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Patriota ille

Cuentos y descuentos del sábado (20.07.2024).–Luis Díez

Tuvieron suerte: les tocó un vagón con aire refrigerado. Como de costumbre, Marisa preguntó a Fiol a qué dedicaba la jornada de aquel caluroso julio capitalino, a lo que el amigo y antiguo compañero de estudios le respondió que iba a la Biblioteca Nacional a documentar una observación.

–¿De qué observación se trata? –quiso saber ella.

–Supongo que te has fijado en que este es un país lleno de patriotas, un lugar donde la gente ama tanto su patria que compite en demostrar a cualquier hora y en todas partes más amor que el prójimo hacia ella mediante la exhibición de banderas y el lucimiento de los colores de la enseña nacional en los utensilios más diversos: coches con pegatinas, relojes, pasadores de corbata, pulseras, gemelos en las camisas, insignias en las solapas, cinturones, tirantes, bolígrafos, mecheros… ¡Qué se yo! Incluso una vez vi a una chica en bragas de colores de la enseña nacional.

–Y un toro, supongo –añadió Marisa con ironía.

–Hasta ahí no atisbé.

–Pues no olvides las bufandas, cintas de sombreros, sombrillas… Y ten en cuenta la música del himno nacional en los timbres de los teléfonos –agregó la amiga, siempre presta a completar las observaciones del rico estudioso de nuestro tiempo.

Fiol, que se había quitado las gafas de sol y el sombrero de ala corta que usaba para pasear tomó nota mental del apunte de Marisa, quien agregó:

–Asistimos a una inflación de signos bastante asquerosa; no sé si es amor o postureo.

–Eso es lo que intento aclarar –dijo Fiol antes de referirse a aquellos veranos en los que la noticia principal eran las “guerras de banderas” en las fachadas de los ayuntamientos del norte.

–En un país como el nuestro, compuesto de hijos y nietos de expatriados republicanos, patrias históricas y medias patrias, el asunto tiene su complejidad. Los vascos, catalanes y gallegos poseen sus banderas nacionales por ser nacionalidades históricas y, como buenos patriotas, millones de catalanes y vascos (los gallegos menos, dada su idiosincrasia volandera y emigrante) compiten en demostrar su querencia patriótica. Muchos, la mayoría de los que exhiben la bandera nacional del conjunto del Estado, suponen que esos nacionalistas históricos desquieren a España por querer a sus patrias, y ya está el lío, el conflicto, el odio a flor de piel.

–Con razón dicen que las banderas dividen a las gentes en bandos –recordó Marisa.

–De ahí la necesidad de informar, enseñar y transmitir tolerancia y bondad, algo que los líderes políticos, salvo excepciones, no suelen hacer.

Recordó Fiol cómo antes (hasta la última década del siglo XX) se obligaba a los jóvenes sometidos al servicio militar obligatorio a “jurar bandera” con el compromiso de dar “la vida por España”, una fórmula bárbara que fue modificada por un ministro de Defensa llamado José Bono.

–Como supongo que para explicar tus observaciones sobre las banderas tendrás que remontarte a los Reyes Católicos, tan religiosos ellos, podrías averiguar, de paso, por qué rayos esos banderistas españoles, no menos católicos ni apostólicos, desprecian y atacan a las personas inmigrantes –sugirió Marisa.

–A los inmigrantes, las mujeres, los gays… Cuanto más abanderados, más peligrosos. Pero en lo atinente a los inmigrantes tengo la impresión de que estamos ante una táctica política tan cruel y falsaria como siempre: primero meten miedo y luego se presentan como salvadores frente a los malos, que son muchos, muy pobres y vienen a invadirnos. Esos patriotas luciferinos siempre buscan enemigo. Antes venían los rojos (socialistas, anarquistas, comunistas) y te quitaban la vaca (colectivizaban los bienes privados) y ahora vienen los inmigrantes y te lo quitan todo, el puesto de trabajo, la novia y hasta la religión y la patria si no les votas a ellos para pararles los pies.

–¿A quién pretenden engañar?

–Hay mucha ignorancia, hermosa.

–Y demasiada crueldad… ¡Mi estación!

–Que tengas buen día. ¡Siempre nos quedará la roja!