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Acerca de Luis Díez

Periodista, doctor en Ciencias de la Información, autor de varios libros, profesor de Periodismo Político y de Géneros de Opinión de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) de Madrid. Cofundador de Cuartopoder.es. Corresponsal parlamentario de Diarioabierto.es

Tambores de guerra contra Venezuela para echar a Maduro

Luis Díez.

En Venezuela se oyen tambores de guerra desde hace varias semanas. El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, puso precio en su anterior mandato (enero de 2017 a enero de 2021) a la cabeza de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro. Al empuñar otra vez el poder, en enero de este año, elevó la recompensa a 50 millones de dólares, el doble de lo que George W. Bush ofreció en su día a quien facilitase la captura del fundador y líder de Al Qaeda, el fanático Osama bin Laden, lo que significa que Trump trata bien a los cazadores de recompensas y no quiere que sufran los penosos efectos de la inflación. Pero como la falta de resultados es notable, el campanudo (desafiante, hinchado de poder) inquilino de la Casa Blanca ha implementado, como se dice ahora, otras medidas contra el habitante principal del Palacio de Miraflores. Esto es lo que sabemos.

El miércoles pasado, Trump confirmó la información adelantada por el New York Times de que había autorizado “operaciones encubiertas” de la CIA en el interior de Venezuela. Ni que decir tiene cuál es la finalidad: capturar a Maduro vivo o muerto. Téngase en cuenta que el mandatario estadounidense acusó en 2020 al presidente venezolano y varios allegados de “narcoterrorismo y asociación delictiva para introducir cocaina en EEUU” y ofreció entonces la recompensa de 15 millones de dólares por la testa del venezolano. Los cargos siguen vigentes en un jugado federal de Manhattan y, según la secretaria de Justicia de Trump, Pam Bondi, le han incautado activos por más de 700 millones de dólares, incluidos dos jets privados. Bondi dice también que el rastreo de siete toneladas de cocaina incautadas les ha conducido directamente al mandatario venezolano. Y afirma, en fin, que “no escapará a la justicia y será responsabilizado por sus despreciables crímenes”.

Además de autorizar a los agentes de la CIA a intervenir en Venezuela, el presidente norteamericano dijo en el mismo acto con periodistas en el Despacho Oval que “está sopesando operaciones militares terrestres”, lo que en pocas palabras significa que está dispuesto a invadir el país y, con la escusa de combatir el narcotráfico, deponer a Maduro, liquidar el llamado régimen bolivariano y apoderarse de las riquezas del país que determinados dirigentes de la oposición en la clandestinidad y en el exilio, incluida la flamante premio Nobel de la Paz, Corina Machado, estarían dispuestos a entregarle. Téngase en cuenta que Venezuela posee las mayores reservas de petroleo del mundo. Esa riqueza documentada y la minería metálica y estratégica (“tierras raras” le llaman ahora) son las materias que verdaderamente interesan a Trump. ¿Por qué teniendo una división de agentes secretos contra el narcotráfico como es la DEA, utiliza a la CIA para intervenir en el país sudamericano? No hace falta recordar que la CIA es tristemente famosa por preparar golpes de Estado en distintos países del subcontinente, prevaliéndose de los militares más crueles y reaccionarios, casi siempre apoyados por oligarcas contrarios a los derechos democráticos.

Por lo que sabemos, la gran movilización militar ordenada por el Pentágono el 14 de agosto supuso el traslado a Puerto Rico desde la base de Norfolk, en Virginia, de 4.500 marines, buques de asalto anfibio, helicópteros y al menos un submarino. En concreto, el despliegue afecta a la Iwo Jima Amphibious Ready Group (ARG) y a la 22ª Marine Expeditionary Unit (MEU) e incluye los buques de guerra Iwo Jima, Fort Lauderdale y San Antonio, varias escuadrillas de helicópteros UH-18 Venom, un submarino de ataque nuclear, un crucero con misiles guiados, escoltado por varios destructores Arleigh Burk y, al menos, un avión de patrulla marítima Poseidón P-8A. Aparte de la acumulación de fuerzas frente a Caracas en el mar Caribe –el despliegue ya afecta a 10.000 militares estadounidenses–, esta semana se han detectado B-52 y helicópteros estadounidenses sobrevolando Venezuela.

Desde mediados de septiembre hasta el jueves pasado, los militares estadounidenses han atacado a seis embarcaciones y dejado un saldo de 28 muertos. A las cinco lanchas motoras destruidas con misiles teledirigidos se sumó el jueves el ataque, también en el Caribe, a un submarino sospechoso de transportar drogas y la detención de dos supervivientes supuestamente venezolanos. Son ataques en aguas internacionales contra supuestos enemigos de EEUU sin una sola prueba hasta el momento de que transportaran drogas ni de que fueran terroristas dispuestos a cometer atentados en suelo estadounidense o contra personas y bienes de ese país. Pero la legalidad internacional importa más bien poco al nuevo emperador Trump y sus colaboradores. Así, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, arengó a principios de septiembre a los marines a bordo del buque Iwo Jima diciéndoles que su misión no era un “entrenamiento” sino un “ejercicio real” de defensa de los “intereses vitales de los Estados Unidos de América cual es acabar con el envenenamiento del pueblo estadounidense”. Este antiguo presentador de TV elogió el acierto del presidente Trump al cambiar el nombre del Departamento de Defensa, que pasó a llamarse de Guerra. Muy satisfecho ha lucido también el secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha orientado a Trump hacia una táctica muy agresiva como es el uso de la fuerza militar contra los transportistas de drogas. “Lo que los detendrá es hacerlos volar por los aires, es decir, deshacerse de ellos”, dijo en México al día siguiente de la voladura de la primera lancha, con once personas a bordo.

Pero tamaño despliegue y acumulación de fuerza solo se explica, como ha apuntado el propio Trump, por la finalidad concreta de ordenar una incursión en Venezuela, capturar a Maduro como gran capo del narcotráfico y del terrorismo desestabilizador, pues ha vaciado las cárceles y enviado a delincuentes tan violentos como los del Tren de Aragua contra EEUU, y liquidar el régimen, lo que, por otra parte, facilitaría la vida a los autoproclamados ganadores de las elecciones de 2024 y reconocidos como tal por varios países.

Con todo o casi todo dispuesto para el ataque a Venezuela, el comandante militar del dispositivo en el Caribe, almirante Alvin Holsey anunció el jueves su dimisión y se despidió a última hora de ayer, 17 de octubre. Este oficial deja el cargo de jefe del Comando Sur de EEUU, encargado de dirigir las operaciones en Centromérica y Sudamerica, sin que haya desvelado los motivos y después de haber acumulado más de 10.000 combatientes en su zona de responsabilidad. La renuncia del almirante Holsey, con 37 años de servicio, y cuando llevaba menos de doce meses en un puesto donde el mandato temporal mínimo es de tres años y en medio de una misión que han bautizado “antidroga y antiterrorista”, resulta cuando menos chocante.

Según la información del New York Times, funcionarios del Pentágono y del Capitolio apuntaron fuertes tensiones políticas entre el almirante de cuatro estrellas y sus jefes civiles. El secretario de Guerra emitió un comunicado agradeciendo sus servicios, y el almirante se dirigió a sus subordinados con una sola frase: “¡Sigan adelante!” El congresista por Washington y portavoz en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, Adam Smith, manifestó irónicamente: “Antes de Trump, no se me ocurre ningún comandante jefe que haya abandonado su puesto antes de tiempo”. El senador, también del Partido Demócrata, Jack Reed, lanzó otra carga de profundidad, dando a entender que la cadena de mando es poco proclive a la aventura bélica que sopesa el emperador y agrada a sus halcones Hegseth y Rubio. “En un momento en que las fuerzas estadounidenses se están concentrando en el Caribe y las tensiones con Venezuela están en un punto de ebullición, la partida de nuestro principal comandante militar en la región envía una señal alarmante de inestabilidad en la cadena de mando”, dijo Reed.

El presidente venezolano respondió a las amenazas del estadounidense lanzando en inglés el grito de “¡No a la guerra!” y recordando el canallesco papel de la CIA en los años setenta del siglo pasado contra las democracias en Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia… “América Latina no los quiere, no los necesita y los repudia”, añadió Maduro. Su ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, lanzó un comunicado deplorando “las declaraciones belicistas y extravagantes del presidente de los Estados Unidos, en las que admite públicamente haber autorizado operaciones para actuar contra la paz y la estabilidad de Venezuela”. En su opinión, “esa afirmación sin precedentes, constituye una gravísima violación del derecho internacional y de la carta de las Naciones Unidas, y obliga a la comunidad de países a denunciar unas afirmaciones inmoderadas e inconcebibles”.

«¡Ánimo Alberto!»

Luis Díez.

Carente de discurso y proyecto propio sobre el futuro de nuestro país, el presidente del principal partido de la derecha, Feijóo, asiste atónito desde que llegó a Madrid, hace tres años y medio, al creciente prestigio y valoración del presidente del Ejecutivo español en el ámbito internacional. Su valía y capacidad es indudable en el seno de la Unión Europea (UE), donde ha encabezado propuestas de éxito, beneficiosas para nuestro país en materias tan decisivas como el mercado energético y la recuperación económica después de la amarga pandemia del Covid-19. Su paciencia y resistencia es encomiable frente a la política ratonera de los patriotas de la derecha, día y noche entregados al ruido y la mendacidad. Su defensa de los intereses españoles en Europa y en el mundo es loable por el fundamento, la firmeza y la capacidad de diálogo y negociación que despliega ante otros mandatarios. No solo conecta con las necesidades de amplios sectores sociales y económicos, sino también con los valores y emociones de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Lo hemos visto en la causa por la supervivencia de Palestina, anticipándose a otros grandes países en el reconocimiento del Estado Palestino y acumulando fuerza social y moral para obligar al genocida Benjamín Netanyahu y forzar a su cómplice, el militarista faccioso Donald Trump, a parar el exterminio de palestinos en Gaza.

Con una mayoría precaria en el Parlamento y unas alianzas de gobierno con esa izquierda del PSOE siempre tendente a enfatizar la pluralidad y acentuar las diferencias fraccionarias, el socialista Sánchez realiza una política interna equilibrada y positiva para la clase media trabajadora que le sitúa a gran distancia de la época en que el PP, con mayoría absoluta, recortaba derechos a los trabajadores, implantaba el despido libre a coste mínimo –para “crear empleo”, decían–, subía impuestos a los asalariados mientras decretaba amnistías para los grandes defraudadores, congelaba las pensiones de los jubilados y legislaba para impedir que volvieran a subir igual que los precios al consumo o, en fin, no promovía una sola vivienda social y vendía a precio de saldo las pocas que había en Madrid a los fondos buitre, convenientemente asesorados por un hijo de la alcaldesa Ana Botella y el expresidente Aznar, gran privatizador, amén de belicoso y tramposo para no ir a la mili. La reversión de aquella política nefasta y la reparación de la sima con Cataluña que, no olvidemos, celebró aquel 1 de octubre de 2017 su referendo de autodeterminación con 2,1 millones de votantes (el censo era de 5,3 millones) a favor de la República Catalana, añaden épica, audacia y acierto a la política del presidente Sánchez.

Aunque no estemos en tiempo electoral conviene pedir “calidad” a los políticos y, como decía el Miquel Roca de los mejores tiempos, tendríamos que ir a votar como quien va a comprar un coche, una lavadora o frigorífico: “Escolteu! Que almenys funcioni!” (¡Óiga, que al menos funcione!). Por suerte, el presidente Sánchez funciona y, haciendo de la necesidad virtud, está conduciendo al país a unas mejoras sociales apreciables y tasas de empleo y crecimiento económico sostenido por la senda de la economía sostenible que provocan la admiración de muchos países. Eso enfurece a una oposición reaccionaria que no descansa en su producción de bulos, insultos y causas para deteriorar a Sánchez, atacando a su esposa, su hermano y hasta su suegro que en paz descanse con la colaboración de algunos jichos judiciales tan contaminados como celosos de su independencia. Es lo que pasa cuando se judicializa la política como han hecho los dirigente del PP no solo en respuesta a los independentistas catalanes, sino también como ardid ante el nuevo impulso corrupto que encabezan la nueva millonaria Ayuso y su pareja Alberto González Amador.

Si la lenguaraz Ayuso, quien lo mismo acusa al presidente del PNV de amenazarla de muerte como cuando la ETA cometía atentados, que se declara insumisa o ajena al cumplimiento de la ley del aborto –“Vayanse a otro lado a abortar”, ha sido su último grito–, que llama “bilduetarras” a los parlamentarios vascos democráticamente elegidos, etc. etc., fuera mínimante eficaz, Madrid no tendría un transporte público masificado y hecho unos zorros, unos precios insoportables de la vivienda y, desde luego, un porcentaje de abortos tan escaso en la sanidad pública (el 0,2% de los registrados en 2024). Si su colega el alcalde José Luis Martínez-Almeida Navasqués no comulgara con Vox para aterrar con síndromes monstruosos a las mujeres que se ven abocadas a abortar. Y si, en fin, el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, se hubiera mostrado eficaz en sus competencias sanitarias, miles de mujeres –se han contabilizado 3000 de momento– habrían recibido urgentemente los resultados de sus mamografías ante los signos de un posible cáncer de mama, para que se sometieran a nuevas pruebas diagnósticas y en su caso al consiguiente tratamiento. Pero no les enviaron los resultados “para no alarmarlas”, dijo Bonilla, quien cesó a su consejera de sanidad, y van tres. Si a tanta ineficacia con resultado de muerte –incluido el cruel comportamiento de Ayuso con los ancianos de las residencias durante la pandemia– se añaden las actitudes de otros reputados presidentes autonómicos del PP (con Vox), como el valenciano Carlos Arturo Mazón Guixot, un inútil falsario de lo peor, como demostró ante la DANA del 29 de octubre del año pasado que costó la vida a 229 personas en Valencia sin que la Generalitat alertara a tiempo a la población, o como el salmantino Alfonso Fernando Fernández Mañueco, que no se sabía por donde andaba cuando ardían Las Médulas en el Bierzo. Después apareció para la foto mientras se quemaban varias aldeas, ardían miles de hectáreas de monte, bosque, viñedos y frutales en León y Zamora y Salamanca –además de Orense, tierra de Feijóo– y morían dos voluntarios y un bombero forestal, al tiempo que cuatro militares de la UME y numerosos paisanos resultaban heridos en su lucha contra el fuego.

Ante tamaña exhibición de «calidad» de los presidentes autonómicos del PP y buen «funcionamiento» en momentos decisivos –así gobierna el PP– es comprensible que el aspirante al sillón de La Moncloa y supuesto jefe superior de la tropa, señor Feijóo, se desespere y descargue su inquina contra el presidente del Gobierno, en dura competencia con la deslenguada Ayuso. Una le llama “hijo de puta” y el otro amplía el concepto para afirmar que “se beneficia” de la prostitución, lo que incluye al vulgarmente llamado “chulo putas”. Es razonable que el elevado discurso de un hombre de Estado sometido a tan cruel competencia de la ultraderecha interna y externa provoque incluso la solidaridad del presidente Sánchez, impresa en su respuesta: “¡Ánimo Alberto!”

El castellano gana a Trump en la Super Bowl

Luis Díez.

Cuentan las crónicas que a las pocas horas de jurar el cargo, el 20 de enero pasado, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, clausuró la web en español de la Casa Blanca. En agosto pasado ocurrió lo mismo en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano. Unos meses antes, en marzo, firmó la orden ejecutiva 14224 que designa al inglés “idioma oficial” de EEUU, como si no lo fuera con anterioridad.

Al observar esas acciones de menosprecio hacia el español, segunda lengua en EEUU, surge la pregunta de qué le habrán hecho los hispanohablantes a ese señor. ¿Qué delito habrán cometido para que el mandatario se haya apresurado a despreciar su lengua y, por supuesto, a despreciarlos a ellos? No hace falta laboriosas investigaciones para que cada cual –incluidos los ultras admiradores de ese tipo aquí– saque sus conclusiones ahora que se acerca la día de la Hispanidad.

Para hacerse una idea del valor en EEUU de la lengua de Cervantes, Rulfo, Cortazar, García Márquez… conviene saber que conecta con las raíces de 65,2 millones de personas de ascendencia latina, según explica Gonzalo del Puerto, director de actividades culturales del Instituto Cervantes en Los Ángeles (California). El propio Instituto –creado por un gobierno socialista en 1991 para promover y divulgar las lenguas y culturas españolas– ubica en ese gran país cinco de sus 90 sedes repartidas por el mundo. Están en Nueva York, Chicago, Albuquerque, Seattle y Los Ángeles.

Recuerda Gloria Arjona, profesora del Instituto de Tecnología de California, que el castellano es una de las garantías que se concedió a los habitantes, al igual que la cultura y la religión, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos. En una nota para Los Ángeles Times con ocasión de la feria del libro LéaLa, celebrada a finales de septiembre pasado, Arjona explica que aquel tratado no impuso el inglés a los habitantes que quedaron en los estados actuales de California, Nevada, Utah, Nuevo México y en las partes de Arizona y Colorado de las que se apoderaron los Estados Unidos. “La realidad histórica –concluye la profesora–, es que el español se habló más de cien años antes que el inglés en esas tierras estadounidenses y no se puede erradicar la historia de un país ni suprimir un idioma cuando hay millones de hablantes”.

Del vigor del español en EEUU son buena prueba algunas ferias de libro que, como la de Miami, contribuyen a realzar la buena literatura en español y dan orgullo a los hispanohablantes. La periodista y gestora cultural argentina María Gal Lerner, directora del programa de autores iberoamericanos de esta feria desde hace veinte años, califica el evento de “plataforma ideal para dar al español la importancia que merece en este país, porque Estados Unidos es una nación bilingue”.

Pero no todo es crecimiento y buena salud para el castellano en EEUU, pues si al desprecio y las andanadas del supremacista Tramp –un militarista que emplea al Ejército contra los inmigrantes en las ciudades como si fueran terroristas– se añade la discriminación social contra los hispanos, enseguida vemos que el uso de la lengua en la que nos comunicamos más de 600 millones de humanes en el mundo empieza a ser un acto de rebeldía y resistencia en demasiadas zonas de ese país.

Lo resume bien la crítica cultual y profesora de la Universidad Estatal de Misisipi Karina Zelaya, quien aboga por estudiar a fondo lo que sucede con la lengua en comunidades y estados donde los latinos son grupos minoritarios y se sigue viendo el español como una discapacidad. “Todavía se sigue discriminando a un joven que habla español o inglés con acento; cambiar ese tipo de perspectiva o ideología es muy importante porque mientras más se siga estigmatizando a los niños que hablan español, también ahí se va perdiendo la lengua”.

Mientras tanto, la gran noticia para millones de hispanohablantes en EEUU surgió esta semana cuando los organizadores de la Super Bowl anunciaron que el cantante puertorriqueño Bad Bunny protagonizará el espectáculo del medio tiempo. Para disgusto del inquilino de la Casa Blanca y sus dogmáticos dispersores de odio a los inmigrantes, la NFL o National Football League, Apple Music y Roc Nation buscan ofrecer un espectáculo que celebre la diversidad sin encender controversias. Para ellos lo más importante del gran evento programado para el 8 de febrero de 2026 en el Estadio Levi’s de Santa Clara (California) son los anunciantes, es decir, el dinero.

Bad Bunny, de 31 años, cuyo nombre real es Benito Martínez Ocasio, se ha convertido en uno de los artistas más reproducidos del mundo con álbumes completamente en castellano, ha ganado tres Grammy y 12 Latin Grammy. Llega a los trofeos de este año, en noviembre, como el músico con más nominaciones y está considerado como el principal embajador global de la música latina.

Pero Bad Bunny es además de un músico fabuloso un creador sensible que proyecta su identidad puertorriquense, el yugo colonial y la lucha de los inmigrantes. De ahí su dedicatoria al anunciar su aceptación como estrella principal del descanso en la Super Bowl: “Esto es para mi gente, mi cultura y nuestra historia”.

El artista, que a finales de 2024 apoyó a la candidata demócrata Kamala Harris después de que un telonero de Trump se burlara de Puerto Rico llamándole “isla flotante de basura”, difundió más tarde un video en el que mostraba las playas y algunos artistas puertorriqueños que tituló “Basura” a secas. Este año, la guerra interna de Trump le ha llevado a no actuar en EEUU para evitar detenciones de asistentes a sus conciertos.

La crítica de Bad Bunny a la política migratoria del mandatario republicano ha sido explícita y con pasajes no exentos de ironía como cuando en julio pasado lanzó el video “NUEVAYoL” en el que se oía una voz casi igual a la de Trump que decía: “Este país no es nada sin los inmigrantes”. Pues eso.

En contraste con el disgusto de los trampistas por la elección, por primera vez, del artista que comunica en castellano, el gobernador de California, Gavin Newsom, escribió en X: “California está emocionada de darte la bienvenida al Super Bowl LX”.

Trump y Netanyahu se estrellan contra la ONU

Luis Díez.

Las sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, celebradas durante la semana en su sede de Nueva York han proyectado la exigencia casi unánime al Estado de Israel de que ponga fin al exterminio de palestinos de Gaza. Incluso Donald Trump, el gran aliado y amigo del presidente israelí, Benjamín Netanyahu, se sumó al clamor de que pare la masacre. Cierto es que Trump no viene de trompa sino de “trampa” y que el potentado que preside el país más poderoso y temible del globo (en armas y capacidad destructiva) no ha alcanzado el privilegio que atribuía Albert Camus a los seres más evolucionados: ser rey de sus humores. Pero el hecho de que corrigiese a Netanyahu y anunciara que este lunes va a ponerle las peras a cuarto para que acabe con la guerra y renuncie a la anexión de la Franja, abre un rayo de esperanza de paz en Oriente Medio.

Se nota, en todo caso, que el inestable, cínico y contradictorio presidente de Estados Unidos (EEUU) no desea verse envuelto en la acusación política, de momento, de cómplice del genocidio contra el pueblo palestino. Se ve que el anfitrión de los jefes de Estado y de Gobierno asistentes a la asamblea anual de la ONU se debió de sentir altamente impresionado por la estampida de casi todas las delegaciones, menos la estadounidense, ante la presencia del criminal Netanyahu en la tribuna de oradores. Y se comprende, en fin, que un personaje que hace ocho meses anunciaba la conversión de Gaza en un territorio turístico similar a la Costa Azul francesa, con resorts, casinos y toda suerte de negocios manejados por Israel y EEUU para satisfacer a visitantes y veraneantes millonarios, haya acabado aceptando, al menos en apariencia, la realidad insoslayable.

La ONU, horrorizada por la masacre de Israel en Gaza, ha tomado nota de los crímenes de guerra y del genocidio perpetrado por orden de Netanyahu –aunque el tipo se sigue escudando en la aplicación de la ley del talión contra los terroristas de Hamas que irrumpieron en el festival de música de Reim, en territorio israelí, el 7 de octubre de 2023 y mataron, dice él, a “más de mil personas” (sobre el terreno se recogieron 364 cadáveres)–, pero también ha exigido a Trump y a los mandatarios de otros países de la OTAN que no sigan suministrando armas al genocida.

Para eso sirve la ONU, por más que Trump la ridiculice y obstaculice. Para eso, y para proyectar al conjunto del mundo el reconocimiento del Estado de Palestina que, siguiendo el ejemplo de España hace un año, han firmado ahora Francia, Portugal, Bélgica, Malta, Reino Unido, Australia y Canadá. Esa decisión significa un inequívoco apoyo a la paz y a la convivencia que han de ser negociadas entre los dos Estados soberanos e independientes en pie de igualdad. Es decir, todo lo contrario al apartheid y el gradual exterminio de palestinos que viene practicando Israel y que ha acelerado con más de 65.000 muertos por hambre, disparos y bombazos desde hace dos años para apoderarse de la Franja de Gaza. Las dos treguas y la devolución de los rehenes apresados por Hamas hace dos años le han importado una higa a Netanyahu, quien no ha dudado en romper las treguas y bombardear a los negociadores palestinos en Doha (Catar), como prueba de que su estrategia es el exterminio.

La semana de la diplomacia por excelencia ha servido también para que Trump exhiba su absoluto desprecio a la diplomacia, precisamente. El mandatario venía de presidir el homenaje multitudinario a su amigo y valedor ultra ortodoxo del movimiento MAGA, Charlie Kirk, celebrado en Arizona. Acababa de proclamar su “odio a los oponentes”, en contraste con el mensaje de Erika, la viuda de Kirk, quien dijo que perdonaba al asesino de su marido y afirmó que “la respuesta no es el odio, sino el amor”. Se colocó en la tribuna de oradores y con un tono ora irritado, ora irónico y burlesco, perpetró un monólogo plagado de falsedades, dicterios y reproches al resto de los países occidentales, sobre todo, por no secundar sus políticas de persecución de los inmigrantes y por seguir primando las energías limpias y renovables para preservar la vida frente a la amenaza catastrófica del calentamiento global y el cambio climático.

El primer ataque de un airado Trump fue contra la ONU, precisamente, a la que acusó de no servir a la paz y no ofrecer más que “palabras vacías”. Ante el pasmo de muchos jefes de Estado y de Gobierno lanzó su consabida bola molondrónica: “Acabé con siete guerras, negocié con los líderes de todos y cada uno de estos países y ni siquiera recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndose a ayudar a cerrar un acuerdo”. Y a falta de otro recurso, aprovechó la circunstancia de que una escalera mecánica se paro mientras subía su esposa Melania y el hecho de que el cristal invisible que permite leer los discursos sin hacer el pajarito tuviera poca nitidez, para rematar su invectiva: “Estas son las dos cosas que recibí de las Naciones Unidas: una mala escalera mecánica y un mal teleprompter. Muchas gracias”.

Como es sabido, Trump retiró a EEUU de organismos de Naciones Unidas como la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos y canceló su aportación para la cooperación y el desarrollo, así como la ayuda contra el hambre y la acción humanitaria a favor de los refugiados y desplazados por las guerras, tiranías y catástrofes. Al igual que ya hizo en su primer mandato, también se retiró de la Organización Mundial de la Salud. Eso sin contar que EEUU ha dejado de pagar sus deudas a la organización desde que Trump asumió el cargo en enero y que aún tiene atrasos de 2024. Por si fuera poco, el campanudo presidente está aplicando una política de visados miserable y selectiva, como corresponde al individuo que dice odiar a sus oponentes. Así, ha impedido al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, asistir a las sesiones de la Asamblea General y ha impuesto restricciones a la representación iraní.

En este punto, cabe añadir que Trump y sus subordinados sopesan estos días la retirada del visado al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero ante la previsión de que actúe de mediador de las negociaciones en suelo estadounidense para una cambio tranquilo en Venezuela que facilite la retirada del actual presidente Nicolás Maduro. Como es sabido, Trump tacha de “narcotraficante” a Maduro, le acusa de enviar terroristas a EEUU disfrazados de inmigrantes y ha ofrecido 50 millones de dólares de recompensa a quien facilite su detención. Esa cifra duplica la que George W. Bush ofrecía por la captura de Osama bin Laden tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Además de la evidente burla de los usos diplomáticos al utilizar la tribuna de la ONU para arremeter contra la propia institución, a la que también acusó de propiciar la inmigración ilegal (“invasión” le llamó) por ayudar a los refugiados, el mandatario estadounidense laminó el protocolo diplomático no escrito del organismo multilateral al citar los nombres de los países a los que criticó, caso de Alemania y Reino Unido por sus políticas de energía verde, de Grecia y Suiza por permitir la entrada de inmigrantes y de Brasil por lo que calificó de “censura y represión”, en referencia a la reciente condena a 27 años de prisión de su amigo el expresidente Jair Bolsonaro por la intentona golpista de 2022, cuando apeló a las Fuerzas Armadas para evitar la toma de posesión de Lula da Silva como nuevo presidente tras ganar las elecciones.

Luego ya, según Trump “el cambio climático es la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo” y la inmigración “un ataque contra los países occidentales y sus fronteras”. Se puso varias medallas por sus redadas contra los inmigrantes, sus logros económicos (con datos falsos) y sus políticas negacionistas, promotoras de los combustibles fósiles y concluyó: “O siguen mi ejemplo o sus países se van al infierno”. La mayoría de los intervinientes evitaron responder al monólogo trumpista, de casi una hora de duración, y, como hizo el rey Felipe VI, destacaron el papel de la ONU y abogaron por la paz y el diálogo multilateral. Al presidente colombiano, Gustavo Petro, quien refutó las afirmaciones de Trump sobre los supuestos narcotraficantes venezolanos bombardeados por la armada estadounidense en el Caribe y pidió a los soldados que no obedezcan las órdenes de disparar, le retiraron el visado.

La IA te plagia, te engaña, te anula

Luis Díez

La mayoría de los adolescentes de nuestro tiempo poseen uno o más amigos virtuales. Les consultan sus dudas e incertidumbres, hablan con ellos sobre asuntos trascendentes o inconsútiles, los usan para estudiar menos o evitar el esfuerzo de estudiar, los utilizan para pensar poco o no pensar y, en fin, los emplean para validar sus comportamientos. Se puede decir que millones de jóvenes no sabrían vivir sin esos amigos. Esos colegas, los bots de la llamada Inteligencia Artificial (IA), influyen de un modo determinante sobre millones de niños y adolescentes. Y si los legisladores encargados de preservar la bioética y los derechos individuales del ser humano no lo remedian, la IA acabará dictando las pautas de pensamiento y comportamiento de los humanes.

Los compañeros de IA son plataformas diseñadas para servir de “amigos digitales”. Se pueden llamar Replika o de otra manera. Se pueden personalizar con rasgos y personalidades a gusto del consumidor y ofrecen opinión, sabiduría, conversación, compañía y apoyo emocional hasta el punto de parecer humanos. Otras plataformas diseñadas para responder preguntas, como Claude o la famosa ChatGPT, se utilizan también como amigos y terapeutas contra la soledad, el desamor y otras aflicciones, decepciones y disgustos personales.

En un extenso reportaje, la periodista Jocelyn Gecker, de Associated Press, concluyó que la IA está desempeñando un papel mucho más importante del que suponemos en la vida de los adolescentes. En realidad muchos padres no tienen ni idea de lo que está pasando con sus hijos. Hasta ahora la preocupación por las trampas escolares ha dominado el debate sobre los niños y la IA, pero lo cierto es que está desempeñando un papel mucho más importante en muchas de sus vidas, convirtiéndose en una fuente de referencia para obtener consejos personales, apoyo emocional, toma de decisiones cotidianas y resolución de problemas.

Esto supone un cambio sideral en las relaciones humanas. A diferencia de padres, hermanos y amigos reales, la IA siempre está disponible, no se aburre contigo, nunca te juzga, siempre te acompaña, jamás te lleva la contraria, siempre encuentra interesantes tus preguntas, opiniones y emociones. Son respuestas comunes y coincidentes de muchos menores a las preguntas de Gecker. “Es como si los bots estuvieran reemplazando definitivamente nuestras relaciones con otras personas”, afirma Gecker. Y lo más impresionante es que el grado de satisfacción de las relaciones con amigos virtuales es igual o superior, según las encuestas, a las conversaciones con amigos de carne y huesos.

Es lógico que la satisfacción del trato con los bots sea creciente, dado que esos colegas son amables, educados, serviciales, listos, hablan bien, te ayudan, nunca te contradicen y siempre aprueban y validan tus impresiones y comportamientos. Esto en unas mentes en formación de chicas y chicos de diez, doce, quince años, implica unos riesgos a los que deberían prestar mucha atención los padres, docentes y legisladores. La IA, desregulada y con un empuje igual o superior a los teléfonos digitales y las redes sociales, puede acabar creando generaciones de individuos torpes e inadaptados para las relaciones sociales.

Dice Michael Robb, autor principal de un estudio realizado en abril y mayo por Common Sense Media sobre el impacto de la IA en los jóvenes, que los compañeros virtuales deberían complementar y no reemplazar las interacciones del mundo real. “Si los adolescentes desarrollan habilidades sociales en plataformas de IA donde se los valida constantemente, no se los desafía, no aprenden a leer señales sociales ni a comprender la perspectiva de los demás, no estarán preparados adecuadamente para el mundo real”.

La organización sin ánimo de lucro Common Sense, en cuya ejecutiva se encuentran el director general de Goldmand Sanch, David Ludwig, así como la directora de la Fundación Comunitaria de Silicon Walley, Nicole Taylor, ha realizado también una evaluación de riesgos de las aplicaciones de IA más populares y ha detectado que tienen restricciones de edad ineficaces en materia sexual, que dan consejos peligrosos y que ofrecen contenidos dañinos. Esta organización recomienda que los menores de 18 años no utilicen aplicaciones de IA.

Sin embargo el impacto de la IA es tan asombroso que algunos estudiantes reconocen que acudirían al ChatGPT antes de sacar el bolígrafo para escribir sobre cualquier asunto. Otros no encuentran razones para hacer amigos reales con los que practicar deportes colectivos y librarse de las adición o atadura que les provocan los chatbots. “Si las redes sociales satisfacen la necesidad de muchas personas de ser vistas y oídas, creo que la IA complementa otra necesidad mucho más profunda: nuestra necesidad de apego y de sentir emociones”, dice un joven consultado. Es una de las múltiples aplicaciones de la IA para configurar el futuro ser humano. La IA hará tantas cosas por nosotros que el plagio de todas y cada una de nuestras capacidades, multiplicado por miles de millones de dólares permitirá detentar el poder a unos entes llamados OpenAI, Scale AI, Anthropic, Perplexity y Databricks, etcétera, cuyos propósitos y objetivos desconocemos.

Se van acuñando palabras como “tecnofeudalismo” para referirse al sistema político y legal del futuro y al papel que nos espera como siervos de la gleba. También se habla de los transhumanos capaces de habitar en otras realidades, no sabemos si en este u otros planetas e incluso complejos espaciales, pero lo cierto es que en la lucha por ese poder se están gastando millonadas que en buena lógica deberían servir para el desarrollo armónico, sin guerras, plagas, hambrunas ni canalladas como el genocidio contra los palestinos de Gaza por parte del Estado de Israel y su presidente Benjamín Netanyahu con el autócrata Donald Trump como cómplice principal.

Cierto que eso es mucho pedir y que, por el momento, las tecnológicas estadounidenses se dedican a competir contra las tecnológicas chinas, a litigar entre sí, a ver quién corre más, quien plagia mejor –hasta el New York Times ha demandado a Open AI por apropiarse de millones de contenidos con derechos de autor–, y en ese mundo de ingenios y minería de datos, a ver quien consigue dominar el mundo y uno de los recursos más dúctiles y abundantes que hay: el ser humano.

De la excrecencia mental a la violencia política

Luis Díez.

Solo un miserable con la mente muy sucia podía utilizar en la política partidista española el asesinato del activista de la utraderecha del Partido Republicano estadounidense Charlie Kirk. Es lo que ha hecho el hombre fuerte del PP, Miguel Tellado, al lanzar la pregunta de qué ocurriría aquí si el asesinado fuera de izquierda y el asesino de derecha. ¿En qué y en quién estaba pensando el susodicho al plantear tal hipótesis? ¿Daba por supuesto Tellado que el autor del disparo contra Kirk, perfectamente desconocido en España aunque muy elogiado por el presidente de EEUU Donald Trump, era de izquierdas antes de que la policía lograra averiguar su identidad e ideología y consiguiera detenerle?

A determinados botarates políticos sin talento natural ni más programa para nuestro país que la liquidación (incluso física) del adversario político se les escapa el ansia de crispar, azuzar y deteriorar la convivencia entre la gente. Un día dice el orondo del PP que ya están “cavando la fosa” para el presidente Pedro Sánchez y los suyos, al siguiente aparece su jefe Alberto Núñez Feijóo coreando en un karaoke el famoso “hijo de puta” dirigido a Sánchez con la fórmula frutera de su subordinada Ayuso y al siguiente vuelve el grueso a la materia cruel a cuenta del influencer trumpista Krik, a quien algunos sectores políticos y religiosos quieren convertir en mártir y, por supuesto, vengar su muerte.

¿De verdad el ruin Tellado busca algo similar en nuestro país? ¿Es eso todo lo que puede aportar a la convivencia un responsable político supuestamente creíble? ¿De verdad añoran el terrorismo político, valga la redundancia? La paz, la convivencia, las libertades públicas y la democracia como el mejor sistema político conocido son asuntos muy delicados para tratarlos con el trazo grueso y la chabacanería que emplean los líderes del PP, dizque “hombres de estado” en dura lid contra los malvados socialistas y feroz competencia con el ultraderechista visitante de Trump y Netanyahu, el Santi Abascal de la señora Aguirre.

A propósito de la muerte de Krik, quien recibió un disparo mientras hablaba bajo una carpa en el campus de Orem, en la Universidad de Utah Valley, también conviene señalar que el presidente Trump ha perdido una oportunidad excelente, otra más, de afrontar la restricción del libre acceso a las armas de fuego en su país.

Pero además, Trump ha desaprovechado la ocasión de hacer un llamamiento a la convivencia pacífica frente a los sectores más radicales de su partido que reclaman venganza. Por el contrario, ha añadido leña al fuego al afirmar el 10 de septiembre, horas después de la muerte de Krik, que la retórica de la “izquierda radical” era “directamente responsable del terrorismo que estamos viendo hoy en nuestro país”. Dos días después insistió en Fox y Friends que “Los radicales de izquierda son el problema, y ​​son crueles, horribles y políticamente astutos”.

Por su parte los demócratas condenaron el asesinato y han lanzado mensajes contra el odio y la violencia política. La congresista progresista y activista neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez declaró que «el asesinato de Charlie Kirk corre el riesgo de desencadenar un caos político y una violencia que no podemos permitirnos en Estados Unidos”. Y el líder demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, dijo en una publicación del 10 de septiembre en X que “la violencia política NUNCA es aceptable”.

Aunque resulte paradójico, el último diálogo de Krik antes de recibir el balazo en el cuello que acabó con su vida fue con un TikToker autocalificado de liberal que le preguntó sobre los tiroteos masivos en los que están implicadas personas trans. En 2023, Kirk se sentó en el escenario de la Iglesia Awaken en Salt Lake City y dijo: “Creo que vale la pena pagar, lamentablemente, algunas muertes por armas de fuego cada año para que podamos tener la Segunda Enmienda y proteger nuestros otros derechos otorgados por Dios”.

Y dos días antes de su muerte retuiteó un video de sí mismo diciendo que “se avecina una batalla espiritual para Occidente”, con “el wokeismo o marxismo combinándose con el islamismo” para atacar “el estilo de vida americano, que es, por cierto, la cristiandad”. El propagandista de Trump, de 31 años, era acogido en campus y salones universitarios para celebrar charlas y debates con los estudiantes. En su caso, al contrario de lo que ocurrió con las protestas contra el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, no había riesgo de que los centros fueran multados.

Su virulenta retórica contra las minorías raciales y religiosas, las personas LGBTQ+, las mujeres sin hijos, los progresistas y quienes discrepaban con él alcanzó extremos como calificar de “grave error” la ley de derechos civiles de 1964 y tildar de “horrible” a Martin Luther King. En un podcast llegó a pedir que si algún patriota de San Francisco o del área de la Bahía quería ser un héroe solo tenía que pagar la fianza del tipo que agredió con un martillo al esposo de la expesidenta del Congreso, Nancy Pelosi en 2022.

El matón que dibujaba sus mentiras

Luis Díez

El siguiente en la lista de críticos amenazados la semana pasada por Donald Trump es el exgobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie. Este antiguo antiguo colaborador de Trump –lideró su equipo de transición presidencial en 2016– compitió con él en las primarias republicanas de 2024 y no ahorró críticas a su figura. Hace unos días desveló en una entrevista a la cadena ABC que Trump había afirmado en campaña electoral ante determinadas personas que “configuraría un Departamento de Justicia capaz de actuar como su representante legal personal, y eso es lo que ha hecho”.

Ni que decir tiene que el presidente de Estados Unidos negó que maneje a su antojo y en beneficio propio la Administración de Justicia. Entonces Chistie entró en materia, el asunto que más perjudica a Trump ante sus bases ultraderechistas: su amistad con el procesado por pederastia Joffrey Epstein, un ricacho que organizaba fiestas sexuales con menores de edad. Ese Epstein se suicidó en la cárcel en 2019, según la versión oficial.

Trump nunca negó su amistad con el reconocido autor y promotor de delitos sexuales contra menores –de hecho conoció a su tercera esposa, Melania, en una fiesta organizada por Epstein en Nueva York–, pero aseguró que rompió con él en el año 2000 a raíz de una disputa por la compra de una casa en Miami. Trump prometió además en campaña electoral que desclasificaría y publicaría la información incautada por el FBI al depravado personaje. Quería despejar así cualquier duda sobre su comportamiento.

Pero en cuanto ganó las elecciones y empuñó el poder se olvidó de aquel asunto menor de su glorioso pasado. Entonces se lo recordó Elon Musk cuando dejaron de ser amigantes. “No publicas la lista de Epstein porque estás en ella”. Eso le dijo. Trump se enfadó muchísimo y le amenazó con “revisar los contratos a sus empresas”. Finalmente sellaron la paz. Pero el asunto Epstein volvió al primer plano de la actualidad para disgusto del presidente.

Entonces el antiguo abogado de Trump, ahora convertido en fiscal general adjunto de la Corte Suprema, Todd Blanche, tuvo la luminosa idea de practicar un interrogatorio a la compañera y cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión. La entrevista permitió a Maxwell afirmar que Trump y otros famosos personajes no estaban implicados en la trama de tráfico sexual por el que ella y Epstein fueron procesados.

Trump ordenó que se publicara la transcripción textual. Pero entonces salió el crítico Chistie a tachar de vulgar farsa un interrogatorio que la hija del famoso magnate de medios de comunicación Robert Maswell, muerto en Canarias en 1991, aprovechó para pedir el indulto. “Bien podía haber dicho –ironizo Chistie–: ‘el hombre que puede indultarme nunca ha hecho nada malo. El hombre que puede indultarme siempre ha sido maravilloso”.

Aunque la reclusa Maxwell aseguró que Trump era un amigo “cordial” y “amable” que no participó en “ninguna irregularidad” (en referencia a las fiestas sexuales con menores), la burla del exgobernador y antiguo colaborador enfureció a Trump, que le amenazó con reabrir el caso Bridgegate, una estratagema de Chistie consistente en cortar varios carriles del puente George Washinton para formar atascos en venganza contra el alcalde demócrata por no haber respaldado su reelección como gobernador.

La verdad es que el belicoso Trump, cómplice del genocidio de Netanyahu en la Franja de Gaza, no logra quitarse de encima el caso de su antiguo amigo Epstein sobre tráfico sexual con menores para ricos y famosos. El 18 de julio demandó al Wall Street Journal por reseñar una nota que Trump habría remitido a Epstein felicitándole el cumpleaños con un dibujo de una mujer desnuda. “Esas no son mis palabras ni mi forma de hablar. Además yo no hago dibujos”, afirmó en redes sociales.

Mintió. Pero cuando la verificadora del New York Times Linda Qui documentó que Trump donaba regularmente dibujos a organizaciones benéficas a principios de la década del 2000, admitió que “a veces la gente me decía: ‘¿Dibujarías un edificio? Y yo dibujaba cuatro líneas y un tejadito, ya sabes, para una cosa benéfica. Pero no soy una persona que dibuje. No hago dibujos de mujeres, eso te lo puedo decir. Dicen que hay un dibujo de una mujer, y yo no hago dibujos de mujeres”.

Algunos dibujos de Trump se subastaron a favor de la Misión Capuchina que dispensa alimentos a más de 3.000 familias cada semana en los barrios más pobres de Nueva York. Después de todo, aquel magnate inmobiliario que llegó a presidente, arengó a sus seguidores a asaltar el Capitolio en 2021 antes de reconocer la derrota y protagoniza ahora los más crueles episodios del desorden internacional, hizo algo positivo por alguien, aunque solo fueran dibujos.

Algunos dibujos realizados por Donald Trump en su época de magnate inmobiliario y publicados por The New York Times para demostrar que no dijo la verdad cuando afirmó que él no dibujaba.

Pero el martes, 8 del corriente, el Congreso estadounidense hizo público el dibujo aludido por el Financial Times y entregado a la comisión parlamentaria por el despacho de abogados que actúa como albacea del fallecido Esptein. Es este.

Los demócratas del Comité de Supervisión hicieron pública esta imagen, obtenida mediante citación del patrimonio de Jeffrey Epstein, el lunes. El texto dice: Voz en off: / Debe haber más en la vida que tenerlo todo. / Donald: Sí, lo hay, pero no te diré qué es. / Jeffrey: Yo tampoco, pues yo también sé que es. / Donald: Tenemos ciertas cosas en común, Jeffrey. / Jeffrey: Es cierto, ahora que lo pienso. / Donald: Los enigmas nunca envejecen, ¿te has fijado? / Jeffrey: De hecho, me quedó claro la última vez que te vi. / Donald: Un amigo es algo maravilloso. Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro secreto maravilloso. Donald J. Trump

Trump quiere ir al cielo con la maldad por delante

Luis Díez.

El otro día, al escribir sobre la beligerancia del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra los Estados que adoptan medidas para reducir la contaminación y frenar el cambio climático, olvidé mencionar la rescisión del programa de la NASA que observa e investiga las emisiones contaminantes de los combustibles fósiles y su efecto invernadero. Trump ha eliminado sin palabras ese programa. Ha dejado sin empleo a un centenar de científicos por la vía de hecho: suprimiendo el presupuesto. El “negacionista” (una desgracia para el planeta) evita de ese modo la difusión periódica de los malditos informes sobre la pérdida de bosques, fugas de metano, disminución de los casquetes polares y otras evidencias que niega.

No le gusta que la realidad le lleve la contraria. Por eso destituyó en julio pasado a la directora de la agencia que mide los datos de empleo, Erika McEntarfer. Él, el todopoderoso Trump había anunciado que su mandato era excelente para la creación de empleo, pero los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales negaban su afirmación y demostraban la desaceleración de la contratación. Solución: cesar a la directora y tacharla de enemiga política.

Derechos humanos cero

Le fastidia que le acusen de ser cómplice, amigo y aliado de mandatarios que conculcan los derechos humanos. Por eso el secretario de Estado Marco Rubio ha desmantelado las principales oficinas del departamento que supervisaba los derechos humanos, la democracia y las cuestiones laborales. Este año Rubio no ha presentado la evaluación anual ni escrito el prefacio del informe, como hacían sus predecesores. Por supuesto, el genocidio en Gaza no existe. El dossier que el año pasado consignaba los miles de muertos y heridos civiles causados en la guerra de Israel contra Hamas en Gaza, así como los desplazamientos forzosos de palestinos y la crisis humanitaria, ha quedado en blanco este año. El hambre como arma de guerra tampoco se menciona en el nuevo informe.

Según Josh Paul, exfuncionario de la oficina del Departamento de Estado que supervisa las transferencias de armas, el informe sobre derechos humanos “se puede resumir en pocas palabras, más de las que al parecer se usaron para escribirlo: pocas verdades, muchas medias verdades y nada parecido a la verdad”. Paul dimitió en señal de protesta contra el suministro de armas a Israel por parte del gobierno de Biden. En declaraciones al periodista Edward Wong para su crónica en New York Times del 14 de agosto, añadió que “las agendas políticas tienen prioridad sobre los hechos” y calificó el primer informe del nuevo mandato del valedor de Netanyahu y aspirante al Nobel de “producto muy abreviado, más propio de la propaganda soviética que de un sistema democrático”.

Acusaciones con falacias

Trump también rechaza la neutralidad de las instituciones comunes. Por eso ha ordenado a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, que abandone el cargo y le ha buscado las vueltas hasta acusarla de un supuesto delito de “fraude hipotecario”, un montaje ruin y estúpido de la ultraderecha (¿les suena?) para echarla. Pero ha pinchado en hueso, pues Cook ha recurrido contra el ardid de Trump y sus secuaces. La intriga es apasionante y los jueces resolverán el suspense sobre si la Fed conservará la neutralidad con la que fue diseñada por el Congreso hace 112 años.

Ya es sabido que Trump quería echar al presidente de la Fed o banco central, Jerome Powell, desde que empuñó el poder, en enero pasado, porque Powell se negaba (y sigue negando) a reducir los tipos de interés al 1,3% como quería el presidente, sin importarle que se disparase la inflación. Al no poder destituir a Powell ideó la estrategia de controlar la junta de gobierno de la Fed con los votos de los dos consejeros que nombró en su mandato anterior (2016-20) y de otro que designó en agosto para sustituir a una dimisionaria.

Sólo le faltaba un voto para dominar la junta (4-3). Entonces encontró el “vellocino de oro” (Se pirra por el oro). Se lo proporcionó el acólito y adulador ultraderechista William J. Pulte, un importante constructor al que Trump nombró director de la Agencia Federal de Financiación de Viviviendas. Éste esbirro acusó de “fraude de ocupación” o “fraude hipotecario” nada menos que a la gobernadora de la Fed, Lisa Cook. Y tras la acusación judicial, Trump le mandó una carta exigiendo su dimisión inmediata. A continuación los ultras del MAGA armaron un buen escándalo en las redes sociales como si quisieran demostrar que sus líderes luchan contra la corrupción.

Las acusaciones de Pulte-Trump pretenden denigrar a Cook, designada en su día por la administración de Obama. Según el columnista de negocios del periódico Los Ángeles Times, Michael Hiltzik, los febriles comentarios de Pulte y los seguidores del MAGA contra ella no difieren de la burda difamación política, algo muy practicado en España por el PP y la ultraderecha contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El objetivo es el mismo: destruir al adversario, tacharle de corrupto, arruinar su reputación, provocar su cese. En el caso de Cook tienen un problema. Como informa Hiltzik basándose en reconocidos expertos financieros, el “fraude hipotecario” se produce cuando se declara que la hipoteca es para adquirir la residencia habitual, con el fin de obtener mejores condiciones.

Por lo general, a los prestamistas (la banca) les interesa muy poco ese detalle. Lo que les importa es la solvencia, los avales y garantías del hipotecado. Luego si reside habitualmente en la vivienda, tanto da, siempre y cuando haga frente a los pagos. Sin embargo, los términos “fraude de ocupación” sugieren la comisión de un delito que no es tal. En el caso de que lo fuera, la gobernadora Cook no incurrió en él ni en la otra figura asociada, el supuesto “fraude hipotecario”, ya que ni mintió para obtener ventajas en los tipos de interés ni las obtuvo ni ha tenido una conducta reprochable.

La gobernadora suscribió en 2021 tres hipotecas, una a 15 años, cuando la tasa de interés no llegaba al 2,5% y dos a 30 años, cuando las tasas oscilaban entre el 2,7 y el 3,05%. Si, según la acusación de Trump y sus ultras, alegó que todo era para su vivienda principal, no parece que la señora Cook haya obtenido una tasa preferencial, pues le dieron el prestámo a 15 años al 2,5 y los dos a 30 años al 3,25% y al 2,85%.

Represalias programadas

Pero el hallazgo del “vellocino de oro” ha llevado al inefable Trump a promover acusaciones judiciales por similares delitos supuestos contra el senador demócrata Adam Schiff y la fiscal general de Nueva York, Leticia James. El primero es un adversario político de peso y la segunda ganó una condena de Trump por fraude hipotecario precisamente. Cierto es que la semana pasada el tribunal retiró la multa de 500 millones de dólares, pero mantuvo la condena por fraude. Él sí mintió en la valoración de activos para obtener créditos. Con razón dice el refranero español: “Piensa el ladrón que todos son de su condición”.

En la lista de tipos con cuentas pendientes, esta semana le ha tocado el turno a John Bolton. Trump ha enviado al FBI a registrar su casa en las afuera de Washington. El asalto al domicilio de su antiguo colaborador se convirtió, en palabras del corresponsal del New York Times, Michael S. Schmidt, en un ejemplo de represalia e intimidación para los críticos de Trump. Aunque no está claro qué pruebas presentó el Departamento de Justicia para convencer a un juez federal de que aceptara la orden de allanamiento, Bolton ha estado sometido a una investigación intermitente sobre si manipuló indebidamente información clasificada cuando fue asesor de seguridad nacional de Trump durante su primer mandato, entre abril de 2018 y septiembre de 2019.

No se puede decir que Bolton sea precisamente un angelito de ese cielo al que Donald quiere ir https://www.nytimes.com/es/2025/08/25/espanol/opinion/trump-cielo-esclavitud.html, pero cuando contó sus experiencias en el libro The Room Where it Happened (La habitación donde ocurrió) dijo que Trump era un líder mal informado y con instintos autoritarios. El experto veterano en política exterior y de seguridad discrepó del enfoque de las relaciones de Trump con Putin y fue cesado. Más tarde, ante las elecciones de 2024 Bolton reiteró que Trump no era apto para ser presidente. Pero Trump ganó y Bolton sufre las represalias. Incluso el director del FBI, Kash Patel, antiguo servidor del presidente celebró hace siete meses, cuando fue nombrado, el programa de represalias de Trump.

Sobre estas líneas, de arriba abajo y de izquierda a derecha, Josh Paul, exfuncionario que denunció la venta de armas a Israel y critica la supresión de las atrocidades en Gaza del informe sobre Derechos Humanos. Erika McEntarfer, directora de la Oficina de Estadística Laboral, cesada por Trump. Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal, acusada con falacias para facilitar el intento de Trump de despedirla. Y John Bolton, antiguo asesor de Trump, registrado por el FBI como presunto ladrón de documentos clasificados, una acción en la que sí incurrió el presidente, quien se llevó documentos a su mansión de Mar-a-Lago al acabar su primer mandato. .





Pirómano global

Luis Díez

Mientras los incendios asolaban el sureste de Europa y arrasaban el noroeste de la Península Ibérica (España y Portugal) dejando un rastro de daños en bosques, cultivos, viviendas y ganado… Mientras el fuego se cobraba una vida más (y van cuatro en nuestro país): la del arqueólogo de 45 años Javier San Vicente, fallecido por inhalación de humo del incendio de Cipérez (Salamanca) que afectaba a 10.500 hectáreas… Mientras mujeres y hombres de ciencia –meteorólogos, astrónomos, físicos, químicos, biólogos, médicos y otros expertos– se reunían en París buscando remedios a los graves efectos de las cada vez más intensas olas de calor… Y mientras, en fin, sólo el genocidio en Gaza y los bombardeos rusos contra la población civil en Ucrania, nos parecían una canallada mayor que la agresión a la atmósfera y los efectos incendiarios del cambio climático, el presidente de Estados Unidos (EEUU) acentuaba su negacionismo del daño a la vida provocado por el calentamiento global.

Resulta insólito que todos los países civilizados, y la Unión Europea (UE) en particular, se esfuercen en reducir las emisiones de CO2 mientras el presidente de la primera potencia mundial, míster Trump, hace todo lo contrario, se burla del esfuerzo y dicta disposiciones estimulando el calentamiento global. Eso hizo el 1 de agosto del corriente. La Agencia de Protección Ambiental (“la EPA de Trump”, le llaman ahora) eliminó ese día la conclusión científica incorporada en 2009 a su misión de control de la contaminación porque, según Trump, las emisiones de CO2 no dañan la salud. Dicho de otro modo: la Agencia de Protección Ambiental de EEUU será inútil para proteger el medio y a los ciudadanos de la mierda que respiran.

Ya es sabido que el mandatario estadounidense ha tratado de suprimir las regulaciones climáticas desde que ocupó el cargo en enero pasado. Se retiró entonces de los acuerdos de París y proclamó la primacía de los combustibles fósiles. Reactivó la minería del carbón y las centrales eléctricas de combustibles fósiles. Lanzó a la Fiscalía a recurrir todas la regulaciones restrictivas de la contaminación, aprobadas por distintos Estados, especialmente California. Y ha completado la jugada suprimiendo la medición y limitación nacional por parte de la EPA de las emisiones de anhídrido carbónico. Con ello pretende anular las normas de las federaciones para contener las emisiones.

Los argumentos de la Casa Blanca son tan caprichosos como antojadizo es su inquilino. Afirma que los gases de efecto invernadero no son contaminantes porque tienen efectos globales, no locales. Y asegura que las emisiones de EEUU no contribuyen al cambio climático, pues el supuesto daño es remoto y la porción de emisiones estadounidenses, demasiado pequeñas para darles importancia. Pues mire usted, la ONU dice que EEUU es el segundo emisor mundial de mal humo, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta. Por delante va China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34%), y por detrás van Índia y Rusia con 2.955 y 2.015 millones de toneladas, respectivamente.

Para completar la estadística, España soltó 270 millones de toneladas brutas de CO₂ equivalente al 8% del conjunto de la UE en 2023. Fue un 7,6 menos que en 2022 y -38% respecto a 2005. El conjunto de la UE ha ido reduciendo las emisiones a un ritmo similar. Según el Informe de situación sobre la acción por el clima de 2024, las emisiones netas de gases de efecto invernadero de los 27 países UE bajaron un 8,3% en 2023 respecto al año anterior. Ahora son un 37% menos que en 1990, lo que, con un crecimiento del PIB del 68% desde entonces, demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico. Esto significa que objetivo del acuerdo de París (2015) de frenar el calentamiento global, que avanza dos grados cada año, es realizable.

El proceso del negacionista Trump para coronarse rey de la indecencia ha sido fácil. Tras abandonar los compromisos de París, ha eliminado la Evaluación Nacional del Clima, una revisión periódica exigida por el Congreso y realizada por cuatrocientos científicos del clima de distintas universidades y de una docena de agencias gubernamentales. Los cinco informes sucesivos de de esos expertos venían advirtiendo desde el año 2000 sobre los peligros derivados del calentamiento global. Pero al solicitante del Nobel de la Paz tales conclusiones le parecían impertinentes y “poco fiables”, así que nombró a cuatro especialistas del Departamento de Energía para que concluyeran que el calentamiento global es más beneficioso que perjudicial y que las bajas temperaturas son peor amenaza. Añadieron que los fenómenos meteorológicos extremos no son peores que antaño. Y asunto resuelto.

Para la profesora de derecho administrativo y ambiental en la Facultad de Derecho de Harvard, Jody Freeman, quien fue consejera de energía y cambio climático del presidente Obama en 2009 y 2010, resulta evidente que las decisiones de Trump son egoístas en el orden internacional y muy negativas en el plano interno, pues liquidan el consenso de la Ley de Aire Limpio que exigía a la EPA regular los contaminantes que ponen en peligro la salud y el bienestar humanes. Freeman recuerda que la Corte Suprema dictaminó en 2007 por 5 a 4 votos que los gases de efecto invernadero son contaminantes atmosféricos y que la decisión sobre su peligrosidad ha de basarse en la ciencia.

Freeman añade que en 2009, tras revisar los estudios de la Evaluación Nacional del Clima, el Consejo Nacional de Investigación y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, la EPA concluyó que la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera es un peligro: temperaturas más altas, peor calidad del aire, fenómenos meteorológicos extremos, incendios y sequías en expansión, así como un mayor número de patógenos transmitidos por los alimentos y el agua. Siguiendo el proceso establecido en la Ley de Aire Limpio, la agencia estableció normas nacionales de emisiones para las fuentes de cada sector de la economía estadounidense que contribuyen a este problema.

Todo eso es lo que ahora míster Trump se ha cargado de un plumazo. O como manifestó el administrador de la EPA, Lee Zeldin, “esta Administración ha clavado una daga en el corazón de la religión del cambio climático”. Solo que el cambio climático no es religión sino física y química. Y como dice la profesora Freeman, “a la ciencia no le importa la creencia política”. La ciencia ha predicho lo que está ocurriendo: las tormentas son cada vez más intensas, las olas de calor más mortíferas y los incendios forestales más destructivos.

Muchos estadounidenses se preguntan por qué han de gastar miles de millones de dólares al año en respuesta a los desastres, mientras otros países se adelantan en innovación y fabricación de energías limpias. China domina ahora la producción de paneles solares y vehículos eléctricos, Europa lidera la energía eólica y marina. Y también se preguntan cuanto tiempo perderán y cuanto daño sufrirán antes de volver a una política climática responsable. La respuesta dependerá de su capacidad de prescindir de un negacionista autoritario, pirómano global, un tipo que pone militares a patrullar las calles de grandes ciudades para cazar inmigrantes y limpiarlas de pobres, un sujeto con programas militares secretos para colocar armas nucleares en el espacio y, en fin, un matón que dice que “Netanyahu es un héroe de guerra” y añade: “Y supongo que yo también lo soy”.

Incendios

Luis Díez.– Con un sentimiento cercano al desaliento, los paisanos escupían decepción, impotencia y miedo. Regaban los tejados y sacaban la lengua a pasear. Se contaban historias que habían leído en los periódicos o “sentido” por la radio, historias descabelladas. Se decía que muchos fuegos eran provocados por lugareños con el fin de que los contrataran para sofocarlos. Se había visto pasar a alguien cerca del monte arrojando cabos de mecha encendida. Se decía que si los furtivos, ya se sabe, pegaban fuego en un lado para llevar la caza al otro. Ocurrencias y barbaridades no faltaban. Después de todo, lo más probable era que el fuego hubiera sido provocado por algún rayo de las tormentas eléctricas que aparecían al anochecer de aquellos días de calor infernal en los que los mercurios llegan a alcanzar 42 grados Celsius. Para que luego digan el Trump y esos políticos reaccionarios y “negacionistas” que el cambio climático es una gran trola. O sea.

Cuando por la tarde arreciaba el viento, aumentaba el temor a la propagación del fuego a una velocidad imparable. Chozos y granjas y casas ardían, en algunos casos, con los animales dentro. Se contaban historias de acá y de allá, incidentes fatales, muy tristes. Aquellas desgracias eran esgrimidas por los precavidos contra la temeridad de enfrentarse al fuego con pocos medios o sin herramientas siquiera. Mira lo que le pasó al pobre hombre de Colmenar Viejo (Madrid) que acudió a soltar a los caballos de un club hípico al píe de la urbanización del Soto de Viñuelas. Las llamas, azuzadas por el viento, se abalanzaron sobre él y le quemaron el 98% del cuerpo. Murió sin poder liberar a los 22 caballos (otros dicen 27) estabulados. Se calcinaron vivos.

El hombre tenía 50 años, trabajaba de mecánico y transportista, se llamaba Mircea Spiridon. y era de origen rumano. Para que luego todos esos políticos reaccionarios digan que inmigrante y delincuente son lo mismo. Mientras la mayoría de los vecinos permanecían en sus casas, temerosos de que el fuego se acercara, Mircena acudió ayudar al dueño de la finca –un hombre de 83 años, Miguel de las Heras– a librar del fuego a los caballos. Ambos acabaron en el hospital de La Paz, Miguel solo con contusiones torácicas y él, evacuado en helicóptero, completamente quemado. El incendio de Colmenar Viejo, al norte de la capital, arrasó unas 1300 hectáreas y afectó a varias ganaderías, pero enseguida quedó controlado. En Madrid hay más medios y están más cerca que en otras comunidades autónomas.

Los bosques se pueden recuperar, las vidas no. Dos días después de la muerte de Mircea perdía la vida Abel Ramos, vecino de la Bañeza (León), cuando contribuía como voluntario a apagar el fuego en la comarca de la Valdería (Valle del Eria), donde ardieron casas, viñas, castaños centenarios… Era un hombre joven (35 años), empresario de la construcción, muy conocido y apreciado por sus paisanos como vicepresidente del Motoclub Bañezano que, precisamente, el fin de semana pasado había celebrado el Gran Premio de motociclismo de La Bañeza. Se había sumado con una desbrozadora de su propiedad a la lucha contra el fuego y se hallaba coordinado con los bomberos cuando el martes fue atrapado por las llamas. En el incendio de esa comarca también cayó herido Jaime Aparicio Vidales, de 37 años, también voluntario. Las quemaduras afectaban al 85% de su cuerpo. Fue trasladado al hospital de León y luego a la Unidad de Quemados del Rio Hortega en Valladolid, donde murió el 14 de agosto, víspera de la “fiesta nacional” de la Asunción de la Virgen María al cielo. ¿Quién dijo “España, Estado aconfesional”? (18 de agosto falleció el bombero de 57 años Ignacio Rumbao en las cercanías de Ponferrada).

Después de calcinar la vegetación de Las Médulas, el histórico paraje del Bierzo donde los romanos extraían el oro, declarado “patrimonio de la humanidad”, el fuego aparecía en las comarcas ganaderas y boscosas de Jarmuz y la Valdería, en León y Zamora. En esta provincia ardía otra vez la Sierra de la Culebra, donde murieron cuatro personas en 2022, víctimas de un fuego similar. Miles de vecinos, en su mayoría de edad avanzada, se veían obligados a desalojar pueblos y aldeas asediadas por el fuego. Se decía que solo en los incendios del suroeste de León desalojaron a más de 8000 personas de treinta y tantas localidades. Muchos fueron acogidos en el Seminario de Astorga, se dispusieron camas en el acuartelamiento de Santocildes, también en Astorga; otros ocuparon el polideportivo de La Bañeza y otros fueron a los domicilios de familiares y amigos. Situaciones parecidas se producían en decenas de poblaciones del interior de Galicia, Extremadura y Andalucía occidental.

A lo lejos se divisaban llamas, colinas ardiendo, hombres y vehículos en movimiento dentro de aquel resplandor ancho hondo y rojo por encima de la oscuridad. Los que habían tenido que abandonar sus casas no podían dormir debido a la preocupación de si habrían ardido, si los animalillos habrían huído a tiempo, si los soldados de la Unidad Militar de Emergencia (UME) habrían llegado a tiempo con sus cubas de agua. Las chispas viajan como centellas por el aire. Desbordan a las cuadrillas. Prenden la hierba seca, muy alta y muy seca, que arde como la yesca. Con una primavera tan lluviosa como la que hemos tenido, la maleza del sotobosque te llega por la cintura y solo espera una chispa para arder como una gran antorcha.

Se comenta que eso pasa porque cada vez hay menos ganadería, cabras y ovejas y también vacas sueltas que aprovechen los pastos. El ganado en muy esclavo y la gente joven no quiere saber nada. Las tierras no se rozan, el bosque bajo, escobas, espinos y yerbajos, rodean las casas, invaden los caminos. No hay hacenderas porque los mayores no están para muchos trotes y demasiados pueblos son geriátricos. Súmale a eso el hecho de que los Gobiernos autonómicos, que son los que tienen las competencias y reciben el dinero correspondiente de los impuestos, solo contratan peones forestales (“bomberos forestales”, les llaman ahora) en los meses de verano, cuando aparecen los incendios, y no gastan en personal ni en material de limpieza y preservación del monte para hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo.

Los desplazados al seminario de Astorga y al polideportivo de La Bañeza siguen esperando. Perciben el sabor y el olor del humo, miran al cielo pidiendo lluvia como si esas nubes trajeran agua, pero no la traen: son nubes de humo. Entonces algunas mujeres mayores y dos o tres hombres creyentes se ponen a rezar el rosario. Esos se creen que la Virgen va a resolver esto, a arreglar las alteraciones atmosféricas extremas a causa de la brutal contaminación de las grandes potencias. Mejor harían enfrentándose a esos patriotas de hojalata del PP y Vox que acusan de “fanatismo climático” al Gobierno del socialista Pedro Sánchez por cumplir los Acuerdos de París y fomentar las energías limpias para evitar los desastres atmosféricos.

Al despuntar el alba algunos hombres de edad avanzada salían en sus coches camino del pueblo a ver –si les dejaba pasar la Guardia Civil– qué había sucedido con sus casas. Algunas, la mayor parte, no habían sufrido daños a pesar de la cercanía del fuego. El entorno calcinado, todo ceniza, negrura y hollín provocaba el llanto. En muchos, muchísimos pueblos, algunos vecinos armados de valor consiguieron frenar y mantener a raya el fuego a lomos de sus tractores con cubas de regar y otros aperos convenientes. Se jugaron el tipo y ganaron. Los bomberos forestales no llegaron. En varias aldeas, la UME llegó tarde y ardieron casas y granjas. Lo peor, hasta el 15 de agosto, era la pérdida de tres vidas humanas y las heridas graves y muy graves de una decena de personas.

Puestos a hacer balance de daños, la Xunta de Galicia rebajaba la superficie quemada que aportaban los satélites Copernicus. Eso, al menos, decían los bomberos. Los incendios sin control que arrasan Galicia, especialmente en la provincia de Ourense, ascienden ya a 28.590 hectáreas quemadas. Solo el fuego en Chandrexa de Queixa, donde se unieron los focos de Requeixo y Parafita, arrasó 11.000 hectáreas y dicen que es el mayor de la historia desde que hay registros. Al terreno quemado en esta ola de incendios que se ha cebado con Ourense se han de añadir 3.000 hectáreas quemadas en junio y julio. La Xunta no comunica los incendios forestales de menos de 20 hectáreas aunque en muchos casos no sean quemas controladas.

También en León se registraban los incendios más extensos de la historia. En Zamora dañan ya 30.000 hectáreas. En Salamanca están siendo más manejables. En Jarilla (Cáceres), el fuego afecta a 4.800 hectáreas y ha obligado a desalojar tres pueblos. En el conjunto de Extremadura permanecían activos seis incendios al mediodía del viernes, 15 de agosto. La suma provisional de la oleada arrojaba 115.000 hectáreas quemadas. (El 20 de agosto eran ya 370.000). La situación también sigue siendo peliaguda en Portugal, Grecia, Turquía, Albania y Montenegro, con grandes incendios en marcha.

En fin, para que no falte de nada, el inefable jefe de la oposición de derechas y líder del PP, Alberto Nuñez Feijóo, expresidente de Galicia, va por ahí atribuyendo a Pedro Sánchez la responsabilidad de los incendios aunque de sobra sabe que la competencia corresponde a los gobiernos autonómicos, por cierto, todos de su partido y con algunos presidentes desaparecidos, “ventorreando” y de vacaciones en Miami Beach. El Gobierno central ha aportado todos los medios y la ayuda que las autonomías han solicitado, aunque para Feijóo, un personaje con el conocimiento justo para pasar el día, habría que “militarizar” los incendios y poner al Ejército a apagarlos. ¡Por Júpiter si no se rieron y hartaron de criticar al presidente Zapatero cuando creo la Unidad Militar de Emergencias (UME) para ayudar a la sociedad civil en situaciones como esta!

Novela de Richard Ford sobre la materia: