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Criptocorrupción en la Casa Blanca

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Madrid.–Luis Díez.

El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, ha hecho saltar por los aires el sistema de pesas y medidas de la ética presidencial y la moralidad pública. En los cinco meses que lleva en la Casa Blanca ha “monetizado” el ejercicio del poder como no se recuerda que haya hecho ningún presidente anterior. La tarea de multiplicar su fortuna personal y forrar a sus familiares (en la foto aparece con sus dos hijos mayores) y a sus amigantes (amigos donantes y mangantes) ha quedado hasta ahora en segundo plano. Los aranceles, Canadá, Groenlandia, el canal de Panamá y sus políticas de tolerancia con los evidentes aunque “presuntos” criminales de guerra Netanyahu y Putin, han eclipsado la corrupción del personaje con más poder y fuerza bruta destructiva del mundo.

Sin embargo, Washington empieza a oler a podrido. El periodista Peter Baker cubre su sexta presidencia como corresponsal de The New York Times en la Casa Blanca y asegura que “los Trump no son la primera familia presidencial que saca provecho de su tiempo en el poder, pero han hecho más por monetizar la presidencia que cualquiera que haya ocupado la Casa Blanca”. Las primeras dudas entre los representantes republicanos sobre la ética del presidente surgieron cuando el emir de Qatar entregó un avión de lujo a Trump, un regalo valorado por los expertos en 200 millones de dólares, cifra superior a la suma de todos los presentes aportados a los presidentes anteriores. El avión ha sido asignado a las Fuerzas Armadas, podrá ser usado por el presidente como Air Force One y ha sido aceptado como propiedad privada de Trump, quien podrá seguir usándolo cuando termine el mandato.

Se dan varias circunstancias curiosas en la aceptación de ese regalo por parte de míster Trump. La primera es que la Fuerza Aérea, la USAF, tiene previsto reemplazar los dos Boeing 747-200B altamente personalizados de la flota presidencial desde 1990 por otros dos Boeing 747-8 en 2026. La segunda es que el donante, el emir catarí Tamim bin Hamad al Thani, forma parte de la misma tiraría que Trump denunció en su anterior mandato como “financiadora del terrorismo” y sometió a bloqueo diplomático. La tercera consiste en que la fiscala general de EEUU, Pam Bondi, dio el visto bueno a la legalidad del regalo pese a haber trabajado con anterioridad como lobista de los intereses catarís.

En ese sentido, ocho senadores demócratas del Comité Judicial, encabezados por el californiano Adam Schiff, han cuestionado la ética de los informes de Bondi, precisamente porque antes de ser nombrada por Trump tuvo como cliente de su despacho a la monarquía absoluta de ese emirato. Dicen los senadores en su escrito para revisar el asunto que los informes a favor del regalo privado plantean la “preocupante posibilidad” de que el Departamento de Justicia y la propia Bondi sean “parte integral de un plan” para crear una justificación legal que permita al presidente “eludir la Cláusula de Emolumentos Extranjeros de la Constitución, las leyes federales contra el soborno y de exigencia ética, y el control del Congreso para adquirir uno de los mayores obsequios extranjeros de nuestra historia”.

La operación aviónica es parte del conglomerado de intereses privados diseñado por Trump para rentabilizar el poder. Pocos días antes de asumir el cargo, en enero pasado, lanzó la criptomoneda $TRUMP. Y cuatro meses después, ya como presidente, organizó en su club de golf de Sterling, cerca de Washington, una cena exclusiva para los mayores inversionistas en su criptomoneda. Acudieron 220, entre ellos el multimillonario chino Justin Sun, quien mereció una recepción exclusiva del presidente antes de la cena por ser uno de los mayores compradores de los memecoin trumpistas, en los que ha invertido 40 millones de dólares. Por paradojas de la vida, la Comisión del Mercado de Valores acusó a Sun de fraude en 2023, pero dejó en suspenso la demanda tras la llegada de Trump al poder. También abandonó otras investigaciones sobre criptomonedas.

La confusión entre los intereses públicos, del Estado, y los privados del presidente y su familia a través de empresas particulares en las que participan es absoluta. Muchos intelectuales y millones de trabajadores manuales estadounidenses se preguntan si Trump ha normalizado la corrupción y ya es candidato al uso más descarado del cargo en la historia de EEUU, eclipsando incluso los casos Teapot Dome y Watergate, que arruinaron las presidencias de Warren G. Harding (1921-23) y Richard Nixon (1972-74), respectivamente. El profesor emérito de la Universidad Colgate de Nueva York, Michael Johston, confesaba días atrás al periodista Baker, del Times: “Llevo 50 años observando la corrupción y escribiendo sobre ella, y la cabeza me sigue dando vueltas”.

El corresponsal del Times recoge otras opiniones especializadas sobre lo mucho que Trump ha transformado Washinton a favor de las tramas de enriquecimiento. De hecho, el primer delincuente convicto que ha sido elegido presidente, ha hecho que esas tramas se vean con normalidad. “La muerte de la indignación en la era Trump, o al menos la escasez de indignación, ejemplifica hasta qué punto el mandatario ha cambiado el comportamiento aceptado en Washington”, escribe Baker.

Y naturalmente, el presidente ha eliminado los límites éticos y desmantelado los instrumentos de rendición de cuentas que limitaban a sus predecesores. No habrá investigaciones oficiales porque Trump se ha asegurado de ello. Ha despedido a los inspectores generales del gobierno y a los vigilantes de la ética, ha instalado a simpatizantes leales para dirigir el Departamento de Justicia, el FBI y las agencias reguladoras, y ha comunicado a un Congreso controlado por los republicanos que no está dispuesto a celebrar audiencias.

Pero eso no elimina la percepción del uso y abuso del poder para forrarse económicamente. Quizá el asunto de las criptomonedas acabe siendo el talón de Aquiles del autoritario, caprichoso y necio inquilino de la Casa Blanca. Zach Witkoff, fundador de la empresa de criptomonedas de la familia Trump, World Liberty Financial, anunció a finales de abril en Dubái junto a Eric Trump, el segundo hijo de Trump, un acuerdo de 2.000 millones de dólares en los Emiratos Árabes. El anuncio se produjo una semana antes de que los padres de ambos “criptofinancieros”, Donald y su enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, realizaran una visita oficial a la zona.

Los dos cachorros, ejecutivos con criptomonedero, dijeron ante cientos de interesados que llenaban el salón de actos que un fondo respaldado por Abu Dabi cerraría un acuerdo comercial por esos dos mil millones de dólares citados, utilizando las criptomonedas de la firma Trump. Esa transacción representa una importante contribución de un gobierno extranjero a la empresa privada del presidente de EEUU y generará importantes beneficios a la familia. ¿Corrupción? ¿Conflicto ético y de intereses?

Zach Witkoff reveló se utilizaría una denominada “moneda estable” desarrollada por la empresa trumpista para completar la transacción entre la firma de inversión emiratí respaldada por el estado MGX y Binance, el mayor intercambio de criptomonedas del mundo. El uso de la stablecoin World Liberty, USD1, por parte de MGX permite a una empresa de la familia Trump colaborar con una entidad de capital riesgo respaldada por un gobierno extranjero. El acuerdo crea además un vínculo formal entre World Liberty y Binance, una empresa que ha estado bajo la supervisión del gobierno estadounidense desde 2023, cuando admitió haber violado las leyes federales contra el blanqueo de capitales. “Agradecemos a MGX y Binance la confianza depositada en nosotros”, declaró Witkoff. “Esto es solo el principio”. Eric Tramp por su parte hizo otras gestiones para levantar una torre en Dubái.

Luego, cuando llegó el presidente y su corte de multimillonarios, Elon Musk se dedicó a la caza de contratos con los emires para el lanzamiento de minisatélites de comunicación, observación y control, al tiempo que su hermano también cerraba negocios con jeques petroleros. El amigante de Trum que, entre otras cosas, ha conseguido que su amigo y colaborador Jared Isaacman haya sido nombrado administrador de la NASA, lo que redundará en más y mejores contratos con la lanzadera SpaceX de Musk, realizó un anuncio inquietante: la creación de un centro para implantar microchips en el cerebro humano. Sin principios éticos en el manejo del poder, huelgan las barreras de la bioética. A unos cientos de kilómetros de la Península Arábiga, los bombardeos del carnicero Netanyahu contra la población civil de Gaza –ya ha matado a 54.000 palestinos, 18.000 de ellos niños– seguían siendo ignorados por tan poderosos individuos.

C4.–Garbanzo en remojo

NOVELA DE ENTRETIEMPO POR ENTREGAS/ Luis Díez.

Tilo Dátil agarró a Merche del brazo, salieron de las dependencias, caminaron hasta la parada de taxis y quince minutos después estaban en el lugar de los hechos. Habían transcurrido setenta horas desde el incendio del coche, ocurrido a las 03:20 de la noche del sábado, y en el escenario del crimen solo quedaban las huellas de los efectos del fuego sobre la grasa, el aceite y los neumáticos del coche. Los bomberos habían evitado mayores daños.

–Tuvimos suerte de que estuviera ese contenedor de cascotes de obra, que si no nos quedamos sin coche –dijo una vecina que tenía su automóvil detrás del siniestrado.

Hablaron con diez o doce residentes en las viviendas de un lado y otro de la estrecha calle donde ardió el auto, pero ninguno pudo aportar datos sobre merodeadores ni, mucho menos, agresores. Dada la hora del suceso, todos los vecinos dormían. Algunos sabían que dentro de aquel Peugeot, cuyos restos habían sido retirados por los servicios municipales, encamaba desde hacía un mes, quizá dos, un desconocido. Pero ninguno de los que dijeron haberlo visto había cruzado una palabra con él. Desconocían de donde venía, cómo se llamaba y adonde iba. Un funcionario de baja por enfermedad lo describió como un hombre de color, un joven que no molestaba a nadie, un tipo que llegaba por la noche, se metía en el coche a dormir y salía a primera hora de la mañana con sus calderos de plástico y sus aperos de limpiar cristales. “Como tantos otros parias de la tierra, se ve que no ganaba para pagar un alquiler, comer, vestir y enviar dinero a casa”, dijo aquel vecino. En cambio, una mujer enjoyada que salía del portal cercano dijo a Merche que claro que había visto al “negrata” que dormía en el coche quemado. Y cuando la agente le hizo saber que “el negrata”, como ella decía, había muerto en el incendio, ni pestañeó. Por el contrario exclamó: “¡Me alegro!” Luego, como si quisiera corregir su barbaridad, añadió: “Me molestan los fumadores”.

–Sobre todo si son negros, ¿verdad? –dijo Merche.

–Pues sí –respondió la mujer enjoyada, quien se despidió a toda prisa aduciendo que llegaba tarde a la peluquería. Aunque el cabello de las mujeres era muy importante y Merche se mostró comprensiva, no olvidó que aquella residía en el tercero izquierda, se asomó al portal, se acercó a los buzones y anotó los nombres que figuraban en la pestaña correspondiente.

También Tilo escuchó la consabida alusión despectiva hacia las personas de otro color por parte de dos vecinos que, cada cual por su lado, demostraron la misma longitud de onda. “Esos negratas vienen a delinquir, violar y vender droga”, dijo uno. “Ya sabía yo que el negro ese del coche no traía nada bueno y, mire, nos ha ahumado la casa”, dijo el otro. La conclusión era una hipótesis de trabajo: cualquiera que supiera donde dormía el inmigrante fallecido podía haber avisado a los perros rabiosos que acudieron a prenderle fuego.

El propietario del vehículo siniestrado regentaba la taberna El Picador, situada en la cercana Avenida de los Toreros. Se mostró asequible y dispuesto a colaborar en lo que hiciera falta para aclarar la muerte de Amadou, por el que sentía una gran pena, pues era un joven amable, servicial y bien dispuesto al esfuerzo. Eso dijo.

–¿Amadou qué más? –Le preguntó Merche.

–Ahí pincha en hueso; no se lo pregunté ni me lo dijo ni creo que tuviese documentación que acreditara los apellidos –contestó el tabernero, que respondía al nombre de Julio Arias y mostró su extrañeza por la tardanza de la policía, tres días, en venir a interrogarle–. Ya sé que tienen faena, pero mayor diligencia les suponía aunque el fallecido fuera negro.

Encajaron el golpe con deportividad.

–Por mucho que corramos no le vamos a resucitar; con evitar que liquiden a otros nos damos por satisfechos –adujo Tilo.

–Si, que menuda racha llevan –dijo el tabernero.

–Bueno, señor Arias, nos gustaría hablar tranquilamente con usted en un sitio más discreto –dijo Merche.

El local se hallaba habitado por media docena de parroquianos, distribuidos ante la barra de mármol y algunas mesas rústicas con taburetes de madera. El tabernero hizo una señal a la cocinera para que echara un ojo a la barra y les invitó a pasar a un salón lateral con un arco de medio punto sin puerta y un letrero en las baldosas laterales que decía: “¡Derecho al toro!” Se sentaron en torno a una mesa del fondo y Merche pidió al señor Arias que les contara todo lo que supiera de Amadou, a lo que el tabernero manifestó que procedía de Mali, había caído por allí hacia cosa de dos semanas y tenía el propósito de llegar a Francia, donde, al parecer poseía algún familiar y conocía a varios de su tribu, residentes en Marsella.

En respuestas a los agentes, Arias dijo que el negro era un tipo de veinticinco años. Lo vio por primera vez el día que limpió los vidrios y la puerta emplomada del establecimiento. “Recuerdo que había llovido durante la noche y el escaparate estaba hecho una pena. Cuando acabó la faena, se asomó, me miró con una expresión un poco tímida, como huidiza, y dijo: “¿La voluntad?” Le dije que pasara y le pregunté si quería tomar algo, un café, un té, un croasant… No, solo algún euro. Sólo hablaba francés, pero esas palabras –voluntad, euro y unas pocas más– las sabía en castellano. Le largué un billete de diez euros y no vean lo contento que se puso. Como que me quería besar el tío. A continuación me pidió permiso para entrar al lavabo, se aseó un poco las manos y la cara, puso agua en el caldero de plástico que llevaba con las guías de goma y esponja, salió, agarró la escalerilla y se despidió inclinando varias veces la cabeza y diciendo “mersí, mersí”. ¿Qué quieren que les diga? Me cayó bien. Limpiaba escaparates, pedía la voluntad, en algunos comercios le daban algo, en otros, nada. Y en determinadas sucursales bancarias, menos que nada: le amenazaban para que se largara. Y fíjese si sería buena gente que incluso a esos, los de seguridad de los bancos, les daba las gracias inclinando la testa en señal de respeto. Eso lo vi yo. Para que luego digan que si los inmigrantes tal, que si los negros cual”.

–¿Sabe si Amadou fumaba? –Inquirió Tilo.

–Claro que lo sé: no. Le prendieron fuego, lo mataron, si es eso lo que quiere saber.

–Eso creemos nosotros también. Lo podían haber liquidado en cualquier sitio, pero se da la circunstancia de que lo mataron en su coche –dijo el inspector.

–Todo tiene explicación –contestó Arias.

–Espero que sea convincente –dijo Tilo.

–Yo mismo le di las llaves del coche –afirmo el tabernero antes de explicarles que aquella noche, cuando cerró el establecimiento y se dirigía a su casa, vio al negro recostado en un banco de la calle. Se acercó a él, lo saludó, comprendió que no tenía donde dormir. Y puesto que amenazaba lluvia, le ofreció su coche como refugio. Amadou lo aceptó encantado, se ajustó la mochila, agarró los bártulos y le siguió hasta la calleja cercana donde tenía el Peugeot aparcado. Eso fue todo.

Si no lo llevó a su casa –añadió el bondadoso Arias– fue para evitar el rechazo de su esposa y porque sus dos hijas, de veintidós y veinticinco años, viven allí. A la mañana siguiente, Amadou acudió a devolverle la llave del coche y limpiar los cristales. Después, los días que siguieron, el inmigrante se personaba a última hora –pasadas las diez de la noche– en la taberna El Picador, se sentaba en algún taburete donde no estorbara y cuando Manuel Morata, el camarero de meriendas y cenas, o el propio Arias, salían a bajar a media asta las persianas metálicas, agarraba la cubeta con agua y jabón, empuñaba el estropajo y la bayeta y limpiaba todas las mesas, que no eran pocas, sino doce. A continuación barría las dos piezas de la taberna típica. Y después cogía la fregona y, con esa mezcla explosiva de agua, jabón líquido desengrasante, un chorro de amoniaco y otro de lejía, fregaba las baldosas. El resultado –afirmó el tabernero– era brillante, higiénico, con olor a limpio.

–Puede ahorrar esos detalles domésticos –le sugirió Merche.

–Para que luego digan que son vagos y solo vienen a delinquir –justificó Arias.

–De acuerdo, siga –susurró la subinspectora.

–¿Sabe o cree usted, señor Arias –terció Tilo– si Amadou era o podía ser terrorista?

–Ni de coña podía ser terrorista un chaval tan afable y tan bueno.

–Le dijo que se iba a ir a Francia, pero no acababa de irse… ¿Sabe por qué?

–Me dijo que su familiar en Marsella no respondía al teléfono; creía que le había sucedido algo. Le escribió una carta y mientras esperaba que llegara la respuesta aquí, a la Taberna El Picador, sobrevivía como les he contado.

–¿Le comentó si tenía algún proyecto de vida aquí o si pensaba volver a África si ese familiar no le contestaba? –incidió Merche.

–Su plan no era volver a Mali, sino al sur, a Andalucía, donde había trabajado en los invernaderos de frutos rojos. No sé si saben que los esclavizan, les meten jornadas de sol a sol debajo de esos plásticos y les pagan menos todavía que a los negros del Penedés… Es lo que yo le dije: vete a Cataluña, Amadou.

Tilo apuntó algo en su libreta de notas. Luego, ya en las dependencias, pidió a Oliveras, el documentalista del grupo de homicidios, que le proporcionara lectura para aquella noche.

La primera conversación con el señor Arias sirvió a los agentes para hacer saber a los funcionarios de la embajada de Malí en Madrid Astan y Seydou (anotaron sus nombres) que los restos del súbdito o ciudadano de su país (más bien lo primero) se hallaban en el depósitos de los cadáveres sometidos al escrutinio de los especialistas en medicina legal. Tuvieron la impresión de que el muerto les importaban un bledo, y aunque aportaron el nombre y la aldea del finado, salieron de las dependencias de aquel país torturado por una guerrilla criminal llamada Boko Haran (secuestraba, torturaba y mataba sin piedad) y por un régimen dictatorial militar despiadado apostando a que aquellos empleados públicos no moverían un dedo para que la información llegase a la familia de Amadou.

La segunda conversación con el tabernero Arias tuvo lugar pocas horas después de la primera en las dependencias policiales. Fue un interrogatorio en toda regla. Le leyeron los derechos como si estuviera detenido, le dijeron que podía solicitar la asistencia de su letrado o de un abogado de oficio. Ni uno ni otro. Arias estaba sorprendido por el comportamiento de los agentes, les pedía explicaciones por una decisión que no entendía y se arrepentía de haberles tratado con corrección el día anterior.

–Correctamente no; ni siquiera nos ofreció una cerveza –le recordó Merche con ironía.

Lo cierto y verdad es que le detuvieron con unos cargos insólitos, aunque le dieron a elegir entre Málaga y Malagón.

–¿Prefiere que le imputemos por colaboración y acogida de célula durmiente o por cooperación necesaria en asesinato? –Le consultó Merche.

–¡Ni cooperación ni colaboración ni hostias!

–Usted entregó las llaves de un automóvil de su propiedad a un inmigrante indocumentado para que durmiera no un día ni dos, sino un mes y otro mes. Eso se llama acogida y colaboración.

–Eso no es delito –afirmó Arias.

–Y luego, para quitárselo de encima –prosiguió Merche– entregó el otro juego de llaves del coche a los asesinos, que acudieron y al lugar indicado, abrieron la puerta y le prendieron fuego.

–Si no fuera un insulto a mi dignidad como persona –protestó el tabernero– le diría que esa hipótesis es más peregrina que la tumba del apóstol Santiago.

–No, señor Arias; nadie en su sano juicio se acuesta a dormir en el interior de un coche sin echar el cierre a las puertas por dentro. Los asesinos abrieron la puerta, lo rociaron con alcohol de quemar, le prendieron fuego con un lanzallamas de gas similar al que usted usa en la cocina de su restaurante. Y pudieron hacerlo porque alguien les proporcionó la información del negro durmiente y, sobre todo, porque alguien les entregó las llaves del coche.

–Eso es una sandez –replicó Arias–. Ustedes no tienen ni una sola prueba contra mi. ¿Desde cuando ayudar a las personas más necesitadas es delito?

–Sandez o lo que usted quiera, pero usted sabía que el pájaro al que facilitó en nido tenía contactos con pollos que fueron detenidos en Francia mientras preparaban atentados terroristas.

–No, no sabía eso –afirmó el tabernero con ojos de asombro.

–Pues ea, ya lo sabe; la cuestión ahora es si prefiere un cargo u otro: colaboración con terroristas o cooperación con criminales –reiteró Merche.

Arias permaneció con los labios sellados y la mirada perdida en la atmósfera de la higiénica y desnuda sala de interrogatorios. Su perplejidad parecía mayúscula, su asombro, descomunal. Merche esperó un minuto más y decidió resolver el dilema:

–Se le detiene como presunto autor de un delito de cooperación necesaria con los autores de un crimen de odio con resultado de muerte. De usted depende si añadimos el encubrimiento o decide colaborar para localizar y detener a los autores materiales.

Arias se mantuvo en silencio. Tilo le informó de que le concedían seis horas de calabozo y le pidió que empleara ese tiempo en recordar algún dato, pista o detalle que les permitiera atrapar a los jodidos asesinos. El inspector le ofreció una libreta de bolsillo y un bolígrafo por si quería anotar sus recuerdos. El tabernero le miró con desprecio y rechazó las herramientas.

Los policías sabían, claro está, que incurrían en arbitrariedad o, como decían los taurinos, que la cosa tenía rejones. Pero los pinchazos más fuertes, despiadados, venían de encima. Los jefes superiores, ministro incluido, exigían detenciones para rebajar (“enfriar”, decían) la alarma social. Tres inmigrantes muertos en tan poco tiempo (cuatro con el del aeropuerto) y ni un solo sospecho detenido era motivo de un escándalo catedralicio. Los sindicatos anunciaban manifestaciones para encauzar la indignación de los trabajadores manuales e intelectuales y de cuantas personas sensibles quisieran responder con firmeza democrática a las prácticas neonazis. Y no descartaban la convocatoria de huelgas en los sectores productivos con más inmigrantes.

Pasadas seis horas, el señor Arias mantenía la decisión de no decir ni mu, de modo que le aplicaron la política del remojo y le dejaron ablandar toda la noche en el calabozo.

Insidia

Cuentos y descuentos del sábado (25-11-2023).–Luis Díez

Después de un tiempo sin coincidir, Marisa y Fiol volvieron a verse en el metro. “¿Dónde has estado?” Le preguntó ella. “En Insidia”, contestó él antes de aclarar que no es una isla del Egeo ni un islote del Mar de China, sino un país democrático, avanzado en derechos y libertades, pacífico, plural, igualitario, moderno, con servicios públicos de calidad, enseñanza pública obligatoria hasta los 16 años, asistencia sanitaria gratuita y universal… Una potencia media en términos de renta per cápita donde la mayoría de los ciudadanos viven de su trabajo y no son ricos ni pobres, sino clase media laboral que desvive feliz y preocupada por día a día, el mes a mes y por las cuestiones que a todos los humanes nos conciernen como la emergencia climática por la destrucción de la atmósfera, las pandemias, la guerra de Rusia contra Ucrania, la masacre de los palestinos encerrados en Gaza y la emigración y la pobreza de gran parte de los humanes de este planeta.

A Marisa la descripción le sonaba. “O sea que has estado en Francia”, dijo. Fiol negó con la cabeza y añadió: “He estado en un país plural y diverso que tiene un Gobierno digno y quiere vivir en paz y concordia, pero un puñado de políticos de la derecha emberrechinada emplean sus energías en lo contrario, la agitación de las masas, la incitación a la violencia, la promoción del odio y la difusión de bulos, falsedades, insultos y maldades contra quienes piensan de otra manera y no les votan a ellos”.

Entonces Marisa cayó en la cuenta: “¿Te refieres a un país donde el jefe de organización del partido mayoritario de la derecha, un gallego con techo, Tellado, que parece un saco de patatas con patas, ofrece uno de sus tres coches para que se lleven en el maletero al presidente del Gobierno fuera del país?” Fiol movió la cabeza arriba y abajo. “¿Un país donde ese Tellado de ojos pequeños, acerados, tilda de “matón de colegio” al exalcalde de Valladolid, diputado y ministro socialista cuando es amenazado e increpado en el AVE por un delincuente?” Fiol asintió. “¿Un país donde algunos cargos públicos de la derecha animan a pegar un tiro en la nuca al presidente del Gobierno?” Fiol afirmó con la testa. “¿Donde una presidenta autonómica, famosa por beneficiar a su familia con contratos públicos directos, como el de las mascarillas, acude al balcón del Congreso de los Diputados e insulta, “hijo de puta”, al presidente del Gobierno?” Fiol asintió. “¿Un país en el que el jefe de la oposición de derechas, aliado y corroído por la ultraderecha, incurre en una contradicción palmaria en la tribuna del Congreso cuando dice que también él podía amnistiar a los separatistas catalanes para obtener sus votos y luego afirma que el presidente del Gobierno progresista sufre una “patología” mental porque le ríe la gracia?”

–Sí a todo –dijo Fiol.

–Entonces ese país no es Insidia, sino España –concluyó Marisa.

–Ya, pero quizá por prestar atención a esa derecha me he sentido más desubicado que un atracador en un banco de niebla –se disculpó Fiol.

–Vale, ahora sin bromas: ¿crees que a esos emberrechinados, como les llamas, se les pasará pronto el berrinche?

–Me temo que la insidia, la acechanza, la acción y el discurso que envuelven mala intención va a ser duradera.

–¿Y qué remedio recomiendas? –Se interesó Marisa.

–La derecha no tiene remedio, así que rigor contra las algaradas y los desmanes callejeros, mucha pedagogía de la democracia y los derechos humanos, unidad, honradez y buen hacer.

–¡Por Júpiter, mi estación! A ver si nos vemos más a menudo, amigo Fiol.

DOÑANA y 5/ Del robo del agua al ‘gran pelotazo’

Madrid, 26-05-2023.– Luis Díez

Según la evidencia de Sexto Empírico, Doñana es una joya de Andalucía, de España, de Europa y de la Humanidad. Es el humedal más importante del Viejo Continente. Cientos de miles de aves dependen de sus marismas para criar, pasar el invierno o para descansar durante su migración anual a África. En la marisma de Hinojos se posan a comer y descansar en su largo peregrinar. En invierno se refugian aquí los ánsares y las grullas procedentes de los países del norte de Europa. Más tarde, en primavera, pasan miles de aves migratorias procedentes de África como los moritos, las garzas imperiales… Vale recordar que el Parque Nacional se funda en 1969 por su especial importancia para la avifauna y por tener dos especies en peligro de extinción como son el lince ibérico y el águila imperial ibérica. También por la combinación de ecosistemas tan dispares –bosque y matorral, dunas y playa, marismas y vera– en un área tan pequeña.

Estampa de la marisma en una laguna del parque

Todo esto que cualquier profano puede leer en la reseña de Wikipedia sobre el municipio de Hinojos se puede completar con otros datos igualmente ciertos: 365 especies de aves (más de 500.000 de invernada todos los años), 21 especies de reptiles, 11 de anfibios, 20 de peces de agua dulce, 37 de mamíferos no marinos (entre ellas el lince ibérico) y unas 900 especies de plantas. Los científicos del CSIC que trabajan en la Estación Biológica aportan conocimientos fundamentales para la preservación de la fauna y la flora, pero también para el desarrollo y el progreso de los humanos en todos los campos, desde el bioquímico al de la salud, pasando por el técnico y el de la ingeniería aplicada. Quizá sea necesario formular algunas preguntas en boca del apicultor de origen gallego Beni Casqueiro (la polinización natural de los campos de fresas requiere una colmena por hectárea): “¿Imaginas un país un poco más grande que Luxemburgo donde los animales campen a sus anchas? ¿Un país donde la armonía y la belleza te sorprende todos los días? ¿Un país donde 450 especies animales viven en armonía? ¿Un país con más de 900 especies de plantas en el que uno de cada tres pasos lo das por un espacio protegido? Ese país que representa el 0,58% del territorio de la amada patria y es Doñana?”

Flamencos en la laguna de El Rocío, hace tres años.
Marisma de El Rocío en la actualidad

Beni enfatiza el término “patria” y el observador intuye su intención de apelar a la derecha política, esos dirigentes del PP y sus aliados de la ultraderecha oxida y “voxida” más patriotas que nadie, pero cuya única ley viene dictada por la avaricia y el afán de engrosar la cartera. Saben que Doñana se muere de sed debido al cambio climático, pero no renuncian al asedio del parque natural y se disponen a aprobar en el Parlamento de Andalucía una ley presentada por el PP con el apoyo de Vox para legalizar cientos de hectáreas de regadío ilegal para la producción de los frutos rojos bajo plástico y los más de mil pozos clandestinos existentes. La organización WWF (siglas en inglés de Fondo Mundial para la Naturaleza) nació precisamente en Doñana, donde mantiene un observatorio permanente, y ha aportado a las autoridades españolas y europeas unos informes que cifran la sustracción anual de agua entre siete y nueve hectómetros cúbicos (cada Hm3 equivale a un millón de metros cúbicos) al parque nacional por parte de los cultivadores sin derecho a riego. Con los arroyos secos y el agua superficial menguante, esos pinchazos permiten mantener 1903,7 hectáreas de cultivo con regadío ilegal en detrimento de la flora y la fauna del parque.

El “asedio” denunciado desde hace diez años por WWF ante los organismos internacionales ha servido de base a las inspecciones y advertencias reiteradas de la Comisión Europea, que, finalmente, interpuso una demanda judicial contra el Estado español. El resultado fue la condena del Tribunal Europeo de Justicia, publicada hace casi dos años (junio de 2021) por ignorar las extracciones ilegales y no adoptar las medidas necesarias para mantener los hábitats protegidos. La condena puede suponer una multa mil millonaria por parte de la Comisión Europea si el Estado español no clausura los pozos ilegales que aguijonean el acuífero, una masa de agua subterránea bajo los 2.400 kilómetros cuadrados del parque, cuya extracción requiere perforaciones cada vez más profundas. Y ya rebasan los 180 metros en vertical.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) instó al cierre de los pozos ilegales y comenzó el año pasado a supervisar el sellado que siete titulares de tierras acometieron voluntariamente. La ejecución forzosa por la captación ilegal de agua afectaba entonces a 71 pozos, la mayoría en el término municipal de Almonte, el más extenso, pero también a Lucena del Puerto y Rociana del Campo. Los inspectores de la CHG, organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, del que es titular la vicepresidenta Teresa Ribera, han documentado unas setecientas perforaciones ilegales, de obligada supresión y sellado.

Para entender la problemática del latrocinio del agua hay que tener en cuenta el Plan Especial de ordenación de las zonas de regadío ubicadas al norte de la corona forestal de Doñana, que fue aprobado en 2014 por la Junta de Andalucía con el apoyo del sector agrícola después de siete años de siete años de trabajo. Según el WWF, el plan es manifiestamente mejorable, pero es el único instrumento para poner orden en el “caos de cultivos existe alrededor de Doñana”, para dar seguridad jurídica a los agricultores y para asegurar la conservación del acuífero. Sobre los criterios del Plan, los expertos de WWF elaboraron en 2020 un informe para determinar qué superficie de regadíos tendría que ser eliminada por su puesta en riego con posterioridad a 2004 y a 1992 (leyes forestales) para las situadas en Monte Público, por encontrarse en zona protegida (Zona A, de especial protección de los recursos naturales) o por no haberse regado durante más de tres años consecutivos, tal y como establecía el Plan Especial. Y los cálculos determinaron que “al menos 1.653 hectáreas de las 10.000 existentes deberían ser eliminadas”. Posteriormente WWF actualizó y elevó esta superficie a las ya citadas 1.903,7 hectáreas de regadío con agua robada al acuífero del parque nacional.

A pesar de la sentencia del Tribunal Europeo de Justicia, el gobierno del PP en la Junta de Andalucía ya intentó en 2022 legalizar el latrocinio del agua, aunque la quiebra de su coalición con Ciudadanos, provocó nuevas elecciones generales y retrasó la legalización de las tierras que iban a ser declaradas de regadío y en las que, de hecho, hay cientos de parcelas de cultivo del oro rojo bajo túneles de plástico. Después de los comicios, la derecha volvió a la carga con su proposición de ley. La iniciativa de la formación política de Moreno y Feijóo contó con el respaldo de la ultraderecha en el Parlamento andaluz, que la tomó en consideración el 12 de abril de este año 2023 y emprendió su tramitación sin atender las advertencias de las autoridades de la UE sobre la protección medioambiental del parque, Patrimonio de la Humanidad, y las multas millonarias para España. A pesar del estado crítico de los humedales, el argumento principal del presidente de la Junta consiste en que se necesita esa regulación “por el impacto económico” de la agricultura en la zona.

Moreno Bonilla y la patronal del oro carmesí no se cansan de repetir que el sector “da empleo a 100.000 trabajadores”. En los terrenos afectados conviven agricultores legales e ilegales. Con el proyecto de ley, cuya tramitación parlamentaria “por vía de urgencia” ha quedado en suspenso hasta después de las elecciones locales del domingo, 28 de mayo, se trata de legalizar los cultivos en unas 1.600 hectáreas (la derecha dice que 800), según la extensión reconocida por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). Las explotaciones sin permiso de extracción que serían legalizadas se encuentran en los municipios de Almonte, Bonares, Lucena del Puerto, Moguer y Rociana del Condado. Aunque los autores del texto han introducido una modificación básica respecto al de 2022 –“el agua procederá de forma prioritaria de la superficie”– la recalificación parcelaria de secano a regadío y la falta de agua en la superficie contradice, de hecho, esa previsión y augura la legalización del expolio del menguado acuífero Almonte-Marisma.

El presidente de la Junta invoca la ley de 2018 que preveía la transferencia de 19,99 hectómetros cúbicos desde la demarcación hidrográfica de los ríos Tinto, Odiel y Piedras a la del Guadalquivir. Dice que con ese trasvase (19,99 millones de metros cúbicos, es decir, 199.900.000.000 litros) se mantendría el equilibrio hídrico de la zona sin afectar al área de especial protección. En tal sentido ha enviado documentos a Bruselas y a Madrid, atribuyendo a las confederaciones hidrográficas, dependientes del Gobierno central, el incumplido la norma. Sin embargo, pocos trasvases para el riego se pueden hacer desde los cauces cada vez más exiguos de los ríos mencionados y cuando la demanda prioritaria de los ayuntamientos pasa por cubrir las necesidades (crecientes en verano) de la población. Esto que entienden y asumen las comunidades de regantes legales del Marco de Doñana es esgrimido por los líderes del PP (incluido su presidente Feijóo) para mantener la tramitación de la proposición de ley. Y culpar, de paso, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de “secar Doñana”. Lógico. “Non piove ¡Porco Governo!” Cualquier argumento vale para esconder la mano después de tirar la piedra

Sin embargo, el problema es poliédrico: la Comisión Europea tilda la norma que la derecha pretende sacar adelante de “violación flagrante” de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE. El director del Consejo de Participación de Doñana, el CSIC, las asociaciones ecologistas y el Ejecutivo estatal rechazan la iniciativa. En una carta de la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera al presidente andaluz, Moreno Bonilla, le pedía que no siguiera adelante con la iniciativa porque “la protección de Doñana es un asunto del máximo interés ambiental, social y legal, tanto de los españoles como de las instituciones europeas como de los amantes de la naturaleza a nivel mundial”. Tras la toma en consideración de la iniciativa (70 votos del PP y Vox), Ribera afirmó que el Gobierno interpondrá recurso ante el Tribunal Constitucional y reafirmó la decisión en una carta a la Comisión Europea. El presidente Sánchez fue tajante: “Doñana no se toca”. Y a todo ese rechazo se suma una cara más del poliedro: el daño a la reputación de los frutos rojos onubenses en los mercados europeos y los primeros síntomas de los consumidores del rechazo a las “fresas ilegales”.

El presidente andaluz Moreno Bonilla, premiado por los empresarios de los frutos rojos una semana después de impulsar en el pleno del Parlamento de Andalucía la ley que viene a legalizar las tierras de regadío ilegal. Foto de Freshuelva.

Pero nada de eso importa a la derecha y sus mentores. Nueve días después de que el PP y Vox ratificaran en el pleno del Parlamento Andaluz la decisión de legalizar las tierras de regadío no calificadas como tales, la entidad Freshuelva, creada a finales de los años ochenta, que presta asesoramiento y contribuye a las investigaciones sobre la mejora de los frutos rojos, concedió a Moreno Bonilla el premio “fresa de oro”. Esta asociación agrupa a más del 90% de los productores de fresas. En una gala en la que se entregaron premios a otros destacados personajes (empresarios, comercializadores, el presidente de una comunidad de regantes, el de una empresas transportista con centros logísticos en varios países de la UE y el representante de un grupo periodístico), el presidente andaluz enfatizó: “Somos la primera potencia agroalimentaria de España. Tenemos que tomar decisiones. De ahí que estemos apostando decididamente por más y mejores infraestructuras hídricas”.

El ministro de Agricultura, Luis Planas, al que también premiaron, no acudió a una gala en la que el monólogo de Moreno Bonilla cosechó largos aplausos. Elogió el esfuerzo de los agricultores desde hace cuarenta años y, sobre todo, dijo lo que algunos querían oír al exigir “más y mejores infraestructuras hídricas”. ¿Qué significa esto? Que quiere trasvases como sea. Pero hay más. El secretario general de WWF, Juan Carlos del Olmo, llama la atención sobre otro hecho fundamental: los agricultores con tierras de secano que riegan ilegalmente van a ver reconocidos unos derechos de regadío basados en la hipótesis del trasvase de los ríos Tinto-Odiel-Piedras. Y ese reconocimiento supone, de pronto, una revalorización de cada hectárea de secano, que multiplica un cien por cien su valor, pasando de entre 6.000 a 10.000 euros por hectárea a 60.000 y 100.000 euros, según las tasaciones actuales. “Además del acoso a Doñana, está en juego un gran pelotazo”, concluye Del Olmo.

Introducción al Abuelo

Esta crónica de un viejo periodista a los ojos de un joven consta de 36 entregas o episodios que se irán desgranando cada domingo en este blog. Gracias por leer.

1.–El Abuelo fuma

El Abuelo olía a tabaco. Escribía y fumaba o fumaba y escribía. Mi abuela decía que en otro tiempo también olía a tinta de imprenta, un aroma que a ella le gustaba. Pero con los avances tecnológicos dejó de oler a periódico impreso y sólo olía a tabaco, razón por la cual empecé a llamarle T. Él creía que me refería a uno de sus seudónimos: Tilo, Tilo Dátil, convertido después en personaje de novela, y se sentía halagado por mi decisión nominal, ya que casi todos los protagonistas de sus relatos, y en particular de aquél, eran buena gente. Desconocía que con T le quería llamar “tabacoso”. Si me quedaba en la primera letra era porque para proferir adjetivos sobre su asquerosa adicción se sobraba mi abuela Goyi, con G de “guapa” y “gustosa”, pues a su belleza espiritual y física añadía el buen gusto en vestir, calzar, cocinar. Y poseía un gran talento pictórico. Ella me confesó que sentía uno de sus mayores placeres cuando el Abuelo llegaba a las tantas de la madrugada oliendo a periódico impreso y la despertaba a besos. Él terminaba la jornada laboral entre la una y las dos de la noche, cuando las rotativas empezaban a escupir ejemplares de la edición de provincias a una velocidad endiablada y las hileras de furgonetas que esperaban, unas potentes Mercedes, comenzaban a cargar palieres con torres de paquetes de periódicos y salían zumbando hacia las ciudades de los cuatro puntos cardinales. Algunas no volvían: se estrellaban. En el periodismo todo era urgente y veloz, y aquellos jichos con sus jacas de carga rendían tributo a una industria derivada de lo que Gabriel García Márquez definió como “el oficio más bello del mundo”. Luego, los avances tecnológicos simplificaron mucho el proceso productivo, eliminaron el transporte físico a larga distancia, suprimieron los teclistas, correctores, montadores y otros eslabones de la cadena hasta que, finalmente, una crisis económica provocada por una especulación financiera e inmobiliaria desaforada sumió al país en la depresión, la prensa se fue a la mierda, cerraron cientos de imprentas, la Galaxia de Gutemberg desapareció en los confines de la Vía Láctea y el kilo de periodista se pagaba menos que el cuarto y mitad de pollo. El siglo del átomo quedó atrás y dio paso a la era del bite. El Abuelo se digitalizó y ya sólo olía a tabaco. Maldecía la voracidad del capitalismo globalizado. Pero, además del refrán castellano –“La avaricia rompe el saco”–, conocía el adagio ruso: “Añorar el pasado es correr detrás del viento”, y se negaba a decir si aquellos tiempos fueron mejores. “Para nosotros, la clase obrera y laboral, jornaleros de la pluma, todos los tiempos fueron complicados”. Eso decía.

El lunes te cuento

Novela del verano gratis

Ya puedes leer la novela del verano gratuitamente en el blog Viajealasituacion.com o copiarla y leerla en tu dispositivo electrónico. No te pierdas la intriga sobre un caso Cascabelitos, aunque sin obispos de por medio, como es la investigación del agente Tilo Dátil sobre el crimen del reportero palatino Yiyi Jiménez, un caso derivado de una trama de poder, cocaína y corrupción.

Los retardatarios

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Luis Díez, 6-03-2019, Madrid.– Miguel de Unamuno, al que la vida debió de resultar larguísima por su tormentosa lucha entre la fe y la razón, sostenía que vivir es desvivir. Otros filósofos y poetas dignos de tal nombre se han ocupado del sentido de la vida y sus textos pueden iluminar a los letrados del Parlamento para elaborar el informe que les ha solicitado la presidenta Ana Pastor Julián sobre si los decretos que ha aprobado y piensa aprobar el Gobierno son urgentes y necesarios y deben ser sometidos a la convalidación (o no) de la Diputación General del Congreso.

Lo que para unos (el Gobierno socialista de Pedro Sánchez y sus aliados) es urgente y necesario, para otros (la oposición de C’s y PP) es innecesario y puede esperar. Como éstos mandan en la Mesa del Congreso y los letrados son poco proclives a la filosofía y la…

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Los retardatarios

Luis Díez, 6-03-2019, Madrid.– Miguel de Unamuno, al que la vida debió de resultar larguísima por su tormentosa lucha entre la fe y la razón, sostenía que vivir es desvivir. Otros filósofos y poetas dignos de tal nombre se han ocupado del sentido de la vida y sus textos pueden iluminar a los letrados del Parlamento para elaborar el informe que les ha solicitado la presidenta Ana Pastor Julián sobre si los decretos que ha aprobado y piensa aprobar el Gobierno son urgentes y necesarios y deben ser sometidos a la convalidación (o no) de la Diputación General del Congreso.

Lo que para unos (el Gobierno socialista de Pedro Sánchez y sus aliados) es urgente y necesario, para otros (la oposición de C’s y PP) es innecesario y puede esperar. Como éstos mandan en la Mesa del Congreso y los letrados son poco proclives a la filosofía y la desobediencia, vale suponer que la Diputación de marras tendrá poca labor. O ninguna.  Eso no quita para que solo se viva una vez y unos (la mayoría trabajadora y laboral) desvivan en la angustia de la estrechez económica y otros, las minorías favorecidas por el sistema, en la parte ancha del embudo.

Para los “casatenientes” y rentistas (la exministra del PP Isabel García Tejerina entre ellos), el decreto regulador de los alquileres de viviendas emitido por el Gobierno para poner freno a la escalada de los precios, los abusos de los fondos de inversión (buitres les llaman) que se apropian incluso de viviendas sociales (caso de Madrid, con Botella madre de alcaldesa y Botella hijo de intermediario de un fondo buitre) y la especulación desaforada y contagiosa de los pisos y apartamentos turísticos es innecesario y no corre prisa. Para las familias desahuciables, sin derechos a prórroga de los contratos y sin defensa ante las subidas exageradas (el 8% de promedio el último año), el decreto es necesario y urgente. Las medidas que contiene son sensatas y se adoptaron después de escuchar a todas las autonomías, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y a las asociaciones de vecinos y agentes inmobiliarios.

Otro tanto se puede decir del decreto de conciliación y corresponsabilidad que prolonga a ocho semanas el permiso de paternidad en 2019, a 12 semanas el año que viene y a 16 en 2021. Para las derechas patrióticas, repentinamente feministas, la medida no era urgente ni necesaria, aunque haya sido sido recomendada la Comisión Europea hace cinco años. Para millones de mujeres y hombres trabajadores constituye un buen alivio del bolsillo cuando no hay abuelos con quien dejar a los niños pequeños, enriquece la convivencia y la responsabilidad paterno filial y libera de toda la carga a las mujeres.

Ese mismo decreto desarrolla el nuevo marco jurídico ya fijado en la reforma del Estatuto de los trabajadores para hacer efectivo el principio de “trabajo de igual valor” y combatir la desigualdad salarial de las mujeres. Para las derechas nacionales esa igualdad está muy bien en teoría, pero en la práctica no, ya que puede perjudicar a las empresas, es decir, el beneficio empresarial. Para los socialistas ha de aplicarse imperativamente de modo que las empresas con más de cincuenta trabajadoras deben hacerla efectiva en un plazo no superior a tres años, las de 100 a 150 trabajadores en dos años y las de más plantilla, el año que viene.

Otro tanto vale decir de la reposición de la cotización a la Seguridad Social de las cuidadoras  de personas dependientes. Estas trabajadoras quedaron desamparadas por decisión del Gobierno de las derechas y ven ahora repuestos sus derechos en el decreto citado. Vale recordar que una ministra llamada Ana Mato, a la que Dios conserve la vista, eliminó esa cotización a costa del Estado porque costaba, dijo, mil millones al año. No le importó (a ella y al PP) dejar sin cobertura para la jubilación a unas cien mil mujeres, trabajadoras sin horario en la atención y los cuidados de otras tantas personas consideradas “grandes dependientes”. El objetivo, dijeron, era reducir el déficit público. En realidad lo trasladaron a la Seguridad Social con esa y otras medidas. Y en ese planteamiento siguen. Por la derecha española no pasan los años.

A los miles de parados de larga duración que con más de 52 años no encuentran empleo remunerado (trabajo hay siempre, lo que no hay es salario) les resulta urgente y necesario la reimplantación del subsidio de supervivencia que el Gobierno va a aprobar por decreto. Era una medida prevista en el Presupuesto del Estado para este año que frustraron los nacionalistas catalanes con sus ínfulas independentistas y era, además, una decisión acordada cuando el desempleo o ejército de reserva bajara al 17% de la población activa, de modo que el PP y sus correligionarios naranjas de C’s deberían obrar en consecuencia.

El Gobierno del PSOE con la ayuda de Podemos y el PNV ha de reponer esa prestación y otros derechos sociales sustraídos por el PP en cuanto llegó al poder en 2011 si quiere reequilibrar solo un poco el trato legal al capital y al trabajo. En este caso se podría decir lo de Séneca en su Breviarium Vitae: «No es que tengan poco tiempo, es que pierden mucho».  Cierto es para los retardatarios y retrógrados de oficio y conveniencia la dignidad de los trabajadores nunca corrió prisa. Y ahora, con la excusa de que son «decretos electorales», tampoco. O como dijo aquella poeta del PP al escuchar la palabra «parados» en el pleno del Congreso: «¡Que se jodan!»

La declamadora mencionada, Andrea Fabra, hija del presidente corrupto y ladrón, condenado a cuatro años de cárcel, de la Diputacion de Castellón, elevó su expresión mientras Mariano Rajoy Brey anunciaba los recortes a los parados y sus señorías del PP se partían las manos en aplausos. ¡Qué tiempos! Ahora la ultraderecha se ha separado del PP, pero tanto da. En el bloqueo a la convalidación de los decretos sociales cuenta el partido conservador con el apoyo de C’s, personificado en la Mesa del Congreso por el tránsfuga asturiano de UPyD Ignacio Prendes. Qué prendas. En fin, los retardatarios.

 

Adiós a las armas

La industria del mal ontológico (en sí mismo) se ha desarrollado desde tiempos inmemoriales y ha experimentado en el Reino de España periodos de gran auge y actividad, proporcionando empleo directo e indirecto, a tiempo parcial y completo, a más operarios que algunos subsectores como el del curtido y el calzado, la confección de boinas y sombreros, la carpintería de mimbre y tantos otros. En la segunda mitad del siglo pasado y la primera década del presente prosperó un singular complejo de producción de daño. Lo fundaron en mayo de 1962 en el Monasterio de Bellóc, en Bayona, unos jóvenes barbilampiños dispuestos a correr riesgos extremos.

Sus primeros productos fueron ciertamente defectuosos, si bien, enseguida se capacitaron, se dieron mejor maña y dispusieron de herramientas más perfectas, de modo que la producción de estragos experimentó un salto desde la chapuza al perfecto acabado, desde el sabotaje con llama o sin ella en la mano, al asesinato. La presentación del primer producto de cuerpo presente se registró el 7 de junio de 1968. Después, la actividad fue creciendo, se expandió, aumentó cuantitativa y cualitativamente y fue arraigando.

La producción del mal que reflejan los balances permite afirmar que la actividad hasta la muerte del dictador fue de 43 asesinatos y desde la desaparición de aquel hasta el 11 de octubre de 2011, en que suspendieron definitivamente la producción de daño, ha sido 829 crímenes de otras tantas personas más. La plantilla de activistas a tiempo completo, parcial, eventuales y colaboradores fluctuó en esos 49 años entre mil y dos mil  operarios.

Ni que decir tiene que en el periodo de mayor actividad –lo que se llamó «dinámica infernal» de acción-reacción, en un proceso cibernético imparable– la plantilla de esa industria en la que se ocupaban los que se iban al monte y los encargados de perseguirlos, capturarlos y, en muchos casos, liquidarlos,  fue muy superior a la empleada en las fábricas de Inditex en España, cuyo fundador y promotor, el empresario Amancio Ortega, alcanzaría después el primer puesto en la lista de personas más ricas del mundo.

Sería absurdo negar que el sector del daño y su valor añadido (el miedo hasta la máxima expresión: el terror) ha generado cuantiosos beneficios económicos directos e indirectos, enriqueciendo a personajes de verdadera relevancia patriótica verbal. El sector del mal siempre ha movido mucho dinero, y el del mal absoluto, mucho más. La mencionada industria llegó a ser un valor tan seguro que no estaría de más recordar las protestas gubernamentales cuando los promotores renunciaron al mercado catalán de acuerdo con un tipo del gobierno autonómico que se llamaba Carold Rovira. Incluso, cuando decían que ZP negociaba el cese de la actividad, se organizaron procesiones masivas exigiendo a gritos («Con Zapatero, como con su abuelo») que fuera fusilado.

Ahora, ante la entrega definitiva de las armas, anunciada para el 8 de abril por los sucesores de los promotores de aquella actividad que tanto daño ha causado, parece llegado el momento de preguntarles qué habría ocurrido si todo el derroche de vidas y energías dedicadas a la producción del mal se hubieran orientado, como hizo el señor Ortega, a la confección de ropa para vestirnos e ir elegantes. Y quien dice ropa para el cuerpo, dice nutrientes para el intelecto, que buena falta nos hacen. Se cierra una época de la que algunos se resistían a separarse y no volverá aquel «terrorismo de baja intensidad» con el que otros soñaban para seguir forrándose. Por su reacción los conoceréis.