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Patriotas del bulo, la especulación y la vileza

Luis Díez

¿La democracia española es un sistema decente? Si. ¿Un sistema en el que la dignidad y el juego limpio están garantizadas por las leyes? Si. ¿Con una Constitución refrendada por la gran mayoría de los ciudadanos que garantiza la libertad, la igualdad y los derechos humanos individuales y sociales? Si. ¿El mejor de todos los sistemas conocidos, aplicados y practicados desde los tiempos del ateniense Pericles? Sin ninguna duda.

Frente a esas sencillas afirmaciones aparecen políticos que se nutren del sistema tratando de torpedearlo. Es indecente afirmar, como han hecho el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que el voto por correo no es fiable para extender la especie del pucherazo. El señor Feijóo, que en su día fue director general de Correos, no se fía de los directivos de la empresa pública –sólo de los carteros, faltaría más– y la segunda, ni siquiera de ellos. “No votéis por correo”, ha dicho Ayuso. Será porque la abstención le interesa. ¿Qué van a hacer si pierden? Asaltar Correos a lo Trump como si fuera el capitolio.

¿Recuerdan lo que en su día hicieron contra Pilar Manjón los fanáticos del PP, seguidores de aquel señor Aznar que atribuyó a ETA la masacre del 11 de marzo de 2004? La portavoz de la primera y principal asociación de víctimas de los atentados jihadistas en cuatro trenes de cercanías del corredor del Henares (Madrid) en los que murieron 192 personas y más de dos mil resultaron heridas, recibió desprecios y amenazas sin cuento, fue insultada y vilipendiada por parlamentarios y altos cargos del PP y aquella mujer destrozada por la pérdida de su hijo llegó a ser execrada porque, como trabajadora, estaba afiliada a Comisiones Obreras (CCOO).

Salvando las distancias y las circunstancias, ¿no estamos ante la misma indecencia que bastantes medios de “deformación” social y determinados políticos como la propia señora Ayuso, implicada en la oscura compra de un ático residencial para uso propio, han perpetrado ahora contra “la maldita” desahuciada de 87 años Maricarmen Abascal Martín, quien ha muerto en el hospital Gregorio Marañón dos semanas después de haber sido desalojada de su casa al no poder pagar el alquiler quintuplicado –pagaba 500 euros al mes?

Ni siquiera después de muerta, los políticos locales y autonómicos de la derecha (PP-Vox) han admitido la petición de los demás grupos de guardar un minuto de silencio como homenaje a Maricarmen, víctima de la crueldad y la injusticia que soportan otras decenas de miles de españoles víctimas de los fondos buitres y de otros especuladores igualmente voraces. ¿Se puede ser más vil y miserable? Ya lo hemos visto ¿Y peor político? También lo hemos visto, hasta el punto de pedir a coro y bailando un tiro en la nuca al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Pero no vale engañarse ni dejarse engañar: el sistema democrático no es el causante de la iniquidad, como algunos quisieran para irse de rositas. Por el contrario, la democracia es la única defensa del pueblo ante la injusticia, la arbitrariedad y la infamia de los poderosos. De ahí que la llamada a las urnas el próximo 29 de noviembre (29-N) realizada por el presidente Sánchez tras el desahucio de Maricarmen y del rechazo de la derecha (PP-Vox-Junts) de los decretos para parar a los fondos buitres y evitar que se repitan estas situaciones, deba ser aprovechada por el poder social visible en las calles y plazas para alejar a los buitres y orear la democracia de tantos falsarios al servicio del trumpismo y el nazifascismo internacional. Y también, por supuesto, para votar a quienes quieren resolver los problemas frente a los que solo utilizan sus competencias para forrarse.

¿Es juego limpio salir a la palestra, como hizo el señor Aznar al día siguiente de la convocatoria electoral, para advertir a los ciudadanos que la monarquía está en peligro? ¿Qué dignidad cabe suponer a un expresidente de gobierno que además de mentir no para de enredar, conspirar y encima insulta? El 12 de noviembre de 2023, el señor Aznar afirmó: “Pedro Sánchez es un peligro para la democracia” e invitó a la acción contra él por haber cruzado “todas las líneas rojas”. “No cabe inhibición ante una crisis constitucional sin precedentes”, afirmó. Se pronunciaba así en contra de la amnistía a los dirigentes del proceso independentistas catalán cuando gobernaba el PP.

¿Qué “crisis constitucional sin precedentes” había provocado el dirigente socialista por aplicar una “medida de gracia” contemplada con esas palabras en la Constitución democrática de 1978? ¿Si el Tribunal Constitucional ya había sentenciado en 1986 que la amnistía es un derecho de gracia perfectamente constitucional, a qué venía tanta alarma y tanta movilización, incluso violenta, de aquellas derechas patrióticas contra los socialistas? La ocupación de la calle de Ferraz, ante la sede del PSOE, durante días y meses no parecía molestar entonces a las autoridades madrileñas que tan molestas se muestran por la acampada en Sol. La amnistía se demostró un instrumento perfectamente constitucional para restablecer la convivencia quebrada por unos políticos nefastos, zorrocotrocos. Pero ahora que se acaba la legislatura por la suma del Junts del amnistiado Carles Puigdemont, precisamente, al PP-Vox en el Congreso de los Diputados, ese señor Aznar al que cada vez se le acentúa la cara de mosquito picajoso alcanza la apoteosis anunciando su delenda est monarchia sin que sepamos que trama están urdiendo? ¿Es eso dignidad, decencia democrática?

Ya ante el 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, de la Virgen del Pilar, de la Hispanidad o 634º aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América, verán como esos líderes que nunca hicieron nada por el prestigio de España ni ayudaron a los españoles a resolver sus problemas vitales se muestran entre banderas, más patriotas que nadie. Algunos –no lo olvidemos–  alcanzaron el poder con malas artes, campañas de desprestigio contra los adversarios. Otros, como el señor Aznar, sumaron a ello el pacto con un alcalde y unos constructores de Burgos empapelados por corrupción (los Méndez Pozo). Así, haciéndose socio y amigo de especuladores urbanísticos logró alcanzar en 1987 la presidencia de Castilla y León.

Diez años más tarde, cuando alcanzó el Gobierno de la nación, acabaría indultando a sus antiguos amigos millonarios del ladrillo. También, en cierto modo, el patriotismo de su vigente sucesor al frente del PP, señor Feijóo, emana de la corrupción, pues tuvo que dejar Correos para trasladarse a la Xunta de Galicia, desprestigiada por los negocios escandalosos del vicepresidente José Cuiña a cuenta del hundimiento del Prestige y del desastre del chapapote. Y muchos años después tuvo que dejar la Xunta de Galicia para sustituir a Pablo Casado, minado y expulsado de la presidencia del PP por exigir limpieza a la presidenta madrileña, señora Ayuso, quien facilitó mordidas de seis cifras a su hermano y también a su novio durante la pandemia.

Suelto estas líneas antes de que el 12 de Octubre se congreguen cerca de la tribuna de autoridades del desfile militar de la fiesta nacional presidido por los Reyes los habituales grupos de insultones al presidente del Gobierno y de que, como siempre, se conviertan en noticia. ¿Creen que Trump, por ejemplo, les permitiría hacerlo? ¿Y el generalísimo Franco? Fechas atrás un viandante dirigió una palabra desagradable o inexacta al señor Aznar y un policía tardó dos minutos en pedirle su filiación y anotarla. ¿Qué pasa? ¿Los que insultan a Sánchez, a la inteligencia y a Maricarmen ni siquiera son intimidables?