Archivo de la etiqueta: Donald Trump

Míster TACO el supremacista, gran insultador

Luis Díez.

Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se permite el lujo de insultar urbi et orbe a su antecesor Barack Obama y a su esposa Michelle, subiendo a las redes sociales sus caras con cuerpos de monos, ¿a quién puede extrañar que el jugador de fútbol del Benfica, Gianluca Prestianni, haya podido repetir de viva voz el insulto racista –“¡Eres un mono!”– a su colega brasileño del Real Madrid Vinicius José Paixão de Oliveira?

Prestianni, un joven argentino de 20 años, tuvo la precaución de taparse los labios con la mano y la camiseta para insultar al contrario. Sabía que su injuria al brasileño, que acababa de marcar un golazo de los suyos, era de tinte racista (Vini es negro) y, además de ser delictiva, podía costarle una suspensión de hasta doce partidos, según el reglamento de la UEFA.

En contraste con lo que ocurre en los estadios de fútbol en los países europeos, donde los clubes, los jugadores y la mayoría de los aficionados combaten el racismo con prohibiciones y sanciones, el presidente de los EEUU insulta a y discrimina a quienes tienen una pigmentación de la piel distinta a la suya sin que nadie pueda sancionarle ni suspenderle una temporada.

Los dicterios del tipo que ocupa el cargo más alto del país más poderoso del mundo, en términos bélicos, no solo han denigrado al expresidente Obama por negro, sino también porque su padre era de Kenia (su madre de Kansas) y le consideraba un emigrante. En lo atinente al color de la piel, Trump insultó en su día a los estadounidenses cuando preguntó a su abogado Michael Cohen: “¿Hay algún país dirigido por una persona negra que no sea idiota?” (Cohen en su libro Desleal, unas memorias).

Por lo demás ya es conocido el video difundido por Trump en el que se ve a Obama siendo detenido y esposado por dos agentes del FBI. Son imágenes falsas, generadas con inteligencia artificial, lógicamente. Una secuencia con la que el supremo supremacista, sembrador de odio, ha tratado de humillar a Obama, entre otras cosas, por defender a los inmigrantes frente a la represión brutal y criminal de los agentes mal formados del ICE, ya conocidos como la Gestapo de Trump.

Lo malo de ese mandatario, ahora empeñado en sustituir a la ONU por una Junta de Paz de pago con él al frente, es que la didáctica insultante que practica se extiende por todo el planeta y alimenta a grupos de ultraderecha que se prevalen de la democracia para debilitar la democracia y liquidar derechos humanos y sociales conseguidos con sangre, sudor y lágrimas.

Ese tipo, Trump, llama shithole countries (“países de mierda”) a las naciones latinoamericanas y africanas; tilda de “despreciable” la lengua española, segunda más hablada y escrita en el país que preside; califica de “estúpidos” a los latinos; afirma que los haitianos “roban las mascotas a sus vecinos para comérselas”; denigra a los inmigrantes somalíes llamándoles “basura”; califica de “criminales peligrosos, violadores y pedófilos” a los que entran por la frontera con México; impreca por “débiles” a los gobernantes europeos. Y a alguno le llama “estúpido”.

Con un estilo insultón, prepotente y malhablado, ese presidente de EEUU lo mismo escarnece al ukraniano Volodomir Zelenski tachándole de “dictador” por no haber convocado las elecciones de 2024 (en plena guerra contra la invasión rusa), que califica de “demasiado estúpido” al presidente del banco central o Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, que arremete contra el director de cine Rob Reiner apenas unas horas después de haber sido asesinado.

La siembra de odio del todopoderoso Trump incluye el machismo y las ofensas a las mujeres. La periodista Megyn Kelly citó en una ocasión en Fox News algunos de los insultos misóginos que ese míster había lanzado contra las mujeres:“cerdas gordas”, “perras”, “vagas” y “animales repugnantes”, entre otros.

En diciembre pasado cortó a la periodista Catherine Lucey –“¡Silencio cerdita!”– cuando intentaba preguntarle sobre su negativa a publicar los archivos del pederasta multimillonario y antiguo amigo Jeffrey Epstein. Tres días después reprendió y amenazó gravemente a Mary Bruce, de la cadena ABC, a la que califico de “empresa asquerosa”, por recordar el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista saudí refugiado en EEUU y columnista del Washington Post, durante la visita a la Casa Blanca del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán. “Eres una persona terrible y una periodista terrible”, la conminó Trump con tono amenazador. Khashoggi fue asfixiado y descuartizado el 2 de octubre de 2018 en el consulado saudí de Estambul (Turquía).

Queda de relieve que cuando el magisterio de los gobernantes, comenzando por el más poderoso, es tan burdo y sañudo, resulta más difícil erradicar los insultos racistas y las demás manifestaciones de odio –también hacia las mujeres– de los lugares públicos. Como dijo el expresidente Obama, ni la burla hacia los afroamericanos ni la cruda persecución de inmigrantes ordenada por Trump se habían visto hasta ahora en EEUU como productos de la Casa Blanca. Son más propios de regímenes autoritarios que de una democracia, añadió.

Visto lo visto no es extraño que los mejores atletas estadounidenses en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina hayan manifestado su inquietud por tener que representar a su país, sumido en la profunda crisis de derechos humanos por las políticas de Trump de persecución a los inmigrantes y a la comunidad LGTBI. La campeona de esquí Mikaela Shiffrin, la snowboarder Chloe Kim y los esquiadores de estilo libre Hunter Hess y Chris Lillas se encuentran entre los que manifestaron el deseo de que su país proyecte una imagen decente.

Una imagen, por ejemplo, como la que transmitió enla última Super Bowl el deslumbrante despliegue de creatividad y hermandad americana del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el estadio de Santa Clara (California). Claro que si Trump contestó al esquiador Hess llamándolo “un verdadero perdedor”, ni siquiera asistió, como es costumbre de los presidentes, al gran partido de fútbol americano que enfrenta a los campeones de las dos conferencias. Eso no quita para que calificase la actuación de Bad Bunny, en español, de “absolutamente terrible”, “¡una de las peores de la historia!” “Una afrenta afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

Pero ¿sabéis que? Que la única encuesta publicada sobre quien representa mejor los valores americanos arrojó un 42% de opiniones a favor del cantante frente al 39% del presidente. El 20% dijo no estar seguros. El 61% de los votos favorables a Bunny fue de personas negras y el 46% de personas con raíces hispanas.

No es la primera vez que el gran insultón supremacista carga contra cantantes famosos. Por ejemplo, a Bruce Springsteen le llamó “imbécil” y “más tonto que una piedra”. Fue su respuesta a la afirmación del Boss en un concierto en Manchester de que “EEUU está en manos de una administración corrupta”. Ahora (el 31 de enero) el autor de Born in the USA (Nacido en EEUU) y auténtico icono del movimiento obrero que respalda al Partido Demócrata, ha emprendido una gira que terminará el 27 de mayo en Washington con un único objetivo: parar a Trump.

Seguro que el reverendo Jesse Jackson estaría plenamente de acuerdo con el lema de la gira del cantante: Land of Hope and Dreams (“Tierra de esperanza y sueños”), y que si pudiera, el sucesor de incansable Martin Luther King en la lucha por los derechos civiles de los pobres y los negros, asistiría a ese concierto en el pabellón Centro Unido de Chicago el 29 de abril. Pero no puede: murió el martes pasado a la misma hora que en el Estado de la Luz, en Lisboa, un jugador blanco escupía el mismo insulto de Trump a Obama contra un jugador negro. Una pena.

En el año 2000, Jackson, enviado especial para África desde 1992, recibió del entonces presidente Bill Clinton la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil del país. Dada su trayectoria de lucha contra el racismo y por la libertad y los derechos de los más humildes –también de las mujeres– quizá aquel negro que lloraba cuando por fin un hermano de color, Obama, conquistaba por primera vez la Presidencia de EEUU, en 2009, merezca a título póstumo la Medalla de Oro de una comunidad multiétnica como la madrileña.

En lugar de eso, la frutera del PP se la va a dar a TACO (Trump always coward o siempre cobarde), que es como llaman a Trump en Wall Street. Si supieran que “taco”, además de designar el sabroso plato mexicano es sinónimo en España de blasfemia vulgar, entenderían mejor la ocurrencia medallera en estos pagos.

Civilización o barbarie contra los inmigrantes

En la foto de Reuters una joven llora en el lugar donde mataron al enfermero Alex Pretti, en Mianápolis

Luis Díez.–La decisión del Gobierno progresista español de regularizar a cuantos inmigrantes sin papeles residen en nuestro país desde antes del 31 de diciembre abrió el martes pasado la edición digital del New York Times. No es la primera vez que el principal periódico estadounidense destaca la política migratoria del Ejecutivo de Pedro Sánchez (PSOE) por el respeto y aprecio a las personas, en contraste con la crueldad implantada en EEUU por Donald Trump contra hispanos, negros y asiáticos.

En esta ocasión, la medida que facilita la residencia legal en España de las personas inmigrantes que hasta ahora estaban en el limbo legal y eran pasto del miedo, la marginación, el engaño y la vil explotación laboral, ha coincidido con las redadas en Mineápolis (Minnesota) de “la Gestapo de Trump”, como llaman a los policías enmascarados de la agencia estatal de inmigración y fronteras (ICE). En dichas redadas el ICE mató el 7 de enero a Renee Good y el 24 a Alex Pretti. Renee era poetisa, madre y admirada por su compromiso social. Alex era enfermero de cuidados intensivos. Los dos tenían 37 años, los dos eran estadounidenses y ambos fueron acribillados a tiros. Los agentes de la migra trampista vaciaron los cargadores de sus armas contra ellos.

Renee Good, de 37 años, asesinada el 7 de enero en Mineápolis por un agente del ICE

Se comprende que en medio de la indignación popular en EEUU por los constantes ataques a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, España aparezca como una isla de humanidad y sentido común. El reconocimiento de derechos humanos, sociales y de ciudadanía de más de medio millón de personas sin papeles –según la estimación de la fundación Funcas– que ya residen y trabajan en nuestro país se realiza al amparo de la última reforma del Reglamento de Extranjería (2025), no necesita decreto, fomenta la integración y la convivencia y es compatible con el crecimiento económico y la cohesión social, según explica el Ejecutivo en nota de prensa.

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, aclara el alcance, las condiciones y otros detalles en este documento de preguntas y respuestas (pdf – 1,1 MB). “La regularización reconoce y dignifica a quienes ya viven entre nosotros”, dice antes de explicar que en vez de aprobar la medida por decreto, se hará por la vía reglamentaria, que es hoy “la más rápida, eficaz y garantista” para dar una respuesta inmediata, ordenada y plenamente conforme al marco legal español y europeo.

En las conversaciones entre el Gobierno y las formaciones políticas en busca de los votos necesarios para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, el grupo de Unidas Podemos (5 diputados) puso la condición de que se aprobase la regularización pendiente desde que el propio Parlamento votó mayoritariamente a favor de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) el 9 de abril de 2024. La ILP llegó respaldada por más de 700.000 firmas y unas 900 entidades y asociaciones. Entonces fue respaldada por 310 votos a favor de todas las formaciones frente a 33 de la ultraderecha, ahora alineada con el trumpismo.

PP y ultras trumpistas en contra

La portavoz en materia migratoria y diputada por Melila del derechista PP, Sofía Acedo Reyes, dijo entonces que votaban a favor de la regularización “porque Cáritas y otras entidades que cuidan y trabajan con los inmigrantes nos lo han pedido; porque también nos lo han pedido los empleadores, que necesitan imperiosamente mano de obra, y nos lo han pedido muchos ciudadanos que han firmado esta iniciativa legislativa popular, y debemos escucharlos. Debe hablarse de esta cuestión –y así lo hacemos en el Partido Popular– como de una cuestión de Estado, con una posición equilibrada entre el limbo jurídico en el que se encuentran muchas personas extranjeras que ya están en España perfectamente integradas, el control de fronteras y la expulsión de los inmigrantes que tienen un expediente de retorno a su país”.

Los nacionalistas vascos y catalanes reclamaron entonces competencias autonómicas en materia migratoria, y lo propio han hecho ahora. El Ejecutivo mantiene sus compromisos de negociar las transferencias correspondientes. Pero si la ministra Saiz elogia el afán de los nacionalistas de asumir responsabilidades en la materia, la izquierda del PSOE, especialmente UP, advierte sobre la tendencia excluyente y racista de Junts, el principal partido de la derecha catalana, y pide al Gobierno de Sánchez que hile fino para evitar que la transferencia de competencias suponga un retroceso.

Miles de inmigrantes temporales marroquíes y de terceros países acuden cada año a la recogida de los frutos rojos en Huelva.

Aunque la regularización ha sido acogida con elogios por la Iglesia Católica, la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y, por supuesto, Cáritas, la principal ONG cristiana en España, el líder del PP y jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, parece haber olvidado el compromiso parlamentario de su partido y además de acusar al Gobierno de utilizar la inmigración para “distraer la atención” del accidente ferroviario que costó la vida a 45 personas, se ha pronunciado en contra de la medida. Primero ha consultado a la Comisión Europea, con mayoría de derechas, y puesto que la regularización es perfectamente legal, ha anunciado que su partido la recurrirá a la más alta instancia judicial. Y otro tanto ha hecho y dicho el jefe de la ultraderecha Vox. Esos líderes culpan a Sánchez de la llegada de personas que huyen de la pobreza, las guerras, hambrunas y los desastres naturales con frecuencia provocados por el cambio climático que ellos insisten en negar.

Por supuesto que la gobernanza de la inmigración sería posible y mejor si, como ha estudiado y propuesto la fundación Carnegie sobre ética en las relaciones internacionales, se consiguiera el compromiso de los países desarrollados de cooperar entre sí en la admisión de inmigrantes económicos y de refugiados en función de sus mercados laborales y de otros parámetros sociales, económicos y culturales como la demografía, la renta per cápita y la afinidad lingüística y cultural entre otros factores.

Cierto es que en vez de una gobernanza enriquecedora, los gobiernos europeos se han limitado hasta ahora a poner en común el reforzamiento de las fronteras de la Unión Europea (UE) y, coaccionados por la propaganda de la extrema derecha, han decidido endurecer las medidas contra las personas sin papeles ni medios económicos que consiguen entrar en el país y sobrevivir trabajando sin derechos en la economía sumergida y en actividades tangenciales.

Boicot al Mundial de Fútbol

Aunque la persecución del inmigrante sin papeles se ha intensificado en algunos países como Italia, Reino Unido, Alemania, Grecia e incluso Albania, no ha alcanzado las cotas de crueldad imperantes en EEUU, donde ya se contempla el boicot masivo al Mundial de Fútbol como medida de protesta contra las redadas, detenciones, encarcelamientos sin comunicar y asesinatos. Treinta inmigrantes han muerto bajo custodia policial en 2025, primer año del segundo mandato de Trump.

El oficial policíaco Gregor Bovino, en el centro de la foto, con sienes rapadas y abrigo al estilo de los nazis, acompañado de sus sus matones enmascarados, «la Gestapo de Trump» contra los inmigrantes.

Las agresiones a la población por parte de los matones del ICE al mando del oficial Gregor Bovino, han provocado protestas masivas y demandas por agresiones a tiros y con gases tóxicos allí por donde han pasado sembrando el terror: Los Ángeles, Chicago, Charlotte, Nueva Orleans y Mineápolis, donde el viernes hirieron de un balazo a otra mujer en una mano. La situación es tan delicada que Trump ha anunciado su intención de “desescalar” para calmar al personal y ha sacado a Bovino de Mineápolis y enviado a su zar de la frontera, Tom Homan, a supervisar las operaciones del ICE en el estado.

La represión de esos jefes con ademanes y hasta indumentaria nazi-fascista se completa con los recortes de todas, absolutamente todas las ayudas federales a las personas necesitadas y el encarecimiento de los servicios básicos como la asistencia sanitaria y la escolarización. El odio a los inmigrantes ha llevado a Trump a dejar en suspenso la renovación de la carta de residencia de más de cinco millones de personas. El jefe de la Casa Blanca se ensaña especialmente con los hispanos, provocando quejas de la patronal del transporte, la agricultura y otros sectores. La Ford, por ejemplo, busca cinco mil mecánicos. Pero en vez de resolver problemas, Trump hace la peineta a los trabajadores cuando uno osa imprecarle.

Gran gran pancarta en un estadio de fútbol de California: «Lucha contra la ignorancia, no contra los inmigrantes»

Si a ese estado de cosas se añade la suspensión de la tramitación de nuevos visados a 75 países, entre los que figuran algunos tan importantes como Rusia, Egipto, Nigeria. Y en la propia América Latina: Brasil, Cuba, Colombia y Uruguay, se comprende por qué se está generando una opinión cada vez más amplia a favor del boicot al Mundial de Fútbol de este verano en EEUU. Por si fuera poco, la Administración de Trump ha complicado la vida con trámites, inspecciones y trabas burocráticas a las universidades que reciben estudiantes e investigadores extranjeros. Y también ha encarecido los visados a los trabajadores más cualificados, médicos, ingenieros, abogados, investigadores, gestores, profesores hasta superar los 80.000 dólares por un permiso de un año. ¿Será la forma de hacer grande a América de nuevo, del Maga de Trump? ¿O será tan solo un efecto de la ignorancia y el odio del inquilino supremacista de la Casa Blanca y su salón de baile?

Premios Nobel a inmigrantes en EEUU

Fechas atrás, bueno, el 11 de diciembre de 2025 para ser exacto, leí unas frases atribuidas por el periodista William J. Broad a un hombre que decía: “Tenemos que saber que las personas que proceden de entornos distintos mejoran el nivel de todos los implicados. Es una historia asombrosa. Los grandes pensadores pueden mejorar no solo Estados Unidos, sino el mundo”. Este hombre se llama Omar Yaghi, tiene 60 años y manifestó su preocupación porque Trump ha puesto en peligro el ecosistema estadounidense de excelencia científica. “Creo que es lamentable”, dijo. “En la civilización humana, hemos aprendido una y otra vez que los académicos pueden moverse a través de las fronteras. Así es como se extendió el conocimiento y como vastas regiones del mundo salieron de la pobreza”.

Yaghi creció en una familia de refugiados palestinos en Jordania. Eran ocho hermanos, vivían en un corral de vacas y tenían una habitación para todos. Carecían de electricidad y agua corriente, pero su padre, que era carnicero, consiguió enviarle a estudiar a EEUU cuando tenía quince años. Ahora, bueno, el miércoles 10 de diciembre de 2025, el señor Yaghi, profesor de la Universidad de California en Berkeley, recibía el Premio Nobel de Química en Estocolmo.

En lo que llevamos desvivido del siglo XXI el 40% de los premios Nobel a estadounidenses en Física, Química y Medicina recayeron en personas no nacidas en EEUU, es decir, emigrantes. Y para mayor contrariedad del déspota y desalmado (sin alma) Trump, la proporción fue mayor en el Nobel de Física, que recayó en John Martinis y los inmigrantes en EEUU Michel Devoret, (francés) y John Clarke (inglés).

Consecuencias del asalto armado y la «ocupación virtual» de Venezuela

Luis Díez.

A la mayoría de los delincuentes les molesta la luz. Por eso dejaron a oscuras Caracas antes de fumigar desde una flotilla de helicópteros a los centinelas que vigilaban la casa del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de secuestrarlo junto con su esposa Cilia Flores. Se dirá que no eran ladrones, sino soldados de élite. Es cierto. Pero el mandatario de Washington que, para estrenar el año 2026, dio la orden de ataque poco antes de las diez de la noche del 2 de enero, actuó como un vulgar forajido jefe de una banda de ladrones de ganado.

Nicolás Maduro, esposado y rodeado de agentes de la DEA es trasladado a una prisión en Nueva York tras el asalto armado a su residencia en Caracas

Ya es sabido que en el asalto a la residencia de Maduro mataron a 32 centinelas de nacionalidad cubana y que, paralelamente al secuestro, que fue ejecutado a las dos de la madrugada del 3 de enero, bombardearon el puerto de Guaira, la base aérea de La Carlota, el cuartel de Tiuna y las antenas del Volcán, en las cercanías de Caracas. Las autoridades venezolanas no concretaron el número de muertos, aunque algunos medios dijeron que fueron un centenar. Todos ellos se suman a las 114 personas asesinadas en los 35 ataques a embarcaciones de supuestos “narcoterroristas” que luego resultaban ser famélicos pescadores, parados impecunes y delincuentes menores a los que pagaban 500 euros por el transporte de fardos de coca a Trinidad y Tobago y otras islas del Caribe con destino a Europa.

También es sabido que el cuatrero jefe vio y oyó en directo la operación, en compañía del secretario de Estado Marco Rubio; el jefe del Pentágono y secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el director de la CIA, John Tatcliffe (a saber cómo se llamará el tipo). Al matón de la Casa Blanca le agradó de verdad, le gustó mucho la película, según dijo horas después en su mansión Mar-a-Lago, en Florida, donde tan buenos ratos pasó en aquellas fiestas con lindas jovencitas que organizaba su vecino y amigo, el depredador sexual Jeffey Epstein.

Donald Trump sigue en directo la captura de Maduro. A su lado, de brazos cruzados, el jefe de la CIA también contempla las escenas y escucha las explicaciones del secretario de Guerra.

El matón se sintió orgulloso de sus fuerzas armadas, “las mejores del mundo”, dijo; elogió el acierto, la rapidez y la eficacia de sus jichos de operaciones especiales, los Delta Force aerotransportados, y celebró que ninguno hubiera resultado muerto o herido, pues los centinelas de Maduro solo pudieron disparar unos balazos contra un helicóptero, sin consecuencias. Se le olvidó mencionar la colaboración interna, el terreno minado de espías y confidentes y los 50 millones de dólares de recompensa a los que facilitaron la entrega de Maduro.

Con el asalto armado a Venezuela y el secuestro de su jefe de Estado, el mandatario de Washington –ese personaje que algunos califican de neonazi enloquecido y emulo de Hitler– ha dinamitado el orden internacional, demostrando que para él las normas de convivencia y de derecho internacional son papel higiénico. No sólo eso: la propia Constitución de EEUU es un estorbo, el Senado y la Cámara de Representantes, un incordio, y la oposición del Partido Demócrata, bosta maloliente. Además, cuantos estadounidenses se oponen a sus criminales decisiones y abusos de poder como si fuese un rey neto, absoluto, son gente odiosa que desprecia a la patria, la debilita y no aprecia su nueva grandeza.

El mandatario matón celebró el éxito burlándose de Maduro y de los venezolanos: “¿De donde sale esa gente tan fea?”, se preguntó, jactancioso. Después, ante un puñado de fanáticos, se prodigó en gestos y mojigangas más propios de un aprendiz de Chiquito de la Caldaza que del jefe del Estado más armado del planeta, choteándose del presidente francés Emmanuel Macrón y de la dirigente de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz, Corina Machado.

A continuación invitó a los jefes de las petroleras estadounidenses a evaluar el botín. “Venezuela pronto entregará decenas de millones de barriles de petróleo a Estados Unidos”, anunció. Su secretario de Energía, Chris Wright, concretó que tienen la intención de mantener “un control significativo” de la extracción petrolera de Venezuela, incluso supervisando la venta de la producción del país “indefinidamente”. “En el futuro venderemos en el mercado la producción que salga de Venezuela”, dijo Wright en una conferencia sobre energía, organizada por Goldman Sachs cerca de Miami.

Si alguien creía que la lucha contra el narcotráfico y por la democratización de Venezuela tras el supuesto robo de las últimas elecciones presidenciales por parte de Nicolás Maduro, eran los motivos del asalto armado, míster Trump quiso dejar claro que su objetivo era el petróleo. Vale recordar que el país sudamericano posee las mayores reservas petroleras del mundo y alberga en su subsuelo metales preciosos y valiosos (oro, plata, cobre) y otros minerales que ahora llaman “tierras raras” de los que también el forajido de Washington pretende apoderarse. Con la ley de la fuerza se ha apoderado de hecho de la soberanía nacional venezolana (que reside en el pueblo y no en Washington ni en Miami) y con la misma ley va a administrar la inmensa riqueza del país, vetando la influencia de la Federación Rusia y China.

Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, siguió diciendo que “Estados Unidos no está en guerra con Venezuela, sino contra el narcotráfico”, la realidad es que su jefe imperial está tan preocupado por la salud de sus súbditos que “ha indultado y conmutado la pena a casi 100 personas por delitos de drogas”, según titulaba el Washigton Post una información pormenorizada y rigurosa, publicada el 9 de diciembre pasado por los analistas Meryl Kornfield y Emili Davies. Entre otros beneficiados citaban al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, acusado de aceptar un millón de dólares del Chapo Guzman, quien metió toneladas de cocaína en EEUU. Condenado a 45 años de prisión en junio de 2024, el recluso Hernández abandonó la cárcel unos días antes de que su formación política, el derechista Partido Nacional, ganara las elecciones respaldado por Trump.

Tanta es la preocupación del mandatario de Washington por el consumo de droga, al que se atribuye la muerte de trescientas mil personas al año en EEUU, que mientras indultaba al exmandatario hondureño o al famoso Ross Ulbricht, condenado a cadena perpetua en 2015 por narcotráfico, conspiración y fraude informático, recortaba 345 millones de dólares de los programas de prevención de adiciones y tratamiento de sobredosis con naloxona y otros placebos. Expertos en la lucha contra las drogas como Theshia Naidoo, directora general de Drug Policy Alliance, o Jeffrey Singer, del Cato Institute, denunciaron cinismo e incoherencia del mandatario.

Delcy Rodríguez preside el Gobierno venezolano tras el secuestro de Maduro y deberá aceptar los dictados de Washington.

Sin entrar ya en las rectificaciones de la acusación formal del Departamento de Justicia de EEUU contra Maduro, reconociendo que el Cártel de los Soles, cuya dirección se le atribuía desde 2020, no existe como tal cárter de la droga (ver blog de 6 de diciembre), sino como una red estatal de corrupción, ni referir la falta de pruebas de Trump para decir que Maduro dirigía las actividades criminales del Tren de Aragua, una banda “infiltrada” en EEUU para delinquir y organizar disturbios sociales, es lo cierto que el ataque a Venezuela y la captura de su líder tampoco estaban dirigidos al restablecimiento de la democracia de acuerdo con el resultado de las elecciones de 2024. La decepción de la oposición en la clandestinidad y el exilio ha sido catedralicia. Corina Machado y su candidato Edmundo González, residente en España, han sido marginados por el “ocupante virtual” de Venezuela.

El matón de Washington ha designado a su secretario de Estado, Rubio, para que dirija el país con la vicepresidenta de Maduro y nueva presidenta Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez como presidente del legislativo. Ellos marcarán los tiempos y los acuerdos básicos necesarios para la convocatoria de nuevas elecciones. De momento, la presidenta Rodríguez ha excarcelado a un buen puñado de presos políticos, incluidos aquellos por los que abogó el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

En este punto vale recordar que durante el mandato de Maduro, Zapatero consiguió sacar a más de cuatrocientos presos. Su función mediadora entre el chavismo y la oposición nunca estuvo bien vista por la derecha y la ultraderecha españolas, el dúo PP-VOX que tanto se felicitó por el ataque militar del matón de Washington a un país soberano y hermano. Por cierto que tampoco ZP recibió apoyo del secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo subsecretario Christopher Landau le caracterizó de Batman y le amenazó con suprimir su visado para dificultar sus contactos con venezolanos exiliados en EEUU con vistas a una salida negociada de Maduro. Con todo, el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, que ha condenado sin paliativos la violación del derecho internacional por parte del mandatario estadounidense, ha ofrecido la mediación española en una negociación política para restaurar la democracia en el país.

Detrás del asalto militar y la “ocupación virtual” de Venezuela, Washington reitera su objetivo de controlar el “hemisferio occidental” como “legítima esfera de influencia”. De ahí que el matón de la Casa Blanca haya dictado una estrategia de seguridad que incluye la injerencia electoral en los países de la UE (ver blog de 13 de diciembre) para minar a la Unión mediante el apoyo a la extrema derecha. Además ha amenazado a Colombia con una acción similar a la perpetrada contra Venezuela, aspira a meter tropas en México y pretende arrebatar Groenlandia a Dinamarca, lo que ha provocado la inmediata reacción solidaria de Francia, España, Alemania, Reino Unido e Italia con el país europeo amenazado en su integridad territorial por el cuatrero de Washington.

La cuestión es ahora si Rusia y China se sienten legitimadas para hacer lo mismo que el matón estadounidense en Europa y Asia. El cara de víbora del Krenlim ya ha demostrado con su invasión militar de Ucrania que no necesita legitimidad alguna para atacar a los países vecinos e implantar gobiernos títeres. Y está por ver si el chino Xi Jinping, que parece un tipo tranquilo, decide apoderarse del industrioso y democrático Taiwán. En todo caso pintan bastos. Tal vez, como decía Italo Calvino, estas cosas ocurren cuando los cerdos se suben a los árboles o quizá se deban, como escribió George Orwell, a que se han apoderado de la granja y están embruteciendo al mundo con su fuerza bruta, asaltos, crímenes y genocidios. El futuro será peor, mucho peor, si no les plantamos cara.

Injerencias de Trump para dinamitar la UE

Luis Díez.

No hay semana sin sorpresa. El inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, y sus principales validos, el vicepresidente James David Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth han elaborado una nueva “estrategia nacional de seguridad” que por primera vez desde 1945 desprecia la alianza con los europeos occidentales, declara su hostilidad hacia la Unión Europea (UE) y promueve la destrucción de la unidad y de las políticas comunes de los 27 mediante el apoyo a los partidos políticos de ultraderecha en los distintos países, lo que supone una falta de respeto descarada y una injerencia electoral en la soberanía nacional de los demás.

El documento publicado el viernes 5 de diciembre por la Casa Blanca sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha suscitado gran sorpresa e inquietud en todas o casi todas las capitales europeas. “El amigo americano” ha decidido retirarse a sí mismo ese tratamiento en el cuadernillo elaborado por Trump y sus dos posibles sucesores Vance y Rubio. El documento parece emanado del Kremlin y, según el periódico alemán Der Spiegel, recoge una lista de deseos de Moscú. Es como si Trump y sus ayudantes hubieran plagiado los objetivos de Putin, pues cargan contra la UE y proponen socavar la unidad, obstaculizar sus avances y destruirla para volver a los nacionalismos estatales. Es como si los presidentes actuales de las dos grandes potencias mundiales coincidieran en este mundo con un objetivo común: hacer daño.

Del belicoso arancelario, ahora entregado al crimen y la piratería en el Caribe, los aliados europeos de la OTAN aceptaron la exigencia de aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB, es decir, más del doble de lo acordado hasta 2025. El presidente español, Pedro Sánchez, fue el único que le plantó cara y dijo “no”. ¿Por qué el 5% en armamento cuando EEUU no aporta más del 3% de su PIB? ¿Por qué la UE ha de sacrificar la enseñanza, la sanidad y otros vectores del Estado del Bienestar que le son propios para comprar armamento en EEUU y realizar inversiones allí necesarias aquí? Fueron las preguntas que formuló Sánchez ante el silencio de los demás dirigentes europeos que ahora discuten si los fondos y bienes incautados a Rusia por invadir Ucrania han de emplearse en fortalecer a Kief, parar a Putin y reparar el daño.

Vale recordar que en aquella cumbre de la OTAN el soberbio Trump amenazó a España con altos aranceles si no entraba por el aro de su voluntad. Ahora ha decidido amenazar al conjunto de la UE con una descalificación de la unidad europea y un ataque inmerecido a sus “débiles” dirigentes. En las dos páginas y media de estrategia USA hacia Europa vitupera la unión, descalifica e intenta humillar a los europeos y pronostica el final de la civilización europea en veinte años si los países no renuncian a la unidad política y económica y no siguen los postulados de la extrema derecha que Trump y sus esbirros, incluido Elon Musk, patrocinan para el viejo continente.

La mentira como arma

El nutrido grupo de farsantes multimillonarios en el poder en USA alimentan el principio de “divide y vencerás” que ya venía practicando por detrás contra la UE el cara de víbora Vladimir Putin. Se ve que a los dos amigantes (amigos mangantes), Putin y Trump, les jode, fastidia, irrita, delata y deja en evidencia el éxito económico y social (también político) de la UE de los 27 en relación con otras áreas del mundo (incluida la Federación Rusa y los EEUU) en las que la pobreza y las diferencias sociales son enormes, impúdicas y crecientes.

Pero además el documento estratégico de la Casa Blanca utiliza contra la UE un arma tan antigua como la mentira, un trato tan vulgar como el desprecio y una técnica tan manida como infundir el miedo. Desde Suz Tzu, el general chino que vivió en el siglo V antes de Cristo, es sabido que “el arte de la guerra se basa en el engaño”, no en la mentira descarada a la que apelan Trump y sus acólitos. Así, el mandatario con síndrome de Keops, sostiene que Europa está en decadencia y se refiere al “declive económico” afirmando que “la Europa continental ha ido perdiendo participación en el PIB mundial –del 25 % en 1990 al 14 % en la actualidad”, lo cual es falso.

Según el Fondo Monerario Internacional (FMI), la UE representó el 17,41% de la riqueza mundial en 2024 y su PIB supuso, según Eurostat, el 14,7% de la economía global contabilizada. Mal que pese al “declive económico” empleado como argumento por el eutrapélico Trump, los bienes y servicios de la UE supusieron el año pasado 19 billones de euros, lo que permite a los 27 países europeos figurar como la segunda potencia comercial, con el 9,2% del comercio mundial, por detrás de China (11,8%) y por delante de USA (6,8%).

Por incidir en ese “declive económico”, la UE dispone de su propio presupuesto para financiar prioridades y grandes proyectos que la mayoría de los países miembros no podrían financiar por sí solos. Posee una política agraria común que garantiza la seguridad alimentaria de la que carecen otras regiones del mundo. Y dispone de un presupuesto para el período 2021-2027 de más de dos billones de euros, superior al federal de EEUU, con un déficit público del 3,2% del PIB, inferior al estadounidense y una deuda bruta consolidada del 81% del PIB, frente al 122% de EEUU.

Con independencia de que la UE sufrió las consecuencias de la grave crisis financiera provocada por las prácticas bancarias sucias de los especuladores estadounidenses en 2008 y más tarde tuvo que idear su propia fórmula para mantener la economía y el tejido productivo tras la pandemia del coronavirus (2000-2022), los estrategas autoritarios y neofascistas en el poder en Washington se esmeran en presentar su posverdad para demostrar que la UE tiene menos futuro que un caramelo en la puerta de un colegio.

La amenaza como herramienta

La fijación de Trump y sus esbirros resulta extraordinaria. En su documento oficial afirman que “el declive económico (de la UE) se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de una desaparición de la civilización”. Es tremendo. Y añaden: “los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos; la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política; el desplome de las tasas de natalidad; y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”. Tremendo.

Queda claro que la UE como institución supranacional les fastidia. Que la unidad económica de 450 millones de ciudadanos de 27 países europeos les impide mangonear a unos y a otros por separado como sería su deseo y es su práctica en América Latina. Que las regulaciones promovidas por la propia UE y los Estados miembros para evitar los abusos de esas grandes multinacionales –incluida la X, antigua Twitter, del nazi Musk– que burlan las leyes del libre mercado (las suyas) y trasgreden los principios básicos de la dignidad humana, les irritan. Y en fin, que, según dicen, la baja natalidad y la inmigración, son las grandes amenazas para esta Europa en peligro, al borde del “colapso” y a punto de “desaparecer” como civilización. Tremendo.

Sobre la disminución de la natalidad la verdad es que la tasa correspondiente a Europa es de 1,41 mientras la de EEUU es de 1,62 hijos de media por cada mujer. Esa diferencia ligeramente superior indica que el gobierno estadounidense debería temer un “colapso de la civilización” también en su propio país.

Sobre las políticas migratorias conviene aclarar que el discurso racista y xenófobo de Trump, sus violentas redadas contra los trabajadores inmigrantes en barrios, fábricas, campos, comercios y talleres, con el empleo del Ejército –como si los miles de agentes armados del ICE fueran insuficientes–, sus encarcelamientos y deportaciones, además del profuso paquete de disposiciones negando el acceso a la sanidad, la educación y hasta la alimentación a la población inmigrante es rechazada de plano por los demócratas y por un porcentaje cada vez mayor de los republicanos. Con independencia de la manipulación política del fenómeno migratorio, está demostrado que inmigración, progreso y prosperidad son sinónimos. Y que la gobernanza común europea de la migración ha de ir más allá del simple endurecimiento de las leyes y, por supuesto, combatir la propaganda negativa que esparcen las formaciones neofascistas.

La intromisión como política

Más allá de la retórica falaz del documento estratégico de seguridad de EEUU acusando a Europa de “censura de la libertad de expresión, supresión de la oposición política (…) y pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”, se puede leer negro sobre blanco el objetivo de Washington de “cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas”. ¿Qué quiere decir esto? El New York Times entiende que el documento “deja explícito el apoyo de Washington a los partidos nacionalistas de extrema derecha de Europa”. En pocas palabras: una injerencia política y electoral en toda regla.

Antes de fijar esa y otras “prioridades para Europa” (página 26 del documento) que vienen a resumir aquel discurso amenazante del señor Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado, los redactores animan a sus aliados políticos en Europa a promover el “resurgimiento del espíritu” de los Estados-nación y dicen que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es, sin duda, motivo de gran optimismo”. O sea que para Trump y sus acólitos de Maga, incluido Elon Musk –quien en los últimos días ha pedido la desintegración de la Unión Europea–, no basta con que Europa se pague su defensa; hace falta también que se recupere de su decadencia y debilidad, debidas a su multiculturalismo, y para ello hay que apoyar a la extrema derecha como en Brasil, Honduras, Argentina, etcétera.

Tan diestros estrategas tienen un problema. Está en la página 10 de su documento, allí donde dice: “Estados Unidos trazará su propio rumbo en el mundo y determinará su propio destino, libre de interferencias externas”.

Eso está bien. ¿Entonces por qué practican la injerencia, interferencia, intromisión y otras técnicas de erosión en terceros países? La soberanía y el respeto de todos y cada uno de los países de la UE son bienes legales y morales idénticos a los que EEUU protege sin reservas frente a potencias y entidades extranjeras que socaven o busquen dirigir sus políticas. No lo olviden.

La democracia derrota al ultra Trump

Luis Díez.

El martes 4 de noviembre fue un buen día para todos los que en este mundo apreciamos la democracia y abominamos cualquier forma de tiranía con sus vicios añadidos de corrupción, violencia e injusticia. Ese día, miles de demócratas en Nueva York, Virginia, Nueva Jersy y California, le pintaron la cara al reaccionario presidente de Estados Unidos (EEUU) Donald Trump y le asestaron unas victorias electorales inapelables que nos ayudan a confiar en la resiliencia o recuperación de los valores democráticos frente a la cruel ultraderecha creciente.

Ya se ha dicho que el triunfo de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York (tomará posesión en enero) supone un gran quebranto para Trump, un especulador inmobiliario al fin y al cabo en la ciudad de los rascacielos del siglo XX. El joven dirigente del Partido Demócrata representa todo lo que su corrupto y multimillonario conciudadano detesta: la atención a los pobres, los desfavorecidos, los parados, la clase trabajadora y laboral, los inmigrantes, las mujeres, los jóvenes. Su firme decisión de ayudarles con equipamientos públicos básicos como escuelas infantiles, transportes urbanos gratuitos, viviendas asequibles, supermercados municipales con precios de alimentos controlados y otros avances sociales exigirá, según ha dicho, un aumento moderado del impuestos a los ricos y muy ricos que ingresen más de un millón de dólares al año.

Puesto que entre esos ricos y muy ricos figuran familiares, socios, amigos y amigantes (amigos mangantes) del “agente naranja”, se comprende que los valores socialistas de Mamdani le repugnen. Los ricos de esa ralea corrompen a dios y su madre para evitar pagar impuestos. En este caso, el señor Trump ha llegado incluso a pedir el voto para el exgobernador Andrew Cuomo, dirigente del Partido Demócrata derrotado por Mamdani en las primarias –se presentó como independiente– en vez de hacerlo para el candidato de su partido, Curtis Sliwa. No conforme, Trunmp amenazó a los neoyorquinos con suprimir los fondos federales a la ciudad si ganaba Mamdani. A modo de chantaje escribió la víspera electoral en su plataforma en Internet: “Si el candidato comunista Zohran Mamdani gana las elecciones a la alcaldía de la ciudad de Nueva York, es muy improbable que yo contribuya con fondos federales, aparte del mínimo indispensable, a mi amada primera residencia, debido a que, como comunista, esta ciudad, que alguna vez fue grandiosa, ¡tiene cero posibilidades de éxito, o incluso de supervivencia!”

El mensaje seguía con una retahíla de daños y calamidades, pero los electores no se arredraron y más de la mitad de los que acudieron a votar lo hicieron por el legislador demócrata nacido en Uganda (África) hace 34 años, residente en Nueva York desde los ocho años, nacionalizado estadounidense en 2018 y miembro de la asamblea del estado de Nueva York. Mamdani se define “socialista democrático” y aunque para Trump, como para Franco hace más de medio siglo, todas las personas de izquierda son “comunistas”, su política no tiende a abolir el liberalismo ni la libertad de mercado ni, mucho menos, el capitalismo rampante, sino a combatir la pobreza, las desigualdades crecientes y evitar que la sima social siga creciendo. Es lo que en Europa llamamos “socialdemócrata”.

Lo mejor de Mamdani es que no debe ni un dólar a los individuos de la ralea de Trump. Según informaba The New York Times durante la campaña, mientras los millonarios se mostraban muy generosos con el candidato Cuomo –la última cifra era de 34 millones de dólares en donativos–, Mamdani, cuyo dios se llama Alá y ha clamado contra el genocidio perpetrado por Netanyahu contra los palestinos de Gaza, apenas obtuvo 3 millones de dólares en pequeños donativos para su campaña.

En contraste con el actual alcalde (en funciones), Eric Adams, un tipo que aceptó cooperar con los agentes del ICE en las redadas contra los inmigrantes ordenadas con Trump a cambio de que el gobierno federal retirara los cargos de corrupción contra él, el nuevo regidor Mamdani representa la honradez y la firmeza democrática capaz de enfrentarse a la corrupción y los ardides del autócrata. No obstante se temen nuevas redadas masivas contra las personas inmigrantes, sin descartar el despliegue de unidades militares. Para el campanudo presidente USA no hay línea roja que se oponga a su absoluta, caprichosa y poderosa voluntad.

Pero el 4 de noviembre –Carlos Borromeo en el santoral cristiano– fue además muy importante para Virginia, Nueva Jersey y California. Dos mujeres del Partido Demócrata, con un perfil centrista y experiencia en seguridad nacional, Abigail Spanberger (veterana de la Marina de 56 años) en Virginia y Mikie Sherrill (exoficial de la CIA de 46 años) en Nueva Jersey ganaron las elecciones a gobernadoras con márgenes superiores al 12% sobre sus contendientes republicanos. Centraron sus campañas en el rechazo a la política de Trump y sus seguidores ultraderechistas y en los objetivos de reducir la carestía y promover el empleo. En sus mítines de apoyo a una y otra candidata, el expresidente Obama describió la contienda como parte de una batalla por la democracia. “No necesitamos especular sobre los peligros que acechan a nuestra democracia. No necesitamos preguntarnos si las personas vulnerables resultarán perjudicadas, ni cuestionarnos hasta qué punto nuestra cultura puede volverse más grosera y cruel. Ya lo hemos visto. Las elecciones sí importan”, dijo Obama en la derechista Virginia. “Todos tenemos más poder del que creemos. Solo tenemos que usarlo”.

La jornada de esperanza en la recuperación de la democracia frente a los abusos de poder, la represión de negros y latinos, el militarismo, la corrupción, la guerra arancelaria y el nuevo imperialismo de Trump culminó con la aprobación en referendo de la nueva distribución de distritos electorales en California. La reforma, con fecha de revisión en 2030, fue lanzada por el gobernador Gavin Newsom con el nombre de Proposición 50 para dar respuesta al trampeo de los distritos electorales impulsado por Trump en los estados republicanos, y acometido ya en Texas. La operación instigada desde la Casa Blanca consiste en dividir o dispersar el voto de los demócratas hacia aquellos distritos donde ganan los republicanos, de modo que queden diluidos y pierdan o no ganen diputados. Con ello se trataba de garantizar la mayoría trumpista en las elecciones de mitad de mandato. Pero Newsom y la mayoría de los californianos le han devuelto la pelota, ante lo que el autócrata, visiblemente irritado tildó la votación de “inconstitucional” y calificó a gritos (con letras mayúsculas) de “un GRAN FRAUDE” la redistribución de distritos en California, sólo en California.

Armas nucleares en órbita, nueva amenaza mundial

Luis Díez.

¿Ha comenzado la militarización nuclear del espacio cósmico? Demasiados indicios afirmativos han llevado a especialistas en la materia como las profesoras Ann C. Thresher y Cruz de Mai’a K. Davis a alertar en la revista de Ética en Asuntos Internacionales sobre “el precipicio cósmico” y a explicar el daño que supondría para la humanidad la instalación de armas en el espacio. Esto sin contar que las potencias mundiales afanadas en la nueva carrera de armamentos, de carácter secreto, violarían el Tratado del Espacio Exterior de 1967, un acuerdo vinculante que designa el espacio como exclusivamente para uso pacífico en beneficio de toda la humanidad.

Fue el general Stephen Whiting, jefe del Comando Espacial de EEUU, creado en 2019 bajo el primer mandato del ambicioso Donald Trump, quien levantó la liebre de la nueva y amenazadora carrera de armamento cuando en una reunión de especialistas en satélites y tecnología espacial instó a intensificar el concepto del espacio como “ámbito bélico”. ¿La guerra de los mundos allí arriba? No exactamente, sino el nuevo imperialismo bélico sobre la alta atmósfera, en la Luna y acaso en Marte. “Es hora –dijo el general Whiting– de que podamos decir claramente que necesitamos fuego espacial y sistemas de armas. Necesitamos interceptores orbitales. ¿Y cómo los llamamos? Los llamamos armas, y los necesitamos para disuadir un conflicto espacial y para tener éxito si nos vemos envueltos en una lucha de ese tipo”.

Podría parecer lógico que en un período de crecientes tensiones geopolíticas con China y Rusia, en gran parte provocadas por la decisión del autócrata canalla Vladímir Putin de invadir Ucrania con sus tanques, drones y misiles, los jefes políticos y los mandos militares de EEUU apostaran por el uso de armas en el espacio como parte de la “seguridad nacional” e incluso occidental si se incluyera a los miembros de la OTAN. Sin embargo, según Davis y Thresher, esa medida no sólo sería “estratégicamente contraproducente”, sino que también “perjudicaría gravemente a quienes dependemos del espacio para nuestro bienestar diario”. Esto se debe a que gran parte de la infraestructura moderna en la Tierra –desde las comunicaciones y las finanzas hasta la predicción meteorológica y la navegación– depende de sistemas espaciales.

Proteger satélites y apropiarse de la Luna

En agosto pasado, el periodista de Associated Press en Wasington David Klepper recogía en un reportaje varios argumentos oficiales que justifican la conversión del espacio en el nuevo campo de batalla del siglo XXI. El gran argumento es la defensa de los satélites estadounidenses de los ataques de sus adversarios. De hecho la Fuerza Espacial de EEUU nació por esa necesidad de proteger los intereses estadounidenses en el espacio. Es una fuerza más pequeña que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, naturalmente, pero está creciendo y pronto se anunciará su cuartel general en Alabama o Colorado. Tengamos en cuenta que, según un comunicado oficial, “el espacio es un ámbito de guerra y la función de la Fuerza Espacial es competir y controlar para alcanzar los objetivos de seguridad nacional”. De momento el ejercito estadounidense opera un transbordador no tripulado para realizar misiones clasificadas (secretas) y de investigación. Utiliza una nave denominada X-37B que ha permanecido más de un año en órbita y regresó recientemente a la Tierra.

Para comprender con cierta precisión las armas espacio-espaciales o armas situadas en el espacio que apuntan a la infraestructura espacial, los expertos hablan de dos categorías: cinéticas y de radiación. Las primeras incluyen los dispositivos que disparan misiles para destruir físicamente objetos en la órbita terrestre baja (LEO). Estas armas antisatélite (ASAT) centran los esfuerzos del SpaceCom de EEUU (antiguo Comando Espacial, hoy Fuerza Espacial del Departamento de Guerra). Las segundas, las armas de radiación, permiten ataques con láser o pulsos electromagnéticos desencadenados para desactivar o inutilizar otros sistemas espaciales. La más destructiva de éstas es la bomba nuclear. Tanto Estados Unidos como Rusia han realizado varias pruebas nucleares en el espacio entre 1958 y 1962. La mayor de ellas, la Starfish Prime –una bomba de 1.4 megatones detonada por EEUU a unos 400 km sobre el Océano Pacífico– creó un pulso electromagnético mucho mayor de lo esperado que destruyó seis satélites, desactivó otros, generó auroras artificiales y apagó el alumbrado público y los servicios telefónicos en Hawái, a más de 1.400 km del lugar de la detonación.

El segundo argumento para colocar armas en el espacio consiste en mantener a raya a los competidores por el dominio espacial. Durante la Guerra Fría y la desintegración de la Unión Soviética, EEUU mantuvo su liderazgo en la carrera espacial, pero ahora siente las nuevas amenazas que representan Rusia y China y quiere dar una “respuesta agresiva”, según el lenguaje del nuevo Departamento de Guerra, que además de cambiar de nombre –antes se llamaba de Defensa– ahora dificulta el acceso al Pentágono incluso a los periodistas con acreditación permanente.

¿Estamos ante lo que se conoce como un dilema de seguridad? Si un país militarizara el espacio, otros sentirían que no tienen más remedio que hacer lo mismo, lo que conduciría a una profecía autocumplida. Si los países creen que se está desarrollando una «carrera espacial» conflictiva porque otros hablan de ella de esta manera, es más probable que esa retórica sobre el uso real de armas espaciales alimente la espiral bélica. Incluso usar un lenguaje bélico al hablar del espacio tiene el poder de crear una profecía autocumplida.

Las riquezas de la Luna es otro gran argumento para impulsar la carrera de armamento en el espacio. A mediados de agosto pasado, el administrador de la NASA, Sean Duffy, anunció los planes de enviar un pequeño reactor nuclear a la Luna y consideró muy importante que EEUU se anticipe a China y Rusia. “Estamos en una carrera hacia la Luna, en una carrera con China hacia la Luna”, dijo Duffy. “Para tener una base lunar, necesitamos energía y algunos de los sitios clave de la Luna … Queremos llegar primero y reclamarla para Estados Unidos”. El astro situado a tres días de viaje desde la Tierra posee minerales valiosos y otros materiales codiciados para las nuevas tecnologías y fuentes de energía. Por ejemplo, la Luna es rica en el isótopo helio-3 que podría emplearse para generar fusión nuclear y crear nuevas centrales de energía limpia sin residuos radiactivos.

Con todo, la protección de los satélites artificiales es lo más importante a corto plazo. Unos 12.000 satélites en órbita facilitan las comunicaciones, la navegación guiada por GPS, la vigilancia militar y de seguridad de los países, las alteraciones climáticas, las cadenas de suministro económico y las consiguientes transacciones financieras. También son esenciales para la detección temprana de lanzamiento de misiles. Pero esto los convierte en un objetivo prioritario para quien pretenda dañar la economía y las defensas de un país. Por ejemplo, lo primero que hicieron los rusos hace tres años al atacar a Ucrania fue hakear un satélite de la televisión ucraniana y emitir el desfile militar de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú, a modo de golpe psicológico para atemorizar a la población.

Si ahora, como aseguran “funcionarios de la seguridad nacional” –espías de la CIA– Rusia desarrolla un arma nuclear espacial diseñada para destruir al mismo tiempo prácticamente todos los satélites en órbita terrestre baja, la carrera armamentista espacial está servida. El arma rusa combinará un ataque físico que se propagará hacia afuera, lo que destruirá más satélites, y el componente nuclear se utilizará para dañar los sistemas electrónicos. El gobierno Trump ha desclasificado información conseguida sobre esa arma después que el legislador Mike Turner, republicano por Ohio, emitiera una advertencia pública sobre esta tecnología. Turner fue desalojado en enero pasado de la presidencia del Comité de Inteligencia del Congreso debido a presiones de la extrema derecha (los del MAGA) y ha pedido al Departamento de Guerra que proporcione a los diputados una sesión informativa secreta sobre esas armas.

Satélites españoles para la OTAN

Entre tanto, la madrugada del viernes fue lanzado con éxito desde Cabo Cañaveral, en Florida, el satélite español SpainSat-2, que proporcionará comunicaciones seguras a las Fuerzas Armadas españolas y de los países aliados. El ingenio ya está orbitando alrededor de la Tierra, con circunferencias cada vez más alejadas hasta alcanzar 36.000 km de distancia. Se complementa con su gemelo SpainSat-1, lazado en enero, y cubrirán dos terceras partes del planeta, proporcionando comunicaciones seguras a la OTAN. Los países que utilicen esta red de comunicaciones deberán pagar por el servicio. Estados Unidos es el segundo cliente, tras las Fuerzas Armadas españolas.

Nuestro país ha invertido mil millones de euros en un proyecto que además de ayudar a la industria nacional a ganar competitividad ha sido calificado como el más avanzado de Europa en comunicaciones seguras, imposibles de interferir, como ha hecho ahora Rusia con Alemania. Para que luego el secretario general de la OTAN, Mark Rutter, un lenguaraz con cara de conejo, vaya a calentar la oreja a Trump contra España. ¿Acaso desconoce que EEUU aporta el 3,5% de su PIB a la defensa mientras exige el 5% a los demás países de la Alianza Atlántica?

Millones de personas protestan contra Trump al grito «¡No King!»

La escalada autoritaria del presidente Donald Trump y sus políticas racistas, supremacistas, machistas, de negación del cambio climático, y, sobre todo, de constante ataque a los inmigrantes, con despliegues del Ejército en Los Ángeles, Washington, Chicago… han provocado la segunda gran protesta contra el mandatario en 2.500 localidades y ciudades de Estados Unidos (EEUU).

Si el 14 de junio pasado fueron más de cinco millones de estadounidenses los que se manifestaron contra la deriva plutocrática y autoritaria del mandatario, ahora han sido más de siete millones los que han aprovechado la jornada de descanso para protagonizar las marchas de protesta. Aunque discurrieron en un ambiente pacífico y festivo, han sido calificadas por el gobernante Partido Republicano como «manifestaciones de odio a Estados Unidos».

Reproducimos aquí instantáneas ofrecidas por la prensa local, así como videos representativos de cómo fue la protesta en algunos pueblos. En Sedona, por ejemplo, un video muestra a una multitud con carteles a lo largo de la Ruta Estatal 89A. Los manifestantes de Payson, también en Arizona, se vistieron con disfraces y exhibieron sus carteles. Más al norte, miles de personas se reunieron frente al Ayuntamiento de Flagstaff mientras los autos que pasaban les tocaban la bocina, según mostró un video publicado por KNAU. Es solo una muestra del creciente rechazo al personaje que en su día arengó a sus seguidores a asaltar el Capitolio tras perder las elecciones contra el demócrata Joe Biden.

En Washington

Chicago

Nueva York

Los Ángeles

Dallas

Colorado

Louisville

Porland

Orlando

Minneapolis

Miami

Tambores de guerra contra Venezuela para echar a Maduro

Luis Díez.

En Venezuela se oyen tambores de guerra desde hace varias semanas. El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, puso precio en su anterior mandato (enero de 2017 a enero de 2021) a la cabeza de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro. Al empuñar otra vez el poder, en enero de este año, elevó la recompensa a 50 millones de dólares, el doble de lo que George W. Bush ofreció en su día a quien facilitase la captura del fundador y líder de Al Qaeda, el fanático Osama bin Laden, lo que significa que Trump trata bien a los cazadores de recompensas y no quiere que sufran los penosos efectos de la inflación. Pero como la falta de resultados es notable, el campanudo (desafiante, hinchado de poder) inquilino de la Casa Blanca ha implementado, como se dice ahora, otras medidas contra el habitante principal del Palacio de Miraflores. Esto es lo que sabemos.

El miércoles pasado, Trump confirmó la información adelantada por el New York Times de que había autorizado “operaciones encubiertas” de la CIA en el interior de Venezuela. Ni que decir tiene cuál es la finalidad: capturar a Maduro vivo o muerto. Téngase en cuenta que el mandatario estadounidense acusó en 2020 al presidente venezolano y varios allegados de “narcoterrorismo y asociación delictiva para introducir cocaina en EEUU” y ofreció entonces la recompensa de 15 millones de dólares por la testa del venezolano. Los cargos siguen vigentes en un jugado federal de Manhattan y, según la secretaria de Justicia de Trump, Pam Bondi, le han incautado activos por más de 700 millones de dólares, incluidos dos jets privados. Bondi dice también que el rastreo de siete toneladas de cocaina incautadas les ha conducido directamente al mandatario venezolano. Y afirma, en fin, que “no escapará a la justicia y será responsabilizado por sus despreciables crímenes”.

Además de autorizar a los agentes de la CIA a intervenir en Venezuela, el presidente norteamericano dijo en el mismo acto con periodistas en el Despacho Oval que “está sopesando operaciones militares terrestres”, lo que en pocas palabras significa que está dispuesto a invadir el país y, con la escusa de combatir el narcotráfico, deponer a Maduro, liquidar el llamado régimen bolivariano y apoderarse de las riquezas del país que determinados dirigentes de la oposición en la clandestinidad y en el exilio, incluida la flamante premio Nobel de la Paz, Corina Machado, estarían dispuestos a entregarle. Téngase en cuenta que Venezuela posee las mayores reservas de petroleo del mundo. Esa riqueza documentada y la minería metálica y estratégica (“tierras raras” le llaman ahora) son las materias que verdaderamente interesan a Trump. ¿Por qué teniendo una división de agentes secretos contra el narcotráfico como es la DEA, utiliza a la CIA para intervenir en el país sudamericano? No hace falta recordar que la CIA es tristemente famosa por preparar golpes de Estado en distintos países del subcontinente, prevaliéndose de los militares más crueles y reaccionarios, casi siempre apoyados por oligarcas contrarios a los derechos democráticos.

Por lo que sabemos, la gran movilización militar ordenada por el Pentágono el 14 de agosto supuso el traslado a Puerto Rico desde la base de Norfolk, en Virginia, de 4.500 marines, buques de asalto anfibio, helicópteros y al menos un submarino. En concreto, el despliegue afecta a la Iwo Jima Amphibious Ready Group (ARG) y a la 22ª Marine Expeditionary Unit (MEU) e incluye los buques de guerra Iwo Jima, Fort Lauderdale y San Antonio, varias escuadrillas de helicópteros UH-18 Venom, un submarino de ataque nuclear, un crucero con misiles guiados, escoltado por varios destructores Arleigh Burk y, al menos, un avión de patrulla marítima Poseidón P-8A. Aparte de la acumulación de fuerzas frente a Caracas en el mar Caribe –el despliegue ya afecta a 10.000 militares estadounidenses–, esta semana se han detectado B-52 y helicópteros estadounidenses sobrevolando Venezuela.

Desde mediados de septiembre hasta el jueves pasado, los militares estadounidenses han atacado a seis embarcaciones y dejado un saldo de 28 muertos. A las cinco lanchas motoras destruidas con misiles teledirigidos se sumó el jueves el ataque, también en el Caribe, a un submarino sospechoso de transportar drogas y la detención de dos supervivientes supuestamente venezolanos. Son ataques en aguas internacionales contra supuestos enemigos de EEUU sin una sola prueba hasta el momento de que transportaran drogas ni de que fueran terroristas dispuestos a cometer atentados en suelo estadounidense o contra personas y bienes de ese país. Pero la legalidad internacional importa más bien poco al nuevo emperador Trump y sus colaboradores. Así, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, arengó a principios de septiembre a los marines a bordo del buque Iwo Jima diciéndoles que su misión no era un “entrenamiento” sino un “ejercicio real” de defensa de los “intereses vitales de los Estados Unidos de América cual es acabar con el envenenamiento del pueblo estadounidense”. Este antiguo presentador de TV elogió el acierto del presidente Trump al cambiar el nombre del Departamento de Defensa, que pasó a llamarse de Guerra. Muy satisfecho ha lucido también el secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha orientado a Trump hacia una táctica muy agresiva como es el uso de la fuerza militar contra los transportistas de drogas. “Lo que los detendrá es hacerlos volar por los aires, es decir, deshacerse de ellos”, dijo en México al día siguiente de la voladura de la primera lancha, con once personas a bordo.

Pero tamaño despliegue y acumulación de fuerza solo se explica, como ha apuntado el propio Trump, por la finalidad concreta de ordenar una incursión en Venezuela, capturar a Maduro como gran capo del narcotráfico y del terrorismo desestabilizador, pues ha vaciado las cárceles y enviado a delincuentes tan violentos como los del Tren de Aragua contra EEUU, y liquidar el régimen, lo que, por otra parte, facilitaría la vida a los autoproclamados ganadores de las elecciones de 2024 y reconocidos como tal por varios países.

Con todo o casi todo dispuesto para el ataque a Venezuela, el comandante militar del dispositivo en el Caribe, almirante Alvin Holsey anunció el jueves su dimisión y se despidió a última hora de ayer, 17 de octubre. Este oficial deja el cargo de jefe del Comando Sur de EEUU, encargado de dirigir las operaciones en Centromérica y Sudamerica, sin que haya desvelado los motivos y después de haber acumulado más de 10.000 combatientes en su zona de responsabilidad. La renuncia del almirante Holsey, con 37 años de servicio, y cuando llevaba menos de doce meses en un puesto donde el mandato temporal mínimo es de tres años y en medio de una misión que han bautizado “antidroga y antiterrorista”, resulta cuando menos chocante.

Según la información del New York Times, funcionarios del Pentágono y del Capitolio apuntaron fuertes tensiones políticas entre el almirante de cuatro estrellas y sus jefes civiles. El secretario de Guerra emitió un comunicado agradeciendo sus servicios, y el almirante se dirigió a sus subordinados con una sola frase: “¡Sigan adelante!” El congresista por Washington y portavoz en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, Adam Smith, manifestó irónicamente: “Antes de Trump, no se me ocurre ningún comandante jefe que haya abandonado su puesto antes de tiempo”. El senador, también del Partido Demócrata, Jack Reed, lanzó otra carga de profundidad, dando a entender que la cadena de mando es poco proclive a la aventura bélica que sopesa el emperador y agrada a sus halcones Hegseth y Rubio. “En un momento en que las fuerzas estadounidenses se están concentrando en el Caribe y las tensiones con Venezuela están en un punto de ebullición, la partida de nuestro principal comandante militar en la región envía una señal alarmante de inestabilidad en la cadena de mando”, dijo Reed.

El presidente venezolano respondió a las amenazas del estadounidense lanzando en inglés el grito de “¡No a la guerra!” y recordando el canallesco papel de la CIA en los años setenta del siglo pasado contra las democracias en Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia… “América Latina no los quiere, no los necesita y los repudia”, añadió Maduro. Su ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, lanzó un comunicado deplorando “las declaraciones belicistas y extravagantes del presidente de los Estados Unidos, en las que admite públicamente haber autorizado operaciones para actuar contra la paz y la estabilidad de Venezuela”. En su opinión, “esa afirmación sin precedentes, constituye una gravísima violación del derecho internacional y de la carta de las Naciones Unidas, y obliga a la comunidad de países a denunciar unas afirmaciones inmoderadas e inconcebibles”.

«¡Ánimo Alberto!»

Luis Díez.

Carente de discurso y proyecto propio sobre el futuro de nuestro país, el presidente del principal partido de la derecha, Feijóo, asiste atónito desde que llegó a Madrid, hace tres años y medio, al creciente prestigio y valoración del presidente del Ejecutivo español en el ámbito internacional. Su valía y capacidad es indudable en el seno de la Unión Europea (UE), donde ha encabezado propuestas de éxito, beneficiosas para nuestro país en materias tan decisivas como el mercado energético y la recuperación económica después de la amarga pandemia del Covid-19. Su paciencia y resistencia es encomiable frente a la política ratonera de los patriotas de la derecha, día y noche entregados al ruido y la mendacidad. Su defensa de los intereses españoles en Europa y en el mundo es loable por el fundamento, la firmeza y la capacidad de diálogo y negociación que despliega ante otros mandatarios. No solo conecta con las necesidades de amplios sectores sociales y económicos, sino también con los valores y emociones de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Lo hemos visto en la causa por la supervivencia de Palestina, anticipándose a otros grandes países en el reconocimiento del Estado Palestino y acumulando fuerza social y moral para obligar al genocida Benjamín Netanyahu y forzar a su cómplice, el militarista faccioso Donald Trump, a parar el exterminio de palestinos en Gaza.

Con una mayoría precaria en el Parlamento y unas alianzas de gobierno con esa izquierda del PSOE siempre tendente a enfatizar la pluralidad y acentuar las diferencias fraccionarias, el socialista Sánchez realiza una política interna equilibrada y positiva para la clase media trabajadora que le sitúa a gran distancia de la época en que el PP, con mayoría absoluta, recortaba derechos a los trabajadores, implantaba el despido libre a coste mínimo –para “crear empleo”, decían–, subía impuestos a los asalariados mientras decretaba amnistías para los grandes defraudadores, congelaba las pensiones de los jubilados y legislaba para impedir que volvieran a subir igual que los precios al consumo o, en fin, no promovía una sola vivienda social y vendía a precio de saldo las pocas que había en Madrid a los fondos buitre, convenientemente asesorados por un hijo de la alcaldesa Ana Botella y el expresidente Aznar, gran privatizador, amén de belicoso y tramposo para no ir a la mili. La reversión de aquella política nefasta y la reparación de la sima con Cataluña que, no olvidemos, celebró aquel 1 de octubre de 2017 su referendo de autodeterminación con 2,1 millones de votantes (el censo era de 5,3 millones) a favor de la República Catalana, añaden épica, audacia y acierto a la política del presidente Sánchez.

Aunque no estemos en tiempo electoral conviene pedir “calidad” a los políticos y, como decía el Miquel Roca de los mejores tiempos, tendríamos que ir a votar como quien va a comprar un coche, una lavadora o frigorífico: “Escolteu! Que almenys funcioni!” (¡Óiga, que al menos funcione!). Por suerte, el presidente Sánchez funciona y, haciendo de la necesidad virtud, está conduciendo al país a unas mejoras sociales apreciables y tasas de empleo y crecimiento económico sostenido por la senda de la economía sostenible que provocan la admiración de muchos países. Eso enfurece a una oposición reaccionaria que no descansa en su producción de bulos, insultos y causas para deteriorar a Sánchez, atacando a su esposa, su hermano y hasta su suegro que en paz descanse con la colaboración de algunos jichos judiciales tan contaminados como celosos de su independencia. Es lo que pasa cuando se judicializa la política como han hecho los dirigente del PP no solo en respuesta a los independentistas catalanes, sino también como ardid ante el nuevo impulso corrupto que encabezan la nueva millonaria Ayuso y su pareja Alberto González Amador.

Si la lenguaraz Ayuso, quien lo mismo acusa al presidente del PNV de amenazarla de muerte como cuando la ETA cometía atentados, que se declara insumisa o ajena al cumplimiento de la ley del aborto –“Vayanse a otro lado a abortar”, ha sido su último grito–, que llama “bilduetarras” a los parlamentarios vascos democráticamente elegidos, etc. etc., fuera mínimante eficaz, Madrid no tendría un transporte público masificado y hecho unos zorros, unos precios insoportables de la vivienda y, desde luego, un porcentaje de abortos tan escaso en la sanidad pública (el 0,2% de los registrados en 2024). Si su colega el alcalde José Luis Martínez-Almeida Navasqués no comulgara con Vox para aterrar con síndromes monstruosos a las mujeres que se ven abocadas a abortar. Y si, en fin, el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, se hubiera mostrado eficaz en sus competencias sanitarias, miles de mujeres –se han contabilizado 3000 de momento– habrían recibido urgentemente los resultados de sus mamografías ante los signos de un posible cáncer de mama, para que se sometieran a nuevas pruebas diagnósticas y en su caso al consiguiente tratamiento. Pero no les enviaron los resultados “para no alarmarlas”, dijo Bonilla, quien cesó a su consejera de sanidad, y van tres. Si a tanta ineficacia con resultado de muerte –incluido el cruel comportamiento de Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia– se añaden las actitudes de otros reputados presidentes autonómicos del PP (con Vox), como el valenciano Carlos Arturo Mazón Guixot, un inútil falsario de lo peor, como demostró ante la DANA del 29 de octubre del año pasado que costó la vida a 229 personas en Valencia sin que la Generalitat alertara a tiempo a la población, o como el salmantino Alfonso Fernando Fernández Mañueco, que no se sabía por donde andaba cuando ardían Las Médulas en el Bierzo. Después apareció para la foto mientras se quemaban varias aldeas, ardían miles de hectáreas de monte, bosque, viñedos y frutales en León y Zamora y Salamanca –además de Orense, tierra de Feijóo– y morían dos voluntarios y un bombero forestal, al tiempo que cuatro militares de la UME y numerosos paisanos resultaban heridos en su lucha contra el fuego.

Ante tamaña exhibición de «calidad» de los presidentes autonómicos del PP y buen «funcionamiento» en momentos decisivos –así gobierna el PP– es comprensible que el aspirante al sillón de La Moncloa y supuesto jefe superior de la tropa, señor Feijóo, se desespere y descargue su inquina contra el presidente del Gobierno, en dura competencia con la deslenguada Ayuso. Una le llama “hijo de puta” y el otro amplía el concepto para afirmar que “se beneficia” de la prostitución, lo que incluye al vulgarmente llamado “chulo putas”. Es razonable que el elevado discurso de un hombre de Estado sometido a tan cruel competencia de la ultraderecha interna y externa provoque incluso la solidaridad del presidente Sánchez, impresa en su respuesta: “¡Ánimo Alberto!”

Trump y Netanyahu se estrellan contra la ONU

Luis Díez.

Las sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, celebradas durante la semana en su sede de Nueva York han proyectado la exigencia casi unánime al Estado de Israel de que ponga fin al exterminio de palestinos de Gaza. Incluso Donald Trump, el gran aliado y amigo del presidente israelí, Benjamín Netanyahu, se sumó al clamor de que pare la masacre. Cierto es que Trump no viene de trompa sino de “trampa” y que el potentado que preside el país más poderoso y temible del globo (en armas y capacidad destructiva) no ha alcanzado el privilegio que atribuía Albert Camus a los seres más evolucionados: ser rey de sus humores. Pero el hecho de que corrigiese a Netanyahu y anunciara que este lunes va a ponerle las peras a cuarto para que acabe con la guerra y renuncie a la anexión de la Franja, abre un rayo de esperanza de paz en Oriente Medio.

Se nota, en todo caso, que el inestable, cínico y contradictorio presidente de Estados Unidos (EEUU) no desea verse envuelto en la acusación política, de momento, de cómplice del genocidio contra el pueblo palestino. Se ve que el anfitrión de los jefes de Estado y de Gobierno asistentes a la asamblea anual de la ONU se debió de sentir altamente impresionado por la estampida de casi todas las delegaciones, menos la estadounidense, ante la presencia del criminal Netanyahu en la tribuna de oradores. Y se comprende, en fin, que un personaje que hace ocho meses anunciaba la conversión de Gaza en un territorio turístico similar a la Costa Azul francesa, con resorts, casinos y toda suerte de negocios manejados por Israel y EEUU para satisfacer a visitantes y veraneantes millonarios, haya acabado aceptando, al menos en apariencia, la realidad insoslayable.

La ONU, horrorizada por la masacre de Israel en Gaza, ha tomado nota de los crímenes de guerra y del genocidio perpetrado por orden de Netanyahu –aunque el tipo se sigue escudando en la aplicación de la ley del talión contra los terroristas de Hamas que irrumpieron en el festival de música de Reim, en territorio israelí, el 7 de octubre de 2023 y mataron, dice él, a “más de mil personas” (sobre el terreno se recogieron 364 cadáveres)–, pero también ha exigido a Trump y a los mandatarios de otros países de la OTAN que no sigan suministrando armas al genocida.

Para eso sirve la ONU, por más que Trump la ridiculice y obstaculice. Para eso, y para proyectar al conjunto del mundo el reconocimiento del Estado de Palestina que, siguiendo el ejemplo de España hace un año, han firmado ahora Francia, Portugal, Bélgica, Malta, Reino Unido, Australia y Canadá. Esa decisión significa un inequívoco apoyo a la paz y a la convivencia que han de ser negociadas entre los dos Estados soberanos e independientes en pie de igualdad. Es decir, todo lo contrario al apartheid y el gradual exterminio de palestinos que viene practicando Israel y que ha acelerado con más de 65.000 muertos por hambre, disparos y bombazos desde hace dos años para apoderarse de la Franja de Gaza. Las dos treguas y la devolución de los rehenes apresados por Hamas hace dos años le han importado una higa a Netanyahu, quien no ha dudado en romper las treguas y bombardear a los negociadores palestinos en Doha (Catar), como prueba de que su estrategia es el exterminio.

La semana de la diplomacia por excelencia ha servido también para que Trump exhiba su absoluto desprecio a la diplomacia, precisamente. El mandatario venía de presidir el homenaje multitudinario a su amigo y valedor ultra ortodoxo del movimiento MAGA, Charlie Kirk, celebrado en Arizona. Acababa de proclamar su “odio a los oponentes”, en contraste con el mensaje de Erika, la viuda de Kirk, quien dijo que perdonaba al asesino de su marido y afirmó que “la respuesta no es el odio, sino el amor”. Se colocó en la tribuna de oradores y con un tono ora irritado, ora irónico y burlesco, perpetró un monólogo plagado de falsedades, dicterios y reproches al resto de los países occidentales, sobre todo, por no secundar sus políticas de persecución de los inmigrantes y por seguir primando las energías limpias y renovables para preservar la vida frente a la amenaza catastrófica del calentamiento global y el cambio climático.

El primer ataque de un airado Trump fue contra la ONU, precisamente, a la que acusó de no servir a la paz y no ofrecer más que “palabras vacías”. Ante el pasmo de muchos jefes de Estado y de Gobierno lanzó su consabida bola molondrónica: “Acabé con siete guerras, negocié con los líderes de todos y cada uno de estos países y ni siquiera recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndose a ayudar a cerrar un acuerdo”. Y a falta de otro recurso, aprovechó la circunstancia de que una escalera mecánica se paro mientras subía su esposa Melania y el hecho de que el cristal invisible que permite leer los discursos sin hacer el pajarito tuviera poca nitidez, para rematar su invectiva: “Estas son las dos cosas que recibí de las Naciones Unidas: una mala escalera mecánica y un mal teleprompter. Muchas gracias”.

Como es sabido, Trump retiró a EEUU de organismos de Naciones Unidas como la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos y canceló su aportación para la cooperación y el desarrollo, así como la ayuda contra el hambre y la acción humanitaria a favor de los refugiados y desplazados por las guerras, tiranías y catástrofes. Al igual que ya hizo en su primer mandato, también se retiró de la Organización Mundial de la Salud. Eso sin contar que EEUU ha dejado de pagar sus deudas a la organización desde que Trump asumió el cargo en enero y que aún tiene atrasos de 2024. Por si fuera poco, el campanudo presidente está aplicando una política de visados miserable y selectiva, como corresponde al individuo que dice odiar a sus oponentes. Así, ha impedido al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, asistir a las sesiones de la Asamblea General y ha impuesto restricciones a la representación iraní.

En este punto, cabe añadir que Trump y sus subordinados sopesan estos días la retirada del visado al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero ante la previsión de que actúe de mediador de las negociaciones en suelo estadounidense para una cambio tranquilo en Venezuela que facilite la retirada del actual presidente Nicolás Maduro. Como es sabido, Trump tacha de “narcotraficante” a Maduro, le acusa de enviar terroristas a EEUU disfrazados de inmigrantes y ha ofrecido 50 millones de dólares de recompensa a quien facilite su detención. Esa cifra duplica la que George W. Bush ofrecía por la captura de Osama bin Laden tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Además de la evidente burla de los usos diplomáticos al utilizar la tribuna de la ONU para arremeter contra la propia institución, a la que también acusó de propiciar la inmigración ilegal (“invasión” le llamó) por ayudar a los refugiados, el mandatario estadounidense laminó el protocolo diplomático no escrito del organismo multilateral al citar los nombres de los países a los que criticó, caso de Alemania y Reino Unido por sus políticas de energía verde, de Grecia y Suiza por permitir la entrada de inmigrantes y de Brasil por lo que calificó de “censura y represión”, en referencia a la reciente condena a 27 años de prisión de su amigo el expresidente Jair Bolsonaro por la intentona golpista de 2022, cuando apeló a las Fuerzas Armadas para evitar la toma de posesión de Lula da Silva como nuevo presidente tras ganar las elecciones.

Luego ya, según Trump “el cambio climático es la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo” y la inmigración “un ataque contra los países occidentales y sus fronteras”. Se puso varias medallas por sus redadas contra los inmigrantes, sus logros económicos (con datos falsos) y sus políticas negacionistas, promotoras de los combustibles fósiles y concluyó: “O siguen mi ejemplo o sus países se van al infierno”. La mayoría de los intervinientes evitaron responder al monólogo trumpista, de casi una hora de duración, y, como hizo el rey Felipe VI, destacaron el papel de la ONU y abogaron por la paz y el diálogo multilateral. Al presidente colombiano, Gustavo Petro, quien refutó las afirmaciones de Trump sobre los supuestos narcotraficantes venezolanos bombardeados por la armada estadounidense en el Caribe y pidió a los soldados que no obedezcan las órdenes de disparar, le retiraron el visado.