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27.–Llega a Iraq cuando Sadam era Satán

De INTRODUCCIÓN AL ABUELO

Lo que más le jodía (al Abuelo) era que nunca acabaran las guerras. Y ya sabemos que las guerras son horror y errores de generales ineptos. Son destrucción, muerte, sangre, hambre, miseria y dolor. Lo dijo Steinbeck. Y cuando todo ha terminado solo queda más odio, más pobreza y más dolor. Pero las guerras son también éxodo de cientos, miles, millones de personas inocentes que abandonan sus casas y sus tierras para salvar sus vidas. Los desplazados y refugiados son mayormente mujeres, niños y ancianos. T describió muchas veces aquella calamidad crónica, provocada por tiranos apestosos, autócratas con síndrome de Keops. Él me habló de la situación angustiosa de los miles de kurdos que huían de los bombardeos perpetrados por orden del desalmado presidente iraquí Sadam Husein contra sus pueblos y ciudades en el norte de Irak. Aquel mandatario, una bestia parda a la que llamaban Satán, intentó ampliar sus dominios petroleros a Kuwait. Lanzó su ferretería pesada (piezas de artillería y carros de combate) contra el indefenso Emirato vecino y lo ocupó en dos días (entre el 2 y el 4 de agosto de 1990), derrocando a un emir que se llamaba Yaber III e instaurando una republiqueta satélite de Bagdad. Pero la conquista le duró poco, pues en cuanto la atmósfera del desierto se volvió propicia, volaron los bombarderos y cazas estadounidenses con sus misiles guiados y reventaron los tanques del ejército invasor. Con la maquinaria de guerra reducida a chatarra humeante del desierto –la operación bélica para liberar Kuwait fue bautizada con el nombre de Tormenta del Desierto por el presidente estadounidense George Bush (padre)–, el autócrata de Bagdad lanzó el ejército que le quedaba a liquidar a cañonazos la disidencia interna de los chiitas en el sur del país y de los kurdos en el norte. Pocos sabían lo que estaba ocurriendo en el interior de Iraq, pues los estadounidenses habían dejado incomunicado al país y, ya puesto, el presidente Bush estaba dispuesto a prolongar su ofensiva, liquidar el régimen de Sadam y apoderarse de los pozos petrolíferos. Después de todo aquel Bush conocía bien el negocio petrolero. Si frenó su ofensiva sin llegar a Bagdad se debió a las recomendaciones de varios dirigentes europeos, entre ellos, el español Felipe González, de que no fuera más allá del desalojo del emirato. El bloqueo de las comunicaciones (satélites y redes telefónicas) de Iraq fue aprovechado por el canalla de Bagad para perpetrar las matanzas de kurdos y chiitas. Para informar de la angustiosa situación terminal de las decenas de miles de personas que huían a las montañas desde Zakho, Amadiya, Duhok, Mosul y otros pueblos y ciudades, el Abuelo tenía que desandar decenas de kilómetros hasta Cizre, la primera población turca que disponía de un par de teléfonos públicos operativos. Dictaba sus crónicas y reportajes al periódico y volvía a cruzar la frontera entre Turquía e Iraq y recorrer la carretera, a la vera del Tigris, hasta los pueblos devastados por los bombardeos. Las informaciones escritas y radiadas y, sobre todo, los testimonios gráficos de la situación desesperada de los supervivientes que habían huido a las montañas o que esperaban la muerte entre los escombros de sus casas debieron de conmover a la comunidad internacional y movieron, de hecho, a los europeos y los estadounidenses a lanzar ayuda, grandes paquetes de agua y alimentos en paracaídas desde los buches de sus aviones. También mantas, tiendas de campaña, productos sanitarios para curar a los heridos y medicamentos contra el cólera, la disentería y las dolencias corporales. Una de las escenas que más había impactado a T era un tenderete de Médicos Sin Fronteras al borde de la hondonada montañosa plagada de refugiados. Tres jóvenes sanitarios holandeses curaban sin descanso, día y noche, los pies heridos de los que iban llegando. Era lo único que podían hacer ya, pues habían agotado los antídotos contra las fiebres y diarreas, y solo les quedaban algunos ovillos de vendas y una garrafa de alcohol. ¿Qué haréis cuando se os acabe el alcohol? Dejar las lonas para cobijar a algunos niños y largarnos. Poco después empezó a llover la ayuda a aquella pobre gente. Además, las potencias occidentales impusieron limitaciones militares muy estrictas al régimen iraquí y la exclusión aérea en el norte y en el sur del país. Y le aplicaron sanciones y bloqueos para impedir que se rearmara. A partir de entonces solo se le permitía importar alimentos y medicinas a cambio de petróleo. Ni un barril para armamento. Ni un petrodólar para incrementar los depósitos millonarios de Sadam, sus familiares y prebostes en Suiza. Pero aquellas medidas fueron insuficientes para convencer a los kurdos de que el Satán de Bagdad no iba a atacarles otra vez, así que se mantuvieron en las montañas y en los campos fronterizos con Turquía. Solo cuando vieron llegar los convoyes de tropas estadounidenses debidamente pertrechadas y provistas de cuadrillas de helicópteros artillados (también de carga) comprendieron que la limpieza de los elementos militares del déspota iba en serio. El ejército iraquí abandonó por pies el área de exclusión, dejó vacías sus bases y cuarteles desde Silopi hasta Erbil, pasando por Mosul. Por cierto que en su retirada hacia Bagdad, los generales iraquís no se llevaban sus carros de combate. T comprobó la razón sobre el terreno. No valía la pena llevárselos y además no podían circular: eran de cartón. Entonces llegaron los españoles, una compañía motorizada de la Brigada Paracaidista al mando de un coronel a las órdenes del general estadounidense que dirigía la operación. El contingente dependía del apoyo logístico norteamericano. Después de una semana en un campamento instalado al otro lado de la frontera turca para que se aclimataran, les asignaron a la localidad de Zakho, un pueblo bombardeado por el ejército del canalla de Bagdad, donde, guiados por T y otros periodistas, acamparon en el patio de recreo de un colegio. Al ver el gran mural del autócrata con bigote que presidía el salón de actos de aquel centro docente vacío, el coronel, un valiente garrulo, dijo: “Ya veremos lo que hacemos con éste”. Los estadounidenses apreciaron la gran aportación de los españoles y les asignaron un cometido principal: dirigir el tráfico.

Estos son los misiles que utiliza el desalmado Putin

Madrid.–04-03-2022.– Luis Díez

Aunque la guerra y la verdad sean incompatibles, dice la prensa no impresa de Kiev que “Moscú llora la muerte en Ucrania del general invasor Andrei Sukhovtesky. Y los ucranianos lo mandan al carajo en sus comentarios”. Lógico. El ya exgeneral de la 7ª División Aerotransportada del Ejército de Putin se encargó de trasladar a 10.000 mercenarios chechenos a combatir en Ucrania. En estos momentos, esos combatientes, con fama de ser especialmente brutales, están al borde de Kiev. Su jefe político, el carnicero Ramzan Kadyrov, se los ofreció a Moscú y los arengó antes de partir. En su mensaje incluyó una bravuconada contra el presidente democrático de Ucrania, Zelensky: “Le aconsejo que llame a Putin cuanto antes y le pida perdón”.

Los mismos medios de comunicación ucranianos que informan de la muerte del primer general de Putin, cazado por un francotirador, y celebran de que haya sido enviado al infierno, destacan el gasto en misiles Grad-4 de los atacantes. Estos cohetes de 122 milímetros de calibre y un alcance de 40 kilómetros están siendo profusamente empleados contra las principales ciudades ucranianas. Primero destruyen las infraestructuras básicas para dejar sin agua, luz, combustible, radio, televisión e hilos telefónicos a los ciudadanos, y después atacan torres de edificios residenciales. Los Grad-4 son lanzados desde plataformas móviles. Son armas de cobardes, para machacar y masacrar sin riesgos a la población mientras tratan de avanzar y poner cerco con sus carros de combate.

Es lo que están haciendo contra la capital, Kiev; Chernígov, al norte del país; contra Járkov, en el noreste, y contra Mariupol, en la región del mar de Azov. Y es lo que harán contra Odesa por tierra y mar. Las tropas movilizadas desde Crimea contra las regiones independentistas de Donekts y Luhansk, que el belicoso Putin se apresuró a reconocer como nuevas Republicas Populares, como parte de su plan de apoderarse de Ucrania, también van provistas de ese tipo de misiles guiados y cuentan con cohetes Buk-1 contra objetivos aéreos a partir de treinta metros de altura.

Otros artefactos que los militares rusos están empleando con profusión son los Tos-1A Solntsepek, cohetes no guiados de calibre 220, diseñados como “lanzallamas”, ya que al estallar crean una mezcla termobárica, una nube que absorbe todo el oxígeno, aumentando bruscamente la presión y luego haciéndola caer muy por debajo de la atmosférica, con unos efectos mortales un radio de hasta doscientos metros del objetivo. Estos misiles fueron utilizados contra los chechenos en 1999 y 2000, y resultaron “muy útiles” en entornos urbanos. Se montaron sobre carcasas de carros de combate T-72, de los que Rusia tenía gran excedente.

El alcance de los infernales Tos-1 es de 400 metros a cinco kilómetros y cada plataforma lleva treinta cohetes. Los ucranianos les llaman “Pinochos” y los rusos “Baturinos”, como el nombre del héroe de la versión rusa del famoso cuento, escrita por Alexey Tolstoy. El primo del gran León Tolstoy no dudaría hoy en dar continuidad a su trilogía La muerte de Iván el Terrible (1866), zar ambicioso y brutal del siglo XVI, dominado por la paranoia, con el plutócrata Putin, quien ha sido considerado descendiente directo de aquel zar por el escritor ruso de nuestro tiempo Vladimir Sorokin.

El Krenlim también ha utilizado misiles Iskander contra la población de Zhytomyr desde el territorio de Bielorrusia. Es el arma más peligrosa por su trayectoria de vuelo bajo y su alcance hasta 500 kilómetros. Se trata además de un artefacto que los servicios occidentales estiman que puede tener un alcance diez veces superior al declarado. Los expertos del Pentágono creen que Rusia ha falsificado los datos sobre los Iskander para ocultar la violación del Tratado sobre la Eliminación de las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Tratado INF), ya que este misil posee capacidad de carga nuclear.

Aparte las amenazas verbales del autócrata del Krenlim sobre su disposición a utilizar armas nucleares si la OTAN interfiere sus planes, la falta de sensatez de sus generales ha quedado bastante clara en el bombardeo, el octavo día de esta guerra, de la central nuclear de Zaporiya, en el centro del país (cauce medio del Dniéper). Como si los ucranianos no hubiesen sufrido bastante con el desastre nuclear de Chernóbil, los invasores han demostrado que les importa poco volar, si es necesario, el mayor complejo nuclear del continente europeo (seis reactores) y en una zona más densamente poblada que Chernobil. Por suerte, las explosiones no han dañado la central, aunque han quemado un edificio administrativo.

La guerra es eso: horror y errores de generales ineptos. Y muerte, destrucción, dolor, cientos de miles de refugiados, escasez, miseria, hambre. Lo dijo Steinbekc. Y añadió: “Y cuando todo haya pasado solo quedará más odio, más pobreza, más dolor y más rencor”. Pero para eso falta bastante en esta guerra, y si tenemos en cuenta la interpretación del presidente francés, Emmanuel Macron, de su última conversación con el desalmado (sin alma) Putin, los peores bombardeos están por llegar.