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Los gazatíes siguen alli. Y los están matando

Luis Díez.

Antes de fin de año me llega carta de Raquel Martí, directora en España la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, la UNRWA. Me cuenta que la situación en la Franja de Gaza sigue siendo muy dura. Sus compañeros sobre el terreno la califican de “insostenible”. A la precariedad de las tiendas de campaña, único refugio de cientos de miles de gazatíes cuyas casas fueron destruidas por el ejército de Israel, se añade la meteorología adversa desde mediados de diciembre. Las lluvias torrenciales, las heladas, el frío y el fuerte viento quebrantan todavía más la salud de los niños y de la pobre gente mal alimentada y sin los medios necesarios para afrontar la especial dureza de este invierno.

Raquel tiene razón cuando dice que la atención informativa a lo que está ocurriendo en Gaza ha caído en picado desde el acuerdo de alto el fuego alcanzado el 10 de octubre. Pero la prensa digital de la Franja y las grandes agencias siguen informando sobre la penuria y las calamidades de los palestinos. Un despacho de Waffa Shurafa para Associated Press cuenta desde Deir Al-Balah que las lluvias que anegaron los campamentos provocaron también el derrumbe de edificios dañados por la guerra y dejaron al menos 22 muertos, entre los que se incluye un bebé de dos semanas. Aunque los trabajadores de emergencias piden a la gente que no se aloje en los edificios dañados, gran parte del territorio ha sido reducido a escombros. Ya en julio pasado el Centro de Satélites de la ONU verificó que el 80% de los edificios en Gaza habían sido dañados o destruidos por las bombas de Israel.

Los grupos de ayuda dicen que, a pesar de dos meses de alto el fuego, no ha llegado suficiente material de refugio a Gaza para ayudar a los palestinos a enfrentar el invierno. Las cifras del ejército israelí publicadas recientemente sugieren que no se ha cumplido con la estipulación del alto el fuego de permitir la entrada de 600 camiones de ayuda a Gaza al día, aunque el gobierno lo niega. La gran mayoría de los dos millones de personas en Gaza han sido desplazadas y sobreviven en vastos campamentos que se extienden a lo largo de la costa y entre los cascos de los edificios dañados.

Según el organismo israelí encargado de coordinar la ayuda han entrado en Gaza unas 270.000 tiendas de campaña en los últimos meses, así como artículos de invierno, equipos de refugio y suministros de saneamiento. Pero algunos grupos de ayuda como Shelter Cluster, una coalición internacional de proveedores liderada por el Consejo Noruego para los Refugiados, afirmaba hace una semana que solo habían entrado 68.000 tiendas a través de la ONU y de las organizaciones no gubernamentales y los países. Lo cierto es que, según cuenta Raquel, los casi dos millones de desplazados están sufriendo un invierno durísimo en refugios abarrotados, tiendas de campaña y a la intemperie. Y necesitan ayuda de todo tipo, desde comida y agua potable a medicinas, mantas y tiendas de campaña para el frío.

La directora de UNRWA España, que planteó el reto de lograr que 530 personas se unan a la organización solidaria antes del 31 de diciembre, añadía en su carta: “Aunque ya no aparezca en los medios, aunque muchos países miren hacia otro lado, los gazatíes siguen allí. Y los están matando”.

Desde que entró en vigor el alto el fuego, el gobierno del genocida Benjamín Netanyahu afirma que sus militares solo han atacado a militantes de Hamas. ¿Entonces ese promedio de dos niños asesinados cada día por las bombas y balazos de los soldados israelíes desde el alto el fuego del 10 de octubre es una invención de los representantes de la Agencia humanitaria de la ONU que trabaja sobre el terreno? ¿O es que en la Franja hasta los niños de pecho son de Hamas? Raquel me dice en su carta: “Luis, cada día dos niños mueren asesinados desde que se declaró el alto el fuego. ¿Era esta la paz que anunciaron? Lo que Israel sigue haciendo en Gaza es insoportable y atroz”.

Bilal Shbair informaba desde la Franja para el New York Times cómo Maysaa al-Attar, estudiante de farmacia de 30 años, murió por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Recibió un disparo en el abdomen mientras dormía en la tienda de campaña de sus padres en el noroeste de Gaza. A finales de octubre habían montado la tienda sobre las ruinas de la casa familiar. A Ali al-Hashash, de 32 años, lo mataron el 6 de noviembre a las ocho de la mañana mientras buscaba leña al este de la Línea Amarilla para calentar y cocinar para su esposa embarazada, que daría a luz en pocos días, y su hijo de 4 años. Según su padre, Hasan al-Hashash, no había gas en el campo de refugiados de Bureij donde vivían. El riesgo añadido por la llegada del frío le costó una mano el 18 de diciembre a Saeed al-Awawda, de 66 años, amigo del al-Hashash. Recibió un disparo mientras recogía leña. Los casos se suceden cada día.

La muerte puede venir por cruzar la Línea Amarilla, que es la frontera mal demarcada entre el este de Gaza, donde se ha atrincherado el ejército israelí, y la mitad occidental, donde Hamás intenta restablecer el control sobre los gazatíes. Los jefes militares israelíes aseguran que no disparan a personas desarmadas, lo cual es falso, y que si los palestinos no obedecen sus indicaciones, tienen orden de disparar al suelo como advertencia. Pero puede ocurrir, como sucedió en Nuseirat el 29 de octubre, que la muerte se produzca por parentesco, por ser padre, madre, hermano, hijo, primo… de algún supuesto activista de Hamas identificado por los israelíes y entonces, como le ocurrió a la familia Abu Dalal, ataquen con misiles durante la noche y destruyan sus hogares, dejando un saldo de 18 muertos, incluidos dos niños de tres años.

“Si la tregua lleva poco más de dos meses ¿por qué han muerto cientos de gazaties?”, se preguntaba el Times la noche de Navidad. Las autoridades palestinas han contabilizado 406 personas asesinadas por fuego israelí desde el 10 de octubre. 157 eran niños.

Termina un año de mucho sufrimiento para los palestinos. Un año en el que miles de españoles denunciaron las masacres en Gaza del único modo que podían: interrumpiendo etapas aquí y allá de la Vuelta Ciclista para que el equipo israelí del millonario Sylvan Adams, amigo y valedor del criminal Netanyahu, no pasara ni pisara las calles de nuestras ciudades. Ese equipo no se retiró, pero la Vuelta no llegó a la meta, en Madrid. La decencia cívica y el rechazo a la guerra que desde el primer momento encabezó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hicieron que millones de españoles nos sintiéramos orgullosos. Y a la poste, con Francia, Reino Unido, Canadá y otros grandes países, secundando la iniciativa española de reconocer al Estado de Palestina, y dejando en evidencia al narcisista Trump y al fatídico Netanyahu ante la Asamblea General de Naciones Unidas, se consiguió parar el genocidio y la expulsión de los gazatíes de su tierra. Pero hemos de perseverar para que no les sigan matando.

USA-Venezuela o la vida bajo amenaza

Luis Díez.

Vivir bajo amenaza es una gran putada. Sin un medidor de angustia resulta imposible saber cómo se sienten los supervivientes del genocidio en la Franja de Gaza, todavía tiroteados y asesinados por el ejército israelí. Ese medidor serviría también para cifrar la inquietud de los ucranianos de Kief, Jarkov, Donest, Odesa y otras ciudades a tiro de misil del ejército ruso desde hace más de tres años. Los canallas Netanyahu y Putin no paran de hacer daño. El corrupto Trump, cómplice del primero y beneficiado por el segundo, parece ahora empeñado en entablar su propia guerra (no sólo arancelaria) contra la Venezuela de Maduro para acabar con el régimen bolivariano y apoderarse del petroleo y los recursos naturales de ese inmenso y rico país.

Los venezolanos de la diáspora en Estados Unidos (EEUU) y en la propia Venezuela están siendo castigados por Trump a desvivir bajo amenaza. A falta de ese medidor del sufrimiento humano resulta difícil comparar la inquietud y el miedo de los que pudieron emigrar a EEUU y temen ser detenidos, encarcelados, separados de sus hijos y expulsados sin piedad, con la angustia de los que en Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maracay… temen ser bombardeados al amanecer.

En Caracas llueve mentiras. El gobierno de Trump llevaba 82 asesinados con misiles guiados contra 21 embarcaciones (lanchas con motores) hasta el viernes, 5 de diciembre. Trump y sus subordinados sostienen que esas lanchas eran operadas por narcoterroristas miembros de cárteles que transportaban drogas letales a EEUU.

Si, “narcoterroristas” como el pescador Robert Sánchez, 42 años, padre de cuatro hijos. Los cien euros al mes que ganaba con la pesca apenas llegaban para dar de comer a sus hijos. “Narcoterroritas” como Juan Carlos “El Guaramero” Fuentes, conductor de un autobús de transporte público que pasaba por una situación apurada, pues al averiarse el autobús había quedado en paro hasta el gobierno tuviera a bien arreglarlo. En paro y sin sueldo, ya que los conductores de autobús cobran una parte de la tarifa que pagan los viajeros. “Narcoterroristas” como Dushak Milovcic, de 24 años, antiguo alumno de la Academia de la Guardia Nacional de Venezuela. O como Luis “Che” Martínez, un tipo corpulento, de 60 años, que había sido pescador hasta que descubrió que ganaba más dinero con el tráfico de personas y el contrabando. Fue encarcelado en 2020 tras un naufragio en el que murieron dos de sus hijos y una nieta junto con otras veinte personas. O como otros lugareños que se jugaron la vida y la perdieron por 500 euros.

Si los espías de la CIA infiltrados en Venezuela para, según Trump, “combatir el narcotráfico”, hubieran preguntado en las pueblos de pescadores de la costa Guaira, el portavoz jefe del Pentágono, Sean Parnell, no seguiría diciendo que “nuestra inteligencia confirmó que los individuos involucrados eran narcoterroristas”. Su “inteligencia” es una mierda y miente lo mismo que hizo antes de la ocupación de Iraq. Ahora llaman “narcoterroristas” a unos simples contrabandistas y apelan al tráfico de drogas como justificación de un cambio de régimen manu militari en Venezuela.

Los periódicos con mayor credibilidad y difusión en EEUU aseguran que Venezuela solo desempeña un pequeño papel en el tráfico de drogas en América, Se basan en expertos y evaluaciones del propio gobierno estadounidense para informar de que la mayor parte de la cocaína producida en Colombia que pasa por Venezuela va hacia Europa. La cocaína colombiana que se dirige a Estados Unidos se exporta a través del océano Pacífico. Y las agencias estadounidenses han determinado que el fentanilo que tanto preocupa al matón de la Casa Blanca se produce casi en su totalidad en México, no en Venezuela, con productos químicos importados de China.

Mientras sigue lloviendo mentiras, la gente se pregunta angustiada si esa acumulación de fuerza militar ordenada por Trump en el Caribe, como no ocurría desde la crisis de los misiles frente a Cuba, será el preludio de una invasión en Venezuela o solo una estratagema para obligar al presidente Nicolás Maduro a abandonar el poder. Es sabido que el secretario de Estado Marco Rubio encabeza en la Casa Blanca la línea dura para derrocar al autócrata izquierdista al que EEUU no reconoce como presidente elegido de Venezuela y acusa de dirigir la organización “narcoterrorista” el Cártel de los Soles al tiempo que ofrece 50 millones de dólares por su cabeza.

Cómo ya se habrán percatado los espías de la CIA, el famoso Cártel de los Soles no existe. Fue una invención, un término peyorativo inventado en los años noventa del siglo pasado para referirse a mandos militares que aceptaban dinero del narco. Puesto que en vez de estrellas, los oficiales venezolanos lucen soles en la pechera, la prensa recogió la expresión popular y acuñó la etiqueta propiamente dicha. “Es como si Donald Trump clasificara el ‘Estado profundo’ como una pandilla criminal”, dice el analista Phil Gunson.

Se desconoce el contenido de la última conversación telefónica entre Trump y Maduro, pero no parece que el venezolano renuncie al poder y desaparezca, como querría el corrupto fanfarrón de Washington. El otro día, Gunson decía al New York Times: “Tengo la sensación de que, básicamente, han creado esta guerra falsa y han llegado tan lejos que ahora tienen que hacer una guerra de verdad”.

Cabe suponer que los agentes de la CIA lean la prensa de Caracas y a estas alturas sepan que “el dictador Maduro y su coro de generales”, como titulaba en El Nacional el comentarista Miguel Henrique Otero el pasado 25 de noviembre, mandan sobre unas fuerzas armadas “corroídas y corruptas” en las que se cuentan por miles los oficiales de menor rango que tienen segundos y hasta terceros empleos para sobrevivir, cuando no se dedican a distintas prácticas delictivas, especialmente la extorsión a comerciantes y trabajadores informales.

Henrique Otero pintaba un paisaje desolador: “Los equipos y armas se oxidan y se vuelven inservibles por falta de mantenimiento; el hambre y las enfermedades castigan a los cuarteles; hay 10 o 12 veces más generales que el promedio de América Latina debido a la grotesca facilidad con la que inflan las cifras de soldados y ocultan las deserciones; hablan de unas fuerzas armadas numerosas, sólidas, cohesionadas y debidamente entrenadas, cuando lo que hay es una organización que no alcanza a los 70.000 hombres, más de la mitad en funciones en la administración pública, en su mayoría desarmados (por temor a que esas armas sean usadas contra la dictadura) y en condiciones precarias”.

Con este panorama y esos uniformados hartos de salarios miserables, arbitrariedades, cuarteles en la ruina, corrupción rampante, contrabando, coimas, enchufes, privilegios, arbitrariedad, ilegalidad y colaboración con narcoguerrilleros colombianos –siempre según los comentarios del columnista mencionado–, resulta tentador suponer que la invasión del país sería un paseo militar para los marines estadounidenses desplegados en el Caribe. De hecho Trump declaró cerrado el espacio aéreo venezolano hace ya diez días. El martes pasado pidió a sus compatriotas que abandonen Venezuela, si bien, el jueves envió a Caracas dos aviones civiles llenos de deportados.

Pero mientras Rubio y los halcones del Pentágono encabezados por el lamentable secretario de Defensa Pete Hegseth, quien dio la orden de no dejar a un lanchero vivo, apuestan por la invasión, otros miembros del equipo de Trump parecen más interesados ​​en asegurar el acceso a la riqueza petrolera de Venezuela e impedir que China y Rusia se beneficien de ella. De hecho, el Tesoro de EEUU ha autorizado la entrada de al menos dos grandes petroleros con crudo venezolano desde que a finales de agosto comenzó el despliegue militar en el Caribe. El mismo poder presidencial de Washington que decretó en su día el bloqueo a Venezuela y ahora comete crímenes destruyendo lanchas con misiles en lo que considera “una guerra contra los terroristas que quieren matar a ciudadanos estadounidenses con drogas”, permite al mismo tiempo a su petrolera Chevron reanudar las perforaciones en Venezuela.

Aunque llueva mentiras no vale engañarse. Lo que Washington quiere son las reservas petroleras de Venezuela, las mayores del mundo conocidas hasta el momento. El propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, decía hace una semana en Fox News que “si ocurre algo en Venezuela podríamos ver bajar el precio del petróleo”. Se refería implícitamente a la salida de Maduro, la opción supuestamente preferida por Trump si tenemos en cuenta que durante su campaña electoral dijo estar en contra de las guerras y que según una encuesta de CBS News/YouGov, el 70% de los estadounidenses se opone a una acción militar contra Venezuela.

Las contradicciones de Trump en la supuesta lucha contra la droga quedan de manifiesto cuando un día liquida a cuatro “narcoterroristas” con un supuesto cargamento de cocaína hacia su país y al siguiente indulta al expresidente de Honduras, Juán Orlando Hernández, condenado en EEUU a 45 años de prisión por haber inundado de droga el país como socio y colaborador del capo mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán. Con el petróleo, en cambio, no hay contradicción, sino inequívoca ambición, el motor que mueve a Trump a mantener su amenaza contra los venezolanos. A todo esto, España compró a Venezuela el 4,7% del crudo que consumió el año pasado. Y la multinacional española Repsol reactivo en marzo pasado la empresa mixta creada en 2023 con la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para extender la explotación de campos petroleros.

Pero la vida bajo amenaza es también el sino de miles de venezolanos que residen en EEUU. Se estima que medio millón salieron huyendo del régimen arbitrario y represivo de Maduro y ahora sufren las inclemencias de un sujeto no menos represor y arbitrario llamado Trump que solo habla de Venezuela como fuente de drogas y migración ilegal. Con solo leer el mensaje de Trump la noche de Acción de Gracias los migrantes hispanos en general y los venezolanos en particular ya saben que ese país no los quiere y emplea a la policía y al ejército para arrestarlos en las calles, las plazas, las carreteras, las estaciones, las fábricas, los almacenes, los campos de labor, los comercios e incluso los dispensarios médicos, los colegios, los juzgados y las dependencias burocráticas para arrestarlos, encerrarlos y expulsarlos.

Redada en California de trabajadores inmigrantes

El columnista Gustavo Arellano escribió para Los Ángeles Times que la contribución del presidente Trump a la mesa del país en la cena de Acción de Gracias fue “el equivalente digital de un pastel de mierda en llamas”. Entre insultos personales contra enemigos políticos y calumnias contra inmigrantes, “esta vez Trump fue más bajo y desagradable que nunca antes; no, en serio. Cambiando libremente entre “refugiado”, “extranjero”, “migrante” e “ilegal”, declaró que la inmigración es “la principal causa de disfunción social en Estados Unidos” e insistió en que “solo la migración inversa puede curar completamente esta situación”.

Cinco días después de la famosa cena familiar, Trump decidía dejar en suspenso los permisos de residencia a inmigrantes y refugiados. En el Nuevo Herald de Miami, las reporteras Jacqueline Charles y Verónica Egui reflejaban el miedo de los inmigrantes del sur de Florida, donde las comunidades de cubanos y venezolanos son mayoría. La orden de Trump suspende la admisión de todas las solicitudes de inmigración y peticiones de asilo pendientes de personas de Venezuela, Cuba, Haiti y otros 16 países considerados de “alto riesgo”. La directiva afecta a peticiones de carta verde (residencia) y permisos de trabajo para personas con solicitudes de asilo pendientes. Los juristas la interpretan como una suspensión en toda regla de la migración legal, con la consiguiente calificación de “ilegal” para las decenas de miles de personas que están ahora en espera. Muchos venezolanos ya afrontaban una situación angustiosa por la orden de Trump de no renovar sus tarjetas de protección temporal (TPS). Ahora se enfrentan al limbo migratorio. Por si fuera poco, la administración Trump plantea la posibilidad de que inmigrantes que han vivido en EEUU durante décadas y tienen residencia permanente, conocida como green cards, puedan ser expulsados del país.

Como dice Arellano, vivir bajo un régimen que te quiere hacer desaparecer no es nada divertido. Cuando además uno es alguien cuyos mayores solían ser indocumentados y creció en un mundo donde la migra pesaba como una espada de Damocles sobre demasiados seres queridos, uno no desea esa condición a nadie.

Trump a una periodista: «¡Silencio, cerdita!»

Sobre estas líneas la periodista Catherine Lucey, a la que el presidente de EEUU insultó; la exMiss Alicia Machado, a la que también llamó «cerdita» hace 19 años. A la derecha el mandatario con su amigo el pederasta Epstein.

Luis Díez.

Aquel viernes, 14 de noviembre de 2025, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, viajaba abordo del Air Force One desde Washington a Florida para pasar el fin de semana en su mansión Mar-a-Lago. Faltaban tres minutos para las siete de la tarde, hora local, cuando estimó llegado el momento de echar alpiste a los pájaros, así que abrió la portañuela del departamento donde viajaban los periodistas y se sometió a sus preguntas. Enseguida la veterana Catherine Lucey, que antes cubría la información de la Casa Blanca para el para el Wall Street Journal y ahora para la agencia Bloomberg News, le preguntó si iba a publicar los archivos del caso Epstein.

“¡Silencio! ¡Silencio, cerdita!”, la conminó.

Ningún colega repitió la pregunta en señal de solidaridad ante el insulto machista en tono amenazante. Pero el comportamiento del preboste quedó grabado y saltó a las redes sociales en cuanto aterrizaron en Miami. Un portavoz de Bloomberg dijo que “nuestros periodistas en la Casa Blanca prestan un servicio público vital, haciendo preguntas sin miedo ni favoritismos”. Y dejó correr el asunto sin referirse a la humillación e intimidación sufrida por su reportera Lucey.

De antemano es conocida la catadura machista, cruel y abusona, del personaje –para regocijo o vergüenza de sus votantes–, aunque parece que en este caso el subconsciente le jugó una mala pasada, pues empleó el mismo insulto que utilizaba contra las jóvenes y adolescentes en los felices años noventa, cuando mantenía una sólida amistad con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.

En aquellos tiempos, el depravado Epstein –fue condenado por abuso sexual de menores en Miami en 2008, pero no cumplió ni un mes de prisión porque le concedieron el régimen abierto– se dedicaba a la administración de capitales y pasaba por ser un inversor multimillonario. Poseía una finca en en Miami Beach y la casa privada más grande de Manhattan, una vivienda de siete pisos en la que organizaba fiestas exclusivas (con jovencitas para ligar) para amigos y amigos de personas importantes, entre ellos, el constructor, hotelero, propietario de un gran casino y director del holding Trump Organización.

Entonces a Epstein le gusta decir que era un solitario, un hombre que jamás había probado el alcohol ni las drogas, y cuya vida nocturna distaba mucho de ser animada. Eso escribió en 2002 el reportero Landon Thomas Jr en un artículo de fondo para New York Magazine. “Sin embargo, si uno habla con Donald Trump, surge un Epstein completamente distinto”, añadió. “Conozco a Jeff desde hace quince años. Un tipo estupendo”, exclama Trump. “Es muy divertido estar con él. Incluso se dice que le gustan las mujeres guapas tanto como a mí, y muchas de ellas son bastante jóvenes. No cabe duda: Jeffrey disfruta de su vida social”.

Trump, que residía cerca de Epstein en Nueva York y en Nort Beach (Miami-Florida), conoció a la eslovena Melania, su tercera mujer, porque se la presentó el propio Epstein en una de sus fiestas. El actual presidente de EEUU contaba entonces entre sus negocios con la agencia de modelos P-Model Management y entre otras actividades lucrativas organizaba cada año los grandes concursos de belleza femenina Mis Universo, Miss Usa y Miss Teen Usa (éste último para adolescentes de 14 a 17 años).

Y sí, en su trato con las jóvenes, utilizaba el calificativo de “piggy”, cerdita, y si no que le pregunten a Alicia Machado, Miss Universo en 1996, y verán como la actriz, presentadora y productora audiovisual nacida en Venezuela y residente en Los Ángeles como ciudadana americana, les contesta: “Si, me llamaba Miss Piggi y me instaba a adelgazar”. ¡O tempora o mores!, que diría el elocuente Cicerón.

Claro que ahora que el Congreso de EEUU (la Cámara de representantes y el Senado) ha aprobado la ley que ordena la desclasificación de los documentos de la investigación del FBI sobre Epstein, Trump detesta que le pregunten sobre aquel depravado predador sexual que se suicido en la cárcel (versión oficial) en 2019 durante su primer mandato como presidente.

Trump prometió durante su campaña electoral, hace un año, que desclasificaría los documentos del caso Epstein si volvía a la Casa Blanca. Y consiguió volver, pero enseguida se negó a cumplir la promesa, escudándose en la afirmación de su fiscala general Pam Bondi de que la publicación afectaba a investigaciones en curso. Incluso el 14 de noviembre, antes de insultar a la periodista Lucey, escribió en su red social que “Epstein era demócrata y es el problema de los demócratas”. “Pregunten a Bill Clinton, Reid Hoffman y Larry Summers sobre Epstein, ellos lo saben todo sobre él, no pierdan el tiempo con Trump. ¡Tengo un país que dirigir!”

Así que el amigo y vecino del pederasta, aquel Tramp que le felicitaba su cincuenta cumpleaños con un dibujo (una silueta de mujer desnuda, varios mensajes y su firma a modo de Monte de Venus) y que aparece en los correos electrónicos hallados entre los 20.000 papeles que el delincuente sexual dejó a su albacea (un despacho de abogados) y acabaron en manos de la Cámara de representantes de EEUU, estaría protegiendo a determinados adversarios políticos al no desclasificar las investigaciones del caso Epstein.

Lo cierto es que el martes, 18 de noviembre del año en curso, demócratas y republicanos votaban en el Capitolio la ley que ordena la desclasificación de los papeles y obligaban a Trump a asumir su propio compromiso electoral. Casi al mismo tiempo el señor Summers, secretario del Tesoro con Clinton y director y profesor en Harvard, abandonaba sus cargos y se retiraba de sus actividades por el error, decía, de haber tratado con aquel pederasta.

Entre las víctimas de aquel canalla, María Farmer, la primera sobreviviente de los abusos que denunció a Epstein y a su exnovia Ghislaine Maxwell ante la policía, en 1996, lanzó un comunicado celebrando que “por fin el Congreso haya escuchado a las víctimas” después de “décadas de oscuridad” y de la “vista gorda de cinco gobiernos ante la enorme farsa de justicia”.

Pero cuidado, porque como informaba el periodista del New York Times Luke Broadwater, la firma de la ley que obliga a Trump a publicar los archivos sobre el delincuente sexual de marras, no garantiza la desclasificación de todas las pruebas, ya que contiene excepciones como la protección de investigaciones en curso. En ese sentido, el presidente, consciente de que iba a perder la votación –por lo que ordenó al Partido Republicano que se sumara a ella–, exigió al Departamento de Justicia que abriera una investigación sobre los prohombres del Partido Demócrata citados en los correos del pederasta y traficante sexual.

Además, Trump podrá retener los registros para preservar la identidad de las víctimas y aquellos que incluyan imágenes de abusos sexuales a menores o que sean confidenciales de otro modo. La legislación también permite retener archivos si pudieran poner en peligro una investigación federal en curso. En resumen, como decía el periodista Rafael Barret hace más de un siglo, “cuanto más grave es un asunto, más lo tapan”.

La Cumbre del Clima en Brasil se enfrenta a las mentiras de Trump y los negacionistas

Luis Díez

Toda la panoplia de falacias gebelianas y más está siendo empleada por farsantes de la dialéctica y la comunicación social, agitadores baratos, políticos botarates y atolondrados seguidores del mismísimo presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, para negar las evidencias del cambio climático y los efectos desastrosos de la contaminación y el calentamiento del planeta. Toda esa endiablada red de mentirosos quieren aplicarnos la “política del champiñón”, consistente en mantenernos a oscuras y suministrarnos mierda, para que no pidamos cuentas sobre el constante atentado contra el medio ambiente de su industria basada en energías fósiles y sobre su rapiña y falta de compromiso con el futuro y las generaciones más jóvenes. El negacionista Trump ha llegado a sostener que los esfuerzos para reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero son “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo”.

Esa afirmación proferida en septiembre pasado ante la Asamblea General de la ONU por el experto estafador Trump cayó como un escupitajo ante los mandatarios allí presentes de países de Polinesia y Micronesia que se están hundiendo por la subida del mar provocada por la liquidación progresiva de los polos. Pero además de asombro, provocó una seria reflexión sobre la necesidad de defender la verdad científica acerca del clima y la conveniencia de plantar cara a las mentiras de políticos y medios de comunicación más o menos corruptos y reaccionarios y siempre financiados por las empresas y corporaciones más sucias y voraces del capitalismo rampante.

Así que ahora, en Belém (Brasil), en la cumbre climática de la ONU, la COP30, se está abordando también el fenómeno de la desinformación y la intoxicación no con gases, aguas ni alimentos contaminados, sino con mentiras. Cuenta Carlos Meneses, de la Agencia EFE, que la propia COP30 ha sido víctima de noticias falsas en los meses previos y en su apertura. La narrativa toxica y las mentiras fueron denunciadas en la cumbre de líderes que precedió a la inauguración de la Conferencia. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el francés Emmanuel Macron denunciaron la ola de ‘fake news’ en torno a las discusiones sobre el calentamiento global.

Ya en el marco negociador, esta semana , unas cuatrocientas organizaciones lanzaron una carta abierta exigiendo a los gobiernos “medidas ambiciosas, robustas y vinculantes” contra esta lacra, las mentiras. De momento, un grupo de países europeos y americanos, entre los que se encuentran Brasil, Chile, Uruguay, Alemania, Francia y España, se han sumado a una declaración para promover la “integridad de la información climática”. Y también en el marco de la Conferencia, la sociedad civil brasileña ha presentado el “Diccionario de la mentira”.

Conviene saber que según ese diccionario, las mentiras pueden adquirir forma de “ataque directo” a personas e instituciones para socavar su credibilidad. Es la forma más usada por el negacionista mayor, míster Trump, en sus airados y teatrales monólogos. Luego está el llamado “greenwashing” o lavado en verde, una técnica de las empresas para simular más respeto al medio ambiente del que en realidad practican. También el “woke-washing” de determinadas compañías cuando simulan compartir causas y términos progresistas para maquillar el impacto sucio y contaminante de sus actividades lucraticas.

A esas técnicas de la mentira hay que añadir el llamado “astroturfing”o creación de organizaciones y fundaciones patrocinadas por empresas contaminantes; la “retórica anticiencia” mediante el uso de especialistas falsos o comprados para difundir teorías conspiranoicas capaces de hacer creer que el CO2 es saludable para los pulmones y fortalece a la especie humana. Y, por supuesto, “los lobbys” del petrolero y demás fuentes de energía fósil, muy contaminante, y “la propaganda” de políticos engrasados para que se asuman los argumentos negacionistas del cambio climático y se incorporen a los idearios y programas de los partidos políticos.

La finalidad de las mentiras y la desinformación sobre las causas científicamente demostradas del calentamiento global y el cambio climático, con sus efectos desastrosos, es mantener e incluso fortalecer el statu quo de la industria de los combustibles fósiles. En EEUU, por ejemplo, la patronal petrolera y carbonera pretende un nivel de protección federal equiparable a la industria del armamento, lo que supone un tratamiento legal de “sector estratégico”. Lo peor para el planeta Tierra es que con Trump en la mutilada Casa Blanca están a punto de conseguirlo.

Por seguir con el ejemplo del Trump que hace diez meses retiró por segunda vez la firma de los Acuerdos de París de 2015 contra el cambio climático y que ha disuelto los comités científicos y eliminado la división de la NASA dedicada detectar y evaluar las emisiones con efecto invernadero, al tiempo que en agosto pasado suprimió la medición y consiguiente limitación nacional de las emisiones de anhídrido carbónico por parte de la Agencia de Protección Ambiental (“La EPA cero o EPA de Trump” llamanle ahora), su negativa a dar la cara en Brasil parece debida a la evidencia de sus mentiras y la carencia de otros argumentos para justificar la insolidaridad y el daño de EEUU al planeta al no limitar sus emisiones.

Su argumento ante la Asamblea General de la ONU fue: “Todas estas predicciones hechas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por razones erróneas, estaban equivocadas. Fueron hechas por personas estúpidas que han costado fortunas a sus países y no han dado a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar”. Pues bien, esa mentira en tono bronco del negacionista jefe ni se tenía ni se tiene de pie. Basta comprobar que las emisiones netas de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) de los 27 países de la Unión Europea (UE) fueron en 2023 un 37% inferiores a las de 1990 –se redujeron de 4.872,5 millones de toneladas en 1990 a 3.160 en 2023– mientras el PIB aumentó un 68%, lo que demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico.

La pregunta es si Trump miente para asustar y desacreditar a científicos y gobernantes serios y honrados o lo hace para no pagar por ser el segundo emisor mundial de malos humos, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, –más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta–, solo aventajado por China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34% mundial), y seguido por la UE (3.160 millones de toneladas) Índia (2.955) y Rusia (2.015). Y la respuesta más simple es que está convencido de que la emergencia climática no afecta a su país o le importa un bledo y además miente porque puede, pues por algo es presidente de la primera potencia militar del mundo.

Entre tanto, resulta esperanzador que China vaya comprendiendo la necesidad de reducir las energías fósiles y aceptando el concepto de “crecimiento sostenible”. En ese sentido cabe señalar que su exportación de componentes para la producción de energía limpia (aérea, solar e hidráulica) ya supera los ingresos que obtiene EEUU por la venta de petróleo. Y eso contando los dividendos suplementarios del suministro a la UE tras el corte al petróleo ruso para sancionar al criminal del Kremlin por la invasión militar de Ucrania.

La delegación europea participa desde el lunes hasta el viernes en la cumbre climática de Brasil con la con la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo de reducir las emisiones contaminantes un 90% hasta el año 2040. La cifra de referencia siguen siendo las 4.872,5 millones de toneladas emitidas por la UE el año 1990 y ya reducidas a 3.160 millones de toneladas en 2023. El pleno parlamentario aprobó el compromiso por 379 votos a favor, 248 en contra y 10 abstenciones. El PP español que lidera Feijóo y gobierna en las tres autonomías más dañadas el último año por desastres acentuados por el cambio climático –inundaciones mortales en la Comunidad Valenciana (foto) y enormes incendios, también con pérdida de vidas, en Galicia y Castilla y León– se desmarcó de los conservadores europeos y votó con la extrema derecha contra la reducción de las emisiones.

El objetivo de la UE es conseguir la “neutralidad climática” en 2050. Se trata además de “una obligación legal para todos los Estados miembros”, establecida en la Ley del Clima que ahora incorporará la enmienda sobre los objetivos intermedios y vinculantes para 2040 y el examen cada dos años del cumplimiento del objetivo. La norma también incluye la obligación de reducir, como mínimo, un 55% las emisiones netas de gases de efecto invernadero en la UE para 2030 respecto a 1990. Cierto es que con planteamientos políticos tan negativos y negacionistas como los del PP, abrazado a la ultraderecha, la recuperación de la salud del planeta sería imposible. Y las sequías, hambrunas e inundaciones provocarán más de lo que esas fuerzas falsarias y reaccionarias detestan: inmigración de millones de personas pobres en busca de un medio de supervivencia.

El castellano gana a Trump en la Super Bowl

Luis Díez.

Cuentan las crónicas que a las pocas horas de jurar el cargo, el 20 de enero pasado, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, clausuró la web en español de la Casa Blanca. En agosto pasado ocurrió lo mismo en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano. Unos meses antes, en marzo, firmó la orden ejecutiva 14224 que designa al inglés “idioma oficial” de EEUU, como si no lo fuera con anterioridad.

Al observar esas acciones de menosprecio hacia el español, segunda lengua en EEUU, surge la pregunta de qué le habrán hecho los hispanohablantes a ese señor. ¿Qué delito habrán cometido para que el mandatario se haya apresurado a despreciar su lengua y, por supuesto, a despreciarlos a ellos? No hace falta laboriosas investigaciones para que cada cual –incluidos los ultras admiradores de ese tipo aquí– saque sus conclusiones ahora que se acerca la día de la Hispanidad.

Para hacerse una idea del valor en EEUU de la lengua de Cervantes, Rulfo, Cortazar, García Márquez… conviene saber que conecta con las raíces de 65,2 millones de personas de ascendencia latina, según explica Gonzalo del Puerto, director de actividades culturales del Instituto Cervantes en Los Ángeles (California). El propio Instituto –creado por un gobierno socialista en 1991 para promover y divulgar las lenguas y culturas españolas– ubica en ese gran país cinco de sus 90 sedes repartidas por el mundo. Están en Nueva York, Chicago, Albuquerque, Seattle y Los Ángeles.

Recuerda Gloria Arjona, profesora del Instituto de Tecnología de California, que el castellano es una de las garantías que se concedió a los habitantes, al igual que la cultura y la religión, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos. En una nota para Los Ángeles Times con ocasión de la feria del libro LéaLa, celebrada a finales de septiembre pasado, Arjona explica que aquel tratado no impuso el inglés a los habitantes que quedaron en los estados actuales de California, Nevada, Utah, Nuevo México y en las partes de Arizona y Colorado de las que se apoderaron los Estados Unidos. “La realidad histórica –concluye la profesora–, es que el español se habló más de cien años antes que el inglés en esas tierras estadounidenses y no se puede erradicar la historia de un país ni suprimir un idioma cuando hay millones de hablantes”.

Del vigor del español en EEUU son buena prueba algunas ferias de libro que, como la de Miami, contribuyen a realzar la buena literatura en español y dan orgullo a los hispanohablantes. La periodista y gestora cultural argentina María Gal Lerner, directora del programa de autores iberoamericanos de esta feria desde hace veinte años, califica el evento de “plataforma ideal para dar al español la importancia que merece en este país, porque Estados Unidos es una nación bilingue”.

Pero no todo es crecimiento y buena salud para el castellano en EEUU, pues si al desprecio y las andanadas del supremacista Tramp –un militarista que emplea al Ejército contra los inmigrantes en las ciudades como si fueran terroristas– se añade la discriminación social contra los hispanos, enseguida vemos que el uso de la lengua en la que nos comunicamos más de 600 millones de humanes en el mundo empieza a ser un acto de rebeldía y resistencia en demasiadas zonas de ese país.

Lo resume bien la crítica cultual y profesora de la Universidad Estatal de Misisipi Karina Zelaya, quien aboga por estudiar a fondo lo que sucede con la lengua en comunidades y estados donde los latinos son grupos minoritarios y se sigue viendo el español como una discapacidad. “Todavía se sigue discriminando a un joven que habla español o inglés con acento; cambiar ese tipo de perspectiva o ideología es muy importante porque mientras más se siga estigmatizando a los niños que hablan español, también ahí se va perdiendo la lengua”.

Mientras tanto, la gran noticia para millones de hispanohablantes en EEUU surgió esta semana cuando los organizadores de la Super Bowl anunciaron que el cantante puertorriqueño Bad Bunny protagonizará el espectáculo del medio tiempo. Para disgusto del inquilino de la Casa Blanca y sus dogmáticos dispersores de odio a los inmigrantes, la NFL o National Football League, Apple Music y Roc Nation buscan ofrecer un espectáculo que celebre la diversidad sin encender controversias. Para ellos lo más importante del gran evento programado para el 8 de febrero de 2026 en el Estadio Levi’s de Santa Clara (California) son los anunciantes, es decir, el dinero.

Bad Bunny, de 31 años, cuyo nombre real es Benito Martínez Ocasio, se ha convertido en uno de los artistas más reproducidos del mundo con álbumes completamente en castellano, ha ganado tres Grammy y 12 Latin Grammy. Llega a los trofeos de este año, en noviembre, como el músico con más nominaciones y está considerado como el principal embajador global de la música latina.

Pero Bad Bunny es además de un músico fabuloso un creador sensible que proyecta su identidad puertorriquense, el yugo colonial y la lucha de los inmigrantes. De ahí su dedicatoria al anunciar su aceptación como estrella principal del descanso en la Super Bowl: “Esto es para mi gente, mi cultura y nuestra historia”.

El artista, que a finales de 2024 apoyó a la candidata demócrata Kamala Harris después de que un telonero de Trump se burlara de Puerto Rico llamándole “isla flotante de basura”, difundió más tarde un video en el que mostraba las playas y algunos artistas puertorriqueños que tituló “Basura” a secas. Este año, la guerra interna de Trump le ha llevado a no actuar en EEUU para evitar detenciones de asistentes a sus conciertos.

La crítica de Bad Bunny a la política migratoria del mandatario republicano ha sido explícita y con pasajes no exentos de ironía como cuando en julio pasado lanzó el video “NUEVAYoL” en el que se oía una voz casi igual a la de Trump que decía: “Este país no es nada sin los inmigrantes”. Pues eso.

En contraste con el disgusto de los trampistas por la elección, por primera vez, del artista que comunica en castellano, el gobernador de California, Gavin Newsom, escribió en X: “California está emocionada de darte la bienvenida al Super Bowl LX”.

De la excrecencia mental a la violencia política

Luis Díez.

Solo un miserable con la mente muy sucia podía utilizar en la política partidista española el asesinato del activista de la utraderecha del Partido Republicano estadounidense Charlie Kirk. Es lo que ha hecho el hombre fuerte del PP, Miguel Tellado, al lanzar la pregunta de qué ocurriría aquí si el asesinado fuera de izquierda y el asesino de derecha. ¿En qué y en quién estaba pensando el susodicho al plantear tal hipótesis? ¿Daba por supuesto Tellado que el autor del disparo contra Kirk, perfectamente desconocido en España aunque muy elogiado por el presidente de EEUU Donald Trump, era de izquierdas antes de que la policía lograra averiguar su identidad e ideología y consiguiera detenerle?

A determinados botarates políticos sin talento natural ni más programa para nuestro país que la liquidación (incluso física) del adversario político se les escapa el ansia de crispar, azuzar y deteriorar la convivencia entre la gente. Un día dice el orondo del PP que ya están “cavando la fosa” para el presidente Pedro Sánchez y los suyos, al siguiente aparece su jefe Alberto Núñez Feijóo coreando en un karaoke el famoso “hijo de puta” dirigido a Sánchez con la fórmula frutera de su subordinada Ayuso y al siguiente vuelve el grueso a la materia cruel a cuenta del influencer trumpista Krik, a quien algunos sectores políticos y religiosos quieren convertir en mártir y, por supuesto, vengar su muerte.

¿De verdad el ruin Tellado busca algo similar en nuestro país? ¿Es eso todo lo que puede aportar a la convivencia un responsable político supuestamente creíble? ¿De verdad añoran el terrorismo político, valga la redundancia? La paz, la convivencia, las libertades públicas y la democracia como el mejor sistema político conocido son asuntos muy delicados para tratarlos con el trazo grueso y la chabacanería que emplean los líderes del PP, dizque “hombres de estado” en dura lid contra los malvados socialistas y feroz competencia con el ultraderechista visitante de Trump y Netanyahu, el Santi Abascal de la señora Aguirre.

A propósito de la muerte de Krik, quien recibió un disparo mientras hablaba bajo una carpa en el campus de Orem, en la Universidad de Utah Valley, también conviene señalar que el presidente Trump ha perdido una oportunidad excelente, otra más, de afrontar la restricción del libre acceso a las armas de fuego en su país.

Pero además, Trump ha desaprovechado la ocasión de hacer un llamamiento a la convivencia pacífica frente a los sectores más radicales de su partido que reclaman venganza. Por el contrario, ha añadido leña al fuego al afirmar el 10 de septiembre, horas después de la muerte de Krik, que la retórica de la “izquierda radical” era “directamente responsable del terrorismo que estamos viendo hoy en nuestro país”. Dos días después insistió en Fox y Friends que “Los radicales de izquierda son el problema, y ​​son crueles, horribles y políticamente astutos”.

Por su parte los demócratas condenaron el asesinato y han lanzado mensajes contra el odio y la violencia política. La congresista progresista y activista neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez declaró que «el asesinato de Charlie Kirk corre el riesgo de desencadenar un caos político y una violencia que no podemos permitirnos en Estados Unidos”. Y el líder demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, dijo en una publicación del 10 de septiembre en X que “la violencia política NUNCA es aceptable”.

Aunque resulte paradójico, el último diálogo de Krik antes de recibir el balazo en el cuello que acabó con su vida fue con un TikToker autocalificado de liberal que le preguntó sobre los tiroteos masivos en los que están implicadas personas trans. En 2023, Kirk se sentó en el escenario de la Iglesia Awaken en Salt Lake City y dijo: “Creo que vale la pena pagar, lamentablemente, algunas muertes por armas de fuego cada año para que podamos tener la Segunda Enmienda y proteger nuestros otros derechos otorgados por Dios”.

Y dos días antes de su muerte retuiteó un video de sí mismo diciendo que “se avecina una batalla espiritual para Occidente”, con “el wokeismo o marxismo combinándose con el islamismo” para atacar “el estilo de vida americano, que es, por cierto, la cristiandad”. El propagandista de Trump, de 31 años, era acogido en campus y salones universitarios para celebrar charlas y debates con los estudiantes. En su caso, al contrario de lo que ocurrió con las protestas contra el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, no había riesgo de que los centros fueran multados.

Su virulenta retórica contra las minorías raciales y religiosas, las personas LGBTQ+, las mujeres sin hijos, los progresistas y quienes discrepaban con él alcanzó extremos como calificar de “grave error” la ley de derechos civiles de 1964 y tildar de “horrible” a Martin Luther King. En un podcast llegó a pedir que si algún patriota de San Francisco o del área de la Bahía quería ser un héroe solo tenía que pagar la fianza del tipo que agredió con un martillo al esposo de la expesidenta del Congreso, Nancy Pelosi en 2022.

Pirómano global

Luis Díez

Mientras los incendios asolaban el sureste de Europa y arrasaban el noroeste de la Península Ibérica (España y Portugal) dejando un rastro de daños en bosques, cultivos, viviendas y ganado… Mientras el fuego se cobraba una vida más (y van cuatro en nuestro país): la del arqueólogo de 45 años Javier San Vicente, fallecido por inhalación de humo del incendio de Cipérez (Salamanca) que afectaba a 10.500 hectáreas… Mientras mujeres y hombres de ciencia –meteorólogos, astrónomos, físicos, químicos, biólogos, médicos y otros expertos– se reunían en París buscando remedios a los graves efectos de las cada vez más intensas olas de calor… Y mientras, en fin, sólo el genocidio en Gaza y los bombardeos rusos contra la población civil en Ucrania, nos parecían una canallada mayor que la agresión a la atmósfera y los efectos incendiarios del cambio climático, el presidente de Estados Unidos (EEUU) acentuaba su negacionismo del daño a la vida provocado por el calentamiento global.

Resulta insólito que todos los países civilizados, y la Unión Europea (UE) en particular, se esfuercen en reducir las emisiones de CO2 mientras el presidente de la primera potencia mundial, míster Trump, hace todo lo contrario, se burla del esfuerzo y dicta disposiciones estimulando el calentamiento global. Eso hizo el 1 de agosto del corriente. La Agencia de Protección Ambiental (“la EPA de Trump”, le llaman ahora) eliminó ese día la conclusión científica incorporada en 2009 a su misión de control de la contaminación porque, según Trump, las emisiones de CO2 no dañan la salud. Dicho de otro modo: la Agencia de Protección Ambiental de EEUU será inútil para proteger el medio y a los ciudadanos de la mierda que respiran.

Ya es sabido que el mandatario estadounidense ha tratado de suprimir las regulaciones climáticas desde que ocupó el cargo en enero pasado. Se retiró entonces de los acuerdos de París y proclamó la primacía de los combustibles fósiles. Reactivó la minería del carbón y las centrales eléctricas de combustibles fósiles. Lanzó a la Fiscalía a recurrir todas la regulaciones restrictivas de la contaminación, aprobadas por distintos Estados, especialmente California. Y ha completado la jugada suprimiendo la medición y limitación nacional por parte de la EPA de las emisiones de anhídrido carbónico. Con ello pretende anular las normas de las federaciones para contener las emisiones.

Los argumentos de la Casa Blanca son tan caprichosos como antojadizo es su inquilino. Afirma que los gases de efecto invernadero no son contaminantes porque tienen efectos globales, no locales. Y asegura que las emisiones de EEUU no contribuyen al cambio climático, pues el supuesto daño es remoto y la porción de emisiones estadounidenses, demasiado pequeñas para darles importancia. Pues mire usted, la ONU dice que EEUU es el segundo emisor mundial de mal humo, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta. Por delante va China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34%), y por detrás van Índia y Rusia con 2.955 y 2.015 millones de toneladas, respectivamente.

Para completar la estadística, España soltó 270 millones de toneladas brutas de CO₂ equivalente al 8% del conjunto de la UE en 2023. Fue un 7,6 menos que en 2022 y -38% respecto a 2005. El conjunto de la UE ha ido reduciendo las emisiones a un ritmo similar. Según el Informe de situación sobre la acción por el clima de 2024, las emisiones netas de gases de efecto invernadero de los 27 países UE bajaron un 8,3% en 2023 respecto al año anterior. Ahora son un 37% menos que en 1990, lo que, con un crecimiento del PIB del 68% desde entonces, demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico. Esto significa que objetivo del acuerdo de París (2015) de frenar el calentamiento global, que avanza dos grados cada año, es realizable.

El proceso del negacionista Trump para coronarse rey de la indecencia ha sido fácil. Tras abandonar los compromisos de París, ha eliminado la Evaluación Nacional del Clima, una revisión periódica exigida por el Congreso y realizada por cuatrocientos científicos del clima de distintas universidades y de una docena de agencias gubernamentales. Los cinco informes sucesivos de de esos expertos venían advirtiendo desde el año 2000 sobre los peligros derivados del calentamiento global. Pero al solicitante del Nobel de la Paz tales conclusiones le parecían impertinentes y “poco fiables”, así que nombró a cuatro especialistas del Departamento de Energía para que concluyeran que el calentamiento global es más beneficioso que perjudicial y que las bajas temperaturas son peor amenaza. Añadieron que los fenómenos meteorológicos extremos no son peores que antaño. Y asunto resuelto.

Para la profesora de derecho administrativo y ambiental en la Facultad de Derecho de Harvard, Jody Freeman, quien fue consejera de energía y cambio climático del presidente Obama en 2009 y 2010, resulta evidente que las decisiones de Trump son egoístas en el orden internacional y muy negativas en el plano interno, pues liquidan el consenso de la Ley de Aire Limpio que exigía a la EPA regular los contaminantes que ponen en peligro la salud y el bienestar humanes. Freeman recuerda que la Corte Suprema dictaminó en 2007 por 5 a 4 votos que los gases de efecto invernadero son contaminantes atmosféricos y que la decisión sobre su peligrosidad ha de basarse en la ciencia.

Freeman añade que en 2009, tras revisar los estudios de la Evaluación Nacional del Clima, el Consejo Nacional de Investigación y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, la EPA concluyó que la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera es un peligro: temperaturas más altas, peor calidad del aire, fenómenos meteorológicos extremos, incendios y sequías en expansión, así como un mayor número de patógenos transmitidos por los alimentos y el agua. Siguiendo el proceso establecido en la Ley de Aire Limpio, la agencia estableció normas nacionales de emisiones para las fuentes de cada sector de la economía estadounidense que contribuyen a este problema.

Todo eso es lo que ahora míster Trump se ha cargado de un plumazo. O como manifestó el administrador de la EPA, Lee Zeldin, “esta Administración ha clavado una daga en el corazón de la religión del cambio climático”. Solo que el cambio climático no es religión sino física y química. Y como dice la profesora Freeman, “a la ciencia no le importa la creencia política”. La ciencia ha predicho lo que está ocurriendo: las tormentas son cada vez más intensas, las olas de calor más mortíferas y los incendios forestales más destructivos.

Muchos estadounidenses se preguntan por qué han de gastar miles de millones de dólares al año en respuesta a los desastres, mientras otros países se adelantan en innovación y fabricación de energías limpias. China domina ahora la producción de paneles solares y vehículos eléctricos, Europa lidera la energía eólica y marina. Y también se preguntan cuanto tiempo perderán y cuanto daño sufrirán antes de volver a una política climática responsable. La respuesta dependerá de su capacidad de prescindir de un negacionista autoritario, pirómano global, un tipo que pone militares a patrullar las calles de grandes ciudades para cazar inmigrantes y limpiarlas de pobres, un sujeto con programas militares secretos para colocar armas nucleares en el espacio y, en fin, un matón que dice que “Netanyahu es un héroe de guerra” y añade: “Y supongo que yo también lo soy”.

Trump y Putin juegan a la barbarie nuclear

Luis Díez.

Cuando se cumplen 80 años de los únicos bombardeos atómicos del mundo, realizados por Estados Unidos (EEUU) sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, los mandatarios estadounidense y ruso se comportan como si no hubieran aprendido nada. Donald Trump coloca dos submarinos nucleares frente al territorio ruso en el Atlántico. Es su forma de presionar para obligar a Rusia a acabar con la guerra en Ucrania. Eso dice. Y Vladimir Putin proclama (3 de agosto) que “ya no se considera obligado por las restricciones” del Tratado de Misiles Nucleares de Alcance Intermedio (500 a 5500 kilómetros) porque EEUU se dispone a desplegar armas similares en Europa y Asia.

Perece que los dos mandatarios tienen más cosas en común: quieren mantener a la gente en vilo, añoran la guerra fría, son nefastos para la democracia y los derechos humanos y sociales y, sobre todo, los dos emplean la nostalgia del pasado mejor como argumento para que les voten con uve cuando sus pueblos deberían botarlos, con be. Uno quiere volver a los tiempos de Rockefeller y Carnegie (el dominio del petróleo y del acero) y el otro a los de la URSS de Stalin. Ahora, el 15 de agosto, festividad de la Virgen María, se van a reunir en Alaska. ¿Para qué? ¿Contra quién?

Sería deseable que no siguieran conspirando contra nuestra Europa de los derechos y las libertades y que renunciaran a la zozobra que ambos provocan con sus amenazas nucleares. Sería bueno que se sentaran a conversar en el Museo de la Paz, en Hirosima, donde la bomba atómica mató a 140.000 personas el 6 de agosto de 1945. Tres días después, el 9 de agosto, otra bomba sobre Nagasaki liquidó a 70.000 seres humanos más. Ahí pueden observar en negro y gris los efectos que causarían sus misiles guiados y provistos de cabezas nucleares. Las dos ciudades se fueron al negro, desaparecieron del mapa. En un instante, niños, mujeres, hombres, perros, hormigas, insectos, árboles, plantas y demás seres vivos reventaron, se evaporaron, quedaron carbonizados.

No hay fotos de las consecuencias inmediatas de las explosiones y los dos hongos en el cielo, pero las imágenes nunca se desvanecieron de las retinas de los pocos supervivientes. “Formas humanas que se tambaleaban con tiras de carne colgando de sus cuerpos. Los globos oculares pendían de sus caras En todas partes la gente gritaba pidiendo agua para enfriar sus gargantas ardientes. En Hirosima se arrojaron al río, retorciéndose de tormento hasta que la muerte los liberó”. Así lo describe la periodista Hannah Beech en un impresionante reportaje en el New York Times.

El sufrimiento de los supervivientes, quemados e infectados, debió de ser terrible. Murieron en las horas y los días que siguieron a las explosiones. Las radiaciones contribuyeron al exterminio. Personas que parecían estar bien, de repente se desplomaban y morían. El cáncer destruía los órganos internos. La gente desconocía los efectos de las radiaciones y la duración y extensión de aquella contaminación mortal que flotaba en las nubes e infestaba las aguas y los suelos.

Después del sufrimiento llegó el estigma. Las personas irradiadas, hibakusha les llamaban, eran potenciales transmisores de enfermedades incurables. Para evitar que sus hijos nacieran ciegos, deformes o desarrollaran cánceres era mejor que se marchitaran sin casarse ni tener descendencia. Nadie conocía el alcance de aquel veneno ni los efectos futuros de aquella toxicidad. Un efecto cierto fue que el emperador japonés se rindió pocos días después y acabó así la Segunda Guerra Mundial.

Hoy conocemos un poco mejor los daños inmediatos y duraderos de las explosiones y radiaciones nucleares. Y también conocemos las recomendaciones de algunos supervivientes casi centenarios de aquella guerra. Se resumen en “nunca jamas”. A Kunshiro Kiyozumi (en la foto), de 97 años, le preocupa que la gente olvide lo que pasó. Con 15 años fue el marinero más joven a bordo del submarino I-58 de la Armada Imperial Japonesa. Acechó y torpedeó en el Pacífico a seis barcos aliados, incluido el crucero Indianápolis, que hundió.

Otros supervivientes, como Tadanori Suzuki, recuerda: “Hace mucho tiempo hicimo algo muy estúpido”. Y aconseja a los jóvenes: “No vayan a la guerra, quédense en casa con sus padres y familias”. Le secunda Tetsuo Sato (105 años): “Destrozaron nuestras vidas como quien rompe un papel. Nunca mueran por el emperador ni por la patria”.

Por supuesto que Putin y Trump no elegirían Hiroshima como punto de reunión para planear el daño a los europeos, a esa UE a la que ambos odian. Pero sería conveniente que entendieran que las armas nucleares son un mal camino, un camino bloqueado. Y que la prepotencia que les conceden sus silos también es su muerte, su nihilismo, su final.

Ya en febrero pasado, el ultraderechista y gurú de Trump, Steve Bannon, dijo en respuesta a si el Gobierno debía controlar el desarrollo de la Inteligencia Artificial: “Si tienes el comienzo de la parte cinética (motriz) de la Tercera Guerra Mundial en la masa continental euroasiática y tienes…” El entrevistador le interrumpe: “Es decir, China versus Taiwán, para decirlo en términos sencillos, ¿no?”. Y Bannon aclara: “No, no. Quiero decir un millón de personas muertas y heridas en Ucrania, en Medio Oriente, estoy hablando de eso. Lo que digo es que Trump tiene que manejar eso”.

Al hilo de una anécdota reciente sabemos que el mandatario estadounidense tiene en mente los misiles. El martes, 4 de agosto por la mañana, Trump fue visto caminando por el tejado de la Casa Blanca. Una periodista le preguntó que hacía allí arriba y él contestó: “Simplemente daba un pequeño paseo”. Y completó la explicación con algo más extraño todavía: “Quiero colocar misiles nucleares ahí arriba”. Luego se rió entre dientes y movió su mano imitando un proyectil. Podía haber dicho que examinaba la ampliación de la sede presidencial para construir un gran salón de baile, proyecto oficial que costará 200 millones de dólares, pero le bailó el subconsciente.

Ver: https://www.nytimes.com/es/2025/07/29/espanol/mundo/ultimos-soldados-japon-segunda-guerra-mundial.html

El europeo que plantó cara a Trump era un socialista español

Luis Díez.

España destina a la defensa militar 1.359 euros por habitante y año. Es bastante dinero. Más, por ejemplo, de lo que el dueño de cada casa dedica (si quiere) a protegerla de los amigos de lo ajeno y de otros daños con una alarma y un seguro que a precio medio de mercado se sitúa entre 40 y 45 euros al mes, unos 500 euros al año. Resulta curioso constatar que hace solo tres años la defensa militar de este país pacifista de cuarenta millones de personas costaba a cada español menos que el servicio de Movistar-Prosegur de protección del hogar. Y eso que el anterior presidente del Gobierno, M, Rajoy, se había comprometido a dedicar el 2% del PIB a la altura de 2017. El putinato ya había atacado a Ucrania y mantenía su espada de Damocles sobre el norte de la UE. Pero ni se olía el peligro ni las flores.

El caso es que para cumplir el porcentaje comprometido tras el último recordatorio (en marzo pasado) de la Comisión de la UE a los socios renuentes, el actual jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tenido que arañar 10.471 millones de euros que, sumados a los 33.123 del presupuesto ordinario (el 1,6% del PIB), suponen esa aportación per cápita reseñada y comprometida (1.359 €) y han evitado el reproche de los socios europeos.

Entonces, de pronto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un experto en dimitir como primer ministro holandés, eleva el dígito al 5% del PIB en Defensa. Es mucho dinero. Supone la curiosa cifra de 106.420 millones de euros para España. Eso no puede ser. El presidente Pedro Sánchez no firmará el trágala. Negocia a través del tal Rutte con el líder que formula su imposición, el ultraico Trump, y consigue “la carta de excepción”a cambio de no romper la unidad y estampar su firma en el comunicado final de la cumbre de La Haya. Buen trabajo.

Míster Trump llega a la ciudad holandesa en plan matón, después de haber lanzado unas cargas telúricas de bombas y misiles perforadores contra las instalaciones en las que supuestamente Irán trataría de montar bombas nucleares. La operación fue bautizada como “Martillo de Medianoche” y resultó un éxito, según el mandatario estadounidense. El matón atacó sin permiso alguno de Naciones Unidas, vulnerando el derecho internacional y, por supuesto, sin informar a los socios y aliados de la OTAN. Para que vean quién manda aquí. Y ahora ya pueden besarme el culo.

Asombrados debieron quedar los gobiernos de la UE que ejercieron sus buenos oficios diplomáticos para que Irán mantuviera la negociación con Washington tras los bombardeos de los que ha sido objeto por parte de Netanyahu. Después de la “guerra de los doce días” como bautizó Trump al intercambio de misiles entre Israel e Irán, el mundo debía agradecerle que nos librara de más riesgo nuclear. Como si el suyo y el del criminal Netanyahu no fueran suficientes. Para el escritor judío Josh Hammer quedó claro que tras los ataques “la relación bilateral entre Trump y Netanyahu es claramente más sólida que nunca”. Y así lo escribió entre elogios al matón, en Los Angeles Times.

Ya en suelo holandés, el jefe de Estados Unidos (EEUU) preguntaba a unos y a otros qué le pasa a España. Se ve que el tipo que venía a exigir forraje europeo para el complejo militar industrial USA con el fin de garantizar su opulenta continuidad dos lustros más, no digería el hecho de que un país desobedeciera su voluntad. Pero allí estaba Pedro Sánchez. Si quería saber qué pasa con España solo tenía que acercarse y preguntarle. No lo hizo. En cambió amenazó a nuestro país con duplicar los aranceles. La UE y EEUU todavía negocian el acuerdo del famoso “día de la liberación” de Trump. Por no decir fiasco.

La singularidad de España tiene sentido porque ya aporta un esfuerzo considerable y asume un riesgo inestimable autorizando el uso de las bases de Rota y Morón al Ejército y la Armada estadunidenses. Históricamente lo tiene porque bien poco debe a EEUU por la liberación del nazifascismo. Y quitando la leche en polvo, nada obtuvo del plan Marshall. Es de llorar tener que recordar esto y, recordar, por ejemplo que todavía sufrimos la contaminación del dióxido de plutonio procedente de las dos bombas nucleares que cayeron y se deterioraron el 17 de enero de 1966 sobre la localidad almeriense de Palomares. Ahora que Trump anda buscando “tierras raras” vale recordar que no se llevaron las cinco mil toneladas de tierra almeriense que iban a cargar. Ni siquiera la mitad.

El mismo líder que niega el cambio climático, retira la firma de los objetivos de París y persigue en los tribunales a estados como California por la descarbonización en curso, exige a la OTAN más gastos en armamento. El mismo tipo que ningunea a la UE en sus negociaciones con Putin sobre el futuro de Ucrania le pide 700.000 millones de dólares más. Para qué? Para repartirse Ucrania con Putin?

Se trata del mismo sujeto que se retira de la OMS, que liquida la Cooperación Internacional, dejando en África a decenas de millones de personas al albur de las enfermedades, la hambruna y la muerte; el mismo individuo que jibariza la democracia en su país, persigue sañudo a los inmigrantes, sobre todo si son trabajadores de origen hispano… ?todavía se atreve a preguntar qué le pasa a España? España tiene dignidad, posee un presidente que la representa, que sabe que a Trump le repugna el castellano y que no le besa el culo, míster. Los españoles no lo tolerarían verdad? Este dirigente socialdemócrata, llamado Pedro Sánchez, también se quedó solo pidiendo en el Consejo Europeo la suspensión del acuerdo de trato preferente con Israel en protesta por el genocidio en Gaza. “Oh soledad, mi sola soledad”, que diría nuestro Antonio Machado, un hombre bueno.

Millones se alzan contra Trump al grito de ‘Reyes no’

Luis Díez.

Es probable que el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, sea un simple emulo de los peores emperadores romanos en su ejercicio del poder. Por llamarle eso, emperador, el premio Nobel de la Paz Oscar Arias se quedó sin visado de entrada a EEUU. La amenaza expansionista del poderoso personaje se mantiene desde que tomó posesión hace cinco meses. Aspira a anexionar Canadá y Groenlandia –de momento–, a apoderarse de la minería metálica de Ucrania y a dominar el Canal de Panamá. Ya ha sometido ese paso entre el Atlántico y el Pacífico a la vigilancia de su flota de guerra. La coacción e intimidación de su discurso odioso y belicoso se vuelve crueldad sin límite cuando se trata de respaldar a Netanyahu en el exterminio de los palestinos de la Franja de Gaza para convertirla, dice, en un destino turístico ocupado y administrado por israelitas y estadounidenses.

Ese rey neto, absoluto, como también le consideran muchos estadounidenses, no sería nadie sin Ejército. Lo que está sucediendo en Los Ángeles con el despliegue de tres mil efectivos de la Guardia Nacional y setecientos marines podría ser una de sus ideas ingeniosas para superar el escándalo de las acusaciones de Elon Musk sobre las fiestas sexuales con chicas menores de edad si no fuera un paso más hacia la autocracia. Enviar al Ejército contra el pueblo a las calles de la segunda ciudad más poblada de EEUU para asfixiar las protestas por las redadas indiscriminadas de la policía federal para el Control de Inmigración y Aduanas (ICE) contra los inmigrantes latinos ha sido una decisión propia de un tipo autoritario e insensato. Así lo ha manifestado el gobernador Gavin Newsom, quien ha deplorado la provocación de Trump y su contribución a la desesperación y el incendio de las calles. Las marchas de protesta y solidaridad no se han hecho esperar en otras grandes ciudades norteamericanas.

Este sábado, Trump celebra celebra su cumpleaños en Washington con un gigantesco desfile militar, con un costo estimado de 45 millones de dólares. Su síndrome de Keops le ha llevado a montar un festejo para celebrar el 250º aniversario del Ejército exactamente el día que él cumple 79 años. Algo increíble, nunca visto por los estadounidenses, salvo por la tele con ocasión Día Nacional en Pyongyang, dice en Los Ángeles Times la escritora Anne Lamott, quien anima al personal a asistir a las decenas de manifestaciones “Sin Reyes” que se celebran el sábado por todo Estados Unidos contra las políticas de Trump. “Yo asistiré a una porque es importante y porque me alegrará el corazón”, añade la novelista –su último libro se titula: De alguna manera: pensamientos sobre el amor— antes de animar a sus conciudadanos a sumarse a las concentraciones.

Argumenta Lamott: “Nosotros, el pueblo, hacemos las mejores pancartas; mis favoritas en la marcha: «Manos Fuera», «Toca la bocina si nunca enviaste mensajes de texto borracho con planes de guerra» y «Ahora has cabreado a las abuelas». Se escucharán las viejas canciones del movimiento por los derechos civiles y las protestas que detuvieron la guerra de Vietnam”. Tal es el ambiente contra el autócrata belicoso arancelario. “Celebraré la última semana de primavera con decenas de miles de personas en el Centro Cívico de San Francisco. Ciudadanos comunes y corrientes, sin un plan ni una estrategia para salvar a esta nación herida, nos presentaremos con el corazón roto, enojados, pacíficos y eufóricos: jóvenes y ancianos, bebés, las generaciones X, Y y Z, personas de todas las etnias, caminos espirituales y de ninguna. El amor que sentimos por esta hermosa y asediada nación democrática será nuestra pequeña luz para ver y brillar”.

Y concluye Lamott: “Ojalá todos los que se reúnan en mi ciudad pudieran llorar juntos por lo destruido y mancillado, por toda la gente que muere desde que Musk consiguió que USAID (la agencia de cooperación internacional) fuera desmantelada. Pero los liberales, en general, no lloramos: nos inquietamos, como niños pequeños. Al menos, yo sí. Cuando los bebés descubren esos deditos, mueven las yemas de una mano contra la otra y parece como si estuvieran tejiendo. Esto es precisamente lo que haremos el sábado: tejer una resistencia pacífica a la dictadura, a la política de la crueldad. ¿Recuerdas la vieja pegatina para el parachoques que decía: “La democracia es un verbo”?

Pero Trump ha llamado “basura” a los inmigrantes sin papeles, tildado de “inepto” al gobernador Gavin, quien se perfila como nuevo líder del Partido Democrata, y reafirmado su política de persecución de los inmigrantes. Ha hecho saber que reprimirá duramente las manifestaciones ciudadanas del sábado si se producen disturbios. Y ha anunciado que no tolerara protestas en Washington contra el desfile militar. Una muestra del mal humor reinante en la Casa Blanca la sufrió el jueves el senador por Californa Alex Padilla. Al entrarse de que la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ofrecía una rueda de prensa en el edificio federal de Los Ángeles donde tiene su oficina, se dirigió a la sala, entró y se quedó detrás, junto a la puerta. Cuando Noem parecía a punto de terminar, Padilla se identificó para preguntarle sobre las redadas migratorias, pero no pudo: cuatro agentes federales le empujaron al pasillo, le obligaron a arrodillarse (es un hombre corpulento) y lo esposaron. Poco después lo liberaron sin cargos.

Los grandes periódicos destacan que las manifestaciones de hoy, bajo el lema “Reyes no”, se están organizando a conciencia y serán multitudinarias. Se han convocado 1.500 marchas en todo Estados Unidos. En Nueva York se esperan unas cien mil personas. En Los Ángeles, a pesar del miedo a las detenciones que siguieron a las primeras protestas, el 6 de junio, contra las redadas de La Migra, se esperan al menos 25.000 manifestantes que ocuparán un día más las calles y bulevares del centro de la ciudad. Así, mientras se lleva a cabo el desfile militar en Washington DC, millones de ciudadanos muestran su rechazo en lo que llaman “día nacional de acción y movilización masiva en respuesta a los crecientes excesos autoritarios y la corrupción de la administración Trump”.

Algunos datos: 50.000 personas se encuentran actualmente bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según el informe más reciente de la agencia. Este alarmante aumento —un 25% en tan solo cuatro meses— se produce en medio de la escalada cada vez más autoritaria de Trump, con detenciones y deportaciones masivas. Luego ya las encuestas revelan que el 52% de la población estadounidense considera negativa la política migratoria de Trump –detenciones y deportaciones– frente a un 37% que la califica de positiva. Esta percepción ha debido de enfadar bastante al reaccionario inquilino de la Casa Blanca que hizo del reforzamiento de las fronteras y la expulsión de migrantes el principal eje de su campaña hace unos meses. ¿Puede funcionar la economía estadounidense sin trabajadores inmigrantes, especialmente en los sectores agrario, del transporte, el comercio y los servicios? ¿Verdad que no?