados fue visto arrastrando a una mujer a una camioneta en el Distrito de la Moda la semana pasado, un testigo llamó al 911 para denunciar un secuestro”. Luego, cuando llegaron los agentes de la policía local, en lugar de detener a los secuestradores formaron una línea para protegerlos de la multitud furiosa que exigía la liberación de la mujer.

Mientras los agentes del ICE cercan los parques para detener a supuestos inmigrantes sin papeles, entran en empresas, fincas y tierras de labor, irrumpen en centros comerciales o hacen redadas a las puertas de los lugares de culto, las escuelas y en los itinerarios hacia los centros deportivos, el supremacista Trump acaba de retirar el Estatus de Protección Temporal (ETP) a unos 350.000 venezolanos, 500.000 haitianos, más de 160.000 ucranianos y miles de personas de Afganistán, Camerún y Nepal. Con la retirada del ETP desaparece el permiso de trabajo de estas personas que ahora viven con el pánico a ser deportados. El ETP suele otorgarse cuando las condiciones en el país de origen dificultan el regreso. Las personas han de registrarse en el Departamento de Seguridad Nacional para quedar protegidas y poder trabajar. Sin embargo, han de renovar la protección cada 18 meses y los periodos no cuentan para adquirir la nacionalidad. En septiembre otros 250.000 venezolanos y varios miles de sirios verán cancelados sus TPS, y en diciembre se hallarán en la misma situación centenares de yemeníes y somalíes.

El despiadado Trump trata de extender su política del miedo a los alcaldes y dirigentes locales de las “ciudades santuario”, defensoras de los inmigrantes. Para ello dio orden a la fiscal general Pam Bondi de abrir causas penales contra esas autoridades. La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, ha sido incriminada. Pero claro, la lista de “jurisdicciones santuario” del Departamento de Seguridad Nacional tiene más agujeros que la trama de la última película Misión Imposible, dice el columnista de prensa Gustavo Arellano antes de poner de relieve los errores más chuscos e hilarantes de esa relación apresurada para satisfacer al gran jefe necio.

En la lista aparece, por ejemplo, Huntington Beach, la ciudad del condado de Orange que ha demandado a Califiornia, precisamente, por ser un Estado santuario y se ha declarado “comunidad no santuario”. Aparece asimismo Represa, una localidad de la que nadie había oído hablar y era lógico porque no existe. Resulta que no es una ciudad, sino el nombre de la oficina de correos de dos lugares que no se caracterizan precisamente como santuarios: la prisión estatal de Folsom y la prisión estatal de California en Sacramento. “Más errores risibles –escribe el amigo Arellano–: Livingston, la primera ciudad del Valle Central en declararse santuario para los inmigrantes en 2017 no está en la lista, en cambio, Santee, en el condado de San Diego, tan conocido por su racismo que todavía se llama Klantee, sé lo está”.

El relato de errores y desaciertos sigue, es largo y demuestra cuán cegado de odio y furia está el mandatario deportador. Y lo malo es que la política de crueldad contra los más débiles y desamparados de un país de inmigrantes como EEUU está siendo exportada a Europa y aplicada en parte por la aventajada alumna ultraderechista, signora Meloni. El principal mentor de la política de Trump es ese saco de estiércol al que llaman Bannon, promotor de la ultraderecha paneuropea y, curiosamente, encarcelado y procesado en Nueva York por apropiarse de al menos un millón de dólares de los fondos donados por la gente para la construcción del muro en la frontera mexicana.

Los receptores y seguidores al pie de la letra de los métodos trampistas son en España los dirigentes de la extrema derecha, Vox. En cuanto se enteraron de que el todopoderoso líder multimillonario ha obtenido el plácet judicial para quitar la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en EEUU se han apresurado a proclamar que suprimirán la nacionalidad española a los inmigrantes y a sus hijos, y los expulsarán al país de origen. Para que suene menos mal, en vez de “expulsión” y “deportación”, hablan de “remigración”, un término político inventado por los racistas y supremacistas trumpianos. ¿A cuantos millones de españoles van a expulsar? ¿Incluso a los que les han votado?

Escabechina de científicos marca Trump

Luis Díez

Mientras el presidente de Estados Unidos (EEUU), el belicoso y criminal que acaba de atacar a Irán, Donald Trump, desmantela las instituciones de investigación, los gobiernos de numerosos países avanzados ven una oportunidad única de rescatar a muchos de sus investigadores y ofrecen incentivos a la fuga de cerebros del país más poderosos del mundo. Trump recorta miles de millones de dólares a institutos científicos y universidades, restringe lo que se puede estudiar y expulsa a los inmigrantes. Y eso que este patriota de ultraderecha funciona con los lemas: “Hacer grande a América de Nuevo” y “América primero”. Quien lo diría.

Holden Thorp, editor jefe de la revista Science, recuerda que desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha invertido enormes cantidades de dinero en investigación científica en universidades independientes y agencias federales. Esa financiación ayudó al país a convertirse en la mayor potencia científica del mundo, lo llevó, por ejemplo, a la invención de Internet, los teléfonos celulares y a nuevas formas para tratar el cáncer, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Se pueden citar eminencias europeas, españolas y latinas en esos campos del conocimiento –desde la computación y eso que llaman inteligencia artificial hasta la medicina– que de pronto se quedan con sus proyectos en el aire.

La corresponsal en Londres del New York Times en materia económica, Patricia Cohen, dice que en 2024 EEUU gastó casi un billón de dólares –aproximadamente el 3,5 % de su producción anual– en I+D. En investigación de base, que a largo plazo produce los avances tecnológicos y científicos más importantes, la aportación gubernamental representó el 40% de la inversión. Pero para el multimillonario presidente y su familia, que ahora lanza una marca propia de teléfonos y una operadora de telefonía, la ciencia es “cantidad negativa”. Así que considera “un despilfarro” el gasto federal en ciencia y ha recortado los fondos y el personal subvencionado por Fundación Nacional de Ciencias, los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus iniciales en inglés), la NASA y otras agencias, además de reducir la ayuda a la investigación en varias universidades privadas. El hachazo en el presupuesto de 2026 es del 40% a los NIH y del 55% a la Fundación Nacional de ciencias.

Varias universidades ya han anunciado congelaciones en las contrataciones, recortes de personal y han dejado de admitir a nuevos estudiantes de posgrado. Los ataques de Trump y sus secuaces a la Universidad de Harvard, prohibiendo la inscripción de estudiantes extranjeros, son la evidencia más escandalosa del nepotismo y la necedad. Las instituciones de investigación de terceros países que colaboran con sus colegas de EEUU ven con preocupación el desmantelamiento y la liquidación de programas. Pero, al mismo tiempo aprovechan la oportunidad para atraer el talento. “Hay amenazas para la ciencia al sur de la frontera”, dijo Brad Wouters, directivo del University Health Network, el principal hospital y centro de investigación médica de Canadá. Y a renglón seguido lanzó la campaña de reclutamiento “Canadá Leads”.

“Vengan para acá”, dijeron los directivos del Instituto Australiano de Política Estratégica. Líderes europeos, largo tiempo preocupados por la fuga de cerebros ofrecen incentivos para recuperar y atraer a los investigadores despreciados en EEUU. La Unión Europea (UE) anunció en mayo un presupuesto suplementario de 550 millones de euros adicionales (556 millones de dólares) para cebar el imán europeo y atraer a los investigadores”. Ni que decir tiene que es una cifra muy escasa en comparación con las cifras estadounidenses. También es cierto que los salarios son más bajos en la UE. Un investigador postdoctoral en Stanford gana un salario de 6000 euros (unos 6700 dólares) mientras en Francia, por ejemplo, un investigador de 35 años puede gana como máximo 3.600 euros. Y en España no pasa de 3.000 brutos. Pero no todo es cuestión de dinero, ya que tres de cada cuatro estudiantes de doctorado e investigadores posdoctorales de los 1600 que respondieron a una encuesta de la revista Nature en marzo pasado se confesaron dispuestos a abandonar el país por la políticas de Trump.

Hay menos dinero, pero una red de seguridad social y eso que llamamos Estado del Bienestar que compensa la diferencia salariales por países y universidades de todo el mundo.

Francia invertirá 100 millones de euros para atraer a investigadores estadounidenses, según ha anunciado el presidente Emmanuel Macron. España destina 45 millones de euros adicionales para atraer a investigadores de EEUU según ha explicado la ministra de Ciencia, Innovación y Universidad Diana Morant. Y Cataluña ha puesto en marcha un programa suplementario de 30 millones de euros. Además, una decena de universidades españolas contribuirán a financiar los programas de investigación de 78 científicos estadounidenses de “alta calidad” durante los próximos tres años. Gran Bretaña planea gastar 50 millones de libras (o 66 millones de dólares) para atraer y financiar a científicos internacionales. En Dinamarca el director de la Cámara de Comercio, Brian Mikkelsen, hizo una invitación directa a 200 investigadores estadounidenses para que vengan a trabajar durante los próximos tres años. Y lo propio ha hecho en Suecia el ministro de Educación, Johan Pehrson, y el primer ministro de Noruega, Jonás Gahr Store, quien dispuso una ayuda extra de 100 millones de coronas para atraer el talento.

En Canadá laRed Universitaria de Salud de Toronto y otras entidades dedicarán 21,5 millones de dólares USA a la contratación de 100 jóvenes científicos de EEUU. En Portugal, la Escuela de Medicina NOVA presupuestará dos millones de dólares adicionales para cubrir los salarios de “investigadores internacionales de excelencia” durante tres años y algunos costos de reubicación. En Australia (continente australiano), la Academia de Ciencias ha puesto en marcha una campaña de donaciones para aprovechar una “oportunidad urgente e inigualable para atraer a las mentes más brillantes de Estados Unidos”, dijo su presidenta, Anna-Maria Arabia. Incluso China, Japón y Corea del Sur han implementado políticas para atraer a los cerebros en fuga de EEUU.

En todos los casos, los anuncios han ido acompañados de críticas veladas y abiertas a las políticas de Trump. La ministra de Mujer, Ciencia e Investigación de Austria, Eva-Maria Holzleitner, se despachó en un video en Instagram: “La destrucción de la libertad científica y la democracia en Estados Unidos me deja sin palabras”, dijo antes de anunciar: “Estamos trabajando en programas para brindar un refugio seguro a estudiantes y científicos en riesgo”. Resulta muy novedoso que los captores de talento ofrezcan sobre todo “libertad académica” a los profesores e investigadores estadounidenses. La propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó fechas atrás, cuando lanzó el programa “Elige Europa para la Ciencia”, el proyecto de “consagrar por ley la libertad de investigación científica”. Ni gobiernos ni presidentes podrán amenazar la libertad de pensar, investigar, crear y enseñar.

Trump (3) o los primeros cien días de daño del necio

Madrid.–Luis Díez

Ahora que se van a cumplir cien días de la llegada (por segunda vez) de Donald Trump a la Casa Blanca, los grandes medios de comunicación estadounidenses preparan balances y encargan encuestas sobre la gestión del presidente. Algunos formulan preguntas a sus lectores. El USA Today quiere saber cuantos están de acuerdo con lo que hace el presidente y si les parecen bien o mal sus decisiones económicas. A la hora de hacer un balance de los primeros cien días del “agente naranja”, alias Elnecio, mi amigo Willer se inclina por abreviar al máximo: contar lo que ha hecho bien. Pero la importancia del daño merece un cierto recorrido. El columnista del Wall Street Journal Karl Rove titulaba su análisis del día de Jueves Santos: “Estados Unidos se cansa de Trump” y destacaba que “su ritmo frenético y su falta de concentración dejan preocupados y confundidos a muchos votantes”. Rove es un tipo piadoso.

Elnecio bautizó el 2 de abril como “el día de la liberación”. Rodeado de su corte de secretarios y altos cargos en función de palmeros, anunció en el jardín de la Casa Blanca la imposición de aranceles a todas las mercancías que entraran en Estados Unidos (EEUU) desde cualquier punto del planeta. La tarifa básica del 10% para todos se incrementaba hasta el 145% del precio del producto si procedía de China y también castigaba de una manera especial a Japón y a la Unión Europea (UE). Previamente había firmado órdenes ejecutivas para aplicar aranceles del 25% a los automóviles y sus componentes, así como a los metales más empleados en la construcción y la industria: hierro, acero, aluminio.

Con un batiburrillo plagado de mentiras a modo de discurso, Elnecio justificó su declaración de guerra comercial por el daño que el libre comercio hace a la industria y a la balanza comercial de su país. Mintió sobre el desequilibrio con la UE al no incluir los servicios en la balanza de pagos. Pero al margen de esa y otras consideraciones, el derrumbe de las bolsas de valores fue la respuesta más contundente registrada desde el crack de 1929. Las 500 personas más ricas del planeta, según Bloomberg, perdieron 536.000 millones de dólares en las dos jornadas siguientes al “día de la liberación”. Era la mayor pérdida de riqueza jamás registrada en 48 horas. Entre esos multimillonarios se hallaba el grupito de magnates que apoyó al “agente naranja”, asistió a su toma de posesión o contribuyó a su campaña y entronización.

En lo que el patrimonio neto de los oligarcas más ricos del mundo que ahora gobiernan el país más poderoso de la tierra –léase Elon Musk, Jeff Brezos y Mark Zuckerberg– se desplomaba, al caos bursatil iba seguido del incremento del coste de la deuda. El bono a diez años alcanzaba un interés del 5% debido, según los analistas, a la pérdida de credibilidad del país, algo insólito. Entonces Elnecio intentó calmar la situación anunciando una moratoria arancelaria de noventa días en la que estamos. Justificó, no obstante, ese trimestre de gracia diciendo que se necesita tiempo para recibir a los gobernantes de los 75 países que hacen cola para negociar o, según sus palabras, “que han pedido venir a besarme el culo”.

El matonismo reaccionario y soez de Elnecio, que enseguida se apiadó de las grandes tecnológicas de EEUU que fabrican en China y suprimió los aranceles a teléfonos, chips, ordenadores, televisores, etcétera, ha contagiado a algunos de sus colaboradores. Eso se deduce de los denuestos de Musk contra Peter Navarro, el principal asesor de Trump en comercio exterior, al que tildó de “auténtico imbécil” y “más tonto que un saco de ladrillos”. La bronca empezó cuando Navarro dijo en una televisión que Musk, el propietario de Tesla, “no es un fabricante, sino un ensamblador de autos” en su planta de Austin (Texas). Navarro abundó en que los motores que recibe (sistemas eléctricos y baterías) proceden de Japón y de China, la electrónica viene de Taiwán…” El humor de Musk, que también es dueño de X (antes Twitter) y la lanzadera espacial SpaceX, estalló como un huevo podrido. Le llamó “imbécil”, dijo que sus afirmaciones eran falsas y aseguró que “Tesla tiene la mayor cantidad de autos fabricados en EEUU”. La polémica siguió varios días en las redes sociales. Un usuario que compartió un video de Navarro sobre los aranceles y dijo que le parecía un experto fiable, pues Navarro es doctor en economía de Harvard, la universidad más prestigiosa del mundo occidental, se encontró esta respuesta de Musk: “Un doctorado en Economía de Harvard es algo malo, no bueno”.

Con todo, el multimillonario Musk, el tipo más rico del mundo, al que Trump colocó al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, deja ya su cometido. Según algunos periódicos de Wasington y Nueva York, abandonará en fechas próximas su colaboración con Elnecio después de haber despedido a más de 150.000 funcionarios y recortado especialmente los programas de sanidad, educación y seguridad social. Eso sí, los mismos medios afirman que Musk seguirá siendo amigo de Trump, quien, quizá para paliar las pérdidas del “día de la liberación”, le ha adjudicado gran parte del programa de lanzamiento de satélites espía del Ejército, con una entrega inicial de 6.000 millones de euros.

Al margen de los juegos de manos entre el presidente y sus familiares y amigantes, quedará ya como patrimonio inmemorial del movimiento reaccionario Make America Great Again (MAGA) la pérdida de fiabilidad de los EEUU. Los profesores Henry J. Farell y Abraham L. Newman, autores del libro Imperio subterráneo (“Cómo EEUU convirtió la economía mundial en un arma”) manifestaban esta semana en The New York Times que probablemente los países y las empresas rindan pleitesía a Trump, o finjan hacerlo para evitar aranceles, sanciones y controles a la exportación. Pero también sabrán que EEUU ya no es del todo fiable. Es probable que veamos la erosión de los mercados que sustentan la fortaleza de Estados Unidos a medida que los tributos unidireccionales desplacen a las relaciones bilaterales en un mundo multilateral. Y añadían: “Las empresas globales diversificarán sus cadenas de suministro aplicando a la exposición estadounidense los mismos cálculos de riesgo que antes aplicaban a los tratos con cleptócratas de poca monta”.

La decisión de Elnecio de “hacer grande a los EEUU de nuevo” declarando la guerra arancelaria a sus vecinos México y Canadá en primer lugar y luego a China, Japón y la UE especialmente, ha provocado también una fuerte tensión interna. El gobernador de California, Gavin Newsom, impugnó la autoridad del presidente para imponer los aranceles generalizados que han desatado una guerra comercial global. La demanda interpuesta el pasado 16 de abril ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California argumenta que Tramp hace un “uso ilegal” de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles, pues si bien la ley permite al presidente congelar y bloquear las transacciones en respuesta a amenazas extranjeras, no permite en cambio aplicar aranceles. La implementación de tales aranceles requiere la aprobación del Congreso.

El enfrentamiento más sonado a cuenta de los aranceles se veía venir y estalló por fin en esta semana de pasión. El presidente de la Reserva Federal (la Fed, por sus siglas en inglés), Jerome Powell, manifestó durante un almuerzo en el Club Económico de Chicago lo que todos sabían, que “es muy probable” que los aranceles de Trump provoquen inflación y un empeoramiento de las condiciones económicas del país. El discurso de Powell, seguido de preguntas de empresarios e inversores, sirvió para advertir sobre la posible desaceleración de la economía, la consiguiente carestía y la pérdida de empleo, a consecuencia de las inestables condiciones económicas bajo el gobierno de Trump. Éste repicó en su red Truth Social (Verdad social) con un mensaje amenazante: “El despido de Powell no puede esperar”, decía tras tildarle de errático y lento y de conminarle a bajar los tipos de interés, pues “los precios del petróleo han bajado, los alimentos (incluso los huevos!) han bajado y EEUU se está enriqueciendo con los aranceles”.

Otras medidas de estos cien primeros días de gobierno de Elnecio, como las redadas y deportaciones de inmigrantes, la declaración de unos 6.000 inmigrantes “muertos” para borrarles de la seguridad social, el despliegue del Ejército en la frontera con México con competencias para detener a las personas inmigrantes y entregarlas a la policía, el despliegue de la Armada USA en Panamá, la retirada de fondos federales a las agencias humanitarias, la OMS y las Naciones Unidas, los despidos masivos en la administración federal y la supresión de departamentos como el de Educación al tiempo que lanza sanciones económicas (supresión de 2.200 millones de subvención) contra la universidad de Harvard por no plegarse a las órdenes presidenciales y protestar contra el exterminio de los palestinos en Gaza, así como la befa y la chufa sobre el cambio climático y, desde luego, la discriminación de gais y lesbianas… han comenzado a perjudicar gravemente al país y, sobre todo, a precarizar y arruinar su democracia liberal y, por contagio global , la de otras naciones, provocando más sufrimiento, guerra y pobreza.