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Injerencias de Trump para dinamitar la UE

Luis Díez.

No hay semana sin sorpresa. El inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, y sus principales validos, el vicepresidente James David Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth han elaborado una nueva “estrategia nacional de seguridad” que por primera vez desde 1945 desprecia la alianza con los europeos occidentales, declara su hostilidad hacia la Unión Europea (UE) y promueve la destrucción de la unidad y de las políticas comunes de los 27 mediante el apoyo a los partidos políticos de ultraderecha en los distintos países, lo que supone una falta de respeto descarada y una injerencia electoral en la soberanía nacional de los demás.

El documento publicado el viernes 5 de diciembre por la Casa Blanca sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha suscitado gran sorpresa e inquietud en todas o casi todas las capitales europeas. “El amigo americano” ha decidido retirarse a sí mismo ese tratamiento en el cuadernillo elaborado por Trump y sus dos posibles sucesores Vance y Rubio. El documento parece emanado del Kremlin y, según el periódico alemán Der Spiegel, recoge una lista de deseos de Moscú. Es como si Trump y sus ayudantes hubieran plagiado los objetivos de Putin, pues cargan contra la UE y proponen socavar la unidad, obstaculizar sus avances y destruirla para volver a los nacionalismos estatales. Es como si los presidentes actuales de las dos grandes potencias mundiales coincidieran en este mundo con un objetivo común: hacer daño.

Del belicoso arancelario, ahora entregado al crimen y la piratería en el Caribe, los aliados europeos de la OTAN aceptaron la exigencia de aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB, es decir, más del doble de lo acordado hasta 2025. El presidente español, Pedro Sánchez, fue el único que le plantó cara y dijo “no”. ¿Por qué el 5% en armamento cuando EEUU no aporta más del 3% de su PIB? ¿Por qué la UE ha de sacrificar la enseñanza, la sanidad y otros vectores del Estado del Bienestar que le son propios para comprar armamento en EEUU y realizar inversiones allí necesarias aquí? Fueron las preguntas que formuló Sánchez ante el silencio de los demás dirigentes europeos que ahora discuten si los fondos y bienes incautados a Rusia por invadir Ucrania han de emplearse en fortalecer a Kief, parar a Putin y reparar el daño.

Vale recordar que en aquella cumbre de la OTAN el soberbio Trump amenazó a España con altos aranceles si no entraba por el aro de su voluntad. Ahora ha decidido amenazar al conjunto de la UE con una descalificación de la unidad europea y un ataque inmerecido a sus “débiles” dirigentes. En las dos páginas y media de estrategia USA hacia Europa vitupera la unión, descalifica e intenta humillar a los europeos y pronostica el final de la civilización europea en veinte años si los países no renuncian a la unidad política y económica y no siguen los postulados de la extrema derecha que Trump y sus esbirros, incluido Elon Musk, patrocinan para el viejo continente.

La mentira como arma

El nutrido grupo de farsantes multimillonarios en el poder en USA alimentan el principio de “divide y vencerás” que ya venía practicando por detrás contra la UE el cara de víbora Vladimir Putin. Se ve que a los dos amigantes (amigos mangantes), Putin y Trump, les jode, fastidia, irrita, delata y deja en evidencia el éxito económico y social (también político) de la UE de los 27 en relación con otras áreas del mundo (incluida la Federación Rusa y los EEUU) en las que la pobreza y las diferencias sociales son enormes, impúdicas y crecientes.

Pero además el documento estratégico de la Casa Blanca utiliza contra la UE un arma tan antigua como la mentira, un trato tan vulgar como el desprecio y una técnica tan manida como infundir el miedo. Desde Suz Tzu, el general chino que vivió en el siglo V antes de Cristo, es sabido que “el arte de la guerra se basa en el engaño”, no en la mentira descarada a la que apelan Trump y sus acólitos. Así, el mandatario con síndrome de Keops, sostiene que Europa está en decadencia y se refiere al “declive económico” afirmando que “la Europa continental ha ido perdiendo participación en el PIB mundial –del 25 % en 1990 al 14 % en la actualidad”, lo cual es falso.

Según el Fondo Monerario Internacional (FMI), la UE representó el 17,41% de la riqueza mundial en 2024 y su PIB supuso, según Eurostat, el 14,7% de la economía global contabilizada. Mal que pese al “declive económico” empleado como argumento por el eutrapélico Trump, los bienes y servicios de la UE supusieron el año pasado 19 billones de euros, lo que permite a los 27 países europeos figurar como la segunda potencia comercial, con el 9,2% del comercio mundial, por detrás de China (11,8%) y por delante de USA (6,8%).

Por incidir en ese “declive económico”, la UE dispone de su propio presupuesto para financiar prioridades y grandes proyectos que la mayoría de los países miembros no podrían financiar por sí solos. Posee una política agraria común que garantiza la seguridad alimentaria de la que carecen otras regiones del mundo. Y dispone de un presupuesto para el período 2021-2027 de más de dos billones de euros, superior al federal de EEUU, con un déficit público del 3,2% del PIB, inferior al estadounidense y una deuda bruta consolidada del 81% del PIB, frente al 122% de EEUU.

Con independencia de que la UE sufrió las consecuencias de la grave crisis financiera provocada por las prácticas bancarias sucias de los especuladores estadounidenses en 2008 y más tarde tuvo que idear su propia fórmula para mantener la economía y el tejido productivo tras la pandemia del coronavirus (2000-2022), los estrategas autoritarios y neofascistas en el poder en Washington se esmeran en presentar su posverdad para demostrar que la UE tiene menos futuro que un caramelo en la puerta de un colegio.

La amenaza como herramienta

La fijación de Trump y sus esbirros resulta extraordinaria. En su documento oficial afirman que “el declive económico (de la UE) se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de una desaparición de la civilización”. Es tremendo. Y añaden: “los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos; la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política; el desplome de las tasas de natalidad; y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”. Tremendo.

Queda claro que la UE como institución supranacional les fastidia. Que la unidad económica de 450 millones de ciudadanos de 27 países europeos les impide mangonear a unos y a otros por separado como sería su deseo y es su práctica en América Latina. Que las regulaciones promovidas por la propia UE y los Estados miembros para evitar los abusos de esas grandes multinacionales –incluida la X, antigua Twitter, del nazi Musk– que burlan las leyes del libre mercado (las suyas) y trasgreden los principios básicos de la dignidad humana, les irritan. Y en fin, que, según dicen, la baja natalidad y la inmigración, son las grandes amenazas para esta Europa en peligro, al borde del “colapso” y a punto de “desaparecer” como civilización. Tremendo.

Sobre la disminución de la natalidad la verdad es que la tasa correspondiente a Europa es de 1,41 mientras la de EEUU es de 1,62 hijos de media por cada mujer. Esa diferencia ligeramente superior indica que el gobierno estadounidense debería temer un “colapso de la civilización” también en su propio país.

Sobre las políticas migratorias conviene aclarar que el discurso racista y xenófobo de Trump, sus violentas redadas contra los trabajadores inmigrantes en barrios, fábricas, campos, comercios y talleres, con el empleo del Ejército –como si los miles de agentes armados del ICE fueran insuficientes–, sus encarcelamientos y deportaciones, además del profuso paquete de disposiciones negando el acceso a la sanidad, la educación y hasta la alimentación a la población inmigrante es rechazada de plano por los demócratas y por un porcentaje cada vez mayor de los republicanos. Con independencia de la manipulación política del fenómeno migratorio, está demostrado que inmigración, progreso y prosperidad son sinónimos. Y que la gobernanza común europea de la migración ha de ir más allá del simple endurecimiento de las leyes y, por supuesto, combatir la propaganda negativa que esparcen las formaciones neofascistas.

La intromisión como política

Más allá de la retórica falaz del documento estratégico de seguridad de EEUU acusando a Europa de “censura de la libertad de expresión, supresión de la oposición política (…) y pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”, se puede leer negro sobre blanco el objetivo de Washington de “cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas”. ¿Qué quiere decir esto? El New York Times entiende que el documento “deja explícito el apoyo de Washington a los partidos nacionalistas de extrema derecha de Europa”. En pocas palabras: una injerencia política y electoral en toda regla.

Antes de fijar esa y otras “prioridades para Europa” (página 26 del documento) que vienen a resumir aquel discurso amenazante del señor Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado, los redactores animan a sus aliados políticos en Europa a promover el “resurgimiento del espíritu” de los Estados-nación y dicen que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es, sin duda, motivo de gran optimismo”. O sea que para Trump y sus acólitos de Maga, incluido Elon Musk –quien en los últimos días ha pedido la desintegración de la Unión Europea–, no basta con que Europa se pague su defensa; hace falta también que se recupere de su decadencia y debilidad, debidas a su multiculturalismo, y para ello hay que apoyar a la extrema derecha como en Brasil, Honduras, Argentina, etcétera.

Tan diestros estrategas tienen un problema. Está en la página 10 de su documento, allí donde dice: “Estados Unidos trazará su propio rumbo en el mundo y determinará su propio destino, libre de interferencias externas”.

Eso está bien. ¿Entonces por qué practican la injerencia, interferencia, intromisión y otras técnicas de erosión en terceros países? La soberanía y el respeto de todos y cada uno de los países de la UE son bienes legales y morales idénticos a los que EEUU protege sin reservas frente a potencias y entidades extranjeras que socaven o busquen dirigir sus políticas. No lo olviden.

El matón que dibujaba sus mentiras

Luis Díez

El siguiente en la lista de críticos amenazados la semana pasada por Donald Trump es el exgobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie. Este antiguo antiguo colaborador de Trump –lideró su equipo de transición presidencial en 2016– compitió con él en las primarias republicanas de 2024 y no ahorró críticas a su figura. Hace unos días desveló en una entrevista a la cadena ABC que Trump había afirmado en campaña electoral ante determinadas personas que “configuraría un Departamento de Justicia capaz de actuar como su representante legal personal, y eso es lo que ha hecho”.

Ni que decir tiene que el presidente de Estados Unidos negó que maneje a su antojo y en beneficio propio la Administración de Justicia. Entonces Chistie entró en materia, el asunto que más perjudica a Trump ante sus bases ultraderechistas: su amistad con el procesado por pederastia Joffrey Epstein, un ricacho que organizaba fiestas sexuales con menores de edad. Ese Epstein se suicidó en la cárcel en 2019, según la versión oficial.

Trump nunca negó su amistad con el reconocido autor y promotor de delitos sexuales contra menores –de hecho conoció a su tercera esposa, Melania, en una fiesta organizada por Epstein en Nueva York–, pero aseguró que rompió con él en el año 2000 a raíz de una disputa por la compra de una casa en Miami. Trump prometió además en campaña electoral que desclasificaría y publicaría la información incautada por el FBI al depravado personaje. Quería despejar así cualquier duda sobre su comportamiento.

Pero en cuanto ganó las elecciones y empuñó el poder se olvidó de aquel asunto menor de su glorioso pasado. Entonces se lo recordó Elon Musk cuando dejaron de ser amigantes. “No publicas la lista de Epstein porque estás en ella”. Eso le dijo. Trump se enfadó muchísimo y le amenazó con “revisar los contratos a sus empresas”. Finalmente sellaron la paz. Pero el asunto Epstein volvió al primer plano de la actualidad para disgusto del presidente.

Entonces el antiguo abogado de Trump, ahora convertido en fiscal general adjunto de la Corte Suprema, Todd Blanche, tuvo la luminosa idea de practicar un interrogatorio a la compañera y cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión. La entrevista permitió a Maxwell afirmar que Trump y otros famosos personajes no estaban implicados en la trama de tráfico sexual por el que ella y Epstein fueron procesados.

Trump ordenó que se publicara la transcripción textual. Pero entonces salió el crítico Chistie a tachar de vulgar farsa un interrogatorio que la hija del famoso magnate de medios de comunicación Robert Maswell, muerto en Canarias en 1991, aprovechó para pedir el indulto. “Bien podía haber dicho –ironizo Chistie–: ‘el hombre que puede indultarme nunca ha hecho nada malo. El hombre que puede indultarme siempre ha sido maravilloso”.

Aunque la reclusa Maxwell aseguró que Trump era un amigo “cordial” y “amable” que no participó en “ninguna irregularidad” (en referencia a las fiestas sexuales con menores), la burla del exgobernador y antiguo colaborador enfureció a Trump, que le amenazó con reabrir el caso Bridgegate, una estratagema de Chistie consistente en cortar varios carriles del puente George Washinton para formar atascos en venganza contra el alcalde demócrata por no haber respaldado su reelección como gobernador.

La verdad es que el belicoso Trump, cómplice del genocidio de Netanyahu en la Franja de Gaza, no logra quitarse de encima el caso de su antiguo amigo Epstein sobre tráfico sexual con menores para ricos y famosos. El 18 de julio demandó al Wall Street Journal por reseñar una nota que Trump habría remitido a Epstein felicitándole el cumpleaños con un dibujo de una mujer desnuda. “Esas no son mis palabras ni mi forma de hablar. Además yo no hago dibujos”, afirmó en redes sociales.

Mintió. Pero cuando la verificadora del New York Times Linda Qui documentó que Trump donaba regularmente dibujos a organizaciones benéficas a principios de la década del 2000, admitió que “a veces la gente me decía: ‘¿Dibujarías un edificio? Y yo dibujaba cuatro líneas y un tejadito, ya sabes, para una cosa benéfica. Pero no soy una persona que dibuje. No hago dibujos de mujeres, eso te lo puedo decir. Dicen que hay un dibujo de una mujer, y yo no hago dibujos de mujeres”.

Algunos dibujos de Trump se subastaron a favor de la Misión Capuchina que dispensa alimentos a más de 3.000 familias cada semana en los barrios más pobres de Nueva York. Después de todo, aquel magnate inmobiliario que llegó a presidente, arengó a sus seguidores a asaltar el Capitolio en 2021 antes de reconocer la derrota y protagoniza ahora los más crueles episodios del desorden internacional, hizo algo positivo por alguien, aunque solo fueran dibujos.

Algunos dibujos realizados por Donald Trump en su época de magnate inmobiliario y publicados por The New York Times para demostrar que no dijo la verdad cuando afirmó que él no dibujaba.

Pero el martes, 8 del corriente, el Congreso estadounidense hizo público el dibujo aludido por el Financial Times y entregado a la comisión parlamentaria por el despacho de abogados que actúa como albacea del fallecido Esptein. Es este.

Los demócratas del Comité de Supervisión hicieron pública esta imagen, obtenida mediante citación del patrimonio de Jeffrey Epstein, el lunes. El texto dice: Voz en off: / Debe haber más en la vida que tenerlo todo. / Donald: Sí, lo hay, pero no te diré qué es. / Jeffrey: Yo tampoco, pues yo también sé que es. / Donald: Tenemos ciertas cosas en común, Jeffrey. / Jeffrey: Es cierto, ahora que lo pienso. / Donald: Los enigmas nunca envejecen, ¿te has fijado? / Jeffrey: De hecho, me quedó claro la última vez que te vi. / Donald: Un amigo es algo maravilloso. Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro secreto maravilloso. Donald J. Trump

Millones se alzan contra Trump al grito de ‘Reyes no’

Luis Díez.

Es probable que el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, sea un simple emulo de los peores emperadores romanos en su ejercicio del poder. Por llamarle eso, emperador, el premio Nobel de la Paz Oscar Arias se quedó sin visado de entrada a EEUU. La amenaza expansionista del poderoso personaje se mantiene desde que tomó posesión hace cinco meses. Aspira a anexionar Canadá y Groenlandia –de momento–, a apoderarse de la minería metálica de Ucrania y a dominar el Canal de Panamá. Ya ha sometido ese paso entre el Atlántico y el Pacífico a la vigilancia de su flota de guerra. La coacción e intimidación de su discurso odioso y belicoso se vuelve crueldad sin límite cuando se trata de respaldar a Netanyahu en el exterminio de los palestinos de la Franja de Gaza para convertirla, dice, en un destino turístico ocupado y administrado por israelitas y estadounidenses.

Ese rey neto, absoluto, como también le consideran muchos estadounidenses, no sería nadie sin Ejército. Lo que está sucediendo en Los Ángeles con el despliegue de tres mil efectivos de la Guardia Nacional y setecientos marines podría ser una de sus ideas ingeniosas para superar el escándalo de las acusaciones de Elon Musk sobre las fiestas sexuales con chicas menores de edad si no fuera un paso más hacia la autocracia. Enviar al Ejército contra el pueblo a las calles de la segunda ciudad más poblada de EEUU para asfixiar las protestas por las redadas indiscriminadas de la policía federal para el Control de Inmigración y Aduanas (ICE) contra los inmigrantes latinos ha sido una decisión propia de un tipo autoritario e insensato. Así lo ha manifestado el gobernador Gavin Newsom, quien ha deplorado la provocación de Trump y su contribución a la desesperación y el incendio de las calles. Las marchas de protesta y solidaridad no se han hecho esperar en otras grandes ciudades norteamericanas.

Este sábado, Trump celebra celebra su cumpleaños en Washington con un gigantesco desfile militar, con un costo estimado de 45 millones de dólares. Su síndrome de Keops le ha llevado a montar un festejo para celebrar el 250º aniversario del Ejército exactamente el día que él cumple 79 años. Algo increíble, nunca visto por los estadounidenses, salvo por la tele con ocasión Día Nacional en Pyongyang, dice en Los Ángeles Times la escritora Anne Lamott, quien anima al personal a asistir a las decenas de manifestaciones “Sin Reyes” que se celebran el sábado por todo Estados Unidos contra las políticas de Trump. “Yo asistiré a una porque es importante y porque me alegrará el corazón”, añade la novelista –su último libro se titula: De alguna manera: pensamientos sobre el amor— antes de animar a sus conciudadanos a sumarse a las concentraciones.

Argumenta Lamott: “Nosotros, el pueblo, hacemos las mejores pancartas; mis favoritas en la marcha: «Manos Fuera», «Toca la bocina si nunca enviaste mensajes de texto borracho con planes de guerra» y «Ahora has cabreado a las abuelas». Se escucharán las viejas canciones del movimiento por los derechos civiles y las protestas que detuvieron la guerra de Vietnam”. Tal es el ambiente contra el autócrata belicoso arancelario. “Celebraré la última semana de primavera con decenas de miles de personas en el Centro Cívico de San Francisco. Ciudadanos comunes y corrientes, sin un plan ni una estrategia para salvar a esta nación herida, nos presentaremos con el corazón roto, enojados, pacíficos y eufóricos: jóvenes y ancianos, bebés, las generaciones X, Y y Z, personas de todas las etnias, caminos espirituales y de ninguna. El amor que sentimos por esta hermosa y asediada nación democrática será nuestra pequeña luz para ver y brillar”.

Y concluye Lamott: “Ojalá todos los que se reúnan en mi ciudad pudieran llorar juntos por lo destruido y mancillado, por toda la gente que muere desde que Musk consiguió que USAID (la agencia de cooperación internacional) fuera desmantelada. Pero los liberales, en general, no lloramos: nos inquietamos, como niños pequeños. Al menos, yo sí. Cuando los bebés descubren esos deditos, mueven las yemas de una mano contra la otra y parece como si estuvieran tejiendo. Esto es precisamente lo que haremos el sábado: tejer una resistencia pacífica a la dictadura, a la política de la crueldad. ¿Recuerdas la vieja pegatina para el parachoques que decía: “La democracia es un verbo”?

Pero Trump ha llamado “basura” a los inmigrantes sin papeles, tildado de “inepto” al gobernador Gavin, quien se perfila como nuevo líder del Partido Democrata, y reafirmado su política de persecución de los inmigrantes. Ha hecho saber que reprimirá duramente las manifestaciones ciudadanas del sábado si se producen disturbios. Y ha anunciado que no tolerara protestas en Washington contra el desfile militar. Una muestra del mal humor reinante en la Casa Blanca la sufrió el jueves el senador por Californa Alex Padilla. Al entrarse de que la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ofrecía una rueda de prensa en el edificio federal de Los Ángeles donde tiene su oficina, se dirigió a la sala, entró y se quedó detrás, junto a la puerta. Cuando Noem parecía a punto de terminar, Padilla se identificó para preguntarle sobre las redadas migratorias, pero no pudo: cuatro agentes federales le empujaron al pasillo, le obligaron a arrodillarse (es un hombre corpulento) y lo esposaron. Poco después lo liberaron sin cargos.

Los grandes periódicos destacan que las manifestaciones de hoy, bajo el lema “Reyes no”, se están organizando a conciencia y serán multitudinarias. Se han convocado 1.500 marchas en todo Estados Unidos. En Nueva York se esperan unas cien mil personas. En Los Ángeles, a pesar del miedo a las detenciones que siguieron a las primeras protestas, el 6 de junio, contra las redadas de La Migra, se esperan al menos 25.000 manifestantes que ocuparán un día más las calles y bulevares del centro de la ciudad. Así, mientras se lleva a cabo el desfile militar en Washington DC, millones de ciudadanos muestran su rechazo en lo que llaman “día nacional de acción y movilización masiva en respuesta a los crecientes excesos autoritarios y la corrupción de la administración Trump”.

Algunos datos: 50.000 personas se encuentran actualmente bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según el informe más reciente de la agencia. Este alarmante aumento —un 25% en tan solo cuatro meses— se produce en medio de la escalada cada vez más autoritaria de Trump, con detenciones y deportaciones masivas. Luego ya las encuestas revelan que el 52% de la población estadounidense considera negativa la política migratoria de Trump –detenciones y deportaciones– frente a un 37% que la califica de positiva. Esta percepción ha debido de enfadar bastante al reaccionario inquilino de la Casa Blanca que hizo del reforzamiento de las fronteras y la expulsión de migrantes el principal eje de su campaña hace unos meses. ¿Puede funcionar la economía estadounidense sin trabajadores inmigrantes, especialmente en los sectores agrario, del transporte, el comercio y los servicios? ¿Verdad que no?

Del legado de Musk (enfermedad, hambre y muerte) a la debilidad de Trump

Madrid.–Luis Díez.

Doge no era una marca de automóviles, sino una maldición. El Departamento de Eficiencia Gubernamental o Doge, por sus siglas en inglés, fue el artefacto que el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, puso en manos de su amigante Elon Musk, el hombre más rico del mundo, para podar la Administración Federal y eliminar gastos inútiles. El dueño de Tesla, la red X en Internet y la lanzadera espacial SpaceX, hizo el saludó fascista en el festejo multitudinario de la toma de posesión de Trump y apareció como el tipo decisivo para subsanar la administración. Dijo tener un plan para ahorrar un billón de dólares mediante la supresión del “despilfarro, el abuso y el fraude”. Era el mes de enero del corriente y toda la fanfarria de la corte de ultras millonarios sonaba tan metálica y ruidosa como quería el fanfarrón jefe.

Cinco meses después, del billón de euros ya no se habla, el amigante Musk ha abandonado el cargo y se ha enzarzado en una trama de reproches, descalificaciones e insinuaciones con el presidente que no auguran nada bueno. El Doge dice haber ahorrado 175.000 dólares. Pero los expertos sostienen que esa cifra está muy inflada. Según la Asociación para el Servicio Público, los ataques del Doge al personal gubernamental –despidos, recontrataciones, uso de licencias retribuidas y pérdida de productividad asociada– pueden costarle al gobierno (todos los ciudadanos, incluso los inmigrantes sin derechos de ciudadanía) más de 135.000 millones de dólares este año fiscal. Y eso sin contar las consecuencias judiciales de los desenfrenos de Musk.

Las repercusiones internas de los ajustes han sido graves en materia sanitaria, muy negativas para la alimentación infantil en las escuelas, fatales para algunas agencias de investigación como la encargada del banco de semillas, un organismo esencial para luchar contra las plagas y vital para la alimentación. Los palos a la ciencia han sido tremendos. Por ejemplo, la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, Maryland), líder en investigación científica y reconocida en todo el mundo por sus avances biomédicos, ha tenido que despedir a más de 2000 personas por los recortes de Musk. La quita fue, en este caso, de 800 millones de dólares. Otro ejemplo: las becas de la Fundación Nacional de Ciencias, la principal agencia de investigación en ciencias físicas, han bajado al nivel de 1990.

Incluso el Servicio Nacional de Meteorología, que cuesta 4 dólares al año por estadounidense –el equivalente a cuatro litros de leche– y ofrece un rendimiento anual equivalente a un 8000 por ciento, ha sufrido el brutal tsunami del Doge. En solo tres meses, el Servicio Nacional de Metereología se ha visto aplastado. Sus 122 centros en todo el país han sufrido una reducción de personal del 60%, incluidos equipos directivos enteros. “Perder a los cazadores de huracanes sería catastrófico”, decían los afectados en los periódicos. Si las alertas anticipadas hasta una semana permitían a la gente protegerse y evacuar a tiempo pueblos y ciudades, tras los estragos del Doge, la red de alerta (24 horas al día, 7 días a la semana) ha quedado tuerta, o si lo prefieren, ciega por varias horas cada día.

“El legado de Elon Musk es enfermedad, hambre y muerte”. Así titulaba la columnista de The New York Times Michelle Goldberg un artículo sobre la práctica destrucción de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) por parte del amigante de Trump. El relato comenzaba con la publicación de Musk de una frase, el 3 de febrero, en su red X: “Hemos pasado el fin de semana metiendo a USAID en la trituradora de madera. En vez de ir a unas fiestas estupendas hemos hecho esto”. Lo que el magnate de 53 años y sus secuaces estaban haciendo era eliminar el 80% de las subvenciones de la agencia. ¿Qué les importaba a ellos que cientos de miles de personas muriesen (y han muerto) hambre y enfermedades en los países más empobrecidos de África?

Decía Josep Borrell en una entrevista con Aimar Bretos en Hora 25 (Cadena Ser) que era muy difícil convencer a los líderes con una influencia decisiva sobre Netanyahu de que le obligasen a parar la matanza de palestinos en Gaza. No citó expresamente a Trump ni a ningún otro, pero dejó claro su mensaje cuando preguntó retóricamente al periodista: «¿Sabe usted cuanta gente morirá en el futuro inmediato solo por la retirada de la ayuda humanitaria al desarrollo?” Tampoco citó expresamente a EEUU. “Se lo digo yo: cuatro millones de personas”, afirmó. Con ello Borrell, el tipo que desde el primer momento pidió la revisión de las relaciones de la UE con Israel, puso de relieve la escasa importancia de las personas sin medios económicos para los que detentan y hasta ostentan el gran poder mundial.

¿Sabéis cómo se refiere Musk a las personas que desprecia? Les llama “PNJ”, un término de los videojuegos referido a los personajes que no son controlados por los jugadores y que, por lo tanto, no tienen poder de decisión. “Más que un insulto –dice la periodista Goldberg–, creo que el término revela algo sobre su visión del mundo. O bien no considera que la mayoría de las personas sean totalmente reales, o bien no ve el sentido de tratarlas como tales. Como le dijo a Joe Rogan (Comentarista y cómico) este año, “la debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía”, refiriéndose a esta emoción como un “error” de nuestro sistema”.

Según Brooke Nichols, profesora asociada de salud global en la Universidad de Boston, “la trituradora de madera” que convirtió la USAID en serrín “ya ha provocado unas 300.000 muertes, en su mayoría de niños, y muy probablemente provocará muchas más de aquí a fines de año. “Esto es lo que ha logrado la incursión de Musk en la política”, escribió Goldberg el 31 de mayo, tras el anuncio del lanzador de cohetes espaciales que estallan y caen al océano de que dejaba de servir a Trump para dedicarse a sus empresas. Luego, el secretario de Estado Marco Rubio negó ante los diputados que la retirada de la ayuda haya causado tantas muertes como documentó el periodista Nicolás Kristof desde Africa Oriental. Pero su colega Goldberg, recogió testimonios que indican que Rubio miente o está mal informado.

Si el señor Musk hubiese recibido y escuchado a la embajadora de Barack Obama ante Naciones Unidas y después directora de la USAID con Joe Biden, Samantha Power, quizá no hubiera dado luz verde a la matanza silenciosa a la que se refería Borrell. Si en vez de dedicarse a hacer negocios en Catar, los Emiratos y Arabia Saudita junto con Elnecio arancelario y criptomonetario Trump, ese Musk se hubiese desplazado a Uganda para hacer su trabajo, habría conocido sobre el terreno las misiones de la Agencia Internacional, proporcionando medicinas a personas con VIH y alimentando a los refugiados de Sudán del Sur. Y quizá entonces se habría abstenido de pulsar el botón de la trituradora del Doge contra la USAID.

Es una canallada para la ultraderecha estadounidense y sus acólitos europeos que el hombre más rico del mundo le quite los alimentos y medicinas a los niños más pobres del mundo. Y es además, como dice la periodista Goldberg, muy mala publicidad para el señor Musk, sus coches, satélites y negocios en Internet. Ni vergüenza ni decencia ni reputación cabrá atribuir jamás al amigante del fanfarrón que preside el país más poderoso del mundo. Mala gente que camina y va apestando la tierra, diría nuestro Antonio Machado. A más recortes del gasto social –pensaba Musk–, más subvenciones para sí y otros amigantes (amigos mangantes). De hecho ya había colocado a un hombre suyo al frente de la NASA y ocupado otras agencias, incluido el banco de semillas, para pillar contratos multimillonarios. Pero se descompuso al ver que Trump reducía los impuestos a la gente acomodada y frustraba sus previsiones.

De la separación “amistosa” del dúo Trump-Musk pasaron al espectáculo. Comenzó Musk quejándose de la agenda legislativa de Trump. Éste se tomó las críticas con calma hasta que se le hincharon los párpados y manifestó su decepción con su exasesor. Entonces Musk contraatacó con una avalancha de burlas y acusaciones. Dijo que había traicionado las promesas de reducir el gasto federal, que sin su ayuda (después del atentado) no habría ganado las elecciones presidenciales y, lo más grave, que debería ser destituido por haber ocultado información sobre su relación con el infame pedófilo Jeffrey Epstein. Trump amenazó a Musk con eliminar los contratos a las empresas del multimillonario que le llevó un Tesla a los jardines de la Casa Blanca.

A partir de ahí todas las incógnitas están abiertas. Y no es un culebrón para entretener a los fervientes religiosos republicanos. ¿Participó el machista y mujeriego Trump en las fiestas sexuales con niñas de catorce años que organizaba su amigo el millonario Epstein, del que era vecino en Nueva York y en Florida? ¿Iba precisamente a una fiesta cuando Jeffrey le presentó a Melania? Eso declaró Epstein a la CNN. ¿Influyó Trump en la leve condena a su amigo y vecino cuando fue denunciado por múltiples violaciones a menores? En la lista secreta de las fiestas sexuales de Epstein habría muchos famosos y bastantes políticos. Un polémico pacto entre el canalla que atraía a las menores con engaños y la Fiscalía se saldo en 2008 con 13 meses de cárcel para el pedófilo que, sin embargo, volvió a prisión en 2019, al final del primer mandato de Trump y supuestamente se suicidó. La afirmación de Musk abre la caja de Pandora y sí, puede acabar con Trump. La democracia sirve también para limpiar la vida pública de tramposos, corruptos y delincuentes. Por eso los ultras la odian y aspiran a eliminarla.

Trump (3) o los primeros cien días de daño del necio

Madrid.–Luis Díez

Ahora que se van a cumplir cien días de la llegada (por segunda vez) de Donald Trump a la Casa Blanca, los grandes medios de comunicación estadounidenses preparan balances y encargan encuestas sobre la gestión del presidente. Algunos formulan preguntas a sus lectores. El USA Today quiere saber cuantos están de acuerdo con lo que hace el presidente y si les parecen bien o mal sus decisiones económicas. A la hora de hacer un balance de los primeros cien días del “agente naranja”, alias Elnecio, mi amigo Willer se inclina por abreviar al máximo: contar lo que ha hecho bien. Pero la importancia del daño merece un cierto recorrido. El columnista del Wall Street Journal Karl Rove titulaba su análisis del día de Jueves Santos: “Estados Unidos se cansa de Trump” y destacaba que “su ritmo frenético y su falta de concentración dejan preocupados y confundidos a muchos votantes”. Rove es un tipo piadoso.

Elnecio bautizó el 2 de abril como “el día de la liberación”. Rodeado de su corte de secretarios y altos cargos en función de palmeros, anunció en el jardín de la Casa Blanca la imposición de aranceles a todas las mercancías que entraran en Estados Unidos (EEUU) desde cualquier punto del planeta. La tarifa básica del 10% para todos se incrementaba hasta el 145% del precio del producto si procedía de China y también castigaba de una manera especial a Japón y a la Unión Europea (UE). Previamente había firmado órdenes ejecutivas para aplicar aranceles del 25% a los automóviles y sus componentes, así como a los metales más empleados en la construcción y la industria: hierro, acero, aluminio.

Con un batiburrillo plagado de mentiras a modo de discurso, Elnecio justificó su declaración de guerra comercial por el daño que el libre comercio hace a la industria y a la balanza comercial de su país. Mintió sobre el desequilibrio con la UE al no incluir los servicios en la balanza de pagos. Pero al margen de esa y otras consideraciones, el derrumbe de las bolsas de valores fue la respuesta más contundente registrada desde el crack de 1929. Las 500 personas más ricas del planeta, según Bloomberg, perdieron 536.000 millones de dólares en las dos jornadas siguientes al “día de la liberación”. Era la mayor pérdida de riqueza jamás registrada en 48 horas. Entre esos multimillonarios se hallaba el grupito de magnates que apoyó al “agente naranja”, asistió a su toma de posesión o contribuyó a su campaña y entronización.

En lo que el patrimonio neto de los oligarcas más ricos del mundo que ahora gobiernan el país más poderoso de la tierra –léase Elon Musk, Jeff Brezos y Mark Zuckerberg– se desplomaba, al caos bursatil iba seguido del incremento del coste de la deuda. El bono a diez años alcanzaba un interés del 5% debido, según los analistas, a la pérdida de credibilidad del país, algo insólito. Entonces Elnecio intentó calmar la situación anunciando una moratoria arancelaria de noventa días en la que estamos. Justificó, no obstante, ese trimestre de gracia diciendo que se necesita tiempo para recibir a los gobernantes de los 75 países que hacen cola para negociar o, según sus palabras, “que han pedido venir a besarme el culo”.

El matonismo reaccionario y soez de Elnecio, que enseguida se apiadó de las grandes tecnológicas de EEUU que fabrican en China y suprimió los aranceles a teléfonos, chips, ordenadores, televisores, etcétera, ha contagiado a algunos de sus colaboradores. Eso se deduce de los denuestos de Musk contra Peter Navarro, el principal asesor de Trump en comercio exterior, al que tildó de “auténtico imbécil” y “más tonto que un saco de ladrillos”. La bronca empezó cuando Navarro dijo en una televisión que Musk, el propietario de Tesla, “no es un fabricante, sino un ensamblador de autos” en su planta de Austin (Texas). Navarro abundó en que los motores que recibe (sistemas eléctricos y baterías) proceden de Japón y de China, la electrónica viene de Taiwán…” El humor de Musk, que también es dueño de X (antes Twitter) y la lanzadera espacial SpaceX, estalló como un huevo podrido. Le llamó “imbécil”, dijo que sus afirmaciones eran falsas y aseguró que “Tesla tiene la mayor cantidad de autos fabricados en EEUU”. La polémica siguió varios días en las redes sociales. Un usuario que compartió un video de Navarro sobre los aranceles y dijo que le parecía un experto fiable, pues Navarro es doctor en economía de Harvard, la universidad más prestigiosa del mundo occidental, se encontró esta respuesta de Musk: “Un doctorado en Economía de Harvard es algo malo, no bueno”.

Con todo, el multimillonario Musk, el tipo más rico del mundo, al que Trump colocó al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, deja ya su cometido. Según algunos periódicos de Wasington y Nueva York, abandonará en fechas próximas su colaboración con Elnecio después de haber despedido a más de 150.000 funcionarios y recortado especialmente los programas de sanidad, educación y seguridad social. Eso sí, los mismos medios afirman que Musk seguirá siendo amigo de Trump, quien, quizá para paliar las pérdidas del “día de la liberación”, le ha adjudicado gran parte del programa de lanzamiento de satélites espía del Ejército, con una entrega inicial de 6.000 millones de euros.

Al margen de los juegos de manos entre el presidente y sus familiares y amigantes, quedará ya como patrimonio inmemorial del movimiento reaccionario Make America Great Again (MAGA) la pérdida de fiabilidad de los EEUU. Los profesores Henry J. Farell y Abraham L. Newman, autores del libro Imperio subterráneo (“Cómo EEUU convirtió la economía mundial en un arma”) manifestaban esta semana en The New York Times que probablemente los países y las empresas rindan pleitesía a Trump, o finjan hacerlo para evitar aranceles, sanciones y controles a la exportación. Pero también sabrán que EEUU ya no es del todo fiable. Es probable que veamos la erosión de los mercados que sustentan la fortaleza de Estados Unidos a medida que los tributos unidireccionales desplacen a las relaciones bilaterales en un mundo multilateral. Y añadían: “Las empresas globales diversificarán sus cadenas de suministro aplicando a la exposición estadounidense los mismos cálculos de riesgo que antes aplicaban a los tratos con cleptócratas de poca monta”.

La decisión de Elnecio de “hacer grande a los EEUU de nuevo” declarando la guerra arancelaria a sus vecinos México y Canadá en primer lugar y luego a China, Japón y la UE especialmente, ha provocado también una fuerte tensión interna. El gobernador de California, Gavin Newsom, impugnó la autoridad del presidente para imponer los aranceles generalizados que han desatado una guerra comercial global. La demanda interpuesta el pasado 16 de abril ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California argumenta que Tramp hace un “uso ilegal” de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles, pues si bien la ley permite al presidente congelar y bloquear las transacciones en respuesta a amenazas extranjeras, no permite en cambio aplicar aranceles. La implementación de tales aranceles requiere la aprobación del Congreso.

El enfrentamiento más sonado a cuenta de los aranceles se veía venir y estalló por fin en esta semana de pasión. El presidente de la Reserva Federal (la Fed, por sus siglas en inglés), Jerome Powell, manifestó durante un almuerzo en el Club Económico de Chicago lo que todos sabían, que “es muy probable” que los aranceles de Trump provoquen inflación y un empeoramiento de las condiciones económicas del país. El discurso de Powell, seguido de preguntas de empresarios e inversores, sirvió para advertir sobre la posible desaceleración de la economía, la consiguiente carestía y la pérdida de empleo, a consecuencia de las inestables condiciones económicas bajo el gobierno de Trump. Éste repicó en su red Truth Social (Verdad social) con un mensaje amenazante: “El despido de Powell no puede esperar”, decía tras tildarle de errático y lento y de conminarle a bajar los tipos de interés, pues “los precios del petróleo han bajado, los alimentos (incluso los huevos!) han bajado y EEUU se está enriqueciendo con los aranceles”.

Otras medidas de estos cien primeros días de gobierno de Elnecio, como las redadas y deportaciones de inmigrantes, la declaración de unos 6.000 inmigrantes “muertos” para borrarles de la seguridad social, el despliegue del Ejército en la frontera con México con competencias para detener a las personas inmigrantes y entregarlas a la policía, el despliegue de la Armada USA en Panamá, la retirada de fondos federales a las agencias humanitarias, la OMS y las Naciones Unidas, los despidos masivos en la administración federal y la supresión de departamentos como el de Educación al tiempo que lanza sanciones económicas (supresión de 2.200 millones de subvención) contra la universidad de Harvard por no plegarse a las órdenes presidenciales y protestar contra el exterminio de los palestinos en Gaza, así como la befa y la chufa sobre el cambio climático y, desde luego, la discriminación de gais y lesbianas… han comenzado a perjudicar gravemente al país y, sobre todo, a precarizar y arruinar su democracia liberal y, por contagio global , la de otras naciones, provocando más sufrimiento, guerra y pobreza.

Trump (1) o cuando el necio monta su ‘Universidad’ en Nueva York

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Madrid.– Luis Díez

Admirador de los grandes magnates del último tercio del siglo XIX y primero del XX, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, quiso imitarles fundando una universidad. En 2005 inauguró la Trump University en Nueva York, una entidad educativa con ánimo de lucro que ofrecía cursos de economía y finanzas y, sobre todo, mercaba formación especializada para gestores de fondos de inversión y agentes inmobiliarios.

De este modo, el nieto millonario de unos emigrantes a tierra de promisión desde Alemania y Escocia pretendía imitar a aquellos grandes potentados que como John Davison Rockefeller, Andrew Carnegie y otros dedicaron a la enseñanza y la investigación parte de sus fortunas. Y ya se sabe que el petrolero Rockefeller practicó la filantropía, donando gran parte de sus ganancias a fundaciones y programas benéficos y siendo fundador de la Universidad de Chicago (cuna de 87 premios Nobel) y de la que lleva su apellido en Nueva York. Y su colega, el emigrante escocés Carnegie, magnate del hierro y el acero, dedicó casi toda la riqueza que había acumulado a cuenta del tendido ferroviario, los puentes, las torres de petróleo y la arquitectura del hierro a la creación de bibliotecas, centros sociales para los trabajadores, el Fondo Carnegie para la Paz Internacional y, entre otras entidades, la Carnegie Mellon University de Pittsburgh (Pensilvania, EEUU).

Pero, a diferencia de aquellos magnates de la época dorada de la industrialización estadounidense, conocidos en su día como “los barones ladrones”, el creso Trump no buscaba beneficio social alguno ni depositaba una micra de filantropía en su iniciativa educativa. Su objetivo era simplemente ganar pasta, como lo había sido desde que su padre lo colocó al frente de las empresas familiares del ladrillo y la especulación inmobiliaria. Fundó su Universidad con el mismo afán dinerario e idéntico desparpajo al de compra hoteles (incluido el emblemático Plaza de Nueva York), la instalación de casinos o la creación de complejos turísticos (incluido el de Mar-a-Lago, en La Florida, su principal residencia de descanso).

Solo que el milmillonario Tramp despreció las normas más elementales en la creación de su centro educativo con el pomposo título de “Universidad”. Las autoridades le advirtieron una y otra vez sobre el incumplimiento de los requisitos básicos y le conminaron a retirar el nombre de “universidad” de lo que podría ser una academia privada y nada más. Vamos, que Trump, al contrario de Carnegie o de Rockefeller, carecía del menor interés en impulsar la ciencia, la medicina y la educación. Entonces, para evitar que su negocio lectivo fuera declarado ilícito e ilegal, decidió llamarle Trump Entrepreneur Initiative (Trump Iniciativa Emprendedora).

Con todo, aquel negocio de Trump, alias Elnecio, no tardó en verse enfangado por las demandas de varios alumnos que se sintieron estafados. En 2010 dejó por fin de operar. Y en 2013 el magnate fue condenado a pagar 40 millones de dólares por la demanda civil interpuesta por el Estado de Nueva York por publicidad engañosa y fraude al consumidor, dado que su “Universidad” emitió títulos académicos sin licencia educativa alguna. Está por ver que algo similar pueda ocurrir en la España donde los “chiringuitos” universitarios ultras y con ánimo de lucro crecen como la espuma al amparo incluso de autoridades autonómicas.

El engaño y el fraude de Trump en materia educativa fue una de las múltiples causas que convirtieron al potentado en el primer candidato y presidente de EEUU condenado por sus actividades y negocios privados antes de llegar a la Casa Blanca. Las causas penales fueron por trampas, corrupción y abusos sexuales. Pero ninguna impidió su carrera política, como tampoco impidieron que optara a un nuevo mandato el asalto al Capitolio tras perder las elecciones contra Joe Biden en el año 2000 y el robo de documentos secretos que el FBI encontró en su mansión de Florida.

Aunque no ha sido contrastado, algunos estudiosos de la prepotencia y la necedad sitúan la motivación de Trump para hacer negocio con la enseñanza en el éxito de The Apprentice, un reality show que produjo y dirigió a comienzos de siglo. La cosa era que unos jóvenes talentos, aspirantes a empresarios, medían sus habilidades para los negocios. El ganador era contratado por Elnecio como directivo de su holding empresarial y los perdedores eran despedidos uno a uno por aquel tipo ceñudo que señalaba con el índice y exclamaba: “You’re fired!” (“¡Estás despedido!”), un latiguillo que adquirió mucha popularidad entonces y que Elnecio ha reeditado para su país y el resto del mundo con la imposición de aranceles a todos los productos que entren en EEUU y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo en todos los sectores productivos. Eso sin contar los más de 100.000 despidos que lleva dictados en los organismos y agencias federales, especialmente en los servicios sanitarios, educativos, de investigación y de cooperación internacional, por indicación del plutócrata amigo y consejero Elon Musk, que ya se retira a sus empresas.