Millones de personas aprovecharon el asueto del sábado 28 de marzo para acudir a los más de cuatro mil actos convocados en otros tantos pueblos y ciudades de Estados Unidos contra la guerra en Irán, decidida y lanzada por el presidente Donald Trump de acuerdo con el primer ministro de Israel, el genocida Benjamín Netanyahu, sin una consulta al Congreso ni siquiera a su gabinete en pleno, que reunió el jueves pasado por primera vez desde que empezó la guerra.
Las protestas, bajo el lema No Kings, por tercera vez en menos de un año, se dirigieron también contra la política migratoria del matón republicano de la Casa Blanca, que persigue con especial saña a hispanos y africanos y ha llegado a emplear al ejército en las ciudades para reforzar las redadas indiscriminadas de la policía de aduana y fronteras, el ICE, considerado “la Gestapo de Trump”.
En esta ocasión Minnesota se convirtió en el centro de atención de las protestas masivas contra las políticas del belicoso jefe ultraderechista del Partido Republicano, en recuerdo y homenaje a los dos jóvenes profesionales estadounidenses asesinados a tiros por el ICE, Renee Good y Alex Pretti. Miles de personas corearon su nombre, hombro con hombro, mientras en los jardines del Capitolio, en San Paul, el cantante Bruce Springsteen interpretaba Streets of Minneapolis, la canción que compuso en respuesta a los asesinatos. “Vuestra fortaleza y vuestro compromiso nos demostraron que esto seguía siendo Estados Unidos”, dijo. “Y esta pesadilla reaccionaria, y estas invasiones de ciudades estadounidenses, no quedarán impunes”.
La gente se movilizó desde la populosa Nueva York hasta Driggs, un pueblo de menos de 2.000 habitantes en el este de Idaho, donde Trump ganó con el 66% de los votos en 2024. Chicago fue un clamor contra la guerra y los ataques a los inmigrantes. La escalada del conflicto contra Irán ha provocado un aumento desmesurado de los precios de la gasolina y el despliegue del ICE en los aeropuertos ha colmado la paciencia de los estadounidenses.
Además de la protesta en el Grant Park de Chicago, que comenzó el sábado por la tarde con una potente interpretación de In This America de la artista local Melody Angel, se registraron manifestaciones masivas en Denver, Boston, Austin, Phoenix, Los Ángeles, Atlánta, Miami… En esta ocasión la manifestación llegó a la zona entre Mar-a-Lago y Boca de Ratón donde se encuentra el resort y club de lujo del destinatario de la nueva protesta.
Según informaciones de los grandes diarios y de la agencia AP, la participación superó la registrada en las dos convocatorias anteriores y alcanzó la cifra de ocho millones de personas. A pesar del tono pacífico de los actos, dos legisladores estatales fueron tiroteados en Minneapolis sin que se registrara ninguna desgracia. Otras tres personas fueron heridas de bala durante la manifestación en Salt Lake City. En Culpeper, Virginia, un tipo embistió con su vehículo a la multitud, atropellando a una persona, que resultó con heridas leves.
Aparte esos episodios odiosos, en Austin la policía utilizó gases lacrimógenos y realizó arrestos cerca del Capitolio Estatal tras un día de manifestaciones que se mantuvieron mayoritariamente pacíficas. Horas antes, se avisó una “amenaza creíble” contra legisladores estatales de Texas que planeaban asistir a la manifestación. En Los Ángeles, la policía también empleó irritantes químicos contra los manifestantes y practicó detenciones de personas que suponía que eran inmigrantes.
Bruce Springsteen rindió homenaje a Rene y Alex, asesinados por el ICE en MinnesotaEn BostonEn DenverAcciones policiales en Los Ángeles
Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se permite el lujo de insultar urbi et orbe a su antecesor Barack Obama y a su esposa Michelle, subiendo a las redes sociales sus caras con cuerpos de monos, ¿a quién puede extrañar que el jugador de fútbol del Benfica, Gianluca Prestianni, haya podido repetir de viva voz el insulto racista –“¡Eres un mono!”– a su colega brasileño del Real Madrid Vinicius José Paixão de Oliveira?
Prestianni, un joven argentino de 20 años, tuvo la precaución de taparse los labios con la mano y la camiseta para insultar al contrario. Sabía que su injuria al brasileño, que acababa de marcar un golazo de los suyos, era de tinte racista (Vini es negro) y, además de ser delictiva, podía costarle una suspensión de hasta doce partidos, según el reglamento de la UEFA.
En contraste con lo que ocurre en los estadios de fútbol en los países europeos, donde los clubes, los jugadores y la mayoría de los aficionados combaten el racismo con prohibiciones y sanciones, el presidente de los EEUU insulta a y discrimina a quienes tienen una pigmentación de la piel distinta a la suya sin que nadie pueda sancionarle ni suspenderle una temporada.
Los dicterios del tipo que ocupa el cargo más alto del país más poderoso del mundo, en términos bélicos, no solo han denigrado al expresidente Obama por negro, sino también porque su padre era de Kenia (su madre de Kansas) y le consideraba un emigrante. En lo atinente al color de la piel, Trump insultó en su día a los estadounidenses cuando preguntó a su abogado Michael Cohen: “¿Hay algún país dirigido por una persona negra que no sea idiota?” (Cohen en su libro Desleal, unas memorias).
Por lo demás ya es conocido el video difundido por Trump en el que se ve a Obama siendo detenido y esposado por dos agentes del FBI. Son imágenes falsas, generadas con inteligencia artificial, lógicamente. Una secuencia con la que el supremo supremacista, sembrador de odio, ha tratado de humillar a Obama, entre otras cosas, por defender a los inmigrantes frente a la represión brutal y criminal de los agentes mal formados del ICE, ya conocidos como la Gestapo de Trump.
Lo malo de ese mandatario, ahora empeñado en sustituir a la ONU por una Junta de Paz de pago con él al frente, es que la didáctica insultante que practica se extiende por todo el planeta y alimenta a grupos de ultraderecha que se prevalen de la democracia para debilitar la democracia y liquidar derechos humanos y sociales conseguidos con sangre, sudor y lágrimas.
Ese tipo, Trump, llama shithole countries (“países de mierda”) a las naciones latinoamericanas y africanas; tilda de “despreciable” la lengua española, segunda más hablada y escrita en el país que preside; califica de “estúpidos” a los latinos; afirma que los haitianos “roban las mascotas a sus vecinos para comérselas”; denigra a los inmigrantes somalíes llamándoles “basura”; califica de “criminales peligrosos, violadores y pedófilos” a los que entran por la frontera con México; impreca por “débiles” a los gobernantes europeos. Y a alguno le llama “estúpido”.
Con un estilo insultón, prepotente y malhablado, ese presidente de EEUU lo mismo escarnece al ukraniano Volodomir Zelenski tachándole de “dictador” por no haber convocado las elecciones de 2024 (en plena guerra contra la invasión rusa), que califica de “demasiado estúpido” al presidente del banco central o Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, que arremete contra el director de cine Rob Reiner apenas unas horas después de haber sido asesinado.
La siembra de odio del todopoderoso Trump incluye el machismo y las ofensas a las mujeres. La periodista Megyn Kelly citó en una ocasión en Fox News algunos de los insultos misóginos que ese míster había lanzado contra las mujeres:“cerdas gordas”, “perras”, “vagas” y “animales repugnantes”, entre otros.
En diciembre pasado cortó a la periodista Catherine Lucey –“¡Silencio cerdita!”– cuando intentaba preguntarle sobre su negativa a publicar los archivos del pederasta multimillonario y antiguo amigo Jeffrey Epstein. Tres días después reprendió y amenazó gravemente a Mary Bruce, de la cadena ABC, a la que califico de “empresa asquerosa”, por recordar el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista saudí refugiado en EEUU y columnista del Washington Post, durante la visita a la Casa Blanca del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán. “Eres una persona terrible y una periodista terrible”, la conminó Trump con tono amenazador. Khashoggi fue asfixiado y descuartizado el 2 de octubre de 2018 en el consulado saudí de Estambul (Turquía).
Queda de relieve que cuando el magisterio de los gobernantes, comenzando por el más poderoso, es tan burdo y sañudo, resulta más difícil erradicar los insultos racistas y las demás manifestaciones de odio –también hacia las mujeres– de los lugares públicos. Como dijo el expresidente Obama, ni la burla hacia los afroamericanos ni la cruda persecución de inmigrantes ordenada por Trump se habían visto hasta ahora en EEUU como productos de la Casa Blanca. Son más propios de regímenes autoritarios que de una democracia, añadió.
Visto lo visto no es extraño que los mejores atletas estadounidenses en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina hayan manifestado su inquietud por tener que representar a su país, sumido en la profunda crisis de derechos humanos por las políticas de Trump de persecución a los inmigrantes y a la comunidad LGTBI. La campeona de esquí Mikaela Shiffrin, la snowboarder Chloe Kim y los esquiadores de estilo libre Hunter Hess y Chris Lillas se encuentran entre los que manifestaron el deseo de que su país proyecte una imagen decente.
Una imagen, por ejemplo, como la que transmitió enla última Super Bowl el deslumbrante despliegue de creatividad y hermandad americana del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el estadio de Santa Clara (California). Claro que si Trump contestó al esquiador Hess llamándolo “un verdadero perdedor”, ni siquiera asistió, como es costumbre de los presidentes, al gran partido de fútbol americano que enfrenta a los campeones de las dos conferencias. Eso no quita para que calificase la actuación de Bad Bunny, en español, de “absolutamente terrible”, “¡una de las peores de la historia!” “Una afrenta afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.
Pero ¿sabéis que? Que la única encuesta publicada sobre quien representa mejor los valores americanos arrojó un 42% de opiniones a favor del cantante frente al 39% del presidente. El 20% dijo no estar seguros. El 61% de los votos favorables a Bunny fue de personas negras y el 46% de personas con raíces hispanas.
No es la primera vez que el gran insultón supremacista carga contra cantantes famosos. Por ejemplo, a Bruce Springsteen le llamó “imbécil” y “más tonto que una piedra”. Fue su respuesta a la afirmación del Boss en un concierto en Manchester de que “EEUU está en manos de una administración corrupta”. Ahora (el 31 de enero) el autor de Born in the USA (Nacido en EEUU) y auténtico icono del movimiento obrero que respalda al Partido Demócrata, ha emprendido una gira que terminará el 27 de mayo en Washington con un único objetivo: parar a Trump.
Seguro que el reverendo Jesse Jackson estaría plenamente de acuerdo con el lema de la gira del cantante: Land of Hope and Dreams (“Tierra de esperanza y sueños”), y que si pudiera, el sucesor de incansable Martin Luther King en la lucha por los derechos civiles de los pobres y los negros, asistiría a ese concierto en el pabellón Centro Unido de Chicago el 29 de abril. Pero no puede: murió el martes pasado a la misma hora que en el Estado de la Luz, en Lisboa, un jugador blanco escupía el mismo insulto de Trump a Obama contra un jugador negro. Una pena.
En el año 2000, Jackson, enviado especial para África desde 1992, recibió del entonces presidente Bill Clinton la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil del país. Dada su trayectoria de lucha contra el racismo y por la libertad y los derechos de los más humildes –también de las mujeres– quizá aquel negro que lloraba cuando por fin un hermano de color, Obama, conquistaba por primera vez la Presidencia de EEUU, en 2009, merezca a título póstumo la Medalla de Oro de una comunidad multiétnica como la madrileña.
En lugar de eso, la frutera del PP se la va a dar a TACO (Trump always coward o siempre cobarde), que es como llaman aTrump en Wall Street. Si supieran que “taco”, además de designar el sabroso plato mexicano es sinónimo en España de blasfemia vulgar, entenderían mejor la ocurrencia medallera en estos pagos.