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Los que se lucran con la guerra

Luis Díez.

¿A quién beneficia la guerra? En primer lugar, a los fabricantes de armas, municiones y máquinas de matar. “Si las usan moriremos por explosión, si no por hambre y enfermedad”, decía el periodista Rafael Barret a principios del siglo XX para demostrar que todas, absolutamente todas las armas son una mierda. En la guerra emprendida por el matón de la Casa Blanca, señor Trump, y su amigo genocida del pueblo palestino, señor Netanyahu, contra Irán, los hijos mayores del primero, Donald y Eric, se benefician directamente de la conflagración como inversores en compañías vinculadas a la fabricación de armamento como la tecnológica Powerus, con sede en West Palm Beach (Florida), que se está fusionando con otras firmas para fabricar drones. Antes de los ataques militares contra Irán, Eric Trump se implicó también en un acuerdo para aportar 1.500 millones de dólares a la firma israelí Xtend, especializada en aeronaves tácticas no tripuladas.

Según la información suministrada por el Wall Street Journal, la apuesta de la familia Trump por la industria armamentista pretende satisfacer la demanda de drones planteada por el Pentágono y llenar el vacío dejado por la orden previa de la administración estadounidense de prohibir drones de importación y más concretamente los de fabricación china que inundaban el mercado. Brett Velicovich, cofundador de Powerus y veterano de operaciones especiales del ejército de Estados Unidos que ha asesorado a empresas de drones en USA y Ucrania dice que Powerus trabaja en acuerdos para adquirir empresas de drones ucranianas o agenciar su tecnología y construirlos y comercializarlos con marca blanca en EEUU. El director ejecutivo de Powerus, Andrew Fox, concreta el objetivo de construir más de 10.000 drones al mes. Verdad que ahora se entiende mejor el llamamiento del Trump a la industria militar de su país para que “cuadruplique la producción”?

El presidente de EEUU Donald Trump con sus hijos Ivanka, Eric y Donald junior

Para hacerse una ligera idea de los impresionantes beneficios de la industria del armamento baste decir que tan solo en los dos primeros días de la guerra de la guerra de Trump contra Irán, el ejercito USA consumió 5.600 millones de dólares en munición. Fue uno de los datos ofrecidos por el Pentágono en las sesiones informativas a puerta cerrada en el Capitolio. Este consumo fue mucho más costoso de lo divulgado oficialmente, lo que viene a confirmar lo que de antemano sabíamos: que la primera víctima de la guerra es la verdad y que cuanto más dinero público detraen de los servicios y necesidades básicas de supervivencia, más lo tapan. Roban, restan y se forran a una velocidad supersónica, según la información aportada por el Washington Post.

El matón de la Casa Blanca que ha provocado el asesinato de 175 niñas menores de doce años y de varias profesoras en la escuela iraní de Mehr, beneficia los negocios del sátrapa del Krenlim, Putin, y sus amigos y subordinados petroleros, al provocar con su guerra contra Irán una carestía del petróleo muy conveniente para sufragar el putinato y los bombardeos y la ocupación de territorio en Ucrania. Hay potentados rusos haciendo negocios con la hija mayor de Trump, Ivanka, y su marido, Jared Kushner, consejero del presidente y creador de la compañía de capital riesgo Affinity Partners. Esa entidad canaliza además miles de millones de dólares de inversión de los Emitatos Árabes Unidos, Catar y Arábia Sudita en EEUU. Los medios consultados coinciden en que príncipe heredero saudí y hombre fuerte del régimen, Mohammed ben Salman, es amigo y persona muy cercana al yerno de Trump.

Arabia Saudita envía a los petroleros a cargar en el mar rojo ante el riesgo en el estrecho de Ormuz

Aunque la inseguridad para sacar el petróleo del Golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz ha paralizado el paso de los petroleros, con el consiguiente beneficio mayor para Rusia, según destacaba esta semana el presidente del Consejo de la UE, Antonio Costa, la principal extractora Saudi Aramco ha pedido a los compradores asiáticos que acudan a cargar el crudo al puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, y que comuniquen cuanto antes (antes del viernes, 13 de marzo) cuánto desean importar en abril. Ese y otros anuncios ponen de manifiesto la existencia de alternativas al bloqueo del estrecho por el que sale el 20% del petroleo que consume el mundo. Cierto es que la capacidad de almacenaje de los extractores es limitada y puede obligar a los jeques a parar el bombeo. Pero no por eso sufrirán grandes estragos, habida cuenta de que esa minería líquida, al contrario que la del carbón, no requiere muchos trabajadores ni gran gasto de personal.

Rysard Kapuściński, el gran periodista polaco que tan bien contó la caída del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi en 1979 y la revolución islámica con el ayatola Jomeini al frente de la república teocrática actual, decía que el petroleo era una bendición para los autócratas de los países árabes porque su extracción no provocaba huelgas ni revueltas obreras. Los jefes como aquel Sha vivían estupendamente, casi siempre fuera del país, creaban unidades de élite en el ejército, las dotaban de material sofisticado, importaban especialistas con sueldos fabulosos, vivían en una orgía permanente de lujo y baleaban al pueblo cuando protestaba en las calles porque tenía hambre y unos salarios de miseria. Eso hacía el Sha Reza Pahlevi y por eso cayó tras matar a cientos de personas que se manifestaban en Teherán. Y eso ha vuelto a hacer ahora el ayatolá Jamenei antes de morir bajo las bombas de Trump. Su segundo hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei puede ser considerado otro beneficiario neto de la guerra de un Trump que lejos de tumbar, ha fortalecido al régimen.

El nuevo ayatola Mojtaba Jamenei, segundo hijo del anterior, asesinado por las bombas USA sobre Teherán

Por cierto que el nuevo ayatola, a quien mandos militares estadounidenses aseguran haber «desfigurado», no le va a la saga a aquel Sha en materia de lujosos inmuebles, palacios y negocios en varios países europeos. En España es dueño del complejo turístico Steigenberger Hotel y Resort Camp de Mar, en Palma de Mallorca. Se trata de un hotel de cinco estrellas con campo de golf gestionado por la entidad Smart Global Limited. Las operaciones inmobiliarias del ayatola muerto y de su hijo el ayatola puesto estarían a cargo de Ali Ansari, un empresario iraní sancionado en Reino Unido tras la quiebra del banco Ayandeh, implicado en el desvío de fondos para la Guardia Revolucionaria. Este personaje maneja sociedades registradas en paraísos fiscales a las que canaliza fondos procedentes de la venta de petróleo bajo mano a distintos países, eludiendo las sanciones internacionales. Las inversiones de inmuebles de lujo en Madrid, Marbella, Palma de Mallorca, Londres, Berlín y algunas ciudades de Austria formarían parte del inmenso capital del nuevo líder iraní mientras mantiene un perfil austero ante su pueblo.

Hotel de cinco estrellas del presidente iraní, el ayatola Jamenei en Palma de Mallorca

En último, aunque pudiera ser en primer lugar, hay un beneficiario principal del caos y la muerte provocada por los ataques a Irán y Líbano del dúo criminal Netanyahu-Trump. Es el propio matón de la Casa Blanca. Su turbio pasado con su millonario amigo y traficante sexual de menores Jeffrey Epstein le persigue. ¿Trabajaba Epstein para el Mosad? ¿Qué saben de Trump los servicios secretos israelíes que le han llevado a obedecer ciegamente al genocida Netanyahu? Los grandes prebostes infestados por el proveedor sexual Epstein siguen cayendo como fichas de dominó –el último ha sido Steve Tisch, copropietario de los Giants de Nueva York y productor de filmes de éxito como Forrest Gump, Risky Business y otras–, pero de Trump ya no se habla en relación con el traficante sexual y pederasta que supuestamente se suicidó en 2019 en una cárcel de Nueva York, sino con el curso de la guerra.

A propósito de beneficios de una guerra que en 15 días ha provocado cientos de muertos civiles y tres millones de desplazados en Irán, además de setecientos fallecidos y más de 800.000 desplazados en Líbano por los bombardeos de Israel y casi medio centenar de víctimas mortales en los países del Golfo, Iraq y el propio Israel, convendría saber qué ventajas, ingresos y canongías aspiran a obtener el expolítico nefasto Aznar López y los mediocres dirigentes del PP cuando vituperan al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por negar el permiso a Trump para utilizar las bases de Rota y Morón en sus planes bélicos contrarios a la legalidad internacional y la Carta de Naciones Unidas. ¿Qué clase de patriotismo profesan estos tipos y su apéndice dizque más ultra, el corrupto Abascal, cuando colocan la soberanía nacional de alfombra de los dos personajes criminales y además les llaman “aliados”?

Ahora que los ciudadanos españoles, del mismo modo que los del resto del mundo, incluidos los estadounidenses, estamos pagando las consecuencias de la guerra, conviene acordarse de los amigantes de Trump y Netanyahu no sólo en las gasolineras, los supermercados o cuando recibimos las facturas del gas y la electricidad, sino muy especialmente a la hora de votar. Además de un asunto de clase social –ricos y pobres, capitalistas y proletarios, trabajadores y empresarios– es también una cuestión de dignidad, calidad humana, honradez y preservación de la paz, la convivencia, la equidad, la igualdad de género y los derechos humanos frente a falsarios que corren a lamer el culo a los matones y sembradores de odio.