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Míster TACO el supremacista, gran insultador

Luis Díez.

Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se permite el lujo de insultar urbi et orbe a su antecesor Barack Obama y a su esposa Michelle, subiendo a las redes sociales sus caras con cuerpos de monos, ¿a quién puede extrañar que el jugador de fútbol del Benfica, Gianluca Prestianni, haya podido repetir de viva voz el insulto racista –“¡Eres un mono!”– a su colega brasileño del Real Madrid Vinicius José Paixão de Oliveira?

Prestianni, un joven argentino de 20 años, tuvo la precaución de taparse los labios con la mano y la camiseta para insultar al contrario. Sabía que su injuria al brasileño, que acababa de marcar un golazo de los suyos, era de tinte racista (Vini es negro) y, además de ser delictiva, podía costarle una suspensión de hasta doce partidos, según el reglamento de la UEFA.

En contraste con lo que ocurre en los estadios de fútbol en los países europeos, donde los clubes, los jugadores y la mayoría de los aficionados combaten el racismo con prohibiciones y sanciones, el presidente de los EEUU insulta a y discrimina a quienes tienen una pigmentación de la piel distinta a la suya sin que nadie pueda sancionarle ni suspenderle una temporada.

Los dicterios del tipo que ocupa el cargo más alto del país más poderoso del mundo, en términos bélicos, no solo han denigrado al expresidente Obama por negro, sino también porque su padre era de Kenia (su madre de Kansas) y le consideraba un emigrante. En lo atinente al color de la piel, Trump insultó en su día a los estadounidenses cuando preguntó a su abogado Michael Cohen: “¿Hay algún país dirigido por una persona negra que no sea idiota?” (Cohen en su libro Desleal, unas memorias).

Por lo demás ya es conocido el video difundido por Trump en el que se ve a Obama siendo detenido y esposado por dos agentes del FBI. Son imágenes falsas, generadas con inteligencia artificial, lógicamente. Una secuencia con la que el supremo supremacista, sembrador de odio, ha tratado de humillar a Obama, entre otras cosas, por defender a los inmigrantes frente a la represión brutal y criminal de los agentes mal formados del ICE, ya conocidos como la Gestapo de Trump.

Lo malo de ese mandatario, ahora empeñado en sustituir a la ONU por una Junta de Paz de pago con él al frente, es que la didáctica insultante que practica se extiende por todo el planeta y alimenta a grupos de ultraderecha que se prevalen de la democracia para debilitar la democracia y liquidar derechos humanos y sociales conseguidos con sangre, sudor y lágrimas.

Ese tipo, Trump, llama shithole countries (“países de mierda”) a las naciones latinoamericanas y africanas; tilda de “despreciable” la lengua española, segunda más hablada y escrita en el país que preside; califica de “estúpidos” a los latinos; afirma que los haitianos “roban las mascotas a sus vecinos para comérselas”; denigra a los inmigrantes somalíes llamándoles “basura”; califica de “criminales peligrosos, violadores y pedófilos” a los que entran por la frontera con México; impreca por “débiles” a los gobernantes europeos. Y a alguno le llama “estúpido”.

Con un estilo insultón, prepotente y malhablado, ese presidente de EEUU lo mismo escarnece al ukraniano Volodomir Zelenski tachándole de “dictador” por no haber convocado las elecciones de 2024 (en plena guerra contra la invasión rusa), que califica de “demasiado estúpido” al presidente del banco central o Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, que arremete contra el director de cine Rob Reiner apenas unas horas después de haber sido asesinado.

La siembra de odio del todopoderoso Trump incluye el machismo y las ofensas a las mujeres. La periodista Megyn Kelly citó en una ocasión en Fox News algunos de los insultos misóginos que ese míster había lanzado contra las mujeres:“cerdas gordas”, “perras”, “vagas” y “animales repugnantes”, entre otros.

En diciembre pasado cortó a la periodista Catherine Lucey –“¡Silencio cerdita!”– cuando intentaba preguntarle sobre su negativa a publicar los archivos del pederasta multimillonario y antiguo amigo Jeffrey Epstein. Tres días después reprendió y amenazó gravemente a Mary Bruce, de la cadena ABC, a la que califico de “empresa asquerosa”, por recordar el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista saudí refugiado en EEUU y columnista del Washington Post, durante la visita a la Casa Blanca del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán. “Eres una persona terrible y una periodista terrible”, la conminó Trump con tono amenazador. Khashoggi fue asfixiado y descuartizado el 2 de octubre de 2018 en el consulado saudí de Estambul (Turquía).

Queda de relieve que cuando el magisterio de los gobernantes, comenzando por el más poderoso, es tan burdo y sañudo, resulta más difícil erradicar los insultos racistas y las demás manifestaciones de odio –también hacia las mujeres– de los lugares públicos. Como dijo el expresidente Obama, ni la burla hacia los afroamericanos ni la cruda persecución de inmigrantes ordenada por Trump se habían visto hasta ahora en EEUU como productos de la Casa Blanca. Son más propios de regímenes autoritarios que de una democracia, añadió.

Visto lo visto no es extraño que los mejores atletas estadounidenses en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina hayan manifestado su inquietud por tener que representar a su país, sumido en la profunda crisis de derechos humanos por las políticas de Trump de persecución a los inmigrantes y a la comunidad LGTBI. La campeona de esquí Mikaela Shiffrin, la snowboarder Chloe Kim y los esquiadores de estilo libre Hunter Hess y Chris Lillas se encuentran entre los que manifestaron el deseo de que su país proyecte una imagen decente.

Una imagen, por ejemplo, como la que transmitió enla última Super Bowl el deslumbrante despliegue de creatividad y hermandad americana del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el estadio de Santa Clara (California). Claro que si Trump contestó al esquiador Hess llamándolo “un verdadero perdedor”, ni siquiera asistió, como es costumbre de los presidentes, al gran partido de fútbol americano que enfrenta a los campeones de las dos conferencias. Eso no quita para que calificase la actuación de Bad Bunny, en español, de “absolutamente terrible”, “¡una de las peores de la historia!” “Una afrenta afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

Pero ¿sabéis que? Que la única encuesta publicada sobre quien representa mejor los valores americanos arrojó un 42% de opiniones a favor del cantante frente al 39% del presidente. El 20% dijo no estar seguros. El 61% de los votos favorables a Bunny fue de personas negras y el 46% de personas con raíces hispanas.

No es la primera vez que el gran insultón supremacista carga contra cantantes famosos. Por ejemplo, a Bruce Springsteen le llamó “imbécil” y “más tonto que una piedra”. Fue su respuesta a la afirmación del Boss en un concierto en Manchester de que “EEUU está en manos de una administración corrupta”. Ahora (el 31 de enero) el autor de Born in the USA (Nacido en EEUU) y auténtico icono del movimiento obrero que respalda al Partido Demócrata, ha emprendido una gira que terminará el 27 de mayo en Washington con un único objetivo: parar a Trump.

Seguro que el reverendo Jesse Jackson estaría plenamente de acuerdo con el lema de la gira del cantante: Land of Hope and Dreams (“Tierra de esperanza y sueños”), y que si pudiera, el sucesor de incansable Martin Luther King en la lucha por los derechos civiles de los pobres y los negros, asistiría a ese concierto en el pabellón Centro Unido de Chicago el 29 de abril. Pero no puede: murió el martes pasado a la misma hora que en el Estado de la Luz, en Lisboa, un jugador blanco escupía el mismo insulto de Trump a Obama contra un jugador negro. Una pena.

En el año 2000, Jackson, enviado especial para África desde 1992, recibió del entonces presidente Bill Clinton la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil del país. Dada su trayectoria de lucha contra el racismo y por la libertad y los derechos de los más humildes –también de las mujeres– quizá aquel negro que lloraba cuando por fin un hermano de color, Obama, conquistaba por primera vez la Presidencia de EEUU, en 2009, merezca a título póstumo la Medalla de Oro de una comunidad multiétnica como la madrileña.

En lugar de eso, la frutera del PP se la va a dar a TACO (Trump always coward o siempre cobarde), que es como llaman a Trump en Wall Street. Si supieran que “taco”, además de designar el sabroso plato mexicano es sinónimo en España de blasfemia vulgar, entenderían mejor la ocurrencia medallera en estos pagos.

Trump quiere ir al cielo con la maldad por delante

Luis Díez.

El otro día, al escribir sobre la beligerancia del presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contra los Estados que adoptan medidas para reducir la contaminación y frenar el cambio climático, olvidé mencionar la rescisión del programa de la NASA que observa e investiga las emisiones contaminantes de los combustibles fósiles y su efecto invernadero. Trump ha eliminado sin palabras ese programa. Ha dejado sin empleo a un centenar de científicos por la vía de hecho: suprimiendo el presupuesto. El “negacionista” (una desgracia para el planeta) evita de ese modo la difusión periódica de los malditos informes sobre la pérdida de bosques, fugas de metano, disminución de los casquetes polares y otras evidencias que niega.

No le gusta que la realidad le lleve la contraria. Por eso destituyó en julio pasado a la directora de la agencia que mide los datos de empleo, Erika McEntarfer. Él, el todopoderoso Trump había anunciado que su mandato era excelente para la creación de empleo, pero los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales negaban su afirmación y demostraban la desaceleración de la contratación. Solución: cesar a la directora y tacharla de enemiga política.

Derechos humanos cero

Le fastidia que le acusen de ser cómplice, amigo y aliado de mandatarios que conculcan los derechos humanos. Por eso el secretario de Estado Marco Rubio ha desmantelado las principales oficinas del departamento que supervisaba los derechos humanos, la democracia y las cuestiones laborales. Este año Rubio no ha presentado la evaluación anual ni escrito el prefacio del informe, como hacían sus predecesores. Por supuesto, el genocidio en Gaza no existe. El dossier que el año pasado consignaba los miles de muertos y heridos civiles causados en la guerra de Israel contra Hamas en Gaza, así como los desplazamientos forzosos de palestinos y la crisis humanitaria, ha quedado en blanco este año. El hambre como arma de guerra tampoco se menciona en el nuevo informe.

Según Josh Paul, exfuncionario de la oficina del Departamento de Estado que supervisa las transferencias de armas, el informe sobre derechos humanos “se puede resumir en pocas palabras, más de las que al parecer se usaron para escribirlo: pocas verdades, muchas medias verdades y nada parecido a la verdad”. Paul dimitió en señal de protesta contra el suministro de armas a Israel por parte del gobierno de Biden. En declaraciones al periodista Edward Wong para su crónica en New York Times del 14 de agosto, añadió que “las agendas políticas tienen prioridad sobre los hechos” y calificó el primer informe del nuevo mandato del valedor de Netanyahu y aspirante al Nobel de “producto muy abreviado, más propio de la propaganda soviética que de un sistema democrático”.

Acusaciones con falacias

Trump también rechaza la neutralidad de las instituciones comunes. Por eso ha ordenado a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, que abandone el cargo y le ha buscado las vueltas hasta acusarla de un supuesto delito de “fraude hipotecario”, un montaje ruin y estúpido de la ultraderecha (¿les suena?) para echarla. Pero ha pinchado en hueso, pues Cook ha recurrido contra el ardid de Trump y sus secuaces. La intriga es apasionante y los jueces resolverán el suspense sobre si la Fed conservará la neutralidad con la que fue diseñada por el Congreso hace 112 años.

Ya es sabido que Trump quería echar al presidente de la Fed o banco central, Jerome Powell, desde que empuñó el poder, en enero pasado, porque Powell se negaba (y sigue negando) a reducir los tipos de interés al 1,3% como quería el presidente, sin importarle que se disparase la inflación. Al no poder destituir a Powell ideó la estrategia de controlar la junta de gobierno de la Fed con los votos de los dos consejeros que nombró en su mandato anterior (2016-20) y de otro que designó en agosto para sustituir a una dimisionaria.

Sólo le faltaba un voto para dominar la junta (4-3). Entonces encontró el “vellocino de oro” (Se pirra por el oro). Se lo proporcionó el acólito y adulador ultraderechista William J. Pulte, un importante constructor al que Trump nombró director de la Agencia Federal de Financiación de Viviviendas. Éste esbirro acusó de “fraude de ocupación” o “fraude hipotecario” nada menos que a la gobernadora de la Fed, Lisa Cook. Y tras la acusación judicial, Trump le mandó una carta exigiendo su dimisión inmediata. A continuación los ultras del MAGA armaron un buen escándalo en las redes sociales como si quisieran demostrar que sus líderes luchan contra la corrupción.

Las acusaciones de Pulte-Trump pretenden denigrar a Cook, designada en su día por la administración de Obama. Según el columnista de negocios del periódico Los Ángeles Times, Michael Hiltzik, los febriles comentarios de Pulte y los seguidores del MAGA contra ella no difieren de la burda difamación política, algo muy practicado en España por el PP y la ultraderecha contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El objetivo es el mismo: destruir al adversario, tacharle de corrupto, arruinar su reputación, provocar su cese. En el caso de Cook tienen un problema. Como informa Hiltzik basándose en reconocidos expertos financieros, el “fraude hipotecario” se produce cuando se declara que la hipoteca es para adquirir la residencia habitual, con el fin de obtener mejores condiciones.

Por lo general, a los prestamistas (la banca) les interesa muy poco ese detalle. Lo que les importa es la solvencia, los avales y garantías del hipotecado. Luego si reside habitualmente en la vivienda, tanto da, siempre y cuando haga frente a los pagos. Sin embargo, los términos “fraude de ocupación” sugieren la comisión de un delito que no es tal. En el caso de que lo fuera, la gobernadora Cook no incurrió en él ni en la otra figura asociada, el supuesto “fraude hipotecario”, ya que ni mintió para obtener ventajas en los tipos de interés ni las obtuvo ni ha tenido una conducta reprochable.

La gobernadora suscribió en 2021 tres hipotecas, una a 15 años, cuando la tasa de interés no llegaba al 2,5% y dos a 30 años, cuando las tasas oscilaban entre el 2,7 y el 3,05%. Si, según la acusación de Trump y sus ultras, alegó que todo era para su vivienda principal, no parece que la señora Cook haya obtenido una tasa preferencial, pues le dieron el prestámo a 15 años al 2,5 y los dos a 30 años al 3,25% y al 2,85%.

Represalias programadas

Pero el hallazgo del “vellocino de oro” ha llevado al inefable Trump a promover acusaciones judiciales por similares delitos supuestos contra el senador demócrata Adam Schiff y la fiscal general de Nueva York, Leticia James. El primero es un adversario político de peso y la segunda ganó una condena de Trump por fraude hipotecario precisamente. Cierto es que la semana pasada el tribunal retiró la multa de 500 millones de dólares, pero mantuvo la condena por fraude. Él sí mintió en la valoración de activos para obtener créditos. Con razón dice el refranero español: “Piensa el ladrón que todos son de su condición”.

En la lista de tipos con cuentas pendientes, esta semana le ha tocado el turno a John Bolton. Trump ha enviado al FBI a registrar su casa en las afuera de Washington. El asalto al domicilio de su antiguo colaborador se convirtió, en palabras del corresponsal del New York Times, Michael S. Schmidt, en un ejemplo de represalia e intimidación para los críticos de Trump. Aunque no está claro qué pruebas presentó el Departamento de Justicia para convencer a un juez federal de que aceptara la orden de allanamiento, Bolton ha estado sometido a una investigación intermitente sobre si manipuló indebidamente información clasificada cuando fue asesor de seguridad nacional de Trump durante su primer mandato, entre abril de 2018 y septiembre de 2019.

No se puede decir que Bolton sea precisamente un angelito de ese cielo al que Donald quiere ir https://www.nytimes.com/es/2025/08/25/espanol/opinion/trump-cielo-esclavitud.html, pero cuando contó sus experiencias en el libro The Room Where it Happened (La habitación donde ocurrió) dijo que Trump era un líder mal informado y con instintos autoritarios. El experto veterano en política exterior y de seguridad discrepó del enfoque de las relaciones de Trump con Putin y fue cesado. Más tarde, ante las elecciones de 2024 Bolton reiteró que Trump no era apto para ser presidente. Pero Trump ganó y Bolton sufre las represalias. Incluso el director del FBI, Kash Patel, antiguo servidor del presidente celebró hace siete meses, cuando fue nombrado, el programa de represalias de Trump.

Sobre estas líneas, de arriba abajo y de izquierda a derecha, Josh Paul, exfuncionario que denunció la venta de armas a Israel y critica la supresión de las atrocidades en Gaza del informe sobre Derechos Humanos. Erika McEntarfer, directora de la Oficina de Estadística Laboral, cesada por Trump. Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal, acusada con falacias para facilitar el intento de Trump de despedirla. Y John Bolton, antiguo asesor de Trump, registrado por el FBI como presunto ladrón de documentos clasificados, una acción en la que sí incurrió el presidente, quien se llevó documentos a su mansión de Mar-a-Lago al acabar su primer mandato. .





Trump (3) o los primeros cien días de daño del necio

Madrid.–Luis Díez

Ahora que se van a cumplir cien días de la llegada (por segunda vez) de Donald Trump a la Casa Blanca, los grandes medios de comunicación estadounidenses preparan balances y encargan encuestas sobre la gestión del presidente. Algunos formulan preguntas a sus lectores. El USA Today quiere saber cuantos están de acuerdo con lo que hace el presidente y si les parecen bien o mal sus decisiones económicas. A la hora de hacer un balance de los primeros cien días del “agente naranja”, alias Elnecio, mi amigo Willer se inclina por abreviar al máximo: contar lo que ha hecho bien. Pero la importancia del daño merece un cierto recorrido. El columnista del Wall Street Journal Karl Rove titulaba su análisis del día de Jueves Santos: “Estados Unidos se cansa de Trump” y destacaba que “su ritmo frenético y su falta de concentración dejan preocupados y confundidos a muchos votantes”. Rove es un tipo piadoso.

Elnecio bautizó el 2 de abril como “el día de la liberación”. Rodeado de su corte de secretarios y altos cargos en función de palmeros, anunció en el jardín de la Casa Blanca la imposición de aranceles a todas las mercancías que entraran en Estados Unidos (EEUU) desde cualquier punto del planeta. La tarifa básica del 10% para todos se incrementaba hasta el 145% del precio del producto si procedía de China y también castigaba de una manera especial a Japón y a la Unión Europea (UE). Previamente había firmado órdenes ejecutivas para aplicar aranceles del 25% a los automóviles y sus componentes, así como a los metales más empleados en la construcción y la industria: hierro, acero, aluminio.

Con un batiburrillo plagado de mentiras a modo de discurso, Elnecio justificó su declaración de guerra comercial por el daño que el libre comercio hace a la industria y a la balanza comercial de su país. Mintió sobre el desequilibrio con la UE al no incluir los servicios en la balanza de pagos. Pero al margen de esa y otras consideraciones, el derrumbe de las bolsas de valores fue la respuesta más contundente registrada desde el crack de 1929. Las 500 personas más ricas del planeta, según Bloomberg, perdieron 536.000 millones de dólares en las dos jornadas siguientes al “día de la liberación”. Era la mayor pérdida de riqueza jamás registrada en 48 horas. Entre esos multimillonarios se hallaba el grupito de magnates que apoyó al “agente naranja”, asistió a su toma de posesión o contribuyó a su campaña y entronización.

En lo que el patrimonio neto de los oligarcas más ricos del mundo que ahora gobiernan el país más poderoso de la tierra –léase Elon Musk, Jeff Brezos y Mark Zuckerberg– se desplomaba, al caos bursatil iba seguido del incremento del coste de la deuda. El bono a diez años alcanzaba un interés del 5% debido, según los analistas, a la pérdida de credibilidad del país, algo insólito. Entonces Elnecio intentó calmar la situación anunciando una moratoria arancelaria de noventa días en la que estamos. Justificó, no obstante, ese trimestre de gracia diciendo que se necesita tiempo para recibir a los gobernantes de los 75 países que hacen cola para negociar o, según sus palabras, “que han pedido venir a besarme el culo”.

El matonismo reaccionario y soez de Elnecio, que enseguida se apiadó de las grandes tecnológicas de EEUU que fabrican en China y suprimió los aranceles a teléfonos, chips, ordenadores, televisores, etcétera, ha contagiado a algunos de sus colaboradores. Eso se deduce de los denuestos de Musk contra Peter Navarro, el principal asesor de Trump en comercio exterior, al que tildó de “auténtico imbécil” y “más tonto que un saco de ladrillos”. La bronca empezó cuando Navarro dijo en una televisión que Musk, el propietario de Tesla, “no es un fabricante, sino un ensamblador de autos” en su planta de Austin (Texas). Navarro abundó en que los motores que recibe (sistemas eléctricos y baterías) proceden de Japón y de China, la electrónica viene de Taiwán…” El humor de Musk, que también es dueño de X (antes Twitter) y la lanzadera espacial SpaceX, estalló como un huevo podrido. Le llamó “imbécil”, dijo que sus afirmaciones eran falsas y aseguró que “Tesla tiene la mayor cantidad de autos fabricados en EEUU”. La polémica siguió varios días en las redes sociales. Un usuario que compartió un video de Navarro sobre los aranceles y dijo que le parecía un experto fiable, pues Navarro es doctor en economía de Harvard, la universidad más prestigiosa del mundo occidental, se encontró esta respuesta de Musk: “Un doctorado en Economía de Harvard es algo malo, no bueno”.

Con todo, el multimillonario Musk, el tipo más rico del mundo, al que Trump colocó al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, deja ya su cometido. Según algunos periódicos de Wasington y Nueva York, abandonará en fechas próximas su colaboración con Elnecio después de haber despedido a más de 150.000 funcionarios y recortado especialmente los programas de sanidad, educación y seguridad social. Eso sí, los mismos medios afirman que Musk seguirá siendo amigo de Trump, quien, quizá para paliar las pérdidas del “día de la liberación”, le ha adjudicado gran parte del programa de lanzamiento de satélites espía del Ejército, con una entrega inicial de 6.000 millones de euros.

Al margen de los juegos de manos entre el presidente y sus familiares y amigantes, quedará ya como patrimonio inmemorial del movimiento reaccionario Make America Great Again (MAGA) la pérdida de fiabilidad de los EEUU. Los profesores Henry J. Farell y Abraham L. Newman, autores del libro Imperio subterráneo (“Cómo EEUU convirtió la economía mundial en un arma”) manifestaban esta semana en The New York Times que probablemente los países y las empresas rindan pleitesía a Trump, o finjan hacerlo para evitar aranceles, sanciones y controles a la exportación. Pero también sabrán que EEUU ya no es del todo fiable. Es probable que veamos la erosión de los mercados que sustentan la fortaleza de Estados Unidos a medida que los tributos unidireccionales desplacen a las relaciones bilaterales en un mundo multilateral. Y añadían: “Las empresas globales diversificarán sus cadenas de suministro aplicando a la exposición estadounidense los mismos cálculos de riesgo que antes aplicaban a los tratos con cleptócratas de poca monta”.

La decisión de Elnecio de “hacer grande a los EEUU de nuevo” declarando la guerra arancelaria a sus vecinos México y Canadá en primer lugar y luego a China, Japón y la UE especialmente, ha provocado también una fuerte tensión interna. El gobernador de California, Gavin Newsom, impugnó la autoridad del presidente para imponer los aranceles generalizados que han desatado una guerra comercial global. La demanda interpuesta el pasado 16 de abril ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California argumenta que Tramp hace un “uso ilegal” de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles, pues si bien la ley permite al presidente congelar y bloquear las transacciones en respuesta a amenazas extranjeras, no permite en cambio aplicar aranceles. La implementación de tales aranceles requiere la aprobación del Congreso.

El enfrentamiento más sonado a cuenta de los aranceles se veía venir y estalló por fin en esta semana de pasión. El presidente de la Reserva Federal (la Fed, por sus siglas en inglés), Jerome Powell, manifestó durante un almuerzo en el Club Económico de Chicago lo que todos sabían, que “es muy probable” que los aranceles de Trump provoquen inflación y un empeoramiento de las condiciones económicas del país. El discurso de Powell, seguido de preguntas de empresarios e inversores, sirvió para advertir sobre la posible desaceleración de la economía, la consiguiente carestía y la pérdida de empleo, a consecuencia de las inestables condiciones económicas bajo el gobierno de Trump. Éste repicó en su red Truth Social (Verdad social) con un mensaje amenazante: “El despido de Powell no puede esperar”, decía tras tildarle de errático y lento y de conminarle a bajar los tipos de interés, pues “los precios del petróleo han bajado, los alimentos (incluso los huevos!) han bajado y EEUU se está enriqueciendo con los aranceles”.

Otras medidas de estos cien primeros días de gobierno de Elnecio, como las redadas y deportaciones de inmigrantes, la declaración de unos 6.000 inmigrantes “muertos” para borrarles de la seguridad social, el despliegue del Ejército en la frontera con México con competencias para detener a las personas inmigrantes y entregarlas a la policía, el despliegue de la Armada USA en Panamá, la retirada de fondos federales a las agencias humanitarias, la OMS y las Naciones Unidas, los despidos masivos en la administración federal y la supresión de departamentos como el de Educación al tiempo que lanza sanciones económicas (supresión de 2.200 millones de subvención) contra la universidad de Harvard por no plegarse a las órdenes presidenciales y protestar contra el exterminio de los palestinos en Gaza, así como la befa y la chufa sobre el cambio climático y, desde luego, la discriminación de gais y lesbianas… han comenzado a perjudicar gravemente al país y, sobre todo, a precarizar y arruinar su democracia liberal y, por contagio global , la de otras naciones, provocando más sufrimiento, guerra y pobreza.