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Fiestas y cabildeos vaticanos en vano de fachas y ‘trumpistas’

Madrid.–Luis Díez.

Católicos trumpistas estadounidenses y algunos aristócratas y políticos europeos de extrema derecha se dedicaron a celebrar fiestas, banquetes y cabildeos en palacios y hoteles de Roma durante los nueve días de luto que siguieron al funeral por el Papa Francisco. Aunque trataron de influir en la decisión del Cónclave, ya es sabido que los 133 cardenales de más de setenta países eligieron al agustino Roberto Prevot Martínez, quien adoptó el nombre de León XIV y es el primer Papa (el 267º) en dos mil años nacido en Estados Unidos, aunque completamente opuesto a las políticas belicosas, antisociales, de persecución de inmigrantes y desamparo de refugiados del presidente Donald Trump, Elnecio negacionista del cambio climático.

Aristócratas y políticos europeos llenaron los jardines del Palacio Brancaccio para merendar, cenar y bailar con agentes del poder norteamericano y peregrinos católicos trumpistas. Era uno de los actos significativos de la “Semana de Estados Unidos” que, por inspiración del Espíritu Santo, se había programado antes de que falleciera el Papa Francisco. El evento podía haber sido aplazado para respetar el luto, pero la ocasión era estupenda para influir en el cónclave entre saludos, presentaciones, cachetes de ternera a baja temperatura servidos sobre velouté de papa a la naranja y bailes de salón.

La corresponsal de The New York Times Elizabeth Dias describió la fiesta en el Brancaccio como una de las actividades principales de la semana estadounidense en Roma. Allí el candidato de Trump a ocupar la embajada ante la Santa Sede, Brian Burch, cenó en una de las mesas principales junto a la princesa alemana Gloria von Thurn y Taxis, quien, a su vez, es amiga íntima del juez de la Corte Suprema de EEUU Samuel Alito. A la princesa bávara, una fiestera de los años ochenta que se convirtió al catolicismo conservador y mantiene fuertes vínculos con la extrema derecha, y al juez Alito, alias Scalito, por referencia al también magistrado del Supremo de ascendencia italiana, Antonin Scalia, los unió el fervor católico y su rechazo al aborto.

Al festejo acudieron políticos de la extrema derecha como el diputado italiano Antonio Giordano, del partido de la primera ministra Giorgia Meloni, quien dio la bienvenida a los varios centenares de invitados destacando la urgencia de “proteger a la familia, prohibir el aborto y fomentar la natalidad para vencer eficazmente el invierno demográfico”. Después de la cena llegó el primer baile de una semana que comenzó a celebrarse hace años por iniciativa de la Fundación Papal, una organización benéfica estadounidense que recauda millones de dólares mediante donativos a partir de siete cifras para proyectos del Vaticano.

Aparte los prebostes mencionados, disfrutaron del baile algunos estadounidenses influyentes como Steve Cortes, exasesor de la campaña de Trump y promotor de Voto Católico, órgano propagandístico ultraconservador, y eurodiputados como la española Margarita de la Pisa Carrión, del partido de extrema derecha Vox. Esta política y farmacéutica de profesión fue premiada el 20 de mayo de 2024 por el CEU (Opus Dei) como ejemplo de laboriosidad en contra del aborto y compartió galardón con la también eurodiputada Isabel Benjumea Benjumea, del PP. Por cierto que De la Pisa profirió entonces acusaciones genéricas como las siguientes: “Consideran que ser provida es contrario a los derechos humanos”. ¿Quién considera eso? “Se quiere incluir el aborto en la carta de derechos fundamentales de Naciones Unidas” ¿Quién quiere eso?

Poco les faltó, a ultras y trumpistas, para acusar al finado Papa Francisco de tolerancia con el aborto. En todo caso, la fundación papal mencionada y otras influyentes organizaciones católicas capitalistas, regidas por el principio de quien paga manda, quisieron mostrar en Roma su unidad en el compromiso de promover los principios tradicionales referidos al matrimonio, la fe y la familia. Y desde luego se esforzaron en su labor de lobby ante la elección del nuevo Papa. En lo estrictamente financiero, el director del Colegio Pontificio Norteamericano, Mark Randall, declaró que “los europeos desean aprender sobre filantropía (para financiar a la Iglesia Católica), sobre cómo hacemos estas cosas, cómo recaudamos dinero, cómo definimos lo que es un apostolado digno y lo que no lo es”.

Pero volviendo al baile, hay que añadir que estuvo patrocinado por la recién creada Fundación Luis IX, de la que es directivo el embajador Burch. Resulta elocuente que la nueva organización lleve el nombre de un rey de Francia del siglo XIII que lanzó la Séptima Cruzada en defensa de la cristiandad en Oriente. Entre valses nobles y sentimentales de Strauss, Tchaikosky, Ravel… políticos, aristócratas y mercaderes fervorosos entablaron y estrecharon relaciones para orientar el futuro gobierno espiritual de los mil cuatrocientos millones de católicos que hay en el mundo. Algunos participantes también acudieron a adoraciones nocturnas en las iglesias romanas y rezaron con la esperanza de que un nuevo Papa les ayude en sus objetivos afines a la política reaccionaria de Trump y la ultraderecha.

El Instituto Napa –red conservadora estadounidense– organizó una peregrinación con motivo del año jubilar, alojó a sus notables peregrinos en el Hotel Russie y celebró una cena privada con el cardenal James Harvey en el jardín de su residencia. Ese cardenal fue uno de los diez purpurados estadounidenses con voto en el Cónclave para elegir nuevo Papa. También el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad (el libre mercado) celebró una conferencia para empresarios. La organización católica de noticias EWTN montó una cena en la azotea del Waldorf Astoria para que productores de cine y filántropos hablaran sobre posibles proyectos.

La celebración de la Semana de Estados Unidos en Roma fue propicia para que varios personajes cercanos a Trump mantuvieran encuentros privados con cardenales cuando éstos se retiraban a descansar de sus reuniones previas al cónclave. Aparte de monseñor Raymond Leo Burke, un conservador recalcitrante, natural de Wisconsin, que encabezó la oposición al Papa Francisco, en los cabildeos se rechazó expresamente la apertura y el impulso progresista en la Iglesia por entender que estaban debilitando la doctrina católica. Nada de parejas del mismo sexo, nada de bendecir a los hijos adoptados por esas parejas y, sobre todo, mucha voluntad de control jerárquico. En algunos de esos encuentros, los trumpistas llegaron a considerar al húngaro Peter Erdo el cardenal ideal como nuevo Papa. Éste purpurado muy conservador se opuso a algunas iniciativas del Papa a favor de los inmigrantes y de los gays y lesbianas, y se ha alineado en muchas materias con el primer ministro húgaro, Viktor Orbán.

Después de tanto cabildeo y de esa mezcla de activismo, religión, dinero, bailes, rezos, banquetes y devoción, el Espíritu Santo, que es quien inspira a los cardenales en los cónclaves, según dicen, decidió que el continuador de Francisco fuera un hombre afín a su línea de acción social, favorable a los inmigrantes, refugiados y trabajadores. También defensor de la vida, la paz, el diálogo entre los pueblos y las religiones, la multiculturalidad, el medio ambiente y las medidas contra el cambio climático. Y también abierto al avance de las mujeres en la Iglesia Católica lo mismo que en la sociedad y tolerante con quienes se sienten de otro sexo. Es decir, lo contrario de lo que el presidente Trump trata de imponer trampeando.

De este modo se puede decir que el antiguo prior de la Orden de San Agustín, misionero, párroco y obispo en Perú, país del que adoptó la nacionalidad sin renunciar a la estadunidense de nacimiento, pues nació en Chicago hace 69 años, Roberto Prevot Martínez, León XIV, hijo de padre de origen francés y madre española, comulga con quien ha recuperado el prestigio de la Iglesia Católica y no precisamente con quienes pugnan por devolverla a la cerrazón y el oscurantismo.