Btum y lo esencial

EL LUNES TE CUENTO

Rodeado de familiares y amigos, Btum dijo: “Allí hay de todo”. Habían transcurrido diez años desde que consiguió abandonar el país y ahora, al regresar, todos querían saber dónde había estado y cómo le había ido. El les contó: “Allí hay comida, leche para los niños y alimentos suficientes para hacerlos felices, no como aquí, que solo hay de eso para unos pocos”. Recordó la vez que su padre le dio un caramelo que se mastica y nunca se acaba (un chicle) y prosiguió: “Allí hay caramelos de verdad, dulces de azúcar y miel para los niños, no como aquí, que solo hay para unos pocos”. Y siguió diciendo que “allí tienen comida abundante y variada para todos; nadie pasa hambre como aquí, donde falta de todo, menos para unos pocos; allí hay pan, frutas, hortalizas, legumbres, carnes de ave y de res, embutidos, peces, moluscos, crustáceos… Ninguna vitamina, mineral o proteína “esencial” al desarrollo y el bienestar corporal falta en la dieta de aquella gente (los nacionales les llaman). Para que veáis como es la cosa basta con que sepáis que allí no sólo cocinan y tratan los alimentos comer, sino también para dar placer al cuerpo. Algunos cocineros, ya sean mujeres u hombres, son considerados artistas y poseen un reconocimiento social altísimo precisamente por eso, por dar placer al cuerpo. Para que os hagáis idea de lo mucho que les gusta comer, realizan ese ejercicio entre tres y cinco veces al día, y varios platos cada vez, de lo que ya podéis deducir que comen sin tener hambre”.

Después de algunas aclaraciones sobre la interesante (y golosa) materia, Btum siguió contando que “allí el agua llega a todas las casas, no como aquí, que hay que ir a buscarla. Allí se puede beber tranquilamente, no como aquí, que da dolor de barriga. Hay agua para todos y para todo, no sólo para beber, sino también para asearse y lavar la ropa y fregar y limpiar las cosas. En lo atinente a la bebida también he de deciros que allí hay cantidad de jugos, zumos, fermentados, destilados… La abundancia y variedad es tal que la gente, los nacionales, beben sin tener sed. Se podría decir que han perdido el sentido de lo esencial, eso que llaman “la esencialidad”.

Btum se refirió después a otros asuntos de la vida allí, tales como la enseñanza de los niños y los jóvenes, la prevención de las enfermedades y los cuidados de la salud, los medios de transporte. En este punto dijo que “allí hay muchos, muchísimos coches, casi uno por cada dos nacionales con edad de manejarlos, aunque en vez de ser proporcionales y tener dos plazas, la mayor parte de esos vehículos son cada vez más grandes y disponen como mínimo de cuatro plazas, por lo que casi siempre van vacíos. En esto y en que corren sin tener prisa y se atropellan y chocan y se estroncian se nota esa falta de esencialidad a la que me refiero.”

Aunque Btum hablaba sin un esquema preestablecido e iba contestando a las preguntas que le hacían, llegó a los escalones más elevados de la Pirámide de Maslow y entonces dijo que “allí necesitan gente para obedecer, personas que quieran trabajar y realizar las tareas que los nacionales, cada vez más instruidos, pulcros, sabios, sibaritas y sabedores no quieren hacer”. En este punto se explayó un poco sobre lo mal que sentaba el esfuerzo a los nacionales y también, sobre la terquedad y resistencia de aquella gente a obedecer. “Con deciros que hay muchos, muchísimos, que se niegan a ahorrar luz aunque sea cada vez más cara, debido a sus guerras y a la subida del precio del gas natural y los demás combustibles fósiles, y que prefieren seguir asfixiando, ahogando el planeta, antes de renunciar a su falta de esencialidad”.

A los inmigrantes

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