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11.–Paradojas de la historia

Antes de nada, FELIZ NAVIDAD y PAZ EN LA TIERRA

De INTRODUCCIÓN AL ABUELO

Decía José Bergamín que una paradoja es un paracaídas para no rompernos la crisma. “Eso espero”, añadía el Abuelo al referirse a personajes tan paradójicos como aquel Bellum que pasó de alardear de su amistad con el compañero secretario general, sobre el que escribió un libro biográfico y propagandístico —Felipe González, socialismo es libertad–, a juzgarle como un político falsario y mamarracho en otro volumen premiado y publicado por el sevillano reaccionario señor Lara, ya entonces presidente de una de las mayores editoras del Reino de España, establecida en Barcelona. La paradoja de aquel plumilla divirtió mucho a los señoritos sevillanos y demás oligarquía andaluza seguidora del ABC de Sevilla en el que Bellum insertaba sus filípicas semanales contra Felipe y su gobierno. Sin ánimo de exagerar, T sostenía que ni Demóstenes ni Cicerón superaban el raca raca conminatorio contra Filipo II de Macedonia y Marco Antonio, respectivamente, del burlesco Guerra Gil contra los dirigentes y gobernantes socialistas. Paradójico le parecía también al Abuelo que aquel pacifista que se movía en Vespa desde Majadahonda a Madrid, aquel Javier Solana Madariaga que nada quiso saber de los abusos jurisdiccionales de los militares españoles enemigos de la democracia, acabara su fulgurante carrera política en el cargo de secretario general de la Alianza Atlántica (OTAN), la poderosa organización militar occidental comandada por los Estados Unidos de América desde la que dio la orden de bombardear los cuarteles, centros de mando, emisoras de radio, estaciones de televisión, edificios gubernamentales, puentes e infraestructuras civiles de Belgrado para obligar al presidente de Serbia y de aquella Yugoslavia en plena desintegración bélica, Slobodan Milosevic, a parar la masacre de independentistas kosovares. Lo consiguió. Después decía que aquella orden, de la que se derivaron muertes de inocentes nunca contabilizadas y “daños colaterales” sin compensar, había sido la decisión más dura de su vida. Lógico. Aunque si tan dolorosa le resultaba, podía haber dimitido antes. Di tu que la propaganda jugó un gran papel a la hora de atemperar el dolor, pues enseguida se equiparó criminal de guerra Milosevic con Hitler y se justificaron los bombardeos de la OTAN con el argumento de evitar otro genocidio, de kosovares en este caso. Por paradojas de la historia resultó (según la propaganda) que las bombas no sólo eran necesarias sino también humanitarias. Paradoja sobre paradoja, refería T cómo un tío-abuelo de aquel Solana Madariaga, el historiador, político y diplomático Salvador de Madariaga, había añadido a sus memorias, publicadas por Espasa Calpe en 1972 con el título Memorias de un federalista, una reflexión para evitar que a la salida de la dictadura en España ocurriera lo que iba a suceder en Yugoslavia a la muerte de Tito. Y recomendaba una configuración territorial del Estado español que liquidase el centralismo y permitiese el autogobierno de las nacionalidades y regiones hasta conformar un Estado federal. Salvador de Madariaga dibujó incluso el mapa regional de unas comunidades autónomas con gobiernos y parlamentos propios de modo que no se sintieran agraviadas por las históricas Galicia, Euskadi y Cataluña (Galeusca). Su deseo de evitar “la balcanización” de España se cumplió. Y aunque no vivió para verlo, su mapa autonómico coincidió con el pactado por las fuerzas políticas y plasmado en la Constitución de 1978. Lógicamente, tampoco pudo ver cómo su joven sobrino resolvía desde Bruselas los últimos flecos de la terrible desmembración de Yugoslavia.