Luis Díez.
No hay semana sin sorpresa. El inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, y sus principales validos, el vicepresidente James David Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth han elaborado una nueva “estrategia nacional de seguridad” que por primera vez desde 1945 desprecia la alianza con los europeos occidentales, declara su hostilidad hacia la Unión Europea (UE) y promueve la destrucción de la unidad y de las políticas comunes de los 27 mediante el apoyo a los partidos políticos de ultraderecha en los distintos países, lo que supone una falta de respeto descarada y una injerencia electoral en la soberanía nacional de los demás.
El documento publicado el viernes 5 de diciembre por la Casa Blanca sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha suscitado gran sorpresa e inquietud en todas o casi todas las capitales europeas. “El amigo americano” ha decidido retirarse a sí mismo ese tratamiento en el cuadernillo elaborado por Trump y sus dos posibles sucesores Vance y Rubio. El documento parece emanado del Kremlin y, según el periódico alemán Der Spiegel, recoge una lista de deseos de Moscú. Es como si Trump y sus ayudantes hubieran plagiado los objetivos de Putin, pues cargan contra la UE y proponen socavar la unidad, obstaculizar sus avances y destruirla para volver a los nacionalismos estatales. Es como si los presidentes actuales de las dos grandes potencias mundiales coincidieran en este mundo con un objetivo común: hacer daño.
Del belicoso arancelario, ahora entregado al crimen y la piratería en el Caribe, los aliados europeos de la OTAN aceptaron la exigencia de aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB, es decir, más del doble de lo acordado hasta 2025. El presidente español, Pedro Sánchez, fue el único que le plantó cara y dijo “no”. ¿Por qué el 5% en armamento cuando EEUU no aporta más del 3% de su PIB? ¿Por qué la UE ha de sacrificar la enseñanza, la sanidad y otros vectores del Estado del Bienestar que le son propios para comprar armamento en EEUU y realizar inversiones allí necesarias aquí? Fueron las preguntas que formuló Sánchez ante el silencio de los demás dirigentes europeos que ahora discuten si los fondos y bienes incautados a Rusia por invadir Ucrania han de emplearse en fortalecer a Kief, parar a Putin y reparar el daño.
Vale recordar que en aquella cumbre de la OTAN el soberbio Trump amenazó a España con altos aranceles si no entraba por el aro de su voluntad. Ahora ha decidido amenazar al conjunto de la UE con una descalificación de la unidad europea y un ataque inmerecido a sus “débiles” dirigentes. En las dos páginas y media de estrategia USA hacia Europa vitupera la unión, descalifica e intenta humillar a los europeos y pronostica el final de la civilización europea en veinte años si los países no renuncian a la unidad política y económica y no siguen los postulados de la extrema derecha que Trump y sus esbirros, incluido Elon Musk, patrocinan para el viejo continente.
La mentira como arma
El nutrido grupo de farsantes multimillonarios en el poder en USA alimentan el principio de “divide y vencerás” que ya venía practicando por detrás contra la UE el cara de víbora Vladimir Putin. Se ve que a los dos amigantes (amigos mangantes), Putin y Trump, les jode, fastidia, irrita, delata y deja en evidencia el éxito económico y social (también político) de la UE de los 27 en relación con otras áreas del mundo (incluida la Federación Rusa y los EEUU) en las que la pobreza y las diferencias sociales son enormes, impúdicas y crecientes.
Pero además el documento estratégico de la Casa Blanca utiliza contra la UE un arma tan antigua como la mentira, un trato tan vulgar como el desprecio y una técnica tan manida como infundir el miedo. Desde Suz Tzu, el general chino que vivió en el siglo V antes de Cristo, es sabido que “el arte de la guerra se basa en el engaño”, no en la mentira descarada a la que apelan Trump y sus acólitos. Así, el mandatario con síndrome de Keops, sostiene que Europa está en decadencia y se refiere al “declive económico” afirmando que “la Europa continental ha ido perdiendo participación en el PIB mundial –del 25 % en 1990 al 14 % en la actualidad”, lo cual es falso.
Según el Fondo Monerario Internacional (FMI), la UE representó el 17,41% de la riqueza mundial en 2024 y su PIB supuso, según Eurostat, el 14,7% de la economía global contabilizada. Mal que pese al “declive económico” empleado como argumento por el eutrapélico Trump, los bienes y servicios de la UE supusieron el año pasado 19 billones de euros, lo que permite a los 27 países europeos figurar como la segunda potencia comercial, con el 9,2% del comercio mundial, por detrás de China (11,8%) y por delante de USA (6,8%).
Por incidir en ese “declive económico”, la UE dispone de su propio presupuesto para financiar prioridades y grandes proyectos que la mayoría de los países miembros no podrían financiar por sí solos. Posee una política agraria común que garantiza la seguridad alimentaria de la que carecen otras regiones del mundo. Y dispone de un presupuesto para el período 2021-2027 de más de dos billones de euros, superior al federal de EEUU, con un déficit público del 3,2% del PIB, inferior al estadounidense y una deuda bruta consolidada del 81% del PIB, frente al 122% de EEUU.
Con independencia de que la UE sufrió las consecuencias de la grave crisis financiera provocada por las prácticas bancarias sucias de los especuladores estadounidenses en 2008 y más tarde tuvo que idear su propia fórmula para mantener la economía y el tejido productivo tras la pandemia del coronavirus (2000-2022), los estrategas autoritarios y neofascistas en el poder en Washington se esmeran en presentar su posverdad para demostrar que la UE tiene menos futuro que un caramelo en la puerta de un colegio.
La amenaza como herramienta
La fijación de Trump y sus esbirros resulta extraordinaria. En su documento oficial afirman que “el declive económico (de la UE) se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de una desaparición de la civilización”. Es tremendo. Y añaden: “los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos; la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política; el desplome de las tasas de natalidad; y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”. Tremendo.
Queda claro que la UE como institución supranacional les fastidia. Que la unidad económica de 450 millones de ciudadanos de 27 países europeos les impide mangonear a unos y a otros por separado como sería su deseo y es su práctica en América Latina. Que las regulaciones promovidas por la propia UE y los Estados miembros para evitar los abusos de esas grandes multinacionales –incluida la X, antigua Twitter, del nazi Musk– que burlan las leyes del libre mercado (las suyas) y trasgreden los principios básicos de la dignidad humana, les irritan. Y en fin, que, según dicen, la baja natalidad y la inmigración, son las grandes amenazas para esta Europa en peligro, al borde del “colapso” y a punto de “desaparecer” como civilización. Tremendo.
Sobre la disminución de la natalidad la verdad es que la tasa correspondiente a Europa es de 1,41 mientras la de EEUU es de 1,62 hijos de media por cada mujer. Esa diferencia ligeramente superior indica que el gobierno estadounidense debería temer un “colapso de la civilización” también en su propio país.
Sobre las políticas migratorias conviene aclarar que el discurso racista y xenófobo de Trump, sus violentas redadas contra los trabajadores inmigrantes en barrios, fábricas, campos, comercios y talleres, con el empleo del Ejército –como si los miles de agentes armados del ICE fueran insuficientes–, sus encarcelamientos y deportaciones, además del profuso paquete de disposiciones negando el acceso a la sanidad, la educación y hasta la alimentación a la población inmigrante es rechazada de plano por los demócratas y por un porcentaje cada vez mayor de los republicanos. Con independencia de la manipulación política del fenómeno migratorio, está demostrado que inmigración, progreso y prosperidad son sinónimos. Y que la gobernanza común europea de la migración ha de ir más allá del simple endurecimiento de las leyes y, por supuesto, combatir la propaganda negativa que esparcen las formaciones neofascistas.
La intromisión como política
Más allá de la retórica falaz del documento estratégico de seguridad de EEUU acusando a Europa de “censura de la libertad de expresión, supresión de la oposición política (…) y pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”, se puede leer negro sobre blanco el objetivo de Washington de “cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas”. ¿Qué quiere decir esto? El New York Times entiende que el documento “deja explícito el apoyo de Washington a los partidos nacionalistas de extrema derecha de Europa”. En pocas palabras: una injerencia política y electoral en toda regla.
Antes de fijar esa y otras “prioridades para Europa” (página 26 del documento) que vienen a resumir aquel discurso amenazante del señor Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado, los redactores animan a sus aliados políticos en Europa a promover el “resurgimiento del espíritu” de los Estados-nación y dicen que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es, sin duda, motivo de gran optimismo”. O sea que para Trump y sus acólitos de Maga, incluido Elon Musk –quien en los últimos días ha pedido la desintegración de la Unión Europea–, no basta con que Europa se pague su defensa; hace falta también que se recupere de su decadencia y debilidad, debidas a su multiculturalismo, y para ello hay que apoyar a la extrema derecha como en Brasil, Honduras, Argentina, etcétera.
Tan diestros estrategas tienen un problema. Está en la página 10 de su documento, allí donde dice: “Estados Unidos trazará su propio rumbo en el mundo y determinará su propio destino, libre de interferencias externas”.
Eso está bien. ¿Entonces por qué practican la injerencia, interferencia, intromisión y otras técnicas de erosión en terceros países? La soberanía y el respeto de todos y cada uno de los países de la UE son bienes legales y morales idénticos a los que EEUU protege sin reservas frente a potencias y entidades extranjeras que socaven o busquen dirigir sus políticas. No lo olviden.
