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Papel higiénico marca Trump para ayudar a los emigrantes

Felipe González le bastó una palabra para definir al nuevo presidente de los Estados Unidos, el especulador inmobiliario Donald Trump. Le llamó «necio». El necio construye muros porque su necedad es un muro alrededor de su mente. Esa muralla mental limita su visión del mundo a la hipotenusa de su nariz (sus intereses) y le impide entender a los demás, al tiempo que desprecia cualquier razón e interpretación de la realidad que no sea la propia. Un necio y terco de esas características al frente del Estado más poderoso del mundo es un peligro para el mundo propiamente dicho. Y los primeros que están sufriendo su necedad son los inmigrantes mexicanos y centroamericanos que se ganan la vida en Estados Unidos.

La orden de Trump de detenerlos y entregarlos a los agentes federales para expulsarles está siendo momentáneamente ignorada por algunos estados con mayoría demócrata, pero esa dilación terminará en cuanto se refuercen las plantillas policiales. La persecución tiene ya efectos tangibles. El primero es el miedo a hablar castellano, la segunda lengua del país, en los lugares públicos. El jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, podía haber aprovechado el saludo con el necio en la reciente cumbre de la OTAN en Bruselas para exigirle respeto hacia la comunidad de hispanohablantes, pero no lo ha hecho. Tampoco cabía esperar gran cosa de un personaje tan limitado y tautológico como el gobernante español, cuyos intereses se centran en mantener algunas sucursales de fabricación y venta de armamento. De ahí el especialista Morenés Eulate que ha enviado de embajador a Washington.

Los mexicanos saben que han de hacerse respetar por sí mismos, más allá del cinismo internacional. Son conscientes de que, como dice el letrado Jorge Martínez Veloz, pueden perder muchas cosas menos que les falten al respeto, porque si no, su vida será un infierno moral y el adversario les tomará la medida para doblarles. Martínez Veloz, comisionado para el diálogo con los pueblos indígenas, denunció a Trump por intentar saltarse a la torera la legalidad mexicana en el proyecto de construcción de un complejo residencial de lujo en Baja California. Otro negocio del necio en el Caribe, en una zona protegida de Cozumel (Punta Arrecifes) que arrasó por sorpresa para construir una urbanización turística de lujo, también fracasó en 2008. Se comprende la inquina hacia México del otrora voraz especulador.

El «popucista» (mezcla de populismo y fascismo) registró en el Instituto de la Propiedad Industrial de México la marca Trump Organization para actuar en sectores como la construcción, el turismo, los hoteles, los bienes raíces y los servicios financieros. Pero se olvidó de las manufacturas, en concreto de las procedentes de la celulosa, y ahora, según publicaba el diario Excelsior el 1 de junio, el abogado Antonio Battaglia se ha aprestado a registrar y sacar al mercado en fecha próxima un papel higiénico marca “Trump”, que publicita con slogans como “Suavidad sin fronteras” y “Este es el muro que sí vamos a pagar”.

Battaglia dice que donará el 30% de las ganancias a programas de apoyo a los inmigrantes y explica que su iniciativa brotó de la indignación que le produjo la descripción por parte de Trump de los inmigrantes mexicanos como si fueran delincuentes, violadores, asesinos y traficantes de drogas. «Mi pensamiento fue: no podemos quedar callados, voy a poner mi granito de arena, a dar respuesta», explica antes de indicar que ha invertido 400.000 pesos (21.400 dólares) en un proyecto cuyo éxito parece garantizado por razones de dignidad humana frente a la persecución y humillación de los mexicanos pobres, promovida por el necio.

Puesto que el «popucista» se cisca en la preservación del medio ambiente y el futuro del planeta, como ha demostrado con su ruin e insolidaria decisión de abandonar el pacto mundial para reducir las emisiones contaminantes a la atmósfera y luchar contra el cambio climático, vale esperar que la del papel higiénico sea la primera gota de una tormenta de ideas capaces de limpiar sus excrecencias y si posible fuera de eliminar de su magín la xenofobia, el racismo, el machismo, el belicismo y el abuso del poder.