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Estos son los misiles que utiliza el desalmado Putin

Madrid.–04-03-2022.– Luis Díez

Aunque la guerra y la verdad sean incompatibles, dice la prensa no impresa de Kiev que “Moscú llora la muerte en Ucrania del general invasor Andrei Sukhovtesky. Y los ucranianos lo mandan al carajo en sus comentarios”. Lógico. El ya exgeneral de la 7ª División Aerotransportada del Ejército de Putin se encargó de trasladar a 10.000 mercenarios chechenos a combatir en Ucrania. En estos momentos, esos combatientes, con fama de ser especialmente brutales, están al borde de Kiev. Su jefe político, el carnicero Ramzan Kadyrov, se los ofreció a Moscú y los arengó antes de partir. En su mensaje incluyó una bravuconada contra el presidente democrático de Ucrania, Zelensky: “Le aconsejo que llame a Putin cuanto antes y le pida perdón”.

Los mismos medios de comunicación ucranianos que informan de la muerte del primer general de Putin, cazado por un francotirador, y celebran de que haya sido enviado al infierno, destacan el gasto en misiles Grad-4 de los atacantes. Estos cohetes de 122 milímetros de calibre y un alcance de 40 kilómetros están siendo profusamente empleados contra las principales ciudades ucranianas. Primero destruyen las infraestructuras básicas para dejar sin agua, luz, combustible, radio, televisión e hilos telefónicos a los ciudadanos, y después atacan torres de edificios residenciales. Los Grad-4 son lanzados desde plataformas móviles. Son armas de cobardes, para machacar y masacrar sin riesgos a la población mientras tratan de avanzar y poner cerco con sus carros de combate.

Es lo que están haciendo contra la capital, Kiev; Chernígov, al norte del país; contra Járkov, en el noreste, y contra Mariupol, en la región del mar de Azov. Y es lo que harán contra Odesa por tierra y mar. Las tropas movilizadas desde Crimea contra las regiones independentistas de Donekts y Luhansk, que el belicoso Putin se apresuró a reconocer como nuevas Republicas Populares, como parte de su plan de apoderarse de Ucrania, también van provistas de ese tipo de misiles guiados y cuentan con cohetes Buk-1 contra objetivos aéreos a partir de treinta metros de altura.

Otros artefactos que los militares rusos están empleando con profusión son los Tos-1A Solntsepek, cohetes no guiados de calibre 220, diseñados como “lanzallamas”, ya que al estallar crean una mezcla termobárica, una nube que absorbe todo el oxígeno, aumentando bruscamente la presión y luego haciéndola caer muy por debajo de la atmosférica, con unos efectos mortales un radio de hasta doscientos metros del objetivo. Estos misiles fueron utilizados contra los chechenos en 1999 y 2000, y resultaron “muy útiles” en entornos urbanos. Se montaron sobre carcasas de carros de combate T-72, de los que Rusia tenía gran excedente.

El alcance de los infernales Tos-1 es de 400 metros a cinco kilómetros y cada plataforma lleva treinta cohetes. Los ucranianos les llaman “Pinochos” y los rusos “Baturinos”, como el nombre del héroe de la versión rusa del famoso cuento, escrita por Alexey Tolstoy. El primo del gran León Tolstoy no dudaría hoy en dar continuidad a su trilogía La muerte de Iván el Terrible (1866), zar ambicioso y brutal del siglo XVI, dominado por la paranoia, con el plutócrata Putin, quien ha sido considerado descendiente directo de aquel zar por el escritor ruso de nuestro tiempo Vladimir Sorokin.

El Krenlim también ha utilizado misiles Iskander contra la población de Zhytomyr desde el territorio de Bielorrusia. Es el arma más peligrosa por su trayectoria de vuelo bajo y su alcance hasta 500 kilómetros. Se trata además de un artefacto que los servicios occidentales estiman que puede tener un alcance diez veces superior al declarado. Los expertos del Pentágono creen que Rusia ha falsificado los datos sobre los Iskander para ocultar la violación del Tratado sobre la Eliminación de las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Tratado INF), ya que este misil posee capacidad de carga nuclear.

Aparte las amenazas verbales del autócrata del Krenlim sobre su disposición a utilizar armas nucleares si la OTAN interfiere sus planes, la falta de sensatez de sus generales ha quedado bastante clara en el bombardeo, el octavo día de esta guerra, de la central nuclear de Zaporiya, en el centro del país (cauce medio del Dniéper). Como si los ucranianos no hubiesen sufrido bastante con el desastre nuclear de Chernóbil, los invasores han demostrado que les importa poco volar, si es necesario, el mayor complejo nuclear del continente europeo (seis reactores) y en una zona más densamente poblada que Chernobil. Por suerte, las explosiones no han dañado la central, aunque han quemado un edificio administrativo.

La guerra es eso: horror y errores de generales ineptos. Y muerte, destrucción, dolor, cientos de miles de refugiados, escasez, miseria, hambre. Lo dijo Steinbekc. Y añadió: “Y cuando todo haya pasado solo quedará más odio, más pobreza, más dolor y más rencor”. Pero para eso falta bastante en esta guerra, y si tenemos en cuenta la interpretación del presidente francés, Emmanuel Macron, de su última conversación con el desalmado (sin alma) Putin, los peores bombardeos están por llegar.