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Sánchez frente al punitivo Trump: «¡No a la guerra!»

Luis Díez

Las amenazas comerciales del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra España porque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha permitido que utilice las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para atacar a Irán junto con su amigo el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, revelan la mentalidad imperial, patógena y mercantilista del señor de los aranceles. El presidente Trump ha de entender que los pueblos no eligen a sus gobernantes para que vayan a Washington a besarle el culo, como dijo cuando desató la guerra arancelaria, sino para que dirijan bien los países y no hagan daño. De modo que el Gobierno de España, como el de cualquier otro país soberano, tiene derecho a manifestar su posición (“No a la guerra”) ante una conflagración innecesaria y contraria a la Carta de Naciones Unidas y a la legalidad internacional.

Pero además, el Convenio bilateral de Cooperación para la Defensa entre España y EEUU (BOE núm. 108 de 6 de mayo de 1989), expresa en su breve preámbulo “el ideal común de respeto a los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley” y añade que los dos países “reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los gobiernos”. Y después de reconocer que la seguridad e integridad territorial de ambos estados contribuye al mantenimiento de la paz y la seguridad en Occidente, enseguida dispone (Art. 2.2) que “cualquier uso (de las Bases militares) que vaya más allá de los objetivos de ámbito bilateral o multilateral (OTAN) de este Convenio exigirá la autorización previa del Gobierno español”.

Trump aprovechó la visita del canciller alemán Friedrich Merz para lanzar sus amenazas contra España

Queda claro para quien sepa leer –y se supone que el señor Trump y sus hábiles diplomáticos y astutos militares saben– que la “guerra de oportunidad”, sin consulta a los aliados ni siquiera a los representantes inmediatos del pueblo estadounidense, ha sido una decisión personal del supremacista y su amigo, acusado de genocidio contra el pueblo plestino. Y que España, en cumplimiento de la letra y el espíritu del convenio, debía negarse a colaborar en el infierno que han desatado y que ya hemos comenzado a pagar. De hecho, los ataques criminales contra Irán y Líbano son tan condenables como los perpetrados por el sanguinario Vladimir Putin contra Ucrania, a la que lleva cuatro años bombardeando, con un saldo de 55.000 soldados ucranianos muertos, según los datos aportados por el presidente Volodímir Zelenski, y el triple de soldados y mercenarios del ejército ruso, según la BBC.

El señor Trump parecía enfadado cuando anunció ante el canciller alemán Friedrich Merz su intención de castigar a España por no autorizar el uso de Rota y Morón en su guerra contra Irán. “Podría parar todo lo relacionado con España, todos los negocios relacionados con España; tengo derecho a pararlo, a embargos. Hago lo que quiera con ellos y podríamos hacerlo con España. Vamos a cortar todo comercio con España”, proclamó. Luego anunció que ya ha dado la orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, para que actúe en consecuencia. Y remató; “España no tiene absolutamente nada que necesitemos, salvo gente estupenda. Tienen gente estupenda pero les falta un gran liderazgo”, concluyó. Al día siguiente, el señor Bessent salió diciendo la barbaridad de que España quiere que mueran soldados estadounidenses. Y horas más tarde, la portavoz de la Casa Blanca lanzó la versión de que el Gobierno español había modificado su posición y apoyaba la operación militar contra Irán.

Más allá de la falta de coordinación y unidad de mensaje en Wasington, la Unión Europea (UE) salió inmediatamente en defensa de España, recordando al señor Trump y a sus subordinados que las relaciones comerciales se establecen con el conjunto de la UE y no es posible aplicar vetos ni sanciones a un país miembro sin pasar por Bruselas. La normativa de la UE y acuerdo arancelario con EEUU, igual que la letra del Convenio de Defensa, es algo que el señor Trump preferiría ignorar, pero no es posible. Su ímpetu punitivo contra el dirigente español se transformó en crítica al primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, quien también evitó apoyar la operación “Furia Épica” y del que Trump dijo en tono displicente: “no estamos tratando con Churchill”, precisamente. Como es sabido, Winston Churchill, que era del Partido Conservador, luchaba para defender a su país de los ataques de los nazis, como también lo hacían decenas de miles de republicanos españoles alistados en la resistencia francesa. ¿Qué tiene eso que ver con la guerra contra el país de los ayatolas con los que EEUU negociaba hasta ayer el uso civil de la energía nuclear?

Sobre el daño comercial que Trump puede hacer a España conviene saber que las exportaciones españolas a EEUU supusieron 16.716 millones de euros de ingresos el año pasado (un 8% menos que en 2024) y las importaciones, unos pagos de 30.174,7 millones, un 7% más que el año anterior. Con esa balanza comercial tan favorable a EEUU huelga decir que la amenaza trampista perjudica más a su país. Las exportaciones españolas al país norteamericano representaron el 4,3% del importe total de las ventas españolas al exterior, que fueron 387.091 millones en 2005 y las importaciones supusieron el 6,8% de las compras al exterior, que alcanzaron 444.164,4 millones de euros.

Cierto es que EEUU ocupa el primer lugar entre los inversores en España. Los activos de empresas estadounidenses en nuestro país están valorados en unos 120.000 millones de euros, con una cifra de negocios superior a 130.000 millones y unos 270.000 empleos, según datos oficiales. Pero también España mantiene unas inversiones valoradas en 91.000 millones de euros en EEUU, que son el segundo destino de inversores españoles. Con todo, España no tiene petróleo y es también vulnerable en tecnología de vanguardia. Vale señalar que el suministro de gas licuado por parte de EEUU supone el 30% y de petroleo el 15% del consumo anual, y que la dependencia española es total en Inteligencia Artificial.

Pese a las amenazas trampistas, el Ejecutivo español mantiene el encuentro empresarial España-Estados Unidos previsto el 13 y 14 de abril en Boston, con el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, al frente de la delegación española. Las alianzas estratégicas es sectores de las ciencias de la vida, singularmente la biotecnología, parecen interesar sobremanera a los socios estadounidenses. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), las principales ofertas a las empresas españolas para participar en proyectos punteros están relacionadas con el Departamento de Guerra (El Pentágono) y las agencias encargadas de evaluar las tecnologías para mejorar las capacidades militares.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha mantenido su firmeza contra la guerra pese a las amenazas del supremacista imperial señor Trump de sancionar económicamente a España por negar las bases de Rota y Morón para bombardear Irán.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se ha mantenido firme ante el punitivo jefe de la Casa Blanca. “La posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, afirmó tajante. “Si Washington quiere cambiar su relación comercial con España, deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE.UU”, advirtió antes de reafirmar que España es “un miembro clave de la OTAN”, cumple con sus compromisos y contribuye “de forma destacada” a la defensa del territorio europeo. El Ejecutivo lo ha demostrado con el escudo antimisiles en Turquía y con la aportación de una fragata al grupo de combate francés en defensa de Chipre, el país que preside la UE este semestre. Sánchez también ha recordado que España “es una potencia exportadora de la UE y un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EEUU, con quien mantenemos una relación comercial histórica y mutuamente beneficiosa”.

Sin necesidad de las represalias de Washington, los españoles y los europeos –también los chinos– hemos comenzado a pagar la guerra de Trump y Netanyahu con el corte del suministro petrolero de los Emiratos, Catar, Kuwait y Arabia Saudita a través del Estrecho de Ormuz y el encarecimiento de los transportes y la energía. Las estimaciones inflacionarias se sitúan en el 3% a mediados de año. El mayor daño en el corte de suministros carga sobre China, que ya ha ordenado a sus refinerías que no vendan ni un litro de gasolina fuera. Y el mayor beneficio de esta guerra va a ser para Rusia, como principal suministrador de gas y petróleo a China y el sudeste asiático.

En cuanto al elemento humano, además de iraníes y libaneses, que ponen la mayoría de los muertos y desplazados por esta guerra, los más perjudicados son los trabajadores de la ribera del sur del Golfo Pérsico, en especial los emigrantes de Pakistán, India y Sri Lanka. De éste último país se cuentan 350.000 en Emiratos Árabes Unidos, 246.139 en Arabia Saudita, 175.000 en Kuwait y 140.000 en Katar, donde realizan, junto con otros emigrantes indios y pakistaníes, la mayor parte del trabajo doméstico, la hostelería, la atención sanitaria, la construcción, el transporte y la limpieza. A las autoridades srilankesas correspondió el jueves rescatar a los 130 marineros de la fragata iraní Dena, hundida por un torpedo lazado por un submarino estadounidense cuando navegaba en aguas internacionales a 2.000 millas de la costa de Irán. Solo una treintena consiguieron salvarse. La fragata había sido invitada por la Armada de India a participar en unas maniobras, junto con el buque iraní Irins Bushehr, que pudo refugiarse en un puerto de Sri Lanka con 208 militares a bordo. Fue, en fin, uno de los episodios más crueles y al tiempo más celebrados por los agresores del Pentágono y la Casa Blanca.

Mapa de los bombardeos en el Golfo Pérsico y Oriente Medio tras la operación Furia Épica de Trump