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Acerca de Luis Díez

Periodista, doctor en Ciencias de la Información, autor de varios libros, profesor de Periodismo Político y de Géneros de Opinión de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) de Madrid. Cofundador de Cuartopoder.es. Corresponsal parlamentario de Diarioabierto.es

Cómo evitar que el neofascismo maneje la migración

Madrid.–Luis Díez.

La inmigración ha sido causa principal del aumento de la utraderecha en los principales países de la Unión Europea (UE), incluido nuestro vecino Portugal, según dicen los analistas de las elecciones generales del domingo, 18 de mayo. Los socialistas, con su discurso de la solidaridad y la integración, y las fuerzas situadas a su izquierda van perdiendo apoyo social mientras la derecha intolerante y los neofascismos contrarios a las prácticas democráticas siguen ganando terreno.

El discurso de la ultraderecha trasciende el rechazo de la derecha cruda y dura a la inmigración. La extrema derecha se esmera en la siembra de odio mediante las consabidas técnicas goebelianas que ahora llaman de la “postverdad”. Primero convierten al inmigrante en sinónimo de delincuente y después alimentan el miedo. Miedo a los robos, los homicidios, la ocupación ilegal de viviendas; miedo a que seduzcan a tu novia, tu compañera; miedo a que secuestren y violen a tus hijos, y miedo, en fin, a que si no delinquen te quiten el empleo.

Del miedo al odio a esas personas que vienen de fuera y algunas son de razas y culturas muy distintas y distantes a la nuestra, sólo media un paso. En ese caldo de cultivo, los lobos de la ultraderecha, disfrazados de corderos, ofrecen soluciones drásticas si les votas. Para ello desatarán redadas, detenciones y expulsiones ejecutivas a lo Trump; instalarán más vallas, levantarán más muros y desplegarán el Ejército a lo Trump para repeler a quienes se acerquen a la raya; penalizarán con impuestos del 5% los envíos de remesas a sus familias, como acaba de imponer Trump, que además amenaza a los inmigrantes con prohibir las transferencias de dinero a sus países.

Curiosamente, algunas medidas adoptadas por el presidente de EEUU no frenan sino que alientan la inmigración al restar y cortar los escasos ingresos económicos y medios de vida en países empobrecidos. Pero a la derecha facciosa, tanto en EEUU como en la UE, solo le importa cultivar los peores instintos como la hostilidad al diferente para conseguir votos y empuñar el poder. Resulta paradógico que el movimiento humano siempre haya estado ligado al desarrollo y progreso de los pueblos y que hoy la inmigración sea recibida con hostilidad creciente en los países donde más prosperidad históricamente ha producido.

El departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la división de Población de Naciones Unidas cifró en 304 millones de personas los migrantes existentes en todo el mundo. “Y probablemente la cifra se quede corta”, dice Susi Han, investigadora de la Universidad de Columbia, quien constata la innegable relevancia de la emigración: “Domina el discurso político, alimenta los resultados electorales y a menudo desencadena políticas reaccionarias en lugar de una gobernanza proactiva”.

El profesor de la universidad de Columbia y miembro senior del Consejo Carnegie para la Ética en los Asuntos Internacionales, Michael W. Doyle, recuerda que hay además117 millones de personas en todo el mundo desplazadas a la fuerza por conflictos armados y otros acontecimientos, pero que siguen viviendo dentro de las fronteras de sus países. Muchos huirían al extranjero si pudieran. Y a estas cifras se añadirán los 216 millones de personas que según el Banco Mundial se verán obligadas a inmigrar antes de 2050 debido a la crisis climática si no se adoptan medidas globales.

Hace diez años, Doyle participó con otros cuarenta expertos e investigadores de todo el mundo en la elaboración de un modelo de gobernanza de la migración capaz de dar respuesta a las tendencias actuales, de abordar las lagunas políticas existentes y de aprovechar el potencial de la movilidad humana. Los expertos en migración, derechos humanos, economía laboral, seguridad nacional y derecho de los refugiados emprendieron un proceso de deliberación de dos años. Su objetivo era elaborar un marco integral para la movilidad humana. Surgió así el Modelo de Convenio de Movilidad Internacional (MIMC), cuyo contenido resume perfectamente Susi Han.

El MIMC es un documento jurídico de 165 artículos repartidos en ocho capítulos que pretende modernizar el gobierno de la inmigración de una forma pragmática, practica y basada en los derechos. Para superar el estancamiento político y ayudar al Norte Global a reconocer la migración como una realidad estructural que forma parte integrante de su prosperidad, el MIMC ofrece una hoja de ruta que fomenta la cooperación internacional, establece vías legales y mejora la integración económica, despolitizando la migración y replanteándola como una cuestión de gobernanza y no de crisis.

El nuevo marco

Una nueva categoría para los migrantes forzosos: Ante la viabilidad cada vez más cuestionada del sistema de asilo, el MIMC ofrece una categoría de migrante forzoso que garantiza protección a las personas que se enfrentan a amenazas modernas para sus vidas -como los desastres inducidos por el clima y la inseguridad alimentaria- que no estaban contempladas en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. El MIMC reafirma al mismo tiempo los derechos de los refugiados tradicionales, evitando que se confunda a los migrantes económicos con los que huyen de la persecución. Esto garantizará que ambos grupos reciban respuestas adecuadas y adaptadas.

Un mecanismo internacional coordinado para la gestión de la migración: Las políticas migratorias actuales son reaccionarias y fragmentadas. El MIMC propone un mecanismo de coordinación mundial que permita vías estructuradas para la circulación. Afirma el derecho soberano a controlar las fronteras, pero también abre vías para profundizar en la cooperación internacional. Esto incluye una plataforma laboral digital que adapte la demanda de mano de obra a los flujos migratorios, un concepto pionero en la sociedad civil pero que carece de escala gubernamental.

Un enfoque distributivo de visados laborales: Reconociendo el papel fundamental que desempeña la migración en la estabilidad económica, MIMC ofrece un sistema de movilidad laboral. Diseñado para adecuar las cualificaciones a la demanda, este sistema mantiene el acceso a los medios de subsistencia en el centro, al tiempo que reduce la migración irregular.

No se trata de ideas abstractas. De hecho, se basan en iniciativas locales y regionales de éxito, lo que demuestra que el mundo ya posee los conocimientos y las herramientas para gobernar la migración con eficacia. El enfoque del MIMC simplemente amplía estas buenas prácticas a escala internacional, convirtiendo las innovaciones fragmentadas en una respuesta global unificada.

Trump (6) o cuando el necio contamina y mata

Madrid.–Luis Díez.

La fiscal federal del país más poderoso del mundo, Pam Bondi, tiene una tarea suplementaria. Se la ha encargado su señorito Donald Trump. La primera semana de junio debe entregarle una lista con las leyes y normativas de los distintos estados de la unión contra el cambio climático, así como los recursos judiciales que ha interpuesto contra esas normas y las medidas legislativas adicionales necesarias para suspenderlas en el caso de que la justicia le sea esquiva.

La negación del cambio climático es una de las materias por las que el presidente de EEUU se ha ganado el calificativo de necio mayor. Si el primer día de su segundo mandato anunció que su país se retiraba (otra vez) de los Acuerdos de París contra el cambio climático y los consiguientes desastres “naturales” que estamos sufriendo (danas incluidas), el 8 de abril firmó una de sus órdenes ejecutivas para que Bondi identificara y detuviera la aplicación de las leyes estatales que abordan el cambio climático y otras iniciativas ambientales contra la destrucción del medio ambiente. Justificó esa orden ejecutiva diciendo que las leyes para frenar el cambio climático que han promulgado algunos estados son onerosas, ideológicas, amenazan “el dominio energético estadounidense” y “nuestra seguridad económica nacional”.

Trump acusa a varios estados de «extorsionar» a las empresas de combustibles fósiles por su contribución pasada a las emisiones de gases de efecto invernadero y al calentamiento global. Desde la Casa Blanca quiere anular el principio del que contamina paga y acabar con los topes a las emisiones de gases de las empresas que les permiten “vender créditos” a otras por las emisiones no utilizadas. En este sentido ataca especialmente a California, cuya legislación por la descarbonizacion de la economía y el uso de energías limpias llega a calificar de “radical”. Las autoridades del bastión demócrata temen que sus esfuerzos para lograr la transición a los vehículos eléctricos, que incluyen la prohibición de vender automóviles nuevos a gasolina a partir de 2035, sean saboteados por el jefe republicano.

El programa de topes y comercio de emisiones no solo está amenazado en California, sino también en Nueva York y Vermont. A Trump no le importa en absoluto la destrucción de la atmósfera y los desastres ecológicos. Con su caótico discurso negacionista acusa de “fanatismo climático” a los países europeos y a los gobiernos que en todo el mundo se esfuerzan por cumplir los compromisos de París. Su descalificación contagiosa viene siendo repetida por la extrema derecha desde hace una década. Pero lo cierto es que algunos estados de la unión apuestan por la vida y la preservación del planeta frente al fomento y la protección de la industria de los combustibles fósiles de EEUU que patrocina el multimillonario agente naranja.

Petroleros y gasistas celebraron el 8 de abril la orden ejecutiva de arremeter contra las leyes medioambientales de los estados y también la 14241 de expansión inmediata de la producción de carbón, la apertura de nuevas minas y la prolongación de la vida útil de las plantas de carbón para la producción de energía eléctrica. “La industria del carbón ha empleado históricamente a cientos de miles de estadounidenses. Los recursos carboníferos de Estados Unidos son vastos, con un valor actual estimado en billones de dólares, y son más que capaces de contribuir sustancialmente a la independencia energética estadounidense, con excedentes para la exportación, apoyando a los aliados y nuestra competitividad económica”, decía la disposición presidencial.

“Aplaudimos la acción del presidente Trump –escribió Ryan Meyers, vicepresidente del Instituto Americano del Petróleo– de exigir responsabilidades a estados como Nueva York y California por implementar medidas inconstitucionales que penalizan ilegalmente a los productores estadounidenses de petróleo y gas natural por entregar la energía de la que dependen los consumidores estadounidenses todos los días”. Queda claro que a la oligarquía petrolera le disgusta que algunos estados como California, por ejemplo, hayan alcanzado un nivel de generación de energía limpia y renovable equivalente a la demanda total de 45 días al año.

Y también queda claro que en vez de avanzar en energías límpias, Elnecio relanza la política sucia, dañina y contaminante contra la población estadounidense en primer lugar y, junto con la dictadura China, contra la especie humana en su conjunto. La ley trumpista (y tramposa) que elimina las barreras regulatorias del carbón suspende de un plumazo los cierres previstos de numerosas centrales eléctricas de carbón en todo el país. La que tramita el Congreso y que ha contado con el voto favorable de más de treinta representantes del Partido Demócrata, anula los esfuerzos por reducir las emisiones contaminantes de los automóviles al prolongar sine die la automoción a base de combustibles fósiles.

Pese al desprecio de las energías renovables por parte del errático presidente de EEUU, vale citar a algunas grandes empresas que como United Airlines, la segunda aerolínea más grande del mundo tras American Airlines, se asocian con empresas emergentes de tecnología limpia para cumplir los objetivos contra el cambio climático. La aerolínea de Chicago busca un futuro con bajas emisiones de carbono en el que no sólo pueda compensar el CO2 que emite a la atmósfera sino capturar el carbono y utilizarlo para producir combustible de aviación. De ahí que se haya asociado con empresas emergentes que están trabajando en la extracción del dióxido de carbono del aire y en la producción de combustible, imitando la fotosíntesis.

La United, con 708 aeronaves Boeing y Airbus en servicio, se ha unido a Heirloom, una empresa especializada en la captura directa de dióxido de carbono del aire, y colabora con Twelve, una tecnológica que utiliza la “fotosíntesis industrial” para producir combustible a partir de CO2 y agua. La aerolínea está invirtiendo en la tecnológica JetZero para desarrollar aviones de ala combinada y fuselaje ancho que podrían reducir un 50% el consumo de combustible. Según Lauren Riley, directora de sostenibilidad de United, el objetivo es “emisiones cero” en 2050.

Muchas otras empresas contaminantes van tomando conciencia del daño y reduciendo el uso de la energía fósil. En contraste con los mandatos ejecutivos de Washinton, la Asociación Americana del Pulmón afirma en su último informe que “casi la mitad de la población está expuesta a un aire insalubre”. Según publica Ignacio Calderón en USA Today, el informe titulado denuncia que alrededor de 156 millones de personas (el peor nivel en una década) viven ahora en condados plagados de altos niveles de ozono y partículas contaminantes que pueden causar enfermedades graves, incluidos ataques de asma y accidentes cerebrovasculares.  El estudio de 2025, basado en datos de la EPA hasta 2023 (el año completo más reciente disponible), muestra un aumento de 25 millones de personas que viven en áreas con calificaciones bajas de calidad del aire en comparación con el estudio anterior.

Según Katherine Pruitt, autora principal del estudio y directora de políticas de la Asociación, “el número de personas que viven en lugares con aire insalubre es cada vez mayor, lo que representa una reversión de las mejoras impulsadas por la Ley de Aire Limpio y una aceleración del calentamiento global y el cambio climático”. La carga de salud que supone la contaminación del aire recae de forma desigual sobre las personas de color, siendo la población hispana la más castigada por la insalubridad del aire y las enfermedades derivadas.

Fiestas y cabildeos vaticanos en vano de fachas y ‘trumpistas’

Madrid.–Luis Díez.

Católicos trumpistas estadounidenses y algunos aristócratas y políticos europeos de extrema derecha se dedicaron a celebrar fiestas, banquetes y cabildeos en palacios y hoteles de Roma durante los nueve días de luto que siguieron al funeral por el Papa Francisco. Aunque trataron de influir en la decisión del Cónclave, ya es sabido que los 133 cardenales de más de setenta países eligieron al agustino Roberto Prevot Martínez, quien adoptó el nombre de León XIV y es el primer Papa (el 267º) en dos mil años nacido en Estados Unidos, aunque completamente opuesto a las políticas belicosas, antisociales, de persecución de inmigrantes y desamparo de refugiados del presidente Donald Trump, Elnecio negacionista del cambio climático.

Aristócratas y políticos europeos llenaron los jardines del Palacio Brancaccio para merendar, cenar y bailar con agentes del poder norteamericano y peregrinos católicos trumpistas. Era uno de los actos significativos de la “Semana de Estados Unidos” que, por inspiración del Espíritu Santo, se había programado antes de que falleciera el Papa Francisco. El evento podía haber sido aplazado para respetar el luto, pero la ocasión era estupenda para influir en el cónclave entre saludos, presentaciones, cachetes de ternera a baja temperatura servidos sobre velouté de papa a la naranja y bailes de salón.

La corresponsal de The New York Times Elizabeth Dias describió la fiesta en el Brancaccio como una de las actividades principales de la semana estadounidense en Roma. Allí el candidato de Trump a ocupar la embajada ante la Santa Sede, Brian Burch, cenó en una de las mesas principales junto a la princesa alemana Gloria von Thurn y Taxis, quien, a su vez, es amiga íntima del juez de la Corte Suprema de EEUU Samuel Alito. A la princesa bávara, una fiestera de los años ochenta que se convirtió al catolicismo conservador y mantiene fuertes vínculos con la extrema derecha, y al juez Alito, alias Scalito, por referencia al también magistrado del Supremo de ascendencia italiana, Antonin Scalia, los unió el fervor católico y su rechazo al aborto.

Al festejo acudieron políticos de la extrema derecha como el diputado italiano Antonio Giordano, del partido de la primera ministra Giorgia Meloni, quien dio la bienvenida a los varios centenares de invitados destacando la urgencia de “proteger a la familia, prohibir el aborto y fomentar la natalidad para vencer eficazmente el invierno demográfico”. Después de la cena llegó el primer baile de una semana que comenzó a celebrarse hace años por iniciativa de la Fundación Papal, una organización benéfica estadounidense que recauda millones de dólares mediante donativos a partir de siete cifras para proyectos del Vaticano.

Aparte los prebostes mencionados, disfrutaron del baile algunos estadounidenses influyentes como Steve Cortes, exasesor de la campaña de Trump y promotor de Voto Católico, órgano propagandístico ultraconservador, y eurodiputados como la española Margarita de la Pisa Carrión, del partido de extrema derecha Vox. Esta política y farmacéutica de profesión fue premiada el 20 de mayo de 2024 por el CEU (Opus Dei) como ejemplo de laboriosidad en contra del aborto y compartió galardón con la también eurodiputada Isabel Benjumea Benjumea, del PP. Por cierto que De la Pisa profirió entonces acusaciones genéricas como las siguientes: “Consideran que ser provida es contrario a los derechos humanos”. ¿Quién considera eso? “Se quiere incluir el aborto en la carta de derechos fundamentales de Naciones Unidas” ¿Quién quiere eso?

Poco les faltó, a ultras y trumpistas, para acusar al finado Papa Francisco de tolerancia con el aborto. En todo caso, la fundación papal mencionada y otras influyentes organizaciones católicas capitalistas, regidas por el principio de quien paga manda, quisieron mostrar en Roma su unidad en el compromiso de promover los principios tradicionales referidos al matrimonio, la fe y la familia. Y desde luego se esforzaron en su labor de lobby ante la elección del nuevo Papa. En lo estrictamente financiero, el director del Colegio Pontificio Norteamericano, Mark Randall, declaró que “los europeos desean aprender sobre filantropía (para financiar a la Iglesia Católica), sobre cómo hacemos estas cosas, cómo recaudamos dinero, cómo definimos lo que es un apostolado digno y lo que no lo es”.

Pero volviendo al baile, hay que añadir que estuvo patrocinado por la recién creada Fundación Luis IX, de la que es directivo el embajador Burch. Resulta elocuente que la nueva organización lleve el nombre de un rey de Francia del siglo XIII que lanzó la Séptima Cruzada en defensa de la cristiandad en Oriente. Entre valses nobles y sentimentales de Strauss, Tchaikosky, Ravel… políticos, aristócratas y mercaderes fervorosos entablaron y estrecharon relaciones para orientar el futuro gobierno espiritual de los mil cuatrocientos millones de católicos que hay en el mundo. Algunos participantes también acudieron a adoraciones nocturnas en las iglesias romanas y rezaron con la esperanza de que un nuevo Papa les ayude en sus objetivos afines a la política reaccionaria de Trump y la ultraderecha.

El Instituto Napa –red conservadora estadounidense– organizó una peregrinación con motivo del año jubilar, alojó a sus notables peregrinos en el Hotel Russie y celebró una cena privada con el cardenal James Harvey en el jardín de su residencia. Ese cardenal fue uno de los diez purpurados estadounidenses con voto en el Cónclave para elegir nuevo Papa. También el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad (el libre mercado) celebró una conferencia para empresarios. La organización católica de noticias EWTN montó una cena en la azotea del Waldorf Astoria para que productores de cine y filántropos hablaran sobre posibles proyectos.

La celebración de la Semana de Estados Unidos en Roma fue propicia para que varios personajes cercanos a Trump mantuvieran encuentros privados con cardenales cuando éstos se retiraban a descansar de sus reuniones previas al cónclave. Aparte de monseñor Raymond Leo Burke, un conservador recalcitrante, natural de Wisconsin, que encabezó la oposición al Papa Francisco, en los cabildeos se rechazó expresamente la apertura y el impulso progresista en la Iglesia por entender que estaban debilitando la doctrina católica. Nada de parejas del mismo sexo, nada de bendecir a los hijos adoptados por esas parejas y, sobre todo, mucha voluntad de control jerárquico. En algunos de esos encuentros, los trumpistas llegaron a considerar al húngaro Peter Erdo el cardenal ideal como nuevo Papa. Éste purpurado muy conservador se opuso a algunas iniciativas del Papa a favor de los inmigrantes y de los gays y lesbianas, y se ha alineado en muchas materias con el primer ministro húgaro, Viktor Orbán.

Después de tanto cabildeo y de esa mezcla de activismo, religión, dinero, bailes, rezos, banquetes y devoción, el Espíritu Santo, que es quien inspira a los cardenales en los cónclaves, según dicen, decidió que el continuador de Francisco fuera un hombre afín a su línea de acción social, favorable a los inmigrantes, refugiados y trabajadores. También defensor de la vida, la paz, el diálogo entre los pueblos y las religiones, la multiculturalidad, el medio ambiente y las medidas contra el cambio climático. Y también abierto al avance de las mujeres en la Iglesia Católica lo mismo que en la sociedad y tolerante con quienes se sienten de otro sexo. Es decir, lo contrario de lo que el presidente Trump trata de imponer trampeando.

De este modo se puede decir que el antiguo prior de la Orden de San Agustín, misionero, párroco y obispo en Perú, país del que adoptó la nacionalidad sin renunciar a la estadunidense de nacimiento, pues nació en Chicago hace 69 años, Roberto Prevot Martínez, León XIV, hijo de padre de origen francés y madre española, comulga con quien ha recuperado el prestigio de la Iglesia Católica y no precisamente con quienes pugnan por devolverla a la cerrazón y el oscurantismo.

Trump (5)avanza hacia los Estados Desunidos de América

Madrid.–Luis Díez

La guerra arancelaria declarada por el presidente norteamericano, Donald Trump, Elnecio, al resto del mundo hace un mes y un día no solo dislocó de repente los principales mercados de valores sino que ha generado una profunda sima interna, de modo que, por extraño que parezca, ya se comienza a hablar de los Estados Desunidos de América. Trece estados han recurrido ante los órganos judiciales competentes contra la aplicación de los aranceles decididos por Trump y presentados el 2 de abril con una fanfarria propagandística increíble, es decir, impropia del presidente de la primera potencia mundial.

Los estados de Oregon, Arizona, Colorado, Connecticut, Delaware, Illinois, Maine, Minnesota, Nevada, Nuevo México, Nueva York y Vermont, han seguido el ejemplo de Califonornia de rechazar por la vía legal la imposición de aranceles al comercio exterior. Los doce interpusieron la semana pasada una demanda en la Corte de Comercio Internacional de EEUU, con sede en Nueva York, para suspender la política arancelaria de Trump, argumentando que es ilegal y que ha generado un caos en la economía estadounidense.

Según la información de Associated Press (AP), la demanda sostiene que la política del mandatario ha estado sujeta a “los caprichos en lugar de al ejercicio sólido de la autoridad legal”. Como ya hiciera el gobernador de California, Gavin Newsom, la denuncia cuestiona la facultad de Trump de imponer aranceles arbitrariamente en base a la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional. Los doce recurrentes solicitan al tribunal que declare ilegales las tasas arancelarias e impida a las agencias gubernamentales aplicarlas y cobrarlas.

Ya a mediados de abril, Newsom, gobernador de California y dirigente destacado del Partido Demócrata, afirmaba en su recurso ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California que el uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles era ilegal, pues la norma permite congelar y bloquear transacciones en respueta a amenazas extranjeras, pero la implementación de aranceles requiere la aprobación del Congreso. California es la mayor economía de EEUU y el mayor importador. Como estado independiente se situaría en el cuarto lugar del mundo, con un PIB del 4,5%, por delante de Alemania y de Japón, según ha destacado estos días la prensa local. Además del aumento de precios, negativo para los consumidores, el sistema fiscal californiano y su presupuesto de ingresos depende mucho de las ganancias de capital por acciones e inversiones de sus contribuyentes más ricos.

Para la fiscal general de Arizona, Kris Mayes, el esquema arancelario de Trump es “una locura”. Afirma que “no sólo es económicamente imprudente, sino también ilegal”. Su colega el fiscal general de Connecticut, William Tong, dice que “los caóticos e ilegales aranceles de Trump son un enorme impuesto para las familias y un desastre para las empresas y empleos de Connecticut”. Los demandantes inciden en que «Trump ha trastocado el orden constitucional” al reclamar la autoridad para imponer inmensos y cambiantes aranceles sobre cualquier bien que entre en Estados Unidos y que él elija y por cualquier razón que considere conveniente para declarar una emergencia.

Desde la Casa Blanca solo han respondido de momento al gobernador de California, Gavin Newsom, al que ya atisban como futuro candidato a la presidencia y recomiendan que se ocupe de sus problemas, “el crimen desenfrenado, la falta de vivienda y lo incosteable en California”, dijo el subsecretario de prensa del presidente, Kush Desai. La reiteración del fin –reducir el déficit de la balanza comercial y recuperar la industria que está siendo diezmada– sirve a los empleados de Trump y de su movimiento Maga para poner sordina a las coacciones y otros medios dañinos que el creso presidente está empleando. Mientras se esperan los veredictos judiciales Elnecio insiste en su arma de presión para que los mandatarios vayan a “besarle el culo”, es decir, a negociar.

Trump (4) o cuando el necio celebra el fin de un Papa bueno y crítico

Madrid.– Luis Díez

Veinte días antes de que muriera en Roma el Papa Francisco, la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos –equivalente a la Conferencia Episcopal española– decidió reformar su organigrama. Fue una reforma muy simple. Consistió en suprimir el Departamento de Migraciones y Servicios de Refugio. El titular de ese negociado era el obispo de El Paso (Texas) Mark Joseph Seitz, un hombre de 70 años, que con anterioridad fuera obispo auxiliar en Dallas y había sido nombrado en 2013 por Francisco jefe de la diócesis a caballo con México.

Nadie mejor que el obispo Seitz y sus grupos de voluntarios conoce los problemas a los que se enfrentan los inmigrantes económicos que consiguen cruzar la frontera y también los refugiados que piden asilo en EEUU. En ocasiones tuvo que acompañar a las víctimas de guerras, matanzas y desastres a las oficinas policiales para que no les detuvieran cuando iban a presentar sus peticiones de asilo. Seitz criticó la dureza de las separaciones familiares, especialmente, el confinamiento de niños pequeños y la expulsión de sus padres. También escribió contra los centros de reclusión de inmigrantes y los procedimientos injustos y brutales dictados por la administración estadounidense.

Aunque monseñor Seitz no tiene un pelo de ingenuo y sus críticas adolecen de moderación, no esperaba que el ejercicio del derecho a la libertad de expresión acarreara represalias. Pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto el final de la ayuda a la labor humanitaria hacia los inmigrantes y, en consecuencia, la clausura, a finales de este año, del Departamento que dirigía el obispo de El Paso. La organización se cierra “al cesar los dineros gubernamentales que había recibido a lo largo de cinco décadas”, escribió un portavoz en Internet.

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Si la primera preocupación que demostró aquel jesuita argentino, Jorge Mario Bergoglio, nada más ser elegido Papa, fue por los inmigrantes que llegaban a Lampedusa (Italia) y eran rechazados después de unas travesías mortales para cientos y cientos de ellos en las aguas del Mediterráneo, la primera acción de Tramp consistió en aplicar a los inmigrantes una ley de guerra del siglo XIX para detenerlos, encarcelarlos y deportarlos a toda prisa por la vía ejecutiva y con olímpico desprecio al Poder Judicial.

La cruzada de Trump, alias Elnecio, contra los inmigrantes está contagiando a gobernadores y elementos reaccionarios de su partido hasta el punto de que, por ejemplo, en Idaho, uno de los estados más pobres, aquejado por brotes de sarampión, se ha puesto fin a la vacunación de inmigrantes sin papeles. Otras medidas para capturar y expulsar a los inmigrantes sin permiso de residencia aunque con contratos de trabajo están siendo los cruces de datos entre Hacienda y el Departamento de Seguridad Nacional. El titular del Tesoro, Scott Bessent, ha firmado un convenio con la jefa del sistema policial, Kristi Noem, para transferirle todos los datos fiscales, supuestamente protegidos.

Las estadísticas internas indican que entre 18 y 20 millones de puestos de trabajo en EEUU están ocupados por inmigrantes tanto legales como sin permiso de residencia, y algunos estados, comenzando por California, y numerosas ciudades se han declarado “valedoras” y “ciudades refugio” de inmigrantes. Con todo, el miedo de los trabajadores y sus familias inmigrantes aflora cada día en las páginas de la prensa ante la nueva exigencia de Trump de que quienes hayan entrado sin permiso se inscriban en un censo especial antes de que acabe abril. Con qué fin? No lo dicen, pero la mayoría supone que es para expulsarlos.

Para entender la catadura de Elnecio que ahora acude al funeral del Papa Francisco en Roma podemos tener en cuenta el hecho de que el 80% de los inmigrantes que están en riesgo de ser deportados de EEUU son cristianos. Así lo revela el último informe auspiciado por importantes organizaciones católicas y evangélicas, del que se hizo eco el 4 de abril el diario The Ángeles Times. El informe indica que alrededor de 10 millones de cristianos están en una situación vulnerable ante la agresiva política de Trump y que 7 millones de cristianos comparten residencia con al menos una persona en riesgo de deportación.

El vicepresidente de la organización humanitaria evangélica World Relief (Auxilio Mundial), Matthew Soerens, manifestó que el informe pretendía alertar a muchas personas que no se han dado cuenta de que la mayoría de las personas que podrían ser deportadas comparten la misma fe. Sin citarlo expresamente, llaman a un frente solidario común de católicos y evangélicos. Entres los grupos que ayudaron a realizar el estudio están la Asociación Nacional de Evangélicos, la Conferencia de Obispos Católicos y el Centro para el Estudio del Cristianismo Global en el Seminario Teológic de Massachusetts. Aunque el informe no defiende ninguna posición política, pretende crear conciencia entre los cristianos y aboga por reformas para abrir vías de legalidad a los inmigrantes.

Los migrantes en riesgo de ser expulsados van desde aquellos que cruzaron la frontera sin permiso hasta los que tienen estatus legal que podría ser revocado. Por ejemplo, el gobierno federal ha eliminado el estatus de protección temporal a venezolanos y haitianos y suprimido el permiso humanitario que otorgó a otros migrantes de estos dos países y de Cuba y Nicaragua. Por si fuera poco, el gobierno de Trump está retirando los visados a estudiantes extranjeros que protestan por las matanzas israelíes de los palestinos de Gaza, otra preocupación diaria del Papa Francisco.

Según el obispo Mark J. Seitz, cuyo departamento participó en la elaboración del informe, los católicos representan más de la mitad de las personas susceptibles de deportación en EEUU. El jefe de la diócesis de El Paso no oculta su preocupación sobre las consecuencias de las deportaciones, incluida la muerte. “Conocemos el impacto de romper la unidad familiar y tambien las enormes amenazas que enfrentan las personas que son deportadas sumarialmente a sus países de origen, de los que huyeron en primer lugar debido a las amenazas que sufrían”, declaró Seitz en referencia a la represión gubernamental y el crimen organizado en sus países de origen. “Hay personas que van a morir si este esfuerzo de deportación continúa al nivel actual”, concluyó.

En ese contexto no se sabe muy bien si Elnecio acude a rendir póstumo homenaje al “fantástico” Papa Francisco, a modo de burla, como otros despiadados ultraderechistas (Milei, Orbán, Meloni…), o para doctorarse en cinismo global. Lo único cierto es que para Trump y su ralea fascistoide y cruel ha desaparecido un Papa molesto por su defensa de los Derechos Humanos y su enorme predicamento mundial. La congresista republicana por Georgia, Marjorie Taylor Greene, quien se lucró de los vaivenes bursátiles gracias a los mensajes de Trump, celebró la muerte de Francisco y enseguida twiteó: “Hoy hubo grandes cambios en el liderazgo mundial; el mal está siendo derrotado por la mano de Dios”. Esa criatura había escrito en Religion News Service que los obispos estaban “controlados por Satanás” al brindar ayuda a los inmigrantes.

Trump (3) o los primeros cien días de daño del necio

Madrid.–Luis Díez

Ahora que se van a cumplir cien días de la llegada (por segunda vez) de Donald Trump a la Casa Blanca, los grandes medios de comunicación estadounidenses preparan balances y encargan encuestas sobre la gestión del presidente. Algunos formulan preguntas a sus lectores. El USA Today quiere saber cuantos están de acuerdo con lo que hace el presidente y si les parecen bien o mal sus decisiones económicas. A la hora de hacer un balance de los primeros cien días del “agente naranja”, alias Elnecio, mi amigo Willer se inclina por abreviar al máximo: contar lo que ha hecho bien. Pero la importancia del daño merece un cierto recorrido. El columnista del Wall Street Journal Karl Rove titulaba su análisis del día de Jueves Santos: “Estados Unidos se cansa de Trump” y destacaba que “su ritmo frenético y su falta de concentración dejan preocupados y confundidos a muchos votantes”. Rove es un tipo piadoso.

Elnecio bautizó el 2 de abril como “el día de la liberación”. Rodeado de su corte de secretarios y altos cargos en función de palmeros, anunció en el jardín de la Casa Blanca la imposición de aranceles a todas las mercancías que entraran en Estados Unidos (EEUU) desde cualquier punto del planeta. La tarifa básica del 10% para todos se incrementaba hasta el 145% del precio del producto si procedía de China y también castigaba de una manera especial a Japón y a la Unión Europea (UE). Previamente había firmado órdenes ejecutivas para aplicar aranceles del 25% a los automóviles y sus componentes, así como a los metales más empleados en la construcción y la industria: hierro, acero, aluminio.

Con un batiburrillo plagado de mentiras a modo de discurso, Elnecio justificó su declaración de guerra comercial por el daño que el libre comercio hace a la industria y a la balanza comercial de su país. Mintió sobre el desequilibrio con la UE al no incluir los servicios en la balanza de pagos. Pero al margen de esa y otras consideraciones, el derrumbe de las bolsas de valores fue la respuesta más contundente registrada desde el crack de 1929. Las 500 personas más ricas del planeta, según Bloomberg, perdieron 536.000 millones de dólares en las dos jornadas siguientes al “día de la liberación”. Era la mayor pérdida de riqueza jamás registrada en 48 horas. Entre esos multimillonarios se hallaba el grupito de magnates que apoyó al “agente naranja”, asistió a su toma de posesión o contribuyó a su campaña y entronización.

En lo que el patrimonio neto de los oligarcas más ricos del mundo que ahora gobiernan el país más poderoso de la tierra –léase Elon Musk, Jeff Brezos y Mark Zuckerberg– se desplomaba, al caos bursatil iba seguido del incremento del coste de la deuda. El bono a diez años alcanzaba un interés del 5% debido, según los analistas, a la pérdida de credibilidad del país, algo insólito. Entonces Elnecio intentó calmar la situación anunciando una moratoria arancelaria de noventa días en la que estamos. Justificó, no obstante, ese trimestre de gracia diciendo que se necesita tiempo para recibir a los gobernantes de los 75 países que hacen cola para negociar o, según sus palabras, “que han pedido venir a besarme el culo”.

El matonismo reaccionario y soez de Elnecio, que enseguida se apiadó de las grandes tecnológicas de EEUU que fabrican en China y suprimió los aranceles a teléfonos, chips, ordenadores, televisores, etcétera, ha contagiado a algunos de sus colaboradores. Eso se deduce de los denuestos de Musk contra Peter Navarro, el principal asesor de Trump en comercio exterior, al que tildó de “auténtico imbécil” y “más tonto que un saco de ladrillos”. La bronca empezó cuando Navarro dijo en una televisión que Musk, el propietario de Tesla, “no es un fabricante, sino un ensamblador de autos” en su planta de Austin (Texas). Navarro abundó en que los motores que recibe (sistemas eléctricos y baterías) proceden de Japón y de China, la electrónica viene de Taiwán…” El humor de Musk, que también es dueño de X (antes Twitter) y la lanzadera espacial SpaceX, estalló como un huevo podrido. Le llamó “imbécil”, dijo que sus afirmaciones eran falsas y aseguró que “Tesla tiene la mayor cantidad de autos fabricados en EEUU”. La polémica siguió varios días en las redes sociales. Un usuario que compartió un video de Navarro sobre los aranceles y dijo que le parecía un experto fiable, pues Navarro es doctor en economía de Harvard, la universidad más prestigiosa del mundo occidental, se encontró esta respuesta de Musk: “Un doctorado en Economía de Harvard es algo malo, no bueno”.

Con todo, el multimillonario Musk, el tipo más rico del mundo, al que Trump colocó al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, deja ya su cometido. Según algunos periódicos de Wasington y Nueva York, abandonará en fechas próximas su colaboración con Elnecio después de haber despedido a más de 150.000 funcionarios y recortado especialmente los programas de sanidad, educación y seguridad social. Eso sí, los mismos medios afirman que Musk seguirá siendo amigo de Trump, quien, quizá para paliar las pérdidas del “día de la liberación”, le ha adjudicado gran parte del programa de lanzamiento de satélites espía del Ejército, con una entrega inicial de 6.000 millones de euros.

Al margen de los juegos de manos entre el presidente y sus familiares y amigantes, quedará ya como patrimonio inmemorial del movimiento reaccionario Make America Great Again (MAGA) la pérdida de fiabilidad de los EEUU. Los profesores Henry J. Farell y Abraham L. Newman, autores del libro Imperio subterráneo (“Cómo EEUU convirtió la economía mundial en un arma”) manifestaban esta semana en The New York Times que probablemente los países y las empresas rindan pleitesía a Trump, o finjan hacerlo para evitar aranceles, sanciones y controles a la exportación. Pero también sabrán que EEUU ya no es del todo fiable. Es probable que veamos la erosión de los mercados que sustentan la fortaleza de Estados Unidos a medida que los tributos unidireccionales desplacen a las relaciones bilaterales en un mundo multilateral. Y añadían: “Las empresas globales diversificarán sus cadenas de suministro aplicando a la exposición estadounidense los mismos cálculos de riesgo que antes aplicaban a los tratos con cleptócratas de poca monta”.

La decisión de Elnecio de “hacer grande a los EEUU de nuevo” declarando la guerra arancelaria a sus vecinos México y Canadá en primer lugar y luego a China, Japón y la UE especialmente, ha provocado también una fuerte tensión interna. El gobernador de California, Gavin Newsom, impugnó la autoridad del presidente para imponer los aranceles generalizados que han desatado una guerra comercial global. La demanda interpuesta el pasado 16 de abril ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California argumenta que Tramp hace un “uso ilegal” de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles, pues si bien la ley permite al presidente congelar y bloquear las transacciones en respuesta a amenazas extranjeras, no permite en cambio aplicar aranceles. La implementación de tales aranceles requiere la aprobación del Congreso.

El enfrentamiento más sonado a cuenta de los aranceles se veía venir y estalló por fin en esta semana de pasión. El presidente de la Reserva Federal (la Fed, por sus siglas en inglés), Jerome Powell, manifestó durante un almuerzo en el Club Económico de Chicago lo que todos sabían, que “es muy probable” que los aranceles de Trump provoquen inflación y un empeoramiento de las condiciones económicas del país. El discurso de Powell, seguido de preguntas de empresarios e inversores, sirvió para advertir sobre la posible desaceleración de la economía, la consiguiente carestía y la pérdida de empleo, a consecuencia de las inestables condiciones económicas bajo el gobierno de Trump. Éste repicó en su red Truth Social (Verdad social) con un mensaje amenazante: “El despido de Powell no puede esperar”, decía tras tildarle de errático y lento y de conminarle a bajar los tipos de interés, pues “los precios del petróleo han bajado, los alimentos (incluso los huevos!) han bajado y EEUU se está enriqueciendo con los aranceles”.

Otras medidas de estos cien primeros días de gobierno de Elnecio, como las redadas y deportaciones de inmigrantes, la declaración de unos 6.000 inmigrantes “muertos” para borrarles de la seguridad social, el despliegue del Ejército en la frontera con México con competencias para detener a las personas inmigrantes y entregarlas a la policía, el despliegue de la Armada USA en Panamá, la retirada de fondos federales a las agencias humanitarias, la OMS y las Naciones Unidas, los despidos masivos en la administración federal y la supresión de departamentos como el de Educación al tiempo que lanza sanciones económicas (supresión de 2.200 millones de subvención) contra la universidad de Harvard por no plegarse a las órdenes presidenciales y protestar contra el exterminio de los palestinos en Gaza, así como la befa y la chufa sobre el cambio climático y, desde luego, la discriminación de gais y lesbianas… han comenzado a perjudicar gravemente al país y, sobre todo, a precarizar y arruinar su democracia liberal y, por contagio global , la de otras naciones, provocando más sufrimiento, guerra y pobreza.

Trum (2) o cuando el necio escupe contra el viento

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Madrid.–Luis Díez

El presidente de Estados Unidos (EEUU) Donald Trump es descendiente de emigrantes. Sus abuelos eran alemanes y su madre escocesa. Su apellido original es Drumpf, si bien, con el paso del tiempo, los descendientes de aquel Friedrich Drumpf que emigró desde Bremen a Nueva York en 1885, trabajó duro creando hospederías, y murió 33 años después, adoptaron la pronunciación inglesa de la palabra y comenzaron a escribir Trump, término que sirve para designar la carta del triunfo de una baraja de naipes.

Si Tramp es nieto de inmigrantes, hijo de madre inmigrante (la escocesa Mary Anne MacLeod), se casó y tuvo tres hijos con la checoslovaca Ivana Zelnícková, que fuera esquiadora olímpica, y, en fin, contrajo matrimonio en terceras nupcias con la modelo eslovena Melania Knauss, una mujer 24 años más joven que él y que en 2006 dio a luz a su quinto vástago ?cómo se explica su desmedida persecución de los inmigrantes, con redadas injustas y deportaciones declaradas ilegales por jueces y tribunales?

La explicación más sencilla procede de quienes emplean el alias del mandatario, Elnecio, pues sabido es que los necios hacen necedades. Trump ya prometió en su anterior mandato (2016-2020) levantar un muro para sellar la frontera con México. Fue una de las promesas más insólitas y también más celebradas de su campaña electoral. Encima, los 10.000 millones de dólares que iba a costar aquella obra debían de ser pagados por México. Si el Gobierno mexicano se negaba, como de hecho ocurrió, prohibiría las transferencias de las remesas de inmigrantes, la mayoría “ilegales”, que ascendían a unos 24.000 millones de dólares anuales. También amenazó entonces con imponer aranceles a los productos mexicanos y con cancelar los visados a sus ciudadanos.

Vale añadir que terminó los cuatro años de aquel primer mandato presidencial con apenas un centenar de kilómetros de barreras metálicas instaladas en tramos no cubiertos por las vallas discontinuas existentes con anterioridad a lo largo de mil de los 3.145 kilómetros de frontera desde San Diego (California) hasta la costa atlántica de Texas en el Golfo de México. Sobre los visados sirva de ejemplo para evaluar los intereses y la catadura del personaje que mientras el 2 de abril le retiraba el permiso para entrar a EEUU al Premio Nobel de la Paz y expresidente de Costa Rica, Oscar Arias, quien le había llamado “emperador romano”, ofrecía un visado especial, la visa de oro, con residencia indefinida, a cuantos extranjeros llegaran con cinco millones de dólares para gastar en su país.

Trump ha acerado más si cabe su política de persecución de los inmigrantes hispanos en este segundo mandato. Elnecio y sus más fervorosos seguidores reaccionarios consideran la llegada de inmigrantes indocumentados “una invasión” de delincuentes, defectuosos mentales, criminales que “envenenan nuestra sangre” y se dedican a atrapar y comerse a las mascotas domésticas. Al socorrido “cave canen” (cuidado con el perro) el poderoso majadero añadió en campaña “que te lo comen” los negros haitianos. Lo malo es que muchos ciudadanos le creyeron y dejaron de sacar a sus perros de paseo.

He ahí otro ejemplo de las burdas técnicas goebbelianas y de los muchos tropos fascistas que contaminan el discurso o más bien el fangollo y batiburrillo trumpista. Provocan y extienden, a base de bulos, el temor a los inmigrantes y emplean la posverdad para hacer saber que si les votas y ganan las elecciones sellarán las fronteras, expulsarán a los inmigrantes y acabarán con los que te “roban” el empleo, “se benefician” de ayudas sociales y convierten tus calles en lugares peligrosos hasta para los perros.

“Perdido en este desfile de horrores –escribe el profesor de la Universidad de Columbia Michael W. Doyle– está el hecho de que EEUU es una nación de inmigrantes. Irónicamente, los abuelos y bisabuelos de la actual cosecha de ideólogos nativistas fueron los inmigrantes trabajadores (ninguno de los cuales fue investigado) que cavaron los canales de Estados Unidos, construyeron sus ferrocarriles y segaron el césped de sus granjas”.

El humanista Doyle, que es uno de los cuarenta investigadores y especialistas que han elaborado la Convención Modelo sobre Movilidad Internacional (CMMI) sostiene que el 24% de las patentes estadounidenses registradas en los últimos años han sido presentadas por inmigrantes. Ellos son los que trabajan en los campos, mataderos y almacenes del país. Tanto documentados como indocumentados, realizan el trabajo (más penoso y peligroso) que, como ocurre en España y en otros países europeos, no parecen querer hacer muchos oriundos.

Esa dimensión económica y laboral, no parece contar. Elnecio, de suyo acostumbrado a establecer la relación coste-beneficio, insiste en considerar delincuentes a los inmigrantes y no alcanza a ver que éstos, incluidos los indocumentados, tienen muchas menos probabilidades de cometer un delito que los nacidos en el país. En un reportaje publicado el 5 de abril pasado en Los Ángeles Times, los periodistas Hanson, David Smilde y Verónica Zubillaga, desarmaron las mentiras trumpistas para justificar la deportación de jóvenes venezolanos a El Salvador, donde fueron recluidos en una cárcel de máxima seguridad prestada por el presidente salvadoreño. Los informadores, conocedores de la violencia en Venezuela, pusieron de relieve que era falso que los detenidos y deportados fueran terroristas enviados desde Venezuela a atentar en EEUU y que muchos de ellos ni siquiera pertenecían al Tren de Aragua, una mara o banda que según la orden ejecutiva de Elnecio “está llevando a cabo una guerra irregular y emprendiendo acciones hostiles contra EEUU”.

Las redadas indiscriminadas contra los inmigrantes y las deportaciones ejecutivas, sin intervención judicial, sitúan a la altura del betún las garantías jurídicas y los derechos de las personas en la primera potencia democrática (?). Puede que el fascismo trumpista –de “nocivo, idiota y Hitler de Estados Unidos” lo tachó el actual vicepresidente Vance en 2016– consiga reducir el flujo de inmigrantes, pero lo que está generando sin duda es el miedo de millones de hispanos a ser detenidos y deportados. En la actualidad hay más de 700.000 venezolanos emigrados a EEUU y muchos de ellos desviven con el temor en el cuerpo.

Contra las afirmaciones de Trump tampoco es verdad que EEUU esté “inmerso en una ola criminal” que él atribuye a los inmigrantes, pues los datos preliminares del FBI indican que la criminalidad siguió disminuyendo en 2024 respecto al año anterior. En cambio, es muy cierto que el empeño del plutócrata en identificar inmigración con delincuencia provocó la primera manifestación de protesta ante la Casa Blanca un mes después de su toma de posesión. Y también es cierto que varias organizaciones católicas han alzado la voz contra las redadas y las deportaciones, demostrando además que la mayoría de las víctimas de esa política trampista son católicos. En respuesta, la administración federal anuló el 11 de abril un convenio con la Conferencia Episcopal por el que aportaba fondos a la labor humanitaria y de integración de inmigrantes.

?Se puede “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”, como reza el lema MAGA de los trumpianos, sin inmigrantes? Sólo los necios creen eso. El profesor Doyle antes citado afirma que “para desincentivar la entrada ilegal, el país necesita vías legales para satisfacer la demanda de 8 millones puestos de trabajo sin cubrir en la actualidad. Esto sin contar los millones de empleos permanentes que ahora ocupan los 10 millones de indocumentados”. Doyle se pregunta cómo conseguir esto y propone, entre otras medidas, el desarrollo de una plataforma nacional de empleo en Internet que identifique los puestos vacantes y las cualificaciones pertinentes para su solicitud por parte de solicitantes individuales extranjeros y agencias de empleo.

Esa y otras herramientas contempladas en la Convención CMMI evitarían que la política de inmigración reflejara “lo peor de nosotros mismos”. Para Doyle, antiguo administrador del Carnegie Council, se pueden hacer las cosas mucho mejor, tanto para servir a los intereses de EEUU como para conciliar sus ideales contrapuestos. Pero no solo en la primera potencia del globo, sino también en terceros países. Téngase en cuenta que en 2024 había 304 millones de inmigrantes en todo el mundo (Datos del departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU). La inmigración es un tema candente, domina el discurso político, alimenta resultados electorales y, como afirma la investigadora de la Escuela Internacional de Asuntos Exteriores de la Universidad de Columbia, Susie Han, a menudo desencadena políticas reaccionarias.

Más allá de la necedad y del repliegue de los gobiernos tras unas políticas restrictivas que solo aumentan el desorden y el sufrimiento humano, los gobiernos deberían esforzarse en crear soluciones duraderas para la gestión de la inmigración. Así, en vez de jalear y emular a Elnecio, como hacen en Europa algunos políticos nefastos, convendría incorporar los avances y propuestas de nuevas normas contenidas en la Convención CMMI sobre migración y asilo que pueden beneficiar tanto a los afectados como a sus Estados de origen, tránsito y destino.

Trump (1) o cuando el necio monta su ‘Universidad’ en Nueva York

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Madrid.– Luis Díez

Admirador de los grandes magnates del último tercio del siglo XIX y primero del XX, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, quiso imitarles fundando una universidad. En 2005 inauguró la Trump University en Nueva York, una entidad educativa con ánimo de lucro que ofrecía cursos de economía y finanzas y, sobre todo, mercaba formación especializada para gestores de fondos de inversión y agentes inmobiliarios.

De este modo, el nieto millonario de unos emigrantes a tierra de promisión desde Alemania y Escocia pretendía imitar a aquellos grandes potentados que como John Davison Rockefeller, Andrew Carnegie y otros dedicaron a la enseñanza y la investigación parte de sus fortunas. Y ya se sabe que el petrolero Rockefeller practicó la filantropía, donando gran parte de sus ganancias a fundaciones y programas benéficos y siendo fundador de la Universidad de Chicago (cuna de 87 premios Nobel) y de la que lleva su apellido en Nueva York. Y su colega, el emigrante escocés Carnegie, magnate del hierro y el acero, dedicó casi toda la riqueza que había acumulado a cuenta del tendido ferroviario, los puentes, las torres de petróleo y la arquitectura del hierro a la creación de bibliotecas, centros sociales para los trabajadores, el Fondo Carnegie para la Paz Internacional y, entre otras entidades, la Carnegie Mellon University de Pittsburgh (Pensilvania, EEUU).

Pero, a diferencia de aquellos magnates de la época dorada de la industrialización estadounidense, conocidos en su día como “los barones ladrones”, el creso Trump no buscaba beneficio social alguno ni depositaba una micra de filantropía en su iniciativa educativa. Su objetivo era simplemente ganar pasta, como lo había sido desde que su padre lo colocó al frente de las empresas familiares del ladrillo y la especulación inmobiliaria. Fundó su Universidad con el mismo afán dinerario e idéntico desparpajo al de compra hoteles (incluido el emblemático Plaza de Nueva York), la instalación de casinos o la creación de complejos turísticos (incluido el de Mar-a-Lago, en La Florida, su principal residencia de descanso).

Solo que el milmillonario Tramp despreció las normas más elementales en la creación de su centro educativo con el pomposo título de “Universidad”. Las autoridades le advirtieron una y otra vez sobre el incumplimiento de los requisitos básicos y le conminaron a retirar el nombre de “universidad” de lo que podría ser una academia privada y nada más. Vamos, que Trump, al contrario de Carnegie o de Rockefeller, carecía del menor interés en impulsar la ciencia, la medicina y la educación. Entonces, para evitar que su negocio lectivo fuera declarado ilícito e ilegal, decidió llamarle Trump Entrepreneur Initiative (Trump Iniciativa Emprendedora).

Con todo, aquel negocio de Trump, alias Elnecio, no tardó en verse enfangado por las demandas de varios alumnos que se sintieron estafados. En 2010 dejó por fin de operar. Y en 2013 el magnate fue condenado a pagar 40 millones de dólares por la demanda civil interpuesta por el Estado de Nueva York por publicidad engañosa y fraude al consumidor, dado que su “Universidad” emitió títulos académicos sin licencia educativa alguna. Está por ver que algo similar pueda ocurrir en la España donde los “chiringuitos” universitarios ultras y con ánimo de lucro crecen como la espuma al amparo incluso de autoridades autonómicas.

El engaño y el fraude de Trump en materia educativa fue una de las múltiples causas que convirtieron al potentado en el primer candidato y presidente de EEUU condenado por sus actividades y negocios privados antes de llegar a la Casa Blanca. Las causas penales fueron por trampas, corrupción y abusos sexuales. Pero ninguna impidió su carrera política, como tampoco impidieron que optara a un nuevo mandato el asalto al Capitolio tras perder las elecciones contra Joe Biden en el año 2000 y el robo de documentos secretos que el FBI encontró en su mansión de Florida.

Aunque no ha sido contrastado, algunos estudiosos de la prepotencia y la necedad sitúan la motivación de Trump para hacer negocio con la enseñanza en el éxito de The Apprentice, un reality show que produjo y dirigió a comienzos de siglo. La cosa era que unos jóvenes talentos, aspirantes a empresarios, medían sus habilidades para los negocios. El ganador era contratado por Elnecio como directivo de su holding empresarial y los perdedores eran despedidos uno a uno por aquel tipo ceñudo que señalaba con el índice y exclamaba: “You’re fired!” (“¡Estás despedido!”), un latiguillo que adquirió mucha popularidad entonces y que Elnecio ha reeditado para su país y el resto del mundo con la imposición de aranceles a todos los productos que entren en EEUU y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo en todos los sectores productivos. Eso sin contar los más de 100.000 despidos que lleva dictados en los organismos y agencias federales, especialmente en los servicios sanitarios, educativos, de investigación y de cooperación internacional, por indicación del plutócrata amigo y consejero Elon Musk, que ya se retira a sus empresas.

C14.– Falsarios de la razón de Estado

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/ Luis Díez

Merche y Tilo aparcaron a Botones a prudencial distancia de las dependencias. El inspector quería preservar su automóvil de las miradas de los curiosos, los colegas y los delincuentes, y nunca usaba el espacio reservado a los maderos. Entraron en el edificio y fueron a la zona de detenidos, donde sus compañeros Fabiola y Marcos acababan de tramitar la ficha de la mujer paquete y de enviarla al calabozo. El motorista se hallaba en trámite en la “sala de caretos”, un cuartucho de cuatro metros, con un armario metálico y una regleta pegada a la pared desnuda, donde el fotógrafo de la unidad retrataba de cuerpo entero, de frente y de perfil a los detenidos. Puesto que diez de cada diez salían con mala cara se comprende el nombre del cuartucho. A continuación pasaban a la sala de interrogatorios, donde se confeccionaba la ficha, se guardaban los objetos personales del detenido (casco de motorista incluido) en una bolsa de papel, se les hacían varias preguntas y si a la tercera no respondían se les indicaba que podían avisar a su abogado o se llamaba a uno de oficio. Además se les permitía realizar una llamada a algún familiar o amigo.

–¿Podría hacer el favor de quitarme las esposas? –dijo el motorista, enojado, antes de sentarse en el pupitre que Marcos le indicaba.

–Le mantendremos esposado para hacerle un favor a usted y nosotros mismos, amigo –le contestó Marcos.

El detenido hizo un gesto de contrariedad y se encaró con el agente:

–¡Usted no sabe quien soy yo!

–Claro que sí, puedo olerle desde aquí.

Tilo y Merche relevaron a Marcos y pidieron al sujeto que se sentara y tranquilizara. Tenía cara de hogaza, el cabello negro, el cuello corto, los ojos grandes y negros como el lignito (sin brillo), los hombros anchos y los pectorales de deportista. Merche creyó haber visto antes a aquel individuo. Sopló al oído de Tilo: “Creo que es el tipo que me siguió”. Es decir, el mismo que también le siguió a él, el saltador del autobús. Según su documento de identidad, se hacía llamar Mauro Pérez Agua (a saber cuál sería su verdadero nombre) y había nacido en Madrid hacía veintiocho años.

–¿Le apetece algo, un refresco, agua, café? –le ofreció Tilo.

El tal Mauro fijó la mirada en el póster de una pradera con cuatro vacas pastando y unas montañas a lo lejos (anuncio de una industria láctea), supuso en voz alta que no había carajillos y pidió café con leche. El inspector se asomó a la puerta, depositó unas monedas en la mano del agente de guardia y realizó el encargo. Mientras Merche rellenaba la filiación y otros datos sobre la apariencia y el estado de salud del detenido, Tilo le preguntó dónde compraba esas zapatillas tan elegantes, las Triple Stitch que usaba habitualmente. El tipo se sorprendió.

–¿Cómo lo sabe?

–Lo sé.

–¿Para qué quiere saberlo?

–Si no quiere, no me lo diga, pero sepa que aquí las preguntas las hacemos nosotros.

Entró el guardia con los cafés y tres botellines de agua. Tilo miró a Merche y asintió. Quedaba claro que ojos de lignito, el saltador del autobús y el tal Mauro eran la misma persona.

–Antes de entrar en materia me gustaría saber qué planeaban contra mí o mi familia después del seguimiento que me hizo días atrás hasta las cercanías de mi casa –le preguntó Merche.

El tipo no se inmutó.

Tilo insistió, pero no logró resultado alguno, de lo que dedujo en voz alta una variedad de canalladas que podían ir desde el secuestro de niños a la muerte de mujeres, pasando por el apaleamiento de perros domésticos con bates de béisbol como si fueran negros callejeros, ¿verdad? El tipo se enojó, bebió un sorbo de café y dio un fuerte golpe con las esposas sobre el pupitre.

–Ya veo que no es muy hablador. ¿Va a declarar sin abogado o le enviamos directamente al calabozo? –le preguntó Merche.

–No tengo nada que decir, salvo que han cometido un error muy grave; mi compañera y yo somos agentes de información para la seguridad del Estado, no delincuentes –dijo el detenido.

–Claro, y eso os permite realizar seguimientos a los policías que investigan los crímenes contra personas indocumentadas y sin techo. ¿Qué ibas a hacer contra ese negro? ¿Matarlo como a una cucaracha? –inquirió Merche.

–Parece que en esta ocasión habían elegido suficiente heroína adulterada para matar a un elefante, ¿verdad? –precisó Tilo, todavía con el arma homicida dentro de una bolsita de pruebas en el bolsillo bajero del pantalón.

El tal Mauro se mantenía en silencio con la mirada perdida en el paisaje del prado y las vacas. Quedaba claro que no iba a decir ni mu, así que Merche le preguntó si deseaba hacer la preceptiva llamada telefónica a la que tenía derecho y si disponía de asistencia letrada particular, para avisarla o en su defecto llamaban a un abogado de oficio.

El tipo no se dio por aludido. Esperaron un minuto, bebieron el café y Tilo le repitió los derechos, pero el tal Mauro había enmudecido de verdad. Sabía que el agente le había filmado con su teléfono, jeringuilla en mano, inclinado sobre el negro que dormía en aquella sucursal bancaria y que no tenía escapatoria. Por si fuera poco, Merche le informó:

–Pesan cargos contra usted por tres asesinatos consumados y uno, esta noche, en grado de tentativa.

El tipo le lanzó una mirada de desprecio. Ella correspondió:

–Más te vale quitarte la muela hueca y tragarte la cápsula de miloche. ¡Estás acabado, mamón!

Tilo se incorporó, abrió la puerta y ordenó a los agentes de guardia:

–Conduzcan a este sujeto al calabozo y devuelvan las esposas a la inspectora.

Puesto que tenían que completar la jornada de pesca nocturna con la práctica papelística al uso, los dos investigadores siguieron el largo pasillo mal iluminado hacia la zona meramente administrativa. Fabiola y Marcos ya estaban en la pecera, manos a la obra. Su relato de las detenciones les pareció escueto y preciso, es decir tan correcto que el negro dormido al que iban a matar no parecía un señuelo, sino un negro de verdad. En este punto Tilo extrajo la jeringuilla del bolsillo, se la mostró a los compañeros, la depositó en un cajón de su mesa que abrió y cerró con llave. A falta de análisis sostuvo que contenía una cantidad de heroína suficiente para dejar tieso a un caballo en menos que canta un gallo. “Pero pongamos que le iban a inyectar una sustancia tóxica y venenosa, mortal de necesidad en pocos minutos”. Marcos, al teclado, intercaló la referencia al arma del delito. En ese instante les interrumpió el timbre del teléfono del despacho. Era de la recepción para decirles que un caballero se interesaba por los detenidos.

–Dígale que espere un poco, enseguida le atendemos –dijo Tilo. Colgó el auricular e informó a sus compañeros–: Muchachos, tenemos visita.

Sin necesidad de preguntar la identidad del recién llegado supusieron que se trataba del coronel jefe de los detenidos, el señor Dosbarrios López del Arenal, alias Escualo Mayor, así que dejaron el colorín colorado para otro momento, se equiparon convenientemente y se apresuraron a recibirlo como se merecía. La sala de espera era una habitación rectangular con sillas de plástico clavadas a una barra que recorría los dos laterales. Entró Tilo y dejó la puerta entreabierta.

–Buenas noches, soy el inspector Dátil –le saludó.

El visitante esperaba de pie y correspondió al saludo sin dar su nombre.

–¿Es usted abogado de alguno de lo detenidos? –inquirió.

–No es el caso.

–¿Su padre, imagino?

–En cierto modo si, padre profesional –dijo con tono orgulloso.

–Pues permita que le diga, señor…

–Dosbarrios.

–…señor Dosbarrios que los ha encauzado usted muy mal.

–¡Pero bueno! ¿Quién cojones eres tú para decir eso?

–No se soliviante, caballero, si le digo que no se puede ir por ahí matando gente que no les gusta, empezando por los negros.

–¿Qué sabrás tú lo que se puede y no se puede? –dijo el coronel al tiempo que extraía del bolsillo interior de su elegante americana una credencial del Servicio de Inteligencia del Estado, el famoso SIE, y se la mostraba.

–La razón de Estado –siguió diciendo– no requiere explicación, pero por deferencia a un majadero como tú y tus compinches haré una excepción: la muerte de unos africanos en la Capital del Reino tiene una finalidad terapéutica de dimensión histórica y resulta útil, muy útil para que se publicite a través de los medios de comunicación en los países de origen. Es una medida muy drástica, lo sabemos, que sirve de acompañamiento a las devoluciones de indocumentados que el Gobierno está realizando. ¿Me entiendes, zoquete?

A Tilo le pareció que el tiempo pasaba muy despacio. Su acuerdo con los compañeros era que entrasen al cabo de cinco minutos. Se disponía a contestar al insultón y agresivo coronel, pero éste, al parecer, acostumbrado a no respetar nada, tampoco el turno de palabra, clamó por la libertad de sus subordinados.

–Si estima en algo su carrera, sueltelos inmediatamente –amenazó.

En ese instante se abrió por fin la puerta.

–¡Queda detenido, caballero! –exclamó Merche, pistola en mano.

El tipo, más tieso que un cirio de cuaresma, dibujó la mueca de una sonrisa irónica que enseguida, en cuanto Marcos se adelantó y le asió un brazo para aplicarle el grillete, desapareció de su cara de piel de zapato marrón, bien lustrosa y bronceada.

–No, coronel –dijo entonces Tilo–, ni el fin justifica los medios ni el Estado puede practicar impunemente el terrorismo, aunque usted se crea Netanyahu.

Coda:

Había transcurrido año y medio desde la captura nocturna de los criminales. Fueron juzgados y condenados por el Tribunal Central para delitos muy graves a cadena perpetua o “prisión permanente revisable”, según el eufemismo que utilizó el exalcalde Gasradón cuando, siendo ministro de Justicia, el máximo castigo en el Código Penal. Tilo, según su costumbre, fue a reunirse con su amigo el arabista Jorge Morales en la terraza del Dulce. Y entonces éste, que, como es sabido, realizaba traducciones para el SIE, le aseguró haber visto en la sede del centro a un tipo clavado al coronel Dosbarrios, aunque con una barba cenicienta y espesa. Tilo se resistió a creer que fuera el mismo, pero Morales había indagado y le participó el secreto mejor guardado del SIE: los agentes usaban nombres falsos, filiaciones que no les correspondían, documentos que pertenecían a personas ingresadas de por vida en determinados centros psiquiátricos. Eso le dijo y eso quería decir que los condenados eran otros. Los falsarios dominaban la cúpula del Estado, delinquían para proteger a la sociedad, decían, y no entraban en prisión.

Aquella noche, cuando llegó la linda Franteska, Mingus saltó a su regazo y Tilo le lanzó la consabida adivinanza con su última ocurrencia de juego de palabras: “Me levanto, me asomo a la ventana y siempre hay unas. ¿Cómo crees que me siento?”

–En ayunas.

–Cierto y verdad.

FIN

C13.–Los depredadores entran a matar

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/Luis Díez

La una de la madrugada era una hora adecuada para poner a dormir al pacífico maniquí en el zaguán de la sucursal bancaria de la plaza de Mariano de Cavia, un periodista taurino que sin embargo acuñó el término “balompié”. Con Merche ojo avizor a los mandos de Botones, Tilo sacó el cebo con el gorro y la capucha puestas, cubierto por con manta vieja y envuelto en los cartones de la caja del vendedor. En un abrir y cerrar de ojos lo trasladó desde el asiento trasero del Golf al vestíbulo de espeso cristal con puerta abatible del establecimiento usurario, lo tendió dejando al descubierto las fosas nasales, la boca y la barbilla por un lado y media alpargata por el otro, y se retiró sin ser visto. Aquella madrugada de sábado para domingo de finales de noviembre se veía poca gente en las calles. Merche callejeó por la zona. Él ruló a pie por la plaza. De semáforo en semáforo tardó seis minutos en dar la vuelta al ruedo de asfalto, con su famosa fuente ornamental de delfines metálicos nadadores en el centro. A la tercera decidió permanecer quieto, sentado en el reborde esquinero de un jardincillo elevado, rodeado de aligustre, entre la calle de Cavanilles y la avenida del Mediterráneo. A unos quince metros de la sucursal bancaria, aquel sitio le pareció ideal para vigilar la carnaza e intervenir si pintaba la ocasión.

En la media hora que llevaba en aquel punto de observación Tilo solo había visto a un joven entrar en el vestíbulo de la sucursal y salir un minuto después. Era un tipo andino e iba acompañado por dos amigos que se quedaron fuera. Les siguió con la mirada hasta que desaparecieron por la entrada de una discoteca subterránea en la que se arremolinaban chicos y chicas con ganas de marcha. Mientras se acercaba a verificar que el maniquí seguía intacto recordó la primera vez que entró en una discoteca; se llamaba Studen o algo así y acudió animado por su vecino y amigo Florencio Febrero, quien tenía una novia o algo así, una chica muy flaca y muy alta. Enseguida se la cedió y desapareció. Qué tío. Él se sintió ridículo, bailando suelto y agarrado con aquella chica del Instituto de Enseñanza Media que apenas hablaba, apenas se reía y parecía más insulsa que una patata cruda. Podía haber huido, pero aguantó dos horas con aquella criatura que le sacaba la cabeza y no le parecía guapa ni fea. Cosas de la adolescencia.

Volvió a su observatorio esquinero. Antes había periódicos de papel, se podían agarrar de cualquier papelera urbana y colocar para no mancharse el trasero del pantalón donde se iba a sentar uno. Pero la prensa se fue a la mierda y esa ventaja desapareció, de modo que pasó la mano por la piedra antes de sentarse. Llevaba un pantalón de vestir de la marca Cortefiel y una chaqueta de entretiempo de la misma marca u otra parecida. Sólo los cómodos y elásticos Fluchos en los pies le diferenciaban de un oficinista al uso, aunque a esa hora todos los gatos son pardos. Con la mirada fija en la sucursal se le enredó el pensamiento en la maldad humana. Desde que el buen Arias y su camarero de cenas, el bueno de Morata, enviaron sus notas al “buzón de limpieza” recomendado por los presuntos criminales racistas en las redes sociales hasta las doce de la mañana de este sábado se habían registrado la friolera de sesenta y cuatro mensajes de otras tantas personas confirmando la presencia del “negrata maloliente” en el hall de la archimencionada sucursal. Qué cosas. Merche atribuyó el flujo de maldad a los bulos desatados en las últimas horas sobre supuestos delitos perpetrados por negros. El más impactante, una violación atribuida a un hombre de color en el distrito de Usera.

Se lanzaba el bulo, se generaba el miedo y, acto seguido, los “salvadores” recogían la respuesta, es decir, los mensajes de decenas de personas incautas e ignorantes pidiendo ayuda y mano dura contra los inmigrantes. Llegaban incluso a denunciar, como en este caso, la ocupación del zaguán de una entidad bancaria por parte de un negro inexistente. ¡Manda narices! En ese instante Tilo observa la maniobra de un potente Mercedes deportivo AMG-GT95 que da una vuelta completa a la rotonda, se arrima a la acera de la sucursal bancaria, frena y para. De la portañuela del copiloto sale una persona, parece una mujer, se acerca a la puerta acristalada de la entidad bancaria, pero no la abre, solo mira el interior y vuelve sobre sus pasos. En cuanto sube abordo, el coche acelera y desaparece transformado en ruido, avenida del Mediterráneo abajo.

Tilo alerta a Merche.

–Los escualos han visto el cebo –le dice.

–Sí, los he visto, han venido a verificar.

–¿Dónde estás?

–He encontrado sitio delante de la Parisienne, en el chaflán rodeado de setos donde se puede aparcar en batería –contesta Merche.

–Perfecto, aviso a Fabiola y Marcos para que estén preparados.

Los dos colegas han aparcado el coche camuflado en la calle de Cabanilles, a diez metros de la esquina donde se halla el objetivo. Es un buen sitio para caer sobre los malos en cinco o seis zancadas. Tilo les informa de que las alimañas ya se han dejado ver. Según lo que ya saben de los casos anteriores, los depredadores siempre han actuado a partir de las tres de la madrugada. Si siguen su método, falta una hora para el baile, pero la visita para verificar el cebo significa que pueden aparecer en cualquier momento y han de estar atentos y lo más cerca posible del maniquí. Fabiola le pide su posición. Tilo se la da. Ella se acerca a verle. Repasan el escenario y ella confiesa que le prefiere como pareja de baile.

–¿Qué tiene Marcos de malo?

–Le noto renuente y…

–¿Y qué?

–No me gusta su olor.

Tilo se sorprende de que salte la pituitaria en plena operación. ¡Manda narices! Nunca acaba uno de conocer a la gente. Va a soltarle una reprimenda, pero se contiene. Cierto es que si tiene que hacer el paripé de enamorada que se despide de su pareja en la puerta de casa resulta comprensible su elección, se dice.

–Acércate a Merche y se lo comentas; si a ella no le importa actuar con Marcos a mi tampoco contigo.

Fabiola le da las gracias y desaparece. Tilo sospecha que tiene algo contra Marcos que no ha querido contarle. Ella sabrá. En ese instante vibra el teléfono. Es Jon. El vigilante de noche del Santana Plaza le informa de que están saliendo los presuntos malincuentes en el Mercedes deportivo y la motocicleta de alta cilindrada que utilizan en otras ocasiones. Ha contado tres.

–Gracias Jon, eres un gran tipo y un buen amigo.

Se apresura a alertar a los compañeros.

–En diez minutos los tenemos aquí –les dice.

Merche ha aceptado a Marcos como pareja, sale de Botones y se dirige al coche K aparcado en Cabanilles. Cada cual conoce su papel y tras el cambio provocado por Fabiola les corresponde actuar de enamorados que se besan y se estrechan entre los brazos ante las puertas de entrada a las fincas más cercanas a la sucursal bancaria. Si los malos llegan por una calle podrán ver de refilón a una pareja, si llegan por otra calle podrán ver a otra pareja y si vienen por la avenida de Menéndez Pelayo, bordeado el parque del Retiro, o por el Paseo de la Reina Cristina desde Atocha, no verán a ninguna. El último trayecto es el más corto.

Cuatro minuto después de haber ocupado sus posiciones y suprimido el seguro de las reglamentarias, el ruido de una motocicleta les anuncia la presencia de los forajidos. El motorista con paquete da un frenazo en plena rotonda, se escora a la derecha y sube a la acera aprovechando la rampa del paso de peatones sin peatones. Se detiene delate de la sucursal. El paquete se apea, extrae de un bolsillo de su cazadora de piel un pequeño objeto, como un bolígrafo, y se lo entrega al motorista, que ha dejado la máquina inclinada sobre la pata metálica y con el motor encendido, como si la operación que van a realizar fuera cuestión de un momento. Los dos llevan cascos negros con brillo de cucarachas. El paquete –Tío diría que una tía– empuja la puerta de la entidad bancaria y deja pasar al motorista. Al instante, Tilo y Fabiola se lanzan hacia ellos. Y lo propio hacen Merche y Marcos desde la otra esquina. Marcos se ocupa de desactivar la moto y guardar las llaves para evitar la huida. El grito de “¡Alto, policía!”, proferido por Fabiola, hace que la mujer paquete suelte la puerta e intente salir corriendo, pero Fabiola la deja fuera de juego de un certero disparo en el trasero. Tilo grita al presunto asesino, ya inclinado sobre el maniquí: “¡No toque a ese hombre!” Al oírlo, intenta clavar la jeriguilla que lleva en la mano en cualquier parte del cuerpo del supuesto negro dormido. Pero Tilo se lo impide. No quiere complicaciones y aprieta el gatillo. Le acierta en la mano y el tipo suelta la inyección y queda noqueado. Merche al quite le agarra los brazos y le coloca los grilletes.

–¡Andando, hijoputa!

El tipo se resiste.

Tilo, todavía con el arma en la mano, le asesta un calambrazo en la entrepierna. El tipo suelta un alarido.

–Obedece, capullo –le dice.

Merche le empuja y Tilo lo sujeta por un brazo.

–Vamos, mono.

El tipo resopla.

Fabiola y Marcos ya han empaquetado en el asiento trasero del K a la mujer paquete, que sigue con el casco puesto. Tilo y Merche llegan con el motorista, lo colocan en el asiento, le ponen el cinturón de seguridad y, por si no lo sabe, le informan de que está detenido. El tipo ha quedado mudo. Fabiola, con la reglamentaria en la mano, hace saber a Tilo que se basta y se sobra para mantener tranquilos a los presuntos asesinos. El miedo no cambia a la gente, pero paraliza. Y si no, para eso está el percutor de calambrazos, también llamado pistola eléctrica. Los agentes salen a toda prisa con los detenidos hacia las dependencias policiales. Tilo y Merche vuelven al lugar de los hechos, recogen con mucho cuidado la jeringuilla, recuperan el maniquí y lo depositan en el maletero de Botones. Antes de subir al coche se paran uno junto al otro, se miran, sonríen, se besan. No se lo pide el guión sino el estado de ánimo, el cuerpo.