
Luis Díez.
Si es de bien nacidos ser agradecidos, hemos de agradecer a los electores estadounidenses su rectificación electoral del martes, 3 de noviembre. Su crema de zanahoria ha sido incluso mayor de la que cabía esperar. Han hecho papilla al presidente Donald Trump, el déspota millonario, necio y reaccionario al que colocaron en la Casa Blanca hace dos años junto con sus acólitos del extrema derecha (MAGA les llaman), convertidos en propietarios del Partido Republicano.
La crema de zanahoria en datos
La papilla de zanahoria tiene cifras: de las elecciones de medio mandato ha salido una mayoría absoluta del Partido Demócrata frente al Republicano en la Cámara de Representantes (253 frente a 160 escaños) y lo que era más difícil todavía, una mayoría incontestable en el Senado (54 demócratas frente a 44 republicanos) que ha arruinando las aspiraciones del vicepresidente James David Vance de trepar a la presidencia de la Cámara para utilizarla como plataforma de lujo a la sucesión del belicoso octogenario. El cachorro Vance, abogado de Ohio, ya había demostrado una tendencia retardataria y enemiga de la Unión Europea (UE) muy del gusto de su jefe. Ahora está acabado.
La derrota de Trump y el consiguiente reequilibrio de poderes en Estados Unidos (EEUU) ha sentado muy mal a los “tecnoligarcas” que le han apoyado con cientos de millones de dólares a, cambio, lógicamente, de contratos públicos y, sobre todo, de la no regulación de su minería de datos y la producción y aplicación de esto que llaman Inteligencia Artificial (IA). Algunos “amigantes” (”amigos mangantes”, en la acepción del filósofo Emilio Lledó) han salido escaldados de su apuesta electoral. Wall Street les obsequió con un jueves negro, con incertidumbres sobre el valor de la IA, el desplome del Nasdaq un 5% en su peor jornada desde abril de 2025 y la posible corrección del índice al caer más del 10% desde sus máximos.
El mayor accionista de Tesla, la red social X y de la lanzadora SpaceX, Elon Musk, del que la prensa anotó unos donativos de 450 millones de dólares al Partido Republicano en estos comicios –205 para las campañas en Texas, el feudo republicano al que trasladó su industria desde California–, perdió en dos jornadas en la Bolsa 189.000 millones de dólares del 35% de las acciones que controla de SpaceX y del 11% de Tesla.
Escribe Anita Chabría en Los Ángeles Times: “El martes hubo muchos perdedores, incluido Trump, pero nadie perdió más que Elon Musk (…) Más allá de las pérdidas económicas, Musk debe estar preocupado por los nuevos poderes de investigación de los demócratas. Desde preguntas sobre Starlink y Ucrania hasta sus iniciativas DOGE y el posible mal uso de los datos personales de millones de estadounidenses, es probable que Musk se vea obligado a responder preguntas incómodas en los próximos meses. De este modo, también se frenará el poder de un multimillonario de extrema derecha que durante mucho tiempo ha actuado con impunidad: otra victoria inestimable para la democracia”.
Ganadores sorprendentes
Cualquier observador puede entretenerse en la letra menuda, por ejemplo, el mayúsculo triunfo del senador demócrata Talarico en Texas, mal que pese a la calderilla económica del hombre más rico del planeta, el citado Musk; el éxito del demócrata Xavier Becerra al convertirse en el primer gobernador latino de California; la fuerza de la concejala socialista Nithya Raman, sobrepasando a la alcaldesa Karen Bass para convertirse en la nueva regidora de Los Ángeles con un programa progresista equivalente al de Mandani en Nueva York… Y otros hechos tan significativos frente a la extrema derecha y el supremacismo trampista como la elección del primer senador abiertamente gay: Chris Pappas, por New Hampshire, o que la Cámara de Representantes pueda tener el primer presidente negro de su historia: Hakeem Jeffries, quien interpretó el tsunami demócrata como “el signo de que el pueblo estadounidense está harto del extremismo y ya basta de corrupción”.

Para el mundo en general y para la UE en particular, la enmienda electoral al déspota de Washington supone un respiro ante su afán y objetivo estratégico de destruir la unión económica y política, empleando para ello, de acuerdo con el ruso Putin, a la ultraderecha “nazionalista” local. No hay más que ver cómo sus líderes subordinados y sus medios de comunicación más cercanos se han quedado sin palabras. Parece que a los facciosos españoles solo les queda el botarate argentino de la motosierra talando derechos humanos y sociales.
Ganadores globales
Ha ganado el multilateralismo, el diálogo y la paz frente a la imposición, la guerra arancelaria y los bombardeos con misiles, sean lanchas o países. La guerra a traición contra Irán en plena negociación del control de su programa nuclear ha demostrado la catadura del matón de Washington. “No a la guerra, señor Trump», le dijo el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Pero ni el mandatario de color zanahoria ni su compadre el primer ministro israelí, Netanyahu, supieron contestar con cortesía. Respondieron con amenazas.
Fue el socialista español el dirigente europeo de la OTAN que más se esforzó en demostrar a Trump que no se debe abandonar a la gente, dejarla sin sanidad ni enseñanza universal para emplear en armas los impuestos que paga. A la vista del resultado pocos dudan –y entre ellos el millón de militares estadounidenses, que no son pocos– de que el joven dirigente español, perfectamente insultable, tenía más razón que un santo, a pesar de ser agnóstico.
Si el apoyo a las matanzas de Netanyahu en la Franja de Gaza ha sido el motivo moral más fuerte para el nunca más a Trump, la guerra contra Irán y las consecuencias derivadas de la carestía del petróleo por el cierre del estrecho de Ormuz han operado como motivo suficiente para botarlo. La inflación del 5% en España y en la mayoría de los países europeos es una consecuencia directa de la maldita guerra trumpista, quien, como George Bush JR en su día contra Iraq, iba ahora a democratizar Irán y a librar a sus habitantes de la dictadura teocrática de los ayatolas.
Alivio para los migrantes
En estas elecciones de medio mandato ha perdido la política de persecución a sangre y fuego de los inmigrantes hispanos. ¿Cuántos han muerto en los dos últimos años en los centros de detención y a manos del ICE? ¿Cuántos han sido torturados antes de ser expulsados? Harían falta muchas páginas para contar tanto temor, horror y crueldad. En Minnesota, la gente dejó sus pegatinas de «Yo voté» en los monumentos conmemorativos de Alex Pretti y Renee Good, ambos asesinados por agentes del ICE, al que llaman «la Gestapo de Trump».

Las midterms han servido además para demostrar la miseria y falsedad de la política migratoria –si es que así se puede llamar– del señor Trump, pues de las 680.000 expulsiones de trabajadores extranjeros sin antecedentes penales no se derivaron otros tantos puestos de trabajo para trabajadores oriundos, ni tampoco las mejorías salariales prometidas. El desempleo ha crecido durante todo el mandato de Trump, si bien en octubre registró mejores cifras. También en lo atinente a la inmigración vale recordar las palabras del presidente español Sánchez frente a Trump y sus secuaces y seguidores: «Yo nunca consideraré enemigas a las personas inmigrantes». Se espera que los demócratas obliguen a devolver a los federales del ICE a los lugares de los que nunca debieron haber salido.
Y si, con el voto de la mayoría de los ciudadanos de origen hispano, afroamericano, y de los segmentos más jóvenes de la población, han ganado las universidades, el medio ambiente frente a la negación del cambio climático y la desarticulación de las agencias encargadas de velar por el medio ambiente. También hay esperanza de que la Organización de Naciones Unidas (ONU) deje de recibir vetos y pedradas de Washington y otro tanto se podría decir de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque para ello quizá sea pronto y quizá insuficiente todavía y haya que esperar a las presidenciales de 2028. Lo que Trump y su secretario de Guerra, Pete Hegseth, un reaccionario gomoso que cambió el nombre del departamento, niega el acceso de los periodistas al Pentágono y se burla de sus generales, deberían hacer ya es ordenar el repliegue de los portaviones enviados al golfo Pérsico en agosto pasado y declarar el fin de las hostilidades con Irán. Los medios apuntan a que a Hegseth le huele la cabeza a pólvora. Trump ya no lo soporta.
Con el contundente triunfo de los demócratas gana también la limpieza y la equidad frente al latrocinio y la arbitrariedad «pro domo sua». Los demócratas tienen ahora el poder de investigar la corrupción y controlar el presupuesto gubernamental. Antes de que se conocieran los resultados ya prometían ejercerlo. Incluso el representante de California Robert García, quien presidirá el Comité de Supervisión y Rendición de Cuentas de la Cámara de Representantes, anticipó su intención de fiscalizar las cuentas de Trump y de sus agencias y departamentos.