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El PP denigra la red ferroviaria para atropellar a Sánchez

Luis Díez.

Cuando la fatalidad insiste en expresarse, como ha ocurrido esta semana, y se pierde la maleta con esas dos prendas imprescindibles para el viaje de la vida como son el amor y el humor, sólo queda el analgésico de la solidaridad y el calor humano con quienes han perdido a sus seres queridos. Es posible que los denuestos y maldiciones contra los gobiernos de turno atenúen el dolor, aunque, por lo general solo sirvan de desahogo o a mayor gloria de la oposición política demoledora. Ante una desgracia tan grande como el accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba), que costó la vida a 45 personas y heridas graves a medio centenar, de los que 39 seguían hospitalizadas –siete en cuidados intensivos– cinco días después del siniestro, los gobiernos central y andaluz y el ayuntamiento de la localidad más cercana actuaron con la mayor presteza y coordinación posible.

Las críticas en ese sentido a Pedro Sánchez y Juan Manuel Moreno, del PSOE y el PP, respectivamente, carecen de fundamento. Ninguno de los dos estaba en el Ventorro ni de vacaciones ni cazando en Aranjuez o esquiando en Baqueira Beret, ni de puente en un resort de lujo en Cascais (Portugal). Por el contrario, el ministro Puente propiamente dicho se hallaba en el centro de control de los trenes de alta velocidad, en Atocha (Madrid), hora y media después de que se produjese el descarrilamiento y choque de los dos trenes, y otro tanto cabe decir de los titulares de Interior, Defensa y de los directores de Renfe y Adif, así como de los responsables autonómicos andaluces encargados de movilizar a los medios sanitarios, de socorro y ayuda a los viajeros. Como siempre ocurre en estos casos, fueron los vecinos del pueblo y la Guardia Civil los primeros en socorrer a los accidentados.

¿Qué podía hacer el jefe del Gobierno, Sánchez, aparte de desplazarse a primera hora del 19 de enero al lugar de los hechos, recibir información, manifestar su tristeza, expresar las condolencias a los familiares de los fallecidos –todavía quedaban muchos muertos sin identificar– y decretar tres días de luto? El presidente no ha eludido responsabilidad alguna sobre las causas del accidente. El propio ministro Oscar Puente fue el primero en señalar, con los indicios disponibles, un posible defecto en una soldadura de la vía. El viernes los investigadores adelantaron que, en efecto, un raíl se fracturó antes del paso del tren Iryo (empresa italiana) que hacía el trayecto de Málaga a Madrid y cuyos vagones traseros se salieron de la vía, provocando el choque del Alvia de Renfe que iba de Madrid a Huelva. Si la rotura de la vía fuese la causa principal del accidente no cabe duda de que la empresa pública que administra la infraestructura ferroviaria, Adif, sería la responsable del siniestro.

La transparencia y la aportación sin reservas de toda la información disponible sobre el accidente está siendo la pauta de comportamiento del ministro Puente, quien el viernes afirmó que los sensores automáticos que detectan las anomalías en la red “en ningún caso rebasaron el nivel de alarma” y reconoció que “quizá haya que hacer otro tipo de controles”. El titular de Transportes aportó en rueda de prensa todos los datos sobre la renovación de las vías en el tramo de la línea Madrid-Andalucía en la que se produjo el accidente, incluidas las certificaciones de las obras y los controles de calidad. El presidente de Adif, Pedro Marco de la Peña, que le acompañaba junto con el secretario de Estado José Antonio Santano, precisó que la empresa española de ingeniería Ayesa inspeccionó el control de calidad de la obra y chequeó y ensayó el 30% de las soldaduras por segunda vez, es decir, que 36 soldaduras fueron ensayadas dos veces por dos equipos diferentes.

Hubo otros datos significativos como las anomalías detectadas por los sensores al paso de tres trenes dos horas antes del accidente pero no llegaron a activar el nivel de alerta amarilla. El tercer tren que elevó la gráfica de detección de anomalías pasó a las 19:09. “Algo había en la vía evolucionando (a peor), pero queda por determinar si coincidía con el punto donde se produjo el accidente”. La lógica indica, según dijo Puente, que la ruptura del raíl se habría producido en los minutos previos al descarrilamiento de los tres últimos vagones del Iryo que invadieron la via contraria a las 19:43 y contra los que se estrelló el Alvia nueve segundos después.

El presidente del Gobierno ha solicitado su comparecencia ante el pleno del Congreso para aportar la información del grave accidente y, puesto que las desgracias no vienen solas, explicar asimismo la situación de la red ferroviaria de Cataluña tras el choque de un tren de Rodalies contra un muro de contención que se derrumbó en Gelida (Barcelona) y en el que murió el maquinista. Sánchez también informará de la posición de la UE ante las amenazas de Trump de anexionar Groenlandia y sobre la iniciativa del presidente estadounidense de lanzar su Junta de Paz para unos cometidos que ya realiza la ONU y van mucho más allá de la protección, estabilización y reconstrucción de Gaza.

Aunque el jefe del Gobierno no ha rehusado las explicaciones en ningún momento y ha defendido el bien ganado crédito de la red de alta velocidad española, la segunda más larga del mundo, el jefe de la oposición, Alberto Nuñez Feijóo, le ha saltado a la yugular en cuanto han pasado los tres días de luto oficial, acusándole de estar “desaparecido”, de “generar el caos”, de tener un “gobierno colapsado”, de actuar “tarde y mal” y, en fin, como ya hiciera su subordinada Ayuso, de parapetarse tras el luto oficial. En concreto, según Feijóo, “el duelo no puede ser una coartada para la opacidad, porque el duelo no suspende las obligaciones del Gobierno, y una de ellas es garantiza la seguridad ferroviaria en nuestro país”. Aparte de una retahíla de preguntas poniendo en duda la fiabilidad de la red ferroviaria y la seguridad de la alta velocidad, Feijóo pronunció su frase lapidaria: “El estado de las vías es el reflejo del estado de la nación”.

El líder del PP, al que no se le ocurrió tan brillante comparación en 2013, tras el accidente de Angrois, en las inmediaciones de Santiago de Compostela, con un balance terrible de 79 fallecidos y 144 heridos, pues él era entonces presidente de Galicia y su paisano y correligionario Mariano Rajoy, jefe del Gobierno, sólo pudo fundamentar una crítica: la que han realizado los maquinistas de Renfe sobre la poca atención de los directivos de la compañía a sus partes de incidencias. Por cierto que la Audiencia Provincial de A Coruña anuló el viernes la condena al exjefe de seguridad de Adif, Andrés Cortabitarte, con lo que el único responsable penal fue el maquinista. Así se escribe la historia. Y así se borra la que no interesa a los ricos y poderosos. ¿O no fue la entonces ministra de transportes, la pontevedresa amiga de Rajoy, Ana Pastor Julián, quien ordenó desactivar el sistema de frenado automático ERTMS que habría parado automáticamente el tren por exceso de velocidad antes de la curva de Angrois? Cortabitarte cumplía órdenes. Y como buen técnico ferroviario sabe que la orden que recibió y ejecutó meses antes del siniestro tenía el objetivo de no perjudicar a Talgo como fabricante y proveedor de trenes a Renfe. En vez de obligarle a instalar correctamente en los trenes el sistema automático de frenado, lo que habría supuesto un gasto para la compañía privada, se optó por desactivar el ERTMS para que no produjese averías.

Pero volviendo a la triste actualidad, frente a la desconfianza sembrada por Feijóo y su extrema derecha (Ayuso y Abascal de Vox), el ministro de Transporte enfatizó que todos los días se revisan las vías, “todos los días hay exploración” y también todos los días los maquinistas trasladan “alrededor de cuatro o cinco incidencias y descubrimientos” que se recogen por escrito. Son informaciones que tienen consecuencias como la reducción de velocidad y sobre las que existe una extensa trazabilidad. Sorprende la impostura del jefe del PP denostando un sistema ferroviario puntero en el mundo a pesar de la complicada orografía española cuando su partido ha estado puntualmente informado a través del portavoz de la Comisión de Transportes del Senado, Juan José Sanz Vitorio, y de los senadores de la zona afectada sobre las inversiones, incidencias y reducciones de velocidad mucho antes del accidente.

Así, en septiembre pasado, Puente informó de la inversión de 750 millones de euros en la linea de alta velocidad Madrid-Sevilla sin cortar el servicio ferroviario. Y con posterioridad, el 27 de noviembre, desgranó las obras en respuesta a los senadores. Al reconocer la petición de reducción de velocidad realizada en agosto pasado por el Sindicato de Maquinistas, el ministro aseguró que “Adif analiza de manera continua la evolución de la calidad de vía de las líneas de Alta Velocidad, mediante el estudio de los resultados obtenidos de las auscultaciones dinámica y geométrica, por ser los métodos objetivos que se emplean para el control del mantenimiento”. Cierto es que esos y otros datos, así como la menor inversión de España –en comparación con Francia y Alemania– en el mantenimiento de la red de alta velocidad, no interesan ahora al líder Feijóo ni a su extrema derecha (Ayuso y Vox), tal vez porque el último gobernante del PP, el señor Rajoy de los recortes congeló las partidas. ¡Vaya si le importaba la seguridad! Solo a partir de 2018 la curva presupuestaria cambió de signo y comenzó a subir hasta alcanzar el 57% más respecto al último ejercicio de aquel presidente enfangado con los gurtélidos de la derecha.