Archivo de la etiqueta: Mónica Martínez Bravo

Arrojados sin piedad a la intemperie

Luis Díez.

Antes de que amaneciera aparecieron furgones con policías antidisturbios y sitiaron el antiguo instituto B9 de Badalona. El edificio estaba ocupado por cientos de inmigrantes subsaharianos (“negres del Maresme” les llaman) desde el verano de 2023 en que quedó fuera de uso. Contó Gerardo Santos en el El Periódico de Cataluña cómo un goteo de personas iban dejando el lugar unos días antes del desalojo a la fuerza. Llegó a haber unas 400 personas en este centro educativo abandonado que se convirtió en el mayor asentamiento de trabajadores inmigrantes de Cataluña.

A las seis de la mañana algunos hojalateros ya trasteaban con neveras y electrodomésticos viejos para desarmarlos y aprovechar la chatarra. Una hora después llegan los furgones de los Mossos d’Esquada. Van rodeando el instituto por las calles Tardor y Alfonso XII. Son una veintena, un despliegue en toda regla, reforzado por la Guardia Urbana. Sobre las 8:00 de la mañana, varios agentes entran a los patios y avisan a los ocupantes: “Si no salís ahora, os vamos a sacar nosotros”. Algunos aceptan la oferta, no quieren violencia. A las 8:45, los mossos rompen la primera línea de resistencia formada por activistas y comienzan a desalojar a los ocupas, que van abandonando las instalaciones sin presentar resistencia.

Es 17 de diciembre, festividad de aquel hombre al que Jesús de Nazaret resucitó diciendo: “Lázaro, ven fuera”. Por paradojas de la historia, la palabra “¡fuera!” se convierte esa fría mañana –apenas treinta horas después de las lluvias torrenciales que encharcaron Badalona– en la expresión más repetida por los policías enviados al barrio del Remedi a ejecutar el desalojo. La orden de echar a los ocupas del antiguo centro educativo se apoya en una resolución judicial que da respuesta a la demanda presentada en septiembre de 2023 por el alcalde y presidente del PP catalán, Xavier García Albiol. Este señor de ideas reaccionarias ganó las últimas elecciones municipales por mayoría absoluta con la promesa de limpiar la ciudad inmigrantes, que, según él, son delincuentes.

El operativo policial se salda con la identificación de 180 personas y la detención de diecinueve: una tiene orden de busca y captura y las otras 18 pueden tener problemas con la ley de extranjería. En resumen, casi doscientos inmigrantes quedan a la intemperie en vísperas de Navidad. El alcalde comparece más que satisfecho, triunfal, a las 11:45, ante los periodistas. Colocado detrás de un atril en el que se puede leer: “La ocupación es delito”, el señor García Albiol pronuncia algunas frases triunfantes –“Dije que echaríamos a esta gente y lo hemos hecho”, “demostramos que estamos al lado de los vecinos”, etcétera– y cuando le preguntan si va a facilitar algún refugio o alternativa habitacional a los inmigrantes desalojados, contesta: “Le corresponde a Pedro Sánchez darles techo”.

Fue un poco extraño que un político tan ducho en leyes como mostraba el letrero del atril no quisiera saber nada de sus obligaciones legales con las personas que él mismo había echado a las calles de la ciudad en pleno invierno y a las puertas de Navidad. Pero enseguida el delegado del Gobierno en Cataluña, Carlos Prieto, le recordó sus competencias en materia de servicios sociales al tiempo que consideró “bastante deplorable” que no conociera sus obligaciones. “Podría intentar resolver los problemas de los badaloneses en lugar de buscar culpables en los más vulnerales”, añadió el delegado en las redes sociales.

Aparte los doscientos expulsados, otras 150 personas habían abandonado el recinto en los últimos días. Según el alcalde, a 16 o 17 se les ofreció hospedaje temporal el mismo día del desalojo. Otras 50 personas habían pedido asistencia a los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Aunque no recibieron respuesta, García Albiol aseguró que se les hará un seguimiento. “Eso sí, no pasarán por delante de los vecinos de Badalona que llevan tiempo esperando una vivienda”, dijo para evitar equívocos. De hecho el líder del PP y único alcalde del partido conservador en Cataluña posee tan alto sentido patriótico del dinero público (los impuestos) que ha proclamado: “El Ayuntamiento no gastará ni un euro en dar techo a los inmigrantes que hacen la vida imposible a los vecinos”. Aunque parezca raro, se trata del mismo señor que figuraba en los “Papeles de Pandora” vinculado desde 2005 a una firma en el paraíso fiscal de Belice (Centroamérica) para evadir impuestos y colocar capitales fuera de España.

Poco después de conocer el desalojo de los inmigrantes, el president de la Generalitar, Salvador Illa dijo en el Parlament que “tenemos que cumplir todas las leyes, también cuando una jueza ordena un desahucio instado por el Ayuntamiento de Badalona. El Govern está acompañando para hacer las cosas bien y ha ayudando a atender a todo el mundo”. La consellera de Drets Socials, Mónica Martínez Bravo, informó de que en las últimas semanas su departamento había facilitado los “recursos adecuados” (alojamiento) a 59 personas que ocupaban el antiguo instituto.

Con todo, la mayor parte de las cuatrocientas personas que ocupaban el B9 han quedado sin techo ni refugio, sin más lugar donde sentarse, descansar, dormir, cocinar, comer, conversar, asearse, hacer sus necesidades y todo lo demás que la calle. Es como si hubieran sido condenados por decisión de un cruel regidor reaccionario y jefe del PP catalán, un Herodes actual, a sufrir las inclemencias meteorológicas de ese cielo encargado de cubrir a los que no tengan donde caer todavía vivos. Los obispos catalanes han levantado la voz contra ese proceder que tildan de inhumano y racista. Y también los relatores de derechos humanos de la ONU han condenado el desalojo y la persecución con tintes racistas de esos migrantes subsaharianos.

A todo esto conviene reseñar que el B9 de Badalona ocupa un solar en el polígono industrial del sur de la ciudad y que las cuatro naves alineadas como si fueran barritas triangulares de chocolate, con dos patios laterales, están rodeados por un muro de ladrillo enfoscado de dos metros de alto. Ni siquiera se ve a las personas que hay dentro. Los únicos vecinos a los que puede molestar la presencia de los inmigrantes (temporeros de la agricultura y la construcción, mayormente) son los residentes de una colonia de pisos humildes situados en frente, en la calle Alfonso XII y los trabajadores de las naves industriales vecinas. No constan grandes problemas de convivencia. En cambio, la decisión del regidor García Albiol, que ha destinado el solar del B9 a la construcción de un cuartel para la Guardia Urbana, verifica la técnica de “posverdad” de la A a la Z: primero se esparcen bulos demonizando a los emigrantes, se hace saber que quieren apropiarse del barrio, el pueblo, la ciudad, el país; se dice que nos están invadiendo, se mete el miedo en el cuerpo social y después se pide el voto para salvar a la patria, la identidad nacional, la idiosincrasia, las tradiciones, la cultura e incluso la religión católica mayoritaria. Y funciona.

Ahora el reaccionario regidor badalonés afirma estar cumpliendo su palabra con el desalojo del B9 y la posterior persecución de los inmigrantes, enviando a la policía local para obligarles a retirar sus tiendas de campaña, apagar las hogueras y cambiar de sitio, día tras día. Pero las entidades sociales y la oposición le reprochan que en vez de resolver el problema ha creado un “drama humanitario”. Con políticos como García Albiol y sus colegas de derecha extrema y extrema derecha, gente racista, trumpista y contraria a la diversidad humana, hasta los más pobres y precarios van a empeorar. Si encima forman parte de esos 305 millones de personas que han tenido que abandonar sus países de nacimiento para poder sobrevivir, serán sojuzgados sin piedad.

En el caso de Badalona, la resolución judicial que autorizaba el desalojo ordenaba “seguir el protocolo de asistencia para las personas sin techo de los servicios municipales”. Solo que el alcalde ignoró este precepto, lo incumplió y en vez de ofrecer asistencia a los desalojados, pronunció esa frase tan habitual en la derecha: que os dé techo Pedro Sánchez. Al tratarse de un acción planificada y no de un “caso de urgencia o emergencia sobrevenida”, no opera el convenio que obligaría al Ayuntamiento de la vecina Barcelona a colaborar en la acogida de los inmigrantes desalojados, aunque, sin ser Gaza, siempre quepa la solidaridad humanitaria.

En fin, como dice el maestro Thomas L. Friedman, los humanos tenemos la necesidad estructural y duradera de un hogar, no solo como refugio físico, sino también como ancla psicológica y brújula moral. Y cuando somos arrojados de un lado a otro como si estuviésemos en el interior de un tornado, perdemos el sentido de la orientación y tendemos a aferrarnos a cualquier cosa que nos parezca estable, aunque luego resulte que esa cosa no era más que un líder fraudulento. Con que mucho ojo. Felices fiestas navideñas.