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DOÑANA 3/ Vejaciones y abusos sexuales

Madrid, 24-05-2023.–Luis Díez

El ABC de Sevilla les dedicó un reportaje el domingo 14 de mayo del corriente. El periódico de la derecha política y de los señoritos decía que son “una mano de obra invisible pero imprescindible para el sector de los frutos rojos”. La periodista Soraya Fernández aportaba el dato de que en esta campaña de la fresa trabajan 14.479 mujeres marroquíes exactamente. Los cupos de temporeras han ido subiendo desde 10.000 hace unos años hasta las 15.000 aceptadas en esta campaña que termina en junio, lo que da idea del aumento de las explotaciones, sobre todo en la corona forestal del norte del acuífero del Parque Nacional de Doñana.

Jornaleras marroquíes en el tajo/ FOTO Freshuelva

Ellas se inscriben en el servicio de empleo del país vecino y las empresas las contratan en origen. Las reclutan en Marrakech, Kenitra y Fez. Muchas ya conocen las condiciones salariales, de vida y trabajo que les esperan durante los cuatro meses que dura su estancia en España, pero son muy pobres, carecen de ingresos y aceptan con docilidad y resignación las duras jornadas bajo los túneles de plástico para obtener un dinero que les permita subvenir las las necesidades de sus hijos.

En la primera semana de enero embarca en Tánger el primer contingente. Son unas 400 mujeres. Llegan en ferry a Tarifa (Cádiz). Desde allí se desplazan en autocares a las explotaciones freseras. Las siguen otras, en grupos similares. Su llegada es noticia en la prensa local. A finales de enero de este año habían llegado 4000 trabajadoras. Las asociaciones agrarias, empresas y cooperativas, agrupadas en la Freshuelva y en la patronal Asaja hacen sus previsiones de mano de obra en función del clima, ya que la temperatura determina la maduración de la fruta. Lo normal es que para mediados de marzo unas 10.000 trabajadoras estén ya en los tajos. La campaña se prolonga hasta junio, aunque el momento álgido de maduración y recogida de los frutos rojos suele suceder en abril.

¿Por qué sólo mujeres y no hombres también, cuando, además, cientos de jóvenes marroquíes y subsaharinos se juegan la vida en frágiles embarcaciones para alcanzar la Peninsula Ibérica en busca de una vida mejor? La respuesta hay que buscarla en los intereses de los patrones y las autoridades de Marruecos que quedaron plasmados en los acuerdos gubernamentales de 2001. Sólo se permite contratar a mujeres casadas y con hijos o viudas y divorciadas con niños y cargas familiares para garantizar que regresan. Los contratistas dan prioridad a las que proceden de los pueblos y están acostumbradas a trabajar en el campo.

Una orden ministerial regula las obligaciones salariales y de alojamiento y transporte de los contratistas. La disposición es conocida como GECCO (Gestión Colectiva de Contrataciones en Origen) y obliga a los empresarios a pagar el salario mínimo interprofesional por 39 horas semanales de trabajo, a sufragar los traslados de ida (no de vuelta) y a proporcionar alojamientos dignos a las temporeras. En la práctica es la patronal agraria Asaja la que impone sus criterios en materia salarial por más que los sindicatos pelean por conseguir convenios con mejoras retributivas. Así, Comisiones Obreras ha tenido que aceptar un convenio para este año que si reconoce el SMI también reduce el tiempo de descanso (el bocadillo) de media hora a 15 minutos y rebaja a seis euros la primera hora extraordinaria. Aunque la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), vinculada a la UGT, y la organización de productores Freshuelva han pedido participar en la negociación del convenio, la patronal Asaja se niega a admitir su presencia.

Dice Manuel Matos, copropietario y director comercial de Doñana 1998, empresa almonteña con cien hectáreas dedicadas a los frutos rojos, entre los que destaca la fresa Calinda (variedad premium de su producción), que las temporeras cobran aquí lo que ni soñando percibirían en Marruecos. “Nosotros pagamos 60 euros y todo son derechos y gastos, mientras allí, en Marruecos, trabajan de sol a sol y cobran menos de diez euros al día”. Matos añade que la competencia marroquí les obliga a renunciar al cultivo de los arándanos porque pierden dinero. “Aquí coger un kilo de arándanos nos cuesta entre 2,5 y 3 euros y allí (en Marruecos), 20 céntimos; sin embargo, ellos los venden en Alemania al mismo precio que nosotros, unos 3 euros, lo que implica que nosotros perdemos dinero y ellos lo ganan”. Este empresario que exporta el 80% de la producción de fresas a los países europeos, Emiratos Árabes, Shangai y Hong Kong reclama: “Hay que poner aranceles a la fruta que Marruecos exporta a Europa. ¡Que tengan que pasar por caja!”

Ya se sabe que, según los empresarios, las temporeras de la fresa ganan “mucho dinero”. Pueden superar los 1.600 euros (17.500 dihams) mensuales si las necesidades de la campaña las obligan a hacer horas extra. Esta cantidad, comparada con los 300 euros (3.000 dirhams) de salario medio en Marruecos es ciertamente “mucho dinero”. En cuatro meses de trabajo pueden duplicar lo que ganarían en un año de trabajo en su país.

Pero no todo es salario en los campos del oro carmesí. La empresa de los hermanos Matos, una de las más prósperas de las veintiuna domiciliadas en Almonte, saltó a la fama en 2019 cuando el New York Times se hizo eco de las vejaciones, el acoso y los abusos sexuales sufridos por las temporeras, cuya principal característica es la sumisión y el silencio por miedo a ser despedidas, devueltas y rechazadas por sus maridos y demás familia. A pesar del silencio sobre las violaciones y los abortos, en ocasiones se deciden a denunciar los abusos.

Ya en 2010 El País publicó un reportaje documentando la violencia sexual denunciada por trabajadoras marroquíes y polacas. Y en 2014 un tribunal de Huelva declaró a tres individuos culpables de “ofensa contra la integridad moral y de hostigamiento sexual” a las trabajadoras inmigrantes. Pero el reportaje de Aida Alami, con la colaboración de Rachel Chaundler, en el diario estadounidense, ha supuesto un aldabonazo para las autoridades de los reinos de España y Marruecos. La publicación (19 de julio de 2019) de los testimonios de las temporeras llevó a los gobiernos a desplazar una delegación especial para visitar algunas explotaciones y comprobar que, en efecto, todo estaba en orden. Lógicamente, no hablaron con las denunciantes.

La empresa Doñana 1998 ya las había despedido.

También los patrones tomaron nota de su aparición en la prensa internacional y crearon un instrumento para corregir comportamientos y evitar la mala fama, perjudicial para todos. Así, la poderosa asociación de productores Freshuelva ha premiado este año al presidente de la Federación Onubense de Empresarios, José Luis García-Palacios Álvarez, por “su incansable labor a favor del sector” y “por materializar una iniciativa como el Prelsi” (Plan de Responsabilidad Ético, Laboral, Social y de Igualdad) para garantizar la dignidad de las temporeras y el cumplimiento de la orden oficial Gecco. Por siglas que no quede. En la gala de Freshuelva también recibió el premio fresa de oro el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla.

Sobre lo que sucede en los campos, la trabajadora marroquí L.H. contó cómo su jefe comenzó a hostigarla sexualmente poco después de su llegada a las explotaciones de la empresa Doñana 1998. Le prometió unas condiciones de trabajo y una vida mejor si tenía sexo con él. Incluso la llevó en su coche e intentó forzarla en un paraje solitario. Ella lo rechazó. Entonces “comenzó a obligarme a trabajar más arduamente”, declaró. “Las otras chicas me ayudaban cuando el trabajo se volvía demasiado difícil para mí”. L.H. tenía entonces 37 años, era madre de dos hijos y se encontraba embarazada.

Cuando la presión y el hostigamiento llegó al límite de lo soportable, esta trabajadora y otras nueve compañeras decidieron arriesgarse a perderlo todo, incluido el respeto, el apoyo y la comprensión de sus familias conservadoras en Marruecos (el marido de L.H. pidió el divorcio), se escaparon de los alojamientos pasando por encima y por debajo de las cercas porque la puerta principal, de metal, estaba cerrada, y corrieron campo a través hasta encontrar el camino hacia Almonte. Ya en el pueblo se pusieron en contacto con sindicatos y abogados y formularon varias demandas contra la empresa, incluyendo acusaciones de hostigamiento y abuso sexual, violación, trata de personas y transgresiones de derechos laborales. Conscientes de la gravedad de los hechos, letrados y dirigentes sindicales organizaron un encuentro con las demás trabajadoras. El resultado fue que noventa y una de ellas fueron despedidas y devueltas a Marruecos sin recibir el dinero de los días trabajados.

Terminaba Aida Alami en NYT: “Ahora H.L. se encuentra varada en España con su hijo recién nacido, a la espera de que salga el juicio”.

El observador pregunta cuál ha sido el resultado de la acción judicial.

De las tres causas del caso Doñana 1998, una se dirimía en los juzgados de lo social por vulneración de derechos fundamentales. La propia Inspección de Trabajo reconoció la veracidad de las denuncias sobre las condiciones de habitabilidad de los alojamientos y el cobro de una cantidad diaria a las temporeras por luz, gas y agua potable. Sólo por la luz les quitaban 59 euros al mes a cada una. Los módulos prefabricados, con tres literas para seis trabajadoras, no cumplían los mínimos para evitar el hacinamiento. Una ducha por cada 12 personas, un retrete para seis y una cocina-comedor por cada diez. La empresa Quirón Prevención reconoció en un informe previo a la denuncia de la letrada Belén Lujan ante la Inspección de Trabajo en nombre de las diez temporeras contra la esclavitud (así decidieron llamarse) y de otras 91 mujeres (despedidas inmediatamente por los dueños de Doñana 1998) que los módulos de 15 metros cuadrados incumplían la Ordenanza de Seguridad e Higiene, que establece ese mínimo de cuatro metros por persona, y señalaba que tampoco las literas poseían las dimensiones mínimas requeridas para el descanso. Con todo, la magistrada de lo social, Virgina Sesma, dio carpetazo:

“Sobreseimiento provisional”

Las causas penales por Delitos contra la Libertad Sexual y por Trata de Seres Humanos y Lesa Humanidad se hallaban documentadas con testimonios y grabaciones. El periodista Perico Echevarría reprodujo algunas en el periódico La Mar de Onuba. Una trabajadora dice que sufrió “episodios de violencia en los que Antonio Matos (copropietario de la empresa) intentó por la fuerza el contacto sexual”. Esta mujer dijo que el citado jefe la llevó “engañada” en su coche, “buscando una zona apartada donde consiguió penetrarla con los dedos”. Y aseguró que la situación de “absoluta necesidad” y “extrema vulnerabilidad” hizo que “algunas sucumbieran a la coacción”.

El relato fue refrendado por la psicóloga Esther Sanguiao, quien dijo al juez instructor de La Palma del Condado que la víctima le había confesado la agresión después de cuatro sesiones muy difíciles. Ésta profesional concedió “una veracidad total” a la víctima y expuso también a su señoría sus valoraciones sobre otras mujeres que dijeron haber sufrido acoso sexual y violaciones. “Una de ellas llegó incluso a prostituirse”, dijo. La psicóloga se extrañó de que ni el fiscal ni el juez mostraran interés en oír a la primera denunciante, después de mentalizarla para que declarase.

También los abogados se sorprendieron por la negativa reiterada del titular del juzgado a admitir como pruebas las más de nueve horas de audios y videos grabados por las temporeras durante su estancia en la finca de los hermanos Matos. Asimismo se rechazó el recurso para proteger la identidad de las presuntas víctimas. No hacían falta muchas luces para vislumbrar el resultado de la instrucción:

“Sobreseimiento provisional”.

El magistrado afirma en su auto: “No parece debidamente justificada la perpetración del delito”.

Respecto al presunto delito de trata de blancas, los abogados elevaron el tema a la Audiencia Nacional, que lo examinó y lo remitió al juzgado correspondiente de la Palma del Condado. Los letrados recurrieron la decisión al Tribunal Supremo. Al parecer, la principal prueba eran unas declaraciones del empresario acusado, afirmando que poseía videos (se filmaba a las temporeras) que demostrarían que algunas ejercían la prostitución en el recinto residencial dispuesto por la empresa. Según el relato periodístico de Perico Echevarría, Matos advirtió en tono amenazante: “Los videos van para Marruecos, para las familias”.

El observador pregunta qué pasó a continuación.

“Nada que sepamos”, contesta un letrado conocedor del recurso.

¿Impunidad o eso?

“Aristóteles dijo que un burro voló, puede que sí, puede que no”, tercia el colmenero Beni. “En todo caso –añade un interlocutor bien informado, que prefiere omitir su nombre para evitar represalias–, las autoridades marroquíes que visitaron los campos y el propio ministro de Trabajo del reino alauí dijeron que sus emigrantes temporeras no han sufrido violaciones”.

DOÑANA 2/ Chupópteros subvencionados por Moreno y Feijóo

Madrid, 23-05-2023.– Luis Díez

Las temporeras marroquíes de los frutos rojos que cayeron heridas el Primero de Mayo en el accidente de autobús que costó la vida a su compañera Sarah fueron aisladas por la empresa Surexport en el antiguo Hostal San Diego de San Juan del Puerto. Manijeros y empleados de seguridad las mantuvieron encapsuladas tras salir de los hospitales y los centros de salud y les impidieron recibir visitas de los representantes de varias entidades sociales. Algunas asociaciones han pedido la intervención del Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, quien también puede actuar de oficio por iniciativa propia.

El periodista Perico Echevarría, director de la revista La Mar de Onuba, acompañó a los activistas de la Asociación Multicultural de Mazagón, La Carpa de Sevilla, Jornaleras de Huelva en Lucha y Mujer 24 H en su visita a las heridas tres días después del accidente. Querían saber cómo estaban, expresarles su apoyo, asesorarlas y ponerse a su disposición para cuantos trámites relacionados con las bajas laborales, las indemnizaciones por el accidente in itinere y otras materias necesitasen. Téngase en cuenta que ninguna de estas mujeres maneja el castellano y muy pocas se defienden en francés.

No pudieron hablar con ellas.

Echevarría, un periodista correoso que ha sobrevivido a mucha mala leche, cuenta que se encontraron la cancela cerrada por fuera con una cadena y un candado. Protestaron: “¿Por que las tienen encerradas?” Entonces un empleado quitó la cadena y colocó un letrero de “prohibido el paso”. Cuenta Echevarría que aparecieron otras personas supuestamente relacionadas con la compañía agrícola que parecían actuar como mediadores y les dijeron que no podían pasar al recinto por ser de “propiedad privada”.

Dentro, las temporeras convalecientes –huesos escayolados, collarines, vendajes– ni siquiera tuvieron opción de decidir si querían hablar con los visitantes. Y añade el director de La Mar de Onuba que ya el 2 de mayo, al día siguiente del accidente, los responsables de la empresa impidieron el acceso a Fátima Ezzohayry, representante de la Asociación de Mujeres Inmigrantes en Acción (AMIA), que había sido llamada algunas trabajadoras afectadas por el siniestro.

Del oscuro y ruin comportamiento de los jefes de Surexport, una de las compañías más potentes de la fresa, traen causa sus dificultades para encontrar trabajadores españoles. Ángel Méndez, un joven almonteño, ayudante en un taller mecánico, conoce el percal: “Son tipos de mala calidad, negreros. Pagan una mierda y alargan la jornada según les conviene”. En muchas explotaciones de esta (y otras empresas) los manijeros miden el rendimiento de cada bracero. “Si lo recolectas las cajas que ellos piensan que puedes recoger, te despiden”..

Miguel Benjumea, director adjunto de Surexport, no habla con periodistas. Como mucho emite comunicados si lo considera oportuno. Sobre el trato a las temporeras del país vecino no ha considerado oportuno pronunciarse. Sobre el aislamiento de las que resultaron heridas, tampoco. Es lógico. Pero en un publireportaje para la revista del sector FreshPlaza dice que “los trabajadores locales no se ven atraídos por el campo y prefieren otros trabajos, lo que nos lleva a buscar mano de obra extranjera, con las dificultades que esto supone”. Lógico.

Esta empresa cultiva unas mil hectáreas de frutos rojos en Huelva (400 en la zona del Rocío, corazón y devoción de Doñana, donde posee una nave de almacenaje y manipulación de la fresa), factura unos 200 millones de euros al año, con un beneficio neto del 10% y se sirve de mano de obra inmigrante en su mayoría. A través de los servicios de inmigración y empleo españoles transmite sus necesidades y condiciones a la administración marroquí, que se encarga de realizar las convocatorias para la contratación en origen.

Benjumea dice que también dispone de oficinas en Rumanía y Bulgaria para contratar personal. Necesitan un promedio de mil trabajadores durante la campaña de la fresa (febrero a mayo), aunque, según explicó a la revista de los supermercados, el año pasado alcanzaron 4.000 jornaleros en la época álgida de la campaña. “Es muy complicado contratar a tanta gente todos los años –añade–; hay que dar muchos pasos, desde la obtención de permisos de trabajo en España hasta la apertura de cuentas bancarias. Disponemos de alojamientos perfectamente acondicionados, pero también hemos de gestionar la convivencia de muchas personas de distintas nacionalidades y costumbres muy diferentes”. Lógico.

La falta de mano de obra local no es privativa de Huelva. Un fenómeno similar sufre esa compañía agraria en Galicia, donde se instaló en 2013 para cultivar los frutos rojos (fresas, frambuesas, moras y arándanos) bajo plástico en unas setenta hectáreas alquiladas a la Comunidad de Montes de Palacios, en los municipios de Cospeito y Begonte, en Terra Chá (Tierra Llana), en Lugo. Las largas jornadas laborales –de “abusivas” las han tachado los sindicatos–, los bajos salarios –“por debajo de lo estipulado en convenio”– y otras circunstancias desaniman a los trabajadores galegos a aceptar el empleo que ofrecen “los negreros”. De ahí que hayan tenido que buscar jornaleros en Centroamérica (Honduras y Nicaragua). Con poco éxito, por cierto, y que según testimonios de algunas trabajadoras, estén trasladando temporeras marroquíes desde Huelva.

La Voz de Galicia se hizo eco en agosto de 2021 de la denuncia de varios sindicatos y colectivos agrarios sobre las condiciones de trabajo de Surexport: jornadas laborales de más de doce horas diarias, sueldos inferiores a lo estipulado en el convenio y malas condiciones de higiene y salubridad, con el añadido de la pandemia del coronavirus Covid-19 en aquella campaña. Eso sin contar que las entidades sociales y de defensa del medio natural (Comisiones Obreras (C.OO), el Sindicato Labrego Galego (SLG), la Federación Rural Galega (Fruga), la Central Unitaria de Traballadoras (CUT), Adega, A Estruga, Madia Leva, Ecoloxistas en Acción y Terra Chá Sostible) han elevado su protesta a las autoridades contra los procedimientos de cultivo intensivo que aplica Surexport.

Los afiliados a las organizaciones mencionadas han repartido pasquines entre los vecinos y visitantes de la feria de Castro de Ribeiras del río Lea (afluente del Miño), y se han manifestado ante el almacén que Surexport posee en esa localidad para alertar sobre el abuso del agua y el uso elevado de productos químicos en los cultivos. Los activistas entienden que el modelo productivo de esa empresa esquilma la tierra, contamina las aguas y acaba por destruir a medio plazo más empleo del que crea con la contratación temporal de personal. Los directivos de la empresa cifran su plantilla en 300 empleados. Con todo, la Xunta de Galicia se comprometió, bajo la presidencia del actual líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, a comunicar las denuncias a la Inspección de Trabajo. El 70% de las inspecciones agrarias acabaron en sanciones en 2021. Sin embargo no existe constancia oficial de que las autoridades autonómicas galegas hayan actuado en las materias de su competencia sobre “la acaparación y la contaminación del suelo y el agua” par una agricultura intensiva que las entidades sociales han calificado de “ofensiva contra nuestro medio rural”.

En lugar de eso, la conselleira de Feijóo, Ángeles Vázquez Mejuto, bendijo la ampliación de las explotaciones de Surexport en O Arneiro, donde esa compañía agenció 30 hectáreas más de terreno labrantío para producir fresas, frambuesas y arándanos. Vázquez citó las partidas de dinero público en beneficio de esta empresa y se mostró dispuesta a crear y concederle el sello Horta de Galicia. Los directivos Miguel Benjumea y José Ángel Roca le dijeron que iban a crear 150 nuevos puestos de trabajo con 1,5 millones de euros de inversión.

La compañía Surexport ha recibido también cuantiosas ayudas de dinero público de la Junta de Andalucía. Decenas de miles de euros han sido para alojamientos de sus trabajadoras temporeras. El Ejecutivo de Moreno Bonilla incluyó además a esta sociedad en el último reparto de 20 millones de euros entre ocho empresas grandes con proyectos de mejora y ampliación de sus instalaciones. Las ayudas fueron directas a las empresas elegidas, mientras otras de gran tamaño, que también solicitaron dinero público para complementar su inversión, quedaron fuera por falta de fondos. ¿Favoritismo o eso?, se pregunta el observador.

¿Han llegado los fondos buitre a las explotaciones del agro en Doñana? Detrás de la compañía agraria que mayor riqueza carmesí extra del parque y anteparque natural más importante de Europa –con tierras agenciadas en Galicia, Portugal, Marruecos y Kenia para producir y esportar frutos rojos todo el año figura la familia de origen valenciano Morales Vilar. Tres hermanos, Cristian, Oscar y Andrés, ocupaban la presidencia y los cargos de consejeros de Surexport hasta enero de 2021 en que ampliaron el capital social de 69.000 a 945.000 euros. Pero desde hace dos años, su consejo de administración se amplió y pasó a manos de sociedades inversoras de capital foráneo, de modo que solo una de ellas, Becrisan Brands, de la que Andrés Morales Vilar es administrador único, figura como consejera delegada. El resto del consejo está ocupado por Mideslonia, Partilonia, Paulonia y Flenox.

¿Quién hay detrás? Las tres tienen su sede social en la calle José Ortega y Gasset, 29, de Madrid (Barrio de Salamanca). Mideslonia está representada por Gonzalo de Rivera García de Leaniz y su administrador único es Mercacapital Private Equity Sgecr SA, del que Rivera es consejero delegado. Partilonia, Paulonia y Flenox son instrumentos societarios de Mercacapital y Alantra Partners SA. Son los encargados de canalizar inversiones y repartir los beneficios de los rentables frutos rojos. Luego ya el vicesecretario del consejo de administración de Surexport, Carlos Beltrán de Tárrega, se anuncia como experto en fusiones y adquisiciones mercantiles. “El tipo posee intereses en Galicia como apoderado de la concesionaria Novo Hospital de Vigo”, dice el apicultor Benito Casqueiro, mostrando datos profesionales del citado ejecutivo en Internet.