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La Cumbre del Clima en Brasil se enfrenta a las mentiras de Trump y los negacionistas

Luis Díez

Toda la panoplia de falacias gebelianas y más está siendo empleada por farsantes de la dialéctica y la comunicación social, agitadores baratos, políticos botarates y atolondrados seguidores del mismísimo presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, para negar las evidencias del cambio climático y los efectos desastrosos de la contaminación y el calentamiento del planeta. Toda esa endiablada red de mentirosos quieren aplicarnos la “política del champiñón”, consistente en mantenernos a oscuras y suministrarnos mierda, para que no pidamos cuentas sobre el constante atentado contra el medio ambiente de su industria basada en energías fósiles y sobre su rapiña y falta de compromiso con el futuro y las generaciones más jóvenes. El negacionista Trump ha llegado a sostener que los esfuerzos para reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero son “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo”.

Esa afirmación proferida en septiembre pasado ante la Asamblea General de la ONU por el experto estafador Trump cayó como un escupitajo ante los mandatarios allí presentes de países de Polinesia y Micronesia que se están hundiendo por la subida del mar provocada por la liquidación progresiva de los polos. Pero además de asombro, provocó una seria reflexión sobre la necesidad de defender la verdad científica acerca del clima y la conveniencia de plantar cara a las mentiras de políticos y medios de comunicación más o menos corruptos y reaccionarios y siempre financiados por las empresas y corporaciones más sucias y voraces del capitalismo rampante.

Así que ahora, en Belém (Brasil), en la cumbre climática de la ONU, la COP30, se está abordando también el fenómeno de la desinformación y la intoxicación no con gases, aguas ni alimentos contaminados, sino con mentiras. Cuenta Carlos Meneses, de la Agencia EFE, que la propia COP30 ha sido víctima de noticias falsas en los meses previos y en su apertura. La narrativa toxica y las mentiras fueron denunciadas en la cumbre de líderes que precedió a la inauguración de la Conferencia. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el francés Emmanuel Macron denunciaron la ola de ‘fake news’ en torno a las discusiones sobre el calentamiento global.

Ya en el marco negociador, esta semana , unas cuatrocientas organizaciones lanzaron una carta abierta exigiendo a los gobiernos “medidas ambiciosas, robustas y vinculantes” contra esta lacra, las mentiras. De momento, un grupo de países europeos y americanos, entre los que se encuentran Brasil, Chile, Uruguay, Alemania, Francia y España, se han sumado a una declaración para promover la “integridad de la información climática”. Y también en el marco de la Conferencia, la sociedad civil brasileña ha presentado el “Diccionario de la mentira”.

Conviene saber que según ese diccionario, las mentiras pueden adquirir forma de “ataque directo” a personas e instituciones para socavar su credibilidad. Es la forma más usada por el negacionista mayor, míster Trump, en sus airados y teatrales monólogos. Luego está el llamado “greenwashing” o lavado en verde, una técnica de las empresas para simular más respeto al medio ambiente del que en realidad practican. También el “woke-washing” de determinadas compañías cuando simulan compartir causas y términos progresistas para maquillar el impacto sucio y contaminante de sus actividades lucraticas.

A esas técnicas de la mentira hay que añadir el llamado “astroturfing”o creación de organizaciones y fundaciones patrocinadas por empresas contaminantes; la “retórica anticiencia” mediante el uso de especialistas falsos o comprados para difundir teorías conspiranoicas capaces de hacer creer que el CO2 es saludable para los pulmones y fortalece a la especie humana. Y, por supuesto, “los lobbys” del petrolero y demás fuentes de energía fósil, muy contaminante, y “la propaganda” de políticos engrasados para que se asuman los argumentos negacionistas del cambio climático y se incorporen a los idearios y programas de los partidos políticos.

La finalidad de las mentiras y la desinformación sobre las causas científicamente demostradas del calentamiento global y el cambio climático, con sus efectos desastrosos, es mantener e incluso fortalecer el statu quo de la industria de los combustibles fósiles. En EEUU, por ejemplo, la patronal petrolera y carbonera pretende un nivel de protección federal equiparable a la industria del armamento, lo que supone un tratamiento legal de “sector estratégico”. Lo peor para el planeta Tierra es que con Trump en la mutilada Casa Blanca están a punto de conseguirlo.

Por seguir con el ejemplo del Trump que hace diez meses retiró por segunda vez la firma de los Acuerdos de París de 2015 contra el cambio climático y que ha disuelto los comités científicos y eliminado la división de la NASA dedicada detectar y evaluar las emisiones con efecto invernadero, al tiempo que en agosto pasado suprimió la medición y consiguiente limitación nacional de las emisiones de anhídrido carbónico por parte de la Agencia de Protección Ambiental (“La EPA cero o EPA de Trump” llamanle ahora), su negativa a dar la cara en Brasil parece debida a la evidencia de sus mentiras y la carencia de otros argumentos para justificar la insolidaridad y el daño de EEUU al planeta al no limitar sus emisiones.

Su argumento ante la Asamblea General de la ONU fue: “Todas estas predicciones hechas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por razones erróneas, estaban equivocadas. Fueron hechas por personas estúpidas que han costado fortunas a sus países y no han dado a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar”. Pues bien, esa mentira en tono bronco del negacionista jefe ni se tenía ni se tiene de pie. Basta comprobar que las emisiones netas de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) de los 27 países de la Unión Europea (UE) fueron en 2023 un 37% inferiores a las de 1990 –se redujeron de 4.872,5 millones de toneladas en 1990 a 3.160 en 2023– mientras el PIB aumentó un 68%, lo que demuestra la disociación progresiva entre emisiones y crecimiento económico.

La pregunta es si Trump miente para asustar y desacreditar a científicos y gobernantes serios y honrados o lo hace para no pagar por ser el segundo emisor mundial de malos humos, con 4.652 millones de toneladas de CO2 anuales, –más del 12% de la contaminación atmosférica del planeta–, solo aventajado por China, con 13.259 millones de toneladas-año (el 34% mundial), y seguido por la UE (3.160 millones de toneladas) Índia (2.955) y Rusia (2.015). Y la respuesta más simple es que está convencido de que la emergencia climática no afecta a su país o le importa un bledo y además miente porque puede, pues por algo es presidente de la primera potencia militar del mundo.

Entre tanto, resulta esperanzador que China vaya comprendiendo la necesidad de reducir las energías fósiles y aceptando el concepto de “crecimiento sostenible”. En ese sentido cabe señalar que su exportación de componentes para la producción de energía limpia (aérea, solar e hidráulica) ya supera los ingresos que obtiene EEUU por la venta de petróleo. Y eso contando los dividendos suplementarios del suministro a la UE tras el corte al petróleo ruso para sancionar al criminal del Kremlin por la invasión militar de Ucrania.

La delegación europea participa desde el lunes hasta el viernes en la cumbre climática de Brasil con la con la propuesta aprobada por el Parlamento Europeo de reducir las emisiones contaminantes un 90% hasta el año 2040. La cifra de referencia siguen siendo las 4.872,5 millones de toneladas emitidas por la UE el año 1990 y ya reducidas a 3.160 millones de toneladas en 2023. El pleno parlamentario aprobó el compromiso por 379 votos a favor, 248 en contra y 10 abstenciones. El PP español que lidera Feijóo y gobierna en las tres autonomías más dañadas el último año por desastres acentuados por el cambio climático –inundaciones mortales en la Comunidad Valenciana (foto) y enormes incendios, también con pérdida de vidas, en Galicia y Castilla y León– se desmarcó de los conservadores europeos y votó con la extrema derecha contra la reducción de las emisiones.

El objetivo de la UE es conseguir la “neutralidad climática” en 2050. Se trata además de “una obligación legal para todos los Estados miembros”, establecida en la Ley del Clima que ahora incorporará la enmienda sobre los objetivos intermedios y vinculantes para 2040 y el examen cada dos años del cumplimiento del objetivo. La norma también incluye la obligación de reducir, como mínimo, un 55% las emisiones netas de gases de efecto invernadero en la UE para 2030 respecto a 1990. Cierto es que con planteamientos políticos tan negativos y negacionistas como los del PP, abrazado a la ultraderecha, la recuperación de la salud del planeta sería imposible. Y las sequías, hambrunas e inundaciones provocarán más de lo que esas fuerzas falsarias y reaccionarias detestan: inmigración de millones de personas pobres en busca de un medio de supervivencia.

Trump y Netanyahu se estrellan contra la ONU

Luis Díez.

Las sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, celebradas durante la semana en su sede de Nueva York han proyectado la exigencia casi unánime al Estado de Israel de que ponga fin al exterminio de palestinos de Gaza. Incluso Donald Trump, el gran aliado y amigo del presidente israelí, Benjamín Netanyahu, se sumó al clamor de que pare la masacre. Cierto es que Trump no viene de trompa sino de “trampa” y que el potentado que preside el país más poderoso y temible del globo (en armas y capacidad destructiva) no ha alcanzado el privilegio que atribuía Albert Camus a los seres más evolucionados: ser rey de sus humores. Pero el hecho de que corrigiese a Netanyahu y anunciara que este lunes va a ponerle las peras a cuarto para que acabe con la guerra y renuncie a la anexión de la Franja, abre un rayo de esperanza de paz en Oriente Medio.

Se nota, en todo caso, que el inestable, cínico y contradictorio presidente de Estados Unidos (EEUU) no desea verse envuelto en la acusación política, de momento, de cómplice del genocidio contra el pueblo palestino. Se ve que el anfitrión de los jefes de Estado y de Gobierno asistentes a la asamblea anual de la ONU se debió de sentir altamente impresionado por la estampida de casi todas las delegaciones, menos la estadounidense, ante la presencia del criminal Netanyahu en la tribuna de oradores. Y se comprende, en fin, que un personaje que hace ocho meses anunciaba la conversión de Gaza en un territorio turístico similar a la Costa Azul francesa, con resorts, casinos y toda suerte de negocios manejados por Israel y EEUU para satisfacer a visitantes y veraneantes millonarios, haya acabado aceptando, al menos en apariencia, la realidad insoslayable.

La ONU, horrorizada por la masacre de Israel en Gaza, ha tomado nota de los crímenes de guerra y del genocidio perpetrado por orden de Netanyahu –aunque el tipo se sigue escudando en la aplicación de la ley del talión contra los terroristas de Hamas que irrumpieron en el festival de música de Reim, en territorio israelí, el 7 de octubre de 2023 y mataron, dice él, a “más de mil personas” (sobre el terreno se recogieron 364 cadáveres)–, pero también ha exigido a Trump y a los mandatarios de otros países de la OTAN que no sigan suministrando armas al genocida.

Para eso sirve la ONU, por más que Trump la ridiculice y obstaculice. Para eso, y para proyectar al conjunto del mundo el reconocimiento del Estado de Palestina que, siguiendo el ejemplo de España hace un año, han firmado ahora Francia, Portugal, Bélgica, Malta, Reino Unido, Australia y Canadá. Esa decisión significa un inequívoco apoyo a la paz y a la convivencia que han de ser negociadas entre los dos Estados soberanos e independientes en pie de igualdad. Es decir, todo lo contrario al apartheid y el gradual exterminio de palestinos que viene practicando Israel y que ha acelerado con más de 65.000 muertos por hambre, disparos y bombazos desde hace dos años para apoderarse de la Franja de Gaza. Las dos treguas y la devolución de los rehenes apresados por Hamas hace dos años le han importado una higa a Netanyahu, quien no ha dudado en romper las treguas y bombardear a los negociadores palestinos en Doha (Catar), como prueba de que su estrategia es el exterminio.

La semana de la diplomacia por excelencia ha servido también para que Trump exhiba su absoluto desprecio a la diplomacia, precisamente. El mandatario venía de presidir el homenaje multitudinario a su amigo y valedor ultra ortodoxo del movimiento MAGA, Charlie Kirk, celebrado en Arizona. Acababa de proclamar su “odio a los oponentes”, en contraste con el mensaje de Erika, la viuda de Kirk, quien dijo que perdonaba al asesino de su marido y afirmó que “la respuesta no es el odio, sino el amor”. Se colocó en la tribuna de oradores y con un tono ora irritado, ora irónico y burlesco, perpetró un monólogo plagado de falsedades, dicterios y reproches al resto de los países occidentales, sobre todo, por no secundar sus políticas de persecución de los inmigrantes y por seguir primando las energías limpias y renovables para preservar la vida frente a la amenaza catastrófica del calentamiento global y el cambio climático.

El primer ataque de un airado Trump fue contra la ONU, precisamente, a la que acusó de no servir a la paz y no ofrecer más que “palabras vacías”. Ante el pasmo de muchos jefes de Estado y de Gobierno lanzó su consabida bola molondrónica: “Acabé con siete guerras, negocié con los líderes de todos y cada uno de estos países y ni siquiera recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndose a ayudar a cerrar un acuerdo”. Y a falta de otro recurso, aprovechó la circunstancia de que una escalera mecánica se paro mientras subía su esposa Melania y el hecho de que el cristal invisible que permite leer los discursos sin hacer el pajarito tuviera poca nitidez, para rematar su invectiva: “Estas son las dos cosas que recibí de las Naciones Unidas: una mala escalera mecánica y un mal teleprompter. Muchas gracias”.

Como es sabido, Trump retiró a EEUU de organismos de Naciones Unidas como la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos y canceló su aportación para la cooperación y el desarrollo, así como la ayuda contra el hambre y la acción humanitaria a favor de los refugiados y desplazados por las guerras, tiranías y catástrofes. Al igual que ya hizo en su primer mandato, también se retiró de la Organización Mundial de la Salud. Eso sin contar que EEUU ha dejado de pagar sus deudas a la organización desde que Trump asumió el cargo en enero y que aún tiene atrasos de 2024. Por si fuera poco, el campanudo presidente está aplicando una política de visados miserable y selectiva, como corresponde al individuo que dice odiar a sus oponentes. Así, ha impedido al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, asistir a las sesiones de la Asamblea General y ha impuesto restricciones a la representación iraní.

En este punto, cabe añadir que Trump y sus subordinados sopesan estos días la retirada del visado al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero ante la previsión de que actúe de mediador de las negociaciones en suelo estadounidense para una cambio tranquilo en Venezuela que facilite la retirada del actual presidente Nicolás Maduro. Como es sabido, Trump tacha de “narcotraficante” a Maduro, le acusa de enviar terroristas a EEUU disfrazados de inmigrantes y ha ofrecido 50 millones de dólares de recompensa a quien facilite su detención. Esa cifra duplica la que George W. Bush ofrecía por la captura de Osama bin Laden tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Además de la evidente burla de los usos diplomáticos al utilizar la tribuna de la ONU para arremeter contra la propia institución, a la que también acusó de propiciar la inmigración ilegal (“invasión” le llamó) por ayudar a los refugiados, el mandatario estadounidense laminó el protocolo diplomático no escrito del organismo multilateral al citar los nombres de los países a los que criticó, caso de Alemania y Reino Unido por sus políticas de energía verde, de Grecia y Suiza por permitir la entrada de inmigrantes y de Brasil por lo que calificó de “censura y represión”, en referencia a la reciente condena a 27 años de prisión de su amigo el expresidente Jair Bolsonaro por la intentona golpista de 2022, cuando apeló a las Fuerzas Armadas para evitar la toma de posesión de Lula da Silva como nuevo presidente tras ganar las elecciones.

Luego ya, según Trump “el cambio climático es la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo” y la inmigración “un ataque contra los países occidentales y sus fronteras”. Se puso varias medallas por sus redadas contra los inmigrantes, sus logros económicos (con datos falsos) y sus políticas negacionistas, promotoras de los combustibles fósiles y concluyó: “O siguen mi ejemplo o sus países se van al infierno”. La mayoría de los intervinientes evitaron responder al monólogo trumpista, de casi una hora de duración, y, como hizo el rey Felipe VI, destacaron el papel de la ONU y abogaron por la paz y el diálogo multilateral. Al presidente colombiano, Gustavo Petro, quien refutó las afirmaciones de Trump sobre los supuestos narcotraficantes venezolanos bombardeados por la armada estadounidense en el Caribe y pidió a los soldados que no obedezcan las órdenes de disparar, le retiraron el visado.