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Cómo evitar que el neofascismo maneje la migración

Madrid.–Luis Díez.

La inmigración ha sido causa principal del aumento de la utraderecha en los principales países de la Unión Europea (UE), incluido nuestro vecino Portugal, según dicen los analistas de las elecciones generales del domingo, 18 de mayo. Los socialistas, con su discurso de la solidaridad y la integración, y las fuerzas situadas a su izquierda van perdiendo apoyo social mientras la derecha intolerante y los neofascismos contrarios a las prácticas democráticas siguen ganando terreno.

El discurso de la ultraderecha trasciende el rechazo de la derecha cruda y dura a la inmigración. La extrema derecha se esmera en la siembra de odio mediante las consabidas técnicas goebelianas que ahora llaman de la “postverdad”. Primero convierten al inmigrante en sinónimo de delincuente y después alimentan el miedo. Miedo a los robos, los homicidios, la ocupación ilegal de viviendas; miedo a que seduzcan a tu novia, tu compañera; miedo a que secuestren y violen a tus hijos, y miedo, en fin, a que si no delinquen te quiten el empleo.

Del miedo al odio a esas personas que vienen de fuera y algunas son de razas y culturas muy distintas y distantes a la nuestra, sólo media un paso. En ese caldo de cultivo, los lobos de la ultraderecha, disfrazados de corderos, ofrecen soluciones drásticas si les votas. Para ello desatarán redadas, detenciones y expulsiones ejecutivas a lo Trump; instalarán más vallas, levantarán más muros y desplegarán el Ejército a lo Trump para repeler a quienes se acerquen a la raya; penalizarán con impuestos del 5% los envíos de remesas a sus familias, como acaba de imponer Trump, que además amenaza a los inmigrantes con prohibir las transferencias de dinero a sus países.

Curiosamente, algunas medidas adoptadas por el presidente de EEUU no frenan sino que alientan la inmigración al restar y cortar los escasos ingresos económicos y medios de vida en países empobrecidos. Pero a la derecha facciosa, tanto en EEUU como en la UE, solo le importa cultivar los peores instintos como la hostilidad al diferente para conseguir votos y empuñar el poder. Resulta paradógico que el movimiento humano siempre haya estado ligado al desarrollo y progreso de los pueblos y que hoy la inmigración sea recibida con hostilidad creciente en los países donde más prosperidad históricamente ha producido.

El departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la división de Población de Naciones Unidas cifró en 304 millones de personas los migrantes existentes en todo el mundo. “Y probablemente la cifra se quede corta”, dice Susi Han, investigadora de la Universidad de Columbia, quien constata la innegable relevancia de la emigración: “Domina el discurso político, alimenta los resultados electorales y a menudo desencadena políticas reaccionarias en lugar de una gobernanza proactiva”.

El profesor de la universidad de Columbia y miembro senior del Consejo Carnegie para la Ética en los Asuntos Internacionales, Michael W. Doyle, recuerda que hay además117 millones de personas en todo el mundo desplazadas a la fuerza por conflictos armados y otros acontecimientos, pero que siguen viviendo dentro de las fronteras de sus países. Muchos huirían al extranjero si pudieran. Y a estas cifras se añadirán los 216 millones de personas que según el Banco Mundial se verán obligadas a inmigrar antes de 2050 debido a la crisis climática si no se adoptan medidas globales.

Hace diez años, Doyle participó con otros cuarenta expertos e investigadores de todo el mundo en la elaboración de un modelo de gobernanza de la migración capaz de dar respuesta a las tendencias actuales, de abordar las lagunas políticas existentes y de aprovechar el potencial de la movilidad humana. Los expertos en migración, derechos humanos, economía laboral, seguridad nacional y derecho de los refugiados emprendieron un proceso de deliberación de dos años. Su objetivo era elaborar un marco integral para la movilidad humana. Surgió así el Modelo de Convenio de Movilidad Internacional (MIMC), cuyo contenido resume perfectamente Susi Han.

El MIMC es un documento jurídico de 165 artículos repartidos en ocho capítulos que pretende modernizar el gobierno de la inmigración de una forma pragmática, practica y basada en los derechos. Para superar el estancamiento político y ayudar al Norte Global a reconocer la migración como una realidad estructural que forma parte integrante de su prosperidad, el MIMC ofrece una hoja de ruta que fomenta la cooperación internacional, establece vías legales y mejora la integración económica, despolitizando la migración y replanteándola como una cuestión de gobernanza y no de crisis.

El nuevo marco

Una nueva categoría para los migrantes forzosos: Ante la viabilidad cada vez más cuestionada del sistema de asilo, el MIMC ofrece una categoría de migrante forzoso que garantiza protección a las personas que se enfrentan a amenazas modernas para sus vidas -como los desastres inducidos por el clima y la inseguridad alimentaria- que no estaban contempladas en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. El MIMC reafirma al mismo tiempo los derechos de los refugiados tradicionales, evitando que se confunda a los migrantes económicos con los que huyen de la persecución. Esto garantizará que ambos grupos reciban respuestas adecuadas y adaptadas.

Un mecanismo internacional coordinado para la gestión de la migración: Las políticas migratorias actuales son reaccionarias y fragmentadas. El MIMC propone un mecanismo de coordinación mundial que permita vías estructuradas para la circulación. Afirma el derecho soberano a controlar las fronteras, pero también abre vías para profundizar en la cooperación internacional. Esto incluye una plataforma laboral digital que adapte la demanda de mano de obra a los flujos migratorios, un concepto pionero en la sociedad civil pero que carece de escala gubernamental.

Un enfoque distributivo de visados laborales: Reconociendo el papel fundamental que desempeña la migración en la estabilidad económica, MIMC ofrece un sistema de movilidad laboral. Diseñado para adecuar las cualificaciones a la demanda, este sistema mantiene el acceso a los medios de subsistencia en el centro, al tiempo que reduce la migración irregular.

No se trata de ideas abstractas. De hecho, se basan en iniciativas locales y regionales de éxito, lo que demuestra que el mundo ya posee los conocimientos y las herramientas para gobernar la migración con eficacia. El enfoque del MIMC simplemente amplía estas buenas prácticas a escala internacional, convirtiendo las innovaciones fragmentadas en una respuesta global unificada.