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Ensayo sobre la Rareza (Del 21 al 25)

 

Acampada 15M en la Puerta del Sol
Acampada 15M en la Puerta del Sol

Por KEY GOOD

21

Muchas, varias y variadas razones de admiración halló Vera Veraz en la lectura de los libros que el jugador conjugador le regaló. Aquel tipo sentía pasión por los lemas comerciales y políticos. Se diría que era un cazador de lemas. De la eclosión de Mayo del 68, cuando en París y en muchas otras ciudades de Francia, y también de México, los jóvenes salieron del cascarón y ocuparon las calles contra la guerra y la mierda del capital, volaron consignas como la imaginación al poder, bajo los adoquines está la playa y muchas otras sobre la utopía al alcance de la mano. Revolotearon libres como mariposas, pero enseguida fueron atrapadas por un ejército de cazadores con munición a cuenta de la industria, el comercio y la política.

Pasó el tiempo y se registraron otras revueltas. De la explosión de indignación contra los sátrapas de varios países del norte de África, Siria y la Península Arábiga, en la primera década del siglo XXI, quedó la sangre derramada por las decenas de miles personas y la asociación de dos sustantivos, primavera árabe, en competencia con el lema de unos grandes almacenes.

Pasó el tiempo, poco tiempo, y en la primavera de 2011 estalló en España la ola de indignación de la juventud por la falta de empleo, pan, techo y futuro, debido a la supeditación de los políticos y gobernantes a los intereses de los especuladores financieros que arramblaban con todo lo que tenía algún valor, incluida el agua que bajaba por las ramblas, el viento que soplaba y el sol que calentaba. Los jovenes españoles eran listos, habían estudiado, estaban bien preparados y en vez de bautizar la protesta con una asociación de palabras que pudiera ser explotada por el sistema económico dominante, utilizaron dos números y una letra: “15M”. Todos conocían su significado: 15 de mayo, fiesta del Isidro y día de la decisión de acampar en la Puerta del Sol, la plaza principal de la capital del Reino y kilómetro cero de España. Ningún publicista osó utilizar aquel 15M como hicieron con la foto del Che Guevara que tomó en 1960 Alberto Díaz Korda durante el entierro de las víctimas de la explosión de un buque fondeado en La Habana. La foto «no fue concebida, sino intuida», dijo una vez Korda.

En este punto se quedó Vera pensando y al comprobar que el profesor seguía el vuelo de una avispa que insistía en cruzar la ventanilla del tren, le preguntó si algún lema de los que iba a enunciar serviría de gancho comercial. Leontief aceptó el juego y dijo: “Dispara”.

–No estamos de paseo, estamos de cabreo.

–Zapatillas duras que provocan rozadoras –dijo el profesor.

–No es una crisis, es una estafa

–Con una flecha hacia la tienda de al lado.

–De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue cueste lo que cueste.

–Para la OTAN o su palíndromo NATO.

–Parados, moveos.

–Para una discoteca.

–Pienso, luego estorbo.

–Para la fábrica.

–Perroflauta peligroso.

–Para la puerta de casa.

–Dormíamos y despertamos.

–Para un centro de rehabilitación de comatosos.

–Únete, a ti también te roban.

–Para quitarle clientes a las compañías eléctricas, telefónicas, etcétera, mediante la organización de cooperativas.

–Manos arriba, esto es un contrato.

Se quedó el profesor pensando y contestó después de un minuto: “Para ladrones sin imaginación”.

22

Una pareja de la Guardia Civil con sus acharoladas prendas de cabeza, uniforme de gala y armas reglamentarias al cinto, subió al tren en el apeadero de Laska. Uno miró al profesor y saludó con aire superior:

–¿Qué tal todo?

–Todo es mucho –correspondió el profesor.

Los agentes de la ley se disponían a sentarse junto a ellos, aunque optaron por depositar sus traseros en los asientos contiguos, donde viajaba un hombre de aire cansado que enseguida arrojó por la ventana el pitillo que acababa de encender. Los guardias se percataron.

–¿No sabe usted que está prohibido fumar?

–En cuanto les he visto he caído en la cuenta.

–¿Adonde va?

–Más bien vengo. Del tajo vengo. El cabrón del encargado me ha puesto turno de noche… ¿Adonde se dirigen ustedes, tan elegantes en día de diario?

Los guardias no contestaron. “Ya caigo –añadió el hombre–; seguro que van al desfile del nuevo gobernador”. Uno asintió con el tricornio.

–¿Desfilan muchos efectivos? –se interesó el trabajador.

–Todos –dijo un guardia.

–Buen día para los atracadores.

–Ya te digo –asintió el guardia.

23

Vera Veraz escuchó la antedicha conversación y comentó después con el profesor la fabulosa capacidad de los medios de comunicación social de producir frases hechas y modismos raros.

–Cierto –dijo Leontief–, raro es que al interesarse por uno no añade todo, como si uno fuera la totalidad o de uno le interesara nada en realidad. Y raro, también, ¡vive Dios!, que no llamen efectivos a los guardias, aunque de efectivos tengan poco. En fin, los modismos pasan. Lo que permanece en este reino es la Guardia Civil con su tricornio, su lema…

–¿Qué lema?

–Son dos. Uno para la casa-cuartel: “Todo por la patria”…

–¡Claro!

–¿Qué claro?

–El “todo”; por eso preguntan “todo” –aclaró Vera.

–Podría ser.

–¿Y el otro lema?

–El otro es de comportamiento: “Paso corto, vista larga y mala leche”.

24

Después de la interrupción de los guardias prosiguió Vera Veraz la lectura de las obras del jugador de palabras y alcanzó varias conclusiones. Fue la primera y principal que aquel hombre al que la Guerra Civil de 1936 impidió realizar más estudios que los de la escuela de Ferrer Guardia en la ciudad de Santander y más aprendizaje del que se derivó de sus tardes en el periódico local del que su padre era tipógrafo, alcanzó nombradía como conjugador de palabras gracias a la lectura, una y otra vez, de aquel libro que Gringo Viejo, Ambrose Bierce, nunca había sido capaz de leer: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Extraño y admirable le parecía a ella que un joven que tuvo que abandonar su país con lo puesto obtuviera fama y fortuna con perlas y lemas cervantinos mucho antes de aquella eclosión de mayo del 68 que llenó el mundo de mariposas, y que lo hiciera en norteamérica, donde la influencia de la lengua del prolijo William era abrumadora. El propio John Fitzgerald Kennedy tuvo noticia de las perlerías del tipo y le llamó para que, con otros creativos, elaborara su campaña sobre la nueva frontera. A Kennedy lo mataron poco despúes. A él pudieron haberlo liquidado mucho antes, en la Batalla del Ebro, en la que, con 18 años, había alcanzado el grado de capitán del Ejército de la República. Fueron derrotados por los que se hacían llamar “nacionales”, que muy nacionales no eran si tenemos en cuenta el masivo reclutamiento de combatientes oriundos del norte de África, a los que llamaban “moros”, y la enorme ayuda de hombres y máquinas de guerra que recibieron de los jerarcas nazis de Alemania y de los jefes fascistas de Italia. Fueron derrotados, pero él salvó el pellejo. Salian de retirada hacia Francia por la frontera de Port Bou cuando un soldado que llevaba un libro le pidió tabaco y él le entregó el paquete entero a cambio de aquel ajado volumen. El soldado accedió encantado. Era El Quijote. Ni remotamente podía imaginar que aquel libro marcaría y cambiaría su vida.

En este punto prorrumpió Vera en una letanía interior del tenor de “con la iglesia hemos topado, amigo Sancho; libre nací y en libertad me fundo; no existe oficio de mucha ganancia que no se obtenga sin comprar a alguien; eso que llaman necesidad se extiende por todas partes; la libertad, amigo Sancho, es el mayor don que a los hombres dieron los cielos; errar es de hombres y ser herrado de bestias…” Y por ahí para allá.

Después de pasar la noche del 5 de febrero de 1939 en el túnel ferroviario de aquella localidad de Port Bou, donde se hermanó con el también capitán Luis Cilla, que tenía galletas y carne enlatada, el jugador de palabras llegó a Banyuls, donde aquel Cilla reconoció al gran poeta Antonio Machado, sentado con su madre en un banco de la plaza del pueblo, a la espera de un transporte que les llevara a París. Hacía un frío de cojones y temiendo que don Antonio y su madre agarraran una pulmonía, les entregó su capote militar. Pocos días después, el poeta murió en la cercana localidad de Collioure, y al jugador, todavía en ciernes, le ocurrió lo que decía el poeta: «Leyendo El Quijote me parece comprenderlo todo. ¿Será cierto que don Quijote habla a cada uno con su propia voz?»

A mucha necesidad, hambre, desgracia y desventura sobrevivió el jugador en los campos de refugiados a los que fueron conducidos en Francia –aquellos arenales al pie del mar donde tantos se ahogaron voluntariamente con su dolor– y en la tierra mexicana a la que finalmente pudo llegar. La observación de la cultura y los usos de las gentes de por allá y la quijotil lección fueron para él una herramienta tan polivalente como esas navajas que además de cortar, abrir latas, descorchar botellas, también sirven para abrir puertas. Entró por la puerta de la publicidad, sus ideas tuvieron éxito, su esfuerzo obtuvo recompensa. Creció, creó su propia marca, construyó su edificio, se relacionó con los mejores y mayores publicistas, inventó palabras –por ejemplo, mercadotécnia en lugar del marketing inglés–, descubrió y lanzó músicos y cantantes que alcanzaron fama y favor popular. Un día, ya “doctor honoris causa” por varias universidades, el escritor mexicano Jorge Megía Prieto lo comparó con un “pescador de perlas” y lo calificó de “cincelador de laconismos magistrales”. Para demostrarlo, el Megía aquel, tuvo la ocurrencia de apelar al acertijo. Escribió cuatro frases –una: la caridad con los pobres es la propaganda de los ricos; dos: la política es un conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios; tres: el cretinismo electoral es, seguramente, el producto más importante de la propaganda, y cuatro: un elector es la persona que goza del sagrado privilegio de votar por un candidato elegido por otros– y a continuación preguntó: “¿Qué frases son de Eulalio Ferrer y qué frases de Maurice Bierce?”

Otra cualidad de aquel personaje, el jugador y conjugador de palabras, impresionó a Vera Veraz. Fue su rara gratitud. Rara en el sentido de que si es de bien nacido ser agradecido, no tenía por qué mostrar su agradecimiento a un personaje de ficción como el ingenioso hidalgo manchego. Sin embargo, antes de que en Memphis surgiera el museo del rey del rock, Elvis Presley, y de que la Unión de Estados Americanos, USA, se llenase de salones de la fama, había él instalado en Guanajuato el Museo Cervantino que, en agradecido homenaje, iba acumulando cuantos motivos artísticos (plásticos, literarios y musicales) hallaba al alcance de la mano y la billetera aquel Ferrer. El Museo Iconográfico del Quijote, MIQ, situado junto al famoso monumento al Pípila, alcanzó una relevancia internacional extraordinaria y contribuyó mucho al reconocimiento de Guanajuato como ciudad patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco. Es hoy un foco cultural que ilumina la ciudad de un modo permanente, incesante y continuado. La potencia de la gratitud impelió al jugador de palabras a organizar en esta ciudad el Festival Internacional Cervantino, considerado el festival más famoso del Estado y probablemente el evento artístico mexicano más conocido a nivel mundial. Desde 1972 se celebra cada año a finales de octubre e incluye decenas de representaciones musicales y teatrales, así como manifestaciones artísticas y literarias que se desarrollan en calles, plazas y edificios públicos. Atrae a artistas de primer nivel e invitados de todo el mundo.

25

En la estación de Gado subió al vagón un hombre de pelo negro, frente escasa, rostro ancho y bigote negro y espeso con las puntas hacia abajo, cual corchetes de los labios. Vera le echó entre cincuenta y sesenta años. Sus manos no tenían signos de trabajar en el campo. Saludó con la cabeza y se sentó frente al profesor, quien le observó a intervalos y después le preguntó:

–¿Es usted méxicano?

–Si, pues… ¿Y en qué lo ha notado güey?

–Se parece mucho al Chapo Guzmán –dijo el profesor.

–Ya me lo dijeron pues… Vaya tranquilo cuate, que no soy el pendejo que se fugó de la cárcel de alta seguridad del Altiplano por un túnel iluminado, bien ventilado y con raíles… ¿Qué opina usted señorita?

–Que de alta seguridad, nada de nada–dijo Vera.

El tren frenó, el viajero se despidió: “Con Dios”, y se apeó en la estación, dejando tras de sí el mosqueo y la duda.

–¿Crees que era el Chapo? –preguntó Vera al profesor.

–Desde luego parecía un fantasma –dijo el profesor antes de añadir que hay gente así, descerebrados que emulan a los famosos, aunque sean de la calaña del diablo–. En una ocasión, visitando el Parque Disney, en Orlando, vi a tipo idéntico al entonces presidente de Estados Unidos, George W Bush. El público porfiaba por hacerse fotos con él más que con el Pato Donald. Otra vez, en el Metro de Madrid me topé con otro tipo clavadito al jefe del Gobierno que había entonces, un gallito presumido y belicoso, y tuve que interponerme para evitar que un viajero le partiera la cara. Esos gilipollas corren sus riesgos.

Vera apuntó una observación sobre los raros parecidos, casuales o intencionados, y recordó que su amiga Marta vio a Pinochet en un comercio de Londres y pensó que era un doble –los dictadores suelen tener esas cosas–, por lo que no avisó a la policía para que lo detuviera, por genocida. Luego se dijo que si el extraño viajero fuera en verdad el criminal jefe del cártel de Sinaloa ya habría cambiado de cara para que nadie le reconociera, y se quedó tranquila.