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La invasión de Ucrania mata de hambre en África

Madrid.–4.04.2022.– Luis Díez

La escalada del precio de los combustibles fósiles, como primera consecuencia global de la invasión rusa de Ucrania a sangre y fuego, irá seguida de una carestía insoportable para muchos países pobres del precio de los cereales y también de los fertilizantes, de los que Rusia es el principal exportador mundial y Ucrania el quinto. Entre los dos países suministran un tercio del mercado mundial de trigo. Pero desde finales de febrero no sale trigo (tampoco soja ni girasol) de los puertos ucranianos. El carnicero del Kremlin ha convertido a la portuaria de Mariúpol, en el mar de Azov, en una ciudad fantasma. Y sigue lanzando sus misiles Iskander de largo alcance (de 500 a 2000 kilómetros) desde Crimea contra Odessa, la principal ciudad portuaria de Ucrania. El flujo marítimo de mercancías que salen del Mar Negro es casi nulo.

“A Ucrania le quedaban 6 millones de toneladas de trigo para exportar entre finales de febrero y finales de junio, por lo que sus clientes habrá de conseguirlas y reponerlas de otros productores”, explica el analista francés Arthur Portier. “Y Rusia esperaba exportar 8 millones de toneladas de trigo, comprometidas en ese periodo”. Los expertos europeos cifran en al menos 10 millones de toneladas las necesidades de sustitución de los dos graneros tradicionales. El alto representante de la política exterior de la UE, Josep Borrell, lanzó al comienzo de la guerra el mensaje de sembrar trigo hasta en los tiestos, sin dejar ni un palmo de tierra en barbecho. El presidente francés, Enmanuel Macron, dio la voz de alarma sobre la crisis alimentaria que se cierne sobre el mundo. El ministro español de Agricultura, Luis Planas, consideró “alarmante” la situación y su colega francés, Julien Denormadie, afirmó que la crisis alimentaria está servida en un plazo de 12 a 18 meses.

La repentina reducción de las exportaciones, combinada con con el aumento vertiginoso del precio del trigo, pone en peligro singularmente a los países de África, castigados, además, por la pertinaz sequía. La política agraria común de UE puede atemperar el desabastecimiento, aunque no resuelve el problema de la carestía. La escasez de cereales está afectando ya a Egipto, Libia, Túnez, Marruecos y Argelia, que se surtían de los graneros ruso y ucraniano. Pero no sólo el norte de África se verá sumido en la crisis alimentaria, pues también los países subsaharianos, Oriente Medio, el Sudeste Asiático y los vecinos de Rusia y Ucrania dependen del suministro cancelado por culpa del matón del Kremlin. Según las informaciones más solventes, proporcionadas por Le Figaro, Egipto importa trigo de esos graneros por valor de 4.672 millones de dólares, seguido de Indonesia (2.300 millones), Turquía (2.147), Italia (1.693), Filipinas (1.628), Nigeria (1.479), Argelia (1.472) y Brasil (1.408 millones de dólares). El precio consignado por el diario francés es anterior al telúrico encarecimiento que ha llevado al trigo a puntas de 450 euros la tonelada.

La situación más apurada se vive en Egipto, que suele importar un millón de toneladas de trigo de Ucrania durante el periodo de febrero a junio. También Argelia está en una situación delicada; había comprado 1,5 millones de toneladas para la entrega entre marzo y abril y no está recibiendo ni podrá recibir la mercancía. Argel puede compensar con gas y petróleo la escalada del precio del trigo –lo que ineludiblemente afecta a España como principal cliente gasístico–, pero El Cairo carece del asqueroso oro negro (ha bajado de 120 a 105 dólares barril) y se verá abocado a reducir el consumo de cereales. Si la disponibilidad de los países exportadores de la UE, Argentina, Australia e India puede ser suficiente para cubrir las necesidades del Norte de África, el Sudeste Asiático y Oriente Medio, la escasez mundial y los precios estratosféricos, prohibitivos para decenas de millones de personas en los países de África subsahariana, auguran revueltas del pan y disturbios por hambre. La situación podría ser explosiva en Senegal, Nigeria o Camerún, por citar a los más densamente poblados y en vías de desarrollo.

Vale recordar que los motines del hambre de 2008 fueron la respuesta popular del mundo árabe y también de Filipinas, Indonesia, Haití… al aumento de los precios de los cereales y que en Túnez, Egipto, Yemen o Siria cristalizaron sucesivamente en “primaveras árabes”, ahogadas en sangre por los respectivos tiranos. La cuestión de fondo es si el mundo puede prescindir de los graneros ruso y ucraniano. Y la respuesta de los expertos es que no. Una vez más nos hallamos ante las malditas consecuencias indirectas de la guerra. Unas consecuencias que, como siempre, pagan los más pobres y desasistidos de este mundo. Los españoles también. La otra cuestión es cuánto durará el conflicto. Algunos analistas afirman que el plutócrata del Kremlin quiere presidir el desfile militar del 9 de mayo, aniversario de la victoria de la Gran Guerra Patria contra los nazis, con un triunfo en la mano para ordenar el cese de las hostilidades (probablemente, la independencia de las regiones ucranianas de Dugansk y Donensk), pero nadie lo sabe. Lo único cierto es que al desfile no acudirán cinco generales y un almirante que dirigían la invasión porque la resistencia ucraniana los ha liquidado. Cuatro de ellos eran unos “desnazificadores” muy expertos, pues no en vano dirigieron las matanzas de Chechenia y Siria y la ocupación de Crimea.