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El castellano gana a Trump en la Super Bowl

Luis Díez.

Cuentan las crónicas que a las pocas horas de jurar el cargo, el 20 de enero pasado, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, clausuró la web en español de la Casa Blanca. En agosto pasado ocurrió lo mismo en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano. Unos meses antes, en marzo, firmó la orden ejecutiva 14224 que designa al inglés “idioma oficial” de EEUU, como si no lo fuera con anterioridad.

Al observar esas acciones de menosprecio hacia el español, segunda lengua en EEUU, surge la pregunta de qué le habrán hecho los hispanohablantes a ese señor. ¿Qué delito habrán cometido para que el mandatario se haya apresurado a despreciar su lengua y, por supuesto, a despreciarlos a ellos? No hace falta laboriosas investigaciones para que cada cual –incluidos los ultras admiradores de ese tipo aquí– saque sus conclusiones ahora que se acerca la día de la Hispanidad.

Para hacerse una idea del valor en EEUU de la lengua de Cervantes, Rulfo, Cortazar, García Márquez… conviene saber que conecta con las raíces de 65,2 millones de personas de ascendencia latina, según explica Gonzalo del Puerto, director de actividades culturales del Instituto Cervantes en Los Ángeles (California). El propio Instituto –creado por un gobierno socialista en 1991 para promover y divulgar las lenguas y culturas españolas– ubica en ese gran país cinco de sus 90 sedes repartidas por el mundo. Están en Nueva York, Chicago, Albuquerque, Seattle y Los Ángeles.

Recuerda Gloria Arjona, profesora del Instituto de Tecnología de California, que el castellano es una de las garantías que se concedió a los habitantes, al igual que la cultura y la religión, cuando se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos. En una nota para Los Ángeles Times con ocasión de la feria del libro LéaLa, celebrada a finales de septiembre pasado, Arjona explica que aquel tratado no impuso el inglés a los habitantes que quedaron en los estados actuales de California, Nevada, Utah, Nuevo México y en las partes de Arizona y Colorado de las que se apoderaron los Estados Unidos. “La realidad histórica –concluye la profesora–, es que el español se habló más de cien años antes que el inglés en esas tierras estadounidenses y no se puede erradicar la historia de un país ni suprimir un idioma cuando hay millones de hablantes”.

Del vigor del español en EEUU son buena prueba algunas ferias de libro que, como la de Miami, contribuyen a realzar la buena literatura en español y dan orgullo a los hispanohablantes. La periodista y gestora cultural argentina María Gal Lerner, directora del programa de autores iberoamericanos de esta feria desde hace veinte años, califica el evento de “plataforma ideal para dar al español la importancia que merece en este país, porque Estados Unidos es una nación bilingue”.

Pero no todo es crecimiento y buena salud para el castellano en EEUU, pues si al desprecio y las andanadas del supremacista Tramp –un militarista que emplea al Ejército contra los inmigrantes en las ciudades como si fueran terroristas– se añade la discriminación social contra los hispanos, enseguida vemos que el uso de la lengua en la que nos comunicamos más de 600 millones de humanes en el mundo empieza a ser un acto de rebeldía y resistencia en demasiadas zonas de ese país.

Lo resume bien la crítica cultual y profesora de la Universidad Estatal de Misisipi Karina Zelaya, quien aboga por estudiar a fondo lo que sucede con la lengua en comunidades y estados donde los latinos son grupos minoritarios y se sigue viendo el español como una discapacidad. “Todavía se sigue discriminando a un joven que habla español o inglés con acento; cambiar ese tipo de perspectiva o ideología es muy importante porque mientras más se siga estigmatizando a los niños que hablan español, también ahí se va perdiendo la lengua”.

Mientras tanto, la gran noticia para millones de hispanohablantes en EEUU surgió esta semana cuando los organizadores de la Super Bowl anunciaron que el cantante puertorriqueño Bad Bunny protagonizará el espectáculo del medio tiempo. Para disgusto del inquilino de la Casa Blanca y sus dogmáticos dispersores de odio a los inmigrantes, la NFL o National Football League, Apple Music y Roc Nation buscan ofrecer un espectáculo que celebre la diversidad sin encender controversias. Para ellos lo más importante del gran evento programado para el 8 de febrero de 2026 en el Estadio Levi’s de Santa Clara (California) son los anunciantes, es decir, el dinero.

Bad Bunny, de 31 años, cuyo nombre real es Benito Martínez Ocasio, se ha convertido en uno de los artistas más reproducidos del mundo con álbumes completamente en castellano, ha ganado tres Grammy y 12 Latin Grammy. Llega a los trofeos de este año, en noviembre, como el músico con más nominaciones y está considerado como el principal embajador global de la música latina.

Pero Bad Bunny es además de un músico fabuloso un creador sensible que proyecta su identidad puertorriquense, el yugo colonial y la lucha de los inmigrantes. De ahí su dedicatoria al anunciar su aceptación como estrella principal del descanso en la Super Bowl: “Esto es para mi gente, mi cultura y nuestra historia”.

El artista, que a finales de 2024 apoyó a la candidata demócrata Kamala Harris después de que un telonero de Trump se burlara de Puerto Rico llamándole “isla flotante de basura”, difundió más tarde un video en el que mostraba las playas y algunos artistas puertorriqueños que tituló “Basura” a secas. Este año, la guerra interna de Trump le ha llevado a no actuar en EEUU para evitar detenciones de asistentes a sus conciertos.

La crítica de Bad Bunny a la política migratoria del mandatario republicano ha sido explícita y con pasajes no exentos de ironía como cuando en julio pasado lanzó el video “NUEVAYoL” en el que se oía una voz casi igual a la de Trump que decía: “Este país no es nada sin los inmigrantes”. Pues eso.

En contraste con el disgusto de los trampistas por la elección, por primera vez, del artista que comunica en castellano, el gobernador de California, Gavin Newsom, escribió en X: “California está emocionada de darte la bienvenida al Super Bowl LX”.