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Trump (4) o cuando el necio celebra el fin de un Papa bueno y crítico

Madrid.– Luis Díez

Veinte días antes de que muriera en Roma el Papa Francisco, la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos –equivalente a la Conferencia Episcopal española– decidió reformar su organigrama. Fue una reforma muy simple. Consistió en suprimir el Departamento de Migraciones y Servicios de Refugio. El titular de ese negociado era el obispo de El Paso (Texas) Mark Joseph Seitz, un hombre de 70 años, que con anterioridad fuera obispo auxiliar en Dallas y había sido nombrado en 2013 por Francisco jefe de la diócesis a caballo con México.

Nadie mejor que el obispo Seitz y sus grupos de voluntarios conoce los problemas a los que se enfrentan los inmigrantes económicos que consiguen cruzar la frontera y también los refugiados que piden asilo en EEUU. En ocasiones tuvo que acompañar a las víctimas de guerras, matanzas y desastres a las oficinas policiales para que no les detuvieran cuando iban a presentar sus peticiones de asilo. Seitz criticó la dureza de las separaciones familiares, especialmente, el confinamiento de niños pequeños y la expulsión de sus padres. También escribió contra los centros de reclusión de inmigrantes y los procedimientos injustos y brutales dictados por la administración estadounidense.

Aunque monseñor Seitz no tiene un pelo de ingenuo y sus críticas adolecen de moderación, no esperaba que el ejercicio del derecho a la libertad de expresión acarreara represalias. Pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto el final de la ayuda a la labor humanitaria hacia los inmigrantes y, en consecuencia, la clausura, a finales de este año, del Departamento que dirigía el obispo de El Paso. La organización se cierra “al cesar los dineros gubernamentales que había recibido a lo largo de cinco décadas”, escribió un portavoz en Internet.

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Si la primera preocupación que demostró aquel jesuita argentino, Jorge Mario Bergoglio, nada más ser elegido Papa, fue por los inmigrantes que llegaban a Lampedusa (Italia) y eran rechazados después de unas travesías mortales para cientos y cientos de ellos en las aguas del Mediterráneo, la primera acción de Tramp consistió en aplicar a los inmigrantes una ley de guerra del siglo XIX para detenerlos, encarcelarlos y deportarlos a toda prisa por la vía ejecutiva y con olímpico desprecio al Poder Judicial.

La cruzada de Trump, alias Elnecio, contra los inmigrantes está contagiando a gobernadores y elementos reaccionarios de su partido hasta el punto de que, por ejemplo, en Idaho, uno de los estados más pobres, aquejado por brotes de sarampión, se ha puesto fin a la vacunación de inmigrantes sin papeles. Otras medidas para capturar y expulsar a los inmigrantes sin permiso de residencia aunque con contratos de trabajo están siendo los cruces de datos entre Hacienda y el Departamento de Seguridad Nacional. El titular del Tesoro, Scott Bessent, ha firmado un convenio con la jefa del sistema policial, Kristi Noem, para transferirle todos los datos fiscales, supuestamente protegidos.

Las estadísticas internas indican que entre 18 y 20 millones de puestos de trabajo en EEUU están ocupados por inmigrantes tanto legales como sin permiso de residencia, y algunos estados, comenzando por California, y numerosas ciudades se han declarado “valedoras” y “ciudades refugio” de inmigrantes. Con todo, el miedo de los trabajadores y sus familias inmigrantes aflora cada día en las páginas de la prensa ante la nueva exigencia de Trump de que quienes hayan entrado sin permiso se inscriban en un censo especial antes de que acabe abril. Con qué fin? No lo dicen, pero la mayoría supone que es para expulsarlos.

Para entender la catadura de Elnecio que ahora acude al funeral del Papa Francisco en Roma podemos tener en cuenta el hecho de que el 80% de los inmigrantes que están en riesgo de ser deportados de EEUU son cristianos. Así lo revela el último informe auspiciado por importantes organizaciones católicas y evangélicas, del que se hizo eco el 4 de abril el diario The Ángeles Times. El informe indica que alrededor de 10 millones de cristianos están en una situación vulnerable ante la agresiva política de Trump y que 7 millones de cristianos comparten residencia con al menos una persona en riesgo de deportación.

El vicepresidente de la organización humanitaria evangélica World Relief (Auxilio Mundial), Matthew Soerens, manifestó que el informe pretendía alertar a muchas personas que no se han dado cuenta de que la mayoría de las personas que podrían ser deportadas comparten la misma fe. Sin citarlo expresamente, llaman a un frente solidario común de católicos y evangélicos. Entres los grupos que ayudaron a realizar el estudio están la Asociación Nacional de Evangélicos, la Conferencia de Obispos Católicos y el Centro para el Estudio del Cristianismo Global en el Seminario Teológic de Massachusetts. Aunque el informe no defiende ninguna posición política, pretende crear conciencia entre los cristianos y aboga por reformas para abrir vías de legalidad a los inmigrantes.

Los migrantes en riesgo de ser expulsados van desde aquellos que cruzaron la frontera sin permiso hasta los que tienen estatus legal que podría ser revocado. Por ejemplo, el gobierno federal ha eliminado el estatus de protección temporal a venezolanos y haitianos y suprimido el permiso humanitario que otorgó a otros migrantes de estos dos países y de Cuba y Nicaragua. Por si fuera poco, el gobierno de Trump está retirando los visados a estudiantes extranjeros que protestan por las matanzas israelíes de los palestinos de Gaza, otra preocupación diaria del Papa Francisco.

Según el obispo Mark J. Seitz, cuyo departamento participó en la elaboración del informe, los católicos representan más de la mitad de las personas susceptibles de deportación en EEUU. El jefe de la diócesis de El Paso no oculta su preocupación sobre las consecuencias de las deportaciones, incluida la muerte. “Conocemos el impacto de romper la unidad familiar y tambien las enormes amenazas que enfrentan las personas que son deportadas sumarialmente a sus países de origen, de los que huyeron en primer lugar debido a las amenazas que sufrían”, declaró Seitz en referencia a la represión gubernamental y el crimen organizado en sus países de origen. “Hay personas que van a morir si este esfuerzo de deportación continúa al nivel actual”, concluyó.

En ese contexto no se sabe muy bien si Elnecio acude a rendir póstumo homenaje al “fantástico” Papa Francisco, a modo de burla, como otros despiadados ultraderechistas (Milei, Orbán, Meloni…), o para doctorarse en cinismo global. Lo único cierto es que para Trump y su ralea fascistoide y cruel ha desaparecido un Papa molesto por su defensa de los Derechos Humanos y su enorme predicamento mundial. La congresista republicana por Georgia, Marjorie Taylor Greene, quien se lucró de los vaivenes bursátiles gracias a los mensajes de Trump, celebró la muerte de Francisco y enseguida twiteó: “Hoy hubo grandes cambios en el liderazgo mundial; el mal está siendo derrotado por la mano de Dios”. Esa criatura había escrito en Religion News Service que los obispos estaban “controlados por Satanás” al brindar ayuda a los inmigrantes.

Trump (3) o los primeros cien días de daño del necio

Madrid.–Luis Díez

Ahora que se van a cumplir cien días de la llegada (por segunda vez) de Donald Trump a la Casa Blanca, los grandes medios de comunicación estadounidenses preparan balances y encargan encuestas sobre la gestión del presidente. Algunos formulan preguntas a sus lectores. El USA Today quiere saber cuantos están de acuerdo con lo que hace el presidente y si les parecen bien o mal sus decisiones económicas. A la hora de hacer un balance de los primeros cien días del “agente naranja”, alias Elnecio, mi amigo Willer se inclina por abreviar al máximo: contar lo que ha hecho bien. Pero la importancia del daño merece un cierto recorrido. El columnista del Wall Street Journal Karl Rove titulaba su análisis del día de Jueves Santos: “Estados Unidos se cansa de Trump” y destacaba que “su ritmo frenético y su falta de concentración dejan preocupados y confundidos a muchos votantes”. Rove es un tipo piadoso.

Elnecio bautizó el 2 de abril como “el día de la liberación”. Rodeado de su corte de secretarios y altos cargos en función de palmeros, anunció en el jardín de la Casa Blanca la imposición de aranceles a todas las mercancías que entraran en Estados Unidos (EEUU) desde cualquier punto del planeta. La tarifa básica del 10% para todos se incrementaba hasta el 145% del precio del producto si procedía de China y también castigaba de una manera especial a Japón y a la Unión Europea (UE). Previamente había firmado órdenes ejecutivas para aplicar aranceles del 25% a los automóviles y sus componentes, así como a los metales más empleados en la construcción y la industria: hierro, acero, aluminio.

Con un batiburrillo plagado de mentiras a modo de discurso, Elnecio justificó su declaración de guerra comercial por el daño que el libre comercio hace a la industria y a la balanza comercial de su país. Mintió sobre el desequilibrio con la UE al no incluir los servicios en la balanza de pagos. Pero al margen de esa y otras consideraciones, el derrumbe de las bolsas de valores fue la respuesta más contundente registrada desde el crack de 1929. Las 500 personas más ricas del planeta, según Bloomberg, perdieron 536.000 millones de dólares en las dos jornadas siguientes al “día de la liberación”. Era la mayor pérdida de riqueza jamás registrada en 48 horas. Entre esos multimillonarios se hallaba el grupito de magnates que apoyó al “agente naranja”, asistió a su toma de posesión o contribuyó a su campaña y entronización.

En lo que el patrimonio neto de los oligarcas más ricos del mundo que ahora gobiernan el país más poderoso de la tierra –léase Elon Musk, Jeff Brezos y Mark Zuckerberg– se desplomaba, al caos bursatil iba seguido del incremento del coste de la deuda. El bono a diez años alcanzaba un interés del 5% debido, según los analistas, a la pérdida de credibilidad del país, algo insólito. Entonces Elnecio intentó calmar la situación anunciando una moratoria arancelaria de noventa días en la que estamos. Justificó, no obstante, ese trimestre de gracia diciendo que se necesita tiempo para recibir a los gobernantes de los 75 países que hacen cola para negociar o, según sus palabras, “que han pedido venir a besarme el culo”.

El matonismo reaccionario y soez de Elnecio, que enseguida se apiadó de las grandes tecnológicas de EEUU que fabrican en China y suprimió los aranceles a teléfonos, chips, ordenadores, televisores, etcétera, ha contagiado a algunos de sus colaboradores. Eso se deduce de los denuestos de Musk contra Peter Navarro, el principal asesor de Trump en comercio exterior, al que tildó de “auténtico imbécil” y “más tonto que un saco de ladrillos”. La bronca empezó cuando Navarro dijo en una televisión que Musk, el propietario de Tesla, “no es un fabricante, sino un ensamblador de autos” en su planta de Austin (Texas). Navarro abundó en que los motores que recibe (sistemas eléctricos y baterías) proceden de Japón y de China, la electrónica viene de Taiwán…” El humor de Musk, que también es dueño de X (antes Twitter) y la lanzadera espacial SpaceX, estalló como un huevo podrido. Le llamó “imbécil”, dijo que sus afirmaciones eran falsas y aseguró que “Tesla tiene la mayor cantidad de autos fabricados en EEUU”. La polémica siguió varios días en las redes sociales. Un usuario que compartió un video de Navarro sobre los aranceles y dijo que le parecía un experto fiable, pues Navarro es doctor en economía de Harvard, la universidad más prestigiosa del mundo occidental, se encontró esta respuesta de Musk: “Un doctorado en Economía de Harvard es algo malo, no bueno”.

Con todo, el multimillonario Musk, el tipo más rico del mundo, al que Trump colocó al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, deja ya su cometido. Según algunos periódicos de Wasington y Nueva York, abandonará en fechas próximas su colaboración con Elnecio después de haber despedido a más de 150.000 funcionarios y recortado especialmente los programas de sanidad, educación y seguridad social. Eso sí, los mismos medios afirman que Musk seguirá siendo amigo de Trump, quien, quizá para paliar las pérdidas del “día de la liberación”, le ha adjudicado gran parte del programa de lanzamiento de satélites espía del Ejército, con una entrega inicial de 6.000 millones de euros.

Al margen de los juegos de manos entre el presidente y sus familiares y amigantes, quedará ya como patrimonio inmemorial del movimiento reaccionario Make America Great Again (MAGA) la pérdida de fiabilidad de los EEUU. Los profesores Henry J. Farell y Abraham L. Newman, autores del libro Imperio subterráneo (“Cómo EEUU convirtió la economía mundial en un arma”) manifestaban esta semana en The New York Times que probablemente los países y las empresas rindan pleitesía a Trump, o finjan hacerlo para evitar aranceles, sanciones y controles a la exportación. Pero también sabrán que EEUU ya no es del todo fiable. Es probable que veamos la erosión de los mercados que sustentan la fortaleza de Estados Unidos a medida que los tributos unidireccionales desplacen a las relaciones bilaterales en un mundo multilateral. Y añadían: “Las empresas globales diversificarán sus cadenas de suministro aplicando a la exposición estadounidense los mismos cálculos de riesgo que antes aplicaban a los tratos con cleptócratas de poca monta”.

La decisión de Elnecio de “hacer grande a los EEUU de nuevo” declarando la guerra arancelaria a sus vecinos México y Canadá en primer lugar y luego a China, Japón y la UE especialmente, ha provocado también una fuerte tensión interna. El gobernador de California, Gavin Newsom, impugnó la autoridad del presidente para imponer los aranceles generalizados que han desatado una guerra comercial global. La demanda interpuesta el pasado 16 de abril ante la Corte de Distrito Federal para el norte de California argumenta que Tramp hace un “uso ilegal” de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles, pues si bien la ley permite al presidente congelar y bloquear las transacciones en respuesta a amenazas extranjeras, no permite en cambio aplicar aranceles. La implementación de tales aranceles requiere la aprobación del Congreso.

El enfrentamiento más sonado a cuenta de los aranceles se veía venir y estalló por fin en esta semana de pasión. El presidente de la Reserva Federal (la Fed, por sus siglas en inglés), Jerome Powell, manifestó durante un almuerzo en el Club Económico de Chicago lo que todos sabían, que “es muy probable” que los aranceles de Trump provoquen inflación y un empeoramiento de las condiciones económicas del país. El discurso de Powell, seguido de preguntas de empresarios e inversores, sirvió para advertir sobre la posible desaceleración de la economía, la consiguiente carestía y la pérdida de empleo, a consecuencia de las inestables condiciones económicas bajo el gobierno de Trump. Éste repicó en su red Truth Social (Verdad social) con un mensaje amenazante: “El despido de Powell no puede esperar”, decía tras tildarle de errático y lento y de conminarle a bajar los tipos de interés, pues “los precios del petróleo han bajado, los alimentos (incluso los huevos!) han bajado y EEUU se está enriqueciendo con los aranceles”.

Otras medidas de estos cien primeros días de gobierno de Elnecio, como las redadas y deportaciones de inmigrantes, la declaración de unos 6.000 inmigrantes “muertos” para borrarles de la seguridad social, el despliegue del Ejército en la frontera con México con competencias para detener a las personas inmigrantes y entregarlas a la policía, el despliegue de la Armada USA en Panamá, la retirada de fondos federales a las agencias humanitarias, la OMS y las Naciones Unidas, los despidos masivos en la administración federal y la supresión de departamentos como el de Educación al tiempo que lanza sanciones económicas (supresión de 2.200 millones de subvención) contra la universidad de Harvard por no plegarse a las órdenes presidenciales y protestar contra el exterminio de los palestinos en Gaza, así como la befa y la chufa sobre el cambio climático y, desde luego, la discriminación de gais y lesbianas… han comenzado a perjudicar gravemente al país y, sobre todo, a precarizar y arruinar su democracia liberal y, por contagio global , la de otras naciones, provocando más sufrimiento, guerra y pobreza.

Trum (2) o cuando el necio escupe contra el viento

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Madrid.–Luis Díez

El presidente de Estados Unidos (EEUU) Donald Trump es descendiente de emigrantes. Sus abuelos eran alemanes y su madre escocesa. Su apellido original es Drumpf, si bien, con el paso del tiempo, los descendientes de aquel Friedrich Drumpf que emigró desde Bremen a Nueva York en 1885, trabajó duro creando hospederías, y murió 33 años después, adoptaron la pronunciación inglesa de la palabra y comenzaron a escribir Trump, término que sirve para designar la carta del triunfo de una baraja de naipes.

Si Tramp es nieto de inmigrantes, hijo de madre inmigrante (la escocesa Mary Anne MacLeod), se casó y tuvo tres hijos con la checoslovaca Ivana Zelnícková, que fuera esquiadora olímpica, y, en fin, contrajo matrimonio en terceras nupcias con la modelo eslovena Melania Knauss, una mujer 24 años más joven que él y que en 2006 dio a luz a su quinto vástago ?cómo se explica su desmedida persecución de los inmigrantes, con redadas injustas y deportaciones declaradas ilegales por jueces y tribunales?

La explicación más sencilla procede de quienes emplean el alias del mandatario, Elnecio, pues sabido es que los necios hacen necedades. Trump ya prometió en su anterior mandato (2016-2020) levantar un muro para sellar la frontera con México. Fue una de las promesas más insólitas y también más celebradas de su campaña electoral. Encima, los 10.000 millones de dólares que iba a costar aquella obra debían de ser pagados por México. Si el Gobierno mexicano se negaba, como de hecho ocurrió, prohibiría las transferencias de las remesas de inmigrantes, la mayoría “ilegales”, que ascendían a unos 24.000 millones de dólares anuales. También amenazó entonces con imponer aranceles a los productos mexicanos y con cancelar los visados a sus ciudadanos.

Vale añadir que terminó los cuatro años de aquel primer mandato presidencial con apenas un centenar de kilómetros de barreras metálicas instaladas en tramos no cubiertos por las vallas discontinuas existentes con anterioridad a lo largo de mil de los 3.145 kilómetros de frontera desde San Diego (California) hasta la costa atlántica de Texas en el Golfo de México. Sobre los visados sirva de ejemplo para evaluar los intereses y la catadura del personaje que mientras el 2 de abril le retiraba el permiso para entrar a EEUU al Premio Nobel de la Paz y expresidente de Costa Rica, Oscar Arias, quien le había llamado “emperador romano”, ofrecía un visado especial, la visa de oro, con residencia indefinida, a cuantos extranjeros llegaran con cinco millones de dólares para gastar en su país.

Trump ha acerado más si cabe su política de persecución de los inmigrantes hispanos en este segundo mandato. Elnecio y sus más fervorosos seguidores reaccionarios consideran la llegada de inmigrantes indocumentados “una invasión” de delincuentes, defectuosos mentales, criminales que “envenenan nuestra sangre” y se dedican a atrapar y comerse a las mascotas domésticas. Al socorrido “cave canen” (cuidado con el perro) el poderoso majadero añadió en campaña “que te lo comen” los negros haitianos. Lo malo es que muchos ciudadanos le creyeron y dejaron de sacar a sus perros de paseo.

He ahí otro ejemplo de las burdas técnicas goebbelianas y de los muchos tropos fascistas que contaminan el discurso o más bien el fangollo y batiburrillo trumpista. Provocan y extienden, a base de bulos, el temor a los inmigrantes y emplean la posverdad para hacer saber que si les votas y ganan las elecciones sellarán las fronteras, expulsarán a los inmigrantes y acabarán con los que te “roban” el empleo, “se benefician” de ayudas sociales y convierten tus calles en lugares peligrosos hasta para los perros.

“Perdido en este desfile de horrores –escribe el profesor de la Universidad de Columbia Michael W. Doyle– está el hecho de que EEUU es una nación de inmigrantes. Irónicamente, los abuelos y bisabuelos de la actual cosecha de ideólogos nativistas fueron los inmigrantes trabajadores (ninguno de los cuales fue investigado) que cavaron los canales de Estados Unidos, construyeron sus ferrocarriles y segaron el césped de sus granjas”.

El humanista Doyle, que es uno de los cuarenta investigadores y especialistas que han elaborado la Convención Modelo sobre Movilidad Internacional (CMMI) sostiene que el 24% de las patentes estadounidenses registradas en los últimos años han sido presentadas por inmigrantes. Ellos son los que trabajan en los campos, mataderos y almacenes del país. Tanto documentados como indocumentados, realizan el trabajo (más penoso y peligroso) que, como ocurre en España y en otros países europeos, no parecen querer hacer muchos oriundos.

Esa dimensión económica y laboral, no parece contar. Elnecio, de suyo acostumbrado a establecer la relación coste-beneficio, insiste en considerar delincuentes a los inmigrantes y no alcanza a ver que éstos, incluidos los indocumentados, tienen muchas menos probabilidades de cometer un delito que los nacidos en el país. En un reportaje publicado el 5 de abril pasado en Los Ángeles Times, los periodistas Hanson, David Smilde y Verónica Zubillaga, desarmaron las mentiras trumpistas para justificar la deportación de jóvenes venezolanos a El Salvador, donde fueron recluidos en una cárcel de máxima seguridad prestada por el presidente salvadoreño. Los informadores, conocedores de la violencia en Venezuela, pusieron de relieve que era falso que los detenidos y deportados fueran terroristas enviados desde Venezuela a atentar en EEUU y que muchos de ellos ni siquiera pertenecían al Tren de Aragua, una mara o banda que según la orden ejecutiva de Elnecio “está llevando a cabo una guerra irregular y emprendiendo acciones hostiles contra EEUU”.

Las redadas indiscriminadas contra los inmigrantes y las deportaciones ejecutivas, sin intervención judicial, sitúan a la altura del betún las garantías jurídicas y los derechos de las personas en la primera potencia democrática (?). Puede que el fascismo trumpista –de “nocivo, idiota y Hitler de Estados Unidos” lo tachó el actual vicepresidente Vance en 2016– consiga reducir el flujo de inmigrantes, pero lo que está generando sin duda es el miedo de millones de hispanos a ser detenidos y deportados. En la actualidad hay más de 700.000 venezolanos emigrados a EEUU y muchos de ellos desviven con el temor en el cuerpo.

Contra las afirmaciones de Trump tampoco es verdad que EEUU esté “inmerso en una ola criminal” que él atribuye a los inmigrantes, pues los datos preliminares del FBI indican que la criminalidad siguió disminuyendo en 2024 respecto al año anterior. En cambio, es muy cierto que el empeño del plutócrata en identificar inmigración con delincuencia provocó la primera manifestación de protesta ante la Casa Blanca un mes después de su toma de posesión. Y también es cierto que varias organizaciones católicas han alzado la voz contra las redadas y las deportaciones, demostrando además que la mayoría de las víctimas de esa política trampista son católicos. En respuesta, la administración federal anuló el 11 de abril un convenio con la Conferencia Episcopal por el que aportaba fondos a la labor humanitaria y de integración de inmigrantes.

?Se puede “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”, como reza el lema MAGA de los trumpianos, sin inmigrantes? Sólo los necios creen eso. El profesor Doyle antes citado afirma que “para desincentivar la entrada ilegal, el país necesita vías legales para satisfacer la demanda de 8 millones puestos de trabajo sin cubrir en la actualidad. Esto sin contar los millones de empleos permanentes que ahora ocupan los 10 millones de indocumentados”. Doyle se pregunta cómo conseguir esto y propone, entre otras medidas, el desarrollo de una plataforma nacional de empleo en Internet que identifique los puestos vacantes y las cualificaciones pertinentes para su solicitud por parte de solicitantes individuales extranjeros y agencias de empleo.

Esa y otras herramientas contempladas en la Convención CMMI evitarían que la política de inmigración reflejara “lo peor de nosotros mismos”. Para Doyle, antiguo administrador del Carnegie Council, se pueden hacer las cosas mucho mejor, tanto para servir a los intereses de EEUU como para conciliar sus ideales contrapuestos. Pero no solo en la primera potencia del globo, sino también en terceros países. Téngase en cuenta que en 2024 había 304 millones de inmigrantes en todo el mundo (Datos del departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU). La inmigración es un tema candente, domina el discurso político, alimenta resultados electorales y, como afirma la investigadora de la Escuela Internacional de Asuntos Exteriores de la Universidad de Columbia, Susie Han, a menudo desencadena políticas reaccionarias.

Más allá de la necedad y del repliegue de los gobiernos tras unas políticas restrictivas que solo aumentan el desorden y el sufrimiento humano, los gobiernos deberían esforzarse en crear soluciones duraderas para la gestión de la inmigración. Así, en vez de jalear y emular a Elnecio, como hacen en Europa algunos políticos nefastos, convendría incorporar los avances y propuestas de nuevas normas contenidas en la Convención CMMI sobre migración y asilo que pueden beneficiar tanto a los afectados como a sus Estados de origen, tránsito y destino.

Trump (1) o cuando el necio monta su ‘Universidad’ en Nueva York

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Madrid.– Luis Díez

Admirador de los grandes magnates del último tercio del siglo XIX y primero del XX, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, quiso imitarles fundando una universidad. En 2005 inauguró la Trump University en Nueva York, una entidad educativa con ánimo de lucro que ofrecía cursos de economía y finanzas y, sobre todo, mercaba formación especializada para gestores de fondos de inversión y agentes inmobiliarios.

De este modo, el nieto millonario de unos emigrantes a tierra de promisión desde Alemania y Escocia pretendía imitar a aquellos grandes potentados que como John Davison Rockefeller, Andrew Carnegie y otros dedicaron a la enseñanza y la investigación parte de sus fortunas. Y ya se sabe que el petrolero Rockefeller practicó la filantropía, donando gran parte de sus ganancias a fundaciones y programas benéficos y siendo fundador de la Universidad de Chicago (cuna de 87 premios Nobel) y de la que lleva su apellido en Nueva York. Y su colega, el emigrante escocés Carnegie, magnate del hierro y el acero, dedicó casi toda la riqueza que había acumulado a cuenta del tendido ferroviario, los puentes, las torres de petróleo y la arquitectura del hierro a la creación de bibliotecas, centros sociales para los trabajadores, el Fondo Carnegie para la Paz Internacional y, entre otras entidades, la Carnegie Mellon University de Pittsburgh (Pensilvania, EEUU).

Pero, a diferencia de aquellos magnates de la época dorada de la industrialización estadounidense, conocidos en su día como “los barones ladrones”, el creso Trump no buscaba beneficio social alguno ni depositaba una micra de filantropía en su iniciativa educativa. Su objetivo era simplemente ganar pasta, como lo había sido desde que su padre lo colocó al frente de las empresas familiares del ladrillo y la especulación inmobiliaria. Fundó su Universidad con el mismo afán dinerario e idéntico desparpajo al de compra hoteles (incluido el emblemático Plaza de Nueva York), la instalación de casinos o la creación de complejos turísticos (incluido el de Mar-a-Lago, en La Florida, su principal residencia de descanso).

Solo que el milmillonario Tramp despreció las normas más elementales en la creación de su centro educativo con el pomposo título de “Universidad”. Las autoridades le advirtieron una y otra vez sobre el incumplimiento de los requisitos básicos y le conminaron a retirar el nombre de “universidad” de lo que podría ser una academia privada y nada más. Vamos, que Trump, al contrario de Carnegie o de Rockefeller, carecía del menor interés en impulsar la ciencia, la medicina y la educación. Entonces, para evitar que su negocio lectivo fuera declarado ilícito e ilegal, decidió llamarle Trump Entrepreneur Initiative (Trump Iniciativa Emprendedora).

Con todo, aquel negocio de Trump, alias Elnecio, no tardó en verse enfangado por las demandas de varios alumnos que se sintieron estafados. En 2010 dejó por fin de operar. Y en 2013 el magnate fue condenado a pagar 40 millones de dólares por la demanda civil interpuesta por el Estado de Nueva York por publicidad engañosa y fraude al consumidor, dado que su “Universidad” emitió títulos académicos sin licencia educativa alguna. Está por ver que algo similar pueda ocurrir en la España donde los “chiringuitos” universitarios ultras y con ánimo de lucro crecen como la espuma al amparo incluso de autoridades autonómicas.

El engaño y el fraude de Trump en materia educativa fue una de las múltiples causas que convirtieron al potentado en el primer candidato y presidente de EEUU condenado por sus actividades y negocios privados antes de llegar a la Casa Blanca. Las causas penales fueron por trampas, corrupción y abusos sexuales. Pero ninguna impidió su carrera política, como tampoco impidieron que optara a un nuevo mandato el asalto al Capitolio tras perder las elecciones contra Joe Biden en el año 2000 y el robo de documentos secretos que el FBI encontró en su mansión de Florida.

Aunque no ha sido contrastado, algunos estudiosos de la prepotencia y la necedad sitúan la motivación de Trump para hacer negocio con la enseñanza en el éxito de The Apprentice, un reality show que produjo y dirigió a comienzos de siglo. La cosa era que unos jóvenes talentos, aspirantes a empresarios, medían sus habilidades para los negocios. El ganador era contratado por Elnecio como directivo de su holding empresarial y los perdedores eran despedidos uno a uno por aquel tipo ceñudo que señalaba con el índice y exclamaba: “You’re fired!” (“¡Estás despedido!”), un latiguillo que adquirió mucha popularidad entonces y que Elnecio ha reeditado para su país y el resto del mundo con la imposición de aranceles a todos los productos que entren en EEUU y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo en todos los sectores productivos. Eso sin contar los más de 100.000 despidos que lleva dictados en los organismos y agencias federales, especialmente en los servicios sanitarios, educativos, de investigación y de cooperación internacional, por indicación del plutócrata amigo y consejero Elon Musk, que ya se retira a sus empresas.