Archivo por meses: diciembre 2025

Los gazatíes siguen alli. Y los están matando

Luis Díez.

Antes de fin de año me llega carta de Raquel Martí, directora en España la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, la UNRWA. Me cuenta que la situación en la Franja de Gaza sigue siendo muy dura. Sus compañeros sobre el terreno la califican de “insostenible”. A la precariedad de las tiendas de campaña, único refugio de cientos de miles de gazatíes cuyas casas fueron destruidas por el ejército de Israel, se añade la meteorología adversa desde mediados de diciembre. Las lluvias torrenciales, las heladas, el frío y el fuerte viento quebrantan todavía más la salud de los niños y de la pobre gente mal alimentada y sin los medios necesarios para afrontar la especial dureza de este invierno.

Raquel tiene razón cuando dice que la atención informativa a lo que está ocurriendo en Gaza ha caído en picado desde el acuerdo de alto el fuego alcanzado el 10 de octubre. Pero la prensa digital de la Franja y las grandes agencias siguen informando sobre la penuria y las calamidades de los palestinos. Un despacho de Waffa Shurafa para Associated Press cuenta desde Deir Al-Balah que las lluvias que anegaron los campamentos provocaron también el derrumbe de edificios dañados por la guerra y dejaron al menos 22 muertos, entre los que se incluye un bebé de dos semanas. Aunque los trabajadores de emergencias piden a la gente que no se aloje en los edificios dañados, gran parte del territorio ha sido reducido a escombros. Ya en julio pasado el Centro de Satélites de la ONU verificó que el 80% de los edificios en Gaza habían sido dañados o destruidos por las bombas de Israel.

Los grupos de ayuda dicen que, a pesar de dos meses de alto el fuego, no ha llegado suficiente material de refugio a Gaza para ayudar a los palestinos a enfrentar el invierno. Las cifras del ejército israelí publicadas recientemente sugieren que no se ha cumplido con la estipulación del alto el fuego de permitir la entrada de 600 camiones de ayuda a Gaza al día, aunque el gobierno lo niega. La gran mayoría de los dos millones de personas en Gaza han sido desplazadas y sobreviven en vastos campamentos que se extienden a lo largo de la costa y entre los cascos de los edificios dañados.

Según el organismo israelí encargado de coordinar la ayuda han entrado en Gaza unas 270.000 tiendas de campaña en los últimos meses, así como artículos de invierno, equipos de refugio y suministros de saneamiento. Pero algunos grupos de ayuda como Shelter Cluster, una coalición internacional de proveedores liderada por el Consejo Noruego para los Refugiados, afirmaba hace una semana que solo habían entrado 68.000 tiendas a través de la ONU y de las organizaciones no gubernamentales y los países. Lo cierto es que, según cuenta Raquel, los casi dos millones de desplazados están sufriendo un invierno durísimo en refugios abarrotados, tiendas de campaña y a la intemperie. Y necesitan ayuda de todo tipo, desde comida y agua potable a medicinas, mantas y tiendas de campaña para el frío.

La directora de UNRWA España, que planteó el reto de lograr que 530 personas se unan a la organización solidaria antes del 31 de diciembre, añadía en su carta: “Aunque ya no aparezca en los medios, aunque muchos países miren hacia otro lado, los gazatíes siguen allí. Y los están matando”.

Desde que entró en vigor el alto el fuego, el gobierno del genocida Benjamín Netanyahu afirma que sus militares solo han atacado a militantes de Hamas. ¿Entonces ese promedio de dos niños asesinados cada día por las bombas y balazos de los soldados israelíes desde el alto el fuego del 10 de octubre es una invención de los representantes de la Agencia humanitaria de la ONU que trabaja sobre el terreno? ¿O es que en la Franja hasta los niños de pecho son de Hamas? Raquel me dice en su carta: “Luis, cada día dos niños mueren asesinados desde que se declaró el alto el fuego. ¿Era esta la paz que anunciaron? Lo que Israel sigue haciendo en Gaza es insoportable y atroz”.

Bilal Shbair informaba desde la Franja para el New York Times cómo Maysaa al-Attar, estudiante de farmacia de 30 años, murió por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Recibió un disparo en el abdomen mientras dormía en la tienda de campaña de sus padres en el noroeste de Gaza. A finales de octubre habían montado la tienda sobre las ruinas de la casa familiar. A Ali al-Hashash, de 32 años, lo mataron el 6 de noviembre a las ocho de la mañana mientras buscaba leña al este de la Línea Amarilla para calentar y cocinar para su esposa embarazada, que daría a luz en pocos días, y su hijo de 4 años. Según su padre, Hasan al-Hashash, no había gas en el campo de refugiados de Bureij donde vivían. El riesgo añadido por la llegada del frío le costó una mano el 18 de diciembre a Saeed al-Awawda, de 66 años, amigo del al-Hashash. Recibió un disparo mientras recogía leña. Los casos se suceden cada día.

La muerte puede venir por cruzar la Línea Amarilla, que es la frontera mal demarcada entre el este de Gaza, donde se ha atrincherado el ejército israelí, y la mitad occidental, donde Hamás intenta restablecer el control sobre los gazatíes. Los jefes militares israelíes aseguran que no disparan a personas desarmadas, lo cual es falso, y que si los palestinos no obedecen sus indicaciones, tienen orden de disparar al suelo como advertencia. Pero puede ocurrir, como sucedió en Nuseirat el 29 de octubre, que la muerte se produzca por parentesco, por ser padre, madre, hermano, hijo, primo… de algún supuesto activista de Hamas identificado por los israelíes y entonces, como le ocurrió a la familia Abu Dalal, ataquen con misiles durante la noche y destruyan sus hogares, dejando un saldo de 18 muertos, incluidos dos niños de tres años.

“Si la tregua lleva poco más de dos meses ¿por qué han muerto cientos de gazaties?”, se preguntaba el Times la noche de Navidad. Las autoridades palestinas han contabilizado 406 personas asesinadas por fuego israelí desde el 10 de octubre. 157 eran niños.

Termina un año de mucho sufrimiento para los palestinos. Un año en el que miles de españoles denunciaron las masacres en Gaza del único modo que podían: interrumpiendo etapas aquí y allá de la Vuelta Ciclista para que el equipo israelí del millonario Sylvan Adams, amigo y valedor del criminal Netanyahu, no pasara ni pisara las calles de nuestras ciudades. Ese equipo no se retiró, pero la Vuelta no llegó a la meta, en Madrid. La decencia cívica y el rechazo a la guerra que desde el primer momento encabezó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hicieron que millones de españoles nos sintiéramos orgullosos. Y a la poste, con Francia, Reino Unido, Canadá y otros grandes países, secundando la iniciativa española de reconocer al Estado de Palestina, y dejando en evidencia al narcisista Trump y al fatídico Netanyahu ante la Asamblea General de Naciones Unidas, se consiguió parar el genocidio y la expulsión de los gazatíes de su tierra. Pero hemos de perseverar para que no les sigan matando.

Arrojados sin piedad a la intemperie

Luis Díez.

Antes de que amaneciera aparecieron furgones con policías antidisturbios y sitiaron el antiguo instituto B9 de Badalona. El edificio estaba ocupado por cientos de inmigrantes subsaharianos (“negres del Maresme” les llaman) desde el verano de 2023 en que quedó fuera de uso. Contó Gerardo Santos en el El Periódico de Cataluña cómo un goteo de personas iban dejando el lugar unos días antes del desalojo a la fuerza. Llegó a haber unas 400 personas en este centro educativo abandonado que se convirtió en el mayor asentamiento de trabajadores inmigrantes de Cataluña.

A las seis de la mañana algunos hojalateros ya trasteaban con neveras y electrodomésticos viejos para desarmarlos y aprovechar la chatarra. Una hora después llegan los furgones de los Mossos d’Esquada. Van rodeando el instituto por las calles Tardor y Alfonso XII. Son una veintena, un despliegue en toda regla, reforzado por la Guardia Urbana. Sobre las 8:00 de la mañana, varios agentes entran a los patios y avisan a los ocupantes: “Si no salís ahora, os vamos a sacar nosotros”. Algunos aceptan la oferta, no quieren violencia. A las 8:45, los mossos rompen la primera línea de resistencia formada por activistas y comienzan a desalojar a los ocupas, que van abandonando las instalaciones sin presentar resistencia.

Es 17 de diciembre, festividad de aquel hombre al que Jesús de Nazaret resucitó diciendo: “Lázaro, ven fuera”. Por paradojas de la historia, la palabra “¡fuera!” se convierte esa fría mañana –apenas treinta horas después de las lluvias torrenciales que encharcaron Badalona– en la expresión más repetida por los policías enviados al barrio del Remedi a ejecutar el desalojo. La orden de echar a los ocupas del antiguo centro educativo se apoya en una resolución judicial que da respuesta a la demanda presentada en septiembre de 2023 por el alcalde y presidente del PP catalán, Xavier García Albiol. Este señor de ideas reaccionarias ganó las últimas elecciones municipales por mayoría absoluta con la promesa de limpiar la ciudad inmigrantes, que, según él, son delincuentes.

El operativo policial se salda con la identificación de 180 personas y la detención de diecinueve: una tiene orden de busca y captura y las otras 18 pueden tener problemas con la ley de extranjería. En resumen, casi doscientos inmigrantes quedan a la intemperie en vísperas de Navidad. El alcalde comparece más que satisfecho, triunfal, a las 11:45, ante los periodistas. Colocado detrás de un atril en el que se puede leer: “La ocupación es delito”, el señor García Albiol pronuncia algunas frases triunfantes –“Dije que echaríamos a esta gente y lo hemos hecho”, “demostramos que estamos al lado de los vecinos”, etcétera– y cuando le preguntan si va a facilitar algún refugio o alternativa habitacional a los inmigrantes desalojados, contesta: “Le corresponde a Pedro Sánchez darles techo”.

Fue un poco extraño que un político tan ducho en leyes como mostraba el letrero del atril no quisiera saber nada de sus obligaciones legales con las personas que él mismo había echado a las calles de la ciudad en pleno invierno y a las puertas de Navidad. Pero enseguida el delegado del Gobierno en Cataluña, Carlos Prieto, le recordó sus competencias en materia de servicios sociales al tiempo que consideró “bastante deplorable” que no conociera sus obligaciones. “Podría intentar resolver los problemas de los badaloneses en lugar de buscar culpables en los más vulnerales”, añadió el delegado en las redes sociales.

Aparte los doscientos expulsados, otras 150 personas habían abandonado el recinto en los últimos días. Según el alcalde, a 16 o 17 se les ofreció hospedaje temporal el mismo día del desalojo. Otras 50 personas habían pedido asistencia a los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Aunque no recibieron respuesta, García Albiol aseguró que se les hará un seguimiento. “Eso sí, no pasarán por delante de los vecinos de Badalona que llevan tiempo esperando una vivienda”, dijo para evitar equívocos. De hecho el líder del PP y único alcalde del partido conservador en Cataluña posee tan alto sentido patriótico del dinero público (los impuestos) que ha proclamado: “El Ayuntamiento no gastará ni un euro en dar techo a los inmigrantes que hacen la vida imposible a los vecinos”. Aunque parezca raro, se trata del mismo señor que figuraba en los “Papeles de Pandora” vinculado desde 2005 a una firma en el paraíso fiscal de Belice (Centroamérica) para evadir impuestos y colocar capitales fuera de España.

Poco después de conocer el desalojo de los inmigrantes, el president de la Generalitar, Salvador Illa dijo en el Parlament que “tenemos que cumplir todas las leyes, también cuando una jueza ordena un desahucio instado por el Ayuntamiento de Badalona. El Govern está acompañando para hacer las cosas bien y ha ayudando a atender a todo el mundo”. La consellera de Drets Socials, Mónica Martínez Bravo, informó de que en las últimas semanas su departamento había facilitado los “recursos adecuados” (alojamiento) a 59 personas que ocupaban el antiguo instituto.

Con todo, la mayor parte de las cuatrocientas personas que ocupaban el B9 han quedado sin techo ni refugio, sin más lugar donde sentarse, descansar, dormir, cocinar, comer, conversar, asearse, hacer sus necesidades y todo lo demás que la calle. Es como si hubieran sido condenados por decisión de un cruel regidor reaccionario y jefe del PP catalán, un Herodes actual, a sufrir las inclemencias meteorológicas de ese cielo encargado de cubrir a los que no tengan donde caer todavía vivos. Los obispos catalanes han levantado la voz contra ese proceder que tildan de inhumano y racista. Y también los relatores de derechos humanos de la ONU han condenado el desalojo y la persecución con tintes racistas de esos migrantes subsaharianos.

A todo esto conviene reseñar que el B9 de Badalona ocupa un solar en el polígono industrial del sur de la ciudad y que las cuatro naves alineadas como si fueran barritas triangulares de chocolate, con dos patios laterales, están rodeados por un muro de ladrillo enfoscado de dos metros de alto. Ni siquiera se ve a las personas que hay dentro. Los únicos vecinos a los que puede molestar la presencia de los inmigrantes (temporeros de la agricultura y la construcción, mayormente) son los residentes de una colonia de pisos humildes situados en frente, en la calle Alfonso XII y los trabajadores de las naves industriales vecinas. No constan grandes problemas de convivencia. En cambio, la decisión del regidor García Albiol, que ha destinado el solar del B9 a la construcción de un cuartel para la Guardia Urbana, verifica la técnica de “posverdad” de la A a la Z: primero se esparcen bulos demonizando a los emigrantes, se hace saber que quieren apropiarse del barrio, el pueblo, la ciudad, el país; se dice que nos están invadiendo, se mete el miedo en el cuerpo social y después se pide el voto para salvar a la patria, la identidad nacional, la idiosincrasia, las tradiciones, la cultura e incluso la religión católica mayoritaria. Y funciona.

Ahora el reaccionario regidor badalonés afirma estar cumpliendo su palabra con el desalojo del B9 y la posterior persecución de los inmigrantes, enviando a la policía local para obligarles a retirar sus tiendas de campaña, apagar las hogueras y cambiar de sitio, día tras día. Pero las entidades sociales y la oposición le reprochan que en vez de resolver el problema ha creado un “drama humanitario”. Con políticos como García Albiol y sus colegas de derecha extrema y extrema derecha, gente racista, trumpista y contraria a la diversidad humana, hasta los más pobres y precarios van a empeorar. Si encima forman parte de esos 305 millones de personas que han tenido que abandonar sus países de nacimiento para poder sobrevivir, serán sojuzgados sin piedad.

En el caso de Badalona, la resolución judicial que autorizaba el desalojo ordenaba “seguir el protocolo de asistencia para las personas sin techo de los servicios municipales”. Solo que el alcalde ignoró este precepto, lo incumplió y en vez de ofrecer asistencia a los desalojados, pronunció esa frase tan habitual en la derecha: que os dé techo Pedro Sánchez. Al tratarse de un acción planificada y no de un “caso de urgencia o emergencia sobrevenida”, no opera el convenio que obligaría al Ayuntamiento de la vecina Barcelona a colaborar en la acogida de los inmigrantes desalojados, aunque, sin ser Gaza, siempre quepa la solidaridad humanitaria.

En fin, como dice el maestro Thomas L. Friedman, los humanos tenemos la necesidad estructural y duradera de un hogar, no solo como refugio físico, sino también como ancla psicológica y brújula moral. Y cuando somos arrojados de un lado a otro como si estuviésemos en el interior de un tornado, perdemos el sentido de la orientación y tendemos a aferrarnos a cualquier cosa que nos parezca estable, aunque luego resulte que esa cosa no era más que un líder fraudulento. Con que mucho ojo. Felices fiestas navideñas.

Injerencias de Trump para dinamitar la UE

Luis Díez.

No hay semana sin sorpresa. El inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, y sus principales validos, el vicepresidente James David Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth han elaborado una nueva “estrategia nacional de seguridad” que por primera vez desde 1945 desprecia la alianza con los europeos occidentales, declara su hostilidad hacia la Unión Europea (UE) y promueve la destrucción de la unidad y de las políticas comunes de los 27 mediante el apoyo a los partidos políticos de ultraderecha en los distintos países, lo que supone una falta de respeto descarada y una injerencia electoral en la soberanía nacional de los demás.

El documento publicado el viernes 5 de diciembre por la Casa Blanca sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha suscitado gran sorpresa e inquietud en todas o casi todas las capitales europeas. “El amigo americano” ha decidido retirarse a sí mismo ese tratamiento en el cuadernillo elaborado por Trump y sus dos posibles sucesores Vance y Rubio. El documento parece emanado del Kremlin y, según el periódico alemán Der Spiegel, recoge una lista de deseos de Moscú. Es como si Trump y sus ayudantes hubieran plagiado los objetivos de Putin, pues cargan contra la UE y proponen socavar la unidad, obstaculizar sus avances y destruirla para volver a los nacionalismos estatales. Es como si los presidentes actuales de las dos grandes potencias mundiales coincidieran en este mundo con un objetivo común: hacer daño.

Del belicoso arancelario, ahora entregado al crimen y la piratería en el Caribe, los aliados europeos de la OTAN aceptaron la exigencia de aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB, es decir, más del doble de lo acordado hasta 2025. El presidente español, Pedro Sánchez, fue el único que le plantó cara y dijo “no”. ¿Por qué el 5% en armamento cuando EEUU no aporta más del 3% de su PIB? ¿Por qué la UE ha de sacrificar la enseñanza, la sanidad y otros vectores del Estado del Bienestar que le son propios para comprar armamento en EEUU y realizar inversiones allí necesarias aquí? Fueron las preguntas que formuló Sánchez ante el silencio de los demás dirigentes europeos que ahora discuten si los fondos y bienes incautados a Rusia por invadir Ucrania han de emplearse en fortalecer a Kief, parar a Putin y reparar el daño.

Vale recordar que en aquella cumbre de la OTAN el soberbio Trump amenazó a España con altos aranceles si no entraba por el aro de su voluntad. Ahora ha decidido amenazar al conjunto de la UE con una descalificación de la unidad europea y un ataque inmerecido a sus “débiles” dirigentes. En las dos páginas y media de estrategia USA hacia Europa vitupera la unión, descalifica e intenta humillar a los europeos y pronostica el final de la civilización europea en veinte años si los países no renuncian a la unidad política y económica y no siguen los postulados de la extrema derecha que Trump y sus esbirros, incluido Elon Musk, patrocinan para el viejo continente.

La mentira como arma

El nutrido grupo de farsantes multimillonarios en el poder en USA alimentan el principio de “divide y vencerás” que ya venía practicando por detrás contra la UE el cara de víbora Vladimir Putin. Se ve que a los dos amigantes (amigos mangantes), Putin y Trump, les jode, fastidia, irrita, delata y deja en evidencia el éxito económico y social (también político) de la UE de los 27 en relación con otras áreas del mundo (incluida la Federación Rusa y los EEUU) en las que la pobreza y las diferencias sociales son enormes, impúdicas y crecientes.

Pero además el documento estratégico de la Casa Blanca utiliza contra la UE un arma tan antigua como la mentira, un trato tan vulgar como el desprecio y una técnica tan manida como infundir el miedo. Desde Suz Tzu, el general chino que vivió en el siglo V antes de Cristo, es sabido que “el arte de la guerra se basa en el engaño”, no en la mentira descarada a la que apelan Trump y sus acólitos. Así, el mandatario con síndrome de Keops, sostiene que Europa está en decadencia y se refiere al “declive económico” afirmando que “la Europa continental ha ido perdiendo participación en el PIB mundial –del 25 % en 1990 al 14 % en la actualidad”, lo cual es falso.

Según el Fondo Monerario Internacional (FMI), la UE representó el 17,41% de la riqueza mundial en 2024 y su PIB supuso, según Eurostat, el 14,7% de la economía global contabilizada. Mal que pese al “declive económico” empleado como argumento por el eutrapélico Trump, los bienes y servicios de la UE supusieron el año pasado 19 billones de euros, lo que permite a los 27 países europeos figurar como la segunda potencia comercial, con el 9,2% del comercio mundial, por detrás de China (11,8%) y por delante de USA (6,8%).

Por incidir en ese “declive económico”, la UE dispone de su propio presupuesto para financiar prioridades y grandes proyectos que la mayoría de los países miembros no podrían financiar por sí solos. Posee una política agraria común que garantiza la seguridad alimentaria de la que carecen otras regiones del mundo. Y dispone de un presupuesto para el período 2021-2027 de más de dos billones de euros, superior al federal de EEUU, con un déficit público del 3,2% del PIB, inferior al estadounidense y una deuda bruta consolidada del 81% del PIB, frente al 122% de EEUU.

Con independencia de que la UE sufrió las consecuencias de la grave crisis financiera provocada por las prácticas bancarias sucias de los especuladores estadounidenses en 2008 y más tarde tuvo que idear su propia fórmula para mantener la economía y el tejido productivo tras la pandemia del coronavirus (2000-2022), los estrategas autoritarios y neofascistas en el poder en Washington se esmeran en presentar su posverdad para demostrar que la UE tiene menos futuro que un caramelo en la puerta de un colegio.

La amenaza como herramienta

La fijación de Trump y sus esbirros resulta extraordinaria. En su documento oficial afirman que “el declive económico (de la UE) se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de una desaparición de la civilización”. Es tremendo. Y añaden: “los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos; la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política; el desplome de las tasas de natalidad; y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”. Tremendo.

Queda claro que la UE como institución supranacional les fastidia. Que la unidad económica de 450 millones de ciudadanos de 27 países europeos les impide mangonear a unos y a otros por separado como sería su deseo y es su práctica en América Latina. Que las regulaciones promovidas por la propia UE y los Estados miembros para evitar los abusos de esas grandes multinacionales –incluida la X, antigua Twitter, del nazi Musk– que burlan las leyes del libre mercado (las suyas) y trasgreden los principios básicos de la dignidad humana, les irritan. Y en fin, que, según dicen, la baja natalidad y la inmigración, son las grandes amenazas para esta Europa en peligro, al borde del “colapso” y a punto de “desaparecer” como civilización. Tremendo.

Sobre la disminución de la natalidad la verdad es que la tasa correspondiente a Europa es de 1,41 mientras la de EEUU es de 1,62 hijos de media por cada mujer. Esa diferencia ligeramente superior indica que el gobierno estadounidense debería temer un “colapso de la civilización” también en su propio país.

Sobre las políticas migratorias conviene aclarar que el discurso racista y xenófobo de Trump, sus violentas redadas contra los trabajadores inmigrantes en barrios, fábricas, campos, comercios y talleres, con el empleo del Ejército –como si los miles de agentes armados del ICE fueran insuficientes–, sus encarcelamientos y deportaciones, además del profuso paquete de disposiciones negando el acceso a la sanidad, la educación y hasta la alimentación a la población inmigrante es rechazada de plano por los demócratas y por un porcentaje cada vez mayor de los republicanos. Con independencia de la manipulación política del fenómeno migratorio, está demostrado que inmigración, progreso y prosperidad son sinónimos. Y que la gobernanza común europea de la migración ha de ir más allá del simple endurecimiento de las leyes y, por supuesto, combatir la propaganda negativa que esparcen las formaciones neofascistas.

La intromisión como política

Más allá de la retórica falaz del documento estratégico de seguridad de EEUU acusando a Europa de “censura de la libertad de expresión, supresión de la oposición política (…) y pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”, se puede leer negro sobre blanco el objetivo de Washington de “cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas”. ¿Qué quiere decir esto? El New York Times entiende que el documento “deja explícito el apoyo de Washington a los partidos nacionalistas de extrema derecha de Europa”. En pocas palabras: una injerencia política y electoral en toda regla.

Antes de fijar esa y otras “prioridades para Europa” (página 26 del documento) que vienen a resumir aquel discurso amenazante del señor Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado, los redactores animan a sus aliados políticos en Europa a promover el “resurgimiento del espíritu” de los Estados-nación y dicen que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es, sin duda, motivo de gran optimismo”. O sea que para Trump y sus acólitos de Maga, incluido Elon Musk –quien en los últimos días ha pedido la desintegración de la Unión Europea–, no basta con que Europa se pague su defensa; hace falta también que se recupere de su decadencia y debilidad, debidas a su multiculturalismo, y para ello hay que apoyar a la extrema derecha como en Brasil, Honduras, Argentina, etcétera.

Tan diestros estrategas tienen un problema. Está en la página 10 de su documento, allí donde dice: “Estados Unidos trazará su propio rumbo en el mundo y determinará su propio destino, libre de interferencias externas”.

Eso está bien. ¿Entonces por qué practican la injerencia, interferencia, intromisión y otras técnicas de erosión en terceros países? La soberanía y el respeto de todos y cada uno de los países de la UE son bienes legales y morales idénticos a los que EEUU protege sin reservas frente a potencias y entidades extranjeras que socaven o busquen dirigir sus políticas. No lo olviden.

USA-Venezuela o la vida bajo amenaza

Luis Díez.

Vivir bajo amenaza es una gran putada. Sin un medidor de angustia resulta imposible saber cómo se sienten los supervivientes del genocidio en la Franja de Gaza, todavía tiroteados y asesinados por el ejército israelí. Ese medidor serviría también para cifrar la inquietud de los ucranianos de Kief, Jarkov, Donest, Odesa y otras ciudades a tiro de misil del ejército ruso desde hace más de tres años. Los canallas Netanyahu y Putin no paran de hacer daño. El corrupto Trump, cómplice del primero y beneficiado por el segundo, parece ahora empeñado en entablar su propia guerra (no sólo arancelaria) contra la Venezuela de Maduro para acabar con el régimen bolivariano y apoderarse del petroleo y los recursos naturales de ese inmenso y rico país.

Los venezolanos de la diáspora en Estados Unidos (EEUU) y en la propia Venezuela están siendo castigados por Trump a desvivir bajo amenaza. A falta de ese medidor del sufrimiento humano resulta difícil comparar la inquietud y el miedo de los que pudieron emigrar a EEUU y temen ser detenidos, encarcelados, separados de sus hijos y expulsados sin piedad, con la angustia de los que en Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maracay… temen ser bombardeados al amanecer.

En Caracas llueve mentiras. El gobierno de Trump llevaba 82 asesinados con misiles guiados contra 21 embarcaciones (lanchas con motores) hasta el viernes, 5 de diciembre. Trump y sus subordinados sostienen que esas lanchas eran operadas por narcoterroristas miembros de cárteles que transportaban drogas letales a EEUU.

Si, “narcoterroristas” como el pescador Robert Sánchez, 42 años, padre de cuatro hijos. Los cien euros al mes que ganaba con la pesca apenas llegaban para dar de comer a sus hijos. “Narcoterroritas” como Juan Carlos “El Guaramero” Fuentes, conductor de un autobús de transporte público que pasaba por una situación apurada, pues al averiarse el autobús había quedado en paro hasta el gobierno tuviera a bien arreglarlo. En paro y sin sueldo, ya que los conductores de autobús cobran una parte de la tarifa que pagan los viajeros. “Narcoterroristas” como Dushak Milovcic, de 24 años, antiguo alumno de la Academia de la Guardia Nacional de Venezuela. O como Luis “Che” Martínez, un tipo corpulento, de 60 años, que había sido pescador hasta que descubrió que ganaba más dinero con el tráfico de personas y el contrabando. Fue encarcelado en 2020 tras un naufragio en el que murieron dos de sus hijos y una nieta junto con otras veinte personas. O como otros lugareños que se jugaron la vida y la perdieron por 500 euros.

Si los espías de la CIA infiltrados en Venezuela para, según Trump, “combatir el narcotráfico”, hubieran preguntado en las pueblos de pescadores de la costa Guaira, el portavoz jefe del Pentágono, Sean Parnell, no seguiría diciendo que “nuestra inteligencia confirmó que los individuos involucrados eran narcoterroristas”. Su “inteligencia” es una mierda y miente lo mismo que hizo antes de la ocupación de Iraq. Ahora llaman “narcoterroristas” a unos simples contrabandistas y apelan al tráfico de drogas como justificación de un cambio de régimen manu militari en Venezuela.

Los periódicos con mayor credibilidad y difusión en EEUU aseguran que Venezuela solo desempeña un pequeño papel en el tráfico de drogas en América, Se basan en expertos y evaluaciones del propio gobierno estadounidense para informar de que la mayor parte de la cocaína producida en Colombia que pasa por Venezuela va hacia Europa. La cocaína colombiana que se dirige a Estados Unidos se exporta a través del océano Pacífico. Y las agencias estadounidenses han determinado que el fentanilo que tanto preocupa al matón de la Casa Blanca se produce casi en su totalidad en México, no en Venezuela, con productos químicos importados de China.

Mientras sigue lloviendo mentiras, la gente se pregunta angustiada si esa acumulación de fuerza militar ordenada por Trump en el Caribe, como no ocurría desde la crisis de los misiles frente a Cuba, será el preludio de una invasión en Venezuela o solo una estratagema para obligar al presidente Nicolás Maduro a abandonar el poder. Es sabido que el secretario de Estado Marco Rubio encabeza en la Casa Blanca la línea dura para derrocar al autócrata izquierdista al que EEUU no reconoce como presidente elegido de Venezuela y acusa de dirigir la organización “narcoterrorista” el Cártel de los Soles al tiempo que ofrece 50 millones de dólares por su cabeza.

Cómo ya se habrán percatado los espías de la CIA, el famoso Cártel de los Soles no existe. Fue una invención, un término peyorativo inventado en los años noventa del siglo pasado para referirse a mandos militares que aceptaban dinero del narco. Puesto que en vez de estrellas, los oficiales venezolanos lucen soles en la pechera, la prensa recogió la expresión popular y acuñó la etiqueta propiamente dicha. “Es como si Donald Trump clasificara el ‘Estado profundo’ como una pandilla criminal”, dice el analista Phil Gunson.

Se desconoce el contenido de la última conversación telefónica entre Trump y Maduro, pero no parece que el venezolano renuncie al poder y desaparezca, como querría el corrupto fanfarrón de Washington. El otro día, Gunson decía al New York Times: “Tengo la sensación de que, básicamente, han creado esta guerra falsa y han llegado tan lejos que ahora tienen que hacer una guerra de verdad”.

Cabe suponer que los agentes de la CIA lean la prensa de Caracas y a estas alturas sepan que “el dictador Maduro y su coro de generales”, como titulaba en El Nacional el comentarista Miguel Henrique Otero el pasado 25 de noviembre, mandan sobre unas fuerzas armadas “corroídas y corruptas” en las que se cuentan por miles los oficiales de menor rango que tienen segundos y hasta terceros empleos para sobrevivir, cuando no se dedican a distintas prácticas delictivas, especialmente la extorsión a comerciantes y trabajadores informales.

Henrique Otero pintaba un paisaje desolador: “Los equipos y armas se oxidan y se vuelven inservibles por falta de mantenimiento; el hambre y las enfermedades castigan a los cuarteles; hay 10 o 12 veces más generales que el promedio de América Latina debido a la grotesca facilidad con la que inflan las cifras de soldados y ocultan las deserciones; hablan de unas fuerzas armadas numerosas, sólidas, cohesionadas y debidamente entrenadas, cuando lo que hay es una organización que no alcanza a los 70.000 hombres, más de la mitad en funciones en la administración pública, en su mayoría desarmados (por temor a que esas armas sean usadas contra la dictadura) y en condiciones precarias”.

Con este panorama y esos uniformados hartos de salarios miserables, arbitrariedades, cuarteles en la ruina, corrupción rampante, contrabando, coimas, enchufes, privilegios, arbitrariedad, ilegalidad y colaboración con narcoguerrilleros colombianos –siempre según los comentarios del columnista mencionado–, resulta tentador suponer que la invasión del país sería un paseo militar para los marines estadounidenses desplegados en el Caribe. De hecho Trump declaró cerrado el espacio aéreo venezolano hace ya diez días. El martes pasado pidió a sus compatriotas que abandonen Venezuela, si bien, el jueves envió a Caracas dos aviones civiles llenos de deportados.

Pero mientras Rubio y los halcones del Pentágono encabezados por el lamentable secretario de Defensa Pete Hegseth, quien dio la orden de no dejar a un lanchero vivo, apuestan por la invasión, otros miembros del equipo de Trump parecen más interesados ​​en asegurar el acceso a la riqueza petrolera de Venezuela e impedir que China y Rusia se beneficien de ella. De hecho, el Tesoro de EEUU ha autorizado la entrada de al menos dos grandes petroleros con crudo venezolano desde que a finales de agosto comenzó el despliegue militar en el Caribe. El mismo poder presidencial de Washington que decretó en su día el bloqueo a Venezuela y ahora comete crímenes destruyendo lanchas con misiles en lo que considera “una guerra contra los terroristas que quieren matar a ciudadanos estadounidenses con drogas”, permite al mismo tiempo a su petrolera Chevron reanudar las perforaciones en Venezuela.

Aunque llueva mentiras no vale engañarse. Lo que Washington quiere son las reservas petroleras de Venezuela, las mayores del mundo conocidas hasta el momento. El propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, decía hace una semana en Fox News que “si ocurre algo en Venezuela podríamos ver bajar el precio del petróleo”. Se refería implícitamente a la salida de Maduro, la opción supuestamente preferida por Trump si tenemos en cuenta que durante su campaña electoral dijo estar en contra de las guerras y que según una encuesta de CBS News/YouGov, el 70% de los estadounidenses se opone a una acción militar contra Venezuela.

Las contradicciones de Trump en la supuesta lucha contra la droga quedan de manifiesto cuando un día liquida a cuatro “narcoterroristas” con un supuesto cargamento de cocaína hacia su país y al siguiente indulta al expresidente de Honduras, Juán Orlando Hernández, condenado en EEUU a 45 años de prisión por haber inundado de droga el país como socio y colaborador del capo mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán. Con el petróleo, en cambio, no hay contradicción, sino inequívoca ambición, el motor que mueve a Trump a mantener su amenaza contra los venezolanos. A todo esto, España compró a Venezuela el 4,7% del crudo que consumió el año pasado. Y la multinacional española Repsol reactivo en marzo pasado la empresa mixta creada en 2023 con la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para extender la explotación de campos petroleros.

Pero la vida bajo amenaza es también el sino de miles de venezolanos que residen en EEUU. Se estima que medio millón salieron huyendo del régimen arbitrario y represivo de Maduro y ahora sufren las inclemencias de un sujeto no menos represor y arbitrario llamado Trump que solo habla de Venezuela como fuente de drogas y migración ilegal. Con solo leer el mensaje de Trump la noche de Acción de Gracias los migrantes hispanos en general y los venezolanos en particular ya saben que ese país no los quiere y emplea a la policía y al ejército para arrestarlos en las calles, las plazas, las carreteras, las estaciones, las fábricas, los almacenes, los campos de labor, los comercios e incluso los dispensarios médicos, los colegios, los juzgados y las dependencias burocráticas para arrestarlos, encerrarlos y expulsarlos.

Redada en California de trabajadores inmigrantes

El columnista Gustavo Arellano escribió para Los Ángeles Times que la contribución del presidente Trump a la mesa del país en la cena de Acción de Gracias fue “el equivalente digital de un pastel de mierda en llamas”. Entre insultos personales contra enemigos políticos y calumnias contra inmigrantes, “esta vez Trump fue más bajo y desagradable que nunca antes; no, en serio. Cambiando libremente entre “refugiado”, “extranjero”, “migrante” e “ilegal”, declaró que la inmigración es “la principal causa de disfunción social en Estados Unidos” e insistió en que “solo la migración inversa puede curar completamente esta situación”.

Cinco días después de la famosa cena familiar, Trump decidía dejar en suspenso los permisos de residencia a inmigrantes y refugiados. En el Nuevo Herald de Miami, las reporteras Jacqueline Charles y Verónica Egui reflejaban el miedo de los inmigrantes del sur de Florida, donde las comunidades de cubanos y venezolanos son mayoría. La orden de Trump suspende la admisión de todas las solicitudes de inmigración y peticiones de asilo pendientes de personas de Venezuela, Cuba, Haiti y otros 16 países considerados de “alto riesgo”. La directiva afecta a peticiones de carta verde (residencia) y permisos de trabajo para personas con solicitudes de asilo pendientes. Los juristas la interpretan como una suspensión en toda regla de la migración legal, con la consiguiente calificación de “ilegal” para las decenas de miles de personas que están ahora en espera. Muchos venezolanos ya afrontaban una situación angustiosa por la orden de Trump de no renovar sus tarjetas de protección temporal (TPS). Ahora se enfrentan al limbo migratorio. Por si fuera poco, la administración Trump plantea la posibilidad de que inmigrantes que han vivido en EEUU durante décadas y tienen residencia permanente, conocida como green cards, puedan ser expulsados del país.

Como dice Arellano, vivir bajo un régimen que te quiere hacer desaparecer no es nada divertido. Cuando además uno es alguien cuyos mayores solían ser indocumentados y creció en un mundo donde la migra pesaba como una espada de Damocles sobre demasiados seres queridos, uno no desea esa condición a nadie.