
Luis Díez.
Nada agradaría tanto a los demócratas estadounidenses y del resto del mundo como la pérdida de las elecciones de medio mandato, el próximo 3 de noviembre, del reaccionario Donald Trump y sus acólitos neonazis del MAGA. El fin de la mayoría absoluta en el Capitolio del personaje que en 2021 lanzó sus huestes al asalto del propio Capitolio al perder las elecciones presidenciales tendría un efecto positivo en España y en otros países europeos.
Para empezar, supondría un trompazo a la ultraderecha “nazional” y “naziolista”, auspiciada y sufragada por el trumpismo para destruir a la Unión Europea (UE), algo en lo que el belicoso de Washington coincide con el sátrapa Vladimir Putin de Moscú.
El triunfo de los demócratas frente al luciferino Trump significaría también la recuperación de cierto equilibrio anímico frente a la política crispada, desquiciada y polarizadora de una derecha ávida de nuevos pillajes a costa del estado social y democrático de derecho y de esto que llamamos “estado del bienestar”.
En el caso español, quien más ha corrido a colocarse de alfombra del señor Trump o a “besarle el culo”, como éste prefiere, ha sido el jefe de la ultraderecha, Vox, señor Abascal Conde, socio y amigo del señor Núñez Feijóo, presidente del PP, más prudente como limpiabotas de ese jefe de Washington cubierto de una suciedad verdaderamente doctoral. Los dos dirigentes y sus formaciones, Vox-PP, sufrirían el retroceso electoral del belicoso arancelario y criminal de la Casa Blanca.
Si además del impacto negativo de los resultados de los comicios del 3 de noviembre en USA, influyera en el electorado español el resultado de las elecciones israelíes del próximo 27 de octubre –todos los sondeos dan por periclitado al genocida de la Franja de Gaza, Benjamín Netanyahu, en favor de un Gadi Eisenkot capaz de atraer votantes de centro y de la derecha moderada–, se podría decir que la protesta de tanta gente –cortes de la vuelta ciclista, flotillas, ayuda al pueblo palestino, reconocimiento como Estado– y los riesgos asumidos por el presidente socialista Pedro Sánchez no habrían sido en vano.
Frente a la dignidad del Ejecutivo y la mayoría del pueblo español contra el exterminio en Gaza y en defensa de los Derechos Humanos, ya se recordará al traidor Abascal corriendo a confortar al criminal de guerra Netanyahu al día siguiente de que España reconociera al Estado de Palestina. Eso y los viajes de la señora Ayuso a pasar la mano por el lomo de aquel personaje también se vota en España el 29 de noviembre próximo.
Cierto es que el multimillonario Trump se va a resistir por todos los medios a la pérdida electoral que vaticinan las encuestas. Su acuerdo con Putin para que le suministre gasoil a cambio de facilidades para bombardear en Ucrania es un intento desesperado de evitar el incremento de la inflación que golpea a los ciudadanos, pero resulta insuficiente para evitar la desafección.
Su fórmula de ofrecer dinero –hace un mes lanzó la Cuenta Trump que aportará 1000 euros a cada niño nacido bajo su mandato, cuyos padres la soliciten– es otra variedad de engaño dentro de la panoplia de las mentiras habituales. Esos mil euros de dinero público se colocan en el mercado bursátil según desee el señor Trump, sólo se pueden rescatar al cumplir 18 años para educación, vivienda o para emprender un negocio, y ni siquiera compensan los recortes a los programas de asistencia alimentaria y Medicaid ejecutados por el gobierno federal.
En la última semana ha aparecido alguna idea para distraer la atención de los estadounidenses de la carestía del coste de la vida, como esa del secretario de Guerra, míster Hegseth, de ofrecer ejecuciones en directo, comenzando por el fusilamiento de un militar que mató a trece colegas en un cuartel de Texas. A Trump no le ha gustado y la ha anulado. Pero ha aparecido también, según la CNN, el eventual lanzamiento de la llamada “madre de todas las bombas” contra la infraestructura energética y las instalaciones nucleares de Irán.
El empleo de la ‘GBU-43/B’ –conocida como MOAB (por sus siglas en inglés: Massive Ordnance Air Blast Bomb)–, la bomba no nuclear más grande del arsenal estadounidense demostraría el poder mortífero del país más poderoso del planeta, que, sin embargo no ha sido capaz de alcanzar sus objetivos estratégicos junto con Israel contra Irán, y ofrecería un impresionante –mortífero, cruel y macabro– espectáculo al pueblo.
Un hombre bueno como el gran chef humanitario José Andrés comentó en cierta ocasión sobre Trump: “Nunca he visto nada igual, el que no piensa como tu es enemigo”. Y manifestó su opinión sobre él: “Trump no es un líder, sino un extractor del Estado al que solo importa su cuenta de resultados. Liderar no es llegar a la cima con cuatro o cinco que te siguen, sino llegar con todos, aunque eso signifique quedar a mitad de camino. Ahí tenemos a un personaje que ni sabe subir a la montaña ni sabe a donde va. Ese no es el tipo de liderazgo que el mundo necesita. Necesitamos líderes de inclusión, no de exclusión”. Eso dijo. Y en los conceptos que empleó, incluidos “su cuenta de resultados” y “la exclusión”, reflejó bien a los extractivos jefes de la corrupta derecha española.