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Escabechina de científicos marca Trump

Luis Díez

Mientras el presidente de Estados Unidos (EEUU), el belicoso y criminal que acaba de atacar a Irán, Donald Trump, desmantela las instituciones de investigación, los gobiernos de numerosos países avanzados ven una oportunidad única de rescatar a muchos de sus investigadores y ofrecen incentivos a la fuga de cerebros del país más poderosos del mundo. Trump recorta miles de millones de dólares a institutos científicos y universidades, restringe lo que se puede estudiar y expulsa a los inmigrantes. Y eso que este patriota de ultraderecha funciona con los lemas: “Hacer grande a América de Nuevo” y “América primero”. Quien lo diría.

Holden Thorp, editor jefe de la revista Science, recuerda que desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha invertido enormes cantidades de dinero en investigación científica en universidades independientes y agencias federales. Esa financiación ayudó al país a convertirse en la mayor potencia científica del mundo, lo llevó, por ejemplo, a la invención de Internet, los teléfonos celulares y a nuevas formas para tratar el cáncer, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Se pueden citar eminencias europeas, españolas y latinas en esos campos del conocimiento –desde la computación y eso que llaman inteligencia artificial hasta la medicina– que de pronto se quedan con sus proyectos en el aire.

La corresponsal en Londres del New York Times en materia económica, Patricia Cohen, dice que en 2024 EEUU gastó casi un billón de dólares –aproximadamente el 3,5 % de su producción anual– en I+D. En investigación de base, que a largo plazo produce los avances tecnológicos y científicos más importantes, la aportación gubernamental representó el 40% de la inversión. Pero para el multimillonario presidente y su familia, que ahora lanza una marca propia de teléfonos y una operadora de telefonía, la ciencia es “cantidad negativa”. Así que considera “un despilfarro” el gasto federal en ciencia y ha recortado los fondos y el personal subvencionado por Fundación Nacional de Ciencias, los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus iniciales en inglés), la NASA y otras agencias, además de reducir la ayuda a la investigación en varias universidades privadas. El hachazo en el presupuesto de 2026 es del 40% a los NIH y del 55% a la Fundación Nacional de ciencias.

Varias universidades ya han anunciado congelaciones en las contrataciones, recortes de personal y han dejado de admitir a nuevos estudiantes de posgrado. Los ataques de Trump y sus secuaces a la Universidad de Harvard, prohibiendo la inscripción de estudiantes extranjeros, son la evidencia más escandalosa del nepotismo y la necedad. Las instituciones de investigación de terceros países que colaboran con sus colegas de EEUU ven con preocupación el desmantelamiento y la liquidación de programas. Pero, al mismo tiempo aprovechan la oportunidad para atraer el talento. “Hay amenazas para la ciencia al sur de la frontera”, dijo Brad Wouters, directivo del University Health Network, el principal hospital y centro de investigación médica de Canadá. Y a renglón seguido lanzó la campaña de reclutamiento “Canadá Leads”.

“Vengan para acá”, dijeron los directivos del Instituto Australiano de Política Estratégica. Líderes europeos, largo tiempo preocupados por la fuga de cerebros ofrecen incentivos para recuperar y atraer a los investigadores despreciados en EEUU. La Unión Europea (UE) anunció en mayo un presupuesto suplementario de 550 millones de euros adicionales (556 millones de dólares) para cebar el imán europeo y atraer a los investigadores”. Ni que decir tiene que es una cifra muy escasa en comparación con las cifras estadounidenses. También es cierto que los salarios son más bajos en la UE. Un investigador postdoctoral en Stanford gana un salario de 6000 euros (unos 6700 dólares) mientras en Francia, por ejemplo, un investigador de 35 años puede gana como máximo 3.600 euros. Y en España no pasa de 3.000 brutos. Pero no todo es cuestión de dinero, ya que tres de cada cuatro estudiantes de doctorado e investigadores posdoctorales de los 1600 que respondieron a una encuesta de la revista Nature en marzo pasado se confesaron dispuestos a abandonar el país por la políticas de Trump.

Hay menos dinero, pero una red de seguridad social y eso que llamamos Estado del Bienestar que compensa la diferencia salariales por países y universidades de todo el mundo.

Francia invertirá 100 millones de euros para atraer a investigadores estadounidenses, según ha anunciado el presidente Emmanuel Macron. España destina 45 millones de euros adicionales para atraer a investigadores de EEUU según ha explicado la ministra de Ciencia, Innovación y Universidad Diana Morant. Y Cataluña ha puesto en marcha un programa suplementario de 30 millones de euros. Además, una decena de universidades españolas contribuirán a financiar los programas de investigación de 78 científicos estadounidenses de “alta calidad” durante los próximos tres años. Gran Bretaña planea gastar 50 millones de libras (o 66 millones de dólares) para atraer y financiar a científicos internacionales. En Dinamarca el director de la Cámara de Comercio, Brian Mikkelsen, hizo una invitación directa a 200 investigadores estadounidenses para que vengan a trabajar durante los próximos tres años. Y lo propio ha hecho en Suecia el ministro de Educación, Johan Pehrson, y el primer ministro de Noruega, Jonás Gahr Store, quien dispuso una ayuda extra de 100 millones de coronas para atraer el talento.

En Canadá laRed Universitaria de Salud de Toronto y otras entidades dedicarán 21,5 millones de dólares USA a la contratación de 100 jóvenes científicos de EEUU. En Portugal, la Escuela de Medicina NOVA presupuestará dos millones de dólares adicionales para cubrir los salarios de “investigadores internacionales de excelencia” durante tres años y algunos costos de reubicación. En Australia (continente australiano), la Academia de Ciencias ha puesto en marcha una campaña de donaciones para aprovechar una “oportunidad urgente e inigualable para atraer a las mentes más brillantes de Estados Unidos”, dijo su presidenta, Anna-Maria Arabia. Incluso China, Japón y Corea del Sur han implementado políticas para atraer a los cerebros en fuga de EEUU.

En todos los casos, los anuncios han ido acompañados de críticas veladas y abiertas a las políticas de Trump. La ministra de Mujer, Ciencia e Investigación de Austria, Eva-Maria Holzleitner, se despachó en un video en Instagram: “La destrucción de la libertad científica y la democracia en Estados Unidos me deja sin palabras”, dijo antes de anunciar: “Estamos trabajando en programas para brindar un refugio seguro a estudiantes y científicos en riesgo”. Resulta muy novedoso que los captores de talento ofrezcan sobre todo “libertad académica” a los profesores e investigadores estadounidenses. La propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó fechas atrás, cuando lanzó el programa “Elige Europa para la Ciencia”, el proyecto de “consagrar por ley la libertad de investigación científica”. Ni gobiernos ni presidentes podrán amenazar la libertad de pensar, investigar, crear y enseñar.