Luis Díez.
España destina a la defensa militar 1.359 euros por habitante y año. Es bastante dinero. Más, por ejemplo, de lo que el dueño de cada casa dedica (si quiere) a protegerla de los amigos de lo ajeno y de otros daños con una alarma y un seguro que a precio medio de mercado se sitúa entre 40 y 45 euros al mes, unos 500 euros al año. Resulta curioso constatar que hace solo tres años la defensa militar de este país pacifista de cuarenta millones de personas costaba a cada español menos que el servicio de Movistar-Prosegur de protección del hogar. Y eso que el anterior presidente del Gobierno, M, Rajoy, se había comprometido a dedicar el 2% del PIB a la altura de 2017. El putinato ya había atacado a Ucrania y mantenía su espada de Damocles sobre el norte de la UE. Pero ni se olía el peligro ni las flores.
El caso es que para cumplir el porcentaje comprometido tras el último recordatorio (en marzo pasado) de la Comisión de la UE a los socios renuentes, el actual jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tenido que arañar 10.471 millones de euros que, sumados a los 33.123 del presupuesto ordinario (el 1,6% del PIB), suponen esa aportación per cápita reseñada y comprometida (1.359 €) y han evitado el reproche de los socios europeos.
Entonces, de pronto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un experto en dimitir como primer ministro holandés, eleva el dígito al 5% del PIB en Defensa. Es mucho dinero. Supone la curiosa cifra de 106.420 millones de euros para España. Eso no puede ser. El presidente Pedro Sánchez no firmará el trágala. Negocia a través del tal Rutte con el líder que formula su imposición, el ultraico Trump, y consigue “la carta de excepción”a cambio de no romper la unidad y estampar su firma en el comunicado final de la cumbre de La Haya. Buen trabajo.
Míster Trump llega a la ciudad holandesa en plan matón, después de haber lanzado unas cargas telúricas de bombas y misiles perforadores contra las instalaciones en las que supuestamente Irán trataría de montar bombas nucleares. La operación fue bautizada como “Martillo de Medianoche” y resultó un éxito, según el mandatario estadounidense. El matón atacó sin permiso alguno de Naciones Unidas, vulnerando el derecho internacional y, por supuesto, sin informar a los socios y aliados de la OTAN. Para que vean quién manda aquí. Y ahora ya pueden besarme el culo.
Asombrados debieron quedar los gobiernos de la UE que ejercieron sus buenos oficios diplomáticos para que Irán mantuviera la negociación con Washington tras los bombardeos de los que ha sido objeto por parte de Netanyahu. Después de la “guerra de los doce días” como bautizó Trump al intercambio de misiles entre Israel e Irán, el mundo debía agradecerle que nos librara de más riesgo nuclear. Como si el suyo y el del criminal Netanyahu no fueran suficientes. Para el escritor judío Josh Hammer quedó claro que tras los ataques “la relación bilateral entre Trump y Netanyahu es claramente más sólida que nunca”. Y así lo escribió entre elogios al matón, en Los Angeles Times.
Ya en suelo holandés, el jefe de Estados Unidos (EEUU) preguntaba a unos y a otros qué le pasa a España. Se ve que el tipo que venía a exigir forraje europeo para el complejo militar industrial USA con el fin de garantizar su opulenta continuidad dos lustros más, no digería el hecho de que un país desobedeciera su voluntad. Pero allí estaba Pedro Sánchez. Si quería saber qué pasa con España solo tenía que acercarse y preguntarle. No lo hizo. En cambió amenazó a nuestro país con duplicar los aranceles. La UE y EEUU todavía negocian el acuerdo del famoso “día de la liberación” de Trump. Por no decir fiasco.
La singularidad de España tiene sentido porque ya aporta un esfuerzo considerable y asume un riesgo inestimable autorizando el uso de las bases de Rota y Morón al Ejército y la Armada estadunidenses. Históricamente lo tiene porque bien poco debe a EEUU por la liberación del nazifascismo. Y quitando la leche en polvo, nada obtuvo del plan Marshall. Es de llorar tener que recordar esto y, recordar, por ejemplo que todavía sufrimos la contaminación del dióxido de plutonio procedente de las dos bombas nucleares que cayeron y se deterioraron el 17 de enero de 1966 sobre la localidad almeriense de Palomares. Ahora que Trump anda buscando “tierras raras” vale recordar que no se llevaron las cinco mil toneladas de tierra almeriense que iban a cargar. Ni siquiera la mitad.
El mismo líder que niega el cambio climático, retira la firma de los objetivos de París y persigue en los tribunales a estados como California por la descarbonización en curso, exige a la OTAN más gastos en armamento. El mismo tipo que ningunea a la UE en sus negociaciones con Putin sobre el futuro de Ucrania le pide 700.000 millones de dólares más. Para qué? Para repartirse Ucrania con Putin?
Se trata del mismo sujeto que se retira de la OMS, que liquida la Cooperación Internacional, dejando en África a decenas de millones de personas al albur de las enfermedades, la hambruna y la muerte; el mismo individuo que jibariza la democracia en su país, persigue sañudo a los inmigrantes, sobre todo si son trabajadores de origen hispano… ?todavía se atreve a preguntar qué le pasa a España? España tiene dignidad, posee un presidente que la representa, que sabe que a Trump le repugna el castellano y que no le besa el culo, míster. Los españoles no lo tolerarían verdad? Este dirigente socialdemócrata, llamado Pedro Sánchez, también se quedó solo pidiendo en el Consejo Europeo la suspensión del acuerdo de trato preferente con Israel en protesta por el genocidio en Gaza. “Oh soledad, mi sola soledad”, que diría nuestro Antonio Machado, un hombre bueno.
