Lisonjeros y aduladores

Cuentos y descuentos del sábado (22-07-2023).--Luis Díez

Un día más, Marisa y Fiol se encontraron en el Metro. Hablaron.

–¿En qué andas? –se interesó ella.

–Preparo un pequeño ensayo sobre adulaciones y lisonjas.

–Supongo que no te faltará material –dijo ella. Y a continuación le refirió el caso de una presentadora de televisión tan ávida de agradar al aspirante de las derechas a la jefatura del Gobierno que le llamó “Presidente” aunque sólo era candidato.

–Lo vi –dijo Fiol–, vi al entrevistado mover los labios a modo de sonrisa, señal de que le gustó el tratamiento. La adulación de los poderosos sigue siendo una moneda común.

–Incluso de los prepoderosos –puntualizó ella.

Fiol citó a continuación una expresión tan rastroja como “arrójeme a sus pies”, se refirió a los genuflexos por exceso y no por gimnasia, y comentó la acepción más usual del sustantivo “pelotas”. Marisa desvió la atención de su interlocutor explicado que, en contraste con la lisonja, la periodista de otra televisora que entrevistó al mismo candidato le ofreció la oportunidad de rectificar unas afirmaciones falsas sobre la subida anual de la paga a los pensionistas conforme al incremento del índice de precios al consumo (IPC). Pero el candidato mantuvo su aserto como si fuera una verdad del Evangelio. La periodista paró la bola, evitó que los espectadores comulgaran con ruedas de molino y citó los tres años que los gobernantes de su partido no equipararon las pagas de los pensionistas con el incremento de los precios. Y no sólo eso; a renglón seguido le preguntó en qué se basaba para acusar a su adversario socialista de negarse a colaborar con la Justicia en un caso de espionaje telefónico a mandatarios y dirigentes políticos. El candidato contestó que lo había leído en un teletipo. “¿De qué agencia de noticias?”, le preguntó la entrevistadora. El candidato no se acordaba. Lógico. La verdad es que diez horas antes de aquella grave imputación, los jueces del Tribunal Supremo habían publicado su decisión de cancelar la investigación del caso Pegasus (así se llamaba el asunto) ante la negativa de las autoridades del Estado de Israel a colaborar. Los servicios secretos israelíes había ingeniado aquel dispositivo con el que los espías habían accedido incluso al teléfono del contrincante socialista y presidente del Gobierno de España.

–¿Qué sabemos de ese teletipo? –se interesó Fiol.

–Nada, ninguna agencia de noticias conocida ratificó su existencia.

–Observo, amiga Marisa, un gran declive de la honradez intelectual.

–Debe de ser porque la verdad no interesa, no proporciona cargos, rentas ni ascensos. En cambio, la lisonja y la adulación tienen premio.

–Razón no te falta, amiga Marisa: hoy se adula por un plato de lentejas. Y además se halaga sin el arte de un Polignac, quien, al ser preguntado por la duquesa de Maine qué hora era, contestó que todos los relojes se habían parado ante su belleza y elocuencia. También se cuenta del califa Almanzor que habiendo consultado a dos astrólogos acerca de su destino, uno le contestó que los aspirantes al califato morirían antes que él, y el otro que viviría mucho tiempo más que los que pretendiesen el califato. Con adularle ambos igual, sólo fue recompensado el segundo por su habilidad de preferir el verbo vivir al de morir, que siempre produce mala impresión. Quiere decirse que para adular se necesita arte.

–Me pregunto, amigo Fiol, si sería viable una factoría de lisonjas.

–Desde luego, Marisa. Y de vituperios también.

–Bueno, me bajo en esta. Hasta la próxima.

–Adiós, Marisa.

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