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España participa con 7 aviones en el desfile de la independencia de EEUU

Luis Díez.

España participará con siete aviones del Ejército del Aire en el desfile aéreo organizado el 4 julio en Nueva York para celebrar el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. En concreto desfilarán sobre la ciudad de los rascacielos dos cazabombarderos Eurofighter de la base sevillana de Morón de la Frontera (Ala 11), dos F-18 de la base de Zaragoza (Ala 15) y dos Airbus A330 de abastecimiento en vuelo de la base de Torrejón de Ardoz (Ala 45). Les acompaña un A400M de carga para llevar material y personal, y proporcionar cobertura de búsqueda y rescate (SAR). La tripulación de este aparato estará formada por militares del Escuadrón de Zapadores Paracaidistas de las bases aéreas de Cuatro Vientos (Madrid) y Son San Joan (Mallorca).

La exhibición ha sido bautizada como International Aerial Review 250 (Revista Aérea Internacional 250) y será realizada por 129 aviadores en funciones operativas, logísticas, técnicas, de apoyo a la vida y administrativas. El coste no ha sido desvelado, aunque fuentes ministeriales estiman que ascenderá a dos millones de euros. Los aviones utilizarán la Base Aérea de Atlantic City.

La participación española en el evento organizado por las autoridades estadounidenses, con distintas fuerzas aéreas aliadas y amigas, redunda en las relaciones bilaterales España-USA y se produce después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fuera el primer mandatario europeo en rechazar la agresión bélica del presidente norteamericano Donald Trump y de su amigo israelí Benjamín Netanyahu contra Irán y, después, contra el Líbano. Sánchez fue también el primero en negar la autorización para el uso de las bases de Rota y Morón y del espacio aéreo español para la guerra de Irán.

Aunque el señor Trump amenazó a España con aranceles más altos a nuestros productos y con retirar efectivos de las bases militares de uso conjunto, no ha podido aplicar las represalias. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha explicado que «Rota y Morón siguen plenamente operativas en los términos y con el alcance previsto en los acuerdos con Estados Unidos, un aliado estratégico con el que nos unen profundos lazos históricos, forjados con la propia ayuda española a su Declaración de Independencia». En todo caso, Trump puede concretar su retirada de tropas de Europa en la cumbre de la OTAN prevista para el 7 y 8 de julio en Ankara (Turquía). Para el belicoso Vladimir Putin sería estupendo. Y en la UE daría sentido a la Unidad de Defensa y a la Agencia Europea de Defensa (EDA) ya en marcha.

Pérdida de la paz

Entre tanto, este 4 de julio, 250 aniversario de la independencia, se celebra bajo los efectos del fin de la guerra de Irán. Lo malo no es perder la guerra, sino la paz. Y todo indica que los estadounidenses comenzaron a perderla cuando eligieron presidente para un segundo mandato al millonario mandón, machista, racista y reaccionario frente a la candidata demócrata Kamala Harris. De la guerra arancelaria con todos los países del mundo (menos Rusia) y el apoyo al genocida Netanyahu (75.000 personas asesinadas en Gaza hasta el momento) pasó a bombardear lanchas en el Caribe y asaltar Caracas para secuestrar, encarcelar y juzgar en Nueva York al presidente venezolano Nicolás Maduro.

Si la diligencia demostrada contra el régimen bolivariano para apoderarse de la riqueza y hacerse cargo de la administración del país se repitiera ante el terremoto que ha asolado la región de Carabobo destruido La Guaira casi por completo, derribado cientos de edificios en Puerto Cabello y otras ciudades de la costa y destrozando muchos edificios en Caracas y también de Valencia, Maracay y otras ciudades y pueblos del interior, seguramente se habrían salvado muchas más vidas. Las 48 horas siguientes al terremoto son vitales. Ahora toda la ayuda es poca como bien sabe Marco Rubio, el gobernante de facto designado por Trump.

Los muertos y los costes

Apenas dos meses después del secuestro de Maduro, el belicoso de la Casa Blanca ordenó bombardear Teherán desde los portaviones desplazados al Golfo Pérsico. Actuó de acuerdo con los planes del jefe del gobierno israelí, Netanyahu. El primer día liquidó al ayatolá Jamenei y su corte. La Furia Épica del matón Trump mató ese día a 175 niñas, niños y profesores en un colegio de una ciudad del sur. Los periodistas de The New York Times Edward Wong y Aruni Soni explicaban el costo de la guerra: 3.500 iraníes asesinados, según la agencia del gobierno iraní; 3700 libaneses muertos por los ataques de Israel desde el 18 de marzo, según el Ministerio de Salud libanés; miles de heridos en ambos países; 13 militares estadounidenses muertos, según el Pentágono; 26 israelíes fallecidos, según datos gubernamentales.

Los ataques, principalmente de Irán, también han causado víctimas mortales en todo el Medio Oriente, incluidos trabajadores de países del sur de Asia en el golfo Pérsico. Por su parte, el ejército estadounidense mató a tres marineros civiles indios en un ataque contra un barco comercial cerca de Omán, lo que ha aumentado las tensiones entre Estados Unidos y la India.

La economía de Irán ya estaba en una situación muy complicada antes de la guerra. Pero ahora está en caída libre. Los precios de la comida y otros productos básicos se han disparado, y el día a día es una lucha constante. La magnitud de la devastación ha sido enorme:  cientos de escuelas y centros de salud han resultado dañados o destruidos durante la guerra, según la Sociedad de la Media Luna Roja Iraní, la principal organización de ayuda humanitaria del país.

Para los contribuyentes y consumidores estadounidenses, el costo de la guerra asciende al menos a 132.000 millones de dólares, según una estimación de Moody’s Analytics. Esa cifra incluye los 29.000 millones de gasto militar, que pasarían a ser 40.000 si se incluyesen las reparaciones de las bases USA dañadas y la reposición de armas, vehículos y misiles.

Las perturbaciones en el comercio mundial provocadas por el cierre del estrecho de Ormuz han hecho subir los precios del petróleo de 70 a 120 dólares el barril, y con ello, las tarifas de los transportes, el precio de los alimentos y algunos fertilizantes. El daño ha sido global y el beneficio mayor ha sido para las petroleras rusas, los inversores y los fabricantes de armamento de EEUU.

Objetivos alcanzados: cero

Según Robert Malley (enviado especial para Irán entre 2021 y 2023) y el historiador especializado en la política exterior de EEUU, Stephen Wertheim, Trump ha logrado de nuevo lo imposible. Al atacar a Irán se adentró donde sus predecesores nunca se atrevieron: se alió con Israel en un intento por derrocar o neutralizar al régimen de Teherán. Como no consiguió ninguna de las dos cosas, parece haber aceptado peores condiciones de las que podría haber obtenido por la vía diplomática. Su guerra también fue un lastre político y cuando comenzó obtuvo menos apoyo público que cualquier otro gran conflicto en la historia moderna de Estados Unidos.

«Ahora, los llamados halcones, los que tienen un enfoque más agresivo sobre el conflicto y que se entusiasmaron con la operación Furia Épica, están molestos con Trump por haber terminado el enfrentamiento. Los pacifistas no le perdonarán haberlo iniciado. Todo el mundo ha salido peor parado y nadie está contento: un final apropiado y extraordinario para una guerra trumpiana», dicen Wertheim y Malley.

En síntesis, el tipo que acudía con su poderío aeronaval y sus baterías de misiles a librar al pueblo iraní de la dictadura teocrática de los ayatolas y los guardianes de la revolución, mentía cual bellaco y no consiguió nada de lo prometido. Por el contrario, su guerra de oportunidad añadió más muertes, más represión, más desaliento y más pobreza.

El personaje que iba a librar a Israel y al resto del mundo de las armas nucleares de Irán es dudoso que consiga un acuerdo similar al que obtuvo Barack Obama. El logrado por el entonces presidente contenía el compromiso firme de Irán de no enriquecer uranio por encima del nivel 3, requerido para uso civil en centrales nucleares. Y tenía vigencia hasta 2030. De hecho, no hay prueba alguna de que Irán haya incumplido su palabra. Pero a los dirigentes del Partido Republicano no les valía y el propio Trump lo anuló en 2018 durante su primer mandato.

Israel perjudicial

Respecto a Israel, lo que comenzó como la campaña militar más estrecha e integrada de la historia terminó con el líder estadounidense reprendiendo públicamente al israelí porque su belicosidad “despiadada” en el Líbano ponía en riesgo un acuerdo con Irán. A esto se suma el hecho de que el 60 por ciento de los estadounidenses tiene ahora una visión negativa de Israel frente al 42 por ciento de 2022. Muchos creen que Netanyahu engatusó a Trump para llevarlo a la guerra con promesas de una victoria rápida y fácil, y luego se involucró en repetidas escaladas para bloquear cualquier salida. El israelí jugó su carta, pero Trump, en caída libre en las encuestas, le descubrió el juego. Ahora se espera que los electores israelíes acierten a jubilar al genocida de Gaza para recomponer las relaciones con Washington.

Por su parte, los países del sur del Golfo Pérsico han podido comprobar que la red de bases militares destinadas a proyectar el poder protector de EE. UU. a los estados árabes, lejos de disuadir, agravó el conflicto. De guardián de la paz, EE. UU. pasó a ser el elemento beligerante a batir. Sus bases generaron vulnerabilidad, no seguridad, tanto para sí mismo como para sus aliados. Los estados del Golfo aprendieron una lección más dura: que, en su hora de necesidad, Estados Unidos priorizó sus propios intereses y los de Israel, dejándolos expuestos a represalias iraníes por una guerra que no querían ni en cuyos planes participaron. Las monarquías del Golfo no romperán sus lazos de seguridad con Washington, pero ambas partes tienen motivos para preguntarse si no estarían mejor construyendo un equilibrio regional menos dependiente de las promesas de protección estadounidense.