Cuentos y descuentos del sábado (10-02-2024).–Luis Díez
Fiol encontró al profesor Meodias bastante decepcionado. El docente, un tipo ameno, buen conversador, iba hacia el Madueño, taberna con historia, en la que jugaba ajedrez a media tarde con otros colegas jubilados.
–Voy con usted y le invito a un gin-tonic –le dijo Fiol.
–Mejor un mosto; a determinada edad conviene tener cuidado con los destilados.
Echaron unos párrafos sobre la actualidad política y enseguida el profesor manifestó su disgusto “con ese líder que tenemos”.
–Lo tendrá usted, yo no –se apresuró Fiol antes de interesarse por la queja–: ¿Qué ha hecho ahora?
–Mira que confundir los pedos y el estiércol del ganado (gas metano) con el metanol, un disolvente combustible…
–Bueno, eso no tiene mayor importancia; también dijo que Pablo Picasso era catalán y todos sabemos que era andaluz de Málaga.
–Ya, pero esos errores fastidian, deterioran el discurso. De un dirigente de derechas esperábamos mayor nivel cultural.
–No se amargue, profesor; acuérdese del tautológico seguidor de la señora Merkel o, sin ir tan lejos, de la lideresa Aguirre sobre la “gran pintora Sara Mago”.
–De la Guarri ni me hables. Pero me da pena que a nivel de nivel sigamos bajando de nivel.
–Pierda cuidado, profesor; verá usted como enseguida cambian al líder; la de los coches de carreras viene pisando fuerte, respaldada por ese señor Ánsar, que diría su amigo Bush Jr, que, al menos, hablaba catalán en la intimidad y leía poesía.
–Si nos ponen a la Abuso estamos aviados.
–No se yo, profesor; tenga en cuenta que la sandez cotiza al alza en la bolsa electoral.
–Cierto y verdad, amigo Fiol. Toda la vida desasnando muchachos ¿y para qué? Para llegar a este teatrillo de morcilleros y algún que otro chorizo –musitó Meodias.
–Si hubiera hecho caso de Unamuno, quien dejó escrito: “Ignorancia, cantidad positiva”, no agarraría estos berrinches.
–Eso lo dejo para aquel ministro franquista que se tomó en serio la ironía de don Miguel y llegó a proclamar: “¡Más balón y menos Latín!”
Ya ante la barra de Casa Madueño, Fiol se interesó por otros asuntos de la vida y su viejo profesor de lengua y literatura maldijo las guerras y a los que las provocan y, bajando al terreno de la carestía, se sintió atracado por las facturas de Ibertrola, a lo que en vez de aconsejarle que cambiase de compañía de suministro energético, a Endosa, por ejemplo, Fiol le dijo: “Pues cambie de líder, profesor. ¿No ve usted que ese defiende el latrocinio de los oligopolios y rechaza los impuestos suplementarios a los beneficios espurios de las eléctricas y la banca?” Se quedó pensando el profesor y respondió: “Si, algo habrá que hacer”.