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23-F: los documentos del Golpe y alguna novedad

Luis Díez.

La histórica foto de Barriopedro con Tejero en el Congreso gritando pistola en mano: «¡Quieto todo el mundo!» Y después: «¡Todos al suelo!», seguido de un tiroteo.

Todos los ciudadanos pueden acceder desde el miércoles pasado a los documentos hasta ahora secretos sobre el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981en el sitio: https://www.lamoncloa.gob.es/Paginas/index.aspx. Es una noticia estupenda. La desclasificación fue decidida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al cumplirse el 45 aniversario de aquella intentona fascista contra la democracia y la Constitución, que apenas tenía entonces dos años y dos meses de vida. Pocas horas después del libre acceso a estos papeles las diñaba en Málaga el dañino golpista Antonio Tejero Molina.

Los documentos desclasificados permiten conocer algunos detalles de “la operación” encabezada por el trío Tejero, Armada, Milans del Bosch, para volver a la dictadura de Franco con un Rey (Juan Carlos I de Borbón) después de todo formado a la sombra del dictador y con los esquemas del Estado autoritario que en aquellos momentos se sentía harto de Adolfo Suárez y, según decían, de la debilidad de la democracia frente al terrorismo y el separatismo. Por si fuera poco, reinaba el entonces llamado “desencanto”.

“No quiero que la democracia sea otra vez un breve paréntesis de nuestra historia”, había dicho el entonces presidente Suárez unas semanas antes del Golpe, al presentar su dimisión debido, entre otras cosas, a las disensiones en su partido, la Unión del Centro Democrático (UCD). Los democratacristianos querían el poder, los socialdemócratas amenazaban con largarse y los azules iban quedado en minoría.

Los papeles nada aclaran sobre las presiones a Suárez, previas al Golpe de Estado. Pero su frase enigmática apuntaba al golpismo militar (también hablaban del “golpe de timón”) con la posible anuencia del monarca, ya enfadado desde que Suárez le pidió que se cortara un poco en sus visitas a las amantes fuera de España, pues la reina Sofía estaba enfadadísima y amenazaba con separarse y largarse a Londres con los hijos. Tamaño escándalo era lo que menos necesitaba la incipiente democracia.

Aunque nada en los documentos del Golpe desdibuja el papel del rey emérito en defensa de la democracia aquel 23-F, el solo anuncio de la desclasificación de los documentos y las grabaciones con que cuenta la Administración General del Estado, puso de los nervios a los jefes del PP, que suponían que Sánchez se disponía a dar la puntilla al monarca emérito. Nada más lejos de la verdad. Hay que ser muy cafre y muy tonto para ignorar a estas alturas que el propio Juan Carlos I sabía que se jugaba la Corona si apoyaba el Golpe y conculcaba la Constitución refrendada por los españoles tan solo dos años y dos meses antes.

Con todo, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, envistió contra Sánchez el mismo miércoles en el pleno del Congreso: “Desclasifique el accidente de Adamuz, las causas del apagón del 28 de abril, los presupuestos del Estado, los documentos policiales que advierten de la regularización de un millón de irregulares…” Ninguno de esos asuntos es secreto. Tanto da. Feijóo apeló a ETA (disuelta hace una década) y escupió: “El 23-F había un presidente del Gobierno que luchaba contra el terrorismo; usted pacta con ellos y los excarcela”.

Entonces, el presidente Sánchez, que cree que los ciudadanos tienen derecho a conocer la información sin intermediarios, replicó a Feijóo: “¿Por qué le molesta tanto que se desclasifiquen los documentos del 23-F?” Y al líder del PP se le ocurrió responder que él no iba a tardar 45 años sino 45 horas en “desclasificar la corrupción del PSOE”.

Demagogia aparte, lo cierto es que al comprobar que no hay nada en los papeles contra el Rey emérito, a Feijóo se le ocurrió pedir públicamente que vuelva de Abu Dabi, como si el 23-F tuviera algo que ver con la decisión adoptada en el año 2020 de fijar su residencia en la capital de los Emiratos Árabes Unidos, donde disfruta de una villa de lujo y no paga impuestos. La Casa del Rey no pone objeción a que vuelva si quiere, aunque “para salvaguardar la imagen de la Corona como institución, deberá recuperar la residencia fiscal en España».

El rey emérito con unos jeques en Abu Dabi. Feijóo le echa de menos y quiere que vuelva

Los documentos desclasificados confirman muchos datos ya conocidos sobre la urdimbre golpista tejida por Armada, Milans y Tejero, entre otros traidores a la Constitución y la democracia. Permiten confirmar además la implicación de los servicios secretos del Estado, el CESID, cuya Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) dio apoyo y cobertura al asalto a mano armada al Congreso por parte de los doscientos guardias civiles comandados por Tejero. Ya se recordará que los guardias irrumpieron en el hemiciclo en plena votación de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo tras la dimisión de Suárez. El segundo jefe de la AOME, capitán Francisco García Almenta, en una conversación con un subordinado dio pruebas, tres días antes, de conocer lo que iba a pasar el 23-F. ¿Cómo no lo iba a conocer si formaba parte del esquema del golpe? Y el primer jefe, comandante José Cortina Prieto, se ocupó de mantener contactos con el nuncio del Papa Juan Pablo II y con el embajador de EEUU, Terence Todman. Todo un detalle por su parte.

El informe interno sobre la implicación en el Golpe de los agentes operativos, encargado por el director en funciones del CESID, Narciso Carreras, al teniente coronel Juan Jaudenes trata de exculpar a los mandos de la AOME, aunque en el caso del “segundo JAOME”, García Almenta, resulta difícil separarle de los “hechos probados” y de la llamada “operación Mister” ordenada en la mañana del 24 de febrero para limpiar las huellas de la participación de agentes del Centro en el asalto al Congreso. Uno de los asaltantes, el capitán Sánchez-Valiente, fue visto en el interior de la sede de la soberanía popular con los golpistas por su colega Diego Camacho cuando entró aquella noche en el Congreso a recabar información. Los asaltantes le dijeron que el general Armada era el jefe de la conspiración.

Es también ilustrativo el informe del CESID sobre la “evaluación de la amenaza”, elaborado antes del Golpe y remitido después al Presidente de la Junta de Jefes Militares (el Prejujem), teniente general José Gabeiras Montero, porque demuestra la nula información del Centro sobre la amenaza golpista. No es que los espías de La Casa no olieran una, como suele decirse, es que se dedicaban a leer la prensa y a controlar a la extrema izquierda, todavía. El MC (Movimiento Comunista) les preocupaba muchísimo. Y en cuanto a la ultraderecha, ni Fuerza Nueva ni otros grupúsculos aparecían en sus análisis. Sobre los militares golpistas, ni una palabra. El principal peligro no era el Ejército sino que, aprovechando la mili, se infiltraran activistas en el Ejército y montaran grupos como la Unión Democrática de Soldados. Por lo demás, zanjaban la amenaza de involución diciendo que oscilaba proporcionalmente al terrorismo y el independentismo.

Más allá del hecho desgraciado de que el Centro encargado de informar sobre las tramas golpistas traicionara vilmente al Gobierno, hay que destacar que el comandante Cortina fue procesado cuando ya estaba en marcha el juicio de Campamento (Madrid) en el que los militares juzgaron a los militares y condenaron a veintitrés cabecillas a penas escandalosamente bajas, después revisadas al alza. Cortina salió absuelto. Y de los seis restantes implicados con pruebas y sólidas, sólo uno fue condenado a prisión. El hermano del jefe de los espías operativos, Antonio Cortina, era amigo personal de Fraga y pudo informarle sobre la trama golpista, pero nada de eso consta en los 153 documentos desclasificados.

Cierto es que Fraga aparece mencionado en los planes de los golpistas porque sectores de su partido podían apoyar el siguiente golpe, pues tras el fracaso del 23-F, los golpistas proyectaron el asalto al Palacio Real el 24 de junio, día de san Juan, cuando el Gobierno y los principales dirigentes políticos estuvieran allí celebrando la onomástica del rey Juan Carlos. En el nuevo alzamiento el Rey era el “objetivo a batir y anular” de manera inmediata y prioritaria. El informe desclasificado ahora consideraba “urgente” la toma de conciencia de que se había puesto en marcha “otra operación militar de incalculables consecuencias con González del Yerro y el aparato de Cortina”. La intentona de González del Yerro contaría también con el “sector civil próximo” al exministro y fundador de Alianza Popular, Manuel Fraga.

Claro que el inconveniente del asalto al Palacio Real iban a ser los embajadores de los distintos países acreditados en Madrid. ¿Qué hacemos con ellos?, se preguntaban los golpistas.

Los documentos aportan también una tercera acción golpista, a la que llaman “Operación Halcón”, que tendría lugar el 27 de octubre de 1982, día de reflexión ante las elecciones generales del 28 de octubre, que ganó el PSOE de Felipe González con mayoría absoluta. El golpe se camuflaría con el dispositivo de seguridad electoral –la famosa Operación Diana– entre las cinco y las seis de la madrugada con un “chispazo” simultáneo en Madrid y otras ciudades para ocupar puntos estratégicos, entre ellos, las centrales telefónicas y los medios de comunicación, y con una agrupación de comandos encargados de “neutralizar” al presidente del Gobierno, determinados ministros (Defensa, Interior, Autonomías y Exteriores) y líderes políticos como Felipe González, Santiago Carrillo y el propio Manuel Fraga.

Este proyecto fue interceptado y conocido como “golpe de los coroneles”, con los Crespo Cuspineda y otros ultraderechistas a la cabeza. Para entonces ya los servicios secretos dirigidos por el general Emilio Alonso Manglano contaban con agentes de cierta calidad. Gracias a algunos de ellos se pudo abortar el plan organizado desde el castillo de Caranza, en Ferrol, por el general Milans del Bosch, de volar con cien kilos de dinamita la tribuna real con los reyes, el jefe del Gobierno y otras autoridades durante el desfile del día de las Fuerzas Armadas en A Coruña. El desfile tuvo lugar el 2 de junio de 1985 en la avenida de Las Marinas de A Coruña. Los golpistas ya habían alquilado un establecimiento con sótano desde el que proyectaban hacer un túnel para colocar el potente explosivo concertado con un tipo de una empresa de construcción bajo la tribuna presidencial del desfile. Juan Carlos I, su esposa Sofía, las infantas Elena y Cristina, además del presidente González, el vicepresidente Alfonso Guerra, el ministro de Defensa Narcis Serra, la JUJEM y los representantes del Legislativo y el Judicial, iban a caer asesinados. ¿Saben por quién? Por ETA, iban a decir.

Lo curioso del proyectado magnicidio fue que los espías hicieron saber a Milans que conocían sus planes y el general lo desactivó a tiempo, sin ser sancionado siquiera. El golpista vivió siete años como un marajá en la prisión de Caranza, sin rejas, con vistas a la Ría de Ferrol, espacio para hacer ejercicio, bar, salón de televisión, teléfono sin límite de uso con el que llamaba a Chile y hablaba con Pinochet, mayordomo, buenos mariscos que le traía regularmente un armador, buen vino que le mandaban de Málaga y visitas sin límite temporal, entre las que se contaba, una vez al mes, una señorita que pasaba un tiempo con él en la habitación del hotel-prisión.

Muchos datos curiosos puede encontrar el lector en los papeles desclasificados, pero es comprensible que pocos parezcan nuevos. Desde el guardia que aparece metralleta en mano a la derecha de Tejero en la foto de Barriopedro (sacó el carrete escondido en el zapato) y que dijo haber disparado 19 de los 23 disparos al techo del hemiciclo (y a las cámaras de Tv), hasta el jicho que huyó con un maletín (llevaba todo el dinero que había sacado del banco y billetes de avión a Barcelona, donde se escondió), pasando por Pardo Zancada y otros autores de aquel delito de alta traición al pueblo español, casi todos han escrito libros con información más o menos deformada, según sus intereses.

Poco nuevo queda por contar. La bibliografía es ingente. Hasta 98 libros con las siglas 23-F en el título se pueden encontar en el fichero de la Biblioteca Nacional. Desde el primer libro escrito por un grupo de periodistas (José Luis Martínez, Bonifacio la Cuadra, José Ángel Esteban, Rosa López, Ricardo Cid Canaveral, Juan Van Den Einden y Fernando Jaúregui) que se encerraron en el hotel Victoria tras el fracaso del Golpe para contar lo que sabían con el título Todos al suelo, hasta el exitoso relato novelado de Javier Cercas, pasando por Manolito Martín y sus chistes del Golpe, se pueden contar unos doscientos títulos sobre aquella historia.

Lo que no sabemos, porque es imposible, es qué hubiera hecho Franco ante un golpe protagonizado por militares demócratas. Hay pocas dudas: fusilarlos. He ahí la diferencia entre el sistema democrático y el autoritario al que todavía hoy algunos quieren volver, quizá por estulticia e incluso por rebeldía, según dicen.

Míster TACO el supremacista, gran insultador

Luis Díez.

Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se permite el lujo de insultar urbi et orbe a su antecesor Barack Obama y a su esposa Michelle, subiendo a las redes sociales sus caras con cuerpos de monos, ¿a quién puede extrañar que el jugador de fútbol del Benfica, Gianluca Prestianni, haya podido repetir de viva voz el insulto racista –“¡Eres un mono!”– a su colega brasileño del Real Madrid Vinicius José Paixão de Oliveira?

Prestianni, un joven argentino de 20 años, tuvo la precaución de taparse los labios con la mano y la camiseta para insultar al contrario. Sabía que su injuria al brasileño, que acababa de marcar un golazo de los suyos, era de tinte racista (Vini es negro) y, además de ser delictiva, podía costarle una suspensión de hasta doce partidos, según el reglamento de la UEFA.

En contraste con lo que ocurre en los estadios de fútbol en los países europeos, donde los clubes, los jugadores y la mayoría de los aficionados combaten el racismo con prohibiciones y sanciones, el presidente de los EEUU insulta a y discrimina a quienes tienen una pigmentación de la piel distinta a la suya sin que nadie pueda sancionarle ni suspenderle una temporada.

Los dicterios del tipo que ocupa el cargo más alto del país más poderoso del mundo, en términos bélicos, no solo han denigrado al expresidente Obama por negro, sino también porque su padre era de Kenia (su madre de Kansas) y le consideraba un emigrante. En lo atinente al color de la piel, Trump insultó en su día a los estadounidenses cuando preguntó a su abogado Michael Cohen: “¿Hay algún país dirigido por una persona negra que no sea idiota?” (Cohen en su libro Desleal, unas memorias).

Por lo demás ya es conocido el video difundido por Trump en el que se ve a Obama siendo detenido y esposado por dos agentes del FBI. Son imágenes falsas, generadas con inteligencia artificial, lógicamente. Una secuencia con la que el supremo supremacista, sembrador de odio, ha tratado de humillar a Obama, entre otras cosas, por defender a los inmigrantes frente a la represión brutal y criminal de los agentes mal formados del ICE, ya conocidos como la Gestapo de Trump.

Lo malo de ese mandatario, ahora empeñado en sustituir a la ONU por una Junta de Paz de pago con él al frente, es que la didáctica insultante que practica se extiende por todo el planeta y alimenta a grupos de ultraderecha que se prevalen de la democracia para debilitar la democracia y liquidar derechos humanos y sociales conseguidos con sangre, sudor y lágrimas.

Ese tipo, Trump, llama shithole countries (“países de mierda”) a las naciones latinoamericanas y africanas; tilda de “despreciable” la lengua española, segunda más hablada y escrita en el país que preside; califica de “estúpidos” a los latinos; afirma que los haitianos “roban las mascotas a sus vecinos para comérselas”; denigra a los inmigrantes somalíes llamándoles “basura”; califica de “criminales peligrosos, violadores y pedófilos” a los que entran por la frontera con México; impreca por “débiles” a los gobernantes europeos. Y a alguno le llama “estúpido”.

Con un estilo insultón, prepotente y malhablado, ese presidente de EEUU lo mismo escarnece al ukraniano Volodomir Zelenski tachándole de “dictador” por no haber convocado las elecciones de 2024 (en plena guerra contra la invasión rusa), que califica de “demasiado estúpido” al presidente del banco central o Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, que arremete contra el director de cine Rob Reiner apenas unas horas después de haber sido asesinado.

La siembra de odio del todopoderoso Trump incluye el machismo y las ofensas a las mujeres. La periodista Megyn Kelly citó en una ocasión en Fox News algunos de los insultos misóginos que ese míster había lanzado contra las mujeres:“cerdas gordas”, “perras”, “vagas” y “animales repugnantes”, entre otros.

En diciembre pasado cortó a la periodista Catherine Lucey –“¡Silencio cerdita!”– cuando intentaba preguntarle sobre su negativa a publicar los archivos del pederasta multimillonario y antiguo amigo Jeffrey Epstein. Tres días después reprendió y amenazó gravemente a Mary Bruce, de la cadena ABC, a la que califico de “empresa asquerosa”, por recordar el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista saudí refugiado en EEUU y columnista del Washington Post, durante la visita a la Casa Blanca del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán. “Eres una persona terrible y una periodista terrible”, la conminó Trump con tono amenazador. Khashoggi fue asfixiado y descuartizado el 2 de octubre de 2018 en el consulado saudí de Estambul (Turquía).

Queda de relieve que cuando el magisterio de los gobernantes, comenzando por el más poderoso, es tan burdo y sañudo, resulta más difícil erradicar los insultos racistas y las demás manifestaciones de odio –también hacia las mujeres– de los lugares públicos. Como dijo el expresidente Obama, ni la burla hacia los afroamericanos ni la cruda persecución de inmigrantes ordenada por Trump se habían visto hasta ahora en EEUU como productos de la Casa Blanca. Son más propios de regímenes autoritarios que de una democracia, añadió.

Visto lo visto no es extraño que los mejores atletas estadounidenses en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina hayan manifestado su inquietud por tener que representar a su país, sumido en la profunda crisis de derechos humanos por las políticas de Trump de persecución a los inmigrantes y a la comunidad LGTBI. La campeona de esquí Mikaela Shiffrin, la snowboarder Chloe Kim y los esquiadores de estilo libre Hunter Hess y Chris Lillas se encuentran entre los que manifestaron el deseo de que su país proyecte una imagen decente.

Una imagen, por ejemplo, como la que transmitió enla última Super Bowl el deslumbrante despliegue de creatividad y hermandad americana del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el estadio de Santa Clara (California). Claro que si Trump contestó al esquiador Hess llamándolo “un verdadero perdedor”, ni siquiera asistió, como es costumbre de los presidentes, al gran partido de fútbol americano que enfrenta a los campeones de las dos conferencias. Eso no quita para que calificase la actuación de Bad Bunny, en español, de “absolutamente terrible”, “¡una de las peores de la historia!” “Una afrenta afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

Pero ¿sabéis que? Que la única encuesta publicada sobre quien representa mejor los valores americanos arrojó un 42% de opiniones a favor del cantante frente al 39% del presidente. El 20% dijo no estar seguros. El 61% de los votos favorables a Bunny fue de personas negras y el 46% de personas con raíces hispanas.

No es la primera vez que el gran insultón supremacista carga contra cantantes famosos. Por ejemplo, a Bruce Springsteen le llamó “imbécil” y “más tonto que una piedra”. Fue su respuesta a la afirmación del Boss en un concierto en Manchester de que “EEUU está en manos de una administración corrupta”. Ahora (el 31 de enero) el autor de Born in the USA (Nacido en EEUU) y auténtico icono del movimiento obrero que respalda al Partido Demócrata, ha emprendido una gira que terminará el 27 de mayo en Washington con un único objetivo: parar a Trump.

Seguro que el reverendo Jesse Jackson estaría plenamente de acuerdo con el lema de la gira del cantante: Land of Hope and Dreams (“Tierra de esperanza y sueños”), y que si pudiera, el sucesor de incansable Martin Luther King en la lucha por los derechos civiles de los pobres y los negros, asistiría a ese concierto en el pabellón Centro Unido de Chicago el 29 de abril. Pero no puede: murió el martes pasado a la misma hora que en el Estado de la Luz, en Lisboa, un jugador blanco escupía el mismo insulto de Trump a Obama contra un jugador negro. Una pena.

En el año 2000, Jackson, enviado especial para África desde 1992, recibió del entonces presidente Bill Clinton la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil del país. Dada su trayectoria de lucha contra el racismo y por la libertad y los derechos de los más humildes –también de las mujeres– quizá aquel negro que lloraba cuando por fin un hermano de color, Obama, conquistaba por primera vez la Presidencia de EEUU, en 2009, merezca a título póstumo la Medalla de Oro de una comunidad multiétnica como la madrileña.

En lugar de eso, la frutera del PP se la va a dar a TACO (Trump always coward o siempre cobarde), que es como llaman a Trump en Wall Street. Si supieran que “taco”, además de designar el sabroso plato mexicano es sinónimo en España de blasfemia vulgar, entenderían mejor la ocurrencia medallera en estos pagos.

Caminos de hierro, un siglo de dolor y progreso

Luis Díez.

Un error humano provocó en septiembre de 1976 el choque de un tren de viajeros con una máquina suelta en Rande, cerca de Vigo, con un balance de 15 personas muertas y 30 heridas/Fotos de El Faro de Vigo.

A fuer de dar vueltas al descarrilamiento y choque de trenes veloces que el 18 de enero pasado segó la vida de 46 personas junto al apeadero de Adamuz (Córdoba), uno acaba buscando comparaciones y entonces encuentra datos que documentan el hecho de que los accidentes ferroviarios han sido más frecuentes e incluso más terribles antes que después del tendido de la red de alta velocidad. El hallazgo no sirve de consuelo ante la desgracia, pero ante una derecha política que todo lo resuelve a gritos, con insultos, descalificaciones, exigencias de dimisión y amenazas judiciales, como se vio esta semana en el Congreso de los Diputados ante la comparecencia explicativa de Pedro Sánchez, y que no tiene otra política que la privatización en beneficio de allegados y amigantes (amigos mangantes en la acepción del filósofo Emilio Lledó), vale la pena centrarse en los hechos.

La naturaleza semoviente de los humanes llevó a las autoridades a proclamar 1926 como “el año del ferrocarril”. El general dictador Miguel Primo de Rivera –el mismo militar que en 1898 acompañaba a su tío cuando entregaron Filipinas y abandonaron a los soldados españoles– se sentía orgulloso del desarrollo ferroviario de la patria. Los capitales repatriados y la bonanza económica en la segunda década del siglo XX permitieron un desarrollo prodigioso de los caminos de hierro.

En 1926, hace un siglo, España ya contaba con 11.684 kilómetros de vía normal y 3.789 de vía estrecha. La Gaceta de los Caminos de Hierro contabilizaba 1.368 estaciones de vía ancha, 136 apeaderos y 915 de vía estrecha que, sumadas a las 32 terminales de funiculares y trenes cremallera, suponían 2.451 puntos de acceso a los trenes para un promedio diario de 325.000 viajeros y 116.000 toneladas de mercancías.

Las compañías ferroviarias (todas de capital privado) obtenían unos ingresos diarios de 2,4 millones de pesetas. En términos anuales, el transporte de 128 millones de viajeros y 6,76 millones de toneladas de mercancía les reportaban 870 millones de pesetas, con un beneficio neto publicado de 278 millones. Esto significa que el ferrocarril era rentable. Y lo seguiría siendo en los años treinta durante la II República, hasta que la sublevación militar fascista y la Guerra Civil (1936-39) arruinó al país.

Cierto es que el desarrollo mecánico, aunque tardío, se cobraba un alto tributo en vidas humanas. En los 16 accidentes más graves registrados en la década de 1920-30 perdían la vida la vida 188 personas. En toda la década solo hubo un año, el 1926, sin ningún accidente mortal que entintara los periódicos. Entre las mayores desgracias se contó el choque del correo Madrid-Gijón con el rápido Madrid-Coruña en la estación de Paredes de Nava (Palencia) que el 11 de julio de 1922 costó la vida a 33 personas. Y para acabar aquel año, el 22 de diciembre, un tren que llevaba soldados se estrelló con un mercancías parado en la estación de Onteniente (Valencia), con el fatal resultado de 12 muertos y más de 100 heridos.

En 1925 (9 de abril) descarriló un tren de cercanías de los Ferrocarriles Catalanes entre las estaciones de Las Planes y Sarría, causando 24 muertos y más de un centenar de heridos. Tremendo fue también el accidente que se registró en Pulpí (Almería) el 25 de mayo de 1927 cuando un tren cargado con mineral de la zona de Serón perdió los frenos y alcanzó al correo de Almendricos a Ágilas, encaramándose a los últimos vagones y provocando 21 muertos y otros tantos heridos.

Muchos accidentes registrados en aquella época eran alcances provocados por averías, descarrilamientos y obstáculos en la vía que ocasionaban paradas imprevistas. Aunque no había teléfonos móviles, en la Gaceta de los Caminos de Hierro aparecía una nota titulada El teléfono portátil en los ferrocarriles explicando que en todos los trenes se debía llevar un teléfono portátil, cuyo mecanismo y uso son muy sencillos. Se trata de una cajita con un croquis y unos hilos de alambre que se enganchan, uno en la chapa de los postes y otro, desde la cabina al raíl, formando un circuito que permite avisar de la anomalía a la estación más cercana.

El jubilado Luis Andina, antiguo ayudante del servicio eléctrico, daba instrucciones en la prensa para que cualquier viajero pudiera utilizar aquel sistema de transmisión urgente. Y añadía que “el tren que descarriló (en la línea de Cartagena) no hizo uso del teléfono, y por ello se produjo la segunda parte del suceso, lo que en otro caso no hubiera acontecido, pues no habría salido de la estación inmediata el tren que alcanzó al descarrilado. Sería, pues, muy conveniente divulgar el aviso y las instrucciones mediante cartelillos en todos los vagones, en el supuesto de que se cumpla lo prevenido y todos los trenes lleven el teléfono”.

A la izquierda, un descarrilamiento hace un siglo y a la derecha el paso de un Alvia por la curva de Angrois, en Santiago de Compostela, ante las miradas de los vecinos que acudieron a rendir homenaje a los fallecidos en el primer accidente del AVE, ocurrido en 2013, con la pérdida de 80 vidas humanas/Foto de Xoán Álvarez.

La mortandad en los caminos de hierro fue elevadísima en la década de 1930-40, con un registro de 30 accidentes mortales y 538 fallecidos. Hubo años como 1934, en pleno bienio negro, con 5 accidentes mortales y 49 muertes. Y se registraron coincidencias trágicas como dos accidentes el mismo día. Concretamente el 1 de enero de 1939 chocaban en un paso a nivel cerca de Valencia un tren de la línea de Paterna y un tranvía, ocasionando 7 muertes. Y en la misma jornada descarrilaba otro tren de viajeros cerca de Casto Urdiales (Cantabria), con el mismo número de muertos, siete.

La sublevación de los generales facciosos, encabezados por Franco, contra el sistema democrático de la II República dio lugar a la Guerra Civil (1936-39) y causó tantas tragedias ferroviarias que su relato ocuparía demasiadas páginas. Vale citar como ejemplo de desgracias la ocurrida el 9 de abril de 1936 en Vizcaya, donde un tren arrolló a decenas de personas que habían corrido a refugiarse de los bombardeos nazi-franquistas en el túnel de la línea Bilbao-Lezama, junto a la Campa de las Escuela, en el barrio bilbaíno de Uribarri. Aunque la censura de guerra impidió precisar el número de muertos, la prensa franquista habló de 16 muertos. Fue el mayor atropello de personas registrado en la historia ferroviaria española.

Otras desdichas provocadas por la situación bélica se registraron el 15 de julio de 1937 en un paso a nivel de la línea Chinchilla-Cartagena, cerca de Cieza (Murcia), cuando un tren correo arrolló a un camión militar cargado de material explosivo. Murieron 14 personas y doscientas resultaron heridas. Más terrible fue el resultado del choque de un tren incautado por los facciosos contra un mercancías que se hallaba detenido en la estación de Alanís de la Sierra (Sevilla). Ocurrió el 19 de noviembre de 1937. Murieron 72 personas, de las que 57 eran prisioneros republicanos procedentes de Euskadi que iban destinados a un campo de trabajo en Andalucía. El vagón donde los llevaban quedó aplastado.

Apenas dos meses después, el 10 de enero de 1938, la desgracia de Alanís fue superada por la explosión de un polvorín subterráneo del ejército republicano bajo la calle de Torrijos (hoy Conde de Peñalver) de Madrid. La onda expansiva se extendió por la red del Metro y afectó a cuatro trenes, con un balance oficial de 98 muertos.

Hubo muchas otros desastres y fatalidades hasta el final de la guerra e incluso después del triunfo del generalísimo Franco, como fue la explosión, el 9 de julio de 1939, de tres vagones cargados de bombas y otro material bélico, en el muelle de la estación de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). Aunque las nuevas autoridades fascistas no pudieron ocultar los efectos destructivos de la deflagración no dieron la cifra de personas muertas, que fueron en torno a un centenar, ni de heridos, que superaron los mil quinientas en la localidad.

Ya durante el franquismo no pasó año sin accidentes mortales muy graves, comenzando por el que el 3 de diciembre de 1940 costó la vida a 53 personas por el choque del expreso Madrid-Barcelona con su homologo que cubría el trayecto contrario en la estación de Velilla de Ebro (Zaragoza), siguiendo, ya en pleno desarrollismo, por los 96 muertos en los cinco accidentes registrados en 1965 y culminando el 21 de julio de 1972 con los 86 viajeros fallecidos a consecuencia del choque frontal del ferrobús Cádiz-Sevilla y el expreso Madrid-Cádiz entre las estaciones de El Cuervo y Lebrija (Sevilla).

La muerte del dictador y los años de transición a la democracia con la aprobación de la Constitución de 1978 no supusieron una mejora inmediata en la gestión de los ferrocarriles nacionalizados en 1941 con la creación de la Red Estatal RENFE, de modo que el rosario de accidentes mortales prosiguió en 1976 y los años siguientes. El de Rande, en Vigo, con 15 muertos, fue el peor aquel año. Los pasos a nivel eran una ristra interminable de desdichas, los trenes de la red de vía estrecha FEVE descarrilaban cada dos por tres y los expresos nocturnos eran los que salían peor parados cuando había accidentes, casi siempre por despistes y errores humanos.

Pero en las dos décadas finales del siglo XX y, sobre todo, a partir del ingreso de España en el Mercado Común (actual Unión Europea) se registraron grandes avances en las infraestructuras de transportes, se suprimieron cientos de pasos a nivel y en vez de comprar submarinos nucleares, como querían los aliados de la OTAN, sobre todo los franceses, el gobierno que presidía Felipe González optó por dedicar esa inversión al tendido de la primera línea de alta velocidad. Con trenes fabricados por la alemana Siemens y la francesa Alstom, que instalaron plantas industriales aquí, se inauguró en 1992 la alta velocidad española (AVE) entre Madrid-Sevilla.

El éxito del AVE para el presente y el futuro de la movilidad sostenible en nuestro país ha permitido pasar de aquellos 476 kilómetros iniciales a los 3.973,7 que hoy constituyen la red veloz (300 kilómetros-hora) más extensa de Europa y la segunda del mundo. Une más de 50 ciudades y alcanzará los 5.000 kilómetros cuando se completen los tramos en proyecto, contratación y obra. La medida de seguridad más importante ha sido la incorporación del ERTMS (European Rail Traffic Management System) que, según dice la entidad administradora de la red (Adif) mejora la seguridad, la capacidad y la interoperabilidad con el resto de redes europeas.

Fue precisamente la desconexión del ERTMS y la distracción del maquinista por una llamada telefónica del revisor lo que el 24 de julio de 2013 provocó el primer y más grave descarrilamiento del AVE en la curva de A Grandeira, a la entrada de Santiago de Compostela, con un balance trágico de 80 personas muertas y más de un centenar heridas de distinta gravedad. El segundo gran accidente, el de Adamuz (Córdoba), trece años después, se debió al descarrilamiento de un tren Iryo y el choque de un Alvia, nueve segundos después, contra los vagones que ocuparon la vía contraria. Las causas del descarrilamiento del Iryo de la empresa estatal italiana Trenitalia siguen bajo investigación y los primeros datos apuntaron a la ruptura de la vía en una soldadura.

Desde la apertura a la competencia no solo circulan por la red española los trenes de Renfe sino también los Ouigo de la francesa SNCF y los Iryo de la citada Trenitalia, con la consiguiente contención e incluso bajadas de tarifas, la popularización de los trenes veloces, pero también, con mayor fatiga de los materiales y cansancio de los metales. Aunque Adif ha incrementado el gasto de mantenimiento de la red de alta velocidad de 336,1 millones de euros en 2021 a 444,3 en 2024 y dio por renovada el año pasado la línea entre Madrid y Andalucía –en la que se produjo el accidente de Adamuz– con una inversión de 700 millones euros, parece claro que algo no se hizo bien y que fueron insuficientes las revisiones y los avisos que antes del accidente llevaron a los responsables a reducir la velocidad a 250 kilómetros-hora como máximo en ese tramo.

La tragedia de Adamuz ha estimulado la crítica y el temor de muchos ciudadanos porque el gasto en mantenimiento es menor en España al de Francia y Alemania, no solo en la red general sino también en los Rodalies de Cataluña y en la menguante red de vía estrecha. Cierto es que los países citados aplican tarifas más altas que las españolas y que el Gobierno español se ha comprometido a seguir aumentado el presupuesto y el personal para mejorar la inspección y conservación de las infraestructuras y del servicio ferroviario. Lo esencial, en todo caso, es que el salario indirecto que recibimos con un transporte decente, puntual y asequible sea compatible con la máxima seguridad. Y también que el beneficio social de los Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE) en Asturias, León y otras comunidades autónomas prevalezca frente a la tendencia a seguir eliminando las líneas con poca o ninguna rentabilidad económica.

Yolanda Gil y los ‘tecno-oligarcas’ de Internet

Luis Díez.

Ahora que algunos personajes enriquecidos con las plataformas digitales made in Usa, China y Rusia maldicen la regulación de la UE y se permiten insultar al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por exigirles responsabilidad penal para, entre otras medidas, preservar a los menores de 16 años de la basura y toxicidad en las redes sociales que ha llevado a muchos de ellos a sufrir adicción, acoso y a suicidarse, parece llegado el momento de contar la historia de Yolanda.

El tecnoligarca Musk unido con el presidente argentino Miley por la motosierra contra las políticas sociales y humanitarias y por los insultos a Sánchez

¿Por qué? Por dos motivos: porque sin investigadoras como Yolanda Gil, magnates como el neonazi malhablado Elon Musk, propietario de la red social X (antes Twitter) y donante electoral y otrora amigo y miembro del gabinete del déspota Donald Trump, carecerían de influencia. Y porque pudiendo haber sido España un puntal tecnológico, perdió esa oportunidad por mor de la ignorancia y poca visión del gobernante de turno, el estulto señor Aznar López en este caso.

La científica y profesora Yolanda Gil se licenció en Ciencias de la Computación en la Universidad Politécnica de Madrid en 1985, se fue a EEUU con una beca Fulbright y realizó el doctorado en la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh (Pensilvania), uno de los centros de investigación más destacados en el área de la robótica y computación. Tuvo la suerte de realizar sus investigaciones sobre computación e inteligencia artificial (IA) con el eminente científico Jaime Carbonell, un uruguayo ya fallecido que realizó aportaciones esenciales.

La profesora y científica de la computación y la inteligencia artificial Yolanda Gil

Con el equipo del profesor Carbonell, Gil conoció y participó en la creación de herramientas (programas) que permiten, por ejemplo, la traducción automática entre idiomas. Carbonell había creado y dirigía el Instituto de Tecnología del Lenguaje (ITL), de la mencionada Universidad. Esa institución alcanzó tal preeminencia mundial en estudios de idiomas que fue imitada en Alemania por el DFKI o Centro de Investigación Alemán para la Inteligencia Artificial, en Japón por la Universidad de Tokio y en el propio Estados Unidos (EEUU) por la Johns Hopkins de Baltimore (Maryland).

El profesor e Investigador de computación e inteligencia artificial Jaime Carbonell

Gil centró su investigación en inteligencia artificial, interfaces de usuarioingeniería del Conocimiento, flujos de trabajo científicos y en la web Semántica. Como parte de los equipos liderados por Carbonell conoció la primera traducción automática interlingüística escalable de alta precisión (1991), la primera traducción automática de voz a voz (1992). Y más tarde, la primera araña y motor de búsqueda a gran escala (1994) y el primer predictor topológico de estructura de proteínas (2005). Supo también que el aprendizaje automático moderno, conseguido por Carbonell, Michalski y Mitchell, era la herramienta esencial para los motores de búsqueda, la minería de datos y las redes sociales.

En aquellos años –última década del siglo XX– las innovaciones de Carbonell y sus investigadores del ITL darían lugar a herramientas exitosas para nuevas entidades y empresas emergentes como Carnegie Group (sistemas expertos en IA), Lycos (búsqueda web), Wisdom (optimización financiera y aprendizaje automático), Carnegie Speech (tutoría de lenguaje hablado), Dynamix (minería de datos y descubrimiento de patrones) y Meaningful Machines (traducción automática basada en contexto).

Wisdom (sabiduría), por ejemplo, permitía satisfacer los intereses de los inversores haciendo bailar sus capitales hacia las sociedades con mayor rentabilidad probable. Dynamix era esencial en la “minería de datos” y análisis Big Data para facilitar a los fabricantes, comerciantes y creadores artísticos el conocimiento de los gustos, aficiones y patrones de consumo de la gente de los distintos países y lugares, permitiéndoles tomar decisiones seguras.

Así, Amazon se convirtió a comienzos del siglo XXI en el emperador mundial del comercio porque aplicó aquella tecnología para recolectar, analizar y utilizar filones de datos. Consiguió saber cómo y en qué gastamos nuestro dinero y a partir del historial de búsqueda de las compras de millones de personas (consumidores) optimizó la cadena suministros, precios y detección de fraudes.

Y quien dice Amazon dice Netflix. La productora audiovisual triunfó gracias a la minería de datos y se ha permitido el asalto a la Warner Bros en dura competencia la Paramount, otra de las poderosas majors de la industria cultural de Hollybood (Los Ángeles-California). Los analistas de Netflix, poseedora de una base de cien millones de usuarios, estudian los comportamientos de los usuarios: gustos, géneros preferidos, tiempo que dedican a ver series y películas…, definen sus deseos y decide lo qué deben producir y con qué actores. E igualmente, el sistema Dynamix ha permitido a Apple situarse como la mejor compañía de tecnología y una de las que más clientes fieles posee en el mundo. De pronto las apps conocen a sus usuarios y éstos no pueden vivir sin sus productos Apple.

Queda, en fin, de relieve la importancia de aquellos dos inmigrantes hispanos en EEUU, el uruguayo Carbonell y la española Gil, en la digitalización de nuestro planeta. Gil se unió en 1992 a la Universidad del Sur de California (USC), con sede en Los Ángeles, como investigadora científica en el Instituto de Ciencias de la Información, fue profesora de investigación en ciencias de la computación y ciencias espaciales, directora de tecnologías del conocimiento en dicho Instituto y directora del Center for Knowledge-Powered Interdisciplinary Data en la Escuela de Ingeniería Viterbi de la USC.

Su liderazgo científico le proporcionó grandes reconocimientos y la ha llevado a presidir el grupo de inteligencia artificial de la Association for Computing Machinery (ACM) y la American Association for Artificial Intelligence (AAAI), sucesivamente. Desde 2012 y 2016 es académica de las dos instituciones respectivamente.

Más allá de los avances posteriores en IA, el relato quedaría incompleto si no recordase lo que ocurrió con aquella plataforma (y empresa) Lycos, el primer motor de búsqueda web en Internet. Lycos se instaló en la red en 1995 y llegó a ser uno de los sitios más visitados de Internet, fácilmente accesible en más de cuarenta países. Cuatro años después, en 1999, la empresa Terra, una filial recién creada de la privatizada Telefónica que presidía Juan Villalonga, amigo y antiguo compañero de pupitre del presidente del Gobierno, señor Aznar López, se apoderó de Lycos.

Fue como si Caperucita se hubiera comido al lobo (Lycos en griego significa “lobo”). Terra pretendía situarse como líder en toda América de habla hispana y en EEUU. La compañía resultante de la fusión Terra-Lycos se convirtió en el año 2000 en la tercera del mundo. Pero la aventura tecnológica española con aquella plataforma duró poco, pues el sucesor de Villalonga y también amigo de Aznar, César Alierta, ni siquiera respetó al investigador Bob Davies, quien junto con Carbonell había dirigido el proyecto y conseguido el motor de búsqueda. La prepotencia y sus hermanas mayores (ignorancia e incompetencia) acabaron entregando Lycos a la surcoreana Daum por 94,5 millones de dólares. De ese modo, el creciente negocio de las búsquedas como parte esencial de la llamada “sociedad del conocimiento” quedaría en manos de la naciente Google.

Ante la crueldad y creciente tiranía de los capitalistas encaramados a los avances científico-técnicos conseguidos, entre otros, por grandes investigadores de nuestro país y de otros de habla hispana, no vale consolarse con el quijotismo tradicional, aunque El Quijote pueda servir al presidente Pedro Sánchez para contestar a los que le insultan –“Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”–, sino actuar con inteligencia y perseverancia centradas en las cosas, no en los ladridos y la propaganda.