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Yates a la fuga

Madrid, 13-03-2022.– Luis Díez

Los multimillonarios rusos Román Abramovich y Vagit Alekperov sacaron aprisa sus yates de lujo del puerto deportivo de Barcelona ante el temor de que les fueran confiscados por las autoridades españolas. Otro oligarca del “putinato”, Andrey Molchanov, creyó, en cambio, que la invasión de Ucrania iba a ser un paseo militar y mantuvo su barco, el Aurora, en los astilleros de MB92, especializados en la reparación y mejora de estas lujosas embarcaciones durante el invierno. El yate de Molchanov, es el menor de los tres remozados por la mencionada empresa este invierno y está valorado en 120 millones de euros. La cuestión es ¿a qué espera el Ejecutivo de Pedro Sánchez para inmovilizarlo y, en su caso, incautarse de él y de otros bienes de los cómplices del genocida ruso?

La velocidad caracol del Gobierno español (y de la propia UE) a la hora de aplicar las sanciones económicas a los prebostes de Moscú ha permitido a los principales directivos empresariales, también llamados “monederos” y “amigantes” de Putin, poner a salvo sus juguetes náuticos más apreciados. El propio mandatario ruso dio orden a la tripulación de su yate Graceful, valorado en unos cien millones de euros, de abandonar el puerto de Hamburgo y navegar hacia puerto seguro antes de la invasión militar de Ucrania. El periódico Bild dijo: “Realmente fue una fuga por temor a la confiscación”.

Tras la reunión de amigantes (“amigos mangantes”, en la acepción del filósofo Emilio Lledo) convocada y presidida por el plutócrata del Kremlin pocos días antes de desencadenar la guerra, el yate Solaris, valorado en 600 millones de euros, propiedad del magnate petrolero y minero Roman Abramovich, zarpaba a toda máquina del puerto de Barcelona con rumbo desconocido. Y lo propio hacía el Galactica Super Nova, de Vagit Alekperov, presidente y director ejecutivo de la petrolera Lukoil, rumbo a Montenegro o a Bulgaria, donde ese tipo posee fuertes intereses inmobiliarios.

El mismo día de la invasión, 24 de febrero, el periódico Guardian afirmaba que los yates de Abramovich y Alekperov estaban en el puerto de la capital catalana. En realidad ya habían zarpado. El propietario del Solaris, Abramovich, del que se dice que posee otros dos grandes yates, se apresuró a salvar además otro de los valiosos juguetes de su fortuna personal (más de 14.000 millones de euros, según Forbes), el Chesea FC londinense. Mientras decía sentirse horrorizado por la guerra, dejaba la presidencia del club de fútbol en manos de una fundación para que vendiera el club por 4.000 millones de euros.

Y eso que el preboste, de nacionalidad portuguesa, israelí y rusa, con residencia en una mansión de Londres, parecía gozar de la protección del primer ministro Boris Johnson. Algunos medios le consideraban “no sancionable” porque podía actuar de mediador ante el genocida del Kremlin y evitar mayores males. Pero la masacre del 9 de marzo contra el hospital materno infantil de Mariúpol fue la medida de lo que el mundo podía esperar del sanguinario de mirada fría, rostro de roedor y síndrome de Keops. Y entonces, el despelurciado Johson, quien se ha caracterizado por su portazo a los refugiados ucranianos, decidió confiscar todos los bienes y cuentas bancarias de Abramovich y seis oligarcas del círculo de Putin.

En cuanto al Galactica Super Nova, el otro gran yate que huyó del puerto de Barcelona por temor a la requisa, vale decir que su propietario, Alekperov, presidente y director ejecutivo del gigante energético Lukoil (el tercero de Rusia), en el que tiene una participación del 20% –posee además el 36,8% del Spartak de Moscú–, es copropietario del Port Vell, el puerto deportivo de Barcelona, desde 2017. El histórico puerto pesquero fue renovado para los Juegos Olímpicos de 1992. El Ayuntamiento de CiU, la disuelta coalición de la derecha nacionalista catalana, lo cedió en 2010 al Grupo Salamanca, con sede en Londres, para su desarrollo como puerto deportivo de superyates. En 2017, la propiedad pasó al Banco QInvest (Qatar Inversiones) y a un fondo del que Alekperov es accionista. La concesión caduca en 2048 y los beneficiarios proyectan ampliar su capacidad con una inversión de 20 millones de euros para convertirlo en el puerto de megayates más grande del Mediterráneo.

Con la fuga de los dos barcos mencionados, el Gobierno español solo podrá inmovilizar e incautarse del Aurora de Mochanov, un tipo que domina el Grupo LSR, el mayor productor de materiales de construcción de Rusia, y figura en Forbes con un patrimonio personal neto de mil millones de euros. Es curioso que tanto el buque de ese Mochanov, cuyo nombre evoca la rebelión con la que comenzó la revolución bolchevique de 1917, como los de sus acaudalados colegas prescindan del pabellón de su patria y prefieran navegar con bandera de las Bahamas, las Caimán y otras islas del Caribe. Muestran la opulencia pero camuflan su origen, el saqueo al pueblo ruso, y disfrazan su identidad.

En contraste con la falta de decisión del Ejecutivo español de golpear a los potentados cómplices de Putin donde más les duele, el Gobierno del canciller alemán Olaf Scholz, no ha dudado en echar el guante al Dilbar, el barco de lujo de Alisher Usmanov, valorado en 600 millones de dólares y considerado, por tonelaje bruto, el yate a motor más grande del mundo. Usmanov, nacido en Uzbekistan y con nacionalidad rusa, británica y uzbeka, amarraba su yate en el Puerto de Barcelona y viajaba en su avión privado a la capital catalana con gran frecuencia. Principal accionista del Arsenal FC londinense, se barco ha sido incautado en las instalaciones del astillero Blohm+Voss, en Hamburgo, donde estaba siendo remozado. Se trata del mismo astillero que construyó el Eclipse, el segundo yate del oligarca Abramóvich.

Por su parte, las autoridades francesas han confiscado el yate de Igor Sechin, el jefe de la petrolera estatal rusa Rosneft, en el puerto de La Ciotat, a cuarenta kilómetros de Marsella. El ministro de finanzas francés, Bruno Le Maire, informó de la operación. Ese Sechin, “amigante” del plutócrata asesino, está considerado como la segunda persona más importante de Rusia. Cambió el nombre de su yate en 2017, cuando se divorció de su segunda esposa, Olga Rozhkova. De Santa Princesa Olga pasó a llamarse Amore Vero. Aunque el personaje negó en su momento que el superyate fuese suyo, un reportero de Novaya Gazeta de Moscú rastreó imágenes del Instagram de su esposa Rozhkova a bordo del buque en los puertos más caros del mundo.

Y las autoridades italianas se han incautado en el puerto de Trieste (noreste de Italia) del superyate de vela del magnate de los fertilizantes, Andrey Melnichenko. Este ricacho nacido en Bielorrusia bautizó el barco con las siglas SYA (Sea Yatch Aleksandra) en honor a su esposa, la modelo Aleksandra Kokotovic, quien fue operada de apendicitis en un hospital de A Coruña. El yate está valorado en más de 500 millones de euros y pasa por ser el mayor del mundo a vela.

El presidente del Gobierno italiano, Mario Draghi, propuso que la segunda oleada de sanciones de la Unión Europea permitiera confiscar los bienes de los millonarios rusos cuyo valor superase los diez millones de euros. Aunque es dudoso que en España sirviera ese patrimonio para atemperar la carestía provocada por el plutócrata para financiar la invasión de Ucrania, incluida la contratación de mercenarios de Siria, sería una buena medida para que los súbditos millonarios del canalla no se fueran de rositas. Les avisó el estadounidense Joe Biden: “Estamos uniendo fuerzas con nuestros aliados europeos para recuperar vuestros yates, alojamientos de lujo, aviones privados. Vamos a por vuestras riquezas mal habidas”. Eso dijo. Y en España nos preguntamos cuándo”.